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SOCIOLOGÍA b) Baudelot y Establet: las dos redes del sistema escolar. La Escuela es para estos dos autores - al igual que lo era para su 'maestro'- un instrumento central de la lucha de clases, de la dominación de la burguesía que encubre su dominio con representaciones ideológicas del sistema escolar (Escuela única, gratuita, libre, laica..) que es preciso desenmascarar. La llamada Escuela única está en realidad dividida y su finalidad es dividir a los que pasan por ella. Existen de hecho dos redes escolares: la PP (primaria-profesional), y la SS (secundaria-superior). En su libro La escuela capitalista en Francia afirman que la división de la sociedad en clases antagónicas explica en última instancia no solo la existencia de las dos redes, sino también (lo que las define como tales) los mecanismos de su funcionamiento y sus efectos. Las dos redes reenvían también en este caso a la división social del trabajo y, mas concretamente, a la división existente entre trabajo manual y trabajo intelectual. La Escuela transmite la cultura dominante en ambas redes de forma diferenciada y con desigual intensidad, lo que conduce a producir, por una parte, proletarios sometidos y, por otra, agentes activos de la ideología dominante. La división de la Escuela en dos redes separadas, responde a las exigencias del la división social del trabajo y refleja la división de la sociedad en dos clases fundamentales, la burguesía y el proletariado, así como el dominio de una clase sobre otra. c) Bowles y Gintis: el principio de la correspondencia. Partiendo de los mismos presupuestos que los autores anteriores Bowles y Gintis afirman que el sistema educativo, básicamente, ni suma ni resta el grado de desigualdad ni de represión que se origina en la esfera económica. Más bien, reproduce y legitima un patrón preexistente para entrenar y estratificar a la fuerza de trabajo. Afirman pues, una vez más, que existe una correspondencia entre la estructura de las relaciones existentes en el mundo de la producción y en el mundo de la Escuela. Estos autores subrayan debemos considerar las escuelas a la luz de las relaciones sociales de la vida económica (...). Sugerimos que los aspectos principales de la organización educativa son una réplica de las relaciones de dominio y subordinación existentes en la esfera económica. La correspondencia entre las relaciones sociales de la escolarización y el trabajo explica la capacidad del sistema educativo para producir una fuerza de trabajo sumisa y fragmentada. La experiencia de la escolarización y no meramente el contenido del aprendizaje formal, es central en este proceso. El sistema educativo proporciona a cada individuo capacidades cognitivas, habilidades técnicas, rasgos de personalidad, modelos de autopercepción, y credenciales educativas adecuadas a las exigencias del mercado laboral. De este modo, y dado que el ascenso y la permanencia en el sistema escolar depende de la clase social, las distintas cohortes de estudiantes que abandonan el sistema educativo en los distintos niveles han experimentado y adquirido una socialización distinta así como unas rasgos de personalidad que se ajustan a la división social del trabajo. Para Bowles y Gintis, dado que el campo de la economía y el de la educación tienen lógicas distintas de desarrollo, lo que harían las reformas educativas es tratar de paliar los desfases que se producen entre ambos. a) P. Bourdieu y J.-C. Passeron: La legitimación de las desigualdades sociales a través de la Escuela. Bourdieu y Passeron, frente a los sociólogos anteriormente citados, conceden una mayor autonomía al campo cultural, al mundo de lo simbólico. La reproducción de las desigualdades económicas ocupa, por lo tanto, un lugar indirecto en sus formulaciones, aunque en sus primeras obras parecen seguir afirmando la determinación de la economía, en última instancia. Bourdieu, especialmente en su libro La distinción, también establece una conexión entre 'las estrategias de reconversión', los desplazamientos verticales y horizontales que se producen en el ámbito social, con la expansión del sistema educativo, con la inflación y devaluación de los títulos escolares como efecto de la escolarización masiva (4). Estas estrategias de reconversión están ligadas fundamentalmente a dos grupos sociales, los hijos de la burguesía que no han obtenido títulos escolares que les permitan mantener su trayectoria de clase, y los hijos de la burguesía y de las clases populares que buscan nuevas vías para rentabilizar los devaluados títulos que han obtenido. Estas estrategias están destinadas a evitar el desclasamiento de los 'herederos' y a rentabilizar los títulos de los 'recién llegados'. Tanto Bourdieu como Bernstein intentan, por tanto, responder a cuestiones enormemente complejas para abordar los cambios que están teniendo lugar en la actualidad; sin embargo sus análisis parecen descartar a primera vista que las transformaciones que están teniendo lugar en el interior del sistema escolar y los conflictos que atraviesan las


distintas fracciones de la burguesía puedan plasmarse en cambios significativos de la estructura social, y, consecuentemente, que se abran nuevas vías hacía una mayor igualdad social. a) Paul Willis: conflictos entre culturas en la institución escolar. Willis se centra sobre todo en la articulación que existe entre los principios que regulan la comunicación y la práctica pedagógica en el contexto específico del aula. De hecho, se centra más en el análisis de los discursos, y de las prácticas pedagógicas que en los principios de poder y control que atraviesan la institución escolar. Lo que le interesa especialmente son los condicionantes institucionales y las formas culturales que son reproducidas parcialmente en la Escuela, un espacio de enfrentamientos, en el que se expresan las contradicciones vividas por los miembros de las culturas no dominantes en su socialización escolar. Describe así la cultura de resistencia a la escuela elaborada por los jóvenes de la clase obrera inglesa. Rechaza de este modo una visión de la clase obrera- y de los jóvenes de esa clase- como pasiva e ignorante, así como la idea de que la ideología y la hegemonía dominantes se imponen sin encontrar oposición. Otra de las dimensiones de su trabajo que exigiría una precisión mayor es como 'los colegas', que pueden adquirir un cierto distanciamiento respecto a sus condiciones de existencia, son no obstante incapaces de objetivar sus propios códigos, por lo que no pueden percibir que también son normativos, es decir cuales son los procesos por lo que únicamente adquieren una 'penetración' parcial de las limitaciones de su cultura y no llegan a articular adecuadamente sus resistencias. En fin, algunos autores consideran que al centrarse predominantemente en lo que sucede en el aula y, dado que lo que acontece en la Escuela no es ni un reflejo directo de relaciones de clase, ni expresión mecánica de las diferentes culturas, faltarían en su modelo de análisis instrumentos conceptuales de carácter mediador que le permitiesen conectar los procesos que estudia con otros de carácter más general (5) b) M. Foucault: el poder disciplinario y las instituciones escolares. Y así, en su libro Vigilar y castigar, en el que explícitamente se refiere a las instituciones escolares, puso a punto toda una serie de conceptos nuevos tales como disciplinas, poder disciplinario, microfísica del poder, política de la verdad, anatomía política del cuerpo..., con el fin de mostrar las transformaciones que se produjeron en el ámbito de ejercicio del poder, a partir del siglo XVIII, en conexión con la instauración de los saberes disciplinarios (las ciencias), la instauración del orden burgués y la formación de nuevas formas de subjetivación que permiten la emergencia de una nueva figura: el individuo. Este tipo de poder supuso la puesta en marcha de tecnologías y procedimientos específicos, así como diferentes niveles y blancos de aplicación. K. MARX (1818-1883) volver a Inicio 1. La filosofía hegeliana la podemos sintetizar en los siguientes puntos: - La historia es un proceso de lucha de conciencias que se oponen, donde todo hecho es un producto. - La conciencia y las ideas producen los cambios sociales en la historia que conducen a la libertad: La historia humana va realizando la libertad progresivamente gracias a la confrontación de ideas. Las ideas expresan la conciencia de una sociedad y cultura; ante unas ideas dominantes surgen otras que se le oponen y de su lucha surge otra conciencia superior que sintetiza las ideas en oposición. Esta lucha de ideas produce los cambios sociales y tiende a la realización de la libertad. A que cada vez haya más libertad, conciencia y libertad para todos. Sin conflicto de ideas no habría progreso ni cambios. - El estado es la máxima realización de la libertad: La máxima expresión de la libertad en su época era para él el Estado constitucional y sus leyes. Para Hegel el Estado es el resultado del proceso racional del Espíritu que conduce a la realización de la emancipación. Hegel había pensado el Estado como el instrumento racional de superación de las escisiones y tensiones provocadas por las luchas de intereses entre particulares en la sociedad civil. 2. Feuerbach critica a Hegel su concepción abstracta del hombre y de la libertad, acusándole de que su filosofía del Espíritu es sólo teología disfrazada. La realización de la religión sería la mejor crítica a la misma; esa realización sería el humanismo. La libaración de la alienación religiosa vendrá mediante la educación. La alienación del hombre se superará con la realización de la religión; para ello hay que partir de invertir la premisa " Dios creó al hombre" por esta otra: " el hombre crea a Dios. La verdadera filosofía no puede comenzar con Dios ni con el Espíritu, sino con el hombre finito de carne y hueso, con la naturaleza y el hombre como ser natural. La teología ha de convertirse en antropología, en humanismo. Sólo así se realizará la esencia del ser humano. C. La teoría social utópica.


