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DOMINGO 1° CUARESMA C La fidelidad de Jesús supera la prueba

Las tentaciones de Jesús. Victoria por medio de la Oración y de la Palabra Ambientación Hemos iniciado un tiempo especial en el nuevo Año Litúrgico: la «Cuaresma». Celebramos la Eucaristía en el primer domingo de Cuaresma. «Cuaresma» es una palabra «vieja» (se conoce expresamente desde antes del s. III), pero de contenido muy actual. En los primeros tiempos del cristianismo, lo importante era «el día del Señor»; el día de la «Fracción del Pan». En el s. VI ya está configurada la Cuaresma tal como se celebra hoy: «40 días» de preparación para la Pascua. Los «40 días» de Cuaresma tienen resonancia simbólica: son memoria de la peregrinación del Exodo en camino hacia la Tierra Prometida, y de la permanencia de Jesús en el desierto como preparación para su ministerio mesiánico. Por otra parte la Cuaresma en un principio tuvo un carácter de preparación bautismal, posteriormente se le dio un carácter más penitencial y, más tarde, se hizo preparación pascual. Actualmente la Cuaresma nos llama a reflexionar sobre la respuesta que estamos dando al Señor; nos ofrece la posibilidad de vivir con mayor austeridad y en actitud penitencial; nos invita a volver los ojos a Dios, a convertirnos a él, para alcanzar el perdón y celebrar el gozo de la Pascua. Si el miércoles pasado recibimos la ceniza como signo de nuestro deseo de conversión a Dios, hoy, en este primer domingo de Cuaresma, pedimos perdón por nuestros pecados y rogamos al Señor nos acompañe en esta peregrinación de 40 días hacia la Pascua.

1. INVOQUEMOS AL ESPÍRITU SANTO ¡Oh, Espíritu Santo! Al comienzo de este tiempo cuaresmal nos invitas a meditar, una vez más, el relato de las tentaciones de Jesús, para que descubramos el corazón de la lucha espiritual y sobre todo experimentemos la victoria sobre el mal. ¡Oh Espíritu Santo! «visita nuestras mentes», orque en nuestra mente a menudo proliferan muchos pensamientos que nos hacen sentirnos a merced del fragor de tantas voces.


Fuego de amor purifica también nuestros sentidos y el corazón para que sean dóciles y disponibles a la voz de tu Palabra. Ilumínanos, enciende tu luz en nuestros sentidos, Infunde tu amor en nuestros corazones, para que nuestros sentidos, purificados por Ti, puedan entrar en diálogo contigo. Si el fuego de tu Amor se enciende en nuestro corazón, más allá de nuestra aridez, puede inundar la vida nueva, que es plenitud de gozo. Amén. 2. LEAMOS la PALABRA: ¿QUÉ dice? Momentos de silencio orante: Para la escucha es necesario el silencio: del alma, del espíritu, de la sensibilidad y también el silencio exterior, con la tensión de escuchar lo que la Palabra de Dios intenta comunicar.

Dt. 26, 4-10: «Profesión de fe del Pueblo elegido» La primera lectura que hacemos hoy se refiere a la oración que hace el pueblo al ofrecer las primicias, los primeros frutos de sus cosechas. Es una oración: agradecida, confiada y esperanzada. Pero al mismo tiempo, es una profesión de fe, pues en la presentación de las ofrendas reconoce que cuanto se tiene o posee, es un don de Dios y un regalo de su bondad y no solamente fruto del trabajo humano. El texto de la profesión de fe que acompaña a la ofrenda de las primicias está íntegramente referido a la donación, por parte de Dios, de la tierra prometida. El israelita se presenta como alguien que cultiva la tierra que Dios le ha dado. Por lo tanto, su gesto es un acto de fe en un hecho que permanece: la acción de Dios presente en medio del pueblo. Estamos ante un rito naturalista de aquel pueblo agricultor. La profesión de fe da un carácter religioso al acto al relacionarlo con la elección divina del pueblo, la liberación de Egipto y la entrada en la tierra prometida. La presentación de las ofrendas y la entrega de los diezmos se hace en una ceremonia religiosa. La ofrenda de las primicias del suelo, dice un comentarista bíblico, manifiesta el agradecimiento al Señor por el don de la tierra. El reparto de los diezmos con los necesitados da a entender que los dones de la tierra, gratuitamente recibidos del Señor, tienen que alcanzar a todos. Destaca en cada una de las ceremonias la confesión del israelita al Señor, donde el pueblo proclama su fe en Dios al hilo de sus grandes intervenciones en su propia historia.


