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Ediciones Casa de Asterión

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Los cuernos de Asterión Arte y Literatura Primera edición: Bogotá, Colombia, septiembre de 2010

Esta Revista es una publicación de Ediciones Casa de Asterión, de distribución gratuita a través de internet. • Director: Carlos Castillo Quintero carjoscas@yahoo.es • Si desea publicar envíe sus textos y/o imágenes a: asterioneditores@yahoo.es • Imagen de la Carátula: Claudia R. Niño "Paisaje 3" - Impresión de vinilo sobre papel- 2000 • Ilustradores y fotógrafos según orden de aparición de las imágenes: o Verdugo, Claudia R. Niño, Fotos de Raúl Brasca: revistamicrorrelatos.blogspot.com y www.literaturas.com, Kastill, Lucho Buitrago, Jorge Casas.

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Las ideas, opiniones aquí expresadas, así como las posibles responsabilidades que eventualmente se deriven de los textos o imágenes publicadas, serán asumidas en su totalidad por sus autores. La Revista apenas sirve de conducto entre los creadores y sus lectores. Ninguna parte de esta publicación puede reproducirse ya sea por medios físicos y/o digitales, sin permiso expreso del Director de la Revista.


C O N T E N I D O Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión. Apolodoro, Biblioteca, III, I

P O E S Í A Ítaca Constantino Kavafis

C U E N T O Alguien fuma Claudia R. Niño

M I N I F I C C I Ó N Microrrelatos de Raúl Brasca o No ver para creer o Hermanos o Perplejidad o Parábola o Todo tiempo futuro fue peor o Instilación o Última elección o El pozo

E N T R E V I S T A A Isaías Peña Gutiérrez

EL SANTO OFICIO

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Columna de Carlos Castillo Quintero o El molinero, su hijo y el asno


P O E S Í A Para dejar claro desde el principio que lo que nos interesa es el camino, iniciamos esta sección con un clásico: Ítaca, de Kavafis.

Í taca Constantino Kavafis

C

uando emprendas tu viaje hacia Ítaca

debes rogar que el camino sea largo, lleno de peripecias, lleno de experiencias. No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, ni la cólera del airado Poseidón. Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta si tu pensamiento es elevado, si una exquisita emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.

Debes rogar que el viaje sea largo, que sean muchos los días de verano; que te vean arribar con gozo, alegremente, a puertos que tú antes ignorabas. Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia, y comprar unas bellas mercancías: madreperlas, coral, ébano, y ámbar, y perfumes placenteros de mil clases.

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Los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón no podrán encontrarte si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, si tu alma no los conjura ante ti.


Acude a muchas ciudades de Egipto para aprender, y aprender de quienes saben. Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: llegar allí, he aquí tu destino. Mas no hagas con prisas tu camino; mejor será que dure muchos años, y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, rico de cuanto habrás ganado en el camino. No has de esperar que Ítaca te enriquezca: Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. Sin ella, jamás habrías partido; mas no tiene otra cosa que ofrecerte. Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

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“Luz noche” – Verdugo. Mixta, 2010


C U E N T O Alguien fuma Por: Claudia R. Niño Esta letra no la protestaré, ahórrate el acuse de recibo Joaquín Sabina

S

gente, todos apretados contra el vidrio, amontonados, húmedos en esta esquina. Sé que espera a que voltee pero no lo hago, no quiero. Lo vi de reojo cuando corrí a escampar aquí. La lluvia salpica mis botas, me corro más contra el vidrio, me penetra el frío y sigue llegando más gente. La corriente arrastra una lata de cerveza, recuerdo al doctor Puerta que siempre me dice: Piensas demasiado, ese es tu problema, sonrío, alguien fuma delante de mí. Me molesta. Volteo hacia la izquierda para ver si viene el bus y me estrello con su mirada. Es alto, moreno, con ojos ámbar; bastante atlético para su edad, cincuenta años, tal vez más, impecable traje gris. Se siente observado pero no se inmuta, sólo mira, me mira. Comienza a oscurecer, el que fuma contesta su celular, dice que está en el banco y que se va a demorar. Los demás nos miramos y seguimos su conversación. Una mujer comenta por lo bajo que así son todos, un señor atrás dice que no. Nos reímos. Se crea un murmullo de comentarios, el mentiroso visiblemente molesto se aleja, no sin antes lanzarnos una mirada asesina.