Nos situamos en la Francia postrevolucionaria, con una necesidad de reorganización social sobre nuevas bases. Las propuestas teóricas son en parte las de la ilustración; las teorías sociales considerarán que no se han alcanzado los ideales de igualdad y libertad para todos. La burguesía había universalizado su modelo social, pero ese modelo social había surgido contra la nobleza y el proletariado. La contradicción entre clases se mantenía; la opresión y la miseria permanecían, frente a esa situación se alzarán las teorías sociales, que coincidirán en una serie de postulados: - Crítica de la organización económica y de la decadencia de la sociedad. - Denuncia de la situación moral y social de las clases pobres. - Necesidad de crear una nueva sociedad en armonía, en función de varios factores abandonando la revolución: a) Persuasión de las clases dominantes. b) Educación generalizada. c) Realización de nuevas experiencias sociales. Los principales socialistas utópicos fueron Ch. Fourier, R. Owen, Proudhon, Saint-Simon, Cabet, Louis Blanc, Blanqui, Flora Tristán, Bakunin. D. La Economía política. Esta surge como disciplina a finales del s. XVIII, vinculada al desarrollo de la burguesía, en cuyo poder económico se apoyarán las monarquías, provocando el desplazamiento del poder político de la nobleza; el poder político conseguido será institucionalizado con la conquista del poder cultural, que será la expresión teórica de esa clase. Ese poder cultural se manifestará en todos los discursos humanistas del s. XIX y se plasmará a nivel estructural en dos postulados: - Derecho a la integridad de la persona. - Derecho a la propiedad. La economía política surgirá como ciencia que investiga el sistema de leyes que rige la distribución de las riquezas y la acción sobre ellas. Según Marx, el desarrollo de esta ciencia pasará por tres etapas ( teorías sobre la plusvalía): 1. La fisiocracia o teoría del capitalismo agrario. Los dos mejores exponentes de esta posición los encontramos en: - Quesnay, Análisis del cuadro económico..., 1758. - Turgot, Distribución de las riquezas, 1766. 2. El capitalismo manufacturero: A. Smith, La riqueza de las naciones, 1776. 3. El capitalismo industrial: D. Ricardo, Principios de la economía y el impuesto, 1819. La distribución injusta de lo producido es justificada en tanto que las ganancias representan el neneficio reportado por la misma tierra o la devolución del trabajo acumulado en forma de maquinaria que el propietario ha puesto. II. LA ANTROPOLOGÍA DE MARX.2.1. La crítica al idealismo alemán.a) Crítica a Hegel.Hegel plantea la dialéctica de la historia de manera invertida. No son las ideas las que producen la transformación social, sino que son los hombres que tratan de transformar la materia para solventar sus necesidades y las relaciones sociales y de producción que de ello surgen las que dan lugar a la conciencia y a las ideas. Así pues, si es cierto que la historia se mueve en base a contradicciones como afirmaba Hegel, éstas se producen en el plano material (infraestructura) por la lucha de la supervivencia; son contradicciones sociales en el plano de la propiedad las que dan lugar al conflicto de ideas. Hegel confundió el efecto y la causa. Es la lucha de clases lo que provoca el movimiento de la historia y esa lucha se refleja en el ámbito de la conciencia y las ideas. El hombre es un ser social e histórico que transforma a la naturaleza y a sí mismo mediante la praxis. De ahí que la resolución de los problemas reales no venga dada por la teoría o la contemplación, sino por la acción práctica; los hombres concretos, de carne y hueso, son lo que son en función de las relaciones con otros hombres y de las relaciones mediante las que en un momento histórico se enfrentan y transforman la naturaleza para conseguir los medios de subsistencia. Dichas relaciones no están dadas de una vez por todas, sino que se transforman históricamente cuando cambian las formas de trabajo y los modos de producción. 2. Crítica a Feuerbach.a) Las cosas sensibles no son simples objetos dados a la contemplación humana. El hombre actúa transformándolos. El mundo es también creación humana, no es algo estático, sino resultado de la industria y del


estado social humano. La verdadera relación entre hombre y naturaleza no es la de contemplación, sino de actividad práctica. b) Si bien advierte Feuerbach que la religión es enajenación, no advierte que la enajenación religiosa es un reflejo de una enajenación más profunda: la terrenal. Tras criticar el mundo religioso es preciso criticar y revolucionar prácticamente el mundo social del que es un reflejo. c) No existe "la esencia humana" eterna e inmutable, no existe "el hombre", sino el patricio, el plebeyo, el siervo de la gleba, el burgués, el proletario...Feuerbach, al realizar su crítica en términos de esencia humana, deja de analizar las relaciones sociales que determinan lo que los hombres son; al hablar del hombre abstracto, ahistórico, naturaliza las relaciones sociales existentes que son un producto histórico y uno una esencia natural. d) Al no analizar las condiciones materiales de las relaciones sociales que se han desarrollado históricamente, no sabe explicarlas y las considera como un producto de la necesidad natural humana. Por ello terminará Marx afirmando que "los filósofos hasta ahora han interpretado el mundo, es hora de transformarlo". Los seres humanos nos ponemos en relación con la naturaleza mediante el trabajo. La naturaleza es el medio para satisfacer las necesidades, así como el objeto de nuestra actividad. Marx hablará casi poéticamente al afirmar que " la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre". Mediante el trabajo, el hombre satisface sus necesidades y exterioriza sus potencias humanas, es decir, crea sus condiciones de vida, crea un mundo humano, se crea a sí mismo superando su mero "ser natural". A su vez, en su trabajo se relaciona con otros seres humanos, creando diferentes formas de relación - cooperación, intercambio, división del trabajo, clases sociales...-que cambian históricamente. Concluyendo, la realidad humana tiene dos principios: 1. La relación del hombre con la naturaleza. 2. La relación entre hombres que surge de la anterior, es decir, la relación social. 2.2. Crítica a los socialismos utópicos: Los socialismos anteriores son utópicos porque al plantear sus proyectos no tienen en cuenta las condiciones históricas que hacen posible la transformación de la sociedad; en vez de organizar el socialismo desde un criterio de clase, se dedican a organizar una sociedad que sólo existe en sus cabezas. Aunque son conscientes del antagonismo de clases no conceden al proletariado ninguna iniciativa histórica; defienden a la clase obrera, pero la ven sólo como la clase que padece, no como una fuerza social en cuyas manos está el cambio. Repudiando toda acción revolucionaria sólo piensan en reformas sociales que haga más llevadera la injusticia social. No obstante reconocerá el marxismo las contribuciones de estos socialistas en la mejora de las condiciones del trabajador, así como sus aportes teóricos y organizativos. Marx parte del carácter material y concreto de la necesidad. La historia humana la realizan los seres humanos vivientes, los cuales se encuentran siempre en determinadas condiciones materiales de vida, ya encontradas, y producidas por ellos. Por ello el sujeto de la historia es la sociedad en su estructura económica. El elemento determinante de la historia es la estructura económica de la sociedad, mientras la superestructura no es más que su reflejo o sombra. Las ideas se producen a partir de las relaciones sociales, por ello son tan poco eternas como las relaciones de las que son reflejo. Utilizar ideas para explicar la historia material es hacer de la sombra la explicación de las cosas. Una teoría científica de la historia explicará la formación de las ideas partiendo de la praxis material: " Todas las formas y productos de la conciencia pueden ser eliminados, no mediante la crítica intelectual, resolviéndolos en la autoconciencia o transformándolos en espíritus, fantasmas o espectros, sino sólo por la demolición práctica de las relaciones sociales existentes, de las que derivan estas ficciones idealistas...La fuerza motriz de la historia no es la crítica, sino la revolución, y esto no sólo de la historia en general, sino también de la historia de la religión, de la filosofía y de cualquier otra teoría." Las ideas que dominan en una época histórica determinada son las ideas de la clase dominante y expresan idealmente las relaciones sociales dominantes. Con ello la clase dominante eleva a la categoría de natural y eterna la idea que responde a sus propios intereses. La dependencia de las ideas con respecto a la clase que domina es escondida bajo dos formas: - Mediante la elaboración en el interior de la clase por ideólogos activos, promoviendo la ilusión de la clase sobre sí misma. - Produciendo representaciones que tienden a identificar el interés de la clase con el interés general de todos los miembros de la sociedad, tratando de dar a las ideas propias formas universales. El movimiento histórico se constituye pues por la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Sólo aparecen nuevas relaciones de producción cuando en el seno de la vieja sociedad ya están maduras las condiciones materiales para una nueva existencia, para una nueva sociedad. Marx admite el progreso incesante de la historia:


