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Rutas musicales India, tradición en transición

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India, tradición en transición

Si la primera ruta musical india nos acercó a los estilos con mayor proyección internacional que ha dado aquel enorme territorio, esta segunda aproximación propone la inmersión en dos mundos que, a priori, parecen antagónicos y que, además, viven una tremenda distancia geográfica y social. Por un lado, clavaremos los pies a gran profundidad y nos acercaremos a estilos que nos conectan directamente con las culturas indias más ancestrales.

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Por el otro, viajaremos hasta Gran Bretaña para sorprendernos con las propuestas de los hijos y los nietos de quienes salieron de la India y aterrizaron en Europa hace más de medio siglo. Esta combinación de extremos opuestos puede servirnos como reflejo de la compleja realidad musical india. Porque no se trata sólo de sorprenderse con la variedad de instrumentos, melodías o ritmos desarrollados por cada una de las culturas indostánicas (algo implícito a un territorio tan vasto y tan poblado). Por encima de este detalle, hay que tener siempre presente que, detrás de cada composición, hay unas ideas firmes que conectan, tanto al intérprete como al oyente, con unos conceptos filosóficos y religiosos decantados durante siglos de experiencias. Y ahí están las tradiciones milenarias de los baul de Bengala, los gitanos del Rajastán o los maestros percusionistas de Kerala para recordárnoslo. Pero, al mismo tiempo, la música india transmite un espíritu de celebración y gozo, incluso en las melodías más íntimas y reflexivas, que conecta con la alegría de vivir y disfrutar cada momento. En esta dinámica festiva se enmarca el bhangra, el estilo que mejor define la conexión entre tradición y modernidad a través, respectivamente, de la forma popular que todavía se cultiva en el Punjab y de la renovada estética desarrollada en las ciudades británicas durante el último tercio del siglo XX. Completando el círculo (aunque tal vez sería mejor citar la rueda de la justicia que aparece en la bandera india) encontramos la creatividad de una diáspora que utiliza elementos musicales diversos (tanto indostánicos como occidentales), que se mueve en múltiples direcciones (del rock más contundente a la experimentación vocal) y que intenta transmitir la realidad de una comunidad que sigue buscando su lugar en el mundo.


Índice India, el folclore India, los músicos ambulantes India, tradición en transición

India, el bhangra India, la diáspora India, recopilatorios

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India, tradición en transición

India, el folclore

Aunque tal vez no resulten tan atractivas ni tan exuberantes para los oídos occidentales como los ragas, el ghazal o la filmi music, las músicas tradicionales indias mantienen su vigencia y su diversidad en todo el subcontinente.

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Refuerza esta afirmación el hecho de que en la India se agrupa a las músicas tradicionales bajo el nombre génerico de desi (o deshi), que significa «de la tierra», para distinguirlas de las formas musicales conocidas como marga (la palabra que se aplica a los estilos clásicos y que literalmente significa «casta»). Por extensión, el término desi se aplica también a otras disciplinas artísticas, como el teatro o la danza, siempre que mantengan ese carácter popular. Y aunque algunos académicos tradicionalistas observan el folclore como una desviación de estilos anteriores de mayor categoría, lo cierto es que la realidad nos empuja a pensar lo contrario. Porque la música desi ha alimentado los repertorios clásicos (tanto el indostánico del norte como el carnático del sur) con infinidad de melodías que, incluso, se han convertido en ragas de notable popularidad con el devenir del tiempo. Tampoco se puede obviar que instrumentos ahora habituales del circuito clásico, como el sarangi o el santoor, pasaron primero (y no han sido abandonados) por las manos de los músicos tradicionales. Finalmente cabe recordar que los artistas de música clásica india suelen cerrar sus actuaciones con la interpretación de algún estilo folclórico (dhun, kajaris...) para rebajar la tensión generada ante la concentración y la rigurosidad que exigen los ragas. En el otro lado de la balanza encontramos una música folclórica que vive al margen de esta dinámica, vinculada a acontecimientos muy concretos (como pueden ser ciertas ceremonias religiosas) o a grupos sociales que se resisten a perder sus señas de identidad (en este punto destacan los adivasi, considerados los descendientes directos de los habitantes originales de la India). En definitiva, un abanico de opciones que se abre ante nosotros para inundar nuestros sentidos.


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India, el folclore

Musicales o rituales, las percusiones indias han tenido durante siglos una función básica de acompañamiento para el desarrollo de los dulces modos melódicos que inspiran los ragas. Pero, aprovechando el conocido refrán, diremos que siempre hay una excepción que confirma la regla.

Varios artistas Inde du Sud / Kerala / LeThayambaka Ocora Radio France, 1997

Es el caso del thayambaka, una forma musical propia del estado de Kerala, al sur de la India, que otorga el máximo protagonismo a un numeroso grupo de tambores chenda al que acompañan, desde un papel secundario, instrumentos de viento como el kuzhal y el kombu (emparentados con los oboes y las trompetas, respectivamente). Como tantas otras músicas ceremoniales, el thayambaka nació para acompañar determinados rituales religiosos dentro de los templos y se interpretaba únicamente coincidiendo con las festividades anuales. Con el paso del tiempo, el thayambaka salió al exterior de los santuarios y se sumó a otras celebraciones, como las procesiones. La dinámica musical del thayambaka gira alrededor del percusionista líder, que realiza sus improvisaciones por encima de los diversos ritmos que ejecuta el resto del grupo durante el desarrollo de la ceremonia. Ésta ocupa, de forma habitual, unos noventa minutos y tiene un esquema bien definido que permite al percusionista principal exhibir su dominio del ritmo y su capacidad para la improvisación. En una ceremonia de thayambaka, los tambores chenda rugen poderosos y espectaculares, gracias a su enorme cuerpo cilíndrico (por lo general, miden 60 cm de alto y 30 cm de diámetro) y al elevado número de percusionistas que se suele reunir, especialmente en las fechas más señaladas. El disco que hemos seleccionado para presentaros el thayambaka recoge una interpretación realizada por la formación que dirige el gran maestro Mattanur Shankarankutty, uno de los más respetados en Kerala. Los límites físicos que impone el formato del disco compacto nos impiden disfrutar de la parte visual del acontecimiento (mientras los músicos tocan sus instrumentos sin pausa alguna, a su alrededor desfilan elefantes decorados y se agolpa una multitud de espectadores), pero no reducen la majestuosidad y la contundencia de su sonido.


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Si alguien nos preguntara por los elementos que permanecen en la India tras el largo periodo colonial británico, podríamos citar el uso del inglés, la extensa red ferroviaria, el estilo arquitectónico de algunos edificios y un exceso de burocracia.

Mehbooba Band Fanfare de Calcutta Signature, 2001

Pocos de nosotros pensaríamos en la música, dada la diferencia de registros que existen entre ambos territorios. Sin embargo, hay un género musical indio que nació, hace más de un siglo, por influencia británica. Se trata de las populares fanfarrias, las potentes bandas de metales que desde hace décadas resultan imprescindibles en ceremonias de todo tipo (especialmente, las bodas). Todo empezó a principios del siglo XIX, cuando los regimientos militares europeos incorporaron instrumentos como las trompetas, las tubas o las cornetas a sus bandas musicales. Desde Gran Bretaña, el formato viajó en poco tiempo a la India, donde fue utilizado como reflejo del poder militar e imperial. Sin embargo, sucedió que los músicos indios no tardaron en descubrir las posibilidades artísticas y el volumen sonoro de aquellas orquestas, que entroncaban con los conjuntos tradicionales formados por shehnais (instrumento de la familia de los oboes) y tambores dholak. A partir de aquí, las fanfarrias, como ésta de Calcuta que nos ocupa, lograron convertirse en poco tiempo en un elemento común del paisaje musical de las urbes indias. Hasta el punto que en muchas ciudades, al igual que existen calles dedicadas al comercio de especias o de ropa, podemos encontrar una zona con establecimientos en los que alquilar una fanfarria para lo que nos convenga (se calcula que cerca de un millón de personas se dedican a este negocio en todo el país). Mehbooba Band, el grupo protagonista de este disco, reúne a numerosos clarinetes, cornetas, trompetas, saxofones y percusiones (indias y europeas) que, dirigidos todos por Master Majnu (así aparece el nombre en el cartel de su tienda), interpretan un repertorio que combina viejas tonadas populares de origen bengalí o rajastaní, éxitos del cine indio, cantos patrióticos y la atrevida revisión de un raga. Las imperfecciones de la grabación, realizada directamente en un callejón de Calcuta en el año 2000 por el musicólogo Deben Bhattacharya, dotan al disco de una autenticidad muy particular.


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India, el folclore

Durante el segundo tercio del siglo XX, diferentes personajes (a quienes bien podríamos definir como «iluminados») recorrieron el mundo con un objetivo muy ambicioso. Cargando centenares de kilos de material y llegando en ocasiones a zonas muy remotas, su propósito era dejar testimonio fonográfico de la diversidad musical que poblaba nuestro planeta antes de que la modernidad la hiciera desaparecer.