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iento su mirada que me recorre. La lluvia arrecia y sigue llegando


Me volteo. Sé que me está mirando. Noto un leve gesto de negación al que no respondo. Timbra otro celular. Un mensajero busca entre su chaqueta. Nos mira antes de contestar, da la dirección exacta de la esquina y promete a su mujer que llegará en cuanto escampe y entregue el último paquete. Todos asentimos. Poco a poco deja de llover y el grupo comienza a desintegrarse. Algunos, antes de subir a su bus, se despiden con un gesto que se traga el vacío. El mensajero enciende su moto, y se va. Un jovencito rubio me hace un guiño de complicidad (pues ha notado nuestras miradas) y se aleja calle abajo, silbando, con las manos en los bolsillos. Él lo mira con desagrado. Una anciana pequeñita –que no había notado– me pide que le haga la parada a su colectivo; se acomoda un gracioso sombrero y se va. El del cigarrillo vuelve y le ofrece a un muchacho algo que yo no alcanzo a ver, me intimida ese personaje pero pronto se sube a una buseta, el muchacho se va con él. El gordo de al lado llama a su novia para que se encuentren en el café que hay dos cuadras más al norte y camina rápidamente en esa dirección, hambriento. Me voy quedando sola con esa mirada fija en mi nuca, en mí. Aguardo. Él se va, sus ojos brillan y yo sé… La ciudad es ahora una niña recién salida de la ducha. Claudia R. Niño. "Onírico 2" - Óleo sobre madera, 27 x 15 cm., 2009

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Los transeúntes son una masa informe que habla; algunos me miran, me quedo con retazos de sus conversaciones.


Yo me voy, paso la calle, me detengo en una vitrina atestada de libros, en un rincón está el de Joseph Albers que siempre he postergado comprar. Sigo caminando, las luces se repiten en los charcos, las piso. Los colectivos, los buses, las busetas pasan llenos, la gente huye de la noche. Me impaciento. Su mirada no me sorprende, mi nuca sabe. Sé que viene hacia mí: volteo a tiempo para su beso. Me invita al mismo café, al de hace años… Le digo que prefiero ir a Salomé, al de hace años… Me sonríe y le hago un gesto para que no hable. Obedece, llegamos al bar, sin frases de cajón, a lo que vamos. A lo de siempre. Bailamos y bebemos ron. Suena Amparo Arrebato, me invita, voy, viene, lo hace bien. Me seduce, como en ese lejano primer semestre, sin perder su compostura de profesor de Proyectos. Bailamos durante horas, en silencio. Salimos. Entramos al motel. En el umbral esquivamos al vetusto pino que simula no vernos, no reconocernos… Antes del amanecer, me voy. Él, el profesor Verdugo, duerme. En la calle paro un taxi pero recuerdo que apenas tengo lo del colectivo. Sonrío, dispuesta a caminar las ochenta cuadras que me separan de casa.

CLAUDIA R. NIÑO (Tunja, 1966). Cursó estudios de Artes

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plásticas en la Universidad Nacional de Colombia y en la Academia Superior de Artes de Bogotá - ASAB. Estudió Platería en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo y Joyería en el SENA. Se dedica a la pintura, la orfebrería y la literatura. Hizo parte del Taller de cuento “Ciudad de Bogotá 2008”. Incluida en la antologías Cenizas en el andén – Cuentos de la ciudad (Asterión, Bogotá, 2009) y Pisadas en la niebla – Nuevos cuentistas boyacenses (Común Presencia Editores, Bogotá, 2010). Obra suya puede leerse en: http://tcuento-claudianino.blogspot.com


M I N I F I C C I Ó N Para iniciar con esta sección hemos invitado a un maestro del género: el argentino Raúl Brasca quien no solo es creador, sino también un dedicado antologista y estudioso del microrrelato. Sea este un exquisito abrebocas de lo que será el VI Congreso Internacional de Minificción que tendrá lugar en Bogotá, Colombia, los días 13, 14 y 15 de octubre de 2010, y en el cual Brasca es uno de los invitados especiales.

