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ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO Y OTRAS PÉRDIDAS


MALDICIÓN O BENDICIÓN (Cuento) Después de pecar, Adán y Eva, expulsados por Dios del Paraíso, se sintieron desnudos y avergonzados, e iniciaron sus labores en el mundo. No obstante el castigo impuesto, con admiración el Creador observó cosas extrañas en sus actitudes: Adán trabajaba sin descanso todos los días, descuidando totalmente su cuerpo; y Eva molía los granos, sin percatarse de que, con cada golpe, sus manos se llenaban de moretones. Adán cortaba con sus manos todo tipo de plantas, sin distinguir los tallos suaves de los cardos que le herían con sus espinas; y Eva metía sus manos al fuego, sin darse cuenta de que su piel se quemaba, y se llenaba de ampollas. La pareja comía todo tipo de alimento, sin diferenciar lo fresco de lo podrido, y lo más extraño era que, cuando perdían algo, no lo valoraban, y al separarse, ninguno extrañaba al otro; pero curiosamente tenían siempre la sonrisa en su rostro; aunque estuviesen rodeados de peligros. Entonces el Creador pensó, luego dijo: - Cuando salieron de mis manos el hombre y la mujer, los bendije, les di inteligencia para conocerse, y entender las cosas. También les di libertad, para que tuvieran la posibilidad de elegir; y la voluntad para que, con esfuerzo y dominio de sí, consiguieran cuanto desearan. Sin embargo, ahora, cuando los veo por el mundo, es necesario darles una ayuda extra. Al principio pensarán, yo lo sé, que se trata de una maldición o de un nuevo castigo; pero con el paso del tiempo comprenderán lo contrario, pues será una bendición, que les permitirá conocer el peligro para cuidarse de éste. Una vez tomada la decisión de otorgarles otro don, por la noche, cuando la pareja dormía, el Creador llamó a sus ángeles para enviarlos a la tierra, a quienes dijo: - Lleven esto, y colóquenlo sobre la cabeza de Adán y Eva. Uno de los ángeles no aguantó la curiosidad, y preguntó: - ¿Qué es? El Creador le dijo: - Un arma que será transmitida de padres a hijos, es el dolor. Los ángeles cumplieron su misión, y al día siguiente, cuando la pareja inició la jornada de trabajo, notaron inmediatamente una gran diferencia. Adán a la mitad del día comenzó a sentir dolor en los músculos, y cuando tomó un tallo con espinas, y brotó la sangre de sus dedos, por primera vez lanzó un grito. Ese día, en dos ocasiones Eva también gritó, cuando la piedra que utilizaba para moler el trigo, golpeó su mano, y cuando la lumbre de la fogata quemó su dedo. Después de la comida Adán volvió a gemir, por causa de un trozo de pescado podrido, que le hizo daño, y corrió alejándose de Eva; ella sintió algo extraño en el corazón y lloró. Desde entonces Adán y Eva notaron que el dolor les indicaba el peligro. Aprendieron a descansar; a ser cuidadosos en sus labores, con sus alimentos y con todo, a valorar al otro por el dolor que sentían al separarse, además del extraño dolor sentido cada noche, al saberse lejos de Dios y del paraíso. 2


El dolor nos protege y nos ayuda a descubrir el valor del bien “El nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado” (2ª Corintios 1, 4) Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido El cuento anterior nos hace comprender que el dolor nos ayuda a valorar personas, situaciones, experiencias e incluso cosas, que de otra manera no sabríamos valorar. Quien ha gozado de beneficios especiales puede sentir dolor por su pérdida. A mayor amor, más dolor. Mientras más grande es el bien se sufre más la pérdida. Dicho de otra manera, nuestros grandes dolores nos ayudan a comprender la grandeza de lo que perdimos y con lo cual fuimos grandemente bendecidos. • • • • • • • • • • • • • • • • • •

Raúl perdió a su madre en un terrible accidente. Marisa recibió la noticia de que su esposo le fue infiel. Carlos tuvo que dejar su oficina por su jubilación. Ricardito tuvo que cambiar de escuela a mitad del año. No sólo tuvo que cambiar de escuela sino también de ciudad y de amigos. Lorena terminó la secundaria y no volvió a ver a sus compañeros. Fernando descubrió que es diabético. Luis y Carmen experimentaron que su única hija se casó y dejó la casa paterna después de más de 25 años de vivir ahí. Víctor descubrió que su socio Agustín le robó en la empresa. Lupita perdió a su mascota favorita. Jorge sufrió el divorcio de sus padres. Claudia cumplió 10 años y dejó de recibir juguetes de los Reyes Magos. Diego no fue aceptado en el equipo de fut bol que deseaba. Mónica reprobó el año escolar. Daniel fue rechazado por la joven a la que le propuso matrimonio. Rosa perdió su casa por un incendio Miguel sufrió la amputación de una pierna. Mariana descubrió que no puede embarazarse. Rebeca se quedó sola porque su hijo se fue a estudiar al extranjero.

Toda pérdida, aún las más pequeñas, pueden afectarnos. El dolor es inevitable, tan frecuente y tan natural como la misma respiración. Ayuda para el dolor y preparación para la muerte Nadie está ajeno a las bendiciones y por lo tanto al sufrimiento. Ni una sana autoestima, ni la vivencia de los valores, ni una gran fe, nos libran de él. Toda 3


persona tiene que pasar por una etapa de dolor y duelo ante la pérdida de un ser amado. Por ello es conveniente conocer como reaccionamos ante el sufrimiento, para encontrar la mejor manera de enfrentarlo, e incluso, sacar provecho de él. El dolor tan intenso que provoca la muerte de nuestros seres queridos, así como la necesidad de encontrar consuelo y ayuda, dieron origen a lo que actualmente se conoce como Tanatología. En estas páginas trataré de explicar en forma sencilla la importancia de la Tanatología en nuestra vida. ¿Qué es la “Tanatología”? La palabra esta formada por dos palabras griegas _______ Thánatos, que significa ‘muerte’, y la palabra _ó___ Logos, que significa: ‘razonamiento’, ‘estudio’ o ‘tratado’. Aunque el término inicialmente se utilizaba para designar el proceso de aliento y ayuda a quien iba a morir, posteriormente su alcance fue mayor. Ayudando a morir Estudiosos de la sicología descubrieron que quienes estaban desahuciados o se iban acercando a la muerte por enfermedad o vejez presentaban características semejantes en su comportamiento. Después de identificar las diversas etapas aprovecharon su conocimiento para que los pacientes tuvieran una muerte más tranquila, sin enojos, rencores y en paz con sus familiares. Los estudiosos no pudieron evitar su muerte, pero les dieron herramientas para evitar la angustia y dar al dolor un sentido. Así surgió la Tanatología. Muriendo con los enfermos Tiempo después, se descubrió que los familiares de los enfermos también pasaban por etapas semejantes y que, aunque no morían, vivían algo semejante a la muerte por lo que también debían enfrentar un proceso de duelo. En ocasiones la preocupación por el enfermo, el dolor, el stress, el miedo al futuro, el desgaste emocional, las culpas o los enojos hacían que el familiar o custodio del enfermo muriera antes que él. Gracias a la Tanatología, también los familiares encontraron una ayuda para enfrentar el dolor que les causaba la enfermedad y muerte de un ser querido. Muertes pequeñas y cotidianas Posteriormente, los estudios comprobaron que todas las personas pasan por las mismas etapas de duelo cuando pierden algo importante. Entonces la Tanatología, mediante un proceso, comenzó a mostrar sus bondades ayudando a superar todo tipo de pérdidas como: la separación matrimonial, abandono de los hijos del hogar paterno, pérdida de empleo, infidelidad, cambio de escuela, robo, etc. Pérdidas que en realidad son como muertes pequeñas pero que que afectan y marcan profundamente la vida. Pérdidas que al sumarse pueden causar grandes problemas emocionales y existenciales. Por eso se dice que la Tanatología ayuda a superar, mediante un proceso, el dolor ocasionado por cualquier pérdida. Es de gran ayuda para quien ve cercana su muerte y también para los familiares de quien pronto va a morir. 4


Ayuda en la crisis y más allá Ante la crisis por una muerte inesperada, la Tanatología puede ayudar a que los deudos comprendan y superen el duelo. En términos generales la Tanatología apoya al enfermo hasta su muerte y, cuando fallece, continúa ayudando a los familiares en su proceso de duelo, evitando que los más susceptibles caigan en cuadros depresivos, duelos patológicos o prolongados. Sería maravilloso que en todos los hospitales existiera un equipo de Tanatología. Incluso las iglesias podrían ofrecer este tipo de servicio a los deudos que acuden a solicitar la misa de exequias. Vivir con plenitud para morir en paz En la primera parte del libro hablamos de la importancia de las decisiones y actitudes. Quienes no aprenden a vivir felices mueren también infelices. La Tanatología, a partir del proceso de muerte, enseña que la vida se debe vivir en su máxima expresión, haciendo el intento de obtener los mayores beneficios posibles, disfrutándola, realizándose en todos los aspectos y volviéndola a nivel personal, familiar, social y comunitario. Puede ayudar a dar sentido al dolor y al sufrimiento, así como a cerrar los círculos o etapas que quedaron sin concluir. Un proceso para tomar decisiones correctas La Tanatología considera al ser humano como una unidad compuesta por diversos factores y valora la muerte no como un final sino como el punto culminante de la vida, por lo que en su proceso de acompañamiento a los pacientes les ayuda a adquirir capacidad de decisión en los ámbitos biológico, sicológico, social y espiritual. Con su ayuda, los enfermos terminales o con larga agonía, aceptan su diagnóstico, superan las diferentes etapas que surgen por la pérdida o duelo, y aceptan concientemente la muerte, no con resignación, sino como un acto de conciencia en el que toman las decisiones pertinentes como: indicar los tratamientos que desean y sus límites, despedirse de los familiares, agradecer, perdonar y pedir perdón, preparar un testamento, etc. Una graduación de la vida Cuando vivimos concientemente dejamos de percibir la muerte como el último momento y comenzamos a considerarla como el punto más brillante, la graduación de la vida o el broche final de oro. Esto la hace trascendente. Esta memoria permanece también en las personas que nos sobreviven. Si a esta toma de conciencia le añadimos el aspecto de fe se enriquece aún más. Hacer más humana la medicina La Tanatología, en colaboración con equipos los hospitales ayuda a evitar las terapias inútiles, el encarnizamiento terapéutico y los tratamientos médicos desproporcionados. Así colabora en la humanización de la medicina. ¿Por qué duelen las pérdidas? 5


¿Cuánto tiempo has ocupado en adquirir todo lo que tienes? ¿Cuánto esfuerzo, trabajo y dedicación has necesitado para conseguirlo? No me refiero sólo a las cosas materiales sino a todo lo que enriquece y da sentido a tu vida: amigos, esposa, esposo, hijos, educación, posición social, trabajo, casa, comodidades materiales, dinero, etc. Todo lo que has adquirido te da satisfacción y una cierta seguridad que te hace sentir bien. ¿Cómo afecta al ser humano perder algo valioso? Si te ha costado mucho trabajo obtener las buenas relaciones, un lugar especial en el corazón de alguien, un puesto en el trabajo, o las simples cosas, seguramente también te costará mucho trabajo y dolor aceptar que las puedes perder. Sólo se sufre por aquello que difícilmente se ha conseguido. Sólo se considera perdido aquello que un día consideramos nuestro. SU PRIMERA VEZ (Cuento) Era demasiado pequeña para dejarla sola, por eso le advirtieron una y otra vez: —Te vendrán a visitar; pero ¡no salgas! Aunque te visite el miedo, ¡no salgas! Aunque toque la soledad, ¡no salgas! Aunque la tristeza insista en que abras la puerta, ¡no salgas! Aunque la muerte ronde la casa, ¡no salgas! Aunque te llame por la ventana la amargura, ¡no salgas! Aunque la decepción quiera romper la puerta, ¡no salgas! Y aquella pequeña y traviesa doncella no salió nunca. Vinieron el miedo, la soledad, la tristeza, y ella no abrió. Tocó la puerta la amargura, la muerte y la decepción, y tampoco salió. Hasta que un día llegó un extraño: el amor. Tocó con una sonrisa y un suspiro. Entonces, ella, la pequeña lágrima que nunca se había asomado, salió por primera vez, y recorrió la mejilla. ¿Cómo reaccionamos antes las pérdidas? Cuando experimentamos una pérdida importante podemos tomar actitudes equivocadas. Algunos intentan hacerse fuertes, engañándose y engañando, a los demás diciendo que las pérdidas no les afectan. Pero eso no es cierto. Quien así lo hace piensa que mostrarse vulnerables ante los demás es algo vergonzoso o cree que ignorando su pérdida resolverá su problema. Esto tampoco es cierto. No podemos negar que sufrimos Tenemos que aceptar que es totalmente natural sentir dolor por la pérdida de algo importante. Tan natural que todos los seres humanos lo sentimos cuando perdemos lo que amamos y lo que nos ha costado mucho esfuerzo obtener. Cuando la pérdida es muy grande podemos incluso perder el sentido de la vida. En esos casos podemos compararnos a un gran edificio que se tambalea por un sismo y que por falta de buenos cimientos está a punto de caer. Eso causa una profunda desesperación. 6