Por eso, ofrecen y comparten con agradecimiento, los frutos de la tierra que Dios les ha concedido. Esta lectura del primer domingo de Cuaresma, nos recuerda que el centro de nuestra fe cristiana es también un acontecimiento histórico: la muerte y resurrección de Cristo Jesús. Y nosotros, en un clima de acción de gracias (la Eucaristía) comenzamos a recorrer el camino de 40 días hacia la celebración de la Pascua, base y fundamento de nuestra esperanza de redención.

Sal. 91(90): «Acompáñame, Señor, en la tribulación» Este salmo está organizado de la siguiente manera: 1. Presentación (vv. 1-2) 2. Exhortación a la confianza (vv. 3-13) 3. Oráculo divino (vv. 14-16). La elección de este salmo se debe, principalmente, a su presencia en el evangelio de las tentaciones. Pero se ha convertido en un salmo típico de Cuaresma. En efecto: el camino de la renovación cristiana es un camino de desierto, que todos podemos andar confiados en la presencia de Dios. El que estuvo con Israel, su pueblo, está lambien con nosotros, el nuevo Pueblo de Dios. El salmo 91(90) tiene una peculiaridad propia: aquí no es el salmista el que ora sino el que invita a un fiel de Yahvé a rezar, a poner toda su confianza en Dios. Y esta es la idea que se repite a lo largo de todo el salmo El salmo 91(90), tan típicamente cuaresmal, describe la confianza del hombre que camina apoyado en el Señor; el desierto y sus peligros no son tan importantes como la seguridad de la promesa de salvación que le da Dios. En el contexto de la teología lucana, es interesante establecer el paralelismo con un texto de Lc. 10,18-19: «Veía a Satanás caer

del cielo como un rayo. Miren: les he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejercito del enemigo...» Esta referencia ayuda a ver el paralelismo entre el camino del cristiano y el de Cristo, en las tentaciones, pero al mismo tiempo a comprender que el cristiano camina fortalecido por la victoria de Cristo. El salmista que invita a la confianza, de ningún modo quiere hacer de Dios un seguro contra todo riesgo. El sabe que tiene los mismos problemas, las mismas contrariedades, las mismas angustias que los demás hombres. El mismo salmo nos pondrá una lista de dificultades. Lo que nos asegura el salmista es que es feliz aquel que sabe confiar en Dios; que sabe descargar en el todos los afanes y preocupaciones de cada dia. Por eso Uamara a Dios Roca, Alcazar y Refugio.


El mejor resumen del presente salmo nos lo hizo San Pablo cuando escribia: «¿Qué

más podemos añadir? Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Ro. 8,31). «Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, dí al Señor: Refugio mío, Dios mio, confío en Ti» (vv. 1-2): en estos versículos se acumulan los cuatro nombres más importantes de Dios: Elyon, Sadday, Yahvé, Elohim. El que ora no es el salmista sino que invita a orar a otra persona. El quiere instruir y guiar. No solo narra lo que Yahée hizo en su caso, sino que lo quiere dar a conocer a otras personas para que disfruten de la experiencia que él ha tenido.

Ro. 10, 8-13: «Todo el que invoca el Nombre del Señor se salvará» San Pablo, en la lectura que hacemos de su carta a los Romanos, nos dice que esa Palabra la tenemos en el corazón; porque la palabra que nos salva es reconocer a Jesús como Salvador, puesto que «el que invoca el nombre del Señor con fe, se salvará». La lectura de este fragmento ayuda a actualizar la primer a lectura y el evangelio al mismo tiempo, en nuestra situación. Como para los israelitas, nuestra fe se apoya en un hecho: el Misterio Pascual de Cristo, que nos ha introducido a todos los que creemos en el en la «tierra» de salvación. Como hizo Jesucristo en el desierto, la palabra de Dios ha de estar en nuestros labios y en nuestro corazón, si queremos participar de su victoria. Ahora no necesitamos presentar nuestra cesta de ofrendas a Dios para reconocerle como cercano y salvador. Solamente necesitamos «creer de corazón y profesar con nuestros labios» que Jesús es el Redentor. Todos somos radicalmente iguales ante la salvación que Dios nos ofrece por medio de Jesucristo, el Señor. La justicia o salvación viene de Dios, como un don, por medio de Cristo. No se adquiere por las obras de la ley, sino por la respuesta del hombre al don de Dios. Apoyado en una cita del Deuteronomio expone la estructura del acto de fe: una Palabra que se escucha, adhesión cordial a la misma y confesión pública de tal adhesión. Se exige acción del corazón y los labios, la primera como ofrecimiento a la iniciativa divina y la segunda para decir «Jesús es el Señor» y así situarse frente al mundo, para ser reconocido al final por Dios. Y la salvación está al alcance de todos ya que no consiste en tener muchos estudios o en saber mucha teología, sino en «dar acogida a la Palabra que llevamos en el corazón: que Jesús es el Señor». Por eso está al alcance de hombres y mujeres, ricos y pobres, cultos y analfabetos, clérigos o seglares.


