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El pájaro va a morir Estoy triste, estoy triste. Salgo al balcón y acaricio con los dedos la tersa piel de la noche. Las luces del vínculo se han disipado. Las luces del vínculo se han apagado. Nadie me presentará al Sol, nadie me llevará a la fiesta de las golondrinas. Recuerda el vuelo; el pájaro va a morir. Forug Farrojzad


#�3 2015 Frida Dirigida por Carmen G. de la Cueva Diseùada por Martin de Arriba | @martindearriba


número

3, enero 2016—

La voz de las mujeres acalladas La noche se pregunta quién soy. Yo soy su secreto profundo, inquieto y negro, su secreto rebelde. He escondido mi esencia en el silencio. Nazik al-Malaika

En el prólogo de Las mujeres y la literatura (Lumen, 1981) de Virginia Woolf, una estupenda antología —prácticamente inencontrable hoy— con textos críticos sobre la escritura de las mujeres, Michèle Barrett se pregunta con qué obstáculos, interiores y exteriores, se enfrentan las mujeres en el empeño de producir literatura y de qué manera esos obstáculos influyen en la naturaleza de la obra producida por las mujeres. Es curioso que todavía se cuestione en mucho ámbitos la necesidad de reivindicar las obras escritas por mujeres o la creación de espacios como La tribu de Frida, por ejemplo, que apuesta exclusivamente por la literatura de mujeres. Me lo siguen preguntando cada vez que acudo a un evento, cada vez que alguien me entrevista: “¿Por qué solo publicas a mujeres? Si eres feministas, ¿no deberías buscar la igualdad en tus espacios?” Y a mí solo me dan ganas de reírme o de llorar, no lo tengo claro. Me entra rabia, sobre todo, porque la mayoría de las veces quien me hace esa pregunta es una mujer. Y vuelvo al principio, a la pregunta de Barrett, ¿con qué obstáculos se enfrentan las mujeres a la hora de escribir? >>


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¿Cómo influyen en sus obras? Durante siglos nuestra voz ha sido silenciada, robada, olvidada y dispuesta en los márgenes de la vida y de la literatura y, aún así, las mujeres seguimos empeñadas en escribir y publicar. Seguimos combatiendo contra todos esos obstáculos vigentes todavía (la pereza, la desidia, el olvido, el patriarcado, el marido, los hijos, la violencia, el tiempo, la inseguridad…). En Leer y escribir en femenino, Mari Ángeles Cabré escribe que a la resistencia de los varones a que las mujeres entren en las academias, el canon y la historia, se suma el intento de ocultar lo que sí asomó, es decir, que si la Historia nos dice que fueron

mucha curiosidad, mucha inquietud, y será esa inquietud la que hará que cada vez se sepan más cosas”. En su ensayo hay un capítulo que lleva por título “La voz de las mujeres acalladas” donde habla de la egipcia Nawal al-Sa’dawi, una mujer con la que dice haber coincidido varias veces y que es impresionante. Cuenta que esta mujer ha trabajado desde la escritura para desenmascarar la situación espantosa de ablación del clítoris que siguen padeciendo hoy tantas mujeres y también habla de la situación de la mujer en la India, donde reciben un trato de segunda fila sin que eso impida que algunas mujeres, como la poeta

cinco, no cuesta demasiado trabajo comprobar que fueron diez mujeres. De recuperar la voz de esas mujeres lleva años encargándose la poeta Clara Janés como traductora y ahora también en su ensayo Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela, 2015): “Era importante rescatar la voz de las mujeres que no han cerrado la boca. Mujeres de todas las épocas que, especialmente a través de la literatura, han mostrado sus inquietudes y sus pareceres sobre cuestiones políticas, sociales, sobre el amor, sobre el ámbito familiar… Este libro no está escrito de golpe, ha ido escribiéndose a lo largo de casi toda mi vida. Muy especialmente desde que empecé a estudiar en la universidad me ha interesado el tema de la mujer. Siempre me ha interesado y en ello sigo”. Janés cuenta en una entrevista que le hizo Emma Rodríguez en Lecturas Sumergidas, que cuando iba al colegio se aprendía muy poco en relación a las mujeres. Si acaso se hablaba de Cleopatra y poco más y eso, dice Janés, no ha variado demasiado. En las escuelas se sigue hablando poco o nada del legado de las mujeres. Pero hay una pequeña luz que comienza a alumbrarlo todo: “hay

Savita Singh, presida una escuela de estudios políticos. Y quizá el caso más interesante sea el de las mujeres afganas que están cubiertas con el burka y no las dejan comer con sus maridos, ni aprender a leer ni escribir, pero que han creado un canto al amante para incitarlo a hacer el amor corriendo el riesgo de ser lapidadas. Aunque el patriarcado siga ejerciendo su voluntad en muchas partes del mundo, la voz de las mujeres no podrá ser silenciada nunca, seguirá latiendo y moviéndose a través de la tierra y de las aguas y el canto subterráneo sobrevivirá en todas nosotras como en este poema de Forugh Farrojzad: “Ahora / acércate más / y escucha / los obsesivos latidos del amor / que se propagan / como el tam tam de los negros tambores / en el canto tribal de mi cuerpo”.


Pelayo 路 martindearriba 2015


�� Editorial �� La diferencia está en la dosis Basura Especial �� La caja de Pandora Laia López Manrique �� Diario de una propagandista Alba González Sanz �� El cómic hecho carne Ángelo Néstore �� Hable con ella Carmen G. de la Cueva

�� Leer para contarla Jenn Díaz �� Las paredes contiguas Esther M. García �� Primera edición, segunda lectura Azahara Alonso �� Ellas disparan Ajo Fernández �� Estos libros te salvarán la vida Ana Llurba


Basura Especial | Magda Goebbels


la caja de

Pandora

Decir la violencia (I): Monique Wittig Laia López Manrique

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Nacida en Alsacia en 1935 y fallecida en Tucson, Arizona, en el año 2003, la obra de Monique Wittig, pese a contar con traducciones al castellano relativamente simultáneas a su producción, es muy poco conocida en nuestro país. Wittig sigue un doble y el mismo itinerario en su producción escrita, puesto que cuenta con una obra literaria difícilmente clasificable (¿novela, prosa, prosa poética?) y una producción teórica y ensayística que discurre en paralelo a su obra de ficción.


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La ligazón entre ambas partes de su obra es muy estrecha y a menudo en sus escritos teóricos lo que Wittig hace es reflexionar específicamente sobre las direcciones posibles de su obra de ficción, que van todas ellas, eso sí, siempre vinculadas a su relación y su militancia política dentro del movimiento por la liberación de las mujeres francés de los años 70 y, dentro de éste, a los círculos de lesbianas feministas. Toda la obra de Wittig responde, por lo tanto, desde su teoría y su praxis, a un punto de vista político radicalmente ligado con lo que ella llama un feminismo materialista (cercano al marxismo) y a la búsqueda de un decir propio del siempre silenciado o invisibilizado deseo lesbiano. Además, literariamente Wittig se acerca a algunas figuras coétaneas de las que habla también en sus textos, como Nathalie Sarraute, Roland Barthes, a quienes cita a menudo como referentes, y en sus palabras pretende dialogar con la obra de Proust, Djuna Barnes (de quien es traductora al francés) y su interlocutora privilegiada, que es la obra de Safo. En el Borrador para un diccionario de las amantes, libro escrito a cuatro manos con Sande Zeig, Safo aparece reseñada con una página en blanco, lo cual significa, por un lado, desconocimiento y, por el otro, apertura de las posibilidades infinitas que sugiere esa figura.

pares de opuestos con valores de distinta índole. Hombre/mujer, femenino/masculino, es una de las primeras divisiones, a partir de la cual se construyen muchas otras. Wittig entiende los sexos del mismo modo que Marx entendía las clases sociales: como construcciones sujetas a unas determinadas condiciones y coordenadas históricas, y no como realidades inamovibles o naturales. La aspiración sería luchar por un tipo de sociedad donde ya no existieran ni hombres ni mujeres, porque el sistema que contempla la necesaria desigualdad de los sexos habría desaparecido. En ese sentido es que su feminismo es materialista y en ese contexto hay que entender algunas de sus afirmaciones menos entendidas y más controvertidas, por ejemplo, la ya clásica “las lesbianas no somos mujeres”.

Dentro del feminismo se ha producido históricamente una crítica manifiesta hacia las políticas de la identidad y al reduccionismo que implicaría utilizar el concepto “mujer” o “mujeres” como enfoque exclusivo y universal. Por un lado, se olvidan las determinaciones, no precisamente adverbiales, sino del mismo modo sustantivas, que se suman a esa categoría (no es lo mismo ser una mujer blanca y heterosexual de clase media-alta en un país occidental que ser una mujer blanca lesbiana de clase baja en un La posición que defiende Wittig dentro del país occidental que ser una mujer lesbiana negra feminismo se aleja siempre de esencialismos de clase baja o alta, etc.) Desde los feminismos más o menos autocomplacientes. Entiende los ya en los años 70 y 80 se comenzó a cuestionar sexos como posiciones dialécticas y se opone la pretendida universalidad del término “mujer” al concepto “mujer” porque éste solo puede o “mujeres”(por ejemplo, desde la crítica ser defendido y entendido en el contexto de postcolonial y la de las lesbianas). Concretamente la división y la desigualdad de los sexos en la desde el feminismo lésbico se cuestionó lo que cultura patriarcal: la economía significante de otra poeta y escritora, además de ensayista, la división sexual sigue una lógica binaria y Adrienne Rich, dio en llamar el sistema de la atributiva según la cual el mundo se organiza en “heterosexualidad obligatoria” en su artículo del


año 80 “Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana”. Este texto de Rich fue muy importante tanto para la teoría como para el movimiento feminista porque supuso la puesta en palabras de un malestar histórico, y es la presunción de heterosexualidad que no solo permea a todas las capas y engranajes de lo social sobre el individuo y, más concretamente, sobre las mujeres, sino también dentro del propio feminismo se hablaba en nombre de las mujeres heterosexuales. Rich expresa así una carencia e invita al feminismo a contemplar la heterosexualidad obligatoria como un sistema de coerción, una institución o un régimen político que se suma así al resto de instituciones normativas que imponen su poder sobre el sujeto.