El miedo no ayuda Ante las pérdidas todos experimentamos dolor, miedo y desaliento. El poco conocimiento sobre la naturaleza del sufrimiento, hace que nos llenemos de miedo al pensar que no podremos superar la situación de dolor. Y el miedo nos conduce al desaliento. Lamentablemente no siempre encontramos la ayuda adecuada que nos permita conocer el proceso del sufrimiento para enfrentarlo positivamente. ¿Sirve la fe? Una persona que acababa de perder a su primer bebé me dijo: “¿De qué me sirve la fe si de todas maneras estoy sufriendo?”. La fe ocupa un papel importante en todo tipo de sufrimiento, pero no como algunos piensan. Se equivocan quienes creen que la fe es como una vacuna que impide experimentar sufrimiento o dolor, como si los creyentes dejaran de ser humanos y no valoraran lo perdido. Se equivocan quienes piensan que la fe funciona como analgésico para que ni el corazón ni el cerebro experimenten el dolor. Se equivocan también quienes quieren obligar a los creyentes a que vivan su sufrimiento en forma estoica y valiente, renunciando a su necesidad de llorar, sentirse tristes, desesperados o agobiados. La fe tiene un trabajo más importante que simplemente suprimir el dolor. ¿La tristeza contraria a la fe? A quienes dicen que la tristeza es contraria a la fe y para sustentar su postura citan la frase bíblica “No se entristezcan”, hay que recordarles las palabras complementarias del versículo: “No se entristezcan, como los que no tienen esperanza” (1ª Tesalonicenses 4,13). La frase completa permite comprender que la tristeza es natural y parte del ser humano. Por lo tanto no se debe reprimir. La cita no menosprecia la tristeza, más bien subraya el valor de la esperanza que permite pasar más rápidamente de los momentos de angustia y desesperación por la pérdida, a la confianza y seguridad en el futuro. Las lágrimas no son pecado La Sagrada Escritura está llena de personajes que experimentan pena y dolor. Ni siquiera el mismo Cristo se libra del sufrimiento. No obstante tener la fe más grande que cualquier ser humano, se conmueve hasta las lágrimas con las pérdidas. Jesús llora con tristeza cuando se entera que su buen amigo Lázaro ha muerto. Aunque Él sabe que lo va a resucitar, no por ello deja de sentir la aflicción por la muerte del amigo. Cristo derrama lágrimas de tristeza aunque tiene esperanza en la resurrección de Lázaro. También llora cuando profetiza la destrucción de la ciudad de Jerusalén. Le duele que la ciudad santa sea reducida a escombros por la incredulidad de su pueblo. Y seguramente, aunque los evangelios no lo mencionan, tuvo más lágrimas en su rostro y tristeza en su corazón. Si Él lloró al experimentar la tristeza, el dolor y el sufrimiento ¿por qué un creyente ordinario, como nosotros, tendríamos prohibido hacerlo? 7


Enfrentando al dolor La fe no niega al ser humano la posibilidad de expresar su dolor. Más bien le ayuda a comprender que existen formas positivas o negativas para enfrentar el sufrimiento, y que el creyente debería elegir las formas positivas. Las diversas maneras de creer pueden darle significados distintos a las pérdidas. Quienes creen en un Dios duro y lejano al ser humano las pueden sentir como un castigo. Otros, que creen en un Dios amoroso y al mismo tiempo comprenden las limitaciones de la creación pueden verlas como algo ordinario y parte de la vida. Los que aceptan que se puede dar un sentido al dolor, pueden ofrecerlo a Dios como purificación personal o como sacrificio por el bien de los demás. Buscando luz en la oscuridad No será suficiente describir la patología del dolor. Debemos explorar en nuestras amargas experiencias y, aunque parezca imposible, encontrar los aspectos positivos que tiene el sufrimiento. No se trata de volvernos masoquistas y gozar con el dolor. Se trata de buscar lo positivo que puede ofrecernos el sufrimiento para aprender de él. ¿Cómo reaccionas ante el dolor? Todos experimentamos el sufrimiento, pero no lo enfrentamos ni reaccionamos ante él de la misma manera. Generalmente reaccionaremos ante las grandes pérdidas como reaccionamos ante las pequeñas. Si aprendemos a actuar en forma positiva ante las pequeñas seguramente reaccionaremos igual ante las experiencias más dolorosas que se nos presenten. Nuestra reacción ante lo pequeño nos permite predecir, con cierta certeza lo qué sucederá con nosotros cuando perdamos a alguien o algo importante para nuestra vida. Esperanzas frustradas, cambios obligados y mucho más Aún los jóvenes, que se sienten tan fuertes y dueños del mundo sufren por las pérdidas: no aprobar un examen importante, ser rechazados de una escuela o equipo, terminar bruscamente una relación, cancelar una boda porque se descubre la infidelidad de la pareja. El dolor afecta a todas las edades y tiene muchas causas. Una de ellas es la no realización de nuestras expectativas. • Rodolfo fue el mejor empleado durante todo el año. Para obtener un mejor puesto dio lo mejor de sí e incluso trabajó horas extras sin remuneración. Sus compañeros lo consideraban el mejor para el puesto. Sin embargo, se vio desilusionado cuando el puesto que deseaba fue ocupado por una persona con menos capacidad pero recomendada por su jefe. Rodolfo no perdió su puesto pero vivió el dolor de una pérdida. Aunque no tenía el puesto, lo consideraba como una posibilidad. Perdió una oportunidad. • Octavio estuvo cortejando a Elena durante casi un año. Pensó que ella le correspondía porque aceptaba todas sus invitaciones y regalos. Sin embargo, cuando le declaró su amor, ella le manifestó que sólo lo consideraba un buen 8


amigo, que salía con él porque le servía para conocer gente de otro nivel y tener más oportunidades. Aunque Elena nunca fue su novia, Octavio sufrió una pérdida. Otra causa del dolor provocado por las pérdidas es el cambio de residencia, casa, colonia, de ciudad, o incluso, de país. Cuando el cambio se hace para encontrar una casa o una situación mejor el efecto de la pérdida puede ser menor, pero cuando el cambio se hace, no por deseo sino por presiones externas a la persona, la experiencia de desarraigo puede afectar sus emociones e incluso su salud de las personas. Una mudanza supone el dolor de dejar amigos, compañeros de escuela y las relaciones que se construyeron a través de los años. El dolor y desarraigo es más doloroso cuando la familia, o uno sólo de sus miembros, se ven obligados a cambiar de país. Muchas personas acuden al hospital porque el cambio o experiencia negativa les provoca alteraciones o enfermedad. • Adrián tuvo que viajar de “bracero” a los Estados Unidos. Las necesidades económicas y la falta de empleo lo obligaron a tomar la decisión. No sólo se arriesgó en el cruce de la frontera. También tuvo que dejar a su esposa e hijos, a su madre enferma, a sus amigos y el equipo de beis bol en el que era reconocido como un gran bateador. Al llegar al extranjero siente más el desarraigo al encontrarse con una cultura e idioma diferente. Siente una gran confusión en sus emociones e incluso se siente enfermo. • Tony es hijo de un diplomático que ha sido embajador en diversos países por periodos cortos. El trabajo de su padre le ha hecho cambiar constantemente de país, de casa, de escuela, de amigos e incluso de alimentos. La inestabilidad y los cambios frecuentes han cambiado el carácter de Tony. La incertidumbre que vive le provoca ansiedad. La agitación que le provoca un cambio inicia tres meses antes de la mudanza y continua en él varios meses después del cambio. Una causa más puede ser la relación entre padres e hijos, que sufre cambios importantes. Los padres pueden sentir que pierden a un hijo no sólo por la muerte física, sino también cuando sienten que se alejan de ellos física o emocionalmente. • El hijo de Celia y Antonio muestra rebeldía y lleva una vida totalmente contraria a los consejos de sus padres. Aunque él vive aún en la casa paterna, ellos sienten que lo están perdiendo. • Teresa y David sienten la pérdida de su hijo Agustín porque él dejó la casa paterna para vivir independiente en un departamento. Aunque él los visita una vez a la semana, ellos sienten que perdieron algo. Cuando los hijos se independizan, salen de casa para estudiar en el extranjero o para vivir su vida matrimonial, los padres los ven salir del hogar con sus pertenencias y 9


sienten que se llevan algo de ellos mismos. Para muchos, aquella casa que una vez estuvo llena de risas, ruido y alegría, se vuelve como una tumba silenciosa por la ausencia de los hijos. Muchos padres sufren el llamado “síndrome del nido vacío”. Otra causa del dolor provocada por pérdidas o cambios tiene que ver con la jubilación obligatoria o la liquidación en el trabajo. No se trata sólo de la pérdida de ingresos económicos, sino la perdida de un determinado status, la pérdida de los amigos relacionados con el empleo y, para los hombres en particular, la pérdida de su sentido de competencia. Es importante recordar que para los hombres es muy importante el sentirse competitivos. • Octavio fue obligado a jubilarse cuando aún se sentía capaz y útil. Con la jubilación siente que perdió cosas muy importantes e incluso toda razón para vivir. Una baja estima le hace sentirse aún peor porque piensa que él valía por su trabajo y no por lo que es. • Liliana se esforzó mucho para conseguir un puesto que estaba vacante. Trabajó horas extras sin remuneración y dio lo mejor de sí para mostrar su capacidad. Aunque el trabajo nunca había sido suyo, ella sintió una gran pérdida cuando su esfuerzo no fue valorado y el puesto fue ocupado por una persona con menos preparación pero recomendada por su jefe. Sería interminable mencionar todas las causas del dolor en las diversas áreas: En la salud podemos perder la vista, el oído, sufrir una amputación, descubrir que somos diabéticos, impotentes o estériles, o que nos apareció un tumor cancerigeno. En el patrimonio podemos perder nuestros bienes o propiedades por un accidente, choque automovilístico, incendio, robo, devaluación, etc. En el área afectiva incluso la pérdida de una mascota que se habían convertido en parte de la familia causa dolor. De una u otra manera, enfrentamos dolores menores casi diariamente y estos pueden desencadenar el proceso del sufrimiento. Esquema del dolor El doctor Erick Lidermann, profesor de siquiatría en Harvard, fue uno de los pioneros en afirmar que la experiencia del dolor pasa por “etapas” o “niveles”. En su artículo “Sintomatología y Manejo del Sufrimiento Agudo”1 demostró que el dolor puede ocasionar reacciones normales o anormales, por lo que es de suma importancia ayudar y acompañar a los dolientes para que puedan enfrentar su lucha contra el sufrimiento y encuentren nuevos esquemas para compensar la pérdida. Lindermann describe cinco etapas del sufrimiento agudo: 1. Angustia física. 2. Preocupación por la imagen de la persona fallecida. 3. Culpa. 1

Publicado en The American Journal of Psychiatry, Septiembre de 1944 10


4. Hostilidad 5. Pérdida de los moldes de conducta. Las cinco etapas expuestas por Lindermann han sido ampliadas por otros estudiosos que llegan presentar diez. Como cada ser humano es distinto, los procesos muestran variantes. En algunos casos no se experimentan todas las etapas o se experimentan en un orden diverso. El paso entre las etapas suele ser imperceptible y puede tener retrocesos. El proceso de duelo inicia con una pérdida y concluye cuando la persona se reintegra a su vida ordinaria.

LAS ETAPAS DEL DUELO 1.- EL ESTADO DE “SCHOCK” O NEGACIÓN • Ricardo tuvo un terrible accidente. Su auto salió de la carretera y, después de varios vuelcos cayó en un pequeño precipicio. Su esposa quedó inconciente. Él resultó herido y con fracturas en la pierna. Gracias a un enorme esfuerzo, logró salir del auto y arrastrarse hasta la carretera para solicitar ayuda. Cuando un auto se detuvo para auxiliarlo, él se desmayó. Ricardo pudo bloquear momentáneamente su dolor hasta conseguir la ayuda necesaria. Una anestesia especial El caso anterior es una muestra de lo que nos sucede en la primera etapa del duelo. Aunque el ser humano tiene la capacidad para soportar la tristeza, el dolor e incluso la tragedia. En determinadas circunstancias y, bajo ciertas presiones, nuestra mente crea en nosotros una especie de anestesia o burbuja sicológica que nos protege momentáneamente del dolor físico o mental adormeciendo nuestras emociones y haciéndonos insensibles al dolor. Lo mejor sería enfrentar de golpe la cruda realidad, sin embargo, para evitar el dolor, preferimos negar lo que está sucediendo. Se trata de un estado de “shock” emocional en el que podemos permanecer minutos, horas o días. Es parte natural del proceso y no debe ocasionar alarma, pero cuando éste se prolonga más de una semana es conveniente buscar ayuda profesional para que no afecte la salud. • Doña Rosario sufrió la muerte repentina de su hijo. No obstante el gran amor que sentía por él, no derramó una sola lágrima durante sus funerales. Durante las celebraciones religiosas manifestó que su hijo ya estaba con Dios y, por lo tanto, ella debería estar en paz Atendió a todos los asistentes con una gran tranquilidad y se preocupó de resolver todos los asuntos administrativos referentes al sepelio. 11


¿Tranquilos o en estado de shock? Aunque muchos pudieran pensar que ella está serena por la fe, en realidad puede estar pasando por un estado temporal de anestesia emocional que la protege del dolor provocado por el asesinato de su hijo. No es posible que sus emociones permanezcan ajenas a la muerte de un ser tan cercano y estimado. El estado de shock le auxilia temporalmente a enfrentar los problemas que se le presentan, pero al mismo tiempo le impide evolucionar en su duelo y pasar a la siguiente etapa. “Nos han dado abrazos de condolencia y recibimos cartas, telegramas, noticias de que te enterramos, pero tu nieta más pequeña te busca en el cuarto, y todos, sin decirlo, te estamos esperando” (Jaime Sabines)

