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Un antes y un después del Río Tormes Mientras que es habitual oír a nuestros padres o abuelos hablar de las tardes que pasaron nadando en el río Tormes, hoy en día la idea de bañarse en el mismo río es inimaginable. El agua no invita a mojarse. ¿Qué le ha pasado al río Tormes?

En el 1979 se empezó a plantear la prohibición de bañarse en río debido a la contaminación y desde entonces los problemas del Tormes ha ido en aumento. En 1991 un vertido de ácido sulfúrico acabó con 20 000 peces, pero no hace falta remontarse poco más de dos décadas para ver el descuido y deterioro del río, un desinterés muchas veces justificado por la falta de “información” sobre el mismo; más recientemente, en el 2012, se denunció el vertido de sangre y excrementos procedentes de un matadero, y la Confederación Hidrográfica del Duero se vio obligada a aumentar el caudal del río debido a los contaminantes orgánicos producidos por la Azucarera de Salamanca. Aun así, cuando el caudal del río lleva poca agua, es incapaz de oxigenarse por sí solo resultando esto en un alarmante incremento de los niveles de contaminación. La ocupación de su cauce por la industria chacinera, el uso de fertilizantes y pesticidas, el riego de los campos de golf y el vertido de aguas residuales han mermado la calidad de las aguas.

Siendo un recurso indispensable en todos los ámbitos es sorprendente que los problemas del Tormes sean sólo discutidos por un número muy reducido de colectivos ciudadanos, no estando casi nunca presentes en los debates y sin constituir una gran preocupación para los salmantinos. A pesar del valor y del uso universal del agua se tiende a la privatización de su gestión. Los debates se centran en el aspecto económico del agua , considerando a veces el cuidado del ecosistema fluvial como la afición de unos pocos, y no la responsabilidad de muchos.


Es sorprendente que con el desarrollo industrial y comercial que ha experimentado la ciudad en los últimos veinte años, las autoridades no hayan manifestado el debido interés en el saneamiento y la preservación del río. Además, nos puede preocupar el hecho de que la toma de agua que llega a nuestros hogares se encuentre precisamente en este río contaminado, más exactamente en el azud de Villagonzalo, situado a pocos kilómetros de Salamanca.

A pesar de todo esto, las autoridades sanitarias y el ayuntamiento nos garantizan que el agua que llega a nuestras casas es potable y se encuentra siempre en perfecto estado. La gestión del agua salmantina se lleva a cabo por una empresa privada, AQUALIA, que realiza controles diarios del agua en las diferentes fases de la potabilización y del producto final de la misma, así como controles mensuales de muestras de agua tomadas directamente en grifos. Aunque debemos decir que, en momentos puntuales, este protocolo no ha sido del todo efectivo, como en el verano del año 2010 en el que se detectaron en la composición del agua de grifos de Salamanca, altos niveles de un alga que generaba una toxina perjudicial. En conclusión, el río Tormes no es el que era, y aunque este sea un hecho que no preocupe especialmente hay que tener en cuenta la gran dependencia que tenemos del agua y nuestra responsabilidad de cuidarla.


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