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LETRAS

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Titulo original cle b obra: DecClmeron

INTRODUCCION Dis~110 cle cubierLl: Diegu LIL\ I1L1str~\ci()n. de cubierta: Dionisio Si\\\(m

Res~rvaclos lOc!oS \o,'i c!erechos. De conl'ormidad l')ll \0 dispueslo

en el art. 55-I-his del C6cligo Penal vigente, l'oelL'lll scr castigados

con pcnas de mulu y rrivaci()l\ de liherlad qUielWS rcl'roclujeren

o plagiaren, en todo 0 en parte, 1I11:\ ohra lilcr:II'i~l, artlstica

o cientifiCI fijacla ('11 cualquier tipo ell' ,..,( 'porte

sill I:t preceprivu :\uloriz:lci(m.

Š Ecliciones Ciledra, S. A., 199"1

JlI~l11 Ignacio Luca de T~na\ ]"i. 2H027 0Lldricl

Deposito legal: IV!. 15S'i l-199~1

l.S.I1.N.: H4-376-l2 cJJ-l

Printed ill Spain

[mpreso en Graficas R6gar. S. A.

Pol. Ind. Coho Calleja. Fuenlabrada (i\hclriclJ

A mi madre


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OMIENZA i:L LIBRO LLAMADO DECAMERON', DENOMINADO PRINCIP

GALEOTO', EN EL QUE SE CONTIENEN CIEN

CUENTOS.I NA IZRADOS EN DIEZ DIAS POR SIETE SENORAS Y POR

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TRES 10VEN ES. 1 SegUn las lxigencias literarias medievalcs, el titulo debia sintetizar el contenido y (I significado primordial del libro, como parte inicial de su estructura. 1: I autor, siguienclo el tipo de ti tulo acloptado pOl' san Am­ brosio, que a S1.I vez ser:,'uia a san Basilio, para aludir a los seis dias de la creaci6n (liexa;;leron, deformaci6n de ((hexaemeron») parece haber que­ rido subrayar ell su titulo la duraci6n de diez dias (bEXtX TJ!J.EPWV) que los j6venes del ma ICO habrian vivido narrando, creando con su narraci6n en esos dias un determinado tipo de vida, un ideal de conducta que se presenta aqui, (Iln el titulo, como la hase ideol6gica,del libro. 2 Si atendel1llls a los muchos servicios que por amistad el caballero Galehaut Ie hilC) a Lancelot, el significado de este subtitulo apuntaria a la ayuda consoLiloria que el libro pretende prestarle a las mujeres en a­ moradas. Si en cambio atendemos a la funci6n de intermediario que Ga­ lehaut cumplic) en los amores entre Lancelot y Ginebra, el subtitulo apuntaria a la funci6n de estimulo que ellibro podria tener para las lec­ toras en sus aSlil1 tos amorosos, tal como Dante interpreto mencionando a Galeoto el IIJ/(!'t1o, V, vv. 137 ss., donde Paolo y Francesca se habrian dejado estimula I porIa lectura del Lancelot du lac que habria funcionado de intermediarin amoroso. A estas dos funciones (ayuda y consuelo, por un lado, y estilTllIio y acicate pOl' otro) se une la funcion polemica y mas compleja con qlle L. Battaglia Ricci ha interpretado el sentido de este subtitulo. Vel' "Cognominato prencipe Galeotto», en su Ragionare nel giardino, Roma , :~alerno cd., 1987, pags. 179-198. 1 Como l'ecucrda P. Zumthor (Essai de poetique medievale, Paris, Du Seuil, 1972, p<ig 392), el termino frances nouvelle es frecuente en el fran­ ces del siglo Xl [ como califtcativo (de chanson, conte, 0 terminos semejan­ tes). Yen el provenzal del siglo XIII el termino nova se sustantiviza para designal' un l'eLl1 0 tradicional remozado. De agui vendria el Italiano no­ vella que ya se aclopta en el titulo de la mas antigua coleccion de cuentos medievales italIC' nos, el Novellino, y de aqui su adopcion por Boccaccio para designar e 1 nuevo genero que el forja y que yo, no obstante, traduz­ co no par novel] (para evitar equivocos de generos) sino por CIlento.

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PROEMIO cosa es tener compasl0n de los afligic1us; y aunque les conviene a todos sentirla, se le', exige especial mente a aquellos que en al­ gu 11 tiempo tuvieron menester de consuelo y J() cncontraron en los demas 4 ; y si alguien hubo alguna vel: necesitado de eJ 0 Ie fue grato 0 logro obte­ ner sus benefic)(l.S, yo soy uno de esos. Porque desde mi temprana juventucl hasta ahora, habiendo estaclo sobremanera encendido de ckvadisimo y noble amor, acaso mueho mas de 10 que a mi h:lja condieion parecia eonvenirle, aunque 10 diga yo mismo, '·1 bien quienes eran diseretos y Ilegaron a sa­ berlo me elogiasl:n y me tuviesen por ello en alta estimaS, no deja de ser para rni grandisimo esfuerzo sufrirlo, no eierta­ mente por la eruddad de la amada, sino par el exeesivo fue­ go que el desordc:nado apetito eoncibi6 en mi mente; el eual, LJI\L\NA

4 Este solemne p<irrafo que abre el lihra adecuadamente, y que ya analizara P. Bemho en sus Prose della volgare lingua (libro XV, pag. 333, ed. M. Marti, Florencl.l, Sansoni, 19(1), se reproduce casi literalmente al inicio del capitulo ',55 del Tirant 10 Blanc, en la «Replica que dio Placer­ demivida a Tirantt''', como una de las muchas muestras de intertextuali­ dad que de modo! Iteral se producen en el texto de Martorell. 5 Uno de los pnceptos recogidos y razonados en el tratado De amore de Andres el Capel hn es precisamente la posihilidad que el hombre tie­ ne de amar a una [11 ujer de mas elevada condicion social, apoyandose en como el hombre IH: noble de nacimiento pucde por su noblcza de espiri­ tu lIegar a hacersc Il1crecedor del amor de una dam a, con el consiguiente e1ogio de los dem,i, Ver los epigrafes «Loquitur plebeius nobili» (pagi­ nas 44 y ss.) y «Loquitur plebeius nobiliore feminae» (pags. 60 y ss.) de la ed. de S. Battaglia, Roma, Perrella, 1947, por la que cito.

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como en ningUn razonable limite me dejaba estar satisfecho, muchas veces me hada sentir mas dolor del que era necesa­ rio. En este dolor me procuraron entonces tanto alivio las gratas consideraciones de alglin amigo y sus loables palabras que creo firmemente que gracias a elias ha sido por 10 que no he muerto. Mas segUn quiso Aquel que, siendo infinito, les dio a todas las cosas mundanas por ley in mutable el tener fin, mi amor, mas ferviente que ningUn otro y al que ninguna fuerza de voluntad ni de coosejo ni de vergiienza evidente ni peligro que pudiera seguirle Ie habia podiclo ni romper ni do­ blegar, por S1 mismo con el paso del tiempo disminuyo de tal suerte que ahora solo me ha dejado de SI en la memoria ese placer que suele ofrecer a quien, navegando, no penetra de­ masiado en sus mas profundos pielagos; por 10 que si antes resultaba doloroso, al despejarse todos sus afanes, siento que se ha vuelto agradable. Pero aunque el dolor haya cesado, no par ello se ha des vanecido el recuerdo de los bienes entonces recibidos, otorga­ dos por quienes al ofrecerme su benevolencia se apiadaron de mis males; y creo que nunca se borrara, salvo con la muer­ teo Y como la gratitud, segUn creo, es la mas elogiable de todas las virtudes, y su contraria la mas reprobable, para no pa­ recer ingrato me he propuesto a mi mismo, en 10 poco que me sea posible, a cambio de 10 que he recibido, ahora que puecio decirme libre, prestarles algUn alivio si no a quienes me ayudaron, que por ventura gra.cias a su buen juicio 0 a su buena suerte no 10 necesitan, al menos a aquellos que 10 pre­ cisan. Y aunque mi apoyo 0 consuela, si queremos llamarlo asi, pueda ser y sea muy poco para los necesitados, no obstan­ te creo que debe ofrecerse mas bien cuando la necesidad pa­ rece mayor, porque sera mas util y tambien porque resultara mas preciado. ~ Y qU1en negara que, sea como sea, no convenga mucho mas ofrecerlo a las bellas senoras 6 que a los hombres? Ellas, en sus delicados pechos, por temor 0 por vergtienza tienen las amorosas llamas ocultas, que quienes las han probado sa­

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ben cuin mayol fuerza poseen que las visibles 7 ; y ademas, obligadas por 10:; deseos, los gustos, los mandatos de sus pa­ dres, de sus mad res, de sus hermanos y de sus maridos, pasan la mayor parte del tiempo encerradas en el pequeno rednto de sus alcobas, :,entadas y ociosas, queriendo y a la vez no queriendo, y ca \ ilando sobre diversos pensamientos que no siempre pueden ~;er a\egres. Y si a causa de estos 1es invade la II mente alguna trlsteza provocada por un ardiente deseo, con gran dolor debe permanecer en ella si no la desplazan nuevos pensamientos B; "in contar con que elias son mucho menos fuertes soporta1lClo que los hombres; 10 cual no les sucede a los hombres enal11orados, como podemos ver abiertamente. ElIos, si alguna iristeza 0 pensamiento penoso les aflije, tie- 12 nen muchas rna Ileras de aliviarlo 0 superarlo, ya que a ellos, si quieren, no se les priva de ir de un lado a otro, de ver y oir muchas cosas, !Jracticar la cetrecia, cazar, pescar, cabalgar, jugar 0 comerc i:l r; por cuyos medios todos logran distraerse y, parcial 0 totall11ente, liberar su animo del doloroso pensa­ miento al menu'; por algOn tiempo, tras el cual, de un modo u otro, 0 acucle el consuelo 0 el dolor disminuye'J.

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6 Ver 10 que ya he dicho en mi introducci6n a los criterios de esta traducci6n.

., Era preccpto del amor cortes eJ mantencrJo oculto para avivarlo y evitar que con la nUloriedad se disipara; pero aqui el autor, una vez apo­ yado en la tradiciclll literaria, se dcsliza cnseguida hacia un plano mas real, sumergiendm;' de Ilena en la realidad social de la epoca al enfocar al tipo de mujer elc)'.ida como receptora ideal dellibro en su realidad his­ torica y cotidiana. B Denunciando una situacion social injusta para la mujer, y despla­ zandose a sus sent 11 ilientos, el autor convierte al hipotetico lector impli­ cito que todo tex[(' posee en una lectora mucho mas real, que casi ad­ quiere rango de pn'ragonista, enfocada casi en primer plano en la sole­ dad de su alcoba, Cfl su necesidad de consuelo afectivo. Con ello se con­ sigue un gran avalFC semiotico, que activa con fuerza el canal de comu­ nicacion entre el all tor y ellector, que encuentra en esas lectoras un ade­ cuado modelo de rccepcicm. 'J A la vida OCiO\,1 a la que se condenaba a la mujer en la epoca se opo­ ne la gran actividad que el hombre podia en cambio desplegar; con este brusco contrastc 1.1> situaciones sociales, tornado de un pasaje ovidiano casi identico (Herou!as, XIX), el autor establece uno de los mas s61idos pilares de su ideolo\"ia social, su marcado feminismo, que no es solo fro­ to de la lectura de ()vidio 0 de Maria de Francia, sino un sentimiento muy arraigado en su moderna mentalidad, y por donde ademas canaliza su deseo retorico ele conectar con sus receptores.

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Por consiguiente, para enmendar al menos por mi parte 13 en algo el error de la fortuna que fue mas parca de ayuda donde menos debia, tal como vemos en las delicadas senoras, para socorro y refugio de las que aman, pues a las otras les basta la aguja, el huso y la devanadera 1(1, pretendo narrar den cuentos, 0 fibulas, 0 parabolas 0 historias como queramos lIamarlos II, narrados en diez dias por un honesto gropo de siete senoras y tres j6venes en el pestilencial tiempo de la pa­ sada mortandad, y algunas cancioncillas cantadas por dichas senoras a su elecci6n 12. En esos cuentos se verin agradables y 14 asperos casos de amor y otros fortuitos acontecimientos su­ cedidos tanto en los tiempos modernos como en los anti­ guos; de los que las mencionadas senoras que los lean podrin tener tanto deleite de las cosas placenteras mostradas en ellos como util coosejo para poder distinguir 10 que hay que re­ huir y 10 que igualmente hay que seguir l1 ; 10 cual no creo que pueda ocurrir sin que cese Sll dolor. Y si ello sucede, que 15 Dios quiera que asi sea, Ie den gracias a Amor, que liberan­ dome de sus ataduras me ha concedido poder atender a sus deseos 14. 111 Parecen ser dos los objetivos de esta distinci6n: diferenciar niveles sociales (las que trabajan y las que cultivan 1m sentimientos, eJ artesana­ do y la burguesia) y connotar positivamente a las que se dedican a amar, calificando en cambio como pobres de espiritu a las que solo se ocupan de las faenas domesticas. 11 Como en el prologo al Roman de Renard, esta diversidad de denomi­ naciones que permitia el genera «relato» c1enuncia la inestabilidad terminol6gica y la amplitud del genera, manejado con toda Iibertad. 12 EI termino canzonetfa, en realidad, debe designar a la canci6n de arte menor, que era una alternativa mas ligera a la solemne canci6n de endecasilabos. Pera aqui el termino es sin6nimo de composici6n, en sentido amplio, porque ademas la forma metrica utilizada es la de la ba­ lada, no la de la canci6n. Y, como sefiala Branca, s610 siete las cantanin las j6venes, y eJ resto 10 haran los j6venes. Esta imprecisi6n pod ria de­ berse a un prayecto inicial del Iibro aun no bien perfilado. 11 La tradicional fusi6n deleite-placer no podia estar ausente en este proemio donde se sintetiza con toda exactitud el pragrama ideologico­ estetico-literario del libro. 14 Dentro de la funcion estructuraJ que se le asigna a este proemio, esta su sintetizar contenidos, su precisar la c1uracion de los hechos, la alusion a sus protagonistas, a los temas abordados en el libra, con la mendon a su utilidad para el receptor, apuntando pues a los elementos esenciales que despues se van a desarrolJar en el.

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OMIENZA 1.\ PRIMERA JORNADA DEL DECAMERON EN LA I

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CUAL, TR\S LA EXPLICACION DADA POR EL AUTOR SOBRE

LA RAZON POI< i.A QUE ACAECIC) QUE ES/IS PERSONAS QUE AHO­

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RA SE PRESENT IN SE REUNIERAN A CONVERSAR ENTRE sf, BAJO EL MANDATO Ill' PAMPINEA SE TRATA DE AQUELLO QUE A CADA UNO

MAs LE AGRADA'.

