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LA PREVIA DEL BARÇA-MADRID

El chaparrón no apaga la llama azulgrana Los miles de barcelonistas que abarrotan los aledaños del Camp Nou calientan motores para El Clásico con un invitado especial, la lluvia

Faltan aún más de dos horas para que empiece el cuarto partido en 18 días entre el Futbol Club Barcelona y el Real Madrid, nada más y nada menos que una semifinal de Copa de Europa. Las horas previas al partido son para muchos un ritual imprescindible, dar una vuelta por el estadio, esperar al autobús del equipo, ir al mismo bar a tomar lo mismo de antes de cada partido... Esta vez la inesperada presencia de fuertes lluvias altera sus hábitos

Carles Huguet Ramon Grupo 12


El punto de partida es la Diagonal, justo delante de El Corte Inglés, dónde decenas de autobuses y el metro de la ciudad tienen sus paradas. A las seis de la tarde ya se puede ver que no es un día normal. Las camisetas, bufandas y banderas del Barcelona son numerosas, y la calle esta más transitada que cualquier otra jornada laborable, es martes 3 de mayo y se disputa nada más y nada menos que una semifinal de la Copa de Europa. No solo los aficionados se han vestido de gala para la ocasión, los bares de la avenida han decorado sus locales con motivos y cintas azulgranas. En los aparadores, fotografías de Messi, Xavi, Iniesta y también de Mourinho. Especialmente irónicos se muestran con el entrenador del Madrid en un bar dónde un cartel reza “¿Por qué? ¿Por qué hacemos tan buenos bocadillos?”. El cielo, radiante.

A medida que nos acercamos al estadio culé, el número de camisetas crece y en la Avinguda Joan XXIII ya ganan por goleada a la vestimenta de calle. Se escuchan los primeros cánticos de la tarde por parte de unos aficionados que parecen ir con alguna copa de más. Al fondo del paseo se alza, majestuosa, la Masia y detrás suyo el Camp Nou, templo del barcelonismo y escenario del espectáculo por la noche. Los seguidores ya pasean por los aledaños del estadio, los tenderetes venden todo tipo de artículos del equipo local desde banderas hasta bolsas de patatas, todos decorados con el pertinente escudo. El cielo, continua soleado.

Sobre las siete de la tarde empiezan a tener lugar las primeras aglomeraciones, sobretodo en los accesos al recinto, pero ninguna de ellas grave. Alrededor de las taquillas varios hombres tratan de revender, de forma más o menos disimulada, entradas para el partido de la noche con precios de entre 200 y 500 euros por ticket. Los aficionados del Real Madrid, ya en el interior del estadio, se asoman por la parte superior de este y muestran a la calle un par de banderas de España con el toro. Algunos aficionados del Barça tildan a estos de fachas, curiosamente en español, y les dicen todo tipo de improperios.

Y entonces, llega el diluvio. Poco más de una hora antes del partido, el autobús del Madrid entra por una puerta alternativa a la fijada para decepción de muchos aficionados ávidos de tensión. Pocos minutos después el vehículo azulgrana llega por la entrada principal y recibe el recibimiento de centenares de seguidores. Es un baño de masas, pero esta vez quién se baño realmente fue la masa, ya que sincrónicamente con los culés cae en la ciudad Condal una lluvia torrencial que sorprende a todos los presentes. Algunos valientes permanecen en sus puestos, otros huyen buscando un lugar donde resguardarse del chaparrón, la tienda oficial del club es el lugar preferido por la mayoría.


Uno de los puntos de reunión del aficionado barcelonista es el bar La Jarra. Situado en la calle Cardenal Reig, justo en frente al Miniestadi, el local se encuentra en una gran plaza rodeada de pisos. Igual que en la FCBotiga, llueve a cántaros así que el centenar aproximado de seguidores se refugia en el interior del local y en los portales de los bloques. Ante ellos dos furgones y media docena de Mossos d'Esquadra, el lugar es habitualmente frecuentado por algunos de los sectores más violentos de la afición azulgrana, aguantan el chubasco impasibles.

Es entonces cuando se produce una especie de juego entre los seguidores y las precipitaciones. La lluvia cae con fuerza, mucha fuerza, pero cae intermitentemente. En el momento en que esta cesa, los fans invaden el ágora azulgrana y llenan el ambiente con cánticos audibles a muchos metros a la redonda. Las bengalas hacen acto de presencia en una esquina del lugar donde están situados un gran grupo de jóvenes ataviados con banderas, bufandas y camisetas. Por momentos parece ser necesaria la intervención policial cuando algunos de estos hinchas deciden lanzar un petardo dentro de una papelera. La papelera queda totalmente reventada. Pero los agentes agentes permanecen impávidos ante tales hechos. Cuando la lluvia vuelve a caer, los aficionados vuelven a retirarse a sus improvisados refugios.

Este ir y venir de aficionados se repite varias veces, pero este suceso no mengua el ambiente que hay en el bar. Especialmente alucinados se muestran dos aficionados japoneses, con sus cámaras en mano no pierden detalle de todo lo que pasa a su alrededor. Dos grandes sombreros, que recuerdan a los que vestían los bufones de la corte en la Edad Media, los hacen visibles desde todos los puntos de la plaza. Especialmente sorprendidos se muestran cada vez que la llama rojiza de una bengala aparece ante sus ojos.

A falta de poco más media hora para que dé comienzo el encuentro cae el último gran chubasco de la tarde, los aficionados ya ansiosos de partido deciden plegar velas y empezarse a preparar para caminar los pocos metros que separan el bar del estadio. Mientras esperan a que aminore la lluvia muchos encienden sus radios o se conectan a Internet mediante sus teléfonos móviles. De esta manera se enteran de las alineaciones y las comentan con los seguidores de su alrededor. Una vez disminuye la intensidad del aguacero, los simpatizantes azulgranas se van dispersando en dirección a sus respectivas localidades. Tras la tempestad, viene el futbol.


Los bares presentaban un aspecto especial con motivo del Clรกsico

Los aficionados encendieron bengalas durante toda la tarde


El chaparrón no apaga la llama azulgrana  

Los miles de barcelonistas que abarrotan los aledaños del Camp Nou calientan motores para El Clásico con un invitado especial, la lluvia

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