" Si el hombre, como ser social, se constituye a raíz de las relaciones sociales de producción, su naturaleza y desarrollo dependen de las formas históricas adoptadas por tales relaciones. El progreso de la naturaleza humana no es un problema individual, resoluble a través del perfeccionamiento espiritual o moral, sino un problema social resoluble únicamente mediante la transformación de la estructura económica. Aquí cobra pleno sentido el segundo término de la base teórica de Marx: al afirmar que su materialismo es "HISTÓRICO" , hay que entender que su método trata de descubrir los mecanismos del cambio y del desarrollo, no en las ideas de una época, sino en el conjunto de las relaciones económicas y sociales que determinan el surgimiento y modificación de esas ideas. Los sermones moralizadores no sirven para nada: La realización de una personalidad humana, unificada y libre depende de la transformación de la estructura social que condiciona a la persona. Analizado el significado del materialismo histórico, pasaremos a desarrollar los conceptos fundamentales del mismo pormenorizadamente, pertiendo de su idea central: LA ESTRUCTURA (INFRAESTRUCTURA) ECONÓMICA DETERMINA LA SUPERESTRUCTURA. A. LA INFRAESTRUCTURA: Conjunto de relaciones objetivas materiales que se establecen entre LAS FUERZAS PRODUCTIVAS Y LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN. a) EL PROCESO DE TRABAJO Y LAS FUERZAS PRODUCTIVAS: La actividad mediante la cual los seres humanos crean los bienes materiales es la producción; tal actividad está condicionada por la naturaleza de los objetos que tiene que transformar. El proceso de trabajo es la actividad mediante el cual la naturaleza es transformada en objeto útil. El proceso del trabajo consta de tres elementos: 1. El objeto de trabajo, que es la materia a la que se aplica el trabajo, es decir, el objeto natural transformado en bien de uso por la actividad humana. 2. La transformación: conversión de la materia en producto útil. En esa transformación interviene la actividad humana - la energía humana empleada se la denomina " fuerza de trabajo" y al rendimiento de esa fuerza: "trabajo realizado"- y los medios de trabajo constituidos por los utensilios, herramientas, máquinas, tecnología, ciencia..., es decir, el conjunto de todos los instrumentos que el hombre precisa para poder producir los medios materiales de subsistencia. Los objetos y los medios de trabajo constituyen los MEDIOS DE PRODUCCIÓN. Éstos junto a la actividad humana y su rendimiento constituyen las FUERZAS PRODUCTIVAS. 3. El resultado obtenido al final del proceso de trabajo es el producto. Todo producto que responde a una necesidad individual o colectiva posee un valor de uso. Pero si es considerado como mera mercancía de cara a intercambiarla por otras y sacar un beneficio posee un valor de cambio. b) LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN: Los hombres no trabajan aisladamente, sino en común. Las relaciones de producción se establecen entre los AGENTES de la producción Y LOS MEDIOS de producción. Se denomina agente de producción al conjunto de individuos que de una u otra forma intervienen en el proceso de producción. Si cambian las fuerzas productivas, cambian también las relaciones de producción. Existen dos clases de relaciones de producción: 1. Relaciones técnicas, que son las distintas formas de control que los agentes ejercen sobre los medios y el proceso de trabajo. Los tipos de control que, según Marx, se han ido sucediendo históricamente han sido los siguientes:..... - Proceso de producción individual, donde el agente controla los medios y el proceso general de trabajo ( vg., el trabajo artesanal). - Proceso de producción cooperativo simple, donde todos los agentes realizan la misma tarea, controlando individualmente los medios y participando colectivamente en el control del proceso (vg., la caza en los pueblos primitivos). - Proceso de producción cooperativo complejo, donde se da la separación entre el agente que controla el medio de trabajo y el que controla el proceso. De esta separación surgirá la división técnica del trabajo, cuyo máximo exponente es la industria capitalista, en la que actúan agentes directos (los trabajadores, en contacto con la materia prima) y los indirectos, que realizan funciones de control, vigilancia y organización del proceso de trabajo. 2. Relaciones sociales, que son los vínculos que se establecen entre los individuos que participan en el proceso de producción. El núcleo determinante de estas relaciones es el régimen de propiedad existente sobre los medios de producción. A lo largo de la historia han existido dos formas históricas fundamentales de relaciones sociales:


- La relación explotador-explotado, en la que los propietarios de los medios viven del trabajo de los agentes directos o no propietarios. - La relación de colaboración recíproca, donde ningún sector de la población vive de la explotación del otro, ya que la propiedad de los medios no es privada, sino colectiva. El factor determinante de las relaciones de producción son las fuerzas productivas y su desarrollo; mientras éstas se desarrollen bien en un marco de relaciones sociales, éstas permanecerán estables, pero cuando dicho marco sea una traba, las fuerzas productivas lo desbordan con mayor o menor violencia, produciendo un nuevo sistema de relaciones sociales. Marx señala los siguientes: 1. Comunidad primitiva, donde los medios de trabajo y los productos obtenidos pertenecían a la comunidad. 2. Régimen esclavista, donde las relaciones sociales son de dominio y sometimiento. El agente propietario (amo) era dueño de los medios de producción y del trabajador. 3. Régimen feudal. El señor feudal es dueño de los medios de producción y en parte del trabajador. 4. Régimen capitalista, donde el agente capitalista es dueño de los medios de producción, aunque el trabajador es jurídicamente libre y dueño de su fuerza de trabajo. Su base es la propiedad privada de los medios de producción. La única propiedad del trabajador es su fuerza de trabajo. 5. Régimen socialista, que se basa en el régimen de propiedad colectiva de los medios de producción. Mediante la socialización de los medios de producción se devuelve el trabajo y sus productos al trabajador. No se trataría de que el PROLETARIADO ( conjunto de trabajadores asalariados cuya única propiedad es su fuerza de trabajo y que sólo reciben como salario lo necesario para poder sobrevivir él y su prole) se impusiese sobre los capitalistas bajo otra relación de dominio, sino de suplir la escisión social, es decir, crear una sociedad sin clases. Pero para conseguirlo, el proletariado debe constituirse en sujeto de la historia, asumir una conciencia de clase que le lleve a actuar y revolucionar la historia, ya que por discursos moralizadores no se resuelve la injusticia social. Para ello el proletariado, constituido en clase tendría que instaurar una DICTADURA transitoria que, tomando el poder en los aparatos del Estado, socializara posteriormente los medios. 6. Régimen comunista. Si alguna vez se diera el régimen anterior, tras un largo proceso de educación y distribución de la riqueza, se aboliría la propiedad privada y el mismo Estado, ya que de instrumento de poder y represión , pasaría a ser un organismo de administración y planificación de la riqueza social. B. LA SUPERESTRUCTURA. Es el conjunto de ideas, valores, teorías..., que reflejan en un momento histórico dado las relaciones sociales y económicas existentes en un modo de producción dado. La superestructura está constituida por una estructura jurídico-política (derecho, política, moral, filosofía...) y por una estructura ideológica (ideas, creencias, costumbres...);de estas dos estructuras surge la CONCIENCIA SOCIAL, REFLEJO DE LOS A pesar de que la mercancía es el resultado del trabajo colectivo y su valor depende de él, es planteada por la Economía Política como la propiedad privada del propietario de los medios de producción. Ésta es la contradicción principal del modo de producción capitalista: la incompatibilidad entre la producción social y la apropiación individual; mientras el productor se encuentra sin medios de producción y sin el producto de su trabajo, quien no produce, por sólo aportar el capital, se apropia de los medios de producción, de la fuerza de trabajo y del producto del mismo, trabajo y producto que le son ajenos. La burguesía convirtió los medios de producción en medios sociales; la producción pasó de ser una cadena de actos individuales a serlo de actos sociales, cuyos productos lo son también. La división planificada del trabajo produjo el aumento de la productividad y el abaratamiento de los productos, con el consiguiente aumento de la producción de mercancías. Sin embargo, a pesar de que la producción es social, se ha mantenido la forma antigua de propiedad privada. Si el trabajo, como veíamos, manifiesta la vida, personalidad y creatividad de los seres humanos, en la sociedad capitalista manifiesta la pérdida de la humanidad. El trabajo queda enajenado, se intercambia por un salario destinado a permitir subsistir al trabajador, sin permitirle desarrollar sus energías físicas y espirituales. La producción ha dejado de estar al servicio del hombre, para pasar éste al servicio de la producción. La alienación es la condición material e histórica en la que se encuentra el hombre actual, frente a la propiedad privada de los medios de producción. Dicha propiedad transforma lo que eran medios en fines, a los que se subordina el ser humano: " No es el obrero el que emplea los medios de producción, sino éstos los que emplean al obrero."