1 Esta prime ~,\ jornada, como la novena, tienen tema libre, y esa li­ bertad cump1e 1I! Ll clara funci6n de distension en dos momentos espe­ cialmente re!ev,1'ltes de la estructura, como son el inicio V el final casi del libra; pero UI' analisis mas preciso y global de sus cuent~s nos permi­ te sefialar como lema aglutinador el arte de narrar que es clave del exito de la actuaci6n Inlmana, adelantandose al planteamiento de la VIJorna­ da; de hecho 10 confirma explicitamente eI enuneiado de sus rubricas: «can una falsa 'imfesi6n», 1; «con un cuento», 3 y 7; «reprendiendo oportunamente», 4; «con unas amables palabritas», 5; «can un dicho ocurrente», 6; «e'm sutiles palabras», 8; «al reprenderle», 9, Y todo ella dentra de la fuerte crttica anticlerical que esta jornada predominante­ mente supone, \' er la valoraci6n de la ;ornada de M. Picone, «L'autore allo specchio (]C.ll 'Opera», en St"di sui Boccaccio) XIX, 1990, pagi­ nas, 28-36.

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I. !

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Marco narrativo de la primera jornada.

mas reflexiono, graciosisimas senoras, sobre 10 compasivas que sois todas por naturaleza, mejor comprendo que la presente obra tendri, a vuestro juicio, penoso y triste principio, como 10 es el do­ loroso recuerdo de la pestifera mortandad pasada, universal­ mente danina para todo eI que la vio 0 supo de ella de otro modo, que esta lleva en su comienzo. Mas no quiero que os asuste por ella seguir leyendo, como si tuvieseis que ir leyen­ do siempre entre suspiros y entre higrimas. Este horrible comienzo os resultad. como una montana aspera y empinada para los caminantes, tras la cual se halla oculta una hermosi­ sima y deleitable lIanura que sed. tanto mas grata cuanto ma­ yor haya sido la dureza de la subida y del descens0 2• Y como al final de la alegria lIega el dolor, as] las desdichas se acaban con el gozo que les sigue 3. A esta breve molestia (digo breve pues se contiene en pocas palabras) Ie sigue de inmediato la dulzura y el placer que antes os he prometido y que tal vez no se esperaria de un inieio semejante si no se hubiese anuneia­

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2 Se instala aqui, y se repite en lugares decisivos del libra, una este­ tica e ideologia muy particular de 10 altolbajo, donde 10 bajo seria 10 connotado posillvamente, de espaldas a una larga tradici6n fo1c16rica; con ello el auto I' valora 10 terrenal, 10 material, en oposici6n, consciente o no, a la simbologfa tradicional de 10 elevado como espacio trascenden­ te e imagen simh6lica del cosmos. Ver para esto ultimo, M. Eliade, EI milo del elerno relorno, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1984, en especial pags. 14 y ss. ., Se sigue la sentencia biblica de Proverbios, XIV, 13: «Aun en la risa hay aflicci6n de coraz6n, y a la alegria sucede la congoja» (Las citas bibli­ cas praceden siempre de la ed. de E. Nacar y A. Colunga, Madrid, B.A.C, 1988). El t6pico de comenzar con algo triste para Ilegar a 10 agra­ dable esta tambien al inicio de la Divina Commedia (V. Branca). [ II

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I do. Y en verdad, si hubiese podido guiaros adecuadamente 7 por otra parte a donde deseo, en vez de por un sendero tan as­ pero como sera este, 10 habria hecho gustoso; pero como la razon por la que sucedio 10 que se leer,) a continuacion no se podia demostrar sin este recuerdo, casi obligado por necesi­ dad me dispongo a escribirl04. Digo, pues, que los afios de la fruci i~-era Encarnacion del 8 Hijo de Dios 5 habian llegado ya al nUI11ero de mil trescientos cuarenta y ocho, cuando a la egregia ciudad de Florencia, mas hermosa que ninguna otra de Italia, llego la mortifera peste; que 0 por obra de los astros celestes 0 por nuestras ini­ quidades, enviada por justa ira de Dim sobre los mortales para nuestra enmienda(', tras comenzar unos afios antes en los paises orientales, y tras privarles de una innumerable cantidad de vidas, propagandose sin cesar de un lugar a otro, se habia extendido miserablemente 7. Y como no valia contra 9 ella saber alguno 0 remedio humano. aunque limpiaran la ciudad de muchas inmundicias quiencs habian sido oficial­ mente encargados de ello y se prohibiera entrar en ella a 4 Tanto en el Proemio como en esta Introdllccion eI ritmo de 1a pra­ sa y su configuraci6n sintactico-mcl6dica son cl resultado de un cuidado trabajo de autentica marqueteria en funci6n de Ia solemnidad yelocuen­ cia que cI momento requicrell, aunque muchu;; de cstos aspectos se pier­ ~~n en la traducci6n. 'j «Segtin el estilo florentino, eI ano se hac ia comenzar no en la Nati­ vidad sino en la Encarnaci6n 0 Anunciaci6n (25 de marzo): la peste co­ menz6 en Florencia al inicio de abril» (Y. I-\ranca). Para las posibles fuentes literarias de la peste, sohrc 10 que tantu sc ha escrito, ver sobre todo Y. Branca, «Un modelo medievale per I'lntroduzione», en su Boc­ caccio medievale, Florencia, Sansoni, 1970, pfi,ljS. 301-307, ademas de la amplia anotaci6n cle su edici6n. 6 Como nos recuerda L. Battaglia Ricci los predicadores desde el pul­ pito debieron insistir en esta idea de considerar la epidemia un azote di­ vino contra la maldad humana. 7 Es sabido que este tipo de epidemias se hahia venido contagiando a Europa desde la India, cI sur de China, etc., donde eran mas frecuentes los focos endemicos. Y la via de contagio fue, sabre todo, el comer­ cio maritimo, a traves de los barcos (yen especial de sus ratas) que, atra­ cando en otras puertos, propagaban vertiginosamente la enfermedad. Esta epidemia parece ser que se transmiti6 it Europa desde unas naves que, procedentes de Siria, desembarcaron en puertos sidlianos en 1346, y hacia marzo del 48 1a enfermedad se extendia por toda Florencia.

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cualquier enferrno y se dieran muchos titiles consejos para mantener la higiene, y no valieran tam poco las humildes ro­ gativas que elevaran las personas devotas de Dios hechas con procesiones no una sino muchas veces y con otros medios, casi al principiu de la primavera de dicho ano comenzo ho­ rriblemente y de manera sorprendente a mostrar sus doloro­ sos efectos H• Y 110 como habia sucedido en Oriente, donde a todo el que Ie salia sangre de la nariz era para el signa evidente de muerte segura, sino que en su comienzo a los varones e igual­ mente a las hernbras les nacian en la Ingle 0 bajo las axilas unos bultos, algunos de los cuales crecian como una manzana mediana, otros como un huevo, unos mas y otros menos, que las gentes llamaban bubas'J. Y desde las dos partes del cuerpo indicadas, en puco tiempo, las ya dichas mortiferas bubas co­ menzaron a nacer y a crecer indistintamente en cualquier parte del cuerpo; y tras esto los sintomas de dicha enferme­ dad comenzaron a convertirse en manchas negras 0 lividas que a muchos les sal ian en los brazos 0 por los muslos y en cualquier otra parte del cuerpo, a unos grandes y escasas y a otros pequefias y abundantes 10, Y como el bubon habia sido HAlo largo de la historia sed. hahitual que 1a ignorancia y el fanatis­ mo popular contribuyan a la propagaci6n de estas epidemias masivas. Siglos despues de csta peste florentina, en la AndaJucia de 1800 y duran­ te la epidemia de fiebre amarilla que se extendi6 por Sevilla y Cidiz, «los indigentes quedahan en la ciudad sin mas recurso que implorar el auxi­ lio divino organizando procesiones y rogativas que, por las aglomera­ ciones que fomentaban, no hacian sino propagar mas eI contagio». Cfr. A. M. Bernal, «I-lacia la formaci6n de la Andalucia actuah" en Histona de Andalucia, vol. V[I, Madrid, Cupsa-Planeta, 1981, pag. 102. ~ EI autor describe con gran exactitud los sintomas y proceso de la peste bub6nica 0 ganglionar, que constituye el 80 por 100 de los casos de peste y cuyo primer sintoma evidente es, en efecto, la hinchaz6n de los ganglios linfaticos regionales en axilas e ingles (vcr las noticias medicas de todo ello, por ejemplo, en P. Ferreras Valenti, Medicina interna. Com­ pendio practico de patologia medica, Barcelona, ed. Marin, S.A., 6." ed., pags. 1650- 1651). La cxactitud descriptiva del escritor ratificaria, ademas de su apoyo en textos literarios (la Historia langobardorum, 1l,4-S, de P. Diaco­ no) la visi6n directa que eI autor tuvo del desolador espectaculo. 10 En eI cuadra sintomatico de la enfermedad, «la difusi6n del agente desde los ganglios a las vias linfaticas de la piel determina en el 5 por 100 de los casos eI brote de mane has cutaneas hemorragicas, rojoazuladas», Ver P. Ferreras Valenti, op. ctf., pag. 1651.

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al principio y era aun indicio seguro de rnuerte futura, tam­ bien 10 eran estas a quienes les aparecian. Para curar tal enfermedad ni consejo de medico ni poder 13 de medicina alguna parecia que sirviese ni aprovechase; es mas, 0 porque la naturaleza del mal no 10 permitiese 0 por­ que la ignorancia de guienes medicaban (cuyo mimero, apar­ te de los medicos, se habia hecho grandisimo tanto de muje­ res como de hombres que nunca habian recibido ensenanza alguna de medicina) no supiese de donde procedia y por con­ siguiente no se Ie pusiese el debido remedio, no solo eran po­ cos los que sanaban, sino que casi todos hacia el tercer dia de aparecer los mencionados sintomas, quicn antes y quien des­ pues y la mayoria sin fiebre alguna u otra complicacion, ma­ rian, Y esta pestilencia fue mas virulenta porque prendia de 14 . los enfermos en los sanos con los que se comunicaban no de otro modo a como 10 hace el fuego sobre las cosas secas a grasientas cuando se Ie acercan mucho. Y el mal fue aun mu- 15 cho mas alIa porque no s610 el hablar y cl tratar con los en­ fermos les producia a los sanos la enfermeclad 0 les causaba el mismo tipo de muerte, sino que el tocar las ropas 0 cualquier otra cosa tocada 0 usada por los enfermos parecia transpor­ tar consigo la enfermedad al que tocaba i I. Lo que voy a decir 16 es tan asombroso de oir que si los ojos de J11uchos y los mios no 10 hubiesen visto apenas me atreveria a creerlo, y menos a escribirlo, aunque 10 hubiese oido de alguien digno de Fe. Digo que el tipo de pesti1encia descrita Cue de tal virulencia 17 al contagiarse de unos a otros que no soJamente se transmitia

de hombre a hombre, sino, 10 que es mis, y esto ocurrio mu­

chas veces y de manera visible, si la cosa del hombre que ha­ bia estado enfermo 0 habia muerto de esta enfermedad la to­

caba otro animal distinto a la especie humana no s610 Ie con­

tagiaba la enfermedad sino que en muy poco tiempo 10 mata­ ba. De 10 cual mis ojos, como se acaba de decir, tuvieron un 18

II La ignorancia que se tenia sabre la enfermeclad, que ha persistido casi hasta eI siglo pasado, la contlrma el propio escritor al omitir las cau­ sas reales de su propagaci6n, que se produce sabre todo par contagia a traves de los esputos y mediante las ratas u otros roedores y panisitos como la pulga de la rata, can sus picaduras y sus heces fecales.

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dia, entre otros, semejante experiencia: que estando tirados los harapos de un pobre muerto de esta enfermedad en la via publica y al tropezarse con ellos dos cerdos y estos, segtin acostumbran, cogi(~ndolos primero con el hocico y luego con los dientes y sacudiendoselos en el morro, poco tiempo des­ pues, tras algunas convulsiones, como si hubiesen tomado veneno, ambos cayeron muertos al suelo sobre los funestos harapos 12. Por estas cosas y por otras muchas semejantes a estas 0 mas 19 graves, a los que quedaban vivos les asaltaron varios temores y suposiciones, y casi todos tendian a un mismo fin muy cruel, el de esquivar y huir de los enfermos y de sus cosas; y haciendo esto cada cual crcia lograr salvarse a si mismo. Y habia unos que opinaban que vivir moderadamente y abs- 20 tenerse de todo 10 superfluo ofrecia gran resistencia a este mal; y reuniendo a su grupol1 vivian apartados de todos los demas, recogiendose y encerd.ndose en las casas donde no habia ningtin enfermo y se podia vivir mejor, tomando ali­ m'entos delicadisimos y 6ptimos vinos con suma templanza y huyendo de todo cxceso, sin dejar que nadie les hablara y sin querer tener noticia alguna de fuera, ni de muerte ni de en­ fermos, se distraian con la musica y los placeres que po­ dian. Otros, llevados por una opinion diferente, afirmaban 21 que el beber mucho y el gozar y el ir por ahi cantando y dis­ frutando y el satisfacer el apetito con todo 10 que se pudiese y retrse y burlarse de 10 que ocurria, que esa era la medicina mas eficaz para tanto mal; y tal como 10 decian 10 llevaban a cabo si podian, yendo de dia y de noche de una taberna en otra, bebiendo sin tiento y sin medida, y haciendolo sobre todo por las casas djenas, con solo sentir que algo les agradaba o se les antojaba. Y pod ian hacerlo ficilmente, pues todos, 22 como si no fuesen a vivir mas, habian abandonado tanto a si mismos como a sus cosas; por 10 que la mayor parte de las ca­ 12 Par la transmisl()n a traves de la piel y de los panisitos de que nos hablan los tratados medicos se confirma plenamente esta posibilidad. 13 EI original dice «fatta lor brigata». Esta costumbre de reunirse en grupos a pandillas de amigos era alga muy arraigado en los hibitos so­ ciales florentinos, de.! mismo modo que se atestigua tambien en la obra juvenil de Boccaccio (Pi/ocala) en la socip.dad napolitana.

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sas se habian vuelto comunes, y las usaban Jos extranos, con solo tropezarse con elias, como las habria usado su propio duefio; y a pesar de ese comportamiento bestial, siempre que podian huian de los enfermos 14. Y en tanta afliccion y deso- 23 laeion para nuestra eiudad estaba la rcspetable autoridad de las leyes, tanto divinas como humanas, casi toda abatida y destrozada par los ministros y ejecutores de las mismas que, igual que los demas, todos estaban muertos 0 enfermos 0 se habian quedado tan faltos de servidumbre que no podian de­ sempenar oficio alguno, por 10 que a todos les era licito ha­ cer 10 que les venia en gana. Otras muchos, entre los dos ya 24 dichos, observaban una via intermedia, sin privarse de los manjares como los primeros ni excedcrse en las bebidas y en otras libertades como los segundos, SillO que se servian de las cosas 10 suficiente segUn sus apetitos y sin encerrarse iban de un lado a otro, llevando en la mano unos flores, otros hier­ bas aromaticas y otros diversos tipos de cspecias, y se las lIe­ vaban con frecuencia a la nariz creyendo que era muy bueno tonificar el cerebro 15 con esos olores, por la razon de que todo el aire parecia impregnado y maloliente por el hedor de los cuerpos muertos y de las enfermedades y de las medici­ nas. Algunos eran de parecer mas cruel, aunque fuese tal vez 2S mas seguro, diciendo que no habia una medicina mejor ni tan buena contra la peste que el huir de delante de ella; e im­ pulsados por este razonamiento, sin ocuparse de nada mas que de sf mismos, muchos hombres y ll1ujeres abandonaran su propia ciudad, sus propias casas, sus posesiones, a sus pa­ rientes y sus cosas, y buscaron las ajenas, 0 al menos el cam­ po, como si la ira de Dios para castigar Irts iniquidades de los hombres con aquella pestilencia no fuese a caer donde estu­ viesen, sino que, excitada, fuese a azotar solamente a los que se encontraban dentro de las murallas de su ciudad, 0 como si pensasen que no iba a quedar nadie en ella y que habia lle­ gado su ultima hora. 14 Es decir, que pese a ese comportamiento bestial generalizado, el hombre no habia perdido el sentimiento humano del miedo, que Ie ha­ cia huir de los enfermos. 15 «AI cerebra se Ie consideraba la sede de los espiritus vitaIes» (V. Branca).

