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AZIMUT Y EL CAMINO

Carlos Osorio Granado


Azimut y El Camino Carlos Osorio Granado cosoriogr@gmail.com Derechos Reservados © ISBN: 978-980-12-6845-1 Depósito legal: lf04120138003170 Portada: Carlos Osorio Granado Autoedición: Trotsky Vargas - Luis García Impresión: SignoS Ediciones y Comunicaciones, C.A. Valencia 2013 República Bolivariana de Venezuela


¿Qué dirección sigue un hombre que camina hacia la búsqueda de su ser a través de la creación? Azimut y El Camino, del poeta Carlos Osorio Granado, nos ofrenda un trabajo donde la sencillez e impecabilidad del lenguaje van de la mano con un profundo ahondamiento en las preguntas más esenciales del ser humano sobre su ruta en la vida. El esfuerzo por saberse vivo y dejarse tocar por la esencialidad de la naturaleza, el movimiento y el ritmo de la ciudad y sus habitantes luminosos y nocturnos, encuentran en Azimut, un lugar para la representación de las luchas interiores de su autor por encontrar su rumbo entre el silencio y el sueño. El Camino, segundo libro que completa esta obra, nos entrega un grupo de reflexiones acerca del trabajo poético, que en gran medida logran ilustrar la unidad y coherencia que deben existir tanto en la búsqueda de sí mismo, como en el refinamiento y cuestionamiento constante de un instrumento para el conocimiento y la expresión tan sustancial y vivo como la poesía. Azimut y El Camino, es un trabajo honesto, lleno de una profundidad poco lograda en la poesía actual. Un libro que no pretende nada más que la esencialidad que lo conforma, entregándonos una lectura llena de fuerza y esperanza, para continuar la dirección escogida por el peregrino, a través de la compleja cartografía de la vida y el trabajo por el desarrollo de su ser. Víctor Manuel Pinto


AZIMUT


Pero si en tanto voy pensando en ti, amigo, se retribuyen las pĂŠrdidas y los dolores terminan. William Shakespeare

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Al momento que el árbol se abre aparece la vida. Arriba la luz entre sus ramas el viento. Todo suena desde la más pequeña garganta y nada desafina.

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Ver de los cerros el surgimiento del sol, leve reposo al oído. Para alejar el sueño voy al encuentro de aquello que viene. Me estiro, en una respiración y tibio mi cuerpo recibe la vida.

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Las calles se han mojado, los pueblos navegan. El alma sabe a lluvia y se aleja vagando. Quedo solo de mĂ­. Y me lleva el agua sin aire ni peso. ÂżQuĂŠ me espera?

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Entregar mi vida a la vida, montarme en el caballo del tiempo. No perderme entre perfumes, hedores, golpes y caricias. Continuar sentado en el avance. Hacerme uno con el cuerpo.

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Es mi día, una línea hecha de pasos que bailan adelante y regresan dando vueltas y tumbos con momentos de vértigo y relámpagos sin lluvia. Que sólo la mañana tiene por amiga una luz transparente. Ya noche, se descuartiza el alma. A veces sin dolor, a veces duele.

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Un nido en la ventana sin madre ni crĂ­a. Es junio. TodavĂ­a llueve. Hay hongos y frutas nutriĂŠndolo todo. Sin embargo se siente la ausencia.

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La ciudad donde habito vive envuelta entre nubes y un velo de polvo que blanquea. Nada diferente a mi ciudad. La gente que frecuento, la gente que me habita. Aparece y se esfuma bajo un velo de sue単o que me ciega.

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A costa de darse espacio el vuelo alcanza la liviandad y el grito que proyecta consigue la distancia entre copa y copa. Nos vemos, nos sentamos, estamos y no permanecemos. Tan s贸lo si viera el rumbo para acercarse y no desviar la vista que nos se帽ala el cielo. La tarde.

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Sombras y agujeros de luz entre el verdor por donde cuela el canto de la vida. La expresi贸n de esta selva nos mantiene en un punto silente. Vibran los cuerpos hacia un cuerpo mayor, que hasta un 谩ngel baja a saciar su sed en la quebrada. Porque no nos ha visto.

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Ángel de la puerta, custodio de mis días, no soy lo que aparento creer ser. No sé por dónde acercárteme para que no te pierdas de vista frente a la dureza de mis gestos. ¿Será posible extenderte mis brazos cuando me miras desde los ojos del niño? y contigo respirar. ¿Será posible?

