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CA SA DO Libros

La llamada de JesĂşs o JesĂşs bien vale una misa

Carlos Casado Valera


Para Lourdes, Inés y Sixto, Emma y Pepe, Mimbi y Demi

Los que me conocen, más o menos, están al tanto de mis opiniones sobre ciertos aspectos de la vida: la política, la religión, el fútbol y otras cuestiones de mayor o menor importancia. Todas estas opiniones, como tales, son mías y da la casualidad que en los círculos por lo que transcurren mis relaciones sociales suelo estar en franca minoría. Lourdes, la persona con la comparto vida, casa, coche, hijo, alegrías, mascota doméstica (Cuc, una perra igual de pija que la dueña) disgustos, que yo sólo le doy, y más cosas que ahora no vienen a cuento y solamente provocarían una curiosidad malsana, tiene una amiga que fue compañera de clase durante cinco maravillosos años en el grupo “A” de E2 en ICADE. Esta compañera y amiga, Mercedes, se casó con Jesús a finales de la década de los ochenta del siglo pasado y entre los dos han constituido una pareja que consigue que un nutrido grupo de personas acudamos a sus llamadas1 sin importar el lugar, la fecha del año, el clima o cualquier otra circunstancia. El caso es que, con motivo del quincuagésimo aniversario de Jesús, nos volvieron a convocar en una tormentosa tarde de comienzos de verano, festividad de San Pelayo, en su residencia campestre; en la Toscana española oí que alguien decía durante el transcurso de la velada. Como en la anterior ocasión, en la que tuve la suerte de acudir, el éxito de la llamada resultó evidente y los que allí estuvimos disfrutamos de la compañía, la comida, la bebida, la conversación, el baile e incluso, nos reencontramos con caras conocidas de la fiesta de Londres y en esta ocasión no fueron necesarios los cartelitos para identificarnos. Yo, disfruté y me encantó el fin de fiesta sentadito al lado de la chimenea que con su calor me evocaba la calurosa acogida que a todos nos regalaron los anfitriones. Pero, basta ya de cursilerías. Después de habernos acostado, cada oveja con su pareja, pasadas la cuatro de la mañana, estaba previsto que nos juntáramos a almorzar, esto es una comida entre el desayuno y la comida o una mezcla de ambas; el caso es que fue comida por culpa de Jesús, no Olmos sino Cristo, ya que una “nutrida” representación de los asistentes a ese almuerzo quería asistir a la tradicional misa dominical. Yo estuve desde las once de la mañana hasta la una y cuarto de la tarde diciendo que a mí no se me había perdido nada en la iglesia y que por lo tanto les esperaba en la plaza tomando una cervecita y leyendo el periódico tranquilamente. 1

Ver London calling 2


Media hora antes, voltearon las campanas del templo llamando a los fieles a la oración, a los quince minutos volvieron a sonar y, ya definitivamente, redoblaron a las trece horas y quince minutos que era la hora a la que estaba previsto que diera comienzo la celebración. Todo mi grupo entró en el templo devotamente, pero yo lo abandoné a los veinticinco segundos y me dediqué a buscar un sitio donde esperar la salida de misa que siempre ha sido un momento muy socorrido para quedar. Nos vemos a la salida de misa de una, decíamos en mi barrio para luego tomar el aperitivo. El caso es que caminando por la Plaza Mayor de Pedraza, con un bochorno anticipador de la tormenta que podía acontecer, decidí desandar mis pasos y como se decía en otras ocasiones más peligrosas “acogerme a sagrado”, esto es, meterme en la iglesia, oír misa, dar una alegría a mis amigos y luego, si tenía oportunidad hacer algún comentario crítico con respeto a las creencias y siempre desde el cariño. Me senté en el banco que ocupaban cinco de mis amigos e inicialmente pensé que no cabía pero como dice la canción:”Un nuevo sitio disponed para un amigo más, un poquitín que os estrechéis y se podrá sentar…” ¿A qué estáis tarareando la cancioncilla? Lo sabía. El caso es que me senté en el extremo del banco, lindante con el pasillo central de la nave del templo e inmediatamente detrás del banco que ocupaban cuatro señoras pedrazanas de venerables cabellos plateados. Dos bancos por delante de las pedrazanas se encontraba otra señora de incipientes cabellos plateados, faltos de peluquería, que estaba tocando una flauta travesera. Consulto en esos instantes mi reloj y compruebo que el cura se retrasa cinco minutos; y en eso estaba cuando oigo una voz en perfecto castellano con acento extranjero que resultó pertenecer a la flautista que, dirigiéndose al auditorio y especialmente a las cuatro pedrazanas dice: - Vamos a repasar la canción que ensayamos el otro día, la 156 de vuestro cancionero. Casualmente tenía justo delante de mí un ejemplar del cancionero y busqué la canción de marras. Reconozco que sacándome de las cuatro o cinco canciones que aprendí en tiempos de mayor afición litúrgica2 el resto no me las sé. Pero afortunadamente comprobé con alegría que mis aficionados compañeros de banco tampoco la conocían. La 156 llevaba por título “Por valles y aldeas”. Un nuevo sitio disponed, Pescador de hombres, Juntos como hermanos, Gloria gloria aleluya 2