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Y aunque no wdos los que opinaban diferentemente murieron, no par ella todos se salvaron; es mas, como muchos de cada una de estas opiniones enfermaron por todas partes, al haber dado ellos mismos ejemplo cuando estaban sanos a los que quedaban sanos, casi abandonados se consumian por doquier. Y dejemos a un lado que un ciudadano esquivase a otro y que casi oioglin vecino se ocupase del otro 16 y que los parientes se visitasen poeas veces 0 nunca, y de lejos; con tal espanto esta tribulacion habia entrado en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otra y el tio al sobrino y la hermana al hermano y muchas veces la esposa a su marido; y 10 que es mas grave y casi in­ creible, los pad res y las madres evitaban visitar y cuidar a sus hijos, como si 110 fuesen suyos. Por 10 que a los que enfermaban, que erao \ll1a multitud incalculable, tanto varones como hembras, no les qucclo mas auxiIio que 0 la caridad cle los amigos (y cle ('stos hubo pocos), 0 la avaricia de los criados que servian por elevaclos salarios y abusivos contratos, a pe­ sar de todo 10 cual 00 muchos se dedicaron a esto; y los que 10 hacian eran hombres 0 mujeres Ii de tosco ingenio y la ma­ yoria no avezados en tales servicios, pues casi no servian mas que para llevarles a los enfermos algo que pidiesen 0 para ver cuando morian; y al servir en tal trabajo muchas veces se per­ dian ellos con la ganancia 18. Y cle este abandono de los enfermos por los vecinos, por los parientes y por los amigos y con escasez de crLldos, se extendi6 un habito jamas antes oido: que a ningum. senora, por muy encantaclora 0 bella 0 noble que fuese, si enfermaba, Ie importaba tener a su servicio a un hombre, dando igual que fuese joven 0 no, ni ensefiarle sin vergUenza alguna todas las partes de su cuerpo igual que ha-

II, Como anoia V. Branca, el vinculo entre los vecinos de los dis­ tintos barrios ell que sc dividia la ciudad era mucho mas fuerte por en­ tonees, dada la especial conformaci6n de la vida ciudadana, familiar y politica. 17 En reIaciol1 con 10 dicho en nota 6 del Proemio, ver el uso en este paragrafo 28 de «maschi e feminc» y «uomini e fcmine», el primera con connotaci6n sexual, el segundo para aludir a hombres y mujeres de baja condici6n. 18 Es decir, que tambien ellos morian.

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bria heeho con una mujer, con solo requerirlo la neeesidad de su enfermedad; y a las que se euraron tal vez esto las hizo ser menos honestas en 10 sueesivo. Y a esto Ie siguio ademas 30 la muerte de muehos que si aeaso se les hubiese ayudado se habrian salvado; por 10 que, entre la falta de adeeuados servi­ cios, que los enfermos no podian reeibir, y la fuerza de la pes­ tilencia, era tanta la multitud de los que de dia y de noche morian en la eiudad, que eausaba estupor no solo ya verlo, sino oirlo contar. Por 10 eual, cas! par neeesidad, entre los 31 que quedaban vivos surgieron hibitos contrarios a las eos­ tumbres primitivas de los eiudadanos. Era usanza, como aun hoy vemos que se hace, que las pa- 32 rientas y vecinas se reuniesen en la casa del muerto y alli 110­ raran con las que eran familia mas cercana de este; y por otra parte, ante la casa del muerto, sus vccinos y otras muehos ciudadanos se reunian con sus allegados ItJ, y seglin el rango del muerto asi acudia el clera; y a hornbras de sus iguales, con pompa funebre de cirios y de canticos, se Ie llevaba a la iglesia que d antes de morir habia elegido. Pues estos hibi- 33 tos, cuando eomenzo a aumentar la virulencia de la peste, easi desaparecieran en todo 0 en gran parte y en su lugar sur­ gieron otras nuevos. Por 10 que las gentes morian no solo sin 34 tener muchas mujeres alrededor, sino que eran muchos los que pasaban de esta vida sin testigos; y eran muy pocos a los que se les eoncedian los piadosos llantos y las amargas lagri­ mas de sus parientes 20 , mientras que en su lugar la mayoria solia gastar risas y ehanzas 21 y un alegre compadreo; y las 19 En la Edad Media, en los duelos, se reunlan par un lado las mujeres de la familia a llorar al muerto dentro de la casa, y los hombres se agol­ paban afuera can los familiares varones para formar el cortejo funebre. De esta costumbre sc habla mas adelante en IV,8, 30, etc. 20 EI autor suele distinguir c1llanto de las l:igrimas, siendo el primero mas intenso y mas grave. 2! Can eI term ina «motto», que aqui traduzco par «chanza», Boccac­ cia incorpora el concepto que cI mundo disico designaba can dictum, cuyo contenido explica muy bien par ejemplo, Macrobio, siguiendo a Ciceron, en sus Saturnalia Convivia, II, 1, 13-14: «locos enim hoc genus ve­ teres nostri dicta dicebat. Testis idem Cicero qui in libro epiJ/olarum ad Comelium Nepo/e secundo sic ait: "Itaque nostri, cum omnia quae dixisse­ mus dicta essent, quae facete et breviter et acute locuti essemus, ea pro­

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mujeres, olvidando en gran parte la compasion femenina, se habian aprendido muy bien esta costumbre en beneficio pra­ pio. Y eran pocos aquellos a cuyos cuerpos les acompanaba a 35 la iglesia mas de diez 0 doce vecinos; y les 11evaban a hom­ bros no los honorables Yapreciados ciudadanos sino una es­ pecie de sepultureras salidos de la gente baja (que se hacian, Hamar faquines 22 Y cobraban por sus servicios); y con pasos i presurosos la mayoria de las veees 10 11evaban no a esa Iglesia que el habia dispuesto antes de la muerte sino a la mas cerea­ na, dewis de cuatro 0 seis clc.~rigos con pocos cirios y a veces sin ninguno; y estos, con la ayuda de los susodichos faquines, sin cansarse en un oficio demasiado largo 0 solemne, 10 me­ dan en la prirnera sepultura desocupada que eneontraban. El espectaculo de la gente baja y quiza en gran parte de la 3 clase media era mucho mas miserable, porque estos, reteni­ dos en sus casas la mayoria 0 por la esperanza 0 por la pobre­ za, al permanecer en sus barrios, enfermaban a mi11ares por dia, y como no se les cuidaba ni ayudaba en nada, casi sin re­ mision alguna todos morian. Y habia muchos que finaban en la via pub1 iea de dia 0 de noche, y muchos que aunque acabasen en sus casas les hacian saber a sus veeinos que ha­ bian muerto con el hedor de sus cuerpos corrompidos antes que de otra modo; y de estos y de los otros que por doquier morian, todo estaba Heno. La mayoria de los vecinos observaban una mlsma costumbre, movidos mas por el temor a que la corrupcion de los muertos les perjudicase que por la earidad que sintieran por los difuntos. Ellos por si solos 0 con la ayuda de algunos porteadores, cuando podian tenerla sacaban de sus casas los cuerpos de los difuntos y los ponian

pia nomine appcllari dicta volucrunt",» efr. ed. N. Marinone, Turin U.T.E.T., 1967, pags, :116 y S5. Tras csta explicaci6n (cuya referenci agradezco a mi colega la profesora Consuela Granados) en este episodi de los Sa/umalia COn/Ji/Jill, los personajes se dedican a relatar «dichos inge niosos», 0 «chanzas», a bien «ocurrencias», terminos a los que ire acu diendo para w\ducir «motto» en los distimos contextoS. 22 EI termino original «becchino» en la traducci6n castellana antigu se traduce por «(beguino» que en esa epoca tenia una connotaci6n rel giosa que aqul 110 encaja bien. Opto par traducir ((faquines», que era una especie de mozos de carga. [ 12 3]


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delante de sus puertas, en donde, sobre todo par la manana, quien hubiese pasado par alli habria podido ver muchisimos; y hacian llevar alli los ataudes y par falta de estos hubo algu­ nos a los que les pusieron sabre una tabla. Y no fue un solo ataud el que llevo a dos a tres a la vez, y no ocurrio solo una vez, sino que se habrian podido contar muchos que Ilevaron a la mujer y al marido, a ados 0 tres hermanos, a al padre y al hijo, y asi sucesivamente. E infinidad de veces ocurrio que, 40 yendo dos curas can una cruz a bUSCH a alguno, se pusieron tres a cuatro ataudes, llevados por los porteadores, d~tnh) de ella, y si los curas creian que ten ian q lie enterrar a un 'muer­ to, tenian seis u ocho y a veces mas. \' rIO par ella se les hon- 41 raba can alguna lagrima 0 drios 0 cortejo, sino que la situa­ cion habia llegado a tanto que se ocupaban de los hombres que marian 10 mismo que hoy se ocuparian de las cabras; par 10 que resulto muy evidente que si el natural curso de las ca­ sas can pequeiias y pocas desgracias no habia podido ense­ narles a los sabios a soportarlas can paciencia, entonces la gran magnitud del malles volvio a los simples conscientes y resignados. A la gran multitud de cuerpos mencionada que 42 llegaba a cada iglesia cada dia y casi a caela hora, al no bastar­ les la tierra sagrada de las sepulturas v al querer, sobre todo, darle a cada uno un lugar propio segllIl Ia antigua costumbre, como todo estaba Ileno, por los cementerios de las iglesias se les hacian fosas enormes en las que sc metian a los que Ilega­ ban a centenares, y apilandolos como se cargan las mercan­ cias de los barcos par estratos, los reclIbdan con poca tierra hasta que se llegaba al borde de la fosa. Y para no ir rebuscando mas cada detalle de nuestras pasa- 43 das miserias ocurridas par la ciudad, dire que como corda un tiempo tan hosti! para ella, no por esu el campo circundante se libro algo. En el cual, dejando a un lado los burgos que en su pequenez eran semejantes a la ciudad, par las aldeas espar­ cidas y par los campos, los miseros y jJc)bres labradores y sus familias, sin cuidado alguno de medico 0 ayuda de sirviente, par los caminos y par sus cultivos y por sus casas, tanto de dia como de noche, morian no C01110 hombres sino casi como bestias; par 10 que estos, al relajarse sus costumbres 44 tanto como las de los ciudadanos, no se ocupaban ni de sus [ 12

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bienes ni de su, asuntos; es mas, como 5i todos esperasen que les lIegase !a muerte esc dia en el que estaban, trataban por todos los med iOS no de ocuparse de los frutos futuros de las bestias y de h,., tierras y de sus pasados trabajos, sino de con­ sumir los que ten ian a mana. Par 10 que ocurrio que los bueyes, los asnos, las ovejas, las cabras, los cerdos, los poll as, y los mismos pc rros tan fieles al hombre, al echarles de sus propias casas ihan libremente par los campos donde las mie­ ses estaban abandonadas, no ya sin recoger sino aun sin se­ gar; y muchos, como si fueran racionales2:J, tras haber pastado bien durante el dia, de noche se volvian a sus casas, sacia­ dos, sin guia de pastor alguno. Y dejando ei campo y volviendo a la ciudad, que mas puede decirse sin() que entre marzo y el julio siguiente, por la fuerza de la pC:ltifera enfermedad y par ser muchos enfermos mal atendidos y abandonados en sus necesidades par el te­ mar que teniall los sanos, se cree par cierto que a mas de cien mil criaturas humanas dentro de las murallas de la ciudad les fue arrebatada la vida, y quizas antes del mortifero suceso no se habria estil11ado que hubiese dentro tantas. jOh, cuantos grandes palacios, cuantas hermosas casas, cuantas nobles moradas replctas de sirvientes, de senores y de damas, queda­ ron vacios hasta del mas humilde criado! jOh, cuantas me­ morables estirpes, cuantas amplisimas fincas, cuantas famo­ sas riquezas sc vie ron quedar sin el debido sucesor! jCuantos ilustres hombres, cwintas bellas damas, cuantos apuestos jo­ venes a los que el propio Galena, Hipocratcs a Esculapi0 24 les habrian considerado sanisimos, comieron par la manana

2.1 A 10 largo ell' tada esta realista descripci6n de los efectos morales de la peste, el autor introduce la analogia hombres/animales desencadena­ da par la tan c:\presiva descripci6n del contagio par las ropas de un muerto a unos (,:rdos, en 18. Tras ella se dice a continuaci6n que los hombres se coml,ortaban como bestias (en 22), a que los vecinos se des­ preocupaban de los mucrtos como si se tratara de cabras (41), hasta lIe­ gar a equiparar aqui a los ani males can los seres racionales, invirtiendo expresivamentc la comparaci6n. 24 Medicos de la antigiiedad citados proverbial mente par toda la lite­ ratura medieval '! por el propio Boccaccio en varias ocasiones.

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con sus parientes, compaiieros y amigos y luego al llegar la . tarde cenaron con sus antepasados en el otro mundo1 25 E disgusta a mi mismo irme deteniendo en tantas mise- 49 rias; por 10 que, queriendo dejar ya esa parte de las que puedo evitar adecuadamente, dire que estando nuestra ciu­ dad en estos terminos, casi vacia de habitantes, sucedio, tal como Ie Ot despues a una persona digna de fe 26 , que en la ve­ nerable Iglesia de Santa Maria Novella 27, un martes por la maiiana, cuando no habia alli nadie m<ls, vestidas de luto tras oir los santos oficios, como tal ocasion requeria, se encontra­ ron siete jovenes seiioras 28 todas unidas entre sf 0 por amis­ tad a par vecindad 0 por parentesco, de Jas que ninguna pa­ saba de veintiocho aiios ni era menor de diecioch029, todas

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25 Este pracedimiento exclamativo, en la linea cle las Lamentaciones de

Jeremias, tan eficaz desde el punta de vista relorico, es casi equivalente

aJ recurso del ubi sunt en su expresividad, y pone [1unto final a la detalla­

da y calculada narraci6n de los horrares de la peste, que siempre es inte­

resante contrastar, par ejemplo, can la visi6n cle cronistas como Villani.

26 EI autor pone un especial cuidado en haccrnos creer que todo 10

sucedido en el nivel del marco es real, y que ello canace indirectamente

porque alguien Ie informa, logrando asi un distanciamiento can el que

culmina tada un cont1ictivo proceso de acercamicnto/alejamiento res­

Pe+:to al contenido y a la ficcion de sus textos, iniciado par eI ya desde

sus obras juveniles. 27 La iglesia de Santa Maria Novella se cornenzo a construir par ar­

quitectos de los dominicos en 1278, y se acab6 en 1360; sus dimensio­

nes, su majestuosidad, su peculiar beJleza, son testimonio, adem as, del

enorme poder social de la orden dominica, alii imtalada. Para una val 0­

racion de la igJesia como pulpito de los mas notables predicadores de la

epoca y su defensa de la penitencia como actitud vital, donde J. Passa­

vanti predieo desde 1340 y de donde J1eg6 a ser prior, ver L. Battaglia

Ricci, «La peste a la cultura della penitenza», op. cit., pags. 45 y S5.

