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La caridad universal AMBIENTACION El tema litúrgico de hoy es el amor y la misericordia universal. Seguimos leyendo este domingo el “Sermón de la Montaña”, con páginas a cual más exigentes y concretas sobre cómo debe comportarse un seguidor de Jesús en este mundo. El Domingo pasado escuchábamos el «yo les digo» aplicado al homicidio o al insulto del hermano, a la fidelidad matrimonial o al divorcio, y al uso de los juramentos. Esta vez se aplica, con la correspondiente profundización y radicalización de la doctrina anterior, a la caridad fraterna, el aspecto que caracteriza más a este domingo. Se ve muy bien, en las lecturas de hoy, la estrecha relación que se busca entre la primera y la tercera: la lectura del AT (Levítico) anticipa la lección que nos dará Jesús en el evangelio (Mateo), con muy parecidas motivaciones para el amor fraterno.

1. PREPARACION: INVOCACION AL ESPIRITU SANTO Espíritu de Amor, Espíritu de Vida, Tú nos conduces por Jesucristo al corazón del Padre. Espíritu de Amor, Espíritu de Vida, Tú nos llevas a la verdad y la libertad plena. Espíritu de Amor, Espíritu de Vida, Tú eres Dios, nos amparas y santificas. Espíritu de Amor, Espíritu de Vida, permanece en nuestros corazones y muéstranos el camino que nos lleva a Jesús. Sé nuestro consuelo y danos tus dones para ser más sencillos y fraternos, justos y solidarios. Amén. 2. LECTURA: ¿QUE DICE el texto? Lv. 19,1-2.17-18: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» En la primera lectura la Palabra nos recuerda los mandamientos de Dios, entregados a Moisés con amor. Dios está diciendo: «ustedes deben ser santos como yo lo soy» (Lv. 19, 1).. Por lo tanto nunca odien a sus hermanos. Amen a sus prójimos como a ustedes mismos.


Si Dios es santo, santo ha de ser también el pueblo que ha elegido. El libro del Levítico contiene, para sus destinatarios primeros, los levitas que cuidan del culto en el Templo, muchas normas referentes a la celebración cúltica. Pero también tiene páginas que invitan a una vida conforme a la Alianza, sobre todo en la sección llamada "código de santidad" (Lv. 17-26), que es el contexto al cual pertenece el fragmento que proclamamos en la primera lectura. La página de hoy nos pone delante a Dios mismo como modelo de nuestra actuación: «serán santos porque yo, el Señor su Dios, soy santo». Y aplica en concreto ese ejemplo que nos da Dios a nuestra relación con los hermanos: «no odiarás a tu

hermano... reprenderás a tu pariente (la corrección fraterna)... no te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes». Termina con la que se puede considerar la «regla de oro»: «amarás a tu prójimo

como a ti mismo». Sal. 103(102): «Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre» El salmo insiste en el modelo que representa Dios para los creyentes. Este salmo nos presenta de nuevo un retrato muy vivo y positivo de Dios: "el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia...". El salmista quiere sacudir, desperezar su alma para alabar al Señor. Ni una molécula, ni un átomo de su ser pueden quedar ajenos a la alabanza. La glorificación a Dios es perfecta cuando todo el ser está anclado en Dios. "A ratos cantamos y a ratos callamos: ¿debe tu interior callarse sin alabar a Dios? Suene a ratos alternos la voz, suene siempre la voz de tu interior" (San Agustín). Lo más asombroso de este salmo es que Dios no se limita a perdonar el pecado

y reparar las heridas. Hace en nosotros una obra tal, que nos deja mejor que antes del pecado. El salmo lo expresa por medio de tres verbos: nos colma, nos sacia y nos renueva. Nos colma de ternura. Parece que a Dios le pasa como a una madre que, para no hacer a su hijito mimoso, se reserva montones de ternura dentro de su corazón. Pero el día en que ese niño lo necesita porque ha caído enfermo, allá está la madre dándole todo el cariño acumulado. Así es Dios. Ha esperado la ocasión de vernos pequeños, débiles, frágiles, pecadores, para volcar sobre nosotros todo su cariño. Santa Teresa de Jesús le dirá a Dios: "Con grandes mercedes castigabas mis delitos". La maravilla del salmo 103(102) y de toda la revelación bíblica, es precisamente esta debilidad del hombre que atrae el amor de Dios. El poeta no encuentra otra explicación para este amor que la siguiente: "El sabe de qué estamos hechos, sabe bien que somos polvo".


