Issuu on Google+

Es posible que la biografía de Carlos Capelán tanto ayude como desconcierte a un observador de su arte. Nacido en 1948 en Montevideo, Uruguay. Creció en Uruguay. Vive en Lund, Suecia, desde el ano 1974. La mayor parte de su educación artística la ha tenido en Suecia. Desde 1996 radicado en Costa Rica, ahora vive en Galicia, España. Se asemeja a los contornos de una carrera artística que conocemos demasiado bien. El artista exilado, arrojado a una vida caracterizada por ausencias, de deseo por llegar al origen, de melancolía. Pero en ese mismo artista exilado habita un profesional hábil y meticuloso, (en una versión alternativa y más amable, un alma de artista sensible, con las antenas afuera.) que inteligentemente captura los códigos del ágora artística internacional y que navega cuidadosa y rápidamente el territorio del mercado del arte. Al mismo tiempo que su arte trabaja y se relaciona con una red de (exótica) de referencias al origen (el mercado del arte está estructurado dialécticamente y necesita sus antítesis). Y aquí estamos antes del mestizaje y del bricolage, casi, podríamos decir, a priori. Aquí en esta contextualización y conceptualización del artista exilado es la cárcel del exilio la que llena el horizonte, el exilio inscripto (completo) como una triste sala de espera antes del regreso, un lugar en donde cada fecha se define como pérdida, afueridad, regresión, falta. Está claro que esta es una interpretación errónea y equívoca. Lo sabemos en la vida cotidiana. El exilio no es jamás un lugar de espera absoluto o un lugar de añoranza absoluto. Es un lugar particionado, quebrado, lleno de matices. Y sobre todo es una actividad. Una vida. Pero en los sistemas explicativos del mundo del arte es fácil aplicar este modelo. Yo creo que Carlos Capelán coincide con Edward Said en su definición de exilio (una definición que modificó y actualizó en varios libros), "la incurable y obligada brecha entre una persona y su lugar de nacimiento, entre un yo sujeto y su hogar verdadero." Y yo puedo agregar que hay nostalgia, añoranza, afueridad y quizás hasta rasgos de identidad latina en el arte de Capelán. Pero nada dice que esto tiene que existir allí por razones de lugar de nacimiento. Estos ingredientes podrían importarse a la obra de cualquier artista. Capelán insiste en su arte en poner en escena una libertad en la que todo se puede utlizar, sin que haya una razón particular -biográfica o de otro carácter- para cada inclusión. La obra artística de Capelán ha combatido sistemáticamente la lectura estigmatizadora y estereotípica que conlleva la etiqueta de artista exilado. No porque él tome en su arte distancia de todo tema o motivo que puede relacionarse con el exilio. Si no expandiendo constantemente sus marcos de referencia artísticos, logrando un arte que no necesariamente gira en torno a un yo, lúdicamente entrando y saliendo de identidades para mostrar sus posibilidades, pero no como un paria sin raíces ni casa sino como un ser que disfruta curiosamente de toda búsqueda, un inventor de identidades, pensamientos, estados, experiencias, como en el sentido más complejo de la palabra artista global. Para un observador y su análisis puede de todas maneras ser útil relacionar a Capelán con sus raíces latinoamericanas. Puede también ser relevante hablar de su pertenencia a una generación de artistas, tanto latinos (José Bedia, Ricardo Brey...) o internacionales (Jimmie Durham, Ilya Kabakov, David Hammond). Pero esto es al mismo tiempo irrelevante. La etnicidad, la biografía de la identidad del artista es aquí una herramienta insuficiente y ruda y a veces equívoca. Las obras de arte que lúdica y hábilmente se desprenden de las manos de Capelán de una manera alegre y liviana. Aún cuando se crea que tienen al mismo artista como motivo. El arte de Capelán se impulsa y habita un universo más amplio que el del individuo.


