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CUADERNO Nยบ 9 TALLER DE ESCRITURA CREATIVA CURSO 2011-2012 UNIVERSIDAD POPULAR DE ALMANSA


Portada: Francisco Catalán Profesor Coordinador del Taller de Escritura: Antonio García Soler Coordinación: Amparo Cuenca Tamarit Fotografías: Juan Carlos Banovio y Cecilio Sánchez Tomás Maquetación: Cecilio Sánchez Tomás

Edita: Universidad Popular de Almansa Imprime: Imprenta Municipal

La Universidad Popular no se responsabiliza de las opiniones contenidas en la publicación. Cada autor es responsable de las opiniones y contenidos de sus escritos.


Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia De la película Blade Runner de Ridley Sott

Foto: Cecilio


ÍNDICE

Página

Prólogo

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Actividades realizadas en el Taller de Escritura

_______________ 11

En prosa

_______________ 16

En verso

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Autores que nos acompañaron en los III Encuentros Literarios

_______________ 33

Francisco Domene

_______________ 33

José María Herránz

_______________ 36

Aureliano Cañadas

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Antonio Carvajal

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PRÓLOGO

CARTAS EN ESPERA Los libros son voluminosas cartas a los amigos Jean Paul

30 de marzo Cuánto nos gustaría haber escrito, al menos, ese libro para que los amigos puedan abandonarse un tiempo en él, y ser durante un tiempo algo más felices (como lo hemos sido leyendo) entre las palabras, ya de nadie en concreto: simplemente, nuestras. 17 de abril Me parece que fue ese día, después de hablar contigo, con la oreja caliente aún por el dichoso móvil, cuando me puse a releer las “Cartas a un joven poeta”, quizá porque no hablamos directamente de poesía entonces. Este breve libro Rilke nos reserva siempre alguna sorpresa cuando vuelves a sus páginas después de algunos años. Y es siempre un bálsamo distinto a la última vez. Me detuve un momento en esta intuición del poeta alemán: “la mayor parte de los hechos son indecibles”. Tengo la impresión que nos quiere decir “todos”: todos los hechos son “inefables” (adjetivo que me gustaba escuchar, por cierto, en la voz de un maestro de mi niñez). Y precisamente en eso está la gracia de la poesía, y del arte en general, que se convierte al leerla en ”otra cosa”, en otro hecho: puede que lleve una verdad consigo, lindante a otros lados de la vida que estaban ahí como ocultos, latentes. Si nos llegan, ya tenemos más vida en nuestra vida. Está claro que todo esto no es para soltarlo al aire por un aparatillo de esos: hay cosas que son para escribirlas, creo. O, a veces, mejor, para callarlas. 22 de mayo Las fechas anteriores son ficticias y, a la vez, reales; ésta es real pero, de algún modo, también inventada. Pero a lo que iba: ayer, 21 de mayo, volvía a escuchar en la radio las cifras del hambre: son tan escandalosas que por aquí pueden parecer irreales. Tanto como para dejar de escribir esto, por ejemplo, e intentar algo más que este grito en sordina. Pero, disculpadme, creo que me reclaman ya para comer. 11 de marzo, por ejemplo No recuerdo nada ese día, como tantos cercanos: me dicen otros desmemoriados que no me preocupe demasiado, que es normal, y más en estos días. Por todo ello, a ese día, como ejemplo de todos los que vamos olvidando, le quiero dejar estas palabras de Jorge Guillén, que son más que un verso: “vida regala vida”. Para los que comemos cada día pueden bastar estas tres palabras para salvarnos de algún mal momento y, sobre todo, para respirar mejor bajo el cielo cada día. Uno olvida fácilmente que está vivo, que tontería, ¿verdad?. Uno olvida que se nos regala vida a cada momento, mientras estamos en esta tierra, en este aire. Incluso cuando escribimos, como ahora, con más ganas de mirar el cielo que de darle a las teclas, también nace siempre otra vida, del lado de las palabras. Sobre todo, cuando además de palabras: “tienen poderes que desconocíamos”, como venía a decir Eduardo Galeano. 9


PRÓLOGO

17 de mayo Los vencejos han vuelto al atardecer. Los miras en sus vuelo raudos, distintos en cada momento. Y, sin embargo, parecidos, aunque de otra manera, a los de cualquier tarde: ayudan a leer más despacio, a respirar con más calma cuando dejas el libro y puedes mirar mejor el cielo. 22 de mayo “Sigo sin encontrar las huellas de este momento”. Amigos: gracias por encontrar esa frase perdida (que también podría leerse en sentido afirmativo) entre lo que se deja por ahí sin borrar, como de nadie. Ahora ya queda más cerca de los días sin palabra escrita. 27 de mayo Hay un dicho supuestamente zen que reza: “al final, hasta la hierba y las piedras consiguen ser iluminadas”. Dudo de que sea zen, pues éste dicen que gravita mejor en lo inexpresable. Pero bueno, se entiende bien. Lo que me parece es que no es “al final” sino “desde siempre” cuando la hierba, las piedras y prácticamente todo está inmerso en esa iluminación. Excepto nosotros, los humanos. No sabemos encontrar a menudo esa vía que se nos deja para recordarnos humildes, como el humus, la tierra fértil. Y transparentes, como el agua que fluye nueva en la montaña, como el aire. 30 de mayo Lo más auténtico de este diario está en los huecos de los días sin escritura. Hoy, sigo sin encontrar las huellas de este momento si no respiro. 2 de junio Vi hace poco la película basada en la novela homónima de Dulce Chacón “La voz dormida”. Sufrí, a veces, en ciertas escenas pero gocé también, en una suerte de catarsis, esa sensación de arrastre, de limpieza y algo más que tenían las tragedias griegas (a las del siglo V a.C., me refiero). No quiero entrar en pormenores, solo que me vino a la cabeza que esas escenas de la posguerra las han vivido seres queridos nuestros, cada uno como pudieron, claro. Y algunos siguen aún vivos, de alguna manera, como iluminados por el paso del tiempo. La mayoría son ya memoria de los que los seguimos amando. Y he podido entrever algo de esto en la peli. Quizá en algo de esto resida la magia del arte, que es arte pero se parece tanto a la vida, que nos pone en los ojos y en el corazón el valor y la fuerza, en este caso, de unas mujeres del pueblo. Al final de la obra aparece un abrazo sincero a la reconciliación, nunca al olvido. Algo así como si esos seres estuvieran ya más cerca de esas piedras, de esas hierbas o plantas que vienen de abajo, como una luz dormida, con ese don que los hombres podríamos recuperar también antes de volvernos transparentes. Del Dietario de Elías Ayora Antonio García Soler 10


