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Sara Contando su Anecdota Cuenta Sara, Para ella, su primer encuentro con la santería fue en la iniciación de su amigo Elio Hernández, en marzo de 1988. Este acontecimiento, que comenzaba a bordar los posteriores sucesos, ocurrió en la casa que Adolfo poseía en el fraccionamiento Las Alamedas, estado de México. Ahí le mostró a Sara sus riquezas: “obras de arte italianas y egipcias, al igual que una gran caja de seguridad repleta de billetes atados con ligas, varios cuadros al óleo y lingotes de oro que parecían tener un sello de banco”. La mujer recuerda: ” Al lado de un cuarto tapizado con espejos se hallaba el de iniciación, alumbrado por veladoras. En una esquina se veía un jarrón con rosas rojas, así como cacerolas, cadenas y muchos calderos llenos de collares y otros objetos. El caldero mayor o nganga (receptáculo del alimento para los santos) fue lo que más me sorprendió”. Adolfo de Jesús “protegió” a Sara para que pudiera atestiguar el rito. Le desgarró la ropa, le dio un baño con varias plantas, cantó y oró en patois; ” con una pequeña daga me hizo leves cortes por todo el cuerpo para que sangrara un poco; recogió la sangre en una franela blanca y la ofrendó a los santos. Yo estaba en trance, excitada, sudaba mucho, con la adrenalina al tope”. Para iniciar a Elio mataron unas gallinas y un chivo. El cuarto estaba invadido con humo de los habanos que fumaban Adolfo y los dos mayordomos, Martín y Omar. Elio sangraba profusamente: con la daga, Adolfo le había hecho unas rayas bastante profundas en pecho, espalda y pantorillas: ” Luego me pidió -continúa Sara- que le pusiera ceniza del puro en las heridas. Empecé a hacerlo, pero debí salir de la habitación a vomitar”. El camino de la desgracia Después de tal ceremonia, la joven Sara regresó a su tierra natal y al mes siguiente Adolfo volvió a buscarla

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