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Me dispuse a buscar una pregunta entre los pliegues que el dolor fruncía. Entretanto encontré flores y no he sabido qué hacer. Me dieron flores y ya. Están muertas.

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Nada más ver la generosidad de la flor para soñar en ella el espejo. Mirar la aspereza del campo refleja mi cara. Son los años, me digo. Y la muerte detrás, asomando me sigue. Sabe que la escucho.

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Padre, si estás ahí déjate bajar. No temas al ruido del vecindario que no conoce de nosotros.

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Resuena el aire cuando el hombre eleva su espalda. En sus pasos el ritmo es un salmo a sabiendas que en breve estarĂĄ de mano con la muerte. De la osadĂ­a de fe en la posibilidad de estar a vista de una mirada crecerĂĄ la fuerza de su intento.

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Camina por dentro la ilusión de ruido que se bebe a sí misma. Hasta que el ojo de subir a lo alto se pierde. Y en bajada es de noche. Bastaría quedarse en silencio pero no se sabe a quién callar. Cuando después siempre hay otro que dice y no dice. Y el cuerpo lo cree.

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El pecho es ancho para abarcarlo todo. Fragmentos de impureza se distinguen bajo la luz del ojo en lo profundo. Latido tras latido acompaĂąamos la marea, buscamos un lugar donde quedar. Presencia conjugando la condiciĂłn de pĂŠrdida y encuentro.

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Quien se convoca a reunirse consigo mismo debe saber que afuera un mundo llama, por lo creado y siempre reclamarĂ­a. Que basta una flor para sacarlo. O sentarse a escuchar desde un segundo lo eterno.

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La presencia del amigo en el cuerpo el ojo la guía en vertical y alumbra a quien se resiste. De a poco toda la información en cada célula enciende la burbuja y el tiempo es un túnel. Ya no son dos los que luchan. Es el encuentro de tres en uno solo.

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Es falta de respeto saberse el hijo, el padre, el marido, habiendo conocido la luz de las ma単anas que nos yergue y dejarnos caer, perdernos entre flores, libar el jugo de la muerte para persuadir al sue単o que debilite la carga de nuestro sufrimiento. Reptamos bajo la luna implorando al sol en la oscuridad.

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Creemos en el diablo. Mientras juramos temerlo le rendimos sumisión bajo los efectos de esa lengua que no para de hablar por nosotros. Nos lleva, nos lleva mostrándonos jardines, remansos y una vida plácida. Si invocamos el nombre de alguna deidad que salve él estará presente en su fulgor comiendo. Seremos arrancados si no rompemos ese yugo con valentía.

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Los malos no quieren ver a nadie sirviendo con reverencia a su SeĂąor. EstĂĄn hechos de espuma y baba. El asedio es su recurso. Mientras la noche los persigue a todas partes van. Comen, beben y pisotean sangre. Se apretujan en su propia oscuridad y sus palabras marchitan cuanto florece. El que se les acerca muere con ellos. El que se aleja resucita para reunirse con los que saben llevar hasta su vientre la luz y atrapar la bulla en el silencio.

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Recostados esperan presintiendo la vejez. Y el canto languidece en la garganta de un pĂĄjaro borrado por los gritos que no logran despejar los nubarrones. La eternidad de sus huesos era un sueĂąo. La pared ya no aguanta y se cae.

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Percibía la vida para morir llegado a la mayoría de edad. Pero el día rebosaba de sorpresas y formaba alegorías de algo como rumor. Por la oscuridad de sus ropas se hizo saber que el pasado deja al vacío aquello que se pierde.

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Qué aire trae la cara de la muerte para quien nunca dio, para el bandido. La mano despiadada, la expresión de temple del verdugo. Qué pétalo de luz y calor de familia toca el alma del hombre y lo separa. Cuando sus manos fueron jardineras no existe muerte que lo gane.

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Entre la luna y el sol va la tierra, el hombre la pulula sin saber a dónde deberá conducirse. La tempestad de ruidos lo contiene anidando tesoros, que apenas poseídos se hacen nada. O él mismo será nada, a no ser que este hombre se resguarde en el acto de buscar convertir sus palabras en silencio que toque la luz del camino.

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A dónde te llevaré por fin cuerpo que has albergado toda una carga ajena a nuestro propio signo con la resignación de un perro. Apenas por estos años me doy cuenta de tanta insensatez. Y es que estuve dormido, ausente de tu amistad sin límite.

