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Capítulo 1 1 Cuando las balas comienzan a volar, es sólo cuestión de tiempo antes de que el miedo envuelva al soldad. Ahí estás, es la muerte de acero zumbando en el aire. El distante estruendo de los proyectiles bajos y turbios, un hueco sonido el cual sientes más que oyes. Los allegados suenan alto y claro. Gritan con una voz estrellada en su dentadura, y sabes que ellos son los que te dirigen. Cortan profundamente en el suelo, levantando un velo de polvo en ese lugar, esperando la próxima ronda para venir a través de la rasgadura. Miles de proyectiles, se queman a través del cielo – rebanadas de metal no más grandes que tus dedos – y sólo es necesaria una para matarte. Sólo recibirla puede volver a tu mejor amigo a tu lado un humeante trozo de carne. La muerte llega rápido, en un latido de corazón, y no es exigente con lo que toma. Los soldados que las reciben rápido – antes de saber que los golpeo – son los más afortunados. La mayoría muere en agonía, con sus huesos destrozados, con sus órganos triturados, goteando un mar de sangre en el suelo. Esperando solos en el fango de la muerte para robarles y escurrirles las últimas gotas de la vida con sus manos heladas. Si existe el cielo, es un lugar frío. Un lugar oscuro. Un lugar solitario.

Estoy aterrorizado. Me agarro al gatillo con los dedos rígidos; mis brazos tiemblan como si estuvieran enviándoles una abrasadora lluvia de acero hacía el enemigo. El rifle patea cuando dispara. Vunk. Vunk. Vunk. Un ritmo mejor que el de mi corazón. El espíritu de un soldado no está en su cuerpo. Está en su arma. El cañón se calienta hasta iluminarse, el calor convierte el miedo en furia. ¡A la mierda el bronce y su patética excusa de mierda para dar apoyo aéreo!


¡A la mierda los trajes y sus planes que no valen un carajo una vez que esa mierda empieza a volar! ¡A la mierda la artillería para cubrirles la espalda al flanco izquierdo! ¡A la mierda al hijo de puta que acaba de conseguir que lo maten! ¡Y más que todos ellos, a la mierda cualquiera cosa y todos mis objetivos! Empuñas tu ira como un puño de acero y lo aplastas en sus rostros. ¡Si se mueve, a la mierda! Tengo que matarlos a todos. Hasta que se dejen de mover.

Un grito se abre camino a través de la apretada dentadura. Mi rifle dispara 450 balas de 20mm por minuto, por lo que puedo gastar rápidamente el cartucho. Pero no hay razón para retenerse. No importa la cantidad de munición que me quede cuando este muerto. Es hora de una nueva recamara. “¡Recarga!” El soldado que está disparando ya está muerto. Mí pedido murió en el aire, con un pulso de estática sin sentido. Apreté el gatillo otra vez. Mi amigo Yonabaru atrapa una de las primeras rondas de fuego de vuelta – Una de esas jabalinas. Lo golpeó de frente, atravesándolo recto a través de su Jacket. La punta salió cubierta de sangre, aceite y algunos fluidos no identificables. Su Jacket hizo una macabra danza durante unos diez segundos antes de que finalmente dejara de moverse. No tiene sentido llamar a un médico. Tiene un agujero justo debajo de su pecho de casi dos centímetros de diámetro, y atravesó limpiamente hasta la espalda. La fricción chamusco los bordes de la herida, dejando una flama naranja bailando en la abertura. Todo ocurrió en el primer minuto posterior a la orden de ataque. Era el tipo de persona que le gusta disparar con categoría lo cual te hace una estúpida mierda, o decirte como acaba una novela policíaca antes de que termines el primer capítulo. Pero él no merecía morir. Mi pelotón – 146 hombres de la 17ma compañía, 3er batallón, 12° regimiento de la División de Infantería Acorazada 301ro – fue enviado para reforzar el extremo norte de la isla de Kotoiushi. Nos llevaron en helicóptero para emboscar al flanco izquierdo del enemigo por su retaguardia. Nuestro trabajo consistía en eliminar a los corredores cuando el asalto frontal inevitablemente los comience a hacer retroceder.


Era muy inevitable. Yonabaru murió antes de que los combates incluso empezaran. Me pregunté si él sufrió mucho. Por el momento me di cuenta de lo que estaba pasando, mi pelotón esta justo en medio de la batalla. Vamos a recibir el fuego del enemigo y de nuestras propias tropas. Todo lo que puedo escuchar son gritos, lágrimas, y “¡Mierda!” ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Las blasfemias vuelan tan turbias como las balas. Nuestro jefe de escuadrón está muerto. Nuestro sargento está muerto. El zumbido de los rotores de los helicópteros de apoyo se había ido lejos. Las comunicaciones fueron cortadas. Nuestra compañía está hecha trizas. La única razón por la que todavía estoy vivo es porque había estado tomando cobertura cuando Yonabaru la cobro. Mientras los demás se mantenían firmes y luchaban, me escondí en el revestimiento del Jacket, temblando como una hoja. Estos trajes de poder están hechos con un blindaje compuesto japonés que es enviado a todo el mundo. Ellos te cubren como un arroz blanco. Pensé que si un revestimiento paso más allá de la primera capa, nunca lograría superar la segunda. Así que si me quedo fuera de la vista por un tiempo suficiente, el enemigo habrá desaparecido cuando salga. ¿Cierto? Estoy muerto de miedo. Al igual que cualquier nuevo recluta del campo de entrenamiento puedo disparar un rifle o un martinete, pero yo todavía no sé hacer nada. Cualquiera puede apretar un gatillo. ¡Bang! ¿Pero saber cuándo disparar, dónde disparar cuando estás rodeado? Por primera vez me di cuenta de que no sé nada acerca de la guerra. Otra jabalina surca por delante de mi cabeza. Probé la sangre en mi boca. El sabor a hierro. La prueba de que todavía estoy vivo. Mis palmas están húmedas y resbaladizas en el interior de los guantes. Las vibraciones del Jacket me dicen que la batería esta casi sin jugo. Olí aceite. El filtro esta en sus últimas, y el hedor de la batalla está peleando su camino en mi traje, el olor de los cadáveres del enemigo son como el olor de unas hojas arrugadas. No había sentido nada por debajo de mi cintura desde hace un tiempo. Debo de haberme herido donde me golpearon, pero no es así. No sé si eso es bueno o malo. El dolor me permite saber que aún no estoy muerto. Por lo menos yo no tengo que preocuparme por el pis en mi traje. Sin combustible – granadas de aire. Sólo treinta – quedan seis lingotes de 20mm. La recámara estará vacía en cinco segundos. Mi lanzacohetes – el cual nos dieron a cada uno sólo tres cohetes de todos modos – se me perdieron antes de que pudiera disparar esas


malditas cosas. Mi cabeza – la cámara montada está rota, la armadura de mi brazo izquierdo está destrozada, e incluso a todo gas el jacket sólo está dando salida a un 40 porciento. Milagrosamente, el martinete en mi hombro izquierdo ha sobrevivido sin un solo rasguño. El martinete está cerrado – arma de combate que utiliza una carga explosiva para disparar clavos de tungsteno de carburo – sólo es bueno contra los enemigos dentro del alcance de un brazo. Los cartuchos de pólvora que se calientan son tan grandes como el puño de un hombre. En un noventa – grados de ángulo de impacto, lo único que puede hacer frente a ella es el blindaje frontal de un tanque. Cuando me dijeron por primera vez que los cartuchos solo sirven por veinte rondas, no creía que nadie pudiera vivir lo suficiente para usar tantos. Estaba equivocado. A la mía le quedan cuatro rondas restantes. He disparado dieciséis veces, y perdí quince – tal vez dieciséis. En mi cabeza – la pantalla de mi traje esta deformada. No puedo ver nada en absoluto donde está doblada. Podría haber un enemigo de pie justo en frente de mí y yo nunca lo sabría. Dicen que con examinar utilizando el Jacket puedes obtener una lectura sobre el entorno sin necesidad de utilizar cámaras. Tomar más de los ojos tiene que sentirse como un impacto pasando a través de las capas de cerámica y metal en el cuerpo. Lee la presión sobre el gatillo. Siente las plantas del suelo a través de las botas. Toma el número de un caleidoscopio como medida y conocerás el estado del campo en un instante. Pero yo no puedo hacer nada de eso. Un recluta en su primera batalla no sabe una mierda – todos. Exhalo. Aspiro. Mi traje está lleno de sudor. Un terrible olor. Un moco se filtra por mi nariz, pero no puedo limpiarlo. Compruebo el cronómetro al lado de la pantalla. Sesenta – un minuto había pasado desde que comenzó la batalla. Que montón de mierda. Se siente como si hubiera estado luchando desde hace meses. Miro de la izquierda, a la derecha. Arriba, abajo. Hago un puño dentro del guante. No puedo usar demasiada fuerza, tengo que recordarlo por mí mismo. Exagere, y mi objetivo es desviado hacia abajo. No hay tiempo para comprobar el Doppler. Es hora de disparar y olvidar. ¡Thak thak thak thak thak! Una nube de polvo se levanta.


Las cargas del enemigo parecen correr con el viento sobre mi cabeza, pero la mía parece que se desvía tras dejar el cañón, como si el enemigo simplemente deseara distancia. Nuestro sargento dijo que las armas podrían ser divertidas así. También, si me preguntaras, me parece la única manera de que el enemigo llegue a escuchar los proyectiles sobre ellos. Todos deberían tener nuestro turno para sentir el aliento de la muerte en la parte trasera de nuestro cuello, amigos y enemigos por igual. ¿Pero cuál sería el sonido del aprovechamiento de la Muerte como un enemigo inhumano? ¿Siquiera eso siente miedo? Nuestros enemigos – los enemigos de las Fuerzas de Unidad de Defensa – son monstruos. Mimics, los llaman. Mi arma está sin balas. La deforme silueta de un orbe se materializa en la arcilla – neblina marrón. Es más pequeño que un hombre. Probablemente llegue hasta los hombros de un soldado con el Jacket. Si un hombre fuera un delgado poste erizado, un Mimic sería un barril de cerveza negra – en todo caso, un barril con cuatro extremidades y una cola. Nos gusta llamarlos drowned, es algo así como el cadáver hinchado de una rana. Para escuchar a las ratas de laboratorio diciéndolo, tienen más cosas en común con las estrellas de mar, pero eso son sólo detalles. Ellos son un objetivo más pequeño que un hombre, por lo que, naturalmente, son más difíciles de atinar. A pesar de su tamaño, pesan más que nosotros. Si tomas a una de esos barriles de gran tamaño, que los americanos utilizan para destilar whisky, y lo llenas de arena mojada estarás por el camino correcto. No es el tipo de masa mamífera que es un 70 porciento de agua como lo podrías esperar. Un solo golpe de uno de sus miembros puede enviar a un hombre a volar en mil pedazos. Sus jabalinas, proyectiles disparados desde los respiradores en sus cuerpos, tienen el poder de unas balas de 40mm. Para luchar contra ellos, utilizamos máquinas para volvernos más fuertes. Subimos en las armaduras mecanizadas Jackets – lo mejor y último de la ciencia. Nos envolvemos en una piel de puercoespín de acero tan dura que el disparó de una escopeta a quemarropa no dejaría ningún rasguño. Eso es con lo que nos enfrentamos a los Mimics, y todavía somos sobrepasados. Los Mimics no tienen un temor instintivo que cabría esperar si te encontraras frente a una osa que protege a sus cachorros, o conoces de frente a un león hambriento. Los Mimics no rugen. No son aterradores al mirarlos. No extienden alas o se ponen de pie sobre sus patas traseras para verse más intimidantes. Simplemente cazan con la implacabilidad de una máquina. Me siento como un ciervo frente a una luz, congelado en el camino de un camión que se aproxima. No puedo entender como me metí en esta situación. Estoy sin balas. Hasta luego, mamá.


Voy a morir en el maldito campo de batalla. En una isla olvidada por Dios, sin amigos, sin familia, sin novia. En el dolor, en el miedo, cubierto en mi propia mierda por el miedo. Y ni siquiera puedo levantar la única arma que me queda para defenderme de la carrera de bastardos que vienen hacía mí. Es como si todo el fuego en mí se escapo con mi última ronda de munición. Un Mimic viene por mí. Puedo oír respirar a la muerte en mi oído. Su figura ocupa un lugar preponderante en mi cabeza – exhibiéndose. Ahora que lo veo; su cuerpo se tiñe de un color rojo sangre. Su guadaña, de dos largos – metros – gigantes, es del mismo tono vivo. En realidad es más un hacha de batalla que una guadaña. En un mundo con amigos y enemigos llevando el mismo polvo – su color del camuflaje, proyecta un resplandor rojo bronce en todas las direcciones. La muerte se precipita hacia delante, incluso más rápido que el Mimic. Una patada carmesí de su pierna y voy a volar. Mi armadura es aplastada. Dejo de respirar. El cielo se convierte en el terreno. Mi pantalla se ahoga en advertencias rojas intermitentes. Toso sangre, atenuando al resto de las advertencias de problemas. Entonces mi martinete dispara. La explosión me lanza por lo menos a diez metros en el aire. Pedacitos del blindaje de la parte posterior de mi Jacket se dispersan por el suelo. Aterrizo al revés. La muerte blande su hacha de batalla. El metal grita mientras es cortado a través de la tabla no cortable. El hacha grita como un tren de carga que es interrumpido. Veo el caparazón del Mimic a través del aire.