28 Por el tipo de vida que se Ie permitia haec r a la mujer par cntonces solo sus visitas a la iglesia a a su ir a 1I0rar a a velar a los muertos eran ocasion para salir de casa, y poco mas; par esto ya desde su etapa juvenil (Filocolo, Filostrato, Fiammetta, etc.) el encuentra con la amada ocurria en el interior de una iglesia, como desencadenante de la ficcion posterior. Y respecto al numera siete la critica ha senalado ya su posible corres­ pondencia can los dias de la semana, can los siete planetas, can las siete virtudes teologales y cardinales, a incluso can las siete anes libera1es (ver V. Branca).

discretas y de sangre noble y bellas de aspecto y adornadas de buenas costumbres y de gentil honestidad. Yo diria sus nom- 50 bres verdaderos si justa razon no me 10 impidiese, y es esta: que no quiero que alguna de elIas en 10 sucesivo pueda aver­ gonzarse de las casas relatadas por elIas, que se siguen, ni de 10 escuchado 10 , al estar hoy bastante mas restringidas las le~1 yes del placer, mientras que entonces, par las razones ya se­ iialadas, eran amplisimas no ya para su edad sino para una mucho mas madura; ni tampoco dades pie a los envidiosos, . dispuestos a critlcar cualquier vida respetable, a disminuir en modo alguno Ia honestidad de las ilustres senoras con des­ consideradas habladurias. Par ella, para que en 10 sucesivo 51 pueda comprenc1erse sin confusion 10 que cada una dijo, pre­ tendo lIamarlas con nombres en todo 0 en parte apropiados a la indole de each una 11 ; a la primera de las cuales y a la que era de mas edad la lIamaremos Pampinea 12 y a la segunda Fiammetta1J, Filomena 14 a la tercera y a la cuarta Emilia J5 , y

29 Si tenemos en cuenta que la mujer en la cpoca se casaba entre los catorce y los dieciocho aiios, veremos que estas j6venes no son ya joven­

cisimas, sino mas him adultas, rasgo importante para los fines del marco respecto a la ideol6gica y a la funcion del libra. .10 Hasta tal punto el autor cuida la honestidad de las jovenes del mar­ co, que los cuento, mas atrevidos los cuentan los jovenes; Dioneo, par ejemplo, cuenta 1,4, 11,10, III,1O YIX,l 0; Panfilo II,7 YIX,6, YFiJostra­ to cuenta III,l, VA, y VII,2. Jl EI autor ofrece aqui una clara explicaci6n de su acudir a nombres ficticios para estm supuestos personajes historicos y de su manejo de nombres significamcs que transmiten los rasgos mas destacados del per­ sonaje al que designan, como ya habia venido hacienda desde la epoca juvenil. Ademas de poder apoyarse en la ret6rica clasica (<<nomina sunt consequentia rerulll», se dice en las Tusculanas) a en el valor de la etimo­ logia isidoriana, Sll empleo podria estar tambien en la linea del senhal provenzal (Bon F:.sper, Bel Vezer), donde se trataba de concentrar en el nombre 10 que la amada significaba para el travador que 10 acunaba. Es­ tos nombres se apnyan en etimologias clasicas casi siempre imprecisas, y son nombres que el autor traslada de obras juveniles, todos salvo Dio­ neo. Para un panorama global de este empleo onomastico, ver L. Sasso, «uL'interpretatio !lOminis" in Boccaccio», en Studi sui Boccaccio, XII, 1980, pags. 129 y 55. .12 Pampinea (lltna de pampanos, luego exuberante, a bien orgullosa, segUn la acepcion del term ina en la epoca antigua) habia aparecido en el Bllcolicum carmen, 11, yen la Commedia delle ninje, XXXV (V. Branca). JJ Del Filocolo a la Elegia el nombre de Fiammetta Ie habia servido al autor para designar a la amada, a mas bien a la encadenada sucesion de amadas que van asumiendo todas esta denominaci6n tan personal, de

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a continuacion llamaremos Lauretta \11 a la quinta, y a la sexta Neifile 37, y a la ultima no sin razon la denominaremos Elissa 3H • Las cuales, llevadas no ya por algUn proposito, sino reuni- S2 das por azar en una de las partes de 1'1 iglesia, tomando asien­ to casi en circuloJ'), tras dejar de decir los padrenuestros con varios suspires, se pusieron a comentar entre ellas muchas y diversas cosas de los sucesos de entonccs. Y tras algUn tiem­ po, callando las demas, Pampinea comenzo a hablar asi:

posible proceclencia cLisica (ya Melcagro clclwm ino «Ilamita» a una de sus amaclas). Frente a la beatitucl que evoca ('I 110mbre cle Beatrice, ola gloria del laurel cle la Laura cle Petrarca, aqui !'iarnrnetta pod ria aluclir al brillo de la mirada enamoracla, a la llama el1ccnclida de amor de sus ojos, que aclemas el escritor suele siempre dcscriptivamente senalar. Para A. Prieto «Ia encenclicla llama de amor cle Hoccaccio, no es una cletermi­ nada mujer, sino Ja necesidacl de amar, de sCIHirse arnor de Boccaccio (oo.), es el nombre que va cubriendo distintus amorcs (frente a la unici­ clad cle las amadas cle Dante y Petrarca) siemprc vestidas de verde, apor­ tando ese sabor distinto de cada mujer y de caela tiernpo del que ama». efr. Enst1..Yo semiolOgico de sistemas literarios, Barcelona, Ensayos/Planeta, 1972, pags. 82 y ss. . .14 Filomena (la amante del canto) habia aparecido en el Filostrato como la clestin~taria inmediata del libro; se la describe aqui como muy bella, discreta y alga timicla. .,5 Emilia (la carinosa) habia apareciclo en cl Teseida, en la/lmorosa Vi­ sione y en la Lommedia delle nit/fe, es clecir, en LlS obras de la etapa florenti­ na del escritor (Y. Branca). .16 Lauretta, tal vez en recucrdo de la amaela ell' Petrarca, es, en cfecto, el nombre que explicitamente Petrarca en Cmzot/iere, 5, y el propio Boc­ caccia asi, en diminutivo (ver su Vita Petracchi y sus Rime, Y), Ie dan siempre a la protagonista del Callzolliere. .17 Neifile es la nueva en amor, la mas mexperta y par ella la mas ver­ gOl12osa de todo cl grupo; tambien se manifieiita alegre, bromista, po­ sitiva. 3M Elissa era tambien el nombre con el que se conoda a la Dido virgilia­ na, simbolo, por excelencia, de la mujer enamorada (Y. Branca). Se tras­ luce tambicn el caracter energico de su periionalidad. .10 Como se ratificani en otras cuentos, era costumbre en la epoca que las mujeres tomaran asiento en el suelo den tm de la iglesia, y no solo para el acto de la confesion; no obstante veremos que tam bien en circulo se sientan los diez jovenes en el campo cuando se disponen a narrar, en actitud simb6lica de maxima comunicabiliclad.

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quendas senoras, vosotras, 10 mismo que yo, ha-. 53 beis podido oir muchas veces que a nadie ofende '­ quien honestamente hace uso de su derecho. Es na,",' ural tendencia de todo el que nace tratar de conservar y de- . fender su vida cuanto pueda; y esto se acepta tanto que algu­ , a vez ha suceclido que, para defenderla, sin culpa alguna se .a matado a hombres·lII • Y si esto 10 admiten las leyes, entre 54 cuyos fines esta cl bienestar de todos los mortales, jcon cuan- ­ ta mayor razon, sin oEender a nadie, nos es licito a nosotras y a cualquier otro poner los remedios posibles para conservar nuestra vida! (ada veL: que vuelvo a considerar nuestras ac- 55 tos de esta malr,lOa c incluso los de otras muchas pasadas, pensando cuan t as y cwiles son nuestras reflexiones, com­ prendo, y de igual modo vosotras 10 podreis comprender, que todas temamos par nosotras mismas; y esto no me asom­ bra nada, pero SI me asombra advertir que cada una de n05O­ tras, teniendo scntimientos femeninos'", no adoptemos al­ gUn remedio it 10 que cada una de nosotras fundadamente teme. Me pareee que permanecemos aqui como si quisiese- 56 mos 0 tuvieSenlOS que dar testimonio de cwintos cuerpos se nos llevan a enlcrrar, 0 escuchar si los frades de aqui dentro, cuyo numero sc ha reducido casi a cera, cantan sus oficios a las horas debidas, 0 a demostrarlc a todo el que se nos prc­ sente, con nuestras vestiduras, la calidad y la cantidad de nuestras miserias 12 . Y si salimos de aqui, 0 vemos cadaveres 57 o enfermos transportados por ahi, 0 vemos a los que la auto­ ridad de las leyes publicas les ha condenado por sus delitos al exilio, que se lTIofan de elias porque saben que sus ejecutores estin muertos u enfermos, y con impetu desenfrenado van

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411 ((Sin culpa», Co cicciI', sin ser culpaclos, porque entonces matar en defenoa propia no cstaba penado. 41 Boccaccio considera innato en cl canicter femcni no la prudencia, la astucia y la pranicidad (Y. Branca). 42 Asi como en \ 348, en el comune de Siena se habia prohibido el luto a sus ciudaclaflos (salvo a laii viudas) para evitar que la tribulacion fuera aun mayor, ta tnbien se hizo en Yenecia par la misma raz6n, 10 que no ocurrio en cambio en Florencia, como aqui se atestigua. Cfr. C. Mer­ kel, Come lIestillano gli uomini del Decameron, Roma, Insubria, 1898, pag. 110.

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de correria por la ciudad, 0 las heces de nuestra ciudad, de­ seosas de nuestra sangre, se hacen llamar faquines 4:1 y para ultraje nuestro van cabalgando y metiendose por todas par­ tes, echandonos en cara con deshonestas canciones nuestros males; y no oimos mas que «los tales han muerto» y «los cua- 58 les se estan muriendo», y si hubiese quien pudiese emitirlos, por todas partes oiriamos doloridos llantos. Y si volvemos a 59 nuestras casas, no se si a vosotras os oeurre como a mi, que, de mucha servidumbre, no encontrando en ella a nadie mas que a mi cdada, me aterro y siento que se me erizan casi to­ dos los cabellos pues a cualquier parte que vaya 0 donde quiera que este me parece ver las sombras de los que han muerto, y no con aquellos rostros que tenian, sino con un as­ pecto horrible que no se de dondc 10 han sacado de nuevas, me asustan. Por 10 que aqui y fuera de aqui, yen casa, me en- 60 cuentro a disgusto, y mucho mas porque me parece que na­ die que tenga alguna posibilidad y adonde poder ir, como te­ nemos nosotras, se ha quedado, salvo nosotras. Y varias ve- 61 ces he visto y oido que si ha quedado alguien, sin hacer dis­ tincion alguna entre las cosas honcstas y las que no 10 son, solo con que el apetito se 10 pida, tan to solos como acompa­ fiados, de dia y de noche, hacen 10 que mas deleite les produ­ "ce; y no solo las personas libres 44 , sino incluso las recluidas62 en los monasterios, llegan a creerse que esta bien en elias y s610 esra mal en los demas, y rompiendo las leyes de la obe­ diencia, entregandose a los placeres carnales, creyendo asi salvarse, se han vue Ito lascivas y disolutas. Y si es asi, com063 manifiestamente se ve, 2que hacemos nosotras aqui? 2A que esperamos? 2Con que sofiamos? 2Por que somos mas lentas y perezosas para salvarnos que el resto de los ciudadanos? 2Nos consideramos menos valiosas que todas las demas? 20 cree­ mos que nuestra vida esta atada a nuestro cuerpo con cade­ nas mas fuertes que las de los dem~is, y que por 10 tanto no debemos ocuparnos de nada que tenga el poder de perjudi­

carla?4S. Nos cquivocamos, estamos enganadas; 2que bestial idad 4() es la nuestra si creemos eso? Siempre que queramos acordarnos de cuantos y quienes han sido los jovenes y las damas arrebatados por esta cruel pestilencia, veremos en ello una demostracion clarisima. Y por ello, para no caer por repugnancia 0 por excesiva confianza en 10 que, si qujsh~ra­ mos, acaso podriamos evitar de alguna manera, no se si a vo­ sotras os parceeri 10 que a mi me parece; yo estimaria muy adecuado que, en esta situacion, tal como muchos antes que nosotros han becho y hacen, saliesemos de nuestra ciudad, y huyendo como de la muerte de los deshonestos ejemplos aje­ nos, fuesemos a quedarnos honestamente 47 en nuestras pose­ siones en el campo, que todas poseemos en abundancia, y alii disfrutasemos de la fiesta, la alegria y el placer que pudiese­ mos, sin traspasar en acto alguno el tope de la razon. Alii se oyen can tar a los pajarillos, se yen verdear las colinas y los llanos, y los campos de mieses ondear como el mar, y unas mil especies de arboles, y el cielo mas abiertamente 4H , que, aunque este ,1 lin enojado, no por ella nos niega sus bellezas eternas, que son mucho mas bellas de contemplar 49 que las

43 Como ya se ha dicho (ver panigrafo 35, nota 22) a este trabajo de aca­

rrear y sepultar a los muertos se dedicaban las gentes moral mente mas

bajas de la ciudad.

44 Se entiende libres de votos religiosos.

45 Segtin las nurmas de la retorica tradicional, se aplica aqui el prace­ dimiento de cerrar un largo pasaje con una extensa cadena de formulas exclamativas 0 interrogativas para culminar adecuadamente esta especie de arenga que ckcidini a las jovenes al reti roo 46 Este termlno aparcce solo cinco 0 seis veces en e1libro, por 10 que se evidencia su c:\previsidacl yel matiz fuertemente negativo con que 10 emplea el escritu[', que to dosifica, para aJudir a una actitud irracional, en las antipodas del ideal de vida humano e inteligente que defiende siempre en su lihra. Ver, por cjemplo, en X,1O,3, en boca del incisivo Dioneo. 47 Ya por afirll1aciones como esta gueda perfectamente clara la oposi­ cion honcstidad. cleshonestidad ubicadas respectivamente en la vida del marco y en el interior de la ciudad; de aqui su presencia clave y su repeti­ cion casi obsesiv;l referida a la actitud de los jovenes. 4H Se sobreentiende siempre el «se ven» anterior. 4') Este bellislrno paisaje de la campina toscana, plasmado, entre otras, por A. Lorenzetti en sus Efftlii del buongovemo in cilia e nel con/ado (hoy en el Palacio Publico de Siena), con la suavidad de sus colinas yel cromatismo venleamarillo de sus campos, mas que un topico literario es, sobre todo, e1 ret1ejo de una realidad paisajistica aun hoy consta­ table.

