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CAMIÑO O SANTIAGO DIARIO DE UNA PEREGRINA (PILIGRIMMM, PILIGRIMMM…) Madrugada del 1 de abril. LAS PALMAS - SANTIAGO Apenas he dormido, compras de última hora, cena andaluza (ese “pescaíto frito”) y preparar la mochila para que no pese más que el resto de las mochilas y así librarme de pagar la primera cena del camino. Demasiadas tareas para tan poco tiempo y demasiados nervios para que la cabeza ordene todo aquello que necesito y recuerde todo aquello que no he de llevar... aún así, logro puntualidad en el Aeropuerto, caras somnolientas, risas nerviosas, padres y madres alborotados ante el Viaje, porque es un Viaje con mayúsculas, es una experiencia diferente, un reto físico y mental para estos pobres alumnos y alumnas que aún no saben muy bien a qué se van a enfrentar... ni yo misma lo sé, sonrío hacia mis adentros mientras observo el grupo y hacemos apuestas para ver qué mochila pierde. Hay ganador: Héctor ¡¡¡ 13 kgs.!!! Y primera anécdota: Yara ha perdido la Credencial del Peregrino (donde nos sellarán durante el Camino en los albergues, iglesias, restaurantes que visitemos para justificar los kilómetros realizados y recibir la Compostelana). Facturamos y primer desayuno, prensa…Al llegar a Santiago nos llevan hacia O´Cebreiro. Comemos y paseamos, parece que la máquina del tiempo nos ha instalado en el pasado, admiramos las “pallozas”, viviendas de gran antigüedad de origen Celta con parabólicas que contrastan el paisaje. Conseguimos una nueva Credencial para Yara, otra quedará abandonada al lado del árbol de la iglesia a la que habrá que regresar más tarde.. Bajamos a Triacastela, primer albergue de la Xunta, algo de intimidad ya que son por habitaciones. Tiempo libre para comprar el desayuno del día siguiente (cada uno aprenderá a tomar un buen desayuno estos días), pasear, jugar, leer, conversar con otros peregrinos… Cenamos, bromeamos, hablamos del día siguiente, damos instrucciones al grupo y a la cama, no sin antes pedir silencio. Con los días, se acostumbrarán a que haya más gente diferente conviviendo en la misma habitación, por lo que los juegos, las charlas las harán con un nivel menor de ruido, pero las harán…también, el cuerpo les pedirá descanso, es la primera noche y después del largo viaje aún los nervios están a flor de piel. Miércoles 2 de abril. 7.00 a.m. TRIACASTELA – SARRIA : 17,7 Km. Cada día haremos el mismo ritual, despertar al grupo, recoger la mochila, desayunar, dejar las habitaciones ordenadas y empezar a andar, a contar “mojones”, a contar historias con el compañero/a que vaya a nuestro lado, a hablar de lo divino y de lo humano..y a escuchar…las primeras nieblas nos reciben y el primer error también “sigue la flecha, sigue la flecha…¿dónde estaría yo mirando? ¡Si aún no he abierto los ojos!”. Risas y a caminar. Las primeras cuestas, repechos ya avisados la noche anterior (la voz de la experiencia de Cris), los primeros sudores y sofocos…y la búsqueda de la primera cafetería o restaurante que nos quite el frío con un buen café y un buen bocata calentito. El grupo se va separando, la única consigna inquebrantable “no caminar nunca solo/a, no dejar a ningún compañero/a solo/a. Y desear “buen camino” a todo aquel peregrino/a que nos crucemos”.


