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Zapping Sólo un dedo decide. Es un pequeño y doméstico retorno a una memoria del poder absoluto que todos quizás deseamos tener en el rincón mezquino de nuestro pensamiento que probablemente desconocemos. Sólo un dedo dicta las órdenes y los mundos aparecen y desaparecen: un concurso de preguntas y respuestas que jamás dará espacio a alguien que piense; un sueño de Steven Spielberg, una telenovela infinita que cambia los rostros pero no las palabras y siempre tendrá una escena en la que se dice “Sí, hija mía, YO soy tu madre”. Un detergente mágico que manipula nuestro culto religioso a la pureza del blanco, un collage de dibujos animados que han encontrado la mina de oro de lo grotesco y dan lecciones gratis de escatología; Johnny Quest ya no es el mismo, Pedro Picapiedra será tatarabuelo en cuestión de dos o tres capítulos; y Occidente descubre algo que parece manga llevado a la pantalla en cuadros tan estáticos que parecen yacer sobre un papel. Unos diecisiete programas de humor reducen su inventario al universo de los chistes verdes y al de los chistes estúpidos. Hay panelistas de la autoayuda y aplausos para el que ha sido vejado por cuarenta y siete esposas, razón de más para matar a dos o tres hijos y golpear a diario al que queda. Animadores que usan sólo su nombre de pila en el juego de una familiaridad que mueve montañas y extrae confidencias fabricadas por la ficción. El cine clásico que a veces nos salva se repite indefinidamente, como si cientos de películas se hubiesen perdido en un naufragio y sólo quedaran cuatro o cinco.

Antología 4to FMP 2007