Sólo tomó un golpe para reducir al Mimic en una pila inmóvil. Arena cenicienta se vierte de la herida abierta. Las dos mitades de la criatura se estremecen y retuercen, cada una manteniendo su propio ritmo extravagante. Los grandes inventos tecnológicos de la humanidad apenas pueden rayar a estas criaturas, devastada por un arma barbárica de los pasados mil años. La muerte se giro lentamente hacia mí.


En medio de la multitud de luces rojas de advertencia hacinando mi pantalla, una única luz verde parpadea. Una transmisión amiga entrante. “¿… Por un poco… erdad?” La voz de una mujer. Imposible de escuchar por el ruido. El Jacket se gasta y yo también. Tomó todo lo que me queda sólo para rodar hacía arriba por mi lado derecho. Tras una inspección más cercana, no era, de hecho, una campaña del Ángel de la Muerte. Era sólo otro soldado con un Jacket. Su Jacket no es como el mío, ya que está equipado con una masiva hacha de batalla, en donde debería estar la pila de regulación. Las insignias en el hombro no se leen JP pero en su lugar dice U.S. En lugar de la usual mezcla de camuflaje desértico de arena y granos de café, el traje brillaba de la cabeza – a – los dedos del pie en un metálico carmesí. La Full Metal Bitch. Había oído historias. Una adicta a la guerra que siempre persigue la acción, sin importar dónde es llevada. Palabras dicen que ella y su equipo de las Fuerzas Especiales del Ejército de U.S. se cargaron a la mitad de todos los Mimic que se confirmaron asesinados. Tal vez alguien que pudiera ver muchas batallas y vivir para contarlo realmente es el Ángel de la Muerte. Todavía con el hacha de guerra, el Jacket de color rojo ardiente se dirige hacia mí. Su mano se engancha y deja caer el enchufe en la placa de mi hombro. Un comunicador de contacto. “Hay algo que he estado esperando saber.” Su voz llena mi traje, resplandeciendo como un cristal. Un suave, todo de luz, contradictorio a los dos – metros de hacha y la carnicería que ella acaba de hacer. “¿Es cierto que el té verde que se sirve en Japón al final de la comida es gratis?” La arena conductiva se derrama al exterior del Mimic caído bailando en el viento. Puedo oír el lejano grito de las balas mientras vuelan. Este es un campo de batalla, los residuos son arrastrados donde han muerto Yonabaru, el capitán Yugu y el reto de mi pelotón. Un bosque de carcasas de acero. Un lugar donde los trajes se llenan de su propia orina y mierda. Cuando te mueves a través de un lodazal de sangre y mugre. “Me he metido en problemas por creer en todo lo que leo. Así que pensé en volver a jugar seguro, preguntando a un local”, continuó. ¿Aquí estoy, medio muerto, cubierto de mierda, y quieres hablar de té? ¿Quien se acerca a alguien, lo patea al suelo y luego le pregunta sobre té? ¿Qué es lo que pasa por su cabeza de mierda? Quiero darle un pedazo de mis pensamientos, pero las palabras no salen. Puedo pensar en las palabras que quiero decir, pero mi boca olvido cómo trabajar – una letanía de blasfemias estancadas en la puerta.


“Esa es la cosa de los libros. La mitad del tiempo el autor no sabe qué demonios está escribiendo – no especialmente los novelistas de guerra. Ahora qué tal si alivias tu doloroso dedo del gatillo y tomas una agradable, respiración profunda.” Buen consejo. Me toma un minuto, pero empiezo a ver bien nuevamente. El sonido de la vos de una mujer siempre tiene una manera para calmarme. El dolor que había dejado la batalla volvió a mi instinto. Mi Jacket malinterpretó los calambres musculares, enviando al traje un leve espasmo. Pensé en la danza que hizo el traje de Yonabaru justo antes de morir. “¿Duele mucho?” “¿Qué crees?” Mi respuesta no fue mucho más que un ronco susurro. El Jacket rojo se arrodilló frente a mí, el examino la placa de blindaje rallada por encima de mi estómago. Me aventuré a hacer una pregunta. “¿Cómo va la batalla?” “El 301ro ha sido aniquilado. Nuestra línea principal volvió a la costa para reagruparse.” “¿Qué paso con tu equipo?” “No debes preocuparte por ellos.” “Así que… ¿Cómo me veo?” “La parte delantera fue perforada, pero el blindaje lo detuvo. Estás mal carbonizado.” “¿Qué tan malo es?” “Malo.” “No me jodas.” Levanto la vista hacia el cielo. “Parece que está empezando a aclararse.” “Si. Me gusta el cielo de aquí.” “¿Por qué este?” “Está claro. Las islas con cielos claros son insuperables.” “¿Voy a morir?” “Sí”, dijo.


Siento a las lágrimas brotar de mis ojos. Estoy agradecido de que el casco esconda mi cara de la vista. Mantener mi vergüenza es algo privado. El Jacket rojo maniobra para acunar suavemente mi cabeza. “¿Cuál es tu nombre? No quiero tu rango o número de serie. Tu nombre.” “Keiji. Keiji Kiriya.” “Soy Rita Vrataski. Me quedaré contigo hasta que mueras.” Ella no debería de haber dicho nada que preferiría escuchar, pero no voy a dejar que vea esto. “Tú también morirás si te quedas.” “Tengo una razón. Cuando mueras, Keiji, voy a tomar la batería de tu Jacket.” “Eso es ser fría.” “No hay necesidad de luchar. Relájate. Vamos.” Escuché un silenciador electrónico – una señal de comunicación entrante en el casco de Rita. Era la voz de un hombre. El vínculo entre nuestros Jacket retrasmite automáticamente la voz para mí. “Perro del desastre, este es Jefe del criadero.” “Te copio.” Todos los trabajos. “El servidor Alpha y la región están bajo control. Como mucho, estimada mente nos podremos sostener durante trece minutos. Tiempo para recoger esa pizza.” “Perro del desastre copiado. Operando en silencio desde la conexión.” El Jacket rojo de pie, corta nuestro comunicador. Detrás de ella, una explosión retumba. Sentí temblar el suelo a través de mi columna vertebral. Un láser – una bomba guiada cayó del cielo. Se hunde profundamente en la tierra, perforando las rocas antes de detonar. El suelo de una arena blanda se hincha como un panqueque cocido; su superficie se agrieta y envía a volar en el aire al suelo que es más oscuro que el color del jarabe de arce. Una lluvia de barro salpica en mi armadura. El hacha de batalla de Rita brilla a la luz. El humo se disipa. Puedo ver una masa retorciéndose en el centro del enorme cráter dejado por la explosión: el enemigo. Los puntos rojos de luz cobran vida en el radar de mi pantalla, son tantos que cada punto se toca con el otro.


Me parece ver a Rita inclinando la cabeza. Salta hacia adelante, revoloteando a través del campo de batalla. Su hacha se levanta y cae. Cada vez que brilla, la cáscara de un Mimic sale disparada. La arena que se derrama de sus heridas son espirales en los torbellinos trazados por su arma. Ella los corta con la facilidad de una mantequilla siendo cortada por un láser. Sus movimientos son llevados en círculos por mí alrededor, protegiéndome. Rita y yo sufrimos la misma capacitación, pero ella es como un monstruo mientras estoy tirado en el suelo, un estúpido juguete que agoto sus baterías. Nadie me obligo a estar aquí. Yo mismo me arrastre a esta tierra del campo de batalla, y no estoy haciendo ni siquiera un poco de algo bueno por nadie maldita sea. Mejor hubiera sido conectarme junto con Yonabaru. Al menos entonces no habría puesto a otro soldado en peligro tratando de protegerme. Decidí no morir con las tres rondas que le quedan a mi martinete. Levanto una pierna. Pongo una mano sobre la rodilla. Me pongo de pie. Grito. Me obligo a seguir adelante. El Jacket rojo se voltea hacia mí. Oigo un ruido en mis auriculares, pero no puedo asegurar que es lo que trata de decir. Uno de los Mimics en el paquete se destaca del resto. No es que se vea diferente a los demás. Sólo es otro drowned, una rana hinchada. Pero hay algo en él que lo distingue. Tal vez la proximidad de la muerte agudizo mis sentidos, pero de alguna manera sé que es con el que estoy destinado a luchar. Así que eso es lo que hago. Salto sobre el Mimic y este arremete contra mí con su cola. Siento mi cuerpo aligerado. Uno de mis brazos fue cortado. El brazo derecho – dejando el martinete de la izquierda intacto. Qué suerte la mía. Apreté el gatillo. La carga se dispara, en un perfecto noventa – grados de ángulo. Una vez más. Un agujero se abre en el caparazón de esa cosa. Una vez más. Perdí el conocimiento.


2 El libro de bolsillo que he estado leyendo está al lado de mi almohada. Es una novela de misterio acerca de un detective estadounidense el cual es una especie de experto sobre Oriente. Tengo mi dedo índice metido en una escena donde todos los actores clave se reúnen para cenar en un restaurante japonés en Nueva York. El cliente del detective, un italiano, trata de ordenar un café después de la comida, pero el detective lo detiene fríamente. Él empieza a explicarle cómo los restaurantes japoneses, traen un té verde después de la cena, así que no tiene que pedir nada. Luego se desvío del tema diciéndole cómo el té verde va muy bien con la salsa de soja, y oh, ¿Por qué será que en la India condimentan el té con leche? Él finalmente reúne a todos los involucrados en el caso en un solo lugar, y habla de todo menos de quien lo hizo. Me froto los ojos. Al pasar la mano por encima de mi camisa siento mi estomago a través del paño. Puedo hacer una nueva formación de seis – comprimidos que no habían estado allí desde hace medio año atrás. No hay rastro de ninguna herida, ninguna carne carbonizada. Mi brazo derecho está justo donde debe estar. Buenas noticias por doquier. Sólo fue un horrible sueño. Debo de haberme quedado dormido leyendo el libro. Debí de saber que algo pasaba cuando Mad Wargarita comenzó a entablar una pequeña charla sobre las novelas de misterio. Los Operadores Especiales de América cruzaron el Océano Pacífico entero sólo para degustar la sangre sin tener tiempo para leer el último best seller. Si tienen tiempo libre, seguramente lo estarían gastando para ajustar sus Jackets. Qué manera de empezar el día. Hoy es mi primera experiencia real de combate. ¿Por qué no soñé disparándole a algunos malos, obteniendo un ascenso o dos? En la litera por encima de mí una radio vuela con un bajo graznido musical – una especie de roca prehistórica tan antigua que ni mi padre podría reconocer. Puedo oír los sonidos de la base agitando la vida, la incoherente charla viene de todas las direcciones, y sobre todo, a lo largo del DJ – una voz con cafeína pía en la lejanía el clima previsto. Puedo sentir cada palabra perforar mi cráneo. Claro y soleado aquí en las islas, igual que ayer, con advertencias sobre los rayos UV para la tarde. ¡Cuidado con las quemaduras de sol!