ACTIVIDADES

Poema trabajado en el taller de escritura

El sol sale para ti también. Cuando la vida sea demasiado. Cuando creas que ya no puedes. Cuando ya no tengas ganas. Mira hacia arriba El cielo es azul. Escucha a los pájaros: su trino. Escucha la risa. Escucha la música. Hoy quizás es un día triste pero mañana seguro que tienes un motivo. Piensa en las personas que te quieren. La vida tiene momentos maravillosos, también. Mañana de nuevo el sol sale y no puedes perdértelo. Estás aquí. María y Antonio Nota.- María somos todos

Palabras que regresaron al tintero

todos

sopo

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más seg ui

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so ni bebé gusta que aunque momen to hay do gente

mucha malos y

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quiere por


ACTIVIDADES

Relato en el que aparece la frase: “Estoy en tu corazón” Querido amigo, me alegro que puedas disfrutar de la vida después de todos estos años en que no podías apenas hacer nada, apenas tenías vida y te diste cuenta de cómo se iban alejando todos aquellos que decían ser tus amigos del alma. Sólo se quedaron contigo los que verdaderamente te querían sin tanta tontería, esa clase de amigo que cuando lo buscas lo encuentras. Gracias a ellos y a tu familia fuiste superando todos los obstáculos que te ponía tu enfermedad; te sacaban a pasear, te hacían compañía y te daban conversación para alejarte de tus pensamientos pesimistas que te quitaban el sueño. No tenías esperanza de poder volver a sonreír, corretear, salir de fiesta con tus verdaderos amigos y bailar, que eso sí que te apasiona. Tus padres no paraban de buscar el milagro que te sacara de esa larga enfermedad, porque ellos estaban muy preocupados de ver como cada día te ibas apagando… no podían permitir que te fueras de sus vidas. Por fin llegó el día de tu operación y ahora ya podrás empezar una nueva vida, en la que podrás compensar a tu familia y amigos de todos los esfuerzos que han hecho posible que llegue este maravilloso día. Llegué cuando menos lo esperabas, te devolví la alegría y esa fortaleza que tanto echabas de menos; ahora podrás realizar todos tus sueños y volver a disfrutar de las pequeñas cosas que te llenan el día a día. Bueno ya sabes que estoy en tu corazón, regulando tus latidos para darte todo aquello que tanto anhelabas. Sueko

Un intento más, sólo uno más. Allí estaba, como estatua de sal, frente al ordenador, dudando, moviendo el cursor de mi ratón sobre la función “enviar”. Había leído y releído aquel maldito mensaje una y mil veces. Añadido comas, cambiado expresiones, borrado frases enteras hasta diez veces. Nunca estaba perfecto. Pero, ¿cómo podía yo saber que ésta u otra palabra era la indicada para llegar a su corazón? Más que una alquimista de almas enamoradas, me sentía torpe, como un elefante en una cacharrería; perdida, como un quinto en día de permiso, como un santo sin paraíso, como el ojo del maniquí. Ayyyyy… Si estuviera aquí Sabina, él sí sabría qué escribir. Pero yo no era más que una estúpida enamorada. Una exploradora de causas perdidas, metida en la boca del lobo hasta los tuétanos. A mis treinta y diez, jugando como una quinceañera con pócimas lírico-amorosas. Me sentí completamente absurda. Cerré la página de mi cuenta de correo electrónico y abrí mi Facebook. Tan sólo escribí: “Hazme saber si estoy en tu corazón, el pobrecito está a punto de morir desfallecido”. Unas horas después, su “me gusta” estaba entre los de varias decenas de amigos más. Me fui a dormir satisfecha y tranquila. A veces, como decía el bueno de Pascal: “El corazón tiene razones, que la razón desconoce”. Ana Tomás

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ACTIVIDADES

Nadie le había hablado del final. Sabía que lo suyo era grave ¡cómo no iba a saberlo después de los dos años pasados! Sabía que era difícil salir adelante pero hasta hoy nunca pensó en ese salto: definitivo y solitario. Y tenía miedo. A Juan la vida le había sonreído: trabajo, familia, amigos y había disfrutado de una vida mejor de la imaginada porque él no era ambicioso, con eso tenía bastante. No pensaba que algo lo pudiera estropear. Sólo esa cosa que no se nombra. Y por eso, por no nombrarla no se hablaba de lo otro: de lo innombrable. Él quería saber cómo era, cómo llegaba y el insomnio se apoderó de él, a pesar de los miles de fármacos y la maldita morfina. Se preguntó qué es, dónde estaba, cómo llegaba y escuchó la sentencia: “Juan, estoy en tu corazón”. Juana María

Imaginas un paisaje nevado, una casa de madera rodeada de montañas, donde no existe el tiempo. Sólo se escucha el bullir del fuego. La luz anaranjada, las velas cercando las esquinas de la alfombra tendida delante de la chimenea. Sobre la mesa una cesta de frutos rojos, una botella de cava y dos copas, esparcidos libros de versos; unos tienen cien, otros apenas diez, otros están en blanco. Entonces descubres que sólo estoy en tu corazón   Amparo Cuenca

Realizar una historia en la que aparezca la frase: “Durante diez años luché con un rinoceronte…” (Confabulario definitivo. Juan José Arreola)

Se conocieron en primavera. Él era joven, adusto, fuerte y no muy dado a la conversación. La conversación la ponía ella. Pasaron mucho tiempo dando largos paseos del bosque al estanque. Él prefería la humedad, ella pisar en el suelo. Parecía una historia más, una historia sencilla, de paseos, charlas, pocas cosas en común, pero ella asumió que podían crear una pareja. Pasado algún tiempo y cuando todos se habían acostumbrado a esas extrañas criaturas juntas, él decidió que sus costumbres eran las buenas y ella se debía acostumbrar. No sabía que ella tenía la certeza de que eso era imposible. Es más. No quería para nada parecerse a él, enfangado, grueso, poco ágil, y todo el día chapoteando y haciendo ruido para que todos supieran lo fuerte que era, como si no se notase a simple vista. Es verdad que si quería podía hacer la vida de ella más difícil. No atendía a razones, quería integrarla en su grupo, que la miraba como a una extraña y que olvidara quién era y cómo. Era tozuda y no le iba a ayudar. 13


ACTIVIDADES

Su actitud cambió, aunque nunca fue cariñoso ni locuaz, pero ahora se volvió agresivo e insistía en sus argumentos, pero ella no cedía. Un día creyó llegado el momento de pasar a la acción y le daba empujones y la tiraba al fango. Nadie podía creerlo, sólo ella que se revolvió y decidió cambiar de estrategia: ganarle de una manera sutil, le cansaría y así decidiría no insistir. Y funcionó. Transcurrieron los años y la sequía les hizo desplazarse hacia el norte y en uno de esos traslados ella aprovechó para escapar, para ser libre, y se unió a las gacelas que la ayudarían como a una igual y le mostraron como cómo era su vida, como cómo vivían, y se escapaban de los depredadores. Así comprendió cómo era ella. Al cabo de un tiempo reflexionó “No fue tan malo si pienso que durante diez años luché con un rinoceronte”. Juana María