Las piedras se desmoronan Una persona en estado de shock, debe ser acompañada y ayudada porque su fuerza y tranquilidad aparentes pueden derrumbarse de un momento a otro cuando alcancen a comprender el hecho y sus amargas consecuencias. La presencia de seres queridos o profesionales de la tanatología ayudan al doliente a encarar valientemente la realidad y a expresar las emociones que en un principio no era capaz de reconocer. Caminando sin rumbo Es frecuente que cuando una persona recibe una terrible noticia que le cause dolor, escuche las palabras pero no alcance a comprenderlas ni a registrarlas en su conciencia. Puede caminar como perdido y sin rumbo en un estado de shock momentáneo. El shock es un escape temporal de la realidad. Palabras vs Actitudes Es fácil descubrir cuando alguien no acepta una pérdida. Sus actitudes muestran que no se ha desprendido de lo perdido. Personas que han sufrido la muerte de un ser querido, suelen decir con palabras que aceptan lo sucedido y que están resignadas. Sin embargo, sus actos dicen lo contrario. • El padre de Georgina falleció hace tres meses. Ella dice aceptar lo sucedido. Sin embargo, sigue conservando todas las cosas del difunto: ropa, zapatos, objetos personales. No permite que nadie ocupe la silla que él utilizaba a la hora de comer y sigue lavando y cambiando las sabanas de su cama, como si él fuera a llegar a dormir. Con su actitud, Georgina está negando que su padre esté muerto. Ella espera que regrese en cualquier momento para continuar su vida ordinaria. • Filiberto se hizo un estudio médico y recibió la noticia de que tenía cáncer. Su forma de negar la realidad fue pensar que el médico estaba jugándole una 12


broma. Después pensó que el médico era un inepto o que se había equivocado en su expediente. Su negación lo hizo buscar dos médicos más y someterse a nuevos exámenes. • El novio de Karen rompió con ella después de un año de noviazgo. Ella no quiere aceptar lo sucedido y se imagina que él le hablará por teléfono para pedirle disculpas y que regrese de nuevo con él. Cada vez que suena el teléfono cree que será él. Aunque han pasado seis meses y su novio tiene una nueva pareja, Karen no acepta el fracaso de su relación. Está segura de que él se arrepentirá y volverá con ella. Por su negación, Karen se ha cerrado a entablar una nueva relación. Aferrarse a lo perdido Un ejemplo semejante lo encontré al conversar con una señora. Su esposo la había abandonado hacía 25 años. Ella me dijo con palabras: “Ya lo acepté y ya me hice a la idea”. Sin embargo descubrí que ella se mentía porque conservaba todas las pertenencias personales del marido tal y como él las había dejado. Y no sólo eso, continuaba enviando a la tintorería sus trajes y lustrando sus zapatos. El caso llegaba al extremo porque conservaba todas las botellas de su cava para que, a su regreso, él encontrara todo igual. ¿Cómo le podríamos llamar a esto? Es una clara negación de la realidad, una negación de la pérdida y por lo tanto un estancamiento en el proceso de duelo. Otro ejemplo más lo podemos ver en la actitud de quienes creman el cuerpo de sus difuntos y no las depositan en un lugar adecuado sino que las llevan a su casa. Con la presencia física de las cenizas intentan negar o llenar el vacío que les dejaron sus difuntos. Negar las cosas no significa que no hayan sucedido. El “shock” o la negación son mecanismos que nuestra mente utiliza para tratar de evitarnos el dolor. Sin embargo no podemos mantener esta actitud en forma permanente. Negar las pérdidas es contrario a la realidad, es negar la verdad y aferrarse a creer que las cosas no sucedieron. La negación no pueden conducir a una salud mental ni tampoco a una solución de vida ante lo perdido. La negación puede ser como un analgésico temporal contra el dolor, pero tenemos que reconocer que, aunque se puede adormecer el dolor, no desaparece lo que lo ha causado. Si negamos en forma constante la realidad, cometemos el error de anclarnos en el pasado y evitar nuestra integración a la vida presente y futura. Negar la realidad nos puede volver neuróticos. No es conveniente vivir un mundo de fantasía. Es mejor enfrentar la realidad, por más dura que pueda parecer. Ayuda equivocada Aceptar la realidad es aceptar que, no obstante la pérdida, el mundo sigue girando y las cosas continúan su ritmo. Por eso, aunque parezca contradictorio, la mejor ayuda que podemos ofrecer a quien sufre una pérdida es mantenerlo desempeñando sus actividades ordinarias para que estas lo mantengan en contacto con su realidad. 13


Para comprender lo que debemos hacer en caso de duelo nos podemos inspirar en el médico que después de una cirugía obliga al paciente a levantarse y dar unos pasos. Quizás parecería cruel y sin sentimientos. Sin embargo, no lo es, porque él sabe que mediante aquella terapia el enfermo se recuperará más pronto. En tiempos pasados se consentía demasiado a los pacientes y se les recomendaba estar inactivos durante varios días. Eso prolongaba el periodo de convalecencia. Los ejercicios pueden ser molestos para el recién operado pero lo fortalecen y le ayudan a recuperar la salud. El enfermo puede elegir permanecer más tiempo en cama, pero eso hará más lenta su recuperación y mas largo su sufrimiento. • Cuando murió el esposo de Margarita, sus hijos quisieron ayudarle a aminorar el dolor. Para ello le organizaron un viaje que la alejó de su casa. Pensaron que así le evitarían recuerdos tristes en el lugar que había compartido con su pareja durante tantos años. Antes de regresara del viaje, cambiaron la cama matrimonial por una cama individual y guardaron todos los retratos de la sala donde ella estaba con el difunto. Después del largo crucero que la alejó de la realidad, ella regresó a su hogar y tuvo que enfrentar la cruda realidad de vivir su viudez. La acción de los hijos solo atrasó el momento difícil pero no lo pudo evitar. Margarita hubiera vivido más rápido su duelo si no la hubieran alejado de su realidad ni de sus actividades cotidianas. Recibió una ayuda equivocada. • Ernesto era un joven independiente que estaba habituado a resolver sus problemas solo. Aseaba su departamento, lavaba y planchaba su ropa e incluso se cocinaba diariamente. Cuando murió su papá, su amiga Sofía pensó que la mejor manera de ayudarle era solucionar todas sus necesidades. Durante varias semanas asistió a su casa para hacer la limpieza, cocinar y asear la ropa. Esta supuesta ayuda perjudicó a Ernesto. Sin ninguna tarea por realizar aumentó su depresión y tardó más tiempo en volver a vivir en forma ordinaria. Durante el lapso de la crisis no es bueno delegar las tareas ni la toma de decisiones. Tampoco es aconsejable separar a las personas de su medio ambiente, de sus responsabilidades, de su lugar de trabajo o estudio. Ni siquiera en el caso de personas que sufran una pérdida por ruptura sentimental o aviso de enfermedad grave. Lo mismo una persona recién divorciada o que acaba de enterarse que tiene cáncer, una joven que rompió con su novio o un hombre que sufrió un asalto, deben continuar en la medida de lo posible la vida ordinaria que llevaban antes de la pérdida. Lamentablemente muchos de los parientes o amigos, sin saber esto, invitan a la inactividad y detienen con ello el proceso normal del duelo. Cuando estemos cerca de una persona que recibe malas noticias debemos mantenerla ocupada, permitiéndole que haga sus cosas ordinarias y que tome sus decisiones paso a paso. 14


Es mucho mejor que la persona afectada ponga pronto atención a sus problemas inmediatos y tome decisiones. No es conveniente hacer las cosas del doliente ni ofrecer más ayuda de la realmente necesaria. Es mejor acompañar y apoyar. Una palabra clave es preguntar: ¿En qué puedo ayudarte? No crear dependencias Es frecuente que ante una pérdida, la persona dolida pueda crear lazos insanos de dependencia o control. Por eso es muy importante dejar que el deudo continúe con su vida ordinaria. • Dolores es una mujer con problemas de baja estima. Siempre pensó que valía, no por ella misma, sino por su esposo y sus hijos. Sintiendo que era inútil para enfrentar obstáculos y problemas, dejó que su esposo tomara todas las decisiones importantes. Ella se limitaba a hacer las pequeñas tareas del hogar. Por otra parte, el poder que ejercía sobre sus hijos la hacía sentirse importante. Sentía que su autoestima subía pero en realidad era manipuladora. Cuando sus hijos se casaron, su autoestima bajo porque, no sólo sintió que perdía valor, sino también el control sobre ellos. Buscó de muchas formas mantenerlos atados a ella pero, afortunadamente, no lo logró. Años después, cuando murió su esposo, ella se sintió casi inválida porque se había hecho dependiente de él. Sus hijos quisieron brindarle ayuda y, pensando que sería lo mejor, regresaron a vivir temporalmente con ella. No sólo regresaron al hogar paterno sino que comenzaron a hacer hasta las pequeñas cosas que Dolores hacía. El resultado fue que, en lugar de ayudarle, crearon en ella una gran dependencia. Después de tres meses, se había vuelto inútil y había tomado control nuevamente sobre ellos. Sus mecanismos internos y su falta de autoestima se aprovecharon de la ayuda equivocada de sus hijos para hacerse pasar por víctima y seguir con su manipulación y dependencia. El caso de Dolores es una alerta para ofrecer una ayuda correcta. No es sano crear lazos de dependencia ni caer en el juego de quienes se sienten víctimas de la vida. Es mucho más sano ayudarles a enfrentar su realidad, a continuar su vida ordinaria y a seguir viviendo en forma independiente. No es lo mismo acompañar y ayudar que resolver los problemas del otro. Sintetizando La primera etapa del duelo es la negación. Esta consiste en negar el hecho: “no es cierto que estoy enfermo de cáncer”, “no se murió mi hijo”, “no me abandonó mi esposo”, “No lo puedo creer. Mi mente lo sabe pero en lo más íntimo no lo puedo aceptar”, etc. Quien sufre una pérdida importante llega a pensar que se trata de un sueño del que va a despertar. Siente que cuando suena el teléfono le va a hablar la persona amada que se ha ido o que ha muerto. Siente que la ve en algún sitio o que se comunica con ella a través de sueños. Parte de la negación es conservar todos los objetos o cosas personales de quien se ha ido y tenerlas listas como si fuera a 15


regresar. Es comprensible que se deseé guardar algún recuerdo, pero es absurdo querer conservar todo y no deshacerse de lo que ya no tiene sentido. La etapa de negación es un intento de nuestra sicología para evitarnos el dolor. Sin embargo no podemos negar la realidad. “No porque cerremos los ojos el mundo desaparece” “No porque neguemos algo significa que no ocurrió”. Hay personas que por la negación detienen, incluso por años, el proceso de maduración del duelo. Es común que la etapa del shock o negación se repita en algunos momentos del duelo.

2.- LA EMOCIÓN EMERGE • Filiberto no creyó en los estudios que le diagnosticaron cáncer. Negó el resultado, negó que ese fuera su expediente, negó la capacidad del médico y la seriedad del hospital. Acudió a tres hospitales más y repitió el estudio. El resultado fue el mismo. Su última negación fue creer que estaba soñando y que lo que vivía no era cierto. Pensó que pronto despertaría de la amarga pesadilla. Sin embargo, tuvo que afrontar la realidad. La tristeza y la impotencia lo hicieron llorar amargamente. En medio de sus emociones se puso a pensar en su futuro y el de su familia. Su período de negación había terminado. • Carmen recibió la noticia de que su esposo había muerto en un accidente y ella debería presentarse en determinado lugar pare reconocer el cadáver. Mientras viajaba hacia el lugar la anestesia de la negación le protegía del dolor. Pensaba: “No creo que sea mi esposo. Él siempre es muy cuidadoso para manejar” “Seguramente lo están confundiendo” “En un momento él llamará a mi celular para decirme que ya está en casa”. Sin embargo, cuando estuvo frente al cuerpo tuvo que reconocer que se trataba de su esposo. En ese momento Carmen lloró desconsolada y sacó todo su coraje contra el responsable del accidente. La negación no podía continuar. Se rompe la burbuja Cuando las evidencias o el peso de la razón hacen que la burbuja o anestesia emocional desaparezca, dan paso al surgimiento de las emociones que antes se habían contenido. La segunda etapa del duelo aparece cuando de la negación se pasa a la aceptación del hecho doloroso. Tomando en cuenta que cada persona vive en forma distinta el dolor de su pérdida, esta etapa puede llegar entre uno y tres meses después La sicología de cada individuo la hace variar. Un padre de familia puede aceptar más rápidamente o en menos tiempo la muerte de su esposa que el tiempo que necesiten sus hijos para hacerlo. Un hermano puede requerir de mas o menos tiempo que el que necesiten sus propios hermanos. Tristeza, llanto y mucho más

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En esta segunda etapa se reconoce la pérdida del ser querido, el hueco que ha dejado su ausencia. Se llora, no solo porque se ha ido, sino también el sentimiento de abandono y soledad. Se reconoce también todo lo que significaban para nosotros los bienes perdidos: la pareja con la que compartimos tantos sueños, la casa que construimos con tanto esfuerzo, los ahorros que esfumaron en un momento, la salud de la juventud, la mascota que nos acompañó tanto tiempo, el puesto del trabajo que tantas satisfacciones nos dio, etc. En esta etapa se liberan las emociones. Se entrecruzan y confunden muchos sentimientos: culpa, tristeza, coraje, desgano, depresión, ansiedad, etc. Esto hace que la persona que vive el duelo se sienta inestable y cambie constantemente de estado de ánimo. “El llanto más doloroso es el que no tiene lágrimas, por más que uno se emborrache de tragarlas y tragarlas” (Mario Benedetti)