Los barrancones no son mucho más que cuatro láminas de fuego – madera resistente apuntaladas juntas. Un cartel de bronce – una mujer en bikini colgada en una de las paredes. Alguien reemplazo la cabeza con una del primer ministro arrancada del periódico. La cabeza de la chica en bikini sonríe vivazmente en su nueva casa con otro cartel cerca lleno de constructores musculosos machistas. La cabeza del constructor musculoso era MIA. Me estiro en mi litera. El soldado en el marco de aluminio grita en señal de protesta. “Keiji, firma esto.” Yonabaru estira el cuello a un lado de la cama superior. Él se ve bien para un chico que había visto empalado. Dicen que las personas que mueren en los sueños se suponen que viven para siempre. Jin Yonabaru se unió hace tres años antes que yo. Tres años de recortar grasa, tres años de embalar músculos. Antes cuando él era un civil había sido un enclenque. Ahora él puede cortar rocas. Es un soldado, y él mira el papel. “¿Qué es?” “Una confesión. Es de la que te hablé.” “La firmé ayer.” “¿En serio? Eso es raro.” Le oí rebuscar en las páginas anteriores. “No, no está aquí. ¿Bueno, firma uno por mi otra vez, quieres?” “¿Estás tratando de sacar una rápida de mí?” “Sólo si te vuelves un cadáver. Además, solo puedes morir una vez, así que ¿Qué más da el número de copias que firmes?” La línea del frente de los soldados del UDF tienen una tradición. El día antes de una operación, se cuelan en el PX y se hacen con un poco de licor. Beber y ser feliz, porque mañana moriremos. El disparo que te dan antes de la batalla rompe cualquier alcohol que queda en el torrente sanguíneo. Pero si te atrapan, te pondrán ante un comité disciplinario – tal vez una corte marcial si comentes una falta muy grave – una vez hecho el balance de inventario cuando termine la lucha y todo el mundo este devuelta en la base. Por supuesto, las cortes son difíciles – marcial a un cadáver. Es por eso que todos dejamos notas antes de la batalla explicando cómo el robo fue nuestra idea. Efectivamente, cuando se inicie la investigación, siempre será poco para el pobre diablo que consiguió que lo maten cuando había planeado todo. Es un buen sistema. La gente que maneja el PX son sabios en el negocio, por lo que se aseguran en dejar fuera algunas botellas para no perder demasiadas. Puedes pensar que acaban siguiendo hacía delante y tomarse un par de copas en la noche antes de la batalla – por el bien de la moral, nada más – pero no, es la misma vieja canción y la danza en todo momento. Las buenas ideas no tienen ninguna oportunidad en contra de la buena burocracia.


Tomo el papel de Yonabaru. “Es curioso, pensé que estarías más nervioso.” “¿Tan pronto? Guárdalo para ese día, hombre.” “¿Qué quieres decir? Nos pondremos el traje esta tarde.” “¿Estás loco? ¿Por cuánto tiempo planeas seguir usando esa cosa?” “¿Si no lo uso hoy, cuando lo hare?” “¿Qué tal mañana, cuando nos lancemos?” Casi me caigo de la cama. Por un instante, mis ojos se posan sobre el soldado tumbado en la litera de al lado. Él esta hojeando una revista porno. Entonces miro la cara de Yonabaru. “¿Qué quieres decir con, mañana? ¿Se pospone el ataque?” “No, hombre. Siempre ha sido mañana. Pero nuestra misión secreta para conseguir saturarnos comienza esta noche a las 1900 horas. Beber nos ciega y nos despierta con una cojonuda resaca en la mañana. Un plan que ni siquiera el HQ podría joder.” Espera. Habíamos roto el PX anoche. Recuerdo todo el asunto. Estaba nervioso porque es mi primera batalla, así que decidí escabullirme un poco más temprano. Llegue a mi litera y empecé a leer esta novela de misterio. Incluso recuerdo cuando ayude a Yonabaru a subir a su cama cuando llegó tambaleando después de salir de la fiesta con las mujeres. A menos que – ¿A menos que yo soñé eso también? Yonabaru sonríe. “No te ves bien, Keiji.” Tome la novela en mi cama. La cual traje para leer en mis tiempos libres, pero estuve tan ocupado en la formación de perforación que la había dejado metida en el fondo de mi bolso. Recuerdo haber pensado lo irónico que el no haber tenido tiempo para leerlo hasta el día anterior en el que probablemente moriría. Abrí el libro en la última página que leí. El detective estadounidense que se supone que es un experto en Oriente está discutiendo los puntos más finos del té verde, es igual a lo que recuerdo. ¿Si hoy es el día antes de la batalla, cuando leí este libro? Nada tiene sentido. “Escucha. No hay ninguna operación mañana.” Parpadeo. “¿Ninguna, huh?” “Sólo vuelve a casa sin disparar a nadie por la espalda, y estarás bien.”


Suelto un gruñido como respuesta. Yonabaru curva su mano como una pistola y apunta con su dedo índice a la cabeza. “Lo digo en serio. Te esfuerzas demasiado, te vas a volver un feedhead – terminas perdiendo la cordura antes de que incluso tengas oportunidad de volarte los sesos.” El chico el cual remplace se había vuelto un poco loco, así que lo sacaron de la línea del frente. Dicen que empezó tomando las comunicaciones diciendo que tan condenada esta la humanidad. No es el tipo de escorias que desean escuchar los jinetes de los Jackets de la armada pesada de la UDF. Tal vez no perdemos mucho a la medida de que nos encargamos del enemigo, pero no es mucho en ambos sentidos. En la batalla, a menos que seas un solo sonido de cuerpo y mente, serás un pasivo. Yo apenas acabo de llegar a la primera línea – ni siquiera eh visto ninguna acción – y ya estoy teniendo alucinaciones. Quién sabe qué es lo que hacen las luces de advertencia en mi cabeza. “Me preguntaras, nadie sale de una batalla sin sentirse un poco raro con uno o dos tornillos sueltos.” Sonríe Yonabaru. “Hey, no espantes a la carne fresca”, protesté. Realmente no estoy asustado, pero mi confusión crece cada vez más. “¡Deja de mirar a Ferrell! La única manera de hacerlo es perdiendo lo que sea que te hace humano. Un sensible, individuo cuidadoso como yo no está hecho para pelear, y esa es la verdad.” “No veo nada malo según el sargento.” “No es cuestión de bueno o malo. Se trata de tener un corazón hecho de tungsteno y músculos tan grandes que corten la sangre de tu cerebro.” “No iría tan lejos.” “En seguida debo decirte que Mad Wargarita no es más que otro grunt como el resto de nosotros.” “Sí, bueno, la cosa con ella es –” y la conversación continuó, hacía atrás y adelante como siempre lo hacemos. Nuestro mal hablar de Rita seguía golpeando cuando el paso del sargento apareció. Sargento Ferrell Bartolome es el que ha estado más tiempo en nuestro pelotón. Ha vivido tantas batallas, él es más que un soldado, él es el pegamento que mantiene nuestra compañía junta. Dicen que si le pegan un centrifugado, sería un 70 porciento hermano mayor, 20 porciento de una bola – el sargento taladrador de instrucción, y 10 porciento de acero – carbono reforzado. Él frunce el ceño, luego mira a Yonabaru, quien esta agrupando apresuradamente nuestras confesiones acerca de lo del licor. Su ceño se profundiza. “¿Tu eres el soldado que rompió el PX?”


“Sí, ese soy yo”, mi amigo confiesa sin dejar rastro de culpa. Los hombres en las camas de los alrededores se agachan bajo sus sábanas con toda la velocidad de una cucaracha cuando es dispersada por lo luz, las revistas porno y las jugadas de cartas son olvidadas. Han visto la mirada en el rostro del sargento. Me aclaro la garganta. “¿Hizo que la seguridad, uh… corriera algún tipo de problema?” La frente de Ferrell se anuda como si estuviera balanceando una pila con un chapado blindado en la cabeza. Tengo un fuerte sentimiento de deja vu. ¡Todo esto sucedió en mi sueño! Algo se cayó, sin relación, en ese exacto momento Yonabaru y sus amigos estaban rompiendo el PX. La seguridad se puso en estado de alerta, y el robo salió a la luz antes de lo previsto. “¿Dónde oíste eso?” “Sólo fue, uh, un golpe de suerte.” Yonabaru se asoma por el borde de su litera. “¿Qué tipo de problema?” “Alguien intervino una rodilla – una profunda pila de acero de mierda. Ahora no tiene nada que ver contigo, pero sin embargo, a las cero – novecientos, van a ensamblar el campo de entrenamiento No. 1 en tu cuarta parte – nivel de equipo de Entrenamiento Físico. Pasa la palabra al resto de estos cabezas de chorlito que llamas pelotón.” “¡Tienes que estar bromeando! ¿Vamos a ir a una batalla mañana, y nos estas enviando fuera del EF?” “Es una orden, cabo.” “Señor, reportando del Campo de Entrenamiento No. 1 a las cero – novecientas en un cuarto lleno – ¡El nivel del equipamiento, señor! Pero, uh, una cosa, sargento. Hemos estado haciendo esta incursión de licor durante años. ¿Por qué nos das un tiempo duro como este ahora?” “¿De verdad quieres saberlo?” Ferrell rueda los ojos. Trago saliva. “No, ya sé la respuesta.” Yonabaru sonríe. Él siempre parece estar sonriendo. “Es debido a que la cadena de mando es un maldito infierno.” “Ya lo verás por ti mismo.” Ferrell toma tres regulados – ritmos de longitud y se detiene. “¿Vamos, ni siquiera una pista?” Yonabaru llama desde donde está tomando cobertura detrás de la estructura de la cama de metal y confiesa la liada. “El general es el único que está con sus bragas metidas en esta podrida excusa de seguridad que tenemos en esta base, por lo que no me ven, y no miran al capitán, tampoco.


De hecho, puede ser que también acabes callándote y haces lo que se te dice para obtener un cambio.” Suspiro. “¿No solo nosotros tenemos que andar tejiendo cestas, hasta él? Yonabaru niega con la cabeza. “Tal vez podamos todos hacer un abrazo grupal. Cabrones de mierda.” Se cómo termina esto. También, soñé todo esto. Después de su derrota de hace un año y medio en la batalla de la playa de Okinawa, el cuerpo japonés toma como un asunto de honor el recuperar la pequeña isla que se alza frente a la costa de la península del Boso, un lugar llamado Kotoiushi. Con un pie allí, los Mimics están a solo el tiro de una piedra de Tokio. El Palacio Imperial y el gobierno central se retiraron y gobiernan desde Nagano, pero no hay ninguna manera de reubicar el motor económico el cual es la ciudad más grande de Japón. El Ministro de Defensa sabe que el futuro de Japón está en juego con el resultado de esta operación, la cual además reúne unos veinticinco mil Jackets, una interminable corriente muy ansiosa se coloco encima de esta pequeña base sobre el Flower Line que conduce a la Península del Boso. Incluso decidió permitir la participación de Estados Unidos, sus Agentes Especiales, en el juego; los U.S no son invitados a la fiesta en Okinawa. A los americanos probablemente no les importa un comino si Tokio es reducida a un terreno baldío de fumadores, pero dejar que la zona industrial que produce la más ligero, más resistente, armadura compuesta agachapada en la caída de los Mimics está fuera de cuestión. El setenta por ciento de las partes que entran en el estado – de – el – arte del Jacket vienen de China, pero los trajes todavía no pueden hacerse sin la tecnología japonesa. Así que convencer a los americanos no debe de haberles sido difícil. El problema es que las tropas extranjeras llegaron con una seguridad más estricta. De repente empezaron los controles sobre cosas como la falta de los licores que antes la seguridad de la base hacía la vista gorda. Cuando los altos mandos se enteraron de lo que está sucediendo, los dejo regiamente cabreados. “¿Cómo es eso de la suerte? Me pregunto quién la jodio.” “No se trata de nosotros. Sabíamos que los americanos estarían observando al precioso batallón como si fueran halcones a su cuidado como una virgen en su noche de baile.” Yonabaru deja escapar un gemido exagerado. “¡Ungh, mi estómago… Sargento! ¡Mi estómago acaba de comenzar a dolerme mucho! Creo que es mi apéndice. O tal vez se me pego el tétano en la espalda cuando me lastimé en la formación. ¡Sí, eso tiene que ser!”


“Dudo que se baya antes de esta noche, así que me asegúrate de mantenerte hidratado. ¿No va a durar hasta mañana, me oyes?” “Oh, hombre. Me duele mucho.” “Kiriya. Mira que beba un poco de agua.” “Señor.” Ignorando el continuo rendimiento de Yonabaru, Ferrell sale de los cuarteles. Tan pronto como su público se fue, Yonabaru se sienta y hace un gesto grotesco en dirección a la puerta. “Él realmente tiene un palo en el culo. No entendería una buena aunque venga con un manual de mierda. De ninguna manera seré así cuando sea viejo. ¿Estoy en lo cierto?” “Supongo.” “Mierda, mierda, mierda. Hoy están volteando la mierda.” Todo está siendo jugado como lo recuerdo. El 17mo Blindado pasara las próximas tres horas en el EF. Exhaustos, escucharemos a algún suboficial, con el pecho erizado con medallas, darnos una lección durante otra media hora antes de ser despedido. Todavía puedo oír sus amenazas de arrancar las cabelleras de nuestros asnos uno por uno con su Jacket – dedos aumentados. Mi sueño se ve idéntico a cada minuto.