Microrrelatos de Raúl Brasca

No ver para creer

U

escrutándolo y afirma que sus lentes lo penetraron hasta el último confín. Le han explicado que él nunca salió del lado oculto y que sólo en el cielo del otro lado puede verse el gran planeta que marca el pulso de sus días. Pero se niega a escuchar y, cuando le insisten, hunde su atención en el anteojo y se obstina en los cuerpos más pálidos y lejanos.

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n selenita se siente dueño del cielo. Pasó la vida


Hermanos

C

uando la coexistencia se les hizo insostenible, dos

hermanos muy competitivos llegaron a un acuerdo tácito pero inquebrantable: aquello en lo que uno de ellos triunfara quedaría vedado para el otro; eso evitaría toda comparación entre ambos. Más que un alivio, el pacto resultó una condena. En la carrera por apropiarse de los triunfos más gratificantes y las privaciones menos penosas, el que mostró primero ser más inteligente, relegó al otro a la estolidez y los trabajos rudos. Consecuentemente, cuando el bruto aunque apuesto ganó con las mujeres, el intelectual tuvo que inclinarse por los hombres. Pero replicó haciéndose muy rico, con lo que obligó al hermano a equivocarse en los negocios y arruinarse. No previó que tanta miseria haría que su rival deseara morir hasta lograrlo y que con ello le escamotearía el triunfo. Achacoso y cubierto de años, soporta aún la ruina de su cuerpo mientras clama por una muerte prohibida.

Perplejidad

L

que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora. De golpe, algo ha sobrecogido a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis hijos? Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?

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a cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva,


Cierva, león y cazador se han detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas como colgadas del cielo, todo ser animado que habita sobre la Tierra duda sin atinar a hacer un movimiento. Es el único, brevísimo hueco que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se reanuda la vida.

Parábola

F

cueva de un santo varón que acababa de morir. El aire interior de la cámara, impregnado con el alma del muerto, dio serenidad a su espíritu. Pero la sabiduría no acudió. Paciente, se dispuso a esperar. Sin embargo, los días pasaban y su inquietud crecía. No lograba elevar el pensamiento de las necesidades de su estómago y la continencia sexual no lo dejaba meditar. Al fin no pudo resistir, abandonó la dieta de hierbas y raíces y liberó sus instintos. Como un lobo, desgarraba las presas que cazaba y las comía crudas. Una zoofilia feroz lo hizo temible a los rebaños cercanos. Hasta que una noche, la indignación del cielo cayó sobre él. Un violento temblor derrumbó la cueva y lo que había sido abrigo fue sepulcro. Mas con el alba se reveló un milagro: de la tierra todavía húmeda con la sangre del impío brotaba una nueva flor. La cala, planta que se nutre con aguas servidas y cuya inflorescencia central semeja un pene siempre erecto, nos recuerda aún hoy al eremita depravado y su castigo. El santo varón no mereció ni un trébol.

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ue a vivir a la montaña. Iba en pos de la sabiduría y ocupó la


Todo tiempo futuro fue peor

A

noche se sobrepuso a las balas que lo acribillaron y huyó

de la policía entre la multitud. Se escondió en la copa de un árbol, se le rompió la rama y terminó ensartado en una verja de hierro. Se desprendió del hierro, se durmió en un basural y lo aprisionó una pala mecánica. La pala lo liberó, cayó sobre una cinta transportadora y lo aplastaron toneladas de basura. La cinta lo enfrentó a un horno, él no quiso entrar y empezó a retroceder. Dejó la cinta y pasó a la pala, dejó la pala y fue al basural, dejó el basural y se ensartó en la verja, dejó la verja y se escondió en el árbol, dejó el árbol y buscó a la policía. Anoche puso el pecho a las balas que lo acribillaron y se derrumbó como cualquiera cuando lo llenan de plomo: completamente muerto.

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“Primer homenaje a El Bosco”, Kastill. Mixta, 2010.


Instilación A Graciela

L

evanta ese ánimo. Sólo he dejado en esa caja lo que me

pesaba. Pero estoy sentado al piano cuando tus dedos indóciles se fugan con Piazzolla; y en la cocina, evitando que te equivoques con los condimentos; y al volante, ahora que conduces -tan tarde y tan cansada-, de vuelta del trabajo. No te duermas: para todo necesito de tus manos. Y en los sueños que sueñas siempre estoy muriendo.