Varios artistas Kashmir:Traditional Songs & dances Nonesuch Records, 1974

Entre estos hombres destacaron Alan Lomax (probablemente el más conocido de esta estirpe) y Alain Daniélou (quien da nombre a la fonoteca de Casa Asia). Otro gran investigador musical fue Daniel Lewinston, que durante muchos años vinculó su trabajo a la discográfica estadounidense Nonesuch Records. Precisamente, del catálogo de este sello procede esta grabación realizada a principios de los años setenta por Lewinston, con la ayuda de Mohantal Ainta, en la ciudad de Srinagar, en pleno corazón de la región de Cachemira. Situada en el norte del subcontinente indio, rodeada por las cimas nevadas del Himalaya, dividida entre Pakistán, China y la India, los fértiles valles de Cachemira han atraído durante siglos la atención de los viajeros y los deseos de los conquistadores. Esta estratégica posición como cruce de caminos en las antiguas rutas comerciales y culturales ha alimentado las más diversas disciplinas artísticas, especialmente la poesía y la música, que han integrado elementos de procedencia persa, árabe o centroasiática, especialmente desde que el islam se convirtió en la religión mayoritaria a partir el siglo XIV. Las diez canciones que recoge este disco nos ofrecen una aproximación muy básica, pero de gran calidad, al repertorio tradicional de la región, pues incluye un par de soofiana kalam (piezas de carácter místico con el santoor como protagonista principal), un tema de band jeshna (suerte de teatro musical satírico muy popular), la versión musical de un poema chalant (equiparable al ghazal) y varios cantos tradicionales que sirven para acompañanar momentos de trabajo, como la recolección del arroz, o celebraciones festivas, como las bodas. Más allá de los conflictos políticos y armados que vive Cachemira en la actualidad, su música transmite la serenidad y la belleza de sus paisajes ancestrales.


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De origen centroasiático, el ghazal es una forma lírica que se define por dos elementos: las estrictas normas que rigen sus estructuras de rima y de ritmo, y el evidente carácter romántico o filosófico de sus letras (la mayoría, adaptaciones de poemas de grandes escritores místicos).

Ghulam Ali Greatest Hits Serengeti Sirocco, 1988

La dificultad de recitar sus característicos versos yuxtapuestos y de transmitir las referencias sutiles que los pueblan obliga a sus intérpretes a un exigente ejercicio artístico que se suele distinguir por una elegancia exquisita. Quienes dominan los matices del ghazal saben adaptar fácilmente el repertorio a cualquier circunstancia y pueden pasar de la expresión estética más elevada a una interpretación más ligera y abierta, utilizando la métrica y la rítmica para mejorarla y embellecerla. Todos estos elementos convierten al ghazal en un arte muy apreciado por el público indostánico y a sus mejores intérpretes, en personajes muy respetados. El pakistaní Ghulam Ali (Kakele, Punjab, 1940) es uno de estos artistas que cuenta con el favor incondicional de la audiencia. Hijo de una familia de larga tradición musical, Ali fue educado en la prestigiosa gharana Patiala, una de las escuelas de música clásica vocal más importantes del país.Ya durante su etapa de aprendizaje, Ghulam Ali se hizo notar por la expresividad de su voz, que brillaba por igual en la interpretación de un ghazal, un thumri o un raga. Durante su carrera, que empezó en 1960 cuando se incorporó al equipo de la emisora Radio Lahore como intérprete de los grandes poemas clásicos, Ghulam Ali siempre ha escrito composiciones propias en las que mezcla elementos de los diversos estilos que domina y que le han dado gran popularidad, tanto en Pakistán como en la India. Aunque tal vez la cima de su éxito sea Chupke Chupke, canción incluida en la banda sonora de la película Nikaah (B. R. Chopra, 1982) y que podemos disfrutar, junto a otras seis piezas, en esta recopilación de sus temas más populares. Además de este disco, en la Mediateca podemos encontrar otros trabajos de este gran artista, como Punjabi mehfil 2 (Oriental Star, 1996), que reúne varias canciones tradicional de su Punjab natal, o Mast Nazren (Navras Records, 1999), doble disco grabado durante un concierto en el que le acompañó Ustad Sultan Khan, el gran maestro del sarangi.


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Resulta difícil decidir qué estado indio resulta más atractivo para el viajero occidental. Entre otros motivos porque cada uno de nosotros tiene distintas razones para visitar un lugar u otro.

Rangpuhar Langa Group Tribal Music from Rajasthan Arc Music, 2006

En cualquier caso, si se viaja a la India en busca de emociones fuertes y variadas, un recorrido por el estado del Rajastán aparece como prácticamente inevitable. El espectáculo de sus paisajes desérticos, la monumentalidad de sus impactantes ciudadelas o la vitalidad de sus habitantes justifican tan poderosa atracción. También su exultante música popular, tal vez la que mejor se conserva (y eso es mucho decir) en una civilización tan musical como la india. En este sentido, conviene recordar que el Rajastán fue la zona del subcontinente que menos influencia occidental absorbió durante la dominación británica. Tal vez por eso, en este pequeño país dentro de un gran país todavía se puede escuchar música prácticamente en cualquier lugar y en cualquier momento: la mayoría de los restaurantes tienen su propia orquesta residente, artistas ambulantes se pasean constantemente por las calles y existen zonas gremiales en las que formaciones de diferentes formatos se encuentran disponibles para ser alquiladas (ya sea con motivo de una boda, una excursión en camello o una fiesta privada). Entre estos grupos se encuentra el Rangpuhar Langa Group, una numerosa troupe integrada por cuatro músicos que, además de cantar, tocan armonio, dhol, dholak y chol, y una decena de bailarinas, que exhiben (en el escenario y en las fotografías del cuaderno, claro) sus coloristas vestidos y sus tradicionales coreografías. Las chicas también ponen sus voces, aunque de manera muy puntual, en unas canciones que, siempre con la vitalidad musical propia de los gitanos, hablan de novios primerizos, de amores perdidos, de la llegada del monzón o de la belleza del paisaje rajastaní. Entre todos los temas destaca la versión del clásico Kalbeliya, una melodía que acompaña desde hace siglos la sensual danza de la serpiente y que es propia de los Langa, una de las comunidades más importantes de la sociedad rajastaní (vinculada a la ciudad de Jodhpur, relacionada con el comercio de camellos y especias, y a la que pertenecen todos los componentes de este grupo).


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Recomendaciones

> Asif Bhatti, Folk Music from Pakistan / Songs from Punjab, ARC Music, 2000 Trece canciones de la cultura popular punjabí, canciones que refieren a la vida cotidiana, a la naturaleza, a los romances... La dulce voz de Asif Bhatti, acompañada por un completo conjunto instrumental, nos acerca la belleza poética presente siempre en esta tradición. > Chhau & Nagpuri Group, Folksongs & Dances from India, ARC Music, 1999 Danzas con máscaras y canciones folclóricas del estado de Bihar, en el este de la India. Música energética y de ritmo rápido, interpretada con instrumentos tradicionales como el shehnai (el tradicional oboe cónico indio) y numerosas percusiones, como el dhol o el dholak. > Varios artistas, Inde: rythmes et chants du Nord-Karnataka, Buda Records, 2001 Atractiva combinación de música del estado de Karnataka (suroeste de la India): repertorio percusivo a cargo de un grupo profesional, melodías infantiles grabadas en dos escuelas elementales y canciones religiosas del pueblo Hijra. > Varios artistas, India: Religious Music from Gujarat, Playa Sound, 1997 Cantos devocionales dedicados a diferentes divinidades, sean musulmanas o hindúes, e interpretrados por distintos artistas callejeros que las suelen cantar en los festivales religiosos o en las celebraciones familiares del estado de Gujarat, en el oeste de la India.

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> Varios artistas, Religious Chants from India, ARC Music, 1998 Los diez temas de esta compilación, grabados durante diferentes celebraciones y ritos por el musicólogo Deben Bhattacharya, nos permiten una meteórica inmersión en tres de las numerosas tradiciones religiosas presentes en la India (en este caso, sijismo, budismo e hinduísmo).


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La música es una parte inherente a la realidad india. Y probablemente, como en pocos lugares, mantiene su presencia en los más diversos actos cotidianos: acompaña a quienes acuden a un funeral, sirve para celebrar el transcurrir de las estaciones y colorea numerosos ritos religiosos.

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Ninguno de los encuentros (sean sociales o devocionales) que tienen lugar en territorio indio se puede entender sin música, sea en los templos del sur –donde los festivales se caracterizan por la presencia de formaciones de metales y tambores, elefantes decorados y evocadoras carrozas–, a los pies del Himalaya –donde domina el carácter ascético de los mantras– o en las rutas que pueblan los millones de peregrinos que se dirigen a alguno de los numerosos lugares santos que pueblan el subcontinente. Todo este escenario es completado por un elenco de artistas ambulantes que se mueven de ciudad en ciudad y de celebración en celebración. Lejos de haber caído presos de los cambios que vive la India, estos músicos, actores, encantadores de serpientes, bailarines, faquires y cantantes mantienen viva la herencia que les ha sido legada por sus ancestros. Probablemente sea en el Rajastán, allí donde se sitúa el origen del pueblo gitano, donde mejor se conserva toda esta tradición que nos remite a otros tiempos.Vinculadas desde hace siglos a unas ciudades concretas y agrupadas según su actividad comercial y artística, las diferentes familias guardan con tremendo celo los secretos de sus habilidades. En otro de los grandes estados del país, concretamente en Bengala, también encontramos a unas gentes que parecen sacadas de otra época. Son los baul, una hermandad de místicos que, en su búsqueda del ideal humano y divino, se mantienen en los márgenes de la sociedad. Mezclando elementos de diferentes tradiciones religiosas, utilizan la música para expresar su particular filosofía y también para ganarse la vida. Estas dos culturas (y las otras que presentamos en este capítulo) representan una forma de entender el mundo que, tal vez, ponga en cuestión algunas de nuestras prioridades.


