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De lo lúdico y lo policial:

Lo simbólico en el poder y la innovación social. Un apunte sobre la metodología en ciencias sociales como un a propósito de la geopolítica sobre la capacidad de transformación e inteligencia colectiva para los procesos sociopolíticos. Dr. Carlos Arturo Rojas Rosales Facultad de Ciencias Políticas y Sociales rojas_carlos@mac.com

Resumen preliminar: ¿Cuál es el vuelco que la sociedad debe realizar y que apuntan los actuales esfuerzos de repensar el Estado y sus instituciones, acerca de los ejes y sentidos sociales, culturales, epistemológicos para repensar y refundar los Estados, y cuáles son los ejes y sentidos sociales, culturales, por esa lucha de refundación? Dada esa pregunta esta investigación intentará dar una respuesta a esa desde la quienes están sujetos a sujetos a la violencia estructural que es la actitud, proyecto y posicionamiento político desde la historia o la historia de colonización, ya sea en el ámbito político social o epistemológico. Ante las estructuras, instituciones y relaciones de dominación. En un momento preliminar la respuesta a esta pregunta gira sobre la forma de una utilidad teórico analítica por generar un marco conceptual que de lugar a un modelo que incorpore una analítica de indicadores demográficos en una ubicación geopolítica a fin de establecer quiénes o qué podrían encabezar el proceso de refundar el Estado o de transformación social. Que implica a su vez repensar las perspectivas y paradigmas del pensamiento desde una perspectiva que retome la metodología no como una receta de cocina, que sería solo un método. Crear nuevas herramientas es necesario de suerte que permitan mostrar cómo se da la estructuración del poder y de la cómo también, a la presencia de otras lógicas y racionalidades, las que actualmente que pueden hacer posible acciones, formas de socialización que están vinculadas a los modos de crear conocimiento.


Ponencia: La represión no aparece mas.

Se habla de conjurar la represión aparece como la única verdad de la institución, operando en la profundidad de las conciencias, único proceso de constitución del orden social y a la que no se la puede conjurar mas que por una forma espectacular en sus aspectos arcaicos sobre los que de desnuda una solidaridad táctica, todos contra la represión y se arma la guerrilla espectacular que llega a la fascinación del enfrentamiento simbólico donde la represión encarnada deviene iconografía y lo folklórico el objeto de consumo de la imaginación.

Todos los movimientos sociales tienen este modo de acogerse a una dependencia simbólica que forma parte de nuestros mecanismos culturales, se reduce toda coyuntura política hacia la violencia policiaca, que es la violencia social por excelencia, la esencia de la represión política que es sexual, cultural económica propinada por hombres del orden social en tanto que orden.

La insurrección no es contra la sociedad como reencarnación política del símbolo de la gran madre que vendría a subvertir el principio de realidad social que se alimenta de la protesta social global y que no se explica sino por los mecanismos de represión de la sociedad contemporánea. ¿Pero qué tipo de represión suscita ese nuevo tipo de insurrección?

En que coincide el esquema policial con el empírico acerca de la frustración de los deseos profundos, la represión antes que nada es un ambiente de la cotidianidad pacificada, que borra la importante distinción de lo lúdico y lo policial.

Es la represión generalizada que interioriza los contrarios como instancia represiva hasta convertirla en un aspecto de una simbólica maternal, que se trasforma entonces en una profunda participación. Es transformar el espacio público en la escena de una


atmósfera plenamente interesada llena de valores participativos. Que queda después de que se fue lo normativo y lo justiciero. Donde reinaba el orden, la justicia, la jerarquía. El léxico y la semántica de lo patriarcal. Ahora hay co-represión.

Es la represión de lo imponderable que se realiza a través de los signos, está inscrita en el trazo de las calles,es la misma cotidianidad usada como arma de represión, además se co-gestiona alimentándose de los signosque nos convocan a la responsabilidad y de los del poder. Es la pura euforia cómplice donde hasta la arquitectura nos cede un algo de ello cuando los grandes espacios para las masas insurrectas y protestantes ahora se llenan de masas de bicicletas, de consumidores, el conflicto ya no es más sino que se vuelve simplemente abolibles por el espectáculo de los signos de poder y responsabilidad.

