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I.E.S. JUAN SEBASTIÁN ELCANO DEPARTAMENTO DE GEOGRAFÍA E HISTORIA

VIAJE A CÓRDOBA Y GRANADA. 17-19 DE DICIEMBRE DE 2013


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CÓRDOBA

Breve reseña histórica de Córdoba. Los comienzos de la ciudad de Córdoba datan del año 169 antes de Cristo. En aquel año Claudio Marcelo levantó un campamento militar que, posteriormente, se iba a convertir en una de las ciudades más importantes del Imperio Romano. Ya en el siglo I antes de Cristo, el senado de Roma había designado la ciudad con la capitalidad de la provincia Bética. Bajo el mandato de Augusto, la “Colonia Patricia Corduba” experimentó un gran impulso. Surgieron edificios monumentales que en la actualidad ofrece a sus visitantes una fiel muestra de este primer esplendor. De aquella época son el Puente Romano, que formaba parte de la Vía Augusta y unía ambas orillas del río, el templo Romano en la calle Capitulares, el palacio de Maximiano Hercúleo cuyos restos se hallaron durante los trabajos en la nueva estación de ferrocarriles y, un Anfiteatro, que fue el tercer más grande de todo el Imperio. Sin embargo, a partir del siglo V, Córdoba vivió notables transformaciones. Tras la caída del Imperio Romano, las correrías de los pueblos bárbaros afectaron intensamente a las provincias. Córdoba, en un principio, se mantiene fiel a Roma, pero fue conquistada en el año 572 por Leovigildo. No obstante, de la ocupación visigoda no quedan apenas testimonios, ya que su dominio duraría algo más que un siglo. Debido a las constantes revueltas y luchas internas entre las diferentes familias dominantes por el poder, el reino visigodo no pudo resistir a la invasión musulmana que se produjo en el año 711. Durante el reinado del católico Recaredo, se construyó la basílica de San Vincente, que según la leyenda fue levantada sobre un templo romano en honor del sol y en el mismo lugar, en él que posteriormente, se construiría la Mezquita mayor de Córdoba. El único edificio de aquella época es el alcázar de los visigodos frente a la mezquita, que alberga hoy el Museo Diocesano. En el año 711, Córdoba fue conquistada por los árabes, pero lo cierto es que más que de una conquista se trató de una entrega voluntaria salvando de esta manera la vida de los habitantes. Sólo había resistencia de unos cuatrocientos caballeros que se hicieron fuertes en la antigua iglesia de Santa Victoria defendiéndose hasta su inevitable destino. A los cinco años de la conquista, los árabes distinguieron a la ciudad de Córdoba con la capitalidad de alAndalus, que hasta este momento, había ostentado Sevilla, y era gobernada por un emir al que el califa de Damasco le otorgó la independencia. Tras una pugna sangrienta entre los abbasides y los omeyas, el príncipe omeya y único sobreviviente de su dinastía llegó a las tierras de al-Andalus. En el año 756, derrotó, en las puertas de Córdoba, al emir abbaside y se alzó, convertido ya en Abderramán I, como la única autoridad en Andalucía. A tres kilómetros del centro urbano construyó el palacio de la


