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¡GRANDES MALES PEQUEÑOS REMEDIOS! Marzo 24 de 2014

"En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Pero este gran guerrero era leproso. Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, se llevó de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo a su señora: "Ojalá mi mi señor fuera donde está el profeta que hay en Samaria; él lo curaría de la lepra". Naamán se lo fue a decir al rey: "Esto y esto me ha dicho la muchacha israelita". El rey de Siria respondió: "Bien. Ponte en camino, yo te daré una carta para el rey de Israel". Naamán partió llevando consigo diez barras de plata, seis mil monedas de oro y diez vestidos, y entregó al rey de Israel la carta que decía: "Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de la lepra". Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras exclamando: "¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar la vida o la muerte, que éste me manda un hombre leproso para que lo sane? Es evidente que lo que busca es un pretexto para hacerme la guerra". Cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, envió a decirle:


"¿Por qué has hecho eso? Que venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel". Llegó Naamán con sus caballos y su carroza, y se detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Este le mandó decir con un mensajero: "Anda, báñate siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia". Naamán se alejó enojado diciendo: "Pensaba que saldría a mi recibirme, que invocaría el nombre del Señor, su Dios, me tocaría y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son muchos mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo bañarme en ellos y quedar limpio?" Y se fue indignado, pero sus criados y le dijeron: "Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria. ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho: "Báñate y quedarás limpio"!" Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces, como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y, de pie ante él, dijo: "Reconozco que no hay otro Dios en toda la tierra, fuera del Dios de Israel" (2 Reyes 5, 1-15a)
Hoy más que ayer cuesta creer que hay remedios tan sencillos pero tan poderosos! Como Naaman muchos se niegan a reconocer el don maravilloso de la SANACION, peor aún piensan que obra de una manera ritualista, repetitiva, de acuerdo a un método, o siguiendo una secuencia. Y otros tantos como Naaman el Sirio en su orgullo les cuesta aceptar la Palabra de Dios como única fórmula para recuperar su salud. 
La fe acompañada de un paso de obediencia al mandato divino, para


recuperar el don precioso de la salud. 
Y que importante amados hermanos que existan instrumentos tan sencillos y humildes como aquella criada, con la valentía y la autoridad que otorga la fe, para anunciar, proclamar y enviar a los pies del único que tiene el Poder de sanar todas las enfermedades y perdonar todas las culpas. 
Amadísimos discípulos de Jesús: "confíen en el Señor, su Dios, y se sentirán seguros; confíen en sus profetas, y todo les saldrá bien.» (2 Crónicas 20:20b) Jairo Caracas Discípulo de Jesús


24 Marzo 2014 - Grandes males pequeños remedios.