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desprenderse de sus ropas, hasta quedarse completamente desnuda, se acostaba en la cama, que estaba situada frente a una de las ventanas, se hacia la dormida, para que mi hermano, en caso de que la estuviera observando, pudiera contemplarla en su totalidad, y se volviera loco. Apenas pasaban unos minutos se levantaba contoneándose y apagaba la luz, dejando solo encendido a mi hermano, que ya se encontraba encaramado en una silla dentro de la bañadera mirando por la ventana, lo que provocó que en varias ocasiones estuviese a punto de caerse, tratando de ver más allá de lo que la distancia y la inclinación entre ambos edificios le permitía. Un buen día mi hermano la sorprendió en la calle ---acabada de escaparse---, la tomó por el brazo y la detuvo. Pensando Maribel que la habían cogido “in fraganti” en su fuga sólo atinó a decirle… ---Ay que susto me has dado, pensé que era mi padre o el encargado del edificio… ---No soy yo, tu eterno enamorado, que no descansa hasta que me oigas lo que tengo que hablar contigo. Le contestó, mientras sin soltarla aminoraba la presión de sus manos en el brazo de Maribel, convirtiendo el apretón en una dulce caricia. ---Te estás propasando, suéltame y hablamos, no me gusta que me toquen, acentuó ella…, pero vamos a algún lugar donde no puedan vernos. Después de pensar ambos adonde dirigirse para poder conversar libremente, entraron al edificio en que vivíamos nosotros. Mi hermano sabía muy bien que en el Hall nunca había nadie… se sentaron al borde de la escalera, uno al lado del otro… muy juntos. ---Bien ahora dime lo que tienes que decirme… te escucho, pero que sea rápido, ya que tengo que volver pronto a mi casa… Él no perdió la oportunidad y descargó todo lo que guardaba en su corazón y en su mente desde hacía ya tiempo, matizado por toda esa serie de mentiras endulzadas que los jóvenes acostumbran a utilizar, en esos tiernos instantes en que enamoran. Sin dudas de seguro le dijo algo así: “…que la espiaba por las noches... que la había visto sin ropas incluso, en varias ocasiones; que lo tenía loco de remate y que deseaba que fuese su novia, entre otras cosas”. Cierto fue que Maribel no lo aceptó, le respondió secamente, que a pesar que le gustaba, ella era mayor que él y que su mamá no la dejaba tener novio, y si algún día se lo permitía, ella lo haría con un hombre ya maduro y con experiencia, no con un “niño”. Recalcando esta última palabra, se levantó, salió del edificio y regresó casi corriendo a su casa. 90

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Gealittera nº7 ventanas  

Revista digital y literaria codirigida y coeditada por la poeta argentina Cecilia Ortiz, desde Argentina y por Carmen Membrilla Olea desde E...

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