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Capítulo X Bella

"¿Me harías un favor Bella?" "No es nada demasiado complejo. Sólo…, sólo quería pedirte que en un futuro, en lo que fuera posible intentásemos llevarnos mejor, ya sabes no discutir tanto y tal vez si no fuese mucha molestia…tratar de… ser… ¿amigos?" El condenado día había terminado peor de cómo empezó, y yo que pensaba que mi vida ya de por sí se encontraba hecha un desastre, días, semanas… No era más que un inescrupuloso y falto de ética, peor aún, para mi desgracia él no parecía mostrar indicios de querer dejarme en paz. ¿Amigos? ¿En verdad se creía que le diría que sí? Por supuesto que se lo pensó, con esa maldita sonrisa y esos irresistibles ojos oscuros, obviamente daba por hecho que me tendría. Me maldije a mi misma por actuar de modo predecible, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? Él era por mucho el hombre más hermoso que había visto alguna vez. No es como si eso importase, mi propia experiencia me había demostrado que el exterior no era más que una carcasa…. Vacía: Renee, Charlie… Phil. —Sobre todo Phil. Suspiré frustrada, mientras bebía un vaso de leche, me sentía en llamas, de pura ira contenida. — ¿Cómo se atrevía?, maldito intento de docente. La cocina estaba desierta, y agradecí que Phil hubiese sacado a comer a mamá-con el dinero de ella, claro está-, no necesitaba ser testigo de otro más de sus encuentros, ya tenía suficiente por un día con las vanas palabras de mi profesor. Amigos, amigos, amigos. Eso era exactamente lo que me había pedido Phil cuando comenzamos a salir, argumentando que con eso se conformaría, ¡Ja!, poco tiempo después me encontraba calentando su cama. ¿Amistad?, ¿no era así como habían comenzado Alice y Jasper? Amigos, que repulsiva forma de intentar seducirme, como si no tuviese suficiente con ver a diario lo difícil que eran las cosas entre mi amiga y su novio, como si pudiese arriesgar la poca moral que me quedaba… No, no cedería, no a su voz sensual, ni a esos ojos esclavizantes. No lo haría; por mí, porque nunca se ha visto que un profesor y una alumna puedan ser amigos, porque ni siquiera tenía la edad suficiente para justificar un sentimiento de


"paternalismo" hacia mi persona; y sobretodo, porque me aterraba. No sería difícil para mí confundir las cosas, debía ser realista, él era dolorosamente atractivo, demasiado para mi salud mental, mi autocontrol peligraba cada vez que me regalaba una de sus miradas cargadas de deseo. Además; conocía esa mirada, la había visto una infinidad de veces en los ojos de Phil, para desgracia de mamá. Él jamás le regalaría una de esas, ¿Debería eso reconfortarme acaso? Saber que no la desea en absoluto, y que lo único que ve en ella es un sustento económico, no. No podría, fuese como fuese… ella era mi madre. — ¿Qué sucede cariño? — su voz me hizo saltar en mi puesto, me encontraba tan perdida en mis propias cavilaciones que ni siquiera le oí entrar a la cocina. Lo observé directo a los ojos, irritados en sobre manera; como siempre. Pero, yo realmente no necesitaba alzar la vista para conocer el motivo, el molesto olor a marihuana se había colado por la puerta desde hacía minutos. Quizás, lo miré porque aún mantenía la absurda esperanza de estar equivocada, tal vez… tal vez continuaba pensando que algún día papá despertaría con una desconocida madurez y me diría "Hija te quiero". Siendo positiva, tendría que dar gracias de que al menos me respetaba lo suficiente para no fumar en frente mío. No es como si dejase de hacerlo si me veía cerca, pero al menos dejaba el maldito porro en la sala de estar, antes de dirigirse a mí. — Nada Charlie, ya sabes… lo mismo de siempre, me sobrecargan de deberes en el instituto. — mi tono lejos de ser neutro, se oyó ahogado. Mi herida interna era tal que en momentos como este se me hacía imposible ocultarla. Obviamente papá no lo notó, se encontraba en su propio mundo, una orbita en la que su hija y el mundo exterior no formaban parte. Él se acomodó en la silla frente a mí, y alargó sus manos por sobre la mesa, muy cercanas a las mías. Charlie era guapo, un par de amigas me habían hecho más de un comentario… Obviamente jamás las traje a casa. No podría, conocía a papá… No por nada me prohibía llamarle así, le fascinaba sentirse joven, y de cierto modo lo era, con treinta y cuatro años no eres lo que se diría un hombre viejo. Además, había que darle crédito, se mantenía en perfecto estado. — Pequeña, estás tan grande— musitó con sus ojitos cafés demasiado vidriosos, y más irritados que segundos atrás. Tomó mis manos y se las llevo hasta sus boca, entonces… comenzó a llorar. Esto me hubiese dejado paralizada en mi asiento… de haber sido la primera vez, pero desgraciadamente no lo era. Charlie solía ponerse en plan melancólico cada vez que bebía o se drogaba, haciendo comentarios sobre lo mucho que he crecido, o lo mal padre que era él. Era por esto que evitaba quedarme a solas con él o mamá… Aunque ella era peor, por mucho. Siempre lo sería.


