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¡Ah!, y que su madre no se entere, porque ella si les clausura la ventana ¡Oyeron!… Que maravilloso era para nosotros tener un padre que fuese nuestro amigo y compañero, muchos de nuestros amigos no tenían esa suerte. Cumpliendo su orden nos retiramos a dormir, y ya en la cama discutimos diferentes planes hasta aprobar uno de ellos, el que pondríamos en vigor tan pronto fuese posible, y que ni mamá, ni papá pudieran impedírnoslo. El plan, o mejor la idea de seguro más lógica y calculada de todas las que habíamos pensado, por supuesto era la de mi hermano... ---Si amarramos una soga a un hierro que cruzara la ventana. Comenzó él explicándomelo detalladamente. Como la tranca que está detrás de la puerta de la calle, podría bajar por la soga y balanceándome alcanzaría la escalera; saltaría a la ventana de ella y podría entrar en su habitación, mientras tú me proteges y luego me ayudas a regresar al apartamento ¿Qué te parece?. ---Bien, pero yo creo que no vas a poder hacerlo: tienes problemas en la vista y no eres ágil. Te vas a caer. Además ella pensará que eres un ladrón y seguro que grita al verte echándolo todo a perder… ---Sé que puedo hacerlo. Afirmó. Ella tampoco hará nada, a ella le gustan los riesgos y la aventura… ---Mira lo que vamos a hacer. Continúo con su Plan. Tú la llamas por teléfono y le dices que voy a entrar por la ventana, que se prepare, que ya no puedo más, que voy a estar con ella, y cuelgas. No esperes a que te diga nada. Verás que todo sale bien…, estará encantada por mi osadía. No resulta ocioso apuntar que me sumé de lleno a su idea…, sin discutir ni un sólo detalle y sin analizarlo dos veces la aprobamos en su totalidad, pues en cambio, el Plan que a mí se me había ocurrido ---que no vale la pena relatar aquí--- en honor a la verdad, sólo podía ser ejecutado por Superman o por Batman y su ayudante, por supuesto ---yo sería Robin---, o a lo sumo por el Hombre Plástico. Como era de esperarse mi hermano puso solamente la idea, yo tuve que buscar la tranca de hierro, igual que la que había en la puerta de salida de la casa, que pudiera tener más de dos cuartas del ancho de la ventana, así como una soga de aproximadamente veinte pies que compré en la Ferretería de la esquina, con unos centavos que teníamos reunidos, a esta le hice unos nudos, cada pie y medio aproximadamente, para finalizar en un lazo donde él pudiera meter el pie para balancearse. Una vez equipados para la acción, sólo restaba esperar el momento oportuno para llevar a vía de hecho el Plan preconcebido. Este sería cuando, en ambas 92

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Gealittera nº7 ventanas  

Revista digital y literaria codirigida y coeditada por la poeta argentina Cecilia Ortiz, desde Argentina y por Carmen Membrilla Olea desde E...

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