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Los Cuentos de Neiva, la Peluquera Carlos B. Delfante Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, sin embargo, aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida. Arthur Schnitzler

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Los Cuentos de Neiva, la Peluquera Las hablillas relatadas en la novela corta “Los Cuentos de Neiva, la Peluquera”, son una consumación de relatos de diversos episodios encarados por el ángulo del humor y que buscan representar los auténticos sucesos convencionales del ser humano, donde es posible verlos gravitar en las características de algunos de los personajes que la componen, transigiendo los hechos para que el lector rescate a través del humor, algunos viejos recuerdos que comúnmente sobrevienen en la mente del mismo con alegre evocación. Las anécdotas, puntualizadas y descritas sobre el ángulo de lo burlesco, de lo atolondrado, de lo cándido, consiente la manifestación de algunos procedimientos del

auténtico

muestrario

de

las

características

comportamentales de la sociedad, buscando demostrar que nuestro semejante es un producto de su propio medio.

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Basado en el cinismo, el descaro, la mofa, la envidia, la ironĂ­a y la desvergĂźenza de los personajes, son fruto de ellos mismos, y resultan como producto de las acciones de personas que existen en cualquier parte del orbe, o simplemente, significan una muestra de nuestro cotidiano.

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1 Finalmente, les digo que he tomado coraje y me he decidido por comenzar a escribir las memorias, o mejor dicho, el anecdotario de algunos de los hechos oportunos que me tocó vivir en mí día a día durante el ejercicio de mí negocio. Bueno, yo lo llamo de negocio, aunque sé que hay muchas envidiosas en mi barrio que les gusta llamarlo de cuchitril, espelunca, covacha de chismes; pero justamente a esas resentidas y mal paridas de mis vecinas, les tengo que decir muy altivamente, que no; no lo es, pues aquí no se practica la espeleología. Y en tiempo, informo para algunos profanos de sapiencia, que la espeleología es la ciencia que se dedica a estudiar la génesis y la evolución de las grutas y cavernas subterráneas… ¡Ufa! Esto es un salón de belleza. O por lo menos, pretendo que sea. Pero dejemos de lado a esas resentidas y sedientas de patrañas ya que, en verdad, debo advertirles que no hace mucho tiempo que lo tengo, pues lo instalé luego después que se murió el desgraciado de mi marido… Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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¡Que Dios lo tenga bien guardado en el infierno!, que es lugar exacto donde tendría que estar ahora, para ver si allí él va a poder reclamar por cualquier cosa. Pienso que de tanto intentar infiernizar y enfermarme la vida, lo más justo es que el alma de ese infeliz padezca en las tinieblas de averno una igual enmienda. Nada más justo que externar este deseo para un perseverante relapso y pecador. Bueno, les juro que si él no se moría, la que lo mataba era yo, aunque tuviese que ir a la cárcel por asesina y pudrirme el resto de la vida entre cuatro paredes. Siempre que lo evoco me viene ese rencor odioso, pero lo que pasa, es que Alfredo siempre me salía con ese tipo de escenas que me enervaban de la cabeza a los pies. Asimismo, no creo que lo hiciese o dijese porque no me quería, o simplemente por el placer de irritarme, pues ahora creo que era de mala leche, nomás. Él era de aquel tipo de hombre que adoran disminuir y triturar verbalmente a la esposa para sentirse un ser superior. Tenía una extremada calidad para ello, que me aterrorizaba.

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Tal vez al escribir estas cosas, usted piense que soy una despechada al tratar así al fallecido, pero para que usted vea como tengo razón, le voy a contar lo que me sucedió algunas semanas antes de que mi “querido Alfredo” se muriera. Como ya creo haberlo dicho antes y no importando que lo vuelva a repetir, yo siempre fui su compañera fiel, dedicada al hogar y a sus exigencias, tanto en las horas buenas como en las malas también, y nunca esperaba que en esos momentos de salud delicada, él me fuese a salir con una de sus cosas. Menos aun en el estado de salud crítico en que se encontraba. Lo cierto es que en aquel momento, Alfredo ya estaba en estado de coma. En realidad, él salió y entró en ese estado letárgico durante un par de meses y, aun así, yo hice cuestión de permanecer a su lado todos los días. Pero resulta que un día Alfredo se despertó y, meneando la mano con ese mismo tipo de movimiento leve, agónico que hacen los desfallecidos, me hizo una ligera señal para que me acercase hasta su cama y, con lágrimas en los ojos, me dijo: - ¿Sabes qué, Neiva? Hay momentos en que estoy lúcido y me pongo a pensar en silencio, -comenzó a exponerme con voz pausada, nasal, pastosa, más bien Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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por causa de la medicación y los tubos que tenía en la nariz. Enseguida, con los ojos lacrimosos clavados en mí, me sujetó la mano y agregó con tono anhelante: -Mujer, siempre has estado a mi lado en cada momento malo. -Está bien Alfredo, no comiences… Es mejor que descanses, -le dije como para conformarlo, al momento que le pasé mi mano libre sobre la frente arrugada. Él hizo un movimiento con la mano para que me callase, y le obedecí, porque entiendo que el pedido de un moribundo nunca se puede negar, pasando a acatar su solicitación por un sentimiento altruismo y compasión, no fuese a ser que nunca más escuchase otra vez sus palabras. Fue ahí que él comenzó a balbucear: -¿Te acuerdas, Neiva? Aquella vez cuando fui despedido del trabajo…, fuiste tú quien me dio ánimo… -Expresó con melancolía, y prosiguió: -Cuando mi negocio quebró, tú siempre estuviste ahí… -La noche en que me balearon, permaneciste firme a mi lado…

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Hizo una pausa como para poder llenar de aire sus pulmones ya bastante debilitados, y reanudó: -Cuando perdimos la casa, te quedaste aquí mismo junto a mí... En ese momento quise murmurar alguna disculpa, más bien por causa de estar sintiendo la invasión de un cierto remordimiento por todos los momentos de aborrecimiento y mortificación que me había hecho pasar durante el tiempo que duró nuestro casamiento. En ese instante, juro que yo pensé para mi: Pobre, debe estar súper arrepentido…, bueno, antes tarde de que nunca-. Pero sus nuevas palabras me sacaron de mi devaneo, al escucharlo pronunciar con esfuerzo: -Cuando mi salud empezó a decaer, Neiva, tu estabas ahí mismo, a mi lado. -¿Sabes qué, Neiva? -volvió a repetir, ahora enarcando las cejas. -¿Qué, querido?, -le pregunté esbozando un leve sonriso de piedad, a medida que mi corazón se llenaba de ternura... Claro, ustedes ni se pueden imaginar lo que este desgraciado me dijo antes de caer nuevamente en otro de sus largos estados de coma. La verdad es que yo tampoco Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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me lo esperaba. En todo caso, sinceramente, yo pensaba que al ver acercarse la hora de su muerte, Alfredo, lo que buscaba y pretendía con la tierna confesión y reconocimiento de mi dedicación por él, era ajustar las cuentas con Dios para quizás así poder salvarse de un seguro furo en el infierno. Mero engaño mio, pues como quien busca fuerzas en el más allá, por primera vez desde el inicio de la conversación, me habló con total claridad: -¡Creo vos que me traes mala suerte…, la reputa madre que te parió...! Está Bien. Desde ya les doy las gracias a ustedes porque sé que ahora estarán dándome la razón cuando les expongo todo el rencor que siento por él, y obviamente concordarán conmigo que no es para menos. Pero me disculpen, al final yo me dejo llevar por la inquina dando rienda suelta a la lengua, y por eso termino hablando lo que no debo, pues el maldito ya no cuenta, y tampoco hace más parte de este mundo… Ya fue tarde, desgraciado. De la misma forma, mismo sin sentir piedad por su alma, pienso que no puedo maldecirlo mucho, pues en conclusión de su partida, es que pude juntar unos pesitos con la venta de aquella cascarria vieja de cuatro ruedas Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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que él tanto insistía en querer llamarla de automóvil, y, en el garaje que quedó vacío después que lo pasé a los cobres, es que en realidad pude instalar mi saloncito. Claro que de mi, ese miserable no se puede quejar, ya que lo cuidé y lo respeté hasta el último minuto. Digo bien, pues fue el último de él, pero el primero de mi libertad, del rescate de mi independencia conyugal. Han de imaginarse que así que sus huesos enfriaron, -un poquito nada más-, no perdí la oportunidad en querer experimentar los fenómenos del amor carnal. Si es que me entienden. ¡Ojo! Tampoco fui una descocada, vulgar, desvergonzada o cosa que valga. En realidad, me refiero a que aproveché casi todas las oportunidades que se cruzaron en mi camino para explorar al máximo las proverbiales y mitológicas artes de lo amatorio y sensual, sin necesidad de entregarme a cualquier incansable efebo o de me promiscuar con cualquier hombre que apareciese en mi frente. No quiero que crean que yo soy una de esas que están siempre desesperadas por acostarse con un buen macho en la cama, sin darse cuenta que al proceder así, al final de cuentas se comportan como unas viejas desequilibradas del sexo. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Para que me conozcan un poco más, he de agregar que soy una mujer común y corriente, de mediana

edad,

y

resultado

de

una

producción

independiente de los carnavales de fines de la década del 70, cuando una de esas noches -o todas-, mi madre se perdió por el arlequín de una comparsa que pasó por su pueblo. Posteriormente, al ir creciendo en aquel caserío de mala muerte, terminé por colgar mis estudios en el secundario, justo en el momento en que una extraña picazón comenzaba a hervirme la sangre -y otras partespor el finado Alfredo. Creo que en aquella época él se dedicaba a vender no sé que cosa, pero al ser tan galante conmigo, me conquistó, y sin perder mucho tiempo con un noviazgo desnecesario, entonces nos casamos… ¡Que equivocada estaba, gente! Hoy, ya cuarentona y viuda, siento que todavía tengo todo en su lugar. Aún no soy de aquellas que hacen eco a la teoría de Newton, ya que las carnes no se me han caído, y los pechos… bueno, eso sólo un poquito, y bueno, además tengo un maldito juanete en el pie derecho… El resto, está todo en los conformes.

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Bastó hablar de pechos, que eso me trae a la memoria un cierto día cuando me estaba probando un corpiño nuevo en la trastienda del salón. De repente apareció allí la envidiosa de Esther, que al vérmelos sueltos y desprotegidos, se le ocurrió decirme que me cuidase, porque yo iba a tener con mis pechos, el mismo problema que su abuela. -¿Que tenía tu abuela? -le pregunté medio encrespada. -Ella tenía pecho en el pecho… Me di vuelta y la miré haciendo una careta de asombro, porque en realidad yo no entendí lo que ella me quiso decir con aquello, pero sin perder tiempo y, cortándole la palabra, intenté averiguar que enfermedad era aquella. -¿Y se puede saber que cuernos es eso, mujer? pronuncié con el ceño fruncido y fulminándola con los ojos que ni quien tira con furor un par de dardos al albo. -No era una enfermedad… -pronunció-. Lo que ella tenía era pecho en el pecho… del pie. -Me respondió dando una carcajada. -Sino te cuidas, Neiva, te vas a poner igualita a ella. Luego, luego te van a tocar el ombligo, -agregó con aquel tipo de entonación maliciosa, un ejemplo de voz Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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proveniente sólo de mujeres desesperadas y de mal con el cuerpo que Dios le dio, dejando que la envidia y el rencor les carcoman las entrañas. -¡La boca se te haga a un lado, víbora! Vos decís eso porque los tuyos brillan por la ausencia. -Gruñí con un sonriso irónico estampado en mis labios, al momento que yo me los cubría con el nuevo corpiño. No fuese a ser que ella me lanzase un mal de ojo…, mujer resentida y envidiosa. Si mal no la recuerdo, Esther siempre había sido lisa como una tabla de planchar, permitiendo que su defecto anatómico se evadiese a través de la envidia que le brotaba por los poros, justo cuando alguna otra mujer pechugona a su frente hacia alarde a sus desmesurados atributos femeninos. -A vos, lo que te gusta, es sembrar cizaña, manifesté medio iracunda. -¿Por qué no te los operás y te pones un par de buenas siliconas? Te ibas a sentir magnífica, -agregué con aquel sonriso irónico que todos conocen, como si fuese una sugestión disimulada, mismo sabiendo que la pobre de Esther no tenía un mango sobrando ni para jugárselo a la quiniela.

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Recuerdo que en ese momento ella ni me contestó. Se dio media vuelta y salió antes de dar un portazo tras de sí, furiosa y posesa. Pero que podía hacer yo, si quien comenzó el altercado fue ella, con sus comentarios agoreros que ni madame de Tarot con sus estrafalarias previsiones. Dejando esos recuerdos de lado y volviendo a lo que tenía entre las líneas de mi pensamiento, les decía que a veces me gustaba tirar una cana al aire con algún hombre apuesto que me convidaba para salir, curtir un cinema, una cena frugal, o estirar la noche del sábado bailando en algún club. Cuando digo “cana al aire”, lo hago en un sentido figurado, pues mismo que a mi edad en mi pelo ya pintasen bastantes entrecanas, no las dejó relucir al sol, ya que rápidamente les aplicó una mano de tintura. Al final de cuentas, la peluquera soy yo. En principio, también es bueno aclarar que creo que mi actitud se debía mucho más al deseo de querer soslayar aquel incendio interior que me hacía hervir las venas, que por la necesidad de tener que aguantar otro hombre a mi lado. Pero en realidad, he de confesarles que mi propuesta no es hablar de mí… ¡Llega! Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Mi intención aquí es registrar algunas historias y legendas provenientes de los cuentos que me hicieron mis clientas mientras estaban en el salón. Así que vamos a eso…

2 Quien ya tuvo la oportunidad de concurrir a una peluquería de mujeres, sabe que el ambiente allí es de lo más desinhibido. En ella se habla y se cuenta sobre la vida de todos los seres habidos y por haber, donde se chismea a las anchas sobre parientes, amigos, conocidos y vecinos, sin esbozar ningún pudor ni ponerse colorado. Y uno quiera o no, parece que en todo salón de belleza es igual ya que en ellos existe un aurea propicia para que el mujerío que concurre suelte la lengua y despotrique a voluntad contra hijos, maridos, amantes, parentela o de quien quiera que le toque caer en su red de intrigas y enredos. Allí siempre hay alguien dispuesto a relatar una historia a ser contada mientras se mata el tiempo de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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espera. Algunos clientes más recatados y pudorosos, con disimulo, paran sus orejas para solamente escuchar, y se mantienen callados sin emitir su opinión, o a lo máximo, emiten un: ¡Aja! ¡Oh! ¡Mmmm! indiferente, pero siempre manteniéndose

atentos

y codiciosos

por

enterarse de los detalles. No en tanto, la gran mayoría, parecería que lo hacen adrede, y que se guardan los chismes y las patrañas para el día en que les toca venir al salón. Siempre tienen algo guardado para decir. Siempre saben lo que le pasó a fulano o mengano, y lo cuentan con tanto entusiasmo y frenesí, que dan a entender que ellas mismas estuvieron presentes mientras se desarrolló el hecho que narran. Sin guardar ningún pudor, el mujerío demuestra un enorme placer en exponer abiertamente sus jácaras. Y del lenguaje utilizado, mejor ni les digo. Sus bocas no parecen bocas, parecen cloacas o albañales, tal es la bajeza del lenguaje

con que a veces exponen

efusivamente sus diatribas. También

estaban

las

moderadas,

o

las

descocadas al extremo, o hasta algunas un poco más atrevidas que otras, pero sin quitar y poner, a todas les gustaba soltar la lengua de lo lindo, no importando cual Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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era la clase social a que pertenecieran, su nivel de escolaridad, su estado conyugal, o lo que fuer que las clasificase. Cuando el asunto eran los chismes, todas se nivelaban por igual… Para abajo. Pero en fin, así es el ser humano. Por eso dicen que cuando los del mismo reino se juntan por algún motivo, no falta aquel que, por necesidad de aparecer o demostrar que es superior a los otros, da inicio a los relatos de sus aventuras, para luego otros pasar a imitarlo y hablar de ellos mismos o de los otros. Obviamente que al escribir, no pretendo guardar una cronología correcta sobre los hechos que presencié durante todo ese tiempo. Los relataré de acuerdo como ellos surjan en mi memoria, pues es normal que un caso haga reflotar a otros similares o que ellos estén atados por alguna similitud o familiaridad. Eso sí, les prometo mantenerme fiel a la verdad de acuerdo como la escuché. Para comenzar, elegí narrarles lo que doña Clara, la mujer del mecánico de la otra cuadra me contó un cierto día que llegó posesa al salón y, no bien se sentó, empezó a hablar en tono iracundo y con el rostro colorado de rabia: -Juro que si yo les cuento lo que el anormal de mi marido hizo, ustedes no me lo van a creer, -pronunció Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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sin dirigirse a nadie en particular, pero loca para que alguna otra le preguntase lo que había sucedido. -Si es por el estado en que estás, supongo que debe haber sido algo muy malo, -expresó una vecina que vive casi a media cuadra de doña Clara, y que en ese momento estaba con la cabeza metida en el secador. -¡Terrorífico!, -bufó Clara-, y cuando lo hizo, a mi me dieron ganas de matarlo, -agregó con voz de inquina. -Entonces dale, mujer, desembucha ya, que nos tenés a todas en ascuas. -incentivó otra de las presentes. -Ustedes saben, -empezó a decir doña Clara con voz canora-, que estos tres mal paridos, todos los jueves hacen un asadito en la parrilla del taller… -¿A quienes te referís, Clara? -interrumpí mientras estaba haciendo una escoba en la cabeza de otra parroquiana. Curiosa, pues en verdad, lo que yo quería era que ella le diese nombre a los bueyes. -Estoy hablando de mi marido, del tano del almacén y del carnicero de la otra cuadra. -Describió ella, para agregar luego a seguir cuando se percató que todas estaban atentas a su relato: -Hace años que ellos se juntan para jugar a la baraja, tomar unas copas, comer un asadito y contar Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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mentiras, que, como ustedes saben, parecería que es lo único que los hombres saben hacer… Contar ventajas. Al pronunciar su sentencia, se escuchó como un sonido de ronroneo en el ambiente. No era nada más que la precisa concordancia de las presentes queriendo apoyar el comentario escuchado. -Como unas dos horas después de, dale caña y vino al buche, -prosiguió diciendo Clara sin tirar los ojos que tenía clavados en sus uñas-, se la pasaron todo el tiempo hablando de futbol, de política, de como van sus comercios y de la inflación… De repente, me pareció que ya sin un tema especifico para conversar y queriendo dar una de entendidos, escuché que alguno de ellos propuso hablar sobre lo que habían hecho la noche anterior. -¿Allí en tu casa? -pregunté como quién no quiere nada. -No, se referían a lo que cada uno de ellos había hecho por su cuenta en la noche anterior con sus respectivas mujeres… Fue un coro de ¡ahhh!, ¡ohhh!, que no amedrentó el ánimo de Clara, que a continuación carraspeó para aclarar la garganta, y largó el verbo:

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-En un determinado momento, el tano del almacén comenzó a contar sus propias aventuras, y les dice riéndose: -Anoche, utilizando un aceite de oliva finísimo, le di unos masajes a mi esposa en todo el cuerpo… Después, los dos hicimos el amor apasionadamente y la hice gritar durante 5 minutos sin parar. Demás está decir que en ese momento no hubo un coro equivalente, pues las expresiones escuchadas en el salón se confundían desde el espanto a la risa hilarante, mientras las miradas se cruzaban velozmente entre todas las mujeres. Nadie se animó a interrumpir el relato de Clara, así que esta continuó diciendo: -El carnicero, para no quedarse atrás, aprovechó para contar su propia historia y les confiesa: -¡Fíjense! Yo, anoche, le di masajes a mi mujer en todo el cuerpo con un aceite afrodisíaco muy especial… y luego, hicimos el amor. Me acuerdo que la hice gritar durante más de 15 minutos seguidos. -¿No

me

digas?

-comentó

una-,

¡Qué

degenerado! -agregó otra, mientras se siguieron por algunos minutos, atrás de los intercambios de miradas, a escucharse otras interpretaciones de espanto, admiración y repugnancia. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¿Por acaso él no dijo que marca de aceite era? Quiso saber la Beba, una pobre mujer que deliraba en devaneos amorosos y, de lejos, se veía que en su casa los efluvios del amor hacía bastante tiempo que brillaban por su ausencia. -¡No! No lo dijo, y ni quiero saber tampoco cual era, -protestó doña Clara con voz irritada, genio poseso y cachetes al rojo vivo. -¿Y se puede saber lo que les dijo tu marido? interrumpió otra de las mujeres, loca de chismosa para saber de la vida íntima de Clara. -Bueno, hasta ese instante yo estaba parada atrás de la cortina de la cocina, oído atento a las bajezas que ellos hablaban, pues con lo escuchado hasta ese momento, me interesaba saber con cual historia descabellada iba a salir mi marido. Me puse a cavilar que, dependiendo lo que él les dijese, necesitaba calcular con que cara yo tendría mostrarme después en la carnicería o en el almacén. -Tenés razón, Clara, -manifesté en concordancia con su raciocinio. En ese momento, a la que todos le dicen la Polaca, por ser rubia de nacimiento, algo medio difícil hoy en día, se pone de pie e intima a Clara diciéndole: Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Nena, terminá de una vez la historia que yo me tengo que ir. Hazme el favor, que no me quiero perder ese emocionante final, por nada. Doña Clara abre los ojos desmesuradamente, como si saliese de un letargo o despertase de un coma profundo, y manda ver: -Entonces fue la vez de mi marido que, aprovechando la ocasión, se puso de pie y los mira a los dos para decirles muy serio: -¡Eso no es nada, hombres! En verdad, yo, anoche, le di unos cuantos masajes a mi esposa usando una mantequilla especial de búfala. Después, le acaricié todo el cuerpo con la mano embadurnada de mantequilla, y a seguir hicimos el amor… La hice gritar durante dos horas seguidas. -Contó con la fisonomía seria. -¿Es verdad? -fue el coro que se hoyó retumbar unísono por las paredes. -Que quieren que les diga, sólo sé que en ese momento el tano y el carnicero lo miraron asombrados, y le preguntaron: -¿Dos horas, Manuel? ¡Qué fenómeno! ¿Y cómo hiciste para que ella gritara durante 2 horas seguidas?

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-¡A la pucha, Clara! Así que te las matás de callada y nunca nos contaste nada, ¡Eh! -declamaron dos o tres de las escuchas. -Ta bien, no importa, -interrumpió la Polaca-, yo quiero saber lo que tu marido les respondió, -preguntó ella. -¿Saben lo que les dijo? ¿Saben?... Él los miró serio y anunció: -¡Bueno! Es que ella gritó durante dos horas seguidas, porque yo me limpié las manos en las cortinas.

3 Al pasar la vista por las páginas anteriores pretendiendo revisar todo lo escrito hasta el momento, tengo la nítida sensación de que, inadvertidamente, he cometido un tropiezo bastante grave. Creo que en mi mensaje, estoy pasando un sentimiento de que yo sufro de misoginia, de racismo o de xenofobia contra los hombres. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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A pesar de que así lo parezca, esa actitud sería imposible de mi parte, pues entiendo que el padecer de ese tipo de emoción engloba una serie de actitudes y sentimientos negativos con relación variablemente inclinada a la antipatía, al desprecio, al preconcepto, la aversión y el miedo irracional contra los dichos machos pensantes de dos patas… Aclaro que eso no tiene nada que ver conmigo. La homofobia, o como quiere que esa enfermedad se llame, es observada como siendo un comportamiento crítico y hostil contra otro ser humano, así

también

como

el

direccionamiento hacía

la

discriminación y la violencia con base en una percepción de orientación no heterosexual, que, como imagino que todos ya lo sepan, es lo que se intitula lo relativo a una relación erótica entre individuos de la misma especie pero de diferentes sexos. Claro que no pretendo mencionarlo en tono de disculpa, pero comprendo que lo que he escrito debe trasmitir al lector ese tipo de sufrimiento o achaque por parte de mi, pero nada más es que el entusiasmo por ponerme a escribir lo primero que me vino a la cabeza, y no tengo la culpa que justamente coincidió con los acaecimiento de mi fallecido marido y la historia que un Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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día

nos

contó

Clara.

Realmente,

es

una

pura

concomitancia de asuntos. Nada más. En verdad, cuando reflexioné y especulé sobre la intención de querer trasmitirles los hechos que presencié, tomé como propósito de hablar de todos, sean estos hombres o mujeres, jóvenes o viejos, sanos o enfermos, inteligentes o burros, y de todas las otras categorías en las cuales se enumeran y clasifican los seres humanos que, por diversas circunstancias, nos guste o no, es con quien nos toca convivir. Y así, buscando redimirme de tal falla, intentaré trasmitirles una historia que ocurrió con doña Segovia, una tierna y piadosa abuelita muy coqueta que para nada manifestaba esa sensación de laxitud que suele acompañar la vejez de las personas, y a quien en realidad le gustaba hacerse las uñas seguidamente, maquillarse con un toque de polvo en el rostro y carmín en los labios y,

principalmente,

pintarse

las

canas

usando

infaliblemente el azul, lo que cambiaba el tono ceniciento de sus cabellos totalmente blancos por un cerúleo platinado que, por señal, en mi simple opinión de peluquera, le sentaba muy bien en su rostro. Pues bien, resulta que doña Segovia, asidua cliente de mi salón, últimamente venía sufriendo de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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agudas crisis digestivas y, al verla tolerar pacientemente su malestar, todas las que tuvimos oportunidad de convivir con ella, ya preocupadas por su salud -y la nuestra-, le aconsejamos que perdiese el miedo de ver a un médico, y marcase de una vez, hora para ver un gastroenterólogo. Resulta que la tarde que volvió de la primera vista a su médico, doña Segovia pasó por le salón para contarnos la novedad. Estaba sumamente contenta, nos explicó, porque todo indicaba que su malestar no era grave conforme

prescribía la recomendación del

especialista. Pero no quiero adelantarme a su narración pretendiendo atenerme a su relato, pues parece que ese determinado día, la abuela había ido a visitar al tal doctor, y ya estando en su consultorio, le dijo: -Doctor, la verdad es que lo vine a ver porque tengo un desmedido problema de gases, pero en realidad, a mi eso no me molesta mucho. Principalmente, porque mis peditos nunca huelen y siempre son muy calladitos. -Muy bien abuela. Necesito hacerle unas preguntas algo puntuales. Dígame: ¿Con qué frecuencia le ocurre tal malestar? –le preguntó el doctor.

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-¡Bueno, yo diría que lo he estado haciendo muy seguido!

Algunos

días

más

que

otros,

pero

invariablemente, siempre, doctor. El facultativo, antes de emitir un comentario definitivo al respecto, le pidió a doña Segovia que se lo explicara con un poco más de detalles. Entonces la viejita le contestó: -De hecho, para que usted vea, ya me he tirado como 20 peditos en su consultorio, y todo desde que yo entré por aquella puerta… -dijo, indicando con la mano la puerta del consultorio. -¡Ahá!

-murmuró

el

médico,

siempre

manteniendo un característico estoicismo estampado en un rostro de piedra. -Usted, probablemente no se ha dado cuenta, doctor, porque no huelen ni suenan, -comentó la abuela con su inconfundible voz susceptible, como queriendo disculparse de su equivocada actitud y explicar mejor como eran sus síntomas. El doctor se queda mirándola con las manos apoyadas en su escritorio, y después de pensar por algunos segundos, le contesta: -¡Ya veo, abuela! Pero hágame el favor, tome estas pastillas antes de dormir, y vuelva a visitarme la Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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próxima semana. Vamos ver como es que usted reacciona con este tratamiento que le receté… -notició el doctor. -Pero doña Segovia, ¡que alegría me da! expresé risueña después de mantenerme atenta y silenciosa mientras escuchaba su historia, mismo que en el fondo de mi mente yo sintiese recelo sobre la prescripción de un tratamiento tan simple para su aventajado problema, pero no dejé que mi fisonomía traspareciese el tamaño de mi desconfianza. -Bueno, muchacha, -exteriorizó la abuela con rostro jovial-, esperemos para ver si todo se arregla con estas escuetas pastillitas… ¿No te parece? -preguntando, quien sabe, como si estuviese en busca de un apoyo o confianza honesta. -Claro, doña Segovia, -expresé con un sonriso en los labios-, -si el médico se las recetó, es porque con ellas encontrará la solución de su problema, y usted no necesita preocuparse buscando otras complicaciones. Verá que la próxima semana usted ya estará mejor. Manifesté con entonación complaciente, usando palabras que buscasen trasmitirle ánimo, a la vez que yo me sentía satisfecha

por

ella

haber

atendido

nuestras

recomendaciones y visitado de una vez un médico. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Está bien m´hija, me voy, que tengo que pasar por la farmacia… Chau para ustedes, -dijo al momento que enderezó sus pasos para el lado de su casa y me saludó haciendo adiós con la mano. Esa semana no volví a verla en el salón, y a decir verdad, ya ni me acordaba más de lo que ella me había contado, pero parece que los días se pasaron volando hasta el momento que la vi entrar en la peluquería -¡Hola, doña Segovia! ¿Viene a marcar hora, o necesita que la atienda de urgencia? -expresé solicita, tal vez con un dejo de sorpresa en mi rostro por verla aparecer sin avisar. -No, muchacha, recién vengo del médico, manifestó seria, con el semblante circunspecto como si algo le agobiase el alma. -¡Ah! Que bueno. ¿Y dígame, como le fue? -La verdad es que tomé las pastillas que él me recetó y, pasada la semana, regresé al consultorio conforme él me lo había pedido. -Entonces, siéntese un poco y me cuente como le fue, abuela,- ordené, loca para enterarme de como le había ido con el doctor…, de puro chusma, nomás.

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Fue la vez de doña Segovia decir: -Cuando me atendió, el médico me preguntó: ¡Mejoró, abuela! -Yo lo miré un poco aturdida y le respondí: ¡Doctor, yo no sé qué diablos usted me dio para tomar! -¿Por qué, abuela? ¿Las pastillas no resolvieron su problema? - No se decirle, porque mis pedos continúan siendo silenciosos, pero resulta que ahora, estos huelen terriblemente, tanto es así, que hay veces que quiero vomitar de asco. Es un olor insoportable. En ese instante, yo y las pocas clientas que estaban conmigo en el salón, la miramos de refilón y nos cruzamos las miradas entre nosotras, percibiéndonos un tanto sorprendidas por el contexto de su revelación. -¿Y que fue que el doctor halló de su explicación, abuela? -alguna de las presentes atinó a preguntar. -¿Lo que él me dijo? No me lo van a creer. Si lo digo, no me lo creerá nadie. -expresó doña Segovia, contorciendo la cara en una mueca de mortificación. -No debe ser nada grave, sino el médico ya la hubiese encaminado para que le realizaran estudios más completos… ¿O me engaño, abuela? -dije en tono apaciguador. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Bueno, ni si ni no, porque cuando le conté que ahora mis peditos tenían un olor insoportable, sin que se le moviese un músculo de su rostro, el doctor me contesta: -¡Qué bueno, abuela! Entonces, como ya logramos curar su sinusitis, doña Segovia, ¡ahora nos concentremos en la infección de sus oídos!