Voy adelantada, primeras llamadas al móvil para ver cómo va el grupo. Camino y miro hacia atrás, este será mi gesto durante todos estos días, controlando al grupo que va en cabeza y a los que vienen detrás. El paisaje es fantástico y el camino empieza a ser mágico, el silencio te transporta, los sonidos de la naturaleza acompañan cual banda sonora. Sólo las conversaciones que mantenemos van rompiendo esa tranquilidad. Primeras paradas, cada uno/a imprime su ritmo, estos días aprenderán a dosificar el esfuerzo. Yo los espero en la primera cafetería, una casa habilitada para los peregrinos, buen café, inmejorable bocata. No hay prisas cuando se trata de nutrirse y de jugar a las cartas, prensa, fotos, sms…nuestro camino será así cada día, encontraremos sitios muy típicos donde descansar y reponernos del esfuerzo. Hay un grupo que sigue un ritmo fuerte, llegarán siempre los primeros pero se perderán estos ratos ociosos que nos harán compartir buenos momentos y conocernos mejor. Los kilómetros van cayendo a nuestro favor, nuevas paradas, sale el sol y parece que nos han cambiado el paisaje. Los rayos nos dan energía para seguir. Empezamos a ver más peregrinos, grupos de gente extranjera (una coreana de 22 años bautizada “la Cori” nos hará sonreir cada vez que la veamos), peninsulares que, como nosotros, han elegido este mismo camino, nos habituaremos a sus caras día a día y a conversar con ellos. La mochila empieza a pesar, el camino va paralelo a la carretera lo que nos avisa que Sarria está cerca. Callejeamos y un último esfuerzo (unas escaleras de regalito) nos llevan a un albergue privado muy bonito y acogedor. Estiramos, hablamos con el grupo, primeras ampollas y contracturas, más estiramientos, ducha, alcohol de romero, masajes en los gemelos y tiempo libre hasta la cena. Esa noche, nos encienden la chimenea, una guitarra y Victor nos traerá la banda sonora con Estopa. El repertorio no es muy generoso. Hablamos con un peregrino inglés, juegan a las cartas y algunos/as decidimos que la posición horizontal en el saco es la mejor opción. Jueves 3 de abril, 7.00 a.m. SARRIA – PORTOMARIN 22 km Cumpleaños de Aída y Héctor. Nos despertamos cantando y felicitando. El primer regalo será volver a subir a la habitación a recoger todos los papeles, una vez que todo el grupo ha bajado y estaba dispuesto a empezar a caminar, dejando su rastro en el albergue. Ante todo, limpieza, no volverá a suceder. Caminamos, los kms van cayendo al igual que aumentan las ampollas, las rozaduras y el buen humor. Las paradas que hacemos con bocadillos gigantes y unas cartas de postre parecen agradar al grupo en cola, del grupo de cabeza, pues eso, que va en cabeza.. Nos haremos foto en el mojón 100 km para Santiago. Este día nos sucederá algo tierno, nos encontramos con “Tano” (el Gitano del Camino), un noble pastor alemán cruzado con quién sabe, con un hocico interminable y una sonrisa ancha. A unos 5 ó 6 kms de llegar a Portomarín, unos ciclistas nos adelantan, se paran, vuelven atrás, vuelven a pasarnos, nos quedamos pensando en la actitud de los mismos, parecen que buscan a alguien o esperan..pocos minutos después aparece quién se convertirá en uno más del grupo, malherido, deshidratado, agotado..lo paro y le miro las almohadillas de sus patas, las tiene totalmente levantadas y llenas de sangre. Tano, como así


lo llamaré en un rato, se deja tocar, le damos la poca agua que ya nos queda, los gajos de naranja, se deja cuidar, está agotado..pensamos que pertenecen a los ciclistas, y , casi maldiciendo, seguimos andando al ritmo de él que se para en cualquier acequía, mete sus patas, le alivia, anda sobre la hierba, no quiere el asfalto o la tierra..y así llegamos a Portomarín, parece contento de verse acompañado, aunque no parece entender que tiene que ir por dentro del puente, a cada coche que pasa sale tras el mismo, lo que me da que pensar si este pobre animal no ha sido abandonado. Nos recibe la impresionante Escalinata de las Nieves, la contemplamos. Viernes 4 de abril, 7:00 a. m. PORTOMARIN – PALAS DEL REI 24 km. Los niños hacen un desayuno americano, juegan a las “cocinitas” y dejan impecable la loza. Tano también desayuna fuera, sabe que el grupo está a punto de salir. Van saliendo el resto de los peregrinos, pero él espera, sabe que aún no hemos salido, es fiel ya a nosotros. Salimos, les pido a los niños que no le animen a venir, que es mejor que se quede en este pueblo que parece estar bien, que no está para andar otro día más..pero Tano nos sigue, yo le riño, intento echarlo, pero insiste…ante su tozudez, yo acelero el ritmo, es inútil, nos sigue y se pone a mi lado. No puedo hacer nada, sólo intentar que no lo pille ningún coche, mucha parte del camino transcurrirá cerca de la nacional. Ese día voy en cabeza todo el rato, junto a Nauzet y después Victor se incorporará, tras la primera parada de rigor, en una casa con chimenea. Tano entra tranquilo, yo le digo que se espere fuera, la dueña me pide que lo deje, que no molesta y él, entendiendo el diálogo, se sienta en un rinconcito a descansar, sin molestar. Yo me quedo mirándolo, me asombra su carácter y su valentía. La jornada de hoy