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INDICE

¿Hambre de qué? Rvdo. Manuel D. Silva Esterrich Lamento urbano: Lamento del alma Rvdo. Dr. Rafael Hiraldo Román Arrepentíos o pereceréis Prof. Amílcar S. Soto Quijano Eran cien ovejas Rvda. Lucy I. Rosario Medina Una parábola sobre la misericordia Rvda. Dra. Ileana Vargas Santiago Enmendar, clave para el perdón Rvda. Dra. Maricarmen Laureano Ortega Amor, gratitud y servicio Rvda. Carmen I. Pérez Torres Jesús, el embajador de la paz Rvdo. Pablo R. Caraballo Rodríguez ¿Sabes lo que os he hecho? Rvda. Dra. Ivelisse Valentín Vera ¿Quién será? Rvdo. Osvaldo Montalvo Nazario Un nuevo pacto Rvda. Ana B. Rivera Acevedo La grandeza de un cristiano Rvdo. P. Francisco J. Quiñones Díaz Jesús anuncia que Pedro lo negará Dr. Luis A. Borri Díaz Dios-Trinidad-Amor Capellán Marcos M. Márquez Pagán Jesús o Barrabas Rvdo. Dr. Freddie de León Rivera Sensatez e insensatez Rvdo. José E. Rodríguez García Encuentros y caminos: Perspectivas de esperanza Rvdo. Arnaldo L. Cintrón Miranda Entre el querer y hacer Rvdo. Dr. Julio R. Vargas Vidal

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Lucas 4.1-13 ¿HAMBRE DE QUÉ?

Rvdo. Manuel D. Silva Esterrich Director Oficina de Capellanía Recinto de Aguadilla Tradición: presbiteriana Versículos de bono: 14 Con

el poder del Espíritu, Jesús volvió a Galilea; y su fama se difundió por todos los lugares

vecinos. 15 Enseñaba en las sinagogas de ellos, y todos lo glorificaban.

Cuando realizamos un plan estratégico para formalizar una institución, un evento o alguna acción particular, de todos los análisis que hay que hacer, 3 son esenciales: 1. ¿Por qué lo hago? O Misión 2. ¿Para qué lo hago? O Visión 3. ¿Qué espero lograr? O Metas Ninguno es más importante que el otro. Son como dos islas divididas por una masa de agua entre ellas. Hay 3 cosas ciertas: yo estoy en una isla e identifico una necesidad; quiero llegar a la otra isla para ver si allí resuelvo mi necesidad; necesito un medio (o más) para lograrlo. Todo lo que conlleva el análisis de los medios, de aciertos y fallos, o de productividad puede ser tan variado como la misma mar. En el ayuno, cuando ayunemos, necesitamos de la misma manera formalizar y formular un plan estratégico en análisis meditativo y en examinación propia. ¿Por qué voy a ayunar? ¿Para qué me sirve el ayunar? ¿Qué resultado deseo de mi ayuno? ¿Por qué voy a ayunar? ¿Cuál es mi motivador para ayunar? Este pasaje realmente desmotiva de primera mano a cualquier proponente ayunante. ¡El diablo tienta a Jesús en el desierto en medio de su ayuno! ¿Qué de motivador tiene esto para nosotros? Tenemos que mirar entonces el por qué Jesús ayunó. Lucas 3 nos da 3 claves: 1. Jesús es la promesa del Cristo. Juan le dice a la gente que ese será más poderoso y bautizará con Espíritu Santo y fuego. 2. Jesús había cumplido los 30 años. Esta cifra era importante para cualquier judío que comenzaría su ministerio. Jesús, en múltiples ocasiones se le identifica como rabino judío. Pero comenzaría un ministerio más allá de las sinagogas o de los grandes auditorios. Él lo sabía.

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3. En su bautismo, Jesús escucha la voz de Dios diciéndole: “Tú eres mi hijo amado”, y descendió el Espíritu en forma de paloma. Podremos ponernos el título que queramos. Podremos llamar a otros por sus Rev. o Dr. o Ing. o Su eminencia, pero cuando Dios te llama SU HIJO, es una carga pesada para llevar. Por eso, apartarse por 40 días en ayuno era transformador, el silencio era necesario para su enfoque y meditación en Dios, y la soledad le permitiría vencer toda dependencia. El tiempo en el desierto ayunando, quitando toda atadura de la carne para poder llenarse del Espíritu, era sumamente importante para Jesús. De igual manera es importante para nosotros el desatar el dominio que algo pueda tener en nuestra vida. Para lograrlo es necesario ayunar de eso. Aprender a ser llenados de lo que sí nos llene. Primera tentación Dice el pasaje que Jesús volvió de su bautismo “Lleno del Espíritu”, y el Espíritu lo llevó al desierto a prepararse…en ayuno…por 40 días…solo. Resalta la lectura que “Tuvo hambre”. Por eso Satanás busca tentarle diciéndole: “Hey, hijito de Dios, aquí no hay pan, pero convierte las piedras en pan, dale”. Esta primera tentación acusó la humanidad débil de la carne en Jesús. Pero la contestación de Jesús fue certera y clara: “Mi debilidad no es esa hambre. No busco librarme de esa hambre. No solo de esa hambre dependerá el hombre”. Su llenura en el Espíritu le permitía continuar un ayuno duro para el cuerpo, pero sano para el espíritu propio. ¿Por qué entonces es bueno recurrir al ayuno? Sea la razón que tengas, ayunar de lo que te ata, te permite ser lleno o llena en otros aspectos de tu vida. Recuerdo la película “Yes, man”, donde un hombre aprende a ayunar de decir NO a todo. Descubrió que hay oportunidades que no se pueden perder simplemente por los miedos personales. Igual el ayuno de comida, azúcar, panes, etc.; o el ayuno de televisión, apps, lo electrónico; o ayunar de actitudes propias. Podemos permitirnos redescubrirnos, reprogramarnos, replantear nuestra vida o la dirección de nuestra vida. Esta es la isla en la que estoy. ¿Para qué me sirve el ayunar? Segunda tentación Al Jesús decirle a Satanás que ser saciado de esa hambre física no es lo que Él busca en el desierto, Satanás le presenta los reinos del mundo y su “poder” sobre ellos. Si Jesús le adora, él le dará todo: “Sacia tu hambre de poder y riquezas. Sólo tienes que adorarme”

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A lo que Jesús contesta: “A Dios solo adoraré, porque Él me ha dado lo que necesito y me dará según su Gracia” Ay diablito, esa tampoco era el hambre que Jesús buscaba llenar en el desierto. El poder de Jesús proviene de Dios, por lo tanto, no adorarle sería entregar el poder que Dios le dio. Hubo dos hombres que en medio de los millones de dólares que hicieron con su compañía, uno compró lujos por doquier, mientras su colega invertía poco de su dinero de manera cuidadosa. El lujoso siempre le protestaba porque tenía que vivir el momento del éxito. El amigo humilde le decía que el éxito no era un boom momentáneo, sino un logro estable que conlleva el dejar un legado. Años pasaron y la compañía cayó ante la tecnología de los tiempos. El lujoso terminó vendiéndolo todo y debiendo más de lo que tuvo. Su amigo, invirtió en estas nuevas empresas y aunque nunca logró volver a tener lo que el boom principal le permitió, vivió más que cómodo mientras continuaba siendo mentor, asesor y desarrollador de nuevas empresas como inversor. Ayunamos para ser más fuertes, mejores, más sabios y sabias, prudentes, y para siempre calculadamente buscar la dirección de Dios en todo lo que hagamos, como una disciplina de vida. Así como un veterano aún conserva costumbres de cuando ejercía su profesión militar, así nosotros y nosotras tenemos que entrar en el entrenamiento que Dios tiene para nosotros y conservar lo que hemos aprendido para usarlo en el campo de batalla de la vida. Esta es la isla en la que quiero estar. ¿Qué resultado deseo de mi ayuno? Tercera tentación Satanás comienza a usar la Biblia para presentar los argumentos al Hijo de Dios del por qué debe hacerle caso a él. Con las palabras en el pasaje el enemigo está queriendo decirle: “Tú eres el Hijo de Dios, usa la Palabra a tu conveniencia. Manipula las masas celestiales y las terrenales” ¡Qué osadía la de Satanás! Se aprende la Biblia y la usa manipulando las intenciones de deseos propios. La respuesta de Jesús es épica: “No me olvido del llamado de Dios, yo soy Su Hijo Amado, por esto mismo si Él es Justo, Yo seré Justo. Si Él es misericordioso, Yo seré misericordioso. Seré un imitador de Él en todo lo que haga” Jesús tampoco tenía hambre de ser distinto a Dios. Curiosamente o a propósito, Jesús usa un pasaje en Deuteronomio 6 donde se relata que Dios les dará todo al pueblo con la advertencia de no volver a hacer lo mismo que hicieron en Masah. En ese relato los hijos de Israel dudaron de la presencia de Dios cuando necesitaron agua y Moisés golpeó la piedra y brotó agua (Ex 17). Masah significa prueba o tentación. El ayuno nos dará poder para disciplinar nuestra mente, cuerpo y espíritu para vivir en Gracia, agradecidos y fieles a un Dios Justo y verdadero. Hay otros beneficios resultantes del ayuno. El 6


Dr. Gabriel Cousens teoriza que al ayunar “las toxinas físicas se eliminan de las células del cerebro” y mejora la función de este. También lista los siguientes beneficios psicológicos y espirituales: 1. 2. 3. 4. 5. 6.

Incremento en la fuerza de voluntad futura. Estabilidad psicológica, autoconfianza y autocontrol. Sensación de mayor bienestar espiritual, al reducir deseos y necesidades corporales. Visión interior más clara y profunda Más capacidad de concentración, meditación y oración. Menos zzzz. Nueva concepción del hambre, los alimentos, el valor y necesidad de estos en la nutrición. 7. Mayor capacidad para canalizar el uso de energías y sanar dolencias psicológicas. Este es el cumplimiento de mi necesidad en la otra isla En Jesús podemos ver el cumplimiento de la promesa de Dios de vida eterna. De igual manera podemos observar cómo entrenamos para la carrera que nos espera, para la decisión que tendremos que tomar, para el mejoramiento de nuestro discipulado en Él, para el hallar nuestras debilidades. Hazte la pregunta: ¿en cuál tentación yo hubiese flaqueado? Relee la contestación de Jesús y llénate del Espíritu. En los versículos 13, 14 y 15, Lucas escribe diciendo que Jesús regresó con el poder del Espíritu, pero que diablo había agotado sus municiones. Vencer las tentaciones, ayunar, buscar nuestra transformación diaria, nuestro bienestar mental y espiritual, nos permitirá vencer todo aquello que intenta hacernos perder. Saldremos llenos de poder, mientras eso saldrá vacío de poder. Por eso, no temas ni desmayes. Los resultados, las metas, los logros, la isla parecen estar lejos de ti, pero la dedicación, la disciplina y el deseo a llenarte de lo que realmente necesitas te permitirán ser lleno y llena. Lo físico, la ambición y la arrogancia nos oxidan a todos y todas. Ayunar de eso, y vencer las tentaciones con Palabra Viva y Eficaz, nos permitirá salir airosos. Llegaremos al otro lado, y ese lugar será nuestra nueva morada de vida. Ahora, contéstate tú mismo/misma: ¿De qué tienes hambre?