1Co. 3,16-23: «Todo es de ustedes, ustedes de Cristo y Cristo de Dios» Pablo en su amonestación a los Corintios, avanza más allá de argumentos y consideraciones humanas sobre su comportamiento, exhortándolos a reconocer la gran dignidad a la que han sido elevados, pues en ellos habita el Espíritu Santo como en un templo. La sabiduría de este mundo, la sabiduría meramente humana que tanto estiman los gnósticos, contradice al Espíritu Santo y se opone a la verdadera sabiduría de Dios. Por eso está en peligro la iglesia en Corinto, porque se dejan seducir por la sabiduría de los gnósticos. De ahí la urgencia de abandonar esa falsa sabiduría y aceptar humildemente la sabiduría que Dios revela a los sencillos para confundir a los sabios de este mundo (cfr. Mt. 11,25-30). Pablo está profundamente preocupado por la unidad de la iglesia y todo cuanto escribe aquí obedece a esta preocupación. Nadie debe envanecerse de seguir a éste o al otro maestro, todos tienen que liberarse del culto a las personalidades: "Pablo, Apolo, Cefas... son de ustedes" y no ustedes de ellos, porque todos son de Cristo. Más aún, todo es de los creyentes. En consecuencia, nada debe ser sacralizado por ellos. Porque ellos son el verdadero templo en el que habita el Espíritu Santo, y su dignidad está por encima de todo. Ahora bien, ese templo es de Cristo y Cristo es de Dios. San Pablo nos da en este texto la razón profunda del amor fraterno: toda persona es templo de Dios (o está llamado a serlo), y su Espíritu habita en nosotros. Por lo tanto cada persona tiene algo de sagrado; hacerle un daño afecta directamente a Dios,

misteriosamente presente en cada persona. Pablo sigue comentando, para sus cristianos de Corinto, el escándalo de las divisiones en una comunidad. La comunidad cristiana es un «templo de Dios» y en ella «habita el Espíritu Santo». Las divisiones destruyen ese templo. Pero también insiste en otro de sus temas favoritos, hablando a los griegos, que son conocidos por su prudencia y su sabiduría. Si uno se fía de la sabiduría meramente humana, la sabiduría "según este mundo", no va a ninguna parte. Entonces sí se producen esas divisiones y cismas; uno es de Pablo, otro de Apolo, otro de Pedro. La «sabiduría de este mundo es necedad ante Dios». Un cristiano debe buscar la sabiduría de Dios, «haciéndose necio» según el mundo para «llegar a ser sabio» según Dios. Entonces sí que encontraremos la clave para una convivencia serena: «todo

es de ustedes, ustedes de Cristo y Cristo de Dios».

Mt. 5,38-48 (Lc 6, 27s.32-36): «Amen a sus enemigos» EVANGELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO R/. Gloria a Ti, Señor.


38 «

Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. 39 Pues Yo les digo no resistan al mal; antes bien, al que te abofee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; 40 y al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; 41 Si uno te obligue a caminar mil pasos, haz con él dos mil. 42 A quien te pida, da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda». 43 «

Ustedes han oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo". 44 Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por sus perseguidores, 45 para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si ustedes aman sólo a quienes los aman, ¿qué recompensa van a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?. 47 Y si no saludan más que a sus hermanos, ¿qué hacen de particular? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? 48

Ustedes, pues, sean perfectos como es perfecto su Padre

celestial»