Si, a pesar de esta igualdad radical ante la salvación, sigue habiendo quienes no dan crédito al mensaje, es porque Dios no impone sino que propone su Palabra a hombres libres y, por tanto, responsables de su conducta.

Lc. 4, 1-13: «Era conducido por el Espíritu en el desierto…» EVAN GELIO DE JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS R/. Gloria a Ti, Señor. 1

Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, 2. durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. 3. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». 4. Jesús le respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre». 5. Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; 6. y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. 7. Si, pues, me adoras, toda será tuya. » 8. Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto». 9. Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; 10. porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. 11 Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna». 12 Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios». 13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno. Palabra del Señor. R /. Gloria a Ti, Señor Jesús.

Re-leamos el texto para interiorizar la Palabra Estamos acostumbrados a escuchar esta narración en el primer domingo de Cuaresma, todos los años. Es el ejemplo y el misterio de la cuarentena de Jesús. San Lucas destaca el carácter itinerante de estos días: «durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto», como Dios condujo cuarenta años a su Pueblo hacia


la tierra prometida (cfr. 1ª lectura), y como el Espíritu conduce hoy a la Iglesia durante cuarenta días hacia la celebración de la Pascua. Por la narración de Lucas aparece claramente que Jesús y el diablo están uno frente al otro, totalmente solos. La respuesta de Jesús al diablo son sacadas de las S. Escrituras, son citas del Antiguo Testamento. Jesús afronta las tentaciones, y en particular al culto que el diablo pretende del mismo Jesús, recurriendo a la palabra de Dios como pan de vida, como protección de Dios. El recurso a la palabra de Dios contenida en el libro del Deuteronomio, tenido por los exégetas como una larga meditación sobre la ley, muestran el intento de Lucas de narrar este episodio de la vida de Jesús con el proyecto de Dios que quiere salvar al hombre.

Las tentaciones de Jesús vienen de afuera Lucas, además, con estas escenas intenta recordarnos que las tentaciones han sido dirigidas a Jesús por un agente externo. No son el resultado de una crisis sicológica o porque se encuentra en un conflicto personal con alguien. Las tentaciones, más bien, nos llevan a las “tentaciones” que Jesús ha experimentado en su ministerio: hostilidad, oposición, rechazo. Tales “tentaciones” han sido reales y concretas en su vida. No ha recurrido para resolverlas a su poder divino. Estas pruebas han sido una forma de “seducción diabólica” (Fitzmyer), una provocación a usar su poder divino para cambiar piedras en pan o para manifestarse de modos excéntricos. Las tentaciones terminan con esta expresión: «después de haber acabado toda tentación» el diablo abandona a Jesús (Lc. 4,13). Luego las tres escenas que contienen las tentaciones se han de considerar como expresión de todas las «tentaciones o pruebas» que Jesús ha debido afrontar. Pero el punto fundamental es que Jesús, en cuanto Hijo, ha afrontado y vencido la tentación. Todavía más: ha sido probado en su fidelidad al Padre

y ha sido encontrado fiel. Orden de la tentaciones . Las tentaciones, en Lucas, culminan en el Templo de Jerusalén, en el lugar santo donde sólo Dios debe ser adorado. La victoria de Jesús anuncia su victoria pascual, después de que el diablo haya perdido su «oportunidad», que ha sido la traición del discípulo y la persecución de los adversarios. Nuestra fidelidad a la Palabra y la penitencia nos permitirán participar de la victoria de Jesús. El orden en el que Lucas dispone las tentaciones es: desierto – panorámica de los reinos del mundo – pináculo de Jerusalén. Por el contrario en Mateo el orden varía: desierto – pináculo – alto monte. Los exégetas discuten cuál sea el orden original, pero no llegan a encontrar una solución unánime. La diferencia podría ser explicada a partir de la tercera tentación (la culminante):