cuestiona, en un interesante giro, lo que vendría a ser el determinismo biológico de la división de los sexos y de las razas, dice: “Ellas son vistas como negras, por lo tanto, ellas son negras, ellas son vistas como mujeres, por lo tanto, ellas son mujeres. Pero antes de ser vistas de esa manera, primero tuvieron que ser hechas de esa manera”. Por lo tanto, “mujer no es algo que suceda sin un decir”. Lesbiana no es un término menos artificial que “mujer”, pero sirve estratégicamente, performativamente, en un contexto de permanente silenciación e invisibilización. “Lesbiana” es, contrariamente a “homosexual”, que procede del campo clínico, un término que procede del campo literario: lesbiana era Safo por su procedencia geográfica, Las lesbianas era el título que Baudelaire queria dar originariamente a Las flores del mal. Wittig escoge “lesbiana” más allá de la especificidad del deseo entre mujeres, y es que ya como categoría lingüística “lesbiana” representa una suerte de tierra de nadie, un continente por poblar y resignificar. Lejos de la figura de la “invertida” o la “tríbada”, propias de los textos de patología sexual (y es que no hay que olvidar que no es hasta el año 1973 que la homosexualidad es excluida de entre las enfermedades mentales reportoriadas por la Asociación Americana de Psiquiatría), “lesbiana” se inscribe en una suerte de reapropiación terminológica que tiene que ver con un sujeto nómada, un no-hombre y no-mujer, algo que está en una esquina o un límite del discurso. La lesbiana no puede disponer de mujeres, y no puede ser apropiada por los hombres. Es algo extraño y no normativo. Algo no-normal. >>

Wittig va más allá de Rich pues, para ella, las mujeres en sí mismas no constituyen un grupo natural, sino que son socialmente integradas en un grupo artificial que sólo se entiende en el medio de una sociedad jerárquica, vertical y dividida en clases desiguales. Contra todo determinismo biológico, y más allá de él, es decir, lejos ya del espectro anatómico-genital, “ser mujer” para una sociedad patriarcal es estar en una relación de dependencia respecto de los hombres. Reducido a términos del contrato social, del intercambio de mujeres en la sociedad patriarcal, “hombre” es quien puede disponer de mujeres. “Mujer” es además una marca acuñada dentro de un contexto de opresión, no una condición natural. ¿Qué hay antes de la cultura, antes del contrato social, antes de la opresión? Nada. Ficciones imaginarias. Ni siquiera el fantasma del matriarcado, el intento de imaginar un tipo de sociedad regida y sustentada por el poder femenino, sale de los anteojos de la heteronormatividad. Wittig

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Dentro de la obra literaria de Wittig, es en El cuerpo lesbiano donde se produce la desarticulación de un modo lineal, coherente, no contradictorio, de entender la narración, dando lugar a un relato formado a retazos, mediante un método de composición aleatorio, de ensamblaje de piezas, de fragmentos. El despedazamiento y la mirada selectiva que la tradición patriarcal otorga al cuerpo de las mujeres, poniendo el acento siempre en la genitalidad, se transforma en el texto de Wittig, voluntaria y conscientemente, en un recorrido que erotiza, dota de vida y de plenitud total, a cada una de las partes, órganos, vísceras, mucosas, fluidos, del cuerpo femenino. A partir de un catálogo de vocabulario anatómico que resalta y enfatiza a menudo nombres que nos son prácticamente desconocidos, Wittig se propone lesbianizar el cuerpo desde un punto de partida, reconocidamente, irónico. Dice Wittig: “De repente me sorprende la risa (se puede reír en medio de la angustia) Dos palabras aparecieron: cuerpo lesbiano ¿Pueden darse cuenta de lo irónico que resultaba? Así es como el libro comenzó a existir: desde la ironía. Cuerpo, una palabra que en francés es masculina, con el calificativo lesbiano modulando y desestabilizando su significado habitual. Me parece bien remarcar la idea de que el escritor trabaja palabra por palabra, cada palabra en su materialidad y su significado. Desde estas dos palabras “cuerpo lesbiano” el libro emergió. No entero, sino pieza por pieza, tal como uno describiría una armadura. Primero el casco, luego la espalda, luego el pecho. Así era mi “cuerpo lesbiano”, una paradoja pero no tanto, una broma pero no tanto, una imposibilidad pero no tanto.” En este libro también importa la operación significativa que se hace con el pronombre

personal yo, je en francés. Wittig lo parte a través de una barra, j/e. En particular toda la obra de Wittig viene atravesada por el trabajo con los pronombres como primera inscripción y determinación del sujeto en el lenguaje. El pronombre yo queda así dividido, partido, pero no destruido: el yo se afirma necesariamente roto, escindido, y a la vez multiplicado por el mismo signo de su escisión. Escindido por la historia que niega al sujeto lesbiano, y escindido por la propia violencia del acto amoroso. Decir ese yo partido en dos es como lanzar esporas al aire, generando nuevas aperturas del sujeto de la enunciación. Dice Wittig: “Tal como dije en mi libro La mente hétero, los pronombres personales son parte de la cuestión acerca del sujeto. Algunas veces considero a El cuerpo lesbiano como el reverso de aquel análisis tan bello de los pronombres je y tu del lingüista Émile Benveniste. La barra en mi j/e es un signo de exceso. Un exceso del “yo”, un “yo” exaltado en la pasión lésbica, un “yo” tan poderoso que puede atacar el orden heterosexual de los textos y lesbianizar a los héroes del amor, lesbianizar los símbolos, lesbianizar a dioses y diosas, lesbianizar a Cristo, lesbianizar a los hombres y a las mujeres. Este “yo” y este “tú” son intercambiables. No hay jerarquía entre un “yo” y un “tú” que son lo mismo. También ese “yo” y ese “tú” son múltiples. Podría ser el caso de que en cada fragmento fueran diferentes protagonistas.” Otro aspecto que está fuertemente arraigado en El cuerpo lesbiano es el fenómeno de la violencia. Por un lado la violencia textual- el texto atenta contra el lector con ese catálogo de nombres no metaforizados, literales, de los que emanan sensaciones fuertes y agresivas-y, por otro lado, la violencia de la pasión, del deseo y los actos amorosos caníbales de las amantes.


Wittig plantea la posibilidad de un decir la violencia erótica, física y pasional entre las amantes saliendo del paradigma del sadismo. Para Barthes, tal y como destaca en su ensayo Sade, Fourier, Loyola, la obra del “divino marqués” es la que funda y categoriza una lengua propia, la lengua del placer erótico. Dice Barthes que en los textos de Sade los libertinos son siempre, paradójicamente, pudorosos respecto del sexo de la mujer, y que no quieren que se muestre. El cuerpo femenino es cosificado y se desvía en el texto sadiano el objeto (“el coño”, fudamentalmente) por la palabra, el signo como aglutinador de una pulsión erótica adquiere una entidad ontológica casi absoluta, supliendo al objeto al que hace referencia, velándolo y señalándolo a un tiempo. Se desea la cosa por la palabra, y se desea la palabra, finalmente, con mayor fuerza que la cosa. Lo que hace Wittig es mostrarnos que esa otra lengua de lo erótico ya estaba abierta por la obra de Safo y ha quedado inexplorada en la historia literaria. Porque el lenguaje erótico de los textos sáficos es la lengua de lo sintomático. En El cuerpo lesbiano se despliega esa lengua no cosificante, afilándola, explicitándola, derivándola hacia una de sus escoraciones posibles. Las escenas de brutalidad y canibalización, de deglución, digestión y devolución del cuerpo de las amantes en Wittig no presupone la aniquilación (hay una insistencia constante en la no-muerte en sus textos) sino una suerte de ciclo inacabable de las metamorfosis. La pasión erótica para Wittig es violenta y el texto da cuenta de esa violencia. Wittig lesbianiza la literatura y sexualiza lo lésbico, rebatiendo la visión naïve del amor entre mujeres como un lugar asexuado, pacificado, dulcificado, protegido de toda agresión.


Par铆s 路 martindearriba 2014


_ La marcha Éramos gente hechas al don de mansedumbre y a la vaga memoria de un camino a algún sitio. Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante.Pero todos, a un tiempo y en silencio, dejamos el cobijo usual, el encendido fuego que al fin se extinguiría, las herramientas dóciles al uso por las manos, el cereal crecido, las palabras a medio, el agua derramándose. No hubo señal alguna. Nos pusimos en pie. No volvimos el rostro. Emprendimos la marcha.

María Victoria Atencia


diario de una propagandista Violencias y políticas Alba González Sanz

{18} He perdido la noción del concepto electoral que nos acoge en este último año y medio: nuestro estado de excepción permanente es la campaña, el proceloso camino por el cual los diferentes partidos políticos y los agentes sociales tratan de ganar votos y adhesiones. Entre las novedades más notorias que podemos atribuir a este tiempo está la construcción de nuevos liderazgos femeninos combinada con el enésimo intento de las militantes más a la izquierda por tomar parte en los espacios de decisión, debate y poder de sus propias estructuras. Digo enésimo porque ese debate y ese conflicto se pueden rastrear desde finales del siglo XIX, aunque esa sea otra historia. Pero que una mujer hable en términos políticos sigue teniendo algo de rareza en la estructura más profunda del poder: no sólo en la relativa al

poder real, al económico y decisorio; sino también en la personal, en todo el maremágnum de ideas, emociones y condicionantes sociales que cada una, cada uno, llevamos a cuestas. En el extremo negativo del significado importantísimo de las alcaldesas salidas de las urnas el pasado mayo está la cifra de mujeres asesinadas por sus parejas sentimentales en estos meses. La exposición a la violencia es sin duda diferente pero la raíz, el acto último en el que se encadenan la estupefacción ante la mujer en política y el asesinato de cualquier mujer tiene que ver con lo inesperado, con el cambio o el giro. La mujer que habla y lo hace en su entorno más próximo, en su vida diaria, en su derecho a vivirla libre de violencia como un ser humano es, al igual que la que está en política, un ente extraño.