es dura, hasta una culebrilla veremos (según Victor, era anaconda..) mucho calor y muchos kilómetros. Tano sigue metiéndose en todos los charcos que ve, sigue herido pero parece que el descanso de la noche anterior le vino bien. Sólo cuando ya vamos llegando a Palas, noto que el animal le quedan pocas fuerzas. Tras la ducha reparadora cuidamos a Tano, lo curamos, lo alimentamos. El albergue tiene una entrada con bancos y césped, allí se queda sentado, agotado y los alumnos se van turnando para acompañarle. Me voy tranquila, sé que lo cuidarán muy bien y me llamarán si pasa algo. Por la noche, de nuevo lo curo, pero ya veo que las fuerzas lo han abandonado, apenas abre los ojos, su hocico está muy caliente y tiembla. Le bajo unas mantas que encuentro en la habitación. Empiezo a pensar que mañana ya no vendrá con nosotros, llamamos a la Guardia Civil, nos piden que al día siguiente los volvamos a llamar para recogerlo. Me subo pensando en la noche que va a pasar el pobre animal, me digo a mí misma que más no puedo hacer. No sé ya mentirme. Arriba, en la habitación, el juego de la botella disparata la noche, yo me acuesto e intento descansar, la noche será larga. Sábado 5 de abril, 7:00 a.m. PALAS DEL REI – RIBADISO 25 km. Me levanto y me asomo por la ventana del baño. Tano ya está despierto, parece tranquilo, él no me ve, mira hacia delante, como si ya estuviera pensando en el Camino a recorrer hoy. Bajo a saludarlo y a curarlo y se me cae el alma cuando intenta levantarse y sus patas se doblan sin fuerza. Se queda tumbado. Hoy ya no puede seguirnos, él lo sabe y yo también. Lo curo


lentamente, se queja pero me deja hacer y lame mis manos. Los niños empiezan a preguntarme si vendrá, yo les digo que hoy no. Cristina me informa que hoy se hará muy larga la etapa, que es mejor que llamemos a la Guardia Civil. El grupo comienza a caminar, en principio Tano parece que se queda tumbado allí, pienso que es lo mejor. No pasan ni unos minutos cuando me empiezan a llamar, Tano cojeando y arrastrándose casi, nos sigue. Me quedo esperando hasta que llega a mi altura. Les digo a los niños que sigan, que ya los cogeré, Héctor se queda conmigo. Curamos y vendamos las patas delanteras (sus manos). El animal sufre, empieza a entender que hoy no podrá seguirnos. Cristina me llama, la Guardia Civil viene en nuestra busca. Le damos una barrita de cereales a Tano en compensación por la cura dolorosa, él la recibe como el mejor de los festines que haya tomado. “¡Qué noble es!”, decimos. Aparece la Guardia Civil, le explicamos el viaje de Tano, las heridas y sus curas. Le pedimos que lo lleven a un veterinario, que le miren el chip, que debe tener un dueño, que se hagan cargo de él, que es un increíble perro. Nos comentan que en el Camino se pierden muchos animales, que se despistan con los peregrinos y empiezan a seguirlos. Llega la hora de despedirnos, el nudo en la garganta se hace enorme, Tano nos mira con sus ojos marrones y a su manera nos dice adiós, sabe que ha llegado el momento de separarnos, que ya no puede seguirnos. Sin oponer resistencia, la patrulla se lo lleva, yo empiezo a andar y a llorar. Ha sido increíble la reacción del animal, su calma y su sumisión. Caminamos en silencio hasta que consigo controlarme. Hablamos de su futuro, sólo pensamos que ojalá tenga dueño y lo cuiden como se merece. Aumentamos el ritmo para contactar con el grupo, en una hora y media por fin los alcanzamos. El sol será hoy juez de nuestro Camino, la mochila parecerá que ha aumentado de peso considerablemente, el paso por los pueblos nos hará buscar fuentes donde refrescarnos. El ritmo es más lento que otros días, las paradas mayores, no podemos hacer nada más. Cunde la desesperación, nos vamos animando unos a otros, pintamos el albergue de colores en nuestra imaginación, con un gran río (así nos decía Cristina la noche anterior) y una buena cena. En la última parada que hacemos en un bar (el Acuarius patrocina este Camino), el dueño nos avisa que aún queda 4 kms. –“ Imposible, quedan 2..”, murmuro sin fuerza. “Z” se viene abajo, no puede ya más. Decidimos sentarnos aún más, el sol está pegando fuerte. Son casi las 5 de la tarde, nunca habíamos llegado tan tarde y aún quedaba más gente retrasada. Los llamo, van bien, parándose y jugando a “la botella”, les animo. Nos ponemos en marcha, nos refrescamos, animo a “Z” en cada paso, y sigo pensando que debe quedar menos. Desde lejos vemos a un grupo sentado que nos hace señas, hay un puente. En voz bajita voy diciendo que me parece que es allí, que me suena la camiseta de Cristina. En mi interior deseo que sea así, si no “Z” me asesinará lentamente. Es el grupo, estoy salvada, llegamos riéndonos y nos falta tiempo para meter los pies en el agua congelada, esto sí que es vida. Me alegro al comprobar que están Patricia y Yara, las tenía como las últimas. El sitio es increíble, el albergue más bonito en el que hemos estado. Por la noche asistiremos a una fiesta de estrellas, Orión vigila nuestros pasos y nuestros susurros de conversaciones. Otro día más, nos acercamos al objetivo. Hoy ha sido muy duro todo, la litera me espera... Domingo 6 de abril, 7:00 a.m.