Palabra del Señor. R/. Gloria a Ti, Señor Jesús


RE-LEAMOS EL TEXTO PARA INTERIORIZARLO a) Contexto: Sermón del Monte: Mt. 5 - 7 Esta perícopa evangélica sigue con el desarrollo del Sermón del Monte, que comenzó hace tres Domingos, con la proclamación de las Bienaventuranzas (Mt. 5, 1-12: Domingo 4º Ordinario A). Siguió con la presentación de las exigencias del testimonio que ha de dar el crisrtiano: ser sal y luz (Mt. 5, 13-16: Domingo 5º Ordinario A). Enseguida, comenzó la exposición que hace Jesús sobre la «Justicia perfecta» (Mt. 5, 17-37: Domingo 6º Ordinario A). En este Dominfo 7º sigue la exposición sobre la Justicia perfecta (Mt. 5, 3848). La parte de Mt. 5, 21-48, contiene unas Ilustraciones concretas. Son cinco antítesis, por medio de las cuales presenta la contraposición entre la economía antigua y la nueva economía (del Evangelio): el paso del Antiguo Testamento, con sus exigencias (la Ley), al Nuevo Testamento, con su «Nueva Ley» (el Evangelio). Tres de esas antítesis fueron proclamadas en el Domingo 6º Ordinario A: sobre el homicidio (Mt. 5, 21-26), sobre el adulterio (Mt. 5, 27-30 + 31-32), sobre el juramento (Mt. 5, 33-37). Las otras dos pertenecen a la perícopa que se proclama en este Domngo 7º Oadinario A: sobre la ley del talión (Mt. 5, 38-42) y sobre el amor al prójimo (Mt. 5, 4348). Estas antítesis exponen el conflicto, a nivel doctrinal, entre Jesús y la interpretación escriturística de los letrados: son esas grandes antítesis a través de las cuales se muestra la superioridad definitiva de la Ley Nueva, que en Cristo, da cumplimiento y perfecciona a la antigua. Es que esa Ley Nueva ¡es Cristo! La Ley se hace plena y perfecta al ponerse en relación con Cristo: «Yo les digo...» (Mt. 5, 22.28.32.34.39.44). Aquí está la clave de la novedad de la Ley y del carácter absoluto de su exigencia radical. Es que ¡todo lo que se relaciona con Cristo se vuelve absoluto y radiccal!

b) Comentario: vv. 38-42: El Evangelio continúa la enumeración de ejemplos concretos, iniciado el Domingo pasado, poniendo de manifiesto la dinámica de sentido y significado conferida por Jesús a la Ley de Moisés: «Han oido que se dijo... Pero yo les digo». El texto de hoy recoge dos nuevos casos, los últimos de la enumeración. La exhortación de Jesús parte de la «ley del talión», precepto nacido de la voluntad civil de evitar las venganzas desordenadas, especialmente si eran exageradas, usando un criterio de proporcionalidad entre el mal inferido y el «devuelto» y, sobre todo, reservando el ejercicio en el ámbito judicial.


Se trata de formulaciones concretas de la ley del talión que puede leerse en Ex. 21, 24; Lv 24, 20 y Dt 19, 21. Ante el recurso legal como medio disuasorio, Jesús ofrece la alternativa superior de un desarme del corazón y del espíritu con capacidad para renunciar a todo tipo de compensación y para desarmar al contrario por medio de la sorpresa de una actitud abierta y tolerante. Jesús cambia la «ley del talión» que es la de «ojo por ojo y diente por diente» (v. 38),. Sus discípulos deben hacer algo mucho más generoso: no devolver mal por mal, presentar la otra mejilla (v. 39), prestar la capa además de la túnica que le piden (v. 40), acompañar dos millas, en vez de una (v. 41). El intento evidente de Jesús no es la condena de la antigua “ley del talión” con todos sus rigores. Lo que él pretende sugerirnos es una orientación de vida práctica, que se conforme con la infinita bondad y misericordia del Padre celeste como comportamiento global del vida, posible gracias al anuncio del reino. Los discípulos de Jesús deben portarse según un criterio que supera, en fuerza de un amor desbordante, la inclinación natural de exigir el respeto absoluto de los propios derechos. A quien es de Cristo se le pide vivir según la generosidad, el don de sí, el olvido de los propios intereses, no dejándose llevar por la tacañería, sino mostrándose benévolo, perdonando, dando prueba de grandeza de ánimo Un héroe de la no-violencia, Martin Luther King, escribió: «Los océanos de la historia se hicieron turbulentos por los flujos, siempre emergentes, de la venganza. El hombre no es llevado nunca por encima del mandamiento de la lex talionis: “ Vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie.” A pesar del hecho de que la ley de la venganza no resuelve ningún problema social, los hombres continúan dejándose llevar por su desastrosa guía. La historia se hace eco del estruendo de la ruina de las naciones y de los individuos que han seguido este camino autodestructivo».