4 Cuanto más pienso sobre los casos que pretendo relatarles, no se apuntar correctamente cuales de las personas que estaban circundadas en ellos, eran las peores, si los sujetos más entrados en años o los jóvenes indómitos. Sospecho que no debe existir una regla justa que sirva para medir por igual esas incongruencias de comportamiento de ciertas de mis clientas, o yo no la conozco, pero el caso es que a mi peluquería concurría todo tipo de espécimen andante sin atenerse a un molde

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específico, tal era el tamaño de sus insensateces. Y eso es lo que me confunde un poco. Menciono esto, porque mi intención ahora es contarles lo que un día nos dijo Cristina, una jovenzuela recién salida de la cáscara pero que ya andaba con el cuentakilómetros a mil, si es que me entienden. Realmente no puedo decir lo que se pasa en sus cabecitas huecas, pero veo que esta juventud de hoy en día es imprudente, irreflexiva, indeliberada y espontánea demás para las cosas del amor, y estupefactos, vemos que ellos se comportan como si el mundo se fuese a terminar mañana tal es el desenfreno de sus episodios amorosos. En fin, filosofar no llena la barriga de nadie, pero mismo así algunas veces caigo en ese estado analítico y queriendo encontrarle pelos a la lengua, por eso, lo mejor es dejarme de tanta lenga-lenga y hacer como los dermatólogos: ir directo al grano… Y a eso voy. Al principio, cuando ella, Cristina, comenzó a venir al salón, tenía una carita de mosquita muerta, flacucha, alta y estirada que ni fideo, o como dirían algunos, más flaca y larga que mapa de Chile. Al inicio poco hablaba y nada comentaba, pero creo que fueron las Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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malas juntas en el liceo lo que la despabiló, y al echar cuerpo de mujer, de unos tiempos para acá siempre tiene una historia envolviendo alguno de sus dragones o noviecitos. Esta nena no tiene ni cara ni cuerpo de miss, pero por la forma que se las rebusca, pienso que debe tener buenos atributos escondidos debajo de la pollera, o de los vaqueros, que es como se viste la muchachada de hoy. Tampoco quiero denegrir la imagen de esta chica, no por remordimiento, claro que no, pero tampoco quiero ser la culpable de que su madre se entere de sus andanzas y tenga un sincope por causa mía. Salvo está, que sus padres sean muy liberales y acepten que Cristina sea una aspirante puntual en el movimiento por la liberación femenina... Vaya uno a saber, igualmente pienso que a lo mejor cambiaron aquel viejo adagio que indicaba: “Más vale un pájaro en la mano que…”, y las chicas de hoy lo interpretan diferente, diciendo: “Más vale la mano en el pájaro ajeno que…”. ¿No es de dudarlo? En este caso los chicos tampoco se quedan atrás, no, porque los muy católicos o no, deben andar cuestionándose que: si María concibió sin pecar…, ¿por Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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qué sus noviecitas no pueden pecar sin concebir? Y tratándose de un asunto tan delicado, quien sabe sus cabecitas afectadas no deban de estar llenas de pura incertidumbre. Esta es una duda que me carcome los sesos, porque ellos no quieren entender que después siempre será tarde para lamentarlo, ya que el amor es como un lazo, que por más vueltas que le des, siempre termina en la argolla. Y al tocar en este punto, recuerdo que una amiga mía siempre me decía: -¡Cuidado Neiva, el amor es como cualquier enfermedad… siempre terminas en la cama! Por lo que muchas veces escucho conversar en el salón, la mayoría piensa que la juventud de hoy se comporta diferente, que sus valores morales están alterados, que desprecian la integridad, repudian la decencia que nuestras madres y abuelas nos enseñaron, y todo se ha transformado rápidamente en un “viva la Pepa”… Que se yo, me da lo que pensar y creo que a usted también, pues vasta con ver que cada vez más las parejas ya no se forman mas con dos especies humanas

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de sexos opuestos. Ahora vemos que hay hombres con hombre, mujer con mujer… En todo caso, con relación a estas últimas, yo agregaría lo que una vez comentó mi amiga Lucía, cuando insistió en quererme convencer de que parece que el lesbianismo es producido por una enzima… -Sí… -yo le respondí- ¡Debe ser una “encima” de la otra! A mi no me importa cual son las disposiciones que las personas elijen, mientras logren sentirse felices con ellas, pero yo no invento esas cosas, sólo estoy comentando lo que, por ejemplo, leí el otro día en un vespertino, en el cual indicaban que el papa Benedito XVI decía que el casamiento entre homosexuales es una de las varias amenazas actuales para la familia tradicional, poniendo en jaque “el propio futuro da la humanidad”. Cuando yo leí la noticia, pronto me di cuenta que fueron las declaraciones mas fuertes ya proferidas por un pontífice en contra del casamiento entre homosexuales, principalmente, porque todo el mundo sabe que en la época de los Bórgia, tiempo en que esos dos

insaciables

papas

gobernaron

la

Roma

del

Renacimiento, no se puede dejar de lado que ellos Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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convirtieron a su familia en una poderosa realeza, donde el libertinaje y la desvergüenza estaba a la orden del día en el Vaticano. Por lo que notifican las páginas de la enciclopedia, ellos son recordados principalmente por sus

gobiernos

corruptos,

y

tanto

es

así

que,

posteriormente a su reinado, los Bórgias fueron acusados de varios crímenes diferentes, todos por lo general apoyados sobre evidencias considerables, donde se incluía adulterio, simonía, robo, estupro, corrupción, incesto e asesinato (homicidio, especialmente por veneno)… Algunas pavaditas, nada demás. En todo caso, Alfonso Bórgia fue el papa que gobernó la iglesia católica con el nombre de Calisto III, y posteriormente Rodrigo Bórgia, que también llegó a ser papa gobernando con el nombre de Alexandre VI. Y como si fuesen pocos los escándalos por ellos practicados, estaban Cesare Bórgia y Lucrécia Bórgia, estos dos, hijos de Rodrigo, de quienes cuyas patrañas son innombrables. Pero las cosas en el seno de la iglesia parece haber mudado bastante, porque según lo afirma este papa actual, la educación de los niños necesita de “ambientes adecuados”, y ese lugar de honra cabe a la familia, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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fundada en el casamiento de un hombre con una mujer… A no ser que la ciencia descubra otro modo de que nazcan niños, por eso a veces pienso que es mejor no escupir para arriba, nunca se sabe lo que puede ocurrir. En todo caso, no se porque causa se me dio por decir todo esto, pero la verdad que la hipocresía de las personas me revienta, porque usted no me va a venir a decir ahora que Benedicto XVI es una persona sin instrucción en la Historia de la iglesia, porque en realidad, aun no he visto un cura que no haya sido un come libros, y este también debe haberlo sido, sino él no llegaba hasta donde llegó. Definitivamente, creo que me he ido un poco por las ramas de la moralidad y el decoro, asuntos en los que no cabe filosofar porque bien dicen los entendidos, que cada cual “hace de su culo un pito” y debe saber en cual juanete le aprieta el zapato. Pues bien, retornando al punto de la historia que abandone en alguna página anterior, en realidad, lo que pretendía era contarles es una anécdota ocurrida con Cristina no hace mucho tiempo atrás. Resulta que era pleno invierno, justo uno de aquellos que se nos vino acompañado de unos fríos infernales, pero en efecto, a estos dos jóvenes Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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enamorados, Cristina y su nuevo dragoncito, no importándose con el clima, se les ocurrió que el momento era muy oportuno para acampar en las montañas. Determinados en su gestión de acampar, los dos prepararon sus cosas y pronto se pusieron en camino andando a paso moderado hasta llegado el momento en que subieron la trilla por las serranías, pero a medida que más se aproximaban a los altozanos de los campos, más el clima le atosigaba el cuerpo. Habían pasado varias horas caminando cuando finalmente ellos llegaron al local que les parecía ser más apto para establecer su campamento. Inmediatamente se dispusieron a armar la barraca para poder protegerse del intenso frio que en ese momento hacía en la montaña. Una vez montada la barraca y ya acomodados sus parcos perteneces, el muchacho tuvo que salir a buscar un poco de leña para poder encender una hoguera y así calentar el ambiente interior de su simple cobijo. No se demoró mucho, pero cuando el chico vuelve,

medio

muerto

de

frio,

estaba

frotando

exasperadamente una mano en la otra, hasta que al final toma coraje y este le dice a Cristina:

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-¡Querida!, estoy con las manos heladas. exponiéndolas como si fuese un Cristo pidiendo “vengan a mí”. Ella lo miró un poco turbada, pero queriendo aprovechar la ocasión que se le presentaba ante sus ojos, Cristina le indica toda sonriente: -¡Vení aquí, mi amor! -llamó ella-. ¡No te preocupes!... pone rápido tus manos entre mis piernas, que luego, luego se te calientan. -haciendo señal con la cabeza para que el muchacho se sentara a su frente. Pasan las horas y después del almuerzo, el joven volvió a tener que salir en busca de un poco más de leña, troncos y ramas con los cuales lograría mantener los carbones encendidos durante la tarde. Al volver, tiritando, le dice: -¡Corazón!, ¿sabes?, estoy otra vez con las manos congeladas… -y le hace el mismo gesto anterior de clemencia. -¡No te aflijas, querido!, ya te dije, ponlas ligero entre mis piernas, que rapidito se te calientan, -le ordenó Cristina. Y en esa estaban cuando, después de cenar, otra vez el muchacho sale en busca de más leña; ahora, con la

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intención de que la hoguera se mantuviese prendida durante toda la madrugada. Al retornar, Cristina lo ve entrar friccionándose las manos entumecidas por la escarcha, y el chico vuelve a decirle con cara inocente: -¡No me vas a creer, mi amor!, pero otra vez se me congelaron las manos… Según me lo contó Cristina, cuando escuchó el comentario de su novio, ella se puso tiesa, frunció la nariz, lo miró seriamente, movió la cabeza en señal de reproche, y al fin le preguntó bastante contrariada: -¡Por el amor de Dios! ¿Será que a ti nunca se te enfrían las orejas…?

5 Antes de contarles otra original historia vivida por una de mis clientas, hago cuestión de decirles que siempre escuche decir que las rubias son tontas. Tal vez usted también, y sabrá que hasta existe aquella Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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espécimen de gente que incluso les colocan otros adjetivos calificativos mucho más insolentes, ultrajantes, como si buscasen ofender a ese tipo de mujeres que externan un determinado color de cabello. Es algo así como aquellos individuos que, por causa del color de la piel o los rasgos de la fisionomía, de la religión que optaron o de sus preferencias sean estas políticas, sexuales, deportivas o lo que valga, pasan a insultar a estos congéneres con indignas humillaciones degradantes, como si esos sujetos que ellos ofenden y hasta golpean, hiciesen parte de una clase inferior de seres humanos. Pero, a decir verdad ya que comencé este capitulo hablando de las rubias, he de decirles que en ese asunto yo antes tenía mi propia teoría, pues pensaba que como hoy en día el rubio es el color de cabello preferido de las mujeres, a mi me vasta con notar que un altísimo porcentaje pide para colorear los mismos con ese tono dorado. Pienso que ello puede ayudarles a elevar la autoestima, que se hallen más chics, más sensuales, más distinguidas. También llegué a pensar que probablemente la culpa la tuvo la propia Marilyn Monroe al aparecer en las películas, invariablemente, teñida de dorado. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Sin embargo, con el tiempo me enteré que existía una otra teoría planteada en The History and Geography of Human Genes en 1994, donde dicen que el cabello rubio se transformó en una característica predominante en el Norte de Europa al principio del 3000 a.C., justamente en el área hoy conocida como Lituania. De igual forma, el día que busqué desasnarme sobre el asunto, encontré que en otro estudio realizado por la Universidad de Nottingham, se encontraron cambios significativos en la psicología de las mujeres con cabello teñido. Esa investigación demostró que las mujeres que recurren al cabello teñido de rubio, lo hacen para elevar sus niveles de confianza, lo que en definitiva mejoran su estado de ánimo… Pienso que en ese caso, yo no estaba muy equivocada. De igual forma, leyendo, es que me puse al corriente de una otra razón que explica porque los hombres prefiriesen a las mujeres rubias. Dicen que así proceden porque ese que es el color de pelo que tiene marca de juventud, ya que la mayoría de los niños de Europa tienen el cabello rubio, el cual se oscurece según maduran, y por lo tanto, el color rubio estaría

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inevitablemente

asociado

con

juventud

y,

por

consiguiente, fertilidad. Sé que usted estará especulando que sobre este asunto da lo que pensar, pero es algo bastante difícil de saber, ya que el cerebro humano es demasiado complejo para saber esto. Lo único que si se sabe, es que las mujeres rubias parecen ser un poco tontas después de leer chistes sobre su estupidez y así lo demostró otro estudio que fue elaborado por el psicólogo Jens Förster de la Universidad Internacional de Bremen. Cuentan que el estrafalario experimento se llevó a cabo entre 80 estudiantes de la universidad, entre ellas 40 rubias. Las estudiantes fueron sometidos a un test de inteligencia que medía la velocidad y la exactitud de las respuestas, pero poco antes, algunas de ellas fueron obligadas a leer una colección de chistes, entre los que, por supuesto, también había sobre rubias, como: “¿Por qué las rubias abren los envases de yogurt cuando todavía están en el supermercado?”. Respuesta obvia: “Porque en la tapa dice: abrir aquí“. Según ellos indican, en los resultados del test, los chistes sobre rubias surtieron efecto entre las rubias, y, si los prejuicios eran falsos, ellas consiguieron hacerlos realidad. Lo que me lleva la triste resolución de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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que

es

lamentable

querer

luchar

contra

los

descubrimientos de la ciencia. Ellos también indican que la lectura de los chistes sobre rubias provocó inseguridad entre las rubias, ya que se sentían aludidas por la picaresca popular. En realidad, descubrieron que las rubias que habían leído los chistes, no dieron un rendimiento como el de sus compañeras, sino que tardaron más en solucionar las tareas. Sin embargo, hay que mencionar que las rubias fueron más eficientes en su trabajo y es que a pesar de trabajar con más lentitud, cometieron menos fallos. La conclusión final del estudio muestra que cuando a alguien se le dice que no puede realizar bien una tarea, tiende a trabajar con más lentitud, pero con más cuidado, para tratar de cometer pocos errores. En todo caso, por lo visto, si las rubias son tontas o no, todavía no ha quedado bien demostrado científicamente. Sin embargo, lo que si ha quedado justificado es que la sociedad las hace inseguras y, por lo tanto más lentas en reaccionar, que en otra palabras es lo que nos hace pensar que la belleza de la mujer es inversamente proporcional a su intelecto.

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Creo que ya está en la hora de dejar un poco de lado todo ese cuestionamiento ridículo que nos está llevando a querer saber lo que en realidad se pasa en la cabeza de una rubia, ya que algo imposible de descubrirlo, y por eso prefiero parar con ese tema que es algo burlesco, pues en realidad pienso que el que ríe por último no ríe mejor, simplemente lo hace porque no entendió el chiste… Simples así. En definitiva, no agregaré más nada sobre esta cuestión, que el relato que una vez me hizo Esmeralda, una

chica

estupenda

en

todos

los

sentidos,

principalmente en esos atributos físicos súper bien dotados que demostraba haber sido beneficiada por la mano de Dios. Me dijo que un cierto día, esta despampanante rubia iba a toda velocidad dirigiendo su flamante Audi, mandando ver por la autopista. Pero resulta que sin percatarse de su maniobra imprudente, esta le corta repentina y absurdamente la frente de un camión, casi ocasionando un terrible accidente. En ese momento, el conductor del camión, ni corto ni perezoso, bufando le hace varias señales de luces para que ella pare su coche.

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Cuando ambos al final paran, el tipo, con pinta de mastodonte, sale del camión, y cuando se da cuenta de que era una mujer rubia la que dirigía el auto, este pega un pedazo de tiza del bolsillo, dibuja un círculo en el asfalto de la carretera, y vocifera: -Párese dentro del círculo… ¡¡¡Y NO SE ME MUEVA DE ALLÍ!!! Acto seguido de la escena, el mastodonte se dirige al auto, le arranca el pasacasete, y con la navaja, le corta todos los tapizados de cuero. Cuando vio lo que el tipo estaba haciendo, Esmeralda se quedó tiesa, despavorida, pero cuando el chofer del camión se da vuelta para observar la reacción de la mujer, el hombre de da cuenta que ella tiene un discreto sonriso en el rostro. -¡Ah!, ¿entonces a vos te parece cómico? ¡Pues bien, mira lo que te voy hacer ahora! –vuelve a vociferar el irascible conductor. En ese momento el tipo agarró el taco de beisbol que llevaba en la cabina de su camión, y a seguir, le quiebra todos los vidrios del flamante Audi deportivo que Esmeralda dirigía toda contenta.

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Mientras ella ve lo que el hombre le está haciendo al coche, busca aguantarse lo más firme posible para no reírse. El camionero la observa una vez más, y viendo las muecas de la muchacha, se pone como loco. Entonces sacó una tremenda cuchilla, y enfurecido, agujereó todas las gomas de auto de la chica. Ya en ese momento la rubia Esmeralda ya no consigue controlar más sus emociones, y deja escapar una sonora carcajada. Fue en ese momento que el iracundo hombre perdió también el control emocional, entonces se dirige hasta su camión, retira de dentro de la cabina una lata con combustible, la derrama sobre el coche; y a seguir, se lo prende fuego. Al ver las llamas, la mujer tiene un ataque de risa, y comienza a reírse sin poder controlar sus carcajadas. Tanto es así, que Esmeralda se orinó de tanto reír. -¿Qué es lo que le causa tanta risa? ¿Se puede saber? –le gritó el chofer, furioso con la actitud de la mujer. Fue ahí que Esmeralda lo miró, suspiró hondo para recomponerse, y entonces le responde: Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¡Nada…! ¡Es que mientras usted no me estaba mirando, yo salí cuatro veces del círculo!

6 Quiera o no, parece que uno le va dando vueltas al asunto y siempre llega al mismo lugar. Es algo así como andar girando los pensamientos y las palabras como si ellas fueran un sombrero en la mano, pues por más evidente que sea una cosa, siempre hay algo que puede no quedar demostrado. Por tal motivo, busco ser imparcial en los relatos que pretendo escribir aquí, haciendo las referencias tanto sea para detallar hombres como mujeres, aunque eso ya creo haberlo dicho antes. Pero no importa, lo

vuelvo

a recalcar para

que

quede

definitivamente gravado. Antes de entrar en una nueva historia, quiero tocar en un punto que me parece importante a fin de comprender mejor a la protagonista de la misma, pues Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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estimo que las personas deberían tener un nombre definitivo solamente cuando hiciesen uso de la razón, y no antes como sucede cuando los niños nacen. El apellido no importa tanto, porque eso viene antes de la cuna, aunque dicen que hay que tener cuidado con el sonido ideal entre los dos. Por tal motivo, aprendí que una de las cosas más importantes a considerar, es cómo sonará el nombre del bebé cuando lo pronunciamos… ¿Es melodioso? ¿Es brusco? ¿Le va bien al apellido? Ilustraciones sobre el tema muestran que a menudo los nombres largos van mejor con apellidos cortos y al revés. Por eso dicen que si se combina un nombre que acabe con una vocal con un apellido que empiece por una vocal, puede sonar un poco raro, porque los dos se suelen pronunciar unidos, como por ejemplo: “Ana Arribas”… seguramente con ese nombre y apellido a esta nena la irán a cachar la vida entera. A la par de lo dicho, también es muy importante evitar los nombres que rimen con los apellidos y aquellos que suenen a broma, porque seguro que le gastarán muchas al niño o la niña cuando vaya a la escuela, y lógicamente después también, como sería el caso si uno

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escoge, por ejemplo: Dolores Fuertes, Armando Casas, Rosa Losa, Armando Esteban Quito, etcétera. Para casos por el estilo, es bueno seguir algunos consejos para elegir bien el nombre del que va a nacer, porque si alguien está esperando un bebé, seguro que desde el mismo momento en que se enteró de la noticia, ya empezó a pensar cómo lo llamarán. Comprendo

que

nuevamente

me

estoy

explayando en un asunto fuera de lo propuesto, pero no es posible abandonar el barco en pleno océano, así que lo mejor es dejar registrado algunos consejitos para cuando llegue la hora de elegir el nombre a un hijito que está por nacer... Mucho tiene que ver con el significado del nombre elegido, pues nadie va a tratar a tu hija Ingrid de forma diferente porque su nombre signifique “hija de un héroe”, pero de dónde procede el nombre es algo interesante a considerar. Después de todo, si tu hijo Sixto descubre que su nombre quiere decir “adulador” quizás cuando crezca no le guste. Otro punto tiene que ver con las iniciales y apodos. La gente, y especialmente los niños, pueden ser muy crueles cuando se trata de poner apodos. Por eso, es necesario intentar anticiparse a lo qué es que puede Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ocurrir con el nombre de un hijo para evitar estas situaciones. Claro que es posible que, aunque a ti ni se te pase por la cabeza que su nombre podría suscitar un apodo poco agradable, siempre puede haber algún listillo en la escuela que se lo encuentre. Pero por lo menos, debemos intentar evitar el uso de los que son muy obvios. Además, piensa en cómo se leerán las iniciales de tu hijo… seguramente que en el caso de que se llame: Pedro Ignacio Savín, esto probablemente provocará algunas risas. Claro que nada de lo anteriormente dicho son reglas fijas. El criterio más importante para elegir el nombre de un bebé, es simplemente que les guste a ti y a tu pareja, y más tarde al niño. Una vez cayó en mis manos un artículo que hacía mención al origen y herencia de los nombres. Recuerdo que decía que la herencia de un bebé es una parte esencial de quién él es, y muy probablemente los padres querrán que su nombre refleje eso. La preferencia religiosa también puede llevar hacia una cierta categoría de nombres. O quizás, cuando la familia tiene la tradición de llamar a los primogénitos con el nombre de sus padres. En todo caso, si nos gusta un nombre, pero no cumple con los requerimientos de la Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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tradición familiar, siempre es posible considerar su utilización como segundo nombre…o tercero, o cuarto. Siempre habrá lugar para uno más. Lo mismo decía sobre los familiares y amigos, pues muchos padres escogen los nombres de sus bebés por el que tenía un abuelo, otro familiar o alguien muy querido por la familia. Esta opción puede proporcionar una variedad de nombres entre los que elegir. Siempre es bueno escuchar con cariño las ideas que los otros proponen, pero también se puede optar por no decirle a nadie lo que la mujer o el esposo han decidido, hasta después de que el bebé haya nacido… ¡por lo tanto, no dejes que nadie te presione para darle un nombre que no quieres! Al final de cuentas, tu tía Almerinda no es la que tendrá que vivir con el nombre que a ella le gusta, es tu bebé el que tendrá que vivir toda la vida con él. O sea que al asunto de escoger el nombre de un bebé no es cosa fácil, porque todavía existe la posibilidad de elegir un nombre único. Una vez escuché decir que la elección de un nombre poco usual tiene la ventaja de hacer que la persona que lo lleva resalte entre los demás. En cierta época yo conocí un Pedro que se recordaba que en su clase había otros tres Pedros y que nadie se aclaraba sobre quién era quién. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Por otra parte, un nombre que es tan raro que no se

puede

ni

pronunciar,

también

puede

llamar

excesivamente la atención y no favorecer a un hijo. Una forma de encontrar cierto equilibrio es escoger un nombre más o menos común, si el apellido no lo es y viceversa. En todo caso si el apellido de tu hijo es García, quizás quieras considerar algo más llamativo como nombre -pero nunca de Sargento, claro-, pero si el apellido es Urrigoetxea, quizás sea mejor usar José como nombre, en lugar de Arquímedes… ¿No es verdad? Normalmente, hay que llevar en cuenta que un cambio de nombre requiere de un proceso legal. Sin embargo, en algunas jurisdicciones, cualquier persona que se casa o se divorcia puede cambiar su nombre si lo desea. Tradicionalmente, en los países angloparlantes de occidente, sólo las mujeres hacen esto, pero en ocasiones, también los hombres cambian sus apellidos al contraer matrimonio. ¡Llega! Basta de dar recomendaciones que luego serán tan inútiles que ni consejo de abuelo. Lo que pretendía desde un principio traer a baila, era una historia que escuché de una de mis clientes que, por supuesto, el nombre de ella no condecía con la parte esencial que sus padres se habían figurado cuando ella nació. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Ellos le habían dado al nacer el nombre de Victoria, y con él, luego todos asociamos: laurel, triunfo, éxito, gloria, fama, conquista y otro montón de sinónimos equivalentes. Pero resulta que mi amiga, al casarse joven, tuvo la mala suerte de que su vida se convirtiera en: derrota, fracaso, esclavitud, desilusión, fiasco, desengaño y cualquier otro adjetivo antónimo al nombre que sus padres le habían puesto. El casamiento de Victoria con Ernesto se había trasformado en un fracaso total, pues el hombre luego de consumar el matrimonio, cruzó para el otro lado de calle y se convirtió en un mujeriego, un jugador empedernido, un fullero de marca mayor. Todo indicaba que en esas astucias y picardías él se pasaba la vida, como si Ernesto estuviese decidido a infernar la vida de la dedicada esposa. Un día, ella llegó al salón sumamente nerviosa, al punto de yo llegar a ofrecerle un té de manzanilla para que se tranquilizase. Ya un poco restablecida, Victoria comenzó a largar el verbo, vomitando improperios sobre las actitudes desfachatadas del marido. Resumiendo el asunto, ella me contó que cuando el marido estaba tranquilo en la sala leyendo el diario, ella lo agarró de sorpresa sin que Ernesto llegara a Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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percibir su llegada. En ese momento ella estaba furiosa, venía de la cocina y, sin decirle nada, le zampó un soberbio sartenazo en el medio de la cabeza. -¿Estas loca, mujer? ¿Y si lo matás? -Expresé asustada, llevándome las manos a la boca en señal de susto, como si esa actitud ayudase en algo. Victoria levanto el brazo indicando que no le importaba, y ante mi insistencia para que ella me contase el resto del chisme, prosiguió diciendo: -Así que lo golpeé, Ernesto se levantó espantado con lo sucedido a la vez que se frotaba con fuerza el cuero cabelludo. Entonces él me gritó atemorizado: -¿Pero qué pasó, mujer? ¿Estás loca? ¿Se puede saber por qué me pegaste? -¡No te hagas la mosca muerta! -grité con él-. Eso es por el papelito que encontré en el bolsillo de tu pantalón, con el nombre de Marilú escrito en él, y un número… -¡Pero

querida!,

¿no

te

acordás?

-me

interrumpió mi marido. -¿De lo qué es, que yo me tengo que acordar…? ¡Desgraciado! -dije aun irritada y en un tono de voz colérico.

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-¡No, mi amor! Ese papel fue del día que fui al hipódromo… -el desgraciado me respondió haciéndose el salame. -¿Al hipódromo? ¿Fue allí que conociste a esa miserable? -retruqué de inmediato, pero ya sintiendo que se me apagaba el fuego del odio que sentía. -Tal vez fuese verdad, -murmuré como para apaciguarla. -¡No, querida! -Ernesto le respondió- Te acordás que yo fui a ver las carreras de caballos… ¿No lo recuerdas? -Yo me quedé en dudas -dijo Victoria-, y mientras

estaba

cavilando sus

disculpas,

el

me

interrumpe para agregar: -Para que tú sepas, Marilú fue el nombre del caballo al que yo aposté. -¿No me digas? -volví a retrucar, dijo Victoria. ¿Y el número para qué es? -le preguntó poniendo los brazos en jarra. -¡Bueno!, ese número que anoté, fue el valor de lo que estaban pagando por la apuesta. -manifestó el marido, ya con los ojos que ni moneda de 5 pesos. -¿Y vos te lo creíste? -balbuceé para comentar algo, ya que me parecía que la cosa no terminaba ahí. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Bueno, en ese momento yo me quedé satisfecha, total, ya le había dado un soberbio sartenazo en el balero. -¿Y…? -pregunté curiosa. -Después

de

golpearlo

me

invadió

un

sentimiento de pena y me di media vuelta buscando abandonar la discusión en el punto que estaba, pero antes, sin saber bien por qué, le pedí mil disculpas a Ernesto, por causa del golpe que le había dado. Ya más serena, volví para la cocina como si no hubiese sucedido nada. Victoria me lo estaba contando con la voz un poco encrespada, lo que a mi entender, significaba que la cosa aun no había sido dada por terminada después de aquella discusión, por lo tanto emití una pregunta como forma de que ella expusiese toda su magua. -¿Por tu cara y tu voz, pienso que la cosa no terminó ese día, es verdad? -Te diría que no, pues días después, Ernesto estaba nuevamente sentado confortablemente en el sofá, leyendo su maldito diario, cuando sin darse cuenta, le di otro espléndido cacerolazo en la cabeza, sólo que de esta vez, fue dado con la olla de presión. -anunció Victoria,

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con expresión de victoria mismo desparramada en el semblante. ¿Te aprontó una nueva? -comenté loca de curiosa. -¡Mirá! -dijo Victoria- mi marido, así que yo le pegué, salto del sofá como expelido por un resorte suelto y me gritó: -¿Pero qué pasó, mujer? ¿Estás loca? ¿Se puede saber por qué me pegaste? –y ya con voz compungida agregó: -¿Lo que fue de esta vez?, ¡mi amor! -¿Lo que fue? ¿Lo que fue? -le grité como si estuviera fuera de mis casillas. -¡Tu caballo, acaba de llamar por teléfono!

7 Algunas veces me enteraba de ciertos asuntos más bien dichos particulares, pero con el tiempo he llegado a comprender que a las personas les gusta ventilarlos como si ellos fuesen sergas biográficas que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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necesitan ser aventadas a diestra y siniestra para con ello poder enaltecer su propio ego. Dentro de ese afligido universo están incluidos los protagonistas del chisme que me he dispuesto contar ahora, y que hacen mención a comportamientos y estilos de vida diferentes entre ellos. Tal vez por esa singularidad fue que me vi obligada a buscar algo de la filología sobre el asunto, de manera que esta pudiese esclarecer mis dudas. Allí me he enterado que distintos estudios, teorías y mitos aseguran que las personas con pareja estable llevan adelante hábitos más saludables. Sin embargo, otros opinan lo contrario. Yo no se bien para que lado se inclina la balanza, ya que la vida de casado y solteros contienen muchos pros y contras. Y aunque ambos se envidien mutuamente porque creen que el otro “tiene más sexo”, pueden existir factores que influyan mucho más sobre la decisión de dar o no el consabido “Sí, acepto” que marca el momento del casamiento y el fin de la soltería. Sin embargo, a los arduos defensores del matrimonio les gusta enfatizar la estabilidad emocional y la salud mental y física, en cuanto que los que apoyan la soltería, por su parte, subrayan la libertad de decidir sin Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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restricciones. Pero a la hora de hablar qué estado favorece más las expectativas de vida, la balanza, según dicen, se inclina hacia los emparejados. Parece que a estas alturas el debate se pone más candente. Lo afirmo porque los estudiosos en el asunto indican que el casado vive más; pero es ahí que me pregunto: ¿es solamente si tiene un buen matrimonio? ¿No será que el soltero puede alcanzar muchos más éxitos personales que el casado? No obstante, me vuelvo a cuestionar: ¿qué es el éxito? No sabría decirlo después de enterarme de esta historia. De todos modos, parece que las encuestas tampoco se ponen de acuerdo, ya que unas dan como positiva la forma de vida de los casados y otras la de los solteros. Se dice que unos viven más tiempo y otros menos, que se alimenta mejor y consumen menos alcohol, que sobrellevan mejor el estrés y disfrutan de una presión arterial más baja, que unos tienen mejor tendencia al suicidio, que sufren de menos ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares y los otros engordan más y tienen una visión menos optimista de la vida.