Cuando planteamos que la violencia de género ha de tomarse como una cuestión de Estado no estamos, sin embargo, pidiendo una ficción. Existe una ley integral contra la violencia que, pionera en su día de promulgación, merece una revisión extensa y una dotación presupuestaria que la convierta en algo más que papel mojado. Para eso hace falta voluntad política y voluntad personal, reconocimiento de la estructura de dominación que legitima en todos los ámbitos de la vida la posición subordinada de una mitad de la humanidad a la otra. La gama de aspectos a los que esto afecta va de las representaciones femeninas en las artes a la brecha salarial por género y toca, al implicar las vidas en toda su complejidad, desde el asesinato a la visibilidad de una mujer tomando el bastón de mando de una ciudad. Porque bajo cualquier punto que observemos las violencias machistas encontramos, al final, el mismo personaje mitológico que nuestra sociedad no ha terminado de comprender como suyo. La mujer que habla… cuando debería dedicarse a otras cosas, en el silencio de su hogar, en el reposo del regazo de matrona. Nos envuelve un rol hegemónico y violento que hace saltar las costuras del sistema a la mínima ocasión. Un sistema que permite, siempre que lo económico lo requiera, las necesarias adaptaciones o inclusiones que legitimen una falsa experiencia de igualdad. La mujer excepcional (de excepción que se cuenta con los dedos de una mano) puede hablar porque en sí reúne el silencio de las otras.

Quizás en el ámbito de la política, de las campañas mediatizadas a través de nuevos canales y formatos que implican un exceso de purulencia cainita y picaresca, sea más fácil analizar todo esto. El ataque anónimo, la amenaza de agresión sexual como respuesta a una opinión contraria, el uso gráfico del cuerpo y los comentarios sobre atuendo y actitud… todas esas violencias situadas en la esfera pública tienen su espacio de estudio y, sobre todo, son cada vez más evidentes y obvias desde el rechazo que generan en más población que las feminazis que por todo nos alteramos.

El empeño titánico de conectar la presencia en la esfera pública como políticas con la voluntad sencilla de pasar por el mundo con dignidad subyace a la demanda de esa consideración de la violencia y sus desigualdades como asuntos de Estado. Sucede que el Estado, como constructo político de Occidente parido intelectualmente entre Inglaterra y Francia, fue siempre el Estado de ellos. Desde siempre, también, hubo ellas reclamando la coherencia de los discursos de igualdad y libertad del ser humano. Hubo ellas hablando. Las crisis agudizan la desigualdad y enconan las posiciones conservadoras, la oposición a unos otros que enfrentan los modelos tranquilizadores que la sociedad siente más suyos. Las crisis son los momentos en los que, a la vez, se puede modificar esas estructuras. Por eso, seguir hablando es, al tiempo, seguir viviendo. Hablar de las asesinadas, de que nos asesinan, instalar en el debate la Pero en estos tiempos políticos, pero en nuestras contundencia trágica de ese discurso, es así el vidas cotidianas, las mujeres que hablan no quieren más público de los actos, el que cuestiona nuestro ser excepciones. Me atrevería a decir que, a efectos concepto de espacio público y sus dinámicas de una catalogación en especies, quieren, queremos, excluyentes. El que enlaza ayuntamientos con el ser personas. Incluso que muchos compañeros de corazón de cada casa. Sigamos hablando. vida y batalla también nos quieren así, humanas.

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Maffliers 路 martindearriba 2014


_ 1472 Ver el Cielo en Verano Es Poesía, aunque no esté escrito en ningún Libro— Los Verdaderos Poemas huyen— Emily Dickinson


el cómic hecho carne FUN HOME: una lucha feminista de la pluma al lápiz Ángelo Néstore

{22} Fun Home: A FamilyTragicomic es una compleja novela gráfica autobiográfica que aborda temas candentes, entre ellos, el suicidio,la cultura queer en dos generaciones distintas (antes y después de los disturbios de Stonewall), el vínculo entre literatura y vida psicológica, la relación padre-hija y la política. La historia se centra en la evolución física,ideológica, sexual y política de la autora, prestando particular atención a la relación con su padre, Bruce Bechdel.Los contenidos y la ironía de la obra se reflejan de alguna manera en el título, ya que Fun Home es el sobrenombre utilizado por la autora para la empresa funeraria familiar. El tema de la muerte, junto al de la literatura,desempeñan un papel central y se encarnan en la figura del padre, BruceBechdel, director de la empresa y profesor de inglés, obsesionado porel canon estético victoriano. Su afán y su pasión por reformar la casa se contrapone a su frialdad hacia los miembros de la familia.


Asimismo, su condición de homosexual reprimido crea un paralelismo con la evolución sexual de la protagonista. La sexualidad y el género son los elementos clave que unen a padre e hija en un vínculo de búsqueda común y, al mismo tiempo, convierte al uno en el opuesto del otro. Bechdel dice en su obra: «No solo éramos invertidos. Éramos inversiones el uno del otro. Mientras yo intentaba compensar su falta de masculinidad, él intentaba expresar algo de feminidad a través de mí» (traducción de Rocío de la Maya).Como ya se ha señalado, uno de los elementos más relevantes es la relación entre padre e hija. Bajo esta luz, la comunicación entre los dos personajes no se establece a través de los cánones comunes sino gracias a la literatura. Recurrir a obras literarias produce una suerte de alejamiento dela esfera personal y privada pero al mismo tiempo permite un intercambio de ideas y sentimientos. La narración de los eventos no es lineal. La autora, como Dédalo,organiza su obra como si fuera un verdadero laberinto entre pasado, presente y futuro. En función de este juego mitológico, el público lector tiene que desempeñar un papel activo, ya que se le pide encontrar una salida a este laberinto metafórico, a través de una interpretación cronológica y personal de los acontecimientos narrados. Como se profundizará en la tercera parte del trabajo, en Fun Home se emplea la memoria y, en concreto, la memoria del deseo para mostrar, tanto a través del lenguaje como de la ilustración, cómo éste está construido por la autora (deseo queer) y cómo por su padre,

Bruce. Para alcanzar esta finalidad, Bechdel emplea la técnicaque la teórica Barbara Christian llama «rememorying», es decir,la reconstrucción deliberada de la memoria para vaciar categorías fijas. La ruptura del eje cronológico lineal se puede interpretar también como una crítica queer a la percepción lineal de la memoria, tal y como afirma la investigadora, poeta y activista Jane Tolmie. La estructura del libro es recurrente, puesto que el uso de los flashbacks y, en general, la construcción temporal de la historia siempre se centran en los mismos focos de dolor emocional, que se convierten en traumas: «la salida del armario de la autora,el suicido del padre, la presión queejerce la heterosexualidad obligaday la imposible búsqueda del tiempo perdido». En concreto, delas 217 páginas que constituyen el cuerpo de la obra, un 73% se centra en lainfancia de Bechdel y solo un 27% en la etapa posterior a la adolescencia.

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hable con ella Cristina Pineda Directora editorial de Tres Hermanas y directora de publicaciones de Sílex

Carmen G. de la Cueva Fotografías María Salan

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Cristina y yo todavía no nos conocemos personalmente, pero presiento que lo haremos pronto. Cuando la vea por primera vez, seguramente el próximo enero, ella tendrá el vientre vacío, pero en los brazos llevará un precioso bebé y unos cuantos libros. La pasión que Cristina pone cuando habla y cuando escribe es indudable. Una pasión de editora feroz capaz de pelearse por tener los derechos de ese libro que le ronda la cabeza y el pecho desde hace meses. Esta es una entrevista sincera y honesta, a corazón abierto, donde Cristina hace un repaso de la importancia que la literatura ha tenido en su vida desde que iba de librerías con su madre y sus hermanos cuando era pequeña hasta ahora como editora de Tres hermanas.


Cristina Pineda y su melliza


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Me gustaría que me contaras algo de tu biografía. ¿Cuál ha sido tu formación? ¿Cuáles fueron tus primeros trabajos? ¿Cómo empezaste en el mundo editorial? ¿Qué te atrajo de la edición? Estudié Filología Inglesa en la Universidad Complutense de Madrid y, posteriormente, Literatura Comparada en Copenhague donde escribí mi tesina: Flooding Sterile Lands en la que establecía un nexo literario entre Emily Brontë y Karen Blixen. Después empecé a trabajar como traductora de catálogos de arte para el IVAM, ALDEASA, el Museo de Arte Reina Sofía, TF, el Thyssen, el Prado… Decidí intentar el salto del freelanceo a una supuesta estabilidad económica y me recomendaron estudiar el máster de edición de Santillana por la Universidad de Salamanca. Las prácticas las realicé en Sílex por ser una reconocida editorial de arte y ensayo. Además había oído por otros compañeros que era un lugar donde te trataban bien y respetaban tu trabajo… Compaginé las prácticas con mis clases de inglés, mis traducciones de recetas, coordinación de libros, redacción de cartelas… De mis primeros trabajos, el más querido y del que atesoro el recuerdo más bonito es como asistente de edición del catálogo de Macke para el Thyssen. No se me ha borrado el caballito azul de mi cabeza. Empecé en la edición siguiendo la tradición familiar, ya que mi madre era jefa de publicaciones en el Museo Reina Sofía (lo que me abrió alguna puerta y me cerró casi todas), mi bisabuelo había sido impresor y librero… Mi casa siempre estuvo llena de libros y de mi infancia recuerdo a mi madre editando libros a cualquier hora entre cenas y baños (fuimos cuatro hermanos). Supuse que esto de la edición era el Santo Grial. No sé si da la felicidad, pero sí muchas satisfacciones. Lo que me atrajo de la edición fue que, a pesar de tenerte “presa” las 24 horas del día con elucubraciones, valoraciones,

riesgos, búsquedas y demás diligencias; este es un trabajo que te permite estar en contacto con lo que más me gusta aparte de ser madre: los libros.

