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Cuando llego al patio ella ya no está. Subo despacio por su escalera. Ya se, suena muy arriesgado, pero a lo mejor algo bueno ocurre. No hago ruido. Llego hasta su puerta, y no me decido a tocar. ¿Y si me corre, o le llama a la patrulla? No sé que haría mi mujer si se enterara. Pero tengo que arriesgarme, ya llevo varios meses viéndola de lejos. Le toco el timbre y no abre. No pasa nada. Me quedo un rato esperándola, sé que esta detrás de la mirilla. No, no me va a abrir. Es una locura. Me regreso a mi casa y me conformo con echar un vistazo por la ventana. Creo que debo de olvidarme de ella. Mi mujer tiene razón. Debo esforzarme por estar un rato con ella y pasar menos tiempo en la cocina. No entiende que tanto puede un hombre hacer allí. Así que preparo la comida muy rápido y me voy a ver la televisión o a jugar con mis niños. Ya logré vencer la tentación y no volteo para nada. Después del ridículo del otro día, creo que lo mejor es hacer como si nada hubiera pasado. Pero me siento triste. Como sin vida, sin ilusiones. Ya pasó un mes desde que salí detrás de ella. Ayer la vi en la mañana, iba para su trabajo y yo para el mío. Muy apurada y muy arregladita, imaginé que iba con ella del brazo. Bastó con eso para pensar en ella todo el día. Y aquí estoy, otra vez en la cocina, esperando que llegue y encienda su luz. ¡Ya la vi! Me siento otra vez ilusionado. Ya caí en la tentación, es demasiado para mí. Sé que no me va a hablar nunca, pero me conformo con mirarla. Así han pasado ya dos años. La veo, por horas, sé su rutina de memoria. Ella sabe que la miro, a veces le gusta y otras no. Cuando no le gusta, cierra la cortina de su recámara. Y cuando no le importa que yo este allí, la deja abierta. Nunca he visto nada más, pero me la imagino cuando se pone su camisón y se mete en la cama, entre las sábanas. Entonces cierro los ojos y pienso que toco su timbre, me abre y me invita a pasar. Y me acuesto a su lado. Lo demás, es demasiado atrevido para contártelo. Cuando termina mi fantasía, y vuelvo a mi realidad, ya es tarde. No puedo verla, ya apagó su luz. 119

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Gealittera nº7 ventanas  

Revista digital y literaria codirigida y coeditada por la poeta argentina Cecilia Ortiz, desde Argentina y por Carmen Membrilla Olea desde E...

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