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Paban das Baul Inner Knowledge Womad Select, 1997

Dividida entre la India y Bangladesh, la histórica región de Bengala es la tierra que vio nacer y que todavía acoge a los baul, cantantes místicos y monjes errantes que, desde tiempos inmemoriales, pasan buena parte de su vida vagando, de aquí para allá, en busca de Moner Manush, el hombre loco del corazón, el ideal que vive dentro de cada uno de nosotros. Encuentro único entre las tradiciones tántrica, sufí y vaisnava, los baul conforman una cultura muy particular que sacude constantemente los cimientos de una sociedad tan tradicional como la bengalí, en la que el estricto sistema de castas y las diferencias de clase se mantienen de forma rígida. La llegada de un vagabundo baul, con su aspecto desaliñado, su carácter arisco, sus sencillos instrumentos (entre los que destacan los característicos laúdes dotara y ektara) y sus hermosas canciones supone un acontecimiento en la rutina diaria de los pueblos del estado de Rabindranath Tagore, pero al mismo tiempo despierta las suspicacias de quienes ven en ellos elementos subversivos para el orden establecido. Tal vez por eso la palabra baul signifique «poseído por la divinidad», «sin límites» o simplemente «loco». La verdad, sin embargo, es que los baul han convertido esa búsqueda del conocimiento interior en una forma de vida (porque, como ellos bien dicen, aunque el ideal se encuentra muy cerca de nosotros, el viaje para encontrarlo puede llevar mucho tiempo) y en una manifestación artística de exquisita belleza que se manifiesta a través de unas melodías delicadas y unas letras evocadoras. No se puede contemplar de otra forma un disco como Inner Knowledge, firmado por Paban das Baul (Mohammedpur, Bengala Occidental, India, 1961), uno de los cantantes baul más importantes de la actualidad. Acompañado por otros cuatro destacados representantes de esta cultura secular (entre los que se encuentra Subal das Baul, histórico maestro de nuestro protagonista, y Nitya Gopal Das, en aquel momento una joven promesa decidida a continuar el camino filosófico y musical de esta tradición), Paban das Baul nos ofrece un trabajo de apabullante evocación espiritual, que explica las historias habituales de estos viajeros interiores (historias de la tierra, del corazón, de amantes, de sueños) y que muestra a un artista plenamente actual desde el respeto por una herencia ancestral.


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Los primeros y hermosos minutos de la película Latcho drom, dirigida en 1993 por Tony Galif y que realiza un recorrido por las distintas músicas cultivadas por el pueblo gitano, discurren en el Rajastán.

Musafir Barsaat Blue Flame, 2002

No fue una elección baladí, pues tanto las leyendas como los historiadores sitúan en estas tierras del norte de la India a los primeros antepasados de una diáspora humana que, con el paso de los siglos, ha consolidado su presencia en todo el mundo. Pese a esta dispersión (que dificulta un cálculo fiable de la población gitana mundial), la presencia de esta cultura sigue muy presente en territorio rajastaní. De hecho, son depositarios de toda una tradición milenaria que vincula la práctica musical con quienes se dedican al comercio ambulante. Y así ha sucedido que los músicos gitanos rajastaníes, en función de su profesión y su arte, se organicen en diversas castas. La más apreciada es la de los Langa, quienes se suelen mover alrededor de la ciudad de Jodhpur y comercian con camellos y especias. En un escalón social inferior encontramos a los Manganiyar, músicos itinerantes que sirven por igual a patrones musulmanes o hindúes. Otros artistas ambulantes que se mueven de pueblo en pueblo son los Sapera (los populares encantadores de serpientes), los Jogi (místicos errantes que la población sedentaria suele observar con recelo) o los Bhopa (narradores de historias épicas que teatralizan sus interpretaciones). Cada una de las castas se mueve en unas coordenadas sociales muy concretas, pero Musafir, el grupo liderado por el percusionista Hameed Khan, ha logrado superar este sistema y reúne músicos, cantantes y bailarinas de las diferentes comunidades gitanas del Rajastán. Juntos consiguen una gran diversidad de colores musicales que se transforman en canciones de gran energía (Banna), en piezas de carácter contemplativo (Barish) o en melodías que evocan elementos del sufismo indostánico (Balamji). Moviéndose en un territorio totalmente distinto nos encontramos con Ali Mullah, la celebrada canción de homenaje a Nusrat Fateh Ali Khan (la gran voz del qawwali, fallecido en 1997) que el grupo rajastaní realizó, junto al grupo Transglobal Underground y la cantante Natacha Atlas, en 1998 y que recuperó para completar el repertorio de este disco.


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Como tantos otros pueblos históricos que no han conseguido todavía un estado propio que los represente y los defienda, los diez millones de baluches actuales viven repartidos (y separados) en un vasto y áspero territorio que se extiende entre Pakistán, Irán y Afganistán.

The Baluchi Ensemble of Karachi Love Songs and Trance Hymns Shanachie, 1999

Las raíces de su cultura se hunden en el tiempo, pues las crónicas explican que vivieron en el norte y el centro del actual Irán durante centenares de años, hasta que en el siglo X empezaron a emigrar en dirección sureste, llegando hasta el norte del subcontinente indio. En este tránsito, los baluches se encontraron y se mezclaron con otros pueblos nómadas, definiendo su conciencia cultural a partir del idioma común, no del origen étnico. Con todos estos elementos, la música baluche alcanzó un desarrollo extraordinario que fue responsabilidad, en gran parte, de una casta de artistas y artesanos ambulantes, los ostâ (maestros), que pusieron su música al servicio de las distintas tribus nómadas para salvaguardar su sabiduría ancestral. Han pasado los siglos y la casta de músicos profesionales sigue siendo un elemento imprescindible de la cultura tradicional baluche, como demuestran los cinco artistas que integran este grupo.Y es que todos ellos pertenecen a históricos linajes de la música de este pueblo, empezando por su líder, Karimbakhsh Soruzi Nuri, una enciclopedia viviente de la historia musical baluche. Con el apoyo de los instrumentos más característicos de su cultura, como el sorud (un extraño violín cuyo cuerpo recuerda a un cráneo), el tanburang (de la familia de los laúdes asiáticos) o el benju (una peculiar cítara alargada), la voz femenina de Rahima impone su categoría tanto en los temas festivos (bodas, ceremonias de circuncisión) como en los cantos extáticos. Destaca una nana de marcado carácter místico dedicada al santo sufí Shahbaz Qalandar, cuya tumba se asemeja a la cuna de un niño. Como última curiosidad, explicaremos que el grupo se formó en el barrio baluche de Karachi (provincia del Sindh), no en Quetta, otra de las ciudades de la provincia de Baluchistán que, pese a ser la mayor de Pakistán, apenas cuenta con cuatro millones de habitantes, entre quienes los baluches, propiamente dichos, son una minoría.


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Aunque ya hace algunas décadas que el qawwali forma parte de las programaciones de auditorios y festivales de todo el mundo, los seguidores de la palabra del profeta (qaul, en urdu) defienden que el qawwali sólo se puede manifestar en toda su dimensión en los santuarios (mehfil) dedicados a los maestros sufíes, especialmente cuando la actuación coincide con el aniversario de la muerte del santo (sí, los sufíes celebran la muerte de sus santos, pues significa la unión definitiva con Alá).

Varios artistas Trance for Sufies, Dervishes & Qalandars Parihon Music, 2002

Está claro que sea en estas ocasiones especiales o en una actuación regular (como las que suele haber los viernes, día de oración), la visita a un mehfil supone encontrarse con una atmósfera única que sólo puede surgir cuando músicos y cantantes inician su particular ceremonia (la Mehfil-e-Sama) junto a los peregrinos. Cada santuario tiene su propio grupo de qawwals, personas relacionadas siempre de una forma u otra con el santo (sea por vínculo familiar o por ser devotos de su filosofía) que conocen perfectamente el desarrollo básico del ritual, por un lado, y el complejo protocolo que rige la relación entre los qawwals residentes y los invitados, por el otro. Y es que entre los peregrinos que visitan continuamente los santuarios (sobre todo, los más famosos) también se encuentran otros intérpretes de qawwali a quienes el grupo habitual debe invitar para que participe de la ceremonia. Como reflejo de este interesante ambiente de peregrinación e intercambio hemos seleccionado este doble disco recopilatorio que reúne seis extensos temas (tres en cada disco, el más corto alcanza quince minutos de duración) de otros tantos nombres imprescindibles del qawwali (a saber, M. Saeed Chisti, The Sabri Brothers, Nusrat Fateh Ali Khan, Rizwam & Muazzam Ali Khan, Badar Miandad y Ghulam Frid & Maqbool Ahmed Sabri). Aunque debemos lamentar la ausencia total de información sobre la grabación y los artistas que participan, cabe destacar que en su título se incluye el nombre de un grupo de sufíes itinerantes, los qalandar, que viajan de santuario en santuario, rechazando las normas convencionales de comportamiento, y que en las ceremonias dan rienda suelta a su pasión hasta alcanzar el trance (haal).


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«Una boda india sin su fanfarria no es una verdadera boda india». Así de contundente se expresa la profesora universitaria Usha Shastry en el texto que acompaña este disco, protagonizado por dos docenas de músicos seleccionados entre los mejores instrumentistas de las fanfarrias rajastaníes más importantes.

