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Esquema para una historia de la Filosofía Ecuatoriana

RESUMEN DEL CAPÍTULO PRIMERO “EL DESCONOCIMIENTO DE LA

FILOSOFÍA

ECUATORIANA”

(Roig,

1977)

Roig nos indica, que poco se ha investigado la Filosofía en el Ecuador lo que ha impedido una autoconciencia de lo propio. Se ha hecho una crítica literaria formalista, y no de contenidos, de ideas. De Juan Montalvo, por ejemplo, no se ha analizado su “riqueza ideológica”. Se ha matizado con la actitud o“apologética o denigratoria” que revela una parcialidad partidista. El Ecuador se ha ignorado en sus valores. La Apologética en teología y literatura consiste en la defensa de la fe conforme a una posición o punto de vista. La palabra Apologética proviene del griego apología, que designa la posición de defensa militar contra un ataque.

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Muchos autores ecuatorianos han señalado la no-existencia tanto de la “literatura de ideas” cuanto del “pensamiento filosófico”. Como Julio Endara que arguye que no tenemos “abolengo filosófico”, o de Belisario Quevedo que plantea que en nuestra independencia no hubo ningún movimiento de ideas, y, que nuestra política, tiene como fuente a los hechos y no a las ideas. Al igual que Julio Enrique Moreno, al decir: nada recibimos del “remozamiento espiritual” de la renovación filosófica del 900. De otro lado, José Rafael Bustamante escribe, que no han existido filósofos en América y peor “cultura filosófica” en nuestro país, además de cuestionar nuestra raza[1] y naturaleza. Algo similar, dice Benjamín Carrión, con la expresión, “tierra sin filósofos” y la comparación con otros países, como México y Argentina, pero sustentando alguna locución filosófica en nuestro ensayos. Roig señala, que esto es contrario al lugar que el Ecuador ocupa en el plano literario que es muy importante; pues, la literatura de América Latina es, de hecho, afilosofada, como en Martí, Sarmiento, Montalvo etc. El modelo que hemos utilizado para buscar la filosofía y el filosofo latinoamericano es el académico-europeo, y éste, contiene otras “categorías culturales”, se basa en otra realidad; y nosotros no nos hemos ocupado de otra estructura metodológica. A más de dicho modelo, tenemos una actitud imitativa o de sentimiento de inferioridad, lo que puede ser solucionado, no sólo con la utilización de una “lectura interna” del texto, sino también con una externa del contexto, de la época, que totalice la visión en función de lo social; esto conlleva, a tratar el contenido ideológico del discurso filosófico. Y con tal metodología, habría un pensamiento filosófico en el Ecuador, pues éste vale más que una tradición hermenéutica y lingüística apegada a reglas académicas. Entonces, se ha remplazado la historia de la filosofía por la historia de las ideas, acercándose a las del pensamiento, pero más concreto en lo filosófico. La ontología y la metafísica, están en lo profundo del discurso político, lo que supone uno filosófico. El pensamiento latinoamericano tienen una relación indudable con la praxis social, y la metafísica existe en los “supuestos”; la teoría del ser y del ente tiene que revelarla el historiador a partir de nuestra realidad cultural. Esto ha comenzado con la elaboración de un análisis verdadero del Ecuador. Algunos como Jorge Carrera Andrade, Leopoldo Benítez Vinueza, y otra generación ha empezado la tarea de una teoría cultural, como O. Hurtado, Moreano, A. Cueva etc. que superan el formalismo y el subjetivismo, dibujando una base económica y social de la cultura ecuatoriana, para realizar la historia de las ideas.


Varios autores de la PUCE realizan una síntesis de la bibliografía ecuatoriana. Así como, tratados del discurso filosófico como el de Carlos Paladines; y los estudios de Hernán Malo González. Se destaca a los renombrados fundadores y destacados maestros de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca. Son tres bases para la historia de ideas: la primera, económica, social y política; la segunda la historia de ideas; y la última complementa el rigor académico. Miró Quesada ha señalado dos formas del quehacer filosófico: una “asuntiva” de la tradición filosófica, y otra, “afirmativa”, sobre nuestro pensamiento original. Se enfatiza en la afirmación de la subjetividad. Hay que rescatar la cultura, una autoconciencia que es interdisciplinaria. Realizar una historia de las ideas latinoamericanas y una historia de la filosofía europea “hecha desde América Latina”. Con bases económicas y epocales para tal tarea. Leopoldo Zea señala el error latinoamericano de hacer literatura original, pero no basándose en lo verdaderamente original que es la realidad misma. Es también una actitud frente al saber europeo y al del imperialismo. Nuestra propia experiencia es la vía para la ciencia, dice Roig, con el apoyo de Simón Rodríguez señalando, que el “conocimiento social” afirma nuestra independencia.

Lo venido de Europa tiene múltiples vicios y su función ideológica está encubierta. Por eso, hay que afirmar al hombre americano. Así como Montalvo, hablando de la diferenciación de la especie humana, considera que ésta, está entre opresores y oprimidos. La filosofía europea camufla a los mayores criminales. Montalvo, propone regresar, a la ciencia bíblica, pues entre la falsa ciencia y la ignorancia nuestro camino es la ignorancia. La realidad debe ser decodificada en estos mensajes.

Finaliza criticando a Gaos, quien no supero el problema de los modelos, y escribe que la filosofía ecuatoriana “tal como la han pensado y expresado los ecuatorianos, es tan válida como cualquier otra, y que reclama sin duda alguna una mirada atenta y valorativa, como se ha de hacer respecto a tantas otras funciones vitales ejercidas por un pueblo a través de su historia.” (Roig, 1977: 24) Bibliografía Roig, A. (1977). Esquema para una Historia de la Filosofía Ecuatoriana. Quito: Publicación PUCE.


Esquema para una historia de la filosofía ecuatoriana