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Nuestros farmacéuticos: José María Albareda (1902-1966) “Si, a veces, el autor, el investigador, el artista, es inferior a su obra, en otras ocasiones la personalidad humana desborda lo creado”. Dr. Gregorio Marañón. 1952. Discurso de recepción del Profesor Albareda en la Real Academia de Medicina.

Carlos Adanero Oslé Boticario amemusprofesionem@gmail.com

Haciendo un recorrido por nuestros farmacéuticos de las diferentes épocas estamos viendo como la Farmacia es la madre de otras muchas ciencias. La vida y la obra de este colega que nos ocupa hoy pueden considerarse como el paradigma de esta afirmación.

Vida de José María Albareda José María Albareda Herrera nació en Caspe (Zaragoza) el 5 de abril de 1902 en el seno de una familia de farmacéuticos. Su padre lo era y lo había sido su abuelo. Estudió la carrera de Farmacia en la Universidad Central de Madrid y luego Ciencias Químicas en la de Zaragoza. Se doctoró en Farmacia en 1927 y en Ciencias en 1931. En el período comprendido entre ambos doctorados obtuvo la Cátedra de Agricultura de Huesca en 1928. Comienza su formación en el extranjero, especializándose en las ciencias del suelo (Edafología) en Bonn, Zurich, Königsberg y diferentes localidades del Reino Unido. En 1939 es director del Instituto de Enseñanza Media Ramiro de Maeztu y es elegido secretario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), cargo que desempeñaría hasta su muerte. En 1940 obtiene la Cátedra de Mineralogía y Zoología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid, que luego se transformó en Geología Aplicada. En 1959 se ordenó sacerdote del Opus Dei, al que pertenecía desde 1937. En 1960 fue nombrado primer rector de la recién creada Universidad de Navarra. El 27 de marzo de 1966 fallece en Madrid a la edad de 64 años.

Obra Nos encontramos ante un personaje singular que, además de un trabajador incansable, era un apasionado de la química del suelo y de la naturaleza. Este hecho, unido a su formación básica como farmacéutico y como químico, hizo de él una piedra angular de la investigación en España. Además en 1939 se le encomendó pilotar un ambicioso proyecto de reforma de la casi inexistente investigación en España, en situación de extrema pobreza, pues salía de una crudelísima guerra civil (en la que Albareda había perdido a su padre y a su hermano a manos de unos grupos anarquistas). Su obra en todos los sentidos es extensa y variada. Su obra escrita consta de más de 200 artículos en revistas nacionales e internacionales, cinco libros (entre los que cabe citar por su relevancia, El Suelo, 1940 y Consideraciones sobre la investigación científica, 1951). Las conferencias registradas son incontables.

Trabajo en familia en una botica barroca

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Pero su obra maestra es el CSIC, del que Severo Ochoa dijo en 1975: “sin Albareda, el CSIC tal vez no habría existido y sin él no hubiera llegado la biología y en particular la bioquímica española a alcanzar los niveles de desarrollo que tiene en la actualidad”. En 1964 el CSIC tenía 180 institutos y centros repartidos por toda la geografía nacional. Más de 2.500 científicos trabajaban en dicha institución.