Durante diez años luché contra un rinoceronte. Mi vida era flemática, lenta y monótona como la de ese extraño animal. Nunca entendí cómo semejante bicho podía ser tan grande alimentándose tan sólo de vegetales. Una copia exacta de mi vida, que nunca comprendí como podía ser tan pesada, si hacía meses que ni mi alma ni mi espíritu recibían cualquier clase de alimento vital. Diez años de lucha con mi existencia. Diez años en pleno desierto emocional. Perdido, alejado de la manada, sin saber cómo reaccionar. Me habría gustado aprender a defenderme de forma diferente frente a los avatares y sinsabores que ocuparon gran parte de mis días. Cual rinoceronte, hubiese preferido imponerme al medio, pero más bien me comportaba como un pajarillo asustado. Ahora estaba frente a la barrera. Era el momento de cruzarla, de adentrarme en la jungla de cristal. Saqué mi arma y acabé con la vida de aquel mastodonte incómodo y hostil con el que había convivido la última década. Mientras me alejaba, volví la cabeza, sacudí los pensamientos vacuos e inertes, tan sólo esos, y de la mano de la incertidumbre, seguí caminando. Ana Tomás

Durante diez años luché contra un rinoceronte o por la magnitud con la que yo veía mi problema, creía que era tan pesado como un rinoceronte. Día tras día, trataba de entender porqué me estaba sucediendo aquello. Busqué explicaciones racionales que lo justificara, pero aquel sentimiento escapaba a la razón. Volvía una y otra vez, como hombre en el que predomina la razón, a intentar encontrar en qué momento de mi deducción me había equivocado. Luchaba y me negaba a mí mismo. Tenía miedo a dejarme llevar por el corazón, me encontraba paralizado, y fue así que pasé diez años de mi vida luchando inútilmente. Amparo Cuenca 14


J. C. Banovio


EN PROSA

Ayer no estuve en casa precio.

Ayer no estuve en casa, salí a vender almas, a cualquier diablo que quisiera comprarlas a buen

No encontré ninguno, aunque las calles estaban abarrotadas de sombras cariacontecidas, rostros desdibujados por un dolor ligeramente azul. Buscaba por todos los rincones, algo me decía que iba por mal camino, la tristeza se respiraba por doquier. Las almas comenzaban a inquietarse, hoy no tendríamos comprador, una oportunidad más para salvarnos del infierno. Ana Tomás

Gitano Como cada tarde, cuando el sol ya no quema, emprendo la misma ruta, la ruta de los niños. Llevo mi carretilla donde recojo lo que otros no desean pero que en mi casa sirven. Bajo la calle del Gordo hasta llegar al Secano, después de refrescarme en la fuente de Jesús, sigo andando hasta llegar a la calle San Fausto. A lo lejos ya oigo el bullicio de los niños que juegan despreocupados con la merienda hace tiempo digerida. Me rodean en cuanto me aproximo para ver qué traigo en la carretilla. -Todavía nada- les digo. -Voy a la cacharrería de Valentín a recoger ferrallas. De pronto unos ojos almíbar me sonríen, es una niña pecosa y con trenzas, le digo si quiere dar una vuelta en la carretilla, me dice que sí. Empujo a mi niña de aire, corriendo, impulsado por su risa. Dejamos atrás las escuelas y mi miedo, y llegando a Méndez Nuñez mi niña desciende bruscamente dejando su sangre y, mis anhelos, chorreando de su espinilla al clavo avaricioso. Corre mi niña, corre y no llores, que te cure tu madre y no le digas que en esa cicatriz está mi nombre. Josefína Sánchez

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EN PROSA

Mar El mar me conoce, sabe de mis secretos. Es mi confidente. Le cuento mis cosas y él escucha paciente, a veces cuando me nota muy triste, me arrulla con el sonido de las olas que vienen y van, como si quisiera cantarme una nana. Y siento una paz infinita. Consigue que olvide todos los problemas que se acumulan día a día, y que se hacen un muro en mi mente cada vez más y más grande. A veces me susurra al oído y me invita a que me adentre al fondo, hacia adentro, y siento como una caricia sobre mi piel, cálida y suave, me dejo flotar y me relajo. Me siento ingrávida, como una pluma a merced del viento que puede llevarme donde le plazca. No siento, ni experimento ningún sufrimiento, mi cerebro ha conseguido desconectar de todo. De pronto recuerdo que debo salir de mi estado de relajación, pero algo me dice que siga, me siento tan bien. Nunca había sentido esta sensación. Y me niego a despertar. No quiero salir de esta paz interior que ahora siento. Y me adentro más y más. Cuanto más tiempo pasa, más me convenzo de que quiero quedarme aquí para siempre. En estos momentos, no me importaría desaparecer de este mundo, se está tan bien que no quiero despertarme nunca más. Sigo descendiendo, más y más. Oigo que me dicen en un sonido casi imperceptible: Ven, ven. Y siento una atracción que no puedo controlar. Definitivamente, ya formo parte del mar. Como una criatura marina. Como una leyenda. Como una sirena cualquiera. Y en ese instante desperté. María García

Ornitorrinco y correr selva.

Algo que no había pensado nunca el ornitorrinco es que pudiera correr como sus amigos de la

“Se vio como un comilón. Aprovechaba las noches para ponerse morado. Le gustaba coger a sus presas, masticarlas después y descansar hasta mañana… Su lago preferido estaba repleto de agua dulce, y tenía su casa bien construida en un túnel. Allí escondía sus huevos y esperaba a que nacieran sus hijos. Aunque era un mamífero ponía huevos, aunque no tenía mamas les daba leche a través de su piel. No era raro, es que siendo de Tasmania, daba la vuelta a lo que era normal en el otro lado del mundo. Se sentía feliz con su pico de pato, su forma de nadar y la posibilidad de defenderse de los enemigos con veneno, como las serpientes”. Y mientras pensaba en todo eso, olfateó la llegada de otro ser: grande y cauteloso, cargado de cachivaches negros que orientaban en todas direcciones, aunque lo que más parecía gustarles era el lago. Hablaban una jerga incomprensible y olían mal. Hablaban en susurros y se situaron cómodamente debajo de un artilugio que parecía una cueva. Desde allí miraban y miraban. Se acercó cautelosamente pero una luz le cegó y ellos aprovecharon para sacarle del agua y meterle en algo que era como un laguito pequeño. No podía escapar, el veneno no llegaba a ellos y no podía volar. De repente saltó y corrió ¡para su sorpresa! El miedo le había conferido una nueva posibilidad: correr. Juana María 17