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También afirman que unos tienen una capacidad de concentración mayor debido a un sueño más estable y sin interrupciones, que pueden darse el lujo de múltiples actividades de relax y esparcimiento mientras otros viven una vida tan llena de responsabilidades que no tienen tiempo para atenderse a sí mismos y ni para rascarse las bolas. En verdad, estos son algunos de los puntos de discusión que me dejan cada vez más confusa. En un otro informe, yo quedé sabiendo que la señora Alejandra Campero, -o señorita, eso no viene al caso-,

directora

de

la

empresa

“Speed

Dating”

especialista en “singles” del portal “ZonasCitas”, indicó que según sus propias estadísticas, los llamados nuevos solteros escogen su vida en singular como una alternativa más, ya que no quieren verse atrapados en malos matrimonios o por una pareja que se interponga en el camino de su desarrollo personal o profesional. En mayor incidencia, esto sucede después de ellos ver la rutina en que se convierten los matrimonios de sus amigos, y es allí que piensan que la soltería es su mejor elección… Bueno, yo pienso que eso será por ahora. Por otro lado, según una encuesta realizada con 892 “singles” participantes de las “multicitas” a través de “Speed Dating10EN8.com”, un 30% realizó dos o más Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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compras de libros, DVDs, CDs, viajes y software, un 33% pensaba cambiar el celular en breve, un 25% compró una computadora o una handheld. Al 59% le piden consejos acerca de tecnología, el 57% va al cine por lo menos una vez al mes, el 80% come fuera de casa una vez por semana o más y un 36% acude a boliches, bares y discotecas. Pero parece que el dato que más llamó la atención de esa empresa, fue el porcentaje de visitas al médico realizado en los últimos meses precedentes a la pesquisa: tan sólo un 8% y por temas relacionados, en su mayoría, a la mala postura. En el informe, Alejandra puntualiza diciendo: “sinceramente, pienso que la vida no se acorta o se alarga fácilmente por ser soltero o no. Lo que está claro es que nuestras costumbres, hábitos y formas de vida nos predisponen al tipo de salud que tenemos o padecemos, y ser soltero/a o divorciado/a, es simplemente una situación de vida… En todo caso, a mi me parece que esta dama llegó a una conclusión muy obvia, pero en fin, por lo menos ella se apoyó en datos rotundos y concluyentes. A la misma vez, leí que estudios llevados a cabo por “Ipsos y Trendsity”, fue que llegué a descubrir lo que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ellos opinan que la sociedad actual, ya que lejos de asociar a los solteros o singles con personas aburridas y carentes de motivaciones, los observa como una nueva figura en los patrones establecidos, y prueban que hoy en día soltería no significa capacidad de elección, y es por ello que en los eventos la gente tiene el control de a quién desea volver ver o no, y resaltan que la soledad puede ser positiva o negativa, dependiendo de cómo se viva. Tanto es así, que indican que en Europa estos son escudriñados por los analistas de mercado que les adjudican, en promedio, un 30% más de gasto que a los unidos en pareja. Son consumidores de más tecnología, viajes,

ocio,

gastronomía,

elementos

de

cuidado

personal, moda y vida sana… Tal vez el porcentaje sea mayor que lo indicado, porque yo pienso que los que no tienen plata nunca podrán encajarse en ese tipo de vida que ellos revelaron. En realidad, no pensé que fuese tan complejo descubrir características de esos segmentos de nuestra sociedad, pero leyendo a Bella de Paulo, una sicóloga norteamericana conocida por reivindicar la soltería como opción de vida, y estudiosa del fenómeno de la propia soltería, a su vez autora del libro “Singled Out” donde Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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habla de cómo los solteros son estereotipados e ignorados, y que mismo así ellos viven felices. A través de esa lectura es que yo creo que entendí mejor lo que me proponía. Por eso afirmo que tal ves fue esta sicóloga quién me llevó a comprender un poco mejor la actitud de una de las protagonistas de mi cuento, por ser ella la más concreta y detallar los hechos que convienen a este estado de vida como una opción real de ser feliz. En una lista de diez puntos, la sicóloga resume consejos para los solteros y analiza el comportamiento de los mismos al indicar: o

Puede luchar y alcanzar el estilo de vida

que sea más significativo para usted, sin importar la opinión de nadie más o, por lo menos, la de una pareja. o

Estar más dispuesta a tomar riesgos en su

carrera profesional y a asumir decisiones que podrían ser cuestionables, sin necesidad de preguntarle a nadie y sin tener que considerar cómo afectaría su decisión la vida a otro. o

Puede acercarse a las personas que a usted

realmente le interesan y pasar con ellas tanto tiempo como usted quiera, sin preocuparse de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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que su pareja se moleste por ello o lo/a critique por sus elecciones. o

Tiene mucho más tiempo disponible para

las actividades que a usted le gustan sin necesidad de cuadrar una agenda con la pareja. o

Puede estar solo/a más tiempo como

quiera o considere necesario, sin explicarle al otro por qué razón quiere estar a solas y sin que eso sea un motivo de pelea conyugal. o

Su agenda de nuevos amigos y citas

siempre estará abierta a incluir nuevos nombres y teléfonos. o

Si así lo decide, puede tener relaciones

sexuales con diversas parejas sin engañar ni ser deshonesto con nadie. o

Puede viajar a donde usted quiera, sin

tener que encontrar un destino que le guste a toda la familia. o

Lo que usted compra en el mercado o

come en el desayuno, almuerzo y comidas, será siempre su propia decisión. o

Lo más importante de todo, puede

construir una vida que sea significativa para usted y llenarla de las cosas que a usted le Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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gustan, sin necesidad de sentir que tiene que agradar a otra persona para ser feliz. Para decir la verdad, creo que lo apuntado en el segundo párrafo de la lista, es el más justiciero y neutral en relación a la persona que originó toda la confusión en la vida matrimonial de mi clienta, María Cándida… Sino, veamos. Una cierta tarde, mientras yo le hacía la permanente, o sea que teníamos bastante tiempo disponible para chismear, ella me contó que una vieja solterona había llamado por teléfono al estudio de abogacía especializado en sucesión de bienes donde trabaja su marido, y la señora pidió que le mandasen un abogado hasta su casa, para que la ayudaran a preparar su testamento. -Mira Neiva, te cuento que ese privilegio cayó justo sobre el regazo de mi marido y, un par de días después, Anselmo, como representante oficial de la firma, fue hasta la dirección de la señora y, después de las preliminares coloquiales con la clienta, mi esposo le preguntó: -¡Por favor!, me diga cuáles son sus bienes, y cómo le gustaría que ellos fuesen distribuidos después de su muerte… Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Siendo así, sin dudas esa sería una oportunidad de oro para tu marido -acoté indiscretamente, mucho más refiriéndome a la pulposa comisión que este recibiría por la intermediación en el testamento. -En verdad, si, pero la historia no es lo que te imaginas, Neiva, porque la solterona le respondió muy tranquila: -Doctor, esta casa es alquilada, estos muebles que usted puede ver, son viejos y no valen prácticamente nada… -comenzó por explicar ella- Pero… ¡La única cosa que yo tengo de valor, es un millón de dólares que están guardados en la caja de ahorros de un banco! -¡Óptimo!

–Anselmo

le

respondió

flemáticamente, mientras iba anotando todo en su bloc de trabajo. -¿Y cómo le gustaría que ese dinero fuese distribuido? –agregó. -¡Mire, joven! -le dijo ella- Yo siempre viví muy alejada de todos… Nadie de mi familia me dio pelota alguna vez en la vida, tanto es así, que ni se enteraron cuando yo gané el premio de la lotería… -¿No me digas? Entonces resultó ser que la tipa era una millonaria -murmuré con los ojos enarcados.

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-Todo indicaba que sí, -respondió María Cándida-, pero dejá que te termine de contar lo que sucedió. -Perdóname, María Cándida, es que me impactó lo que dijo la solterona, -pronuncié en tono de disculpa acompañando

mis

palabras

con

una

mueca

de

justificación por mi impulsivo entrometimiento. -Es ¡Comprendo,

ahí

que

señora!,

mi

marido

-diciéndolo

le

responde:

educadamente

mientras agregó a seguir: ¿Y entonces, a quién usted quiere colocar en su testamento? ¿Tiene alguna amiga? O quizás… -¡No! ¡No! –Le interrumpe la mujer poniendo cara de asombro- ¡Yo no quiero dejarle nada para nadie! ¡Quiero gastar todos los 900 mil dólares con mi velorio! Creo que así, al fin lograré que alguien me note… ¿No le parece? -¡Impresionante! –exclama Anselmo, bastante sorprendido con el dictamen de la solterona. -¡Con todo ese montón de dinero gasto en un velorio, -Anselmo pronunció a seguir-, con certeza yo le afirmo que usted va a ser noticia! –le comenta incrédulo, mientras pregunta nuevamente: -¿Y con los otros cien mil, que piensa hacer? Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¡Bueno!, para decirle la verdad, -dijo ella,-, yo nunca me casé, nunca tuve un novio… Mejor dicho, nunca estuve con un hombre en toda mi vida… ¡Entonces, yo pensé que ustedes podrían utilizar toda esa plata, para conseguir un hombre que quiera dormir conmigo una única vez! -¡Ala pucha! -deje escapar a la vez que llevaba mi mano a la boca. -Para que veas, Neiva, pues mi marido también se quedó de boca abierta cuando escuchó aquello… pero se recompuso y preguntó todo flemático: -Entiendo, señora. ¡Pero ese es un pedido bastante fuera de lo común! –Respondió él-, pero sin lugar a dudas, -agregó-, veremos lo que es posible hacer para satisfacerla… Yo vuelvo a visitarla así que tenga alguna solución para su propuesta, señora. -Pronunció Anselmo antes de retirarse. -Te digo que se ve cada cosa por ahí… ¿Y vos como te enteraste?, -acoté con un rostro impávido, acostumbrada que estaba a escuchar ese tipo de vicisitudes por parte del ser humano. -Ya en casa, por la noche, Anselmo me cuenta lo ocurrido, y yo enseguida pensé que como nosotros en ese momento estábamos necesitando de un dinero para Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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realizar la reformar del apartamento, le sugerí que fuese él mismo a dormir con la solterona, pues así podríamos alzarnos con los cien mil prometidos. -Pero que coraje, vos también… ¡Eh! ¿Como se te ocurrió esa idea descabellada? -¿Y que problema tendría, si al final de cuentas era una solución para nuestro problema? -María Cándida me respondió haciendo subir y bajar los hombros como si no le importase y estuviese defendiendo su esdrújulo pensamiento. -Bueno, cada un es cada un, -expuse con cara de circunstancias-. ¿Y al final, que pasó?... ¿Él fue, o no fue? -quise saber, ya que me parecía que la historia no estaba totalmente terminada. -Creo que lo discutimos dos o tres días, y yo siempre incentivándolo y dándole coraje para que fuese a ver a la mujer, hasta que al final se decidió. María Cándida se dio cuenta que yo no comenté su actitud y que la estaba mirando a través del espejo, con fisonomía seria y a su vez complaciente. -Bueno, -comenzó a decir María Cándida-, como yo sabía que ese sería un encuentro de apenas una hora, resolví ir junto con Anselmo para que no se me fuera a achicar en el camino, y le dije que mientras él Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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atendía a la solterona, yo permanecería esperando en el coche hasta que volviese. -¡Ajá! -murmuré conteniendo mi risa. -En realidad, -dijo ella-, una hora después…, nada. -¿Nada de qué? -pronuncié al no entender lo que me quiso decir con su nada. -Es que se había pasado la primera hora, y nada de Anselmo aparecer… Esperé otra hora más…, y nada de mi marido aparecer. -Dijo ella con una fisonomía preocupada que me dio miedo de verla así tan acongojada. Algunos segundos después, como si estuviese buscando coraje para contarme, abrió la boca diciendo: -Después de tres horas, yo comencé a sentirme impacientada y a irritarme con la demora de mi marido, concluyendo que estaba en la hora de yo comenzar a tocar la bocina del coche, para llamarlo. -Al

escuchar

los

bocinazos

insistentes,

rápidamente, mi marido aparece desnudo en la ventana del apartamento y me grita sonriente: -¡Querida!... ¡María Cándida!... ¡Volvé para buscarme solamente mañana por la mañana! -¿Por qué? ¿Qué pasó? –vociferé alarmada. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¡Es que la señora aquí, decidió que va a dejar que el velorio se lo haga gratis la Intendencia!

8 No se porque razón me vino a la cabeza la voluntad de querer escribir sobre una historia que, de por sí, es bastante quisquillosa de contar, pues trata de lo que en lo popular, todos llamamos de “Embarazo en la adolescencia”, que es aquella gestación que ocurre durante los dos primeros años de edad ginecológica, -o sea: edad ginecológica 0 = edad de la menarquia-, y/o cuando la adolescente aun mantiene la total dependencia social y económica de la familia parental. Por tal motivo, durante algún tiempo estuve preocupada en querer saber como yo debía tratar -si un día ocurriesen-, de casos semejantes en la familia, tanto la mía como de mis allegados. De ahí fue que descubrí que el embarazo precoz es aquel que obviamente se produce en niñas y adolescentes a partir de la pubertad, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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cuando comienza aquel proceso de cambios físicos que van convirtiendo a una niña e un adulto capaz de la reproducción sexual. Claro que esto no quiere decir, sin embargo, que la niña este preparada para ser madre. Según diversas ilustraciones que tuve la oportunidad de tener entre mis manos, descubrí que el embarazo precoz es algo que suele ocurrir con frecuencia, y que llega a ser tratado por algunos países como un problema de prioridad para salud pública, por causa del alto riesgo de mortalidad que suele presentar. Inclusive, los bebes de las madres adolescentes, por lo general, presentan bajo peso al nacer y suelen ser prematuros. Los estudiosos del asunto suelen indicar que ese tipo de embarazo precoz está directamente vinculado a una cierta situación social, que combinada con la falta de educación

en

materia

de

reproducción

y

comportamientos sexuales, la falta de conciencia propia de la edad y otros factores equivalentes, que puede ser la pobreza y hasta situaciones en que a veces se obliga a una niña a vivir en circunstancias de hacinamiento, por ejemplo. En algunas otras ocasiones, el embarazo precoz también está vinculado a violaciones tanto por parientes como por extraños. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Muchas veces, los adultos no nos damos cuenta, pero el embarazo en la adolescencia es un impacto de considerable magnitud en la vida de los jóvenes, tanto en su salud, en la de su hijo, su pareja, su familia, el ambiente donde vive y la propia comunidad en su conjunto… Todo el mundo a su alrededor queda involucrado. En un trabajo presentado por la Dra. María Inés Romero, descubrí que la fecundidad total y la del grupo de jóvenes de 15 a 19 años han disminuido en los últimos años en la región de las Américas. Sin embargo, ella indica que estos descensos no han sido de igual magnitud en todos los grupos etarios, ni en todos los países, pues la tasa de fecundidad específica en el grupo de 15 a 19 años en América Latina, fluctúa entre 60 y 130 nacimientos por 1.000, tendiendo, en general, a que las tasas de fecundidad en adolescentes sean más altas en los países también de fecundidad alta. Aunque por lo visto la tasa de fecundidad en adolescentes tiende a declinar, indican que el mayor descenso de la tasa de fecundidad específica en edades superiores, hace que la proporción de embarazos e hijos en menores de 20 años aumente. El número absoluto de hijos de adolescentes también aumenta por causa del Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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aumento

del

número

de

población

adolescente,

notándose que el grupo de mujeres de 15 a 19 en América Latina subió desde 8 millones en 1950 a algo más de 22 millones a la vuelta del siglo… Come se ve, son números exorbitantes. Otro dato que también me alarmó, fue saber que los nacimientos en madres menores de 20 años son alrededor del 15%, y con algunos países que llegan a superar el 18%. Así, cada año que pasa, unas 3.300.000 adolescentes latinoamericanas llevan a término un embarazo, ignorándose el número de abortos. Otro antecedente que me llamó la atención, fue que Chile, en 1998, presentaba una tasa de natalidad de 18,3 nacidos vivos por cada 1.000 habitantes, con un promedio de 2,3 hijos por mujer en edad fértil. Allí, la tasa de fecundidad específica era de 67,3 nacimientos por 1.000 mujeres de 15 a 19 años, siendo la proporción de nacimientos de madres de este grupo etario de 15%, con un incremento desde 10,5% en los años 60. Inclusive, en relación a los padres de estos niños, se dice que ellos también son jóvenes, con 80 a 90% de ellos entre 15 y 24 años. Resultando es que en los últimos años, nacen en ese país aproximadamente

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40.000 niños hijos de madres de 10 a 19 años, donde la gran mayoría de las cuales tiene entre 15 y 19 años. Todo esto me lleva a recordar lo que dictaban algunos viejos refranes repetidos por mi abuela: “La adolescencia es tierra de nadie”…, “Los adolescentes no son niños ni adultos”. No hay duda de que sus apotegmas sintetizaban el saber popular de una realidad común: “el tránsito de la niñez a la adultez”. Claro que el mundo mudó y hoy se considera como una etapa de la vida del ser humano en la que ocurren complejos cambios biológicos, psicológicos y conductuales, que requieren de una cuidadosa atención por

causa

de

las

importantes

transformaciones

fisiológicas, emocionales y sociales que finalmente “imprimen” en la persona el sello de la madurez, con los rasgos característicos del adulto. Todo lo anterior implica en crecer, y crecer es cambiar. Se trata de un proceso vitalicio que se inicia en los brazos protectores de los padres y continúa con la adquisición de matices diversos de autonomía, en un constante

recorrido

que

demanda

comprensión,

orientación, apoyo, confianza y diálogo fraterno para evitar equivocaciones que pueden provocar angustias e insatisfacciones y convertirse en un problema de salud, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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capaz de hacer peligrar la vida de la joven madre y de un nuevo ser de forma irreversible como suele ocurrir en el embarazo precoz, cuya morbilidad aun se mantiene elevada en el mundo; razones que justifican muchos gobiernos al haber propuesto valorar la repercusión biológica, psicológica y social de la gestación a destiempo. Algunos países hasta llegan a distribuir gratuitamente preservativos en las escuelas, como un paliativo de lo que tarde o temprano va a suceder. También es común ver como el embarazo precoz es condenado a nivel social y familiar. La adolescente embarazada normalmente es vista como la única “culpable” de una situación “indeseada”, por lo que suele ser discriminada y no cuenta con el apoyo que necesita. Por eso, los especialistas insisten en que la madre precoz debe contar con la asistencia de la familia y ser acompañada en las visitas a los médicos y hasta en los cuidados personales. De todas formas, a tiempo percibí cuanto los médicos resaltan que es necesario trabajar en la prevención de los embarazos precoces, estimulando la divulgación de campañas de concienciación, educación sexual y el reparto gratuito de métodos anticonceptivos, principalmente en los barrios menos abastados. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Inclusive, cuando analizo más a fondo esta cuestión, me doy cuenta lo cuan frecuentemente suele ocurrir esos embarazos no deseados o no planificados, con una relación débil de pareja y en muchos casos fortuita u ocasional, lo cual determina una actitud de rechazo y ocultamiento de su condición por temor a la reacción del grupo familiar, amigos y maestros; comportamiento

que

generalmente

conduce

a

la

detección y el control prenatal tardío o insuficiente, con sus consecuencias negativas antes y después del nacimiento. Normalmente, este embarazo se produce cuando la maduración biosocial, física y psicológica en la joven no se ha logrado aún, de manera que en muchos casos por

incomprensiones,

problemas

socioeconómicos,

carencias nutricionales y un medio familiar poco receptivo y cooperativo, incapaz de aceptarlo y protegerlo, termina convirtiéndose en parto distócico. Es por ello que los médicos subrayan que la madre adolescente no tiene un correcto orden de valores que le permita priorizar problemas o soluciones, por lo cual, si logra cuidar bien a su hijo se sentirá satisfecha como madre, pero en lo más individual tendrá añoranza de hacer lo mismo que una adolescente sin hijos. Esta Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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falta de organización de valores es típica de la etapa, pues la adolescente se encuentra en un proceso de cambio y desarrollo, durante el cual va incorporando una nueva concepción del mundo, pero aún se guía por criterios valorativos externos y convicciones inestables, estereotipadas y variables. En algún lado leí que ya se ha comprobado que un buen tratamiento y la debida comunicación social ayudan a disminuir las consecuencias biológicas adversas para la gestación, pues la magnitud del dilema puede resultar tan insoportable para la muchacha, que a veces la conduce al intento de suicidio o, en el peor de los casos, a su consumación, particularmente cuando existe una reacción familiar de indiferencia, que impide analizar abiertamente el problema y genera conflictos e inseguridades en la grávida. Esta despreocupación por parte de la familia no solo afecta a los futuros padres en la esfera emocional, sino también en el contexto económico, pues el nuevo estado de la adolescente demanda una alimentación adecuada y la satisfacción de otras necesidades no gratuitas, que deben ser resueltas por los suyos, toda vez que no está vinculada laboralmente.

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En fin, por lo visto todos han de concordar que este es un problema social que más repercute en las camadas inferiores de la sociedad, en los pobres, donde los parcos recursos disponibles en la familia no alcanzan para cubrir la nueva demanda que origina un embarazo en la adolescencia. No es el caso de esta chica que les voy a relatar, pues por lo visto, su inconveniente fue bien conducido por sus esforzados padres para que la cosa no se convirtiese en una tragedia familiar. Lo cierto es que una sobrina de Margó, mi clienta, de repente se vio envuelta en este tipo de situación indeseada, y sin saber que rumbo tomar cuando las papas comenzaron a pelar para su lado. Lo que, convengamos, debe ser un momento horroroso para cualquier joven que súbitamente percibe que se quemó con el fuego fatuo del amor pueril. En otros términos, y como diría mi abuela, no es más que “una consecuencia directa de querer comer el postre antes de la comida”. Pues bien, resulta que Anunciación era una joven de apenas 17 años, medio tímida, -aunque para otras cosas no tanto-, y últimamente se la veía temerosa, apocada, como si estuviese amasando una congoja

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interior que no le permitía vislumbrar como iría a encarar su tormento. De acuerdo con lo que una mañana me describió su tía, un día finalmente Anunciación se viste de coraje y le cuenta a su madre que su menstruación estaba atrasada como dos meses. Al inicio hubo una corta discusión acalorada entre madre e hija, pero tal vez por ser madre, comprendió luego la gravedad del caso y, súper preocupada, ella va hasta la farmacia del barrio y compra un kit para que su hija pudiese hacerse el examen de gravidez. Cuando ella llega en casa, manda que su hija se haga el test, y como era de esperarse, el resultado da positivo. Acto contiguo, se inicia nuevamente una tremenda y acalorada discusión entre las dos. -¿Quiero saber quien fue el canalla que te dejó así? –Vocifera la madre. A Anunciación se le llenaron los ojos de lágrimas, pero no respondió quien sería el padre de su futuro reviento. -¡Y ahora, anda de una vez a contárselo a tu padre…! -determinó la madre con voz desgañitada, rostro colorado que ni ají morrón. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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La muchacha, ya presintiendo que las cosas se estaban poniendo difíciles para ella, antes de ir a ver a su padre toma su teléfono celular y hace una llamada. Luego después Anunciación se encierra en su cuarto y como a la media hora, se ve estacionar frente a su casa una fantástica Ferrari último modelo, y, de dentro, se ve salir un hombre maduro, pelo grisáceo, vestido en un elegante traje George Armani, que se dirige a pasos seguros hasta la puerta de la casa de la muchacha. Para resumir el momento, una vez que el hombre extraño ya está en la sala, el individuo se sienta enfrente al padre y a la madre de Anunciación, y les dice con voz firme y segura: -¡Bueno! Mejor que yo sea directo con este asunto tan delicado… Su hija ya me informó del problema, pero debido a mi actual situación familiar…, yo no podre casarme con ella, -anunció el tipo de manera fehaciente, y sin ni siquiera pestañear un momento, a la vez que paseaba sus ojos por los ojos de los padres de la chica. El padre de Anunciación intentó de inmediato esbozar una reacción de reprobación, a lo que el hombre le hace una señal para que esperara, y agregó: Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¡Pero yo les prometo que cuidaré de todos los detalles! -¿Cómo así, de todos los detalles? – la madre de la nena lo interroga indignada. -¡Sí!, si nace una nena, puedo darles 3 tiendas, 2 apartamentos, una casa en la playa, y además, una cuenta bancaria con 500 mil dólares… -manifestó el hombre, que continuaba hablando como si estuviese tratando de una negociación mercantil coloquial. -¿Y si nace varón? –preguntó el padre, adelantando su cuerpo hasta el borde del sillón. -¡Bueno!, en ese caso, -dijo el hombre dando de hombros-, si nace un varón, yo le doy 2 fábricas y una cuenta bancaria de 500 mil dólares. -¡Me parece bien! –el padre de Anunciación concuerda incontinenti, a lo que su esposa lo interrumpe prontamente para preguntar: -¿Y si por acaso nacen mellizos? -En ese caso, -volvió a responder el impertérrito sujeto-, yo voy a darles 2 fábricas, y más 250 mil dólares por cada uno –determinó flemáticamente. Mientras los padres se entre miran, quien sabe ya calculando el dote de su nieto, el hombre carraspeas para llamar la atención y añade: Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Pero, en el caso de un aborto… El dueño de casa lo mira agitado, y antes de que el individuo pudiese completar la frase, exclama despavorido: -¡Epa!, ¡Epa! Toquemos madera… Entonces el padre se levanta del sillón como si hubiese sido empujado por un resorte, se aproxima del indeseado visitante, le coloca la mano en el hombro, y le sugiere con una sonrisa de oreja a oreja: -¡Pero, hombre! ¡No se preocupe! En el caso de suceder esa tragedia…, usted sale otra vez con mi hija…

9 Dicen que el hombre complaciente no tiene más fin que el de agradar a otro ser, y que está siempre propenso a complacer a los demás por la satisfacción que ello le produce. No en tanto, apuntan que el sujeto que es condescendiente, luego abdica algo de su autoridad o poder, para transigir o conformarse con los deseos Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ajenos… Imagino ser posible que estas reflexiones no sean más que ideologías filosóficas expresadas al amanecer cuando las neuronas aun no se han despertado. Sin embargo, un sinfín de personas asientan que el individuo que es servicial, posee un grado más que aquel que es solamente complaciente; pues los humanos podemos ser serviciales por abnegación o sentimiento de ayudar al prójimo, o bien por querer adular a los superiores. Digo esto, porque quería relatar una anécdota que escuché en el salón, donde me dijeron que el hombre que la protagonizó era un individuo extremamente complaciente. Pero antes de ir directo a la cuestión, creo que aquí cabe preguntarse cual realmente es la definición correcta de un ser verdaderamente complaciente. Como todos saben, complaciente es un adjetivo que permite hacer referencia a aquel o aquello que complace o que se complace. No obstante, complacer, por su parte, menciona la acción de causar placer o satisfacción a alguien. Una persona complaciente, por lo tanto, es quien accede a lo que otro individuo desea, por lo que resulta agradable o útil a ésta. Por ejemplo, se puede decir: “No me gustan las mujeres complacientes que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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siempre dicen que sí”, o en todo caso: “No tienes por qué ser complaciente con tu madre”, o tal vez: “Estoy harto de los jueces que son complacientes con los poderosos”. Por tal motivo, pienso que es posible observar que algunas veces la noción de complaciente suele tener una connotación peyorativa o despectiva. Pues se entiende que, si alguien siempre accede a los requerimientos de otro sujeto, no está haciendo valer su posición ni defendiendo sus intereses, sino que está cediendo a las preferencias del otro. Tal vez sean generalidades del ser humano. Por eso algunas veces se escucha mencionar que un dirigente político no puede ser complaciente con ningún sector, ya que no puede privilegiar intereses parciales, sino que debe velar por el bienestar de la mayoría… Mismo que a realidad casi siempre nos muestre todo lo contrario. En algunos casos, sin embargo, una persona puede ser complaciente para evitar generar un daño a otra persona. Por ello, utilizando mi propia dependencia como ejemplo, diría que una mujer acude a mi peluquer��a y regresa a su hogar con un peinado que no es del agrado de su marido. Cuando ella le pregunta a su esposo qué opina, el hombre puede decirle que le parece Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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un peinado muy bonito con el fin de evitar herir a su esposa… No se si expliqué el punto correctamente. Pese a todo lo dicho, no obstante, complaciente también es un adjetivo que se utiliza en la sexualidad para referirse a la capacidad o voluntad de una persona para proporcionar placer a su pareja en la intimidad. Consecuentemente,

se

considera

que

alguien

complaciente cumple los deseos y las fantasías de la otra persona. No en tanto, a fin de que no me quedase ninguna duda en este asunto, cierto día recurrí a la lectura de una síntesis que explica la destacada Dra. Lucy Serrano cuando habla de “Mujeres complacientes / Hombres controladores”. Ella explica que con mucha frecuencia escucha en terapia, a mujeres que se quejan de que sus maridos son muy controladores, que nada les parece bien, que se molestan de cualquier cosa, que creen que siempre tienen la razón, que las cosas se tienen que hacer como ellos dicen, que no respetan las opiniones o los deseos de su pareja, que la critican y se oponen constantemente a respecto a sus decisiones, que las hacen sentir culpables, etc…

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Cuando lo leí, casi me desmayé, porque me pareció que la doctora adivinó como era el maldito carácter del finado de mi marido… ¿O será que en Méjico los hombres son iguales al fallecido? Vaya uno a saber, no. Dejando de lado esos turbios pensamientos sobre mi fenecido protervo, al continuar leyendo la disertación, la doctora Lucy cuenta que escucha a las mujeres contarles sus problemas de una manera desesperada, y llegan a comentar que han tratado de dialogar con sus parejas y que no encuentran la más mínima disposición o apertura por parte de ellos para llegar a un acuerdo mutuamente satisfactorio, que, obviamente, sería la única forma de poder llevar la “fiesta en paz”… ¿Me lo van a decir a mi? Pero todo indica que ante ese testarudo comportamiento del hombre, las féminas terminan sometiéndose a los deseos del señor porque si no sería tener que vivir en conflictos interminables, y que, ante la situación

de perdedoras,

terriblemente

frustradas,

las esposas deprimidas,

se

sienten

limitadas

e

impotentes. Lo curioso es que al describir la situación, se destaca el deseo de que el hombre cambie, o de buscar Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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una solución “mágica” para que modifique su actitud para que ellas puedan llevar una vida tranquila y armoniosa. Inclusive, algunas valientes se han separado y posteriormente vuelven con la pareja bajo la promesa de que él va a cambiar -o que ya cambió-, lo cual no resulta cierto, pues al poco tiempo se vuelven a presentar los mismos problemas… No en tanto, yo pienso que estas son unas ilusas. Inclusive pienso que, por supuesto, esta idea no es la adecuada ya que es muy poco probable que el marido modifique su actitud de manera permanente y con plena convicción… ¿Me lo van querer decir a mí? No se olviden que tengo amplio kilometraje de experiencia con un hombre así, y que gracias a Dios, el todopoderoso escuchó mis plegarias y se lo llevó antes que yo perdiera la cabeza y lo matase. Dejando de lado mi temporal imprecación, de hecho, la mayoría de los hombres controladores se niegan a ir a terapia porque no creen tener ningún problema y sienten que quien está mal, es la esposa. Por supuesto que de ninguna manera estoy justificando la conducta de los controladores, pero siendo estos sujetos realistas, piensan que quienes tienen que cambiar son ellas. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Para que esto sea posible, es necesario que las mujeres entiendan el problema con mayor profundidad, así como las causas que lo originaron. No se trata de regañar a las mujeres por no haberse dado cuenta durante el periodo de noviazgo del tipo de persona con la que se estaba comprometiendo, porque en verdad, muchas contestarían que antes, su pareja no era así y no entienden cómo fue que cambió tanto. De lo contrario, sólo una estúpida e insensata aceptaría el desafío de asarse con un loco de así. Pero ya que estay metida hasta las orejas en ese tema, creo mejor analizar más detenidamente esta situación. Desde el punto de vista de la Dra. Lucy, es posible que esas señales siempre estuvieron ahí, pero fueron ellas quienes, por diversos motivos no lograron darse cuenta. Vea que interesante es su enfoque: Malinterpretación - En lugar de darse cuenta que las actitudes de él significaban control, creyeron que se trataba de interés, preocupación y protección. Por ejemplo, el chico que va por la novia al trabajo todos los días con el argumento de que no esté sola y le falten al respeto en la calle, la hace sentir muy halagada y, de corazón, se cree que él lo único que quiere es su bien. No

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tiene el criterio ni los conocimientos adecuados para darse cuenta que se trata de una estrategia de control. Deseo de aprobación - Si él menciona que desea como pareja a una mujer “decente”, no a una “zorra”, y que la manera de vestir de ella tiene que cambiar a algo más recatado para no llamar la atención y provocar los bajos instintos de los hombres, ella encantada accede con tal de tener al novio contento. De lo que no se da cuenta es de que, con el tiempo, las exigencias van a ir en aumento. Miedo al abandono - Si la joven tiene baja autoestima y cree que ese hombre es su todo, si tiene terror a la soledad y si su codependencia es elevada, hará todo lo posible por adaptarse a los deseos de su pareja porque teme que si no lo hace podría dejarla o cambiarla por otra. Idealización - Si cree que su felicidad como mujer consiste en conseguir y retener a una pareja que va a darle un lugar en la vida y que él es su príncipe azul, eso la coloca en una situación vulnerable. Pronto se dará cuenta de los defectos del supuesto príncipe, que su vida se complicó en lugar de mejorar y que en vez de sentirse realizada se siente atrapada.