3 Hay un ejercicio llamado el impulso de iso push –ups. Levantas tu cuerpo como lo harías con un impulso común –, entonces mantienes esa posición. Es mucho más difícil de lo que parece. Puedes sentir tus brazos temblando, y eventualmente pierdes la noción del tiempo. Después de haber contado algo así como la milésima oveja saltando una valla, ruegas por estar haciendo ordinariamente cualquier cosa menos el push – ups. Tus brazos no están diseñados para ser pilares. Los músculos y articulaciones están ahí para flexionarse y doblarse. Doblarse y curvarse. Suena bien solo pensándolo. Pero no puedes pensar en ello, o te sentirás aún peor. ¿Son pilares, me escuchas? ¡Pilares! Unos buenos y fuertes pilares. Los músculos no son realmente importantes para ser un jinete de Jacket. Si el agarre de una persona es de treinta kilos o setenta, tan pronto como se ponga el Jacket, va a tener 370 kilos de fuerza en la palma de sus manos. Lo que un jinete de Jacket necesita es paciencia y control – la capacidad de mantener una posición sin mover un músculo. Iso push – ups es sólo para eso. Estar sentado en la pared no está mal, tampoco. Algunos afirman que el iso push – ups se convirtió en la forma favorita de disciplina en la antigua Auto – Fuerza de Defensa Japonesa después de que se prohibió el castigo corporal. Tuve un tiempo difícil creyendo que la práctica había sobrevivido el tiempo suficiente para ser recogida por la División de Infantería Acorazada antes de que yo naciera. Pero el que pensaba eso, espero que allá tenido una muerte lenta y dolorosa.

“¡Noventa – y ocho!” “¡NOVENTA – Y OCHO!” todos gritamos. “¡Noventa – y nueve!” “¡NOVENTA – Y NUEVE!” Con la mirada fija en el suelo, nos ladran desesperadamente en el periodo del Sargento de Instrucción, el sudor fluye en nuestros ojos.


“¡Ochocientos!” “¡OCHOCIENTOS!” ¡VETE a la mierda! Nuestras sombras son nítidas y claras bajo el abrasador sol. La bandera de la compañía se quiebra y revolotea por encima del campo. El viento azota los campos de entrenamiento oliendo a sal y dejando una capa de cieno salobre en nuestras pieles. Allí, inmóvil en medio del gigante campo de entrenamiento, 141 hombres de la 17ma Compañía de la División de Infantería Acorazada celebran su iso push – ups. Tres jefes de sección están de pie, inmóviles como sus hombres, uno delante de cada pelotón. Nuestro capitán observa la escena con una mueca desde la sombra de la carpa de los cuarteles. Sentado a su lado está el general de la brigada de Dirección General del Personal. El general abre su boca y empieza la farsa que probablemente sea beber té verde con el aire – de la oficina acondicionada. Chupavergas. Un general es un ser de los cielos. Esta encaramado en un trono dorado, más alto que yo, más alto que Yonabaru, más alto que Ferrell, más alto que el teniente a cargo de nuestro pelotón, el capitán a cargo de nuestra compañía, el teniente coronel a cargo de nuestro batallón; más alto que el coronel a cargo de nuestro regimiento, inclusive más alto que el comandante de la base. Los generales son los dioses del Flower Line y todos los que entrenan, duermen y cagan dentro de sus muros. Tan alto, que parece lejano e irreal. Los generales no roban licor. Ellos van a la cama temprano, se levantan temprano, siempre se lavan los dientes después de cada comida, nunca se saltan las afeitadas de la mañana – maldito mesías. Los generales fueron a las batallas enfrentando a la muerte, con la barbilla en alto, tranquilos como usted por favor. Diablos, todo lo que tienen que hacer es sentarse en Nagano elaborando sus planes de batalla. Un pedido de ellos y nosotros los mortales en la primera línea nos movemos como peones a través de un tablero de ajedrez hacía nuestros espeluznantes destinos. Me gustaría ver por lo menos a uno de ellos aquí con nosotros en el barro. Teníamos nuestras propias reglas aquí abajo. Que es probablemente por eso que se mantenían alejados. Diablos, si uno de ellos se mostrara, vería hacía él una bala perdida que le lanzan en la lista de KIA. Este es el pensamiento condenatorio de los cuales sería suficiente para que puedan enviarme a un pelotón de fusilamiento. El bronce en la tienda no es el único espectador a nuestros alrededores que observa nuestra tortura. Los chicos de la 4ta compañía realmente se están riendo. Hace un tiempo que les vencimos en una partida de rugby intramural por más de treinta puntos, así que supongo que esto es una especie de retorcida venganza. El licor lo conseguimos para ellos también así que este despliegue de solidaridad esta molestándome. Qué montón de imbéciles. Si se meten en problemas en Kotoiushi, te aseguro que no iré a rescatarlos.


Los de Spec Ops de la U.S. y algunos periodistas incrustados en su equipo se reunieron en los alrededores del campo para vernos desde una distancia segura. Tal vez no hacen iso push – ups de donde vienen, pero sea cual sea la razón, ellos están apuntando sus gordos dedos hacía nosotros y ríen. La brisa que entra en el agua recoge sus voces y las arroja sobre nosotros. Incluso a esa distancia, los comentarios son fuertes y ásperos. Como uñas raspando una pizarra. Oh, hombre. ¿Eso es una cámara? ¿En serio están tomando fotos? Muy bien, eso es todo, hijo de puta. Tú suras el siguiente en mi lista de KIA. El dolor y la fatiga atormentan mi cuerpo. Mi sangre bombea lentamente como si fuera plomo. Esto se está poniendo nostálgico. Contando mi sueño, esta es la segunda vez que soporto esta sesión especial de EF. No sólo EF, iso push – ups. En el entrenamiento que nos enseñaron, incluso cuando tienes un dolor insoportable – especialmente cuando sientes dolor – lo mejor que se puede hacer es encontrar algún tipo de distracción, algo más para centrarte que no sea el ardor muscular y las rayas de sudor que pasan por la frente. Con cuidado de no mover la cabeza, miro a mí alrededor por el rabillo de un ojo. El periodista Americano está tomando foto, el pase de visitante cuelga de su cuello. ¡Di queso! Es un hombre fornido. Podrías alinearlo con cualquiera de esos tipos de las Fuerzas Especiales de U.S. y nunca sabrías la diferencia. Él ve más como una casa a un campo de batalla de lo que tú crees, eso es seguro. Tengo la misma sensación con esos tipos de las Fuerzas Especiales que con Sargento Ferrell. El dolor y el sufrimiento son viejos amigos para hombres como ellos. Caminaron hasta la cara del peligro, sonrieron y le preguntaron qué la hizo tardar tanto tiempo para llegar allí. Están en una liga diferente a la de un recluta como yo. En el medio de la pantalla de testosterona, la única mujer sobresale como un dedo meñique adolorido. Ella es una cosa pequeña que está de pie desconectada de sí misma en una corta distancia del resto del pelotón. Al verla allí, junto al resto de su súper – gran escuadrón, parece algo fuera de lugar. Anne del Faldón Verde va a la guerra. Me imagino que el libro sea un spin – off distribuido alrededor de la Primera Guerra Mundial. Mongolia hace una apropiación de tierras, y allí Anne, con una ametralladora escondida delicadamente bajo el brazo. Su pelo del color del acero oxidado, se desvanece en un rojo apagado. Algunas pelirrojas conjuran imágenes de sangre, fuego y actos de valor. No ella. Si no fuera por la arena – con la camisa de colores que lleva, se parecería a una niña que entro a la base en una excursión y se perdió. Los otros se despliegan alrededor de esta chica que apenas les llega a sus torsos como una campesina atemorizada, sorprendida frente a la nobleza medieval. De repente me doy cuenta. ¡Esa es Rita!


Tiene que serlo. Es la única manera de explicar cómo esta mujer, que no puede ser vista como una jinete de Jacket lleva un vestido de fiestas, en compañía de los de Spec Ops. La mayoría de las mujeres que se ponen el uniforme parecen una especie de cruza entre un gorila y un gorila más feo. Son las únicas que pueden reducir a las primeras líneas en la Infantería Acorazada. Rita Vrataski es el soldado más famosa en el mundo. Antes, cuando me inscribí en la UDF, no podía pasar un día sin ver las noticias contando sus elogios. Historias tituladas “El Comando Legendario”, “Valkiria Encarnada”, ese tipo de cosas. Había oído hablar que Hollywood iba a hacer una película sobre ella, pero ya había entrado en la UDF en el momento en el que salió, así que nunca la vi. Alrededor de la mitad de todos los Mimics que la humanidad asesino podría atribuirse a las batallas que su escuadrón ha luchado. En menos de tres años, han sacrificado tantos Mimics que toda la UDF junta en sus presentes veinte años. Rita es un salvador que descendió de lo lato para ayudarnos a convertir las probabilidades en esta interminable batalla perdida. Eso es lo que dicen, de todos modos. Todos nos dimos cuenta de que es parte de un escuadrón de propaganda que usan para hacer incursiones en el territorio enemigo. Un frente por alguna arma secreta o nueva estrategia que realmente merezca el crédito. El sesenta por ciento de los soldados eran hombres. Esa cifra se disparó a un 85 por ciento cuando empezaron a hablar de los jinetes de Jackets que purgan en la primera línea. Después de veinte años de lucha con un enemigo cuya identidad ni siquiera conocemos, perdiendo territorios día a día, nosotros los grunts no necesitamos a otro musculoso – cabe acotar que ese salvador gruñe y suda y tiene una hamburguesa por cerebro tal como nosotros lo tenemos. Sí, si yo fuera la última palabra en la Dirección General del Personal, también hubiera tomado a una mujer. Donde quiera que los Spec Ops de U.S. se desplieguen, la moral se dispara. La UDF había sido golpeada hasta la orilla de un precipicio, pero finalmente fueron capaces de empezar a moverse del borde del abismo. Después de terminar la guerra en América del Norte, se trasladaron a Europa y luego al norte de África. Ahora llegaron a Japón, donde el enemigo está llamando a la puerta de la isla principal de Honshu.

Los americanos llaman a Rita la Full Metal Bitch, o a veces sólo Queen Bitch. Cuando nadie está escuchando, la llamamos Mad Wargarita. El Jacket de Rita es tan rojo como el sol naciente. Ella pulso su nariz en las batas de laboratorio pasando meses sin dormir para refinar la pintura de polímero de su Jacket absorbiendo hasta la última ola posible del radiolocalizador. Su traje es de color rojo bronce – no, más que eso, es brillante. En la oscuridad es capaz de captar la luz más tenue, con un ardiente carmesí. ¿Está loca? Probablemente.


A sus espaldas, dijeron que ella pintó su traje con la sangre de su escuadrón. Cuando destacas de esa manera en el campo de batalla, se tiende a atraer más que solo el fuego enemigo. Otros dijeron que no se detendría ante nada para hacer que su escuadrón se vea bien, incluso que tomo cobertura con un soldado una vez. Si que ella tiene un fuerte dolor de cabeza, vaya mierda de mono, matar amigos y enemigos por igual. Y sin embargo, ni una sola ronda enemiga tiene tantas bajas como con ese Jacket. Puede entrar al infierno y volver indemne. Tiene un millón de historias. Su rango y su expediente como soldado ciertamente son un montón de tiempo en sus manos, y escuchando ese tipo de charla, de transmitirla, de embellecerla – es justo el tipo de cosas que necesito para matar el tiempo y mantener el tema de camaradas muertos. Rita ha sido un jinete de Jacket que come y duerme en la misma base que yo, pero nunca había visto su cara hasta este momento. Podría sentir resentimiento por el tratamiento especial que tiene, si tuviera la oportunidad de pensar en ello. No puedo apartar los ojos de la línea de su cabello – lo lleva corto – ya que se balancea con el viento. Hay un elegante equilibrio en sus características. Inclusive puede ser que se la puede llamar hermosa. Tiene una nariz fina y una barbilla afilada. Su cuello es largo y blanco, donde la mayoría de los jinetes de Jacket ni siquiera tienen cuello. Su pecho, sin embargo, es completamente plano, en contradicción con las imágenes de las mujeres de raza blanca que se ven pegadas en las paredes de cada celda de los cuarteles. No es que eso me molestara. El que la mira y piensa en el nombre de Full Metal Bitch necesita hacerse un chequeo en la cabeza. Ella está más cerca de ser un cachorro que de una perra. Supongo que incluso en una camada de perros Pit Bull hay espacio para un dulce en el pelotón. Sí, en mi sueño, el revestimiento de ese Jacket rojo había aparecido abiertamente y ella me apeó, padeciendo mis tonterías de mierda. Había visto su cara y el Jacket un montón de veces en los noticieros, pero nunca tuve idea de que realmente parece una persona. Siempre me la había imaginado a Rita Vrataski muy alta y despiadada, con un cuerpo de knockout y un aire total de auto-confianza. Entonces nuestros ojos se encuentran. Aparté la vista inmediatamente, pero ya era demasiado tarde. Ella comienza a caminar hacia mí. Se mueve con un propósito, con un pie firmemente plantado en el suelo antes de que el otro se mueva – una fuerza imparable e implacable. Pero sus pasos son pequeños, el resultado neto es un modo de andar como una acosadora, nerviosa. No estoy seguro de que jamás vi a alguien con un andar bastante parecido. Vamos, no me hagas esto. Yo ni siquiera puedo moverme. ¿Toma a un tipo descansando y piérdete, quieres? Adelante. ¡Tómalo! Rita se detiene.