Papá podría ser un tanto ridículo e inmaduro, pero mamá… Ella a duras penas notaba mi presencia, era tan buena en todo, hermosa, sensual, jodidamente astuta, y por sobre todo… Tenía a papá en la palma de sus manos. Decidí que esta sería probablemente la única oportunidad que tendría para saber la verdad, no es que faltasen ocasiones para hablar con Charlie, simplemente… no estaba segura de volver a sentir esta repentina valentía que se apoderaba poco a poco de mí. Además, la duda llevaba carcomiendo mis entrañas desde hacía mucho tiempo. — ¿Por qué Reneé y tú siguen juntos… si mantienen vidas separadas? — mi voz sonó más temblorosa de lo que hubiese deseado, y agradecí que él se encontrase lo suficientemente drogado, como para ignorar eso. Sus manos se deslizaron con lentitud hasta la mesa, sin soltar las mías. Sorbió rápido, y pestañó brevemente para liberar las pocas lágrimas que aún resguardaban sus ojos. — Bueno, tú sabes… Ella y yo nos tenemos mucho cariño, nos queremos. Hemos pasado muchos años juntos y… a veces, cuando se es mayor…, el ser humano tiende a buscar cosas nuevas. A probar.— una sonrisa soñadora se formó en sus labios, mientras continuaba aferrando mis manos, él las tenía un tanto húmedas producto del sudor, y yo me preguntaba ¿Qué demonios tenía de divertido para él todo esto?. — ¿La amas verdad? — Oh, tú sabes… ella… Ella es grandiosa en la cama. Además, estás tú, no podríamos vivir alejados el uno del otro teniéndote a ti de por medio. Obviamente él me estaba dando más información de la que yo necesitaba. No era un secreto para nadie en este hogar que ambos compartían la cama, ni siquiera para Phil… Volví a suspirar. Era un hecho, yo jamás conseguiría adaptarme a esto, tenerlo de visita en casa prácticamente a diario, más que un huésped le hacía ver como un miembro más de la familia. Sólo me quedaba esperar, y rezar, porque mi única esperanza se concentraba en conseguir una beca a fin de año y partir lejos de este infierno. Era eso o nada. Me disculpé con papá con un corto beso en su frente y subí a mi habitación con la excusa de terminar mis deberes, dejándolo con su sonrisa ilusionada, casi infantil. Ni siquiera había podido terminar mi vaso de leche. Durante el resto de la semana me limité a concentrarme en cada clase, no era fácil teniendo en cuenta que el ramo en que peor me iba lo encabezaba un molesto profesor, que al parecer tenía cierta fijación con mi persona… Amigos, sí claro. No es que yo fuese poseedora de un exceso de ego, de hecho, no era un secreto para nadie que el profesor Cullen poseía un buen número de seguidoras, y no sólo en el ultimo año. Sin embargo, también era cierto que el hombre como género, ante todo era un depredador.