- para Mateo el «monte» es el vértice de las tentaciones, porque en su evangelio pone todo su interés sobre el tema del monte (baste recordar el sermón de la montaña, la presentación de Jesús como «el nuevo Moisés»”)…; - para Lucas, sin embargo, la ultima tentación adviene sobre el pináculo del Templo en Jerusalén, porque uno de los intereses mayores de su evangelio es la ciudad de Jerusalén (Jesús en el relato lucano está en camino hacia Jerusalén donde se cumple de modo definitivo la salvación). Este orden de las tentaciones en Lucas, que sitúa a Jesús en Jerusalén, anuncia el ministerio de Jesús como un «camino hacia Jerusalén», «cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, se afirmó en su voluntad de ir a jerusalén» (Lc. 9, 51). Además, es en Jerusalén donde Jesús, «el gran Profeta», morirá como es propio de los profetas (cfr. Lc. 13, 33).

Relación entre Exodo de Israel y Misterio Pascual de Jesús Hay que ver el texto en su relación con las pruebas del desierto del pueblo elegido: tentación de alimentos (v. 3), frente a un pan nuevo, que es la voluntad de Dios; tentación de signos (v. 9b), frente a la confianza absoluta en el Padre; tentación de dioses del mundo (vv.6-7), frente al solo y único Señor (v. 8). Cuando leemos o escuchamos con interés la Palabra de Dios, se nos brinda la oportunidad de entrar en un diálogo grato con el Señor: lo escuchamos y le hablamos. Es el ejemplo que nos ofrece Jesús en este primer domingo de Cuaresma. El Señor se retira a la soledad del desierto durante 40 días para: - intensificar su trato con Dios-Padre en diálogo amistoso y confiado, - tensar su ánimo para hacer frente a las tentaciones, - ofrecernos ejemplo de lealtad a la dura y costosa misión que ha de cumplir. Las tentaciones de Jesús, aparte de su carga simbólica y teológica, nos están diciendo la dura oposición que Jesús ha de sufrir en el cumplimiento de su misión y la victoria alcanzada por su fidelidad y lealtad a Dios-Padre. En esta perícopa se concentran, pues, los temas de la predicación cuaresmal: el camino del Exodo, narrado en las primeras lecturas, conduce hacia Cristo y es imagen del Misterio Pascual de Cristo y la Iglesia, mientras que el camino de Jesús ayunando en el desierto durante cuarenta días es el modelo y la imagen de lo que la Iglesia se propone realizar durante la Cuaresma: renovarse en el camino hacia la pascua.

Conclusión: Lc. 4, 13: Todo se completa con la conclusión del relato: el diablo se retira «hasta un tiempo oportuno ( = kayrós)» (Lc. 4, 13). El mismo evangelista dirá cuándo se cumple este

kairós: en Getsemaní: «Esta es su hora: la del poder de las tinieblas» (Lc. 22, 53).


Por eso también en Getsemaní pondrá Lucas la presencia del Ángel que conforta (Lc. 22, 43), mientras que Mateo y Marcos hacen intervenir a los Angeles en el desierto, después de las tentaciones (cfr. Mt. 4, 11b y Mc. 1, 13b). Y el cumplimiento definitivo de ese kairós, de la última tentación, se lleva a cabo en el Valvario: «Si tú eres el rey d elos judíos, ¡Sálvate!» (Lc. 23, 37).

3. MEDITEMOS LA PALABRA DE DIOS: ¿QUÉ NOS dice? La lectura del Deuteronomio ofrece una interpretación global del camino de Israel y de las consecuencias que comporta este camino para su vida. Dios convirtió a «un arameo errante» en un pueblo caminante hacia un término. Se trata, primordialmente, de un testimonio litúrgico, que enlaza muy bien con el inicio de un tiempo litúrgico como la Cuaresma. En la base -del camino de Israel, de la ofrenda de las primicias, de la Cuaresma- hay un acto de fe que se apoya en la historia: lo que Dios ha hecho por Israel y por nosotros. Nuestra fe es histórica, y por ello hacemos «memorial»: la liturgia cristiana es básicamente un acto de fe, en el cual el acontecimiento salvífico se actualiza. La Cuaresma que iniciamos es un propósito de renovarnos en la fe y en la consecuencia de esta fe, que es el don de Dios. Porque hemos sido introducidos en el misterio de Cristo y en la comunidad eclesial, «por eso» acudimos con las primicias de nuestro esfuerzo de renovación. Porque también nosotros «peregrinamos», reemprendemos el «camino de Cristo»