Jaipur Kawa Brass Band Fanfare du Rajasthan Iris Musique, 1997

¿Pero tan importante es el papel que juegan estas orquestas de metales en la celebración de una boda para realizar tal afirmación? Eso parece, si pensamos que existen barrios gremiales en los que escoger, entre centenares de bandas, aquella que uno desea para su fiesta nupcial. Una vez acordadas las condiciones económicas, en la fecha indicada la fanfarria realiza una procesión nupcial (barat, en hindi) que empieza en la casa del novio y lleva a todo el convite hasta la casa de la novia, donde los invitados entregan ya algunos regalos. En este momento, la celebración está abierta a todo el vecindario, pues el trayecto discurre entre las saturadas calles de la ciudad y todo aquel que quiera compartir la diversión es bienvenido. Así, amigos, familiares y transeúntes bailan y cantan al ritmo estridente de tubas, trombones, clarinetes, trompetas y percusiones, un conjunto que logra imponerse al bullicioso ambiente de las calles indias con un sonido impetuoso y desenfadado (en ocasiones, también, algo desafinado) que enciende los ánimos de quienes participan en la fiesta, combinando los éxitos más recientes surgidos de la factoría de Bollywood, las canciones preferidas de los novios y sus parientes más directos y algunos clásicos indestructibles de la filmi music (música popular india creada para el cine). Se trata de un repertorio que conocen a la perfección estos músicos (bandwallahs), muchos de los cuales llegan cada año desde diferentes lugares para permanecer en una ciudad concreta durante la temporada de bodas, que se extiende a lo largo de cinco o seis meses durante el invierno. Sin duda, con un disco, aunque sea tan interesante como éste, no podemos hacernos una idea completa de todo este universo sociomusical. Pero sí descubriremos la parte musical que acompaña esas coloristas procesiones a través de trece canciones que forman parte de la tradición nupcial rajastaní. Además, lo que perdemos en impacto visual, lo ganamos en la audición, pues la calidad de la grabación y la selección de los instrumentistas nos ofrece, como es lógico, un sonido más refinado que el que surge en mitad de las alborotadas calles de Jaipur, Calcuta o Bombay.


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Recomendaciones

> Paban das Baul & Sam Mills, Real Sugar, Real World, 1997 El músico bengalí compartió con el productor inglés este agradable trabajo, en el que las canciones baul (algunas de composición propia, otras creadas a partir de melodías tradicionales) fueron decoradas con elegantes elementos electrónicos. > Prahlad Brahmachari, India: Songs of the Bauls, Jvc World Sounds, 1990 Nacido en Bangladesh en 1940, Prahiad Brachmachari se unió a una comunidad baul para estudiar su cultura (junto al gran Purna das Baul) y conocer la esencia de su forma de vida. En este disco deja testimonio de la influencia que esas experiencias han tenido en su arte. > Varios artistas, Bauls of Bengal: Mystic Songs from India, ARC Music, 2005 Otra serie de grabaciones de campo realizadas por el musicólogo Deben Bhattacharya. En esta ocasión datan del año 2001 y fueron realizadas en la región de Birbhum (Bengala Occidental, India), durante el festival que estos nómadas celebran cada año en la ciudad de Santiniketan. > Varios artistas, Festivals of the Himalayas, volume II, Nonesuch Records, 1978 Grabación realizada hace cuatro décadas, aprovechando las numerosas celebraciones que se organizan durante el verano en los valles del estado de Himachal Pradesh y que atraen a numerosos músicos de las regiones septentrionales de la India.

Rutas musicales

> Shafqat Ali Khan, Sufi Songs, ARC Music, 2003 Actual ustad (maestro) de una dinastía musical cuyo origen se remonta quinientos años atrás, es el máximo exponente de la prestigiosa escuela vocal Sham Chaurasia (fundada en el siglo XVI) y un visitante habitual de los diferentes santuarios sufíes cuando se encuentra en su Pakistán natal.


India, el ‘bhangra’

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Todo tiene un principio. Y en el caso del bhangra, la búsqueda de sus raíces nos lleva hasta las tierras del Punjab. Allí, la gente de las zonas rurales celebraba (y, de hecho, sigue celebrando) la llegada de la primavera y el tiempo de las cosechas con un repertorio de canciones y bailes marcado por el ritmo contundente del dhol, un tambor cilíndrico de dos caras y gran tamaño que genera una síncopa muy específica y reconocible.

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La popularidad de dichas fiestas alcanzó tales dimensiones que el bhangra ya realizó su primer viaje hace casi dos siglos, cuando saltó de los pueblos a las grandes ciudades punjabíes (Lahore, Amritsar, Jalandhar...). Cuando a mediados del siglo XX se produjo la primera oleada de emigración india hacia Gran Bretaña, el estilo aterrizó en Europa. En un primer momento lo hizo a través de los discos de importación que llegaban desde la India y que se vendían junto a las bandas sonoras de los grandes éxitos de Bollywood. Fue a finales de los años sesenta cuando aparecieron en suelo británico las primeras formaciones de bhangra que, antes que realizar conciertos al uso, animaban todo tipo de celebraciones, fueran culturales, sociales o religiosas, en un intento de mantener el máximo vínculo posible con la tierra de origen. Pero pasaron los años y los jóvenes angloindostánicos iniciaron una aproximación hacia músicas como el reggae o el pop que, conectadas con los sonidos tradicionales de sus ancestros, terminó derivando en un estilo nuevo y efervescente. Artistas como Malkint Singh, Gurdas Maan o Alaap se convirtieron en grandes estrellas que, además, lograron que sus éxitos entraran con fuerza en los clubs nocturnos londinenses. Tras haber conquistado la capital de la antigua metrópoli y con un circuito plenamente consolidado, este nuevo bhangra se ha extendido hacia otros lugares (incluso, de retorno, triunfa en la India) y se ha mezclado con el hip hop (es el caso de Jazzy B), el house (Bombay Talkie) o el rock (Sahotas), ofreciendo una colorida paleta de estilos que cuenta siempre con la presencia destacada del dhol como señal de identidad de este frenético ritmo.


India, el ‘bhangra’

India, tradición en transición

Lo dice bien claro el título de este disco: Malkit Singh es el rey del bhangra. Y en esta ocasión nadie se atreve a discutir tal honor. Nacido en la ciudad punjabí de Hussainpur en 1963, las cualidades como cantante que demostró desde bien pequeño le convirtieron en alumno del prestigioso Khalsa College (Jalandhar, Punjab, India) en 1980.

Malkit Singh King of Bhangra! K Industria Cultural, 2004

Al año siguiente se alzaba con el triunfo en un prestigioso concurso musical que reunía a los mejores estudiantes punjabíes, aunque nadie imaginó entonces que el talento de Singh llevaría a nuestro protagonista (y, por extensión, al bhangra) hasta las cotas de popularidad que ahora conoce. Tras conseguir el citado premio, Malkit Singh viajó en 1984 hasta Gran Bretaña. Y aterrizó justo en el momento en que los jóvenes angloindostánicos andaban consolidando los nuevos referentes musicales surgidos en la década anterior (Alaap, Bhujungy) con los que podían definir su particular identidad cultural. Singh descubrió que la música campesina de sus ancestros había entrado en colisión con los sintetizadores y que el tradicional tambor dhol compartía espacio con las baterías electrónicas. Decidió, pues, zambullirse de lleno en la escena de ese primerizo bhangra, debutando con el disco Nach gidde wich (Oriental Star, 1986) y firmando, a partir de este debut, éxito tras éxito junto a su grupo Golden Star. En 1988 apareció Up front (Oriental Star; también disponible en la Mediateca), el disco que consagró definitivamente a Malkint Singh como rey del bhangra gracias, sobre todo, al tema Tootak tootak thootian (Hey Jamalo). Desde entonces, han pasado más de veinte años, dos decenas de discos, conciertos en más de treinta países y reconocimientos de todo tipo (artísticos, universitarios y sociales). Lejos de acomodarse, Malkit Singh ha sabido conectar su música con nuevas tendencias (reggae, house o hip hop), detalle que revela esta compilación realizada desde Barcelona (coincidiendo con su concierto del año 2004) y que reúne ocho de los temas incluidos en el también recopilatorio Midas Touch II (Big M, 2003), junto a cuatro de sus numerosas composiciones para películas (una incluida en La boda del monzón, Mira Nair, 2001, y tres en Quiero ser como Beckham, Gurinder Chadha, 2002).


India, el ‘bhangra’

India, tradición en transición

Lejos de ser habituales, las artistas femeninas son una excepción dentro de la industria musical angloindostánica. Si bien Najma Akhtar y Sheila Chandra han conseguido cierta repercusión, la realidad es que lo han hecho desde circuitos distintos del bhangra.