Pero esta represión ambiental atmosférica tiene su lado obscuro que se lo mira como una sistemática total de la división y de la separación. Es decir, como segregación cada ves más compleja y sistemática geográficamente, laboralmente, profesionalmente, culturalmente, como una división irreversible, técnica y social, de trabajo, en la desmultiplicación ilimitada de deseos.

Es tal el principio de separación que rompe con la unidad de deseo e instituye la actividad humana en múltiples sectores que se ligan aísladamente en una cierta autonomía y una cierta libertad. Y con ello se rigen como un principio universal de neutralización de las energías.

Marx ha re-trazado la génesis histórica de esta disociación entre esfera pública y privada, como una determinación recíproca negativa. Sobre la idea de la libertad del dominio privado, todas las contradicciones de lo económico y lo político se inscriben en la cotidianidad y alterar el sentido vacío. Que uno puede ya identificar con el dominio reservado a la diversión. Pero uno puede ver en el fondo una aspiración libre de ir por encima de los esquemas mismos de la servidumbre.

Redoblando el esquema entre trabajo y descanso, organizando la cotidianidad entre ambos. Soñar en ambos lados bajo el signo de la libertad. Es la asimilación entre


paraíso e infierno que hace que las personas que solo puedan soñar un paraíso a la altura de su propio infierno.

La sistemática de la represión se enraíza en al división del trabajo social, pero la violencia se ejerce al nivel de la producción, el déficit humano que resulta del trabajo parcelado que raramente es visto como libertad porque la represión aun no se ha consumado, porque ella tampoco es perfecta, por que ella no se consagra y saborea mas que en su propia imagen.

Más significativo es que para nosotros aquello que se ejerce en la división de los deseos. Por que juega con la ilusión del principio del placer. Es la profecía por excelencia de la sociedad de consumo, es decir, liberar los deseos, de promover el gozo multiplicado. Es un aura antropológica donde una virtualidad de deseos no atienden mas que a los productos susceptibles de satisfacerlos como una lógica interior de un deseo infinito.

Realizar los deseos es liberar al hombre, es llevarlo a su libertad milenaria. Liberarse de la norma introyectada, gozar plenamente de la vida. Es decir, solo liberarse en una finalidad explosiva de alegría, cuando sus pulsiones están bloqueadas por instancias mentales que se cristalizan sobre sus objetos y en los cuales se recrean. Que son esas instancias concretas donde se abole la fuerza explosiva del deseo y se materializa la fuerza represiva del orden social.

La irracionalidad liberada pero al mismo tiempo la multiplicación de los deseos que se circunscribe a un control cada vez y progresivamente mas explícito y estricto. Represión del deseo que se hace a través de la emancipación de los deseos.

En ella vemos aparecer actualmente una diferenciación sobre la fuerza de los deseos que se transforma en una dispersión calcula entre la oferta de los productos. Por que los deseos son inducidos por los objetos,dado que ellos tienen una coherencia superior, donde los deseos son lo contingente y refluyen sobre ellos mismos que vienen a ser lo discontinuo y por ello lo que remite a la búsqueda del placer.


El sistema de los deseos individuales es un repertorio de clase ocupado por los objetos y por los productos y por ello, dado que la finalidad de ese sistema recae en lo socioeconómico, son dirigidos.

Marcuse hablaba de los deseos represivos, cuando señala que la alienación moderna mas sutil y nueva se hace al nivel de la interiorización de la violencia extra-económica que describen los deseos reprimidos, apela por la idea de la negación determinada de esos deseos y a la resurrección de nuevos deseos conscientes y concretos dentro de su finalidad armoniosa, es decir, que ya no son cómplices de un principio represivo de realidad. No cómplices de un principio irracional del placer, pero que inauguran paradójicamente un principio de placer racional y colectivo.

Pero eso es una ilusión porque si los deseos son determinados históricamente como dice Marcuse, se debe pensar que no hay necesidad de que esos deseos puedan surgir de una manera desalienada. Lo que plantea en el fondo esta revolución de los deseos es una versión del proyecto idealista de educación moral de la humanidad. de una revolución de las consciencias.

