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La concubina La concubina vive cerca del Monasterio, en un pedazo de tierra, escogido para guardar los secretos de la tarde, y doblar la tarde como si se tratara de un vestido largo con grandes pliegues. Se levanta temprano, va descalza a la montaña para ocultar el odio debajo del racimo de una palmera. Nunca ha olido el perfume de las flores secas. Siempre lo mismo, el pecado retenido entre el cielo y los labios, esperando un cambio de luna para acercarse a Dios, ofrendar un té de hierbabuena, ovejas y leones. Quitarse un poco de ojos, de oído, de palabras, todo aquello que estorbe en la oración. Por eso nunca está de cumpleaños. De pie con la espalda hacia la puerta espera la edad de los días. La casa de la concubina, grande y espaciosa, no tiene nada que envidiarle al Monasterio. Es una casa que se ha caído varias veces, luego vuelve a edificarse. ¿Qué es lo impuro? preguntó la última vez, que venía de pedir perdón traía consigo un mandato: Hay que silbar a los perros para que nuestra sombra esté lista a la hora de amar

Antología 4to FMP 2007  
Antología 4to FMP 2007  
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