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murallas vadas de nuestra ciudad; y alii, ademas, el aire es 67 mucho mas fresco y hay mas abundaneia de esas cosas que son necesarias para la vida en estos tiempos, y es menor el numero de molestias. Por 10 que, <tunque alii mueran los 68 eampesinos como aqui los ciudadanos, el disgusto es menor porque las casas y los habitantes son tT1Cnos que en la ciudad. Yaqui ademas, si no me equivoco, nosotras no abandona- 69 mos a nadie, sino que con razan podcl11oS decir que mas bien hemos sido abandonadas; porque los nuestros, al morir 0 al huir de la muerte, nos han dejado solas en esta afliccian como si no les pertenecieramos sli . No hay pues nada de re- 70 prochable en seguir tal comejo; y no siguiendolo podria so­ brevenirnos dolor y tristeza y tal vez muerte. Y por ello, si os 71 parece, pretendo que hacicndonos acoll1panar por nuestras criadas y por las cosas necesarias, crco que este bien que hoy en este sitio y manana en aquel disfrutcmos de esa alegria y placer que este tiempo puede ofreccrnos, y permanecer asi hasta que, si antes no nos llcga la mUCrLe, veamos que final el cielo Ie reserva a estas cosas. Y rccordad que no es peor para 72 nosotras marchar honestamente que para gran parte de las demas quedarse deshonestamentc. Las demas sei'loras, tras oir a Parn pi nea, no s610 alabaron n su comejo sino que, deseosas de segui rlos, habian comenzado ya a considerar para si el modo, como si levantandose de donde estaban sentadas fuesen enscgu ida a ponerse en ca­ mmo. Pero Filomena, que era muy pruch:nte'i', dijo: 74 -Senoras, aunque el razonamientn cle Pampinea sea per­ /'fecto, no por ello hay que correr a haccrlo como parece que , quereis hacer. Os recuerdo que nosotras somos todas muje­ res, y no hay ninguna tan nina que no sepa bien que las muje­ res no saben organizarse entre elias oin la colaboracian de

hombre algunu. Nosotras somos volubles, alborotadoras, 75 suspicaces, pmil,inimes y miedosas 52 ; por 10 que mucho me temo que si nl) tomamos mas guia que la nuestra, que esta compania s, se c1isuelva mucho antes y con menos honor para nosotras de 10 que se requeriria; y por ello conviene proveer a ello antes de eomcnzar. ' Dijo entonees Elissa: 76 -Verdaderall1ente los hombres son guia para las mujeres" y sin su maneln poeas veces alguna obra nuestra logra un loa­ ble final 54; pem ~c61l10 podemos conseguir nosotras a esos hombres? TOC\,lS sabcmos que de los nuestros la mayor parte 77 ha muerto, y los de11l:ls que han quedado vivos estan unos aqui y otros all~i en distintos grupos, sin que sepamos dande, y van huyendo de 10 que nosotras tratamos de huir; y tomar a extranos no scria conveniente porque si buscamos nuestro bienestar, no~; convicne hallar el modo de organizarnos de tal forma que, \a que vamos por deleite y descanso, no tenga­ mos disgustos y csd ndalo. 'ENTI{'\S de cste modo razonaban las senoras he aqui 78 que entraron en la iglesia tr.es j6venes 5\ aunque no dema:-;iado pues el mas joven de ellos tendria menos de veintieinco afios; en los que ni el tiempo adverso ni la perdida de amigos 0 de parientes ni el temor por S1 mismos habian podido no ya apagar sino enfriar su amor 5(,. De los 79

M

'ill En estas ultimas palabras de P:lll1pinl'<\ se ratifica la situacion de dependencia de la mujer de los miemhros n1.\sculinos de su famIlia; de aqui que las jovenes busquen el apoyo y acornpanamiento masculino. SI Pampinea es tal vez la mas decidida y emprendedora del grupo; Fi­ lomena es la prudente y sensata, como se iLl I' iendo en la contenida ca­ racterizacion que de elIas se ira hacienda.

)2 Esta valoracl"m negativa del car;\ctcr femenino traslacla un topos re­ petida desde OVI,IIO a ;\ndres el Capelhin, adem.i.s de ser retlejo de una realidad social dUlide la l11ujcr estaha al servicio del homhre, que valora­ ha negativamefltt su mucho hahlar, que la distraia de sus ohligaciones caseras, 0 su dehll iclad de canicter, que podia scr un pretexto fomentado por el homhre p,lra hrinclarle proteccion a camhio de sumision. 5., ]\lantengo e! tcrmino de «compania» que en el original se alterna con el de «brigaLI1l, y que SOil tcrrninos muy especificos que reflejan un habito social mLl\ particular, como ya he dicho (vcr nota 13). En Flo­ rencia era un arr:llgaclo hahita buq,,'lIcs, ciudaclano y propio de los ambi­ tos mercantiles, !Ior el cLla! se formaban estas grupos 0 penas de amigos para divertirsc en reuniones, comidas y )uegas dc tada tipo, sin alviclar las bromas, coml' iremos viendo (Vcr, por ejemplo, VI, 9, nota 3). .04 Esta idea sc rctoma y cxpl ica mcjor en f X, 9, 3-4. 55 Para la posihle simho!ogia del nurnero 7 y 3, cfr. J. E. Cirlot, A dic­ tionary of symbols, Londres, 1967, pags. 223 y 269 y ss. (V. Branca). 56 Nuevo rasgu de la fuerza del amor que el autor defiende como tesis

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siete y algunas de las otras estaban clirecLlmente emparenta­ das con alguno de ellos. Y nada mas vedas ellos, a su vez elIas Ics vieron; por 10 80 que entonces Pampinea, sonriendo comeJJzo: -He aqui que ta fortuna es favorabk a nucstros comien­ zos, y nos ha puesto clelante a discretos y v:t1iosos j6venes que gustosamente nos seran guia y ayucla si no rcnunciamos a to­ maries para este menester. Neifile entonces, con el rostfO todo sonrojado por la ver- 81 giienza, pues era la amada de uno de los JI)venes 58 , dijo: -Pampinea, por Dios, mira 10 que dices. Se perfectamen- 82 te que solo cosas buenas pueden decirse de cuaJquiera de ellos, y los ceeo capaces de cosas mucho mejores que esta; e igualmente los considero buena y hone:·:ra compania para ofrecerla no ya a nosotras sino a otras mllcho mas bellas y agradablcs que nosotras. Pero ya que cs eil I todo manifiesto 83

de principio a final del libro; no obstante a 10 larv" del marco veremos quc la vida sentimental de los j6venes s(ilo es aJgo :t ludido en afirmacio­ nes de este tipo y poco m:'s. ' 57 PAnfilo, cl «todo arnon" es nombre de claras rcsonancias Iiterarias clisicas y boccaccianas (PAnfilo se lIarnaba talllbll':n el amante de dona Fiammetta en la f:.ieg/a); Filostrato, con erronea er llllologia, pretende ser «e! vencido por el amon" y habia sido ya eI prota';llnista del poema ho­ monimo de la etapa napolitana. Y de Diolleo, «el I'ljurioso)), aparece ex­ plicada su etimologia «de Diona sucisimo dioneo» Episto/e, II (en Tuite /eoperediCiovanniBoaaccio, MilAn, Mondadori, 19')\ tomo V, pAg. 515), y se Ie cita tambicn en cI Ameto, Los tres podrian IllU} bien representar tres distintas etapas del mundo sentimental del auror: la impulsiva ju­ ventud de quien todo 10 entrega (PAnfilo), la SUCl'Slva experiencia que dan el sufrimiento y el desengano amorosos (Fil6sl rato), y eJ cinismo y Ja desenvoltura de la subsiguiente madurez. Ver pHa cst a triple valora­ cion, A, Prieto, Ensayo semioltigico..., cit., pigs. 93 y "" y ver tambicn para el valor alusivo de estos nombres cI citado trabaio de L. Sasso. 5H Vease que en realidad de estos personajes del marco solo se desve­ Ian los rasgos mAs expresivos de su carkter que tj,,"en que ver con su funcion de emisores-receptores. De aqui la if15is1l'ncul en la timidez de Neifile.

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-Eso no impona nada; aHa donde yo viva hon sin que de nada me remuerda la conciencia, h quiera en contra; Dios y la verdad tomaran las arm Ahora, si elias estuviesen displlcstos a venir, como ha dicho Pampinea, podrernos decir que la favorable a nuestra marcha.

Las demas, al oirla habLtr de este modo, no so ron sino que de comllll acuerdo todas dijeron que rnase, se les dijesc su intencion y se les rogase qu grato servirles de compania en semejante marcha que, sin mas palabras, poniendosc en pie Pampine taba unida a alguno de ellos"1 por consanguinidad, hacia ellos que estaban parados m inindolas y, sal can rostro alegre, les transmitio Sll intcncion y le nombre de todas que con puro y fraternal animo disponerse a servirles de compania. Los j6venes p creyeron burlados, pero cuando vieron que la senor en serio, respondieron con alegria que estaban disp sin mas dilacion, antes de partir de alii, dieron or que debian hacer para Ja marcha. Y mandando pre denadamente todo 10 necesario y enviandolo a do tendian ir, a la manana siguiente, es decir el miercol

0') En el desarrollo argumental del marco nada nos per quien est Aenamorado de quicn; estas veladas alusiones funci timulo permanente de aJgo apuntado pero no desarrolJado, mostracion de que cI autor no quiere privar a los diez person vida afecttva propia, que cl, no obstante, renuncia a comunic cer funcionar al marco respecto a los cuentos. Branca valora ciones «como un motivo de gentileza y de galanteria» (ed. ci nota 1), a 10 Clue creo hay que anadir su funcion respecto ala global y a la ideologia del libra. (,II Antes se ha calificado ya a FiJornena de prudente, 10 que el acato general y sin reservas de su propuesta. (d Recordemos que en la iglesia los hombres solian ocupa diferente al de Jas mujeres para evitar, precisamente,lo que de frecuente, que Ja iglesia fuera lugar de citas y encuentros.

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rear el dla, las senoras con al~.lOas de ~us criadas y los tres j6. venes con tres de sus sirvientes, saliendo de la ciudad, se pu­ sieron en camino; y no se habian alejado de esta mas de dos milJas(,2 escasas cuando lJegaron al primer lugar que habian decidido, Estaba dicho lugar sobre una peqUtJia colina, algo alejado 90 por todas partes de nuestros caminos, con diversos arbustos . y plantas pobladas de verdes hojas de agradable aspecto; en cuya cima habia una villa con un hermoso y amplio patio central, con porticos y con salas y alcohas a cual mas bella y decorada con agradables pinturas dignas de admiracion, can pequeilos praclos y con maravillosos jardines y con pozos de ahrua fresquisima y con bodegas de preciados vinos(,l: cosas mas propias de refinaclos bebedores que de sobrias y honestas damas. Y eJ grupo, allJegar, con no poco placer 10 hallo todo 91 bien barrido, y hechas las camas en las alcobas, y todo Ileno de las flares propias de la cstacion y alfombrado de jun­ cos (,4,

l

Y aJ reunirse y sentarse nada mas Ilegar, Dioneo, que era 92 el joven m;is agradable y Ileno de ocurrencias, d ijo: -Setl0ras, vucstro buen juicio m:1s que nuestra cautela nos ha conducido aqui; no sc que prelcndcis hacer con vues­ tras inquietudes; yo he dejaclo las mi:1S a ]a pucrta de la ciu- 93 dad cuando hace poco saJi de ella con vosotras. )' por eUo, 0 vosotras estais dispuestas a disfrutar y a rcir y a cantar con­ migo (en la medida, digo, que a vuesl ra dignidad Ie comrie­ ne), 0 me dais licencia para que regrese a mis inquietudes y me quede en la atribulacla ciuclad("'. La milia toscana equivalfa a unos l.li:;l) metros (Y. Branca). C:ornienza aqui a perfilarse eI paisajc tall peculiar en cl que sc van a mover en 10 sucesivo los jovenes del grupo. :\unque se han querido vcr ecos hiognificos en estas descripciones (pues cl autor poscia una villa en :\laiano, Poggio C;herardi), Branca precisa que «mientras parece ofrecer detalles eXact as y realistas, se abandon a en Cll1lbio ,l un dibujo conven­ cional 0 mejor attn, todo literario e ideal)) (cel. cit., pag. 41, nota 1). !>4 Es esencial en la viela de los jovene~ cl orden, el control que rq,'Ula sus aetos de manna civilizada y sosegada, frelltc al caos ciudadano; solo sobre esa base de control se haec posible su c;\.istencia y el valor simboli­ co que esta adopta en Ja estructura del ]ibro. (,5 En su incondicional defensa de la divel:ii()n, )'a desde e1 principia, (,2 (,1

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A 10 que Pan:pinea, como si tambien hubiese arrojado de 94 S1 todas las SUylc,M" respondio alegre: -Dioneo, d I.es bien; hay que vivir can alegria, y ningu- 95 na otra razon Il l lS ha hecho huir de las tristezas. Pero como las cosas que n(l tienen orden no pueden mucho durar o'7, yo, que fui la inici;1Clora de los razonamientos de los que ha sur­ gido esta tan ;lgradable campania, pensando en que siga nuestro gozo, climo que sea necesario acorclar que haya en­ tre nosotros alg\! no mas destacado al que respetemos y acate­ mos como a Ull superior, en cuyo pensamiento este organi­ zarnos para vi\1 alcgremente. Y para que todos prueben e!l)(, peso de la resl" '11sahilidad junto al placer del mando, y de este modo, prr !l,lIldo ambos, nadie pueda sentir envidia al­ guna, digo que a cada uno se le atribuya durante un dia el peso y el honol. \. todos cl ijamos quien debe ser el primero, y los sucesivos, (llando se aproximc la hora del atardecer, 10 seran aquel 0 ;1Ii\!ella que Ie plazca a aquel 0 aquella que haya ejercido ese c1i:l ';u mandato; y estc, con su criteria, ordene y disponga en cl I iempo que va a durar su mandato ellugar y el modo en que hcmos de vivir. STAs.palallraS agradaron enormemente, y a una voz la 97 eligicn'll a ella para mandar el primer dia; y Pilome­ na, cOfllcndo prestamente hacia un laurel (pues habia oida hablar 1l1\lchas veces de cuanto honor cran dignas sus frondas y de C\I(\n digno honor Ie hacian a quien Ie corona­ ban merecid;llJ)(~ntecon elIas), cogiendo algunas ramas, hizo con elIas una ~~\,irnalda honrosa yvistosa que, poniendosela sobre la cabez:l, todo el ticmpo que duro aquella compania,

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Oioneo resulta L11;IIHe y casi agresivo (en si nton la, creo, con rasgos del caracter de I a uto 11. \' se ir,l haciendo cada vez m,is ev idente que a tra ves de sus opinionc, .,,: canalizan en cIlihro las ideas mas atrevidas del esen­ cial vitalismo elf. I ,\utor. /\1 rersonaje se Ie caracteriza habitual mente como «Ileno de fll 'Irrencias)), y encarna, por antonomasia, el modelo de ejemplar y habill:Hrador, can rasgos, aelem,is, de esencial perturbacion. 6!> Se refiere ,1 las inquietudes, a las que Dioneo aeaba de hacer mencion. (,'7 EI COnCerl" cstetico de orden, sinonimo de medida, equilibrio, control, jerarqui/.lcion, etc., preside de un modo obscsivo toda la estruc­ tura, como reflcin. a Sl! vez, de uno de los concertos esteticos mas esen­ dales del pensall1 rcnto medieval.