Hace falta pensar que los deseos y ninguna teoría del deseo nunca ofrecerán una perspectiva de desalienación o de una alternativa revolucionaria, por que los deseos son inmediatamente en tanto tales un producto de la represión y por ello mismo son parcelarios, divisorios y esquemáticos. Los deseos represivos actuales son parte ya de os mecanismos culturales. Lo contra cultural en el orden de alternativa es banal, lo que debe ponerse en cuestión es a las instituciones mismas con su inscripción fundamental de como lugares de ejercicio de actividades separadas y homologadas de las instituciones separadas del poder en todas las sociedades jerarquizadas.

Las instituciones del deseo como finalidades separadas son las que deben ser negadas, porque eso significa que el deseo deviene trabajo y con ello ninguno de los dos existe. Solo existe como dato histórico la división del trabajo y la división de los deseos correlativamente. Toda teoría de los deseos que tenga la intención revolucionaria no hace mas que rehacer la contradicción entre las finalidades sociales en el orden de la anomia del deseo, lo que no hace más que llevar adelante el código de l sublimación dirigida y crear una base ideológica para la superrepresión.


A falta de situar la represión en la segregación de las practicas sociales e individuales se condena uno mismo a ser abatido por la liberación progresiva de dominios separados, como en la libertad sexual. Que ligada al ejercicio de la sexualidad como deseo y como actividad separada, como desempeño, como perversión, como objeto de consumo, y lo mismo pasa con la libertad del trabajo en el sol de las vacaciones. Una exigencia de bienestar en la lógica del mercado.

Pero las finalidades son separadas y circunscritas del deber son circunscritas a las vacaciones a las satisfacciones puritanas, a los paréntesis del trabajo. Por ello mismo el sol de las vacaciones es represivo, su valor social es disociar el valor, los valores del placer, porque solo aparecen como signos de una totalidad ausente. Así que no existe una hipocresía en esto sino la pura lógica de la represión.

La represión se ejerce sobre contenidos, que es una estrategia de la disociación del cuerpo social, del cuerpo físico, dividiéndolo en zonas en actividades disociadas y asignando la parcialidad a finalidades parciales de deseo, es decir vistos en camino a la satisfacción, pero no al placer junto con la transgresión.

De lo que se trata no es solo de que se disocie el tiempo de trabajo del de placer sino que el tiempo de placer que es un tiempo que eventualmente se restringirá. Si admitimos que en la sociedad la represión se sistematiza para jugar sobre los deseos, sobre el principio de satisfacción parcial ligado a la regresión, y sobre todo no ligado al principio del placer que esta vinculado a la transgresión. Se puede pensar contra Marcuse la especulación contra los deseos, que en su vehemencia irracional, en su pulsión herética e insurreccional hacia la totalidad puede ofrecer una alternativa revolucionaria.

Pero su organización fantasmática tiene una eficacia represiva que no viene de una instancia paternal que está en el fondo del principio de realidad. Y que instituye los procesos racionales del trabajo. Los procesos burocráticos de organización y los procesos políticos del poder que es la incorporación maternal y gratificante encarnada en la sociedad del bienestar, que es una revolución por la vía de la dulzura.


El poder represivo tradicional se mantiene con su principio técnico y social de realidad, su dominación de las clases sociales, con su finalidad absoluta de la producción, pero ya no se imponen brutalmente sino que desdibuja los juegos y riesgos de la irrupción brutal para reformular y subvertir del orden, jugando en el corazón de la represión los signos del principio de placer, es la letanía del don, de la oferta, de la gratificación, del esparcimiento que tanto encanta a la publicidad.

La sociedad entera se ajusta a tus deseos, todo objeto está diseñado para no haya enemigos del deseo, y los servicios de todos los miembros no hacen más que gratificarte, es la letanía del discurso político cuya táctica es el desdoblamiento de kla realidad social en una instancia real y de imagen, que son ambas irrisorias y que dan lugar a un esquema de absorción en un atmósfera maternal.

Detrás del sistema de la gratificación, paradójicamente refuerza todas las estructuras de autoridad: planificación, centralización, burocracia, donde los estados refuerzan su empresa de siempre, detrás de esta imagen maternal que rinde de menos en menos posible, su contestación real.

Lo lúdico y lo policial .

