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CAPÍTULO 1: El caballero de la armadura oxidada

Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso, guapísimo y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos, guapísimos y amorosos: luchaba contra sus enemigos que él pensaba que eran malos, mezquinos, feísimos y odiosos; mataba dragones y rescataba damiselas en apuros. Cuando en el asunto de caballería había crisis, tenía la mala costumbre de seguir rescatando damiselas incluso cuando ellas no tenían ganas de ser rescatadas. Y así pasó que un día el caballero fue llamado por el rey Pepe IV que quería que el caballero se presentara en palacio para hablar con él. El caballero fue a palacio inmediatamente. Cuando se reunió con el rey este le dijo: Me han dicho que hay un mago loco que dice que ha hecho una máquina del tiempo que lleva al futuro y quiero que le supervises porque no me fío de él. El caballero aceptó gustoso pensando que si lo hacía el rey le recompensaría. Fue corriendo a casa del mago y de repente se detuvo y dijo: Pero si no se dónde vive. Fue a preguntarle a un anciano que pasaba por allí y le dijo: Perdone, ¿Sabe dónde vive…? Y se dijo a sí mismo: Pero si no se cómo se llama. Fue a preguntarle al anciano cómo se llamaba el mago del reino cuando se dio cuenta de que se había ido al ver que no decía nada. Se fue a buscar a otro aldeano cuando oyó unas risas. Se dio la vuelta y vio a tres niños que se morían de risa. Les dijo: ¿De qué os reís?


Los niños le dijeron que se reían de él porque tenía la armadura oxidada. El caballero se fue al herrero para que le hiciera una nueva. Cuando llegó a casa del herrero se llevó una gran sorpresa ¡El herrero iba vestido de mago! El herrero, al ver al caballero con la armadura oxidada le dijo: Hola, soy el mago herrero mar... ¡Carámbanos de hojalata! ¡Menuda armadura lleva para ser un caballero! Eso hay que arreglarlo ahora mismo. El herrero se fue a buscar otra armadura y mientras el caballero decidió curiosear por aquella tienda tan extraña. Allí había una tela en forma de tubo y se dijo a sí mismo: ¿Qué habrá ahí dentro? El mago herrero volvió con una armadura marrón que parecía oxidada que era más fea que la otra. El caballero le preguntó qué había en esa tela. El mago le dijo que estaba esperando a un caballero enviado por el rey para que le supervisara. El caballero le dijo que él era ese caballero y el herrero le dijo: Pues no puedes supervisarme con esas pintas. El caballero se puso la armadura que le había traído el herrero y este le enseñó el aparato. El caballero se metió en él para probarlo pero cuando el caballero salió estaba en la misma época pero tenía la armadura aún más oxidada. El mago le preguntó: ¿Está todo bien? ¿Te gusta mi máquina de destruir armaduras? Así es más fácil deshacerme de las armaduras viejas como la que me has traído. El caballero le preguntó por la máquina del tiempo. El herrero comentó que él le dijo a un ministro que era una máquina de destruir armaduras y que se habrían equivocado. La armadura del caballero estaba tan oxidada que se rompió y se le cayó. El caballero volvió a palacio en ropa interior y se lo explicó todo al rey.


El rey, al ver que venía tan tarde y se le presentaba en ropa interior no le dio su recompensa pero al día siguiente reflexionó sobre el reino tan pintoresco que gobernaba y decidió huir por la noche sin que nadie se diera cuenta.

CAPÍTULO 2: El rey intenta huir.

Aquella noche, el rey estaba espiando a los guardias del reino vestido con un traje negro con un sombrero con un micrófono escondido dentro, un cinturón con una cámara de vigilancia, un metro láser para medir las distancias… Iba equipado con un auténtico traje de espía. Durante el cambio de guardias aprovechó para escapar, pero se encontró con lo que no se podía imaginar: ¡Vio a un niño disfrazado de robot verde y una bolsa de castañas en la mano acompañado de otro niño con una manta roja y unos zapatos azules de payaso! Prefirió no saber nada del asunto y esperó a que se fueran. Cuando estaba frente a la puerta del castillo cogió el micrófono y gritó: ¡Ya son las once! Y al instante vino una avalancha de gente que salió corriendo por la puerta. A esa hora comenzaban las rebajas en el mercadillo y a los aldeanos de allí a parte de por estar locos se les conocía porque les encantaban las rebajas y aunque no tuvieran nada que comprar o aun rebajado valiera millones de monedas de oro, tenían que dejar el mercado limpio y dejar a los mercaderes sin mercancía (Aunque vendieran comida que no les gustaba o que era tóxica la compraban).


El rey aprovechó para huir, pero cuando dio cinco pasos ya estaban todos de vuelta y algunos habían comprado hasta el solar donde se celebraba el mercadillo. El rey no se asombró de que no tardaran más de medio minuto, pero sí le extrañó que no se hubieran dado cuenta de que era mentira y que solo hubieran comprado 45 empleados (Que no estaban en venta) Como el rey iba disfrazado de espía no le reconocieron. Se fue corriendo antes de que terminaran de hacer el baile de fin de rebajas: Heeeeeeeemos iiiiiiidoo Aaaal mercaaaadoo Ylohemós limpiaaaaoo Y lo repetían 26 veces y luego presumían de sus compras. El rey estaba ya en la muralla cuando terminaron. Por desgracia, un vigilante se acordó de que en la muralla tenía un caramelo guardado y todos le oyeron decirlo. Gritaron tanto que el rey que estaba ya a 577km de allí les oyó. No dio ni medio paso cuando todos los aldeanos le habían pisado y estaban haciendo un concurso de boxeo para quedarse el caramelo. El rey vio el caramelo en una cajita de oro (Porque en esa aldea trataban a los caramelos como a dioses) y lo cogió. Cerró la caja y vio como un mecanismo de fichas de dominó se ponía en marcha y caían todas de una en una hasta llegar a la cola de un tigre. Este rugió fuertemente pero estaban todos tan concentrados pensando cómo hacer trampa que no oyeron la ‘alarma’ y el rey pudo escapar tranquilo.


CAPÍTULO 3: Buscando a don Agustín el ajustadín tirirín torón tarerus.

