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Conclusiones En el transcurso de la historia, se ha puesto en entredicho en multitud de ocasiones las funciones y los estilos de vida de las familias. Así pues, si atendemos a la definición que da Guiddens (2007) sobre la familia, se trata de un grupo de personas directamente ligadas por nexos de parentescos (lazos que se establecen entre los individuos mediante el matrimonio o por las líneas genealógicas que vinculan a familiares consanguíneos), cuyos miembros adultos asumen la responsabilidad del cuidado de los hijos. De esta manera, podemos percatarnos de distintas características que se encuentran intrínsecas en las relaciones familiares, como la inculcación de derechos y obligaciones relativos a la cooperación y la solidaridad, que ayudarán a los individuos a forjar su identidad y a la adquisición de su propia autonomía, facilitando en última instancia un ajuste psicosocial. Es precisamente esto, a lo que debemos atender si queremos analizar los distintos tipos de familias, y no tanto a los vínculos que las conforman. Así nos lo enunciaba Susan Golombok (2006: 184) “La estructura familiar influye en sí misma poco sobre el desarrollo psicológico de los niños. Lo que realmente importa es la calidad de vida familiar”. Del mismo modo, Golombok apunta una serie de factores relevantes que contribuyen a dicho bienestar, algunos de ellos son el apego de los padres con el hijo, que facilitarán la sensación de seguridad, la atención y los cuidados que presten, la impartición de disciplina combinada con cariño o la resolución de distintos conflictos sociales. Estos conflictos a los que Susan Golombok hace alusión (2006: 187 - 189), vienen a simular todas aquellas situaciones que se apartan de los estereotipos

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tradicionales que poseemos de la familia, y que aún la sociedad no ha interiorizado. Tal es el caso de las parejas homosexuales, los divorcios, la biogenética, las adopciones o

cualquier actividad que se extralimite de la idea concebida. De esta manera, no se requiere de un vínculo genético o una figura concreta para desarrollar la identidad de un individuo, lo que realmente se necesita es un equilibrio psicológico acompañado por un bienestar social y económico. Así pues, cuando estudiamos la familia como institución, dejamos esto al margen y nos centramos en los diversos roles y posiciones que conforman la estructura de la misma. Por esta razón suelen aparecer conceptos como “desfamiliarización” de Emiliano Lamo de Espinosa, que hace referencia a la “crisis de la familia tradicional”. Algunos de los cambios más importantes se han visto incrementados por la aparición del sistema capitalista y el Estado, que han repercutido principalmente en las actividades de la mujer, privando algunas funciones de la familia. De este modo aparecen nuevas posiciones y estilos de vida, cambiando el papel de los menores, surgiendo familias monoparentales o distanciándose el modelo patriarcal, donde la norma se encontraba impuesta por la autoridad (un adulto, el padre, la madre,…) Con todo ello, surge un nuevo concepto de familia moderna, distinta a la de años anteriores, pero no peor que esta. Se caracteriza por la libre elección del cónyuge, una mayor libertad de la mujer o el proteccionismo de los hijos. Este modelo reciente choca con la familia popularizada en la industria cinematográfica, donde se representan ideales. De igual forma, otro de los grandes pilares que fundamentan dicho cambio se encuentra relacionado con la infancia, es decir, el espacio socialmente construido para que lo habiten los niños en el que se produce el desarrollo infantil. Se trata del marco estructurado en el que interaccionan, generalmente de forma normativizada, los Tema 42 | Sociología de la familia y de la infancia


adultos y los niños. Así, si atendemos a lo reseñado por Iván Rodríguez (2007: 4), para realizar un análisis metódico y sistemático, tendremos que observar cómo ha evolucionado el papel social y las estructuras que reconocen a los niños, para lo cual