EN PROSA

Un beso Andrés, como todos los lunes, clasificaba la correspondencia que había llegado a la oficina, formaba montones haciendo corresponder cada carta con una sección: dirección, ventas, publicidad, asesores… Quedó sorprendido al ver que una de ellas no guardaba la forma oficial, estaba escrita a mano y el sobre era cuadrado. La carta era para Rosa. Le dio un vuelco el corazón, a Rosa la conocía desde hacía cinco años, se acordaba perfectamente. Desde el primer momento no le gustó nada, le pareció una mujer fría y calculadora, de esas personas que se creen por encima del bien y del mal. Rosa había entrado a la empresa para sustituir al director de ventas, el Sr. Vidal, que a los 60 años había decidido apartarse de su puesto de asesor. A sus compañeros no les sentó muy bien que una mujer tan joven estuviera, así, de buenas a primeras, en un escalafón tan alto. A Andrés, en el fondo, le daba igual, pues sólo era el bedel de aquella empresa; con darle los buenos días y las buenas tardes le bastaba. Rosa parecía ajena a los sentimientos que despertaba en los demás. Cuando entraba a la empresa, unos días saludaba a Andrés de forma amable, otros lo ignoraba. Una mañana, ella sacó dos cafés de la máquina y se acercó a la entrada donde Andrés estaba, le ofreció uno y se sentó en la silla que había frente a la de él. Le preguntó: -¿Qué te ocurre Andrés? -Nada. Andrés no se esperaba que Rosa hubiera llegado a vislumbrar nada de lo que le sucedía. -Andrés, sé que de unos meses a esta parte, andas cabizbajo. -No es nada, solo que estoy más cansado. -Y, ¿cuál es el motivo? -Ninguno en particular. -¿No estás satisfecho con el trabajo? -Estoy bien en el trabajo, me gusta. -¿Hay algún problema en tu familia? -No, todo está dentro de la normalidad, bien. Andrés no entendía el interés que podía tener aquella mujer en lo que le estaba sucediendo. Además, cómo le iba a explicar lo que le ocurría, si él mismo no se atrevía a ponerle palabras. Rosa se levantó se dirigió hacía Andrés y le dio un beso en la mejilla. Andrés quedó desconcertado. Amparo Cuenca

El sueño del segador El traqueteo de la carreta no me dejaba dormir, había salido al alba, camino de los campos de trigo, que estaban a medio día de distancia. Estaba agotado, apenas podía abrir los ojos, la noche anterior había estado de verbena en la aldea y tuve que partir sin tiempo a descansar, pensando que lo podría hacer en el trayecto, puesto que las mulas conocían el recorrido y no necesitaban que yo las guiara. Pero quién podía pensar que las lluvias torrenciales de la semana pasada, habían dejado el camino que parecía un queso de gruyer. Esperando que llegara una parte que estuviera bien, me acomodé entre los sacos de paja que llevaba para los animales. 18


EN PROSA

Las risas de una mujer retumbaron en el bosque y las copas de los árboles se iluminaron compartiendo su alegría. Yo estaba aterrorizado, no sabía de donde provenían, miré a lo alto de los árboles sin saber porque lo hacía, pero las risas cada vez sonaban más cerca, seguía mirando como los árboles se movían, estaba asustado, no sabía qué hacer, por más que miraba seguía sin saber de qué lado procedían. De pronto vi a una señorita montada en un caballo negro como la noche, se acercó al trote hasta mi carreta y me dijo: -¿Dónde vas amigo? Pero a la vez que hablaba abría los brazos y bailaba sobre el caballo -Voy a segar a los campos del norte- le conteste. -¿De qué campos hablas? Si por aquí solo hay montañas llenas de árboles y arbustos. -Señorita, usted está equivocada, a medio día están los campos de trigo que tengo que segar. - No, amigo, te has equivocado de destino, estás en el bosque de los sueños, porque tú has tenido un deseo. Entonces empezó de nuevo a reír, se alejó como había venido, las ramas y matorrales se movían de un lado a otro como siguiendo sus pasos, los animales del bosque saltaban y corrían de alegría. Estaba asustado, y a la vez asombrado, miré al horizonte vi que el camino ya no existía, estaba entre los árboles de un bosque que no conocía, -Dios mío- grité, -me he perdido. Arreé a las mulas pero no me obedecían, me quería bajar de la carreta, pero no podía. Oigo unas voces lejanas que me dicen: -Chico, despierta. Vuelvo a oírlas, esta vez más cercanas, hasta me retumban los oídos. -Chico, despierta, que es mediodía, desengancha las mulas. Abro los ojos y asombrado veo que estoy en los campos de trigo. Sueko

Como la vida misma Caminábamos por una carretera bastante buena, de doble sentido, con arcenes amplios y muy bien demarcada por líneas blancas, no eran los caminos que recorrieron nuestros antepasados, de tierra y mal señalizados, era un camino cómodo, rápido y feliz, disfrutábamos del paisaje, así íbamos recorriendo con una buena velocidad los kilometraños de esta larga carretera. Un día nos trajeron un combustible nuevo que venía de Europa, que lo usaríamos en toda la comunidad, el eurocombustible, tenía más potencia, era más fácil de gastar y más sencillo de repostar, qué bonito y qué felicidad. De repente nos encontramos con cambios, cambios que iban demasiado deprisa, pasamos en unos kilometraños a autovías de dos y tres carriles, qué velocidad cogíamos, se empezaron a construir áreas de crédito de combustible cada muy poco espacio, si parabas en una y no te satisfacía podías parar en la siguiente y te daban todo lo que querías, no lo que necesitaras, no, lo que quisieses: de todo, no importaba cómo pagarlo, te lo financiaban a 30 ó 40 mil kilometraños. 19