El rey se quitó el traje de espía una vez fuera del reino. Pasó por una granja y pensó en ir a preguntar dónde estaba el reino más próximo pero vio una vaca y se le olvidó lo que estaba buscando. Entró a la granja y pudo observar que no había nadie. Aprovechó para cabalgar a la vaca. Cuando se cansó esta le dijo: Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Y el rey le contestó: Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu uuuuuu a ti también. Al ver que no había nadie decidió marchar. Para él siempre que había una granja, a 2 metros había siempre un árbol talado para subirse y ponerse a cantar y él ahora tenía ganas de cantar la canción de fin de rebajas típica en su aldea. Cuando veía una granja siempre le entraban ganas de cantar (Pero su radar de escenarios siempre le fallaba y no es una metáfora, es que tiene uno). Se fue corriendo a buscar el escenario cuando oyó un ruido muy extraño: Oink oink El rey se dio la vuelta y vio a un cerdo que le seguía y supuso que le había caído bien porque se le había acabado el pienso. Anduvo con el cerdo unos metros hasta que alguien vino por detrás y le dio un susto y se fue corriendo asustado hasta que se tropezó con el aire y se cayó (Era muy torpe).


El hombre que le asustó le dijo: Hola, soy el mago loco ese del pueblo en el que están todos locos, adoran a los caramelos y en vez de montar a caballo y comer cerdo, comen caballo y montan a cerdo. Me llamo Mar… ¡Carámbanos de hojalata! Pero si es el rey. Soy el único que se dio cuenta de su desaparición, los demás siguen buscando el caramelo. La última vez que pasó eso estuvieron años sin parar de buscar, miraban hasta debajo de la pared. Tienen una obsesión con buscar las cosas allí... Ya tienen las paredes que… La moda es tener los techos tan bajos que tienen que andar como serpientes y con eso te lo digo todo. Bueno pero que me estoy enrollando mucho ¡Anda! Pero si has traído comida. El problema es que está viva. No es para comer, es mi mascota- dijo el rey –se llama Agustín el ajustadín tirirín torón tarerus-. El mago, que en su vida había tenido ocasión de decir su nombre, ya había visto de todo y hacía años que no veía algo fuera de lo normal (Que no hubiera visto ya) El rey y el mago siguieron su camino. Al llegar a un reino que parecía Disneyland, el rey se dio cuenta de que Agustín el ajustadín… había desaparecido y el mago contó hasta tres. Cuando terminó, el rey ya estaba de vuelta y dijo: ¿Y Agustín el ajustadín tirirín torón tarerus? No lo veo. Dieron media vuelta y se fueron a buscar a Agustín… El rey se fue al bosque a buscarlo mientras ensayaba un chiste de un payaso que se llamaba çççççççççççç. Mientras, el mago fue a la granja a remplazar al cerdo y no pudo resistirse a cabalgar la vaca que el rey había saludado antes con un breve muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu después de cabalgarla también.


Llegó el rey a la granja con el cerdo sentado en su cabeza y se encontró con algo típico en su reino: La danza Fokoçiama, que consiste en bailar normalmente pero… ¡Con una vaca encima y un burro mirando! El mago la estaba bailando y cantaba: Lalalalalala, lalalalalita, Soy el maguito herrerito Mar… ¡Carámbanos de hojalata! Eh, si, eh, es que leí en un documental que se atraía a los cerdos así.

CAPÍTULO 4: En Disneyland (versión navideña)

¡Nutrias y carámbanos! ¡La bella durmiente tiene granos! ¡Eso no puede ser! ¡El jorobado de Notredam de ha congelado! Eso era lo único que se oía en aquel reino. El rey, el mago y el cerdo llegaron a la muralla. Allí no había nadie. Entraron. Ese lugar era impresionante: Las calles eran de hielo, las casas eran de hielo, los coches eran de hielo, el castillo de Blancanieves era de hielo y el rey estaba convencido de que las personas también, porque había visto un muñeco de nieve. Al mago no le gustaba porque le daba miedo, pero no quería hacer el ridículo delante del rey como hizo la otra vez que se metió en su baño. Al rey le alojaron en el árbol gigante para reyes de otros reinos,


Al mago en el de magos de otros reinos y al cerdo en el de cerdos de otras granjas. (Allí tenían árboles gigantes para todo). El rey, que le había cogido cariño al cerdo, insistía en que durmiera con él. Al ver que no le dejaban, se presentó ante el rey de allí. Cuando estaba en palacio vio que había por lo menos 58 reyes y cada uno para una cosa. Estaba buscando al rey de la quejas cuando se encontró con una reina sentada en el trono de las quejas y prefirió no quejarse. La reina le preguntó que quería y él tímidamente le dijo: Es que no me dejan dormir con mi cerdo Agustín el ajustadín tirirín torón tarerus. La reina, al oír que traía un cerdo, le preguntó si quería enfrentarse a la bestia de los carámbanos zampa bellas durmientes. Llevaban años buscando a alguien con un cerdo para luchar contra la bestia porque ella temía a los cerdos. El rey se fue y se llevó al mago.

CAPÍTULO 5: La guerra de los gordos y los flacos

Llegaron a un boque, a las afueras de Disneyland. Había un cartel en el que ponía: Aquí vive la bestia. El rey lo leyó y dijo: No estamos buscando a una bestia, buscamos a la bestia. ¡Pero si es lo mismo paleto! Dijo el mago –Como que me llamo Mar… ¡Carámbanos de hojalata! Pero si es la bestia. El mago huyó corriendo, pero el rey se quedó parado pensando: ¿Le gustará a la bestia el gazpacho? ¿Y el cola cao? ¿Y los macarrones?


Pues no lo sé. Pero tampoco me importa ¿Y si le gusta el arroz? Mmmmm… podríamos ser amigos ¿Se llevaría bien con Agustín el ajustadín tirirín torón tarerus? Pues no lo sé. La bestia, al ver al cerdo gritó: ¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!! ¡A! Se fue corriendo a buscar a mago, que no tenía un cerdo y le dijo: ¿Podrías hacerme un favor? Es que hay unos gordos y unos flacos que se pelean y no me dejan dormir, y la cosa parece seria, porque se han hecho unos mini castillitos y dan mucho miedo, y lo peor de todo son los gordos, que se inflan a comer y me escupen encima. Si paras la guerra dejaré de zampar bellas durmientes. El mago aceptó y se llevó al rey. Cuando llegaron al poblado, el mago se quedó solo porque el rey había visto un árbol y se había quedado para intentar atizarle y que cayeran caramelos porque se pensaba que era una piñata. El mago gritó: ¡Paren la guerra! Y les preguntó por qué estaban peleándose. Los flacos les dijeron que los gordos roncaban mucho y los gordos dijeron que los flacos no roncaban. El mago les dijo: Pues es tan fácil como hacer una avalancha de gente en mi aldea: Tenéis que separaros e iros muy lejos gordos de flacos. Un gordo con la cabeza verde por motivos desconocidos le preguntó como se hacía una avalancha de personas en su aldea. Te pones a gritar: ¡Son las once! Cuentas hasta tres y hay una avalancha y luego otra vez y otra avalancha-. Al gordo le gustó la aldea. Al día siguiente, la bestia visitó al rey que seguía con la ‘piñata’ y le dijo: Muchísimas gracias, ahora me pondré a dieta.