[In]


fue signo manifiesto a todos los demas de real senorio y auto­ ridad (,H. AMPINEA, eoranada reina('9, ordene) que todos callasen, 98 habiendo hecho lIamar alIi a los sirviemes de los tres j6venes y a sus eriadas, que eran cuatra; y al eallarse todos, dijo: -Para que primero os de yo ejemplo a todos vosotros por el cual, yendo de bien en mejor nuestra compania viva y dure euamo nos agrade con orden y con placer y sin verglienza al­ guna, yo en primer lugar nombro a Parmeno, criado de Dio­ neo, mi mayordomo, y Ie encomiendo a c] el cuidado y la res­ ponsabilidad de toda nuestra servidumbre y de 10 relativo al servicio de mesa. Sirisco, criado de P,infilo, quiero que sea 99 nuestro administrador y tesorero y que siga las 6rdenes de parmeno. Tindaro este al servicio de flilostrato y de los otros dos en sus alcobas, cuando los otros, entregados a sus obliga­ ciones, no puedan atenderlos. Misia, mi criada, y Licisca, de 100 Filomena, estaran continuamente en la cocina y preparad.n diligentemente los manjares que Parmcno les ordene. Qui- 101 mera, de Lauretta, y Stratilia"O, de fliammetta, queremos que se ocupen del gobierno de las alcobas de las senoras y de la limpieza de los lugares donde estemos. Y queremos y orde­ namos que todos en general, si estiman nuestra gracia, alii donde vayan 0 desde donde vengan, ojgan y yean 10 que sea, se guarden de traernos de fuera ninguna noticia que no sea agradable 71 •

P

Y dadas sU111ariamente estas ordenes que todos alabaron, 102 se puso en pic alegre y dijo: -Aqui hay [ardines, aqui hay prados, aqui hay otros mu­ chos lugares dcleitosos, por donde cada uno puede solazarse a su placer; y hClcia las nueve de la manana 72 esten todos aqui para comer co [1 el fresco. RAS despcdir la nueva reina al grupo, los j6venes junto 103 a las be II as senoras, hablando de agradables cosas, con lento p;L'iO 7.1 se encaminaron por un jardin haciendose bellas guirnalc 1\.'1 de diferentes hojas y cantando amorosa­ mente. Y tras c\cmorarse en esto el tiempo que les habia con- 104 cedido la reim. volvicron a casa y encontraron que Parmeno diligentementt habia dado inicio a su trabajo, por 10 que, al entrar en una ~ala de la planta baja vieron aIli las mesas con mantcles blal1(ltJlsimas y con vasos que parecfan de plata 7\ y todo cubierto (on flores de retama; por 10 que, dada el agua a las manos~\ C(II,nO quiso la reina, todos fueron a sentarse se­ gUn el criteria de parmeno. Llegaron los manjares delicada- 105 mente hechos \ finisimos vinos fueron aprestados; y sin mas,

T

(,8 Tambien en e\ hioc%, en eI episodio IV, 18 de las «quistioni cl'amo­

ren, se habia acudido a la corona de laurel para refrendar e\ mandata del

rey del grupo, y alii, como aqui, podria estar latente alga de la simbolo­

gia del laurel que Petrarca habia recordado en su Collatio lallreationis, de

1341, y habia utilizado en sus eglogas y en ,u cancionero.

(,') Como Branca senala, hay que observar que el autor utiliza el termi­ no «reina» solo tras lIevarse a cabo la coronacion. 711 Se trata de nombres de criados ya aparccidos en eI teatro de Plauto, Terencio, en las obras de Virgilio,Juvenal, i\larcial, Horacio, y que par su connotacion y procedencia establecen una brusca oposicion con eI sistema de denominar a los personajes de los cuentos, y contribuyen a crear esa atmosfera ideal del marco, tan contrapuesta a la vital de los cuentos (V. Branca). Y respecto a algunos de estos nombres, recorde­ mos que Parmeno se llama tambien eI criado de CaJixto en La Celestina. 7\ Se reafirma agui la voluntad del autor de establecer un mundo ais­

lado para los die! 1('1\,enes, y un mundo claramente diferenciado, opuesto al de la ciudad q Ill' se ha dejado arras, presidido en cambia por el desor­ den y el caos nWI al frente a\ orden estctico y moral que elias instauran en su retiro calTl!wstrc. ~2 En la CPOCI ,I tiempo se computaba del alha al ocaso, dividicndolo en doce horas Ie ,I grupadas en cuatro periodos de tres horas cada uno (tercia, sexta, nOll;\, visperas), que no se puedcn cquiparar con exactitud a horas concret,\" 110r las oscilaciones solares en las diferentes estaciones (V. Branca). l\;o ohstante puede decirse que de manera global la tercia (como aqui se dill' en el original) se iniciaria hacia las nueve de la mana­ na, la sexta a las lioce, la nona a las quince y las visperas a las dieciocho, can cuyas equi\';] icl1cias aproximadas ire sustituyendo el usa antihlUo que aparece en el OII:I~ll1a!. 7.\ Este «lento 11;\SO», que se ira repitiendo casi como motivo recurren­ te en este tipo de dcscripciones, define muy bien la atmosfera de relajada complacencia y (ontemplacion del marco, adecuado contrapunto tanto de la descripciol1 de la peste como de la agitada y vital actividad de los personajes de 1m cuentos. 74 Los vasos so I i8 n ser de estano a de crista!' efr. VI,2, 11 (V. Branca). 75 Por la falta (Ie algunos cubiertos y par el tipo de com ida, este habito se hacia especial mente nccesario incluso a veces entre plato y plato. La expresion se uti IJi',a identica en £1 conde Lucanor, XXXV, cd. J. M. Blecua, Madrid, Gredos 1983, pag. 287.

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cauaaamente, los tres criados sirvieron las mesas. Y alegran- 106 dose par todas estas casas que eran bellas y ordenadas, co­ mieron can agradables ocurrencias y con diversion 76. Y le­ vantadas las mesas '-, por la razon cle que toclas las senoras sa­ bian ejecutar las danzas de carola, y tam bien los jovenes, y al­ gunos de elios tocar y can tar esplendidamente, la reina orde­ no que llevasen los instrumentos; y por orden de ella toman­ do Dioneo un laud y Fiammetta una viola "H, comcnzaron a interpretar suavemente una danza; por 10 que la rcina junto 107 can las demas senoras y can los dos jovcnes, tras mandar los sirvientes a comer, formando un circulo con lento paso (ni­ ciaron la carola 7(); y una vez acabada, comenzaron a cantar agradables y alegres canciones. '{ asi cstu vicron basta que Ie 108 parecio a la reina que deb ian ir a dormir. Por 10 que, dando a todos la licencia, los tres jovenes se fucron a sus alcobas, sc­ paradas de las de las senoras H11 , y las cncontraron con las ca­ mas bien hecbas y llenas de flores como la sala, y 10 mismo

":,(, El topos del hanquete esta ya presente en la ohra juvenil del autor, y en cl Decameroll asume una fuerza excepcionaltal1tn en eI marco como en numerosos cuentos, que se ex plica por ser «Ia inslirllcion que agrupa por excelcncia, que encuentra su razon de ser en el encuentro humano y donde los sentidos y el espiritu actuan y gozan e1ll placer todo humano de la comunicacion verhaln. De estc modo <::1 h,lnquete «se situa en el pleno centro de la arquitectura y de la ideologia del Decameron, evolucio­ nando hasta convertirsc en elemento de fundamental importancia, en cmblema de una detenninada vision de la vietl». err. L. Sanguinetti Wh ite, La scella Contlilliale e la sua .!ullziolle nel !1Iondo del Bocc(Jccio, Florencia, Olschki, llJH3, pah'" 6-11. -- Esta expresion alude al acto real de kvantar I,IS mesas, pues enton­ ces no existia un lugar fijo para comer y las mesas sc fonnaban can borri­ quetas y tableros, de forma que en el Libro de buen (Jl!lor, por ejemplo, mesa v tahlero son sinonimos. -H «E! laCld v la viola cran instrurnento:-. musicales aulicos» (V. Branca). . 0') Hay que advertir Clue incluso los baiks ejecutados permiten, como en este caso la carola, la participaci6n colectiva de todm los componen­ tes del grupQ cogidos de 18. mano; mas adelanre n:remos ljue tambien las canciones se prestan a este fin, al tratarse de halada.' en las que: el coro re­ plica al solista. HI) Esta precision lnicia.J es hasica en cl ambicn'c de honestidad que preside la conducta de los j6venes; el autor, como vernos, no omite un solo detalle para lograr esc objetivo.

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las senoras las su '.;1S; por 10 que, desvistiendose, se fueron a descansar. o hacia n\lcho que habian dado las tres, cuando la 1(19 reina, IC\l ntandose, hizo levantar a todas las dema,.s, y 10 m I'tll0 a los jovenes, afirmando quc era nocivo dormir c!l'rnasiado de dia; y asi se fueron a un prade­ cillo donde Ill. hinba era verde yalta y el sol no entraba por ninguna parte H1 ; \ alli, sintiendo que hacia un suave viente­ cito, segUn quiso ia reina se sentaron todos en corro Hc sobre la verde hierba, \ la reina les dijo asi: OMO poc!ci:; ,,'cr el sol esta alto y e] calor es grande, y no 110 se oye Imi: que las cigarras sobre los olivos, por 10 que ir ahora :1 alhrlln lugar seria sin duda una necedad. Aqui es agradablc cstar al fresco y hay, como vcis, tableros y piezas de ajec1rc%. '. each uno puede deleitarse seg1in 10 que Ie plazca mas a su ~il:lrno. !J ero si se siguiese mi parecer en esto, 111 transcurririamos (sta c;ilida parte del dia no jugando, pues el animo de una de illS partes tiene que turbarse sin demasiado placer para la otn 0 para quien mira, sino contando cuentos, pues mientras UIlO narra puede ofrecer deleite a toch la com­ pania que cscuch .,1( '. /\l acabar de decir eaela uno su Cliento, el sol habra dec] inado ye1 calor disminuido, y podriamos ir;l 112 donde mis os ag:1clc deleitandonos; y por clio, si 10 que os digo os place, h~llljmoslo, y si no os gusta clch uno hasta el atardecer H4 hag" In que mas Ie plazca.

N

C

~I Es escncial e,c I ',1 r<lpetarse del sol en las hOf<lS calurosas, como h~i­ bito que se repite cl1.·j marco; en ella y en la husqueda de fuentes y para­ jes humcdos sc des\' 1,\ el heclonismo y cl siharitismo del escritor. 82 A 10 dicho ya cilia nota 39 hay que ariadir que esta postura, que se vera mantcnida aliI hrgo de toclo ellihro, contrasta con la colocaci6n alineada de los dic,' i,)','enes que aparccen en el fresco del Triunfo de la muerle pisano del que habla L. Battaglia RICCi en su ohra citada. H.' Buscando un ulterio clemocni.tico, rarticlratlvo, que ya hemos visto en los haiks \ cn las canciones, narrar es e1 sistema m,is idonco para haccr particip:1 r al unlsono a todo el grupo, que podni. escuchar mientras el narrad(li de tume cuenta. EI autor fija asi esc acto de em i­ si6n-rccepcion tan c'·cncial como modelo ideal que no solo hace verosi­ mil ellibro como Co'l'llctura, sino que ju::;tifica los rcsortes mas intimos y mas eficaces de su \uncion comunicativa. 84 Las vispems sc rezJban al atardecer, hacia las seis de la tarde.

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Las senoras e igualmente los j6venes alabaron todos el 113 contar cuentos. -Par consiguiente -dijo la reina- si esto as place, 114 quiero que para esta primera jornada eada eual sea libre de relatar sabre la materia que mas Ie agrade85. Y dirigiendose a Panfilo, que estaba sentaclo a su derecha, 115 amablemente Ie dijo que can uno de sus cuentos diese princi­ pia a los demis; par 10 que Pinfilo, aJ oir el mandato, escu­ chandole todos, prestamente comenz6 asi:

85 Para un analisis global de los mecanismos compositivos de toda esta jornada, ver M. Cottino-Jones, «Saggio di lettura della prima gior­ nata del Decamerot1), en Teon'a e critica, 1, 1972, pags. 111 y ss.; y A. Mar­ chese, «Strutture narrative della I giornata del "Decameron"», en Metodi e prove struttumli, Milan, Principato, 1979, prigs. 237 Y ss.

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10

EI marques de Sanluz:zo, obligado por los megos de sus hombres a tomar 1 esposa, para hacedo a su modo elige a la hija de tltI campesino, de la que tiene dos hijos, y Ie hace creer que los ha matado,' luego, fingiendo que se ha cansado de ella y que ha tomado otra esposa, hacienda regresar a su casa a su propia hija como sifuese su esposa, tras echarla a ella en camisa y viendola paciente en todo, haciendola regresar {j casa mas querida que

nunca, Ie muestra a sus hijosya mqyores, la honra }' la hace honrar como

marquesa l •

el largo relato del rey, tras dar muestras to- 2 dos de que les habia gustado mucho, Dioneo dijo riendo: -El buen hombre que esperaba bajarle la cola tiesa al fantasma a la noche siguiente, no habria dado ni dos centa­ vos por todas las alabanzas que Ie haceis a micer Torello·" Y a continuacion, sabiendo que solo quedaba eI por con­ tar, comenzo: MANSAS, senoras mias, por 10 que me parece, este dia de3 hoy se ha dedicado a reyes y sultanes y a gente seme­ jante; y por ello, para no separarme demasiado de vosotros,

A

/

CABAOO

I Es inmensa la bihliografia sobre las posibles fuentes de este cuento, no bien precisadas pcse a la husqueda tan pertinaz; por limitarse a los ul­ timos y mas utiles estudios, veasc sus concxiones tanto con posibles pre­ cedentes folcloricos como hagiograficos en G. Barberi Squar-otti, «L'ambigua sociologia di Griselda», en 1/ potere... , op. cit., pags. 193-230; G. Savelli se ha ocupado de aspectos estructurales: «Struttura e valori nella novella di Griselda», en Studi sui Boccaccio, XIV, 1983-1984, pags. 278-301; y L. Rossi 10 ha visto en relacion con el Lai dufresne: «Das De­ kameron und die romanische Tradition: die auserordentliche Geduld der Griselda», en Vox Romanica, 1985, 44, pags. 16-32. Ver, sobre todo' ello, la amplia documentacion de V. Branca. 2 Recuperando ellenguaje obsceno de Vll, 1 (<<Ia cola tiesa del fantas­ rna»), Dioneo da un brusco giro al nivel ideologico de la jornada, reafir­ mando sus preferencias comicas y subrayando la enorme distancia que Ie separa de la ideologia que se ha defendido en esta jornada.