Última elección

E

l pez resuelto al suicidio evita veloz la red en la que moriría

con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista, y traga sin dudar el de un chico que recordará mientras viva los espasmos terribles de su asfixia.

El pozo

H

tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él. Los otros bañistas aún no habían reaccionado y el pozo ya devoraba una sombrilla. Se miraron con estupor, vieron que ellos mismos convergían hacia allí, y por un instinto soterrado desde

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acía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le


siempre que se acababa de revelar, intuyeron que no podían salvarse. Era tan natural como el ocaso: el mundo se revertía. Muchos trataron de huir, despacio, con la misma aprensión sin esperanza de los animales que buscan esconderse de la tormenta. Pero la arena se deslizaba más rápido y todos terminaron cayendo mansamente. A su turno, se derrumbaron en el pozo casas, ciudades, montañas. Del mismo modo que la mano invisible da vuelta la manga de una camisa, una fuerza poderosa arrastraba hacia dentro la piel del mundo poniéndolo del revés. Y cuando los últimos retazos desflecados de mares y tierras fueron engullidos, el pozo se consumió a sí mismo. No dejó siquiera un hueco fugaz en el espacio, tan sólo quedó el vacío, homogéneo y silencioso, la inapelable evidencia de que el mundo había sido el revés de la nada.

1948). Es uno de los autores y antólogos más prolíficos del género. En relación a la microficción publicó Las aguas madres (cuentos y microficciones), Sudamericana, 1994; Todo tiempo futuro fue peor (microficciones, Thule ediciones, Barcelona, 2004; Mondadori/Sudamericana, Buenos Aires, 2007); Dos veces bueno 1, 2 y 3 (antologías de microficciones, Desde la Gente, Buenos Aires, 1996, 1997 y 2002, respectivamente); De mil amores (antología de microficciones, Thule Ediciones, Barcelona, 2005); Nosotras, vosotras y ellas (antología de microficciones, Desde la Gente, 2006); 4 Voces de la microficción argentina 1: Orlando Romano, Juan Romagnoli, Roberto Perinelli, Ildiko Valeria Nassr (antología, Desde la Gente, Buenos Aires, 2009). Además, en colaboración con Luis Chitarroni, publicó Antología del cuento breve y oculto (Sudamericana, Buenos Aires, 2001); Textículos bestiales (Desde la Gente, Buenos Aires, 2004); La flor del día - Trofeos de la lectura (Desde la Gente, Buenos Aires, 2007) y Comitivas invisibles (Desde la Gente, Buenos Aires, 2008). Junto a Luisa Valenzuela y Sandra Bianchi, publicó además La pluma y el bisturí (Catálogos, Buenos Aires, 2008), que reúne las actas del Primer Encuentro Nacional de Microficción en Argentina.

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RAÚL BRASCA (Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, Argentina,


E N T R E V I S T A Explicación necesaria: Hace algunos años, en 2007, dimos inicio al Taller de Narrativa “R.H. Moreno Durán” en la ciudad de Tunja. Para la sesión inaugural el invitado de honor fue el maestro ISAÍAS PEÑA GUTIÉRREZ. Por entonces, con unos amigos, preparábamos la edición de La tierra baldía, una revista literaria que nunca salió. Para esa revista el maestro Isaías me concedió la siguiente entrevista. Por considerarla de gran interés y ayuda para escritores y gente del medio literario, la publico hoy.