Algún recuerdo de infancia relacionado con la lectura o la literatura. Háblame de tus libros favoritos y de esos que te han marcado desde pequeña y has seguido leyendo durante años. De mi infancia recuerdo cuando mi madre nos llevaba a las librerías a mi hermana melliza y a mí. Había dos que eran sus favoritas por aquel entonces: la Lorca y la Alberti. La Lorca estaba en nuestro barrio, Saconia, y allí nos perdíamos entre libros. Recuerdo al librero aconsejarle a mi madre miles de libros que compraba y que mi tía abuela guardó para sus tataranietos. Gracias a ellas, mis hijos han disfrutado de maravillosas ediciones de La Galera y Bruguera, entre otras. De un pop-up que era una casa de muñecas y que yo utilizaba para inventarme historias. Yo no recuerdo a mi madre leyéndonos cuentos, la recuerdo comprándonos libros. La censura se cebó con la Lorca y mi madre nos dijo: “no os preocupéis; siempre nos quedará la Alberti”. Ya entonces decía eso de que triunfa el que resiste. Mis libros favoritos… ¿son los que he revisitado unas cuántas veces? ¿Aquellos que no me canso de leer? Puedo recitarte de memoria pasajes enteros de Del tiempo y el río, de Thomas Wolfe en su edición


de Mondadori; de Cumbres Borrascosas, que tanto placeres me ha dado y espero me dé en el futuro; de La Regenta, de Ana Karenina. ¿Puedes creerte que mi profesora de Lengua me hizo sonrojar un día en medio de la clase porque se burló de que estuviera leyendo un clásico? Esto sucedió en COU, ya no era

Mi madre siempre me decía, como periodista de formación que era: “Si no logras escribir libros, sé periodista”. Yo, como no sé escribir, soy editora. Los editores somos las muletas de todo escritor, o el andamiaje, incluso la lona protectora que los cubre y les protege de todo polvo, lodo y mal.

tan jovencita… luego me vengué de su comentario cuando proyectó en clase La insoportable levedad del ser y aparecía la bellísima Juliette Binoche con su ejemplar de Ana Karenina. No me cansaré de leer a Chéjov, en esas ediciones tan cuidadas de Páginas de Espuma, Alba editorial o antes en Alianza; tampoco de leer poesía. Ah, eso jamás. Mi infancia, no; pero mi adolescencia fue posible gracias a Cernuda, a Aleixandre, Lorca. Y qué vueltas da la vida que mi primer trabajo fue cuidando de Isabel Lorca, la hermana de Federico, ya en sus últimos años de vejez. Le preparaba la cena: unas lonchas de queso o jamón, una toronja, como ella decía, y luego la tomábamos en unas bandejitas en el salón, rodeada de libros donde compartía conmigo recuerdos de Louisiana, en Dinamarca, donde se encuentra uno de los mejores museos de arte moderno del mundo, en la isla de Zelanda. Me estoy dando cuenta de que salto de un recuerdo a otro sin piedad. Voy a parar que al final te escribo un libro (¡ah! Mi verdadera vocación frustrada.

Un último recuerdo de la infancia: mi tío Pascual departiendo con mi madre sobre libros, únicamente libros y política. Yo quería ser tan inteligente como ellos para tener conversaciones de altura parecidas a las suyas porque eran las únicas personas que me rodeaban que parecían no aburrirse. Eran unos verdaderos apasionados de la Historia y de los libros. Mi tío murió de cáncer de pulmón. Al final de sus días, cuando le iba a ver al hospital, hablábamos de viajes y de literatura. Eso iluminaba sus pupilas dolientes y muertas. Las letras son la luz. ¿Cómo ves el panorama editorial español? ¿Cómo valorar el esfuerzo de las editoriales independientes? ¿Cuál es el papel del editor hoy en día? Soy por naturaleza pesimista. Si algo es gris, yo lo veo negro. A lo mejor es una pose, qué sé yo. Lo veo negro porque veo cómo enseñan en las escuelas a leer. Los maestros, tan desencantados (te hablo

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de la escuela pública, que después de todo es la única que defiendo), se apoyan en libros en los que los textos son todavía más cursis de lo que pueda serlo yo. No se enseña a leer obligando a los padres a comprar libros con lecturas infames de ranas y ardillitas. Las instituciones tendrían que comprar libros, fomentar la lectura con textos reales, dictados. No insistir tanto en que un joven lea. Ya lo hará cuando descubra que el mal de amores sólo se cura con un buen poema o sumergido en una historia donde las penas son de otros. El esfuerzo de las editoriales independientes es enorme. Hoy lo hablaba con otro pequeño editor (que para mí es muy grande), tenemos que hacer unas inversiones de escándalo, dejarnos la piel y los réditos de otros libros en la promoción de los futuros. Como queremos calidad, trabajamos sin descanso, de sol a sol. Y ocuparnos no sólo de la gestión interna sino de la que externalizamos. Hay que estar ahí, en las librerías, a pie de calle. Eso exige un esfuerzo sobrehumano porque te obliga a renunciar a parte de tu vida privada. O conviertes esas horas en ocio o de crecimiento personal o te conviertes en un hombre gris. Un amigo de otro amigo, consultor y productor de televisión, me comentaba de su ilusión por publicar novela gráfica. Sin embargo, cuando se enteró de que, aparte de pagar a tu distribuidor, debes patearte las calles sin descanso y cuidar al librero personalmente, había declinado en sus deseos. Pero es así. Y funciona. Bueno, esto de crear sinergias o estrechar lazos, después de todo, es bonito. Estas, y no otras, son las verdaderas redes sociales. Aunque te exijan lo imposible. Hoy en día, como preguntas, el papel del editor es el del “titiritero” de Serrat. De pueblo en pueblo, mostrando sus libros. Somos también un poco lazarillos, ayudamos a otros a leer buenos textos procurándoles ediciones cuidadas, buscamos el

papel que mejor descanse, la encuadernación más adecuada, la tipografía que transmite claramente lo que deseamos comunicar en pos de esa tan ansiada legibilidad, para que el lector disfrute de una lectura fácil y plácida. Y belleza. Todos los editores buscamos, aparte de textos de calidad (y nosotros que lo hagamos posible con nuestro saber hacer), la belleza. Que nuestro libro brille entre los demás en las mesas de novedades. Que nuestros lomos sean sinuosos y atractivos, ya sean redondos o cuadrados. Que nuestro logo se vea desde el mismísimo umbral de la librería. El lector debería sentirse poseedor de un tesoro con alguno de nuestros libros en las estanterías de sus casas. Si no se siente elegido con esa lectura, que le proporcione una información desconocida, una visión nueva de las cosas, habremos fracasado un poquito como editores.


Sílex ha sido tradicionalmente una editorial de ensayo académico e histórico, ¿por qué ese giro? Háblame de Sílex y sus nuevos sellos y colecciones. Cuéntame más sobre “Tres hermanas” (cómo nació, previsión de publicaciones por año, títulos…) ¿Qué crees que puede aportar al ya de por sí saturado mercado editorial español? Sílex nació hace cuarenta y cuatro años aproximadamente. Fundó la editorial el padre del actual director, Ramiro Domínguez. Descubrió un nicho en este país. Antes que editor había sido fotógrafo, hasta que se dio cuenta de que no había libritos que publicaran textos de expertos o eruditos hablando de las obras de arte impresas. Y ahí se labró su futuro. Fue un verdadero visionario. Los primeros libros que se vendieron en el Museo del Prado los hizo él. Al principio sólo publicó arte y ensayo hasta que Ramiro decidió divulgar la historia. Sílex tiene varias colecciones, algunas más académicas que otras que nos han dado mucho prestigio. De repente, hemos descubierto que hay escritores jóvenes, con una formación excelente que escriben maravillas y, además, saben comunicarlas. Jóvenes doctores que pueden ayudarnos a sacar al ensayo del lugar dónde está. Lo importante es saber escribir. La historia se puede escribir desde las emociones, como hace Manuel Astur en su ensayo emocional, tal y como él subtitula su libro, o desde la necesidad de plasmar el fruto de largas investigaciones, como hizo Ana Isabel Carrasco Manchado con su análisis de los discursos políticos de Isabel I de Castilla. Hace dos años, el historiador José Luis Ibáñez Salas creó la colección de “Biografías” y sacamos al mercado una de John Lennon firmada por Jesús Ordovás. El año pasado sacamos la colección “Mundos Posibles”, una divina herejía que invitaba al lector a un diálogo entre dos obras distintas, y

la colección “Reginae et Reges”, con biografías de reyes y reinas en las que nos adentramos en algo más que en sus perfiles históricos. También intentamos adueñarnos de su alma. Este año ha sido el turno de “Cuentahílos”, dirigida por Marina Sanmartín, que se estrena con Seré un anciano hermoso en un gran país, de Manuel Astur. Después llegarán otras dos: una dedicada al papel de la mujer desde otro prisma, nuevos enfoques que abandonan los ya presumibles. Ya estamos en el siglo XXI no lo olvidemos. Esta colección llevará el nombre de “La loca del desván” y escribirán autoras de la talla de Michelle Roche o Giulia Quaggio. Y, por último, la colección “Dialéctica”, que dirigirá Antonio Elías, doctor en Teoría de la Literatura y Literatura comparada por la Universidad de Granada. Una colección que revisará viejos conceptos y los traerá al frente. Luego están los sellos. Primero nació Silonia, en marzo, de libro infantil. Y ahora, Tres Hermanas, de literatura. Silonia ya ha echado a andar por sí sola. Empezó con los libritos de Illustration School, de la ilustradora Sachiko Umoto para enseñar a los niños (y a los padres, maestros…) a dibujar y continuó con dos obras impresas en tintas planas de la artista Dahlov Ipcar. Verdaderas obras de arte que nos trasladan a nuestra niñez; hemos recuperado la edición de los años sesenta, tan fecunda y maravillosa. La ha hecho posible Joana Carro, que es una maga de la edición y la búsqueda de títulos. Tres Hermanas es mi sueño. Antes no tenía cabida, pero desde que somos un grupo y que el árbol ha crecido y le han salido ramas y hasta flores. Ramiro cerró una etapa y abrió otra, escuchó nuestros lamentos y plegarias y nos dejó hacer. Tres Hermanas todavía inicia su andadura con

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Alicia en el País de las Maravillas. Quería publicar un cuento para adultos, hacerme eco del 150 aniversario de un personaje emblemático de la literatura anglosajona. Un libro ilustrado por la neoyorkina Andrea D’Aquino con un formato único y con los lomos en color y estampados. Todo un lujo. Estoy más que contenta. Ahora solo nos queda seguir. Para el año que viene tenemos previsto sacar Cumbres Borrascosas, ilustrada por Fernando Vicente. Nuevos tiempos, nuevos lenguajes. También publicamos en marzo la novela inacabada del único premio Nobel que han tenido las letras australianas. Y aportamos nuestro granito de arena a las letras españolas con Estefanía González, poeta, que domina la lengua castellana como nadie y que accedió a nuestros ruegos para publicar con nosotros su primera novela. {30}

