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Presentación Ya ha terminado la jornada electoral, quizá para cuando estén leyendo este boletín, sean oficiales los resultados de los ganadores, tanto en el poder Ejecutivo como en el Legislativo a todos los niveles de gobierno, municipal, estatal y federal.

¿Y ahora que sigue? Es la pregunta que muchos nos hacemos. A lo largo de todo el proceso electoral, hemos insistido en que el trabajo ciudadano es un trabajo permanente, si bien es muy importante durante la jornada electoral que nos exige nuestro voto y participación ese día, no puede ni debe limitarse únicamente a eso. El ser y quehacer ciudadano es una tarea de todos los días y es precisamente después de todo este proceso electoral que empieza el trabajo fuerte de participación y acción ciudadana. Celebramos toda la energía positiva, los talleres de capacitación y formación y la generación de muy variadas e interesantes iniciativas que ha dado lugar el proceso electoral en diversas Parroquias, Decanatos, Vicarías, Diócesis e incluso a nivel de Provincias Eclesiásticas. En algunos casos se han reactivado grupos o comisiones que ya existían exprofeso para esto, en otros, donde no existían, se ha aprovechado la coyuntura para crearlos. De enero a junio de 2012 acompañamos a diversos grupos, diócesis, presbiterios y provincias en sus trabajos, análisis y acciones encaminadas a fomentar una reflexión para una participación ciudadana comprometida y responsable en la jornada electoral. Estuvimos compartiendo los materiales de “El Círculo de la Democracia” con laicas (os), religiosas (os), sacerdotes y obispos de diferentes latitudes de la República Mexicana, con todos ellos insistimos en que el trabajo ciudadano duro empezaría el dos de julio.

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Como Pastoral Social, particularmente como Dimensión de Justicia, Paz y Reconciliación, Fe y Política no queremos repetir lo de siempre: mientras está la coyuntura electoral nos ponemos la pila, organizamos talleres, nos informamos, debatimos, analizamos… pero una vez terminado este proceso, damos vuelta a la página, borrón y cuenta nueva, nos dormimos en nuestros laureles y esperamos otros seis o en el mejor de los casos tres años, para volver a retomar los temas e involucrarnos en los mismos. En este BoletinCommunitas n° 8 queremos empezar a plantear propuestas de cómo dar seguimiento a lo que hemos venido trabajando y analizando sobre el quehacer ciudadano, se trata apenas de unas primeras sugerencias que queremos ir completando, ampliando y mejorando a partir de la retroalimentación y el intercambio de ideas con ustedes.

ACABÓ LA JORNADA ELECTORAL, VIENE LO MÁS IMPORTANTE, EL SEGUIMIENTO Una vez terminada la jornada electoral, después de que hayamos ejercido de manera libre y razonada nuestro derecho al voto, se iniciará una nueva etapa del trabajo ciudadano. El proceso electoral que hemos vivido ha sido intenso, lamentablemente en muchos casos ha generado desesperanza,

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estancamiento e incluso un desgarramiento social. La Iglesia, como un miembro importante de la sociedad civil no puede ser ajena a los posibles escenarios que se avecinan y necesita estar lista y preparada para asumir su responsabilidad de colaborar en la reconstrucción nacional. Esta tarea no le corresponde sólo a quienes ganen las elecciones, toca a todos los que podamos aportar a sanar los dolores, tejer las relaciones sociales, apoyar el crecimiento y en la búsqueda de la paz, será necesario unirnos con otros grupos, iniciativas y movimientos que ya desde ahora, están promoviendo un ambiente de paz, concordia y esperanza en este proceso electoral y post-electoral; se necesita de una real participación cívica, la cual no puede ser homogénea, cada quien, desde su vocación, capacidades y carisma ciudadano, debe hacer su propia contribución al país. La Iglesia tiene una vocación de servicio social que es irrenunciable, la cual no debe confundirse con una parcialización política que excluya o descalifique a nadie. En todo tiempo y lugar, no

