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EL MUNDO. MIÉRCOLES 30 DE OCTUBRE DE 2013

EM2 / CULTURA Literatura / Novela

Inma Chacón y los niños robados J. M. PLAZA / Madrid

Homenaje / Una vida de hallazgos

Los ‘moneos’ de Rafael Moneo La Fundación Barrié de la Maza dedica una amplia muestra al arquitecto navarro MARCOS SUEIRO / La Coruña

Rafael Moneo ha elegido la Fundación Barrié de la Maza en La Coruña para hacer la primera retrospectiva de su obra. Y es que, según dijo el propio Moneo durante la presentación, «nunca he quedado satisfecho tras ver una exposición sobre arquitectura porque la arquitectura, si la queremos asimilar a la obra de arte, se resiste a que se la represente». Sin embargo, el arquitecto navarro ha decidido «inmolarse» por las garantías recibidas y por la propia concepción conceptual de la exposición. Lejos de imaginar una sucesión de maquetas instaladas en peanas, la retrospectiva de Moneo es una mezcla armónica de las reproducciones de los planos con los alzados de los edificios y maquetas más destacadas del premio Pritzker. Y aunque su propia «desconfianza hacia la idolatrización» resiste cualquier tentación de categorizar las propuestas, la muestra plantea secuencias bien definidas que ayudan a entender una obra diseminada por todo el mundo. La retrospectiva permite apreciar proyectos no ejecutados, obra civil concluida y matices desconocidos de las grandes obras que han popularizado su nombre. La huella de Moneo comenzó a forjarse en los años 60, en su Navarra natal, con la construcción de una corona para la plaza de toros de Pamplona. No obstante, un proyecto de centro emisor (1962) sin realizar frente al pazo de Raxoi en Santiago de Compostela pudo haber adelantado su fama, pero finalmente su proyectado edificio se quedó en unos planos que sólo permiten imaginar un Obradoiro distinto. Tras ensayar obra pública durante lo que él mismo denomina «etapa formativa», Moneo consolida su vocación en la primera madurez (19731981) al ser el autor del ayuntamiento de Logroño. Años más tarde no duda en señalar que el inmueble Arriba, edificio Urumea (19691973), una de las primeras obras de Rafael Monero, en San Sebastián. A la derecha, el arquitecto tudelano. / EFE / A. HEREDIA

conserva su valor «porque el edificio pretende no ser sólo una sede administrativa, sino jugar un papel en la fábrica urbana y se concibe como si fuese una plaza girada». Los saltos en su obra y en la repercusión de sus trabajos se fueron sucediendo a medida que transcurría el tiempo y ensayaba distintas propuestas urbanas. Y en ese devenir de construcciones destaca el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, «buscando una hermandad con las ruinas y escogiendo un sistema de construcción que recuerda al romano». Pocos años después llega el encargo del barón Thyssen. Moneo proyecta un museo en Madrid que albergará la colección de arte privada más importante del mundo. Otras obras significativas de un arquitecto que «tiene interés en hacer hablar a la ciudad y a la historia antes que a sí mismo», según explicó el comisario, Francisco González de Canales, son la

«Nunca he quedado satisfecho con una exposición mía», dice el arquitecto La muestra repasa las obras míticas del único premio Pritzker español ampliación del Museo del Prado, la estación del AVE de Atocha o la catedral de Los Ángeles «con el ábside orientado hacia el naciente, siguiendo patrones clásicos». La muestra, que permanecerá abierta hasta el mes de marzo e itinerará por varias capitales españolas, tiene la vocación de reivindicar el valor de la arquitectura. «Más ahora, cuando su valor está en entredicho», sostiene este gran creador.

Su hermana, Dulce Chacón, aquella autora de la memorable trilogía iniciada con Algún amor que no mate, le insistió en que escribiera una novela. Así fue como surgió La princesa india. Esta historia le sirvió «para dejarme atrapar por la magia de escribir y, sobre todo, para superar la pérdida de mi hermana». Eran hermanas gemelas. Parecidas por fuera, pero muy distintas por dentro. Inma se había dedicado hasta entonces a la docencia en la Facultad de Comunicación. Pero aquella obra fue el comienzo de una producción aún breve aunque coherente, como se aprecia en Mientras pueda pensarte (Planeta), la novela que acaba de publicar y que es mucho más que una historia sobre niños vendidos en la posguerra o madres en busca de su hijo (de ahí el título, basado en un poema, que dice: Mientras pueda pensarte/ no habrá olvido). Así recuerda Inma Chacón el origen de la novela. «Cuando estaba redactando Tiempo de arena, se descubrió una red de venta de niños en España, que estuvo actuando con impunidad desde los años 60 a los 90. Esa noticia me hizo investigar sobre el tema, porque no fue sólo durante la posguerra cuando se vendieron (incluso a plazos) a niños. Se cree que hubo casi 20.000 niños robados de mujeres republicanas en las cárceles franquistas».

Continuación natural Tiempo de arena, su obra anterior, quedó finalista del Premio Planeta del 2011, y es la continuación natural de Las filipinianas, una historia situada entre el siglo XIX y XX, que sucede entre Manila y España y donde hay muchos personajes, sobre todo mujeres. «Las mujeres, en mis novelas son, por lo general, personajes fuertes. Es esa mujer que arrastra un tremendo peso, tanto por el pasado como por las circunstancias, pero ese peso no la doblega, sino que acaba acostumbrándose a él y le hace mirar hacia adelante, firme, erguida. Mi madre fue un referente de ese tipo de mujer. Nos decía que había que empezar el día con ganas y había que mirar lo que nos puede aportar la vida». En Tiempo de arena da voz y vida a esas tres hermanas y una sobrina que se le quedaron colgando en la novela anterior, y comienza con que la protagonista, una mujer soltera y de buena familia, dice que busquen a sus hijos, esos que nadie sabía que existieran.


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