En el AÑO DE LA FE La segunda lectura -paulina- de este domingo es la versión neotestamentaria del texto del Deuteronomio. El cristiano, como el israelita, vive de la fe que cree y profesa: Jesucristo muerto y resucitado. Por el itinerario cuaresmal, esta fuerte afirmación de principio determina de manera muy clara el programa, en la perspectiva de lo que será el momento decisivo en la celebración pascual: la profesión de fe de los catecúmenos, unida al Bautismo, y la renovaci6n publica de la misma por parte de toda la comunidad.

La tercera tentación: liberarse de la muerte… Una última consideración sobre la tercera tentación. En las dos primeras tentaciones el diablo ha provocado a Jesús a que use su filiación divina para negar la finitud humana: evitar el procurarse el pan como todos los hombres; le pide, pues, una omnipotencia ilusoria. En ambas pruebas Jesús no responde diciendo: ¡No quiero! Sino que apela a la Ley de Dios, su Padre: «Está escrito… se ha dicho…» Maravillosa lección.


Pero el diablo no se arredra y le dirige una tercera provocación, la más fuerte de todas: el liberarse de la muerte. En el fondo el lanzarse desde el pináculo significa el arrojarse a una muerte segura. El diablo cita la Escritura, el Salmo 91(90), para invitar al uso mágico y espectacular de la protección divina, y al fin de cuentas, a la negación de la muerte.

Una fuerte advertencia El pasaje del evangelio de Lucas me lanza una fuerte advertencia: ¡el uso errado de la Palabra de Dios, puede ser ocasión de tentación! ¿En qué sentido? Mi forma de relacionarme con la Biblia se pone en crisis sobre todo cuando la utilizo sólo para dar enseñanzas morales a los otros que están en dificultad o en crisis. Aludimos a ciertos discursos seudo-espirituales que se dirigen a quienes están en dificultad: ¿Estás angustiado? No te queda más que orar y todo se arreglará. Esto significa ignorar la consistencia de la angustia que toma una persona y que depende muchas veces de un hecho bioquímico o de una dificultad a nivel psicológico social, o de estar delante de Dios de un modo errado. Sería más coherente decir: Ruega al Señor que te guíe al recurrir a las mediaciones humanas del médico o de un amigo sabio para que te ayuden a soportar o curar la angustia. No se pueden proponer frases bíblicas a los otros de modo mágico, pasándose por alto las mediaciones humanas. En este tiempo de cuaresma estoy invitado a acercarme a la Palabra de Dios con las siguientes formas: - asiduidad incansable y orante de la Palabra de Dios, - leerla conforme a la gran Tradición de la Iglesia, - y en diálogo con los problemas de la humanidad de hoy.

4. OREMOS desde la PALABRA: Tu Iglesia y tus creyentes, Dios, Padre de misericordia,, nos encontramos aún en el desierto de la tentación y de la prueba; A veces sucumbimos, al poner la eficacia de nuestra acción en la riqueza de nuestros medios. Olvidamos nuestra condición humana, absolutizamos nuestras instituciones y nuestras verdades, nos ponemos al lado de los satisfechos y de los grandes