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Ideas anticuadas sobre los roles del hombre y de la mujer - Si la educaron con la idea de que el hombre manda y la mujer obedece, que tiene que “luchar por su matrimonio”, que tiene que sacrificarse por el bienestar de los hijos, que es su deber ser sumisa y abnegada, por supuesto que, aunque no le parezca, con esa pasividad toda va a tener que aguantar situaciones desagradables e injustas que le harán mucho daño. Creencia de que a un hombre se le conquista si se le complace - Hay chicas que están convencidas que si le dicen sí a todo lo que pide su hombre, que si lo llenan de mimos y halagos, se desviven por tenerlo contento y están siempre disponibles, eso les garantiza que él las va a querer para siempre y que no se va a encontrar a otra igual. La experiencia tarde o temprano les demuestra la amarga verdad de que es todo lo contrario. Pese a sus esfuerzos, no hay garantía alguna que el hombre un día no se va a convertir en un patán, a engañarla con otras o simplemente a abandonarla. ¡Hay! Mientras escribo estas cosas, me parezco a madame Soraya, aquella hechicera que a veces me tira las cartas. Pero bueno, no era mi intención convertirme en una nigromante de ficción y sólo repito lo que leí. En todo caso, si usted ya se identificó con alguna o varias de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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las razones por las cuales estás involucrada con un hombre controlador, veamos que aconseja la Dra. Lucy, y lo qué se puede hacer al respecto: • No le comentes todo lo que haces, lo que piensas, lo que sientes, lo que quieres, tus planes futuros, etc. Con un controlador cualquier información será utilizada en tu contra para manipularte, devaluarte o hacerte cambiar de opinión de acuerdo a los intereses de él. • No te justifiques ante todo lo que a él no le parece, porque en lugar de “aplacarlo”, se sentirá con derecho a seguirte interrogando y pidiéndote cuenta de tus actos. • No le des la satisfacción de ponerte triste o a la defensiva cuando te critique. Recuerda que si te enganchas a lo que él hace, tus reacciones le servirán de termómetro para medir y cerciorarse de que tanto está funcionando su control. • No te desvivas tratando de hacer cosas para complacerlo. Ten presente que para él nada es suficiente y cada vez te exigirá más haciéndote sentir inadecuada. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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• Trata de depender de él lo menos posible en lo económico, en que te resuelva las cosas, en pedirle consejos, en que te apoye, etc. A más dependas, más te controlará. Cualquier favor que te haga, te lo cobrará caro. • Enfoca tu energía en ti y no en quedar bien con él para evitar que se enoje. Empieza a estudiar algo, a conseguir dinero con alguna actividad remunerada, a tomar pequeñas decisiones por ti misma, a confiar en tu criterio

(no

importa

que

a

veces

te

equivoques) sin estar siempre sujeta a su aprobación. • Deja de ponerlo en un pedestal creyendo que él es más fuerte, más inteligente, más preparado, más seguro que tú. En el fondo sabemos que es terriblemente inseguro y es precisamente por eso que trata de controlarte. Por supuesto que implementar estas acciones y que funcionen para contener los intentos del un marido controlador, es necesario que la mujer eleve su autoestima, que modifique las ideas que tiene sobre lo que es el amor y las relaciones de pareja por unos conceptos más sanos y libres de codependencia. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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No siempre es fácil hacerlo por una misma, a no ser que tenga la misma suerte que yo y se le muera el marido, y como tales suertes no le tocan a cualquiera, es conveniente que la que sufre este padecimiento recurra al apoyo psicológico para que la orienten y vayan guiando gradualmente en todo el proceso… ¿Pero quiere un consejo sincero? Si no se muere, no tenga pena, mátelo, porque ese tipo es igual que perro comedor de gallinas. No aprenderá más. ¡Sorprendente! Creo que después de todo lo que dije, estoy parecida con Tarzán, pues me he ido por las ramas y ahora me encuentro en el medio de la floresta y sin contarles la historia. Yo me enteré de esta hablilla durante uno de esos fines de semana en que el movimiento en el salón estaba infernal, y no pude dejar de parar la oreja al escuchar a dos señoras que aguardaban su turno, entretenidas en otear revistas de moda y contarse chismes, principalmente, un mal hábito cuando estos envuelven terceros con quienes mantenemos un poco de ojeriza. Pues bien, en cierto momento, una de ellas dice: -Ni te cuento lo que aprontó el marido de Mireya…

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-¿De

cuál

estas

hablando…,

de

aquella

copetuda? -preguntó su compañera sin se molestar en levantar los ojos de la revista. -¿De quien más podía ser, sino de ella? respondió la primera haciendo una nueva pregunta, y mientras la hacía, largaba al aire una otra insinuación maliciosa. -Tú estás cansada de saber que ese tipo de cosas ridículas, sólo le suceden a ella por ser tan jactanciosa. Parece que tal alusión despertó de vez el interés de la otra comadre, pues esta cerró la revista sobre la falda y dio vuelta el pescuezo para mirar mejor a su compañera. -Sabes que Mireya es muy presuntuosa, que le gusta jactarse de la solvente posición de su marido y se cree la reina del pedazo. -Bueno, si, ¿pero y lo que me ibas a contar?... ¿o te vas a poner a hablar de ella? -refunfuño la que había abandonado la lectura para saber del chisme. -Es increíble, pero resulta que la semana pasada, un grupo de hombres se encontraba en la sauna del club donde va Cacho, el marido de Mireya, cuando de repente, comienza a sonar un teléfono celular que estaba sobre uno de los bancos de madera. -Comenzó a Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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cuchichear la mujer para su amiga, haciendo muecas de secreto mientras hablaba. -Primero, -volvió a decir la mujer-, fue aquel señal mustio, después, de a poco, pasó a ser una resonancia cada vez más fuerte. Pero cuando aquel sonido alcanzó un punto estridente que colmaba el silencioso ambiente, sin que nadie se presentase para atender la llamada, parece que Cacho se aproxima hasta el aparatito, lo agarra, atiende, y pregunta seco: -¿Hola? -¿Querido? –interpela una voz de mujer. -¿Querida?

–expresa

el

hombre,

mismo

sabiendo que no era Mireya, su mujer, porque el aparatito no era el suyo. -¿Estás en la sauna? -preguntó la mujer. -¡Sí! ¿Y tú? -dijo Cacho dándole cuerda. -Estoy dentro de una tienda del Shopping, y aunque no me creas, estoy con un tapado de visón magniiiifico… ¡Hermoso…! ¿Puedo comprarlo, amor? -¿Pero decime, era Mireya la que hablaba? quiso esclarecer la que escuchaba. -¡Ahí que está! Claro que no era, si el telefonito no era de Cacho.

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-¡Ah! Entonces dale, ¿que fue que Cacho respondió cuando esa mujer preguntó si podía comprarse el tapado de piel? -¿Y cuanto cuesta? –le pregunta Cacho. -¡Una pichincha! 1.500 dólares… nada más, -le respondió la que estaba del otro lado del teléfono. -¡Bueno, está bien! Cómpralo, si te gusta tanto así. -¡Ahhh! También te cuento, que acabo de pasar por un concesionario Mercedes, y termino de ver el último modelo… ¡Es fantástico! -¡Aja!

–manifiesta

Cacho

sin

perder

la

compostura. -Ya hablé con el vendedor, y él me dijo que nos hace precio de amigo… y como tenemos que vender el BMW que compramos el año pasado, yo pensé… -¿Y cuanto sería, ese precio de amigo? -¡Mi amor! Son sólo 60.000 dólares… -¡Bueno! Como tenemos dinero para gastar… ¡Está bien!, cómpralo, pero decile a ese vendedor, que por ese precio, lo quiero con todos los opcionales. -¡Sos un amor, querido!, pero para, antes de cortar, yo te quería decir una otra cosita más…

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-¿Lo qué? -le preguntó Cacho, con voz empozada. -¿Te acordás de aquella casa divina que vimos el año pasado? -¿Cuál? ¡Aquella!, la que tenía una piscina enorme, jardín, quincho, que queda completamente aislada en frente de aquella playa magnífica… -¡Sí! -¡Bueno! Hoy de mañana, yo pasé en frente de la inmobiliaria, y vi que ahora la pusieron en venta. -¿Y cuanto están pidiendo? -Solamente 450.000 dólares… ¿Increíble, no? ¡Una verdadera ganga! -¡Está bien! Creo que no tenemos muchas casas para veranear… Me parece óptimo, ¡cómprala…! Pero, como máximo, págales 420.000 dólares… ¡Ok! -¡Ok, corazón! Negociaré con ellos por ese precio… ¡Gracias, mi amor…! Bye, bye… ¡Te quiero! -¡Chau…! Yo también… -dijo Cacho al encerrar la llamada. -Pero decime una cosa… ¿De quien miércoles era el telefonito? -inquirió la interlocutora, con cara de que no entendió lo que le fue dicho. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Bueno, te digo que después de cortar, Cacho dejó brotar un minúsculo sonriso en su rostro, y luego se dirigió al grupo de amigos, y les grita: -¡Gente!... ¿De quién es éste celular?

10 Cuando ciertas cosas ocurren conmigo, no hay caso, me pongo ensimismada con el asunto al igual que un burro terco. Siempre fui igual, desde chica, y tal vez por eso mi madre siempre me decía: “No te tomes tan a serio la vida, Neiva…, no es permanente”. Pero no hay caso, hay veces que cuando me enfrasco con algo, soy más porfiada que gallina con lombriz. Fue así una vez que fui a comprar papel a la libraría, y antes de contarles la historia, he de decirles que por causa de ello necesité entender por qué las personas son tan detallistas y meticulosas al extremo. Por lo tanto, aquel día me sentí con ganas de buscar en algún

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catálogo enciclopédico cuales eran las características de las personas llamadas de meticulosas. Allí encontré que el adjetivo “meticuloso”, hace referencia a algo que se hace con gran cuidado, detalle y atención, empleando tiempo y paciencia para que salga bien. ¡Óptimo! Pero cuando nos referimos a alguien que es “minucioso”, tal adjetivo se aplica a la persona que hace las cosas con suma atención, aplicación y esmero, empleando su tiempo y la imperturbabilidad para que la acción le salgan bien. Como ejemplo, y para poder citar a alguien con ese tipo de carácter, me enteré que el famoso pintor español Dalí, fue un artista que se destacó por su peculiar personalidad y su meticuloso y detallista dibujo… Claro, posteriormente cayó en una depresión, de la cual nunca más salió. Una pena, pues el hombre realizó muy buenas obras. Pero que hacer, cuando no viene la chifladura. Nadie es perfecto. Sin embargo, en el estudio de la psicología, se dice que el perfeccionismo, es la creencia de que la perfección puede y debe ser alcanzada a todo costo. No en tanto, si la cuestión es vista en su forma patológica, esa es la creencia de que cualquier cosa por debajo de un ideal de perfección, es inaceptable. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Pues he de comentarles que fue pesquisando en ese compendio que por fin descubrí la descripción de esta característica. Allí se dice que ser “meticuloso” atañe a la persona que declara ser un perfeccionista, al detallista, al exagerado en el orden, al organizado, al que limpia sobre lo limpio. Y en los niños muy pequeños, se insinúa esa característica, por ejemplo, cuando ellos no toleran las manos sucias o el ver los cajones o puertas abiertas, o hasta una miga en el piso. Lo que en verdad, me lleva a pensar que ellos son maniáticos desde chicos, nomás. También dicen que en la manera de jugar de los niños se puede observar la meticulosidad. Si estos hacen un dibujo no faltará ningún detalle. Inclusive, hay quien no puede ver un cuadro torcido, y no sólo lo nota y quiere enderezarlo, sino que además, y esto es lo más importante, sufre ante esa visión errada ante si. Una otra modalidad la presentan mujeres que se autodefinen como maniáticas de la limpieza, pues estas llegan a tal punto que pelean con sus familiares cuando éstos ensucian o desordenan… Bueno, por lo menos eso a mi no me toca. Yendo aun más allá para intentar comprender al protagonista de mi historia, en cierto lugar leí Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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probablemente en una de esas revistas de mujeres-, que en un caso de estudio realizado con 35 pacientes seleccionados, fue posible verificar que se trataba de rasgos obsesivos, que no interferían en la conducta, en la integración al medio o en la actividad laboral o profesional de los mismos. Pero los conductores del estudio avisaron que si las características mencionadas se exageran, o van acompañadas de rituales, de duda constante que conduce a la indecisión y a la inacción o aparecen síntomas de angustia y ansiedad, entonces podremos estar en presencia de un cuadro de obsesividad o de “Neurosis Obsesiva”. Y ya que estoy en el tema, les cuento que para llevar a cabo ese estudio, fueron seleccionados de entre centenares de pacientes, un grupo de 35 que presentaban la característica “Meticulosidad” y se confrontaron con otros 35 pacientes “No Meticulosos”, es decir, que presentaban un orden y organización general dentro de los parámetros normales. Para ello, fueron descartados los desordenados, para evitar el fenómeno de la bipolaridad que se da con cierta frecuencia en las personas. Así mismo, del grupo de “Meticulosos” se descartaron los casos de Neurosis Obsesiva que, a la inversa

de

los

meticulosos,

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

pueden

presentarse Página 104


ineficientes debido a la angustia, a la ansiedad, a la duda, a la vacilación y a las ideas fijas y persistentes. Ambos cuadros pueden confundirse ya que en el Meticuloso siempre existe cierto grado de Obsesividad. Del análisis de las 70 escrituras que se realizaron, surgieron 314 rasgos grafológicos, de los cuales resultaron significativos y que se presentaron en una tabla general. En esta se incluyeron los rasgos grafológicos que, según los autores referentes de la base de datos de Grafodet, conducen a la característica Meticulosidad…. No me pregunte lo que es eso ni el significado de las tablas, porque no entiendo patavinas de lo que mostraron. Sólo me tomé el trabajo de anotarlo para ilustrar la cuestión…, pero nada más. Sin embargo, si aun así queremos descubrir los aspectos positivos de todo lo dicho, tenemos que el perfeccionismo puede llevar al éxito y proporcionar la motivación para poder perseverar ante el desaliento y los obstáculos. Con relación a esto, noté que Dr. Roedell sostiene que “en una forma positiva, el perfeccionismo puede proporcionar la energía motriz que conduce a grandes logros. La atención meticulosa a los detalles necesaria para la investigación científica, el compromiso Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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que empuja a los compositores a continuar trabajando hasta que la música refleje los sonidos gloriosos que suenan en la imaginación, y la persistencia que mantiene a los grandes artistas ante sus caballetes hasta que su creación encaja con su concepción, todo resulta del perfeccionismo”… Tal vez de su tipo de análisis es que surge la historia de Salvador Dalí que coloqué como ejemplo. Por otro lado, un tal de Dr. Slaney descubrió que los perfeccionistas adaptados tenían niveles más bajos de procrastinación que los no perfeccionistas. Los deportistas de élite, científicos y artistas frecuentemente muestran signos de perfeccionismo. El perfeccionismo se asocia en la infancia con la superdotación. En compensación, como pienso que todo debe ser visto y analizado tanto por el lado cóncavo como por el convexo, también existen los aspectos negativos de la Meticulosidad, pues en su forma patológica, el perfeccionismo puede ser muy dañino. Tanto es así, que los estudiosos dicen que el perfeccionismo puede tomar la forma de procrastinación cuando se emplea para posponer tareas, como por ejemplo: “No puedo empezar el trabajo hasta que no sepa la manera “correcta” de hacerlo”, y el desprecio de uno Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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mismo cuando se usa para excusar un mal rendimiento o para buscar la comprensión y refuerzo de otras personas: “No puedo creer que no sepa alcanzar mis objetivos. Debo de ser idiota; si no, ¿cómo puedo ser incapaz de hacer esto?”. Por otro lado, y es aquí que creo que más se encaja el interlocutor de mi historia, pues los mismos estudiosos del asunto afirman que en el ámbito laboral, el perfeccionismo a menudo viene acompañado de baja productividad, dado que se pierde tiempo y energía en los detalles irrelevantes de las tareas o actividades diarias, lo que puede llevar a la depresión, la antipatía de los compañeros y un mayor riesgo de accidentes. El filósofo Adderholt-Elliot describe cinco características de perfeccionistas que conducen a un bajo rendimiento: procrastinación, miedo al fracaso, la mentalidad todo-o-nada, el perfeccionismo paralizante y la adicción al trabajo. Y en las relaciones personales, las expectativas

irreales

pueden

llevar

a

una

gran

insatisfacción por ambas partes. Los perfeccionistas a menudo sacrifican las actividades sociales y familiares para intentar alcanzar sus objetivos. Por consiguiente, los médicos deducen que los perfeccionistas pueden sufrir ansiedad y baja autoestima, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ya que el perfeccionismo es un factor de riesgo para el desorden obsesivo-compulsivo y la depresión. Por eso que los terapeutas intentan abordar el pensamiento negativo que rodea al perfeccionismo, en particular el pensamiento “todo-o-nada”, en que se piensa que un resultado es o bien perfecto o bien inútil. Y alientan a sus pacientes a fijarse objetivos realistas y a afrontar su miedo al fracaso. Por otro lado, ellos también afirman que las causas, como la mayor parte de los rasgos de personalidad, el perfeccionismo tiene por origen en el carácter familiar, y probablemente sea un componente genético. Llegándose a juzgar que los padres que combinan

un

carácter

autoritario

con

un

amor

condicional, pueden en gran parte contribuir al perfeccionismo en sus hijos. Y así, el perfeccionismo puede ser un legado evolutivo. Al estudiar los homínidos que estaban motivados para una mejora prolongada e incremental (perfeccionismo), se percibió que se creaban herramientas mejores, y esto le proporcionaba al autor ventajas para la supervivencia. Es obvio que no existen los llamados seres perfectos. ¡Imposible! Pero yo creo que de los errores se benefician pocos hoy por hoy: los estadísticos, que los Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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cuantifican, los cirujanos plásticos, los fabricantes de gomas de borrar, los abogados… Pero las imperfecciones que no se ven, o a las que nos resignamos, dicen que también son fuente de oportunidades empresariales, como las necesidades no cubiertas y las oportunidades de mejora o arbitraje, que también son el camino para una cultura tolerante con el error y el fracaso, y por ejemplo, este es uno de los secretos del dinamismo empresarial encontrados en sitios como Silicon Valley, el “valle del silicio” en California. En cambio, sin necesidad de asustarnos con esas cosas, por aquí tenemos, dada nuestra cultura estricta sólo con el error, que al final vivimos en el “valle del sacrificio”, un local nada parecido con el de los gringos. Sin embargo, no queriendo ser socrática, descubrí que la tradición doctrinaria indiana distingue 10 categorías de seres malévolos, tres de ellas de origen humana. Estas son: descontentos, errantes que habitan en una dimensión intermediaria entre el cielo y el inferno, y ocupadas en hacer el mal y aborrecer los mortales a través de la producción de fenómenos como la posesión y las inspiraciones para acciones nefastas. Estas tres categorías son: los Butha, los Preta y los Pisacha (Pisaca). No en tanto, el término Butha, que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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pertenece al sánscrito, idioma de la antigua India, es popularmente aplicado a los tres tipos. Sirve para designar seres que vivieron y no viven más como seres humanos de este mundo. En un sentido específico, se aplica a fantasmas, simulacros, reliquias del hombre muerto, impureza astral. Son sombras, pálidos habitantes del plano astral, copia del hombre que fue un día. La creencia en los Bhutas se extiende al Tíbet, a China y otros países de Oriente, como Indonesia, en el contexto del Budismo. También son el camino: una cultura tolerante con el error y el fracaso, pero desde la cultura latina, el representante de la perfección se define como “Butha”, de la raíz latina (Bataneris), ser que por la cultura actual se considera como todopoderoso, omnipresente y omnipotente… Pero todo esto me parece querer comenzara a discutir sobre el sexo de los ángeles en las nubes, así que mejor corto por aquí y voy directo a relatarles lo que me sucedió. Yo andaba necesitando reponer mi estoque de hojas de anotaciones, así que me fui hasta el supermercado para poder comprarlas, ya que entendía que allí sería más fácil hallarlas. Como no las encontré, aproveché para ir hasta una librería cercana. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Hola, buenos días. –le dije al muchacho que me atendió. -¡Por favor! Me da un recambio de folios para la carpeta. -¿Quiere alguna marca en particular, señora? – preguntó el vendedor con el semblante formal. -No, gracias, cualquiera me da igual. -le dije, frunciendo los labios en señal de indiferencia. -Sí, bueno… ¿Pero cómo lo quiere? ¿Liso, cuadriculado, con líneas? -Cuadriculado, por favor. -respondí, ya que existía esa opción. -¿Con que tamaño quiere los cuadros? -volvió a preguntar el vendedor. - Esto... ¡no sé! ¿Qué tipos tiene? -dije, dando de hombros. -¡Mire! Tengo los normales de 4 milímetros, pero también le puedo dar los centimetrados, o los de medio centímetro, o los grandes de pulgada… - Me da igual…, con cuatro milímetros está bien. -El papel blanco y las rayas negras… ¿Me imagino? -volvió a preguntarme. -¡Sí! Sí -le dije rápidamente. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¿Lo quiere con margen o sin margen? -Bueno…, con margen –afirmé convicta. -¿De qué color quiere la raya del margen, señora? -Pues no se... ¿qué colores tiene? -Unos cuantos... rojo, verde, negro, azul... -Rojo mismo… ¡para que más! –respondí. -¿Cuantos agujeros tiene su carpeta? -Cuatro… ¡la mía es de cuatro! -aseveré consiente. -¿Las quiere con las esquinas redondeadas? -No, mire, me da igual... ¡Me sirve cualquiera! respondí un poco perturbada con tantas preguntas. -¿Y qué tamaño? ¿Octavilla, cuartilla, folio, holandesa...? -¡Está bien! mire…, lo que podemos hacer es que yo vuelva mañana con la carpeta y usted me da un recambio igualito que el que tengo ahora… ¿No le parece? -terminé por decirle al vendedor, pues ya me había mareado con tantas cuestiones por causa de un simple recambio de folios para la carpeta. -Bueno, si, si usted prefiere así... ¡No hay problema! -respondió comedido.

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En realidad, fueron tantas las preguntas que el muchacho me hizo, que finalmente yo salí enfadada de la librería. Al llegar a la puerta, de repente me encontré con mi vecino que traía un retrete al hombro. Confusa por verlo entrar en la librería con semejante letrina colgada a sus espaldas, lo saludé cordialmente y me respondió: -¿Qué

tal

doña

Neiva?

¿Haciendo

los

mandados? ¿Cómo está la señora? -Pues mire, no muy bien, -le respondí medio irritada- …porque yo venía a comprar hojas para la carpeta, pero el hombre que me atendió es un plasta y me ha dejado con un dolor de cabeza que no me aguanto. -¡Ah! ¿Es uno gordito de pelo rubio? -¡Sí! ese mismo -confirmé de inmediato. -¿Me lo va a decir a mí, doña Neiva? Fíjese que yo vine esta mañana por un rollo de papel higiénico. ¡Y mírame a mí…! Me tuve que traer el retrete para que él le pueda tomar las medidas…

11 Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Desde muy chica fui enseñada que vestir luto negro es una expresión medianamente formalizada de responder a la muerte, es decir, una muestra externa de los sentimientos de pena y duelo ante el fallecimiento de un ser querido. Demás está decirles que como mi marido no era para mí “un ser querido”, cuando se murió, y al contrario de lo que ordenaba nuestra costumbre, me vestí de blanco y pronto. No piense usted que fue una invención mía, o que lo hice de mala leche que soy… Bueno, tal vez un poquito sí, pero resulta que como ese color no me sienta bien, por aquel tiempo yo había leído en una revista de modas, que el color del luto más riguroso entre las reinas europeas medievales, era el blanco en lugar del negro. Esa vieja tradición sobrevivió en España hasta finales del siglo XVI, donde fue de nuevo puesta en práctica por la reina española de nacimiento, Fabiola de Bélgica, en el funeral del rey Balduino I de Bélgica. Pero les digo que mismo que algunos piensen lo contrario, esa moda no cayó en el olvido, pues era costumbre entre las doncellas de Francia vestir el deuil blanc o “luto blanco”. Tanto es así, que este es el origen de aquel guardarropa de luto blanco creado por Norman Hartnell para vestir la reina Isabel en 1938. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Sin embargo, me enteré que en los países occidentales, el ritual completo del luto incluía los entierros, las esquelas que se envían y la ropa de luto, entre otros, y que en la Europa continental, la costumbre de llevar ropa negra sin adornos en señal de luto, se remonta al menos al Imperio romano, cuando la toga pulla hecha de lana de color oscuro, se vestía durante los periodos de luto. Otra peculiaridad de esa ridiculez del color del duelo, era que durante la Edad Media y el Renacimiento, las ropas propias del luto también se llevaban por pérdidas personales y generales. Cualquier disculpa servía para vestirlas. Inclusive, dicen que tras la matanza de hugonotes en el día de San Bartolomé, en la Francia del siglo XVI, Isabel I de Inglaterra y su corte se vistió de luto riguroso para recibir al embajador francés. Yo me imagino la extravagante quijotada que sería en aquella época, pues las mujeres de luto y las viudas, también eran obligadas a llevar sombrero, guantes y velo negros, generalmente en una versión más conservadora de la moda actual. No olvidemos que en determinadas zonas rurales de Portugal, España, Grecia y otros países mediterráneos, las viudas, como nos acostumbramos a Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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verlas en las películas, se visten de negro el resto de sus vidas, mientras que los miembros inmediatos de la familia del difunto, visten de negro durante un período más amplio que el resto de los otros allegados del finado. Por lo que entiendo, parece que ese rito tampoco mantiene un patrón de uniformidad alrededor del mundo, pues este depende de los influjos de la religión, de los rituales locales, de la costumbre ancestral, u otras influencias chuscas por el estilo. Sin embargo, es posible apreciar que esos hábitos están mudando, y tanto es así, que en el Reino Unido no hay actualmente ninguna ropa especial o comportamiento obligatorio para aquellos que guardan luto; incluso, vestir de negro en los funerales ya es una costumbre en declive en aquellos parajes. Con todo, tradicionalmente en esas tierras existieron estrictas reglas sociales a ser observadas. En la Inglaterra del siglo XIX, el comportamiento durante el luto se había desarrollado en un complejo conjunto de reglas, particularmente entre las clases altas. Y como siempre sucede, a las mujeres les tocaba soportar el mayor peso de estas costumbres, las que implicaban llevar gruesas ropas cerradas negras y gruesos velos negros de crepé. También se vestían gorros y bonetes Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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especiales, normalmente negros o de otros colores oscuros. Había incluso unas alhajas especiales de luto, a menudo hechas de azabache o de cabellos del difundo. Los ricos podían incluso llevar camafeos o relicarios diseñados para guardar un mechón del cabello del difunto o alguna reliquia parecida… Pienso que era un fanatismo desnecesario para atosigar a las mujeres, si total el que se fue, ya no ve nada. De igual forma, yo recuerdo que se esperaba que las viudas llevasen ropas especiales y oscuras para señalar que estaban de luto, hasta cuatro años después del fallecimiento. Prescindir de estas ropas antes de cumplir ese periodo, se consideraba irrespetuoso con el difunto, y más aun, si la viuda era joven y atractiva, incluso se suponía como algo sexualmente promiscuo. A los que se veían sujetos a cumplir con esas reglas, de a poco se les permitía reintroducir lentamente ropas convencionales en diferentes momentos del periodo de luto, etapas que eran conocidas por términos como “luto completo”, “medio luto” y similares. Los amigos, conocidos y empleados del que se marchaba, también eran obligados a guardar luto en mayor o menor grado según su relación con el difunto. En general, los sirvientes sólo llevaban brazaletes de tela Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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negra cuando había sucedido una muerte en la casa donde servían… Si es hoy, creo todos ellos te mandan a la mierda. Pero en aquellas tierras, el luto formal tuvo su culmen durante el reinado de la reina Victoria. Y se piensa que la propia Victoria puede haber tenido mucho que ver con esta práctica, debido a su larga y conspicua pena por la muerte de su marido, el príncipe Alberto. Aunque por otro lado, la moda comenzó a ser más funcional y menos restrictiva en la siguiente época Eduardiana, cuando pasaron a usarse los ropajes correctos para hombre y mujeres, incluyendo los del periodo de luto, que eran aun estrictamente prescritos y rígidamente adoptados. Con el pasar de los años, como todo cae en una insigne rutina, las reglas fueron relajándose gradualmente, hasta que se convirtió en práctica aceptable para ambos sexos vestirse de colores oscuros hasta un año después de la muerte de un familiar. Creo que hoy por hoy, ya ni eso respetan más. No en tanto, del otro lado del Atlántico, más específicamente en Estados Unidos, el luto seguía generalmente las formas británicas. En la región del Sur anterior a la Guerra Civil, se practicaban buenas costumbres que rivalizaban con las de Inglaterra, y el Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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luto allí se observaba estrictamente. Quien no se recuerda de la escena de la película “Lo que el viento se llevó”, en la que Escarlet O'Hara escandaliza a los asistentes a un baile, al aceptar la invitación de Rhett Butler a pesar de estar de luto por el fallecimiento de su último marido, en un acto que reflejaba fielmente las costumbres sociales de la época. Bueno, pienso que puede ser de ahí que surgió la idea de los gringos, de que en lugar de todos llorar en el velorio, ahora al muerto le hacen fiesta con sándwichitos, tortas, canapés, refrigerios y bebidas espirituosas… Sólo falta que dentro de poco, hagan un bacanal. De igual forma, recuerdo que en una otra materia