Los músculos de mis brazos comienzan a temblar. Entonces, a propósito, ella se aleja. De alguna manera ella escucho mi oración, haciendo unos noventa – grados justo frente a mí y se dirige hacía el general de brigada que está sentado bajo la carpa. Ella suelta un saludo superficial. No tan descuidado como para ser insultante, pero tampoco tan rígido como para que se oiga algún craqueo, tampoco. Un saludo apropiado para la Full Metal Bitch. El general de brigada lanza una mirada dudosa a Rita. Rita es un sargento mayor. En la jerarquía militar, la diferencia entre un general de brigada y un sargento mayor es casi la misma que la diferencia entre cuatro – platos de un restaurante esnob y un todo lo que – usted – pueda comer del buffet. Los reclutas como yo estrictamente somos comida rápida, complementada con una gran porción de papas fritas a un lado. Pero no es tan sencillo. Nunca lo fue. Rita es de la milicia de U.S., el eje de la próxima operación, y uno de los soldados más importantes de la faz de la tierra. Clasificarla en un lado, es difícil decir cuál de ellos realmente tiene más poder. Rita se queda en silencio. El general de brigada es el primero en hablar. “¿Sí, sargento?” “Señor, sería posible para mí unirme al EF, señor.” La misma voz aguda de mi sueño, habla con una perfecta entonada explosiva. “Usted tiene una gran operación mañana.” “Así que, señor. Mi equipo nunca ha participado en este tipo de EF, señor. Creo que mi participación podría ser vital para garantizar el éxito de la coordinación y ejecución de la operación conjunta de mañana.” El general está perdiendo con esas palabras. Las Fuerzas Especiales de U.S. alrededor del campo comienzan a chillar y a animar. “Solicito permiso para participar en el EF, señor,” dijo. “Concedido.” “¡Señor, gracias, señor!” Esboza un saludo rápido. Haciendo un sobre – la cara, se desliza entre la fila de hombres que mira fija y atentamente al suelo. Ella escoge un lugar a mi lado y empieza su iso push – up. Puedo sentir el calor que proviene de su cuerpo a través del frío aire entre nosotros. No me muevo. Rita no se mueve. El sol esta alto en el cielo, regando sus rayos sobre nosotros, asando lentamente nuestra piel. Una gota de sudor se forma en mi axila, a


continuación, traza su lentamente camino hacía el suelo. El sudor empezó a gotear de la piel de Rita también. ¡Mierda! Me siento como un pollo hacinándose en el mismo horno que un pavo de Navidad. Los labios de Rita hacen el más sutil de los movimientos. Una voz grave que solo yo puedo escuchar. “¿Tengo algo en la cara?” “¿Qué?” “Has estado mirándome desde hace un tiempo.” “¿Yo? No.” “Pensé que tal vez había un punto de láser en mi frente.” “Lo siento. No había – no es nada.” “Oh. Muy bien.” “¡Mierda – en el – cerebro Kiriya! ¡Estás resbalando!” ladra el teniente. Rápidamente extiendo mis brazos en su posición. A mi lado, Rita Vrataski, con la desinteresada expresión de alguien que nunca ha tenido la necesidad de hacer contacto humano durante toda su vida, continua con su iso push – up. El EF terminó en menos de una hora después. El general, que saboreo la bilis en su olvidada boca, volvió a los cuarteles sin más instrucciones. La 17ma Compañía paso una pre productiva – batalla por la tarde. No se jugo de la manera en que lo recordaba. En mi sueño, nunca hice contacto visual con Rita, y ella no se unía al EF. Tal vez estoy interpretando demasiado esta cosa, pero yo diría que lo hizo para poder mear fuera del general. Le tomo a la Valkiria Encarnada una llave inglesa en una sesión del entrenamiento disciplinario planear con una precisión militar y salirse con la suya. Por otra parte, la antena puede haber simplemente recogido algo que le dio ganas de ver de que trataba este extraño iso push – up. Tal vez sólo había un sentido de curiosidad. Sin embargo, una cosa es segura. Rita Vrataski no es la perra que todo el mundo la hace parecer.


4 “¿Qué tal anoche, huh? Esa mierda estuvo apretada.” “Tú lo has dicho.” “Con reflejos como esos, esa chica tiene que estar escondiendo ballestas en ese pequeño cuerpo. Puedo sentirlo hasta en el fondo de mis abdominales.” “Si ella te escucha hablar así, mejor ten cuidado.” “¿A quién no le gusta un cumplido? Sólo estoy diciendo que es buena.” Mientras habla, Yonabaru empuja sus caderas. Ver a alguien moverse así en un Jacket es muy gracioso. Un gesto cotidiano tiene suficiente poder para subir al nivel de una casa por la parte trasera. Nuestro pelotón esta en el extremo norte de la isla de Kotoiushi, esperando saltar a la emboscada, con los Jackets en modo de suspensión. Una pantalla de alrededor de medio metro de altura se para frente a nosotros, proyectando una imagen del terreno detrás de nosotros. Es lo que llaman camuflaje activo. Se supone que nos hace indetectables para un enemigo que nos mire de frente. Por supuesto, podríamos haber utilizado pintura. El terreno fue bombardeado con desprecio, por lo que en cualquier dirección que mire, todo lo que puedo ver es el mismo páramo carbonizado. La mayoría de las veces, los Mimics asechan en las cuevas retorciéndose en las profundidades del lecho marino. Antes de hacer un asalto por tierra, lanzamos bombas revienta búnkeres que penetran en la tierra antes de lograr detonar. Cómete esta. Cada uno de esos bebés cuesta más de lo que ganare en toda mi vida. Pero los Mimics tienen una extraña manera de evitar las bombas. Esto es suficiente para hacer que te preguntes si están recibiendo copias de nuestros planes de ataque de antemano. Sobre el papel tenemos superioridad aérea, pero terminamos en una elaborada – guerra terrestre al final de todos modos. Nuestro pelotón es parte de una emboscada, no estamos haciendo el largo empaquetado de – los cañones de ánima – armas masivas que son del tamaño de un pequeño coche cuando están totalmente montadas. Lo que hacemos es ir con fusiles de 20 mm, carburantes – granadas de aire, martinetes, y lanzadores de cohetes cargados con tres rondas cada uno. Y por ser el pelotón de Ferrell, todos estamos unidos a él a través de


comunicadores. Echo un vistazo al HUD de mi Jacket. Hacen veintiocho grados Celsius. La presión es de 1014 milibares. La fuerza de ataque principal se moverá en cualquier momento. Anoche, después de aquella interminable hora de EF, decidí ir a la fiesta. No era lo que yo podía recordar en el sueño, pero no tengo ganas de volver a leer ese libro. La parte en la que ayudo a Yonabaru a alcanzar su litera después de llegar tambaleante a los cuarteles se mantuvo igual. Todo el pelotón hablaba sobre que la novia de Yonabaru también es un jinete de Jacket. Con la excepción de las fuerzas especiales, los hombres y mujeres luchan en pelotones separados, por lo que de todos modos no se topa con ella en el campo de batalla. “Si – y estoy hablando – pero si a uno de ustedes lo matan…” Aventuré. “Me siento como una mierda.” “Pero siguen viéndose entre sí de todos modos.” “El cielo no es un banco suizo. No puedes almacenar dinero a distancia en alguna cuenta secreta en ese lugar y esperar para hacer un retiro. Tienes que hacerlo antes de que vayas a la batalla. Esa es la primera regla de un soldado.” “Sí, supongo.” “Pero estoy diciendo ya, tienes que engancharte a algún coño. Carpe diem, hermano.” “Carpe algo.” “¿Qué hay de Mad Wargarita? ¿Hablaste con ella durante el EF, no? Te tocas por eso, yo se que sí.” “Ni siquiera voy por ella.” “Una pequeña chica como ella – apuesto que es una leopardo en la cama. Cuanto más pequeñas son, mejor son para follar, ya sabes.” “Muestra un poco de respeto.” “El sexo no tiene nada que ver con el respeto. Desde el peón más bajo hasta Su Majestad el general, todo el mundo quiere hacer un poco de golpeteo entre las piernas. Todo lo que estoy diciendo es que así es como hemos evolucionado –” “Sólo cierra la boca”, le dije.


“¿De ninguna manera vas a hablar contigo delante del general? Estoy herido. Tengo un carácter muy sensible. Sólo estoy hablando de basura para mantener mi mente con otra cosa. Igual que todos los demás.” “Tienes razón”, alguien más aportó a través del enlace de comunicación. “¿Hey, yo no puedo votar?” Así como comenzó la excusa que todos en el pelotón estaban esperando. Todos empezaron a hablar al mismo tiempo. “Yo voy a tener que emitir mi voto a Yonabaru.” “Puse esta cosa para filtrar tus bromas, así que deja de perder el aliento.” “Suena como si Kiriya tuviera que intensificar su entrenamiento si no quiere que Yonabaru lo tome para orinar tan fácil.” “¡Señor! ¡Creo que necesito reiniciar mi Jacket, señor! ¡No quiero chocar durante la batalla!” “Aw hombre, mataría por un cigarrillo. Musta los dejo en mi otro Jacket.” “¿Pensé que te dije que deje de fumar?” “¡Hey, bajen el volumen! ¡Estoy tratando de dormir un poco!” Y así sucedió. De ida y vuelta a través de los enlaces de comunicaciones, como si fuera una sala de chat en internet. Todo lo que Ferrell puede hacer es suspirar y sacudir la cabeza de su Jacket. Cuando estás tan nervioso que ni siquiera te quedan uñas para morder, piensas en algo que te guste para ayudar a aliviar la presión. Ellos nos enseñaron eso en el entrenamiento también. Por supuesto, consigues a un montón de animales como todos estos juntos, que casi en lo único que piensan es en sexo. Sólo hay una chica en la que puedo pensar, mi pequeña y dulce bibliotecaria cuyo rostro apenas nunca puedo imaginar. Quien sabe que es lo que está haciendo. Ha pasado medio año desde que se casó. Probablemente ahora este embarazada. Me alisté justo después de que me gradué de la escuela secundaria, y ella rompió mi corazón. No creo que las dos cosas estuvieran relacionadas. ¿Quién podría decirlo? Había firmado pensando que podría darle sentido a este jodido mundo apostando mi vida en la batalla y viendo de qué se trata el destino. Un chico que siempre estaba verde. Si yo fuera un té – verde ahora, debo de haber sido un limón – verde en aquel entonces. Resulta que mi vida aún no es lo suficientemente digna como para comprar una de esas costosas bombas, y las cartas que el destino ha ocupado para mí no tienen ninguna rima o razón.


“A los cojones con esto. ¿Si no estamos ahora cavando trincheras, no podemos al menos sentarnos?” “No podemos ocultarnos si estamos cavando trincheras.” “Este camuflaje activo no es bueno para esta mierda. ¿Quién puede decir que no nos van a ver, de todos modos? Ellos se suponen que no son capaces de ver a los helicópteros de ataque, pero los derriban del cielo como globos en una galería de disparo. Haciendo por un tiempo un cojonudo Okinawa.” “Si nos encontramos con el enemigo, seguramente voy a darle una examen de la vista.” “Sigo diciendo que la trincheras son el mayor invento del hombre. Mi reino por una trinchera.” “Puedes cavar todas las trincheras que desees una vez que volvamos. Es mi orden.” “¿No es así como torturan a los prisioneros?” “¡Mi pensión para el hombre que invento una manera para fijar su – mierda, que comenzó! ¡No se quemen las pelotas, señores!” Ferrell grita. El estruendo de la batalla llena el aire. Puedo sentir el estremecimiento de proyectiles que estallan en la lejanía. Volví mi atención a Yonabaru. Después de lo que paso en el EF, tal vez mi sueño sólo fue un sueño, pero si Yonabaru muere a mi lado en el comienzo de la batalla, nunca me lo perdonare. Repetí los acontecimientos del sueño en mi cabeza. La jabalina había venido desde las dos en punto. Había volado a través de la pantalla de camuflaje, cayendo en el suelo, todos comenzó un minuto después de empezar la batalla, más o menos. Tensé mi cuerpo, listo para ser derribado en cualquier momento. Mis brazos están temblando. Una picazón se desarrolla en la parte inferior de mi espalda. Una arruga en mi ropa interior se aprieta contra mi costado. ¿Qué están esperando? La primera ronda no golpea a Yonabaru. El disparo que se suponía iba a matarlo se dirige hacía mi. No tengo tiempo ni siquiera para moverme un milímetro. Nunca olvidare la vista de esta jabalina enemiga que voló directamente hacía mí.