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Lucas 13:31-35 LAMENTO URBANO: LAMENTO DEL ALMA

Rvdo. Dr. Rafael Hiraldo Román Director Oficina de Capellanía Recinto de Fajardo Tradición: episcopal

En una ocasión escuchaba una amena conversación sobre el Evangelio de Lucas y surgió la interrogante de si Lucas era o no uno de los doce discípulos de Jesús. En ese momento fui invitado a formar parte del diálogo, por lo cual, invita a ambas personas a ir un poco más allá de lo que popularmente se dice y cree sobre la formación y la autoría de los cuatro evangelios. Luego de varias semanas, retomamos el tema y como buenos discípulos ambas personas, llegaron con su tarea. Entre la información descubierta se destacaron los siguientes datos: que Lucas fue un médico e investigador, que su libro es la primera parte de su obra que se forma de dos tomos a saber el evangelio y Hechos de los Apóstoles, que su libro es parte de los llamados Evangelios Sinópticos y que el utilizó material de Marcos y Mateo al momento de escribir el evangelio. Fue compañero de misiones de Pablo y que sus dos obras son dedicadas a explicar quién es Jesús y su misión, que le da una preminencia a la persona del Espíritu Santo en el ministerio de Jesús, en el establecimiento de los propósitos de Dios para la humanidad y en la continuación de la proclamación del Reino de Dios, milagros y extensión misionera de la iglesia a través del mundo conocido en aquellos tiempos. Otros temas destacados que fueron descubiertos por medio de su investigación lo son: el papel prominente de las mujeres en el desarrollo del ministerio de Jesús y en el establecimiento de la labor misionera de la iglesia primigenia. Al igual sobresale su interés en clarificar a los gentiles que han aceptado la fe y se han integrado como miembros activos, demostrándoles como las acciones de Dios en la historia y como la nueva fe lejos de ser el enemigo que Roma describía, fungía más bien como una fuerza de transformación de los órdenes sociales, políticos y económicos propuestos desde el mensaje del Reino de Dios. Mensaje, que planteaba la necesidad de un cambio que proponía poner patas arriba el ordenamiento socioeconómico que sostenía la marginación, la opresión sobre la cual se sostenía tanto el imperio romano al igual que las clases sacerdotales que perpetuaban el mismo dentro de las prácticas religiosas y rituales. Entonces, el evangelio de Lucas, nos presenta la historia de Jesús, las acciones de Dios, la elevación de las mujeres, los niños, los enfermos y de los enemigos, a un nivel de hijas e hijos de Dios, como los que han de ser modelos (niños) de cómo se debe aceptar y vivir el mensaje, de cómo hacer memoria al celebra la cena de la mujer que lava con perfume los pies de Jesús, de cómo los enemigos (samaritanos), son los que trascienden y actúan el gran mandamiento de amar a Dios y al prójimo. A la luz de estas claves, la invitación es a meditar en el Lamento Urbano: Lamento del alma…

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A modo de preparación Les invito a que lean nuevamente las notas introductorias. ¿Qué me inquietó?, ¿Qué me molesto? ¿Qué me reta? Tomemos unos minutos en silencio y contestemos porque y definamos que vamos hacer para cambiar, mejorar o aceptar aquellas cosas que nos inquietaron, molestaron o retan. Luego examinemos a la luz de la lectura del periódico de hoy, que situaciones con nuestra realidad económica, social, política y religiosa se parecen o no a lo aquí planteado. Tercero, leamos la reflexión y volvamos a hacer el mismo ejercicio. Finalmente, oremos y busquemos cual es nuestro lamento urbano y de donde nace. Reflexión v.31- Una primera mirada el v. 31, nos devela que no todos los fariseos eran enemigos de Jesús, estos tenían conocimiento de las intenciones de Herodes de matar a Jesús. En ocasiones el sentimiento religioso, la espiritualidad activa y nuestra disciplina de ver más allá de lo que se ve nos lleva a proveer cuidado y protección aun a quienes difieren y no comparten nuestra cosmovisión y modelos de cómo se debe funcionar en la sociedad. v.32- Jesús contesta de una manera clara y contundente: díganle a ese zorro… que hoy y mañana seguiré expulsando demonios y sanando gente y al tercer día terminaré lo que debo hacer. Nada, es claro, reconocer las mañas y trucos de quienes gobierna desde las razones y propósitos que niegan la justicia, la verdad, la igualdad y bienestar comunitario en pro del bienestar y prosperidad de unos pocos. La lección para hoy, es no vender la voz profética, por un acomodo dentro del juego de poder político. Es una invitación a no dejarnos encasillar como el sector religioso, sino como los que hoy y mañana seguiremos siendo la voz profética que anuncia y denuncia, la mano que da pan, el pueblo que se compromete con los valores del Reino de Dios. v. 33- Morir en Jerusalén, se podría decir que es la graduación y la certificación del verdadero profeta. Es el compromiso con los actos activos y vivos de un Dios que se empeña en actuar a favor de nosotras y nosotros, amándonos, disciplinándonos y sanándonos…, es el estar claros con la misión y la vocación. ¿Cuál es nuestra Jerusalén? Esa realidad desde donde comenzó el lamento urbano y hacia dónde se dirige su final, a modo de preludio a la vida; al triunfo de la esperanza, del amor y del sacrifico. vv. 34-35- El lamento es una canción que provoca un llanto que lejos de perpetuar la victimización, nos confronta con el círculo y el circuito de actos que prepararon la senda de la cruz y la gloria de la resurrección. Aquí no se da ese “se hizo lo que se pudo”, todo lo contario hay un empuje que dicta la fuerza del trascender a la historia, de transcender al papel pasivo del ser víctimas, en pro del apoderamiento de la esperanza, del ser emprendedores desde el dolor y no simples espectadores de lo que otras personas harán por nuestra situación. Es aquí el lugar donde la esperanza surge desde reconocer quien es Jesús como enviado de Dios y como Dios y Señor. Lucas nos invita no a la enajenación y al escapismo de la fe del entretenimiento, todo lo contrario, nos invita a la fe que lee la realidad, que la enfrenta y que actúa proclamando con sus acciones la realidad de que Jesús trasciende las tradiciones religiosas, que su verdad transforma aun a un Puerto Rico que pareciera estar en una gran encerrona.

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Lamento Urbano Rafael Hiraldo Román Suena sirenas, mueren los chicos, los grandes temen y los viejos se desvelan Todos dormidos por el temor, las canciones enajenan y nos llena de terror La tv, el cine, el periódico y las redes, se inflan de muertes y de degenere La iglesia unas cantan, las otras se achican, algunas se unen a l circo político Jesús el señor mira su urbe, reconoce su dolor, su realidad y proclama sin miedo La realidad de los que le zorro tiene grandes trucos, dominios y seduce No se deja engañar y su misión cumple con la cruz como paragón y plataforma Desde allí se eleva la voz del que ama, no hay luces, ni humos solo dolor Nunca se equivocó en su juicio y proclama: ¡más que vencedor soy! Jerusalén los acredita, desde Jeremías a Juan y ahora es su turno; Prefiere actuar con Dios a su lado sanando, liberando y dando esperanza Porque la cruz no detiene su lamento y su grito: ¡consumado es!, ¡todo poder se es dado! Y lo que le reconozcan como Rey y Señor, por medio de Espíritu cantaran nuevo canto Cantaran la canción trasformaste mi llanto en un hermoso canto de esperanza y amor

…Recordemos que la Semana Santa es la celebración de pasar de muerte a vida, de esclavos a libres de enemigos a hijos. Entonces miremos nuestra realidad urbana y de país y retomemos la esperanza como guía para transformar el lamento en baile.

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Lucas 13.1-9 ARREPENTÍOS O PERECERÉIS

Prof. Amílcar Saúl Soto Quijano Director Oficina de Capellanía Recinto de Arecibo Tradición: presbiteriana La vida de todo ser humano es una de altas y bajas. La del cristiano no se queda atrás. Vivimos en una constante situación de mantener nuestros impulsos humanos bajo las exigentes reglas divinas. Claro, recordando que solo las podremos cumplir con la ayuda de el mismo Dios a través del Espíritu Santo. Pero fallamos, todos los días, fallamos. ¿Qué hacemos en ese momento cuando descubrimos nuestra falta y error? Esta meditación habla de una de las opciones, diríamos que la mejor: Arrepentirse. Para esta decisión tan importante el primer paso es reconocer el error cometido. A nadie le agrada reconocer que falló o se equivocó. Nuestra primera respuesta es negarlo y no aceptarlo. Inclusive buscamos una excusa y lo consideramos injusto. En el evangelio de Lucas, al comienzo del capítulo 13, encontramos una conversación interesante con Jesús. Se le recrimina y pregunta al Maestro sobre una situación donde hubo muertes de manera injusta e inexplicables. Jesús les contesta recordando el incidente (La muerte de inocentes por las fuerzas del Imperio romano) y trayendo a la conversación otra tragedia, esta vez por un desastre natural (derrumbe Torre Siloé). La creencia común de esos días era que toda desgracia que le acontecía a una persona era producto de la desobediencia y la justicia se hacía con la situación adversa. Pero Jesús los confronta preguntando entonces si creían que las víctimas eran más pecadoras que las persona no implicadas. Jesús lo que quiere enseñar es que las víctimas aquí envueltas no eran totalmente inocentes; simplemente no eran más culpables que los demás. Todos eran y somos culpables, aun hoy. Su consejo al arrepentimiento no debe ser solo para evitar un castigo o por consecuencia de un mal rato que entendemos es resultado de la falla. Debemos arrepentirnos ahora pues no sabemos cuándo moriremos, como fue el caso de estos ejemplos. Por eso Jesús, como el gran maestro, les presenta una parábola: la parábola de la Higuera Estéril. Aquí un campesino tenía una higuera plantada en su viña. Por varios años venía a buscar fruto en ella y nunca halló. Así que por lógica le pidió al viñador que la cortara, “¿Para qué inutilizar también la tierra?”. La contestación del viñador fue una de oportunidad. Él se comprometía a cuidarla y darle mantenimiento una vez más a ver si por fin dada fruto. Si no, entonces el año próximo podría ser cortada. El primer punto aquí es simple: Así como el dueño de la viña, Dios busca frutos. Todo cristian@ está llamado a dar frutos. El fruto de nuestra vida muestra el tipo de persona que realmente somos. Si Jesús vive en nosotros, se mostrará a través de los frutos que llevamos tal como reconocemos un árbol por ellos. Pero también se necesita tiempo para que la fruta nazca y se desarrolle. Los frutos del Espíritu (Gálatas 5:22-23) son el resultado de una plena relación con Dios y como Él se va desarrollando en nuestra vida. Pero el dueño ya había ido en varias ocasiones y no había encontrado fruto. El pecado y la desobediencia no permiten 11


que nuestros frutos se desarrollen. En esta parábola la decisión del dueño fue deshacerse de ella. Pero la intervención del viñador cambió su idea. El viñador abogó por una oportunidad. Nosotros creemos en el Dios de las oportunidades. Si bien es cierto que “todo árbol que no da fruto será cortado”, Dios cada día de nuestra existencia nos da la oportunidad de arrepentirnos y comenzar de nuevo. Esto es vital porque no sabemos cuál será nuestro último día aquí en la tierra, como fue el caso de la primera parte de Su conversación. Dios en su infinito amor nos recuerda Su deseo de que nos arrepintamos, en esta Cuaresma meditamos en ese acto tan personal que es el primer paso a una mejor relación con Dios. Solo los que hemos valorado el arrepentimiento que nos brinda el Todopoderoso podemos entender más profundamente el sacrificio de Jesús en la cruz. Allí nace nuestra oportunidad. Dios reconoce nuestra condición pecadora, pero es a través de Jesús que, al arrepentirnos, volvemos a reconciliarnos con Dios. Volvamos a Él con corazones arrepentidos en todas y cada una de las oportunidades que diariamente nos regala.