Reprimir o liberar la emoción El ser humano tiene la capacidad y el derecho de expresar sus emociones y estados de ánimo. Esto es sano y totalmente normal. Desgraciadamente no siempre se nos educa para hacerlo. Como consecuencia no nos permitimos expresar libremente las emociones que sentimos. Emociones y autoestima En los capítulos referentes a la autoestima quedó claro que el ser humano tiene la necesidad de expresar sus emociones. Tiene derecho a estar alegre, triste, preocupado, enojado o con miedo. Una educación incorrecta puede hacer creer que la expresión de las emociones son una muestra de falta de: control, sociabilidad, hombría o fe. • Benito se ha creído la frase: “Quien se enoja pierde”. Cada vez que se molesta por una injusticia reprime su enojo para “no perder”. La semana pasada un borracho chocó contra su auto y se lo dañó irreparablemente. Benito siente que no puede enojarse por el incidente. Se reprime en lugar de manejar su enojo. • Marcela perdió a su hijo. Después de una semana se volvió a presentar en su trabajo. Aunque ella deseaba vestir de negro para expresar su pena, no lo hizo porque piensa que no es socialmente aceptado. Cuando siente la necesidad de llorar se reprime porque lo considera antisocial. • Joel sufrió una infidelidad por parte de su esposa. Siente una enorme tristeza. Aunque tiene ganas de llorar por la decepción, reprime su emoción porque desde niño le dijeron que: “los hombres no deben llorar”. Como necesita desahogarse y no puede, ha recurrido al alcohol para hacerlo. • Melisa no fue aceptada en la universidad que deseaba. Ella tiene el más alto promedio de calificaciones y no entiende la causa de su rechazo. Está triste y 17


decepcionada de la institución. Sin embargo piensa que no debe mostrar su tristeza porque la educaron haciéndole creer que mostrarse triste es sinónimo de falta de fe. La emoción es esencial al hombre y tratar de reprimirla es transformarlo en menos que humano. Ante una pérdida surgen diversas emociones y sentimientos que tenemos que expresar: tristeza, enojo, rabia, impotencia, etc. En ocasiones sólo se expresa la tristeza y quedan truncadas otras expresiones. ¿Será suficiente para una madre que pierde a su hijo por un asesinato manifestar sólo tristeza? ¿No deberá manifestar también su enojo e impotencia? Quienes padecen baja estima tienen problemas para expresar sus emociones. Quizás necesiten ayuda para que puedan hacerlo. Lo cierto es que nadie debe reprimir sus emociones. De lo contrario puede entorpecer su proceso de duelo y ocasionarse daño. Ni tanto que queme al santo ni tanto que no le alumbre Cuando animamos a la expresión de las emociones, no defendemos el emocionalismo, donde la emoción ignora a la razón. Pero tampoco sugerimos que la razón suprima a la emoción. En la sección referente a la autoestima dijimos que es conveniente manejar razonablemente las emociones, más no evitarlas ni suprimirlas. En el caso de los hombres, por su educación y manera de ser, será conveniente insistir en la necesidad de que expresen sus emociones y no se cierren en sí mismos. En el caso de las mujeres no es necesario enfatizar el punto porque su naturaleza las hace siempre más comunicativas. A diferencia del hombre, que expresa menos sus emociones, la mujer tiende a platicar sus problemas con sus amigas o compañeras y al hacerlo se siente desahogada. Lo que podríamos sugerir es que no exageren en la expresión de sus emociones. Una atención especial requieren aquellas que, por problemas de autoestima aprovechan el duelo para sentirse importantes y mostrarse como víctimas ante el mundo. En esos casos, ellas cuentan a todos su tragedia, pero no para expresar su dolor, sino para convertirse en foco de atención. ¿Emoción vs Fe? Los héroes bíblicos son ejemplo de que las emociones no son muestra de debiidad ni de falta de fe. Las lágrimas del rey David, del paciente Job o del apóstol Pedro manifestaron su limitación y dolor humano, ayudaron a desahogar su pena pero no disminuyeron su hombría ni pusieron en peligro su fe. Una religión desprovista de emoción no es correcta. Lamentablemente algunos grupos derivados del protestantismo intelectual pretenden sofocar la emoción, reduciendo sus reuniones a una suerte de conferencias donde falta la experiencia completa de la fe. Un apoyo es una gran ayuda Ocasionalmente las personas recurren al alcohol para desinhibirse pero esto las hace dependientes a él. No es necesario el alcohol para que este nos permita liberar nuestras emociones. Es mejor recurrir al amigo o amiga en quien confiamos y sabemos que nos va a comprender, o a un terapeuta o ministro religioso que nos 18


ayude a expresar nuestro pesar. En ocasiones la madre viuda no expresa sus emociones ante los hijos huérfanos, porque teme con ello aumentar su dolor. Piensa que al dolor de los hijos, ocasionado por la pérdida del padre, le añadiría el dolor de ellos la vean llorar y entonces, se reprime sin saber qué hacer. En general, siempre es mejor que los hijos vean a sus padres llorar y también lloren con ellos, porque esto les permite comprender que ellos también son humanos. Sintetizando Cuando se acepta la pérdida inicia la segunda etapa del duelo y afloran las emociones Una perdida no solo produce tristeza. También produce enojo y otras emociones No es correcto reprimir las emociones pero tampoco exagerarlas La baja estima y una mala educación pueden ser impedimentos para expresar el dolor Los hombres deben esforzarse en expresar su dolor. Algunas mujeres no deben exagerar. Las emociones no son contrarias a la fe No es necesario recurrir al alcohol para hacer fluir la emoción El apoyo de amigos o terapeutas puede ser de gran ayuda No es correcto utilizar las emociones para mostrarse como víctima o volverse el centro de atención “Concédete el permiso para estar triste y desdichado, para llorar, para estar deprimido por un tiempo. Olvida las prohibiciones de llorar, de sentirte abatido. Busca a las personas sabias que pueden entender tu situación. Con el apoyo necesario, si expresas tus íntimos sentimientos, estarás empezando a superar la tristeza” (Jean Monbourquette)

3.- DEPRESIÓN, AISLAMIENTO Y SOLEDAD Como un globo sin aire • Esperanza se sentía terriblemente mal porque su relación con Adalberto había terminado abruptamente. El tiempo de noviazgo, los planes de matrimonio, la ilusión de formar un hogar y tener hijos quedaron destruidos en un momento, cuando él, piloteando una avioneta y por falta de visibilidad, se estrelló contra una montaña en una zona cercana a la ciudad de Toluca. La muerte del joven fue instantánea, pero también el dolor que esto le provocó a ella. Cuando recibió la noticia no lo podía creer. Deseaba que se tratara de un error de información. Cuando reconoció el cuerpo no pudo negar el hecho y lloró amargamente. Se enojó con Dios, con el radar de la avioneta, e incluso, con el mismo Adalberto porque se había arriesgado a viajar en una situación de 19


inseguridad. Después que afloraron todas sus emociones se sintió como un globo al que se le escapa el aire y le falta fuerza. Así entró en la etapa de depresión. Esperanza sentía que Dios no existía o que la había abandonado o que no se interesaba por ella. Su sufrimiento se le hacía el más grande del mundo. Y tenía razón porque, cuando sufrimos, sentimos que nuestro dolor es el más inmenso de todos. Si embargo, la depresión y la soledad no son algo que sólo a ella le tocara experimentar. Estas son situaciones normales por las que pasamos todos los que padecemos una perdida importante. Esta experiencia forma parte de una aflicción saludable. ¿Por qué la soledad y el aislamiento? La depresión no afecta solo a unas cuantas personas ni se limita a determinada edad o sexo. La experimenta todo el género humano cuando le es arrebatado el ser amado o lo ha sido atesorado con cuidado. Es comprensible la depresión en momentos de dolor, pero ¿por qué se busca el aislamiento y la soledad? ¿No es más lógico que quien sufre una pérdida busque compañía para soportar su dolor? Aunque la razón nos dice que es mejor buscar la compañía de amigos y conocidos para mitigar el dolor, los sentimientos internos nos hacen buscar el aislamiento ¿por qué? • Esperanza tiene muy buena relaciones con personajes importantes del mundo de la política, de la salud e, incluso, del mundo económico. Las relaciones con su familia y sus vecinos eran inmejorables antes del accidente. Sin embargo, después de su pérdida siente un gran resentimiento contra todos los que le rodean. Esto parece absurdo porque ninguno de ellos fue el causante del accidente en el que murió su novio Adalberto. ¿Por qué actúa así Esperanza? La respuesta es sencilla: Ella descubrió que ninguno puede reducir o desaparecer el dolor que enfrenta. Nadie puede regresar el pasado y hacer que las cosas sean como antes. Ninguno puede devolverle el bien perdido. Ni el los poderes político, social, económico, e incluso, religioso, pueden regresar lo perdido o desaparecer el sufrimiento que le aqueja. Por ello, Esperanza se aleja de ellos. Me fallaron El aislamiento es parte de un cierto resentimiento porque constatamos que quienes nos rodean tienen limitaciones y no pueden resolver todo. Nos alejamos de Dios porque “nos quitó” o “no cuidó” o “no protegió” lo que perdimos. Nos alejamos de los demás porque nadie puede ayudarnos a recuperar lo perdido ni tampoco pueden cambiar lo que sentimos. A veces no comprendemos por qué, quien recibe ayuda en medio de su pérdida, puede responder con resentimiento o portarse fríamente con quienes le acompañan. Si comprendemos su decepción interna podemos sentir menos su rechazo. A mayor aislamiento más clara su decepción del mundo y de las capacidades del ser humano para ayudar en su dolor. En estos casos es suficiente ofrecer nuestra ayuda y acompañamiento, aunque estos no sean aceptados en su totalidad. 20


• Esperanza vivió su dolor en el aislamiento. Rechazó toda invitación a salir, a distraerse y a divertirse. La depresión le hizo pensar que el mundo era oscuro y gris y que no volvería a sentir la luz del sol. Sin embargo, cierto día tuvo que tomar un vuelo por motivos laborales. Parecía que el avión no realizaría el vuelo porque la mañana estaba llena de grises nubarrones. Esperanza sintió que así también estaba su vida. Afortunadamente la nave despegó y comenzó a elevarse. En poco tiempo se encontraba volando en medio de las nubes y con fuertes turbulencias que movían fuertemente el avión. Esperanza sintió que así también estaba su vida: la falta de claridad en su futuro y la inestabilidad por la pérdida parecían no tener remedio. Momentos después, el avión siguió tomando altura hasta que rebasó el nivel de las nubes. En ese momento los rayos solares invadieron el interior de la cabina y Esperanza pudo contemplar un hermoso cielo azul. No lo podía creer. Aunque la gente que estaba en tierra veía todo nublado, la realidad era que el sol tenía un brillo espectacular y el cielo lucía espléndido. Gracias a aquella experiencia, ella comprendió las palabras de quienes le habían dicho: “Ten paciencia y pronto saldrás de la depresión” “No todo es oscuridad en la vida”. Después de aquel viaje, Esperanza hizo honor a su nombre, volvió a creer en el futuro y en que podría volverse a enamorar. Daría tiempo al tiempo, pero sabía que las nubes de la tristeza y la depresión pronto dejarían pasar la luz. “No se puede alcanzar el alba si no es por el camino de la noche” (Gibran Jalil Gibran) Nuevamente la luz del sol Cuando sufrimos una pérdida la vida continúa y el sol sigue brillando, pero hay algo que parece interponerse entre nosotros y los seres cercanos, entre nosotros y el sol. Los días oscuros no son eternos. Las nubes no son estáticas y se mueven constantemente. La persona deprimida siente que su sufrimiento será eterno y que será inútil cualquier intento, propio o de los demás, para superarlo. No obstante, en los momentos de depresión debemos creer que, tarde o temprano, llegará el día en que las experiencias amargas hayan pasado. Tal experiencia la sintió Cristo. Él, en lugar de abandonarse en el sufrimiento, prefirió tomar el salmo 22 que resume los llantos y amarguras de su pueblo. Todos los sufrientes de Israel, los exiliados, los humillados, enfermos y oprimidos se habían vuelto a Dios con las palabras “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Cuando Cristo formuló esa pregunta, hizo converger hacia su persona todo el llanto que ha derramado el hombre. En ese momento asumió en su carne todos los abandonos y pérdidas que ha y sigue experimentando la humanidad en este mundo. El salmo mismo, más que marcar el sentimiento de soledad, indica la búsqueda del encuentro con Dios. 21


Solidaridad que da confianza La solidaridad de familiares y amigos es muy importante. La mejor y más saludable manera de ayudar a quien pasa por esta etapa es asegurarle que todo pasará. Seguramente al principio no nos creerá. Pero cuando descubra nuestra preocupación por su bienestar, recuperará paulatinamente la confianza e incluso volverá a confiar en Dios. Esto le ayudará mucho para su pronta recuperación. La etapa de depresión tiene distinta duración en cada persona. Situaciones o hechos importantes pueden ocasionar que algunos se sientan impulsados a pasar rápidamente a la siguiente etapa de duelo. Pero hay quienes alargan la depresión por meses. En estos casos, pueden recibir ayuda a través del interés constante y sincero de quienes se preocupan por su recuperación. Cuando se aprende a actuar adecuadamente en las pérdidas pequeñas será más fácilmente hacerlo en las grandes. Cuando enfrentamos con valor y esperanza las pérdidas pequeñas, también podremos hacerlo con las grandes. • Verónica tuvo que tomar las riendas en la fábrica que su esposo había creado. Aunque su muerte le ocasionó dolor, las responsabilidades y el trabajo le ayudaron a salir pronto de la depresión. • En medio de una pérdida, Efrén recibió un ascenso en su trabajo. La alegría y la nueva responsabilidad le ayudaron a superar la depresión y el aislamiento. • Bertha estaba deprimida por su viudez, pero al ver que sus hijos pequeños también sufrían la pérdida paterna y necesitaban más apoyo, decidió superar la depresión y abrirse paso para ayudarlos.