EN PROSA

Las carreteras ya tenían hasta seis y siete carriles, ¡cómo íbamos!, a más de 200 por hora y todo era felicidad, te detenías en un área de crédito y salías con un vehículo nuevo, cinco o seis o hasta 10 veces más caro que el que habías traído, con el depósito lleno con el mejor eurocombustible, con todas las comodidades y lo mejor de todo, no pagabas nada, te lo habían financiado en cómodos plazos (como si pagar fuese cómodo) cada kilometraño de los próximos 50 mil kilometraños, debías de abonar una pequeña o gran cuota, no importaba, a la velocidad que nos movíamos; eso estaba chupado, en un momento lo tendríamos resuelto y si no te convencía siempre podías parar en otra área de crédito y te compraban la deuda anterior, te daban un nuevo vehículo más lujoso que corría más y sobre todo más caro y sin ningún problema, todo, lo refinanciaban a pagar en los próximos 60 mil kilometraños, con lo deprisa que nos movíamos, qué importaba nada. Se construyeron cientos de cosas inútiles para la velocidad que teníamos, eso sí, carísimas, puentes por donde no pasaba nadie, playas sin agua en mitad de ningún sitio, se malgastó tanto combustible, no importaba nada, qué velocidad llevábamos. Algunos dicen que nos avisaron, otros dijeron que no podría ser, lo cierto es que ocurrió, se acabó el combustible, la velocidad que traíamos se redujo bruscamente, empezaron a cerrar áreas de crédito y las que quedaban abiertas ya no te atendían. No escuchaban a nadie, no te financiaban nada, al contrario, te exigían lo que te habían financiado kilometraños atrás, además, los vehículos tan lujosos y que tanto corrían, ya no tenían valor, se comenzó a ir andando y se debía el combustible que nos habían financiado. En un tiempo atrás, previendo una escasez de combustible, entre todos los conductores se había creado un fondo de combustible, para el día que se necesitara poder usarlo, pero los directores de la carretera se lo entregaron a las áreas de crédito en un intento de salvar la velocidad: lo malgastaron también y se esfumó la esperanza de los conductores de mantener la velocidad a la que nos tenían acostumbrados. La carretera es ahora un camino triste, frío y lento. De los siete u ocho carriles, solo se usan dos y en muchos tramos uno solo, el resto están llenos de vehículos parados, abandonados, propiedad de las áreas de crédito que nos los quitaron por no tener combustible para mantenerlos. El atasco es tan largo, las retenciones tan constantes, se anda tan despacio, pero la carretera sigue siendo larga, muy larga: nos cuentan que algunos kilometraños hacia delante se volverá a ir deprisa, a coger velocidad, otros dicen que no, que ya siempre caminaremos así. Lo cierto es que la carretera tiene muchos kilometraños y yo, sin perder la esperanza, quiero pensar, que en algún punto cambiará. J.C.Banovio

El ventanuco Abrió los ojos, y con rapidez puso los pies en el suelo, de manera automática se dirigió al ventanuco, era una ventana muy pequeña, no tendría más de 40 por 40. El pueblo se había construido en una montaña, “…en el culo de una taza…” como decía una canción popular, justo enfrente de la montaña del Santo, a pesar de que les separaba una pequeña llanura, como además ella vivía en la parte más alta del pueblo, justo debajo del castillo en ruinas, tenía una vista privilegiada, en su vida le pudo poner a pocas cosas este adjetivo, se distinguían perfectamente sus tres grandes pliegues y coronado con la estatua del Sagrado Corazón. 20


EN PROSA

Intuyó que sería el día en el que su hijo, que había pasado a ser el mayor, vendría a por el ato limpio y las provisiones para él y su marido. Era agosto y ese verano decidieron que, a pesar de los 8 años de José Juan, se iría a ayudar a su padre, pastor de oficio, a las tierras de detrás de La Mesta, más allá del santo para que las ovejas pudieran comer y de vez en cuando, como no paraba lejos del pueblo, el niño bajaría a por las provisiones. Ella sentía la necesidad de verle, había sido un año muy duro como madre y, aunque tenía dos hijos pequeños más, había perdido a su hijo mayor. Hizo la cama, entró en la cocinilla y se tomó leche, bajó las escaleras y barrió la puerta de la calle, subió las escaleras y se acercó a la ventana a mirar, se fue a por el pan. Cuando volvió, se acercó al ventanuco a mirar, levantó a sus otros dos hijos, que después de tomarse un poco de leche enseguida se marcharon a jugar a la calle. Durante toda la mañana fue oyendo cómo las campanas de la torre marcaban las correspondientes horas y medias horas, llegó la hora de la comida y fregó los cacharros, no dejaba de pensar: hoy será el día. Volvió a pasar a la habitación y de reojo volvió a mirar, se dejó caer un poco en la cama, se echó encima sin ni siquiera destaparla, solo sería un ratito y pensó: pronto llegará. Se despertó, y notó que estaba muy oscuro, con un nudo en la garganta se incorporó con un salto, y se plantó en el ventanuco, se dio cuenta que se estaba formado una tormenta de verano, el calor era asfixiante y de repente notó que no se podía mover, empezó a caer cuatro gotas grandes, hicieron ruido cuando chocaron con el suelo y de repente una lluvia espesa, a lo lejos divisó que alguien aparecía por lo alto de la montaña, parecía pequeño, era un niño seguro. “Oh Dios”, pensó, “Que no sea él”, pero su corazón le preguntó “¿Quién va a ser si no?”. Vio como el niño empezó a bajar y el agua volvió a espesar, no podía dejar de mirar y notaba como el corazón le estallaba dentro del pecho, empezaron a oírse grandes truenos y los relámpagos lo iluminaban todo, el niño no se paraba, seguía bajando la montaña, se veía tambalearse de vez en cuando, se escurría por el suelo mojado, por el medio de la montaña se estaban formando ya riadas de agua que bajaban con fuerza, cuando llegó a la mitad de ésta, de repente desapareció, el corazón se le paró, se había escurrido y el agua lo había metido en un pliegue. Ella se quedó sin respiración sintió que se estaba ahogando, extendió los brazos y tocó el cristal, no salía, y ella no podía hacer nada , pensó que Dios no podía ser tan cruel de hacerle vivir la muerte de otro hijo, ante sus ojos y sin poder hacer nada , se volvió a oír un trueno ensordecedor y notó que de su garganta salió un grito, no se podía mover, abría cada vez más los ojos esperando un milagro, y de repente al final del pliegue vio que salía algo, lo arrastraba el agua, su corazón volvió a bombear, al ver cómo el niño se puso de pie, ella respiró, mi pobre hijo. Se dio la vuelta y bajó la escaleras sin pensar nada, salió, bajó los callejones uno detrás de otro como una loca, corrió hasta llegar al llano que compartían el pueblo y la montaña, y por fin tuvo cerca al niño mojado lleno de barro, solo se le distinguían sus dos grandes ojos azules, el niño al verla se asustó, la notó rara pero enseguida se vio envuelto en sus brazos. María Luisa García

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J. C. Banovio


EN VERSO

Cobrando sentido Sería positivo soñar a Platón para escapar de nuestras cavernas. Dejar de esperar al destino, como un perro vagabundo y famélico de compasión. Y volar y soñar…. Ilusionarnos, con osadía de aprendiz, con el dulce candor de la verde esperanza. Ponernos colorados ante el murmullo de los ángeles, que musitan palabras de perdón. Y sentir, y amar… Sentarnos frente a la ventana, para esperar un nuevo amanecer, curioso, preñado de mágicas estelas. Para sumar, hacer, esperar y soñar… que todo es posible, Porque hoy comienza de nuevo un día.

Un pacto secreto Allí estaba, parado frente al andén de la estación. Decenas de gentes atravesaban las calles, Como el cauce de un río desbocado. Y entre la algarabía, apareció ella, Vestida con su mejor sonrisa; Inquieta, como doncella a punto de ser desposada; Tímida, como el primer rayo de luz del amanecer; Emocionada, como el arroyo que conquista al mar. Sus miradas se cruzaron por un instante. Y ya nada volvió a ser igual. Un pacto secreto y mudo les había unido para siempre. Y siempre recordarán aquella tarde de un día cualquiera. Perdidos en la ciudad, entre una muchedumbre cómplice y silenciosa, Testigos de un amor irracional Que les acompañará por siempre Como la sombra de un fantasma enamorado.