5 El libro de bolsillo que estaba leyendo está al lado de mi almohada. Es una novela de misterio acerca de un detective estadounidense que se supone es una especie de experto en Oriente. Tengo mi dedo índice metido en la escena en la que todos los actores clave se reúnen para cenar en un restaurante japonés en Nueva York. Sin levantarme, miró cuidadosamente alrededor del cuartel. Nada ha cambiado. El poster con el traje de baño todavía tiene la cabeza del primer ministro. La radio con los sonidos bajos rotos suena desde la litera de arriba, desde lo lejos un cantante advierte el no llorar por un amor perdido. Después de que espero a estar seguro de que el DJ lea el informe del tiempo con su voz cliché, me siento. Removí mi peso mientras me sentaba en el borde de la cama. Me pellizco el brazo tan fuerte como puedo. El lugar donde empiezo a pellizcar se pone rojo. Me duele como a una zorra. Las lágrimas nublan mi vista. “Keiji, firma esto.” Yonabaru estira su cuello a un lado de la cama de arriba. “…” “¿Qué te pasa? ¿Aún estás dormido?” “Nah. ¿Necesitas mi firma? Por supuesto.” Yonabaru desaparece de mi vista. “¿Te importa si te pido algo un poco raro?” “¿Qué? Solo necesito que firmes en la línea punteada.” Su voz llega desde el marco de la cama. “No necesito que escribas nada más. No es divertido dibujar a espaldas del teniente o algo parecido.” “¿Por qué habría de hacerlo?” “No lo sé. Es lo que yo hice la primera vez que lo firmé.”


“No empieces a compararme – ah, olvídalo. ¿Lo que quiero sabes es que, mañana es el ataque, cierto?” “Por supuesto. Esa no es la clase de cosas que vayan a cambiar.” “¿Nunca oíste hablar de alguien que revive el mismo día una y otra vez, verdad?” Hubo una pausa antes de que respondiera. “¿Estás seguro de que estás despierto? El día después de ayer es hoy. El día después de hoy es mañana. Si no funcionara de esa manera, nunca llegaríamos a la Navidad o al Día de San Valentín. Entonces estaríamos jodidos. O no.” “Si. Cierto.” “Escucha. No hay nada en la operación de mañana.” “…De acuerdo.” “Si sudas mucho, te convertirás en un feedhead – terminaras perdiendo la cabeza antes de que incluso tengas oportunidad de volarte los sesos.” Me quedó mirando fijamente a la tubería de aluminio del marco de la cama. Cuando era un niño, la guerra contra los Mimics ya había empezado. En lugar de indios y vaqueros o de policías y ladrones, luchábamos contra alienígenas con pistolas de juguete que disparaban resortes – cargadas con balas de plástico. Picaban un poco cuando impactaban, pero eso era todo. Incluso de cerca apenas hacían daño. Siempre jugué al héroe, quien toma el disparo por el equipo. Brotaba con valentía en la línea de fuego, absorbiendo una bala tras otra. Hacía un salto con cada golpe sucesivo, realizando una danza interpretativa improvisada. Era muy bueno en eso. Inspirados por la muerte del héroe, sus compañeros lanzarían un contraataque pesado. Con su noble sacrificio, había asegurado la salvación de la humanidad. La victoria sería declarada, y los niños que habían estado con los chicos malos volverían al lado de los humanos y todo el mundo celebraría. No había juegos como este. Fingiendo ser un héroe muerto en batalla era una cosa. Morir siendo un héroe en una guerra de verdad es otra. A medida que fui creciendo, entendí la diferencia, y supe que no quería morir. Ni siquiera en un sueño. Hay algunas pesadillas de las que no puedes despertar, no importa cuántas veces lo intentes. Yo, quien estoy atrapado en una pesadilla, y no importa cuántas veces despierte, todavía sigo atrapado. El saber que estoy atrapado en un bucle del cual no puedo salir es la peor parte de todo. Lucho contra el pánico. ¿Pero realmente me volverá a pasar otra vez?


El mismo día que ya he vivido dos veces se desarrolla de nuevo a mí alrededor. O tal vez todo es una pesadilla, después de todo. Por supuesto, las cosas suceden como yo las recuerdo. ¿Es por eso que todo está en mi cabeza, o porque no? Esto es ridículo. Marco el colchón. ¿Sí yo sueño que ese punto negro vuela hacia mí? ¿La jabalina que rompió mi coraza y atravesó todo mi pecho sólo sucedió en mi cabeza? ¿Si yo me imagine, tosiendo sangre con trozos de pulmón?

Déjame contarte lo que sucede cuando los pulmones son machacados. Te ahogas, no en el agua, pero si en el aire. Grita de asombro tanto como quieras, los pulmones triturados no pueden pasar el oxígeno que el cuerpo necesita para la circulación sanguínea. A tu alrededor, tus amigos están inhalando y exhalando sin pensarlo dos veces, mientras te ahogas tu solo en un mar de aire. Nunca supe de esto hasta que me ocurrió a mí. Nunca había oído hablar de ello. Definitivamente no había soñado eso. Realmente sucedió. No importa si nunca se lo digo a nadie, o si nadie me cree. Todavía sigue siendo cierto. La sensación que quedo impresa en mi mente es prueba suficiente de ello. El dolor que se disparo a través de mi cuerpo como si fuera un rayo, las piernas tan condenadamente pesadas se sienten como si hubieran sido rellenadas con sacos de arena, el terror es tan grande que aplasta a tu corazón – ni se acerca al material de la imaginación y los sueños. No estoy seguro de cómo, pero he sido asesinado. Dos veces. No hay duda al respecto. No me importaría escuchar a Yonabaru decirme una historia que ya he oído antes. Diablos, haría eso diez veces, cien, mientras más, mejor. Nuestras rutinas diarias están llenas de la misma mierda repetitiva. ¿Pero ir de vuelta a la batalla? No, gracias. Si me quedo aquí, me mataran. Si me muero antes o después de Yonabaru en realidad no importa. No hay manera de que pueda sobrevivir al tiroteo. Tengo que escapar. Tengo que estar en cualquier lugar menos este. Incluso los santos tienen límites de paciencia, y yo no soy un santo. Yo nunca fui de los que creen ciegamente en Dios, Buda, ninguna de esas mierdas, pero si hay alguien allá arriba que me está dando una tercera oportunidad, no voy a dejar que se desperdicie. Si me siento aquí a mirar hacía la litera de arriba, el único futuro que tendré será el de terminar en una bolsa de cadáveres. Si no quiero morir, tengo que cambiar. Muévete primero, piensa después. Al igual que como nos enseñaron en el entrenamiento. Si hoy es una repetición de ayer, Ferrell estará aquí en cualquier momento. La primera vez parecía que había estado tomando en un vertedero, la segunda vez estuvo charlando con Yonabaru. Después estaremos afuera en una ridícula sesión de EF, y volveremos agotados. Eso me hizo pensar. Todo el mundo en la 17ma Armada estará en el EF. No sólo eso, todos los demás en la base con el tiempo se reunirán en los alrededores del campo para ver. No puedo pedir una mejor oportunidad para escapar de la base. Teniendo


en cuenta que estaré después del entrenamiento, es la única oportunidad que tengo probabilidades de conseguirlo. Si me hago daño, probablemente lo haga. Ellos no enviaran a un soldado herido al EF. Necesito una lesión que parezca tan mala como para sacarme del EF, pero no hay nada tan grave como me gustaría. Un hombre con incluso una herida poco profunda en el cuero cabelludo le haría brotar sangre como un cerdo. Es una de las primeras cosas que nos enseñaron en Primeros Auxilios. En este momento, me pregunto qué bien me harían los primeros auxilios si la jabalina de un Mimic me corta la cabeza y la envía volando por el aire, pero uno nunca sabe cuando un pequeño trozo de conocimiento será útil. Tengo que empezar rápido. ¡Mierda! Tengo un día entero para repetir, pero no tengo el tiempo suficiente cuando lo necesito. Ese sargento bloquea cabezas está en mi camino. ¡Muévete! ¡Muévete! “¿Qué es todo ese ruido allá abajo?” Yonabaru pregunta casualmente. “Tengo que salir un momento.” “¡¿Se te fue la cabeza?! ¡Hey necesito tu firma!” Me sumerjo en el espacio entre las literas, sin siquiera molestarme en atar mis zapatos. Abofeteo el concreto bajo mis pies, me giro justo antes de mirar el poster de la chica en traje de baño. Me precipitó pasando al que está acostado en su cama con una revista porno. No me dirijo a algún lugar en particular. En este momento mi prioridad es asegurar que no me encuentre con Ferrell. Tengo que llegar a algún lugar fuera de la viste en el que pueda hacerme daño, y luego apareceré cubierto de sangre aproximadamente en el momento en el cual Yonabaru y Ferrell estén terminando su conversación. Para un plan que he cocinado sobre la marcha, no está del todo mal. Mierda. Debería de haber traído el cuchillo de combate que mantenía bajo mi almohada. Es inútil contra los Mimics, pero sirve para abrir latas o cortar a través de la madera o tela, que es algo que ningún auto – soldado respetado debe dejar fuera. Me corté con ese cuchillo unas mil veces durante el entrenamiento. No tengo ningún problema para hacerme una herida en el cuero cabelludo con eso. Quiero llegar a las afueras de la entrada del cuartel, y quiero poner tanta distancia entre la base y yo como sea posible. Dejó que mi velocidad se afloje al doblar la esquina en el edificio. Hay una mujer allí. Un momento terrible. Ella gruñe mientras empuja un carro con una pila de patatas. La reconozco: Rachel Kisaragi, un civil que trabaja en la Cafetería No. 2. Un pañuelo blanco – nieve, cuidadosamente doblado en forma de triángulo, cubre su ondulado pelo negro. Tiene la piel


bronceada y pechos más grandes que la media. Su cintura es estrecha. De los tres tipos de mujeres que se jacta la raza humana – la bonita, la hogareña y las gorilas quienes no pueden hacer nada más que salvar el barco frente al ejército – Yo la pondría en la categoría de bonita sin pestañar. En una guerra que ya ha durado veinte años, no hay suficiente dinero para que todo el personal de apoyo militar sea empleado del gobierno. Incluso en una base en la línea del frente, llenan tantas funciones no combatientes con civiles como les es posible. El Diet ya ha debatido la posibilidad de entregar el transporte de guerra para el material en las zonas no combativas con zonas privadas. La gente bromea diciendo que a este ritmo, no pasara mucho tiempo antes de que se externalice los combates a los civiles y se hagan con todo el asunto. Había oído que Rachel es más una nutricionista que una cocinera. La única razón por la que la reconocí fue porque Yonabaru había estado persiguiendo su falda antes de que él se encontrara con su apretón actual. Al parecer, a ella no les gustan los chicos que van demasiado rápido, lo que prácticamente deja afuera a Yonabaru. Sonrió ante la idea y una montaña de patatas se estrella contra mí. Desesperado, saque el pie derecho para recuperar el equilibrio, pero me resbalo con una patata y caigo de bruces en mi trasero. Una avalancha de patatas azota contra mi rostro, una tras otra, son como los ansiosos golpes de un boxeador novato en su camino hacia el campeonato mundial de peso pesado. El carro de metal entrega el golpe final, un duro derechazo a mi templo. Me dejo caer al suelo con un ruido lo suficientemente contundente como para ser el combustible de – una granada de air corriendo por su cuenta. Paso un rato antes de que pudiera respirar. “¿Estás bien?” Gemí. Al menos parece que ninguno de las patatas golpeo a Rachel. “Yo… creo que sí.” “Lo siento por esto. Realmente no puedo ver por dónde voy cuando empujo esta cosa.” “Nah, no es tu culpa. Salté justo en frente tuyo.” “¿Hey, no te conozco?” Rachel mira hacia abajo aplanado al pobre de mí con sus ojos verdes. Una sonrisa tímida está en mi rostro. “Parece que nos encontramos otra vez…” “¡Lo sabía! Tú eres el nuevo recluta en la 17ma.”