El escenario editorial está saturado, somos muchas las editoriales que queremos publicar literatura de calidad. Yo no quiero competir con nadie, aunque tenga como ejemplo algunas editoriales a las que me gustaría parecerme. Sólo quiero poder vivir de esto, de publicar buenos libros que siempre he querido leer y de la forma en que lo hubiera deseado. Sólo espero no defraudar al director de Sílex y que Tres Hermanas, sello pequeñito, sea de calidad y responda a nuestros desvelos y a la

ilusión y dinero invertidos. De momento, se trata de editar bien textos de calidad, cuatro o cinco títulos como mucho. De rodearnos de un buen elenco de autores y traductores. Vamos a contar con Andrés Barba y Carmen Cáceres, con Amelia Pérez de Villar, Raquel Vicedo, Olivia de Miguel… Desde aquí le lanzamos el anzuelo a Pilar Adón y a Ernesto Calabuig. Queremos editar libros para que los lectores, una vez más, se sientan escogidos. Ojalá lo consigamos. Nuestra imagen corporativa es de Sara Morante, preciosa, y el logo, de Tipos Móviles. De momento, salimos con paso firme y con una ilusión del tamaño de un oso de Yellowstone. El nombre del sello surgió por ese halo de las tres hermanas en la literatura. Lo rescatamos de la obra de Chéjov, y también de las hermanas Brontë, tan pródigas en las letras, de las tres hermanas Liddell, de las tres hermanas que somos nosotras, mis hermanas y yo. Una hermana escribe, otra lee y otra busca, explora. Así somos también en la editorial, siempre hay una trinidad de por medio, no siempre santísima, pero en el número tres está la suerte y la magia. No hay que olvidar que era uno de los números favoritos de Borges. ¿Cómo es trabajar en Sílex? ¿Cuántas personas formáis el equipo y qué tareas tenéis cada una? ¿Cómo es el proceso desde que tenéis la idea de editar un libro u os llega un manuscrito hasta que lo vemos en la mesa de novedades? ¿Qué relación tenéis con los autores? Trabajar en Sílex es fácil. Somos un equipo de tres personas, no más. Recién se ha incorporado Marina Sanmartín. El director gerente es el que dispone, escucha y se ocupa, sobre todo, de las colecciones tradicionales de la editorial, las que le han hecho resistir durante veinte años. Luego


está la directora literaria de Silonia y yo, como directora literaria de Tres Hermanas. La primera también se encarga de la gestión editorial y yo de la edición de Sílex. Ahora ha entrado en el equipo Marina, en el departamento de Prensa y edición de Tres Hermanas y Sílex. Somos abejas obreras, hormiguitas, compañeras y nos ayudamos las unas a las otras. Nos llega un manuscrito: lo valoramos. Si es académico, transmitimos nuestras dudas o buscamos amparo en el comité de pares para que avale la calidad del texto. Si es literario, nos reservamos nosotros el criterio. Después llega el proceso de lectura, edición, maquetación, postproducción… Los desvelos económicos son para el director. Es una tarea muy ingrata. Casi siempre dice que sí, pero también tiene que decir que no: él es quien arriesga su capital. A veces piensa que debería haberse dedicado a vender tornillos, pero ha hecho de la edición su forma de vida. Le apasiona tanto que no podría dedicarse a otra cosa. Hizo de una empresa familiar un lugar para la ensoñación.

libros de cabecera. Ellas son fascinantes. Sus cartas, todavía más.

¿Cómo os enfrentáis en Sílex al mundo de los ebooks? ¿Cómo os relacionáis con las nuevas tecnologías (blogs, webs, redes sociales)? ¿Qué importancia le dais? Contamos con varias plataformas que distribuyen nuestros libros en formato pdf e epub, pero privilegiamos el papel; esto es un hecho. Sabemos que el libro digital tiene su cuota de mercado y se lleva parte del pastel, pero de momento la gran inversión la hacemos en el libro impreso. On verrà. Como todo enemigo, queremos tenerlo cerca, así que le dedicamos mucho tiempo a las nuevas tecnologías y redes sociales, blogs. Pero no podemos volvernos locos: nuestro negocio saldrá adelante solamente con trabajo, disciplina, constancia y buen hacer. Eso sí, la labor en prensa es sumamente importante. Necesitamos visibilidad y presencia en los medios para ser competitivos. Ahora Marina ha creado “Los viernes de Sílex”: invitamos a un periodista y ¿Cuáles son tus títulos preferidos, esos por los a un escritor o editor. Ramiro, gran cocinero, que has peleado para que se publicasen? aparte de editor, se saca un plato de la manga y Hay tantos. Ahora voy en busca de los aprovechamos para hablar de literatura, historia, siguientes. En Sílex estoy orgullosa de haber libros y cómo venderlos mejor. publicado El Occidente bárbaro, de Wallace Haddrill y Ricardo Corazón de León, de John Gillingham, ¿Crees que se editan las suficientes autoras? aunque no son hallazgos estrictamente míos. ¿Qué autoras según tu punto de vista Nosotros creímos en Ana Isabel Carrasco, en deberíamos estar reivindicando? ¿Os llegan Francisco de Paula Cañas, en Óscar Villarroel, más textos de hombres o de mujeres? ¿Por qué en Colette Bowie, especialista en las hermanas crees que se editan menos mujeres? Plantagenet, las hijas de Leonor de Aquitania. Deberíamos reivindicar a todas las ¿Mi título favorito? Las Mitford: correspondencia que tuvieron que escribir bajo pseudónimo. Y entre las seis hermanas (título provisional). Desde a las actuales. Parece que ser escritora viene que cayera en mis manos el libro de Circe quise acompañado de cierto desprestigio, como de publicar esta correspondencia. Era uno de mis autora de best seller solamente. Bueno, y a quién

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no le gustaría rescatar a Corín Tellado (cuento revelador donde los haya de Gabriela Wiener). Tendría las cuentas bien saneadas. De momento, en literatura, nos llegan manuscritos de uno u otro género por igual. En Historia, ganan los textos de hombres. Aunque vamos a conseguir darle un vuelco a la tradición. Personalmente, creo que se editan menos mujeres por desconocimiento, y porque pensamos que los mejores escritores, el talento, lo tienen los hombres. Pregúntale a cualquiera quién ha sido el mejor autor vivo o muerto y pocos te darán el nombre de una mujer. Cuando pensé en el nombre de Tres Hermanas para el sello de literatura sabía que muchos creerían que se trataría sólo de literatura para mujeres. O que quiero emular a Lumen. Ojalá yo fuera Silvia Querini.

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¿Cómo es la conciliación familiar? ¿Cómo es ser editora y madre? ¿Qué dificultades te has encontrado por el camino? Ah, gran pregunta. De momento, la llevo gracias a mi madre, que decidió ayudarme financiando las tareas de una nanny. Ella, que trabajó toda su vida, sabía mejor que nadie que una mujer necesita otras manos para llevar una casa y compaginar las faenas domésticas con la profesión. En España no se concilia porque los horarios están hechos para alejarnos de la familia. Como si fuera un mal querer ser padre. O aburrido, o propio de personas sin ambición. En Sílex siempre han sido muy indulgentes y nos han dejado a todos ser padres y madres y hasta abuelos. Antes, tuve compañeros que entraban a trabajar a las siete de la madrugada. Yo empiezo mi jornada a las ocho normalmente para poder estar con mis hijos, y antes de tener a mis hijos para seguir formándome o tener vida después de los libros. Lo bueno de las tecnologías, y lo malo,

es que se puede trabajar desde casa. A mis hijos me los llevo a las librerías. De todas maneras, ahora que voy a tener a mi tercer hijo, va a ser difícil porque un lactante no es lo mismo que un niño de siete años que se viste solo… ¡aunque también se hace esguinces practicando deporte y te dificulta las rutinas! Durante unos meses no podré conciliar el sueño, pero el trabajo, intentaré que sí. Tengo todavía latente el recuerdo del nacimiento de mi hija. Era una recién nacida y nada durmiente y, aún así, me encargué de la gestión y edición de varios libros. Con un niño de apenas un año que también reclamaba toda la atención. Es una locura, pero nada que no hayan hecho otras mujeres antes que yo. No soporto la excusa de muchas madres trabajadoras para eludir su trabajo escudándose en su estado. Ahora cuento con el respaldo del director y de mis compañeras. Estamos en permanente contacto. Los dispositivos de lectura me ayudarán a seguir con mis prospecciones. Y si no, yo sé delegar. Lo mejor es saberse rodeado de personas competentes y leales que van a estar ahí, apoyándome durante unos meses. Ya les tocará a ellas. A mí me queda poco tiempo de fertilidad, jaja. Si pudieras elegir cualquier libro, cualquiera, que te gustaría editar ahora mismo, ¿cuál sería? Ya lo voy a editar: la correspondencia de las hermanas Mitford. Me habría encantado ser la primera en publicar a Karen Blixen en España. Y ahora mismo editaría los diarios completos de Virginia Woolf. Todos los volúmenes; uno detrás de otro. Los otros títulos me los reservo. Guardamos muchas sorpresas.


_ La ventana Eres mi pan y el diminuto ruido de mis huesos eres casi el mar Diane di Prima


leer para contarla Un drama rodorediano Jenn Díaz

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La maestría de Mercè Rodoreda la tengo clara: sabe hacer un buen culebrón. Puede escribir una saga familiar con madres que no quieren a sus hijos, melodramas de hijos secretos e ilegítimos, hijas que no son lo que una esperaba, incomunicación entre parientes, infelicidad general y sentimientos intensos... puede hacerlo y que no parezca una película mala de domingo por la tarde. Es un don: escribir lo mismo que escriben otros, pero que no sea ni ridículo ni impostado, que no parezca una cháchara inútil, que sea alta literatura.