El ser humano se convierte en un medio, en un instrumento de un proceso impersonal que lo esclaviza, convirtiéndolo en una mercancía, tanto física como espiritualmente. La civilización moderna separa del hombre su ser objetivo como si fuese un objeto; con ello la producción reifica al ser humano, convirtiéndose para él en un poder extraño, en un fetiche al que adora y al que sirve, olvidando que todo el valor de la mercancía es creado por la fuerza del trabajo humano. Las consecuencias de la fetichización de la mercancía se resumen en cuatro tipos de alienación: - Alienación del producto del trabajo. - Alienación de la fuerza de trabajo. - Alienación del trabajador. - Alienación de las relaciones sociales, al convertirse éstas en una lucha entre opresores y oprimidos. Todas ellas son un resultado de la alienación económica, cuya supresión, única forma de crear una sociedad justa y equitativa, supondría la emancipación de los trabajadores; pero ello sólo es posible derrocando el sistema económico social vigente. Para Marx la alienación económica produce a nivel superestructural una conciencia tergiversada del mundo, a la que denomina "ideología", que, como veíamos, trata de legitimar el poder establecido y la situación de opresión social, acallando al mismo tiempo sus contradicciones y las causas del conflicto social. Según Marx, para conseguir la transformación de la sociedad clasista en una sociedad sin clases, es preciso pasar por una serie de fases revolucionarias: 1. Etapa democrática, donde el proletariado, consciente de sus intereses, consigue el poder parlamentario y el poder político en general. 2. Etapa socialista, donde se fomenta el desarrollo de los medios de producción, de la riqueza social y tiende a la abolición gradual de las clases sociales y sus antagonismos. 3. Etapa comunista, donde es abolida la propiedad privada, desapareciendo las clases y el Estado como defensor de los intereses de una minoría. .1. DURKHEIM Durkheim es sin duda el sociólogo clave en la constitución de la sociología de la educación como un campo autónomo de análisis social. No solo fue el primer sociólogo en ocupar un cátedra de sociología de la educación, sino que fue el único de los "padres fundadores" de la sociología que reflexionó de un modo explícito y extenso sobre la educación. De hecho, su pensamiento educativo se conforma como una ruptura epistemológica con la pedagogía de su época, la cual constituía la visión hegemónica sobre la educación.Las doctrinas pedagógicas se oponían a la mirada sociológica. Los pedagogos consideraban la educación como algo eminentemente individual, de modo que la pedagogía es un corolario de la psicología. Al desconectar el análisis educativo de los condicionantes sociales se acaba entrando en la metafísica cuestión de qué sea la naturaleza humana. Tres aspectos de la sociología de Durkheim fueron decisivos para el desarrollo de la sociología funcionalista de la educación. Primero desarrolló la tesis histórica de que las transformaciones en los sistemas educativos eran la consecuencia causal de cambios económicos y sociales externos en la sociedad considerada globalmente. En segundo lugar afirmó que las características específicas de las estructuras educativas y sus contenidos culturales guardaban una fuerte relación con las necesidades de la sociedad. En tercer lugar, como consecuencia de la transición de una sociedad mecánica a otra orgánica, se hace precisa una mayor individualización y esto se refleja en los cambios en la pedagogía y en la organización escolar. Su sociología de la educación constituye una prolongación y profundización de su sociología general. Algunos de los párrafos de su obra (póstuma, fruto de la recopilación de lecciones impartidas en la Universidad de Burdeos) Educación y sociología son paráfrasis de Las reglas del método sociológico. Como señalaba Lerena, Durkheim es el último gran sociólogo que trata de distinguir, pero no de separar, la teoría de la práctica. No renuncia a relacionar la política con el conocimiento. La sociología debe contribuir a consolidar la política republicana en el contexto francés de laicización de la enseñanza. El sistema educativo constituía el elemento clave para imponer una doctrina moral que diera coherencia a la república. La sociología de la educación de Durkheim es producto de una crítica de la concepción idealista de la educación presente en las doctrinas pedagógicas. Educación y sociología desmonta la antropología kantiana. Para Kant la educación consiste en el desarrollo armónico de las facultades humanas. Durkheim destruye este discurso pedagógico a partir de tres líneas de ruptura. En primer lugar no se ocupa de la educación de un modo teórico, sino que la analiza como un conjunto de prácticas y de instituciones sociales. La educación hay que estudiarla como lo que es, o sea, como un hecho social, desde fuera, como si se tratase de una cosa. El objeto de la


sociología de la educación lo constituye el sistema educativo. En segundo lugar la educación no provoca un proceso de desarrollo natural, sino de creación, de producción. Esa creación no puede ser natural, sino que es social y, por tanto, inarmónica. La práctica educativa humaniza, crea a las personas. La práctica educativa no consiste en un proceso de extracción como plantea Kant, quien en esto sigue la tradición mayeútica de Sócrates. Para sacar o extraer algo del alumno es preciso suponer que ese algo preexiste en él desde su nacimiento, algo que tuviera que hacer aflorar el proceso educativo. Dado que, de acuerdo con Durkheim, no existe algo a lo que se pueda denominar naturaleza humana, la práctica educativa no se limita a desarrollar una preexistente naturaleza del hombre, sino que lo crea. En tercer y último lugar Durkheim señala que para el pensamiento idealista la función del maestro consistiría tan solo en enseñar, obviando la evidencia de la asimetría característica de toda clase de relaciones pedagógicas o educativas: se trata de unas relaciones de dominación ideológica. Incluso llega a plantear el paralelismo entre educación e hipnosis. El lugar de la educación y de la escuela es el lugar del poder. Las relaciones educativas o pedagógicas no son relaciones de comunicación. La función del maestro iría más allá de la función de enseñar. El sistema educativo, llega a decir, es un instrumento de dominación de las almas. La escuela es una institución de poder. La función de la escuela es la imposición de la legitimidad de una determinada cultura o forma de vida. El mundo de la educación cumple los dos requisitos básicos para que pueda constituirse en objeto de una ciencia. En primer lugar está constituido por un conjunto de prácticas, de maneras de proceder, de costumbres, que son realidades todas ellas exteriores e independientes de la voluntad individual. El segundo requisito es la homogeneidad de estas prácticas, las cuales, en el caso de la educación, consisten en la acción ejercida por la generación adulta sobre la joven. Para Durkheim los hechos sociales deben ser considerados como cosas naturales. Esto significa que cuando tratamos de comprender una parte de la sociedad, como es la educación, en primer lugar debemos suministrar una definición del fenómeno que se va a estudiar. Una vez hecho esto podemos buscar una explicación del hecho social que sea causal y funcional. Cuando se refiere a una explicación causal insiste en que se debe rehusar cualquier explicación basada en los propósitos, intenciones y acciones de los individuos o de grupos identificables; más bien hay que buscarla en términos de fuerzas sociales impersonales. Por ejemplo, para entender el sistema educativo español, la explicación debería efectuarse al nivel de la relación de la educación con la economía, el sistema político, el sistema de clases y las corrientes de opinión de la sociedad. En segundo lugar, una explicación funcional debe determinar el modo en que el fenómeno analizado sirve a la sociedad en lugar de a los individuos,a las necesidades generales del organismo. Esencialmente significa que el sociólogo debe considerar qué papel desempeña cualquier fenómeno social en el mantenimiento del orden y de la estabilidad social. En el libro Educación y sociología encontramos la típica explicación funcional de Durkheim. Aquí se define a la educación como la influencia de las generaciones adultas sobre aquellos aun no preparados para la vida. La primera función de la educación no es el desarrollo de las habilidades y potencialidades de cada individuo, sino que consiste en el desarrollo de aquellas capacidades y habilidades que precisa la sociedad. Todas las sociedades tienen necesidad de una cierta especialización. Una de las funciones de la educación es preparar a la gente para el medio particular al que están destinados. No obstante, todas las formas de educación contienen un núcleo común que reciben todos los niños (educación básica). Toda sociedad precisa un similitud básica de pensamiento, valores y normas entre sus miembros para perseverar en la existencia. 1.2. PARSONS De acuerdo con Parsons uno de los hechos claves de la modernización es la revolución educativa. Una de las características fundamentales de esta revolución es la inmensa extensión de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, esta igualdad de oportunidades acarrea diferencias de logro, las cuales provienen del hecho que los individuos son distintos en lo que se refiere a su habilidad, sus orientaciones familiares -diferentes aspiraciones y actitudes en la familia con respecto a la educación- y sus motivaciones individuales -variaciones en el nivel de interés en la educación y en el deseo de los alumnos de ser aplicados y trabajar duro. Las diferencias en el logro educativo introducen nuevas formas de desigualdad, dado que las credenciales educativas determinan el empleo que se termina por ocupar. La principal función del sistema educativo es legitimar esas desigualdades, lo que se consigue a través del proceso de socialización. La educación extiende la ideología de la igualdad de oportunidades y del logro, y esta ideología es uno de los elementos clave de la cultura común que existe en las sociedades modernas. En el aula todos los alumnos empiezan desde el mismo punto de partida. Sin embargo, Parsons admite que las diferencias relativas a los roles sexuales son anteriores a la escuela y algunos alumnos tienen una mayor grado