4.- LA ANGUSTIA SE HACE FÍSICA La relación entre mente y cuerpo es mucho más fuerte de lo que imaginamos. Por eso los antiguos médicos griegos acostumbraban platicar con sus enfermos para descubrir el origen de sus males. Descubrían que en muchas ocasiones, los males físicos son propiciados por la propia mente. En la época actual también hay enfermos que, más que un medicamento, buscan a un médico que les escuche y con el que puedan desahogar sus penas para reducir así su repercusión física. El cuerpo reacciona de acuerdo a lo que sucede en nuestra mundo interno. Cuando nos sentimos apenados el rostro se sonroja. Por el contrario, empalidecemos cuando sufrimos algún susto. Síntomas como: gastritis, úlcera, insomnio, diarrea, estreñimiento, vómito, dolor de 22


cabeza, falta de interés sexual, disfunción eréctil y otros muchos padecimientos suelen ser provocados por situaciones internas no resueltas como: grandes frustraciones, pérdidas, preocupaciones, tristezas o enojos. Recordemos que nuestro cuerpo no es ajeno a lo que sucede en nuestro interior. La relación cuerpo mente es muy profunda. Por eso se habla de “somatización” El trastorno de somatización es un diagnóstico psiquiátrico que se aplica a quienes se quejan constantemente de síntomas físicos que no tienen un origen físico identificable. En estos casos la persona expresa como signos físicos sus conflictos psicológicos internos. Los pacientes con desorden de somatización recurren a muchos médicos con el deseo de encontrar el tratamiento que imaginan necesitar. Pero, como su problema no es físico, no encuentran un remedio verdadero y permanente hasta que descubren la causa mental que ocasiona su malestar. Esta causa puede provenir de pérdidas o cambios que a simple vista pueden parecer intrascendentes. • Daniela tiene apenas treinta años de edad y, aunque lo niega, vive una situación de angustia que comenzó a manifestarse en su cuerpo. Siempre tuvo buena salud, pero repentinamente comenzó a sentir dolores de cabeza, espalda y otras partes del cuerpo. El médico le recetó algunos medicamentos que la hicieron sentir temporalmente bien, pero los síntomas le volvieron a aparecer. Su esposo le pide que se haga un examen general exhaustivo y la acompaña al hospital. No obstante todos los estudios, los especialistas no encuentran alguna anormalidad física. Sin embargo ella se sigue sintiendo mal. Poco antes de que abandone el hospital, uno de los médicos descubre una posible causa cuando Daniela le comenta su situación familiar y dice: “¡Si las cosas fueran como antes!” El especialista aprovecha el comentario y le pide que hable de las cosas que extraña. Daniela se siente cómoda porque hace mucho tiempo que no platica con alguien que le muestre interés y que le escuche sin prisas. Entonces comienza a expresar la nostalgia por su ciudad natal y por el ritmo anterior de su vida. Después de casi una hora de conversación muestra los secretos de su mente: el dolor y el odio que le provoca el nuevo trabajo de su esposo. El médico descubre que las molestias físicas de la paciente reflejan un estado aflictivo en el que se mezclan: depresión, hostilidad, sentimiento de culpa y otros elementos. Daniela se siente mejor después de la charla que le permite desahogarse. Por ello acepta la invitación que el médico le hace para expresar sus sentimientos con un terapeuta. Así, durante varias sesiones, el especialista descubre que ella sufre por varias pérdidas. Ella y Luis, su esposo, vivían tranquilos en la ciudad de Querétaro donde compartían una casa modesta y limitaciones pero eran felices. En la pequeña ciudad, él podía ir a comer a casa y, después del trabajo, llegaba temprano por la tarde. El salario de Luis no era muy elevado, pero éste se compensaba con el tiempo que pasaba con su esposa, conversando, arreglando la casa o cuidando el jardín. Los padres de ambos vivían en el mismo vecindario y esto les permitía visitarlos frecuentemente. Daniela vivía rodeada de sus seres queridos, por ello no se 23


había esforzado en crear nuevas amistades. Y, aunque no tenía hijos, la presencia cercana de sus sobrinos parecía llenar esa necesidad. El terapeuta descubrió que Daniela era feliz en Querétaro y que, de pronto, toda su situación acogedora y agradable había cambiado. Daniela no se había dado cuenta pero estaba sufriendo por todas aquellas pérdidas. Le habían prometido una supuesta mejoría pero su situación personal había empeorado. Ella le confesó al especialista: “Todo comenzó cuando le ofrecieron a mi esposo el puesto de subdirector de una empresa en la Ciudad de México. Él se entusiasmo mucho por todo lo que le ofrecían: un gran sueldo, casa y auto de lujo, prestaciones, etc. Convencido de que era lo mejor para los dos, me convenció también para dejar Querétaro y viajar a la gran ciudad. Nuestros familiares se sentían orgullosos de nosotros. Su apoyo nos dio la seguridad de que todo iría bien. Cuando llegamos a la capital, todo parecía funcionar bien al principio. Nos entregaron una enorme casa, compramos los muebles según nuestro gusto y mi esposo recibió un automóvil de lujo. Para él las cosas marcharon de maravilla pero no para mí. Las grandes distancias de la metrópoli y su mayor responsabilidad en el trabajo le impidieron comer en casa y llegar temprano por la noche. Llegaba cansado por el trabajo y casi no teníamos tiempo para platicar. Todo comenzó a girar en torno a su trabajo. Empecé a extrañar su compañía y su conversación. Posteriormente, se vio obligado a asistir a reuniones sociales con sus clientes y, aunque muchas veces yo también era invitada, prefería no acompañarlo porque sentía que no estaría a la altura de las otras esposas y no sabría de qué conversar. La situación se hizo más difícil cuando tuvo que viajar y permanecía fuera de casa varios días a la semana”. Cuando Daniela terminó de hablar, el terapeuta descubrió la causa de sus dolores físicos: su estilo de vida anterior y la relación con su esposo habían cambiado radicalmente. En poco tiempo había perdido la convivencia generosa con su marido, las actividades con sus padres, hermanos y familiares, las reuniones sociales de su antigua y pequeña ciudad. Ahora se sentía sola y aburrida, encerrada en las paredes de su enorme y lujosa casa. El especialista descubrió que el problema era más grave porque Daniela siempre había estado rodeada de gente conocida y no tenía la facilidad para entablar nuevas relaciones. El terapeuta sabía que Daniela tenía la opción de iniciar conversaciones o nuevas amistades con sus actuales vecinos o con los miembros de algún club social, aprender algún oficio o deporte nuevo, pero sabía que su formación personal le habían hecho preferir quedarse en casa, donde se sentía como una prisionera condenada a la infelicidad. En las últimas terapias Daniela confesó: “No sabía por qué estaba molesta. Primero sentí rabia contra el nuevo empleo de mi esposo, porque fue la causa de que todo cambiara. Después sentí resentimiento contra Luis porque me parecía que toda nuestra conversación giraba en torno a sus éxitos y al dinero que iba acumulando. Entendía que él trabajaba para el bien de los dos, pero a mi no me interesaba en lo más mínimo su trabajo. Llegué a desear su fracaso para que así pudiésemos regresar a Querétaro. Claro que nunca me atreví a expresarle a 24


nadie mis pensamientos ni mi frustración. Ni siquiera escribí una carta a mis parientes más cercanos, porque pensé que me considerarían una persona inmadura. Aunque por dentro me sentía muy mal por todo lo que había cambiado, siempre tuve que mostrarme sonriente y entusiasmada por la supuesta nueva y mejor forma de vida que teníamos como pareja”. Gracias al terapeuta, Daniela descubrió la causa de sus males físicos. Su aflicción, descontento y resentimiento fueron ocasionados por el cambio de vida que supuso muchas pérdidas. Entendió que a su esposo no le afectaba el cambio de vida porque él salía beneficiado en muchos aspectos de su desarrollo personal, pero para ella todo era distinto. Aunque tuvo la tentación de regresar con su esposo a Querétaro, comprendió que, aún en ese caso, las cosas no volverían a ser iguales porque ellos mismos habían cambiado. Ella se sentiría culpable de boicotear el futuro promisorio de su esposo al querer hacerlo regresar a su antiguo empleo. También se sentiría culpable de querer retenerlo e impedir su desarrollo profesional. Gracias a la terapia, Daniela aprendió a enfrentar con madurez los cambios y a adaptarse a su nueva situación. También aprendió a dialogar con su esposo. Juntos reconstruyeron sus proyectos de vida y aquellas pérdidas hicieron más fuerte su relación y su personalidad. Cuando hay cambios importantes en la vida, es necesario detenerse y reflexionar sobre la búsqueda del verdadero significado de la vida y aquello que se considera más importante El caso anterior nos permite comprender que un cambio de vida conlleva grandes pérdidas a las que no siempre damos la importancia necesaria. Cuando se da el caso, los síntomas físicos pueden reflejar las molestias internas. En casos como el de Daniela, las pérdidas pueden hacer aflorar otros problemas internos. Sufre más al alejarse del hogar quien no aprendió a valerse por sí mismo o quien tiene dificultades para entablar nuevas relaciones. Sufre más quien tiene baja estima y no tiene la seguridad de que podrá enfrentar y vencer los nuevos retos. En el caso de Daniela, al sufrimiento de la pérdida, se añadió su incapacidad para entablar nuevas relaciones, iniciar nuevos proyectos, buscar diversiones o aprovechar su tiempo libre. Quienes crecieron como hijos a quienes sus padres les resolvían todo, seguramente sufrirán más dolor al enfrentarse a situaciones como la antes mencionada. Por esta razón, los pacientes deben ser tratados con mucha delicadeza y atendidos más allá de sus síntomas físicos. Una simple conversación relajada y una actitud de escucha pueden dar pie a la liberación de emociones o problemas ocultos. Esta es la razón por la que los pacientes valoran y buscan a los expertos en salud que, más allá de un cuerpo, se preocupan por ellos integralmente. Médicos, enfermeras, trabajadoras sociales o ministros religiosos deben poner especial atención en ayudar a aliviar el sufrimiento ocasionado por las pérdidas. Como el problema no es sólo físico ninguna cantidad de medicamentos logrará cambios significativos en el paciente.

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En ocasiones los dolientes buscan al médico por una molestia física pero pronto manifiestan las, pérdidas sufridas en los meses o años anteriores. Los profesionales sensibles podrán descubrir que los pacientes no han resuelto su duelo y se detuvieron en alguna etapa del proceso de aflicción. Si les auxilian a solucionar los problemas emocionales, ellos podrán salir adelante y superar el nivel en el que se encuentran atrapados. Muchos pacientes no encuentran escucha ni atención en las clínicas u hospitales donde son vistos como un número más. Para ellos pueden ser de gran ayuda todos los centros parroquiales donde hay grupos de escucha y acompañamiento que hacen sentir acogido a quien sufre. También la oración y la comunión sacramental pueden brindarle tranquilidad y paz.

5.- EL PÁNICO La expresión “terror pánico” proviene de la cultura griega. Se refería a las situaciones de miedo que el semidiós Pan provocaba al aparecerse en las encrucijadas. Los viajeros que no conocían el camino correcto se aterrorizaban al llegar a un cruce de caminos pensando que si elegían un camino incorrecto podrían encontrarse con situaciones peligrosas o con la muerte. El terror pánico que podía paralizar al viajero era provocado por la fragilidad humana y el miedo a lo desconocido. El hombre contemporáneo sigue sintiendo miedo y pánico cuando su vida y su futuro se vuelven inestables e inseguros por las pérdidas. • Julieta tuvo un embarazo de alto riesgo y perdió a su primer bebé antes del parto. A su depresión y síntomas de molestia en el cuerpo, se añade un pensamiento recurrente sobre lo que ha perdido. Por más que intenta distraerse, surge constantemente en su mente el recuerdo del bebé perdido. Hasta el más mínimo detalle le hace pensar en él. No puede concentrarse en otras cosas ni conciliar el sueño. Julieta se siente mal en su trabajo porque el pensamiento recurrente le impide poner atención en lo que hace y ofrecer la mejor calidad. Quienes conviven con ella tienen la impresión de qué está en otro mundo y no reacciona rápidamente a lo que le dicen. La falta de horas de sueño la debilitan y esto complica sus labores. Julieta se siente muy mal porque se le juntan diversos elementos: el dolor por el bebé perdido, la depresión, molestias corporales, el pensamiento recurrente, pocas horas de sueño y falta de concentración. Todos estos elementos, lejos de ayudarle a tener esperanza, le hacen sentir que nunca podrá salir de su situación, desembocan en una inminente sensación de pérdida de control que parece superar su voluntad, minan su autoconfianza y seguridad, la hacen preocuparse por su salud mental y la llenan de pánico. El miedo a lo desconocido 26


Los ataques de pánico son trastornos de la ansiedad, sensaciones repentinas de terror sin algún motivo aparente. Cuando una persona siente que pierde su estabilidad emocional, tiene la sensación de perder el control, siente que pierde la razón, comienza a preocuparse sobre su salud mental, tiene miedo y puede caer en el pánico. El temor a lo desconocido o a algo incomprensible puede paralizarla. • Susana y su esposo nunca tuvieron hijos. Ella siempre vivió bajo la sombra de su esposo. Sin darse cuenta se hizo dependiente de él en todo. Él manejaba una gran empresa de la familia, organizaba los fines de semana y las vacaciones, le sugería la ropa que debería comprar, la acompañaba al médico cuando era necesario, le solucionaba todos sus problemas económicos e incluso tomaba decisiones por ella. Cuando su esposo murió de un infarto, ella se enfrentó a un mundo desconocido, un mundo en que por primera vez él no estaba para resolver todos sus problemas. El miedo a enfrentar la dirección de la empresa, a la toma de sus propias decisiones, a vivir en soledad e iniciar una vida sin su esposo le hizo sentirse paralizada. Durante momentos le atacaba el pánico haciéndole sentir que no podría salir adelante y que le daría un paro cardiaco. Síntomas del pánico El ataque de pánico se puede definir como una aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, que suele estar acompañada de cuatro o más de los siguientes síntomas vinculados al miedo: opresión o dolor en el pecho o taquicardias, respiración forzada, arrítmica, apresurada y con síntomas de ahogo o atragantamiento, mareos, naúseas o vómitos, descenso de temperatura de las extremidades, temblores, escalofríos, sudoración, estremecimientos y hormigueo en manos o pies, contracciones musculares, sequedad en la boca y en el paladar, sensibilidad a la luz, dificultad para hablar o comunicarse. El pánico puede hacer que la persona sienta miedo a la muerte, tenga la sensación de que ella misma o su entorno no son reales (como que se vive dentro de un sueño), provocar el deseo de escapar del lugar, momento y situación en los que se produce la crisis. Las crisis Las crisis de pánico se inician bruscamente, pueden alcanzar su máxima intensidad entre los primeros diez a 15 minutos y suelen durar menos de una hora. Quien las sufre queda en un estado de total agotamiento psicofísico y con un gran temor a volver a padecer una nueva crisis (miedo al miedo). También suelen aparecer síntomas de tipo depresivo, miedo a salir o alejarse del hogar o necesidad de hacerlo acompañado por una ser muy cercano. La persona suele sentirse muy hipersensible y vulnerable. Este tipo de trastorno es tan traumático de experimentar que quien lo padece suele cambiar en forma brusca y desfavorable sus hábitos de vida: no querer salir solo de la casa o viajar, retraimiento social, abandono de sus actividades laborales o académicas. No te alarmes, el pánico es normal 27