Ana Tomás 23


EN VERSO

Vengo de una desesperanza que se mostró muy pequeña, de muchos sinsabores, pobrezas y medianías que por poco que se alarguen acabarán con mis días.   Días de niebla, de grisura, de disimulo y ternura para que nadie lo note, si acaso esa arruga en mi frente.   Parece que es de la edad o del genio mal templado, sin embargo es de un pesar que no tiene ni consuelo, ni tiempo para esperar.   Quizás es el desamparo de los que no nos creemos que después de fallecidos somos ni más sabios ni más buenos   Y esperamos solamente que no nos llegue la hora en estos malos momentos, que una sonrisa final nos valga para durar en la mente de los nuestros que nos han de recordar.

Juana María 24


EN VERSO

Necesito escribirle una poesía A ese árbol que ha partido un rayo Al odio que a espuertas amontono A las cosas que me callo A las raíces que agrietan el cemento A la mala hierba que me crece a mí por dentro De vez en cuando consigo Darme a mí mismo el esquinazo Y compro sueños a quien me los fíe O me deje pagar a plazos Sueños tan baratos Que suelen salirme caros Y quisiera que me tragara la tierra Reventar llenarlo todo de mierda Pero ahora que me quitas Más de lo que me das Te sueño crecer roja amapola Entre verdes lagos de trigo Y vuelvo a caer otra vez Sigo sin poderte olvidar Y vuelvo a necesitar escribir poesías A las flores que se riegan con sudores Al que intenta sembrar alegrías Y recoge en silencio y a escondidas dolores A las hojas más secas que se acuestan conmigo Me arropan y dan calor los días de frío Y vuelvo a escribir otra vez A las malas letras a las feas palabras A las faltas de orografía y ortografía Al silencio que se pregunta Qué coño es un verso qué coño es una poesía

Juan Plácido Navarro 25


EN VERSO

No consigo sacar una palabra a mi guitarra No consigo anotar un solo sonido en el cuaderno Por qué se empeña la pluma en borrar lo que escribe el borrador Por qué no amamantan a los higos en las madrigueras ni crecen liebres en las ramas de las higueras Poesía es solo una palabra que sigue a otra Hay quien la usa para describir una vida de derrotas Cómo se puede escribir una alegre canción si el último poema que escribí para ti me dejó enganchado en el mismo estribillo en el mismo verso y varias adiciones Cambié los besos por pastillas No sé cómo pude desviarme del camino de baldosas amarillas

Cómo pudo el gato azul ilusionar el vacío ignorando al perro que espera al dueño que nunca llega Escondido debajo de un coche como anillo al dedo le viene la soledad a la noche

Juan Plácido Navarro 26

                                            


EN VERSO

75 Aniversario del asesinato de Federico García Lorca Cuando los fusiles dejaron de humear tu sangre ya poema de la tierra brota. Lorca desbocado y muerto resucitado eterno de adoquines Federico libre, hermoso Federico.

Maia Las horas estiradas barridas por el cierzo. Pereza de neón en las entrañas que empujas con tu aliento. Desciendes a la vida, sin prisa sabiéndote esperada. La mañana te trae víspera de domingo. En mis brazos encuentras el lugar que hubo siempre destinado a tu cuerpo.

La Calle Hay un hombre que toca en la calle. Cada día me detengo y le doy una moneda. Toca un instrumento de viento. Creo que es un saxo. Sus ojos se posan en los míos y se quedan prendidos. Ya nos hemos acostumbrado a comunicarnos de esta manera. Yo, escucho atentamente su melodía. Él, escucha mi silencio. Sonríe. De pronto me hace una reverencia. Me alborota por dentro. Me recuerda, que el hambre cambia de dueño sin pedir permiso. Que las mismas alas nos fueron otorgadas. Sonrío.

Josefina Sánchez 27


EN VERSO

Sueños sin orilla Sin versos ni rodeos, sin preludio ni música. Palabras inesperadas, sonrisas de hielo, rostro desnudo. Palabras que mojan ya sin tormentas. Miradas líquidas. Unas manos desiertas abrazan un contorno de orillas deshabitadas. Las sombras son de arena, tu boca una ribera sin istmos. Hilo los recuerdos, náufragos, a la deriva, anclados a la tristeza. Desde esta orilla.

Como si estuvieras, como si regresaras. Compartir y discrepar. No te veo y sí te hablo. Llega mayo, éste sin música. Solo lluvia. Me disfrazo  y le cuento a la luna.

Los caminos que conducen a tu silencio están dibujados de rutas húmedas, de manos exploradoras de atlas. Mi cuerpo despierta del olvido, busca deslizarse en tu abrazo para perdernos en infinitas ondas. Llega el silencio. Después el tiempo. Luego el miedo. Amparo Cuenca 28


EN VERSO

Hoy me falta la argolla de unos brazos que me aten a la vida Aureliano Cañadas

I Ni el canto de un pájaro te llena de calma. Ni un amigo te distrae de la soledad. Ni las olas te arrastran a un mar de lunas. II Huida, refugio ficticio. El arcoíris es un remolino de cruce de labios. Las olas callan los versos de luna desdichada. III Días ligados a palabras, noches que arrinconan versos. Entre las sombras de la memoria nace el canto del cuco tejido de esperanza y anhelo. Cada aurora pacta una quimera, cada luna es solo ausencia. La razón es un adversario, un juego de audacia. Mientras… un gato acecha. IV Quisiera desmantelar la noche, engañar a la enmarañada duda, atracar en mi tangible codicia de luna seduciendo al océano.

Amparo Cuenca 29


EN VERSO

INTRADUCIBLE Ni otra letra ni esto.

POR EJEMPLO

Como soles inútiles corrieron aquellos días entre otro espacio, otra piel.

“El loco yerra, pero no miente”. Leopoldo María Panero

tampoco pedir nada más

No hubo guía de aquel aire

ni insistir: respirar y perdernos

CALLE DEL AIRE Para Aureliano Cañadas

Padre: FIN Y ORIGEN

Ahora volveríamos a bajar o a subir una calle nuestra por la que pasamos, como si nada, tantos días con la moto.

Mi padre muy delgado en la cama de un hospital nuevo muy aséptico Me mira me entiende aún me aprieta su mano para todo el tiempo que tendremos en esta tierra

Un niño sonreía junto a tu pecho y el aire, mientras tocaba el pito rojo entre tus brazos. Publicado en la Antología “Donde no habite el olvido”

Antonio G. Soler 30


EN VERSO

El indalo es la denominación de una figura humanoide que aparece pintada en la prehistórica Cueva de los Letreros en Vélez-Blanco, al norte de la provincia de Almería.