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Lucas 15:1-7 ERAN CIEN OVEJAS Rvda. Lucy I Rosario Medina Directora Oficina de Capellanía Recinto de Ponce Tradición: metodista ¡Qué alegría es encontrar lo que se nos pierde! ¡Siente uno alivio y alegría! ¡Quiere uno compartir la noticia con aquellos que se unieron a la búsqueda! O se preocuparon por ti, cuando estabas triste por la pérdida. Soy amante de los gatos. Tenía uno muy querido para mí, Winimuka. Aunque sé que son muy independientes, y andan por donde quieren, siempre me gusta que estén dentro de mi casa a la hora de acostarme. Un día no llegó como acostumbraba hacerlo, cuando oía la puerta de la marquesina abrirse. Lo busqué por toda la urbanización, puse su foto en Facebook, dejaba la puerta del balcón abierta, en fin, todo lo necesario para encontrarlo o que llegara por sí mismo. Pero no llegó. No fue hasta que pregunté a mi vecina, si había visto mi gato de la manchita blanca en la nariz. (Así lo describían los que lo “conocían”.) Me dijo: “Mi nene me dijo que hace unos días, escucha un ruido y un maullido en de la marquesina, pero busca, pero no encuentra nada. Está tan llena de cosas. Entra y mira a ver si es él”. Efectivamente tan pronto dije: Winimukita, mi gratito bonito, salió todo lleno de grasa y tizne. Además, hambriento y con sed. Y así, sucio como estaba, lo abrace y lo bese. Mi vecina se reía porque hasta lloré de la alegría. Enseguida, lo compartí con todos. Esa fui yo. Imagínense, como se sintió el pastor de la parábola. Este es un pasaje muy conocido. ¡Cuántos sermones, estudios bíblicos, reflexiones y hasta dibujos animados hemos visto de este pasaje! Nos lo sabemos de memoria, ¿verdad? Entonces, ¿qué nos puede decir hoy, distinto a lo que ya no sabemos? Pues, sinceramente, muy poco. Ahora, recuerden que no todo en la vida cristiana es saber. Más que saber, es “vivir” lo sabemos. Los evangelios recogen las enseñanzas y el ejemplo Jesús. Lo podemos saber de “cabo a rabo” pero, ¿es suficiente? Evidentemente no. Precisamente, esta parábola surge para que los fariseos y maestros de la ley entendieran que no era solamente conocer lo que decían las escrituras. Si no somos transformados por ellas, no habrá mucho valor en solo conocerlas, citarlas y juzgar sin misericordia a los demás. Interpretándolas sin ningún tipo de misericordia y compasión. Se encontraba Jesús rodeado de pecadores y publicanos. Todos acercándose a él, para oírle. Pero había otro “grupito” que observando todo, murmuraban, Esta escena no es nueva hoy. Ya no nos llamamos fariseos o maestros de la ley, pero de que hay muchos murmuradores en nuestro tiempo, todavía es tan real que no se puede negar. Ese es el “deporte” de algunos. Estos murmuraban porque Jesús se juntaba con gente pecadora. ¿Han notado en los relatos bíblicos el hecho de que siempre él atraía a las personas con o sin necesidad? ¿Por qué? En el evangelio de Marcos no solo dice que se acercaba, sino que también andaba y comía con ellos. Tanto que nos cuidamos que no nos vean con gente diferente a nosotros. Porque hacemos como los fariseos. De lejitos miramos, y juzgamos. “Que mal nos va”, decimos en lenguaje coloquial.

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Jesús, “suavecito”, aprovecha para decirle una parábola. La parábola de la oveja perdida. Utiliza una imagen de la cual venían escuchando desde los profetas. Les dice: ¿Quién de ustedes si tiene cien ovejas y se pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la oveja perdida, hasta encontrarla? Quería enfrentarlos con la verdadera misión de Jesús que era y es, mediante nosotros, la de buscar, sanar y acercarse al que lo necesitaba. Sin mirar rostros, edad, género, lugar procedencia, cerca o lejos, en fin, nada impedía que se acercaran todos a él o que él se acercara a todos. La parábola me habla de cuidado especial. De búsqueda-te busco porque tienes un valor extraordinario para mí-no importa lo que tenga que hacer-voy y te busco. Si uno lo hace con nuestras cosas, ¡como Dios no lo hará y obrará de alguna manera para acercarnos a él! Mientras reflexionaba sobre el texto, recordé un himno muy viejo que aprendí de adolescente. Esta es la letra del himno, (Cien ovejas, para escuchar el cántico): Eran cien ovejas que había en el rebaño. Eran cien ovejas que un pastor cuidó. Pero una tarde al contarlas todas le faltaba una, le faltaba una y triste lloro. Las noventa y nueve dejo en el aprisco*. Y por la montaña, a buscarla fue. La encontró gimiendo, temblando de frío. Curo sus heridas, la tomo en sus brazos y al redil volvió Esta misma historia vuelve a repetirse. Hay muchas ovejas que sin rumbo van. Con el alma rota van por los collados. Temblando de frio vagando en el mundo sin Dios y sin fe.

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Las noventa y nueve dejo en el aprisco*. Y por la montaña a buscarla fue. La encontró gimiendo temblando de frío. Curo sus heridas, la tomo en sus brazos y al redil volvió. “Con el alma rota…” Si. ¡Con el alma rota! ¡Con la vida rota! ¿Nos acercaremos? ¿Los buscaremos? ¿Los juzgaremos? La parábola nos habla de responsabilidad, compromiso y sobre todo del grande amor que Dios nos ofrece. No fue solo de palabras. Envió a su hijo para enseñarnos, para darnos vida en la cruz y para acompañarnos siempre, porque la cruz no fue el final.

*Aprisco-paraje donde los pastores recogen el ganado para resguardarlo de la intemperie. 15


Lucas 15:8-10 UNA PARÁBOLA SOBRE LA MISERICORDIA

Rvda. Dra. Ileana M. Vargas Santiago Directora Oficina de Capellanía Escuela de Optometría Tradición bautista

La parábola de la moneda perdida es una comparación (mashal) del Nuevo Testamento que se registra solamente en el Evangelio de Lucas. Este relato nos muestra uno de los atributos más extraordinarios de Dios: la misericordia expresada en una desbordante alegría cuando se da un reencuentro: con la oveja perdida, el hijo pródigo y la moneda perdida. Casi todos nosotros guardamos con suma reverencia y atesoramos cosas en la vida, y experimentamos un gran sentido de pérdida cuando algo se nos pierde. A esta mujer de muy pocos y escasos recursos se le pierde una moneda. Algunos escritores afirman que llevaba las monedas colgadas en un velo como parte de la dote que le permitiría sobrevivir en caso de que quedara viuda. También podría ser considerada infiel si le faltaba una moneda. Quizás por ello la diligencia y premura con la que buscaba la moneda. De acuerdo al griego original, estas monedas eran dracmas; equivalentes a un denario romano, que era aproximadamente el salario de un día de trabajo. Moneda de mucho valor. Ella inicia la búsqueda hasta encontrar su moneda. Este relato nos muestra un hecho hermoso, inigualable e inexplicable: Dios por nosotros va más allá de lo que pensamos y creemos, busca a cada ser humano con ternura, delicadeza, insistencia y misericordia. La misericordia es esa mirada de Dios sobre nuestra fragilidad y naturaleza humana, que anima a los cansados, levanta a los abatidos de corazón, da fuerzas al que no tiene ninguna, venda a los heridos y sana los enfermos y quebrantados de corazón. El amor de Dios hace posible la alegría, el regocijo y el júbilo de la que ninguno de nosotros, por desesperado, atribulado, necesitado o por triste que esté, quede sin respuesta y tampoco está excluido. Se añade un dato sobre las casas típicas de aquella época que no tenían ventanas, o que solamente tenían grietas; por lo tanto, en su interior había muy poca visibilidad y para encontrar la moneda perdida se requería más luz. Dios ilumina nuestras vidas y nuestro caminar de ángulos diferentes de manera que podamos percatarnos y poner de lado las sombras que opacan nuestra visibilidad y encontrarle en medio de nuestras circunstancias, experiencias e imprevistos de cada ocasión. Para Él tenemos un valor incalculable.

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El cántico “Amor sin condición” de la agrupación Twice Música describe en detalle esa misericordia de Dios a nuestras vidas… Cuando enemigo fui Tu amor luchó por mí Has sido tan bueno para mí Cuando indigno fui Pagaste el precio por mí Has sido tan bueno para mí Tu amor me envuelve, me sostiene Amor sin condición Me persigue y deja las noventa y nueve Y va por mí No puedo ganarlo, ni merecerlo Tu amor se entregó por mí Tu amor me envuelve, me sostiene Amor sin condición No hay sombra que no alumbres Monte que no escales Para encontrarme a mi No hay pared que no derrumbes Cadena que no rompas para encontrarme

ORACIÓN: Ten piedad, oh Dios, según tu amor, tu inmenso amor incondicional Tú que eres el Señor Altísimo, de gran compasión, y continuo cuidador de nuestras vidas; Doblo las rodillas de mi corazón, implorándote un encuentro continuo con tu bondad y voluntad. Renueva el gozo y la alegría de encontrarte y como al salmista: Crea en mí,, un puro corazón, y un espíritu dentro de mí que se apasione cada instante de tu presencia, majestad y misericordia. Pregunta para Reflexionar: ¿Cuánto valor crees/entiendes tienes para Dios? Palabra para reflexionar: Búsqueda Lecturas del día: Mateo 5:15; Juan 10:16; Salmo 68:19

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Lucas 15.18-19 ENMENDAR, CLAVE PARA EL PERDÓN Rvda. Dra. Maricarmen Laureano Directora Oficina de Capellanía CeDIn Tradición: discípulos de Cristo Iré y le diré… Lucas 15:18-19 (TLA) Siempre me ha parecido curiosa la costumbre que tienen algunas personas de expresar con mucha ligereza, “perdone los inconvenientes” cuando tiene el propósito de excusarse por algo que han hecho mal y con ello han afectado a alguien. El uso de esta frase se ha viciado al punto de presentarse en una conversación, sin que siquiera se haya sopesado seriamente el daño que la otra persona ha sufrido por nuestra acción negligente. Y no es que no sepamos en cierto grado que al otro le hemos generado un problema, sino que no hemos sopesado la intensidad de ese contratiempo. Las razones para haber hecho de esto una costumbre pueden ser muchas: Que la frase sea solamente el producto de un adiestramiento laboral sobre la manera de conducirnos con un cliente, la imitación de un hábito que hemos observado en otros, la manera trillada de disculparnos sin tener que entrar en otras explicaciones que nos hacen sentir incomodos o que pudiese revelar la fragilidad de nuestra autoestima, etc. Lo importante de esto es que con ello estamos abandonando la valiosa acción de sopesar nuestras acciones y aprender de estas experiencias. Lo peor de esta situación es que pudiésemos estar trasladando este hábito a situaciones de la vida más graves que la de un descuido en medio del ofrecimiento de un servicio a un consumidor. Con una expresión ligera de “perdón”, sin haber meditado sobre el impacto de nuestro error en la vida del otro. La parábola del Hijo Prodigo es una clara demostración de esto. No fue un ligero “perdón” el que movió al hijo menor a volver a su casa. La frase del verso 17, “Por fin comprendió” nos hace ver que aquel joven tuvo la oportunidad de hacer el ejercicio mental de sopesar sus acciones y darse cuenta del impacto que había tenido su conducta en su vida y en la vida de su padre. “En la finca de mi padre los trabajadores tienen toda la comida que desean, y yo estoy aquí muriendo de hambre”, este pensamiento evidencia una primera conciencia de su error, teniendo como primera referencia la experiencia más inmediata, lo que estaba viviendo como consecuencia de su proceder. Es un percatarse, de primera intensión, de lo que ha sucedido. Una palabra ofensiva, el humillar al otro, el tratarlo como menos, el actuar negligentemente, etc. son algunos ejemplos que pudiésemos mencionar sobre esto. Se trata de reconocer que nuestra acción es la causa de lo que ha sucedido y tener el valor de reconocerlo interiormente, como una preparación anticipada para enmendar lo que hemos hecho mal. Una vez completada esta reflexión, podemos emprender la acción proactiva de hacer algo para arreglar eso que se ha roto… ¨iré y le diré a mi padre…¨. Este proceder es sincero cuando detrás de esa acción está no sólo arreglar las cosas para nosotros, ¨Le diré… que me dé un empleo¨ y así 18