Sangeeta Flower in theWind Keda Records, 1992

Así que la aparición de Sangeeta, a mediados de los años ochenta, fue toda una revelación.Y también una sorpresa artística, pues su voz es de una nitidez propia de las cantantes clásicas, sus canciones buscan antes la belleza melódica que el impacto rítmico y las letras de sus temas están escritas en hindi (la mayoría de los textos del bhangra se cantan en punjabí). Con apenas 12 años, Sangeeta ganó un concurso radiofónico en la localidad de Leicester, recibiendo el correspondiente premio de manos de Lata Mangheshkar, la mítica estrella de la filmi music. Al año siguiente se impuso en un concurso nacional de canción india celebrado en Birmingham. La fama de aquella chiquilla empezó a crecer y Kuljit Bhamra, músico, compositor, propietario del sello discográfico Keda Records y productor del primer disco de bhangra protagonizado por una mujer (su madre, Mohinder Kaur Bhamra), decidió apostar por ella.Y su apuesta resultó ganadora. Flower in theWind, su segundo trabajo, rompió registros de ventas en el mercado británico, alcanzó simultáneamente la primera posición de las listas de bhangra y de música hindi, y situó a Sangeeta en la cumbre. Se trata de un exquisito disco que traza una conexión entre la delicada poesía hindi y el insistente ritmo del dhol, en el que la artista se acompañó de los poemas de Preet Nihal (versos que retratan la alegría, la pasión o la separación implícitas en el amor), las percusiones del citado Kuljit Bhamra (quien se ocupó también de la producción) y una sección de cuerdas liderada por Sonia Slany. Moviéndose en un terreno intermedio entre el bhangra, el ghazal y Bollywood, Flower in the Wind incluye el tema Pyar ka hai bairi («El amor prohibido»), probablemente la canción que habría que escoger si sólo pudiéramos quedarnos con una de las muchas y muy hermosas que ha cantado (y todavía canta) Sangeeta, la cantante femenina más popular de la escena angloindostánica.


India, el ‘bhangra’

India, tradición en transición

A mediados de los años ochenta, coincidiendo con una de las peores crisis que vivió la Gran Bretaña thatcheriana, se empezaron a organizar fiestas que tenían el nuevo bhangra como hilo conductor y a los jóvenes angloindostánicos como protagonistas. Especialmente activas en ciudades como Londres, Birmingham, Leicester o Conventry, las fiestas se celebraban casi siempre en horario diurno (para la comunidad asiática los eventos nocturnos no eran seguros en aquel momento), horario que “motivaba” a los escolares para saltarse las clases y participar de ellas.

Bally Sagoo Wham Bam! Oriental Star, 1990

En este ambiente empezaron a destacar disc-jockeys como X-Executive Sounds o Hustlers Convention, quienes en sus sesiones combinaban los grandes éxitos del bhangra con el soul, la música disco o el hip hop norteamericanos. Poco a poco la escena fue ganando consistencia hasta generar la aparición de figuras como Bally Sagoo (Ranjit Nagar, Delhi, India, 1971), quien sacudió el mercado en el cambio de década con el ecléctico Wham Bam! Convertido casi de inmediato en un clásico, es una colección de remezclas de clásicos bhangra (siete en total) que ahora nos puede parecer superada, pero que en su momento sorprendió por el elevado nivel de producción que presentaba. A canciones bien conocidas por el público habitual del bhangra, como Mele wich ayee de Shaan o Tootak tootak thootian (Hey Jamalo) de Malkit Singh, nuestro protagonista añadió elementos de la música dance occidental (como samplers de los clásicos Sex Machine de James Brown o The Power del grupo alemán Snap!) hasta desarrollar unas versiones que, obviamente, estaban pensadas para las pistas de las efervescentes discotecas angloindostánicas de la época. Tras este primer éxito, Bally Sagoo supo consolidar una carrera que ha abierto el camino a artistas posteriores (su disco Bollywood Flashback, Sony Music, 1994, sigue siendo una de las referencias para entender el nuevo sonido del pop indio) y que le convirtió en el segundo artista angloindostánico en firmar por una discográfica multinacional. Como dato relevante, cabe citar que Bally Sagoo no creció en un ambiente indio, pues la comunidad mayoritaria en su barrio de Birmingham era la de origen africano y los estilos musicales que más escuchó durante su adolescencia fueron el rap y los clásicos del sello Motown.


India, el ‘bhangra’

India, tradición en transición

Por encima de Londres, la región inglesa conocida como The Midlands está considerada el centro creativo del bhangra. De los barrios de algunas de sus ciudades (Birmingham, Wolverhampton, Leicester) han surgido artistas tan relevantes como Saqi, Bally Sagoo, Sahotas, Geet The Mega Band, Swami o Achanak, la formación que nos ocupa.

Achanak SigNACHure Nachural Records, 1991

Los primeros pasos de este grupo de seis músicos nos sitúan en otoño de 1989, cuando Ninder Johal, instrumentalista de tabla, puso en marcha un proyecto que traería dos pequeñas revoluciones: las posibilidades de los sintetizadores marcaron el sonido del grupo (hasta convertirse finalmente en uno de sus elementos más característicos) y sus componentes cambiaron los brillantes vestidos de corte tradicional punjabí por americanas negras, camisas blancas y pantalones de pinzas. Con esta novedosa actitud y unas pegadizas canciones, Achanak se convirtió en uno de los principales exponentes de la nueva onda del bhangra que se desarrolló durante los años noventa. Apenas habían pasado dos años desde su puesta en marcha y SigNACHure era ya su tercer disco, grabación que consolidó el carácter pop de una banda que también supo explotar las posibilidades de promoción que suponían los vídeoclips. Con todos estos elementos, de entrada podría parecer que Achanak es uno más de esos grupos juveniles de éxito fulgurante y caída estrepitosa. Sin embargo, sus componentes siempre han sido conscientes de que, además de ser una excelente banda, es necesario trabajar las facetas colaterales a toda propuesta musical. Así, sus enérgicos conciertos implican al público, a través de las canciones y distintas coreografías, hasta convertirlo en parte protagonista del espectáculo. Y desde siempre han participado en eventos de carácter social, ya sean grandes festivales contra el racismo o pequeños actos en apoyo de la comunidad asiática. Incluso forma parte de su discografía un álbum de carácter espiritual (Have faith, Nachural Records, 1993; también disponible en la Mediateca) que combina elementos musicales de diferentes religiones con sonidos contemporáneos. Y es que Achanak es un caso muy especial dentro de la escena del bhangra que merece la pena ser conocido más allá de sus canciones.


India, el ‘bhangra’

India, tradición en transición

Entre todas las compilaciones dedicadas al bhangra que se encuentran disponibles en el mercado, ésta merece una atención especial. Y es que la selección no puede tener mejor inicio y final, pues empieza con el clásico Bhabiye ni bhabiye de Alaap (formación pionera del nuevo sonido que surgió en los años setenta) y termina con el exitoso Mundian to bach ke de Labh Janjua & Panjabi Mc (sí, el tema que incluye el conocido sampler del rapero Busta Rhymes).

Varios artistas The Rough Guide to Bhangra World Music Network, 2000

Entre uno y otro, otros once temas que detallan la diversidad que en estos momentos puede ofrecer el bhangra. ¿Ejemplos? Bally Sagoo se atreve con Mera laung gawacha y con Pendha gidda, dos temas de evidente influencia jamaicana (se habla de bhangramuffin) y cantados respectivamente por las sugerentes vocalistas Rama y Satwinder Bitti. Desde Escocia llega el grupo Bombay Talkie, que consiguió hacerse un hueco en las listas de éxitos con el rockero Chargiye, pieza imprescindible en la maleta de todo disc-jockey que se precie. Más ligeras son las apariciones de Sangeeta (su clásico Pyar Ka Hai Bairi) y de Nusrat Fateh Ali Khan (una especial remezcla de Piya re piya re), en las que destaca la brillantez de ambas voces. No falta la antología a su cita con Malkit Singh, el rey del bhangra del que se puede escuchar la épica Boliyan (con ese coro que ha sido cantado millones de veces), ni con los hermanos Safri Boys, firmes candidatos a la corona de Singh y que cantan una emotiva historia de amor en Par linghade. Otras dos protagonistas destacadas son Mohinder Kaur Bhamra y Baldip Jabble, ambas protegidas del prestigioso compositor y productor Kuljit Bhamra, que interpretan sendos temas festivos: Gidda pao haan deo, la primera (gidda es la danza que practican las mujeres punjabíes), y Janj mahi ley aya, la segunda (una alegre e irresistible canción de boda). Si no sabes por dónde empezar tu inmersión en la música creada en Gran Bretaña por los emigrantes indios, aquí tienes un excelente punto de partida que, además, podrás acompañar con los interesantes textos de DJ Ritu, autora del recopilatorio.


India, el ‘bhangra’

Recomendaciones

> Geet The Mega Band, No Problem, Oriental Star, 1990 Disco de debut de otra de las bandas que, proveniente de la región de las Midlands, supieron recoger el trabajo realizado por los pioneros del bhangra durante los años setenta y conectarlo con diferentes tendencias musicales anglosajonas. > Golden Star, The Best of, Oriental Star, 1988 Apenas cuatro años después de haber llegado a Gran Bretaña, Malkit Singh y su grupo ya se permitían el lujo de publicar un recopilatorio de grandes éxitos, trece temas con los que empezaba a forjarse una leyenda de enormes dimensiones. > Saqi, Driller Killer, Nachural Records, 1994 Potente formación que en sus composiciones otorga al tambor dhol un papel protagonista, sin renunciar al sonido de los sintetizadores o las guitarras eléctricas. Esta fuerza rítmica ha convertido muchas de sus canciones en habituales de las sesiones de los disc-jockeys de la escena. > Varios artistas, The Rough Guide to Bhangra Dance, World Music Network, 2006 Nueva compilación firmada por DJ Ritu dentro de la reconocida colección del sello inglés. Ideal para complementar la perspectiva que otorga su primera entrega, pues como artista sólo repite el gran Malkit Singh y el cuadernillo incluye abundante información.

Rutas musicales

> Varios artistas, Bhangra:The Best Asian Beats From The Streets, Union Square Music, 2003 Selección de doce temas que aporta nombres actuales (Surinder & Manjit, Anakhi, Sahara, Sameera, Ewc, Avtar Maniac...) y propuestas que conectan el bhangra con el r&b, el ragga o el rap desde un carácter rabiosamente contemporáneo.