Cuando llegaron a Disneyland, le dijeron a la reina de quejas que el problema estaba solucionado y esta le dejó al rey dormir con el cerdo. El mago le dijo a la reina: Si necesitas un mago aquí tienes al mago herrero Mar… ¡Carámbanos de hojalata! Pero si se ha ido. Había dejado un cartel que ponía: Estoy en el baño El mago, que ya casi se le estaba olvidando su nombre, se fue a buscarla a ver si tenía caramelos.

CAPÍTULO 6: El misterio de la ciudad del arcoíris El rey estaba sentado mirando a los enanitos patinando con un abrigo de piel que había comprado en las rebajas. Cuando todos le vieron comprando como se compraba en su tierra se le quedaron mirando. Siempre que hacía algo típico de su reino se le quedaban mirando como si estuviera loco. Le encantaba ver a los enanitos patinando en el hielo, pero cuando se acababa, cogía las llaves y los encerraba. Tenía que venir un guardia a sacarlos todos los días. El mago fue al árbol gigante en el que se alojaba el rey. Se reunió con él estuvieron hablando de que allí no se podía vivir porque hacía mucho frío y ni los abrigos ni las hogueras les calentaban suficiente. Así que decidieron irse. A los dos días vieron un reino aun más extraño que Disneyland. Allí todo era de los colores del arcoíris. Se alojaron en el hotel del unicornio. En aquella ciudad todo era fantasía, y al rey no le gustaba. En la puerta del hotel había un guardia que les obligó a aparcar al cerdo en una plaza del parking. Eso era lo que menos le gustaba al rey, hasta que se enteró que los caramelos estaban prohibidos. Al mago le extrañó mucho e intentó saber por qué.


Fue con el rey a buscar a un aldeano que le dijera por qué estaban prohibidos los caramelos, pero cuando encontró a uno, este se puso a perseguirles por toda la ciudad. Se encerraron en su habitación del hotel y al rato se fue. El mago pensó que estaría prohibido hablar de caramelos. Fue a salir de la habitación y vio que el rey no estaba. Miró por la ventana y vio al rey mendigando un caramelo. El mago bajó inmediatamente pero cuando estaba en el exterior del hotel, no había nadie en la calle. Se puso a buscar por todas las casas, mercadillos… hasta entró en el castillo. Costaba creer que en un reino con tanta fantasía estuvieran prohibidos los caramelos. Pasó una vaca por la calle y no pudo resistirse a cabalgarla. Cuando se le acercó se fue corriendo. ¡Carámbanos de hojalata!- dijo. Todas las calles estaban bacías, las vacas salían corriendo y en todos los letreros ponía: Estoy en el

baño.

Pensó en ir al baño de la estación del tren. Allí había una nota que ponía LETRA P. Pensó que habría algo en el museo rosa de las letras. Fue allí, y encima de la letra P había una nota que ponía: Eres listo. El mago se puso rojo como un tomate y dijo: Mis fans me persiguen. Cuando volvió a ser normal (como era antes porque los único normal que tiene es que come con los cubiertos y en su aldea comen agua y beben lentejas) Estuvo pensando y pensando pero no se le ocurría donde encontrar a los aldeanos.


Se le ocurrió ir al observatorio porque los listos contemplan mucho las estrellas o eso se creían todos (como ninguno era listo no había modo de saberlo) Una vez allí, vio que no había nada: No había cielo, nubes, luz, rosquillas… Se extrañó mucho. Fue a dar una vuelta por el lugar cuando de repente…

CAPÍTULO 7: La fiesta

…Lo que cubría todo salió volando y resultó ser una manta. Detrás había una fiesta de cumpleaños. ¡Era el cumpleaños del mago! Cumplía 50 años y se le había olvidado. Tenían piñata, comida, pelea de alpargatas… El mago disfrutó como si le hubiera tocado la lotería (Porque luego la factura era más gorda que el gordo de la cabeza verde) Estuvieron toda la noche de fiesta y al rey se le escapó el zapato bailando y le dio en la cara a la princesa. Probó suerte con la piñata y se le escapó el palo y de volvió a dar en la cara a la princesa (Estaba de un torpe aquella noche…) Se subió al escenario y gritó: ¡Feliz cumpleaños Mar…! Como se llame. También hicieron piragüismo pero el rey entró en la piragua y se hundió. Trajeron una vaca y el mago fue corriendo a cabalgarla. Les resultaba muy divertido hacer eso.


Estaban todos pasados de rosca cuando el único que estaba en pie dijo: Yo creo que ya es suficiente ¿no? Ya son las 11 de la mañana. (Ya se podían quejar)

CAPÍTULO 8: La huida

Los aldeanos del reino gobernado por el rey Pepe IV habían encontrado un caramelo y pensaban que era el que el rey se comió. Se habían dado cuenta de que el reino estaba desgobernado y fueron a buscarle. Acabaron en la ciudad del arcoíris, donde se alojaba su objetivo aunque ellos no lo sabían. El rey estaba desayunando en el comedor del hotel cuando se encontró con sus súbditos. Estos exigían una explicación. El caballero, otra vez con la armadura oxidada, consiguió calmar a las masas. El rey se puso al cerdo en la cabeza y salió corriendo a la habitación a despertar al mago. El caballero fue visto por una criada del hotel cuando se comía un caramelo y todos los aldeanos fueron expulsados del hotel y si lo volvían a hacer irían a la cárcel. El caballero pensó: Pobre Pepe, habrá vivido un infierno sin poder comer caramelos. El rey y sus amigos tuvieron que huir de la ciudad. El caballero les seguía a escondidas, con su armadura oxidada. Los dos amigos y su mascota atravesaron la muralla y fueron rodeados por todos sus súbditos que les obligaron a volver. El cerdo sacó un caramelo de la maleta del rey y lo lanzó muy lejos.