Es importante subrayar que los ataques de pánico son temporales y aislados, por lo que hay que entender que son normales y no angustiarse. La incapacidad para concentrarse en tiempos de aflicción es natural. Es erróneo creer que podemos hacer a un lado la aflicción para atender normalmente los asuntos rutinarios. Ante la pérdida de un ser, objeto o situación amados, no podemos reaccionar de otra manera que, recordándolos constantemente y sufrir diariamente mientras aceptamos gradualmente que se han ido para siempre. Pero insistimos, el pánico es parte normal del proceso, es temporal y se da en forma aislada. Si antes de sufrir una pérdida o crisis conocemos las características que la aflicción juega en nuestra mente, nos sentiremos menos abrumados y podremos salir más fácilmente del duelo. • La situación que vive Susana por la muerte de su esposo le provoca el deseo de escapar de la vida, piensa en miles de razones que le justifiquen permanecer encerrada en su casa o en el templo, no se atreve a experimentar algo nuevo. Todo ello puede propiciarle ataques de pánico. Sería mejor que se abriera a nuevos pensamientos y diferentes relaciones humanas. Aumentar su autoconfianza o autoestima le ayudaría a podría disminuir su situación de pánico. Actitudes contraproducentes. Ante el pánico se suele tener alguna de las siguientes actitudes: deseo de evitarlo, solicitud de ayuda o intento de control. Pero son contraproducentes. Al querer evitarlo aumentamos el miedo y las reacciones del pánico. Cuando solicitamos ayuda buscamos estar siempre acompañados por alguien o con la ayuda de algún medicamento que nos conforte en la crisis. Sin embargo, al sentirnos dependientes de personas o medicamentos, nos sentimos incapaces de enfrentarlo y esto aumenta nuestro miedo. Finalmente, querer mantener el control sobre el organismo y sus funciones siquiátricas, provoca tal tensión que puede llevarnos a la pérdida de control. Es mejor entender que el pánico es normal, temporal y aislado. Es mejor enfrentarlo y vivirlo que quererlo desaparecer. Cómo afrontar el pánico Es mejor enfrentar el miedo que evitarlo. Cuando se presenten estas crisis debemos recordar: Lo que siento es sólo la exageración de las reacciones normales al estrés. Debo esperar con paciencia y dejar que pase el miedo. Ya que el miedo es pasajero, no lucharé contra él, será mejor que lo acepte. Se que el pánico es desagradable pero no es peligroso ni dañino. No debo añadir pensamientos alarmantes sobre lo que estoy viviendo ni sobre el futuro. Pondré atención en lo que le sucede ahora en mi cuerpo, no en lo que me imagino o temo que puede ocurrir. El miedo se extingue cuando dejo de pensar en cosas alarmantes. He superado diversas pérdidas, sé que al superar la actual me sentiré muy satisfecho. Con el tiempo tendré más confianza y, al superar el miedo, seré más maduro. Cuando esté listo para continuar, comenzaré despacio, relajado y con mi propio ritmo. No necesito esforzarme ni correr. Cuando 28


comience a sentirme mejor, haré planes para mejorar mi vida y trataré de adaptarme en forma positiva al mundo que me rodea. Actitudes negativas y actitudes curativas Podemos elegir con que tipo de pensamientos alimentamos nuestra mente. • Ante el pánico, Pedro elige actitudes negativas: no permite que nadie sepa que vive una situación de pánico porque eso le avergüenza, se aterroriza porque considera que el pánico es un enemigo terrible, quiere evitar los síntomas de pánico y piensa que es mejor descansar aquí y ahora, permanece obsesivamente alerta ante la ansiedad, cree que el pánico es una prueba para salir adelante, quiere tener la certeza de que durante el pánico no habrá riesgos y busca todas las estrategias para vencerlo • Ante el pánico, Pablo prefiere tomar actitudes positivas: no se avergüenza de ser una persona normal que sufre y experimenta el pánico, se pregunta qué puede aprender de esa situación, hace frente a los síntomas para adquirir más conocimientos sobre su propia naturaleza humana, no le importa estar preocupado aquí y ahora, no permanece alerta contra la ansiedad y la deja fluir. Considera que el pánico no es una prueba sino práctica de la vida, puede tolerar la incertidumbre y no le da tanta importancia a si funcionan o no las cosas. Tiene una actitud abierta, disponible, sabe que el pánico es normal, que pronto pasará y que le ayudará a ser más fuerte. El siguiente material puede auxiliar a quienes se enfrentan con más miedo a esta etapa: NARDONE, Giorgio, Más allá del miedo., Barcelona: Editorial Paidós Ibérica, 2003. NARDONE, Giorgio, No hay noche que no vea el día: la terapia breve para los ataques de pánico., Barcelona: Editorial Herder, 2004. ELLIOT, Charles H. y SMITH, Laura L., Ansiedad para Dummies, México, Editorial Norma, 2004. WILSON R. Reid, ¡No al Pánico! Cómo controlar los ataques de angustia, Santiago de Chile: Editorial Cuatro Vientos, 2001.

6.- LA CULPA La educación ética nos permite descubrir cuando obramos bien o mal, cuando actuamos correctamente o cuando omitimos alguna buena acción. Gracias a ella, podemos descubrir cuándo hacemos o dejamos de hacer algo de lo que somos responsables. Esto puede generarnos un sentido de orgullo o de culpa. En cierto sentido la culpa es algo normal pero, si no tenemos cuidado, puede convertirse en 29


neurótica cuando llegamos a creer que nuestra responsabilidad en algún daño, error, decisión o accidente es mayor a la real. Normal o neurótica Cuando muere un ser querido solemos sentir culpa por todo lo que pudimos hacer por él y no lo hicimos. Cuando la pareja llega al divorcio es común que los cónyuges sientan también algo de culpa por sus malas acciones. También los padres de familia se sienten culpables por lo que les faltó o les sobró en la educación de sus hijos. El creyente, de acuerdo a su conciencia, acepta haber pecado en pensamiento, palabra, obra y omisión. En estos casos podemos hablar de una culpa real o normal (aunque es preferible hablar de responsabilidades que de culpas). • Humberto recibió la encomienda de cuidar a su hermanito durante la ausencia de sus padres. Por platicar con su novia se distrajo, el niño cayó de las escaleras y se causó una herida. Humberto se siente responsable y culpable del dolor de su hermano. Hace todo lo posible por curarlo. Sabe que cuando regresen sus padres deberá asumir su responsabilidad y las consecuencias del accidente. En este caso Humberto tiene una sentido de culpa normal, sabe de sus limitaciones y también de lo inquieto de su hermano. Si el pequeño hubiera obedecido y no hubiera salido de su cuarto no se habría caído. • Naela siempre se preocupó por su madre, incluso hasta el extremo. Por ella renunció a una carrera, a conocer amigos, a viajar, e incluso, al matrimonio. Antes de que su madre muriera la atendió al máximo, gastó sus ahorros en medicamentos, pasó noches en vela, le soportó sus impaciencias y caprichos. Cierto día Naela le preparó el desayuno con cariño y luego se metió a darse una ducha. Mientras estaba en el baño, la señora sufrió un paro cardiaco fulminante y murió. Naela sufrió mucho por la pérdida pero aumentó su sufrimiento sintiéndose culpable por no haber estado en el momento del deceso. Pensaba: “Si me hubiera bañado más temprano” “Si no me hubiera separado de ella no hubiera muerto sola”. Piensa constantemente con remordimiento sobre el suceso y agiganta la proporción del problema real. Estos pensamientos muestran que Naela tiene una culpa neurótica que va más allá de lo razonable. Ella no entiende su limitación, ni comprende que hay cosas que no están en sus manos. Más que valorar todos sus esfuerzos y sacrificios se centra sólo en su culpa. Vive una culpa neurótica. Además de manejar el duelo deberá buscar ayudar para comprenderse mejor, de lo contrario no terminará el duelo. • Lucy sufrió la infidelidad de su esposo y más adelante el divorcio. Durante la relación de pareja dio lo mejor de sí y soportó más de lo que debía las ofensas, e incluso agresiones, de su marido. Sin embargo ella se siente culpable del “fracaso” de su matrimonio. Se pregunta: “¿Qué hice mal? “¿En qué fallé?” Y les comenta a sus amigas cosas como: “Seguramente fui una mala esposa, no le 30


tuve paciencia, no me lo supe ganar” “Soy la culpable y me lo merezco” Lucy tiene una culpa neurótica porque cree que el éxito del matrimonio dependía sólo de ella. No comprende que por más esfuerzos que ella hiciera, el matrimonio supone la colaboración de los dos. Lucy no comprende que la decisión de ser infiel fue de su esposo y no provocada por ella. Mientras no aprenda a dimensionar su responsabilidad o culpa no podrá superar el duelo. • Consuelo educó de la mejor manera a sus hijos. Aunque era madre soltera se esforzó por darles lo mejor. Les inculcó valores morales y siempre les dio el mejor ejemplo. Sin embargo, cuando uno de sus hijos cumplió veinticuatro años eligió el camino del mal. Sin que ella lo supiera, decidió dedicarse a la venta de droga. En dos años, a espaldas de su madre, se volvió un delincuente peligroso. Cuando Consuelo se enteró que su hijo había sido capturado por asesinato y venta de cocaína sufrió mucho. A la distancia que la cárcel ponía entre ellos, la decepción por la mentira de su hijo, ella añadía también un gran sentimiento de culpa. Se acusaba de ser madre soltera, de darle a su hijo demasiado o muy poco amor, de no estar con él todo el tiempo, de no tener dinero suficiente para poderlo sacar de la cárcel, etc. Consuelo también sufre una culpa neurótica que complica el dolor por la pérdida de su hijo. Los últimos tres casos muestran la gran relación entre una baja estima y la culpa neurótica. En los capítulos referentes a la autoestima vimos como las personas con baja estima suelen creer que son responsables de todo lo que sucede a su derredor. En el caso de las pérdidas será frecuente que quienes poco se valoran y comprenden sientan culpas neuróticas de cosas de las que no son responsables ni culpables. La autoestima les ayudará a comprender sus limitaciones y hasta donde llegan sus responsabilidades. En esta etapa es importante no exagerar las culpas (“Si yo hubiera hecho esto...” “Si hubiera hecho aquello...” “Si lo hubiera cuidado más...” “Si nos hubiéramos ido a vivir a otro lado...” La muerte, el divorcio o cualquier pérdida pueden ser provocados por negligencias pero en la mayoría de los casos son más bien producto de muchos factores. En esta etapa, lo mejor sería pensar en todo lo bueno que hicimos por nuestros difuntos o los seres queridos y, también recordar los momentos que vivimos felizmente con ellos. Las personas que manejan una espiritualidad tienen cierta ventaja para superar esta sexta etapa de la aflicción. A diferencia de quienes nunca han oído hablar del pecado y la gracia, ellas experimentan la paz que ofrece el reconocimiento de la culpa y el perdón de Dios o del prójimo. La culpa no resuelta y las emociones confusas de este tipo hacen miserable a quien las padece y pueden desembocar en una variedad de síntomas físicos de depresión. Es importante enfrentar las culpas normales y las neuróticas para darles solución. Un 31


terapeuta, un consejero religioso o un buen amigo pueden ser de gran ayuda si nos atrevemos a hablar con ellos, sin temor o vergüenza, de nuestros sentimientos de culpa. Su comprensión y la comprensión divina ayudan a colocar en su correcta dimensión las culpas, incluso las neuróticas.

7. HOSTILIDAD Y RESENTIMIENTO En las primeras etapas del duelo nos cerramos en nosotros y en nuestro dolor. Parece que nadie nos importa, pero con el paso del tiempo volvemos nuevamente los ojos hacia los demás. En la medida en que vamos superando la etapa de depresión y reiniciamos nuestras actividades ordinarias surgen en nosotros sentimientos de hostilidad y resentimiento contra los demás. Estos sentimientos pudieron estar guardados o reprimidos, pero en esta etapa la persona se siente capaz de mostrarlos abiertamente. En la etapa anterior nos sentimos culpables de lo sucedido, pero en esta repartimos culpas. Buscando quien la pague El dolor por lo perdido provoca resentimiento y una actitud muy severa contra cualquier cosa o persona que se considera causa o factor de la pérdida. En esta etapa no solo se buscan causas o razones de lo sucedido sino, sobre todo: culpables. Y cuando se cree encontrarlos, se les muestra toda la hostilidad posible y se les reprocha por el daño que supuestamente ocasionaron. • Alfonso tuvo un accidente muy grave que lo puso en peligro de muerte. El médico consultó a los especialistas y le sugirieron una operación que evitara el sangrado interno. Si no lo hacía podría morir ahogado con su propia sangre. El médico informó a los familiares lo delicado de la situación y ellos dieron su aprobación. No obstante todos los esfuerzos del equipo de cirujanos, el enfermo sufrió un paro cardiaco y murió en la operación. Aunque sus familiares conocían los resultados del accidente y la delicada salud del paciente, mostraron su hostilidad hacia el médico principal acusándolo de haber causado la muerte de Alfonso. • Marisela estuvo al cuidado de su madre anciana. En los últimos años ninguno de sus siete hermanos se preocupó mucho por su mamá, sólo Marisela la tuvo en su casa brindándole lo mejor y pagando todos sus medicamentos. Cuando tuvo un problema respiratorio, ella la internó en el mejor hospital pero los médicos le informaron que ya no había nada que hacer porque sus pulmones estaban invadidos por el cáncer. Le sugirieron que la llevara a su casa para que pudiera morir en un ambiente menos frío que el hospital. Así lo hizo y la señora murió tranquilamente en los brazos de su hija. Cuando los hermanos de Marisela se enteraron de su muerte no sólo sintieron dolor y culpa por sus omisiones, también mostraron su resentimiento y hostilidad contra ella porque no permitió que su madre continuara en el hospital. Según ellos, Marisela es la culpable de la muerte de su mamá. 32