"Mi arte es más grande que yo", es la aseveración liberadora que Carlos Capelán transmite a cada observador atento. onlyyou agrega además una llave linguística: la preposición. En su discusión del autorretrato y en su amplia orquestación de elementos existenciales, la preposición se manifiesta como un motto en el arte de Capelán. La exposición onlyyou, acerca de las relaciones humanas, del amor y de la añoranza, sobre las jerarquías y la historia, sobre el cuerpo y la identidad, sobre el tiempo, hace más precisas sus aseveraciones a través de las preposiciones: A través, en, debajo, sobre, antes, después, desde, delante, detrás, adentro, con, sin, a causa de, en lugar de... En la discusión a menudo imprecisa y vasta sobre el arte relacional hay aquí otro tipo de respuesta. Las preposiciones sugieren una forma de conocimiento (o podemos también llamarlo por ideal de conocimiento) en donde todo tiene un contexto y un sentido, en donde cada dato es dependiente de otra información, en donde cada parte del rompecabezas coincide con otro, en donde cada experiencia o respuesta sensorial se corresponde con otra experiencia o sentimiento. Sólo tú. He hecho esto sólo para ti. Estoy a tu lado. Estoy contigo. No estoy contigo. Las preposiciones expresan relaciones. Entre tú y yo. Entre Carlos y yo. Entre Carlos y tú. Entre tú y el arte de Carlos. Entre nosotros. Y que onlyyou conforma al mismo tiempo una coreografía de la mirada de una forma discreta y sofisticada quiere decir probablemente lo mismo. De todas maneras es un descubrimiento fuera de lo común. Y la sensación. Cuando yo camino y dialogo con la exposición descubro mi visión. Mi mirada se hace consciente y más precisa, se agita, se vuelve más afilada, más atenta. Soy desafiado a mirar más allá o a apartarme para ver de más lejos. Mi visión es requerida de aprehender un detalle o de olvidar el mismo detalle por una totalidad mayor. Veo desde el costado, desde arriba, desde abajo. Miró en diagonal, miro derecho. Focalizo, dejo todo salvo el foco. Mi mirada descubre que determinadas aseveraciones existen solo desde un determinado ángulo de la mirada y que son contradecidas desde otro ángulo. Allí está Carlos, quiero decir su autorretrato, pintado en la pared, directamente en la pared, en una esquina. Allí no está. Amo. No amo. Solo tú. Solo yo. Solo nosotros. Quizás sea por eso que hay que decir que las pinturas y los dibujos de Carlos Capelán, que orquestan paciente y atentamente un vocabulario comprimido, no son realmente pinturas en tela. Se los puede describir mejor como paisajes de ideas. Paisajes constituidos por pocos elementos, una decena de figuras: Ningún descubrimiento, sólo figuras que se repiten una y otra vez. Como en los blues. Como en el teatro japonés. Como en el poema de Tomas Tranströmer Schubertiana : " Y el que captura las señales de una vida entera en unos pocos acordes en cinco cuerdas, el que hace pasar un río por el ojo de una aguja..." Lo más característico de los paisajes es que pueden ser observadas en muchos niveles, que la escala y las dimensiones no son claras y precisas. El artista exilado regresa. Pero ahora como bufón. O como el que dice las verdades (quizás sea lo mismo). "Yo quiero etnificar la cultura occidental", dice Carlos. Cambiar los lentes de la normalidad por otros lentes, que hacen visibles otros paisajes. Y que entonces obligar a la norma, a la ley y a la regla a salir a la luz del sol. De esta manera exponiendo al poder. Es un poco como cambiar de lugar entre ver y ser visto. Pero sin soberbia y sin respuesta. "La identidad consiste en estrategias, no en esencias...Las identidades consisten siempre en negociar..." El yo es un work in process. En formación. ¿Cómo puedes hablar de ser completo si todos nos estamos creando todo el tiempo? Tú y yo no recibimos la respuesta como respuesta clara y completa sino como respuesta posible. Mil respuestas posibles. Las instalaciones de Capelán están siempre llenas de significados. Pero sin que ese significado necesariamente sea contenido o se subordine a una totalidad más grande o a un contexto develado. Como decidor de verdades, bufón y artista, él se permite muchas verdades y nos ofrece a los observadores muchas estrategias para nuestro paso por este planeta. Es allí también que él deja la cárcel del exilio. No se puede inscribir al artista en una tradición o en


una ideología o en una pertenencia cultural específica. El /ella, prueban tradiciones e ideologías, ensayan cuentos de y sobre otras culturas. Es de ti de quién habla. O mejor dicho, es el arte el que habla. El artista se calla. El arte habla: De ti. Y a ti. Y para. No hay nada más importante. Escucha. Only you. onlyyou. Jan-Erik Lundström es jefe del Museo BildMuseet Traducción: Ana Luisa Valdés


Onlyyou