Pero cuando verificamos como cambiar este sistema de gratificación. Podemos pensar la emergencia de una mente colectiva ampliada donde la potencia cerebral humana vista como una totalidad colectiva o sociedad mental se vincule a la potencialidad virtual de las redes computacionales para juntos compuestos en una atmósfera común que por razones etimológicas se puede considerar como una noosfera que reúna en su ámbito la generación del conocimiento del pensamiento social vinculado a la sinergía del tiempo social como momento y en sus dos bordes como oportunidad y disponibilidad: inteligencia colectiva como núcleo de la organización humana con ese peculiar formato que brinda la tecnología.

Vemos muchos de los resultados de esta inteligencia social colectiva cuando vemos por todos lados como el mundo social se sincroniza en tiempo y espacio a través de redes de personas que colaboran en la creación de sentido en su actividad cotidiana. Las personas se ponen de acuerdo para hacer sus actividades por los procesos


clásicos, notas, citas y fechas programadas con muchas semanas de anticipación, pero es la actualidad la comienza a dominar el correo electrónico, la telefonía móvil, las cosmopedias digitales, los centros de información virtual, las redes sociales.

Todos estos son ejemplos de un nexo entre el conocimiento y la inteligencia humana en una sinergía con tecnologías que han logrado virtualizar las potencias mecánicas de la computación humana básica, lo cual permite actuar a conjuntos humanos de manera más puntual y unida. La conexión entre el cerebro, la sociedad mental y los avances en tecnología de la información se propone como una actuación colectiva que potencia las inteligencias “individuales” y colectivas de los seres humanos y dan lugar a eventos que despliegan mayor inteligencia que lo que puede desplegar en individualidad cualquier persona o sistema computacional.

La inteligencia colectiva básicamente significa que hay una sinergía colectiva donde se ponen en juego el pensamiento social de una comunidad que habla de la complementariedad de un estado sociedad mental y un estado interacción social de aportaciones de los miembros del colectivo al conocimiento de la comunidad. Una unidad en la que las vistas parciales de cada estado se superpone simultáneamente y colapsa en una atmósfera de creación de conocimiento en el ambiente de la comunidad y que a final de cuentas no dan un resultado consciente de la totalidad de circunstancias que influencian en este proceso al grupo.

La inteligencia colectiva no quiere decir agregación de las inteligencias de los individuos de los cuales brota, sino que ellos mismos en su individualidad están dentro de una inteligencia que abarca toda la realidad social, todo objeto, lenguaje, tiempo, forma, juego, lugar o pensamiento habitan en una conciencia colectiva donde una de sus características es que es inteligente.

Ello implica la indisoluble relación de los individuos con la sociedad (léase también sus producciones materiales mismo caso para las redes computacionales), lo que importa para el caso son las relaciones. Y es que hay que hablar de la vida, llena de múltiples cosas y ambientes, palabras, afectos, espacios, calles, personas, porque eso son: vida. Aunque siendo lo que son pueden pasar discretamente como insignificantes pero que en el conjunto de su dinámica son ya un modo de ser, vida como un trans-ontológico de ser.


Y precisamente ese modo como forma de ser es un estado de ánimo, una atmósfera y ese estado todo, es totalmente un estado inteligente.

Proponer esto en lugar de esa atmósfera cotidiana que esconde este sistema de gratificación y de pacificación como una política que no quiere ser la de la sociedad del conocimiento, sino de el contexto general de actuación de los estados, implica de suyo que se pase a un estadio donde lo lúdico y lo policial sean efectivamente verificados en términos de la creación de conocimiento antes que en un sistema de signos que manejan represivamente los deseos como sistema.

Y es cierto que los miembros del colectivo pueden a través de comportamientos simples crear grandes procesos de alta complejidad gracias a la sinergía mental que resulta de la unión de sus inteliegencias y que dadas unas condiciones la sinergía mental hace emerger facultades extendidas de representación, creación, aprendizaje superiores a las de las personas individualmente hablando, pero lo es también que esa inteligencia es un estado de ánimo de la colectividad.

La forma de los grupos de esta inteligencia colectiva dependen del grado de sofisticación, dado que los grupos humanos no obedecen a reglas mecánicas, pero tienen algunas características más o menos básicas.