India, la diáspora

India, tradición en transición

«Soy indio. Aunque en realidad resulta más apropiado decir que crecí en la Gran Bretaña de unos padres que llegaron aquí desde la India. ¿Pero qué significa exactamente ser indio, sea la tierra, la gente, el gobierno o cualquier otra cosa?

Rutas musicales

En estos momentos, el gobierno de la India está realizando pruebas con armas nucleares. ¿Se me considerará menos indio si condeno estas acciones? ¿Menos indio por haber nacido y crecido en Gran Bretaña? ¿O por no hablar hindi? ¿No se me puede considerar inglés por mi herencia cultural? ¿O por el color de mi piel? ¿Quién decide este tipo de detalles? La Historia, en mayúsculas, explica que mi herencia procede de un subcontinente, de un país del Tercer Mundo, de una nación en desarrollo, de una tierra colonizada... ¿Pero qué es la Historia? Para mí, nada más que otro arrogante término eurocéntrico». Quien así se expresa es el músico Nitin Sawhney. El texto se encuentra en el cuadernillo que acompaña su disco Beyond skin (Outcaste Records, 1999) y recoge el sentimiento de desarraigo y desconcierto con el que millones de personas enfrentan su cotidianeidad: ser de un lugar, pero vivir en otro (otro lugar que, en la mayoría de las ocasiones, no los acepta con el mejor de los talantes). Ante esta tesitura, los jóvenes ingleses con orígenes indostánicos han logrado definir, a través de la música, un universo propio que les ha servido para situarse y encontrar su espacio en la sociedad británica. Tras la revolución que supuso en los años ochenta la modernización del tradicional bhangra punjabí, la década posterior significó la aparición de formaciones que buscaban otros caminos musicales: desde la fuerza radical de Asian Dub Foundation o Fun>Da<Mental hasta la delicadeza vocal de Sheila Chandra o Najma Akthar, pasando por los experimentos electrónicos propuestos por Talvin Singh o la conexión con la tradición clásica que representa Anoushka Shankar. La mayoría de estos proyectos siguen en activo, trasladando hasta nosotros las inquietudes de sus protagonistas.


India, la diáspora

India, tradición en transición

En una de esas extrañas casualidades que tiene la vida, el repentino fallecimiento del qawwal Nusrat Fateh Ali Khan (sucedida el sábado, 16 de agosto de 1997) tomó por sorpresa a Michael Brook y a todos quienes, durante aquel verano, estaban trabajando en los últimos detalles de este disco (sólo la remezcla de Nitin Sawhney fue realizada tras la muerte del músico pakistaní).

Varios artistas Star Rise / Nusrat Fateh Ali Khan & Michael Brook: Remixed Real World Records, 1997

El proyecto había nacido unos meses antes, con la idea de conectar la ancestral voz del maestro del qawwali y el pulso musical desarrollado por los jóvenes artistas de origen indostánico residentes en Gran Bretaña, un movimiento creativo emergente que, durante un tiempo, se conoció con la etiqueta de Asian Underground. En ningún caso se trataba de unir mundos ajenos, pues Ali Khan, generoso y abierto como siempre, estaba encantado de que su música pudiera llegar a gente desconocedora de la cultura sufí gracias a trabajos de este tipo (al fin y al cabo, uno de los objetivos de un qawwal es transmitir la palabra de Alá a tantas personas como sea posible) y artistas como Asian Dub Foundation, Joi, State of Bengal o Talvin Singh siempre habían manifestado (y lo siguen haciendo) su respeto y su devoción por el arte del magistral artista pakistaní. Cada uno desde su perspectiva (ya sea con arreglos cargados de rabia y energía o moviéndose en un terreno más delicado y sugerente), ninguno de los nueve artistas participantes escatimó esfuerzos para llevar la voz espiritual de Nusrat Fateh Ali Khan hasta un terreno nuevo que muestra una excelente cohesión gracias, sin duda, a las tareas de producción de Michael Brook, quien había trabajado con Ali Khan en discos como Mustt Mustt (Real World, 1990) o Night Song (Real World, 1995) y conocía perfectamente el material con el que estaba trabajando. Las notas que acompañan la edición, aunque breves, demuestran el tamaño enorme de la figura de Nusrat Fateh Ali Khan, incluso para artistas de evidente talante transgresor como Aki Nawaz (Fun>Da<Mental).


India, la diáspora

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Como ella misma dice en las interesantes notas del cuaderno que acompaña esta retrospectiva, «para quienes me recuerdan de la etapa con el grupo Monsoon, el trayecto desde aquellos días hasta mi trilogía con Real World les puede parecer un salto mortal». Y es que Sheila Chandra, londinense de 1965, hija de emigrantes indios, empezó su carrera profesional a principios de la década de 1980 en un exitoso proyecto (primero con la citada formación Monsoon, después como solista) que mezclaba estilos del pop occidental y del pop indio.

Sheila Chandra Moonsung: a RealWorld Retrospective Real World Records, 1999

Tras diez años viviendo en la dinámica más habitual del negocio de la música (aunque en este periodo de su vida artística nunca ofreció conciertos), Sheila Chandra decidió sumergirse en la investigación de las posibilidades expresivas y creativas de la voz humana, aprovechando las cualidades y el talento que siempre había mostrado. Este cambio tan radical de propuesta y de objetivos se disfruta generosamente en esta compilación que resume, en doce canciones, los tres discos que Sheila Chandra realizó para el sello de Peter Gabriel (a saber, Weaving my Ancestors'Voice, 1992; The Zen Kiss, 1994, y ABoneCroneDrone, 1996, todos ellos disponibles en la Mediateca). Como ejemplo iniciático para el oyente puede servir el tema Speaking in Tongues III, una canción construida a partir de onomatopeyas en un recurso similar a los juegos vocales que los cantantes indios realizan repasando las notas de su escala (sa, re, ga, ma, pa, da, ni). Pero es el conjunto de temas el que permite entender el camino de Sheila Chandra, un camino con el que ha desarrollado un estilo propio a partir de los registros armónicos característicos de los cantos a capela. Ya sea tomando un raga indio como base o revisando cantos de trabajo de la tradición anglosajona, su voz parte de esa sabiduría ancestral cultivada durante siglos para definir un estilo único que podemos identificar fácilmente y que parece que buscara una añorada pureza vocal, siguiendo aquella máxima que no hay otro instrumento más complejo y perfecto que la voz humana.


India, la diáspora

India, tradición en transición

Desde que debutara en la escena musical con el disco Qareen (Triple Earth, 1987), la obra de Najma Akhtar (Chemsford, Gran Bretaña, 1962) se ha movido por terrenos muy diversos. Una parte importante de su actividad profesional se ha distinguido por una elegante combinación de elementos tomados del jazz occidental y del ghazal indostánico clásico.

Najma Forbidden Kiss Shanachie, 1996

De hecho, se le suele considerar una pionera que ha creado escuela en este ámbito y ha inspirado a jóvenes autores que han creado composiciones expresamente para ella. Esta faceta, sin embargo, nunca ha impedido que Najma (el apelativo artístico con el que se la conoce) realice aproximaciones a géneros como la música tradicional india o el folk anglosajón y colabore con destacados personajes de la música occidental como Robert Plant y Jimmy Page (integrantes de la legendaria formación Led Zeppelin) o el guitarrista Gary Lucas (juntos firmaron en 2009 el excelente disco Rishte, editado por World Village). Encuadrado en esta línea de trabajo compartido encontramos este Forbidden Kiss, un proyecto que Najma realizó al lado de Chris Rael, guitarrista del grupo de fusión indopsicodélica Church of Betty, y de Brian Woodbury, un compositor neoyorquino con gran afición por las películas indias. Juntos plantearon este homenaje a S.D. Burman, uno de los compositores más importantes de la primera época de Bollywood y cuya figura se puede comparar a las de George Gershwin o Irving Berlin en Occidente. El disco, realizado enteramente por músicos norteamericanos, resulta sorprendentemente cercano al sonido de aquella época, sin dejar de ser nuevo. Una parte importante del mérito recae en la exquisita y delicada voz de Najma, excelente en los equilibrios que realiza con los registros agudos que caracterizan a las canciones del cine indio. Pero no le andan a la zaga los diferentes instrumentistas que participaron de esta aventura (un total de trece), quienes trabajaron durante dos años para adaptar sus personales estilos a una estética muy concreta y que se exhiben en temas como Piya tu ab to aaja, Aaj ki raat, Thandi hawaon ne o Piya tose.


India, la diáspora

India, tradición en transición

Durante los años que dieron paso al final del siglo XX y el inicio del siglo XXI, los cazadores de tendencias pusieron su mirada en la escena musical que los hijos de los emigrantes asiáticos venían desarrollando en ciudades como Londres, Bristol o Birmingham.