Olas antiguas reponen su hueco de fondo todavía Luz nueva adentro que no acaba y no es sombra O margen Antes de la pared

su curva clara los dedos en amarillos ocre y verde arcilla Alga

De nadie

en vida sus colores: ciclos más blandos dibujan algo al sol A la ola

No es mancha ni acierto: es la tierra en las manos sin habla

Inicio y huida de trazo Línea sin cerco ni palabra

Elisa M. Soria-Antonio G. Soler Casi Las Negras (Almería), otro siglo 31


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS FRANCISCO DOMENE

    

   

   

 

   

ANIVERSARIO DE NUNCA RECORDARNOS Catalogar el miedo, la culpa, la omisión, registrar las caricias, los pactos improbables, los tal vez y los siempre, archivar los abrazos: ponerle fecha a todo y olvidarlo, dijimos. Pero es que están mis manos te echo tanto de menos y mis ojos están nace el día en tu cuerpo, mis oídos están tu risa es el murmullo de las alas de un pájaro y está mi boca sabe mi saliva a ti, saben la luz y el aire a ti, quizá porque me falta talento para odiarte o para odiarme un poco. (Que se pasa la vida, celebrémoslo: no importa que haya gente que parece tener un corazón a donde ir, qué estúpidos.)

POEMA CON HAMBRE ¿Cuánto tiene de pan un cuerpo? ¿Cuánto tiene —nunca de meta— de camino? Sabrosa flor en flor, el sexo que se abre para que entre el amante como dios por su casa. Quién lo diría: a ti y a mí —la estupidez no se come— nos alimenta el hambre.

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AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS FRANCISCO DOMENE

PAZ A ESTE HOMBRE Algo debía haber después de mil novecientos setenta y nueve.   Quizá,  detenidos al borde del precipicio, quisimos creer que habría algo en el fondo, pese a todo.   Hubo, quizá, un error de planteamiento. No consigo acordarme. La memoria, esa mano vacía.   Y va a hacer calor. La humedad cala los huesos.   (Empiezan a asustarme algunos días.)

   

 

EL AHORCADO (El hombre de Calle Oscura) ¿Qué esplendor hay ahí, bajo la tierra sucia, qué podrido esplendor, bajo la fértil tierra? ¿Qué certeza, qué fe, hay que depositar en esa nada falsa donde un bosque de sombras es un bosque de sombras y un instante es tan sólo todo el tiempo vivido, el tiempo todo y único del mundo? ¿Cómo hay que calcular, el peso aproximado de un cuerpo y la memoria, la resistencia exacta de la cuerda, el confuso y doméstico dolor de la mujer y el hijo? Cuando el día termina, cuando la noche viene a carcajadas, y algo de lluvia y frío, sobre la carne adormecida del cerro, sobre la sangre del río, justo cuando comienza a derramar su música el silencio premeditado, sí, de las seis de la tarde 34


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS FRANCISCO DOMENE

TÚ Y MI SINTAXIS   

 

 

 

 

Hay libros que se peinan como tú, que miran y sonríen como tú, bibliotecas que laten como tu corazón cuando enuncia preguntas que no sé responder. Hay versos que saben a ti, poemas que si te los llevas a la boca saben a ti, palabras que cuando las escribes con los dedos gozan y se estremecen como tú, verbos acariciables como tus pechos, audibles como tus ojos, confiables como tus manos. Pero hay puntos que dormitan, comas inoportunas y puntos suspensivos y paréntesis, sobre todo paréntesis y etcéteras, reflexivos e incrédulos, y mayúsculas que gritan, minúsculas que susurran, adverbios como promesa y adjetivos como certidumbre o pronombres como olvido, que apenas caben dentro de la frase, que porque nunca acaban nunca empiezan, que nunca son, por los que nunca somos.

Francisco Domene participó en los III Encuentros Literarios el miércoles 22 de febrero de 2012 35


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS JOSÉ MARÍA HERRÁNZ

EL LIENZO DE JOB

El Señor dijo a Satán: ‘No hay nadie en la tierra como Job, temeroso de mí y apartado del mal. ’ Satán respondió: ‘Extiende tus manos y tócale sus huesos, su carne. Verás si no te maldice.’ Y el Señor dijo a Satán: ‘Ahí tienes a Job en tus manos.’ El Libro de Job Los hombres son las ruinas de Dios. John Cassavetes

Hablas de mi dolor con el tuyo incontenible, lo describes en lienzos de bíblica escritura, en frágiles conquistas derrumbándose. No voy a hablarte aquí de mis sospechas. Como isla volcánica emergiendo de un mar muerto, crece el dolor, trepa entre los sargazos asfixiantes, se muestra en un triángulo invisible, contempla con un ojo ciego el camino, la vida, la verdad, y todo nos empuja hacia la luz desde este infierno en el horror. Es cierto que los dioses lloran, y que viven y mueren como nosotros mismos. Nuestro sufrimiento es un residuo o un diamante, la lógica vencida de las cosas. En la aniquilación hay luz, lo sé. Y amor y comprensión en los demonios. Recuerda el orbe entero nuestro olvido, este mundo imperfecto que habitamos más allá, sumergidos en toda perfección. Plasmas un lienzo con la ruina de nuestras almas, una densa pintura cuya alquimia es la tierra y su nigredo el sufrimiento. Los ángeles te asaltan, iluminan el libro 36


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS JOSÉ MARÍA HERRÁNZ

consagrado al dolor en que disputan las criaturas sus dioses, sus venganzas. No hay nada incomprensible en la belleza del tiempo y su tortura. La imagen caduca y perpetua de la felicidad en un cruel sueño del que somos fantasmas, ignotos hacedores, esclavos de una eterna mutación. Hablas y sufres, nuestros cuerpos terriblemente mezclan su violencia, almas salvajes, dioses devorados. Es preciso extraer la piedra enajenada y la pintura describe la inocencia del arcángel ante aquel paraíso artificial. Las manos de ese dios son instrumentos febriles que adormecen tu dolor, nuestro propio sacrificio, el cáliz donde beben las criaturas su mutua destrucción. Desolado, incapaz de explicarte la belleza si no viene en mi auxilio el pensamiento, si el crisol que la engendra no me funde, porque todo deseo es centro donde converge la potencia de un dios, o de un demonio. Sin poderme elevar sobre estas ruinas espantado proclamo su esplendor. Sin poder consumar el sacrificio como un ángel rebelde, inútilmente. Los dioses lanzan locos sus dados, y sus fauces devoran alumbrando al inocente. Como el fuego en que vibra el sufrimiento. Sonido incomprensible de un lenguaje. Pintura interminable del dolor.

Este poema fue accésit en el premio del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2010 37


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS JOSÉ MARÍA HERRÁNZ

DONDE NO HABITE EL OLVIDO A Luis Cernuda, in memoriam.