Los miembros del colectivo tienen una conciencia parcial de la atmósfera de la cual forma parte y de los factores que la estimulan. Los miembros siguen reglas básicas por medio de su relación al comportamiento del sistema global, ello mismo les permite tener relaciones con múltiples miembros uno o varios grupos. Y dadas estas condiciones emerge una estructura que es útil a los fines de la colectividad, es decir, hay un beneficio por la colaboración y su desempeño es más alto que en su propia individualidad.

Se puede decir que hay una inteligencia social natural. En un espectro muy limitado la podemos encontrar en los insectos sociales, los animales migratorios, de formación y los animales sociales, lo común que hay en su inteligencia social es que son gregarios


condición de la que obtienen una ventaja concreta para desplazarse, vivir en grupo y cazar. Estos seres interactúan a través de signos de una manera local.

Los miembros de estos conjuntos responden a estímulos muy concretos y su coordinación es implícita y se hace a través de reglas de comportamiento simples. Cada miembro tiene una capacidad cognitiva propia e importante y posee a la vez una información global que lo vincula al resto. La inteligencia que emerge es alrededor de la organización y de la coordinación.

Se supone que en esta inteligencia social natural encontramos aspectos fundamentales que dan el indice de socialidad a los miembros de los grupos de seres con estas propiedades. Poseen un registro conductual limitado a parámetros y que puede desplegarse con actuaciones con un alto grado de complejidad, las capacidades cognitivas desarrolladas permiten a un individuo obtener información por algún medio del estado de la colectividad, lo cual garantiza una división del trabajo eficiente que permite que el colectivo tenga supervivencia.

A su vez existe un proceso de comunicación avanzado por un mecanismo natural como un lenguaje propio del conjunto. La colectividad emergente en su conjunto es un sistema complejo estable y autorregulado que se ajusta a su ambiente dadas sus variaciones imprevisibles y que sabe como resolver sus problemas sin que haya un control externo o un procesador central que coordine todo.

Las tareas de la colectividad no son aportaciones de un individuo solo o de un grupo de inteligencia social particular. La división social del trabajo es flexible cualquier miembro realiza las tareas de la colectividad y a su vez la naturaleza de las tareas a cumplir están sujetas a cambios constantes durante la vida de la colectividad, aquellos que se consagran a una tarea especifica cambia en correspondencia con las perturbaciones locales y globales del ambiente.

Los miembros que mejor se acondicionan son los que adoptan una tarea especifica y cuando eso no es posible los miembros de otro sector de actividades cubren las necesidades de realización de dicha tarea.


La colectividad controla la proporción de los miembros que trabajan en cada tarea, dado que ningún individuo posee la representación global de las necesidades de la colectividad, de ahí la flexibilidad de la división del trabajo como correlativa a la flexibilidad conductual de cada miembro y de su capacidad de especializarse.

Con la idea en mente de esta inteligencia social los científicos de muy diversas áreas se han encargado de generar algoritmos y paradigmas para la resolución de problemas esta corriente de acción se ha tenido en llamar “sistema multi-agente”. La noción de inteligencia social para ellos emerge como parte de la economía del conocimiento.

Es el caso del desarrollo de comunidades de conocimiento y de práctica o el concepto de neurocomunidad. En el caso de la tecnología de la información el desarrollo de la Web 2.0 , Wikis, redes sociales, motores sociales, permiten hablar de un intercambio y de compartir el conocimiento como un desarrollo de la mutualidad del trabajo como parte de una “inteligencia social colectiva”.

Se supone que exista una fusión de esta inteligencia social colectiva artificial con la inteligencia colectiva de las sociedades humanas que ha de proveer de interacciones con mayor complejidad que se correlacionan con diversas condiciones de colectividad basadas en la adhesión a intereses, a la libre cooperación y pertenencia, a la adhesión por actividades y prácticas comunes, a una confianza mutua entre los miembros.

Ello implica que haya una estructura horizontal donde haya reglas tacitas o explícitas para todos los miembros, una organización dinámica donde los roles de cada miembro se fundamentes sobre el ejercicio de su voluntad y la complementariedad de las competencias para la realización de las tareas.