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Arruzafa, hoy Parador Nacional, donde al final de su vida se encerró por la nostalgia de la Siria de su infancia. Fue en este año, que el emir de Córdoba Abderramán I inició la construcción de la Mezquita-aljama. Para su construcción se utilizó materiales de una antigua basílica visigoda que había existido en este mismo espacio como los obtenidos de diferentes lugares. Debido al fuerte crecimiento demográfico de la población, la Mezquita vivió diversas ampliaciones. En el año 822 de los cristianos, Abderramán II heredaba el trono. Entre los años 833 y 852, la Mezquita fue ampliada por primera vez. La ampliación comprendía ocho naves en dirección sur respectando la estructura del primer edificio. Debido a su muerte, esta obra fue terminada por su hijo y heredero Al-Hakem II que representaba la paz, la cultura y la ciencia. Compuso una biblioteca que cifraba en sus depósitos unos 400.000 volúmenes. La creación de numerosas escuelas atraía a una gran cantidad de estudiantes de todas las creencias. En los primeros treinta años del siglo X, la ciudad de Córdoba había alcanzado enormes dimensiones. El palacio al lado de la Mezquita quedó demasiado pequeño para las hospilaciones de Abderramán III que se proclamó califa en 929 recuperando de esta manera, el título por el que su dinastía había sido desposeida por los abbasides e hizo de Córdoba un califato independiente de Damasco. A ocho kilómetros de la capital construyó su residencia real, Medina Azahara, trasladando allí su corte. Volvió a ampliar la Mezquita dotándola con un patio con pórticos. Finalmente, en el cenit del esplendor de al-Andaluz, Almanzor amplió la Mezquita mayor de Córdoba por última vez, doblando sus anteriores dimensiones en solo unos meses. La decoración de esta parte de la Mezquita fue menos suntuosa. Después de la muerte de Almanzor empezaron a surgir las guerras civiles que acabaron con el poder central dejando de existir el califato en 1013. Los beréberes se apoderaron de Medina Azahara, símbolo del esplendor califal, la saquearon e incendiaron. Con la caída del califato y la siguiente aparición de los Reinos de Taifas, la antigua capital perdió mucho de su importancia convirtiéndose Córdoba a partir de este momento en una taifa más. Aún así, insignes pensadores como Maimónides, Averroes o el poeta Ibn Hazam saldrían del seno de la ciudad. El 29 de junio de 1236, la ciudad cayó en poder de la dinastía castellano-leonesa encabezada por el soberano Fernando III. Tras entrar en la ciudad, la Mezquita fue consagrada como catedral y se comenzó a construir nuevas iglesias. En total se construyeron en esta época catorce parroquias que todas pertenecen al llamado estilo fernandino y se caracterizan por la transición del románico monacal al gótico castellanizado. Debido a su situación fronteriza con el Reino de Granada, la ciudad de Córdoba mantuvo cierta importancia en la política exterior. En 1478, los Reyes Católicos se trasladaron a la ciudad para preparar su campaña militar contra el Reino de Granada. Durante una estancia de Fernando de Aragón e Isabel de Castilia en 1486 su produjo un encuentro con Cristóbal Colón. Colón les presentó a los Reyes Católicos su proyecto ultramarino que, en un principio, fue rechazado por considerarse irrealizable. Finalmente, el 17 de abril de 1492, los Reyes Católicos y Colón firmaron el acuerdo de esta expedición. Hoy la Mezquita es descollada por una catedral cristiana cuya construcción fue ordenada por el obispo Alonso Manrique. Las obras comenzaron en 1523 y finalizaron al


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principio del siglo XVII. La decisión de la destrucción de una parte del legado árabe para realizar el levantamiento de la catedral fue polémica, y tardó hasta que Carlos I resolvió este enfrentamiento a favor de la construcción de la iglesia, una decisión de la que, posteriormente, se arrepintió. Anexas al Alcázar de los Reyes Cristianos se hallan las caballerizas fundadas por orden del monarca Felipe II en 1570 con el fin de criar buenos équidos para la Casa Real. En ellas se realizaba cruces de caballos y yeguas con lo que se obtuvó el caballo de pura raza española. Aunque su edificación data del siglo XVI fueron reconstruidas en la época de Carlos III tras sufrir un gran incendio. Con los Austrias el protagonismo de la ciudad fue decreciendo. A pesar de que se realizaron las cortes con Felipe II en la ciudad, la decadencia de ésta era cada vez mayor reflejándose en la disminución de su importancia y de su población. Fueron las últimas cortes que se celebraron en la ciudad. En aquella época se construyó la Puerta del Puente y la Plaza de la Corredera. A comienzos del siglo XVIII, los cordobeses apoyaron a Felipe V en la guerra por la sucesión del trono. Pero con el cambio de la dinastía, la situación de la ciudad tampoco mejoraba. Hambrunas y epidemias, así como el éxodo americano, causaron que la población siguiera disminuyendo. Un terremoto en 1755 también originó graves daños. Como eco del levantamiento del 2 de mayo, la población entera de la ciudad se armó intentando detener la marcha del General Dupont. Sin embargo, tuvieron que retroceder ante el ejército francés. La ciudad fue saqueada por los franceses. En los años que siguieron a la Guerra de la Independencia, absolutistas y liberales luchaban por la hegemonía en la ciudad. Del mismo tono es la historia durante la primera mitad del siglo XX. Exceptuando algunos levantamientos obreros y de la Guerra Civil, la ciudad no tenía importancia en el marco nacional. A mediados del siglo XX., la ciudad no llegaba a 180.000 habitantes. Sin embargo, durante las últimas cuatro décadas la imagen de la ciudad ha cambiado notablemente. El número de habitantes casi se ha duplicado. En 1971 se dotó a la ciudad con una Universidad. En 1984 el casco histórico de la ciudad fue declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Monumentos de Córdoba Mezquita-Catedral Construcción Religiosa de los siglos VIII-XVIII Época Medieval-Moderna La Mezquita-Catedral de Córdoba es el primer monumento de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. Resume en su historia arqueológica la evolución completa del estilo omeya en España, es decir, del estilo hispanomusulmán en la época de su mayor apogeo. Su influjo en todo el Occidente arabizado fue capital, y sus soluciones llegaron a ser ley en una vasta provincia del arte.