“Sí. Me disculpo por todos los problemas”, le digo. Una puntada apareció en mi vientre. Con una mano en la cadera, Rachel revisa los daños. Sus delicadas cejas se hunden. “No se puedes ir más lejos si estas cansado.” “Lo siento.” “Es tu culpa por ser tan rotundo.” Ella arquea la espalda un poco para que su pecho sobresalga. Es difícil de ignorar. “Supongo.” “¿Has visto todas las patatas que volaron?” No lo hice. No entre los tubérculos que cubren el suelo tampoco “No debería de tomar mucho tiempo tomarlas, si me ayudas.” “No – quiero decir, sí.” “¿Bueno, cuál es?” El reloj sigue corriendo. Si no me voy de aquí ahora, estaré muerto mañana. No tengo tiempo para estar por ahí y tomar patatas – o cualquier otra cosa de ese tipo. Pero algo más me está pateando, la atracción que siento por esta chica desde la primera vez que me encontré con ella, justo después de mi anuncio en la base. Me siento en el suelo, estancado y pretendo estar adolorido. Estoy a punto de darle mi respuesta cuando escucho un sonido de pasos con precisión que se aproximan por detrás. “¿Qué estás haciendo?” Llega un gruñido como el del sabueso en las puertas del infierno. Ferrell. Ha aparecido por la esquina del cuartel y ahora está inspeccionando las patatas esparcidas por todo el camino de hormigón con desaprobación. “Yo – yo estaba empujando mi carro, y –” “¿Es tu culpa, Kiriya?” “¡Señor, si señor!” Me pongo de pie. Una oleada de vértigo se apodera de mí. Puso los ojos y fijo su mirada en mí. “¿S – Señor?”


“Estas herido. Déjame echar un vistazo.” “No es nada. Voy a estar bien.” Ferrell se acerca y me toca la cabeza, a la derecha de la línea de mi cabello. Un agudo dolor se dispara a través de mi cuero cabelludo. Sus chorizos – como dedos curiosean por la herida abierta. La tibia sangre brota de la frente al ritmo de una invisible banda de rock. El arroyo corre perezosamente por el costado de mi nariz, tocando la comisura de mi boca, y luego colgando brevemente en la punta de la barbilla hasta que comienza un goteo constante de gota por gota. Una rosa de sangre fresca florece en el concreto. El fuerte olor a hierro llena mis fosas nasales. Rachel se queda sin aliento. “Hrmm. Bien, limpia la entrada de tu herida. ¿Con que te golpeaste?” Rachel intervino “Mi carro se cayó. Lo siento.” “¿Es eso lo que sucedió?” “En realidad, yo soy el que choco con ella, pero sí, más o menos.” “De acuerdo. Bueno, no es tan malo como parece. Vas a estar bien”, dijo Ferrell, dándole una palmada juguetona a la parte trasera de mi cabeza. Un chorro de sangre vuela de mi frente, manchando mi camisa. Dejando me donde estoy, se acerca a la esquina del cuartel y grita lo suficientemente fuerte como para asustar a las cigarras en las paredes, “¡Yonabaru! ¡Trae tu trasero aquí!” “¿Estás haciendo alguna necesidad de soldado? Estoy aquí para – oh. Buenas, Rachel. ¿Sargento, otro buen día en el cuerpo, verdad? Así que bien, se ve como que brotaron patatas del hormigón.” “Cierra la bocaza y trae a algunos hombres hasta aquí para que recojan esto.” “¿Quién, yo?” “¿Bueno él no va a estar juntando nada, verdad?” Ferrell asiente en mi dirección. Yonabaru se queda boquiabierta. “¿Compañero, con que te golpeaste? Parece que te fuiste y viniste de la jaula con trescientas libras irlandesas.” Para el sargento: “¿Espera, eso quiere decir que Keiji es el que tiro todo esto?” Vuelve a mí: “Cojonudo camino para empezar el día, ve y corre de mañanas como esta.” “¿Qué te pasa, no quieres ayudar?” “¡No seas idiota! Por ti, yo no juntaría nada. ¡Patatas, calabazas o minas terrestres – !”


“Suficiente. ¿Hay alguien en esta miserable excusa de pelotón que cuya cabeza no se presente con seguridad hasta el trasero?” “Eso duele, Sargen. Mira. Traeré al trabajador más duro de la 17ma.” “¡Kiriya! ¡Deja de estar parado ahí como un espantapájaros y mueve tu culo a la enfermería! Puedes retirarte del EF de hoy.” “¿EF? ¿Quién hablo de EF?” “Yo lo hice. Alguien dio un paso en rodillas – una profunda pila de mierda de cerdo en el PX anoche. Ahora tal vez no tenga nada que ver contigo, pero sin embargo, a las cero – novecientas, van a montar el campo de entrenamiento N°1 en su cuarto –. Equipo de entrenamiento nivel físico. “¡Tienes que estar bromeando! ¿Vamos a ir a una batalla mañana, y nos estas enviando a un EF?” “Es una orden, cabo.” “¡Señor, voy a informar sobre el campo de entrenamiento N°1 a las cero – novecientas horas al cuarto completo, señor! Pero una cosa, Sargento. Hemos estado haciendo esta incursión del licor durante años. ¿Por qué nos dan un tiempo duro como este ahora?” “¿De verdad quieres saberlo?” Ferrell rueda sus ojos. Al salir de la conversación que escuche tiempo atrás, me escapo a la enfermería.


6 Estoy de pie en la puerta que divide a la base con el mundo exterior. El guardia que comprueba mi ID levanta una ceja en duda. Hay una capa adicional de seguridad en la base gracias a la visita del equipo de U.S.. Aunque el cuerpo japonés supervisó el cuerpo general de la base, el equilibrio de poder con los U.S. les impide interferir con cualquier cosa bajo jurisdicción de U.S.. Por suerte, la seguridad de U.S. no tiene ningún interés en cualquiera que no es de su propia cuenta. Sin papeles de permisos de un oficial al mando, Keiji Kiriya no puede estar fuera de la base. Pero los soldados estadounidenses pueden ir y venir a su antojo, y todo lo que tienen que hacer es parpadear una identificación. Todo el mundo utiliza la misma puerta, por lo que si tengo un escolta estadounidense, pueden dejarme pasar, sin hacer preguntas. Lo único que importa es mantener a los indeseables fuera de su valioso equipo de Fuerzas Especiales. Un recluta tratando de desertar no es probablemente algo que atraiga la atención. El guardia no debe de haber visto muchas tarjetas de identificación japonesas, porque él se queda en la mina desde hace tiempo. La máquina que verifica los ID registra sólo los que pasaron por la puerta. No hay necesidad de entrar en pánico. ¿Por qué el cambiar el sistema un día antes del ataque? Los músculos de mi estómago se tensionan. El guardia está mirando hacia atrás y adelante entre mi tarjeta y yo, haciendo la comparación de la imagen borrosa con mi rostro. Un corte en un templo quemado. Los matasanos que atendían en la enfermería me dieron tres puntos de sutura sin ningún analgésico. Ahora que estoy enviando pernos ardientes de rodaje de electricidad a través de mi cuerpo. Los huesos de mi rodilla crujen. Estoy desarmado. Echo de menos mi cuchillo, cálido y ajustado bajo mi almohada. Si lo tuviera conmigo, podría bloquear a este tipo en un medio Nelson y pensar así no me va a llevar a ningún lado. Me estiro la espalda. Hay que mantener la calma. Si él te mira fijamente, respóndele fijamente de nuevo. Ahogando un bostezo, el guardia pulsa el botón para abrir la puerta. La puerta hacía la libertad se abre. Me giro lentamente para mirar hacia atrás mientras me coloco más allá de la barra amarilla. Allí, en la distancia, está el campo de entrenamiento. La brisa del mar, pesada con el aroma del océano, sopla a través del campo hacía la puerta. En el otro lado de la valla,


los soldados con un tamaño semejante al de las hormigas se vuelven más pequeños, se ponen en cuclillas en miniatura. Son los soldados con quienes he comido y entrenado. Son mis amigos en la 17ma. Trago saliva por la nostalgia que se levanta en mí. Camino, sin prisas, el viento húmedo sopla contra mi cuerpo. Sigo caminando hasta que estoy fuera de la vista del guardia. No corras. Sólo un poco más lejos. Giro en la esquina. Entro en una carretera con velocidad. Una vez que empiezo a correr, no me detengo. Faltan quince clicks desde la base a Tateyama, una cercana zona de ocio. Incluso si tomo una ruta directa, serán veinte kilómetros como mínimo. Una vez que este allí, puedo cambiarme la ropa y quedarme con los suministros que necesite. No puedo arriesgarme a los trenes o carreteras, pero una vez que llegué a la ciudad de Chiba estaré fuera de peligro. Ni el ejército ni la policía pondrán sus narices en los centros comerciales subterráneos – convertidos – barrios pobres de allí. Faltan alrededor de unas ocho horas hasta la reunión de Brigada de las 1830. Eso es cuando probablemente se den cuenta de que me he ido sin permiso. No sé si enviaran un coche o helicóptero a por mí, pero al anochecer, planeo ser sólo otra cara en la multitud. Me acuerdo de la formación que habíamos hecho a los pies del Monte Fuji. Sesenta kilómetros de marcha con el equipo completo. Cruzar la península del Boso en medio día no es un problema. En el momento en que la batalla de mañana comience, yo estaré muy lejos de los días que se repiten y las muertes brutales en las que termino. El sol está en lo alto en el cielo, soy lavado por una luz cegadora. Pistolas automáticas de cincuenta y siete milímetros sentadas cubiertas por lonas blancas en intervalos de cien metros a lo largo del dique. Rojizas rayas marrones de óxido estropean las antiguas placas de acero de la base. Las armas de fuego se han instalado a lo largo de toda la costa, cuando los Mimics llegaron al continente. Desde quer era niño, cuando iba primero ponía mis ojos sobre esas armas, pensaba que eran las mejores cosas que jamás había visto. El acabado de barniz negro de su acero incluso traía un sentido razonable de confianza en mí. Ahora que las vi en una batalla real, se con certeza que armas como estas nunca podrán repeler un ataque Mimic. Estas armas se mueven como los dinosaurios que son. No puedes esperar de ellas que consigan dar un golpe a un Mimic. Son como una broma. Todavía tiene a una tripulación de servicio asignada a los mismos que vienen y los inspeccionan una vez por semana. Burocracia de armas residuales. Tal vez la humanidad perderá. La idea me vino de la nada, pero no puedo moverla.


Cuando les dije a mis padres que me enliste, hubieran preferido que me uniera a la Guardia Costera. Dijeron que todavía tendría la oportunidad de luchar sin entrar en batalla. Eso es estar realizando la tarea vital de defensa de las ciudades donde las personas trabajan y viven. Pero no quiero pelea con los Mimics para salvar a la humanidad. Me vi llenado por las películas. Puedo buscar mi alma hasta que mi cuerpo se caiga en el polvo a su alrededor y nunca encontrare el deseo de hacer grandes cosas, como salvar a la raza humana. Lo que encontré en cambio, es un rompecabezas de alambre que no puedo resolver, no importa cuántas veces lo intente. Algo enterrado bajo un montón de piezas de un rompecabezas que no encajan. Esto me molesta. Yo soy débil. Ni siquiera puedo conseguir a la mujer que amo – la bibliotecaria – al mirarla a los ojos. Pensé que la irresistible marea de la guerra me iba a cambiar, forjarme en algo que funcione. Puedo haberme engañado a mí mismo en la creencia de que iba a encontrar la última pieza del rompecabezas que necesito para completar a Keiji Kiriya en el campo de batalla. Pero yo nunca quise ser un héroe, amado por millones de personas. Ni por un minuto. Si pudiera convencer a los pocos amigos que tengo de que yo soy alguien que puede hacer algo en este mundo, que puede dejar una marca, no importa cuán pequeña sea, eso sería suficiente. Y mira dónde estoy. ¿Qué hay del medio año de entrenamiento que he hecho? Ahora poseo un puñado de habilidades que son una mierda para las batallas reales y seis–pack abs. Todavía soy débil, y el mundo aún esta jodido. Mamá, papá, lo siento. Me tomo mucho tiempo darme cuenta de lo obvio. Es irónico que tenga que huir del ejército por no haberlo descubierto antes. La playa está desierta. La Guardia Costera debe de haber evacuado este lugar durante los últimos seis meses. Después de un poco menos de una hora de correr, me planto en el borde del dique. He cubierto unos ocho kilómetros, estando a medio camino de Tateyama. Mi camisa playera esta con un color oscuro por el sudor. La gasa envuelta alrededor de mi cabeza esta suelta. Una suave brisa marina – que refresca después del caliente viento que barre a través de la base – acaricia la parte trasera de mi cuello. Si no fuera por las ametralladoras, los apoyos robados de algún anime olvidado, que son intrusos en el mundo real, los cuales han sido la viva imagen del centro turístico tropical. La playa está llena de cáscaras de cohetes de fuegos artificiales – el tipo de armado crudo y ponerlo en marcha con un tubo de plástico. Nadie esta tan loco como para llegar tan cerca de la base militar para lanzar fuegos artificiales. Deben de haber sido algún bastardo pensado advertir a los Mimics sobre el ataque en la península de Boso. Hay activistas anti– guerra por ahí que están convencidos que los Mimics son criaturas inteligentes, y que están tratando de abrir una línea de comunicación con ellos. ¿No es una gran democracia?