deberemos atender a distintos factores, como los condicionantes sociales, la permeabilidad de normas y valores entre generaciones o la relación entre estratificación social y educación (antiguamente la clase de la familia se establecía en función de la profesión del padre). Por este motivo, no es de extrañar que existan distintas teorías sociológicas que versen sobre la infancia, como la expuesta por Durkheim o Parsons que defienden la pasividad y la subordinación de los niños, o la de Mead o Berger que se vuelcan por la autonomía y la interacción de los mismos. Pero si cabe resaltar alguna de ellas es la psicogénesis, presentada por Freud, Erickson o Elías. En ella se establece un paralelismo entre el desarrollo histórico y social. Reflejándose el devenir histórico en el proceso de civilización, al igual que en la socialización. Con esta podremos entender como han sido tratados los niños a lo largo del tiempo, desde ser excluidos del concepto “ciudadano” en la Edad Antigua, pasando por la despreocupación e intercambio de los mismos como mercancía en la Edad Media, hasta encontrar su sitio en la familia a partir del futuro cristiano y ciudadano en la Edad Moderna, llegando en última instancia a considerarse una etapa fundamental en el ámbito educativo y sentimental. Gracias a ello podemos dilucidar las cuatro líneas de desarrollo de la sociología de la infancia que propone Pilotti, como el estudio del niño como un actor participante, la representación social de la infancia y la estructura de la misma, así como la intervención institucional sobre esta. De tal forma que podemos percatarnos como los niños varían de generación en generación, y lo hacen conjuntamente con los cambios que se producen en la sociedad. Por eso no es cuestión baladí el hecho de

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aventurarse a realizar una crítica sobre la validez de unos niños sobre otros, ya que estos dependen de la cohorte1 en la que se han criado.

1

Cohorte: grupo de personas de la misma edad que viven en un ambiente cultural y hechos históricos semejantes a lo largo de su crecimiento. (SHAFFER, D.R. y KIPP, K. 2007: 56)

Configuraciones escolares y éxito académico. Como ya contemplábamos en el segundo tema, la educación se encuentra condicionada por una serie de factores, reflejados gran parte de ellos en los estudios PISA (sexo, profesión de los padres, nacionalidad, renta,…). De esta manera distintos autores nos enunciaban algunas de las características que influían en la educación de un individuo. Así por ejemplo Bernstein apuntaba que la diferenciación en clases es fruto de la riqueza de códigos lingüísticos que posee un niño. Es por este motivo por lo que Joan Tough añadía que los alumnos procedentes de clases pudientes poseían una facilidad añadida en el colegio respecto a los de clases obreras. De igual modo, Paul Willis, a través del minucioso estudio a chicos de un colegio de Birmingham, mostraba la subcultura y el comportamiento de los “colegas” que se ampliaba al mundo laboral. Finalmente el sociólogo francés Bourdieu, diferenciaba distintos tipos de capital (económico, social, cultural, simbólico,…) que podían intercambiarse entre ellos, obteniendo así una estabilidad. Es precisamente aquí, según Bourdieu, donde las personas (desde niños) empiezan a deducir su futuro, aunque en algunos casos venga predispuesto. Paralelas a estas ideas, Lahire analiza el rendimiento escolar como producto entre el tipo de relaciones que genera la configuración familiar y las relaciones del ámbito escolar. Para ello remarca una serie de rasgos familiares que influyen directamente en el éxito académico de los alumnos. La lectura y la cultura escrita es uno de ellos, caracterizada no tanto por la existencia de libros en un hogar (que también), sino por la cotidianidad de su uso. Cuando la naturalidad de esta acción se Tema 44 | Sociología de la familia y de la infancia


encuentra inmersa en los hábitos familiares, este tipo de escritura es muy beneficiosa de cara a la escuela. Por otro lado, el éxito escolar es un logro fruto de un trabajo continuado, por lo que debemos evitar el placer y la satisfacción inmediata, promoviendo la pospuesta de lo gratificante, pese a ser más complejo. Del mismo modo, aquellos niños que han

experimentado una relación de poder (disciplina, obediencia,…) desde pequeños, presentarán menos resistencias emocionales que aquellos donde no se haya vivido una relación cotidiana con lo doméstico. Aun así, antes de valorar que individuos sobresalen en la sociedad, deberíamos examinar el término “éxito escolar” y lo que incumbe poseer este. Una vez lo hayamos analizado, comprenderemos que dicho reconocimiento proviene de la adopción de una actitud burocrática, donde la primacía reside en las calificaciones obtenidas y no tanto en las aptitudes y cualidades de los alumnos. Con ello, contemplamos una serie de “etiquetas” que la sociedad atribuye a distintas personas, pero que no tienen por qué seleccionar a los buenos, sólo marcan a los escolares mejor adaptados al sistema. Podemos concluir que un triunfo académico deriva en último lugar de la disponibilidad y el tiempo que dediquen los padres o tutores a los niños, la capacidad de delegar responsabilidades en ellos, la estabilidad económica de la familia o la naturalidad en la que los descendientes conviven con la cultura en sus hogares, en definitiva, si atendemos a lo enunciado por Lahire (1995: 84), “en la medida en que exista una homología entre los sistemas disciplinarios empleados en la familia y en la escuela, será más fácil que el estudiante se ajuste a ellos.”