tener la manera de sustentarse, sino que se trata más bien de mirar de frente nuestro error, ¨Le diré a mi padre que me he portado muy mal con él y con Dios… que no merezco ser su hijo¨. Este pensamiento del joven demuestra claramente un análisis cuidadoso en su conciencia, logrando de esta manera asumir responsabilidad por su conducta. Es claro que a este entendimiento se logra al observar con valentía nuestra propia conducta, aun cuando ello suponga ceder estima propia, la que sin duda terminará fortaleciéndose al comprender las áreas de oportunidad que tenemos para crecer, fortaleciendo de esta manera nuestro yo. Pero, no sólo se trata de internamente de reconocer con sinceridad donde hemos errado, sino que además podamos culminar este proceso haciendo algo a favor de nosotros mismos y de otros. Ir y hablar es parte de cerrar este proceso y ganar con ello madurez emocional. Este proceder tan sanador, se completa con la disposición del otro, en esta historia, el padre, de perdonar la ofensa. Expresiones como, “Cuando todavía estaba lejos, su padre corrió hacia él” y, “Pero antes de que el muchacho terminara de hablar, el padre llamó a los sirvientes” Ambas acciones denotan que el progenitor estaba esperando, no solo el regreso del hijo, sino que éste alcanzase la madurez de darse cuenta lo mal que había obrado. Agraciadamente, aunque tomo un tiempo, esta maduración en el carácter del joven se dio, lo que le permitió reconocer su error y restablecer su vida. No pasa nada malo si reconocemos cuando hemos obrado mal, por el contrario, se restablecen cosas tan importantes como son nuestras relaciones con los demás. Que el ejemplo en esta historia nos haga dar los pasos necesarios para enmendar aquellos errores que todavía nos afectan y que han impactado la vida de nuestro prójimo. Reconozcamos que podríamos haber creado “inconvenientes” tan significativos en la vida de otros, que nos es necesario atenderlos con premura. Recordemos sabiamente que enmendar nuestras faltas es parte del proceso de lograr perdón.

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Juan 12: 1-8 AMOR, GRATITUD Y SERVICIO Rvda. Carmen Inés Pérez Torres Directora Oficina de Capellanía Recinto de Bayamón Tradición: presbiteriana

El texto bíblico que nos ocupa en estos momentos es uno muy rico en contenido, pero la mayoría de las veces las personas se centran en Judas. Veamos otro lado del pasaje bíblico, éste nos reta a reflexionar en las siguientes preguntas: ¿Amo a Dios y a mi prójimo? ¿Cómo agradezco a Dios por la vida eterna, la salvación y el perdón inmerecido? ¿Soy parte de una comunidad de fe? Mi servicio a Dios en gratitud: ¿es a la comunidad donde me congrego? ¿es a la comunidad externa, que me rodea? ¿A quién sirvo? ¿sincero? La historia de Juan 12: 1-8, nos presenta a una comunidad (le hicieron) que compartía una cena y cuyo invitado de honor era Jesús. La razón de este agasajo fue la acción de Jesús de resucitar a Lázaro, su amigo. Vemos a una comunidad que, en vez de estar en duelo compartiendo una cena luego de un entierro, estaba celebrando, alegre y regocijada, por la acción maravillosa de Jesús de resucitar a Lázaro. Una celebración en gratitud. Una celebración por la vida, por la resurrección y por la esperanza. Betania es el lugar de la celebración. Betania es el lugar que representa la comunidad de fe allegada a Jesús. Betania es el lugar de descanso de Jesús. Betania es el lugar familiar de Jesús. Betania es el lugar donde Jesús se sentía en familia. Betania es el lugar donde residen Marta, María y Lázaro; los amigos, la familia extendida de Jesús. En el capítulo anterior (Juan 11) se narra sobre la enfermedad, muerte y resurrección de Lázaro. Los principales protagonistas de esta historia son: Marta, María y Jesús. Jesús se toma su tiempo para llegar hasta la casa de sus amigos, su propósito era mostrar la misericordia y el amor de Dios. Además, presentar la realidad de las promesas de Dios y afirmar que él es el Hijo de Dios. Para Marta y María fue afirmar su fe y confrontar sus creencias la esperanza de la vida eterna y la realidad del Mesías, con el milagro de Jesús en Lázaro. Marta es la primera que va al encuentro de Jesús en medio de su proceso de luto y duelo. Marta afirma su fe y esperanza en la resurrección del cuerpo y la vida eterna futura, ante la muerte de su hermano. Jesús la confronta. María es la segunda que va al encuentro con Jesús, porque fue llamada. María lloran ante los pies de Jesús. María, al igual que Marta reconoce que Jesús tiene el poder de sanar enfermos. Jesús la confronta. Ambas, Marta y María presencian el milagro de Jesús con su hermano. Jesús le pide a Dios que resucite a Lázaro y le ordena salir de la tumba. El milagro se hizo realidad, Lázaro resucitó y salió de la tumba vivo. Es por este milagro que se celebra la cena de gratitud que encontramos en la narrativa del capítulo 12 del evangelio de Juan. Volvemos a la historia. Diferente a las dos visitas anteriores de Jesús, para esta familia la muerte es una realidad y es parte de la vida. Pero con una diferencia, la muerte tiene en sí la esperanza 20


de la promesa de la resurrección, la esperanza de un nuevo encuentro, la esperanza de la vida eterna. Esta familia había experimentado lo que es la muerte de un ser amado. Esta familia estuvo viviendo el proceso de pérdida y de luto. Pero en esta visita era una de celebración. Marta y María están en un rol activo en medio de la misma. María demuestra su amor y gratitud a través del servicio a los invitados. María no está quejándose de la pasividad de Marta. María, me imagino, que estaba tan feliz y que ni siquiera se fijó si Marta estaba haciendo algo. En este relato Marta no está en una actitud pasiva como en la primera visita: escuchando a los pies de Jesús. Marta demuestra su amor sirviendo: ungiendo a Jesús. Era costumbre ungir a los invitados. En esta ocasión Marta utiliza un perfume caro, que pudiera tener extracto de nardo. Perfume sumamente costoso provenía del Himalaya o de la India, y era uno muy aromático (todo el lugar se llenó del olor del perfume). Marta no escatimó en el precio, para ella era una acción de gratitud, de amor y de desprendimiento. Creo que, para Marta, la relación con Jesús es una “priceless”. Jesús se merecía lo mejor. Para Marta y María este es el momento para expresar su amor, gratitud y servicio a Jesús. El momento es aquí y ahora, no después. Había que servir a Jesús ahora, con lo que se tiene, sin escatimar, sin límites porque no sabían cuánto tiempo más iban a tener a Jesús con ellas. Esta Cuaresma, pensemos si nosotros servimos a Dios aquí y ahora. Preguntarnos si participamos activamente en la comunidad de fe donde vamos. Reflexionemos si amamos a Dios, si creemos que Dios nos ha amado de tal manera que fue capaz de enviar a su Hijo para perdonarnos, salvarnos y darnos vida eterna. Te invito a que ames, a que seas agradecido, y a servir a Dios y al prójimo.

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Lucas 19:28 – 40 JESÚS, EL EMBAJADOR DE LA PAZ Rvdo. Pablo Rafael Caraballo Rodríguez Director Oficina de Capellanía Recinto de San Germán Tradición: presbiteriana El texto de Lucas 19:28-40 junto al Salmo 118:1-2, 19-29 son utilizados el Domingo de Ramos o Liturgia de las Palmas. Este día inicia la Semana Santa. Estas ramas simbolizaban la entrada de Jesús en Jerusalén antes de su crucifixión, cuando las gentes cubren el camino en señal de reverencia hacia el Rey que viene en el nombre del Señor. El relato de la entrada de Jesús a Jerusalén montado en un burrito aparece en todos los evangelios canónicos (Mateo 21:1-11; Marcos 11:1-11; Lucas 19:28-40; Juan 12:12-16). Jesús entra a Jerusalén como un peregrino que va a celebrar la Pascua. Algunos exegetas afirman que dos procesiones están entrando en Jerusalén: la procesión de Jesús, compuesta por campesinos y la procesión de Pilato compuesta por miembros del ejército imperial que se dirigían a la ciudad para evitar disturbios y prevenir, y aplacar la sedición, ya que la Pascua era una celebración de la liberación de Israel de otro Imperio opresor (Éxodo 12:1-30; Deuteronomio 16:1-8; Números 28:16-25; Levítico 23:4-8). La celebración de la Pascua aumentaba el fervor nacional judío que anhelaba y clamaba por su liberación del imperio opresor de turno, en este caso, el Imperio Romano. Poncio Pilato y los soldados representaban el poder, la teología, la gloria y la violencia del Imperio Romano que gobernaba el mundo. Los representantes del Imperio Romano vienen a imponer la paz (pax romana) a través de la fuerza y el poderío militar. Mientras Poncio Pilato, gobernador de Idumea, Judea y Samaria, entraba en Jerusalén al frente de una columna de soldados, Jesús entra a Jerusalén como un peregrino en medio de muestras de alegría de sus discípulos y los campesinos, que lo aclaman con las palabras de un Salmo real (118:26): ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! (Lucas 19:38). Estas aclamaciones subrayan el aspecto triunfal de la entrada de Jesús en Jerusalén. Esta no es una procesión neutral. Jesús organiza cuidadosamente su entrada a Jerusalén. Dos de sus discípulos van a buscar un burro en el cual colocan mantas y montan a Jesús. Así se cumple el mensaje del profeta Zacarías (9:9), que anunciaba la llegada de un Mesías justo y humilde, montado en un burro y no a caballo o en un carro de guerra, presentándose así, como el príncipe de la paz (Isaías 9:5-7). Jesús va a entrar a Jerusalén como un embajador de paz; una paz que se consigue por el poder del amor y la justicia. Según avanza la procesión de Jesús la multitud coloca mantos en el camino, tributándole el homenaje que se le daba a los reyes (2 Reyes 9:13). El Evangelista introduce varias alusiones al relato de entronización de Salomón (1 Reyes 1:33-40), que dan mayor énfasis a la realeza de Jesús. La aclamación de la multitud le va a causar problemas a Jesús. No en vano, luego de su arresto, Pilato le pregunta: ¿Eres tú el rey de los judíos? (Lucas 23:3).

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La meta de Jesús es llegar a Jerusalén (Lucas 19:28). Jesús es recibido como un Rey que prepara su trágico destino: arresto, tortura y crucifixión hasta la muerte. Ya él había predicho su muerte (Lucas 9:21-22, 43b-45; 18:31-34). Los que acompañaban a Jesús no llevaban armas. Y es que la procesión de Jesús ofrecía una visión alternativa al reino del Imperio: el Reino de Dios. Jesús no entra a Jerusalén como un conquistador militar, sino como un embajador de la paz. Algunos estudiosos entienden que esta entrada triunfal de Jesús a Jerusalén se construyó a partir del texto de Zacarías 9:9 y del Salmo 118:25-26 por parte de sus seguidores tras la resurrección. Esto debido a que los romanos no hubieran permitido un acto público de esta magnitud en estas fiestas de Pascua en momentos cuando Jerusalén estaba lleno de peregrinos. Para otros, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, la aclamación real y las actividades en el templo, fueron la mecha que encendió la ira de Roma y del liderato religioso judío que conspira con el poder político de turno para crucificar a Jesús (Lucas 19:41-20:8; Mateo 21:12-17, 23-27; Marcos 11:12-19, 27-33). Ya esto se puede notar en la reacción de algunos fariseos que le dicen a Jesús que reprenda y calle a sus discípulos. La respuesta de Jesús es un rechazo a la petición de los fariseos: «Les aseguro que, si ellos callan, gritarán las piedras» (Lucas 19:40). Esta palabra profética la encontramos Habacuc 2:11. Esto puede significar que nada ni nadie puede detener la aclamación y el reconocimiento de la realeza y el mesianismo de Jesús. Si los discípulos son silenciados, alguien tomará su lugar para proclamar a Jesús como el Rey que viene en nombre de Dios. Como Pilato, las naciones poderosas quieren traer la paz a través del despliegue de su poderío militar. Unas a otras se amenazan con la competencia y la carrera armamentista. En un mundo donde hay tanta violencia necesitamos embajadores de la paz con justicia. Hombres y mujeres que asumen la causa de Jesús: el Reino de Dios: Reino de paz y justicia. Como está escrito: «¡Cuán hermosa es la llegada de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Romanos 10:15). Que nuestras voces no sean silenciadas y continuemos proclamado que Jesucristo es el Señor, el embajador de la paz.