Charlie me lo había dejado claro en sus brutales e intimidadoras charlas sobre sexualidad, y yo… Bueno, yo no le hice caso, y por desgracia comprobé que su teoría no podía ser más cierta. Phil me lo había dejado muy claro… Phil. El caso para mi estaba clarísimo, él tipo estaba dispuesto a todo con tal de conseguirme, y si antes tuve dudas, ya no las tenía, no le había bastado con hacerme tener "horas extras" en su asignatura, "para mi beneficio", claro. Sino que además me ofrecía su amistad. ¿Por qué demonios no se la ofrecía a celeste? Yo estaba segura que ella se encontraría más que dispuesta en tomarla, y… hacer muchas otras cosas más. Cosas que yo no le haría ni por dinero, joder, yo sólo podía pensar en terminar este maldito año infernal y largarme lo más lejos posible. A la mañana siguiente no vi a Celeste ni Alice por ningún lado, decidí que lo mejor sería no preocuparme por la última, mal que mal, ella no era una niña pequeña. Para mi alivio, mi amiga se presentó al día siguiente, con una sonrisa de oreja a oreja… Al parecer las cosas entre ella y nuestro maestro de Historia iban mejorando de un modo notable. Con el dolor de mi corazón la acuné entre mis brazos y le desee lo mejor, sinceramente yo no sabía si quería que terminasen o siguiesen juntos. La situación de ella me traía a colación tantos momentos duros en mi vida, pero a la vez la veía tan ilusionada, Dios, yo sólo podía esperar que fuese feliz. Aún así, debía dar gracias que Jasper no se había propasado con ella, por mucho que esta le rogase, más de una vez me tocó consolarla, cuando este se le negaba. Sinceramente, no comprendía sus motivos. ¿Eso era lo que todo hombre buscaba en una chica más joven, no? Sexo, sexo, simple y carnal sexo. — ¿Me harías un favor? — preguntó Alice, en la hora del almuerzo. No encontrábamos en el comedor, lo suficientemente lejos de Celeste- aunque aún no se presentaba a clase- y su ejercito de… no sé, tal vez ¿intentos de porrista?, porque sólo tenían la vestimenta. Nunca en los cuatro años de secundaría las había visto hacer algo relacionado con la animación del equipo de fútbol. — Supongo, si es que está en mis manos hacerlo. — extrañamente se mordió el labio inferior. Esto era malo, realmente malo. Alice nunca se ponía nerviosa… nunca. — Podrías excusarme con el profesor Cullen, sé que no te llevas excesivamente bien con él, pero en verdad lo necesito. Ambas sabemos que él te oirá más a ti que a mí. — ¿De que hablas?, por si no lo has notado el tipo me odia, tú misma lo has visto, me obliga a tomar horas adicionales de reforzamiento. — ella me regaló esa mirada de "No te hagas la tonta", y no lo estaba haciendo, ok, tal vez un poco. No es que el súper sexy profesor de deportes me quisiera o algo así, pero de que se encontraba un tanto interesado… lo estaba.


Tendría que ser idiota para no notarlo, la verdad me molestaba horrores su insistencia, no estaba fingiendo, verdaderamente me incomodaba. — Bella, por favor. — Está bien, está bien, pero será la última vez ¡Te lo advierto!, no deberías saltarte clases por él. En serio Alice, tarde o temprano los sorprenderán. — No lo harán créeme. Llegué a casa muerta, agotada sería decir poco. Ignoré los gemidos que provenían de la sala de estar, y sin pensármelo dos veces desvié mi camino hacia la cocina. Me preparé un pan lo más rápido posible y subí corriendo a mi habitación. — A salvo— suspiré contra la puerta, una vez asegurada. Una vez instalada de rodillas, sobre la comodidad de mi cama recordé esos profundos ojos negros que me habían perseguido durante cada segundo de la clase, el modo en que sus fríos dedos conseguían siempre encontrar un punto de mi piel, entre los ejercicios. La suavidad que empleaba en cada frase, él… él me hacía sentir vulnerable, en riesgo. No es que yo viese a los hombres como cazadores en potencia, aunque la mayoría-todos los que había conocido hasta la fecha- resultaban ser monstruos sin alma, pero la situación con el profesor Cullen se había vuelto casi intimidatoria. Demonios, no entendía el porqué, pero algo había en él que me incitaba a huir, y de preferencia mantenerme lo más alejada que fuese posible, ojala un par de kilómetros. Para mi desgracia, la pared que había creado entre ambos se volvía cada vez más delgada: su constante amabilidad, sus sonrisas sinceras y hasta cierto punto tiernas. No podía, no debía dejar que se abriesen fisuras en ellas, por mi bien, por mi salud mental… No podía confiar de nuevo. Ni siquiera Alice había traspasado mi armadura, ella no tenía idea acerca de Phil, ese era mi secreto, mi cruz. Era imposible que un par de pozos negros consiguiese desbaratar mi autocontrol. Era mera atracción, debía serlo, el contexto, lo físico, su atractivo exterior, nada más que eso. Simplemente comenzaba a halagarme sus constantes detalles, este juego de gato y ratón, verdaderamente me estaba volviendo loca.