que

leí,

decía

que

en

África,

más

específicamente en Etiopía, existe una iddir, o en castellano claro, una organización comunal tradicional, en la que los miembros se apoyan unos a otros durante el periodo de luto. Cuentan que los miembros realizan contribuciones económicas mensuales constituyendo un fondo del que recibirán cierta suma en caso de fallecimiento, según la cercanía que estos tengan del difunto. El objeto de dicho pago es ayudar a pagar el funeral y demás gastos relacionados con el fallecimiento. Además, los miembros femeninos del iddir hacen turnos Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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para realizar las tareas domésticas como preparar la comida para la familia que está de luto, y la gente de la comunidad acude a darles el pésame. Normalmente, los miembros masculinos asumen la responsabilidad de arreglar el funeral y erigen una tienda temporal para cobijar a los invitados que acuden a visitar a la familia de luto. Los miembros del iddir también permanecen con la familia de luto y les reconfortan durante tres días completos… ¿Será que es para apaciguar la tristeza de las viudas?... ¡Oh duda cruel! Por otro lado, ya en la región de Asia, la pérdida del cabeza de familia tenía importantes consecuencias para las viudas indias: en algunas tribus, el luto incluía el acto extremo de mutilarse un dedo. Pero en Camboya, dicen que la minoría étnica jemer celebra la despedida del ser querido con una gran fiesta, para que el difunto pueda disfrutar por última vez de la alegría de la vida…. Eso si que es ser inteligente, pues mismo que el interfecto ya no puede participar, los otros se divierten, por todos saben que la vida es dura y no dura. De igual modo, mire que hay extravagancias mundo afuera, porque asimismo cuentan que en la étnica jemer las personas más allegadas del que se fue, se encargan de enseñarle al muerto el camino hacia el cielo, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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y para ello se quema dinero falso para pagar un peaje en su trance hacia el nirvana, e incluso se arrojan talismanes… Haya exquisitez, ¿no?, pero por lo menos ellos no son bobos de quemar dinero de verdad. Ahora en Japón, para que sepa, el luto se representa con el blanco, pues según esta tradición, la cultura japonesa afirma que los fantasmas espirituales aparecen vestidos con un kimono blanco abrochado al revés, indicando así el luto, y además, dicen que esos manes aparecen con los pies no muy bien definidos… Al enterarme, eso me causó algo de risa, pues por estos pagos, al que le ponen una túnica blanca abrochada atrás y con las mangas traspasadas y atadas, es a los locos. Pero como creo haberlo dicho anteriormente, todo mudó en las diferentes latitudes de nuestro orbe, y las costumbres modernas terminaron por establecer nuevos hábitos comportamentales. En tiempos de ahora, la ropa de luto se ha vuelto menos habitual desde mediados del siglo XX. No obstante, esa manía de luto sigue siendo habitual, aunque no universal, y ya se indica que se está de

luto

vistiendo

ropa

sobria

y

semi-formal,

especialmente en el funeral y entre los familiares y amigos más cercanos del difunto. En esos casos, los Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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hombres suelen vestir traje y corbata oscuros, y las mujeres pueden llevar trajes largos y oscuros, y aquel usual brazalete negro también se sigue usando, principalmente entre los irlandeses, alemanes, austriacos y otras comunidades católicas del centro y norte de Europa. En lo convencional, no hay que olvidarse que existen

otras

prácticas

modernas

que

han

ido

involucrando en el ritual, como por ejemplo, el uso de gafas de sol para ocultar los ojos llorosos… o en todo caso, también lo usan algunos de los presente si ellos son agentes de la ley a paisana, prontos para escudriñar entre los deudos y amigos del inanimado cuerpo que está siendo velado… ¿No vio como es que esos filibusteros aparecen en las películas? Lo interesante del tema, aunque parezca lúgubre y macabro hablar de él, es que las usanzas mudan conforme la religión del susodicho que partió para una mejor, o de sus familiares. Veamos primero el caso del Judaísmo… El shiv'ah es un práctica judía de luto en la que la gente modifica su comportamiento como expresión de su dolor. En Occidente, típicamente, se cubren los espejos y se hace un pequeño desgarro en una prenda de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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vestir, para que se simbolice el dolor emocional, práctica que se solía hacer en los tiempos del templo de Jerusalén, donde las personas al recibir la noticia de la muerte de un familiar, el dolor llevaba a la persona a desgarrarse las ropas. En la Shivá, por lo general los familiares no se afeitan, ni se bañan, ni se cuidan estéticamente hasta el entierro de ese ser querido. La shivá post-entierro consta de rezos todos los días en la sinagoga por el difunto, y el no participar de fiestas con motivos de alegría. La shivá post-entierro dura 11 meses para los hijos del difunto, y un mes para el esposo/a, hermanos y padres del difunto/a. Luego de que termina en su totalidad la shivá, ya sean 11 meses o un mes, se hace un rezo todos los años en la fecha del cumpleaños del fallecido, y en la fecha en la que se conmemora su fallecimiento… Ahora, convengamos, ese negocio de no bañarse, ni asearse, no es una primicia de los judíos, porque yo conozco a muchos en mi familia que practican ese ritual sin necesariamente estar de luto… Son de mugrientos, mismo. Sin embargo, bajo el código del Cristianismo,

las costumbres sociales europeas anteriormente descritas, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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son en general expresiones religiosas consideradas cristianas y socialmente generalizadas, y en las misas funerales católicas actuales ya usan los colores litúrgicos morado en lugar del negro anterior al Vaticano II, aunque el uso de ornamentos negros no se ha prohibido y sigue siendo opcional en las iglesias Tradicionalmente, los entierros de los niños, albaets ya bautizados hasta el uso de razón, se celebran con ornamentos blancos, pues son como “ángeles” que entran directamente en el cielo, al no tener pecado. El ritual de estos funerales, aunque nada cita sobre el color litúrgico, se centra más en el consuelo de la familia que en las peticiones del descanso eterno del infante. Lo que sí no ha mudado, son los rituales de las iglesias

cristianas,

donde

a

menudo

se

visten

simbólicamente de luto durante la época de Cuaresma para conmemorar el sacrificio y muerte de Jesús. Las costumbres cambian de una confesión a otra e incluyen cubrir o retirar estatuas, iconos y pinturas, así como el uso de colores litúrgicos especiales, como el violeta, durante Cuaresma y Semana Santa. En congregaciones más formales, los miembros de la parroquia también se visten de forma especial durante la Semana Santa, especialmente el Jueves y el Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Viernes Santo, días en los que sigue siendo común vestir ropas negras u oscuras. En algunos lugares es tradición que las mujeres vistan de mantilla. Ahora en cuanto la vestimenta de luto de los fieles, no hay reglas tan rígidas como en otras religiones, y cada uno se viste con lo que tiene… Parece ser más democrático. Ahora en el hinduismo, la cosa es más complicada, pues esta religión considera que la muerte y el nacimiento están relacionados con la impureza ritual. Esta impureza es más severa durante la muerte que en el nacimiento, por lo que una muerte requiere de 12 días de impureza ritual aplicada a todos los familiares directos, mientras un nacimiento sólo requiere 10 días y aplicados a solo los padres del niño recién nacido. Dicen

que

el

luto

hindú

comienza

inmediatamente después de la cremación del cuerpo, y termina en la mañana del decimotercer día. El cuerpo se incinera tradicionalmente en las 24 horas siguientes a la muerte, si bien las cremaciones no se llevan a cabo tras la puesta del sol y antes de la salida de éste… Este ritual de la cremación parece ser correcto, pues imagínese usted por un momento, cuantos cementerios serían necesarios para enterrar esos miles de millones de

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indostánicos que se mueren… Cubrirían como medio país. Dejando los lúgubres comentarios aparte, agrego que justo tras la muerte, allí se enciende una lámpara de aceite junto al difunto y se mantiene encendida los primeros tres días del período de luto. Durante estos días, se considera que la familia inmediata está en un estado de impureza ritual extrema y debe observar varias reglas. No deben tocar o ir cerca del altar de la familia, no deben entrar en un templo o cualquier lugar sagrado, no deben participar en cualquier otro rito religioso -excepto funerales-, no deben recitar o leer ninguna escritura sagrada hinduista como la Bhágavad guitá, no deben visitar a otros miembros o amigos de la familia, no pueden asistir a eventos sociales como bodas, fiestas, etcétera… Pienso que aquello que usted tiene en mente, tampoco debe ser permitido… Debe ser un ayuno de carne, total. Inclusive, cuentan que el día en que ocurre el fallecimiento, la familia no debe cocinar, pues se considera inadecuado encender el hogar de la familia cuando se está incinerando a un miembro, por lo que generalmente la familia y los amigos cercanos, son los que proveen de alimentos a la familia de luto. Pero si la Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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muerte ocurrió lejos del hogar y la cremación se retrasa, la familia tiene que seguir las reglas anteriores aun cuando el período de luto formal no haya comenzado en realidad. Para ellos, el blanco (símbolo de la pureza), es también el color del luto y muchos se vestirán de blanco durante el periodo de duelo. Si alguna fiesta religiosa cae en este período de luto, la familia no puede celebrarla por estar en un estado de impureza ritual. También se prohíbe que otros miembros o amigos coman o beban en la casa de la familia que guarda el luto. Para ellos, la muerte no se considera como un “final”, sino como un momento crucial en el viaje aparentemente sin fin del indestructible atman (alma) a través de innumerables cuerpos de animales y seres humanos. Por esto el hinduismo prohíbe el luto o las excesivas lamentaciones sobre la muerte, pues esto podría entorpecer el paso del alma del difunto hacia su siguiente viaje. Ya en la mañana del decimotercer día, se celebra una ceremonia de shraddha (literalmente “fe”). La familia despierta antes de salida del sol y hasta que al fin puede tomar un baño purificador. Imaginen el olor y Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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el vaho que habrá en el ambiente de una familia numerosa. Pero

la

ceremonia

principal

implica

un

sacrificio de fuego, en el que se hacen ofrendas a los antepasados y a otros dioses, para asegurar que el difunto tenga una vida futura pacífica. Típicamente después de la ceremonia, la familia limpia y lava todos los ídolos del altar y ofrece flores, frutas, agua y alimento purificados a los dioses. La familia está entonces preparada para romper el período de luto e impureza ritual y volver a la vida cotidiana. Generalmente se dibuja un modesto rangoli o un kolam (diseño decorativo) fuera de la casa, y que se borra al día siguiente, y los miembros de la familia visitan un templo por primera vez tras la muerte. El período de medio luto suele durar 12 meses completos, durante los cuales la familia no puede celebrar fiestas (como el Diwali) ni asistir a bodas y fiestas. El período de luto suele acabar en el primer aniversario del fallecimiento, en el que se celebra la ceremonia anual de shraddha… En realidad, visto por nuestros ojos y con nuestra runa, me da la sensación que para nosotros son ritos complicados y cansadores de cumplir.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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En fin, confieso que me ha quedado en el tintero enumerar algunas otras costumbres y la liturgia del luto oficial, pero pienso que no se para que pierdo tiempo escribiendo todo esto, porque en verdad, lo que tenia en mente era contarles una anécdota de una cliente mía. Bueno, en realidad no fue con ella que sucedió, y si con su madre viuda. Cuando me lo contaron, mi clienta dijo que su madre Epifanía, una mujer que había quedado viuda hacía cuatro años, durante todo ese tiempo nunca más había tenido contacto con hombre alguno, y cuando digo: contacto, me refiero a que ella nunca más se había animado a comer unos bizcochos atrás del armario, mordisquear un sándwich en la oscuridad, saltar la valla… O sea, hacer ese tipo de cosas incontinentes, que muchas veces las viudas necesitamos encarecidamente, si es que me entienden. Pero en fin, resulta que un día, cansada de ver a su madre tan triste, su hija insistió mucho para que ella saliera con algún hombre, y finalmente, después de mucha insistencia, terminó por presentarle a un viudo muy simpático.

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En conclusión, parece que ambos veteranos terminaron por entablar una amistad, y acabaron por darse muy bien… Al inicio de la amistad, era todo muy conservador, mesurado, pero después de seis semanas saliendo casi todas las noches, los dos viudos resolvieron pasar un fin de semana en la playa. Y allá se fue Epifanía y su amigo, pero por la noche, ya en el cuarto del hotel, ella se quita toda la ropa y se queda completamente desnuda, con excepción de una minúscula bombachita negra de renda. El hombre la miró boquiabierto, sorprendido quizás por reciedumbre de la escena, pero Epifanía lo sacó de su aturdimiento al decirle en alto y buen tono: -Tú puedes hacer lo que quieras conmigo, pero aquí abajo… -apuntando con el dedo indicador para la bombacha-… ¡Todavía estoy de luto! ¿Ok? Para el pobre viudo que se las imaginaba mejor, aquello fue como si hubiese recibido un balde de agua fría, y la animosidad de aquellas palabras, esa noche lo derrotó. A la noche siguiente, otra vez se repite la misma historia. Epifanía se desviste y permanece apenas con la

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bombacha negra de renda, acostada sobre la sábana blanca. -Fíjate como habrá sido, Neiva, -contó mi clienta-, que cuando mi madre miró a su pareja, de pronto

percibió

que

el

hombre

también

estaba

completamente desnudo, con una erección de aquellas, y, para su espanto, ella notó que el hombre tenía el “bilú” cubierto con un preservativo negro. -¡Ay! -yo dejé escapar sin querer-, ¿Y que hizo ella? -pregunté ansiosa. -Te digo que Epifanía, al verlo así, atemorizada, resuelve preguntarle: -¿Qué es eso? ¿Un condón negro? -¡Sí! –responde el hombre, formalmente. -¿Y para qué? -le preguntó mi madre. -¡Es que él quiere darte los pésames!

12 Muchos afirman que el automóvil es una máquina algo compleja cuyo funcionamiento pone en Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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juego energías considerables que el conductor ha de poder dominar con pericia. Yo agregaría que conducir un vehículo, puede describirse como el conjunto de interacciones entre una máquina y un ser humano siempre y cuando este sea mentalmente equilibrado, y no como el atolondrado de mi primo Eolo -, y en donde cada conductor puede considerar a los “otros” como obstáculos más o menos previsibles, tanto para su velocidad de desplazamiento como para su trayectoria. Inclusive, podemos considerar los choferes como otros seres humanos que constituyen una sociedad de la cual todos formamos parte y donde se establecen necesariamente relaciones interpersonales; por lo tanto, entiendo que conducir un auto es también comprender, admitir y respetar a los demás, aún en circunstancias a menudo poco favorables, como era el caso de mi finado marido con aquella catramina que sólo a él se le ocurría querer llamarla de coche… ¡Imbécil! En tal caso, y volviendo a lo que quería decirles, manejar defensivamente es conducir evitando generar accidentes a pesar de las acciones incorrectas de los demás y de las condiciones adversas que circundan al conductor. Esto es simplemente el enfoque positivo de la conducción, que nada más es que mantener el control de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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su seguridad en sus propias manos, teniendo en cuenta todos los posibles riesgos que se presentan al conducir y la forma de evitarlos. Eso se llama plantear la seguridad como un valor fundamental, y muy diferente de lo que piensa Eolo, mi primo, que pobre, hay que joderse, sólo a mi tía se le ocurrió bautizarlo con el nombre del dios griego de la velocidad. El muchacho creció traumatizado por causa de su nombre exquisito. Sin embargo, no queriendo apartarme del tema, para alcanzar el éxito de ese enfoque que les hablaba, es necesario conocer los elementos que conforman el manejo defensivo de un vehículo. Lo que traducido a la lengua de la plebe, es necesario estar bien informado para conducir defensivamente, es decir, se deben conocer los todos los señalamientos y reglamentos de tránsito vigentes, así como los peligros que pueden surgir y la manera de protegerse contra ellos. Además, no debemos olvidarnos que el conocimiento de las tácticas de emergencia conserva su interés cuando se presentan situaciones complicadas, ya que aún para el mejor conductor no siempre es posible preverlas. Yo he oído hablar en las campañas de educación para

el

tránsito,

que

el

conductor

debe

estar

constantemente alerta, ya que ninguna otra forma de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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transporte requiere tanta atención como la conducción de un vehículo automotor… Basta un descuido y… ¡Pafff! Chocamos. Los que están acostumbrados a manejar, dicen que el mantenerse alerta es un hábito que se adquiere al concentrar la atención continuamente en la conducción, sin permitirse distracciones; eso significa estar atento a las situaciones peligrosas que pueden presentarse en cualquier momento, donde el conductor necesita aprender a reconocerlas al instante. Claro que la mayor parte de las veces se evitan accidentes, si estos se perciben con bastante anterioridad, y se identifican los indicios que anuncian el peligro y, principalmente, si se actúa con calma, a fin de recurrir lo menos posible al uso de los “buenos reflejos”… Y no siempre sucede así cuando quien conduce larga un piropo, o chistan y silban cuando se les cruza una minifalda por delante. En realidad, la constante atención es la habilidad de anticipar y prepararse contra cualquier eventualidad, es darse cuenta de las condiciones adversas del tránsito con bastante antelación, de prever la forma en que esas condiciones se desarrollarán y de cerciorarse de que no pondrán en peligro el vehículo que se conduce. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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La previsión puede ejercerse sobre una base inmediata o a largo plazo, por ejemplo, percatarse con anterioridad que un objeto obstruye el camino y frenar a tiempo, o revisar el vehículo antes de emprender un viaje. Inclusive nunca hay que olvidarse que si cruza una pelota por la frente, seguro que detrás de ella aparecerá un botija corriendo. Pero sobre todo, para conducir se requiere juicio, y eso implica el reconocimiento de las alternativas presentes en cualquier situación de tránsito y la habilidad de decidir a tiempo lo que es más conveniente hacer. Hay que tener en cuenta que son las decisiones las que causan las acciones del conductor, y una decisión por inmediata y consciente que sea, implica un juicio, el que a su vez conlleva la existencia de un criterio. Los expertos dicen que el conductor no se decide únicamente por lo que percibe, sino también según la consideración que hace del riesgo como más o menos aceptable; por lo que, muy frecuentemente sin saberlo, hace intervenir una determinada estimación del peligro que avizora. Pero así como se requiere juicio, también es necesario tener habilidad; y se entiende por esa palabra, como el saber manipular los controles de un vehículo y Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ejecutar

perfectamente

las

maniobras

básicas

de

conducción como son: dar vuelta, estacionarse, cambios de velocidad, rebasar, etc. El conocer y dominar todos aquellos factores de los que depende la conducción en un sentido estricto y, por lo tanto, de los que depende la seguridad de quien maneja, es lo que se denomina como conducir bien y exigir el uso de casi todos los sentidos. No es suficiente tener la habilidad para maniobrar un vehículo, sino observar atenta y permanentemente el ambiente en que se circula; el buen conductor debe observar, prever y actuar. Parece un asunto pesado, pero todos los elementos mencionados anteriormente conforman el manejo defensivo, aunque resulta difícil separarlos ya que se trata de un flujo circular permanente. No obstante, muchos ignoran -entre ellos mi primo-,

las principales

causas

que originan

los

accidentes, y en ellas podemos contar desde los factores naturales, hasta las

condiciones de la carretera, las

condiciones del propio conductor, las condiciones del vehículo y el exceso de velocidad. No hay que olvidarse que la maniobrabilidad de un automóvil siempre tiene límites. La trayectoria tiene Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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tanta mayor rigidez y el vehículo es más difícil de parar, conforme la velocidad es más elevada y la carretera más resbalosa. El conductor sabrá cual son los límites de su libertad, solamente si conoce con suficiente exactitud la velocidad de su auto y las cualidades de adherencia del revestimiento de la carretera. Por eso se dice que al comenzar a llover, se forma una especie de jabón producido por los residuos de tierra, grasa y gasolina, lo que provoca que los vehículos derrapen, además, de que la lluvia supone una reducción de la visibilidad. Cuando la lluvia es muy fuerte, los limpiaparabrisas pueden ser incapaces de evacuar el agua, dejando una continua capa de ésta sobre el cristal, por lo que se debería reducir la velocidad. Pero si la falta de visibilidad es excesiva, se deberá detener el vehículo a un costado de la carretera y esperar que pase la tormenta, que

raramente

dura

más

de

unos

minutos.

Evidentemente, en tiempo lluvioso, los neumáticos en malas condiciones también afectan negativamente en el control del vehículo. Del mismo modo, los expertos insinúan que la neblina es una de las peores condiciones atmosféricas con que se puede enfrentarse el conductor, pues su

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habilidad no puede mejorar la visibilidad, ni le permitirle aumentar su velocidad. Es bueno recordar que siempre se debe evitar rebasar con neblina, pero si ello fuera necesario, se debe tener siempre en consideración la suficiente visibilidad para completar la maniobra sin peligro dentro de los límites de velocidad y distancia de frenado… Sino, ya era. Por otro lado, la vía sobre la que se desplaza todo auto tiene sus características propias: anchura, pendiente, arqueo, sinuosidades, etc. Por eso dicen que las trayectorias del vehículo seguras o peligrosas dependen igualmente de esas características, y que el conductor ha de tomar en cuenta constantemente. Un automóvil patina cuando se conduce a demasiada velocidad para las condiciones de la carretera. Por lo tanto, los elementos sobre la superficie de rodamiento que aumentan los riesgos de patinar y derrapar son: lodo, hojas secas y arena. Recuperar el control de un auto que patina es una operación difícil, ya que existen varios tipos de patinazos: el de las ruedas traseras, las delanteras y de las cuatro ruedas, y en muchos casos, una presión del freno sólo acentúa aún más el deslizamiento de las ruedas Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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sobre la carretera. A veces con un movimiento del volante la trayectoria se corrige, pero este movimiento tiene que ser rápido y mesurado a la vez, no realizable en el instante de pánico que por lo general provoca el derrape del automóvil. A todo esto, debemos agregar que todos los riesgos al conducir aumentan si el conductor no está en las mejores condiciones físicas y mentales, y algunos factores que afectan negativamente la seguridad al conducir, son los siguientes: el alcohol, los fármacos, la fatiga y la tensión. Los médicos aseveran que el alcohol tiene la fatua propiedad de disminuir las inhibiciones que la sociedad nos impone. Procurar esa euforia que nos hace subestimar nuestros errores y sobrestimar nuestras capacidades, se trata nada más que de una ilusión que puede ser agradable en muchas circunstancias pero que, al conducir, nos lleva a desdeñar los peligros o aceptarlos demasiado fácilmente. Es frecuente escuchar que algunas personas dicen, a manera de “broma”, que conducen mejor cuando han ingerido bebidas alcohólicas, y yo les digo que casi no hay nada que pueda resumir, de tal manera, una

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actitud tan inconsciente… Sólo si el que lo dice es un boludo. Tampoco podemos descartar que las crecientes tensiones

sociales,

el

carácter

cada

vez

más

deshumanizado de la vida urbana, la incapacidad para hacer frente a un dolor o a un problema por pequeño que este sea, y no querer recurrir a un médico que recete fármacos, o la publicidad cada vez más penetrante de compañías farmacéuticas y de los productores de bebidas alcohólicas, determinan que aumente día a día el número de personas que buscan consumir alcohol, anfetaminas, barbitúricos, tranquilizantes y otros fármacos de abuso. Claro, muchos dirán que los efectos difieren según el medicamento, la dosis, el estado físico y mental, la edad e incluso el peso del conductor. Pero muchos se olvidan que un fármaco de uso común, como los tranquilizantes que se consumen en caso de ansiedad, su uso indiscriminado puede provocar somnolencia, visión doble,

disminución

de

los

reflejos

y

falta

de

coordinación. Además, la absorción de medicamentos, en particular gravemente

los la

tranquilizantes, influencia

del

puede

aumentar

alcohol

en

el

comportamiento. En general, si se está bajo un tratamiento médico o se ha ingerido algún fármaco, no es Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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recomendable conducir, ya que no estaremos en condiciones óptimas para ver por nuestra seguridad… Solamente los inconscientes proceden así. También he observado que después de varias horas de conducir, la fatiga disminuye la capacidad de atención, y el ajuste de la velocidad a las circunstancias se vuelve más esporádico y menos rápido ya que las correcciones de dirección mediante un movimiento del volante se vuelven menos frecuentes. Por ello, se dice es necesario mantener el estado de atención y la capacidad para mantener un alto grado de concentración, pues estos disminuyen rápidamente al aparecer el cansancio; y al llegar a este punto, el conductor comienza a cometer errores técnicos y de juicio simples pero potencialmente peligrosos. Dentro de lo mismo, frecuentemente se ha comprobado que en los conductores hay un estado de tensión, de inquietud causado por problemas, antes de verse implicados en un accidente. Es probable que, además del efecto de distracción de las preocupaciones, la ansiedad disminuya la percepción y la estimación de los riesgos. Por eso, cuando el futuro está cargado de problemas, los originados por el tránsito pueden

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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parecernos insignificantes… Si no me cree, pregúntele a mi primo Eolo. Claro

que

todos

tenemos

problemas

y

dificultades que se derivan de la vida cotidiana, pero, ¿de qué nos sirve llevarlos a todas partes? No hay que olvidarse que la conducción requiere de toda nuestra atención, y se deben evitar desavenencias cuando se conduce. Los problemas se arreglan en casa, y el conductor impaciente que trata de dejar atrás a los demás, y se irrita extraordinariamente por las demoras del tránsito, malgasta su energía en un comportamiento agresivo que estimula la aparición de dolores de cabeza y cansancio por tensión nerviosa. Yo soy de las que pienso que todos deberíamos interesarnos en lograr que la conducción de vehículos sea una actividad más placentera y civilizada, tomando una actitud de entendimiento, cortesía y cooperación. Pero de todos, yo creo que lo más preocupante es el exceso de velocidad, pues el conductor debe considerar que el automóvil circula en un ámbito que cambia sin cesar y, por lo tanto, está obligado a prever cada hecho que pudiera imponer una modificación de la velocidad o de la dirección, y debe preverlo más Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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rápidamente a medida que su velocidad aumenta. Eso sucede cuando al presentarse un obstáculo, circulando a una velocidad elevada, la mayoría de las ocasiones el conductor no dispone del espacio suficiente para que su reacción y la distancia que recorra el vehículo antes de detenerse, eviten la colisión. Es evidente que la reducción de la velocidad deja mayor tiempo para percibir, juzgar y decidir. El riesgo de equivocarse es por lo tanto menor y las colisiones se vuelven menos graves. Por otro lado, hojeando una revista, me enteré que se dice que el 33 por ciento de conductores españoles presenta síntomas de miedo al conducir como lo pone de manifiesto un estudio realizado por el Instituto de Seguridad Vial de Maphre. Ellos afirman que en la mayoría de estos casos, el miedo a conducir “no se debe a las circunstancias que dificultan normalmente la conducción como son la oscuridad o el mal tiempo”, sino que se trata de “una enfermedad mental” que le impide al conductor ponerse frente a un volante, explicó a Europa Press Televisión, Estela Pérez, la psicóloga que ha dirigido el informe… Que seguramente no es la misma dolencia que aqueja a mi primo. El estudio destaca, además, que el seis por ciento de los conductores que padecen amaxofobia “se Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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paraliza al volante”, siendo mucho más habitual dicha patología entre las mujeres. Así, de este seis por ciento, un cuatro por ciento corresponde a las mujeres mientras que el dos por ciento son hombres. Según explicó esta experta, la amaxofobia se trata de “una enfermedad mental que se define por el miedo que impide a una persona coger el volante de un automóvil y conducir” y entre sus principales síntomas, se encuentran “la ansiedad, la angustia y los sudores” a la hora de ponerse frente a los mandos del coche… En este caso, quien sufre de esta anomalía, es la esposa de Eolo, mi prima política. No obstante, la psicóloga precisó que quienes sufren amaxofobia “pueden llegar a tener pesadillas antes y después de viajar e, incluso, tener ideas irracionales”. Este miedo a desplazarse en coche llega al extremo de paralizar a los amaxofóbicos y suele manifestarse siempre “tras una situación traumática”, como por ejemplo, que “haya presenciado o vivido un accidente de tráfico”. El

estudio

revela

ser

numerosas

las

circunstancias ajenas al conductor que pueden provocar situaciones de amaxofobia, como la conducción bajo factores climatológicos adversos, condiciones de tráfico Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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denso, circulación nocturna, la responsabilidad de llevar ocupantes en el coche -especialmente niños-, desplazarse en un vehículo con poca potencia o conducir un vehículo prestado. En cuanto a las causas, mientras para las mujeres la manera de conducir de los demás es lo que más les estresa, como es exactamente el caso de mi prima política, para los hombres la prioridad se reparte entre esta alternativa y la disminución de las capacidades o habilidades físicas, situación íntimamente relacionada con la ingesta de alcohol. En lo relativo a las medidas adoptadas ante el miedo a conducir, las mujeres generalmente optan por no conducir, se limitan a ir de acompañantes y, desde luego, renuncian a conducir de noche. En esto último coinciden con los hombres, que eligen como primera opción no conducir de noche. Yo no sabía lo que significaba esa palabra, pero la doctora Estela Pérez comentó que “amaxofobia” viene de “amaxo”, que en griego quiere decir carro, y de “fobia”, que quiere decir miedo. Así, el miedo a viajar en coche no es lo mismo que el sufrido por quien tiene fobia a desplazarse en avión. La principal diferencia entre estos dos tipos de enfermedades, es que mientras la Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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persona afectada por la amaxofobia “se da cuenta de que la conducción depende de ella y que no puede controlar todas las condiciones de la conducción”, y en el caso de quien tiene miedo a volar, “el hecho de volar, no depende directamente de él”, pero que si el avión se cae, se hace mierda igual. Aun teniendo en cuenta lo esencial que resulta el automóvil en nuestras vidas y lo difícil de compaginar esta enfermedad con la vida diaria y el trabajo, la psicóloga aseguró que “las fobias se superan”. Por ello, quien sufre amoxofobia “puede volver a conducir”. Eso sí, recomendó, en cualquier caso, la ayuda de un terapeuta. Creo que eso es lo que estará buscando ahora la mujer de mi primo Eolo, porque la pareja estaba volviendo de sus vacaciones en la costa, y por la autopista, mi primo dirigía su potente Jaguar a 120 km por hora, buscando mantener el límite de velocidad establecido. Después de los dos pasaren casi todo el trayecto sin conversar una sola palabra siquiera, la esposa decide romper el silencio, y le dice a mi primo: -¡Querido!, nosotros estamos casado hace treinta años… ya vivimos muchos momentos de alegría Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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juntos, ya compartimos muchas cosas buenas en este mundo, ambos tuvimos la oportunidad de disfrutar de lo mejor… ¡Pero en realidad, ahora yo quiero el divorcio! Mi primo permaneció silencioso escuchando las alegaciones de la esposa y, apenas mirándola con el rabo de los ojos, aceleró el coche a 140 km por hora. La esposa ni se inmutó con esa actitud voluble de él, y continuó diciéndole: -Yo no quiero que tú me pidas para que mude de idea… Pues también te confieso que estoy teniendo un caso con Jacinto, tu mejor amigo, y estoy convencida que él es el hombre cierto para mi… Mi primo hizo como quien no escucha y permaneció mudo y pacífico, manos fijas al volante mientras aumentaba la velocidad del automóvil para 150 km por hora. Hasta ese momento, su esposa no se impresiona con la velocidad y continúa con su cháchara, agregando: -Yo voy a quedarme con la casa, y con… En ese momento el coche ya vuela por la carretera a más de 160 km por hora, y Eolo permanece silencioso… Como si nada.

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-Y te aviso, -dijo ella-, que quiero el coche, la cuenta corriente del banco, todas las tarjetas de crédito… -siguió apuntando su mujer. Mi primo no se inmuto y, como si nada, aceleró aun más y la velocidad del coche se elevó para más de 180 km por hora… Por dentro Eolo estaba poseso. -Y quiero que nuestros hijos permanezcan conmigo… -dijo ella. Eolo continuó sin responder, manos firmes al volante, ojos avizores en la carretera mientras el velocímetro del auto ya marca 200 km por hora. En ese momento, él oye que su esposa le regaña: -¿Y tú no me vas a decir nada? ¿No vas a decirme lo que tú quieres? -¡No, querida…! ¡Todo lo que yo necesito, lo tengo aquí mismo, en este coche! –expresó mi primo dando de hombros y sin apartar la vista de la carretera. La mujer se sintió desconcertada con la respuesta, y antes de poder decir una palabra, escucha que su marido le dice con voz tranquila: -¡Mujer! En este momento, yo tengo de mi lado la cosa más importante del mundo…

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Ella descartó que se refiriese a ella, y no alcanzó a comprender el motivo del discurso realizado por su marido, y decidida, le preguntó: -¡Muy bien, Eolo! ¿Se puede saber qué es esa cosa de tan importante que tenés de tu lado? En ese momento el coche ya corría a una velocidad superior a los 220 km por hora; entonces, mi primo da calmamente vuelta la cara para mirar a la esposa, y le dice con una inflexión de voz alegre: -Este coche tiene únicamente un Air Bag… ¡Y justamente, éste queda de mi lado…!

