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Cuando llegaron a Disneyland, le dijeron a la reina de quejas que el problema estaba solucionado y esta le dejó al rey dormir con el cerdo. El mago le dijo a la reina: Si necesitas un mago aquí tienes al mago herrero Mar… ¡Carámbanos de hojalata! Pero si se ha ido. Había dejado un cartel que ponía: Estoy en el baño El mago, que ya casi se le estaba olvidando su nombre, se fue a buscarla a ver si tenía caramelos.

CAPÍTULO 6: El misterio de la ciudad del arcoíris El rey estaba sentado mirando a los enanitos patinando con un abrigo de piel que había comprado en las rebajas. Cuando todos le vieron comprando como se compraba en su tierra se le quedaron mirando. Siempre que hacía algo típico de su reino se le quedaban mirando como si estuviera loco. Le encantaba ver a los enanitos patinando en el hielo, pero cuando se acababa, cogía las llaves y los encerraba. Tenía que venir un guardia a sacarlos todos los días. El mago fue al árbol gigante en el que se alojaba el rey. Se reunió con él estuvieron hablando de que allí no se podía vivir porque hacía mucho frío y ni los abrigos ni las hogueras les calentaban suficiente. Así que decidieron irse. A los dos días vieron un reino aun más extraño que Disneyland. Allí todo era de los colores del arcoíris. Se alojaron en el hotel del unicornio. En aquella ciudad todo era fantasía, y al rey no le gustaba. En la puerta del hotel había un guardia que les obligó a aparcar al cerdo en una plaza del parking. Eso era lo que menos le gustaba al rey, hasta que se enteró que los caramelos estaban prohibidos. Al mago le extrañó mucho e intentó saber por qué.

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El caballero de la armadura oxidada  

Historia escrita por Oscar J.

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