Oramos (autoría atribuida a San Francisco de Asís) Señor, haz de mi un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la fe. Que allá donde hay desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

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Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna.

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Juan 13:1-21 ¿SABES LO QUE OS HE HECHO?

Rvda. Dra. Ivelisse Valentín Vera Directora Oficina de Capellanía Recinto Metropolitano Tradición: nazareno Jesús viene a mostrarnos el carácter del Padre y los fundamentos del Reino a través de sus palabras, pero sobre todo de sus acciones. Jesús en el evangelio de Juan conoce su misión, conoce el corazón de los seres humanos y tiene conocimiento del futuro. Contrario al Jesús de los Sinópticos, frente a quien se va develando la misión y la voluntad de Dios; el Jesús que leemos en Juan 13, manifiesta con claridad el conocimiento de lo que ha de sufrir. Jesús sabe que la hora de morir ha llegado, sabe que Judas, quien cena con él, le ha de entregar y sabe que los discípulos tienen su entendimiento velado: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.” (v7) La experiencia de los discípulos sigue siendo la experiencia de todos nosotros. Muchas veces la obra de Jesús es difícil de entender; tenemos los ojos velados. Por eso, es importante retomar la pregunta de Jesús y tratar de responderla con humildad: “¿Sabes lo que os he hecho?” (v12) Este texto es un anticipo de la redención a través de la cruz. Si no podemos entender el ejemplo de servicio radical y de inclusividad radical que toma lugar en este relato, mucho menos estaremos listos para comprender lo que está por venir. Hoy, todavía existe un velo frente a los actos simbólicos de Jesús en el evangelio de Juan. Para comprenderlos mejor necesitan ser decodificados en clave de amor. “Sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.” (v1) Jesús se encuentra ante hombres que ejemplarizan la humanidad. Algunos de ellos de corazón limpio que procuran conocer a Dios y hacer su voluntad; pero aun así salpicados del polvo del camino, de la ceguera parcial, que solo se limpia y se devela cuando aceptamos el orden revertido del Reino de Dios: el mayor es el que sirve. En esto consiste el servicio radical. Dejarnos limpiar implica hacernos vulnerables, admitir nuestras faltas y, sobre todo, reconocer que solos no podemos, que solo el amor de Dios manifestado a través de Jesucristo en la cruz puede limpiarnos, y limpiarnos, y limpiarnos; todos los días, del polvo del camino. “Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.” (v8). Otros somos como Judas, el hijo de Simón, no estando limpios nos sentamos a la mesa con el Señor y cenamos con él (v11) pero aun así Jesús se inclina y le lava los pies. En eso consiste la inclusividad radical. Dios, aun en pleno conocimiento de nuestras intenciones y nuestra maldad, 25


nos incluye en su servicio. Para Jesús la manifestación última del amor es el servicio; porque al servir entregamos nuestro yo, al servir entregamos nuestra voluntad, al servir entregamos nuestros prejuicios, al servir entregamos nuestra lealtad, al servir demostramos dónde está nuestro corazón. Al servir ponemos al otro primero. “¿Sabes lo que os he hecho?”, es la pregunta que sirve de lente para mirar este relato. No es una pregunta histórica que se queda en el pasado. Es una pregunta viva. Es una pregunta que encuentra respuesta cuando podemos mirar la obra redentora de la cruz como un gesto de servicio e inclusividad radical; tanto para los que están limpios, con solo polvo en sus pies, como para los que no lo están. Las acciones de Jesús nos llaman a reflexionar sobre las nuestras: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.” (v15) Si no sabemos lo que Dios ha hecho por nosotros, no podemos hacerlo a los demás. “¿Sabes lo que os he hecho?”

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Juan 13:21-30 ¿QUIÉN SERÁ? Rvdo. Osvaldo Montalvo Nazario Director Oficina de Capellanía Escuela Elemental y Superior Antolina Vélez Tradición Presbiteriana

La teología tiene una forma peculiar de presentar realidades, un ejemplo lo es este pasaje de Juan, donde las tensiones teológicas son persistentes y palpables. En un extremo está el discípulo amado de Jesús y en el otro el que lo traicionó. En Juan 13:23 se da la primera introducción al Discípulo Amado. Él nunca ha aparecido en el Evangelio antes de este punto, sin embargo, es muy amado por Jesús. ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora? Vemos el contraste entre los dos discípulos, uno que se encuentra en el seno de Jesús, y uno que sale del reino a las tinieblas, de la comunidad que ha conocido y formado parte por tres años.1 Lo que le sucedió a Judas también puede servir como una advertencia de que cualquiera podría ser presa de las tentaciones y convertirse en un traidor. Los capítulos 13-17 del Cuarto Evangelio se conocen como el Discurso de Despedida y por una buena razón. Estas son las últimas palabras de Jesús a sus discípulos, solo para sus discípulos, donde les dice adiós. Es Jesús en su máxima presentación pastoral. Este es Jesús como pastor, amigo, mentor y maestro hablando con cada emoción que le acompaña2, dando el discurso desde los más profundo de su corazón. Estos nueve versos narran la penúltima aparición de Judas hasta su regreso fuera del jardín al arresto de Jesús. El alma de Jesús está "turbada", que también puede traducirse como "agitada, perturbada o confundida". El mismo verbo aparece en 14: 1: "No dejes que tu corazón se turbe. Cree en Dios, cree también en mí ”.3 Este es un momento perturbador, un tiempo preocupante, aún más, por la posibilidad de la traición de uno de los propios de Jesús, alguien que ha estado con ellos durante tres años, uno de los Doce. Los discípulos se miran unos a otros, preguntándose quién podría ser. ¿Quién podría ser, de hecho? El versículo 22 merece atención en nuestra reflexión sobre este pasaje, especialmente en el contexto del siguiente versículo que menciona, por primera vez, al discípulo a quien Jesús amó. El versículo 22 confirma que, cuando los discípulos se miran entre sí, también se miran a sí mismos, como deberíamos nosotros.4 ¿Por qué Judas? ¿Por qué no fuimos nosotros? ¿Por qué no fui yo?

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Jarvis, Cynthia A .. Feasting on the Gospels - John, Volume 2: A Feasting on the Word Commentary. Westminster John Knox Press. Versión Kindle. 2 Lewis, Karoline M.. John (Fortress Biblical Preaching Commentaries). Fortress Press. Kindle Edition. 3 Ibíd 4 Ibíd

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Porque sabía quién iba a traicionarlo (13:11). Una vez más Jesús dijo: “No estoy hablando de todos ustedes; Sé a quién he elegido. Pero es para cumplir con la escritura: "El que comió mi pan ha levantado contra mí su calcañar"5 . Claramente, la traición de Judas pesa sobre el espíritu de Jesús. Judas era un discípulo, cercano a él y en él confían el bolso común. Nada puede ser más doloroso que el apuñalamiento por un ser querido. No es de extrañar que Jesús se sintiera angustiado.6 Existen cuatro razones por las cuales Jesús le dijo a sus discípulos acerca del traidor antes de ser traicionado. La primera, es cumplir la profecía de la Escritura (13:18) y probar que todo, incluso la conspiración, está bajo la providencia de Dios. La segunda, es cumplir la profecía de Jesús para que los discípulos puedan creer que Jesús es el Mesías cuando sus palabras se hagan realidad (13:19). La tercera, es mostrar que Jesús tenía conocimiento previo, y no evitó la traición, porque el Hijo obedece la voluntad del Padre, incluso hasta la muerte. El cuarto es mostrar que Jesús estaba en control de su destino7. No fue una víctima política, ni su muerte fue un mero accidente. Más bien, abrazó su muerte con gloria, de modo que sus creyentes puedan recibir el amor y la vida eterna de Dios.8 Jesús visualizó el futuro de sus discípulos y así también el de nosotros como lectores de su evangelio y sus seguidores. Nosotros que no contamos con su presencia física, pero nos sostenemos en sus palabras de restauración; somos los Judas hoy día. Sabemos que se nos ha hecho el anuncio de la traición y aun así levantamos nuestro calcañar para cometer la traición y darle la espalda a Jesús. ¡Sí, lo hacemos; le traicionamos y le fallamos! Cuando actuamos con indiferencia, sin empatía, al ser injustos, al juzgar y señalar le damos la espalda al maestro. Nuestras acciones, como las de Judas, también perturban a Jesús, le ocasionan dolor y angustia. Por eso, es importante entender que, aunque le fallemos, siempre él tendrá un lugar para nosotros en su mesa y su Gracia y Amor nos sostendrán. Dios permitirá que veamos que, a pesar de todo, cumplirá su propósito en nuestras vidas. Al preguntarnos ¿quién será?, tenemos que contestar que hemos sido todos; somos y seremos todos. Jesús nos ha dado el pan que el mojó en el plato, la única diferencia es que nosotros recibimos su perdón después de cada anuncio de la traición. En ocasiones, seremos nosotros los traicionados y tendremos que aprender a perdonar, como se nos enseña en la oración del Padre Nuestro. Confiemos en la gracia restauradora de Dios y pidámosle que en esta época de Cuaresma y en la Semana Mayor, podamos perdonar a aquellos que nos traicionan de la misma manera en la que Jesús ha perdonado nuestras traiciones y así poder disfrutar de la Gracia de Dios.

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Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988. 6 Jarvis, Cynthia A .. Feasting on the Gospels - John, Volume 2: A Feasting on the Word Commentary. Westminster John Knox Press. Versión Kindle. 7 Ibíd 8 Lewis, Karoline M.. John (Fortress Biblical Preaching Commentaries). Fortress Press. Kindle Edition.

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Marcos 14.22-25 UN NUEVO PACTO Rvda. Ana B. Rivera Acevedo Directora Oficina Capellanía Escuela San Germán Interamericana Tradición: discípulos de Cristo En este tiempo de Cuaresma el pasaje de Marcos en el cual reflexionamos hoy nos remonta a esa última noche de Jesús con sus discípulos. El capítulo 14 lo podemos dividir en tres momentos importantes; primero la mujer que unge a Jesús con alabastro, segundo la escena desarrollada en torno a la mesa y tercero Jesús en Getsemaní y su arresto en este lugar. Les invitos a reflexionar en ese segundo momento; Jesús en la mesa con sus discípulos, incluyendo aquel que habría de traicionarlo, celebrando la cena de la pascua dentro de la tradición judía y hoy para los cristianos la mesa del nuevo pacto, la nueva alianza. Las palabras que Jesús utiliza en este momento íntimo con sus discípulos son motivo de alta reflexión teológica. Siempre me impacta cuando escucho las palabras: Tomad, esto es mi cuerpo inmediatamente me lleva a reflexionar en lo que realmente Jesús quería decir a sus discípulos “este es mí ser, todo lo que soy, todo lo que tengo”. Jesús es el alimento de su pueblo hambriento de justicia y de amor. Este acto de la cena se puede considerar una antesala de lo que será ese banquete con nuestro Creador. Jesús continúa compartiendo la mesa con sus discípulos y añade; Esto es mi sangre del nuevo pacto; me parece escucharlo decir: “entrego todo, mi existencia y hago un pacto nuevo, una nueva alianza, un compromiso definitivo con el mundo”.

