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TRIBUNA Por Carles Campuzano*

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a transparencia siempre mejora la calidad del debate político. O al menos es así en las democracias serias y consolidadas de nuestro entorno. Con la publicación de las balanzas fiscales de Catalunya con España, por parte de la Generalitat se hace, precisamente, un esfuerzo de rigor y seriedad para empezar la discusión del principal problema que hoy padece la sociedad catalana y que no es otro que la insuficiencia financiera de su autogobierno. Este ejercicio de transparencia que nos permite conocer las cifras sobre aquello que se recauda vía impuestos en Catalunya y aquello que retorna vía transferencias al sector público catalán o vía actuaciones directas del Estado en Catalunya, abre la campaña a favor de un nuevo Pacto Fiscal, en la línea del Concierto económico. De entrada, es imprescindible recordar que no ha sido pacífico ni lo habitual la publicación de las balanzas fiscales por parte de la Administración Tributaria. Durante un periodo muy largo, los Gobiernos españoles, tanto socialistas como populares, se negaron a ello. No fue hasta julio de 2008, cuando por primera vez, la Secretaría de Estado de Hacienda dio a conocer los flujos fiscales del conjunto de las Comunidades Autónomas con el Estado, después de que un grupo de expertos consensuase los criterios técnicos para proceder a su determinación. Hasta entonces se consideró, a pesar de las reiteradas peticiones de los partidos políticos catalanes, así como del Parlament y el Govern de la Generalitat, que dicha información era irrelevante, tanto en términos económicos como políticos. Fue aquella batalla por la transpa-

rencia muy cansina. Como lo es siempre que hay que discutir, por lo obvio, en Madrid si cuestiona el statu quo existente y en el que están confortablemente instaladas las mayorías políticas habituales. Hoy, como entonces, los números evidencian una realidad muy cruda para los ciudadanos de Catalunya: entre 1986 y 2009, que es la ultima fecha de la que existen datos oficiales. La media del déficit fiscal de Catalunya se sitúa en el 8% del PIB catalán, siendo superior durante la última década que en los años anteriores. A pesar de las sucesivas mejoras en la financiación autonómica, la estabilidad de este déficit ha sido constante, entre el 6,7 y el 10 del PIB de Catalunya. Las cifras absolutas son, si cabe, más impactantes todavía: el déficit fiscal de Catalunya en el año 2006 fue de 14.493 millones de euros, en 2007 15.913, en 2008 de 17.200 y en 2009, de 16.409. La mayor responsabilidad de estas escandalosas cifras corresponde a las actuaciones que la Administración central desarrolla en Catalunya. Así, los ciudadanos de Catalunya contribuyen con el 19,7 de los ingresos de esta Administración, la cual, con sus políticas discrecionales, retorna el 11,2. O sea, de cada euro que el Estado recauda en Catalunya para sus gastos e inversiones, 43 céntimos no retornan a Catalunya. Todo ello no es inocuo ni para los ciudadanos de Catalunya ni para su economía. El saldo fiscal por persona se ha duplicado entre 1986 y 2009, pasando de 1.076 a 2.251 euros. Vivimos en un país sometido a un enorme estrés, que la durísima crisis agudiza: pagamos impuestos de estilo nórdico, o sea, elevados, para

EFE

Balanzas fiscales: transparencia necesaria

Vivimos en un país donde pagamos impuestos de estilo nórdico, o sea, elevados, para recibir y disfrutar servicios e infraestructuras públicos de estilo norteamericano, o sea, modestos

recibir y disfrutar servicios e infraestructuras públicos de estilo norteamericano, o sea, modestos. Y alguna cosa parecida podrían explicar nuestros vecinos del País Valenciano y las Islas Baleares. Ya en los datos que publicó el Gobierno central en 2008, esas dos comunidades, con las que compartimos lengua y cultura, pudieron decir que también compartieron con Catalunya un drenaje insoportable de la riqueza que generan. Las consecuencias de todo ello son evidentes: menor capacidad de gasto para garantizar la cohesión social, menor capacidad de inversión para desarrollar las infraestructuras de todo tipo que generan riqueza y prosperidad, decadencia del país en el medio plazo. De ahí el enorme consenso de que hoy goza el Pacto Fiscal en Catalunya. Desde las encuestas que indican un apoyo cercano al 80% de los ciudadanos, hasta el compromiso expresado por la sociedad civil organizada. Las principales organizaciones empresariales y sindicales del país, las entidades de referencia ciudadana, los colegios profesionales, las universidades, las líneas editoriales de los medios de comunicación, todos ellos expresan la necesidad de corregir esta sangría que cuestiona nuestro modelo de sociedad igualitario y nuestra capacidad de competir en la economía global. Un enorme consenso social en Catalunya que, en el caso del rechazo de la propuesta de Pacto Fiscal por parte de las instituciones españolas, abriría el camino de manera indefectible hacia la petición de la independencia por amplios sectores del país. ● * Diputado por CiU en el Congreso de los Diputados.

nº 965. 26 de marzo–1 de abril de 2012

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Carles Campuzano Balanzas Fiscales  

Article de Carles Campuzano sobre les balances fiscals.

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