Aplicación práctica Tema 45 | Sociología de la familia y de la infancia


Para que la convivencia de un grupo o una familia sea fructífera, es necesario conocer la estructura de la misma. Igual sucede con el sistema educativo. No se podrá llevar este a buen término si no se tiene constancia del funcionamiento y organización que implica. Por ello, como futuros docentes, tenemos que empezar a cambiar nuestra visión sobre él, de tal manera que sepamos insertar a todos los miembros que lo componen, desde los alumnos hasta sus respectivas familias.

Una de las principales funciones que posee un maestro es esa, incluir a todos sus chicos en el sistema, pero como ya hemos visto con anterioridad, existen ciertas predisposiciones que aventajan a distintos individuos sobre otros. Nuestro primer objetivo es rebasar esas fronteras e intentar facilitar la inserción a estos últimos, para lo que deberemos informarnos con antelación de las situaciones en las que se encuentran dichas familias.

De esta manera, un maestro, dado que es consciente de la realidad en la que se encuentra inmersa la clase, no puede desatender las deficiencias que presenta el sistema educativo, por el cual en ocasiones, como ya vimos en el tema pasado, los grupos más vulnerables de la sociedad no se encuentran acogidos. Es por este motivo, que las clases deben ser óptimas para todos los integrantes del grupo, y no exclusivamente para la mayoría.

Si queremos cambiar tal situación debemos remitirnos a la raíz de la problemática, que en este caso se encuentra en nuestras manos. La inculcación de un pensamiento crítico a nuestros alumnos, les permitirá abstraerse de la mentalidad que respiran en la sociedad, y muchas veces en sus propios hogares, cerciorándose así de los falsos estereotipos que establece la población.

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Finalmente, como ya hemos estudiado a lo largo del cuatrimestre, un docente debe encontrarse “con los pies en el mundo”, para lo que no podrá nunca dejar de formarse. Una buena visión sociológica, le ayudará a comprender las motivaciones que impulsan a sus alumnos, sus gustos, así como todo lo que les rodea, adaptándose a las nuevas metodologías que vayan surgiendo a lo largo de su trayectoria profesional.

Por todo ello, tener conciencia de las situaciones familiares (a través de tutorías personalizadas) y los estilos de vida actuales, debe ser una base sólida a la hora de configurar las clases.

Evaluación Tras el estudio del cuarto y último tema, comenzamos a vislumbrar las distintas aplicaciones que tiene la sociología en el mundo, ya no sólo en el ámbito escolar, sino en el personal. Esta vez, el estudio de la familia y la infancia se acerca quizá al campo que más interés nos suscita, dada la cercanía que posee con la escuela. Así pues, este mes de trabajo nos ha ayudado como siempre a desvincularnos de algunas ideas preconcebidas impuestas por la sociedad, como la “crisis de la familia”, “crisis de la infancia”, u otros tipos de cambios aparentemente perjudiciales para el entorno familiar. Por todo ello, el tema expuesto lo considero más que interesante para nuestra formación profesional, dado el carácter práctico que viene implícito en el mismo. Si bien es cierto que remarcaría nuevamente la profundización que hemos realizado tanto en la sociología de la familia como de la infancia, quedando un poco colgado la conclusión del tema, “la familia y la escuela”, que es lo que realmente nos debe interesar del contenido. A esto le hemos dedicado exclusivamente una hora de clase, repetición del trabajo autónomo realizado por el alumno. Aun así comprendo que si no se ha podido es por falta de tiempo. Tema 47 | Sociología de la familia y de la infancia


Respecto a la metodología empleada considero que hemos bajado un escalafón en el trabajo individual. Aunque nos ha facilitado la adaptación a las exigencias que el primer año de carrera presenta, nos hemos desvinculado por completo en este último tema, ciñéndonos exclusivamente a las lecturas planteadas por la profesora. De este modo, no hemos interiorizado tantos conceptos como en los meses pasados, y por consiguiente, al realizar estas conclusiones nos es más complejo buscar una base teórica. Finalmente, y pese a alguna hora perdida de clase por diversos motivos, se ha mejorado la involucración de los asistentes en las sesiones, gracias a los distintos debates que han podido surgir y se han planteado.

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