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Con mi Fe Yo se que estas aquí Siento Tu caminar Te mueves entre el pueblo Trayendo sanidad. Con mi fe te alcanzaré Con mi fe te tocaré Mi milagro recibiré Y se que transformado yo seré. Hay momentos que Hay momentos que No deberían terminar, Hay segundos que Tendrían que ser eternidad. Cuando tu espíritu Señor, Se toca con el mio Y mi corazón estalla En adoración. Te amo mi Señor Se acaban las palabras

Sólo me queda mi alma Para cantarte. Te adoro mi Señor No hay nadie alrededor Sólo estamos Tú y yo Sólo estamos Tú y yo. Tu Eres Digno Digno eres Jesús, digno de todo mi amor Tu sacrificio, Dios, me dio todo el perdón que no merecía mi Señor... Cuando morías en la cruz, todos mis pecados Tu borraste ahí Y un precio muy alto, pagabas Tu por mí Cómo no he de darte adoración? Si tu eres digno de todo loor Si tu eres digno de mi admiración Siempre te cantaré, mi voz levantaré Y al mundo le diré que no hay como Tú, Jesús.

Boletín Dominical

26 de Agosto de 2012

¿Por qué no puedo cambiar? [1] Convertirnos en las personas que Dios quiso que fuéramos al crearnos, es un proceso de adentro hacia fuera. ¿Alguna vez prometió solemnemente abandonar un mal hábito, para caer de nuevo al poco tiempo en el mismo? Los sentimientos de culpa pueden llevarle a prometer a no actuar de la misma manera otra vez. Usted decide hacer lo correcto, pero el día siguiente el ciclo se repite al ceder a las mismas tentaciones. La derrota le deja preguntándose: ¿Qué pasa conmigo? ¿Por qué no puedo vencer esto? La desesperación por el fracaso repetitivo le produce resignación y confusión. Usted quiere saber: Señor, ¿por qué no puedo cambiar? Todos hemos querido honrar a Dios, pero hemos vuelto a los viejos hábitos pecaminosos casi de inmediato. ¿No se supone que la vida cristiana es más liberadora y victoriosa que esto? Después de todo, la Biblia dice. "Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Co 5.17). ¿Por qué, entonces, el pecado habitual se apodera de nosotros? ¿No se supone

que Cristo cambia todo esto? Si somos nuevas criaturas, ¿por qué seguimos actuando mal? Al igual que un buque encallado, nos sentimos como si estuviéramos totalmente atascados. Entonces, ¿cómo podemos quedar libres de las conductas pecaminosas? Primero, tenemos que examinar cómo se produce el cambio en la vida cristiana. La salvación es una obra instantánea de Dios, que sucede en el momento que recibimos al Señor Jesús como Salvador. Pero a partir de ese momento, uno entra en un proceso continuo de transformación llamado santificación. El propósito del Señor es moldearnos a la imagen de Cristo, pero este proceso requiere de nuestra cooperación. Eso es lo que quiere decir la Biblia cuando expresa: "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fil 2.12). Si descuidamos esta responsabilidad, nos encontraremos luchando con los mismos problemas una y otra vez. Pero si nos sometemos al Espíritu Santo, Él ejercerá su influencia en cada aspecto de nuestras vidas. Los viejos hábitos pecaminosos se disiparán, y serán reemplazados por una nueva conducta agradable a Dios. [continúa la próxima semana]


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Boletín Dominical 26 de agosto de 2012