Al medio segundo ya estaban todos haciendo una pelea de alpargatas para ver quien se quedaba con el caramelo y pensando cómo hacer trampa. Los dos amigos y el cerdo llegaron a otro reino, un reino muy diferente, algo inimaginable, paro para llegar hasta allí tenían que escapar de los criados del hotel que querían la cuenta. Tuvieron que esconderse en un bosque. Vieron un cartel de prohibido entrar y pensaron que allí sería imposible encontrarles pero esa zona estaba a tres pasos y el rey se negó porque estaba muy lejos. Los criados se fueron muy disgustados porque se habían quedado sin sueldo ese mes. Llegó el caballero en busca del rey. Este confeccionó dos vestidos de hierba para no ser reconocidos. Salieron del bosque y el caballero pensó que eran elfos, así que se dedicó a perseguirlos. Llegaron a un bosque en llamas. El caballero les arrinconó. Estaban rodeados de fuego y el cerdo había hecho un amigo. Era un mono. El cerdo le llevó a la salida. El mago pensó que si tuvieran otro caramelo iría corriendo a por él. Pero por desgracia, solo tenían una galleta de oreo, que solo les gustaba a los del reino de los oreomen y a los ompa-lompa. Pasaron el bosque en llamas y llegaron a un lugar donde había un río verde y hierba azul. El caballero les atrapó, pero vio un caramelo y se fue corriendo. El rey caminó hacia aquel reino inimaginable. ¡Era un reino flotando en medio del mar!

CAPÍTULO 9: El malhechor de Baja Mar


Cuando llegaron a aquella ciudad marina pudieron observar que todo el mundo iba vestido de marinero y al rey le llamaban capitán. Se alojaron en un barco verde y rosa. Allí había un comedor enorme. Fueron a buscar la recepción, pero no veían más que un comedor enorme. El mago le dijo al rey: ¿Y no te extraña que en el cartel en vez de poner hotel ponía restaurante? ¿O que solo haya un comedor y una cocina? Una cocinera vio al cerdo revoloteando por la cocina y se puso a perseguirlos. El rey se enteró de que se querían comer a su mascota y se puso a perseguirle con una cacerola. (Solo la quería para llevar algo en la mano porque se acordó de cuando le perseguían los panaderos con un rodillo en la mano) EL mago se fue silbando como si no les conociera. Cuando salió se encontró con una señora gritando porque le habían chillado al oído. Fue a preguntarle a aquella mujer por qué gritaba, cuando a él le ocurrió lo mismo. Cuando salió el rey del restaurante con una camiseta arriba y otra abajo (Metiendo las piernas por las mangas) vio un mocetón que pasaba por su lado, gritándole al oído y saliendo pitando. (Con pitando quiero decir que corría y a la vez gritaba: ¡pi-pi!) El rey se fue corriendo a perseguirle y mientras el mago, se quedo consolando a Maripepa (La señora que le habían gritado primero al oído) De pronto, pasó por allí un señor de negro que parecía ir de incógnito, si no fuera porque llevaba una pipa y unos calcetines azules. Se detuvo ante el mago y le dijo: Hola, soy el sheriff del rancho, que pa-cer zafarrancho mejor en tu rancho. Hay un malhechor en el reino de Bajamar, que si fuera alta mar no tocaríamos el fondo al bañarnos. Quiero que le detengas que a mí me han dado vacaciones. A aquel hombre le seguían todos los ciudadanos que se iban a la playa, y cuando pasaban por delante del mago decían: Es verdad, tienes que detener al malhechor.


Cada uno que pasaba se lo repetía. Cuando pasaron todos, el mago se fue a buscar al rey. Pasó por un callejón, y se encontró con una mujer que le parecía familiar. Se abrió una puerta y allí estaba el rey, que le contó que aquella mujer era la reina de quejas de Disneyland, a quien se quejaron cuando los empleados querían separar al rey y a su cerdo. Ella también había huido de su reino porque estaban todos locos. De repente apareció un hombre muy misterioso, que le gritó en el oído a la reina y se fue corriendo. Por suerte, se tropezó con una piedra y pudieron alcanzarle. Se lo llevaron a casa de la reina, porque con tanto ajetreo, aún no habían encontrado el hotel. Una vez en casa de la reina, interrogaron al malhechor. El rey se puso furioso y le dijo: ¡Cantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! El malhechor se puso a cantar: Lalalalala… Y el rey se puso a bailar al ritmo de la música. (En realidad no quería que cantara de decir la verdad) El mago le dijo que le contara por qué le gritaba al oído a la gente. ÉL le contó que se aburría mucho y no tenía otra cosa que hacer. No le gustaba nada, solo le divertía gritar en el oído a la gente. El cerdo se puso a dar vueltas alrededor de la habitación, y la reina, como se aburría se puso a perseguir al cerdo. El malhechor se echó a reír, se levantó y se puso a perseguir a la reina. El rey, se puso a perseguir al malhechor y el mago, al ver que se divertían fue a perseguir al rey, pero vio que el cerdo iba a por él y se puso delante. Finalmente se hizo un círculo y chocaron con una pared. La reina se dio cuenta de que el malhechor había desaparecido antes de que chocaran. Salieron a la calle y vieron a toda la ciudad y al malhechor persiguiéndose y el rey y el mago, que venían de un reino en el que


cabalgaban vacas y cerdos, a las once iban a las rebajas y lo dejaban todo que parecía que había pasado un mamut gigante y en navidades tiraban los zapatos por la ventana, estos se sintieron como en casa, pero se acordaron de por qué huyeron de sus reinos y se escaparon mientras estaban haciendo el loquis.

CAPÍTULO 10: En el tren del futuro.

Fueron en barco hasta una estación de tren y se montaron en el primero que pasó. Estaban en mitad de un desierto. Cuando entraron en el tren se dieron cuenta de que el viaje duraría días porque había baño, cocina, habitaciones… El rey, que era muy vago (Que era así desde ese momento porque se le había antojado) se echó a dormir. Cuando se despertó, el tren había llegado (Se ve que llevada días durmiendo) y se encontró en un mundo muy extraño ¡Ya se había inventado todo lo que existe en la actualidad! Quedó fascinado al ver una ciudad con edificios tan altos y gente que hablaba muy raro. ¡Estaba en la ciudad de Nueva york! Pero, ¿Qué podía hacer un rey de hace millones de años en el centro de la gran ciudad? No podía entenderse con nadie. Fue a preguntarle a un policía dónde estaba su cerdo. Cuando se le acercó uno, le dijo: Hello. Can I help you? El rey no supo qué contestar y se fue corriendo porque tenía mucho miedo. Se fue a buscar a un sheriff, pero solo veía gente diciendo cosas raras. Se le acercó una chica que iba vestida que parecía un jabalí, le cogió del brazo y le dijo: Come with me, the show is there.