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solo durante los procesos electorales, la Iglesia tiene la labor de anunciar lo mejor para el pueblo y denunciar todo aquello que vaya contra la dignidad y los derechos de las personas. La Iglesia deber ser fuente de espiritualidad y crecimiento humano para todos los que se le acercan, pero también tiene una labor de formación ética y cívica, ofreciendo sus propios espacios para ejercitar la participación, la libertad responsable, la solidaridad fraterna y la reconciliación con justicia y paz. La Iglesia no debe excluirse del debate público, más bien debe dar su aporte específico por el magisterio de sus pastores, el testimonio de sus sacerdotes y religiosos (as) y la participación comprometida de sus laicos (as) en la vida social, política y económica. Pensando en los posibles escenarios, recordando lo que vivimos en el 2006, frente a los momentos de polarización y tensión, la Iglesia puede y debe ser interlocutora, facilitadora o auténtica mediadora entre las partes, haciendo un reconocimiento público de todas ellas. La Iglesia no puede reducirse sólo a una labor de acompañamiento espiritual ni tampoco convertirse simplemente en una agencia de servicios humanitarios, debe conjugar su compromiso cívico con alma y trascendencia, es decir una evangelización y celebración comprometida en lo social. Independientemente de quien llegue al poder, será necesario, promover el seguimiento puntual y de largo plazo a la implementación de las propuestas y el ejercicio de gobierno de aquellos candidatos electos, asimismo será importante considerar la posibilidad de promover gobiernos de coalición que incluyan gente capaz de todos los partidos, promover la reconciliación a través de espacios de encuentros y de diálogo en las familias, entre los jóvenes y en la sociedad en general. Trabajar en equipo, formar comunidades cívicas, tejer convivencia en donde se coloque a la persona humana por encima de ideologías, estructuras, intereses económicos, políticos o partidistas. Será necesario e importante combatir en todo momento el individualismo, como uno de los princi-

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pales obstáculos para lograr la participación ciudadana y la reconstrucción nacional. El capital humano personal debe articularse en un capital social, esta articulación solo es posible en un clima de tolerancia, lo cual supone aceptar a las personas que tienen opiniones, proyectos y actitudes diferentes a los nuestros. Insistimos sin tolerancia no hay reconciliación. La reconciliación es un proceso que no trata de desconocer o disimular las diferencias y los conflictos, sino más bien de hacer un reconocimiento sereno de los mismos con una voluntad constructiva. De ahí que para lograr la reconciliación sea necesaria la participación cívica y en ese sentido educar para la participación es uno de los actuales desafíos de nuestra sociedad y la Iglesia debe sumarse a esta tarea. En algunos lugares esta tarea ya se ha iniciado desde hace años, pero en otros apenas está despertando, después del 1° de julio la Iglesia debe continuar con esta educación y formación ciudadana de manera permanente. Algunas ideas que habrá que desarrollar para promover la reconciliación nacional: 1. Conversión del corazón. Implica no alimentar odios y revanchas, salir del egoísmo personal y sacrificarse por los demás. 2. Voluntad de reconciliación. La reconciliación es una decisión, necesita de una firmeza de espíritu, de una voluntad serena pero inconmovible. 3. Promover la reinserción social. La reconciliación debe conducir también a la reinserción de los excluidos. 4. Edificar la paz. La reconciliación es el camino de la paz, no de una pasividad o tranquilidad aparente del miedo o del acomodamiento., más bien tendiendo puentes de cooperación, perdonando sin revanchas, olvidando culpas, planteando proyectos para el bien común. Crear un acuerdo social sobre la base del respeto del bien común y la diversidad para acercarnos a la paz. El diálogo es la puerta de la paz.

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Se necesita pensar juntos, rezar juntos, pero sobre todo proponer y actuar juntos, habrá de ser necesario sugerir algunas pistas o líneas de acción mínimas para nuestros grupos sobre todo con respecto a cómo dar seguimiento a las propuestas de los candidatos electos, cómo vincularse con quienes sean nuestros representantes en el Congreso, cómo exigir transparencia y rendición de cuentas, cómo articularnos con otras organizaciones y movimientos que trabajan estos temas, cómo seguir posicionando los temas de participación, ciudadanía y democracia en nuestras reflexiones permanentes.