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El edificio actual es producto de una mezquita inicial levantada por el emir Abd alRahman I en el 780, sobre una basílica cristiana dedicada a San Vicente y aprovechando gran parte de sus materiales. Consta de once naves con doce tramos perpendiculares al muro del fondo o quibla, en el cual se abría el mihrab, que introducen el elemento constructivo más característico del momento, el doble arco, de herradura el inferior y de medio punto el superior. La falta de recursos obligaron a reutilizar elementos de edificios anteriores, principalmente basas, capiteles y fustes de construcciones romanas y visigodas. Se dio por terminada siete años después. Su hijo Hixem I levantaría el primer Alminar y el patio con la fuente de abluciones. La primera ampliación, llevada a cabo por Abd al-Rahman II a partir del año 833 en dirección sur, abriendo el muro de la quibla y prolongando las once naves con ocho nuevos arcos cada una. Las columnas, también aprovechadas y por general visigodas, se utilizan sin basas. Aparecen en ella los primeros capiteles árabes salidos de un taller de la época sobre modelo corintio. El primer califa, Abd al-Rahman III, no emprende nueva ampliación de la sala de oración, aunque sí del patio y construye el alminar, sustituyendo el de Hixem I, en el año 931. Este segundo alminar pervive enfundado por la torre cristiana actual construida a finales del siglo XVI. Su hijo el califa al-Hakam II, llevará a cabo a partir del 962 la segunda ampliación, más suntuaria y rica, abriendo de nuevo la quibla y prolongando, también hacia el sur, la sala de oración e incorporando once hileras de arcos. Las arquerías repiten el modelo de Abd alRahman I. Las columnas y capiteles fueron labrados para este edificio. Alternan los capiteles corintios y compuestos, así como los fustes de mármol azul y rosa. Esta riqueza alcanza su apogeo al llegar a la macsurao espacio reservado que se encuentra ante el recinto sagrado donde se depositaba el Corán-. Aquí vemos un ámbito absolutamente singular, sin parangón alguno en toda la arquitectura islámica de Oriente ni Occidente. Aquí se multiplican las columnas para mejor apoyar la riquísima composición de los arcos tendidos al aire, donde los encontramos de herradura, apuntados y lobulados, todos entrecruzados y ricamente guarnecidos. En lo alto aparecen tres lucernarios, que en la oscuridad general de la mezquita, iluminada tan sólo, en su tiempo, a partir de un muro abierto al patio de los Naranjos, darían a la macsura una mayor luminosidad indicando que allí se abría el mihrab. Éste es también de una exquisita riqueza por sus mosaicos vidriados de bellísimos colores procedentes de Bizancio. El interior del mihrab, con bovedilla enteriza en forma de concha, como los capiteles en los que apoya el arco de ingreso, los zócalos de mármol, etc., señalan el punto álgido de la decoración califal, que solo tiene parangón con los restos hallados en el palacio cordobés de Medina Azahara. Inscripciones que exaltan la grandeza de Alá y el Califa plasmadas en mármoles, mosaicos y yeserías fechan esta majestuosa obra en el año 965. La tercera y última ampliación la llevó a cabo Almanzor entre los años 987 y 990 y fue la más extensa de todas. Incorporó ocho nuevas naves no ofreciendo ya novedades arquitectónicas al edificio. La ampliación a falta de espacio al sur, por la proximidad del río Guadalquivir, se hizo hacia el este, por lo que el mihrab quedó en el futuro descentrado. Afortunadamente no destruyó totalmente las puertas orientales de la Mezquita que permanecieron incorporadas al muro divisorio interior permitiendo así que el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco las tomara como