Aquella mujer era de un teatro y le había confundido con un actor y se lo quería llevar al escenario. El rey, se inventó las palabras y le contestó: You are a pig. En realidad, dio la casualidad de que si era inglés y sin darse cuenta, le había llamado cerda. La chica se ofendió, cogió su móvil y se puso a perseguirle con él en alto y le persiguió amenazándole con darle. El rey se metió en la estación del metro y se encerró en un tren que acababa de llegar. La mujer le perdió de vista, pero en el tren había un hombre con una camiseta, con un dibujo de una señal de prohibidos los cerdos y le dijo: Pues a mí me gustan los cerdos y no voy a compartir trasto mágico que se mueve contigo y saltó por la ventana. Allí había una chica vestida igual que la que le había perseguido antes y le dijo no se qué no sé cuantas y se lo llevó a un teatro. Allí, le sacó en mitad de la obra y este dijo: Agusugusu. Y se fue corriendo. Pasó por una tienda de móviles que le llamó la atención. Fue a comprarse uno. Cogió uno y lo llevó a la dependienta. Esta le dijo: Do you want that movile? (¿Quieres ese móvil) El rey volvió a inventarse el idioma y dijo: Glem glupém arusus La dependienta llamó a un amigo suyo que era alemán. (Porque pensaba que el rey también, por las pintas que llevaba) El alemán se le acercó y le saludó, pero el rey seguía sin enterarse de nada. Al fin le contestó: Hau. Y levantando la mano. El hombre creyó que estaba de broma y que estaba saludándole en indio. El rey vio pasar a un niño con un caramelo por el escaparate, tiró el móvil por ahí y se fue corriendo a por él. El niño, al verle, fue a llamar a su madre. El rey aún corrió más.


El niño al llegar a un paso de cebra y ver al rey corriendo como una alpargata cuando le lanzan al aire, se apartó, el rey cruzó y se estampó contra un cristal. (Que le había pasado mucho con muros de piedra en su reino, porque no los veía) El rey vio que no notaba nada y por un momento creyó que se había hecho invencible, pero pasó un hombre que hablaba español y le dijo: ¿Cómo vas a ser tú invencible? Si estás más gordo que un diccionario. Entonces, el rey pensó que como estaba viendo cosas tan raras y gente que habla en otro idioma y no notaba nada cuando se chocaba con el cristal, igual estaría soñando. Entonces llamó a un unicornio, que le llevó al país de Nunca Jamás.

CAPÍTULO 11: La bruja

Cuando el rey se despertó, estaba comiéndose al capitán Garfio. Dice que sabía a limón chispón. El mago empezó a arrepentirse de haber subido a ese tren porque no había iglesia caramelística para adorar a los caramelos y luego zampárselos. El rey, le dio dos besos al cerdo porque le había echado de menos en su sueño. La reina, que estaba acostumbrada a recibir quejas, se fue a recorrer todos los vagones a ver si alguien tenía algo que reclamar. (Solo quería informarse porque se aburría) Llamó a la puerta de la habitación de una señora muy desagradable. Aquella mujer parecía una bruja. Tenía cara de no haber dormido nada.


¡¡¡¡¡¡ESTABA DURMIENDO!!!!!! La bruja le dijo:

A la reina se le echaron los pelos hacia atrás. La bruja muy enfadada le gritó: ¡Pues yo te maldigo! Ala, ya está. Ya te he dado el sermón. La reina le contó al mago lo que le había pasado. El rey, que lo había oído, se preocupó mucho por lo de la maldición. El cerdo estaba comiéndose la cama que el rey le había hecho con mantas y algodón. Mucho algodón. El mago le dijo a la reina que eso de las maldiciones era una chorrada. La reina estaba de acuerdo, pero el rey cada vez tenía más miedo. El cerdo terminó de comerse la cama y se fue a buscar golondrinas por todos los vagones. El rey le advirtió a la reina de que anduviera con cuidado por si le pasaba algo. El mago estaba cada vez más nervioso porque quería rezar a los caramelos. Vino el maquinista, que estaba enganchadísimo a la historia y les había seguido desde Disneyland como si fuera un paparazzi, le dio la razón al rey. El rey se creía famoso. La reina estaba sentada en una silla, cuando de pronto el tren se inclinó hacia un lado y la reina salió volando. El rey le dijo que era por la maldición de la bruja. El cerdo afirmó con la cabeza. Pero el mago y la reina seguían sin darle la razón al rey.


Dejaron el asunto para irse a almorzar con el maquinista (Y el sustituto que había dejado pensaba que estaba en el baño) El rey tomó unas judías con caramelos. (Él insistía en que llevaban caramelos) El mago pidió unas gambas y la reina dos kilos de jamón. Cuando se comió dos trozos se atragantó con el tercero. Casi se le iba por otro lado. Los demás que estaban comiendo en el vagón restaurante le daban la razón al rey, pero la reina seguía insistiendo en que solo eran dos infortunios. Cuando terminaron de devorar y ponerse como búfalos, hicieron una pelea de alpargatas en la habitación. Al rey se le escapó la alpargata y le dio en la cara a la reina. Entonces el mago empezó a preocuparse. El rey se acordó de cuando le pasó lo mismo con la princesa del reino del arcoíris y se puso verde (Porque decía que ponerse rojo estaba pasado de moda) Por la noche, estaban durmiendo todos menos la reina, que se había caído de la cama y estaba sentada en un charco de vino. (No se sabe de dónde había salido el charco) Por la mañana se levantó del charco y fue a buscar a la bruja para que le quitara la maldición, pero era demasiado tarde, porque ya habían llegado una estación y la bruja se había bajado allí. Bajaron los demás, pero no la encontraron, así que… ¡El rey tubo que disfrazarse se bruja y hacer un ritual para quitársela! El mago tenía un maletín con todo tipo de vestimentas, y vistieron al cerdo de sapo y al rey, después, se le antojó disfrazarse de princesa.

CAPÍTULO 12: El caballero de la mesa redonda.


