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Vida cotidiana del boticario medieval CARLOS ADANERO OSLÉ, boticario

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Comenta Pedro Gil-Sotres que los apotecarios que se encuentran en Europa desde el siglo XIII son el resultado de la hibridación entre el enfermero (infirmarius) monástico y el resultante del mundo árabe. El enfermero monástico se habría dedicado a cultivar y recolectar las plantas medicinales en los monasterios, pero también habría diagnosticado las enfermedades, hecho las sangrías y preparado las medicinas. El impulso urbano del Occidente cristiano lleva a la aparición de la figura del boticario, un profesional centrado en el medicamento.

El dualismo médico-farmacéutico de la cultura grecorromana, por el cual era el propio médico el que realizaba los medicamentos y hacía acopio de los componentes para su fabricación, paulatinamente toca a su fin en la baja Edad Media. El planteamiento ideal de un monasterio-hospital habría tenido una parte destinada a los monjes, otra zona para los peregrinos y los pobres, otra más para los huéspedes ricos y una de novicios, conversos y legos. La habitación de los médicos estaba situada cerca del armario de pigmentos o botica. Anexo estaba el huerto medicinal. Los médicos, cuya profesión se había hecho cada vez más compleja, abandonaron lo que consideran más secundario: la compra y venta de los simples y las especias y la preparación, acondicionamiento y dispensación de los medicamentos. Nacen así varios oficios que se superponen. Depende de cada reino, incluso de cada ciudad, el hecho de que estos oficios los desarrollasen una o varias personas. Muchos autores coinciden en la afirmación de que es en el mediterráneo occidental donde esta separación es más clara, especialmente en el Reino de Aragón y en el sur de Francia.

Monje boticario.

También señala Gil-Sotres que aquellos que comerciaban con especias como la canela, el clavo y la pimienta deciden, paralelamente al

abandono de los médicos de la fabricación de los remedios, dar un paso adelante hacia el conocimiento de la elaboración de los mismos. Este paso, siempre gradual, se produce durante el siglo XIV. De hecho, hemos de apoyar esta tesis sobre la realidad de que durante el siglo XIV se usa el término especiero más que otros. A partir del XV se usa preferentemente el de apotecario.

El impulso urbano del occidente cristiano lleva a la aparición de la figura del boticario, un profesional centrado en el medicamento

Los gremios y cofradías son un fenómeno medieval que empieza en torno a los siglos X y XI. Se trata de agrupaciones de personas de un mismo oficio. Generalmente tenía una intencionalidad múltiple, ya que se ocupaban del miembro o cofrade en muchos aspectos de su vida. Se ocupaban de su vida material fijando precios, pesos y medidas; se ocupaban de su seguridad familiar y también de sus obras de beneficencia e incluso de las exequias del interesado. Los gremios so-

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Los médicos, paulatinamente, abandonan la venta de las especias y la preparación, acondicionamiento y dispensación de medicamentos lían tener aprendices o mancebos, oficiales y maestros. Normalmente, cada gremio o cofradía tenía un primus inter pares, el mayoral. La cofradía de boticarios de cada ciudad controlaba el acceso a la profesión, los precios, la calidad de los establecimientos y el número de estos. Se puede afirmar que la cofradía medieval surge para controlar el intrusismo profesional en la misma medida en que cierra casi toda posibilidad a la competencia.

Materiales para la elaboración de los remedios Los miembros de la cofradía se abastecían en común de los grandes comerciantes, tanto en lo referente a herramientas y utensilios como en el acopio de los materiales que usaban para elaborar los remedios. - Morteros. El lugar donde se mezclaban algunos sólidos y se hacían algunas emulsiones era conocido desde muy antiguo. Está perfectamente documentado en el papiro Ebers de 1550 a.C. en el Antiguo Testamento y en el antiguo Egipto. Tiene dos partes: mortarium y pistillum. Se usó de todos los materiales conocidos en la época: mármol, bronce, vidrio, porcelana, madera... En cuanto al tamaño, también hay una inmensa variedad: desde escasos centímetros hasta el metro. Todo depende del uso y la cantidad de materiales a procesar. - Recipientes. Los hay de muchos tamaños y formas. En general predominan los de vidrio y materiales cerámicos y se huye de los metales por su capacidad de contaminar el producto final. - Fuegos y fuentes de energía. Algo indispensable en el lugar de trabajo del boticario medieval era el fuego. Benezet considera que en un primer momento, el hogar del propio domicilio del boticario sería el lugar de manejo del fuego. Con el paso del tiempo, el boticario y sus colaboradores tendrían su propio fuego en el laboratorio anexo a la botica. Algún colaborador del maestro boticario se ocuparía del cuidado y custodia de los cocimientos. En cuanto al combustible, está claro que la leña era el elegido durante mucho tiempo. En las zonas donde había carbón se usaba éste por su mayor capacidad calorífica. - Equipos de destilación. La separación por destilación se conoce desde muy antiguo, pero es en la baja Edad Media y principios del Renacimiento cuando se comienzan a escribir tratados sobre el tema y se consigue una aplicación de esta técnica de un modo eficaz. - Biblioteca del boticario medieval. Es muy posible que el boticario de la baja Edad Media fuera completamente iletrado; por

Dispensación en botica medieval. lo menos aquel que no fuera el boticario real. También es cierto que éste, en ocasiones era un título honorífico que recaía en algún colaborador notable del monarca. No es aventurado pensar que en un determinado momento, las instrucciones referidas a las operaciones fueran aprendidas por un sistema elemental, como si fuera una receta de cocina. El maestro transmitiría sus “trucos” y su “arte” a sus mancebos de voz y estos lo conservarían en su memoria sin tomar nota alguna de ello. Con el transcurrir del tiempo, se hizo indispensable una cierta regularización o una moderada estandarización. Esto necesariamente precisaba de un cierto nivel de cultura en el incipiente boticario. Cuando menos, la lectura de las indicaciones del médico. Las cofradías usarán este hecho para establecer una nueva barrera de entrada a la profesión: el boticario no puede ser analfabeto. Este hecho eliminó del oficio a multitud de comerciantes de especias que ocupaban el espacio de los verdaderos boticarios. Una vez en este punto, surgía un nuevo reto: lo recetado por el médico tenía que significar siempre lo mismo, dispensase quien dispensase. Una vez que el médico había abandonado la fabricación directa de las medicinas, la comunicación entre él y el boticario no podía dar lugar a equívocos. Por eso surgen en el mediterráneo occidental las concordias, que son farmacopeas de consenso. Las primeras documentadas son las de la ciudad de Barcelona, a principios del siglo XVI. Pocos años más tarde nacerían las concordias de la ciudad de Zaragoza. En un principio, los agrabbadin o formularios, y luego las concordias y farmacopeas fueron los libros de la biblioteca indispensable de todo boticario.

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Vida cotidiana del boticario medieval  

Albarelo número 37. Sobre historia de la farmacia, Reino de Navarra, boticario medieval.

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