La mesa trae esperanza para todos y todas. Jesús entregó todo ser, su esencia, y no conforme con entregarse en sacrificio anuncia y afirma que hay un nuevo pacto, una nueva alianza con toda la humanidad. Cuanta esperanza, cuanto amor, cuanta entrega por ti, por mí, por toda la humanidad. En el contexto de la mesa celebramos la gracia, la salvación y la presencia de Cristo en el mundo. Es motivo de celebración, de gozo, y de acción de gracias. Invitarnos a participar de su 29


ser, de su existencia y ser partícipes de una nueva alianza con Dios es un asunto que debe mover lo más profundo de nuestra humanidad y acercarnos en humildad a Él y participar de esta nueva esperanza. ¡Hay esperanza! ¡Hay salvación! Jesús se entregó por completo para el bienestar de toda la humanidad. En este periodo de Cuaresma reflexionemos en cuan significativo es este momento de la mesa. Es una invitación de Jesús a participar de todo lo que él es, todo lo que significa su cuerpo partido y su sangre derramada y reafirmo como el evangelista que este sacrificio se hizo por todos y todas. Reflexionemos en cuanto amor hay envuelto en todo este acto y vivamos ese amor y esa misericordia para con el prójimo. Hagamos el reino de Dios más presente en nuestros contextos familiares, comunitarios, trabajos, y que todos puedan ver el amor, la misericordia y la imagen de Dios mismo en y a través de nosotros.

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Lucas 22.24-29 LA GRANDEZA DE UN CRISTIANO Rvdo. P. Francisco Quiñones Díaz Director Oficina de Capellanía Academia Interamericana Metro Tradición: católico romano Jesús le dijo a Poncio Pilato que su reino no es de este mundo. El reino de Jesús habita en nuestra vida interior y no necesita de un palacio, ni de un trono ni cetro. Jesús afirma esto en su juicio porque la crucifixión será su coronación real. Es por esa razón que ahora acentúa la grandeza de su reino en el servicio. Y lo hace ante sus discípulos para que comprendan la diferencia. En el reino de Dios la grandeza está en dar y entregarse dando la vida a los demás por amor sin esperar nada a cambio. Jesús muestra el espíritu del buen pastor para que todo cristiano(a) al ejercer autoridad lo haga con el mismo espíritu. Él entregará su vida como el que sirve y lo mostrará antes al lavarles los pies en la cena de despedida. Si tu servicio es entrega; los servidos por ti recibirán el calor que produce una entrega de amor. Ese es el fruto del espíritu del buen pastor.

ORACIÓN Señor, ayúdanos a ser servidores de nuestro prójimo comunicando tu espíritu para aprender a darnos como tú te entregaste para salvarnos. Pregunta Para Reflexionar ¿Le has pedido a Jesús que te conceda vivir el espíritu del buen pastor? Reflexiona:

“El que no vive para servir, no sirve para vivir.” Rabindranath Tagore.

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Juan 13:36-38 JESÚS ANUNCIA QUE PEDRO LO NEGARÁ

Luis Antonio Borri Díaz, Ed.D. Director Oficina de Capellanía Facultad de Derecho Tradición: católica romana

La expresión de Pedro es inmediata y efervescente, como si hablase sin pensar: “¿Por qué no…? ¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti!” Jesús le responde con una pregunta, seguida por una aseveración: “¿De veras?… me negarás tres veces...” Esta escena trae a la mente otra escena, precisamente unos versos antes cuando Jesús le dice a Judas: “Has rápido lo que vas hacer” (Jn 13: 27). Uno niega a Jesús y el otro lo “vende”. En el contexto de la relación estrecha entre Jesús y sus discípulos, no hay mucha diferencia entre negar y vender a un amigo. Cuando tomaron consciencia de sus acciones, Pedro y Judas sintieron el peso de las consecuencias. Ante esto, inicialmente ambos respondieron en forma similar, pero más adelante, uno perdió la esperanza y el otro no. Vivimos inmersos en una cultura que en carácter de urgencia consume lo que produce: la inmediatez. Y sumidos en la efervescencia de la inmediatez, es muy fácil ofrecer y aceptar soluciones que solamente conducen a callejones sin salidas y a un choque frontal con la pared que se impone al final. Es un momento doloroso, pero puede ser uno privilegiado pues es el momento de tomar consciencia de lo que se ha negado y de lo que se ha vendido. A pesar de las diferencias de tiempo y espacio, es el mismo momento en que se encontraron Pedro y Judas. Ahora en ese momento nos encontramos nosotros. Independiente de la denominación eclesial, los cristianos se preparan para celebrar lo más fundamental de la experiencia de la fe cristiana: el crucificado, muerto y sepultado, ha resucitado y vive entre nosotros. Es la semilla de fe que retoña en esperanza. Ante nosotros, hay asuntos amargos y difíciles para entender y atender. Para algunos la gestión por realizar puede que sea agobiante e insoportable y por lo tanto el testimonio de la esperanza es indispensable. No se trata de ser o pretender ser mejor que otros; se trata de escuchar, animar y buscar salidas.

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Juan 17. 1-26 DIOS-TRINIDAD-AMOR Marcos Manuel Márquez Pagán Director Oficina de Capellanía Academia Ponce Interamericana Tradición: católico romano

Juan lleva al momento culminante de la cena del Señor la redacción de esta oración intercesora. Es un camino teológico que desemboca en la celebración de la Pascua Nueva y Eterna. Es evidente cómo en todo su evangelio Juan presenta las acciones de Jesús seguidas de un significado teológico particular. El evangelista comienza preparando el escenario en el capítulo 14 (Jn 14, 1-31) donde se presenta como el único camino hacia el Padre eterno y su relación con la misión del Espíritu Santo. La imagen trinitaria es exquisita. Para continuar la profundidad de este discurso de Jesús, Juan nos presenta la imagen de la “vid” (Jn 15, 16), pero no sola la vid como se presentaba en el pueblo hebreo, sino como la “vid verdadera”. Inmediatamente después nos presenta la gran oración en la que intercede por sus discípulos y por todos aquellos que creerán en el testimonio de ellos. Jesús es el ungido, el mesías prometido, y su papel de pontífice intercesor queda reflejado en el texto de Juan. El mensaje del evangelista Juan es eminentemente teológico, es por esto que la redacción de esta hermosa oración, de carácter sacerdotal, de Jesús posee un significado elocuente en la última cena. Juan no recoge la agonía del huerto, ni el sudor como gotas de sangre (Lc 22, 44), pues la agonía de Jesús se ve reflejada en esta oración de intercesión. Jesús sufre y en ese sufrimiento sabe elevar una oración al Padre. Su humanidad es llevada al límite de nuestra naturaleza y es asumida amorosamente por Él. Precisamente en el dolor se prueba la fe de los creyentes y el ejemplo de Jesús nos llama a tomar la misma postura frente al sufrimiento: la oración. Jesús nos propone un modelo perfecto de oración, (Mt 6, 9-13) pero nos advierte de que esa oración no sea como la de los hipócritas, que pretenden exhibir sus excelentes posturas de oración (Mt 6, 5-6). La oración de Jesús en la última cena es completamente incondicional, muestra el amor de entrega total a sus discípulos. Puede verse como se olvida de sí y ruega al Padre por ellos, y no solo por ellos, sino también por nosotros; por todos aquellos que hemos creído y hemos dado testimonio de Cristo. El amor de Jesús se demuestra en la intensidad de su oración; no podemos menos que responder con la misma intensidad en nuestra oración personal. El amor es el principio y la finalidad de toda obra buena, pues Dios mismo es Amor (1 Jn 4, 8). En los versos 15 al 17, Jesús enfatiza su oración para que el Padre nos libre del maligno, reafirma que no somos del mundo y culmina con la frase: “Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad”. El maligno se presenta como padre de la mentira (Jn 8,44), una mentira que se encuentra en el mundo pero que, al no formar parte de ese mundo, aun viviendo en él, debemos estar precavido y confiar en la ayuda del Señor. Las primeras comunidades cristianas ya tenían muy claro los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. El mundo nos engaña con la felicidad parcial, no porque sea del todo mala, pero desvía el norte del amor. El demonio engaña, porque no está en la verdad y su obrar es el pecado. La carne es débil (Mt 26,41) y si no 33


disponemos nuestro corazón a recibir la gracia de lo alto, seremos engañados por el mundo y el demonio. Jesús conoce nuestra naturaleza humana, y su oración es eficaz porque sabe lo que nos hace falta. Toda nuestra confianza debe estar en Jesús, pues si ya conocemos que Él mismo es la Verdad (Jn 14, 6) y desde el prólogo de juan nos dice que Él es la Palabra (Jn 1, 14), somos santificados en Él. Jesús clama al Padre para que la santificación, obrada por el Amor de Dios, el Espíritu Santo, inhabite en nosotros. Es decir, nuestro Dios Uno-Trino se hace presente en esta oración pontifical; crea un puente entre Dios y nosotros. Así como el Hijo intercede por nosotros al Padre en una relación de Amor, Espíritu Santo, de esa manera, a imagen de Dios mismo, debe ser nuestra relación con Él y con los demás. Jesús pide expresamente en el verso 23, que, así como Él junto al Padre son uno, así seamos nosotros los cristianos. Pero no solamente que seamos uno, sino perfectamente uno, es decir que no haya la mínima fisura, la mínima división. No sólo para mantener una iglesia unidad, sino para que sea testimonio vivo de la presencia de Dios-Trino en el mundo, para que el mundo crea. La división de los cristianos es el mayor anti-testimonio de la predicación del evangelio. Creemos en un solo Dios, en uno solo. Su trinidad de personas es tan perfecta que no hay división ni puede haberla. Esa debe ser la vivencia de nosotros como cristianos. Vivir los hermanos unidos (Hch 1, 14), en comunidad, en una vivencia de la Trinidad hoy. Que la unidad de los cristianos de hoy sea la mejor predicación del Dios verdadero a todas las naciones.

Esta Cuaresma se nos presenta como una gran oportunidad para lograr esa vivencia de la Trinidad, que no es otra cosa que amar en unidad. Esto se logra con la oración. Orar, dialogar íntimamente con el Señor, es la clave para lograr una vivencia auténtica de la Trinidad. Necesitamos de su gracia, necesitamos de su amor. Nuestro Dios Uno-Trino es la revelación fundamental en el mensaje de Jesús y es nuestro fundamento distintivo entre todas las demás religiones. No podemos pretender que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea una creencia más en nuestras vidas. Nuestra perseverancia en la fe y nuestra unidad como cristianos depende de nuestra relación con nuestro Dios, Uno-Único. Dirijamos nuestra mirada a Jesús y preparemos nuestro corazón para que su oración de intercesión no quede frustrada a la puerta de nuestra alma. Reconocemos que Dios habita en nosotros por la fuerza del Espíritu Santo (Ef 3, 16-17) y recibimos su bendición, en el nombre del Padre, y del Hijos, y del Espíritu Santo. Amén.