En cuanto a la gestión del conocimiento, esta al ser colectiva permite la autonomía de los miembros donde cada uno es responsable de su acción, y las decisiones se fundamentan por una cierta creación de consensos. Con ello se abre la relación social a la creación de espacios de colaboración y co-creación, donde las necesidades son de


recursos de comunicación que permitan la interacción entre todos los miembros y la creación de sinergias que faciliten la coordinación de acciones.

En ello se pone en juego la creación de un todo de información eficiente que permita la información en simultáneo para el conjunto de la comunidad, además de que ello implica el tener una mirada sintética y contextual de la situación para cada miembro del colectivo. Y en tanto se habla de mecanismos para el aprendizaje y mecanismos de regulación, la constitución de un cuerpo de conocimientos y el compartir experiencias, practicas: la emergencia de una conciencia común.

Mundos del Intelecto y lo colectivo

Los símbolos son el cierre entre lo objetivo y lo subjetivo en una unidad arquetipica por un lado el significante y por el otro un significante. Los significantes nos aparecen en el mundo sensorial, como una aparición no en el común continuo espacio-temporal. Las palabras que no poseen un lugar en el sistema virtual de la lengua, pero que poseen en su pronunciación un lugar en el continuo espacio-temporal.

En este sentido la inteligencia implicará interacciones simbólicas, sentidas, rememorantes, imaginadas o soñadas con apariencias fenomenales que se traducen a operadores conceptuales representados por los significantes para los individuos. La lengua, las notas músicales, la escritura, los iconos, los dispositivos rituales, religiosos o artísticos todos pasan por esa notación simbólica pero son manifestaciones de la inteligencia colectiva.

Una cognición efectiva implica la ocurrencia de esos significantes que son parte de las percepciones colectivas que se asientan en producciones, fabricaciones, transformaciones o desplazados por gestos, movimientos corporales, útiles, prácticas sociales, técnicas y tecnologías

Las ideas no son percepciones colectivas o imaginaciones colectivas en el mundo empírico o sensible únicamente, que puedan ser manipuladas independientemente a sus significantes sensibles.


El mundo intelectual de ideas esta envuelto y es envolvente por el mundo sensible y ese es su modo de ser colectivo. Para la relación individuo-sociedad como propuesta de lo colectivo el mundo sensible es simétricamente envuelto y es envolvente por el mundo intelectual, hay un continuo entre la realidad real y la realidad cognitiva

Al etiquetar y nombrar lo que ocurre en el mundo sensible por uno o varios sistemas simbólicos y en lo general por el lenguaje hay un mundo intelectual colectivo donde se exponen y crean categorías e ideas para los seres, los objetos, las relaciones, las dinámicas, las reglas, los valores y todos los procesos y dinámicas que obedecen a la creación de ellas.

Lo sensible al ser nombrado o categorizado es tratado a continuación como el acontecimiento de un significante que se ajusta a las reglas sintácticas, semánticas y pragmáticas convencionales propias de los colectivos humanos. Hay una configuración dinámica donde lo sensible toma sentido de acuerdo al juego y las reglas del orden simbólico.

Es un orden simbólico que va más allá de la apariencia del mundo sensible y de los puros referentes donde el mundo cognitivo es la obra del pensamiento colectivo que va al centro de las cosas, es decir, al tener los recursos de las categorías e ideas del orden simbólico como instancias investidas de todo tipo de energías que son afectivas por excelencia.

Y que ocurren según el estanciamiento o emplazamiento de una maraña de energías sin nombre como afecto que nos toca y nos pone en la constelación de un adentro de las energías sociales y colectivas. Donde habitamos en la manifestación en nosotros en una distinción que se codifica como sentimiento y que rápidamente encuentra su traducción en la categorización colectiva según un afecto.

Combinamos y decodificamos según la forma en que habitamos la conciencia colectiva esas energías sensibles como un núcleo afectivo-sensitivo y casi simultáneamente en el lenguaje como relaciones de significaciones y de relaciones entre significaciones


dentro de situaciones prácticas que abren a dimensiones del sentido. En ello se vierte este sentido como una coreografía de relaciones sociales según diversos motivos significantes complejos y no como acercamientos mecánicos.