Algunos textos de la Doctrina Social de la Iglesia referentes a la política Concilio Vaticano II es que «los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común»,[10] que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc. “Es perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras político-jurídicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminación alguna y con perfección creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijación de los fundamentos jurídicos de la comunidad política, en el gobierno de la cosa pública, en la determinación de los campos de acción y de los límites de las diferentes nstituciones y en la elección de los gobernantes”. Vaticano II Gaudium et Spes no. 75-1

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La Iglesia llama a los responsables políticos a comprometerse con un verdadero espíritu de servicio: “En el ejercicio del poder político es fundamental aquel espíritu de servicio, que, unido a la necesaria competencia y eficiencia, es el único capaz de hacer «transparente» o «limpia» la actividad de los hombres políticos, como justamente, además, la gente exige. Esto urge la lucha abierta y la decidida superación de algunas tentaciones, como el recurso a la deslealtad y a la mentira, el despilfarro de la hacienda pública para que redunde en provecho de unos pocos y con intención de crear una masa de gente dependiente, el uso de medios equívocos o ilícitos para conquistar, mantener y aumentar el poder a cualquier precio”. Juan Pablo II. Christifideles Laici no. 42 La Iglesia considera que los frecuentes desvíos dentro de la vida política no justificarán nunca una dimisión del rol ciudadano, principalmente de parte de los cristianos: “Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”. Juan Pablo II, Christifideles Laici no. 42 En el corazón de todo proyecto social, el hombre debe tener el primer lugar: “todos los hombres y cada hombre!” “La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados, porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación”. Vaticano II, Gaudium et Spes no. 25-1 9


Así, mientras que surgen nuevas ideas en vista de una participación más activa de los ciudadanos en todos los niveles, la Iglesia quiere repetir su adhesión al principio de la participación de todos en las decisiones, incluyendo a los más desfavorecidos. La Iglesia hace un llamado a no tener miedo de la implicación de las mayorías en los asuntos públicos: “Es necesario por ello estimular en todos la voluntad de participar en los esfuerzos comunes. Merece alabanza la conducta de aquellas naciones en las que la mayor parte de los ciudadanos participa con verdadera libertad en la vida pública. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, la situación real de cada país y el necesario vigor de la autoridad pública. Para que todos los ciudadanos se sientan impulsados a participar en la vida de los diferentes grupos de integran el cuerpo social, es necesario que encuentren en dichos grupos valores que los atraigan y los dispongan a ponerse al servicio de los demás” Gaudium et Spes no. 31-3


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PROPUESTAS DE ACCIÓN Antes de empezar a hablar sobre acciones concretas de seguimiento a nuestro quehacer ciudadano, lo cual pretendemos ir presentandoen los siguientes números del Boletín Communitas, lo primero que necesitamos es conocer cómo quedó el mapa político a nivel nacional, estatal y municipal, compartimos algunos datos duros útiles en este sentido. Presidente de la República

Fuente: página electrónica del IFE (fecha consultada 4 julio 2012)

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Gobernadores


Senadores

Diputados


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Una vez teniendo el mapa político a nivel nacional, lo que sigue es ubicar cómo quedó el mapa político en tu propio estado, municipioy localidad, es importante ubicar qué senadores, diputados, presidentes municipales, delegados o autoridades correspondientes resultaron ganadores, habrá que hacer una lista con nombres, apellidos y partido político al que pertenecen, pues una primera propuesta de acción consiste en dar seguimiento directo y formar a nuestros representantes y autoridades. Se trata de un proyecto que llamaremos “Adopta un legislador” con la idea de darle seguimiento a su trabajo y evaluar su desempeño. El objetivo es que la responsabilidad de los legisladores sea acompañada de vigilantes ciudadanos dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo para revisar la información que se genera a partir de su trabajo y los resultados que dan. ¿Dónde buscar los datos de los legisladores que resultaron electos? En el Instituto Electoral de tu Estado, puedes entrar al siguiente vínculo http://www2.ife.org.mx/portal/site/ifev2/Estados/ y a partir de ahí buscar la información. Otra acción concreta que proponemos como Iglesia y particularmente como Pastoral Social es promover tanto la oración personal como comunitaria por México y de forma muy particular por sus autoridades, para que se descubran como verdaderos servidores públicos y reconozcan que la ética es indispensable en su quehacer político. En los siguientes boletines iremos dando nuevas pistas e ideas para realizar este trabajo y sugerir otros nuevos. Agradeceremos mucho la retroalimentación y el compartir de todas las iniciativas que se estén generando en relación a estos temas en tu propia Provincia, Diócesis, Decanato, Parroquia….Recuerda que puede ser útil o una referencia importante para otros grupos o Diócesis que están tratando de no quedarse de brazos cruzados y continuar con el trabajo de construcción de ciudadanía.

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Despues del 1ro de julio ¿Que nos toca hacer a todos los catolicos?  

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