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Para acabar con él, ¿qué valdría más? ¿Un arañazo en el pulmón de quien lo crea, un pulmón hecho pedazos con las uñas del deseo o los garfios de un pulmón desmantelando las minas que han quedado agazapadas en los orígenes del miedo, en sus cimientos? Donde antes la sangre daba vuelcos enarbolando sístoles y diástoles y labio alado, donde espantábamos el hambre y la estulticia creyendo haber logrado un paso más en la quimera de hacer de la tierra un palpitante corazón lleno de panes, puentes, esperanzas, no queda más que una herida abierta que engendra porfía, purulencia, incertidumbre. Los pasillos por donde antes serena subía la savia para darnos aliento y lanzarnos a volar sin la amenaza del paso del tiempo o de la historia son ahora recorridos por gases virulentos que nos hacen desconfiar de nosotros mismos, de nuestra sombra. ¿Qué hay que hacer (puede alguien, por favor, decirme), qué valdría más hacer para vencer al odio? ¿Un escupitajo que caiga irreverente sobre el vientre preñado de una idea, una idea imprevisible que seque de golpe la saliva contra el vientre descarnado de la noche, o un vientre que escupa desbordante sus ideas contra el bagazo pegajoso del rencor y su abundancia en el presente? ¿Cómo resucitar la verdad vejada cada día en la pantalla o el periódico? ¿Adónde reclamar que vuelva la justicia a mostrar sus macizos pechos generosos y que regrese de nuevo la palabra a ser el reloj que nos marque la hora de la mortalidad, pero sin mutilaciones, sin horrores?

Antología 4to FMP 2007  
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