Si hizo, malo. Si no hizo, malo también El ser humano siempre busca a quién o a qué culpar. Si un ser querido muere, expresamos hostilidad hacia quienes estuvieron atendiendo al paciente, hacia quien lo operó o hacia quien no lo operó. No importa qué hayan hecho, nuestro sentir es que los involucrados, o estaban equivocados o no hicieron lo correcto. “No era el hospital adecuado” “El médico no hizo nada” “La medicina recetada o el tratamiento no fueron los convenientes” “No lo hicieron a tiempo” “Se tardaron mucho” “Hubieran esperado un poco...” El resentimiento nos hace ver a todos los involucrados con ojos de desconfianza. Hasta a Dios le toca Es común repartir culpas por cosas como: fallecimiento, accidente, divorcio, enfermedad, bancarrota, e incluso, derrotas en juegos deportivos. Así nuestro resentimiento toca a personas como: familiares, amigos, maestros, médicos, policías, arbitros, etc. Y también alcanza a objetos o situaciones como: los medicamentos, el auto, el semáforo, el bache, la graduación de los lentes, el reloj, las luces del árbol navideño, el cable de luz, el jabón en el piso, etc. Algo o alguien debe de ser culpable y, si lo es, merece todo nuestro resentimiento. En estos casos también a Dios le toca la repartición de culpas y el resentimiento. Seguramente has escuchado frases como: “Si Dios existiera hubiera hecho algo” “Le pedí tanto y no me escuchó” “¿De qué sirve creer si de todas maneras sufrimos?” “A Dios no le importó que muriera y me dejara sola” “Si Dios hubiera querido él no se hubiera ido con otra” “Dios es muy injusto porque en lugar de hacer que se muera la gente mala se lleva a los inocentes”, etc. En ocasiones llega a ser tan grande el resentimiento contra Dios que algunos dejan de hacer sus oraciones o dejan de asistir a sus reuniones sagradas: “Si él me abandonó yo también lo abandonaré”. “Aún ante las más increíbles tragedias, el desafío es el de perdonar a la vida por habernos herido, a la muerte por habernos quitado a la persona querida y, tal vez, a Dios por haber creado un mundo imperfecto habitado por el sufrimiento” (Harold Kushner) También los buenos y piadosos La hostilidad y el resentimiento son síntomas normales, incluso en las personas más buenas o piadosas. No nos debe alarmar el que alguien que se caracterice por tener un carácter dulce o una gran fe se muestre en determinado momento hostil. Tampoco debe alarmarse quien nunca ha sido hostil y bajo el dolor de una pérdida parece perder el control de sí mostrando su resentimiento. Es cierto que no podemos animar a las personas para que sean hostiles, pero tampoco podemos estimular que repriman sus sentimientos. El resentimiento, aunque forma parte del proceso de sufrimiento, en exceso o sin control no es una emoción saludable y puede ser dañino. En todo caso estos sentimientos deben ser pasajeros y con un alcance limitado. La persona deberá 33


aceptarse a sí misma, reconocer su hostilidad y resentimiento y, en todo caso pedir ayuda a Dios y a sus seres cercanos para sobreponerse. Cuando la persona comprende que hay cosas, situaciones, accidentes, enfermedades, limitaciones que forman parte de la vida misma y que no fueron hechas por Dios para ocasionar un dolor, su resentimiento contra él desaparece. Entonces se recupera la confianza y la fe madura.

8 INCAPACIDAD PARA REINCORPORARSE • Leonardo trata de sobrellevar el dolor por la pérdida de su esposa. Sin embargo, aunque desea reincorporarse a sus actividades normales, siente que algo se lo impide. Piensa que no es correcto estar triste en el trabajo y por lo tanto tendría que fingir como si nada hubiese pasado

Una sociedad que apoya El pensamiento de Leonardo es semejante al de muchos dolientes que creen que no es correctamente social mostrar las aflicciones ante los demás y por lo tanto actúan como si nada los afligiera. Fingen que nada ha pasado. En este sentido, la comunidad debería ser más comprensiva con el proceso de duelo de quienes sufren. Tiempo atrás el duelo se manifestaba más abiertamente: se colocaba un moño negro en la puerta de la casa, se vestía de luto durante más tiempo, los hombres solían colocarse un pequeño listón negro en la manga o sobre la solapa, etc. Dichos signos eran reconocidos por toda la sociedad que se hacía solidaria de los deudos. No todo es confort En una sociedad que exalta el placer y el confort parece que el dolor y el sufrimiento no tienen cabida. Para este tipo de sociedad los que sufren son personas que no saben comportarse, que no han aprendido a llenar sus vacíos con el consumo o no tienen capacidad económica para hacerlo. Según este tipo de pensamiento los que sufren son tontos, mediocres y antisociales. Pero también se considera antisociales y faltos de táctica a quienes mencionan algo relacionado con la pérdida o el duelo. Como si al ignorar la pérdida desapareciera el dolor. Como si no hablar de la pérdida diera más fuerza al doliente. Esta manera de pensar es incorrecta. El sufrimiento es algo real y no sólo de aparente mal gusto. El ser humano necesita sentirse aceptado en todo momento y especialmente cuando sufre. El ser humano necesita ser valorado más que determinadas reglas sociales. No se puede dar el pésame al deudo e inmediatamente decirle: “regresemos a nuestra vida ordinaria y a nuestras ocupaciones”. A mayor apoyo más reintegración Si los seres humanos se sienten más acogidos y comprendidos por su comunidad, oficina, taller o empresa, les será más fácil reintegrarse. De lo contrario volverán al trabajo fingiendo haber superado un duelo que no ha terminado. Es necesario aclarar que acoger o comprender no significa tener lástima por ellos, ni considerarlos inválidos o hacerlos dependientes. Es permitirles realizar sus actividades propias 34


tomando poco a poco el ritmo anterior, comprendiendo que en algún momento puedan mostrar flaqueza. • Aurora perdió a su hija Blanca hace 15 años. En una reunión se encuentra con un grupo de personas que conocieron a su hija. Todos le preguntan por su salud, sus proyectos, sus viajes, pero eluden hablar de la difunta. Más aún, Marisol, una de las jóvenes recuerda un momento gracioso vivido con Blanca pero prefiere no contarlo. Piensa que no debe reabrir una herida en la señora o que sería de mal gusto hablar de quien ya no está presente. Indecisa, en contar la historia, recuerda que uno de sus compañeros es tanatólogo y le pregunta si sería conveniente hacerlo. Él lo aprueba. Entonces Marisol dice: “Acabo de recordar un momento gracioso con Blanca, pero no se si deba contarlo”. La señora Aurora le pide que lo haga y, cuando la escucha ríe con todos los demás. Le afloran unas lágrimas pero reconoce que está contenta porque sus amigos aún recuerdan con afecto a su hija. Más aún, confiesa que le gustaría que le hablaran más de ella y que le ayudaran a conservar viva la memoria de Blanca. “Podremos olvidarnos de aquellos con quienes reímos, pero nunca nos olvidaremos de aquellos con quienes lloramos” (Proverbio árabe) Conservando la memoria La actitud de Marisol debería ser tomada por quienes acompañan a los que sufren pérdidas. No se ayuda eludiendo hablar del bien perdido, sino comprendiendo lo importante que era para el doliente. Los verdaderos amigos saben dar el lugar que merece el ser perdido en la memoria de los deudos, y no sólo eso, también ayudan a conservar viva su memoria. Consideran importante al ser perdido y también a quien ha sufrido la pérdida. “El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados” (Jean Paul Ritcher) • Víctor recibió el rechazo de su novia para continuar la relación. El dolor le hace aislarse en su habitación durante algún tiempo. Cuando decide comer con su familia, sus papás no saben que hacer. Creen que es cierto el dicho de “No hablar de la soga en casa del ahorcado”. Por lo tanto tocan todo tipo de temas sin darse cuenta que el único tema que a él le interesaría tocar sería el de su novia. Si hubieran conversado de todas las cosas que la pareja compartió y sus momentos felices, ellos podrían comprender más el dolor de su hijo y hacerle sentir su apoyo. Aunque la relación se rompió, no por ello, él deja de pensar en ella.

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“La muerte no nos roba a los seres amados. Por el contrario, nos los guarda e inmortaliza en el recuerdo” (Francois Mauriac) En esta etapa de duelo, tiene mucha importancia el apoyo de la comunidad. Es interesante mencionar que las personas que sufren suelen ser más solidarias con otros dolientes. Esta actitud les ayuda también a compartir sus cargas. • Eugenio pasó por el proceso de duelo cuando se enteró que tenía Sida. Ahora se dedica a ayudar a las personas que tienen la misma enfermedad. Él se hace solidario con ellas y al mismo tiempo recibe su agradecimiento y afecto.

9. RECUPERANDO LA ESPERANZA “Cuando nuestra tristeza es tanta que no la podemos contener, es posible que tampoco podamos leer o escuchar con sentido nada de lo que leemos o escuchamos. Es entonces el tiempo de creer contra toda esperanza. Fuera del pozo hay pájaros y flores y cosechas que esperan. Creer contra toda esperanza es permitirnos reconocer ese reducto de luz que nos habita, hasta en las noches más oscuras. Porque nuestro anhelo más profundo es la vida. Creer contra toda esperanza es dar el primer paso aunque nos resulte insoportable y nos parezca absurdo. Es paso al que nos invita el que ve por nosotros. El que es nuestro hermano. El que nos ama. Nadie está exento de conocer estos naufragios. Nadie. Por eso tenemos el derecho de tendernos las manos. Porque tenemos la necesidad de encontrar un hermano cuando nos pesa la tristeza” (Julio César Labaké) Cuando una mujer está dando a luz puede sentir que su atención se centra sólo en los dolores del parto. El dolor, la sudoración y la angustia parecen ser lo más importante. Sin embargo, cuando tiene al bebé en sus brazos, todo lo negativo parece quedar atrás. No niega los dolores del parto, pero sabe que al dejarlos atrás comienza una nueva etapa llena de esperanza. Mirando hacia otro ángulo Algo semejante le sucede a quien sufre una pérdida. Al inicio del duelo y durante un tiempo determinado parece centrarse únicamente en el dolor por lo perdido. Para él o ella parecen no existir el buen sabor del alimento, lo agradable de la música, la alegría de las fiestas, el entusiasmo de un partido de futbol o de una reunión de amigas. Pareciera que el gran cuadro de la vida está pintado con solo colores negros y los demás colores no existen. El doliente piensa que sólo existe la oscuridad y la noche. Sin embargo, el proceso de duelo va evolucionando y le permite, poco a poco, descubrir la luz de otros colores. Poco a poco recupera el sabor y el gusto por la vida. 36


Poco a poco comprende que los días nublados no duran para siempre y dan paso a los primeros rayos de luz. La angustia normal, que puede prolongarse semanas o meses, va desapareciendo paulatinamente y da paso a la esperanza de que todo marchará bien. “El tiempo no lo cura todo pero sí desplaza lo incurable del centro de atención” (Ludwig Marcase) Cada uno tiene su tiempo ¿Cuánto tiempo se vive el estado de angustia antes de comenzar a abrirse a la esperanza? Ningún ser humano es idéntico a otro, por lo que cada caso es diverso. Nadie vive su angustia igual a otra persona. Dependerá del tiempo que se aferre al estado de negación. También dependerá de la forma en que manifieste sus emociones. Algunos lo hacen abiertamente mientras que otros no necesiten ser tan extrovertidos. Cada uno lucha en forma diversa y en tiempo distinto para ir pasando de una etapa a otra. Algunos no necesitan o no quieren que se les ayude, y es necesario respetar su decisión. Otros solicitan algún apoyo especial, pero será bueno recordar que la mejor ayuda no crea dependencia. Siempre es de mayor beneficio dejar que los otros enfrenten sus problemas y auxiliar sólo cuando nos lo soliciten. Será bueno recordar eso para nosotros mismos. No pidamos ayuda cuando podamos hacer un esfuerzo para resolver la aflicción por cuenta propia. Pero pidamos auxilio necesitemos apoyo. Recurramos a los demás como lo hace quien tiene que usar alguna muleta para apoyarse un poco más, pero no dependamos de la muleta para siempre. La muleta es un instrumento que ayuda a fortalecer, no a ser más débil. Sabemos que en momentos de duelo nos sentimos necesitados de apoyo y afecto especial de nuestros seres queridos o de quienes se interesan por nosotros. Pero también sabemos que ese apoyo que sentimos como urgente y necesario es provocado temporalmente por la aflicción que vivimos. Sabemos que el pájaro herido volverá a volar sin necesidad de que nadie lo sostenga después de que sane su herida y recupere su fuerza. Cuando descubrimos que hay otras situaciones o experiencias que pueden darle significado a la vida dejamos atrás los nubarrones negros y las tempestades. Pueden ayudarnos quienes ven de otra manera El viajero que navega el océano puede sentirse desesperado porque pasan días y días y no ve tierra firme. Sin embargo, se siente confortado y esperanzado cuando un marinero le dice que se están acercando a su destino o cuando le señala una estrella en el cielo y le dice: “Esa estrella indica que vamos por buen camino y en pocos días estaremos tocando puerto”. El viajero no ve tierra ni toca puerto aún, pero el comentario del marino le hace sentirse mejor.

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El acompañamiento o la ausencia de apoyo durante el duelo puede derivar en resultados radicalmente opuestos. El primero permite avanzar. El segundo hace aferrarse al pasado. • Cuando murió su esposo, Elizabeth no quiso volver a ver el sol. No quiso volver a volar. No quiso encontrar nuevos significados de su vida. Su proceso de duelo no llegó a un correcto desenlace porque cuando murió su esposo nadie le ofreció ayuda para enfrentar su situación y superarla. No hubo amigos o seres queridos que permanecieran a su lado en los momentos difíciles. No tuvo al “marinero” que le ayudara a creer que un día u otro lograría pasar por el mar del dolor. No recibió palabras esperanzadoras, no recibió afecto alentador ni experiencias que le dieran nuevo sentido a la vida. Todo esto le hizo pensar que su único y verdadero amigo fue su esposo. Que el sentido de su vida ya no está en el presente ni el futuro. Piensa que no hay nadie ni nada más por quién vivir. Toma la decisión de aferrarse al pasado y a su pérdida. Vivir sólo para guardar la memoria del difunto. Han pasado más de veinte años y ella sigue aferrada al pasado. Aunque su esposo fue un gran músico y le dejó un hermoso piano, ella prefiere que nadie más lo toque. El piano es el signo de lo que hizo su mente y su corazón. Así como cerró el piano para que nadie pueda hacer sonar nuevas melodías, así también cerró su mente y corazón a nuevas relaciones y experiencias de la vida. Las largas horas que permanece junto al piano son una muestra clara de que rehúsa sistemáticamente reintegrarse a la vida Como Elizabeth, todos los dolientes tenemos la tentación de no retornar a nuestras actividades ordinarias o no reintegrarnos a la vida. En cada uno está la decisión de morir con nuestra pérdida o vivir más allá de ella. No detengas la música El rabino Joshua Loth Liebman escribió dos pensamientos sabios. El primero se refiere a lo que los amigos tienen que hacer con quien sufre una pérdida: “La función del amigo es ser la tabla de salvación en nuestro dolor.” El segundo se refiere a la actitud que debe tener el deudo ante la vida: “La melodía que el ser amado tocó alguna vez en el piano de nuestra vida nunca podrá ser interpretada de la misma manera otra vez, pero no por eso vamos a dejar cerrado el teclado y permitir que el instrumento se llene de polvo. Debemos buscar otros artistas del espíritu; nuevos amigos que gradualmente nos ayuden a encontrar otra vez el camino de la vida y que con nosotros lo transiten2”.