Llegaron andando al primer reino normal que habían visto desde que huyeron del otro. Solo pasaba que no había rey. Estaban tan desesperados por conseguir un rey, que habían decidido nombrar rey al primero que pasara por allí. El rey Pepe y el mago no aceptaron el cargo porque estaban hasta el gorro de huir de reinos. Tuvieron que elegir a la reina, porque el rey no le dejaba al cerdo aceptar. (Porque le apetecía ponerle normas para sentirse como su padre) Después de aquello, a la reina solo le veían cuando quedaban a tomar el té de la locura. Un buen día, (Que era bueno porque había tenido el detalle de saludarles, según el rey) al mago, se le antojó tener una mesa redonda en la casa rosa y roja que se habían comprado recientemente, para poder tomar el té de la locura más ampliamente. Llamaron a un caballero para que les trajera una. Al día siguiente, llegó un caballero a su casa y estuvieron todos un rato sorprendiéndose porque el caballero se llamaba ____________________________________________________________. Estuvieron meses esperando a la mesa, pero no llegaba nunca. El mago ya estaba poniendo torres de galletas redondas en el salón, porque estaba loco por su mesa redonda. Pasaron días, meses, más meses… Hasta que un día, el rey mandó al cerdo con una nota a buscar al caballero de la mesa redonda. El cerdo, después de tres días, llegó a casa con otra nota en la que ponía: Cucu:


Soy ____________________________________________________________ ____ y ya os entregué vuestra mesa redonda hace meses.

pergamino pero bueno… redonda.

Vaya, no he gastado mucho El caballero de la mesa

El rey se cayó de la silla. Era la carta más normal que había recibido en su vida (¿Y cómo serán las otras?) El mago fue a palacio a preguntar por el caballero, pero nadie sabía nada. Al día siguiente recibieron las disculpas del caballero porque se había equivocado de casa y los propietarios estaban de vacaciones y no se habían enterado de nada. El rey aprovechó para decir: Ala pues. Todo terminado. Pero entonces sucedió que…

CONTINUARÁ…

CAPÍTULO 13: Las teorías del chiflado

(Digo yo)


Creo que iba por: Entonces sucedió que… El rey vio una sombra en el cielo que… ¡Se estaba precipitando sobre ellos! El mago pudo contemplar cómo aparecía un hombre muy flaco, solo con un pelo (Que parecía el rabo del cerdo) y con las orejas enormes. Iba todo el rato corriendo y gritando. El rey y el mago se metieron corriendo en casa y se dieron cuenta de que el cerdo estaba en el baño. Al día siguiente, el sol brillaba como en un día de verano, pero solo en el dibujo que estaba haciendo el rey para llevárselo a la modista y que le hiciera una camiseta al cerdo con el diseño que estaba confeccionando en ese momento. El mago, había quedado con la reina en la plaza. Cuando abrió la puerta para salir de la habitación, se cayó hacia atrás del susto que se dio al ver al chiflado del día anterior con cara de ansioso que había pasado la noche en vela esperando en pie delante de la puerta jadeando. Cuando el mago recuperó el conocimiento, se levantó y le dijo: ¿Qué carámbanos de hojalata hace usted aquí? ¿Ha pasado la noche en frente de mi puerta? El chiflado le respondió que tenía que decirle que se iba a caer un meteorito que iba a abrir la boca y les iba a escupir en la cara. El mago no creía que aquello fuera posible y se metió en su casa. Salió por la puerta trasera para evitar al chiflado, pero antes se llegar a la salida se detuvo y dijo: Pero si no tenemos puerta trasera. El rey no pudo aguantarse la risa. El cerdo parecía estarle gritando al chiflado, pero solo estaba pensando en puertas verdes y el ruido lo hacían las tripas del mago. Este fue a tomarse un té, mientras que el rey, que quería ver la cara del chiflado, se decidió a abrir la puerta. Él también se cayó para atrás al ver el careto que tenía el hombre. Cuando se levantó le dijo: ¿Y usted qué hace aquí? ¿Es que quiere ver la mesa redonda? El chiflado le respondió lo mismo que se había dicho al mago.


El rey, que no tenía ganas de discutir, le hizo pasar a la vivienda. El cerdo le dio un beso en la pierna al rey. El chiflado le dijo a este que no quería tomar el té. Solo quería alertarles del meteorito que se precipitaba sobre ellos. El rey, sin hacerle mucho caso, le enseñó el diseño se la camiseta del cerdo. El chiflado se enfadó mucho y le gritó: ¡¿Pero usted está mal del cogorcino cogorciés?! El mago por fin pudo salir a la calle sin ser visto. La mancha negra del cielo seguía allí. El mago pudo observar que la estaba sujetando un palo anclado al suelo. No se habían dado cuenta de que estaba hasta ese momento. EL chiflado, al verlo, dio un brinco y dijo: Aquí estaba mi pelota. Y yo buscándola por todo el reino. Si es que ya me vale.

CAPÍTULO 14: La historia se repite

Mucho tiempo después, el mago y el rey pensaban que sus aventuras ya habían terminado. Pero no era así. Hasta ese momento. Estaban tomando el té de la locura con la reina y Míster Agujas de coser. (Que era una bolita con agujas de coser, que le había hecho el rey al cerdo por su cumpleaños) La reina les contó que ya no quería ser reina, porque se había cansado. El rey le dijo que no era tan fácil dejarlo. Él lo había intentado y le había sucedido de todo. El mago se ofreció para ayudarla a escapar.


La reina estaba decidida a huir. Quedaron al día siguiente, a la misma hora, para escoltarla hasta casa. El rey, que tenía experiencia en huidas, la vistió con un traje de comando como el que tenía él. (Como el rey tenía el tamaño de cinco reinas, tuvieron que hacerse con otro) La reina tenía miedo a ser vista. En su reino le dejaron marchar, pero no todos tienen las mismas leyes. Por la noche salieron todos con la intención de huir con la reina. La huida habría sido fácil, si el rey no hubiera gritado: ¡Vecinos, nos vamos de fiesta! El rey siempre tiene que estropearlo todo diciendo alguna chorrada. Si no lo hace, es porque tiene fiebre. Así en seguida se detecta. Tuvieron que salir corriendo delante de todo el pueblo que les perseguía con zapatos rosas por motivos desconocidos. (Y todos miraron al rey mientras corrían. Ya tenían un sospechoso) El chiflado se subió a un hombre muy alto y desde allí les mandó un beso, porque habían sido los únicos que habían hablado con él en cincuenta años. Una mujer joven se subió encima del chiflado y le tiró una piedra al rey. El rey esquivó la piedra, y el más adelantado del reino pasó al último puesto al tropezar con esta. Incluso les tiraron plátanos. Al final tuvieron que quedarse, pero el rey, que estaba con el mono, diseñó un plan para huir la próxima noche. La reina se cansó de huir y se fue a dormir. A la mañana siguiente, la reina se despertó en un desierto con un cactus que le miraba raro y un escudo redondo tirado por el suelo. Algo había pasado, y a ella le olía a que el rey tenía algo que ver con aquello y a cerdo. El cerdo del rey.