Aunque es difícil quedarse con un solo libro de Mercè Rodoreda, quizá el que mejor demuestra esta intuición personal es Espejo roto. En la novela, cargada de personajes femeninos inolvidables, se narran las vidas de las distintas generaciones de una familia. El drama empieza con Teresa, que pasa de la pobreza a la riqueza con un solo movimiento: el matrimonio. Hija de una pescadera, con un hijo y soltera, finalmente se despoja de todo y vive la vida que quiere vivir, la que considera que merece. Para ello, antes —igual que la propia autora— debe desprenderse de su hijo. Mercè Rodoreda, cuando se exilió y vivió un romance extramatrimonial con Arman Obiols, dejó a su hijo en Cataluña. Teresa, cuyo amante no puede tener hijos con su esposa, decide darles la oportunidad de ser padres. Sí, la novela empieza así, siendo un auténtico culebrón: mujer pobre tiene un hijo, es madre soltera, tiene un amante y éste acaba quedándose con su hijo, que cuidará su esposa, a quien le era infiel. Es imposible que la historia se enrede más, pero la historia se enreda hasta el final. Así es como Mercè Rodoreda consigue mantener al lector alerta, igual que lo consiguen los narradores de los libros comerciales más vendidos: pero con un talento natural que ya quisieran los mejores best sellers. En Aloma, un libro mucho más breve pero igual de intenso que Espejo roto, Rodoreda sigue manteniendo el listón dramático muy alto: chica joven, huérfana, vive con su hermano y se enamora del hermano de su cuñada, un joven que se busca la vida en América y que tiene dos realidades separadas gracias a la distancia. O en

La plaza del diamante, que igualmente convierte a la protagonista —Natalia— en una heroína doméstica, superviviente de un drama espléndido. Que la vida cotidiana y los enredos familiares son cosa de escritoras (mujeres) es algo que se ha ido dando a lo largo de la historia de la literatura. Si hay amor, vida del día a día, costumbrismo, líos de faldas y relaciones entre madres e hijos, lo más probable es que la novela sea de una mujer. Es más, lo más probable es que el lector del momento menospreciara la novela. Pero Mercè Rodoreda ha construido novelas perfectas, de una calidad indiscutible, que le dieron la palabra a la mujer, le dieron la oportunidad de hablar de aquello que conocían bien, el ambiente al que tenían acceso... y lucirse. La diferencia entre una telenovela que siguen millones de personas en la sobremesa y las novelas de Mercè Rodoreda es una línea fina, finísima, que separa el culebrón de la obra clásica. Si me preguntan, no sabría decir en qué momento exacto de la trama —quizá ya desde que arranca— se crean dos resultados distintos. Se parte de la misma idea, pero se lleva a cabo diferente. Qué tiene Mercè Rodoreda que no tienen las novelas rosas —sin que el género pueda ser menospreciado— es algo que se me escapa. Por qué la Teresa de Espejo roto no es otro personaje mediocre plagado de lugares comunes como las telenovelas, se me escapa también. Lo que es indiscutible es que cuando estás ante una escritura tan genuina como la de Mercè Rodoreda, lo sabes. No se entiende, pero lo sabes.

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las paredes contiguas Susan Griffin Estados Unidos, 1943

Esther M. García

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Nació en Los Ángeles y actualmente reside en Berkeley, California. Se declara abiertamente eco-feminista. Usa la poesía como una conexión entre los temas de destrucción de lo natural, el racismo y la violencia de género. Es una autora comprometida con su lugar, su género y su tiempo. Poemas publicados en Nuevas Voces de Norteamérica Traducciones de Claribel Alegría y D. J. Flakoll.


Tres poemas para mujeres

1 Éste es un poema para una mujer que lava platos. Éste es un poema para una mujer que lava platos. Debe ser repetido. Debe ser repetido una y otra vez, una y otra vez, porque la mujer que lava platos porque la mujer que lava platos no puede oír bien no puede oír bien.

2 Éste es otro poema para una mujer que limpia el piso y no oye del todo. Un minuto de silencio para la mujer que limpia el piso.

3 Y otro poema más para la mujer en su casa con niños. Nunca la ves por las noches. Quédate mirando a un espacio vacío e imagínala allí, la mujer con niños porque no puede estar aquí para hablar por sí misma y escucha lo que piensas que puede decir.

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Respuesta a la pregunta de un hombre: “¿Qué puedo hacer por la liberación de la mujer?

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Lleva un vestido. Lleva un vestido que tú misma has hecho, o has comprado en una tienda. Lleva un vestido y bajo el vestido lleva elástico, alrededor de tus caderas y bajo tus pezones. Lleva un vestido y bajo el vestido lleva una toalla sanitaria. Lleva un vestido y lleva zapatos con tacos altos. Lleva un vestido con elástico y una toalla sanitaria debajo y zapatos de tacos altos en tus pies y camina cuesta abajo por Telegraph Avenue. Lleva un vestido con elástico y una toalla sanitaria y zapatos de tacos altos por Telegraph Avenue e intenta correr. Encuentra un hombre. Encuentra un hombre bueno que te gustaría que te pidiera una cita. Encuentra un hombre bueno que te pedirá una cita. Mantén tu vestido puesto. Pídele al hombre bueno que te cita, que venga a cenar contigo. Prepárale al hombre bueno una cena exquisita que la cena esté pronta antes de que llegue y tu vestido sea bonito y limpio y lleva una sonrisa. Dile al hombre bueno que eres virgen o que no tienes nada para evitar embarazarte, o que te gustaría conocerlo mejor. Mantén el vestido puesto. Ve sola al cine. Encuentra un trabajo. Plancha tu vestido. Lleva tu vestido planchado y prométele al jefe que no quedarás encinta (en tu caso es predecible) y que te gusta escribir a máquina y sé sincera y lleva tu sonrisa. Encuentra un trabajo o acógete al seguro social. Pide prestado un niño y acógete al seguro social. Pide prestado un niño y quédate en casa todo el día con el niño, o anda a un parque público con el niño y lleva al niño a la oficina del seguro social y llora y di que tu hombre te dejó y sé humilde y lleva tu vestido, tu sonrisa, y no repliques, mantén el vestido puesto, prepara cenas exquisitas, aléjate de Telegraph Avenue, y aún así, nunca sabrás ni la mitad, ni en un millón de años.


Anat Zecharia (Tel-Aviv, 1974)

Escritora y fotógrafa. Es profesora de escritura creativa y escribe reseñas en el Time Out de Tel Aviv. Su trabajo ha sido publicado en varias revistas literarias y ha sido galardonada con el Streets Price, de la ciudad de Tel Aviv, y el Sha’ar Poetry Festival Young Poet’s Prize. En 2008, Helicon publicó su primer poemario, titulado As soon as Beautiful (Yafa Ahat Kodem). El trabajo de Anat Zecharia está influenciado por poetas feministas israelíes como Yona Wallach y Agi Mishoi. Sus poemas cubren la sexualidad y el deseo en un lenguaje directo y sin censura. La sexualidad está a menudo vinculada con el poder, pero también con el deseo de ser demonizada.

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El lenguaje del agujero Traducción Florinda F. Goldberg y Luis Alberto Arellano

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Me interesan los agujeros pero procuro no hacer de ello una ideología En carne propia aprendo pronuncio oral anal fálico genital vago sistemáticamente de uno al otro en un agujero chupo trago como si fuera oxígeno muerdo maldigo doy besos franceses con delicado canibalismo pródigo en placer en dolor. Hay agujeros muy significativos llenos de deseo. Yo me inclino por los vacíos que rechazan significados pero abren posibilidades. Un agujero es una especie de estorbo local, estación terminal. Quiero mirar en su interior solo para descubrir que me devuelve una mirada hecha de carne desgarrada que cuida de sus bordes. No es que yo quiera entrar y salir de todos, quiero ser un pozo atemporal, marco de un agujero sin lugar sin centro Y cuando me desborde, que alguna cosa se detenga y otra irrumpa. El animal debe crecer. Corro pierdo corro encuentro en eterno afán de llenarme. Entretanto le paso un segundo dedo en torno con curiosidad, sin insolencia porque sé que no estoy del lado de Dios, donde el sol es el poderoso ano del mundo. Estoy exactamente del otro lado el sol no amanece desde mi trasero.


Mujer con valor* Treinta y cinco soldados en activo y varios empleados civiles de una base aérea mantuvieron relaciones sexuales con una niña de catorce años durante el pasado año. Muchos de los sospechosos sostuvieron durante el interrogatorio que la chica dijo tener la edad para enrolarse. Hannan Greenberg, Ynet News

El primero coloca tu cabeza en su regazo desnudo y uno puede pensar que no has sido forzada sino bien recibida y tu cabeza acariciada. El segundo se desliza despacio por tu espalda y las sensaciones son nuevas y aun puedes concentrarte. El tercero inserta tres dedos, dice «No te muevas». No lo haces, el mapa de un Israel más grandioso en tus ojos. El cuarto mueve a un lado una pila de reportes de accidentes aéreos en el sur y te toma por detrás. Un gran amor, piensas un gran amor me abrasa y no cesará. Subes y bajas tus brazos tu cuerpo se estira hasta el límite del cielo tus manos se ahuecan para recibir la lluvia. Los imparables quinto y sexto en trayectoria hacia dentro de ti. La arrogante sal de la tierra, evitando los ojos, aquellos que esperan su turno. Pronto tu cuerpo lucirá hermoso incluso para ti.

*Nota de la traductora Lisa Katz del hebreo al inglés: “Una mujer con valor” (“Eshet Hayil” en hebreo) es un himno a la mujer de la casa que es regularmente recitada en la noche del viernes, después de volver de la sinagoga y antes de sentarse a la cena del Sabbat. Es un poema de veintidós versos largos (Proverbios, 31:10-31) y comienza: “Donde encontrar una mujer con valor? Su precio es mayor a los rubíes” (Publicación de la Sociedad Bíblica Judía).

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Herzl dijo Versión de Luis Alberto Arellano

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Herzl dijo manos arriba Herzl dijo pon las manos sobre la cabeza Herzl me dijo cuenta hasta tres Herzl dijo lámete los labios Herzl me dijo ponte de rodillas Herzl dijo huele el olor del varón es bueno para la salud Herzl dijo ven ahora nos desnudaremos Herzl dijo yo profetizo desde mi carne ábrete de piernas date vuelta. Herzl, dije, yo me dilato yo me expando yo contemplo mi jardín del edén perdido para ti porque la verdad me sobreviene únicamente cuando estoy sola mordiendo una manzana.


Agi Mishol (Rumania, 1947)

Mishol nació en Rumania y sus padres fueron supervivientes del Holocausto. Es reconocida en el ámbito poético por su crítica de la sociedad contemporánea y una aguda observación de la condición humana. En uno de sus poemas “In the supermarket”, Mishol declara: “Yo soy la poeta del supermercado”, aceptando así el beneficio de una sociedad capitalista en la que vivimos sumergidos y de la que nos quejamos, pero no podríamos vivir sin ella. Agi Mishol es una de las primeras poetas en hablar desde el terrorismo, y no desde las víctimas de los atentados. Tema que podemos ver en “La joven mártir”, poema incluido en esta selección.

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La joven mártir Oscurece, y tú tienes sólo veinte años. Atardecer en el mercado de Nathal Alterman versión de Gerardo Lewin

Sólo tienes veinte años y tu primer embarazo es una bomba. Bajo tu amplio vestido estás encinta de explosivos y esquirlas de metal. Así paseas por el mercado, un tictac entre la gente, tú, Andaleeb Takatkah.