de independencia que otros. Por independencia quiere significar el grado de auto-suficiencia del alumno con respecto al profesor, su capacidad de asumir responsabilidades. Cuando acceden a la escuela todos los alumnos son tratados del mismo modo: se les asignan los mismos deberes y son evaluados siguiendo criterios objetivos. Gradualmente los alumnos son diferenciados a partir del logro: unos rinden más que otros. Hay dos tipos de logro que se deben obtener en la educación. Uno es el aprendizaje puramente cognitivo de información y destrezas y el otro es lo que se puede llamar aprendizaje moral, el cual implica el ejercicio de una ciudadanía responsable en la comunidad escolar. En su famoso artículo "El aula como sistema social" estudia la escuela en su doble faceta de órgano de socialización y de órgano de distribución de los recursos humanos o de mano de obra. El criterio utilizado por la escuela para hacer esa doble operación es distinto al de la familia: es el criterio del rendimiento. Por este motivo, el mundo de la escuela supone para el alumno una ruptura de las reglas de juego que hasta entonces le habían sido aplicadas. La familia está estructurada, funciona, sobre la base de elementos biológicos: sexo, rango de nacimiento, edad, elementos adsriptivos que chocan con las reglas del funcionamiento escolar. La familia trata incondicionalmente al niño. Es decir, el niño es valorado y querido por el mero hecho de pertenecer a la familia. Sin embargo, la escuela anticipa al niño cómo va a ser tratado por la sociedad y su cometido consiste en que el niño internalice esas reglas de juego, que se entrene en su ejercicio, y que compruebe los efectos de su aplicación. Este trato que por primera vez recibe el niño, puede constituir una fuente de tensiones internas, las cuales pueden resultar aliviadas en virtud de una serie de mecanismos, como son el apoyo familiar, la imparcialidad del profesor, el carácter maternal de la profesora (sic) para con los niños más pequeños y por el trato con el grupo de amigos. El profesor es el representante de la sociedad adulta y tiene expectativas difusas con respecto al futuro académico de sus alumnos. Los componentes cognitivos de la instrucción no pueden separarse de los morales y la diferenciación gradual será consecuencia de los resultados académicos. Este proceso lleva a una jerarquía académica a partir de las calificaciones y constituye un criterio clave para la asignación de estatus futuros en la sociedad. El hecho de que el profesorado en primaria sea mayoritariamente femenino implica que la profesora compagina el rol de madre con el de profesora, complementando de este modo los aspectos cognitivos con los emocionales. Sin embargo, privilegiará el aspecto cognitivo, dado que su papel consiste en legitimar la diferenciación de sus alumnos a partir de su éxito académico. El tamaño de la clase le impide tratar a los alumnos de un modo particularista, forzando la adopción de normas universales de tratamiento y de evaluación. La rotación de profesores cada año contribuye a eliminar la tendencia hacia la intimidad o el particularismo. Con el cambio de profesores el alumno aprende a distinguir el rol del profesor de la personalidad de este. El proceso selectivo promovido por la escuela coloca a los niños en una situación novedosa para ellos. Esta situación se define por cuatro características. 1. Igualdad formal de los niños ante el maestro y ante el régimen de competencia entre ellos. Parsons insiste en que la escuela no solo valora el rendimiento puramente intelectual. Un buen alumno internaliza los valores escolares y los materializa en un correcto comportamiento. 2. Los niños tienen que realizar una serie de tareas completamente afines y no tareas desiguales, como ocurre en el trabajo de los adultos. Por esta razón la situación de competencia es más aguda que la vivida en el mundo de los adultos. 3. Se da una clara bipolarización entre la esfera de los adultos, representada por el profesor, y la esfera de los escolares. El logro de una buena identificación con el profesor es determinante de la carrera escolar: quienes lo consiguen tienen mayores posibilidades de llegar a la universidad; quienes, en cambio, se identifican más con sus compañeros o grupos de iguales es más probable que abandonen los estudios. 4. Los alumnos son evaluados sistemática, periódica y formalizadamente. En definitiva el sistema escolar desempeña cuatro funciones: 1. Emancipa al niño de su primitiva identidad emotiva con la familia, lo cual es un pre-requisito de la constitución de una personalidad independiente. 2. Inculca al niño una serie de valores que no puede adquirir en la familia. 3. Diferencia y jerarquiza al alumnado según su rendimiento. 4. Selecciona y distribuye los recursos humanos a partir de la estructura funcional de la sociedad adulta.


Para Parsons en la sociedad existe una cultura indivisa siendo la cultura escolar una reproducción de aquella. La escuela es neutral y el proceso de selección está presidido por principios universalistas y conduce a estatus adquiridos (frente a los adscritos de la era pre-moderna). Los neoliberales han intentado construir su teoría del mismo modo que Hobbes y Locke, los fundadores del liberalismo. Es decir, pretenden fundar su concepción de la sociedad en una teoría del conocimiento y la ciencia, y del hombre. Sin embargo, no lo han logrado. Se mostrará que el “núcleo duro”, como diría Lakatos, de esta teoría es su concepción del mercado. Su concepción del hombre ha sido abstraída de la situación de la sociedad contemporánea, y por ello no han podido escapar de la circularidad. En la antropología neoliberal convergen armónicamente tres tradiciones teóricas: el economicismo de los clásicos ingleses, llevado a sus últimas consecuencias; el darwinismo social, y concepciones conservadoras. Esta concepción antropológica se compone de varios principios. Según el primero, el hombre es un individuo posesivo. La relación de propiedad de sí mismo, de sus capacidades y de sus bienes sería la conexión principal a los otros y al mundo. Es tan importante el derecho de propiedad, que tanto Locke como los neoliberales, consideran justificable matar a quienes la trasgredan. La actividad humana principal sería la económica y ésta se realizaría en el mercado. Por ello es que las funciones humanas esenciales serían las de poseer, intercambiar, acumular y consumir. Los hombres actuarían o deberían proceder guiados por el egoísmo, y la conducta adecuada sería el cálculo de maximización de beneficios y minimización de costos. Y esto adquiere un sentido ético para estos autores, pues en su opinión, la ética es inmanente al mercado, y por tanto su “imperativo categórico” sería el de actuar siempre respetando sus reglas, especialmente el derecho de propiedad y los contratos, y buscando siempre maximizar el propio beneficio, pues de ello resultará el mayor bien para todos. Sin embargo, para Hayek - como se expondrá-, la mayoría de los hombres no actúan o no pueden actuar como maximizadores racionales. Para estos autores, el hombre es un ser monádico es independiente de los otros y nada debe a la sociedad. Sólo habría individuos, y la sociedad no sería sino el nombre del conjunto de ellos (Vergara 1984). La humanidad, las naciones, las clases serían abstracciones, puesto que las “totalidades” serían impensables (Popper 1940). Siguiendo la teoría neoclásica, conciben al ser humanos como un ser económico abstracto, un solipsista para el cual los otros y la realidad externa tienen sólo una débil existencia. Los hombres no tendrían de necesidades de reproducir su vida; tienen “solamente propensiones a consumir, inclinaciones psicológicas que organizan sus demandas” (Hinkelammert 2001: 80). Tampoco forman parte de la naturaleza, la cual es vista solamente como objeto de cálculo. Sostienen que la razón es instrumental y subjetiva. Los fines serían sólo preferencias individuales, decisiones soberanas del consumidor. Consiguientemente, dice Hayek, las ciencias son subjetivas. El hombre sería un maximizador racional, o debería serlo siempre, y a la vez un sujeto de deseos, que son administrados por su razón calculadora. El mercado no es sólo externo: según Friedman, existe un mercado dentro de la subjetividad, en el cual el sujeto calculador compra el tiempo de descanso al sujeto de deseos. El cálculo económico se convierte en el criterio central para comprender la realidad humana, personal y social, y debía serlo para tomar decisiones. Friedman, por ejemplo, ofrece un análisis de los hijos como bienes de consumo o de capital para ayudar a las parejas a decidir racionalmente si los tienen o no (1966). Hammermesh y Soss han elaborado una teoría económica del suicidio, Becker de las conductas altruistas, etc. Este es el “imperialismo de la economía”, según Tullock (1980), el cual sería el principio de inteligibilidad del fenómeno humano. Los neoliberales afirman, como los conservadores, que los hombres son naturalmente desiguales, y que no existe una igualdad básica de carácter ético, político y jurídico, como lo aseveran la mayoría de las teorías contemporáneas. Las desigualdades naturales explicarían las desigualdades económicosociales. Hayek afirma que la mayoría de los hombres se mueve por impulsos primarios, atavismos genéticos del pasado tribal. Estos serían la solidaridad, la distribución igualitaria del producto y el trabajo en común. Serían incapaces de autodisciplina y de comprender “las leyes abstractas que rigen la vida social” (1978). Por ello, la mayoría sería inferior en su capacidad de adaptación. Constituyen “la masa”. Frente a ella existiría una pequeña elite que poseería todas las cualidades positivas de que ésta carece. Sus miembros poseerían autocontrol y sí comprenderían dichas leyes abstractas. Triunfarían en la competencia del mercado porque están mejor adaptados a ella, y pueden comportarse como eficientes maximizadotes racionales. La libre competencia genera ganadores y perdedores, y como Galbraigth ha explicitado, para Friedman los países, las empresas y los hombres débiles no tienen derecho a vivir. El valor principal para los neoliberales es la libertad. Estos autores conciben la libertad como abstracta, sólo individual, negativa y básicamente económica. Hayek abstrae de la multidimensionalidad del fenómeno de la libertad casi todos sus aspectos: (a) la libertad intelectual y psicológica, porque podría debilitar la creencia en la responsabilidad individual; (b) la libertad política, puesto que el pleno ejercicio de la libertad individual no la