ISAÍAS PEÑA GUTIÉRREZ Foto de: Lucho Buitrago, 2007

ISAÍAS PEÑA GUTIÉRREZ: Todos los oficios se pueden enseñar y se pueden aprender. La pregunta desde esa perspectiva resulta fácil de responder, y está bien formulada. Lo grave es cuando se pregunta

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CARLOS CASTILLO QUINTERO: De acuerdo con su experiencia como escritor, crítico literario y, sobre todo, como director de un Taller de Escritores, en su concepto, ¿se puede enseñar el oficio de escritor?


por el arte de escribir. Y el escribir literatura implica las dos cosas: un arte y un oficio. Como existe hoy una caja de herramientas abundante en recursos, el oficio de escribir se ha desarrollado tanto como los demás oficios que han desarrollado una técnica. Y, como entre los griegos, la técnica siempre aparece cerca del arte. No existe un arte sin oficio, salvo que se hable en abstracto. Pero en la realidad, todo arte requiere de unas habilidades y destrezas que se enseñan por el maestro y se digieren y proyectan por el alumno o el discípulo. Y si el aprendiz es un artista, los resultados serán óptimos. En este sentido, el arte codificado, es decir, racionalizada su experiencia, da paso al siguiente escalón, el del aprendizaje del arte, en el mejor sentido: un sujeto que es artista en sus entrañas, se apoya en un oficio que aprende del maestro. Pero si el artista no existe, difícilmente se puede enseñar el arte.

CCQ: ¿Qué consejos le daría a quien inicia el camino como escritor? IPG: En general, reemplazo los consejos por una práctica que dura muchas horas en el Taller de Escritores. Los consejos no se entienden, no se comprenden, por quien los escucha, mientras no esté enfrentado con la práctica del escribir. Siendo inútil dar consejos, yo diría que un escritor incipiente debe leer mucho, debe leer con un programa de lectura, debe leer en orden para no perder tiempo, o en desorden si tiene tiempo para perder, debe ejercitarse con paciencia en la escritura, sin querer llegar antes de tiempo al texto perfecto y con la pasión de quien espera llegar al texto perfecto, debe escribir con la confianza que da la seriedad con que se escribe, debe escribir con la misma continuidad con que almuerza todos los días, es decir, como quien piensa que si no lo hace se muere de hambre. Y si entra a un programa desescolarizado de escritura creativa, podría ser un Taller de Escritores, mucho mejor. Si

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CCQ: Quien aspira a escritor, ¿qué condiciones debe tener? IPG: Las mismas que debe tener quien aspira a ser cantante, bailarín, pintor, actor o músico.


considera que no lo necesita, que no sea por arrogancia, sino porque posee ya el arte y el oficio de la escritura literaria. CCQ: ¿Qué relación existe entre la obra de un escritor y el medio editorial? ¿Se escribe para los otros, para publicar? IPG: Son dos preguntas muy distintas. La importante es la segunda. La primera es de marketing. Se ha escrito mucho sobre esto. Y siempre, guiándome por mi experiencia como escritor, respondo como un ser humano, es decir, como un ser individual y social. No puedo ser lo uno sin lo otro. Y así se es escritor. Para mí y para los demás. Hay, primero, una inmensa complacencia en la escritura, como quien juega fútbol o crea fórmulas químicas. Esa órbita maneja la individualidad alejada de todo otro factor. Como quien canta en la ducha; no lo hace para que lo escuchen, sino para congraciarse así mismo. Escribir para respirar, como diría Nivaria Tejera. Pero si escribo pensando en que me lean, para proyectarme sobre ellos mis lectores, para producir literatura nueva, pues claro que tengo que pensar en ellos, desde el lector anónimo hasta el editor hipotético. Un zapatero no podría hacer zapatos para guardarlos, si es que esa es su profesión.

CCQ: ¿Qué tanto influye el vivir en provincia, tanto en la obra, como en el reconocimiento literario, en Colombia? IPG: Son dos preguntas interesantes y sin estudios que nos permitan responder con seriedad. Quizás la primera mantenga la lógica de

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ISAÍAS PEÑA GUTIÉRREZ, CLAUDIA R. NIÑO Foto de: Lucho Buitrago, 2007.


todos los tiempos: uno escribe de lo que conoce, sea de la metrópoli o de la provincia. El universo lo rodea a uno donde esté parado, sin distingos de topografías. Vivir en la provincia produce una obra que un tratamiento contemporáneo convalida. Hoy día, además, esa distancia se ha acortado, se ha diluido. Por supuesto, pueden aparecer factores de lugar que incidan de manera extra literaria en el escritor. Eso es otra cosa. En cuanto al reconocimiento, me parece que el centralismo colombiano sí afecta a los escritores de provincia, incluso aunque vayan a vivir a la capital. Y existen ciertos sesgos clasistas que, en la capital, afectan a los escritores de provincia y de la misma capital.