Su curriculum es impresionante: doctor en Farmacia y doctor en Ciencias, académico de número de la Real Academia de Farmacia, de la Real Academia de Ciencias, de la de Medicina, de la Academia Pontificia de las Ciencias de Roma, Encomienda de Isabel la Católica, Gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio… Pero quizás su obra más acabada es la multitud de alumnos en los que prendió su espíritu investigador y de trabajo en muy diferentes disciplinas. Para hacerse una idea de ello, basta leer los numerosos testimonios que se muestran en la página web de la Real Academia Nacional de Farmacia en el homenaje que se le tributó allí con motivo de su centenario en 2002 en los que se aprecia la huella que tantos años después había dejado en sus discípulos y compañeros. Para Albareda la investigación era “el triunfo de las cosas pequeñas: del pequeño germen fecundo inicial y de la continuidad de la tarea”. Se hace imprescindible proponer algunas citas extraídas de sus obras para entender en sus propias palabras un poco más su gran espíritu y su aguda inteligencia en este trabajo necesariamente escueto, que no pretende otra cosa que aportar razones para cumplir con el título de la sección; dar razones para querer nuestra profesión. Una de las ideas que más le caracteriza es el hecho de reclamar virtudes clave en el investigador. Por ejemplo, en la página 23 de Consideraciones, dice: “La brillantez complicadora, el vuelo del águila, la rapidez ligera, la visión lejana, el salto fácil, la dispersión inconstante, la curiosidad sin rumbo, la efervescencia inquieta, corroen el fraguado sólido del investigador”. Cualquiera de los que hemos estado en contacto con la investigación de una u otra manera, sabemos que este es uno de los males que puede afectar al trabajo de investigación y que necesariamente redunda en una disminución de la eficacia de la misma, mermándose la capacidad de innovar del proyecto en que se trabaja. La cita, que contiene palabras tremendamente calculadas, retrata sin duda los grandes males de los que debe huir el investigador novato y aún el experimentado, pues usualmente, los resultados de la investigación se obtienen con constancia, con un brillo simple y profundo, con la concentración en los problemas y en general todas aquellas virtudes que colaboren al “fraguado” del espíritu del investigador. Otra cita entre miles, resulta particularmente juiciosa: “El profesor es un estudiante vitalicio”. (Consideraciones. P. 29). Falta espacio para comentar esta sola frase. Digamos nada más que la elección del adjetivo es admirable. Para terminar, una definición de la forma en que percibía su profesión: “La investigación es laboriosidad orientada”. Huelgan comentarios.

De todas maneras no pensemos que el hecho de haber dejado la oficina de su padre por la vida de investigación le alejó de su visión “nuestra” de la vida: “Como el suelo para las plantas, los hechos experimentales son soporte y nutrición del pensamiento investigador”. Su niñez alrededor de la botánica que su padre manejaba a diario, unida a su amor por la naturaleza, le dan pié a la elaboración de este símil tan ilustrativo. Cuentan diferentes personas que le conocieron y trataron que era frecuente verle vestido de ropa de campo con su piqueta en mano y con muestras de tierras o de rocas de diferentes zonas. Era, de pueblo al fin y al cabo; un amante profundo de la naturaleza. Por supuesto, se sabía seguidor de la huella de los grandes farmacéuticos botánicos españoles que habían introducido los diferentes cultivos de tantas plantas nuevas en los siglos anteriores. Una vez conocido el ser vivo (la planta), era necesario controlar y conocer el sustrato sobre el que éste vive, el suelo. De aquí su pasión por la química del suelo y como poder modificarla para un mejor aprovechamiento y para beneficio de la gente que lo trabaja. Como colofón he de reseñar que el profesor Albareda fue una de las personas clave en la fundación de la Universidad de Navarra a todos los niveles. No me atrevo a decir que sin él hubiera sido un proyecto imposible, pero casi. Ni que decir tiene que su prestigio tuvo una importancia vital para la apertura de la quinta Facultad de Farmacia de España (además, no estatal) tras cerca de cien años de la apertura de la última. En definitiva en la vida y la obra de Albareda se encuentran múltiples razones para amar nuestra profesión, para sentir sano orgullo de haber contado entre nuestros colegas con alguien de tan alto rango intelectual y moral. Personas que, en todos los siglos, ennoblecen y adornan la siempre vieja y siempre nueva profesión de boticario.

Bibliografía recomendada Gutiérrez Ríos, E. “José María Albareda (Una época de la cultura española)”. Madrid, 1970 Discursos del profesor Albareda en la RANF http://www.analesranf.com/index.php/especial/issue/view/317 El profesor Carlos Adanero ha creado un blog de historia de la farmacia como punto de encuentro y referencia para aquellos a los que les gusta la disciplina. Para saber más: http://historiafarmacia.blogspot.com

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