RIBADISO – ARCO DO PINO 20 Km. Iniciamos el Camino, hoy el BOSQUE será el tema central de esta ruta. Empezamos a saborear que Santiago está ya cerca y a darnos cuenta de que los días han ido cayendo y que no tenemos ganas de regresar. Es duro lo que estamos haciendo , pero la rutina, el buen ambiente que hay, todo lo que estamos viendo y aprendiendo hace que rechacemos la idea de volver a las islas, al trabajo, a clase, queremos ser “eternos peregrinos”. Por una vez, desayunamos todos juntos, en una gran piedra como mesa. Parece que hoy no hay tanta prisa, aunque pronto irán saliendo. El dios Helio seguirá acompañándonos, siendo personaje principal del paisaje de hoy. La ruta se hace breve, se notan la disminución de los kms y el agua fría del río de la tarde anterior, un potente vasoconstrictor que nos ha dejado las piernas nuevas. Los de siempre (Daniel y Victor) ya están en el albergue, el grupo que le sigue hace una excursión por “el Bosque”. Nosotros, decidimos que probar la empanadilla de atún es la mejor opción justo con el fin de la Fórmula 1. Alonso sigue sin destacar. Llegamos, ahora sí que realmente empezamos a sentirnos muy cerca de la Plaza del Obradoiro. Cena, masajes y litera, toda una costumbre. Los niños y sus cartas en otra habitación. Mañana será el gran día. Lunes 7 de abril, 7:00 a.m. ARCO DO PINO – SANTIAGO DE COMPOSTELA 20 km. Desayunamos y empezamos a andar con más gana que nunca. Esperamos a la información del Tiempo como cada mañana, hoy lloverá, como tiene que ser. No imagino a Santiago de Compostela con un sol radiante, la lluvia es su segunda piel. Hemos tenido mucha suerte toda la semana, la anterior, antes de viajar, diluviaba y nevaba, hemos venido en una prórroga que nos han concedido, parecían que nos esperaban. Hace más frío, baja la temperatura, bromeamos y mi tobillo pisa mal. Esguince. Paramos en una cafetería, hielo y vendaje de Cristina. Hay una mesa de billar, el grupo flipa jugando y posando para la cámara. Asaltamos el mini super de la esquina, yo me adelanto con mi semi cojera, en cada paso, el dolor es punzante, pero ahora ya no puedo rendirme . “No pain, no game” , bromeo a modo americano. Después nos enteraremos que uno de los lemas del Camino será “No pain, no glory”, ilustrado en las camisetas de las tiendas de Santiago. Empieza a llover, muy débilmente, el grupo se alegra, por fin estrenaremos los chubasqueros de capa que todos hemos comprado, en cuestión de segundos nos protegemos, somos verdaderos peregrinos. Los mojones inician su cuenta atrás en los kilómetros. Llegamos al Monte Do Gozo, su mismo nombre lo describe. La parada que hacemos se alarga, diluvia, algunos alumnos duermen, el cansancio aflora pero la alegría es contenida. Iniciamos la bajada, el día gris parece apagar a la ciudad. Vamos contentos, yo casi arrastrándome, se me está haciendo eterno el pateo de hoy, el tobillo sigue molestándome.. Las calles se van estrechando, entramos en el último kilómetro, la ciudad parece haber retrocedido en el tiempo, la piedra se impone ante las construcciones nuevas de la entrada. La Plaza del Obradoiro nos espera, los niños están impacientes, yo me retraso, Cristina obliga a parar ante la última esquina, al doblarla entraremos de lleno en la Plaza. Entramos todos juntos, buscamos el kilómetro 0, tan ansiado estos días. Nos perdemos mirando la