CCQ: ¿Qué concepto le merece la literatura y los escritores de Boyacá, en el momento actual? IPG: No la conozco bien. Me gustaría saber que el síndrome de la solemnidad de Carlos Arturo Torres y Gutiérrez Girardot ya ha ido desapareciendo, y que le ha dado paso a la frescura de lo contemporáneo. Que lo vernáculo, lo histórico-anecdótico, lo

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CCQ: ¿Cuál es su visión sobre el estado actual de la narrativa colombiana? IPG: Tengo varias respuestas, a veces contradictorias. En los años 70s. leí mucha literatura colombiana, creo que fui el crítico que más leyó y la comentó, y hoy nadie lo recuerda. Y qué pasó con esa literatura que ya los medios no la reconocen. Hoy veo muchas novelas saltando por todos lados, con una industria editorial más responsable (en el sentido comercial), pero la crítica ha desaparecido casi por completo. Se le da mucha importancia a los autores –y eso está bien–, pero no veo las tablas de valores sobre lo que va apareciendo y desapareciendo. Me duele que la lucha por el cuento, gestada por mi generación, haya sido un duelo perdido. Y me alegro porque la decisión de escribir novelas se mantenga, ojalá que no fuera a costa de su calidad.


costumbrista y lo romántico, han cedido sus riendas a las nuevas generaciones con mirada renovada. CCQ: ¿Qué viene para la literatura y para los escritores colombianos en el siglo XXI? IPG: Hay que trabajar mucho, estudiar mucho más, profundizar las miradas, sacudir la ruana, aventurarse más, creer que ya estamos en el siglo XXI y que, sin embargo, no hemos resuelto problemas de hace 150 años. En Latinoamérica, los colombianos nos estamos quedando atrás, y el escritor puede ser la conciencia que remueva esos patrones. CCQ: ¿Para qué sirven los talleres de escritores y de literatura? IPG: Respondo con todas las anteriores. Y agrego una cosa más: el taller sirve, también, para descartar las vocaciones erradas. Eso es duro, pero muy útil. Y, al contrario, sirve para afirmar vocaciones. Y eso vale por todo. CCQ: ¿Cuál es su mayor satisfacción como fundador y director del Taller de Escritores de la Universidad Central? IPG: Haber compartido con ustedes, con quienes me han acompañado en estos 26 años, unas experiencias tan ricas como todas las páginas leídas en esos años, y como las páginas escritas por ustedes, llenas de vida, de ilusiones, de tragedias, de fatalidades, convertidas en algunas ocasiones en páginas puestas en las manos de los lectores incrédulos o convencido de nuestra labor; y haber logrado llegar a una teoría de la creación narrativa, que aspiro a dejar escrita en mi libro El universo de la creación narrativa. Bogotá, D. C., 31 de mayo de 2007

Estudió Derecho, Ciencias Políticas y Sociales en la U. Externado de Colombia; Literatura Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo; Español y Literatura, en la Universidad Pedagógica de Colombia . Tomó

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ISAÍAS PEÑA GUTIÉRREZ (Saladoblanco, Huila, Colombia, 1943).