requiere; “un pueblo de hombres libres no es necesariamente un pueblo libre” (Hayek 1960: 35) ; (c) la dimensión social, pues ella sería un atributo exclusivamente individual, (d) la dimensión de poder, porque la libertad no sería una capacidad de hacer, ni se relacionaría con las posibilidades de acción, ésta es la “libertad positiva” (Laski), ni con la posesión de medios: ”ser libre puede significar libertad de morir(se) de hambre” (Hayek 1960: 42 y Vergara 1984). Los neoliberales definen la libertad como ausencia de coerción intencionada e ilegítima del Estado y de terceros. Su ámbito de ejercicio par excellence es el mercado, por ello es básicamente económica. Consiste en la capacidad de entrar o no en relaciones de intercambio : es libertad económica en y para el mercado, para comprar y vender . Consiguientemente, afirman la libertad económica frente a las regulaciones económicas del Estado (Friedman 1962). La libre competencia genera desigualdades que son inevitables y, según Hayek, necesarias, porque los sectores triunfadores pueden disponer de mayor excedente para invertir, crear empresas y generar empleos. Se produciría una proporción inversa: a mayor libertad económica, menos igualdad económica-social. Cualquier intento del Estado de disminuir las desigualdades, limitaría la libertad. Más aún, dice Friedman que la mano visible de la política siempre obtiene resultados negativos inesperados (1980). El argumento recuerda al de Spencer quien se opuso a las leyes que limitaban el trabajo infantil en el siglo XIX, porque restringían la libertad contractual (1884). Los neoliberales sólo aceptan aquellas igualdades formales necesarias al desarrollo de la sociedad de mercado: igualdad ante la ley, ante el sistema judicial y ante el mercado (Hayek 1960). Estos autores asumen la concepción conservadora del hombre como ser de normas y tradiciones. En oposición del racionalismo que destacó la capacidad de examen crítico de las tradiciones y de creación de nuevas normas sociales, Hayek piensa que en sus interacciones los hombres, espontáneamente, crean nuevas normas, las cuales compiten entre sí. Las más eficaces, que hacen más adaptados a los grupos que las practican, se convierten en tradiciones que hay que conservar (Hayek 1978). Más aún, estas tradiciones deben ser respetadas, incondicionalmente, aunque no sepamos como funcionan, pues el orden social depende de su cumplimiento. Esta es la idea central de las teorías conservadoras de la sociedad: el orden social siempre es frágil e inestable, y se mantiene por el respeto de las normas. Si se las trasgrede de modo reiterado se produce el caos (Berger 1971). Podemos plantearnos si esta concepción del hombre es una teoría descriptiva y explicativa, o bien un proyecto normativo. Como se expuso, lo conciben como un ser abstracto, carente de corporalidad, de racionalidad reproductiva, comunicativa, de relaciones culturales y de sociabilidad; éste es el “ homo oeconomicus , un être de raison ”, como ha dicho Andréani (2000). Los neoliberales han secularizado la idea medieval del alma convirtiéndola en racionalidad económica que mira “al mundo sub specie competencia perfectae ”. A la vez, ésta es una concepción utópica irrealizable: no es posible reducir todo el fenómeno humano a su dimensión económica (Hinkelammert 1995: 142). Respecto a la idea del hombre como maximizador racional, en la cual ha insistido Friedman, el mismo Hayek reconoce que la mayoría, “la masa”, según dice, actúa movido por “atavismos” como la solidaridad, la búsqueda de la justicia social”, la distribución según necesidades y otros arcaísmos. Como lo analizó Weber, hay un proceso creciente de racionalización formal, o de predominio de la racionalidad instrumental, como lo expuso Horkheimer. Sin embargo, muchas conductas no corresponden al modelo de maximización racional, puesto que carecen de eficiencia en la elección de los medios adecuados, por razones muy diversas. Asimismo, esta teoría supone un conocimiento transparente del sujeto sobre cuál es su “beneficio” o “interés propio”, pero, con frecuencia, las personas hacen lo que no les conviene sea porque no lo saben, se equivocan, o porque sus impulsos emocionales impiden o se imponen sobre su cálculo racional. Más aún, lo que cada uno de nosotros considera su interés propio es una construcción sociocultural que admite diversas interpretaciones. Esta teoría ignora los aportes del psicoanálisis y otras teorías que muestran que, habitualmente, la conducta no se guía por criterios de racionalidad formal. Por ello, es que la teoría economista sobre la conducta humana no permite comprender o explicar muchas acciones, ni tampoco aprehender su variedad, complejidad y especificidad cultural. Tampoco puede decirse que para los neoliberales ésta sea sólo una fructífera hipótesis para realizar investigaciones específicas (Lepage 1978: 15-55). Esta concepción del hombre asume para ellos el carácter de un principio ontológico, y es un componente central de la matriz constitutiva de la ciencia económica: la antropología del siglo XVIII (Naredo 1987). Para estos autores, la sociedad es el conjunto de intercambios, principalmente económicos, que se producen entre los individuos. Dichos intercambios van generando, espontáneamente, normas que, a través del tiempo, se convierten en tradiciones eficientes. La sociedad sería, entonces, un conjunto de tradiciones económicas, jurídicas, éticas, lingüísticas y otras. Estas constituyen distintos “órdenes autogenerados” que no pueden ni deben jamás ser modificados por la acción social consciente (Hayek 1960). El principal de estos órdenes es el


mercado, descrito como el único orden económico posible, ya que la planificación económica, en cualquiera de sus formas, es imposible. El carácter utópico del neoliberalismo se manifiesta, asimismo, en su concepción del mercado. Este es un tema central, pues todas las concepciones neoliberales se derivan o fundan en dicha concepción. Esto ha llevado a sostener que teóricamente es un “mercadocentrismo” (Hinkelammert). Sus teóricos han desarrollado una concepción que sacraliza el mercado, atribuyéndole en alto grado las perfecciones que la teología cristiana atribuye a Dios en grado excelso y absoluto. Es así que, según Friedman, el mercado es el más justo, porque da a cada uno en proporción exacta de los que éste da, por ello sería un perfecto intercambio de equivalentes (1980). Sería el más sabio porque sus precios libres reunirían más información que toda la que podría conocer un hombre. Sería, también, lo más generoso porque da bienestar a todos (Hayek 1960). Sería la fuente de vida puesto que permite que vivan más personas. Sería lo más poderoso en la tierra porque puede hacer mucho más que los Estados, o lo que podría lograr cualquier grupo de hombres. El mercado es visto como un ser viviente, pues piensan que posee mecanismos propios de autorregulación. Según Hayek y Friedman sería completamente libre, porque nadie está obligado a entrar en una relación económica (Friedman 1962). Sería un ámbito plenamente democrático, según éste mismo autor, porque cualquiera puede votar por los productos que desea. El mercado sería necesario, pues sin él los hombres volverían a la barbarie. También, sería insuperable y definitivo, pues cualquier intento de abandonar la sociedad de mercado conduciría a la barbarie, y paulatinamente se iría reconstituyendo la sociedad de mercado (Popper 1945). El teólogo cristiano Novack enfatiza hasta el paroxismo este supuesto carácter sagrado del mercado, al sostener que las empresas trasnacionales representan a Cristo en la tierra, y tal como El son escarnecidas y perseguidas. La autorregulación del mercado se basaría en la teoría neoclásica de la competencia perfecta. Estos autores presentan su concepción como una “teoría económica”, estrictamente científica basada en la teoría matemática de la competencia perfecta de los fundadores de la teoría neoclásica: León Walras y Wilfredo Pareto. Consiguientemente, los neoliberales han afirmado la existencia de una tendencia al equilibrio de los factores económicos en el mercado. Hayek asevera, sin embargo, que no se ha podido demostrar como funciona. El último aspecto se refiere a lo que Hayek llamó “mi utopía política”. Quizá la única vez en que reconoció el carácter utópico del neoliberalismo. Propuso un sistema político bicameral, en el cual la primera cámara estaría formada por representantes políticos, los cuales designarían un equipo de gobierno que ejercería el poder ejecutivo, como sucede en los regímenes parlamentarios. La segunda, estaría compuesta por representantes que no podrían pertenecer a partidos políticos, y serían elegidos entre los triunfadores, los que se consideran “los mejores alumnos de su clase”. Este legislador sería un hombre práctico “respetado por su propiedad y sabiduría” (1978: 92). Hayek propone que los legisladores provengan exclusivamente de la elite del mercado. El saber político par excellence se encontraría en la actividad económica. Si así fuera, la legislación haría posible realizar la concepción hayekiana del estado de derecho: es decir, las normas favorecerían el desarrollo del mercado, y estimularían la competencia, de la que depende la reproducción y el éxito de la vida social. Hayek está conciente que su utopía difiere de lo que se llama democracia: “sugiero llamarlodemarquía, un sistema en que el demos no tendría poder bruto” (Ibid). El radical economicismo neoliberal se expresa en esta “utopía”. Ella se basa en la cuestionable identificación entre el éxito en el mercado y la capacidad política. La masa, compuesta de perdedores, carecería del personal knowledge (Michel Polanyi 1966), que se muestra en el éxito en el mercado. Este sistema podría denominarse oligarquía de mercado, o simplemente plutocracia. Asimismo, muestra su concepción de la política y del derecho: ambas deben subordinarse a la lógica del mercado. Es el “imperialismo de la economía” (Tullock 1980), en la relación entre política y economía (Vergara 1984 y 1999). El mundo laboral se vuelve darwiniano y la adhesión al trabajo y a la empresa se basan “en la inseguridad, el sufrimiento y el estrés“ (Ibid: 112). Esto sucede en un contexto de creciente inseguridad, en gran medida generada por “la existencia de un ejército de reserva de la mano de obra docilizada por la flexibilización y la amenaza permanente de la cesantía” (Ibid). Se muestra la paradoja de un sistema que apela a la libertad de los individuos, pero que ha establecido la violencia estructural de la cesantía. De este modo “el funcionamiento armonioso del modelo macroeconómico, y el principio de motivación “individual” del trabajo residen, en última instancia, en un fenómeno de masas: la existencia de un ejército de reserva de cesantes“ (Ibid). Esta situación genera no sólo inseguridad sino, frecuentemente, angustia, desmoralización y conformismo. Este proceso está potenciado culturalmente: hay una celebración pública del triunfador, el mercado penetra cada vez más las formas de producción artística, del cine, de las publicaciones, etc.