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Tu nombre es la distancia que de ti me separa y de mí me aleja. Será esto lo que tengamos en común cuando me acerco al silencio de no saberme, de estar buscando quién sabe qué. Tu carga es el peso de aquello que soportas Y no te importa lo que tu cuerpo sabe.

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Si al tropezar con Él y lo abandonas bebe del agua la sola sensación de su caricia bajando muy adentro. O fuma, jugando con lo visible del aire que se quema desde la punta de tus dedos y sale a dibujar la danza que de tu pecho brota. Puede que haya lugar a más encuentros si en ti queda la pena de perderte luchando con el hambre de obedecer al grito que mudo no se muda ni se cansa de llamarte.

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TocarĂ­a la cara por dejarse sentir hasta las manos y volverse a la vida que se escapa. No serĂ­a insinuar apenas la existencia sino quedarse quieto ante el roce, el mayor latido de cada cosa en su expansiĂłn. Obligado pero nunca compulsivo ante las formas flotantes de la mente. Porque el miedo se ha ido y la puerta espera.

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EL CAMINO


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I La sensibilidad poética no es algo que nos pertenezca, tiene un precio pre-pago. En el proceso de aprendizaje, lo primero a educar es la atención. Una atención que lo vea todo, externa e internamente, sin juzgar nada. Es la lectura de nuestra propia vida, que no conocemos y nos resistimos a ver.

II Para poder contar con la atención requerida, hacen falta muchos años de entrenamiento y práctica de honestidad con sí mismo. No basta querer escribir poemas. Es prioridad reconocer la pobreza de nuestras facultades cubiertas de falsas atribuciones.

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III La cultura es algo adquirido, no pertenece a nuestra esencia, pero es fácil confundirse si no se toma en cuenta esa diferencia. Un poema sin esencia es bisutería.

IV El lenguaje es el andamio que intenta mantener en pie a la poesía, que no está en las palabras, sino entre ellas, silenciosa. Es tarea del lector alcanzar ese espacio.

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V Un poema no puede ser abordado como se lee todo lo escrito. Así que el lector de poesía debe entrenarse a recibir lo que el poema ofrece. El problema radica en el desconocimiento de esta realidad.

VI Los poetas deberían estar conscientes del daño ocasionado a los árboles para fabricar papel. Sólo un verdadero poema es una flor, un pétalo o una hoja.

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VII Definir la poesía. ¿Para qué? ¿Acaso los conceptos y definiciones nos lo harán más fácil? Nuestra tendencia a facilitar todo nos mantiene lejos de las montañas y caminos tortuosos que fortalecen nuestras piernas y ensanchan los pulmones.

VIII El loco se diferencia del poeta por estar perdido en la oscuridad creyendo que lo ve todo, mientras el poeta, que igualmente camina a oscuras, a tientas espera encontrar la luz.

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IX Los primeros poemas que leí me indicaron lo que era la poesía y me quedé confiado, preso en ellos. Si no tengo suerte estaré en el limbo. ¡Sólo Dios sabe hasta cuándo! En el mercado de la vanidad abundan los libros de poesía. ¿De poesía?

X El silencio es el atributo de una atención tranquila. Debemos dejarnos invadir por él, sin miedo. Es el retorno al origen del cual hablan las antiguas tradiciones.

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XI La buena poesía no es vocinglera. El espíritu humano se espanta ante la fanfarria. El que conoce el poder del silencio encuentra la sonoridad exacta.

XII El que hace zapatos es zapatero, el que construye muebles es carpintero, el que cuida el jardín jardinero, el que escribe poemas poeta. Sabemos lo que es un zapato, un mueble, un jardín. ¿Realmente sabemos qué es un poema?

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XIII Se me ocurren palabras bonitas. Es señal de que aún no estoy tranquilo. El poema sólo aparece cuando se da la conexión con ese algo misterioso que vive oculto de los depredadores que rondan. Cancerberos del ego.

XIV El poeta busca dentro de sí. No en su mente que está revuelta y agitada. Necesita encontrar un lugar tranquilo y silencioso desde donde viva la perplejidad de un recién nacido. Si permanece lo suficiente en ese nuevo estado, todo su ser le dará sorpresas y preguntas llenas de vida.

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XV El poema es un alimento, fruto de la paciencia abnegada del poeta. A la disposición del pasante.

XVI Los jóvenes tienen por ventaja su sed de Verdad. Aunque el poder de su vitalidad es engañoso cuando han sido enseñados a obtener una respuesta inmediata a sus preguntas esenciales, que con el tiempo serán sustituidas por creencias cómodas. Un poeta responsable no mata esas preguntas, las aviva.