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talleres y seminarios de extensión en Fotografía, Cine y Teatro. Ha sido profesor de las universidades Externado de Colombia, Central, Libre, Nacional, Javeriana, ESAP, Rosario y Politécnico Grancolombiano. Ha ejercido como columnista, en distintas épocas. Actualmente, dirige el Departamento de Humanidades y Letras de la Universidad Central, su Taller de Escritores, que fundó en 1981, y su revista institucional Hojas Universitarias. En la misma universidad, desde octubre de 2008, dirige la Especialización en Creación Narrativa. Ha publicado sus textos en diarios como El Siglo, El Espectador, El Tiempo, Vanguardia Liberal, La Patria, El Mundo, Diario del Huila, y en revistas nacionales y del exterior como Hojas Universitarias, Punto Rojo, Teorema, Puesto de Combate, Pluma, Boletín Cultural y Bibliográfico de la Biblioteca Luis Ángel Arango, Estudios Colombianos, Horizontes del Huila, Credencial, Litterae, Metáfora, Imagen (Caracas), Plural y Cambio (México), Casa de las Américas (Cuba), Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (Lima), entre otras. Más en: http://www.isaiaspenagutierrez.com/ Ha publicado los siguientes libros: o Cinco cuentistas (coautor), Neiva, Imprenta Departamental del Huila, 1972; o La generación del bloqueo y del estado de sitio. Entrevistas y bio-bibliografías, Bogotá, Ed. Punto Rojo, 1973; o Estudios de literatura, Bogotá, Ed. El Huaco, 1979; o La narrativa del Frente Nacional, Bogotá, Universidad Central, 1982; o Manual de la literatura latinoamericana, Bogotá, Educar Ed., 1987; o Breve historia de José Eustasio Rivera, Bogotá, Ed. Magisterio, 1988; o José Eustasio Rivera, Bogotá, Procultura, 1989; o La tierra soy yo. Compilación de textos sobre la obra de Manuel Mejía Vallejo, Neiva, Fundación Tierra de Promisión, 1990; o Escribir para respirar. Latinoamérica: ensayos y entrevistas, Bogotá, Ediciones Opus Magna, 1998; o Ensayos y contraseñas de la literatura colombiana (1967-1997), Bogotá, Ediciones Universidad Central, 2002; o La puerta y la historia. Textos, Ibagué, Pijao Editores, 2004.

Ilustración: Jorge Casas, 2005


EL SANTO OFICIO

Columna publicada en el Diario Blanco & Negro de la ciudad de Tunja, entre marzo y noviembre de 2004

El molinero, su hijo y el asno Por: Carlos Castillo Quintero “...buscad mujer, convento, cargo o mando; es lo mismo: las gentes hablaran de ello, no lo dudéis un instante” Jean de La Fontaine

C

mercado. Para no maltratarlo, lo alzaron en hombros pero uno que por allí pasaba criticó tal medida. Montó el jovenzuelo en el animal pero alguien reparó en lo indolente que resultaba que el viejo fuese de a pie. Bajo el muchacho y montó entonces el anciano pero otro transeúnte dijo que... y por atender a todos los consejos, no pudieron cumplir con su objetivo: vender el burro. Los expertos también se equivocan y no todas las razones provienen de la objetividad. Si bien es cierto que se deben escuchar observaciones de quienes conocen el oficio, quizá sea más importante para un escritor tener claro el camino que quiere seguir. De criticas, críticos y grandes equivocaciones está llena la historia de la literatura: James Joyce autor del “Ulises”, novela considerada como la más importante del Siglo XX, tuvo que soportar el rechazo de cuarenta editores que no encontraron que su colección

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uenta la fábula que un molinero y su hijo llevaban a un burro al


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de cuentos Dublineses mereciera publicarse. Constantino Kavafis, excelso poeta egipcio, murió inédito y sin el menor reconocimiento público por su obra, hoy considerada como una de las cimas de la literatura contemporánea. Robert Louis Stevenson a los ocho años no sabía leer ni escribir y era un poco zopenco; terminó siendo uno de los autores más leídos y un clásico del género de aventuras, autor de más de veinte novelas y cientos de ensayos, cuentos y poemas. Sin ir muy lejos a nuestro Premio Nobel de Literatura, el siempre admirado Gabriel García Márquez, le aconsejaron dedicarse a otra cosa. Quien cometió tal desacierto fue el prestigioso crítico español Guillermo de Torre que dio concepto negativo a la publicación de La Hojarasca que su autor había presentado a la Editorial Losada de Argentina. Tardó García Márquez cinco años en encontrar editor para su primera novela. Tampoco le fue muy bien con El Coronel no tiene quien le escriba, libro considerado por algunos como el mejor de toda su obra y que fue rechazado por la Editorial Gallimard de Francia atendiendo las razones de Roger Caillois, prestigioso crítico (sobra decirlo), a quien le encargaron la lectura de los originales. Conviene hablar también de la autocrítica, siempre necesaria y fundamental, pues nadie mejor que el mismo creador para valorar su trabajo. Pero aquí también se presentan equivocaciones: Franz Kafka, uno de los escritores más grandes e influyentes del Siglo XX, quien al morir era apenas conocido por un pequeño círculo de intelectuales, pidió a su amigo Max Brod que a su fallecimiento destruyera los manuscritos inéditos y que tomara las medidas necesarias para que no se volvieran a editar los ya publicados. Para beneplácito de la literatura, Max Brod hizo todo lo contrario, y a la muerte de Kafka se dedicó a dar a conocer al mundo la obra genial de su amigo, con los buenos resultados conocidos por todos. Y otro grande, el Premio Nobel Ernest Hemingway, quien afirmaba que un escritor no sólo debe escribir bien sino tener la capacidad de corregir lo que escribe, pasó mucho tiempo dedicado a corregir la última página de su novela Adiós a las armas de la que se dice hizo más de