Gracias al calentamiento global, toda esta franja de la playa está por debajo del nivel del mar cuando la marea sube. Al anochecer, estos malditos tubos serán arrastrados por el mar y quedaran en el olvido. Nadie lo sabrá nunca. Le doy una patada a uno de los tubos fundidos tan fuerte como puedo. “¿Bueno, qué es esto? ¿Un soldado?” Me doy la vuelta. Ha pasado un tiempo desde que había oído a alguien hablar japonés. Estaba tan perdido en mis pensamientos, que no me di cuenta de que alguien vino detrás de mí. Dos figuras, un anciano y una niña, de pie en lo alto del terraplén. La piel del anciano se haría salmuera si bien la pusiéramos en un frasco en un día caluroso como el de hoy. En su mano izquierda sostiene una lanza de metal con tres puntas salidas de un cuento de hadas. ¿Qué hace con un tridente? La niña – ella se ve con una edad adecuada para estar en la escuela primaria – apretó su mano derecha con fuerza. Medio escondida detrás de la pierna del hombre, la chica me mira descaradamente debajo de su sombrero de paja. El rostro bajo el sombrero es demasiado blanco para haber pasado mucho tiempo de cocción bajo el sol. “Tu cara no me es familiar.” “Soy de la base Flower Line.” ¡Maldita sea! He usado mi boca antes que mi cerebro. “Ah.” “¿Qué, uh, se traen ustedes dos por aquí?” “El mar tiene peces que quieren ser atrapados. Toda la familia se ha venido desde Tokio.” “¿Qué pasó con la Guardia Costera?” “Palabras venían sobre una tos ferina tomando abajo en Okinawa. Porque, todos los de arriba y a la izquierda. Si los parientes del ejercito tienen cuidado de los pájaros de mal agüero por nosotros, respiraremos más fácil, eso es un sentimiento seguro.” “Sí.” Los pájaros de mal agüero son algo un poco obvio para la jerga local por los Mimics. La gente común nunca tuvo la oportunidad de ver un Mimic con sus propios ojos. En el mejor de los casos solo han echado un vistazo a un cadáver en descomposición varado en la playa, o tal vez uno que se ha quedado atrapado en una red de pesca y murió. Pero con la arena conductiva arrastrada por el mar, lo único que queda son cáscaras vacías. Es por eso que mucha gente piensa que los Mimics son algún tipo de anfibio que se desasen de su piel.


Solo alcanzo a entender el 70 por ciento de lo que el anciano habla, pero he oído lo suficiente para saber que la Guardia Costera se ha retirado de la zona. Nuestra derrota en Okinawa debe haber sido más grave de lo que pensé. Ya es bastante malo para ellos tener que recuperar nuestras fuerzas combinadas de arriba abajo en la línea de Uchibo. Todo el mundo ha sido reasignado con un enfoque en las principales ciudades y zonas industriales. El anciano sonríe y asiente con la cabeza. La niña lo mira con los ojos muy abiertos como platos, testigo de algún espectáculo extraño. Coloca mucha de su esperanza en las tropas estadounidenses en la Base Flower Line de la UDF. No es que me haya inscripto para defenderlo a él o a cualquier otra persona sin importar. Aún así, me hizo sentir mal. “¿Tienes algo de cigarrillos, hijo? Desde que los militares los quitaron, casi no pueden llegar ninguno.” “Lo siento. No fumo.” “Entonces no te preocupes por nada.” El anciano se queda mirando al mar. No hay muchos soldados de Infantería Acorazada que sufran adicción a la nicotina. Probablemente porque no se puede fumar durante la batalla, donde es cuando más lo necesitas. Me quedo en silencio. No quiero hacer o decir nada estúpido. No puedo dejar que averigüe que soy un desertor. Disparan a los desertores. Escapar de los Mimics sólo para ser asesinado por el ejército no tiene mucho sentido. La niña tira de la mano del hombre. “Ella se cansa muy fácil. Hay buenos ojos en ella, sin embargo. Si hubiera nacido chico, habría sido un buen pescador.” “Sí.” “Sólo una cosa más antes de irme. Nunca he visto algo como esto. Llegue corriendo de mi casa lo más rápido que pude, para encontrarte aquí. ¿Qué te parece? ¿Algo que hacer con los pájaros de mal agüero?” Levanta el brazo. Mis ojos siguen sus dedos como ramas retorcidas mientras señala. El agua se ha vuelto verde. No es el verde esmeralda que puedes ver en la costa de una isla en el Pacífico Sur, pero si un verde turbio espumoso, como si un superpetrolero lleno de té verde helado quedo encallado y derramando su carga en la bahía. Un pez muerto flota sobre las olas, una mancha brillante de plateado. Reconozco ese verde. Lo he visto en los monitores durante el entrenamiento. Los Mimics comen el suelo, al igual que las lombrices la tierra. Pero a diferencia de las lombrices de tierra, la tierra que pasa a través de sus cuerpos y se excreta es tóxica para las


otras formas de vida. La tierra de la que se alimentan los Mimics muere y se vuelve desértica. Los mares se vuelven un verde lechoso. “No es como ninguna marea roja que he visto.” Un alto – agudo grito llena el aire. En la cabeza me suena a una melodía familiar. Las pestañas siguen un punto, la cabeza del anciano traza un arco, ya que navega a través del cielo. Los pedazos destrozados de la mandíbula y el cuello pintan al sombrero de paja de la niña de un rojo intenso. No se da cuenta de lo que acaba de suceder. Una jabalina sale del cuerpo de un Mimic a mil doscientos metros por segundo. El cráneo del anciano sale volando antes de que el sonido de la jabalina allá incluso llegado a nosotros. Ella lentamente levanta la vista. Una segunda ronda corta a través del aire. Ante sus grandes y oscuros ojos tiene a su abuelo muerto, la jabalina la atraviesa, un acto de misericordia sin rencor. Su pequeño cuerpo es arrasado. Golpeado por la explosión, el cuerpo sin cabeza del anciano se tambalea. La mitad de su cuerpo esta manchada de un profundo escarlata. El sombrero de paja gira en el viento. Mi cuerpo retrocede. No puedo moverme. El cadáver de una rana hinchada se pone de pie en la orilla del agua. Esta costa definitivamente esta dentro del perímetro de la defensa del UDF. No he oído reportes de patrullas hundidas. La base del frente está viva y bien. No debería de haber ningún Mimic aquí. A esa afirmación los dos cadáveres tendidos junto a mí seguramente habrían impugnado si pudieran. Pero ellos están muertos, frente a mis ojos. Y yo, su única esperanza de defensa, acaba de desertar de la única unidad militar en la zona capaz de retener esta invasión. Estoy desarmado. Mi chuchillo, mi arma, mi Jacket – están todos de vuelta a la base. Cuando pase por esa puerta hace una hora, deje mi única esperanza para defenderme atrás. A treinta metros de la pistola de 57mm más cercana. En la carrera de esa distancia. Sé cómo disparar una, pero aún no hay lonas con las que tratar. Nunca tuve el tiempo para quitarla. Insertar mi tarjeta de identificación en la plataforma, poner la clave de mi código de acceso, colocar un cinturón de munición de treinta kilómetros, soltar la palanca de bloqueo de rotación o sino el cañón no se podrá mover y no podrá apuntar, subir al asiento, girar la manija oxidada – a la mierda. ¡Fuego, hijo de puta! ¡Fuego! Conozco el poder de un Mimic. Ellos pesan varias veces más que un jinete de Jacket totalmente enganchado. Estructuralmente tienen mucho en común con una estrella de mar. Hay un endoesqueleto justo debajo de la piel, y es como una armadura de 50mm –rondas perforadoras o mejores sirven para penetrar en ellos. Y no se detienen sólo porque un hombre esta desarmado. Te arrollan como si fueras un montículo del tamaño de un Tuza.


“No me jodas.â€? El primer disparo de las jabalinas perfora mi muslo. El segundo abre una herido en mi espalda. Estoy demasiado ocupado tratando de mantener abajo mis Ăłrganos que se asoman hasta gorgotear en mi garganta e incluso note una tercera. Pierdo el conocimiento.


7 El libro de bolsillo que he estado leyendo está al lado de mi almohada. Yonabaru cuenta su fardo de las confesiones en la litera superior. “Keiji, firma esto.” “Cabo, tienes un arma, ¿Verdad?” “Sí.” “¿Puedo verla?” “¿Desde cuándo eres un chiflado por las armas?” “No es eso.” Su mano desaparece en la litera de arriba. Cuando vuelve, está agarrando un bulto negro de metal brillante. “Está cargada, así que ten cuidado a donde apuntas.” “Uh, claro.” “Si te haces un cabo, podrás traer tus propios juguetes a la cama y nadie podrá decirte nada al respecto. De todos modos una Cerbatana como esta no es nada eficiente contra un Mimic. Lo único que necesita un jinete de Jacket son su 20mm y su lanzador de cohetes, con tres cohetes para cada uno. El plátano que se empaca para que sea un bocadillo no cuenta. ¿Ahora firmaras esto?” Estoy demasiado ocupado chaqueando el seguro que la pistola como para responder. Envuelvo mí boca alrededor del cañón, imaginando el lingote de la cámara del 9mm, a punto de estallar en el frío y duro acero. Apretó el gatillo.


8 El libro de bolsillo que eh estado leyendo se encuentra al lado de mi almohada. Suspiró. “Keiji, firma esto.” Yonabaru estira el cuello hacía abajo desde la litera superior. “Señor, sí señor.” “Escucha. No hay nada con la operación de mañana. Si sudas demasiado, te volverás una feedhead – terminas perdiendo la cabeza antes de que incluso tengas la oportunidad de volarte los sesos.” “No estoy sudando nada.” “Hey hombre, no es nada de lo que tengas que avergonzarte. Todo el mundo está nervioso la primera vez. Es como conseguir un puesto. Hasta que haces un escrito, no te lo puedes quitar de la cabeza. Todo lo que puedes hacer para pasar el tiempo es masturbarte.” “No estoy de acuerdo.” “Oye, estás hablando con un hombre que juega el juego.” “¿Qué pasa si – sólo hipotéticamente – se repitiera tu primera vez una y otra vez?” “¿De dónde sacas esa mierda?” “Sólo estoy hablando hipotéticamente eso es todo. Como al restablecer todas las piezas de un tablero de ajedrez. Tomas tu turno, entonces todo vuelve a comenzar.” “Depende.” Todavía cuelga de la litera de arriba, su rostro se ilumina. “¿Hablas acerca de follar o pelear?” “No es sobre follar.” “Bueno, si me preguntaran acerca de volver y pelear en Okinawa otra vez, les diría que se lo metas por el culo. Me pueden enviar a un maldito pelotón de fusilamiento si quieren, pero yo no volvería.”


¿Qué pasa si no tienes opción? ¿Y si tuvieras que revivir tu ejecución una y otra vez? Al final del día, cada hombre tiene que lavarse el culo. Tampoco, no hay nadie que tome las decisiones por ti. Y sea cual sea la situación con la que te encuentres, termina siendo sólo un factor en tú decisión. Lo cual no quiere decir que todo el mundo tenga la misma gama de opciones en cuanto a todos los demás. Si hay un tipo por ahí con un as bajo la manga, de seguro será otro de los que son tratados como un puñado de mierda. A veces te encuentras con un callejón sin salida. Pero caminaste cada paso por el camino con el que llegaste allí. Aún cuando te cuelgas en la horca, tienes la opción de cumplir tu muerte con dignidad o irte pataleando y gritando hacía el más allá. Pero yo no he tenido esa opción. Puede haber una cascada gigante justo más allá de Tateyama, al borde de todo este maldito mundo, y yo nunca lo sabré. Día tras día voy de ida y vuelta entre la base y el campo de batalla, donde soy aplastado como un insecto arrastrándose por el suelo. Siempre y cuando el viento sople, naceré de nuevo y moriré. No puedo tomar nada de mi próxima vida. Las únicas cosas que me quedan son mi soledad, el temor de que nadie pueda entenderme y la sensación del gatillo en mis dedos. Es un maldito – mundo de cabeza, que se folla – las reglas de cabeza. Así que al carajo. Tomo una pluma de al lado de mi almohada y escribo el número ‘5’ en el dorso de la mano izquierda. Mi batalla comienza con este número. Vamos a ver a cuánto puedo llegar. ¿Y qué si el mundo me manda un montón de mierda? Voy a peinar a través de él como si fuera maíz. Voy a esquivar las balas enemigas por un pelo. Voy a matar a los Mimics con un solo golpe. Si Rita Vrataski es una diosa en el campo de batalla, voy a ver y aprender hasta que pueda igualar su interruptor para asesinar. Tengo todo el tiempo del mundo. No hay nada mejor para hacer. ¿Quién sabe? Tal vez algo cambia. O tal vez, voy a encontrar una manera de tomar este puto mundo y mearle en los ojos. Eso estaría muy bien para mí.


-DeadlySmile-


Aynik1