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quiero contar de U 11 marques no una cosa magnifica sino una descabellada besti~11 idad, aunque al final Ie resultase bien; y no Ie aconsejo a mdie que la imite, porque fue una verdadera lastima que a el k resultase bien'. ACE ya much(1 tiempo fue el jeEe de la casa de los mar- 4 queses de Sailluzzo·j un joven llamado Gualtieri que, estando sin mujer \ sin hijos, no dedicaba su tiempo mas que a la cetreria y a ca/Jr, y no tenia ninguna intencion ni de to­ mar esposa nj de 11.:ner hijos; por 10 que habia que consicle­ rarle muy cuerdo.Y· como esto no les gustaba a sus subditos, 5 Ie rogaron varias \ cces que tomase esposa, para que ni el se quedase sin hereckro ni ellos sin senor, hrindandose a en­ contrarle una de toil padre y madre que ofreciese buenas ga­ rantias y a eJ Ie s.ltisfaciese mucho. Y Gualtieri Ics I"cspondio: 6 -Amigos mim, me obligais a 10 que habia deciclido fir­ memente no hacel jamas, considerando 10 dificil que es po­ der encontrar quit' 11 se amolde bien a las propias costumbres y como abunda 10 lontrario, y 10 dura que es la vida de quien se tropieza con Ulla sei10ra que no Ie es apropiada. Y decir 7 que creeis conocer a las hijas por las costumbres de sus pa­ dres y de sus mad res, por 10 que argumentais que me la bus­ careis de mi agrado, es una tonteria, por la razon de que no se en que podeis c()nocer a sus padres 11i como los secretos de sus madres; adem;is, aun conociendolos, las hijas a menudo son diferentes de ~,us padres y de sus madres 5• Pero ya que, no H

H

.1 Dioneo no se SC!,ara del tema propuesto, y de hecho la conducta de Griselda es una clevada muestra de ejcmplaridad; perc oponiendo a ella la conducta negativa de Gualtieri, tanto aqui como en su conclusion (cfr. 68-69) el narrador esta dando una nueva leccion de habilidad, ade­ mas de vaJorar de forma negativa el espiritu glohal de la jornada. Yen relaci6n con los apchlivos novedosos que aparecen en esta jornada (ho­ norables, esplendida" magnificas, etc. en consonancia con la ideologia tambien nueva) en cslc caso no descartaria la ironia de Dioneo al em­ plear este «mansas» que es la unica vez que aparece en el libro. 4 Se trata de un l11arquesado piamontcs que perduro desde 1142 cuatro siglos, regentac10 por miembros de una rama de la familia Ale­ rami, donde el nomlHe de Valterius se dio, al parecer, con frecuencia (V. Branca). 5 En este solemnc discurso el protagonista incorpora un clarisimo

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obstante, quereis atarme a esas cadenas, quiero complaceros; y para no tener que culpar a nadie mas que ami, si resultase mal, quiero ser yo mismo quien la busque, asegucandoos que, quienquiera que e1ija, si no la hond.is como senora, sa­ breis para vuestro gran mal todo 10 que lamento haber torna­ do esposa contra mi voluntad por vuestros ruegos(,. Los buenos hombres respondieron que estaban satisfechos con tal de que se decidiese a tomar esposa. Hacia bastante tiempo que a Gualtieri Ie habian gus- 9 tado los modales de una pobre jovencita que era de una aldea cercana a su casa, y pareciendole muy bella considero que podria vivir muy felizmente con ella. Y por eso, sin seguir buscando, se propuso casarse con ella; y haciendose Hamar al padre, convino con el, que era muy pobre, tomada por esposa. Hecho esto, mand6 Gualtieri rcunir a todos sus amigos de 10 Ia comarca y les dijo: -Amigos mios, habeis querido y quereis que me dispon­ ga a tomar esposa, y me he dispuesto a ello mas para compla­ ceros que por deseo que tuviese de esto. Sabeis que me pro- 11 metisteis que estariais de acuerdo y que honrariais como se­ nora a quienquiera que fuese la que eligiese; y por esto ha lle­ gada eI momenta de cumpliros la promesa y quiero que vo­ sotros cumplais la vuestra. He encontraclo a una joven de mi 12 agrado muy cerca de aqui, a la que pretendo tomar por espo­ sa y lIevarmela de aqui a pocos dias a casa; y por esto ocupa­ ros de que la fiesta de las bodas sea bon ita y de c6mo podeis recibirla honorablemente, para que pueda estar satisfecha de vuestra promesa, como vosotros 10 estareis de la mia. Los buenos hombres, todos satisfechos, respondieron que 13 eso les agradaba y que, fuese quien fuese, ellos la considera­

dan su senora y la honrarian en todo como tal; y tras esto se pusieron todos ,1 preparar, una bonita, alegre y gran fiesta, y 10 mismo hizo C ualtieri. EI mand6 preparar unas bodas muy 14 suntuosas y bonitas e invitar a elias a muchos de sus amigos, parientes, a grandes gentileshombres y a otras de alrededor; y ademas de esto hizo cortar y coser varios vestidos bonitos y lujosos a la mecl J( la de una joven que Ie parecia de la misma estatura que la juvencita con la que habia decidido casarse; y ademas de esto FHcpar6 cinturones y anillos y una rica y bella corona y todo !u necesario para una novia. Y al llegar el elia fijado para las bodas, Gualtieri, al alba 7 15 mont6 a caballo. con todos los que habian ido a honrarle; y habiendo prepi11:tdo todo 10 necesario, dijo: -Senores, c, cl momento de ir por la novia. Y poniendosc en camino con todo su sequito, llegaron al 16 pueblecito. Y a1 I, legar a casa del padre de la muchacha la en­ contraran que \( J!via con agua de la fuente, con muchas pri­ sas para ir luego con las demas mujeres aver lIegar a la esposa de Gualtieri H; cli,1ndo este la vio, llamandola por su nombre, o sea Griselda, Ie pregunt6 d6nde estaba su padre; y ella con

vergtienza Ie rc:;pondi6:

-Mi senor, r:sta en casa.

Entonces Gu,t1tieri, desmontando y ordenando a todos 17 que Ie esperasen, cntr6 solo a la pobrc casa, donde encontr6 al padre de ella, que se lIamba Giannucole'!, y Ie dijo: -He venido a casarme con Griselda, pera antes quiero saber en tu pre:iencia algo de ella. Y Ie preguntcl si al tomada por esposa tratada siempre de 18 complacerle sill enfadarse por nada que el dijese 0 hiciese, y si seria obedience y otras muchas cosas semejantes, y ella Ie respondi6 a tochs que S1.

ataque al concepto de nobleza de sangre, mezclando el tono mas solem­ ne con expresiones de tono mas coloquial (<<es una tonteria,,) para plas­ mar con toda adecuaci6n la burla que agui se hace a los convencionalis­ mos de la nobleza. Con ello Boccaccio establece una de las tesis mas no­ vedosas del cuento. (, Con estas precisiones iniciales queda muy claro gue 10 gue aguf se ataca abiertamente es el matrimonio de conveniencia buscado por razo­ nes de sucesi6n.

EI texto dice hacia mitad de tercia, es decir, una hora y media des­ pues del amanecer. 8 Se inicia aqui una especie de juego de intercambio de personalidad al que va a somete! a Griselda. que pasani de espectadora a protagonista, alternativamente: aqui se cree espectadora. sin saber que va a ser prota­ gonista. 9 Diminutivo de Giovanni. En el texto Italiano fluctuan Giannucole y Giannuccolo.

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7


Entonces Gualtieri, tomandola de la mano, la llev6 afuera 19 y en presencia de todo su sequito y de todos los demas la hizo desnudar par completo; y con aquellos vestidos que habia mandado hacer, la hizo vestir y calzar de inmediato, y sobre sus cabell os, asi desordenados como cstaban, hizo ponerle una corona 10; y despues, ante el asombro de todos por esto 20 dijo: -Senores, esta es quien pretendo que sea mi esposa, si ella me quiere por marido. Y luego, volviendose a ella, que avergonzada de si misma e insegura estaba, Ie dijo: -Griselda, ~me aceptas por marido? Y ella Ie respondi6: 21 -Mi senor, Sl. Y el dijo: 22 -Pues yo te acepto a ti por mi esposa. Y en presencia de todos la despos6; y haciendola montar en un palafren, honorablemen te acompanada la lIevaron a su casa. Alii las bodas fueron bonitas y suntuosas, y la 2.1 fiesta fue como si se hubiese casado con la hija del rey de Francia!l. Pareci6 que la joven esposa con las vestiduras cambiase a 24 la vez su indole y sus costumbres. Ella era, como ya dijimos, hermosa de cuerpo y de rostro; y 10 mismo que era bella se volvi6 tan agradable y tan educada que no parecia haber sido hija de Giannucole y pastora de ovejas, sino de alglin noble senor, por 10 que se asombraba todo el que de antes la cono­ cia; y ademas de esto era tan obedientc a su marido y tan ser­ vicial que eI se consideraba el hombre mas feliz y satisfecho del mundo. E igualmente con los subditos de su marido era 25 tan amable y tan complaciente que no habia quien no la 10 En su version del cuento allatin, Petrarca censura esta escena, ha­ ciendo que las comadres rodeen a Griselda y oculten su desnudez; tam­ bien la iconografia renacentista seguini en esto a Petrarca: ver, por ejem­ plo, eI arcon conservado en la pinacoteca Estense de Modena, 0 los fres­ cos del Castello Sforzesco de Milan. 11 Es evidente el relieve casi escenico que aclquieren estos cuadros, al ser situaciones que mas que vivirse se representan ante los demas, can toda la espectacularidad y ellujo que la ambientaeion del cuento requiere.

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amase maS que a ,\ y la honrase con agrado, y todos rezaban por su bien, por'Ll fclieidad y por su prosperidad, y quienes solian decir que C ualtieri habia sido poco discreto al haberla tornado par espm;l., decian que era el hombre mas discreto y el mas sagaz del mundo, pues nadie mas que eI habria podido jamas adivinar In ,,Jevada virtud que ella escondia bajo las po­ bres ropas y el vc;tido de campesina. Y en resumen, al poco 26 tiempo, no s610 el1 su marquesado sino en todas partes supo comportarse de [liodo que hizo que se eomentara su virtud y su buen hacer y ~(' cambiase de opini6n si por su causa se ha­ bia dicho algo C(lntra su marido al casarse con ella l2 • No habia estaclo mueho con Gualtieri cuando quedo pre- 27 nada, y a su tiem!)o pario una nina, por 10 que Gualtieri se alegro mucho. PiTO poco despues, entrindole una extrana idea en el animo, 0 sea, querer poner a prueba con una larga experiencia y COli cosas intolerables la paciencia de ella, pri­ mero la molesto con palabras, mostrindose enfadado y di­ ciendo que sus hombres estaban tremendamente desconten­ tos de ella por,u baja condici6n y especialmente porque veian que ella tr~\ la hijos al mundo, y muy desconformes no hacian mas que l\1urmurar de la hija que habia nacido. Y al oir la Se11(Jra estas palabras, sin cambiar su expresi6n 28 o su buen propcJ:;ito en ninguno de sus aetos, dijo: -Mi senor, h:lZ de mi 10 que creas que es mejor para tu honor 0 tu dicha, porque yo estare conforme con todo, pues se que soy mas h umilde que ell os y que no era digna de este honor al que tl'j. por tu cortesia, me condujiste. Esta respuesta agrad6 mucho a Gualtieri, al ver que no se 29 habia vuelto nac\,l soberbia por el honor que eI 0 los demas Ie hubiesen rendido, Poco tiempo "lespues, habiendole dicho a su esposa con .10 palabras generieas que sus subditos no podian soportar a esa nina nacida de ella, dando instrucciones a un siervo suyo, se 10 envio, y este con el rostro muy afligido Ie dijo: -Mi senora, ~i no quiero morir debo hacer 10 que mi se­ 12 La fuerza que cobra la opinion de los demas, de los subditos, de los amigos, etc., es una de las pruebas mas evidentes del planteamiento tea­ tral que entiendo q lie domina en la estructura del relato.

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nor me ordena. Me ha ordenado que tome a esta hija vuestra y que... -y no dijo nada mas l1 • La senora, al oir estas palabras y ver cl rostro del siervo,31 como se acordaba de las palabras que se Ie habian dicho, comprendio que Ie habia ordenado que Ja matase; por 10 que tomandola enseguida de la cuna y besandola y bendiciendo­ la, aunque sintiese un gran dolor en el corazon, sin cambiar de expresion la puso en brazos del criado y le dijo: -Ten, haz cumplidamente 10 que tu senor y el mio te ha 32 ordenado, pero no la dejes de modo que las bestias y los paja­ ros la devoren, salvo que el te 10 ordenase. Tras tomar el siervo a la nina y hacerle saber a Gualtieri 10 33 que la senora habia dicho, asombrindose este de su firmeza, Ie mando con ella a Bolonia con una parienta suya, rogandoIe que, sin decir nunca de quien era hija, la criase con dili­ gencia y la educase. Sucedio despues que la senora qued6 de nuevo prenacla y a 34 su debido tiempo pario un hijo varon, 10 que fue muy grato a Gualtieri; pero no bastandole 10 que habia hecho, hirio a la senora con un dolor mayor, y con sembI ante airado un dia Ie dijo: -Senora, despues de tener tu este hijo varon, no he podi- 35 do vivir con los mios de ningtin modo, tan duramente se la­ mentan de que un nieto de Giannucolo vaya a sucederme; por 10 que, si no quiero que me echen de aqui, me temo que debo hacer 10 que hice otra vez, y al final dejarte y tomar es­ posa. La senora Ie escuch6 con paciente animo y no respondio 36 mas que: -Mi senor, piensa en satisfacerte y satisfacer tu deseo, y no te preocupes para nada por mi, porque no me agrada mas que 10 que veo que te com place. A los pocos dias Gualtieri, exactamente del mismo modo 37 en que habia mandado por la hija, mand6 por el hijo; y ha­

ciendole creer igualmente que 10 habia hecho matar, 10 en­ vio a Bolonia, como habia mandado a la nina; de 10 que la se- 38 nora ni cambio de expresion ni dijo otras palabras que 10 que habia dicho con In hija 14, por 10 que Gualtieri se asombraba mucho y afirmab,\ para sus adentros que ninguna otra mujer podria hacer 10 que ella hacia; y si no fuese porque la veia muy amante de sus hijos, hasta donde el 10 permitia, habria creido que 10 hacla para no preocuparse mas de elIos, por 10 que entendio que actuaba juiciosamente. Sus subditos, como 39 creian que habia hecho matar a sus hijos, Ie recriminaban mucho, Ie consideraban un hombre cruel y Ie tenian una muy gran compa:;16n a la senora. La cual con las senoras que se lamentaban con ella por sus hijos muertos de esc modo, ciijo que a ella s()[() Ie complacia 10 que Ie complacia a quien los habia engen< II'ado. Pero como habian pasado varios anos del nacimiento de la 40 nina, pareciendcile a Gualtieri el momento de someter a la ultima prueba la paciencia de ella, les dijo a muchos de los suyos que en modo alguno podia soportar tener por esposa a Griselda, y que sabia que habia actuado mal y con ligereza al elegirla; y por e llrl, si podia, queria lograr del papa que Ie dis­ pensase para tomar otra esposa y dejar a Griselda; por 10 que muchos buenos hombres Ie reprendieron; y no les respondi6 mas que era neccsario que fuese asi. La senora, al oir esto, 41 como Ie parecia que debia esperar regresar a casa de su padre y guardar las ovqas como antes habia hecho y ver que otra senora tenia a quien ella queria muchisimo, se lamentaba mucho en su interior; pero no obstante, igual que habia so­ portado los dem"is ataques de la fortuna, asi con firme gesto se dispuso a sorc)[tar este. No mucho ticillpo despues Gualtieri hizo lIegar de Roma 42 unas cartas falsif1cadas y les hizo creer a sus subditos que el papa Ie otorgaba con estas la dispensa para poder tomar otra

Como la muerte de los hiios no es una acci6n real, sino simulada, y como el autor trata de mantener la coherencia del personaje masculino, ni aqui ni mas adelante d habla explicitamente de muerte (ver «palabras genericas», etc.)