Tony Andréani ha publicado un notable estudio crítico: Un être de raison. Critique de L'homo oeconomicus . El texto se inicia con una presentación de las teorías actuales sobre el tema, especialmente de las concepciones neoclásicas y las teorías de la acción racional. Andreani dice “querría mostrar en este libro, en primer lugar, que el homo oeconomicus significa una construcción intelectual extremadamente poderosa, que está conquistando todos los espacios del saber y la vida cotidiana, y la cual ha llegado a ser el horizonte del pensamiento de nuestra modernidad (...), y también una representación culta, fundada en la economía neoclásica, la que ha llegado a ser el marco de referencia de toda la economía contemporánea” (2000: 7, traduc. nuestra). Asimismo, muestra el carácter abstracto de su racionalidad instrumental. El homo oeconomicus es un calculador objetivo, que posee la completa información y puede, por tanto, hacer las combinaciones de bienes según los niveles de satisfacción. Es un ser aislado que no es afectado por las influencias sociales (Ibid: 13). Este consumidor racional maximiza sus satisfacciones, así como el empresario encuentra la combinación de factores de capital, medios de producción y trabajo, la cual le permite el mayor nivel de ganancia. Andréani explicita los principales supuestos de esta teoría y los cuestiona. En primer lugar, es discutible el supuesto de la completa autonomía de los individuos adultos en sus decisiones en el mercado, ignorando o minimizando las influencias a que están sometidos. Por ejemplo, “se ha constatado que existen normas de consumo relativamente homogéneas en el interior de un grupo social, y diferente de las de los otros grupos” (Ibid: 23). Segundo, también es cuestionable el supuesto o principio de que todos los individuos actúan siempre , movidos por la búsqueda de su propia satisfacción, por las razones ya indicadas. Tampoco es evidente que experimentamos niveles de creciente satisfacción en proporción directa a la cantidad de bienes consumidos. Más bien, sucede lo contrario, a mayor cantidad de bienes poseídos de un mismo tipo, la adquisición o consumo de un nuevo bien conlleva un menor nivel de satisfacción. Por ejemplo, podría preguntarse si el consumidor compulsivo se mueve por el principio del placer o el principio tanático. Respecto del trabajo, el cual es visto por los neoclásicos sólo como costo, como sacrificio del tiempo libre, es necesario considerar otros aspectos que posee como fuente de placer, de desarrollo de las propias capacidades y de sentido de la vida. Asimismo, el modelo neoclásico ” hace desaparecer las relaciones de poder entre los hombres, para reestablecerlas ( ramener ) como relaciones entre los hombres y las cosas ” (Ibid: 30). Tampoco, las descripciones sobre el comportamiento de los empresarios, generadas desde esta perspectiva del hombre económico, permiten entender cómo se produce la ganancia. Las diversas teorías sobre la empresa invisibilizan las relaciones de poder que en ellas se producen, y que hacen posible su funcionamiento. La administración es considerada una función técnica, la que sólo por razones de eficacia se concentra en ciertas manos. Andréani ha mostrado que el homo oeconomicus no es sólo un modelo explicativo, sino también normativo. Constituye la base de un amplio discurso ideológico que convoca a actuar según sus normas. Citando a Francesco Alberoni, muestra que en la sociedad norteamericana actual el voluntarismo de la economía capitalista de maximización de los beneficios se ha extendido al terreno erótico y al amor. La mayor parte de los solteros y los homosexuales concurren a sitios y espacios, reales o virtuales, que semejan supermercados eróticos, donde cada cual, si sabe bien lo que busca, puede encontrar las personas adecuadas a sus expectativas, al menos de las concientes. También, en las series de televisión norteamericanas se muestran diversos personajes que buscan ciertos fines, y para ello intrumentalizan a los otros hasta lograr sus objetivos (Alberoni 1986 y Andréani 2000: 35 a 37). En este sentido, los medios comunicativos y la publicidad constituyen una educación refleja permanente orientada a adecuar las conductas reales al modelo teórico del hombre como maximizador. El homo oeconomicus inspira crecientemente las conductas del homo americanus y del europeus . La crítica de Hinkelammert es una de las más complejas y profundas a esta teoría. Se ha desarrollado durante tres décadas, desde 1970, y es una parte importante del desarrollo de su pensamiento (Vergara 2001). Se expondrán brevemente algunas de sus principales aspectos. En primer lugar, cuestiona radicalmente la posibilidad de aplicar el análisis económico a comportamientos ligados a la lógica de reproducción de la vida, propuesta por diversos autores neoliberales. Analiza un texto de Friedman, que ya hemos citado, en el que éste propone a las parejas que están pensando tener hijos, que consideren los niños como bienes de consumo, o bien como bienes de capital (Friedman 1966 y Hinkelammert 1977). En el primer caso, el gasto que implica tenerlos es competitivo con el de una nueva casa, autos o viajes. La pareja deberá evaluar, de acuerdo al criterio de maximización de satisfacciones, cuál de estos bienes de consumo le resultaría más placentero. En el otro caso, la pareja deberá hacer un cálculo de rentabilidad a largo plazo para ver si le conviene más tener un hijo, comprar otro bien de capital para trabajar con él, o realizar cualquier otra inversión.