Nitin Sawhney Beyond Skin Outcaste Records, 1999

Entre todos los artistas que fuimos descubriendo, uno de los que logró mayor reconocimiento fue Nitin Sawhney (Dulwich, Gran Bretaña, 1964), gracias a su perfecta ecuación de atmósferas instrumentales deudoras del trip-hop o el jazz, aromas vocales de evidente origen asiático y unos textos que, sin ser polémicos, ofrecían una clara postura política. Sawhney consiguió traducir todo este aparente rompecabezas en unas canciones que se distinguen por las diferentes capas que se van definiendo y superponiendo a medida que avanza el minutaje. Tras iniciarse como compositor para la televisión y trabajar como músico junto a James Taylor, Talvin Singh o Gilles Peterson, debutó como solista en 1993 con Spirit Dance, una grabación que publicó en su propio sello. Pero sería durante su etapa con la discográfica Outcaste Records cuando desarrollaría por completo sus ideas musicales. Bajo la cobertura de la marca londinense publicó tres discos: Migration (1995), Displacing the Priest (1996) y Beyond Skin (1999). Este último es un excitante trabajo que, además de lanzar un explícito mensaje pacifista en muchas de sus letras (destaca el poema Now I'm Become Death de J. Robert Oppenheimer, creador de la bomba atómica, recitado por Edward Murrow como conclusión del disco), respira por todos los poros el particular concepto de construcción sonora que identifica a Sawhney. Ahí están las intensas voces espirituales del party Rizwan Muazam Qawwali Group en Homelands o de Swati Natekar en Nadia, el sugestivo trip-pop que se dibuja en Letting go o la evidente influencia del jazz más sensual que marca Tides, piezas que se sostienen en unas melodías amables y accesibles que van y vienen de Oriente a Occidente sin perder ni su identidad ni su nitidez.


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Londres, verano de 1993. Como cada año, las aulas de los centros juveniles de la ciudad acogen numerosos talleres de muy diversa índole. En el barrio de Farringdon se organiza uno dirigido expresamente a los jóvenes de origen indostánico con la tecnología musical como motivo.

Asian Dub Foundation Community Music London Records, 2000

Los tutores de este curso son Aniruddha Das, un enérgico bajista, y John Pandit, trabajador social y destacado dj. Entre los alumnos destaca un chaval de 14 años, Deeder Zaman, quien sorprende a todos por su poderoso flow rapero. Poco después de terminar el curso, los tres deciden poner en marcha un sound system al que llaman Asian Dub Foundation. En 1994 el trío inicial se convierte en una banda completa al sumar a Steve Chandra Savale, guitarras, y Sanjay Gulabhai Tailor, programaciones. Juntos desarrollan un sorprendente proyecto que mezcla melodías de guitarra inspiradas en la sonoridad del sitar, líneas de bajo que remiten al dub y al funk más oscuros, contundentes ritmos electrónicos y aromas tradicionales capturados de los discos de sus padres. Todo ello sazonado con un explícito compromiso sociopolítico, evidenciado tanto en sus letras como en sus declaraciones públicas. Por espacio de seis años (Deeder Zaman deja el grupo a finales del año 2000 para regresar a su trabajo como educador de calle) este quinteto desarrolla el proyecto más exitoso y consistente de todos cuantos surgen al calor de la escena del Asian Underground, alcanzando una primera cumbre creativa con este Community Music. Desde los primeros compases de Real Great Britain hasta la contundente remezcla de Taa Deem (un clásico del gran Nusrat Fateh Ali Khan), pasando por NewWay, New Life, RebelWarrior o Collective Mode, el disco recoge y transmite la energía que Asian Dub Foundation siempre ha ofrecido en sus conciertos. Como curiosidad final, mencionar que community music («música comunitaria») es la expresión que se utiliza en inglés para referirse a los proyectos de acción social desarrollados a través de la música, proyectos a los que siguen vinculados todos los componentes de Asian Dub Foundation.


India, la diáspora

Recomendaciones

> Anoushka Shankar, Live at Carnegie Hall, Angel Records, 2001 La dinastía Shankar continúa con la hija del maestro que, con esta grabación realizada en el mítico recinto neoyorquino, presentó sus credenciales desde el formato más clásico (sitar, tabla y tambura) antes de lanzar propuestas de corte más contemporáneo. > Dhol Foundation, Big Drum, Small World, Shakti, 2001 Johnny Kalsi, percusionista de Afro Celt Sound System y colaborador de un sinfín de proyectos de la escena inglesa, puso en marcha este proyecto de bhangra electro-orgánico que combina el ritmo majestuoso de los tambores dhol con samplers y programaciones. > Talvin Singh, Ok, Island Records, 1998 Combinando su formación clásica como intérprete de tabla y su vinculación a la escena de la electrónica londinense, Singh ha ido desarrollando una intensa carrera artística que adopta elementos de ambos lados y encuentra en este disco uno de sus puntos más vibrantes. > Tapan Bhattacharya, Música tradicional del norte de la India, Several Records, 1996 Afincado en España desde 1990, Tapan Bhattacharya es uno de los principales responsables de la difusión de la música india entre nosotros. Aquí se acompaña de Shyamal Nath, uno de los últimos maestros del sarod más clásico.

Rutas musicales

> Tj Rehmi, Invisible Rain, Shakti, 2001 En una nueva vuelta de tuerca en la fusión de sonidos asiáticos y occidentales, este reconocido músico y productor propone un encuentro entre el sitar y los teclados, entre los cantos sufís y los ritmos electrónicos de corte bailable.


India, recopilatorios

India, tradición en transición

En la amplia escena de las músicas del mundo, los recopilatorios juegan siempre un papel importante, tanto para el neófito, que busca acercarse a un artista, un estilo o un país, como para el iniciado, que quiere profundizar en un ámbito que empieza a conocer. Lo cierto es que pasan tantas cosas en el planeta (y aún más en música, una disciplina artística en constante y afortunado movimiento) que es imposible saber de todas. Y nunca está de más atender los consejos de alguien que conoce el terreno, tal y como hacemos cuando buscamos la mejor guía posible antes de emprender un viaje hacia un destino más o menos remoto. Pero para que la selección musical se convierta en una herramienta realmente útil deberíamos exigir, como mínimo, dos elementos que se antojan imprescindibles: cierta coherencia en el repertorio (no todo vale) y amplia información en los cuadernillos que incluyen para acudir a las fuentes si decidimos avanzar otro paso. Bajo estas premisas, en este apartado encontraréis ediciones discográficas que os permitirán moveros con soltura y seguridad en las amplias aguas de las músicas que aquí os presentamos.

Rutas musicales


India, recopilatorios

India, tradición en transición

Aunque se trata de una histórica compilación de diferentes estilos y artistas, tanto del norte como del sur de la India, que en su momento (la edición original data de 1962) marcó un punto de inflexión en la presencia de la música india en Occidente, el protagonista de esta antología es el etnomusicólogo Alain Daniélou, quien no por casualidad da nombre a la fonoteca de Casa Asia. Nacido en 1907 (Neuilly-sur-Seine, Francia) en el seno de una familia de fuerte sensibilidad artística, el joven Daniélou se interesó pronto por las tradiciones musicales de las diferentes culturas del planeta.

Varios artistas Anthology of Indian Classical Music / A tribute to Alain Daniélou Auvidis, 1997

Viajó por primera vez a la India en 1932, instalándose en Benarés cinco años después para iniciar sus estudios de veena (instrumento de cuerda de la tradición carnática), hindi y sánscrito. Durante diez años fue director adjunto del Colegio de Música de la Universidad Hindú de Benarés, cargo que le dio acceso a numerosos manuscritos sobre la teoría de la música clásica india. Daniélou, quien siempre defendió una aproximación a la música asiática desde el valor de la belleza estética antes que desde un impostado interés científico (al que a menudo denominaba «actitud cultural colonialista»), viajó durante los años sesenta por todo el continente, realizando grabaciones de campo en países como Laos, Afganistán o Japón. Este gigantesco proceso recolector, realizado con el apoyo de la Unesco, se había iniciado durante la década anterior en su querida India y este triple compacto (una caja de seis elepés originalmente) se puede considerar su primera aportación. Las mejoras continuas en los procesos de grabación, la figura del autor como protagonista de la obra discográfica y las facilidades actuales para aproximarnos a estas sonoridades han dejado en un segundo plano ediciones de este tipo. Pero durante muchos años esta antología fue la herramienta imprescindible para quienes querían acercarse a la música clásica india, fueran músicos, estudiosos o aficionados. Y los motivos son varios: primeras grabaciones publicadas en Europa de artistas como Ravi Shankar o Ali Akbar Khan, aparición de personajes únicos de la música india como D.R. Parvatikar, interpretaciones de una pureza cristalina que sugieren un viaje en el tiempo y unas notas interiores (en inglés y francés) de lectura más que recomendable. Alain Daniélou falleció en la ciudad suiza de Lonay en 1994 y la reedición de su legendaria antología en compacto sirvió para reivindicar y recuperar su trabajo y su memoria.


India, recopilatorios

India, tradición en transición

Hubo una época, antes de que llegaran estos tiempos que vivimos de globalización económica, comunicación digital y billetes aéreos a precio de risa, en que la tarea de los etnomusicólogos (y su consecuente trabajo de campo) era comparable a la de los grandes descubridores.