Allá donde no habite el olvido evocaré tus pasos, tu vida renovada en la de tantos poetas. Sigo el hilo del tiempo suspendido en un jardín insólito, en un sol resplandeciente sobre los amados cuerpos adolescentes. El amor es un himno, un cauce que discurre por paisajes insomnes y bendice en el sexo su sola religión. Allá, allá lejos nos espera un presente de cumbres, una infancia trazada en orbe puro, libertad esplendente de mujeres y hombres, muy cerca de este mundo, en este mismo instante. Allá el deseo existe y el alma reconstruye sus jirones como cuerpo hermosísimo, bendito adolescente, hundido en su luz rubia sobre un mar donde el sol nos ama inmensamente. Tu pecho como escudo no pudieron quebrar, nuestras voces disprsan las cenizas de tu antiguo tormento y otorgan un amante perpetuo a tu perfil. Allá esplende la vida. Allá la soledad aniquilada. Allá donde no habite el olvido.

José María Herránz participó en los III Encuentros Literarios el jueves 15 de marzo de 2012 38


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS AURELIANO CAÑADAS

EL CONDE DE MONTECRISTO Si el buitre desamor posa sus garras, después de un largo vuelo, sobre tu hombro, o una ciega banda de gorriones viene a beber la luz del olvido en tus ojos: cuando vuelvas a ser adolescente detrás del muro aquel de la miseria, no invoques al gran Meaulnes, ha conseguido, como reponedor, contrato en “Carrefour”; ni al correo del Zar, reparte pizzas. Parece ser que Kim tuvo más suerte: su buen lama le puso un “todo a cien”, pero no cerrará por venir en tu ayuda. Llama a Edmundo Dantés, este es su móvil. No suele abandonar a quienes aman. Te llevará a una isla como un sueño. Será el padre que nunca conociste, el amigo que nunca te traicione.

LOS DOS MARES Esta postal que guardo intacta en la memoria, esta fotografía que no hicimos: Michel y yo en la playa de Dunkerque una mañana gris con gaviotas sobre bélicos monstruos que surgían de las olas, la niebla. Allí nos prometimos otro mar, El de agosto: Monsul, Los Genoveses, el Cabo de las Ágatas donde alzamos los brazos al sol para dar gracias, él por su juventud, y yo por su existencia. 39


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS AURELIANO CAÑADAS

LA RISA Era tan joven que le pedí un año de su vida. Hubiera podido darme tantos: su carcajada certera me destrozó la boca. Con qué dolor le dije “dame un mes solo”: Su risa lava me abrasó la garganta. “Un día”, no sé cómo Conseguí articular, pero su risa era plomo fundido. “Una hora”, La voz se me extinguía. Mojando Sus labios en la sangre de los míos, Respondió y aún reía: “Te concedí este instante. Nunca me olvidarás. Y ha terminado”. CALLE DEL VERGEL

Es tan inconcebible haber nacido José María Herránz

Y mucho más allá, a contratiempo, a contravida, voy para encontrarnos cómo éramos entonces. Es tan inconcebible haber nacido Y mucho más morir, Que sea yo quien haga, Eduardo, José Luís, Emilio, Juan, este trayecto solo hasta la intacta calle del Vergel. O no soy el único que vive todavía. 40


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS AURELIANO CAÑADAS

ASÍ CANTABAN LAS SIRENAS En el figón de un puerto lejano (¿por qué no lejana Itaca?), un viejo lloriquea pidiendo vino. Que él escaló los muros de Ilyón, dice. Cuando alguien se lo da, su voz se quiebra en una melopea interminable

hasta que lo mandan callar y se refugia en un rincón. Así murmura, cantaban las sirenas. Tiene el color imposible de tus ojos.

Aureliano Cañadas participó en los III Encuentros Literarios el jueves 12 de abril de 2012 41


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS ANTONIO CARVAJAL

ARTE POÉTICA Arte poética, lección primera: cuerda y tijera. Arte poética, lección segunda: que la palabra sea como la luna, mudable y engañosa y exacta y única. O sea, lección dos: que la palabra sea puntual como el sol que da, entre dos tinieblas, luces al corazón. O, por mejor decirlo, Que la palabra tenga al par la luna, el sol: ágil la luz sagrada, sangrando el corazón.

CANTAR DE AMIGO Di, noche, amiga de los oprimidos, di, noche, hermana de los solidarios, ¿dónde dejaste al que ayer fue mi amigo, dónde dejaste al que ayer fue mi hermano? -Verde le dejo junto al mar tranquilo; joven le dejo junto al mar callado.

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AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS ANTONIO CARVAJAL

UNA CANCIÓN MÁS CLARA, 12 Miré el mar. Los desnudos de voz se sucedían, oh dulces labios, olas paralelas. Ceniza resbalaba del cielo sobre mis ojos, música desnuda de tus labios: si palabra, no dicha. Miraba el mar. Estábamos en la seca cornisa con el dolor de piel que a las aguas convida pero con vida y luz, nácar limpio, latía el mar, bajo aquel cielo, igual a una sonrisa. ¿Sonreías? El mar me recordó mi vida. Cerré los ojos. Te llamaba el mar, sin prisa. Te desnudaste. Estábamos solos en la alegría. NOTICIA DE SETIEMBRE La tierra, con la lluvia, huele a herida dulce, por la que escapan con la sangre el carmín de los ponientes, con el suspiro, el alma. Anuncio de otra edad y otras labores dichas de igual palabra, pero en todo distintas porque en todo suena, pero se escapa. Nunca sabremos quién nuestra cosecha recogerá mañana: si los que hicimos de la lluvia siembra, si los que hicimos de la edad mortaja. 43


AUTORES QUE NOS ACOMPAÑARON EN LOS III ENCUENTROS LITERARIOS ANTONIO CARVAJAL

A LA POESIA [evocando el himno: “O, quam amabilis es...”] ¡Oh, júbilo del corazón, solaz de la mente! Pon tu mano sobre esta frente cansada y dale íntima placidez y suave quietud y paz a su sangre. Oh, amable, dulce y piadosa: pues tú no eres de aquellos que venden la misericordia, mira con tiernos ojos al que te llama con esperanza, si no con fe; dale el refugio de tu benevolencia y deja le que suspire o llore cuanto necesite, para cobrar contigo su alegría.

Antonio Carvajal participó en los III Encuentros Literarios el jueves 10 de mayo de 2012 44


ยกEl mar amado, el mar apetecido, el mar, el mar y no pensar en nada! A. Machado

Foto: Cecilio


Este Cuaderno se terminó de imprimir cerca, muy cerca del día de su presentación, 15 de junio de 2012.

Gracias a Antonio García Soler que, día tras día, ha supervisado cada uno de los textos que han hecho posible esta publicación.



Cuaderno Escritura Creativa UPAlmansa #9