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San Juan 18:39-40

JESÚS O BARRABÁS Dr. Freddie De León Director Oficina de Capellanía Academia Interamericana de Arecibo Tradición: Discípulos de Cristo

El ejercicio de nuestra voluntad es una cualidad humana que manifestamos desde bien temprano en la vida aún antes de que exista conciencia sobre la misma. Desde el relato del Génesis se nos presenta a Adán y Eva, tomando decisiones, porque la misma es parte esencial de la vida cotidiana de cualquier ser humano. Eventualmente en nuestro desarrollo comenzamos a valorar cuán importante es la libertad del ejercicio de la voluntad para la toma de decisiones. Vivimos tomando decisiones y nuestra vida depende de las mismas. Desde que nos despertamos hasta que nos dormimos estamos tomando decisiones. Unas más relevantes que otras ¿me levantaré hoy?, ¿qué ropa me pondré?, ¿qué desayunaré?, ¿qué ruta tomaré?, etc. Sin darnos cuenta el día transcurrió de esa manera, tomando decisiones. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante Pilato y por causa de la envidia, celos y odio, habían tomado la decisión de matarlo desde hacía tiempo (Juan 5:18; 7:1; 11:53). Sus malas intenciones se habían frustrado, pero con la ayuda de Judas Iscariote, el traidor, habían logrado arrestar a Jesús. Después de un supuesto juicio, lo sentenciaron a muerte. Pero una vez hecho, no podían ejecutar la sentencia; los romanos no les permitían ejecutar a nadie (18:31). Esa era la política normal romana en todos los territorios que dominaban; no querían que los nacionalistas ejecutaran a quienes eran leales a Roma. En el pasaje bíblico que nos ocupa, es evidente que Pilato no quería tratar este pleito, tal vez por darse cuenta que era motivado por un fanatismo religioso, y quizás originado también por un sueño que su esposa había tenido (Mateo 27:19). Intentó en varias maneras evitar la muerte de Jesús: en el verso 31 del capítulo 18, insiste en que los mismos judíos lo traten; se lo envió a Herodes; ofreció librarlo como una muestra de buena voluntad durante la Pascua; y ofreció azotarlo y luego soltarlo (Lucas 23). Nada de esto satisfizo a los líderes judíos. Juan registra nada menos que tres veces que Pilato lo declaró inocente (v. 39; 19:4, 6). El gobernador Poncio Pilato deja el pueblo que decida a quién elegir para darle la libertad; a Jesús o a Barrabás. ¿Quién era Barrabás? Ya hemos escuchado su nombre muchas veces. Lo vemos en películas relacionadas con Jesús. Cuando llega el día de crucifixión ahí está junto con Jesús. Barrabás, que significa, hijo del padre, lo cual probablemente indica que era hijo de un rabino; era un famoso ladrón, un bandido. Por lo tanto, Barrabás era un criminal, responsable de sedición, homicidio y robo, por lo cual había sido encarcelado. Era un asesino. Es así como lo llama Pedro en Hechos 3:14. La pena para ese crimen era la muerte.

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Cuando los líderes judíos llegaron a la sede de Pilato, se quedaron afuera y no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la Pascua. Esta devoción equivocada de los religiosos legalistas queda ilustrada: los líderes judíos esperaban agradar a Dios por medio de legalismos expresados en la separación física de una casa gentil, mientras asesinaban ilegalmente a Jesús. Evitaban constantemente cualquier contaminación ceremonial superficial, pero no le importaba la contaminación moral profunda en la que incurrían al rechazar y condenar a muerte al Hijo de Dios. ¡Qué tal! Este ejercicio de una voluntad que decide ser deshonesto al actuar de forma incongruente entre lo que se dice ser y lo que se hace. Es así como se vive una doble vida donde se intenta aparentar una supuesta devoción, pero que a la vez se obra con injusticia y maldad. ¿Jesús o Barrabás? ¿Jesús o Barrabás?, es una elección que aún a través de la historia se continúa debatiendo. Hoy en el siglo XXI se escoge a Barrabás cuando se oprime y se maltrata al prójimo. Se escoge a Barrabás cuando los más débiles son desprovisto de los recursos para suplir sus necesidades básicas, se escoge a Barrabás cuando se legisla para oprimir a los sectores minoritarios y marginados de nuestra sociedad. Se escoge a Barrabás cuando se ve la injusticia y no se denuncia. Cuando se contamina nuestro ambiente robándole la salud y el bienestar a nuestras comunidades. Cada vez que se levanta una mano para golpear en el hogar, una palabra homicida que destruye las relaciones de sana convivencia, cada vez que un niño es abusado, una pareja asesinada y un anciano abandonado; se está escogiendo a Barrabás. Nuestro mundo y particularmente nuestra isla de Puerto Rico necesita de un pueblo que se levante a una sola voz y escojan a Jesús, pero no únicamente como un asentimiento religioso para aplacar sus conciencias enfocadas en un futuro trascendental, sino en una acción que se traduzca en establecer el reino de Dios en justicia, en equidad y hermandad. Escoger a Jesús es vivir la ley del amor. Escoger a Jesús es aprender a perdonar y no a condenar. Es valorar a la gente por lo que es y no por lo que puedan tener. Escoger a Jesús es abrazar al enfermo, es acompañar al anciano, es saciar al hambriento, es sanar la mente al escuchar, escoger a Jesús es llorar frente a la tumba de los Lázaros que caminan con nosotros. Es muy fácil escoger a Barrabás porque es el que en esencia representa nuestra propia naturaleza humana egoísta, materialista y superficial. No obstante, es una decisión vital que marca una gran diferencia en la forma de vida de nuestra sociedad, de nuestras comunidades, de nuestros lugares de trabajo, de nuestras familias. Decidir vivir como Jesús es lo que contribuirá a cambiar el mundo afirmando la bondad que a final de cuenta está impresa en nuestro ADN como imagen de Dios. ¿Jesús o Barrabás?, es una decisión diaria en nuestro peregrinar. No hagamos como Pilato que no asumió ninguna postura ante la injusticia delegando en otros la decisión a tomar. Hoy día hay muchos “lavándose las manos como Pilato”, ante los que oprimen al prójimo, ante los que abusan de la niñez, ante los que promueven la confrontación y la violencia, ante los que procuran los grandes intereses a costa de un pueblo que sufre la traición.

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Mateo 27:15-30 SENSATEZ E INSENSATEZ

Rvdo. José Eliú Rodríguez García Director Capellanía Universitaria Recinto de Barranquitas Tradición: wesleyana

Jesús, sometido a juicio. El texto, en reflexión, sobre la sentencia de Jesús forma parte del relato de la pasión según el evangelio de Mateo. De igual modo, se encuentran los textos paralelos del juicio y sentencia de Jesús de los otros evangelios. Jesús fue sometido a dos juicios antes de ser sentenciado a muerte capital en el madero. Primero, fue llevado a las autoridades judías (Mateo 26:57-68). Luego, ante Poncio Pilatos (Mateo 27:1-31) para el juicio oficial y definitivo, ya que solo las autoridades romanas tenían el poder legal para condenar a una persona a muerte, en este caso, a Jesús. En ambos, Jesús fue sometido a fuertes interrogatorios. Los juicios se caracterizaron por fuerte animosidad, ilegalidad e irregularidades planeadas por las autoridades judías con la intención de matar a Jesús. En Mateo 27:15-30, ya en medio del juicio, Pilatos pretendiendo desviar la animosidad contra Jesús, presenta al pueblo la alternativa de soltar a uno de los presos, Jesús o a Barrabás, según la costumbre en el día de la fiesta de Pascua. Pilatos trató de convencer a la gente de la inocencia de Jesús, sin tener éxito alguno, por concluir que no hay causa para condenarlo. A recomendación de su esposa, opta por distanciarse de los que desean la muerte del reo, Jesús. Luego, lavándose las manos, dramatiza salvar su responsabilidad de la muerte de un hombre inocente. Contrario a ellos, y a causa de la incitación por parte de las autoridades judías, fuertemente interesados en condenarlo, los presentes en el juicio no cesaron de aclamar que crucificaran a Jesús.

Jesús, condenado a muerte. Finalmente, las autoridades judías (sacerdotes y ancianos) persuadieron e incitaron a la multitud que pidieran la muerte de Jesús. Es entonces que liberan a Barrabás y Jesús es entregado para ser azotado y luego crucificado. Trasladado al pretorio el reo de muerte fue rodeado por los soldados, quienes tomaron ocasión para humillarlo (lo desnudaron), para burlarse (colocaron manto de escarlata sugiriendo atuendo al estilo de los reyes), le colocaron una corona de espinas y la caña en su mano derecha (burla de la corona y el cetro de un rey) a la vez que decían ¡Salve, rey de los judíos! Fue escupido y golpeado. Habiendo hecho todo eso lo llevaron para crucificarle obligándolo a cargar sobre sus hombros el madero transversal de la cruz en la que sería crucificado. Sensatez e insensatez Jesús de Nazaret proclamó el mensaje del Reino de Dios. Un proyecto de vida caracterizado por la práctica del amor, la compasión, la paz y la justicia. Vino a este mundo a enseñarnos a vivir bien, es decir, libres de los valores corrientes (antivalores) que el mundo absolutiza y considera 37


necesarios para ser feliz. Propuso una transmutación de valores dirigidos, ante todo y, sobre todo, a rehacer al ser humano de adentro hacia fuera, devolviéndole la felicidad y la paz. Dios, revelado en Cristo, ha puesto fin a toda estrechez y sufrimiento humano. Abrió un nuevo horizonte de vida en donde el bienestar y la alegría son posibles, porque Dios así lo quiere; en contra de lo que esclaviza, limita, enajena, paraliza y mata la vida. El Señor llamó y nos llama a vivir desde el amor y la compasión, la paz y la reconciliación, la justicia, la igualdad y la libertad, la fe y la esperanza; puntos de partida que nos permiten actuar responsablemente situados en el horizonte de Dios y no desde los intereses egoístas, las vanas pasiones y los bajos instintos del momento. Por ello, el ministerio de Jesús entró en conflicto con las autoridades judías (sacerdotes y ancianos), cuyos intereses y doble moralidad quedaron expuestas. En abierto conflicto con las autoridades judías Jesús realizó el milagro de la sensatez: el amor y la solicitud por los demás y de los unos por los otros. Afirmó a la gente, sanó enfermos y promovió la reconciliación con Dios y el prójimo. Todos sus actos fueron benéficos, protectores de la vida y de las buenas relaciones entre los seres humanos. Frente al reclamo divino de Jesús en pro de la vida se encuentran las autoridades judías. Aferrados a la práctica del judaísmo y a un legalismo doctrinal exclusivista. Para ellos, lo importante es la institución del Templo, estructura organizacional, sacerdotes, sistema sacrificial y el poder político que ostentaban. Dominados por la insensatez, los reclamos egoístas y la búsqueda del interés propio, no tenían lugar para la compasión y el servicio a los más desafortunados. La sentencia y condena a muerte de Jesús pone de manifiesto el reclamo y la pecaminosidad de los seres humanos de establecer su propia ley en abierta resistencia y rebelión a la voluntad divina, revelada a través de Jesús.

Aplicación El llamado es a acoger, aceptar, asimilar e internalizar los valores del Reino de Dios enseñados por Jesús, y a desaprender, rechazar y resistir los antivalores que se oponen a sus enseñanzas. Comprometernos con la sensatez: la promoción de la vida a nivel personal, familiar, institucional y comunitario. Donde no se vive conforme a la sensatez, se traiciona la causa de Jesucristo y, una vez más, lo sentenciamos y lo condenamos a muerte, al resistir sus reclamos. El bienestar integral de toda la creación se encuentra bajo amenaza mientras impere la insensatez y la obsesión por la búsqueda del interés propio y el egoísmo, que son el principal enemigo del amor. La insensatez lleva al odio, al crimen, la corrupción, al dominio de los demás. Esto obstaculiza el progreso personal y de los pueblos. ¿Dónde se encuentra la alternativa? Se encuentra, en la toma de conciencia de que Dios es una realidad que reclama que vivamos desde la fe y el compromiso, de reorientar la vida en pro del bienestar de las presentes y futuras generaciones, como Jesús lo hizo.