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XVII El poema baja de lo Alto. ¿Quién está ahí para recibirlo? Una antena retorcida no capta la señal.

XVIII El idioma es la materia técnica, la sensibilidad estética es la formal. El corazón es la pluma.

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XIX La atención puesta en el presente recibe de inmediato impresiones que con frecuencia no apreciamos por estar sumergidos en nuestro automatismo mental y emocional que reduce a nulidad nuestra existencia. A menudo se tiende a confundir sentimiento con emoción o sentimentalismo, amor con apego, pensamiento con imaginación, autoestima con vanidad. Y otras tantas virtudes y dones que nos atribuimos sin preguntarnos a cerca de su autenticidad. La poesía, la verdadera poesía no admite engaño.

XX En el camino el poeta se encuentra en situaciones externas e internas que lo hacen vacilar como un péndulo. La satisfacción que acompaña a un poema terminado tiene que cesar antes de salir a la luz pública. Los aplausos y la aceptación general, así como el rechazo y la indiferencia no deberán turbar su espíritu. El verdadero sufrimiento o goce debe provenir de su conciencia.

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XXI Las modas y corrientes literarias pertenecen al momento y el lugar donde se originan. La poesĂ­a no se circunscribe a ninguna causa. EstĂĄ y permanece viva, presente en el tiempo sin tiempo.

XXII La asistencia al taller de poesĂ­a debe estar acompaĂąada de humildad. Una humildad sincera, sin botas e incondicional, pero, con los ojos abiertos.

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XXIII En la Naturaleza canta todo, hasta el silencio es música. El espíritu encuentra la mejor comida sin añadirle ningún aderezo. ¿Qué mejor libro para el alma?

XXIV Al revisar un texto que guardamos en reposo, a menudo ocurre que nos sentimos insatisfechos. Es el momento apropiado para preguntarnos: ¿Qué parte de nosotros no participó cuando lo escribíamos?

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XXV Es importante reconocer cuándo la retórica toma las riendas a nuestras expensas. Si estamos conectados con lo más auténtico de nosotros y con una verdadera necesidad de dar, a nuestro poema no deberá faltar ni sobrar nada.

XXVI El poeta es el constructor de un objeto de arte. Cada palabra debe formar parte de una arquitectura firme, equilibrada, capaz de producir una resonancia que se filtre en la presencia general del lector y sacudirlo del letargo en el que su vida ordinaria lo mantiene.

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XXVII Un poema debe mostrar algo para ver en nosotros mismos. Para seguirlo o evitarlo o deshacernos de ello. O quedarnos ahí contemplándolo.

XXVIII El alcance de la poesía depende del nivel de desarrollo del ser del poeta. Únicamente del ser y no del nivel cultural.

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XXIX El mayor sacrificio del poeta, debería ser, luchar por conocer su verdadera esencia. A riesgo, incluso, de dejar de escribir, para dedicarse a lo que ésta le indique.

XXX Cánsate de escribir como quieras; escribe, como debas.

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Índice Presentación ........................................................ 3 AZIMUT Al momento ................................................................. Ver de los cerros .......................................................... Las calles se han mojado ............................................ Entregar ........................................................................ Es mi día ....................................................................... Un nido en la ventana ................................................ La ciudad donde habito ............................................. A costa de darse espacio ............................................ Sombras ........................................................................ Ángel de la puerta........................................................ Me dispuse a buscar .................................................... Nada más ver ............................................................... Padre ............................................................................. Resuena el aire ............................................................. Camina por dentro ...................................................... El pecho es ancho ........................................................ Quien se convoca ........................................................ La presencia del amigo .............................................. Es falta de respeto saberse el hijo .............................. Creemos en el diablo .................................................. Los malos no quieren ver a nadie ............................ Recostados .................................................................... Percibía la vida ............................................................ Qué aire trae la cara de la muerte ............................. Entre la luna y el sol va la tierra ............................... A dónde te llevaré por fin .......................................... Tu nombre es la distancia .......................................... Si al tropezar con Él .................................................... Tocaría la cara por dejarse ......................................... EL CAMINO ................................................................

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AZIMUT Y EL CAMINO de Carlos Osorio Granado se termin贸 de imprimir en los talleres de SignoS Ediciones y Comunicaciones, C.A. en el mes de septiembre de 2013 en la ciudad de Valencia, Estado Carabobo - Venezuela

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Azimut y El Camino