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Alguien cambió un tornillo en tu cabeza y te envió a la ciudad. Como provenías de Belén, la casa del pan, elegiste una panadería. Allí activaste algún detonador interior y, junto a los panes del sábado, el sésamo y las semillas de amapola, te elevaste al cielo. Te fuiste junto con Rebeca Fink, Ilena Konreeb del Cáucaso, Nissim Cohen de Afganistán y Suhila Houshy de Irán. Y también con dos chinos que arrastraste contigo a la muerte. Desde entonces, otras cuestiones ocultaron tu historia, acerca de la cual hablo y hablo sin tener, en realidad, nada para decir.


Gansos versión de Víctor Ortiz Partida, a partir de la versión del hebreo al inglés de Lisa Katz.

A mi maestro de matemáticas, Epstein, le gustaba que yo pasara al pizarrón. Decía que mi cabeza sólo servía para llevar sombrero y que un pájaro con un cerebro como el mío volaría al revés. Me mandaba a cuidar gansos. Hoy, a años de distancia de su sentencia, cuando me siento bajo la palmera con mis tres preciosos gansos, pienso que mi maestro de matemáticas era visionario. Tenía razón, porque nada me hace más feliz que mirarlos abalanzarse sobre las migas de pan, sus alegres colas meneándose, o congeladas por un momento bajo las gotas de agua cuando los rocío con una manguera, sus cabezas erguidas, sus cuerpos estirados como si recordaran lagos lejanos. Mi maestro de matemáticas ya murió, junto con los problemas de matemáticas que nunca pude resolver. Me gustan los sombreros y todas las tardes cuando los pájaros regresan a los árboles busco al que vuela al revés.

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Trabajo Forzado Para Charles Patterson versiones de Lisa Katz y Esther M. García

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Solamente los paseantes dominicales y los ciclistas se dará cuenta de la extraña instalación oculta entre viñas y campos largos cuarteles rodeados de alambre de púas, un guardia destinado a la puerta eléctrica. Es tarde. El segundo guardia observa. Los habitantes del sueño. Sólo unos pocos zorros pequeños y aves nocturnas para presenciar la visión. El señor de los huevos vuelve a verificar la tensión en la cerca electrificada. Dirige los camiones llenos de jaulas, apresurando a los trabajadores tailandeses entrenados para cargar los enfermos y los ancianos exprimidos para hacer todo lo posible. Es difícil de decir cuando se convierten en aves de corral. Este poema no se trata de pollos picoteando en los valles, mequetrefes temblando a la luz que no es ni de día ni de noche o pájaros amontonados uno encima de otro, sus cuellos se tuercen a través de los barrotes para jadear las chispas plumosas en la luz de la luna de clara de huevo. E incluso si lo es, no volará en la cara de las personas que pasan por la puerta de la tienda de la fábrica en la mañana bajo el signo de el alegre ‘Criadero Casa’ firmado con el dibujo de una criadora regordeta, comprando huevos extra grandes bien dispuestos en una caja de cartón.


Camera 路 martindearriba 2015


primera edici贸n, segunda lectura Azahara Alonso

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101 experiencias de filosofía cotidiana Roger-Pol Droit.

Como decía, leí este libro hace más de una década y todavía hoy, en situaciones de la vida ordinaria, recuerdo algunas de las experiencias-retos recogidas en sus páginas. De eso se trata, de abrir una brecha que nos guíe desde lo cotidiano a lo reflexivo sin apenas esfuerzo y con sedimento. Así lo dice Droit en el breve prólogo: el libro “pretende destacar lo esencial de una manera ligera”. El método es el asombro, la pérdida de convenciones, de prejuicios –sociales, lingüísticos– y de estructuras de pensamiento y acción que nos mantienen varados en lo correcto. La ilustración de la portada, el Ceci n’et pas une pipe de Magritte, es un resumen visual del libro: la vuelta de tuerca. Y añade el autor: “Se trata de crear unos microscópicos acontecimientos detonantes, unos impulsos mínimos”.

Hay reediciones que te hacen sentir como esos amantes de la música indie que escuchaban a un grupo antes de que nadie lo conociera. Yo leí 101 experiencias de filosofía cotidiana (Grijalbo, 2003) antes de que fuera dominio del semi-mainstream cooltureta desde el pasado 2014 –lo prometo–. Por aquel entonces era yo una púber con un interés tan poco habitual como exacerbado por la filosofía. Después de leer algún libro que sí tenía que ver con la materia, pronto me dejé llevar por cualquiera que llevara en el título la más mínima referencia –algo de lo que, afortunadamente, me curé más pronto que tarde–. Así cayó en mis manos 101 experiencias de filosofía cotidiana, un libro de extrañamiento al que no le hace falta esa discutible etiqueta de filosofía ¿Cuál es el explosivo? Nada menos que 101 para resultar igualmente interesante. cartuchos de “aventuras de todos los días”: vaciar una palabra de sentido, hacer que el mundo dure El autor, Roger-Pol Droit (París, 1949), es filósofo veinte minutos, ver las estrellas abajo, provocarse y ha escrito varios libros cuyo tratamiento y un dolor breve, telefonear al azar, beber y orinar a temáticas van de lo más sesudo a lo más divulgativo. la vez, imaginar órganos humanos amontonados, En todo caso, 101 experiencias de filosofía cotidiana divertirse como un loco, correr por un cementerio, es la publicación con la que más celebridad y ducharse con los ojos cerrados, saber que estamos reconocimiento ha logrado, probablemente por hablando, llorar en el cine, manifestarse solo, ese aire de manual irreverente que transmite cada arrancarse un pelo, volver a un lugar de la infancia propuesta. que nos parecía mucho más grande, refunfuñar durante diez minutos, arrodillarse para recitar la El libro es divertido desde el índice, porque guía telefónica, dar sin pensar, buscar un alimento tenemos el clásico y también el índice de duraciones azul, considerar la humanidad como un error, (imprevisible, ínfima, variable, vida entera, 3 perder algo y olvidar qué, instalarse en el planeta segundos, 21 minutos...), el de materiales (alimento de los pequeños gestos, entrar en el espacio de un odiado, ciudad noche, escalera de ocho a veinte cuadro, matar a alguien con la imaginación... pisos, línea telefónica, otra persona durmiendo, sociedad compleja...) y el de efectos (alentador, 101 experiencias de filosofía cotidiana es un breviario de antidepresivo, desconcertante, migratorio, deslumbramiento para aflojar un poco el corsé de socializador, sorpresa...) de cada experiencia. compostura al que pronto nos acostumbramos y respirar, por fin, con todo el cuerpo.

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Los palimpsestos Aleksandra Lun. Confieso haber leído con devoción y ansia casi todos los libros de Cioran, del que me fascina(ba) su total extranjería, apátrida adoptado por una lengua ajena. Porque la patria de un escritor son las palabras, pero ¿importa el idioma? Él decía que, al principio, se sentía en la lengua francesa como dentro de una camisa de fuerza. Y creo que nunca encontraré una frase mejor para resumir la primera novela de Aleksandra Lun, Los palimpsestos.

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capítulos nos hacemos partícipes de una estructura circular y ciertos mantras propios de la locura que nos sitúan ya ante un narrador poco fiable y muy divertido. Czeslaw relata a su psiquiatra, entre sollozos y una histeria cercana al gag, su devenir personal, en el que intervienen escritores que o bien ha conocido (Zweig, Gombrowicz, Javier Cercas) o que conoce en ese momento porque están ingresados en el manicomio de Lieja y sometidos a la misma terapia que él. Es el caso de Nabokov, Beckett, Kosinski, Cioran, Blixen, Witkiewicz, Ionesco y Kristof, partícipes todos ellos de escenas surrealistas en las que defienden la libertad del autor para escribir en cualquier idioma, la necesidad del extrañamiento del lenguaje para escapar al automatismo literario. Y al tiempo que Czeslaw Przesnicki se siente comprendido y apoyado por estos grandes de la literatura del siglo XX, no puede olvidar el trauma que le provocaron los patriotas escritores antárticos que, para demostrar su desprecio, le pincharon con plumas estilográficas y le golpearon con sus medallas, manuscritos y fulares. Czeslaw recuerda estos episodios y, siempre “traicionado por los nervios”, ve cómo la psiquiatra solicita a un enfermero que le inyecta un calmante o le viste con su ya habitual camisa de fuerza. Acto seguido el protagonista se duerme y se despierta, también siempre, por la insistencia violenta de su compañero de habitación, un sacerdote obsesionado con Karol Wojtyla, las bicicletas estáticas y un pájaro muerto que acabará siendo el correlato del propio escritor extranjero.

Czeslaw Przesnicki es el nombre del protagonista de esta novela publicada por la Editorial Minúscula, una apuesta por la inteligencia, el humor y la modestia de un talento indiscutible. Czeslaw es un fracasado escritor polaco que escribe en antártico –estupenda metáfora del idioma extranjero– su segunda novela mientras está ingresado en un manicomio de Lieja. Allí, una impasible doctora le somete a la “terapia bartlebiana” por la que el paciente debería retornar, cual hijo pródigo, a su lengua materna y curarse del “síndrome del escritor extranjero”. Obsesionado con un pasado feliz en tanto sexualmente activo, el protagonista padece una terrible añoranza de la relación sentimental que mantuvo con Hemingway antes de que este se suicidase, dejándole así solo en la Antártida. Este desengaño y otros posteriores con diferentes autores sobradamente conocidos sumieron a Czeslaw cada vez en la audición continua del aria Casta diva de Bellini interpretada por Maria Callas y en la lectura de Nietzsche, Wittgenstein, Hume, Un texto original, un ejercicio de humor y Spinoza o Descartes, de los que extrae conclusiones desdramatización de los egos y las fronteras satisfactorias para su forzada abstinencia sexual. lingüísticas en una autora polaca que domina el idioma castellano y así lo demuestra. Una novela Es fácil entrar en la cadencia de la voz narrativa llena de acertadas reflexiones sobre la escritura creada por Aleksandra Lun, y con la sucesión de los y el concepto de la lengua materna. O como se