Jesús afirmó elocuentemente desde la cruz una ley más alta. Él sabía que la antigua ley del ojo por ojo habría dejado a todos ciegos, y no trató de vencer el mal con el mal; vence el mal con el bien. ¡Crucificado por odio, responde con amor excesivo!

vv. 43-47: En el sermón del monte continúan las antítesis entre el «han oido que se dijo» y el «pero yo les digo», esta vez dedicada a la caridad fraterna, en la que también quiere Jesús que sus seguidores hagan algo «extraordinario» (vv. 43-44), algo más que la mera justicia. Mirándose en el modelo supremo, que es Dios Padre, que hace salir el sol sobre justos y pecadores (v. 45), los seguidores de Jesús tienen que tener un amor universal, no sólo para los hermanos y amigos, sino también para los enemigos. Más aún: el seguidor de Jesús debe perdonar al enemigo, al que le insulta o denigra. No sólo saluda al que ya le saluda, sino también al que no le saluda (vv. 46-47). El evangelista usa , significativamente, el verbo agapào para indicar el deber cristiano de amar a los enemigos más allá de cualquier procedencia o más allá de todo tipo de


amistad. Se trata del verbo más característico del comportamiento de Dios hacia los hombres y de los hombres hacia Dios y hacia los propios semejantes: una voluntad radical de bien gratuito y oblativo. Este precepto, ciertamente nuevo y en muchos aspectos sorprendente, completa las enseñanzas precedentes de Jesús y se refiere a la “justicia sobreabundante” que comenzó el discurso de la montaña. Hasta esta altísima meta él pretendía llevar a sus discípulos: “ Amad a vuestros enemigos.” Los enemigos de los que se habla son aquí, específicamente, los perseguidores, los paganos, los idólatras, los que más directamente contrastan el ideal cristiano, viniendo a constituir una amenaza para la fe. De todos modos, son el prototipo y el símbolo de todo enemigo. El cristiano debe usar hacia ellos la misma benevolencia que se tiene con los hermanos en la fe. No sólo la tolerancia, el amor en general o la amistad, sino el amor profundo y desinteresado de sí que el creyente puede tomar del corazón de Dios y aprender de su ejemplo, viéndolo en la creación y en la historia del universo.

v. 48: La medida es asombrosa: «sean perfectos como su Padre celestial es perfecto», que es la traducción plena de lo que había dicho la norma del Levítico: «Sean santos, porque Yo, su Dios, soy santo» (Lv. 11, 44-45; 19, 1-2). El texto de hoy es tal vez el texto bíblico que expresa con mayor claridad que lo específico cristiano es una diferencia en razón de una referencia. Ser cristiano es estar situado en el espacio que se abre más allá de la ley, más allá de lo mandado y prohibido. De nuevo Jesús relaciona el mandamiento del amor al enemigo con el ejemplo del Padre, con la acción que él cumple cada día en beneficio de todos y que es fruto de su corazón lleno de amor, que Él, el Hijo, conoce profundamente. Este es el corazón que late en la moral cristiana la cual no es norma, ley, observancia, sino comunión de vida con este Padre dada por el Espíritu Santo: “ la ley del Espíritu, que da vida en Cristo Jesús” ( Rm 8,2). En esta comunión el cristiano se empapa del mismo amor del Padre, un amor que pretende cambiar a los enemigos en amigos; que cambia a los malos, haciéndolos buenos.

3. MEDITACION: ¿QUE NOS DICE el texto? Amor al prójimo La prohibición del odio es un primer paso para el mandamiento del amor. Un segundo paso es la preocupación por los más cercanos, que excluye la indiferencia y se manifiesta en la corrección. A veces uno está obligado a corregir a los otros por su ministerio público, como es el caso de los profetas (cfr. Ez 3, 18: 33, 8), otras, por su status en la familia o en la tribu. Con la prohibición de la venganza se mitiga la «ley del talión», por lo menos dentro del ámbito del propio pueblo y de los parientes.


El «prójimo» es aquí el paisano y el correligionario. La máxima «amarás a tu prójimo como a ti mismo» puede ser una abreviación de esta otra: «amarás a tu prójimo tal y como tú esperas ser amado por él»; en cuyo caso, no se iría más allá de la obligada correspondencia. Aunque en el resto del A.T. apenas se hace alusión a este mandamiento, los rabinos conocieron su valor normativo y su gran importancia; así, por ejemplo, dice el rabino Akiba en el siglo II a.C.: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo», éste es un mandamiento grande y universal de la Torah».. La Palabra de Dios impone no sólo un justo comportamiento exterior según la ley, sino que intenta llegar al corazón humano, inculcándole el amor. Y, entonces, estamos ya fuera del régimen de la ley, siendo ésta superada, interiorizada. Todo el montaje cultural, ritual y legal debe llevar al hombre a esta interiorización.