CAPÍTULO 15: En el desierto.

La reina estaba perdida en medio del desierto, intentando descubrir lo que había sucedido y entonces decidió ir a andar a ver si llegaba a algún sitio. Por el camino, se encontró una tienda de campaña sucia y con agujeros recién cosidos. Se notaba mucho que se habían cosido recientemente, porque era la única parte que no estaba gobernada por una araña y un montón de polvo. La tienda estaba desmontada, pero por una parte, alguien la había levantado con clavos para dejar un espacio para hacer una hoguera. Estaba encendida. La reina quitó la tienda y encontró la hoguera y un montón de pescado crudo y un vaso grande de agua. Pasó la noche allí. Al día siguiente encontró dormido en el suelo a un hombre gordo con el escudo que se había encontrado el día anterior a su lado. Cuando este se despertó, la reina le preguntó si él sabía algo sobre lo que le había pasado. Su respuesta fue: Hola, me llamo Sancho Panza y soy el escudero de míster Don Quijote. ¿Es usted la anterior reina de quejas de Disneyland? La reina le dijo que si y le preguntó de qué le conocía. Sancho Panza le contó todo lo que él había visto: Estaba yo sentado en el suelo cuando vi aparecer a Don Quijote por el norte con un rey y un mago. El rey me dijo que te buscara y que estabas en el desierto y me fui a buscarte.


La reina se llevó una gran decepción al ver que Sancho Panza no sabía nada más, pero se llevó más decepción al ver que se había esfumado. La hoguera ya se había apagado y no pudo asar más pescado así que se fue en busca de alguien o algo que no fuera arena y cactus que se miraban muy seriamente. Unos kilómetros más atrás encontró un oasis y se paró a beber. La temperatura era tropical y la reina ya no sabía si estaba en el desierto o en la playa. Siguió andando y se encontró con el mago y el rey que no se acordaban de nada. Les contó lo que ella sabía y se fueron andando. (Pero al rey lo de andar por el desierto le daba mucho miedo porque los cactus eran bordes, y en eso la reina le daba la razón). Mientras caminaban se pusieron a hablar de armaduras modernas y no se dieron cuenta de que habían salido del desierto, entrado en una casa, salido por la puerta trasera y vuelto a entrar en el desierto. Pararon de hablar porque se habían chocado con un camello. -Carámbanos de hojalata –dijo el mago. -Güirivaiba –dijo la reina. -Oink –dijo el cerdo. El rey no dijo nada porque estaba hablando aún, pero de repente se acordó de lo que había pasado al ver al camello:

CAPÍTULO 16: Don Quijote y Sancho Panza

El rey seguía pensando cómo escapar del reino y el mago estaba mimando al cerdo.


Por la mañana llamó Don Quijote a la puerta diciendo: Abre que me aburro como mi burro. El rey le abrió la puerta y le sacó una baraja de cartas a Don Quijote y se puso a jugar con él. Detrás vino Sancho Panza que le enseñó al mago un plan para huir del reino. Se subieron a un carro tirado por tres caballos blancos de Santiago y metieron una tienda de campaña, pescado y… ¡A la reina dormida! (Que al rey le daba pena despertarla). A partir de ahí, el rey no pudo recordar nada más, pero en algún momento saldría el camello. El mago se puso detrás del camello, porque le sonaba haberlo visto antes. El mago miró debajo del camello y vio a… ¡Don Quijote intentando ordeñarlo! El rey le contó lo que había recordado a la reina. Sancho panza estaba comiéndose una chuleta de cerdo. El cerdo del rey se asustó mucho y procuró no acercarse mucho a Sancho Panza. El mago empezó a recordar a partir de donde lo había dejado el rey, al oír el principio de la historia. (Porque no estaba escuchando a Don Quijote): Se fueron con la carreta hasta el desierto, y allí, el rey abrió la puerta de la carreta para tomar el sol, y la reina cayó al suelo con el escudo de Sancho panza. Solo recordó hasta allí. Entonces el mago les contó a todos lo que había recordado. El rey propuso salir del desierto, porque empezaba a hacer calor.


CAPÍTULO 17: El indio mágico.

Llegaron a una casa en la que vivía un indio, que poseía el poder de reflejar el pasado de una persona en una hoguera. El rey le pidió ayuda. El indio les mostró lo que había sucedido en el desierto al bajarse de la carreta: Sancho Panza se sentó en el suelo, y el rey le describió a la reina para que se fuera a buscarla, y mientras, podía comerse la chuleta de cerdo por el camino. (Porque para Sancho Panza, llevar una chuleta de cerdo da buena suerte y aleja a los malos espíritus y a su casero cuando viene a por el alquiler) Después, el mago montó la vieja tienda de campaña, y el rey, que se había traído aguja e hilo, cosió algunos agujeros. Al cabo de un rato, volvió Sancho Panza corriendo y les explicó rápidamente lo que le había sucedido: He encontrado a la reina, pero mientras hablábamos, ha venido un camello corriendo y me ha perseguido. La hoguera se apagó. El indio les explicó que su poder no duraba mucho tiempo, y que ahora tenían que pagarle la sesión. Ninguno tenía dinero, así que tuvieron que salir corriendo. El indio y el casero se Sancho Panza les perseguían (El casero les había encontrado y Don Quijote se había comido lo que quedaba de chuleta de cerdo). El rey vio a un niño con un caramelo y se puso a perseguirle. El niño vio una lagartija y se puso a perseguirla.


La lagartija se metió en los pantalones de un hombre que pasaba por allí, y al ver que el niño le perseguía, se fue corriendo e hicieron todos un ridículo espantoso. El indio se cansó de correr. El casero se paró un poco más adelante y al final se pararon todos y se quedó el rey solo corriendo sin perseguir a nadie y sin ser perseguido hasta perderse en un bosque. El indio retomó la carrera, y tuvieron que trabajar para él hasta que pagaran la deuda (Excepto el rey, que no se volvió a saber de él) Don Quijote, por la noche, se puso a mirar la hoguera, y ésta le reveló el resto de la historia: El camello atropelló al rey y al mago, que perdieron la memoria. A Don Quijote y a Sancho Panza no les atropelló. Ellos se tropezaron con el aire, cayeron al suelo y perdieron también la memoria.

CAPÍTULO 18: Otra huida.

