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Y vi nombres árabes en la anchura de la tierra más tiernos que el ojo, nombres árabes que brillan con el fulgor de una estrella fugaz “que no tiene progenitores y sus pasos son sus raíces” Aquí, en la cara musgosa de la roca del mundo, sé y acepto. Recuerdo una planta que llamo vida o pueblo mío, muerte o pueblo mío --Aire helado como las sábanas, rostro que mata el juego, ojo que ahuyenta la luz --. ¡Y te invento a pesar tuyo, ah, pueblo mío! Bajo a tu infierno y grito: ¡Verteré sobre ti un elixir ponzoñoso y te daré larga vida! Y confieso. Nueva York, tienes en mi país la tienda de campaña y el lecho, la silla y la cabeza. Y todas las cosas a la venta: el día y la noche, la piedra de la Meca y el agua del Tigris. Pero advierto: a pesar de ello, jadeas exhausta en tu intento de vencer en Palestina, en Hanoi, en el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste, a hombres que no tienen más historia que el fuego. Y digo: Desde Juan el Bautista, cada uno de nosotros lleva su cabeza cortada en un plato y espera su segundo nacimiento.

Antología 4to FMP 2007  
Antología 4to FMP 2007  
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