10. EL ESFUERZO POR INTERGRARSE A LA REALIDAD 2

, En su libro Paz Mental, Editorial Estrella, México, HERMOSILLA

D.F., 1949. Traducción del inglés por ANTONIO LÓPEZ 38


Después del tiempo necesario para cada persona, en esta etapa se regresa a la vida que se tenía antes de la pérdida. No se puede declarar concluido el proceso porque, de improviso pueden aparecer y desaparecer algunas de las etapas anteriores, pero casi siempre con menos fuerza. Si tomamos una actitud positiva el duelo nos hará internamente más fuertes y sanos que antes. Por el contrario, con las actitudes negativas seremos más débiles, dependientes o enfermizos. El dolor sigue pero aprendemos a vivir con él En general se aprende a manejar el dolor. El dolor está ahí pero no afecta de la misma manera. La persona se hace madura porque comprende que, no obstante lo perdido, la vida continúa. El deudo descubre que el muerto no es él y decide levantarse para seguir viviendo con mejor calidad, porque la muerte y los límites experimentados le enseñaron a aprovechar el tiempo y todas las bendiciones que se reciben diariamente. La fe juega un papel importante. Para algunos, una experiencia difícil es motivo para desarrollar y aumentar grandemente su fe. Quienes tienen una fe madura pasan más rápidamente por las diversas etapas e incluso ayudan a otros en su dolor. Por el contrario, los que son débiles o inmaduros en sus creencias manifiestan formas enfermizas y alargan su proceso de sufrimiento durante meses o años. Queremos tener paz interior y no miramos hacia adentro. Los atletas que salen victoriosos de una prueba son quienes mejor se prepararon. Es difícil que tenga resistencia, fuerza o velocidad quien no se ejercita. Pues lo mismo sucede en el campo de la vida ordinaria. No puede enfrentar las pérdidas quien no ha aprendido a dominar su voluntad, quien no tiene una sana autoestima o quien utiliza su fe sólo como adorno. Tenemos la certeza de que la vida ofrece momentos felices y bendiciones. Pero también estamos ciertos de que no serán para siempre. Eso significa que, por la limitación del ser humano, tendremos pérdidas significativas. Es incorrecto creer que podremos enfrentar las pérdidas sin una preparación interior. Al inicio de la sección de tanatología de este libro, mencionamos que la fe juega un papel importante en las pérdidas. El creyente no se libra de las pérdidas ni del dolor, pero tiene más elementos para enfrentar la adversidad. Quien está habituado a dialogar con Dios por medio de la oración, sentirá su apoyo más fácilmente. Quien forma parte de una comunidad de creyentes también encontrará más cercana la ayuda amiga. Quien reflexiona sobre la historia de los héroes en la fe, puede descubrir que todos ellos pasaron por momentos difíciles pero lograron salir adelante. Aún los mártires hicieron menos doloroso el tormento por la esperanza que tenían en una nueva vida. Quien tiene el don de la fe, debe hacerlo crecer y madurar. Con él ve desde ahora lo que otros no pueden ver. Por eso el creyente siempre tiene esperanza. Cuando mencionamos la cita del apóstol san Pablo: “No se entristezcan, como los que no

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tienen esperanza3”, subrayamos que, quien tiene fe también sufre, pero la esperanza le hace sentir que, aunque todo parezca nublado, más allá de esa impresión está el sol. Algunos caen una sola vez y no son capaces de levantarse. Otros caen mil veces y siempre se levantan. La diferencia está en la preparación interna y la actitud ante la vida. El creyente siente que la fuerza extra le viene de lo alto. Encuentra en Dios descanso, apoyo y fuerza. Con él se desahoga y en él confía. Saben que por más oscuros que sean los caminos siempre contarán con Él. Así lo expresan en el salmo4: El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre. Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza. Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo. “Dios permanecerá contigo a tu lado en las noches y secará con tu amor tus lágrimas ocultas” (Pablo Coelho) Platicando con Dios (Cuento) Una persona que había sufrido una gran pérdida entró al templo. Cansada por el peso de su dolor se arrodilló, juntó sus manos y con voz sincera le habló a Dios. Le dijo “Dios mío, me duele mucho”. Él le contestó: “Lo sé. Recuerda que siempre estoy contigo”. Mientras ella sollozaba amargamente le dijo: “He llorado tanto”. Dios se compadeció y le contestó: “Yo te di las lágrimas para que pudieras desahogarte”. Después de un momento de silencio, ella confesó: “Me siento deprimida”. El 3 4

1ª Tesalonicenses 4,13 Salmo 23 40


Todopoderoso le dijo: “Aunque todo te parezca oscuro, cada día te doy el brillo del sol”. Ella, en cierta actitud de reproche le dijo a Dios: “La vida es muy dura”. Él la tranquilizó diciendo: “Para eso te di el amor de tus seres queridos”. Ella suspiró profundamente y expresó con tristeza: “Mi ser querido murió”: Dios le dijo: “El mío también”. Ella subrayó: “Es una pérdida tan grande”. Dios le expresó: “Vi al mío clavado en una cruz”. Ella dijo: “Dios, pero tu ser más querido vive”. Entonces Dios le contestó con gran ternura: “El tuyo también” (Anónimo) “Dios mío, yo te ofrezco mi dolor. ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte! Tú me diste un amor, un solo amor, ¡un gran amor! Me lo robó la muerte y no me queda más que mi dolor. Acéptalo, Señor: ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte! (Amado Nervo) “No llores si me amas… Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo… Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos… Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso… Si por un instante pudieras contemplar como yo la belleza ante la cual las bellezas palidecen… Créeme. Cuando la muerte venga a romper tus ligaduras como ha roto las que a mi me encadenaban, cuando llegue el día que Dios a fijado y conoce, y tu alma venga a este cielo en el que te ha precedido la mía… ese día volverás a verme. Sentirás que te amé y que te sigo amando, y encontrarás mi corazón con todas sus ternuras purificadas. Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis feliz. Ya no estaré esperando la muerte, sino avanzando contigo, te llevaré de la mano por los senderos nuevos de luz y de vida. Enjuga tu llanto y no llores si me amas” (San Agustín) Noche de Insomnio (Cuento) Mientras la noche pasa lentamente, el insomnio visita a algunas personas robándoles el sueño. Esta noche me tocó a mí. Mientras mi voluntad deseaba poder dormir, el insomnio se oponía a ello. Mi primera reacción fue luchar contra él, pero recordé que el sueño no se obtiene con solo desearlo, ni tampoco haciendo girar varias veces el cuerpo sobre la cama. Al deseo de dormir sin resultado, le siguió un poco de desesperación. Antes que ella me venciera, decidí invitar a la sabiduría para que me acompañara en esos momentos. Ella aceptó, porque siempre está dispuesta a acudir a la casa que le invita. Platiqué con ella y me hizo comprender que el insomnio de esa noche me ofrecía oportunidades diversas: escuchar el silencio de la noche, gozar el magnífico concierto de los grillos, escuchar la sirena de la ambulancia que corría veloz y elevar mi oración por el enfermo que era llevado de emergencia. Imaginar el 41


sufrimiento de quienes se encuentran en hospitales, enfermos o moribundos para auxiliarles mediante mi súplica al Señor. Pensar en la larga noche que viven los prisioneros y pedir por su libertad física y espiritual. Unirme al insomnio de miles de personas solas o ancianas y ser solidario con ellas. Pensar en las noches en vela que tuvieron mis padres por mí. Comprender el gran don del sueño reparador por el que no siempre damos gracias. Acariciar los millones de sueños que vuelan como mariposas tratando de alcanzar ideales o momentos de felicidad. Ahuyentar las sombras de las pesadillas que atemorizan al niño, al culpable, al miedoso, al inseguro o al glotón. Una oportunidad para escribir y convertir el insomnio en palabras. Gracias a la sabiduría, el insomnio de esta noche me ha permitido escuchar un concierto, hacerme solidario, orar por todos los que necesitan de mi oración, agradecer a Dios, comprender la entrega de los padres, acariciar sueños, ahuyentar pesadillas y comprender que, si nuestro cuerpo necesita descansar y dormir, nuestro espíritu debe permanecer siempre velando. EN PAZ Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida, porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino, que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. . ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno, ¡Más tu no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas, más no me prometiste tan solo noches buenas, y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acaricio mi faz. ¡Vida, nada te debo! ¡Vida estamos en paz! (Amado Nervo) UNA CARTA ESCRITA PARA TI EL DÍA DE MI MUERTE (De alguien que vivió y seguramente seguirá viviendo más allá) Cuando los enfermeros descubrieron que el cuentacuentos había muerto, cubrieron el rostro del recién fallecido, y entre las sábanas de su cama encontraron una carta que decía lo siguiente:

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«No sé quién seas, ni cuándo leas esta carta. Únicamente sé, que tienes una vida terrenal que ya no tengo yo. Tal vez ahora tenga una vida mejor, o quizá esté convertido en nada; lo cierto es que, tú vives, y por eso es importante que en realidad vivas en serio. »Me fue muy difícil afrontar la muerte, porque el hombre es semejante a un gran árbol. Por una parte roza el cielo con sus ramas; pero, por otra, también hunde cada vez más sus raíces. Así se desarrolló mi vida, tratando de alcanzar el cielo, pero sin que mis pies se despegaran de la tierra. »Mi credo siempre me habló de un juicio final. Creo en esta verdad. Al final de tu vida tendrás un juicio. Como a mi me juzgaron los demás, también te juzgarán los otros por cuanto conocieron de ti; pero tú y yo sabemos de lo relativo de su apreciación, porque hay mucho de nosotros, que los demás nunca podrán conocer, como nuestras motivaciones, miedos, ideales. Tú también te juzgarás, sin poder negar los hechos, porque no podrás autoengañarte. Por tanto, el juicio que hagas de tu persona será el más importante. »La muerte es un espejo, en el cual se refleja cuanto fuimos en vida. Al morir, el juicio nos sentencia a la culpa o al reconocimiento. Pero no hay peor castigo que no haber vivido conforme al ideal anhelado ni mayor premio que vivir como se quiso. »Por eso te invito a que tomes conciencia y te preguntes: ¿vivo como quiero?, ¿estoy satisfecho de cuanto he realizado?, ¿tengo buena relación con quienes me rodean?, ¿he sido valiente para reconocer mis errores, y tratar de evitarlos?, ¿me he dado a conocer?, ¿he dedicado tiempo y esfuerzo a las cosas verdaderamente valiosas? o, ¿vivo mi vida por caprichos y banalidades? »Recuerda que eres muy importante, pues estás formado por el polvo de miles de estrellas que mezclado por la mano divina ha dado por resultado el barro cósmico. Puedo decir que después de mi paso por la tierra, el mundo ha cambiado en algo y no he sido un agujero negro más en el universo. Me he alimentado del tiempo, del sol, del aire, del agua, de la tierra y del amor, pero dejé que también ellos se alimentaran de mí, porque a cambio de todo lo recibido no podía dejar vacuidad en el mundo como un acto de ingratitud. »Mi sonrisa aumentó la armonía sinfónica de las galaxias. Mis lágrimas, aunque pequeñas, aumentaron la sal en el mar. Mis letras se han unido a la sabiduría del universo, de tal manera que cuando buscas la sabiduría te encuentras con una parte de mi, cuando escuchas la música del viento a mi me escuchas, y cuando el mar te baña, sus olas te acarician con mis lágrimas.

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»Me siento feliz de haber pasado por este planeta llamado Tierra, de haber elegido las alas de la inmortalidad, aunque su precio haya sido un trabajo continuo mezclado con duda, cansancio, desesperación, sangre y sudor. »Me siento feliz de haberme llenado de Dios y sus bendiciones, porque caminando junto a él pude entender el sentido de las cosas más contradictorias. Solo alimentándome de él pude dar a otros el amor que esperaron de mí. »Me siento feliz de haber podido participar del dolor del grano que se muere para convertirse en pan, del dolor de la uva pisoteada para alegrar a los demás con su vino, del dolor del parto que entrega la vida, del llanto que produce el amor, de la enfermedad y el sufrimiento que fueron capaces de mostrarme mi verdadero valor y fuerza. Conocí el valor tan alto del sufrimiento y fui capaz de ofrecerlo como mi mayor joya para el embellecimiento de la creación. »Tuve dudas y fui feliz. Tuve dolor y fui feliz. Tuve angustias y fui feliz. Tuve en tal cantidad y fui feliz, porque en el momento final pude observar que en la balanza de mi vida no fue mayor el bien o el mal, pues era yo quien daba peso a las cosas. »Por eso quisiera invitarte a que cada día lo vivas como el mejor de todos, y le des la verdadera importancia a las cosas. No te amargues ni te envanezcas para que en el momento de cerrar tus ojos, por el sueño o la muerte, puedas descansar en Paz. »Un día dirán por ti y por mí aquella frase que sintetiza toda una vida: “Dale Señor, el descanso eterno y brille para él la luz perpetua. Pregúntate si merecerás tal petición ¿Puede descansar eternamente quien nunca trabajó? ¿Puede tener luz eterna quien siempre se alimentó de oscuridad?” »Trabaja, esfuérzate, busca siempre la luz y será tuya la paz y la armonía del universo.

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Perdidas padre jose de jesus aguilar