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Por valles y aldeas Jesús predicaba Por valles y aldeas Jesús predicaba la Buena Noticia del Reino de Dios. Dichosos los pobres, dichosos los justos, dichosos los limpios de corazón. A orillas del lago llamó a los hermanos, siguieron sus pasos, se fueron tras Él. Dejaron sus redes, dejaron sus barcas: la mies esperaba, obreros del bien. De día y de noche sembró su palabra. Brilló la esperanza de un mundo de amor. El sol del camino, el viento del lago, el ciego, el hermano supieron de Él. Y comenzó el ensayo. Mientras las cuatro pedrazanas entonaban la canción, mis compañeros de banco entre divertidos y un poco azorados pero imbuidos de fe también comenzaron a cantar con desigual éxito de entonación. Son excelentes profesionales, como corresponde a los que han tenido la oportunidad de estudiar en tan católica universidad pero, me temo, que en el temario no se encontraba la asignatura de entonación musical litúrgica. El retraso acumulado ascendía a diez minutos. La flautista de extraño acento hizo repetir alguna estrofa porque la entonación no estaba siendo la adecuada y emulando a los insignes Mehta, Rattle o Barenboim acompañaba el ritmo de la canción con gráciles movimientos de su brazo en un intento de acompasar las voces. Otra vez, Por valles y aldeas Jesús predicaba… El problema principal no era la falta de oído sino el desconocimiento de la letra y el intento de seguir el ritmo del brazo de la flautista de extraño acento. O miramos el libro o miramos a la flautista. Cuando la mano de la flautista estaba en alguna de las aldeas, las voces de mis aficionados compañeros y, porque no decirlo de alguna pedrazana, se encontraban o bien el valle o a orillas del lago, pero casi seguro que en la aldea no. Yo, a estas alturas y tras tres repeticiones, comprendí que había acertado entrando a la iglesia porque estaba pasando un rato delicioso. Mis aficionados amigos intentaban seguir el ritmo y contener la risa, yo miraba aun lado y al otro incluso me volví para atrás e intercambie una cómplice mirada con mis anfitriones de la noche anterior. El retraso acumulado ascendía a quince minutos Mientras continuaba el ensayo, un nueva pedrazana apareció desde un lateral del altar, supongo que desde la sacristía, enciendo las velas, - Mira, la monaguilla. Oí que decía alguien a mi izquierda.

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La monaguilla, como ya he dicho, era una pedrazana de corta estatura que se ayudaba de un bastón para caminar. Yo pensaba que si Almodóvar viera esto, lo habría incorporado a sus películas, incluso estoy valorando la posibilidad de mandarle este relato para un proyecto de nuevo guión cinematográfico. Las pedrazanas empezaban a inquietarse. - Hoy es Fiesta en Pajares. - Si, hay procesión. - El cura se retrasa. - Si, pero podían haber llamado a misa más tarde. En ese instante me di cuenta de lo que pasaba. El cura no estaba, le estábamos esperando. Se pierden los valores, pensé yo. Si esto sigue sí lo mismo en un arranque de economía liberal, privatizan los servicios religiosos. Unos de mis aficionados amigos, Pepe, entabló conversación con las pedrazanas. De todos es sabido el don de gentes de este vigués3 y a través de sutiles preguntas descubrimos que las pedrazanas ignoraban el porqué del extranjero acento de su directora de canto. Resulta que la flautista, de nombre Leti, nació en España en el seno de una familia inglesa, ha vivido en Argentina y finalmente ha recalado en Pedraza. ¡Y las pedrazanas sin enterarse! El retraso acumulado ascendía a veintidós minutos. Otra vez, Por valles y aldeas Jesús predicaba… -

Pobre, es que tiene ocho pueblos que atender. Nos dice una de las pedrazanas volviéndose hacía nosotros y haciéndonos cómplices de la espera. Y además, ya está mayor. Apostilla una segunda pedrazana. Anda, mira, ya está aquí.