El amor se hace perdón Y el resultado de este amor, ¡es el «perdón»! Se escucha ya la parábola del «Hijo pródigo». (Lc.15,1-32). Se escuchan ya estas palabras: «Amen a sus enemigos,

entonces serán hijos del Dios Altísimo, porque El es bondadoso con los ingratos y los malos». (Lc. 6. 27-38). ¡Dios es bueno! ¡Dios es amor! ¡Dios es Padre! Jesús no hará otra cosa que tomar las palabras del salmo: «con la ternura de un padre con sus hijos»... «Padre nuestro, que estás en los cielos, perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos...».

«Ustedes, sean perfectos...». Y la perfección se concreta en el perdón, que es el don por excelencia. Perdonar es recrear, liberar, creer en el otro, abrirle la posibilidad de una nueva vida. ¿Escuchará cada vez? ¿Todos nuestros enemigos se harán nuestros amigos en la medida de nuestro perdón? Nada es menos cierto; pero lo que se nos pide es que actuemos como Dios. El futuro es de él: no le cerremos la puerta con nuestra dureza. Además, la historia de Dios con los hombres lo atestigua: cuando el amor es totalmente desarmado, se convierte en lo que verdaderamente desarma. Ahí está una ley nueva. La ley del Reino. Supone una mirada distinta al mundo que sólo se comprende desde la fe. Pero, a este nivel, es la ley más eficaz que jamás se haya imaginado. La ley del Dios vivo.

Lecciones del Evangelio En el Evangelio, una vez más, en sus exigencias en el sermón de la montaña, Jesús va más allá de la ley de Moisés. (Supera interpretación de los diez mandamientos hecha por el Antiguo Testamento. Jesús destaca, por sobre todos, el mandamiento del amor fraterno, e introduce varias novedades:


Primero: La venganza no es cristiana, aun sí está aparentemente justificada. Sus palabras sobre el tema han de ser entendidas en este sentido, y no como una llamada a la debilidad o a la pasividad: «No ofrezcan resistencia a las injurias... cuando una persona te golpea en la mejilla derecha, ofrécele la otra...». Segundo: Jesús dice que también debemos amar a los enemigos y orar por ellos. Porque si no los amamos y perdonamos, no vamos más allá de la antigua ley (donde el amor y el perdón sólo alcanzaba al pueblo elegido). Y no somos diferentes de los paganos o de cualquier persona común, pues todos son buenos con sus amigos. Tercero: ¿Y por qué amar y ser buenos con nuestros enemigos y perseguidores? Porque Dios es así, y nosotros somos sus hijos e imitadores. Dios es universal en su

caridad; gente buena y mala reciben su vida y sus dones. Resumiendo: la caridad cristiana no es sólo amar al prójimo como a nosotros mismos («no hagas a los demás lo que no quieres que hagan Contigo»), sino amar al prójimo como Dios lo ama. El espacio cristiano emerge cuando se descubre a Dios como Padre. «Así serán hijos de su Padre que está en el cielo. Sean completos como su Padre celestial es completo». Nos damos cuenta una vez más de que ser discípulo y seguidor de Cristo no es fácil. Que en esta escuela hay una asignatura que realmente es cuesta arriba. Porque a todos nos resulta difícil amar a los demás, sobre todo perdonar a los demás, y hacer el bien cuando recibimos mal. Espontáneamente tendemos a devolver mal por mal. Cuando perdonamos, no acabamos de olvidar, dispuestos a echar en cara su falta al que nos ha ofendido. Esta página del sermón de la montaña es de esas que tienen el inconveniente de que se entienden demasiado. Lo que cuesta es cumplirlas, adecuar nuestro estilo de vida a esta enseñanza de Jesús, que, además, es lo que él cumplía el primero.