Las interacciones con los acontecimientos sensibles cabe ponerlas bajo el margen de un reconocimiento y transformación según configuraciones significantes. Con ello se quiere decir que la cognición simbólica tiene sus bases en una afectividad colectiva y a la vez es una cuestión material-corporal-física-sensorial de la acción humana. El conjunto de la actividad material e inmaterial humana, todas las actividades que se sitúan en un marco cultural incluyendo a las que parecen únicamente físicas y materiales, de entrada operan manejando símbolos, ellas habitan el pensamiento de la colectividad y su forma de darse y su proceso es la de una inteligencia colectiva.

Y los símbolos casi funcionan a la manera de códigos hechos de distinciones informativas que nos aseguran la consistencia de los efectos materiales que articulan las actividades humanas y su mundo material. Interactúamos de manera simbólica con el mundo sensible y movemos las imágenes que tenemos de él para tener acceso al universo de sus categorías, de sus conceptos, de sus ideas.

Incluso los actos que solo implican la pura materialidad del acto, implican la ocurrencia de significantes, signos, significados, de imágenes, de cuerpos, que nos llevan a emplazamientos complejos de categorías, a modelos ideales, a criterios de evaluación, a intensidades afectivas, a reglas de juego, una noosfera en la que podemos pensar hay una sinergía entre pensamiento colectivo e inteligencia colectiva

Tratamos los cuerpos actuales de todo el mundo sensible como imágenes significantes de origen colectivo. Los seres humanos no podemos vivir una experiencia sin darle sentido y este viene sea real o ficticio, verdadero o falso, insignificante o importante, bueno o malo, seguro o peligroso, triste o alegre según un cierto parámetro, sobre el fondo de un horizonte de significación, de prácticas y de deseos que se formulan en torno al modo de realización de ésta, según esta noosfera en la que radica el nexo entre el pensamiento colectivo y la inteligencia colectiva.


Los cuerpos sensibles se juegan y proyectan en un mundo variable, lleno de operaciones y de relaciones posibles, que no es el de las cosas materiales en el espacio de la pura física, pero que si es el espacio del los sistemas simbólicos comunes. La cognición simbólica colectiva es un operador extraño que conecta y envuelve las ideas y lo sensible en un bucle que pasa necesariamente en la intersección del pensamiento colectivo con su respectiva inteligencia colectiva, toda vez que los sistemas simbólicos constituyen una noosfera y son especificados por la cultura y dado que los fenómenos sensibles que experimentamos en la vida cotidiana son co-producidos socialmente.

Innovación

Se requiere una nueva aproximación a la interoperabilidad, a los retos de la tecnología y la sociedad actual y de inteligencia colectiva. La aproximación va por la periferia de las ontologías semánticas tradicionales, pero es compatible con la idea de los conceptos expresados en los lenguajes naturales y definidos en ontologías, cuyas reglas sintácticas y gramáticas permitan concordar los estadios de lo real, lo actual, lo posible y lo virtual en una semántica tecnológica que sea una herramienta de transformación que cree un sistema de administración del conocimiento mundial basado en el deseo en un inteligencia colectiva humana a gran escala.

Lo cual es complementario en automático con el procesamiento natural del lenguaje. Por otra parte esto beneficia el paso de la información al conocimiento, las redes conceptuales extraídas de la información pueden pivotearse para un lenguaje artificial, para probar la eficiencia y relevancia de la translación automática entre lenguajes naturales y metadatos de la esfera virtual.

Se trata de anclar el futuro en tecnicas y tecnologías de creación de conocimiento que colaboren en el filtrado social basado en el marcado de elementos que colaboran en la creación de un conocimiento de cara a algunos problemas lo cual incluye polisemia, sinonimia, heterogeneidad, niveles de categorización, dispersión de datos y multiplicidad de lenguajes naturales.

De ese modo se trata de generar el contexto donde lo lúdico y lo policial no sean solo categorias de represión sino que haya capacidad de resolver problemas en otro orden


de cosas que no sea el de los dones del consumo y de una manera radical la programación de la inteligencia colectiva, fortaleciendo su lado semántico.

Más allá de su compatibilidad con programas y metas culturales, se promueve una innovación simbólica radical una que posee un profundo impacto en las humanidades, ciencias sociales y más allá de las disciplinas académicas en torno a la configuración de una futura civilización global de la inteligencia colectiva.

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Jornada de investigación 2013