Me obligué a pensar en otra cosa, no era saludable divagar sobre temas tan complejos, sobre todo cuando los gemidos de mamá y Phil se colaban por debajo de la puerta. Reprimí una mueca de asco ante eso, y me limité a acomódame sobre la colcha. Saqué uno de mis cuadernos y comencé a hojearlo. La materia sobre la guerra fría no era en absoluto mi favorita, disputas indirectas entre dos grandes potencias era lo ultimo en mi lista de intereses, pero cualquier cosa sería mejor que prestar atención a los sonidos de placer que brotaban de la boca de mamá… — Y pensar que hace tan poco Phil era mío, sólo mío. —mi suspiro fue tan bajo que ni yo misma comprendí como fue capaz de salir de mis labios. Por lo general morían ahí, en mi boca, convirtiéndose en un mal recuerdo. Sequé el par de lágrimas furtivas que se atrevieron a surcar mi rostro, y me odié, porque una vez más estaba siendo débil. Nadie merecía mis lágrimas, nadie… Y quien lo hiciese, obviamente no me daría motivos para liberarlas. El amor duele, es cierto, pero no daña de adrede, no de un modo tan vil y egoísta. Phil jamás me amó. Pasé a la página siguiente. Pero me distraje al recordar la horrible apariencia que llevaba hoy Jasper, Alice me había pedido que la excusara en la clase de deportes, pero no me había explicado el porqué. La verdad es que no necesitaba hacerlo, siempre era la misma razón. Sin embargo, cuando la clase de deporte llegó a su término, y me disponía a seguir al resto para escaparme del reforzamiento-en vano, porque ésta, como tantas otras veces, fui sorprendida por mi insistente maestro, quien parecía tener superpoderes ya que siempre me agarraba en el acto-. Me topé con él en el pasillo, su rostro estaba sorprendentemente bañado en sudor y sus ojos; siempre azules se mostraban hoy irritados y ojerosos, incluso podría apostar que había perdido peso. Él me sonrió débil a modo de saludo… pero, pareció más una disculpa, y continuó su rumbo hacia la salida, lo hubiera seguido, de no ser porque una fría mano se ciñó a mi codo, arrastrándome de vuelta al gimnasio. Obviamente el tipo se tomaba muy a pecho su profesión, pero estaba loco si pensaba que algún día conseguiría hacer que yo amase los deportes, antes muerta. Suspiré frustrada, era el colmo. — ¿Es que cada pensamiento me va a llevar a él? — antes de ser consciente había arrojado con furia el cuaderno contra la pared, no tenía caso seguir estudiando.


Me cambié de ropa y con el pijama ya puesto me limité a dormir, al menos en mis sueños era libre: de mis padres, de Phil, del insistente inclusive, de Alice… En mis sueños sólo era yo, por vez primera sin pensar en el resto.

Capítulo X  

"¿Me harías un favor Bella?" "No es nada demasiado complejo. Sólo…, sólo quería pedirte que en un futuro, en lo que fuera posible intentásem...