Hinkelammert sostiene que éste es sólo un ejercicio intelectual. Este cálculo no es realmente posible, porque no se puede reducir a una medida común tipos de satisfacciones tan diferentes, y preveer qué cantidad de satisfacción produciría cada opción. Tampoco es posible calcular con precisión el costo económico de tener un hijo y mantenerlo hasta la adultez. Asimismo, este análisis parte del supuesto ontológico que los hijos son bienes económicos. Esta reducción implica una degradación de lo humano, ya presente en el concepto de “capital humano“ de Friedman. El objetivo de esta propuesta, según Hinkelammert, no es operativo, sino ideológico: se busca homogenizar simbólicamente lo social y lo humano por el “imperialismo de la economía“, por los valores de cambio: “toda la denigración humana contenida en tal reducción absoluta de todos los fenómenos humanos a una expresión mercantil, no expresa más que la denigración que estas relaciones mercantiles significan“(Hinkelammert 1977: 107). Un segundo nivel de crítica, se refiere a la teoría de la competencia perfecta de los neoclásicos, que es la base de la concepción del mercado de los neoliberales. Tempranamente, a comienzo de los setenta, Hinkelammert advierte ya que la afirmación de estos autores de una tendencia al equilibrio de los factores en el mercado no ha sido probada (1970). Cita al propio Hayek, que a medidos del siglo pasado, dijo que no se sabía como operaba dicha tendencia. Sin embargo, sostuvo que era una tarea central de la ciencia económica probar su existencia, puesto que a los hombres actuales ya no les bastaba con la afirmación de Smith de la existencia de “la mano invisible de la Divina Providencia “ (cit. por Hinkelammert 1970). Posteriormente, en su Crítica de la razón utópica , Hinkelammert hace suya la crítica del economista Oskar Mongenstern. Este investigador descubrió que, en la teoría de la competencia perfecta, el supuesto de la previsión perfecta o conocimiento perfecto de cada actor económico de la conducta de los otros, conduce a una “paradoja insoluble“ (1984). Si fuera posible calcular “los efectos del comportamiento futuro propio sobre el comportamiento ajeno futuro y viceversa“ en una cadena sin fin, entonces se produciría la paralización de los actores, y no sería posible ninguna competencia (Ibid: 71). Por ejemplo, si cada jugador de ajedrez pudiera prever, antes de comenzar un partido, la respuesta que tendrá su opositor frente a cada jugada que haga, y viceversa, el juego no sería posible. El partido se puede jugar, si y sólo si cada uno de los jugadores carece de conocimiento perfecto de todas las consecuencias de su acción, y de la respuesta del otro. Hinkelammert ha extendido la argumentación de Mongenstern. Ha mostrado que el concepto de competencia perfecta, por los supuestos que contiene, y por su carácter mismo, es un concepto-límite no empírico, que sólo puede ser pensado, pero nunca realizado, aunque todas las condiciones fueran favorables. Por ello, es que es un concepto radicalmente utópico, y autocontradictorio, puesto que en una situación de “competencia perfecta nadie compite. El proceso social de la competencia mercantil presupone que la competencia no sea perfecta. Si fuera perfecta no habría razón para competir (...). La competencia empírica como proceso real puede muchas cosas, excepto una aproximación lineal a la competencia perfecta; es decir, lo que no puede es producir una tendencia al equilibrio (...). No puede haber tal tendencia porque el equilibrio es lo contrario de la competencia. Competencia es desequilibrio“ (Ibid: 61). En sus libros posteriores, Hinkelammert ha enriquecido y complejizado su crítica a la teoría neoliberal. En el último de ellos, muestra que dicha teoría está a la base de la lógica de las decisiones económicas, las cuales se guían exclusivamente por los criterios de eficacia, entendida como maximización de la rentabilidad (2001). Esta es una lógica de racionalidad fragmentaria, incapaz de percibir los efectos indeseables y destructivos de sus acciones. En su intento de realizar el mercado total es completamente incapaz de comprender los límites ambientales del crecimiento económico, así como los límites sociales y psicosociales. Desde la perspectiva de la racionalidad instrumental economicista no puede determinarse el límite de resistencia de la realidad humana o natural que se está interviniendo. Sólo puede conocerse dicho límite cuando se lo ha traspasado: cuando se han producido efectos ambientales y de desestructuración social irreparables (Hinkelammert 2001 y Vergara 2002). Los neoliberales consideran cualquier cuestionamiento –sea desde la lógica reproductiva, a partir del principio de respeto de toda forma de vida, desde la necesidad de la solidaridad y de la equidad social, o la propuesta de disminuir las crecientes formas de exclusión social-, como un obstáculo al desarrollo del mercado, y buscan ignorarlo o anularlo. De este modo, la aplicación incondicionada de la lógica mercantil, unida a la de la eficacia tecnológica, están produciendo una creciente destructividad ambiental y de la sociabilidad. Hinkelammert recuerda la idea de Popper y la hace extensiva a “las reformas estructurales“ neoliberales: el intento de realizar la utopía del mercado total está produciendo el infierno.


Hinkelammert ha mostrado que el efecto de verdad de la utopía neoliberal se basa, asimismo, en los condicionamientos y disciplinamientos de la publicidad, como de la desestructuración y exclusión de toda alternativa que hace aparecer la sociedad de mercado neoliberal como el único orden social posible. Propone analizar la publicidad como un conjunto de mitemas , en el sentido expuesto por Levi-Strauss en Antropología estructural . “Los mitemas conforman un mito total, pero explícitamente no lo revelan en ninguna parte. Son comprensibles a partir de la construcción reflexiva del mito total“ (Hinkelammert 2001: 124). La publicidad convierte en filosofía popular las ilusiones y expectativas que ofrece el mercado. La publicidad mitifica las mercancías, ofrece la realización de los sueños, revive el mito del progreso ligándolo al progreso técnico, y al bienestar de la humanidad. Es un mito que surge desde los distintos actores económicos y que mitifica el propio mercado. Asimismo, la utopía neoliberal del mercado total busca legitimarse presentándose como el único orden social posible. Incluso, sus representantes económicos o políticos pueden reconocer algunos efectos indeseables y destructivos del mercado, pero afirman de inmediato de que no hay otra posibilidad. Hinkelammert asevera que no es que no haya alternativas posibles, lo que sucede es que el sistema las hace imposibles (2001). Reflexiones sobre las críticas a la utopía neoliberal A través de los ojos, o mejor dicho, con el cerebIV. Los ojos no son sino una prolongación de nuestro cerebro conectados a él a través de los nervios ópticos. No ven los ojos, ve el cerebro porque sólo él es el que da sentido (ordena) las imágenes que recibe al interpretarlas. Somos un animal que carece por completo de defensas naturales. No tenemos garras ni colmillos ni una piel ancha y endurecida. En invierno nos moriríamos de frío y en verano el calor resultaría demasiado sofocante para nosotros. Siempre seríamos una presa fácil para cualquier depredador. Tampoco desarrollamos una gran velocidad de huida ni somos capaces de dar grandes saltos o de volar. Ni siquiera disponemos de oídos tan finos como los de la liebre o de un sistema de radar como el del murciélago. Pero, eso sí, tenemos un cerebro incomparablemente más desarrollado que el resto de los animales. Dicho de otra manera, ioda percepción está mediada por nuestros intereses, emociones, expectativas, personalidad o cualesquiera otros factores subjetivos cómo los nombrados en el párrafo anterior. No percibimos la realidad tal como es, sillo tal como somos. Nuestro cerebro no funciona como un espejo ni tampoco como una cámara de fotos o de vídeo. Nuestro cerebro no se limita a repIVdllcir exacta y fielmente la realidad, sino que la fabrica. Toma elementos de la realidad para elaborar un producto final que llamamos percepción. Percibir no sólo es captar elementos de la realidad, sino también procesarlos para conferirles un significado. Es en esta fase de procesamiento en la que se añaden esos elementos subjetivos que harán, por ejemplo, que los hinchas de un determinado equipo de fútbol (movidos por elementos subjetivos como los intereses y las expectativas) perciban convencidos un penalty donde los hinchas del equipo contrario sostengan (también influidos por esos mismos elementos) que se trata sólo de una simple falta de un delantero. . 'El mundo común en el que creemos vivir es construcción, en parte cientifica, en parte precientifí-ca. Percibimos las mesas como circulares o rectangulares, a pesar de que un pintor, para reproducir su apariencia, debe pintar elipses o cuadriláteros no rectangulares. Vemos a una persona del mismo tamaño, aproximadamente, esté a medio metro de nosotros o a cuatro. Hasta que nuestra atención no está dirigida a los hechos, somos totalmente inconscientes de las correcciones que la experiencia nos ha obligado a efectuar al interpretar las apariencias sensoriales. WELLSCHAJ:EL Hay un largo trecho desde el niño que dibuja dos ojos en un perfil hasta el físico que habla de electrones y protones, pero en todo este trayecto hay un propósito constante: eliminar la subjetividad de la sensación y sustituirla por un tipo de conocimiento que pueda ser el mismo para todos los perceptores. La diferencia entre lo que se experimenta por los sentidos y lo que se cree objetivo aumenta gradualmente; el perfil con dos ojos del niño es aún muy similar a lo que se ve, pero los electrones y protones tienen sólo una remota semejanza de estructura lógica. Sin embargo, los electrones y los protones tienen el mérito de que tal vez sean lo que realmente existe donde no hay órganos sensoriales, mientras que es casi seguro que. nuestros datos visuales inmediatos no son lo que ocurre en los objetos físicos que decimos ver. Lo anterior supone que el conocimiento es producto de un acto decomprensión y, por tanto, de naturaleza subjetiva, lo que objeta la posibilidad de cosificar la realidad social. De hecho, Dilthey combatió la dominación delconocimiento por las ciencias naturales “objetivas” y pretendió establecer unaciencia “subjetiva” de las humanidades (Geisteswissenschaften ) que deberíaestar centrada en una realidad social-humana, enmarcada en su propio yexclusivo contexto histórico porque, a su entender, todo saber debe ser analizado a la luz de su historia para que el conocimiento sea completo. Estode valorar la historia como el componente fundamental para el conocimiento dela naturaleza y del sujeto social configura el principio básico del


Historicismo,que tiene raíces en los sofistas griegos (reivindicados últimamente por losteóricos del postmodernismo) y en concepciones más recientes como las deGiambattista Vico (S. XVIII), pero adquiere particular relevancia y desarrollocomo corriente de pensamiento en momentos y con movimientos queexacerban el llamado “nacionalismo” (derrumbe de los modelos sociales y

SOCIOLOGÍA  

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