Catedral, se hace silencio, cada uno parece abstraído, Cristina felicita efusivamente a cada uno, yo sólo logro marcar y llamar a mi madre. Le encanta Santiago, le dedico el Camino. Los niños se vuelven locos y empiezan a fotografiarse. Yo ya había estado en Santiago, varios años atrás, de visita turística. Conservaba la imagen de la Plaza pero las sensaciones acumuladas hacen único este momento y parece que es la primera vez que llego a esta ciudad. Soltamos mochilas, como podemos, subimos todos los escalones y vamos a saludar al Santo, Santiago (“Santi” como cariñosamente le hemos mencionado durante las etapas). La costumbre reza que hay que abrazarlo y darse un coscorrón al otro lado del parteluz en el Santo dos Croques. El abrazo sí que lo hacemos, apenas hay cola. El coscorrón tendremos que esperar para otra ocasión, ya que lo están rehabilitando, tantos han sido los coscorrones de peregrinos y turistas. Al salir, diluvia. El grupo espera tumbado enfrente, a resguardo. Cuando se debilita la lluvia, iniciamos el camino hacia el Hostal que se hace eterno. La cena será en “Casa Manolo” sitio peculiar y famoso entre los peregrinos. Los platos son interminables, algunos niños copian el menú ya que al día siguiente también almorzaremos. Planean fiesta, aunque es lunes y no se ve mucha marcha. Las profes aprovechamos para pasear, la ciudad está iluminada, se hace mágica. Ya en el Hostal, comprobamos que todos están y que la noche se hará larga para más de uno/a. Martes, 8 de abril. Sin hora para levantarnos. Aún así, me despierto pronto. Pero hoy no hay prisa. Hay tiempo para vaguear en posición horizontal. Ducha y a callejear, elijo un bar donde hacen tostadas andaluzas (pan, aceite y tomate). No me lo creo. Le pido que me sirvan también jamón York. El plato es generoso. Prensa y café. La ciudad, hermosa…y mañana, hay que trabajar. Desecho el último pensamiento y me lanzo en pos de la Compostelana, me la dan, será el regalo para mi madre, sé que le hará ilusión. Tiendas, sourvenirs, “Tarta de Santiago” y caña en el Casino de la ciudad, haciendo tiempo para la comida, todo un lujo, sencillo y castizo. Los niños han asaltado todas las tiendas, parecen que han vivido en la selva y el consumismo ha aflorado en sus pieles imberbes. Llegan rebosando de bolsas, nos cuentan sus compras. Comemos y regresamos al Hostal. Mochila y una última parada, la estación de guaguas, que nos llevarán al aeropuerto. Me río con ellos, han dejado el Camino y ya no miran ninguna de las señales que nos indican cómo llegar a la estación. Parece que la urbe no va con ellos. Vuelo, todos duermen. Todos caen. Yo, sigo leyendo y ordenando mis pensamientos, intentando acordarme del horario del Instituto, regresando a la realidad, poquito a poco, paso a paso, como el Camino, como esa canción de Chambao: “ pokito a poko entendiendo que no vale la pena andar por andar que es mejor caminar pa ir creciendo volveré a encontrarme con vosotros volveré a sonreir en la mañana


volveré con lagrimas en los ojos mirar al cielo y dar las gracias pokito a poko entendiendo que no vale la pena andar por andar que es mejor caminar pa ir creciendo pokito a poko entendiendo…” Dedicado a todo el grupo peregrino: Patricia, Yara, Aída, Néstor, Ainoa, Natascha, Héctor, Victor, Nauzet, Daniel, Cristina y Zeta. Y a Tano. Días después, llamé a la Guardia Civil, al pueblo de Palas del Rei para informarme sobre Tano. Me alegraron el día, aunque no tenía ni chip ni dueño, alguien del pueblo lo había adoptado. El Camino también finalizaba para él, por fin tenía dueño. Colgué con la sonrisa en los labios. Se lo comenté a los niños, todos se alegraron. A veces sólo hace falta estar en el sitio adecuado y hacer lo mejor posible, con la mejor intención.


Caro Diario Camino Santiago 08