El indio despidió a la reina porque limpiaba mal y contrató a una mujer feísima con la que el mago identificaba al rey. El rey apareció cuatro veces para intentar rescatar al mago, pero sus intentos fueron en vano. Al quinto intento de rescatar al mago, el indio consiguió coger al rey. Un día, la mujer estaba mirando el fuego del indio, mientras que él estaba fuera cogiendo fresas princesas, y el rey y el mago aprovecharon para escapar. Entonces vino la casera del indio y les gritó: ¿Y vosotros quién espantapájaros sois?


El mago se presentó: Soy el mago herrero Mar… AAArgh –dijo la casera –soy el ma… AAArgh –repitieron. Se pasaron media hora gritando todos, pero con más guión: Casera: ¿Y ese bicho rosa qué espantapájaros es AAArgh espantapájaros? Rey: Es mi cerdo espantapájaros AAArgh chispún. Mago: Espantapájaros AAArgh chispún caramelo… Así empezaron una discusión y un juego de memoria. Más tarde llegó el indio y se unió con una frase después del mago: Y nos ponemos a trabajar espantapájaros AAArgh chispún caramelo fresa princesa limón chispón hoya pa’ cocinar rata casamadera cachis pues… Después se incluyó con la misma frase que el indio. Por la noche, el mago y el rey dijeron que se iban a trabajar mientras ellos gritaban, y así salieron por la ventana y se fueron corriendo. El rey se tropezó unas cuantas veces con una piedra, que por mucho que corrieran siempre era la misma piedra. Luego se dieron cuenta de que estaban corriendo en el sitio y el indio les estaba mirando con una cara parecida a esta:

No pudieron huir.


Al día siguiente, el rey, que tenía ya mucha experiencia en huidas, optó por ir a hacer la chupirrecogida de chupifresas, y así, cuando estén fuera, escapar. (Pero con algunas chupifresas para el cerdo) Al mago no le gustó la idea, porque al indio le encantaba la chupirrecogida. Desesperados, fueron a mirar el fuego, a ver si escaparían antes de saldar la deuda. Cuando se sentaron en el sofá, el indio vino con dos sacos, se los dio y les echó de la casa. ¡Ya habían pagado la sesión de hoguera! ¿A qué pintoresca ciudad llegarían ahora? ¿Serían nómadas para siempre?

CAPÍTULO 19: Llegar es inevitable.

El rey y el mago se habían subido al carretabús para llegar al próximo reino. Por mala suerte, (Y porque era el reino más próximo era ese), tuvieron que bajarse allí. Pero no se bajaron en cualquier reino… ¡Se bajaron en el del rey! ¡Estaban en el reino del que escaparon! Se subieron al carretabús, pensando que les iba a llevar a otro sitio, pero no fue así. ¡Aún les acercó más! El rey se coló en el asiento del conductor, pero este le pilló y lo mandó pa tras. Fue como jugar al chocolate inglés. (Y es que lo inventaron ellos en ese momento) El conductor se dio la vuelta, pilló al mago moviéndose y lo mandó atrás. Casi se chocan con otro carretabús, en el que iba una abuela que les gritó: ¡Maleantes, malhechores, heavy metal!


El rey, consiguió llegar al conductor, pero no sabía qué decir, así que dijo: ¡Chocolate! Como el conductor era inglés, el juego se llamó chocolate inglés ¿Cómo creías que se inventó? El carretabús se estrelló al ser distraído el conductor por el rey, y todos, incluso los demás pasajeros, (Que a saber lo que estaban pensando), vieron las estrellas, pero no por el golpe, sino porque había estrellas dibujadas en el techo. Finalmente, no tuvieron otra que bajar en la parada, dentro del reino, con todo el mundo esperándoles muy enfadados. Lo raro era que les recibieron como si solo se hubieran ido de vacaciones. El rey, a todo lo que había pasado respondió: ¿Dónde estoy mejor que en mi casa? Han estado bien las vacaciones. Espero repetir. Y así, se volvió a su castillo, como si no hubiera pasado nada. Les enseñó a jugar al chocolate inglés, que se convirtió en un juego famosísimo. Tras todo eso, volvieron a sus locuras y a representar todo literalmente. (Como por ejemplo, la frase “no das pie con bola”, que la interpretaban dándoles a los turistas pie con bola (Un pie y una bola))

CAPÍTULO 20: El caballero de la armadura oxidada II.

El caballero de la armadura oxidada estaba esperando al rey, porque estaba muy enfadado por el caramelo que les tiró la noche que huyó del reino. El rey le dijo que se lo comió una lagarta que pasaba por ahí, porque ya no se acordaba de nada de aquello.


Un día, el caballero se fue al herrero a que le hicieran otra armadura, a ver si esa no se le oxidaba. Cuando llegó a casa del herrero se llevó una gran sorpresa ¡El herrero iba vestido de mago! El herrero le dijo: ¡Ja, Ja, Ja…! Soy el mago herrero Mar… Se dio la vuelta para mirar de frente a caballero y gritó: ¡Carámbanos de hojalata! ¡Es él! ¡Es el caballero de la armadura oxidada! Siéntate, anda, que te voy a enseñar mi nueva armadura a prueba de ti, y de tu mala fama de oxidaarmaduras. Estaba ansioso por hacer una armadura que nadie pudiera oxidar. Entonces, apareció el rey con una armadura oxidada y le dijo al mago: ¡Lo he conseguido! ¡He conseguido ser como él! ¡Tengo la armadura oxidada! El mago le dio su armadura nueva al caballero y se sentó a hablar con el rey. Este le dijo que se había hecho caballero porque quería ser como el caballero de la armadura oxidada. Pasó todo el día con su modelo. Cabalgaban las vacas juntos, cuidaban al cerdo juntos, comían juntos, rezaban juntos el Caramelito de mi vida… Al final, el caballero se cansó de que el rey le siguiera a todas partes y cuando estaban en la muralla jugando a los visitantes que viven en veinte países a la vez, y el rey hacía de loco que se esconde del aire, el caballero aprovechó y se escapó. El rey, salió de la alcantarilla amarilla (que era amarilla porque según el rey, era Homer Simpson), y se fue corriendo a buscar al mago, porque pensaba que el caballero había pensado que él ya estaba preparado para ser el caballero de la armadura oxidada II, y se había emocionado. Al día siguiente, se cansó de hacer el caballero y volvió a su castillo. Pero ese no fue el final, aún tuvo más aventuras y más tejemanejes.


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El caballero de la armadura oxidada  

Historia escrita por Oscar J.

El caballero de la armadura oxidada  

Historia escrita por Oscar J.

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