14 La contenida gestualidad de la protagonista, adem as de eficaz ins­ trumento para la escenificaci6n, es tal vez el rasgo mas caracterizador del personaje, rasgo que ya estaba presente en la protagonista del La; du jresne de Maria de Francia, considerado como posible precedente de al­ gunos motivos argu111enta!es de este relato.

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esposa y dejar a Griselda; por lo"que, haciendo que [uese ante

eI, en presencia de muchos Ie dijo: -Senora, por concesi6n que me ha becho el papa puedo 43 tomar otra esposa y dejarte; y como mis antepasados han sido grandes gentileshombres y senores de esta comarca, mientras que los tuyos han sido siempre campesjnos, pretendo que no seas mas mi esposa, sino que te vuelvas a casa de Giannucolo con la dote que me trajiste, y yo luego me traere aqui a otra \que he encontrado adecuada a mi. La senora, al oir estas palabras, no sin muy gran esfuerzo 44 superior a la naturaleza de las mujeres, contuvo sus lagrimas y repuso:

<

-Mi senor, yo siempre supe que mi baja condici6n no se amoldaba a vuestra nobleza de ningUll modo, y 10 que he sido con vos se 10 agradeda aDios y avos, y como se me ha­ bia regalado nunca 10 hice 0 10 tuve como mio, sino que 5iempre 10 considere prestado; como quereis volver a tener- 45 10, pues debe complacerme y me cOl11place devolveroslo; aqui ewi vuestro anillo con el que me desposasteis, tomadlo. Me ordenais que me lIeve la dote que traje; para hacerlo ni vos debereis pagar ni yo necesitare bolsa 0 bestia de carga, porque no se me ha olvidado que me tomasteis desnuda; y si juzgais honesto que este cuerpo en el que he lIevado a los hi­

jos que vos habeis engendrado 10 yean todos, yo me ire des­

nuda; pero, como premio a la virginidad que traje y no me

!levo, os ruego que al menos una sola camisa ademas de la

dote dejeis que pueda lIevarme.

Gualtieri, que tenia mas ganas de !lorar que de otra cosa, 46

estando no obstante con el rostro firme, dijo:

-Pues lIevate una camisa.

Cuantos estaban alrededor Ie rogaban que Ie regalase un 47

vestido para que quien habia sido su esposa trece anos 0 mas no fuese vista salir de su casa tan pobre e ignominiosamente como era salir en camisa; pero los ruegos fueron en vano; por 10 que la senora, en camisa y descalza y sin nada a la ca­ beza, encomendandoles aDios, sali6 de la casa y se volvi6 con su padre con lagrimas y con lIanto de todos los que la vieron. Giannucolo, que nunca habia podido creer que fuese 48 verdad que Gualtieri tuviese a su hija por esposa, esperando [114 6]

cada dia este succso, Ie habia guardado las ropas que se habia quitado aquella manana que Gualtieri se cas acon ella; por 10 que lIevandoseh, y poniendoselas, se entrege a los humildes trabajos de la ca'1 paterna como solia hacer, soportando con fuerte animo el feroz asalto de la adversa fortuna. Cuando Gual! ieri hubo hecho esto les hizo creer a los su- 49 yos que habia elcgido a la hija de uno de los condes de Pana­ go; y mandandu hacer grandes preparativos para las bodas eovie por Grise Ida, para que fuese a eI; y al llegar Ie dijo: -Me caso ((In esa senora a la que he elegido de nuevo y 50 pretendo honn] da en su primera Ilegada; sabes que no tengo en casa senoras que me sepan preparar las alcobas ni hacer muchas cosas que se requieren en una fiesta semejante; y por clIo ttl que mejl Ir que nadie sabes estas cosas de la casa, OCU­ pate de 10 que h,l)' que hacer, y haz invitar a las que te parezca y recibelas COI1lU si fueses la senora de aqui; luego, una vez celebradas las) I(Jdas, podnis volverte a tu casa. Aunque esta'; palabras fuesen todas pun ales para el cora- 51 Zan de Griseld,) 1\ porque no habia podido olvidar eI amor que Ie tenia conlO habia querido la buena fortuna, respondi6: -Mi senor, cstoy dispuesta y preparada. Y entrando ('<)!1 sus ropillas burdas y bastas en aquella casa 52 de la que poco1ntes habia salido en camisa, comenza a ba­ rrer las alcobas. a orrlenarlas, a hacer poner tapices y panos por las salas, a hacer preparar la cocina y a organizarlo todo, como si fuese Lilla pobre criadita de la casa 11" y no para hasta tener todo disl,uesto y ordenado todo 10 necesario. Y des- 5.1 pues de esto, tr:1S hacer invitar de parte de Gualtieri a todas las senoras de 1,1 comarca, se queda esperando la fiesta; y al 15 En la dualicL\d sacro-profana en la que se puede interpretar el per­ sonaje de GriselcL!, esta imagen del corazon apufiaJado por eJ dolor la conecta V. Branc.1 con la iconografia de l~ Dolorosa que se representa a veces con siete Ci 'chillos en el corazon. Esta es, ademas, la unica pero eficacisima mene i '\n a los sentimientos de Griselda, y en especial al sen­ timiento de los "los, que implican amor. 16 Antes, en eJ ('pigrafe 50, se habia dicho «como si fueses la senora de aqui» para fijar es!;\ f1uctuacion de Griselda entre su set criada/ser seno­ ra a que la some; e eI marido, reforzada por el constante cambio de vestuario que V;1 estructurando con toda claridad el significado del relata.

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llegar el dia de las bodas, aunque tuviese puesta la ropa po. bre, recibi6 con animo y modales senoriales a todas las seno­ ras que fueron, y con rostro alegre. Gualtieri, que habia hecho criar diligentemente a sus hijos 54 en Bolonia por su parienta que estaba casada con uno de la casa de los condes de Panago, siendo ya la nina, de doce anos de edad, la cosa mas bella que jamas se hubiese visto (y el nino tenia seis), habia mandado a Bolonia a rogarIe a su pa­ riente que fuese con su hija y con su hijo a Sanluzzo y que dis­ pusiese que llevasen un buen y honorable sequito consigo y . les dijesen a todos que se la llevaba a ella como su esposa, sin decirle nada a nadie de quien, en cambio, era hija. EI gentil- 55 hombre, haciendo 10 que el marques Je rogaba, poniendose en camino, tras varios dias, con la muchacha y con su her­ mano y con noble sequito, hacia la hora de la comida lleg6 a Sanluzzo, donde encontr6 a todos los lugarenos y a otros mu­ chos vecinos de alrededor esperando a la prometida de Gual­ tieri. A la que, al recibirIa las senoras y aJ llegar ala sala don- 56 de estaban puestas las mesas, Griselda, asi como estaba, se hizo alegremente a su encuentro dicienclo: -jBienvenida sea mi senora! Las senoras, que mucho, aunque en vano, Ie habian roga­ do a Gualtieri que, 0 hiciese que GriseJda se estuviese en una alcoba, 0 que Ie prestase alguno de los vcstidos que habian sido suyos, para que: no fuese asi del ante de sus invitados, fueron sentadas a las mesas y se comenz6 a servirIes 17. Todos 57 miraban .l la muchacha, y todos decian que Gualtieri habia hecho buen cambio; pero entre todos Griselda la alababa mucho, a ella y a su hermanito. A Gualtieri, que creia haber visto cumplidamente todo 1058 que deseaba de la paciencia de su esposa, viendo que las no­ vedades de los acontecimientos no la cambiaban en nada, y estando seguro de que por insensatez no sucedia, porque sa­ bia que era muy discreta, Ie pareci6 eI momento de sacarla de Como se ha venido viendo en la jornada (en, 1,2,4,6,9) eI ban­ quete funciona de esplendido escenario para Ja anagn6tisis y teconcilia­ cion final; en este confluyen ademas las Ifneas esenciales que han estruc­ tutado eI cuento. Cft. L. Sanguinetti White, La scella..., op. cit., pags. 56-63. 17

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la amargura que imrlginaba que, bajo el rostro firme, tenia es­ condida; por 10 que, haciendola ir ante el, en presencia de to­ dos sonriendo Ie clljo: -(Que te parerc nuestra prometida? 59 -Mi senor -rcspondi6 Griselda- a mi me parece muy bien; y si es tan di~creta como bella, segiln creo, no dudo en absoluto que vayal:; a vivir con ella como el senor mas feliz del mundo; pero Cl', ruego encarecidamente que esas heridas que antes Ie causa~1 cis a la otra, que fue vuestra, no se las cau· seis a esta, pues due 10 que pudiese soportarlas, porque es mas joven y porque h,1 ~ido educada con refinamiento, mientras que la otra desde !wquefiita habia vivido en constantes pena­ lidades 18. Gualtieri, al VCI que ella creia firmemente que esta iba a 60 ser su esposa, y n() por ella dejaba de hablar con bondad, la hizo sentarse a SlJ lade y Ie dijo: -Griselda, pOI fin ha llegado el momenta de que obten- 61 gas el fruto de tu larga paciencia, y de que quienes me han juzgado cruel, inicl10 y bestial sepan que 10 que hacia 10 lIeva­ ba a cabo con un lin premeditado, al querer ensefiarte a ser esposa, a ellos a s'lber tenerla, y a mi procurarme una paz eterna mientras fucse a vi vir contigo; pues cuando fui a to­ mar esposa tuve rnucho miedo de no lograrlo, y por e110, para tener prueba', te hed y te apunale de todas las maneras que sabes. Pero cnmo he advertido que ni en palabras ni en 62 obras jamas te ha> desviado de mi deseo, pareciendome que recibia de ti ese CI msuelo que deseaba, pretendo devolverte de golpe 10 que <Iurante mucho tiempo te quite, y restanar con gran dulzura las heridas que te cause. Y por ello recibe 63 con alegria a est,1 a quien crees mi esposa, y a su hermano, como tus hijos y ios mlos; son aquellos a los que ttl y otros muchos durante mucho tiempo habeis creido que yo les mande matar cruclmente; y yo soy tu marido, que te amo 18 Griselda hab!a :Ie si como «Ia otraf), en tercera persona, como ma­ xima prueba de su ;\catamiento del repudio de Gualtieri; y esta ternura, esta consideraci6n Ilacia la presunta nueva esposa podria explicarse, ademas, como reflelu Inconsciente del interrumpido instinto maternal de la protagonista.

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sobre todas las casas, creyendo' poder jactarme de que no hay nadie que, como yo, pueda estar mas satisfecho de su esposa. Y dicho esto la abraz6 y la bes6; y con ella, que lloraba de 64 alegria, levantandose se fueron a donde su hija estaba senta­ da, toda estupefacta oyendo estas cosas, y abrazandola tierna­ mente y 10 mismo a su hermano, a ella y a otros muchos que alli estaban les sacaron del error t9 • Las senoras, contentisi- 65 mas, levantandose de las mesas, se fueron con Griselda a su alcoba y quitandole sus ropillas con mejor presagio volvie­ ron a vestirla con un noble vestido de los suyos; y como se­ nora, aunque tam bien 10 parecia en los harapos, volvieron a llevarla a la sala. Y alii, alegnindose l11uchisimo con sus hi- 66 jos, estando todos muy felices por esto, l11ultiplicaron la ale;,­ gria y la fiesta y la prolongaron durante varios dias; y a Gual\;\ tieri Ie juzgaron muy discreto aunque considerasen muy duras e intolerables las experiencias que habia tenido su esposa,/ pero mas discreta que a nadie juzgaron a Griselda....,....".' EI conde de Panago tras algunos dias se volvio a g'olonia; 67 y Gualtieri, quitando a Giannucolo de sus faenas, Ie situ6 como a su suegro en un estado en que honorablemente y con gran felicidad vivi6 y acabo su vejez. Y despues, casanclo no­ blemente a su hija, vivi6 feliz mucho tiempo con Griselda, honnindola siempre 10 mas posible. UE se podni decir ahora 211, sino que tambien en las ca- 68 Co sas pobres llueven del delo cspiritus divinos, asi como en las regias quienes serian mas dignos de cui dar cer­ dos que de sefiorear sobre los hombres? c:Quien, sino Grisel­ da, habria pociido soportar con el rostro 110 solo seco, sino alegre, las rigidas e inauditas pruebas a que Gualtieri la habia

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sometido? A qUI1'n tal vez no Ie habria estado mal empteado haber tropezado con una que, cuando la hubiese echado de casa en camisa hubiese hecho que otro se la cepillase 21 de tal modo que se huhiese ganado un bonito vestid0 22 •

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Los datos de la ficha aparecen en la primera de Boccaccio discutida en clase. j

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19 Griselda rompe su contenido hieratismo con las lagrimas de alegria y los abrazos a sus hiios solo en esta anagnorisis final. 211 En el codice Hamilton no se separa este parrafo final mediante la capitular, pem es evidente que se pasa aqui al niycl del marco de los na­ rradores, y que es Dioneo quien retoma la palahra para dar ademas una opinion muy iconoclasta y muy negativa de Jo sllcedido en el cuento y de la conducta del protagonista, una de las opin iones mas lIamativas de todo ellibro y eI ejemplo mas claro de todos de falta de sintonia entre la ideologia del cuento y la del narrador que se ha cncargado de relatarlo.

21 En esta valol',lcion negativa, Dioneo retoma el lcnguaje obsceno «(que otro se la celll\lase))) e insiste en la mctafora del «vesticlo)) para ce­ rrar adecuadament l ' la estructura vertebral del relata. 21 La proyeccioll clIropea de este cuento es real mente imprcsionante, favorecida de form,' decisiva por la libre version allatin de Petrarca, que circul6 por todo cl Renacimiento y dio pie a SlIcesivas vulgarizaciones (vcr una muestra ('I' ]a contribllcion de C, Alhanese a\ Catalogo de Codiei Latini del Petrarca, I ]lJrencia, I.e Letterc, 1(91). Para un anal isis y cotejo de ambas versione\, rcmito a mi articulo «Lccturas del relata de Grisel­ da: Decamer6n, X, III Y SCI/iles, X V II ,3)), en Ri!Iista di Letteratlira italiana, 1991, IX,.'l, pags.' ·.'l-39(). Desde la version latina e1 cuento se tradujo al frances, de ahi a\ illglCs (ver «E! cuento del cruditOl) de Chaucer, pigs. 257 ss. de la cd. cir), V siempre desde c1latin paso a la version catalana de B. Metge (HistliuIl de Valter ede la pacient Griselda eserita en /latiper Franeeseh Petrarca, e arromalJl.,lda per Hernat lvfe~ge. Barcelona, 1883); en castellano destaca dentro de h prosa dcscarnada del Patranllelo Ia version amplifica­ da y can nuevas ill\'Cnciones de Timoneda, que sigue tambien a Petrar­ ca, y en el teatro j ,upe toma su argumento para [;1 ejemplo de casadas, ade­ mas de poderse dcqacar su presencia en la iconografia (incluso en los di­ bujos de los juego!; de cartas), y en muchos ejemplos mas.

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Boccaccio-Proemio-Marco-Novella10.10  

Proemio y Marco Narrativo del Decameron y Novella 10.10 de Boccaccio.

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