El Padre es la referencia que explica la razón de ser del cristiano. Imitar a Dios No podemos decir que honramos a Dios si luego no imitamos su manera de actuar con nosotros: lento a la ira, comprensivo, perdonador, rico en clemencia... La caridad con el hermano aparece como una consecuencia absolutamente ligada a nuestra fe en Dios. Jesús, en el evangelio, ha concretado más esta ley del amor. Ya no debe regir para los suyos la ley del talión, aunque todavía hoy sea lo más espontáneo: ojo por ojo (no me habla, pues yo no le hablo; me critica, pues yo le critico a él). Los seguidores de Jesús deben aprender la nueva ley, la ley del amor. No vengarse del mal con el mal, sino intentar vencerlo con el bien. "Poner la otra mejilla", regalarle también la túnica", "recorrer con él no sólo una milla, sino dos", son expresiones muy plásticas del nuevo estilo.


4. ORACION: ¿QUE LE DECIMOS NOSOTROS a DIOS?

Concédenos, Padre de bondad, que toda la Iglesia, en sus palabras y en sus hechos, sea testimonio y presencia de tu amor en el mundo. Que todos nosotros, que te buscamos, te descubramos en el corazón de la vida, en la solidaridad con los necesitados y en la paz con los enemistados. Que en nuestra convivencia familiar, en la amistad, en la vecindad y el trabajo, se haga más fuerte el deseo de fraternidad y ayuda y desaparezcan las enemistades, las rencillas y el rencor. Amén. 5. CONTEMPLACION – ACCION: ¿QUE NOS PIDE HACER la PALABRA? Ser cristiano, ¿Una utopía? La enseñanza de Jesús, y su propio ejemplo, nos hace pensar y nos interpela, nos propone una nueva manera de vida, distinta de la de los que no tienen fe, un estilo de actuación que va más allá de lo legal y de lo justo, y que se basa en el amor gratuito. Un estilo que ciertamente no es el que vige en este mundo. El cristiano debe ser distinto: saluda a los adversarios, presta gratuitamente, no responde con contraataques. No se trata de "poner la otra mejilla" literalmente, pero sí de aprender el espíritu de reconciliación, sin albergar sentimientos de represalia ("el que me la hace me la paga"), sino cortando las escaladas del rencor en nuestro trato con los demás. ¿Somos capaces de perdonar hasta setenta veces siete, como Jesús contestó en cierta ocasión a Pedro? Al mismo Pedro le tuvo que mandar que devolviera la espada a la vaina, porque no es con la violencia como se arreglan las cosas. ¿Somos personas que guardan su rencor durante días y años? ¿O somos de buen corazón, y procuramos que se enfríe nuestro disgusto rápidamente y deshacemos la espiral de la violencia? ¿Somos capaces de saludar al que no nos saluda, de poner buena cara al que sabemos que habla mal de nosotros, de tener buen corazón con todos? Se puede decir que las recomendaciones que hoy escuchamos a Jesús, que son continuación de aquella lista de bienaventuranzas con la que da inicio su sermón del monte, es precisamente el cumplimiento de estas bienaventuranzas. Aquí se ve quiénes son los "pacíficos de corazón", o los "obradores de paz" o los "misericordiosos" a los que Jesús llama bienaventurados.


Además, hoy es como si desarrollara aparte la cuarta bienaventuranza: «dichosos cuando los odien y los insulten». Es la bienaventuranza de los no violentos, de los que no responden con el mal al mal que reciben, sino que saben detener la dinámica de la venganza, de los que rompen la espiral de la violencia y de los contraataques, y saben perdonar. Cosa que evidentemente es rara en este mundo, tanto en el terreno más doméstico como en el socio-político nacional e internacional.

Relación con la Eucaristía El Señor está en nosotros y con nosotros, que nos reunimos en su nombre para celebrar el memorial de su Muerte y Resurrección. Por eso, esta celebración es expresión del respeto y amor que nos debemos los unos a los otros. Y de otra parte, la Eucaristía debe ser el punto de arranque para llevar al mundo el calor y el testimonio del amor cristiano, amor que debe llegar incluso al enemigo.

Algunas preguntas para pensar durante la semana 1. ¿Cuál es mi actitud con mis enemigos (en el sentido amplió de la palabra)? 2. Dada la ocasión, ¿qué gesto podría yo hacer para expresar perdón a un «enemigo»?

P. Carlos Pabón Cárdenas, CJM.

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Domingo 7º ordinario a