resumiría en palabras de Gombrowicz: “A mí a veces me gustaría mandar a todos los escritores no sabe si ha querido o quiere, si su hijo es –en el del mundo al extranjero, lejos de su propio idioma recuerdo– o no es de ningún modo. Y así tenemos y de su ornamento y filigranas verbales, para un pasado consistente, un “Hola al presente comprobar qué quedaría de ellos entonces”. vacío” y un futuro después de una muerte que no es ley de vida. Elegía Mary Jo Bang. Fundamentales son también los objetos en el microuniverso de Mary Jo Bang, en tanto Muy probablemente nunca sabré lo que extensiones de entes más abstractos que los se siente al perder un hijo, pero Elegía (Bartleby han abandonado. Las cosas son el legado que Editores, 2010) me facilita, como es tarea de la mantiene una presencia, que remiten a una vida buena literatura, experimentarlo. Mary Jo Bang antes habitada. Los patines de cuatro ruedas son (Missouri, Estados Unidos, 1946) escribió este la certeza de la lejana infancia del hijo, la urna es poemario tras la traumática muerte de su hijo el centro gravitacional de la madre (¿sigue siendo en 2004. La concepción del libro se extendió madre?) y la presencia rítmica del sombrero en durante un año, tiempo en el que la autora tuvo la percha y el reloj cercenado nos transmite la las facilidades necesarias para dedicarse por ausencia del cuerpo y el futuro: “El reloj pastel de entero a la creación gracias a una beca concedida carne, con su capa de doce números, / es un plato por la prestigiosa Fundación Guggenheim y una horneado para los débiles y los cansados”. ayuda a la investigación en el Centro de Estudios de Liguria. En los poemas encontramos shock, pero también una lucidez ciertamente szymborskiana que En sus sesenta y cinco poemas asistimos puede recordar en ocasiones a su poema Prospecto. al desarrollo y mutación progresiva de tres Mary Jo Bang asume el dolor como rutina y quizá conceptos: maternidad, duelo y culpa. Tres como una esperanza paliativa: “Nos acordaremos procesos que, esforzados, asimilan la muerte del de poner una alarma / mañana. Nos olvidaremos hijo por sobredosis a los 37 años. La memoria es de los días / malos en los que recibimos rocas la pieza clave que engarza todas las demás: Mary desmoronándose en vez de regalos navideños”. Jo Bang reconstruye el pasado a partir de sus elementos constituyentes más básicos en un acto En el prólogo, el también traductor del libro de recuerdo del que pretende vivir, pensando, Jaime Priede señala que Elegía es una herida que quizá, que la rememoración y su formulación “no se resigna ante la muerte ni ofrece consuelo escrita puedan llegar a tener entidad suficiente a los vivos” y toma con acierto aquella idea de para llenar un hueco imposible, el de un cuerpo. Deleuze: se escribe siempre para dar vida. Esta es la literatura de Mary Jo Bang y en esto consiste Porque Elegía es un pulso contra el tiempo y también toda elegía: somos pequeños y este es contra el verbo. “Minando las raíces del verbo nuestro inasumible e inmenso dolor con el que ser”, señala Mary Jo Bang en un verso. El tiempo solo podemos engendrar libros o terapias. del verbo se vuelve confuso tras una muerte, y la autora es consciente de habitar esa encrucijada: ya

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Lola Ă lvarez Bravo


ellas disparan Lola Álvarez Bravo Ajo Fernández

{54} México, 1903-1993. Lola Álvarez Bravo fue la fotógrafa más relevante durante el renacimiento artístico post-revolucionario. Sus imágenes se basan en la captación de la vida cotidiana, rural y callejera del pueblo mexicano, aunque también dedicó parte de su trabajo a retratar a personajes de la escena política y artística del momento. Algunas de sus fotografías más conocidas tienen como protagonista a su amiga Frida Kahlo. En ellas Álvarez Bravo intenta reflejar el sufrimiento emocional y físico que padecía la pintora tras diversas intervenciones quirúrgicas. Además de dedicarse a la fotografía, abrió una galería de arte contemporáneo donde exhibió la única exposición en vida de la obra de Frida Kahlo. Murió a los 90 años de edad siendo reconocida como la primera fotógrafa profesional de México.


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estos libros te salvarán la vida Narrativa breve norteamericana: hay vida más allá de Carver Ana Llurba

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Aunque muchos lectores hispanoamericanos no lo crean: hay vida para la narrativa corta más allá del realismo sucio o realismo Kmart y esos desesperanzados personajes whitetrash que perpetuaron a Raymond Carver, Tobias Wolf o Richard Ford como los maestros de la narrativa breve de los ochenta. Y no son solo unas especies en extinción sino una verdadera colonia intergaláctica de talentosas escritoras de narrativa breve que también hicieron lo suyo por consolidar el género del relato en esa época y han sido traducidas en los últimos años como Amy Hempel, Lydia Davis y Mary Robinson.


Dime de Mary Robinson (Alba editorial, 2012) es una antología de treinta cuentos breves escritos durante más de tres décadas. Sus personajes pertenecen, por lo general, a familias más o menos desestructuradas, más o menos de clase media-baja y suelen encontrarse lidiando con una dislocación emocional o una redefinición de roles que esta autora vivisecciona con ingenio y ternura. Así, le sucede por ejemplo a la voz narradora de “Guía de la noche para aficionados”, una adolescente amante de la astronomía con una madre joven que se hace pasar por su hermana mayor en las citas dobles que organiza para las dos. También es así el caso de Helen, una ociosa mujer de mediana edad, la voz narradora del relato “Día de la Independencia”, que acaba de regresar a la casa de su padre, junto a un lago magnífico en Ohio, y que no termina de separarse del todo de su ex-marido Terry, además de resistir la presión social para seguir adelante con su vida y dejar la casa de su padre. También hay momentos de verdaderas epifanías agridulces que captan en su punto culminante ese momento donde las decisiones pragmáticas de la mediana edad se imponen. Como en “En Jewel”, donde una profesora de arte relata su aspiración a casarse con un abogado para abandonar el pueblo de mineros donde ha nacido y que paradójicamente se llama “joya” (“Puede que me case dentro de poco. El hombre no es ningún Adonis, pero ¿qué más da? Podría dejar el trabajo en el instituto. En realidad, si me casara, podría irme de Jewel”).

Con una actitud mucho más lúdica hacia el género, que fuerza sus límites y lo lleva a los extremos de la prosa poética, el aforismo y el juego con diferentes tipos de registros, Lydia Davis, Cuentos completos, (Seix Barral, 2011) ha consolidado una obra única. A pesar de que cuando una empieza a leerla siente que está ante meros ejercicios de estilo por la variedad temática y de giros y expresiones, cuando se avanza, relato tras relato, en la intensa relación con el humor, el absurdo, la percepción sutil de los instantes que iluminan los aspectos más cómicos, es ahí donde aparece su incisivo estilo. Allí es donde, entre tantos procedimientos diferentes, aparece un ritornello que insiste, la malvada voz de Lydia Davis y su penetrante vínculo con la lengua inglesa (es una laureada traductora, entre otros, de Marcel Proust) con la cual las anécdotas más efímeras (“Tormenta tropical”), episodios autobiográficos (“La beca”; “La profesora de universidad” o “Esposa número 1 en el campo”) los segundos de contemplación de la vida que pasa (“Extractos de una vida”), o la actividad médium de dar voz, por ejemplo a Auden (“Auden pasa una noche en la casa de unos amigos”) a Samuel Johnson (“Samuel Johnson se indigna”) o un Kafka, ansioso preparándole una cena imaginaria a Milena (“Kafka prepara la cena”) convirtiéndolos en prosaicas víctimas de la vida cotidiana, alejados del mármol de sus torturadas vidas artísticas. La crítica argentina Gabriela Esperanza le ha dedicado un pertinente y muy completo artículo en la revista Otra PARTE, llamado “La carrera paciente de Lydia Davis” que empieza así: ¿Qué escritor no querría deslizarse por la superficie de las cosas sin dejar de calar hondo, descubrir una historia en cualquier parte, atender a las voces de otros y al rumor del pensamiento, deshacerse del ripio, depurar la lengua, afinar el foco, burlar los límites de las formas hasta dar con la que habla por su tiempo? Mi heroína hoy en esa

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empresa es la norteamericana Lydia Davis. Se puede leer completo aquí.

hay roces. Es un lugar afable y flotante. Cuando vives aquí te olvidas de que solo porque has Finalmente, la traducción al castellano de los dejado de hundirte no significa cuentos completos de Amy Hempel (Seix Barral, que ya no estés debajo del 2009), era algo que tendría que haberse hecho hace agua”. tiempo. La gran maestra de la narrativa breve desglosa en cada una de sus historias, con una En toda su obra se nota la precisión poética pero con gran eficacia narrativa, afiliación con el llamado realismo KMart aunque las pequeñas desilusiones y fracasos sentimentales, los estados de conciencia de sus personajes no aspiraciones profesionales, esas mínimas abordan tanto los determinismos de clase sino un catástrofes personales. A diferencia de Davis y cierta nostalgia, un desasosiego, como dice Rick Robinson, en sus relatos las marcas autobiográficas Moody en el prólogo “discreta y desesperadamente son más evidentes, como en “Nashville reducida heroicas”. Hempel participó junto a Carver en a cenizas”, “A las puertas del reino animal” o “El los célebres talleres literarios de Gordon Lish, así

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perro del matrimonio” (que son los nombres de sus dos últimos libros) donde la omnipresencia de su vínculo maternal con los perros (Hempel trabaja como entrenadora de perros-guía). Además, si bien sus relatos son propiamente realistas, en “La cosecha” realiza un muy sutil desmontaje, una myse en abyme de lo que entendemos por “realismo” donde demuestra su laboriosa autoconciencia de la compleja relación entre lenguaje y experiencia.

como fue publicada en la famosa Quaterly Review. Su lectura me hizo comprender muchas cosas, como lo que dice el prologuista (que coloca Razones para vivir (1985) su primer libro, a la altura de Autoayuda (1986)de Lorrie Moore) al afirmar que nunca se sintió identificado con la apatía alienada de los típicos personajes del realismo sucio, y que estas voces femeninas estaban poniendo el foco en otra cosa. Qué es esa otra cosa espero que la descubran por su cuenta con esta brevísima introducción a Pero quizás lo más potente de su estilo, y lo que más estas tres grandes narradoras. la diferencia de Davis y Robinson, es la intensidad lírica con que nos sumerge en los estados de conciencia desencantada de sus personajes. Así es el caso de en “Lo de esta noche es un favor que le hago a Holly” donde la voz narradora, una mujer de mediana edad que va a tener una cita con un hombre que le presentó la amiga con la que vive en la playa dice: “No me acostumbro a vivir en la playa, a ver ese horizonte húmedo. Esto es el límite, el asiento cómodo del país. Pero si me obligasen a decir la verdad, tendría que confesar que nos es buena cosa. A la gente que vive acá solo se le oye decir Tendría que, Lo intentaré, Habría que... Aquí no


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