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Asedio al odio

Todos tenemos una partícula de odio un leve filamento dorando azul el día en un oscuro lecho de magnolias.

Mario Bojórquez, “Casida del odio.” ¿Cómo resolver el mundo con palabras que sean a la misma vez incendio y chaparrón, mordisco en carne viva, en el corazón aguja, infarto o latigazo, en el hueso quebranto, inflamación o quemadura? Donde antes escribíamos nido, abrazo, verdad, algarabía, una sola palabra llena ahora ese vacío. Una sola palabra, dos sílabas pitagóricas, infinitas, tres anulares letras, afilada una, palimpsesto del azar hacia el oído. ¿Cómo, entonces, sobrevivir a la angustia del momento si la congoja de la vida con sus adiposos cantos parece acumular en nosotros más sinsentidos que la zozobra de los ramos enjutos de la muerte con sus exigentes desventuras? Donde antes, alentados por la ilusión de pensar que era posible subir a la rama más alta del monte y allí horadar el cielo a picotazos añorando el aire, la tierra, sus campanas, vivimos ahora escondidos en cornisas, secos palomares donde nadie puede golpear sus alas al ritmo de un badajo, o llevar algún consuelo más allá de nuestro tiempo y sus fronteras. ¿Qué hacer para vencer al odio que ha venido ocupando una a una las rendijas por donde antes le soltábamos las riendas a la risa?

Antología 4to FMP 2007  
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