36 versiones. Hay quien asegura que Hemingway se suicidó porque sentía que su capacidad creativa había menguado; buscó la muerte atribulado por el terror a la página en blanco. El exceso de autocrítica también mata.

CARLOS CASTILLO QUINTERO (Miraflores Boyacá, 1966). Ha publicado los libros de cuento Los inmortales (2000) y Carroñera y otras ficciones perversas (2007); las antologías El placer de la brevedad / Seis escritores de minificción y un dinosaurio sentado (2005), y Pisadas en la niebla / Nuevos cuentistas boyacenses (2010); los poemarios Piel de recuerdo (1990), Burdelianas (1994), Rosa fragmentada (1995), Sin el azul del día (Premio CEAB, 2008), y Ab

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El Santo Oficio al que por una u otra razón se ha consagrado un escritor, requiere de cierta vocación de infierno, es decir, capacidad para caminar sobre el fuego de su propia incertidumbre y creer sin certeza alguna en su propio genio. Ya alguien nos ha contado la nefasta historia de un tal Enoch Soames, oscuro y anónimo poeta que vendió su alma al Diablo a cambio de cinco minutos en el futuro: quería saber si dentro de cien años era un autor reconocido. Sólo halló una breve alusión a su nombre en un relato en el que se le mencionaba no como a un ser humano, sino como a un personaje de ficción que abatido por su inseguridad un día vendió su alma al Diablo... Señalaba en otra oportunidad cuáles serían los atributos deseables y necesarios de un escritor: talento, preparación, disciplina e inspiración (es decir la consabida visita de las musas). Sumemos a ellos la capacidad para desarrollar su trabajo con valentía. No se debe comprar un seguro de vida días antes de ir a la guerra: la confianza en la vida primero, después la inmortalidad. Milenaria conclusión: hay que aprender a separar el grano de la paja; y ante las razones y conceptos de otros... ni tanto que queme al santo, ni muy poco que no lo alumbre.


imo pectore - Antología personal (2010). Con Saga de los amantes (inédito)

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obtuvo el Premio Nacional de Poesía Universidad Metropolitana de Barranquilla, y con Estación nocturna (inédito) el Premio Nacional de Poesía de Chiquinquirá. Incluido en la Antología Internacional de Cuento La flor del día/Trofeos de la lectura (Brasca/Chitarroni, Buenos Aires 2007), en la Segunda Antología de Cuento Corto Colombiano (Kremer/Bustamante, Bogotá 2007), en Comitivas invisibles - Cuentos de fantasmas (Brasca, Buenos Aires 2008), y en El corazón habitado - Últimos cuentos de amor en Colombia (Editorial Algaida, Cádiz España, 2010). Egresado del Taller de Escritores de la Universidad Central (TEUC). Actualmente dirige el Taller de Cuento Ciudad de Bogotá, adscrito a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa – RENATA, programa del Ministerio de Cultura.


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Los cuernos de Asterión - No. 1 Se terminó de editar en la ciudad de Bogotá, Colombia, el 1ro. de septiembre de 2010. Manifiesta gratitud a: Raúl Brasca, Kastill, Jorge Casas, Isaías Peña Gutiérrez, Natalia Castillo Verdugo, Claudia R. Niño, y a GrippArt quienes hicieron el diseño. Se utilizó la fuente AR DESTINE para los títulos, Leelawadee para los subtítulos y biografías; el texto se hizo en Cambria.


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Los cuernos de Asterión - No. 1  

Revista de Arte y Literatura

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