Varios artistas Ganga, les musiques du Gange Virgin Classics, 1998

Viajaban por el mundo buscando a las personas que guardaban en sus cabezas el repertorio tradicional que definía una cultura. Desafiando las dificultades técnicas y prácticas que suponía, cargaban kilos y kilos de material con el que realizaban las grabaciones in situ.Y asumían el riesgo de enfrentarse a los poderes políticos que, en numerosos casos, no veían con buenos ojos la presencia de un extraño en sus territorios. Como figura capital de estos viajeros musicales encontramos a Alan Lomax (1915-2002), tal vez el más conocido y prolífico entre todos ellos, personaje imprescindible cuya labor ha permitido que lleguen hasta nosotros músicas que, de otra forma, habrían quedado perdidas para siempre. Heredero del pensamiento y la práctica de esta estirpe impagable de entusiastas musicales, el francés Xavier Bellenger se planteó a finales del siglo XX un reto de dimensiones considerables: grabar las músicas que se pueden escuchar siguiendo el curso del río Ganges, desde la cordillera del Himalaya hasta el Golfo del Bengala. Tozudo y constante, Bellenger completó un proyecto que tomó forma en tres compactos que sugieren sendas etapas del viaje: del Himalaya a Benarés, de Benarés a Jahangira y de Patna a Calcuta. Río sagrado por excelencia, el recorrido del Ganges está salpicado de mantras budistas, cantos védicos o ritos devocionales. Pero el Ganges es también el río que acompaña la vida cotidiana de millones de indios y así lo transmiten las canciones de boda o de trabajo, las melodías de los encantadores de serpientes o los enérgicos ritmos de los tambores dhol. El resultado es un tríptico musical muy interesante y variado que refleja un universo sonoro de múltiples caras y que, al centrar su atención en la más popular, complementa la antología de música clásica realizada, cuarenta años antes, por Alain Daniélou.


India, recopilatorios

India, tradición en transición

Mucho más interesante que sus exitosas compilaciones vinculadas al parisino Buddha Bar, el sello francés Wagram propuso un arriesgado ejercicio con esta recopilación que, en su subtítulo (Traditional & New Vibes), explicitaba al máximo su intención: ofrecer las dos caras de la música hecha en la India o inspirada en su espíritu.

Varios artistas Spirit of India, vol. II Wagram, 2000

Como suele suceder en estos casos, los más quisquillosos podrán decir que el objetivo es demasiado ambicioso y que la selección presenta algunas lagunas (inevitables, por otro lado, debido al límite físico que supone un compacto). Sin embargo, en favor de Spirit of India se puede destacar el acierto que supone plantear el formato de doble disco, quedando así a un lado las propuestas tradicionales y al otro las nuevas tendencias. En total, treinta artistas entre los que encontramos algunos nombres ya destacados en las dos guías musicales que la Mediateca de Casa Asia ha dedicado a la India (Ravi Shankar, Nusrat Fateh Ali Khan, Hariprasad Chaurasia, Sheila Chandra, Asian Dub Foundation...) y que sirven para que la selección tenga, ya de inicio, un nivel interesante. Entre las propuestas que pueden sorprender destacan el percusionista Trilok Gurtu (quien abre el repertorio del disco tradicional con el tema Milo), la cantante Lakshmi Shankar (reconocida intérprete del repertorio vocal clásico) o el grupo Transglobal Underground (se incluye aquí la potente remezcla de Ali Mullah, ese particular homenaje que rindieron a Nusrat Fateh Ali Khan y que compartieron con la cantante Natacha Atlas y el grupo rajastaní Musafir). Aquellos con buena memoria auditiva y televisiva encontrarán Mathar (Discovery of India Mix), tema de Indian Vibes que sirvió de banda sonora para un anuncio de coches y que, gracias a ello, alcanzó cierta repercusión. Con todos estos ingredientes, más allá de la presencia desconcertante de algunos temas (la aproximación brasileña de Badmarsh en Let it roll, el drum and bass puro y duro de Sangomas en Siya Dengelela Kgonyama), Spirit of India es una buena oportunidad para realizar un ecléctico viaje a la música india.


India, recopilatorios

India, tradición en transición

Todos tenemos claro que un lugar tan vasto, tan poblado y con tanta historia como la India sólo puede ser el hogar de una enorme variedad musical: de las simpáticas canciones para las películas de Bollywood a los sistemas modales de la música instrumental, pasando por la energía de las manifestaciones más populares o la extrema sensibilidad de las formas del canto clásico.

Varios artistas The Rough Guide to the Music of India World Music Network, 2002

Si a la variedad sumamos la productividad, nos encontramos con un aluvión de posibilidades que se antoja imposible de encajar en un solo disco. Pero esta referencia de la serie The Rough Guide se convierte en otro buen trabajo, especialmente recomendable para quienes ya tienen alguna referencia de la música india. Porque, sorpresa, entre los trece artistas seleccionados no encontraremos a clásicos imprescindibles como Ravi Shankar, Ali Akbar Khan, Hariprasad Chaurasia o Alla Rakha. Parece como si Ken Hunt, el autor de la compilación, hubiera querido poner el foco en artistas más jóvenes, pese a que son dos voces legendarias del cine indio como Asha Boshle y Hemant Kumar quienes abren y cierran, respectivamente, el disco con Aaj Ki Raat, un tema de la película Anamika (Raghunath Jalani, 1973), y Sun Ja Dil Ki Dastaan, del largometraje Jaal (Guru Dutt, 1952). En un loable esfuerzo de selección, Hunt nos ofrece algunas sorpresas: un saxofonista, Kadri Gopalnath, revisando un clásico del repertorio carnático (Napali Srirama); la energía de los metales de la fanfarria New Bharat Brass-Band (Chamil); un maestro de la percusión, Kamalesh Maitra, capaz de desarrollar un raga con su semicírculo de tablas (Dehati), y la capacidad evocadora de la cultura tradicional que transmite Bapi das Baul (Vhaba Pare). Y para que los amantes de los ragas no queden decepcionados, la compilación incluye dos interpretaciones sublimes: Soja Re, con Sultan Khan en el sarangi y Zakir Hussain en el tabla, y Bhairavi, con Rais Khan en el sitar y, de nuevo, Sultan Khan en el sarangi.


India, recopilatorios

India, tradición en transición

Siguiendo aquella máxima que dice que el pez grande se come al chico, la música de Pakistán (entendiendo como tal la música del estado que nace en 1947) ha quedado siempre ensombrecida por la de su gran vecino, la India.

Varios artistas The Rough Guide to the Music of Pakistan World Music Network, 2003

Y ello a pesar de que ambos países comparten, por un lado, una herencia reconocible, especialmente en lo que ahora conocemos como música clásica del norte de la India, y, por el otro, una sensibilidad especial hacia el ghazal, las románticas poesías musicales de raíz centroasiática. Ante la necesidad de forjar una identidad musical propia, dentro y fuera de sus fronteras, Pakistán ha recurrido al qawwali, la música de los místicos sufís indostánicos, y a las diversas tradiciones del Sind, el Punjab y el Baluchistán, lugares con una cultura que se remonta muchos siglos en el tiempo. En esta tesitura, la fuerza escénica y artística del gran qawwal Nusrat Fateh Ali Khan ha oscurecido (sobre todo en el extranjero) al resto de artistas pakistaníes, situación que nadie ha conseguido revertir cuando han pasado ya más de diez años desde la muerte del genio de Lahore. Tampoco lo ha logrado Abida Parveen, presente como Nusrat Fateh Ali Khan en esta compilación que sirve para descubrir que hay vida musical más allá del qawwali. Ahí están los gitanos del Sind, con el sabor especial de sus melodías instrumentales y sus juegos vocales, mientras Vital Signs o Faakhir dejan muestras de un incipiente pop pakistaní que va y viene entre Islamabad y Londres.Y si bien la relevancia de la música clásica india en territorio pakistaní ha disminuido mucho desde la partición, el ghazal goza de buena salud gracias a voces de la talla de Mehdi Hassam y Farida Khanum, de quienes se incluyen sendas exquisitas interpretaciones de esta forma poética de elevada dificultad interpretativa. Son en total doce artistas que conforman una selección que, pese a la variedad de estilos, se escucha de forma fluida, como un conjunto bien planteado, que permite conocer propuestas poco conocidas de la música pakistaní.


India, recopilatorios

Recomendaciones

> Varios artistas, Chants de Palais et de Déserts, Long Distance, 2001 Doble disco en edición de lujo (formato vertical, cuaderno interior con fotografías y textos en francés e inglés) que permite repasar el hermoso arte musical que atesoran los poetas, las mujeres y los niños de la región india de Rajastán. > Varios artistas, India, Rounder Records, 2002 Este disco, que supone un viaje musical en el tiempo, une a dos de las mentes más brillantes que ha dado la etnomusicología mundial: Alain Daniélou, autor de las grabaciones de campo, y Alan Lomax, quien incluyó este volumen en su histórica serie World Library of Folk and Primitive Music. > Varios artistas, Instrumental India 2, Navras Records, 2005 En la segunda tanda de la serie Passage to India encontramos esta compilación en la que aparecen grandes nombres como Vilayat Khan, Shivkumar Sharma, Sultan Khan o Hariprasad Chaurasia.También están disponibles en la Mediateca Traditional India 2, Vocal India 2 y Fusion India 2. > Varios artistas, North Indian Classical Music, Rounder Records, 1998 Enmarcado en la prestigiosa colección Anthology ofWorld Music, este volumen se compone de cuatro discos que permiten profundizar, desde la distancia, en los fundamentos básicos de los modos y los instrumentos clásicos del norte de la India a partir de una selección musical de gran nivel y de unos textos imprescindibles.

Rutas musicales

> Varios artistas, The Rough Guide to the Asian Underground, World Music Network, 2003 Con un repertorio seleccionado por DJ Ritu, activista incansable de la escena londinense más ecléctica y rupturista, este recopilatorio pone en un solo disco a quince de los protagonistas más destacados del movimiento músical angloindostánico (entre otros, Black Star Liner, Asian Dub Foundation y Fun>Da<Mental).


Rutas musicales


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