y abandonamos a los pobres y oprimidos. En su nombre, Padre, queremos ofrecerte hoy nuestra voluntad de conversión y nuestro deseo de serte fieles. Queremos purificarnos de nuestro espíritu de clan y de poder, de nuestro gusto por la comodidad y la seguridad. Dígnate aceptar benigno, Padre, nuestra actitud; la inscribimos en la comida fraterna de la Eucaristía que Jesús instituyo como signo de victoria sobre la tentación y sobre sí mismo. Nos reunimos en nombre de Jesús los que deseamos convertirnos a las exigencias del Evangelio y a las necesidades del mundo. Haznos más creyentes y más presentes en la sociedad. Aléjanos de los dioses falsos de nuestro mundo: del poder bastardo y del dinero injusto, de las estructuras corrompidas y del sectarismo. Líbranos de la hipocresía en nuestras relaciones exteriores. Amén. 5. CONTEMPLEMOS la PALABRA y comprometámonos: Cuaresma debe llevarnos a una verdadera reconciliación con Dios y a una más radical conversión a él. El camino para conseguirlo es un mayor diálogo con Dios: - por medio de la oración y los sacramentos, - de la lectura de su Palabra, - y la intensificación de nuestras buenas obras. La lectura de la Palabra de Dios hará brotar en nosotros la certeza de que «Jesús es el Salvador», como nos dice San Pablo en la lectura que hacemos de su carta a los Romanos. Nuestra Cuaresma, igual que la de Jesús, no es para vivir sacrificados pasando hambre, sino para vivir moderados pensando que «no sólo de pan vive el hombre». El Señor confirma esta afirmación con el hecho de poner la adoración a Dios por encima de la adoración: al poder, a la riqueza, al aplauso humano, como le propone Satanás. La actitud del Señor ha sido siempre un ejemplo para todos y en todos los tiempos. Pero hoy lo


es más. Varias veces el Señor afirmó que «era bienaventurado el que escucha la Palabra y la cumple». Para prolongar nuestra meditación sugerimos una reflexión del Papa Benedicto XVI:

«La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás… … El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―"El amor de Cristo nos apremia"- (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios» (BENEDICTO XVI: Mensaje para la Cuaresma de 2013, n.1). Relación con la Eucaristía: Al celebrar la muerte de Cristo, todos debemos morir reconociendo que hemos sucumbido a veces a la tentación y la prueba. Pero desde la victoria de Jesús en las pruebas y nuestro recurso a la Palabra de fe, también saldremos a flote de nuestras pruebas.

«Te cubriráa con sus plumas; bajo sus alas te refugiarás» Señor, quiero meditar despacio, gustar, saborear estas dulces palabras del salmo. En este mundo en que tanto abunda el frio del odio, la enemistad, los rencores, las desavenencias entre los hombres, yo quiero vivir arropado con el calor de tus plumas. Yo quiero poner cerca de ti, en tu mismo corazón, mi nido de amor. Por tu gracia, desde este nido yo irradiaré afecto, ternura y cariño a tantas personas que se mueren de frio porque no son amadas por nadie. También, Señor, quiero tener refugio bajo tus alas. Vivimos en un mundo de sobresaltos, de inquietud, de inseguridad. Un mundo amenazado. Yo necesito refugiarme en ti para perder el miedo.

 «Hay otro, entre todos los salmos, mejor adaptado para animar a los timoratos, para amonestar a los negligentes y para instruir a quien se halla lejos de la perfección de la fe?» (San Bernardo)


«"Y le haré ver mi salvación". Nosotros tenemos los ojos del corazón, pero aun vemos por la fe, no al descubierto. ¿Cuándo lo veremos así? Cuando lo veamos cara a cara... y veremos el sublime espectáculo: Nuestro Señor Jesucristo. Aquel que fue visto humilde será visto excelso y nos regocijara el viaje». (San Agustín)

Algunas preguntas para meditar durante la semana: 1. ¿Qué hacemos para superar las dificultades? 2. ¿Analizamos la realidad y hacemos lo que vemos que con realismo es posible hacer, o nos arriesgamos en tareas y empresas descabelladas? 3. ¿Tenemos una táctica frente a nuestras tentaciones más comunes? 4. Ante la tentación del consumismo sin sentido e inútil, ¿qué hacemos?. 5. ¿Es Dios para mí el que me cubre con sus plumas, el que me protege con sus alas, el que me cubre con su sombra? ¿Confío plenamente en Dios? 6. Dios ama la comunidad. La comunidad de la tierra es reflejo de la comunidad trinitaria. Como comunidad cristiana: ¿estamos convencidos de que «Dios nos lleva en palmitas»? 7. ¿Estamos convencidos de la necesidad que tiene la Iglesia de crear comunidades vivas de amor? 8. En el salmo el salmista invita a otro a orar, a alabar a Dios: ¿Invito yo también a otras personas a la oración, al diálogo con Dios?

P. Carlos Pabón Cárdenas, CJM. PADRES EUDISTAS Parroquia Santa Mónica - Cali


DOMINGO 1º CUARESMA C