13 Aunque muchos no me crean, uno de los aspectos que he encontrado más fascinantes del lenguaje y el discurso humano, es el desarrollo, evolutivo, de la capacidad que estos tienen por el chismoteo. Sin embargo,

antes

del

chisme

-según

señalan

los

lenguaraces-, primero era el verbo. Pero antes del verbo, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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como primates únicos, vino el lenguaje. Después del lenguaje, nos llegó el chismorrear. Para explicar mejor esta acción que para algunos constituye un pasatiempo vital, teorías abundan. Aquí resumo una que encuentro atractiva: La palabra “chisme” en inglés, significa “persona relacionada a otra en Dios”. Sin embargo, hasta el año 1800 se consideraba señal de amistad. Hoy se define en inglés como: “hablar por hablar, o la difusión de información íntima o sensacional”. De acuerdo con lo explicado por el profesor Jack Levin, autor del libro: Gossip the Inside Scoop, muchas personas pueden beneficiarse de los chismes que, acerca de ellos se difunden. No en tanto, conforme extraje de Psychology Today (agosto 1996), para otros, el chisme puede ser un vehículo de dejarnos saber, sin confrontaciones, lo que algunos no aprueban de nuestros comportamientos. Nos obstante, para mí, quizás la razón que existe en nuestra especie, el chisme es para darnos algo con que ocuparnos mientras vivíamos en el pleistoceno, en lugar de masacrarnos mutuamente. Porque como sabiamente nos dijera Freud: “La civilización nació el

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día que el hombre enarboló una palabra en vez de una lanza”. Pero la persona que lo ama, como mi amiga Josecita, y que vive del chisme, merece un lugar muy especial en nuestro entendimiento del comportamiento aberrante del ser humano. Y en verdad, entre los que he conocido, analizado y estudiado, ella ocupa una posición establecida de chismosa, entre otras “virtudes”, que merece una mención especial. Entendámonos, una de las formas más efectivas de comunicar ideas o hechos entre humanos, es recurrir al sistema más elemental y arcaico que conocemos: el de persona a persona, o el de palabra de boca, lo que representa el estilo puro, inicial y espontáneo de la correspondencia entre nosotros. Así fue desde el Neolítico. Y así será siempre, porque la comunicación verbal antedata la escrita y la semiótica. Aún en este avanzado siglo XXI, la palabra articulada viva y directa sigue siendo el método más eficaz y la forma más poderosa de comunicar lo que deseamos que todos conozcan, aunque al tener el propósito de comunicar algo, esto no sea estrictamente verídico.

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Por esa razón nos parecería curioso que algunos candidatos políticos pasados, fueran unos tartamudos. Aunque oradores tartamudos los ha habido en la historia. Recordemos aquí al ilustre Demóstenes de Grecia, cuya carrera como orador fuera frustrada por el hecho de ser gago, impedimento que él sobrepondría logrando pasar a la historia como uno de sus grandes panegiristas Se entiende que la forma de difusión de informes y comunicaciones suculentas, esencialmente es el rumor. Comunicación ésta que parte de un punto específico y que se va desplazando de persona a persona transmitiendo un mensaje sin malicia implícita, aunque puede contenerla, pero que carece de veracidad comprobada. El

rumor puede ser

estrategia

artera

y

manipuladora, ya que como carece de veracidad establecida, conduce a la desinformación. Los políticos y los estrategas militares abusan de esta forma de comunicación. Como igualmente lo hacen las iglesias constituidas, los que mercadean efectos de calidad cuestionable, los que prometen lo que no pueden cumplir, y los padres cuando se presentan a sus hijos como dechados de las rectitudes morales de las que

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carecen, entonces vemos que todos usan el rumor, o su hermanastra, la mentira. A pesar de ser informal o de no tener un origen claro, el rumor cautiva porque nos proporciona una manera concreta de comprender al mundo. El rumor constituye un mecanismo con el que se trata de edificar una realidad ficticia como si ésta fuese la cierta. Los rumores son tan viejos como la humanidad y el lenguaje, y su propagación, como si fueran noticias verdaderas, son tan antiguos como la civilización. Para ilustrar mejor lo que digo, parece ser que en 1750, para enterarse de lo que realmente estaba pasando en Francia y en el resto del mundo, la gente de París, se dirigía al árbol de Cracovia, un castaño grande y frondoso situado en el centro de la ciudad, dentro de los jardines del palacio real. Bajo la sombra de sus ramas tupidas, se intercambiaban las últimas noticias. Los que allí se reunían, compartían información. Y los individuos que entonces estaban, afirmaban, basándose en “fuentes privadas”, que lo que ellos creían y pensaran eran sucesos genuinos provenientes de los pasillos del poder. Este tipo de noticias se conocía como “ruidos públicos” y eran difundidos asimismo por medio de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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canards (panfletos frívolos) que se anunciaban a voz en cuello o que los organilleros cantaban adoptándolos a la música de coplas conocidas. Para enterarse de las noticias, uno simplemente se paraba en la calle y aguzaba el oído. Otros dos modos de comunicación especialmente eficaces durante el París del siglo XVIII, fueron las letrillas y los chismes. Según Robert Darnton, las canciones servían como dispositivos mnemotécnicos y como poderosos vehículos para difundir un mensaje, algo muy similar a los anuncios comerciales cantados de hoy. Algunas canciones se originaban en la corte misma, desde donde llegaban a la gente común y corriente, quienes a su vez, las cantaban, las modificaban, y en turno las devolvían a la corte. Los artesanos improvisaban canciones mientras trabajaban, agregando nuevos versos conforme lo pedía la ocasión. Una canción pegadiza podía correr como un reguero de pólvora y, al hacerlo, crecía. Eso era algo inevitable, pues adquiría nuevas palabras en el transcurso de la transmisión oral y todo el mundo podía unirse al juego de injertar nuevas estrofas a las viejas. Los nuevos versos se garabateaban en pedazos de papel y se intercambiaban en los cafés, al igual que las anécdotas Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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que difundían los novelistas; así un gran número de personas que no sabía leer podía memorizarlos fácilmente. Entonces, hablamos de los chismes que son informaciones que deforman, que tienen un ciclo similar a los rumores: nacen, como si fueran un ser vivo, se desarrollan y mueren. Incluso pueden rencarnar, con nuevos bríos o hasta en nuevos cuerpos. Para mí, el chisme consiste en un comentario infundado generalmente constituido por una serie de mentiras que tal vez llegarán a perjudicar a uno o varios individuos, dependiendo de la intención de quien, o quienes, lo genera. También, el chisme representa una situación natural que es producto de la convivencia social, y que se aprende con el tiempo, del que sería justificado decir que todos, de alguna forma, como sucede con la mentira, lo hemos practicado. La estructura del chisme la conforman: el chismoso, el receptor de la habladuría, y la víctima de quien se habla de forma negativa y sin fundamentos. El chismoso, -quien lo genera-, suele saber poco acerca

de

quién

victima

y puede

experimentar

sentimientos de venganza y, en algunas ocasiones, de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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envidia. Lo sorprendente es que acerca de esta actividad tan humana, no existe una postura oficial de la psiquiatría o de la sociología en relación con lo que el chisme es. La gente que inventa un chisme proyecta inseguridad; a todos los que lo rodean los ve como rivales, por lo que tiene serios problemas de integración social o moral. De cualquier manera, el chisme es una forma de comunicación que está vigente, y que puede ir desde una simple crítica hasta la invención de toda una historia en torno a un sujeto determinado. O sea, se juega también a intentar cambiar la realidad. Para algunos, el chisme, en sus orígenes paleolíticos, se utilizaba como cháchara destinada a mantener la paz entre los miembros de la tribu, que se entretenían arrojando palabras malsanas en lugar de las lanzas injuriosas. Como sucede con el rumor o con el chisme, conceptos intercambiables-, cualquier comunicación puede ser compendiada de seis maneras: por su fuente, por su contenido, por su proceso de difusión, por el medio a través del que se difunde, por el tema y por la naturaleza de sus efectos.

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En sus orígenes, la palabra chisme (ragot), guardaba una referencia con la fuente y con el efecto de una comunicación: un ragot es un gruñido emitido por un jabalí. Los chismes son historias de baja estofa, que lindan con la calumnia y la difamación. La habladuría destaca el objeto del rumor o de la voz, y también se refiere a personas. En la habladuría encontramos las alegrías y desgracias de los grandes y pequeños personajes que nos rodean. El comadreo es una definición de la propia fuente. Al igual que el chisme, se trata de un juicio de valor. En cambio, el rumor expresa un fenómeno definido por su fuente -no oficial-, su proceso -difusión en cadena- y su contenido -se trata de una noticia referida a un hecho de actualidad. La veracidad, por el contrario, no forma parte de su definición formal. La mentira, de la que tanto hemos escrito, parece ser la única virtud que algunos suelen lucir con esnobismo. Como tantos, parece que necesitan mentir cuando mentir no fuese necesario. La transmisión de boca en boca no es más que un medio, y abarca, de hecho, una gran cantidad de fenómenos; las conversaciones entre parejas, las

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discusiones de grupo, las confidencias, las arengas, y asimismo, los discursos vacilantes. En el mundo de la comunicación, el rumor es un fenómeno que provoca disturbios, y aunque se le identifica en la mayoría de las ocasiones como elemento de ruido, no se le puede desactivar de inmediato porque constituye

una

comunicación

que

serpentea

por

diferentes formas, que penetra, crea dudas y a medida que avanza se regenera con nuevos datos. El rumor en su esencia, anticipa algo que puede ocurrir, como también puede conducir hacia una versión falsa de lo comunicado, que trasciende, lo fabricado según la perversidad de quien lo transmite, o del morbo del que lo repite. Si el río suena, agua lleva... Jean Noël Kapferer es quizás uno de los estudiosos principales de este fenómeno, y, para él, el chisme, como rumor, se encuentra en todas partes, cualquiera que sea el ámbito de nuestra vida social, y asienta que es el medio de comunicación más antiguo. Este autor sostiene que, antes de la invención de la escritura, el único canal de comunicación de las sociedades eran los mensajeros que corrían de boca en boca. En otras palabras, el rumor era el vehículo de las Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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noticias; hacía y deshacía reputaciones y precipitaba las rebeliones o las guerras, y lo paradójico es que el desarrollo de los actuales medios, lejos de suprimir los rumores, los ha hecho más especializados: cada uno posee ahora su propio territorio de comunicación. La diferencia estricta entre el chisme y el rumor no existe, ya que se traslapan. Para nosotros la diferencia es de ámbito. El chisme es de ámbito local, sus ganancias son definidas para quienes lo hilvanan y poseen una cualidad de cobardía, ya que quienes los usan lo hacen pretendiendo poseer hechos inexistentes para documentar su táctica. Según dicen por ahí, el ser humano es sociable por naturaleza,... Habrá otros que no lo son tanto, y otros que se pasan de la raya. Estos que se pasan sienten la imperiosa necesidad de saber exactamente que es lo que hacen los demás, y si no saben lo inventan, entonces ya tienen “material” para ir a viborear con otros que les guste o no escuchar chismografías. Esto los hace sentirse queridos y respetados, pues habrá muchos que los escuchan. La peor ofensa para un entrometido y chismoso, es encontrarse con alguien que no lo es, y no le permite entrometerse en su vida, no le cuenta nada de lo suyo o Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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definitivamente lo ignora. Entonces si que arde Troya, porque el chismoso al sentirse “despreciado” atacará con mas furia e inventará mas que Leonardo Da Vinci, o lo criticará por todos lados diciendo que “este” es un antisocial, un aburrido, un torpe, un sangrón, etc., etc. Si lo encaras y le dices que no ande de metiche... Igual va y le cuenta a medio mundo que tú lo agrediste y casi le pegas, y que le has dicho que es un “chismoso”,… que horror, si él no se merece semejante ofensa. Si le sigues la corriente y le cuentas algunas cosas tuyas, estará muy contento y te tomará como su gran amigacho del alma, obviamente sabes que cuando das la vuelta ira a vituperar por ahí. ¡Ahhh!, pero no se me vaya a disgustar con él un día, porque entonces tendrás a tu peor enemigo que voceara a todos los aires tus pequeños pecadillos, y luego los convertirá en crímenes. O sea que, poco mas queda cuando te encuentres a un espécimen de estos, que lo mejor es correr... y los mas lejos que puedas, Son individuos altamente peligrosos. Parece que todo lo dicho es puro blá-blá-blá, pero aun cabe una pregunta que considero trascendental: ¿Qué dice la Biblia acerca del chisme? Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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La palabra hebrea traducida como “chismoso” en el Antiguo Testamento, es definida como alguien que revela secretos que suceden a su alrededor, como un chismoso o traficante de chismorreos. Este es alguien que le saca secretos a la gente, acerca de ellos mismos y de sus familias, y luego va repitiéndolos de casa en casa, ocasionando gran perjuicio para aquellos cuyos secretos le fueron confiados, así como para aquellos a quienes se los cuenta, y también para sí mismo. El chisme se distingue de compartir información por su intención. El traficante de chismorreos tiene como su meta edificarse a sí mismo por medio de hacer ver mal a los demás y por exaltar su gran conocimiento de los demás. En el libro de “Romanos”, Pablo revela la naturaleza pecaminosa y la anarquía de la raza humana, declarando cómo Dios derramó Su ira sobre aquellos que rechazaron Sus leyes. Por haberse alejado de la instrucción y la guía de Dios, Él los entregó a sus mentes reprobadas. “…llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales,

sin

afecto

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

natural,

implacables, Página 161

sin


misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” (Romanos 1:29b32). Podemos apreciar en este pasaje, que tan serio es el pecado del chisme y que caracteriza a aquellos que están bajo la ira de Dios. Otro grupo que era, y que es comúnmente conocido

por

consentir

en

este

comportamiento

pecaminoso, son las viudas. Timoteo previene a las viudas en contra del entretenido hábito del chisme y de estar ociosas… “incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino

también chismosas

y entremetidas,

hablando lo que no debieran.” (1 Timoteo 5:12-13). …En razón de que las mujeres tienden a pasar mucho tiempo en las casas unas de otras, o trabajando muy estrechamente con otras mujeres, involucrándose en las vidas de mucha gente; ellas escuchan y observan una variedad de conversaciones o situaciones, las cuales tienen el potencial de llegar a distorsionarse, si lo que ellas ven no es mantenido en privado. Timoteo dice que las viudas caen en el hábito de andar de casa en casa, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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buscando algo para ocupar su ociosidad. Las manos ociosas son el taller del diablo, y Dios advierte contra permitir que ese pecado entre a nuestras vidas. “El que anda en chismes descubre el secreto. No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” (Proverbios 20:19). Ciertamente no solo las mujeres son las únicas que

son

encontradas

culpables

de

este

pecado.

Cualquiera puede involucrarse en el acto del chisme, simplemente con repetir algo que escuchó en confianza. El libro de “Proverbios” tiene una larga lista de versos que cubren los peligros del chisme y la potencial herida que resulta cuando no se toma el cuidado de pensar en los demás y en cómo pueden ellos reaccionar si es revelado algo que hayan querido mantener en privado… “El que carece de entendimiento menosprecia a su prójimo; mas el hombre prudente calla.” (Proverbios 11:12-13) La Biblia nos dice que “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” (Proverbios 16:28). Muchas amistades han sido arruinadas por un malentendido que comenzó con un chisme.

Aquellos

que

se

involucran

en

este

comportamiento no hacen sino provocar dificultades y causar ira y amargura, sin mencionar las heridas entre Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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amigos. Tristemente, algunas personas se benefician con esto y buscan oportunidades para destruir a otros. Y cuando tales personas son confrontadas, niegan las acusaciones y responden con excusas y racionalismos. En vez de admitir su error, culpan a alguien o a algo más, o intentan hacerlo sonar como si el pecado que cometieron no fuera tan malo… “La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazos para su alma. Las palabras del chismoso son como bocados suaves, y penetran hasta las entrañas.” (Proverbios 18:78). “El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias.” (Proverbios 21:23). Así que debemos guardar nuestras lenguas y refrenarnos del acto pecaminoso del chisme. Si rendimos nuestros deseos naturales al Señor, Él nos ayudará a mantenernos rectos. Dios recompensa al justo y al recto, así que todos debemos luchar para permanecer como tales. Creo que mi amiga Josecita nunca leyó la biblia, y por eso, dos por tres incurre en pecados, sean veniales o mortales, depende como cada un los quiera clasificar cristianamente, y tampoco da bola para lo que dicen los vademécum del saber popular o científico.

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Digo esto, porque una de esas tardes lluviosa en que el movimiento del salón disminuye, ella me apareció de visita, loca para contarme lo que había sucedido con su vecina. No lograba contener la boca cerrada y estaba ardorosa para contar su chisme. -¿Te enteraste de lo que le pasó a mi vecino? me preguntó así que se acomodó en una silla para saborear un mate que yo le ofrecí. -¡No! Para nada, -respondí, ya sospechando sobre lo que ella se traía en mente. -Mira, te digo que mientras el tipo estaba acomodado en el sofá asistiendo a un partido de fútbol por la televisión, aprovechó el momento para tomar una cervecita y comer unos maníes. De paso, desde su posición, mantenía el ojo abierto para vigilar a su hija que estaba sentada en el balcón, con su novio. -¿De que tipo me hablas? -busqué entender, mas perdida que ciego en tiroteo. -De mi vecino, Neiva,… de don Acacio. -No lo conozco y nunca lo vi ni pintado -afirmé con voz circunstancial. -Eso no importa, amiga, lo interesante es la historia en si.

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-Está bien, dale, el tipo estaba cuidando a la hija, ¿y…? -Lo que pasó es que al poco rato, don Acacio siente una fuerte escocedura en el oído, y tuvo la genial idea de rascárselo con un maní. -Que imbécil -murmuré entre dientes mientras sorbía mi mate dulce. -Parece que la cosa estaba yendo bien, hasta que, de repente, la cáscara del maní se quebró, y un carozo le quedó trancado en el orificio de la oreja. -Desesperado,

-siguió

diciendo

Josecita-,

rápidamente el hombre intenta quitárselo con el dedo, pero cuanto más ensayaba, más lo empujaba hacia adentro. Entonces, exasperado y con dolor, don Acacio grita por ayuda. -Ya

me

lo

imagino

-balbucee

para

no

interrumpir a mi amiga. -Al oír los gritos, acuden a la sala, su mujer, su hija, y el novio. Nadie sabe lo que hacer con el hombre, que continuaba con el maní trancado en el oído, y gritando como un loco… -¿No llamaron una ambulancia, un médico? pregunté, ya sintiendo una puntada de dolor en mi propio oído. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-¡No, Neiva! Parece que el pretendiente de la nena, queriendo marcar algunos puntos a su favor con el suegro, encuentra una solución, y apunta: -¡Calma don Acacio, que yo sé de una salida! ¡Cuando yo era boy scout, siempre socorría a mis amigos! -¿Mira,

vos?

Comedido

el

chico

-dije,

sorprendida con su actitud puntual. -Ágilmente, el muchacho mete dos dedos en la nariz del suegro, y ordena: -¡Cierre la boca, y sople por la nariz con bastante fuerza! -El hombre hizo lo que le ordenaban, y prontamente el pequeño carozo de maní salió expelido de su oído -dijo mi amiga, acompañando la descripción con un ademán de como el maní saltó del oído del sujeto. -Encantada con lo que ve, -agregó-, la esposa le dice a su marido: ¿Te diste cuenta? ¿Decime si este muchacho no es un encanto? -¡Mmmm! No se –murmura el marido. -¡Tan

calmo,

y

tan

controlado

en

las

emergencias! ¿Lo que será que él va a ser…? ¿Médico? Pregunta la esposa.

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-En ese momento, don Acacio, poniendo cara de pocos amigos, la mira y le responde con expresión severa: -Por el olor que tenía en los dedos… yo te garanto que este muchacho va en camino de ser nuestro yerno…

14 Antes de adentrarme en lo quería relatarles, necesito hacer un paréntesis para explicarles como es la característica y la personificación de un ser que es llamado de “cara dura”. Para tanto, me empapé en la historia de quien mejor incorpora ese rasgo. A pesar de que en los registros que nos han llegado de sus andanzas, sólo constan 116 amantes, Giacomo Girolamo Casanova de Seingalt se jactó públicamente de haber seducido a miles de mujeres, preferentemente esposas e hijas de sus amigos. Según él, el secreto de su resistencia física y de su apetito amatorio, residía en la sobredosis de ostras, no menos de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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50, con que se desayunaba cada mañana, lo que no es el caso de nuestro personaje que iré a narrarles. Pero según él nos cuenta en sus memorias, otro truco que utilizaba, esta vez para no dejar embarazadas a sus muchas amantes, era un método anticonceptivo infalible: introducía una canica de oro de 60 gramos en la vagina de sus amantes-víctimas. A pesar de estas imbecilidades, quiero enfatizar la idea básica que debemos formularnos: “los grandes fascinadores de la lubricidad y de la impudicia pertenecen más bien al Tipo Casanova que al famoso Don Juan Tenorio”. Si el taimado Tipo Don Juan refleja todas sus aventuras amorosas en el maligno espejo egocéntrico de su fantasía refinada, con la abominable intención de rebajar a la mujer, de profanarla vilmente, de violarla y difamarla perversamente mediante la cópula pasional única y sin repetición en el “empujón al pecado", resulta incontrovertible

una

especial

modalidad

de

odio

masculino contra la hembra. Por ley de contrastes, en el Tipo Casanova predomina el deseo libidinoso de fascinación sexual, basado exclusivamente en los impulsos instintivos naturales y sentimentales. Desafortunadamente esta clase

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de sujetos son insaciables, y sufren y hacen sufrir a muchas féminas desavisadas. El Tipo Casanova es una especie de “maestro burlador” de la mujer; y parece tener el don de la ubicuidad, pues se le ve por todas partes, aquí, allá y acullá; es como el marinero que en cada puerto tiene una novia; muchas veces se compromete y les jura su amor eterno… En contraposición del sadismo sexual refinado del Tipo Don Juan, descubrimos en el Tipo Casanova al homúnculo racional que quiere ahogar en lechos de placer, el tedio insoportable de su propia existencia. Otra variedad, afortunadamente poco común del fascinador de mujeres, conviene que la designemos como Tipo Diablo. Uno de los más genuinos representantes de este siniestro tipo, fue sin duda alguna el monje Gregor Rasputín… pero no hay duda que la Historia tiene muchos más. Observando el tema por otro ángulo que no sea el obtuso, y siguiendo los planteamientos realizados por el

Maestro

Samael,

pretendo

hacer

un

análisis

superlativo del “Tipo Psicológico Casanova”, para bien de las damas que tanto interés muestran en el esoterismo

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gnóstico del siglo XXI y en especial, en el Gran Arcano del Ocultismo develado: la Magia Sexual. Muchos dirán que me pasé de rosca, o que estoy con toda la cuerda, pero en verdad, de acuerdo al análisis esotérico y psicológico que realiza el Maestro Samael, hay algo que diferencia al “Casanova” del “Don Juan”. En el don Juan se encuentra una especial modalidad de odio masculino contra la hembra. Podríamos incluso, siguiendo al Maestro en su análisis, asegurar en forma enfática que, el “Tipo Don Juan” en realidad: “se ama a sí mismo en sus conquistas”, padeciendo de algo que llamamos de “narcicismo”, y tal característica la refleja en cada conquista, convirtiéndose estas en “el maligno espejo de sus fantasías”. Pero continuemos con el “Tipo Casanova”. Aquí vale preguntar: ¿Qué se entiende por “lubricidad” y por “impudicia”? La lubricidad alude a todo aquel que es propenso a, y es inspirado por, la “lujuria”. La impudicia es lo contrario al “pudor” y la castidad, y se dice de aquél individuo que es deshonesto en este sentido. Tenemos entonces que el “Tipo Psicológico Casanova” es inspirado por la lujuria, no solo en lo sexual, sino

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también en el deseo material y la obsesión de poseer, y es deshonesto respecto a sus promesas de amor puro. Esta característica nos lleva a encontrar, a veces, al Tipo Casanova infiltrado entre las escuelas del Cuarto Camino que enseñan la Alquimia. Son precisamente a ellos a los que alude el Maestro Samael cuando en el Matrimonio Perfecto, y advierte: “Debemos aclarar que la Magia Sexual sólo se puede practicar entre esposa y esposo. El hombre adúltero o la mujer adúltera fracasan inevitablemente. Sólo podéis estar casados cuando existe amor. Amor es Ley, pero Amor Consciente. Aquellos que utilizan estos conocimientos de Magia Sexual para seducir mujeres son “Magos Negros” que rodarán al abismo donde les aguarda el llanto y la muerte segunda, que es mil veces peor que la muerte del cuerpo físico”… ¡Vaya epitafio, no! Pero otro aspecto notable en el “Tipo Casanova” es que predomina en él el deseo libidinoso de fascinación sexual. Si aplicáramos a este análisis la “Psicología del Amor” de Erich Fromm, diríamos que el “Tipo Casanova” se considera a sí mismo “un Eros codiciable”, con lo que su posición respecto al Amor resulta totalmente equivocada, no sabe darlo. Entonces, ¿cómo

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lo haría? si él mismo se cree un “objeto amoroso envidiable” que por lo tanto debe ser amado. Esto significa que para el Tipo Casanova el problema del amor es un problema de “objeto”. Muchas de sus conquistas, después convertidas en traiciones, se debieron a que “no eran dignas de él”. Esa es su manera de pensar. “Tal deseo, -nos dice el Maestro Samael-, se basa

exclusivamente

en

instintos

naturales

y

sentimentales”. Por otro lado, existe una rama de la psicología moderna que se denomina “Psicología Evolutiva”. Ella parte de la conjetura de que los aspectos psicológicos, emocionales y sociales del ser humano actual, son heredados de la “experiencia homínida”. Si mal no recuerdo, hace unos años, uno de sus principales representantes en el mundo intelectual, causó gran revuelo al escribir una obra en la que afirmaba que “la tendencia del hombre a la infidelidad era totalmente natural, pues cumplía el llamado de la naturaleza a conservar la especie”… Creo que el sujeto era francés. Según este personaje, el hombre, como “macho” de

la

especie,

es

impulsado

“instintiva

y

emocionalmente” a buscar en la fémina la conservación Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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de su progenie. Independientemente de que sea o no la esposa. Para mí, es una forma elegante de justificar el adulterio. Pero lo que es más importante aquí, es que el Tipo Psicológico Casanova, al tener una “personalidad instintiva”, se comporta verdaderamente como un auténtico “mamífero racional” que obedece a los instintos primitivos que la naturaleza imprimió en él después de la caída. Debo aclarar que por otro lado, la fascinación es distinta, cualitativamente, de la seducción, o de la mera atracción. Es un fenómeno que se produce en la interrelación entre dos personas, y, a veces más. Es una especie de “encantamiento”, con la connotación mágica que este término implica. En la seducción existe una ida y vuelta entre el seductor y el seducido, si bien se entiende que el seducido siente una fuerte atracción, mantiene el control de su conciencia y acepta, de buen grado, la propuesta del seductor. Pero el seducido tiene la posibilidad de evitar la seducción si hace un esfuerzo de su voluntad, porque tiene cierto control de su psiquis. En la fascinación, el fascinado no tiene chances de escapar del fascinador. El fascinador, cual mago o hipnotizador, provoca una Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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alteración de la conciencia del fascinado un poco más leve que en la hipnosis, y se “apodera” de la voluntad del otro. En la interrelación, el fascinado apenas se da cuenta de lo que está pasando y actúa casi como un autómata en manos de la voluntad del fascinador. Es por eso que los fascinados, al tiempo de la fascinación, no pueden creer que cómo hicieron lo que hicieron, lo que el fascinador le indicó. No entienden qué les pasó en ese momento. Creen que se han comportado como estúpidos y se sienten culpables. Y algunos de ellos no se dan cuenta nunca de que le han perturbado su conciencia. Desde luego, no cualquiera es fascinador; es una persona especial que, a medida que trascurre el tiempo, van perfeccionando ese “don” hasta convertirlo en un arte. Muchos de los grandes estafadores han sido fascinadores. Estos hombres no necesitan de la violencia, ni de la coerción, les basta las palabras, la mirada, los gestos... También es cierto que no todos pueden ser fascinados. Y que la inteligencia, la instrucción, el liderazgo... no evitan la fascinación. Debo confesar que yo no creía en la fascinación, eso me parecía algo poco serio, relacionado con la superstición o la superchería, como estoy segura que le Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ocurre a muchos de los que están leyendo esto ahora. Pero, con el tiempo y la repetición de casos relacionados con psicópatas y fascinadas, no me quedó otra alternativa que aceptar este fenómeno. Digo esto, porque el psicópata, en variada dosis, tiene siempre algo de fascinador, tal vez no tan elocuente como el caso que presento más abajo, pero sí en los hechos cotidianos y menores, donde una persona permanece “encantada” con las palabras del psicópata por largo tiempo, algunas por años. Respecto al género, siempre hablando de psicópatas, los casos más impactantes lo he encontrado en varones, aunque algunas mujeres también poseían esta particularidad. Históricamente, se han dado en líderes políticos esta capacidad de fascinar, no solo a individuos sino a grupos, y a veces a masas de población. En Argentina tuvimos un caso relativamente reciente, y otros esparcidos por la historia como Perón y Rosas y algunos caudillos como Facundo. No estoy hablando aquí de “carisma”, que pueden poseerlo muchos líderes, sino de algo superior al carisma. Como ven, el tema es fascinante y podríamos seguir, pero creo que ya es suficiente para comprender el Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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comportamiento alucinado de algunos seres humanos, principalmente al hablarles del caso que ocurrió a media cuadra de casa. Resulta que un pintor de paredes, estaba volviéndose tarado por la esposa de su vecino; principalmente, porque ella le daba abertura para que el hombre se sintiese fascinado y atraído por esa mujer. De vez en cuando, rolaba un clima, un cambio de miradas entre ellos dos, pero la cosa nunca iba más allá de ese tipo de insinuaciones, especialmente, porque el marido era un tremendo de un celoso, del tipo que trancaba a su mujer en el cuarto cuando salía para trabajar. Pero resulta que un determinado día, dispuesto a encontrar un modo de aproximarse de ella, el pintor tuvo una idea que, si el marido la aceptaba, le parecía ser una salida genial para resolver la cuestión. -Sé que usted me comprenderá, Pandolfo… dice el pintor para su vecino- La gente es vecino desde hace años… Y como actualmente yo ando con tiempo sobrando, entonces estuve pensando… ¿Usted no quiere que le pinte gratis la casa? -¡Claro que sí, mi amigo! –Le agradeció Pandolfo sin desconfiar-. Puede aparecer por aquí Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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mañana, así usted ya comienza con el trabajo -concordó entusiasmado. A la mañana siguiente, tempranito, el pintor llega todo exaltado, con la lata de tinta en una mano, y el pincel en la otra. Antes de despedirse, Pandolfo, el marido celoso, le dice al pintor: -Si usted no se importa, mi amigo, yo voy a trancar la puerta… No me gusta que mi mujer ande dando vueltitas por ahí, mientras yo no estoy… -¡Claro, Pandolfo! Haga lo que a usted le parezca mejor. Fue solo dar tiempo a que el marido saliese de casa, que los dos ya comenzaron que ni desesperados, a darse besos, apretones y los subsecuentes toqueteos de siempre. Después de algunos minutos en esa solaz recreación, cuando realmente la cosa ya estaba que hervía, ambos se sorprenden cuando escuchan un barullo en la puerta… ¡Era Pandolfo, el marido! -¿Y ahora? –pregunta la mujer, mostrándose consternada y nerviosa

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El pintor sólo tuvo el tiempo justo para agarrar el pincel y comenzar a pintar la pared, mientras asumía aires de quien está bien distraído… -¡Pero…! ¿Qué es esto? –vocifera el marido, asustado con la escena que ve. -¡Vecino! ¿Usted se ofrece para pintar mi casa, y luego se queda todo desnudo delante de mi mujer? ¿Está loco? -¡Entienda bien, Pandolfo! La casa…, se la estoy pintando gratis…, y por encima, ¿usted todavía quiere que yo me ensucie la ropa? -¡Sí, entiendo! -justificó el marido-. Pero…, ¿y ese mamporro todo duro, ahí? –expresa el marido, apuntando con el indicador para el dicho cuyo del pintor, que aun estaba a punto de bala. El pintor lo mira con la mayor naturalidad, y le responde indiferente: -¡Pero Pandolfo! ¿Y dónde usted quería que yo colgase la lata?