Oración: Señor, ayúdame a ser capaz de superar el impulso a vivir obsesionado con la búsqueda del interés propio, olvidándome de las necesidades de los demás. Dame la capacidad de

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identificar condiciones y situaciones anti vida y encontrar soluciones para el bienestar de los demás; en respuesta adecuada a tus reclamos de amor y compasión. PREGUNTA PARA REFLEXIONAR: ¿Vivo con sensatez? PALABRAS PARA REFLEXIONAR: Sensatez e insensatez. LECTURA DEL DÍA: Mateo 27:1-31

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Lucas 24.13-35 ENCUENTROS Y CAMINOS: PERSPECTIVAS DE ESPERANZA

Rvdo. Arnaldo Luis Cintrón Miranda Director Oficina de Capellanía Recinto de Guayama Tradición metodista “Caminante no hay caminos se hace camino al andar”. Esta es la expresión poética de Antonio Machado quien describe en su verbo poético la experiencia de los caminos de la vida con sus acompañantes y encuentros. El pasaje que nos convoca a esta reflexión está plasmado en el capítulo 24: 13-35 de dicho evangelio. Lucas es uno de los evangelios sinópticos del Nuevo Testamento. Presenta un cuadro muy vivo del reino de Dios que hizo presente en Jesús, de manera particular entre los marginados de su tiempo; los pobres, los pecadores, las mujeres y los gentiles (no judíos). Pero la historia toma otro giro donde la reflexión teológica del autor nos conduce a un evento de mayor trascendencia, la profunda e interesante experiencia de los caminantes de Emaús. Empieza la experiencia con dos discípulos que se dirigían hacia Emaús que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban platicando acerca de los acontecimientos acaecidos en Jerusalén. Lo interesante de la conversación era que hablaban y se hacían preguntas. Su caminar según Luis Alonso Schökel se hacía intenso con matices de decepción, tristeza y frustración, debido a que tenían la esperanza de que Jesús, el Mesías sería el libertador de Israel. Cuantos de nosotros y nosotras también experimentamos lo mismo que estos discípulos cuando nos topamos con realidades que se nos hacen difíciles de aceptar y de manejar. Ocurre algo inesperado que altera la dinámica que llevaban los discípulos, Jesús hace su magistral aparición de manera incógnita procurando no llamar la atención. Surge la típica pedagogía de la pregunta, ¿Qué es lo que vienen conversando por el camino? La pregunta de Jesús aparentemente tiene un grado de ignorancia, pero en su intención está buscando descubrir las inquietudes más profundas de los discípulos. Ellos ni tontos ni perezosos le contaban lo que había sucedido. De repente empieza a declararle a manera de una clase del Antiguo Testamento todo lo referente a los profetas y al terminar su recorrido Escritural los dejó en el inicio de un proceso de análisis e introspección. En ese proceso según Schökel nos plantea Jesús dos puntos de importancia. El primero lo es que Jesús aprovecha la oportunidad para expresar su discurso de las Sagradas Escrituras hasta que los discípulos entienden y el segundo es la parte vivencial que Jesús compartió a través del gesto de compartir la mesa con ellos, vivencias que compartió con hombres y mujeres durante su vida ministerial. Al finalizar ese momento de encuentro con las narrativas bíblicas ellos lo reconocen, pero se desaparece. La expresión que se produjo de esa experiencia fue notable, no ardía nuestro corazón cuando nos declaraba las Escrituras. La vida de estos discípulos cambió por completo y los impulsó a 40


proclamar las Buenas Nuevas del resucitado. El encuentro con el resucitado le dio sentido y significado a sus vidas aun en el momento de mayor incertidumbre y crisis de fe. Pero más aún abrazaron en sus corazones la esperanza. Finalmente, con unas preguntas para tu reflexión personal. •

¿Cuáles han sido tus experiencias del camino?

¿Cómo ha sido tu caminar por las sendas de la vida?

¿En qué momento has hecho un paréntesis para tener un encuentro con el resucitado?

¿Has tenido ese encuentro?

Los caminos de la vida son muchas veces agotadores, desérticos y hasta complicados. Te exhorto a que en este tiempo de Cuaresma y en la celebración de la Semana Mayor puedas tener un encuentro con el resucitado y que tu existencia se llene de esperanza. ¡Dios te bendiga!

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Juan 21.15-19 ENTRE EL QUERER Y HACER Rvdo. Dr. Julio R. Vargas Vidal Ayudante Ejecutivo del Vicepresidente de Asuntos Religiosos Tradición metodista

La lírica que vemos a la derecha, viene de una de las más conocidas canciones de la película Fiddler on the Roof (pulsar para escuchar la canción)(El violinista en el tejado), musical hecho película en 1971. La misma es un diálogo entre el protagonista, Tevye, y su esposa Golde. Ambos han estado casados por 25 años y es entonces que a él se le ocurre preguntarle, “¿Me amas?”. Golde le contesta con razones de más que sustentan el hecho de que obviamente ella debe amarlo. Estas contestaciones las he puesto en negrilla. Sus contestaciones se basan en hechos sustentados por unos 25 años, obvios para Golde y ahora obvios para Tevye quien busca contestaciones a preguntas sobre sus tradiciones y costumbres.

Hace unos años trabajé como asesor espiritual en un hospicio. Durante esos años conocí a muchos pacientes terminales; con algunos desarrollé una relación más estrecha, pero con otros me fue imposible debido a sus condiciones. Así ocurrió con Jorge, un paciente que me tocó visitarle en un hogar de ancianos. Desde el primer día, Jorge me pidió que le llevara la Comunión, y así hice semanalmente. Esta práctica la llevamos a cabo hasta que su condición empeoró y ya no podía tragar. Eventualmente Jorge falleció. El primer día que visité a Jorge, enseguida me demostró su conocimiento de relatos bíblicos. Claro está, me los contaba a su manera, es decir, con palabras soeces ya que él solía hablar así. De esta manera me afirmó que él amaba a Dios y así me lo hizo saber citándome el diálogo entre Simón Pedro y Jesús en Juan 21.15-17ª. 42

Tevye: Do you love me? Golde: Do I what? Tevye: Do you love me? Golde: Do I love you? With our daughters getting married and this trouble in the town, You're upset. You want out. Go inside. Go lie down. Maybe it's indigestion. Tevye: Golde, I'm asking you a question. Do you love me? Golde: You're a fool! Tevye: I know. But do you love me? Golde: Do I love you? For twenty-five years, I've washed your clothes, Cooked your meals, cleaned your house, Given you children, milked the cow.After twenty-five years, why talk about love right now? Tevye: I know. But do you love me? Golde: Do I love him? For twenty-five years, I've lived with him, Fought with him, starved with him. For twenty-five years, my bed is his. If that's not love, what is? Tevye: Then you love me? Golde: I suppose I do. Tevye: And I suppose I love you, too.


Me reí muchísimo al escuchar cómo Jorge me contaba este relato de manera muy pintoresca y usando palabras y adjetivos que jamás se escucharían desde un púlpito. Pero, Jorge quería destacar algo: no es lo mismo querer a Dios que hacer algo por Dios. Usando una imagen muy conocida por Jesús y sus seguidores, el Maestro entabla un diálogo muy interesante con Simón Pedro. Esta imagen del pastor y las ovejas para referirse al ministerio pastoral en la iglesia se seguiría utilizando posteriormente, como leemos en Hechos 20.28, Efesios 4.11 y 1 Pedro 5.2. El interrogatorio al que Simón Pedro es sometido por Jesús consta de tres preguntas, tres afirmaciones o respuestas y tres órdenes de parte de Jesús: Pregunta ¿Me amas? ¿Me amas? ¿Me quieres?

Respuesta Sabes que te quiero Sabes que te quiero Lo sabes todo; sabes que te quiero

Orden Apacienta mis corderos Pastorea mis ovejas Apacienta mis ovejas

La triple afirmación de Pedro es su manera de congraciarse con el Maestro y reparar públicamente su triple negación unos días antes. Elena G. White, en su obra El deseado de todas las gentes, explica muy pastoralmente este encuentro entre maestro y discípulo9: “Delante de los discípulos congregados, Jesús reveló la profundidad del arrepentimiento de Pedro, y demostró cuán cabalmente humillado se hallaba el discípulo una vez jactancioso”. El otrora audaz e impulsivo Pedro lo vemos ahora con otra actitud. En este diálogo lleno de preguntas imperiosas ahora vemos unas respuestas que no son impetuosas o vanidosas. Ahora Pedro mostró una actitud más inclinada a la humillación y al arrepentimiento –Pedro estaba mejor preparado que nunca antes para actuar como pastor del rebaño. No es casualidad que este diálogo se desarrolla después de la resurrección. Es entonces que las escamas caen de los ojos y, cuando se ha experimentado el sufrimiento y la muerte, entonces esas palabras de Jesús arden en nuestros corazones. Pedro recibe tres órdenes de parte de Jesús. La primera: apacentar los corderos. Pedro tenía muy poca experiencia en esta área debido a que requeriría mucho cuidado, ternura, paciencia y perseverancia. Esta orden estaba dirigida a ministrar a los nuevos en la fe y hacerles ver que eran útiles en el servicio a Dios. De hecho, el verbo “apacentar” denota “nutrir, alimentar, pastar”. Si bien aprendemos algo de la actitud de Pedro, obviamente también aprendemos de la actitud del Maestro. La manera en que Él trató a Pedro encerraba una lección para él y para sus hermanos. Jesús les enseñó a tratar al trasgresor con paciencia, cortesía y amor perdonador. Y así, Pedro también aprendería una lección: debía tratar con su rebaño tan tiernamente como Jesús le había tratado.

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Elena G. White. El deseado de todas las gentes (Florida, EEUU: Asociación Publicadora Interamericana, 2007), 768.

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Las preguntas de Jesús a Pedro fueron significativas y solo mencionó una condición para ser discípulo y servir: amarle. Esta es la cualidad esencial y Pedro lo supo. Sin el amor de Cristo no podía ser un pastor fiel sobre el rebaño que se le estaba confiando. Pedro podía tener conocimiento, elocuencia y celo, pero sin el amor de Jesús en su corazón, la obra fracasaría. Cierto es que Pedro había fracasado cuando vino la prueba, y negó al Maestro. Ahora tenía otra oportunidad de probar su amor por Cristo y para fortalecerse para la prueba final de su fe, Jesús le reveló lo que le esperaba, “Si cuando eras joven ibas donde querías, te informo que cuando envejezcas extenderás tus manos, te oprimirán y te llevarán a donde no querrás ir”. Y con este anuncio de lo que serían sus últimos días, Jesús le da una cuarta orden: sígueme. No se desalentó por esto, sino más bien se comprometió servirle y sufrir cualquier muerte por su Señor. Se cuenta que, al momento de morir, Pedro fue llevado a la cruz, pero pensó que era demasiado honor morir de la misma manera que Jesús, así que pidió ser crucificado cabeza abajo. Juan 21.18 sería el texto central de la teología de las obras del sacerdote holandés Henri J.M. Nouwen. Lo citó explícita e implícitamente en palabras y frases. La enseñanza mayor de este texto era: atreverse a perder el control sobre la propia vida, admitir que no somos amos de nuestra vida, sino que Otro está cerca nuestro, profundamente dentro nuestro, deseando orientar nuestras vidas hacia verdes pastos. Una cosa es querer, y otra cosa es hacer. Los versos de hoy nos invitan a pasar del querer actuar a la pasión por actuar, de tener el control a depender de otros y de Dios, de tomar la iniciativa a tener que esperar, de vivir a morir. Por otro lado, nuestros años de acción están llenos de éxitos y logros que nos permiten hablar de ellos con orgullo. Pero muchos de estos logros y éxitos pronto quedarán atrás en la forma de trofeos, medallas, diplomas, grados, etc. Los frutos vendrán de nuestra pasión y del sufrimiento que sintamos cuando amemos incondicionalmente al Señor. No es lo mismo amar y querer al Señor, que querer servirle incondicionalmente amándole. Y esto es lo que Jesús pide como condición: amarle.

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Reflexiones de Cuaresma y Semana Santa 2019  

Reflexiones escritas por Directores de Oficinas de Capellanía de las diferentes unidades académicas de la Universidad Interamericana de Puer...

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