En ese instante volví a consultar mi reloj, eran casi las dos menos cuarto, el almuerzo esperando y cuando me vuelvo para ver al cura, descubro con estupor que mis anfitriones no están. Han desertado. Por fin, tras la espera amenizada por el coro de Pedraza y actuando como artistas invitados los hijos de San Ignacio comienza la celebración de la misa correspondiente al domingo decimotercero del Tiempo Ordinario. El cura se disculpa por la tardanza explicando que viene de una procesión en Pajares, cosa que nosotros ya sabíamos al haber sido debidamente informados por nuestras, ya casi amigas, pedrazanas.

Me refiero a Pepe aunque también Sixto es de Vigo. Gran ciudad a la que hace tiempo que no voy, pero que recuerdo de mis veranos de la década de los 70.porque mi padre siempre se comía unas ostritas. 3

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La monaguilla se aproxima al atril para leer pero, dada su corta estatura y el tamaño del atril donde descansaban las sagradas escrituras, no se la veía y por lo tanto yo tenía una extraña impresión, parecía que la voz provenía del cielo. Primer Libro de los Reyes 19,16.19-21. 4 Salmo 16(15),1-2.5.7-8.9-10.11. 5 Carta de San Pablo a los Gálatas 5,1.13-18. 6. Evangelio según San Lucas 9,51-62. Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de Él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". Pero Él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!".

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A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti. Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?" Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio. 5

Mictán de David. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti". El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré. Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: porque no me entregarás la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. 6

Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales" háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros. Yo los exhorto a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley 6


Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

Yo pensé, pues lo de los valles y las aldeas no está mal elegido. En su homilía el cura comentó las escrituras y si asististeis o las acabáis de leer, trataban sobre la llamada de Jesús, dejadlo todo y seguirle y, salvando las distancias, nosotros también estábamos allí porque habíamos a acudido a la llamada de otro Jesús. ¿Casualidad, coincidencia? No lo sé, pero curioso, sí. Cuando la celebración llegó al momento de “La paz del Señor sea con vosotros”. “Se sugiere que el gesto de la paz sea sobrio y se dé a sólo a los más cercanos. El sacerdote puede dar la paz a los ministros, permaneciendo en el presbiterio, para no alterar la celebración y del mismo modo si, por una causa razonable, desea dar la paz a algunos fieles”.

En nuestra misa por una causa razonable, pocos domingos de tiempo ordinario debe estar la iglesia tan llena, el cura descendió y dio la paz a los que nos encontrábamos en los primeros bancos y próximos al pasillo central. En fin, yo no quería entrar y el cura acaba dándome personalmente la paz. Otro momento de reflexión. Nos había advertido Leti, la flautista, que la canción ensayada sería interpretada durante la comunión. Se acercaba el momento de la verdad y había que cantar. Había que darlo todo. Mis aficionados amigos se pusieron a la cola esperando su turno para comulgar mientras las pedrazanas caminaban por los valles y aldeas. Poco a poco fueron volviendo a su lugar tras haber recibido la comunión y entonces, cuando todo el mundo había comulgado las pedrazanas acudieron a recibir el Cuerpo de Cristo. Pero, si ellas comulgaban, ¿quién iba a recoger el testigo de sus voces? Momentos de inquietud, miradas y mis aficionados amigos asumieron la responsabilidad y lideraron el cántico sustituyendo a nuestras ya, porque no decirlo, casi amigas. Por valles y aldeas Jesús predicaba Por valles y aldeas Jesús predicaba la Buena Noticia del Reino de Dios. Dichosos los pobres, dichosos los justos, dichosos los limpios de corazón. A orillas del lago llamó a los hermanos, siguieron sus pasos, se fueron tras Él. Dejaron sus redes, dejaron sus barcas: la mies esperaba, obreros del bien.

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De día y de noche sembró su palabra. Brilló la esperanza de un mundo de amor. El sol del camino, el viento del lago, el ciego, el hermano supieron de Él. Antes de la despedida y de que pudiéramos ir en paz, el cura dirigiéndose a sus parroquianas más fieles les preguntó a qué hora querían que se celebrara la misa el día de San Pedro y San Pablo que es fiesta en Segovia. -

A las ocho. Dijeron las pedrazanas Sea, entonces. Asintió el cura

Bonito gesto de democracia rural. Pero no había acabado todo, ya que el destino me tenía deparado un nuevo y emotivo gesto, ya que el cura agradeció la presencia de tantos feligreses y especialmente a aquellos que habían acudido a una fiesta. Se le veía feliz. Creo que entre todos le habíamos dado una alegría. Amen. Nota del Autor Las críticas se han convertido en este relato.

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Este relato se termin贸 de escribir el d铆a 2 de julio de 2010 en Pozuelo de Alarc贸n

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La llamada de Jesús