15

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Una vez leí un artículo de la Dra. María Clara Lucchetti Bingemer, quien afirmaba que: “perder la capacidad de indignarse es lo peor que puede acontecerle a una persona, pues la deshumaniza y la debilita en aquello que más noble y más fundamental que posee: su libertad”. No se si puedo concordar con ella, de que esa sea una regla general donde se ponen todos los gatos en una misma bolsa. Pues creo que hay casos, y casos. Por otro lado, veo que en todas partes del mundo crece un movimiento: el de los indignados. Se le ve saliendo por la calle y tomando los espacios públicos como perico por su casa, enredados en protestas contra las injusticias que decidieron no tolerar más. Ellos protestan con palabras, gestos, actitudes, y con ello intentan llamar la atención de la sociedad y, sobre todo, de sus dirigentes. Muchos se preguntan: ¿qué mueve a esos grupos que llenan las calles?, ¿qué mueve a esas personas, quienes no son ni delincuentes ni revoltosos, pero si correctos ciudadanos que trabajan y pagan impuestos?, ¿cuál es el motor de su rabia y de su indignación?, aunque se sepa que a veces entre sus filas estén infiltrados algunos delincuentes y revoltosos, y que muchos que no trabajan ni pagan impuestos. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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En principio, es bueno aclarar que indignación quiere decir rabia, cólera o desprecio sufrido ante una indignidad o justicia, un ultraje. Es el rechazo y la indignación ante aquello que hiere los valores básicos, o los derechos y principios que rigen la vida de los seres humanos. Exteriorizar esa actitud puede ser simplemente una defensa de intereses privados, domésticos o individuales. De cosas que dicen respeto exclusivamente a la propia persona, a la familia o al círculo más cercano, e inclusive aun al círculo más amplio de la empresa, del partido político, o hasta de la agremiación deportiva de sus amores o de cosa que valga. Todo aquello que frena, desvía o perjudica los intereses particulares, del grupo o del clan, es lo que provoca una indignación que muchas veces puede resultar en acciones legales, judiciales, etc… Y alcanzar los intereses del grupo se traduce, inmediatamente, en la reacción corporativa e indignada de sus miembros. Sin querer minimizar, o aun desmoralizar este tipo de indignación, es necesario constatar que ella define intereses particulares no universalizables, y puede incluso tomar el aspecto de autodefensa de privilegios, como la defensa a cualquier precio o costo de un estilo Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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de vida confortable, o una protesta contra propuestas sociales que benefician a un abanico amplio de personas y grupos. Así también, la indignación puede darse contra ciertas medidas de transparencia, dejando al desnudo o denunciando actitudes de determinadas personas o grupos a quienes no les interesa que la verdad emerja. La protesta generada por ese tipo de indignación no pretende entonces el establecimiento de valores o del bien común. La indignación que hoy vemos ganarse las calles, parece fundarse en razones no tan formales, y ciertamente más radicales que aquellas contrarias a las reglas de la equidad en nivel personal o intergrupal. Se trata de una indignación propiamente ética, que se levanta en nombre de la protección o de la defensa del ser, de su integridad física y moral... Nada más. Compleja y densa, esa indignación puede incluso ir de encuentro al derecho positivo y conducir, en consecuencia, a la resistencia ciudadana. Este tipo de indignaciones refiere, a valores reconocidos como fundamentales y no negociables, como por ejemplo aquéllos expresados en la Declaración de los Derechos Humanos, los cuales, aunque lejos de ser perfectos,

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representan una conquista inalienable de la humanidad sobre razones universales o al menos universalizables. Por otro lado, la indignación ética presenta características que sobrepasan las fronteras de los intereses personales y corporativos. Es más, no se funden en lo negativo ni en la exclusión de enemigos o de quien sea. Incluso, los tiranos comprobadamente sanguinarios, cuando son vencidos en medio de actos que se iniciaron con una actitud de indignación ética, tiene derecho a un juicio y a un proceso judicial con todo lo que eso implica. Aunque de antemano sabemos como termina: con la muerte del tirano. De igual manera, creo que vale acrecentar que me parece que lo que vemos hoy en varias partes del mundo, se encaja en este segundo caso de indignación, y no justamente el arrebato demostrado por el personaje de la historia que tengo entre manos para contarles. En todo caso, desde las protestas de los estudiantes en Chile, exigiendo más presupuestos para educación, pasando por los españoles, que enfrentan un 20% de cesantía, en un proceso de deterioro social que puede esparcirse cual enfermedad contagiosa en varias partes del orbe, se encaja como un guante hasta llegar en Nueva York, donde el movimiento “Occupy Wall Stret” denuncia Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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públicamente un sistema financiero que ha consumido los recursos de muchas naciones y generaciones. Pero en fin, desde antiguamente, la indignación moral ha sido interpretada como una emoción o pasión que, revestida de un hálito de restitución y de justicia distributiva, suele tenerse entre las principales emociones humanas, tomándose incluso como una de las más característicamente morales. Su constelación conceptual –su espacio práctico– lo comparte con emocionesestrellas como la ira, la irritación, la cólera y el enojo, que expresan de manera vehemente la desaprobación moral de una acción ajena. Pero, como también sabemos, muchas de estas emociones combinan mal con la acción y con la razón. Previamente a otras consideraciones, es imperioso precisar, entonces, su verdadera naturaleza y propósito. Por ejemplo, si para emitir una declaración de indignación hay que estar verdaderamente disgustados o si la indignación moral actúa como una simple representación virtual. Si se trata, en fin, de un sentimiento realmente sentido o de un estado meramente declarativo. Hay

dudas

razonables

acerca

de

sus

manifestaciones, y sospechas de que traten de escenificar Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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la crítica, la protesta o la reclamación con el fin de reforzarlas cargándolas artificialmente de razón. Aceptar que la indignación necesita de razones para lograr su credibilidad, puede conducir a una situación paradójica, pues desde el mismo momento en que el ánimo se aviene a razones, la indignación se torna superflua, dejando paso franco al sosiego y a la emocionalidad controlada y medida en el tratamiento de la deliberación, el juicio y la acción. Con la reducción de indignación, la experiencia moral se libra de un gravamen innecesario de violencia. Esta apreciación resulta relevante en el espacio de los modales y de la moral, pero muy en especial en el ámbito de la política, ya de por sí cargado de alteración. Por consiguiente, hay momentos en que me pregunto: ¿Es la indignación verdaderamente una emoción moral reconocible por su valor moral? Claro que habría no pocas ni desdeñables razones para aceptar esta creencia, pero presumo que no todas sean lo suficientemente consistentes ni aceptables como para asegurarle un convencimiento unánime. Sin embargo, suele darse por hecho que ése es el caso, quiere decirse, que el estatuto moral de la indignación está fuera de duda y que, en consecuencia, no puede hablarse con Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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propiedad de una ética cabal y responsable sin plegarse a sus dictados y exigencias. De hecho, como ocurre con otras pasiones de similar fuste, cuanto más margen de influencia se le conceda, mayor será su apreciación. Esta relevancia, por ejemplo, es la que le confieren algunos autores especialistas en materia de emociones, como Olbeth Hansberg, quien ha recapitulado su examen con esta rotunda sentencia: “Del conjunto de las emociones podemos destacar un pequeño grupo: el de las emociones morales. Se trata de algunas emociones que pueden considerarse como morales porque requieren de un conjunto complejo de conceptos, creencias y deseos relacionados con la moralidad. Entre ellas se encuentran la indignación, la culpa, el remordimiento y, tal vez, la vergüenza”. Antes de proseguir, es necesario que les muestre prontamente dos objeciones o reservas a la declaración. En primer lugar, la consistencia argumentativa y lógica de por qué hay que considerar morales a determinadas emociones se revela débil al sostenerse sobre una perogrullesca y circular prueba: “una emoción se dice moral por el hecho de que su concepto nuclear y periférico se encuentra vinculado con la moralidad”. Es Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ésta una verdad formal innegable, pero poco añade a nuestra

investigación,

dejándola,

por

lo

demás,

postergada a la justificación sobre lo que concierne, o debe concernir, al ámbito de la moral. Tampoco vendría en su ayuda el alegar como prueba de la moralidad de la actitud indignada, que en ella las “creencias morales” cumplen un papel en su conformación,

porque

ello

significaría

asimismo

posponer la discusión sobre en qué momento y lugar está justificada la presencia de las creencias morales y cuándo no. Empero, no sólo es tendencia ordinaria considerar a la indignación como una emoción cualitativamente moral, sino incluso como una de las emociones típicamente morales, sin llegar con ello, por otra parte, a esclarecer plenamente el sentido de lo que debemos comprender por “típicamente moral”, a saber: “lo que ha llegado a instituirse por práctica consuetudinaria, por consentimiento unánime, por costumbre ancestral que no puede dejar de seguirse, o bien por concierto taxonómico”. Con todo, y aun aceptando su estatus moral, se nos antoja poco alentador e ilusionante el panorama efectivo de una indignación que por ser moral –o, mejor, para ser moral, esto es, merecedora del atributo de Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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moralidad –comparte, o debe compartir– dominio y perspectiva con pasiones representativas del sentimiento amargo de la existencia y del sentido patético de la ética, como son “la culpa, el remordimiento y, tal vez, la vergüenza”. ¿No supone este arrimo a los afectos tristes un indicio inequívoco de su propia restricción en la ética, una prueba de su gravoso pasado y una amarga promesa de futuro? Habrá, entonces, que precisar la significación de la cuestión inicial –y no sé si en grande o pequeña medida la cuestión de principios– que ya he mostrado anteriormente, asegurándonos al mismo tiempo de que el emparejamiento de la emoción con la moral no lleve implícito su vínculo con toda opción ética plausible y razonable, ni tampoco su necesario refrendo, sino, más bien, con una idea moral definida, y no una cualquiera, sino con una particular clase de moral: aquella resolutivamente reactiva, abatida y excitable; que mira más hacia el valor de lo comunitario que a lo individual; más guiada, a la hora de tomar posiciones y fijar perspectivas, por la disposición del otro que por la de uno mismo; más orientada, en fin, a la imposición y al castigo ejemplar que a la ponderación y la mesura. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Sentencia a la cual nadie le negará legitimidad a la susodicha moral arrebatada, pero tampoco debería aspirar a elevar al rango de universalidad y preminencia, de hegemonía y exclusividad, pues a ella puede oponérsele, como a continuación quedará de manifiesto, una perspectiva ética activa y vitalista, racional en vez de apasionada y aun exaltada, por no decir inflamada. La

indignación

moral

pertenece

a

una

constelación de categorías caracterizadas por su aire grave y solemne, que compone un singular capítulo de lo que se ha dado en llamar “historias de la ira”. Junto a ella bullen sentimientos como la ira, la irritación, la cólera, el disgusto, el enojo, el despecho, la rabia, etcétera, esto es, emociones enérgicas y efervescentes destinadas a expresar algo más que una simple desaprobación moral frente a una acción, o conjunto de razones, que nos importunan o desagradan hasta el punto de promover una reacción vengativa contra su causante. No

convocan

su

manifestación

cualquier

infortunio o perjuicio, sino aquel género de daño o mal que se juzga como inmerecido, esto es, injusto. Nos interesa especialmente atender en esta secuencia evolutiva al momento en que las emociones reactivas se conmueven hasta el punto de constituir el precipitado Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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alentador que, por decirlo así, pierde la compostura, se excita y “se redobla”, adoptando de esta manera un empuje adicional que alimenta un deseo de venganza y desquite, que le brinda una capacidad de violencia suplementaria, demasiado humana, y que, en cualquier caso, remite, tal como apunta su genealogía, a la venganza divina. Esta progresión hacia la vehemencia en las respuestas reactivas no sería posible sin la intervención del odio. He aquí un principal responsable del impacto de violencia en unas emociones -y a las acciones que provocan- que, conteniendo inicialmente una precisa expresión de censura o crítica a la acción realizada por otros, adquieren de pronto un patrón de conducta cargado de hostilidad y exasperación. En una de sus más conocidas exposiciones sobre el tema, Peter F. Strawson admite implícitamente el encuentro de la pasión y el factor de la potencia cuando, después de llamar a la emoción por su nombre – indignación moral–, añade que se trata, dicho “en términos más débiles, de la desaprobación moral”. La indignación moral, es, en efecto, una actitud reactiva análoga al resentimiento. Una como otra muestran una reacción emocional reprobatoria contra Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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aquella “cualidad de la voluntad” de unos, que comporta ofensa o indiferencia hacia nosotros mismos o hacia otros. En el primer caso, aparece el resentimiento; en el segundo, despunta la indignación moral. La semejanza entre ambos sentimientos es tan notoria, que Strawson no duda en afirmar que la indignación “es resentimiento en nombre de otro, uno en el que ni el propio interés ni la propia dignidad están implicados; y es este carácter impersonal o vicario de la actitud, añadido a los demás, lo que le otorga la cualificación de moral”. En conclusión, estar “moralmente indignado” ilustra la exhibición de una “actitud moralmente desaprobadora”. Que sea; pero, ¿por qué razón no se juzga suficiente la sola expresión de la desaprobación moral para censurar determinada conducta y se hace necesario revestirla del “valor añadido”, del agregado de violencia, propios de la indignación? ¿Por qué esta necesidad de “ostentación de la desaprobación moral”? Concluyamos, pues en la búsqueda de estas respuestas.

Es

la

indignación

una

emoción

verdaderamente notable: fronteriza, desconcertante y que contraría. Como en su momento lo vio Descartes, no aparece sola en escena, sino mezclada con la envidia o la piedad, aunque rehúya ser confundida con éstas, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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aspirando a ser otra cosa, y tal vez a algo más. No en tanto, Aristóteles dijo que es término medio entre la envidia y la malignidad, y, a nuestro parecer, esta circunstancia no mejora su situación, pues gestándose entre semejantes emociones negativas y destructivas, nada bueno puede aportar para beneficio de la ética. Estos inconvenientes no siempre han detenido su avance y estimación. Según observó el filósofo del método, Aristóteles y sus seguidores –sorteando la mala consideración de la envidia y procurándose buena sombra

en

la

que

cobijarse–

“han

denominado

indignación a la que no es viciosa”. Pero, ¿puede una emoción, entre resentimientos, iras, furias y envidias, ser garantía en algún momento de acción positiva, aconsejable y virtuosa? El poeta galés Herbert George Wells, lejos de moverse

con

tantos

miramientos

filosóficos

y

componendas, entre las medias verdades que encubren los términos medios, declara llanamente que la indignación moral no es más que envidia con aureola. Sea como fuere, henos aquí el mundo ante una emoción notoriamente excesiva y sobrada, por lo que tiene de suplemento innecesario, de valor añadido oneroso, cuando no de obrar imprudente. Una pasión, en Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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fin, inútil, que incluso funciona como fuente de violencia moral y política para beneficio exclusivo de quienes buscan razones que hagan pasar sus impulsos por justas emociones en vez de seguir simplemente la guía de la razón justa y templada. Una emoción, en suma, rebosante de contrariedad, tanto por lo que contiene de disgusto, despecho y antagonismo, como de amargura, engaño y decepción. Parece

ha

sido

un

poco

cansadora

mi

explicación, pero fue necesario aclararlo porque todo esto se atiene al procedimiento de un sujeto que fue observado por mi hermano el día que iba a bordo de un tren capitalino, leyendo tranquilamente su diario. Hasta ese momento el viaje marchaba bien, cuando de repente, él ve pasar por el pasillo a uno de esos “leñadores de bonsái” o “aderezo de llavero”, o si le gusta, simplemente un enano, que venía cargando con dos valijas que rozaban el piso. Súper indignado, el tipo venía hecho una furia y puteando a viva voz: -“LA RECONTRAPUTÍSIMA MADRE QUE LO PARIÓ…, LA CONCHA DE MI HERMANA PUTA…, ME CAGO EN SATANÁS…”

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Mi hermano se sorprende con el delicadísimo rosario que el sujeto hipaba, entonces, suspende su lectura y lo mira con atención, hasta percibir cómo se alejaba puteando. A los dos minutos, el enano vuelve a pasar por el otro lado del pasillo, aun hecho una furia y protestando en voz alta: -“LA RECONTRAPUTÍSIMA MADRE QUE LO PARIÓ…, LA CONCHA DE MI HERMANA PUTA…, ME CAGO EN ESTOS TRENES DE MIERDA…” Después de verlo pasar varias veces más, siempre arrastrando las valijas, mi hermano siente pena del individuo y lo encara para preguntarle: -¿Qué le pasa, don? ¿Algún problema? -Disculpe, estoy indignado porque yo me equivoqué de tren -dijo el enano-. Lo que pasa es que este aquí va directo al centro, y yo tengo que bajarme a medio camino. Si no, llego tarde a una reunión… ¡Y ME CAGO QUE NO LEÍ BIEN EL CARTEL DE MIERDA!!! –pronunció aun enfurecido. A mi hermano le dio tanta lástima ver la penosa situación del pobre enano con sus dos valijas de arrastro, que le tira una propuesta:

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-Escúchame don, vamos a hacer lo siguiente, cuando el tren pase por la estación que usted tiene que bajarse, como el maquinista siempre reduce un poco la velocidad, entonces…, ¿qué te parece si yo le doy una mano para que se baje? El enano lo miró desconfiado, pero a falta de otras alternativas, desesperado, termina por aceptar la idea de mi hermano. Cuando por fin llegan a la estación que el enano debía bajarse y el tren mengua la velocidad para unos 60 km/h, mi hermano tomó al enano de los hombros y lo levantó. Ya asomados los dos por la puerta del primer vagón, mi hermano estira los brazos y lo empieza a acercar lo más posible a la plataforma. Mientras

mi

hermano

se esforzaba para

sostenerlo en el aire, el enano movía las piernitas como loco, intentando igualarse a la velocidad del andén, hasta que finalmente le grita a mi hermano: -¡LARGAME, LOCO, QUE YA PUEDO! Y ahí nomás, mi hermano soltó de vez al “leñador de bonsái” con sus dos valijas y lo quedó mirando.

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Hecho un bólido por el andén, el minúsculo hombrecito sale tastabillando a toda carrera, con toda velocidad. Satisfecho con su obra de bien, mi hermano volvió

a sentarse

en

su

butaca,

para disfrutar

tranquilamente de la lectura su diario. A los pocos minutos, otra vez ve pasar al enano, descontroladísimo, caminando por el pasillo, todo traspirado, despeinado y con los ojos desencajados, siempre arrastrando sus dos valijas, y gritando: -LA RECONTRAPUTÍSIMA MADRE QUE LOS PARIÓ…, LA CONCHA DE MI HERMANA PUTA…, ME CAGO EN ESTOS TRENES DE MIERDA.....!!!! Intrigadísimo, al verlo pasar nuevamente en el pasillo, mi hermano le pregunta: -¿Qué le pasó, don? ¿Qué hace usted otra vez por acá? A lo que el enano responde todo encolerizado: -Iba bien… iba bien…, don. Ya estaba casi llegando al final del andén, pudiendo frenar el sprint y estudiando cómo iría lograr parar del todo –dijo haciendo una pausa, aun jadeante por la corrida.

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-¿Y qué le pasó? ¿Por qué usted está aquí otra vez? -preguntó mi hermano. -Pero de pronto, -el enano explicó-, cuando el pelotudo del guardatrén que estaba parado en la puerta del último vagón, al grito de: ¡VAMOS, ENANO QUE PERDÉS EL TREN!, me manoteó del forro del orto, y me subió de nuevo al tren…

16 Siempre escuché decir que el dinero es una corriente de energía vital creada desde planos superiores para darnos un elemento que ayudará a nuestra evolución. Pero por problemas culturales, todos crecimos con

conceptos

erróneos

con

respecto

a

él.

Desde niños se nos ha repetido siempre que lo espiritual y lo material eran dos cosas reñidas entre sí, que nunca andarían juntas de la mano; sin embargo esa cacofonía es de lo más alejado de la realidad cotidiana, ya que todos

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sabemos que el dinero está presente en todos nuestros actos. También se dice que el dinero cambia a la gente, que le da poder, que todo lo puede, y hasta algunos lo llaman de “vil materia”, atribuyéndole las malas conductas de los humanos. Inclusive es común oír que “mató por dinero” o “robó por dinero” o hasta “vendió a la madre por dinero” y un sinfín de dichos por el estilo. Sin embargo, es requeté sabido que no es el dinero lo afecta a las personas, es la avaricia. Pero como definición de avaricia, (palabra que viene del latín “avarus”, “codicioso”, “ansiar”), se entiende como el ansia o deseo desordenado y excesivo de las personas por la riqueza. Y esa especial malicia, ampliamente hablando, consiste en conseguir y mantener dinero, propiedades, y demás, con el solo propósito de vivir mezquinamente para eso. A veces pienso que los humanos no entienden que todas las cosas que lo rodean deben ser valoradas sólo como instrumentos para la conducta de una vida racional y armoniosa, debido a la condición especial en la que cada uno es colocado. Por consiguiente, viendo lo que a veces veo a mí alrededor, temo decir que a menudo esa actitud se esconda como una virtud, o se insinúe bajo Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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el pretexto de ahorrar para el futuro, como algunos gustan de justificarlo. No obstante, cuando la avaricia se convierte en un incentivo para no justificar la conservación y retención de la riqueza, en el ámbito religioso se le considera pecado grave. De igual modo, cuando el sujeto denota simplemente el deseo de riqueza o placer, usualmente en la misma religión a eso no se le considera como un pecado grave. Por lo tanto, conociendo el significado de avaricia, creo que podemos vislumbrar mejor el comportamiento del ser humano. Mismo el de los avaros. Y ya que hablamos del avaro, se entiende por este adjetivo que la persona es un ser básicamente dominado por el miedo, ya que cree que a mayor cantidad de dinero, mayor será su seguridad… Puro engaño del roñoso. Generalmente son personas que les gusta guardar “por si le pasa algo”. El avaro es un ser siempre negativo, que en su psiquis quiere estar “preparado” por si se enferma, o por si tiene alguna pérdida importante de cualquier índole, muertes, accidentes o algún otro tipo de desgracia que a veces se nos viene encima.

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Con este tipo de pensamientos, el avaro crea a su alrededor un malestar continuo, ya que el miedo se está retroalimentando siempre, por lo tanto, cada vez ese fastidio va a ser mayor. Algunos llegan a tener fortunas que no puede calcular y sigue viviendo miserablemente. Esto sucede porque espera la fuerza y el poder desde afuera, cuando en realidad, su problema es interno y nada externo modificará una conducta cuando esta es alimentada desde el patrón mental que el sujeto posee. Este ser está incapacitado, desde su estructura mental, para disfrutar cualquier cosa. No alcanza a entender que por más dinero que tenga, su sensación de inseguridad no cambia a menos que trabaje para ello. El avaro debe aprender el manejo del dinero entendiendo especialmente que es una corriente de vida y, por lo tanto, no debe resguardarse para nada negativo. El guardarlo, acumularlo y especialmente cuando esto se hace desde consignas mentales negativas, genera un cúmulo energético acorde a la que se utilizó, y que lo único que atrae, es un aumento en sensaciones emocionales que impulsa a seguir con la conducta equivocada. El pobre tipo no comprende que con ese comportamiento, sólo alimenta la sensación y entra en un círculo vicioso que cada vez se convierte en más grave. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Creo que la mayor cantidad de cuentos infantiles oídos por mi, muchos de ellos contados por mi madre cuando yo era pequeña, hablaban de la avaricia, por eso desde siempre nunca he dejado de pensar sobre la maldad que hay en este vicio, el cual ha traído tantos males inimaginable a los hombres en todos los tiempos. Tengo la convicción de que la avaricia es el afán excesivo de poseer y de adquirir riquezas para atesorarlas, o la inclinación o deseo desordenado de placeres o de posesiones muchas veces no alcanzados. Desde el punto de vista del catolicismo, la avaricia es uno de los pecados capitales, y está prohibido por el noveno y décimo mandamiento. (CIC 2514, 2534) Allí se dice que : “La avaricia es el ansia o deseo desordenado y excesivo por la riqueza. Su especial malicia, pródigamente hablando, consiste en conseguir y mantener

dinero,

propiedades,

y

demás

bienes

materiales, con el solo propósito de vivir para eso”. De igual modo, Santo Tomás nos explica este tipo de achaque cuando apunta: “Cuando el amor desordenado de sí mismo se convierte en deseo de los ojos, la avaricia no puede ser retenida. El hombre quiere poseerlo todo para tener la impresión de que se pertenece a sí mismo de una manera absoluta. La avaricia es un Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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pecado contra la caridad y la justicia. Es la raíz de muchas otras actitudes, que clasificamos como: perfidia, fraude, perjurio, endurecimiento del corazón”. Por consiguiente, con estas palabras es posible comprender que en algunos individuos, el instinto de conservación

se

manifiesta

en

esa

perversión

desenfrenada que no hace más que exagerar su instinto de economía y ahorro. Hasta podría decirse que la avaricia sobrepasa la precaución y la prudencia; es un vicio espiritual, puesto que ha dado lugar a la precaución de la precaución, y ambiciona no carecer de nada. La avaricia es la enfermedad del ahorro, mismo que a veces, este pecado sea considerado como una virtud en razón de la modestia de vida del avaro y de su lógica ante el porvenir. Pero los teólogos y científicos han observado más profundamente la psicología del avaro, y han comprendido la perversión moral y psicológica de tal hombre. Ellos afirman que el avaro se aparta de los demás, se encierra en sí mismo y se impone una austeridad que va incluso en contra de sus necesidades vitales. Como menos de lo necesario, pierde horas de sueño -para velar su fortuna-, vive en la obsesión del robo o del incendio. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Ya el Evangelio (Mt, 6,24) dice: “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero”. No en tanto, he oído decir que una persona dominada por la avaricia, raramente es consciente de serlo, sin embargo esa ansiedad de tenerlo todo, ese apego fuerte y egoísta a los bienes materiales, lo hace una persona destacable en su forma de ser en el sentido contrario a los valores morales del hombre de bien. Para el avaro, su fin es juntar, acaparar, acumular bienes y dinero, y es amigo de la conveniencia personal, y a pesar de que conviven a nuestro lado, nunca son amigos de alguien por amor. No me cabe duda de que la avaricia es un deseo enfermizo, de cualquier cosa, no solo de dinero, y pasa a ser el acopio del egoísmo, y esta ausente total de la bondad y generosidad, y se niega a participar en las necesidades del prójimo. En efecto, el avaro es un ser negado, no le gusta compartir, es incomunicativo, no conoce la solidaridad, nada de lo que le ocurre a los demás le importa, y por tenerlo todo, es capaz de asociarse a la soberbia y, Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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porque no decirlo, llegar hasta el robo por causa de esa excesiva pasión de atesorar todo lo que se imagina. Nadie puede olvidar que la avaricia no esta oculta, esta delante de nuestros ojos. Lo que sucede es que parece que hablamos poco de ella o no la asociamos a las cosas rutinarias de la vida, pero nuestra sociedad está en medio de ella. En efecto, la avaricia es la mejor aliada de la sociedad consumista, ya que todos anhelan tener el mejor automóvil, el mejor reloj, la mejor y última innecesaria novedad de la tecnología. Por lo tanto, no podemos descartar que lo esencial, no sea el hecho de que tengamos más o menos bienes materiales, sino la forma en que los usemos. Por otro lado, nuestro noticieros hablan diariamente de los modernos “Avaros”, aquellos que a toda costa no piensan más que en enriquecerse, esos que buscan ocupar puesto de privilegios, incluso en el gobierno, para tener algo mas y enriquecer sus arcas personales, o aquellos que les gusta en la política controlar todo, o los que hacen de la corrupción y el soborno un arte para tener algún bien… Y de esos, el baúl está lleno. Sin embargo, he de decirles que por la incongruencia de ese comportamiento enfermizo, es que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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los avaros, en muchas situaciones, viven como un pobre para morir como ricos. A mi no me caben dudas cuanto a esto. Ya vi muchos así. Sin embargo, antojadiza ycaprichosa como una mula, he buscado desasnarme sobre este tema tan complejo, y encontré que en el Catecismo Católico, se dice que el décimo mandamiento proscribe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Que prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales. Y cuando la Ley nos dice: “No codiciarás”, en realidad nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed del bien del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: “El ojo del avaro no se satisface con su suerte” (Si 14,9) (Catec. R. 3,37) (1 Co 6,10). Pero ya lo decía el grande Mahatma Gandhi hace más de cinco décadas: “En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”. Creo que es por eso que le decimos avaro a ese que no gasta en lo que debe, ni siquiera gasta tiempo en Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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pensar en lo que debe, ni cuanto debe, pero sí, siempre esta pensado que le faltan muchas cosas. Otros dicen que el avaro nunca duerme con los dos ojos cerrados, pues siempre piensa que mientras duerme le quitaran lo que tiene; está en sus sueños, continuamente pendiente de su caja de caudales; y cuando despierta, lo atrapa el temor de haber perdido su tesoro… No pasa más allá de ser un ser pobre de espíritu. En ese sentido, también me llamó la atención lo que apunta Platón sobre los avaros: “El hombre que no pone límites a su codicia, siempre se le hará poco, aunque se vea señor del mundo”. Lo triste, es que los hombres ricos y avarientos, no guardan para los años de pocos recursos, y tampoco lo hacen para dar a sus parientes y amigos cuando estos no tienen. Además, si el avaro presta dinero, es un usurero, y fue de esta manera como mucha gente se ha empobrecido más con lo que le presta el avaro, que con cualquier otra cosa… Inclusive con los bancos. Pero por lo general, el avaro casi nunca empresta, porque siempre ve la posibilidad de perder lo que tiene. En cambio, el hombre generoso no tiene temor a prestar, porque sabe que si luego no tiene, habrá otro como él del cual recibirá ayuda. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Pido disculpas, porque sé que me tomé un tiempo largo para explicar esta característica de comportamiento del ser humano, ya que pensé que sería más fácil vislumbrar el proceder de don Jacob, el dueño de la tiendita de la otra esquina. Para no andar con más diatribas desnecesarias, sintetizo la historia y les cuento que en cierto momento Israel llegó para su padre Jacob, y le confiesa medio nervioso: -¡Padre, sucedió una desgracia! -¡Que ocurrió de tan grave así! –pregunta el hombre medio a contra gusto. -La hija del portero está embarazada… ¡de mí! – confiesa Israel. -¿El qué? –grita el hombre desesperado- ¡Ni de nuestra religión, ella es! ¿Tú te has vuelto loco? –brama gesticulando con los dos brazos en alto como si estuviese elevando una plegaria a su dios santísimo. -¡Sí!, yo sé, padre… fue un descuido de mi parte, pero ella me dijo que se va a hacer un aborto – intenta remediar el muchacho, poniendo cara de circunstancia.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Su padre lo mira serio y, mientras piensa en lo que decirle para pasarle una reprimenda, Israel luego apunta: -¡Por eso, padre, necesito que usted me de dos mil dólares! -¡Ni pensar! ¡Ni pensar! –comenzó a gritar el padre. -¡Pero padre!, si no me ayudar, usted va a terminar siendo el abuelo de un niño mestizo –alega el hijo mientras continua mirándolo con su cara de circunstancia. -¡Ah…! ¡Está bien, está bien! –Recapacita Jacob- ¡Toma el dinero!, pedazo de un irresponsable – continúa gritándole a su hijo. Un par de semanas después, su otro hijo, David, se aproxima a Jacob, y le dice: -¡Papá! ¡Tengo que confesarle que acaba de acontecerme una desgracia!... Por descuido, embaracé a la hija de don Manuel, el panadero… -¡Pero ustedes dos se han vuelto locos! – Comenzó a gritar don Jacob. -¡Justamente a la hija del panadero!... -agrega rodeado de gesticulaciones.

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-¿Ustedes quieren matar a su padre del corazón? -preguntó con los brazos en jarro parado en medio de la sala. -¡Calma, padre! Ella me dijo que acepta quitarse ese hijo… Sólo necesito de cinco mil dólares… -¿El qué? ¿Ustedes creen que yo tengo dinero sobrando? ¿Qué yo saco la plata de abajo de las piedras? ¡Zánganos depravados…! -vociferaba rabiosamente don Jacob. -¡Pero papá! –intenta argumentar David. -¡Ni pensar!, ¿escuchaste…? ¡Ni pensar! -¡Está bien, padre! Pero le aviso que usted va a acabar teniendo un nieto de la hija del panadero… Don Jacob pondera las palabras dichas por su hijo, y se pone a pensar en el escándalo que la situación le iba a causar. Finalmente concuerda con su hijo y termina por darle el dinero solicitado por David. No se pasaron ni quince días, que se le aparece a su frente Sara, su hija, y le pide para hablarle de una cosa grave que ocurrió con ella. -¿Qué de tan grave te aconteció, Sara? – pregunta Jacob medio receloso. -¡Padre, a ti acudo! -dijo ella con mucho respeto- Es que me acaba de suceder una cosa muy grave Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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y usted tiene que saberlo, pero no sé cómo darle la noticia, padre… -titubea la muchacha. -¡Dilo de una vez! –ordena Jacob. -¡Es que estoy embarazada, padre! Jacob no cree en las palabras que acaba de escuchar, su cara se transfigura, pero al momento cae arrodillado allí mismo donde estaba. Entonces, todo sonriente, levanta los dos brazos al cielo y vocifera con todas sus fuerzas: -¡Hasta que al fin!... ¡Hasta que al fin, un día va entrar dinero en esta casa!

17 Sé que hay casos y casos, pero al reflexionar un poco sobre el trastorno de la personalidad paranoica, entiendo que muchos individuos emplazan una afección psiquiátrica en la cual una persona presenta desconfianza y recelos de los demás en forma prolongada, no en tanto,

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no tiene un trastorno psicótico completo como en la esquizofrenia. He buscado pesquisar sobre este tema, y todo lleva ha indicar que las causas del trastorno de personalidad

paranoica

se

desconocen.

Muchos

estudiosos del asunto explican que el trastorno parece ser más común en familias con trastornos psicóticos, como la esquizofrenia y el trastorno delirante, lo cual sugiere que los genes pueden estar involucrados. Sin embargo, también afirman que los factores ambientales también pueden jugar un papel preponderante. Por otro lado, leí que los psiquiatras dicen que esta afección parece ser más común en los hombres. Pero en relación a los síntomas, se dice que las personas con un trastorno de personalidad paranoica, son altamente recelosas de los demás, y como resultado, limitan su vida social de manera drástica. Con frecuencia, ellos piensan que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas. Asimismo, las personas con este trastorno tienen dificultad

para

ver

que

su

desconfianza

es

desproporcionada para su entorno, lo que sería el caso que mejor se ajusta al comportamiento del escamado de don Froilán en el cuento que pretendo relatarles, así que Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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creo mejor que se comprenda más a fondo estos obsesivos de una mente perturbada. En principio, al instruirme con quien entiende del tema, noté que ellos afirman que los síntomas comunes abarcan: o

Preocupación porque los demás tienen

motivos ocultos o

Expectativa de que serán explotados

por otros o

Incapacidad para trabajar junto con

otros o

Aislamiento social

o

Desapego y Hostilidad

Como se puede apreciar, el síndrome es algo variadito, pero como sucede con los otros trastornos de la personalidad, el trastorno de personalidad paranoica se diagnostica sobre la base de una evaluación psicológica, al igual que los antecedentes y la gravedad de los síntomas. Dicen que el tratamiento es difícil debido a que las personas que padecen este trastorno a menudo, sienten extrema desconfianza de los médicos. Difícil vencer ese tabú, esa barrera, pero explican que si el

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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tratamiento

se

acepta,

los

medicamentos

y

la

psicoterapia, con frecuencia pueden ser efectivos. Claro que el pronóstico generalmente depende de si la persona está dispuesta a aceptar ayuda. Por tal motivo, la terapia y los medicamentos pueden reducir la paranoia y limitar su impacto sobre el desempeño diario de la persona. No se puede excluir que este trastorno de personalidad también tiene otras complicaciones, como el aislamiento social extremo y la interferencia con el trabajo que realiza el individuo. Lo llaman de trastorno de personalidad por evitación. En todo caso, para quien no sabe, la principal característica del trastorno de personalidad por evitación, es un patrón general de inhibición social, unos sentimientos de inadecuación y una hipersensibilidad que comienzan en la adolescencia de la persona, o al comienzo de la edad adulta, y que se dan en diversos contextos. Los sabios apuntan que se puede apreciar cuando el sujeto evita trabajos o actividades que impliquen contacto interpersonal debido al miedo a las críticas, o:

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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o

Es reacio a implicarse si no está seguro

de que va a agradar. o

Demuestra represión en la intimidad por

miedo a ser avergonzado o ridiculizado. o

Está preocupado por la posibilidad de ser

criticado o rechazado socialmente. o

Está inhibido en las situaciones

interpersonales novedosas debido a sentimientos de inferioridad. o

Se ve a sí mismo socialmente inepto,

personalmente poco interesante o inferior. o

Es reacio a correr riesgos o a implicarse

en nuevas actividades debido a que pueden ser comprometedoras. Hay muchas variantes, pero los sujetos con este trastorno, tienen la creencia de que el resto de las personas lo están juzgando o criticando constantemente, por su aspecto, sus acciones, etc. Esto hace que estos sujetos “eviten” cualquier situación en las que puedan ser criticados, volviéndose solitarios y reacios a relacionarse con otras personas. Realmente, desearían poder tener estas relaciones, pero su complejo de inferioridad, que proyectan en los demás, se lo impide… Alguno se vuelven ermitaños. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Asimismo, los individuos con este trastorno son desconfiados, pero esta desconfianza se debe más al miedo a encontrarse en un compromiso o a ser considerado inferior a los demás, que al miedo a que las demás personas les hagan daño. Cuando conocen a una persona, evalúan todos sus gestos y movimientos, interpretándolos casi siempre de forma negativa; este comportamiento suspicaz y tenso puede provocar las burlas y risas de los demás, lo que les confirma la idea que tienen sobre sí mismos. Pero principalmente, los comportamientos de evitación afectan negativamente en la actividad laboral, porque estas personas suelen eludir los tipos de situaciones que pueden ser necesarias para alcanzar las demandas básicas de trabajo o para ascender. El trastorno de personalidad por evitación está estrechamente relacionado con los trastornos de ansiedad y, en especial, con la fobia social, por lo que podrían ser conceptualizaciones alternativas del mismo trastorno… Es por eso que muchos dicen que nunca se sabe hasta donde el enfermo puede llegar con su locura. Sin embargo, se debe destacar que tienen tendencia a la evitación, muchas más personas de las que en realidad tienen un trastorno de personalidad por Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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evitación. La diferencia en este juego de palabras, radica en el grado de gravedad en que está afectado el funcionamiento de un individuo en su vida diaria. La evitación se puede considerar un continuum, que va de lo sano a lo patológico. La personalidad con tendencia a la evitación está en el extremo sano, en tanto que el trastorno de personalidad por evitación estaría situado en el extremo patológico. Del mismo modo, los entendidos en este asunto describen las características de la personalidad con tendencia a la evitación, diciendo: o

Se sienten cómodos con el hábito y la

rutina. o

Prefieren lo conocido a lo desconocido.

o

Relación estrecha con la familia y/o

unos pocos amigos íntimos; tienden a ser caseros. o

Sensibles y preocupados por lo que los

demás piensan de ellos. Tienden a ser autoconscientes y temerosos. o

Muy discretos y precavidos en el trato

con los demás.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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o

Tienden a mantenerse reservados, con

una actitud de autocontención ante los demás. o

Tienden a ser curiosos y dedican

mucho tiempo a los hobbies y aficiones. Igualmente, agregan que con los que padecen de tendencia por evitación, es posible enumerar las características

del

trastorno

de

personalidad

evitación: o

Exageran las dificultades potenciales,

los peligros físicos o riesgos involucrados en hacer algo trivial pero ajeno a sus rutinas habituales. o

O no tienen amigos íntimos o sólo

tienen uno, aparte de los familiares de primer implican

grado; un

evitan

actividades

contacto

que

interpersonal

significativo. o

Incapaces de involucrarse en relaciones

personales a menos que estén seguros de que serán aceptados; muy reactivos a la crítica o la desaprobación.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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por


o

Miedo a quedar en evidencia por

sonrojarse, gritar o mostrar signos de ansiedad ante otras personas. o

Retraído en situaciones sociales por

miedo a decir algo inadecuado o estúpido, o por ser incapaz de contestar a una pregunta. o

Poco constantes; les resulta difícil

centrarse en tareas laborales o aficiones. No en tanto, algunos médicos son categóricos en afirmar que la causa del trastorno de personalidad por evitación no está definida claramente; tanto que pueden influir en ella una combinación de factores sociales, genéticos y biológicos… Y como aun no se ha definido claramente, entiendo que no debemos asustarnos si tenemos a alguien a nuestro lado con algunos de los tipos de comportamiento numerados antes. Por otro lado, se cree que este trastorno puede estar

relacionado

con

factores

temperamentales

heredados. Más específicamente, varios trastornos de ansiedad en la infancia y la adolescencia se han asociado con un temperamento caracterizado por la inhibición, que si no tratado a tiempo, es a donde la persona va a parar.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Asimismo, muchas personas diagnosticadas con trastornos de la personalidad por evitación, han padecido experiencias traumáticas tempranas de rechazo por parte de los progenitores. La necesidad de convivir con progenitores que los rechazan, hace que estas personas sientan “hambre” de relaciones, pero su añoranza desemboca gradualmente en la creación de un caparazón defensivo

contra

la

crítica

continuada

de

los

progenitores. Lo médicos también dicen que en el curso de la evolución,

sentimos

atracción

hacia

determinados

elementos del ambiente animado o inanimado, en especial gentes y lugares con las que nos hallamos familiarizados. Por otra parte, experimentamos rechazo por situaciones ambientales que nos proporcionan indicios naturales de peligro potencial tales como suelen ser: la soledad y lo desconocido. Todos sabemos que seres humanos y animales de otras especies, tienden a permanecer en un sitio familiar específico, en compañía de personas también familiares. Los individuos de una especie determinada, lejos de deambular al azar a todo lo ancho de la región a la que pueden adaptarse desde el punto de vista ecológico, por lo común, pasan su vida dentro de un Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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sector sumamente restringido de aquella denominada área de acción… Debe ser por eso que muchos prefieren acampar con las nalgas en el sofá y después nos cuesta un huevo sacarlos de allí. Por otro lado, en un sujeto enfermo, los sistemas de activación que determinan la conducta de temor tienden

a

apartar

al

individuo

de

situaciones

potencialmente peligrosas. De igual forma, los sistemas que determinan la conducta de apego, suelen empujarlo hacia situaciones en que potencialmente se hallará a salvo, y mantenerlo en esas condiciones. De igual forma he descubierto que, en el hombre adulto, la conducta de temor puede ser provocada por indicios que derivan por lo menos de tres fuentes:

1)

Indicios

naturales

y

sus

derivados

(desarrolladas en la infancia). 2) Indicios culturales aprendidos por medio de la observación (desarrolladas gracias a la sociedad), y 3) Indicios aprendidos y utilizados con un mayor grado de perfeccionamiento, a los efectos de evaluar el peligro y evitarlo. En el modelo del mundo que toda persona constituye, una característica clave, es su criterio para establecer quienes son sus figuras de apego, donde pueden encontrárseles y de que manera previsible pueden Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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responder. En el modelo de sí misma que construye una persona una característica clave, es su criterio sobre la aceptabilidad o inaceptabilidad de su propio ser a ojos de las figuras de afecto. Sobre

la

estructura

de

esos

modelos

complementarios se basan los pronósticos de esa persona sobre el grado de accesibilidad de las figuras de apego y su capacidad de respuesta en momentos en que requiera su apoyo. Aunado al tipo de pronóstico que elabora una persona con respecto a la disponibilidad probable de sus figuras de apego se halla, su propensión a responder con muestras de temor siempre que deba enfrentar una situación potencialmente alarmante en el curso normal de los acontecimientos. La personalidad adulta se visualiza como producto de la interacción del individuo con figuras claves durante sus años inmaduros y, en particular, con las figuras de apego. Individuos que han crecido en un hogar adecuado, con padres afectuosos en la medida normal, y han tenido ante sí a personas que pueden brindarle apoyo, aliento y protección, y saben donde buscar todo ello, y suelen tener expectativas firmes y satisfechas; por lo que, como adulto, le resulta difícil imaginar un mundo distinto. Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Ello le hace sentirse seguro, de que toda vez que se vea en dificultades siempre tendrá acceso a figuras dignas de confianza que vendrán en su ayuda. Enfrentará al mundo con seguridad y, cuando se vea ante una situación alarmante, podrá encararla con eficacia, o buscar ayuda para hacerlo. La experiencia familiar de los niños que se convierten en seres relativamente estables y dotados de confianza en sí mismos, no solo se caracteriza por el apoyo que les brindan los padres cuando ello es necesario, sino también por el aliento que les brindan, de modo paulatino pero oportuno, para que vayan adquiriendo una autonomía cada vez mayor. Por otro lado, los adultos que desconocen la posibilidad de contar con figuras que le brinden apoyo y protección de manera constante, puede llegar a no confiar en la posibilidad de que siempre puedan tener acceso a una figura de afecto que les merezca plena confianza. Ellos ven al mundo como algo impredecible y hostil, respondiendo en consonancia: apartándose de él o riñéndole. Entre ambos extremos se encuentran las personas que pueden haber aprendido que una figura de apego, sólo responde de manera positiva cuando se le Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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hace objeto de mimos y halagos. Otros pueden haber aprendido durante la infancia que la respuesta deseada solo puede obtenerse si se cumplen determinadas reglas del juego. Siempre que esas reglas hayan sido modeladas y las sanciones tibias y previsibles, el sujeto podrá seguir creyendo en la posibilidad de obtener apoyo cuando lo necesite. Pero cuando las reglas son estrictas y difíciles de cumplir, y en especial cuando incluyen amenazas de quitar todo el apoyo, la confianza suele desvanecerse. Por eso les digo, el caso de don Froilán fue un típico trastorno de personalidad paranoica, y no un accidente del camino. Sino, ¿como se puede explicar el tamaño de su miedo? La verdad, es que don Froilán ya venía aplazando su ida al proctólogo desde hacía algún tiempo, pero viendo que no le quedaba otra alternativa que ir al consultorio del médico, cierto día decide hacerlo, pero concluyó debía concebirlo llevando un revólver calzado en la cintura. Mariquita me contó que cuando don Froilán entró en el consultorio, luego se deparó con un sujeto enorme todo vestido de blanco… -¡A la pucha!- exclamó de ojos bien abiertos.

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En verdad, el doctor media como dos metros y diez de altura, y el paciente, todo temeroso, no pudo dejar de poner sus despavoridos ojos en la grosura descomunal de los dedos del doctor. -Estoy frito… -pensó desarbolado. Entonces, frente a lo que se imagina que le iría a suceder, don Froilán se acercó sosegado hasta el pupitre del galeno, y depositó allí su arma. -¡Mi amigo! –Exclamó el médico al ver el revólver,

mostrándose

asustado,

y

paseando

sus

pavoridos ojos entre los ojos de su cliente y aquella arma depositada encima de su mesa. -¿Qué es eso? ¡Guarde ya su arma! –le ordena todo temeroso pero enérgico. -¡Calma, doctor! Yo solamente quiero dejar mi arma aquí encima, mientras usted realiza el examen… advierte el resignado cliente. -¿Por qué razón, usted trajo un arma junto consigo para dentro de mi consultorio? ¿Por acaso usted es policía? ¿Usted hace parte de alguna fuerza de seguridad? –comenzó a titubear el médico, vomitando una letanía de preguntas que demostraban todo su nerviosismo.

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-¡No es nada de lo que usted se imagina, doctor! –vuelve a advertir don Froilán con un sonriso tímido en las facciones. -¿Y entonces? ¿Pare qué esta arma, aquí? -Es que yo quería pedirle una cosa… Doctor… balbuceó don Froilán. -¿Lo qué? – indaga comedido el doctor. -¿Usted me promete, que cuando me haga el examen, si yo llego a expresar cualquier demostración de alegría… el señor me da un tiro?

18 ¿Por casualidad, usted ya se ha cuestionado sobre la significancia del dolor en la historia humana? Comprendo que éste sea un asunto un poco melifluo, y muchos lo esquivan más que gato al agua, pero no se puede negar que la enfermedad y el dolor han estado unidos con la vida, durante la historia de la humanidad.

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Para su conocimiento, los estudiosos anuncian que en restos prehistóricos se han encontrado signos de lesiones óseas como osteomielitis, osteosarcosmas, abscesos periodontales, seguramente muy dolorosos, tanto antes como ahora, e indican que desde el Paleolítico, el propio hombre viene causando más dolor mediante el uso de técnicas quirúrgicas no precisamente incruentas, como la trepanación. Durante milenios, el dolor y sus remedios se enmarcaron en una concepción mágica de la enfermedad, aunque para ello se aprovecharan gran cantidad de hierbas, cortezas y raíces, en una especie de farmacopea, donde tanto lo eficaz como lo ineficaz se mezclaban bajo el aura de lo sobrenatural. Cuentan que hasta los griegos presocráticos del siglo VI a.C., las enfermedades y sus tratamientos no se concebían en términos naturales y racionales. Tanto es así, que varios siglos de medicina científica se reúnen en los casi 70 libros del Corpus Hipocraticum. No obstante, se sabe que a lo largo de 20 siglos, los médicos se han enfrentado al dolor con grandes dosis de literatura y superstición, y hasta muchas veces con porciones de nigromancia. Sólo a partir de la década de 60 del siglo XX, se ha evolucionado del empirismo y la Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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ineficacia al refinamiento terapéutico que se obtiene del conocimiento de la fisiopatología. Desde entonces, se crearon

las

primeras

Unidades

para

Estudio

y

Tratamiento del Dolor, conducidas por Especialistas en Anestesiología y Reanimación, principalmente. Pero en fin, muchos dogmáticos aseveran que el dolor es una experiencia sensorial (objetiva) y emocional (subjetiva), generalmente desagradable, que pueden experimentar todos aquellos seres vivos que disponen de un sistema nervioso. O sea, es una experiencia asociada a una lesión tisular o expresada como si ésta existiera. Por eso que la ciencia que estudia el dolor se llama “Algología”. Sin embargo, por cuestiones que la vida me ha obligado a descubrir de la forma menos agradable, percibí que la función fisiológica del dolor es señalar al sistema nervioso, que una zona del organismo de la persona está expuesta a una situación que puede provocar una lesión. Esta señal de alarma desencadena una serie de mecanismos cuyo objetivo es evitar o limitar los daños, y hacer frente al estrés. Para ello, los médicos afirman que el organismo dispone de los siguientes elementos reveladores:

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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o

Detectores de la señal nociva: depende

de la existencia de neuronas especializadas en la recepción del dolor, denominadas nociceptores. o

Mecanismos ultrarrápidos de protección

(reflejos): son reacciones rápidas, generadas a nivel de la médula espinal que pueden tener como efecto: una reacción de retirada (por ejemplo,

cuando

se

retira

la

mano

rápidamente al tocar una superficie ardiente); una contractura de la musculatura que bloquea la articulación si se ha producido una lesión articular (es el caso del lumbago después

de

la

lesión

de

un

disco

intervertebral tras un movimiento en falso). o

Mecanismos de alerta general (estrés),

por activación de los centros de alerta presentes en el tronco cerebral; ello se traduce en un aumento de la vigilancia y de las respuestas cardiovasculares, respiratorias y hormonales que preparan al organismo a hacer frente a la amenaza (mediante la huida o la lucha).

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o

Mecanismos de localización consciente e

inconsciente de la lesión, a nivel del cerebro; la localización es precisa si la lesión se produce en la piel y difusa o incluso deslocalizada si la lesión afecta un tejido profundo. o

Mecanismos

comportamentales

para

hacer frente a la agresión: debido a la activación de centros especializados en el cerebro, aumenta la agresividad y pueden producirse manifestaciones de cólera; estas pulsiones tienen como objetivo movilizar la atención

del

sujeto

e

iniciar

los

comportamientos de huida o lucha para preservar la integridad corporal. o

Mecanismos de analgesia endógenos: en

ciertas

circunstancias

estos

mecanismos

permiten hacer frente a la amenaza a pesar de que se hayan sufrido graves heridas. No quiero parecer una pedante al extenderme tanto en el asunto, pero la participación tanto de fenómenos psicológicos (subjetivos) como físicos o biológicos (objetivos) en el dolor, es variable según el tipo de dolor y del individuo que lo manifiesta. Existen Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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muchos estudios que tratan de establecer dicha interrelación y explicar la vivencia dolorosa. Son sinónimos de dolor: nocicepción, algia y sufrimiento. Y para terminar, creo que es cabido nombrar cuales son los componentes de la fisiopatología del dolor, y por eso agrego que la fisiología del dolor tiene cuatro componentes que son: o La nocicepción: Es la única etapa común en todas las personas pues es una etapa inicial bioquímica. A su vez, se divide en tres sub-etapas que son la transducción, transmisión y modulación del dolor. o La percepción. o El sufrimiento. o El comportamiento del dolor. No entiendo que sea necesario extenderme más con esta cuestión, ya que lo que más me interesa, es narrarles lo que sucedió con el marido de Clotilde, mi clienta de mucho tiempo y que siempre tenía alguna anécdota para ventilar. Todo indicaba que desde hacía tiempo su marido Policarpo, andaba sintiendo un incomodo dolor de muelas, pero -como todo hombre-, sin coraje y voluntad para ir al dentista, fue postergando al máximo la fatídica visita aguantándose en vilo el dolor… Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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En consecuencia, una noche Policarpo no logró dormir ni con los veinte buches de caña que se había tomado, para ver si conseguía apaciguar el horrible dolor. Se tomó un coctel de calmantes, aspirinas, cibalenas y todo lo que encontró en el armario del baño, y nada… El dolor persistía cada vez con mayor intensidad. Al amanecer, trastornado por la trasnochada involuntaria y el pavoroso dolor que sentía, junto con las insistentes jaculatorias de Clotilde para que se dejase de joder y fuese de una vez al dentista porque ya nadie aguantaba en la casa verlo sufrir, tanto él como todos los demás, Policarpo se armó de un resquicio de agallas que le quedaba, y partió para ver al sacamuelas. Una vez en el consultorio, el dentista explica a Policarpo, que debía extraerle la muela, porque esta ya no tenía más solución. Policarpo, de boca abierta desmesuradamente, lo mira silencioso con ojos de espanto aun más abiertos que la boca, mientras el odontólogo, impávido, le avisa que lo tenía que anestesiar, y comienza a preparar la jeringa.

Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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De repente Policarpo levanta el brazo y lo interrumpe casi con un alarido: -Nada de agujas, doctor, yo le tengo pánico a las agujas... -Bueno, -le dice el sacamuelas-, entonces, vamos a tener que anestesiarlo con un poco de gas... -¡No doctor...! No soporto que me pongan la máscara de gas en la cara –avisó Policarpo, ya todo borrado de miedo. Enseguida nota que el dentista aparta una pastilla azul de una cajita, se la da junto con un vasito de papel, y Policarpo termina tomándola sin protestar. -Con las pastillas no hay problemas –le dice Policarpo, después de habérsela tragado con un sorbo de agua. -¿Qué es lo que yo acabo de tomar? –le pregunta, ya más animado. -¡Viagra! -dice el dentista. -¿Viagra? –Exclama Policarpo- ¿Para qué usted me dio viagra? -Es para que tenga de donde agarrarse, mientras yo le saco la muela sin anestesia…

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Fin Hay

cosas

no

dichas

que

deben

ser

complementadas a los teologales relatos de Neiva, ya que después de todo, la vida sigue su curso como si ella fuese un rio. A veces, Neiva se despertaba en la madrugada haciendo o no tiempo frio y, a pesar de las muchas colchas con que se cubría, siempre seguía notando el frio de forma persistente. Sabía bien, muy bien lo que era, y era esa angustia disfrazada la que le azotaba el cuerpo durante las noches de invierno. A menudo acudían a su mente imágenes sucedidas durante su matrimonio, recordando que en las noches así, ella se acurrucaba junto a su Alfredo, y sólo de esa manera, enroscada en el calor de su cuerpo, conseguía dormir... Con el marido muerto, aquellas noches invernales se repetían. Eran sucesivas y no pocas las noches en que se despertaba con las madrugadas empeñadas en no querer pasar y los recuerdos a merodear su mente… Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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-Mala suerte… -pronunciaba en un gemido. A

veces

se

descubría

hablando

sola,

respondiendo a sus pensamientos con una conformidad disfrazada… Ah, cuanto ella detestaba hablar sola como si fuese una vieja caduca. Pero aquellas palabras se le quedaban agitando en el espíritu como un aviso de cielo… o del infierno, pensaba. Otras noches le costaba un poco dormirse, y entonces dejaba, de ojos entrecerrados, que las horas pasasen lentamente como quien chupetea los gajos de naranjas sorbiendo su zumo con placer y con cuidado, porque Neiva no quería que la noche acabase ni el sol rompiese el lecho de la madrugada donde la paz del mundo la acercaba aun más a la gran verdad. Pero lo peor de todo, era cuando al caer la noche ingresaba inquieta a su habitación. Al rebasar el portal, notaba que la cama estaba invariablemente arreglada. Allí adentro del cuarto flotaba un agradable olor a almendras que le llegaba hasta sus narinas. Sin embargo, un ritual protocolar se repetía desde la partida de su marido, pues ella se quedaba unos instantes mirando e imaginando el colchón frio, observando la colcha extendida con esmero, las almohadas intactas, blancas…

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Y entonces, Alfredo le llegaba en forma vaporosa a sus pensamientos. Su Alfredo, con quien había compartido, hacía muchos años, una primera noche de misterios y secretos. Su Alfredo, siempre inquieto, impaciente, que tenía todas las respuestas, a quien le gustaba amontonar las almohadas y dormir con la cabeza alta, que hablaba en sueños que ella escuchaba… En esos momentos, las lágrimas le brotaban cálidas de los ojos. En el corazón de Neiva aún quedaba un resto de su Alfredo, una parte de él muy distinta a los despojos que ahora yacían en el cementerio y al rencor que expresaba a quien le preguntase por el finado… y ese momento era como si su cuerpo se partiese en mil pedazos, como si explotase, como si reventase tal cual revienta una nube cuando llueve… Entonces,

totalmente

dominada

por

esas

evocaciones, se tumbaba en la cama, metía la cabeza entre las almohadas y rompía a llorar. Lloraba con un pañuelo metido en la boca, intentando contener los grandes sollozos que nacían del fondo de su corazón. No quería que su llanto escapase en la oscuridad de la noche. No quería que nadie supiese, ni

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por asomo, cuánto le pesaba aquella soledad… La soledad de no tener ya a quien esperar. Y a bien de la verdad, cuando una mujer deja de creer, pienso que todo está perdido….

BIOGRAFÍA DEL AUTOR Nombre: Delfante País de origen: Fecha de nacimiento: Ciudad:

Carlos Guillermo Basáñez República Oriental del Uruguay 10 de Febrero de 1949 Montevideo

Nivel educacional:

Cursó primer nivel escolar y secundario en el Instituto Sagrado Corazón. Efectuó preparatorio de Notariado en el Instituto Nocturno de Montevideo y dio inicio a estudios universitarios en la Facultad de Derecho en Uruguay. Participó de diversos cursos técnicos y seminarios en Argentina, Brasil, México y Estados Unidos. Experiencia profesional: Trabajó durante 26 años en Pepsico & Cia, donde se retiró como Vicepresidente de Ventas y Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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Residencia:

Retórica Literaria:

Obras en Español:

Distribución, y posteriormente, 15 años en su propia empresa. Realizó para Pepsico consultoría de mercadeo y planificación en los mercados de México, Canadá, República Checa y Polonia. Desde 1971, está radicado en Brasil, donde vivió en las ciudades de Río de Janeiro, Recife y São Paulo. Actualmente mantiene residencia fija en Porto Alegre (Brasil) y ocasionalmente permanece algunos meses al año en Buenos Aires (Rep. Argentina) y en Montevideo (Uruguay). Elaboró el “Manual Básico de Operaciones” en 4 volúmenes en 1983, el “Manual de Entrenamiento para Vendedores” en 1984, confeccionó el “Guía Práctico para Gerentes” en 3 volúmenes en el año 1989. Concibió el “Guía Sistematizado para Administración Gerencial” en 1997 y “El Arte de Vender con Éxito” en 2006. Obras concebidas en portugués y para uso interno de la empresa y sus asociados. Principios Básicos del Arte de Vender – 2007 Poemas del Pensamiento – 2007 Cuentos del Cotidiano – 2007 La Tía Cora y otros Cuentos – 2008 Anécdotas de la Vida – 2008 La Vida Como Ella Es – 2008 Flashes Mundanos – 2008 Nimiedades Insólitas – 2009 Crónicas del Blog – 2009 Corazones en Conflicto – 2009

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Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. II – 2009 Con un Poco de Humor - 2009 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. III – 2009 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. IV – 2009 Humor… una expresión de regocijo - 2010 Risa… Un Remedio Infalible – 2010 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. V – 2010 Fobias Entre Delirios – 2010 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. VI – 2010 Aguardando el Doctor Garrido – 2010 El Velorio de Nicanor – 2010 La Verdadera Historia de Pulgarcito - 2010 Misterios en Piedras Verdes 2010 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. VII – 2010 Una Flor Blanca en el Cardal 2011 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. VIII – 2011 ¿Es Posible Ejercer un Buen Liderazgo? - 2011 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. IX – 2011 Los Cuentos de Neiva, la Peluquera - 2012 El Viaje Hacia el Real de San Felipe - 2012 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. X – 2012 Logogrifos en el vagón del The Ghan - 2012 Taexplicado!!! Crónicas y Polémicas Vol. XI – 2012 Los Cuentos de Neiva, la Peluquera

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El Sagaz Teniente Alférez José Cavalheiro Leite - 2012 El Maldito Tesoro de la Fragata 2013 Carretas del Espectro - 2013

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