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modelo para restaurar y reconstruir las puertas exteriores, tal y como hoy las vemos. Con la conquista cristiana de Córdoba en el año 1236 por Fernando III se pone fin a cinco siglos de culto islámico en la Mezquita, cuyo recinto queda convertido primero en templo cristiano y posteriormente, en Catedral. Lo que resulta absolutamente excepcional, y hace al conjunto Mezquita-Catedral de Córdoba único en el mundo, es la coexistencia de una Mezquita y una Catedral, ésta constructivamente inserta en aquella. Pese al inicial rechazo que pueda producir este hecho a todas luces patológico, no hay más remedio que reconocer el profundo respeto que hacia la arquitectura califal de la Mezquita mayor de Córdoba tuvo el Cabildo que acordó "ajustar" la Catedral en el templo islámico. Otras ciudades como Toledo, Sevilla o Granada, que contaron igualmente con hermosas mezquitas, si bien posiblemente no de la riqueza ni belleza que la cordobesa, optaron por demoler en su totalidad la sala de oración musulmana, quedando algún testimonio en pie como el antiguo alminar de la Giralda, que en todo caso, puede servir de testimonio de lo que se perdió para levantar la extraordinaria Catedral de Sevilla. Con todo, parece que fue el Consejo de la Ciudad de Córdoba el que defendió la conservación de la Mezquita, originándose un duro pleito entre al Cabildo catedralicio y el municipal, que obligó a intervenir a Carlos V. En 1523 en Consejo de la Ciudad de Córdoba al tener noticias de que se pretendía por el Obispo la demolición de parte de la Mezquita decreta su paralización. "Por tanto mandamos que ningún albañil, ni carpintero, ni peón ni otra persona alguna no se han osado de tocar el la dicha obra, ni desfacen, ni labrar cosa alguna della fasta que Su Majestad sea mandado lo que más sea su servicio,bienes para la Cámara e Fisco de Su Majestad. Esto porque la obra que se desface es de calidad que no se podrá volver a fazer en la bondad e perfección questá fecha."

Y como siempre que se gobierna en la distancia Su Majestad decidió...y lo hizo en favor del Cabildo catedralicio. Más tarde hubo de lamentarlo, pues al ver la Catedral dentro de la Mezquita comentó al obispo fray Juan de Toledo " hacéis lo que hay en otras muchas partes y habéis deshecho lo que era único en el Mundo". Resultando pequeña la tímida nave que en el siglo XV se habilitó para Catedral, y de algún modo incitado el cabildo cordobés por las suntuosas fábricas catedralicias que durante les siglos XV y XVI se levantaron en Castilla, se decidió en 1523 alzar la nueva Catedral, siendo obispo don Alonso de Manrique. La obra fue trazada por Hernán Ruiz el Viejo, un maestro burgalés, que acomodó la única nave oblonga de la Catedral ocupando seis tramos de ocho naves en el cometido difícil de dañar lo menos posible la fábrica musulmana. Una nave de crucero afectaría seis tramos más, de tal manera que ésta tiene un desarrollo que coincide con la ampliación de Abd al-Rahman II. Muerto el maestro mayor de la catedral en 1547, le sucedió su hijo, que continuaría las obras hasta 1569. El proyecto inicial resulta en su comienzo algo retardatario, ya que responde a una concepción gótica pero desarrollada en el siglo XVI y rematada en el XVII,por lo que las proporciones, arcos y bóvedas corresponden a una fábrica tardomedieval, mientras que muchos de los temas decorativos obedecen al pleno renacimiento y aun barroco como sucede con la tardía cúpula en 1600. Por otra parte la elevada altura del templo exigió en


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contrarresto exterior con arbotantes y contrafuertes hábilmente dispuestos para no afectar a la estructura ligera de la mezquita. Con todo, la obra resulta muy hermosa, tanto en su capilla mayor, con un retablo en mármol rojo de bellísima arquitectura y lienzos de Palomino, como el magnífico coro cuya sillería talló Duque Cornejo. Este escultor se hizo cargo de la obra cuando contaba ya setenta años, si bien no por eso el interés de la misma decae en ningún momento. Al contrario, la sillería tallada con las primeras caobas que llegaban de América, cuenta, en el cuerpo bajo y alto, con animadísimos relieves, si bien es la propia arquitectura del conjunto que más llama la atención. Ésta es de una libertad absoluta y sin precedentes, pudiéndose tener como una de las obras más características del barroco hispánico. Comenzada a labrarse en 1748 se terminó en 1757. El contrato exigía a Duque Cornejo que los relieves sobre el Antiguo y Nuevo Testamento fueran todos de una sola pieza, así como que el coro no llevara clavazón, siendo todo él ensamblado. La vitalidad creciente que desprende la sillería se ve realzada por los monumentales órganos, hasta el punto de hacernos olvidar que nos hallamos dentro de la Mezquita. No pueden dejar de mencionarse los soberbios púlpitos del siglo XVIII, obra también magnífica, con los símbolos de los Evangelistas en gran tamaño, debidos al escultor francés Michel Verdiguier. La gran lámpara de plata del presbiterio es obra del platero cordobés Marín Sánchez de la Cruz en 1.620. La Mezquita-Catedral cuenta con numerosas capillas adosadas al muro perimetral, muchas de ellas anteriores en fecha al templo catedralicio, datando las más antiguas del siglo XIV. No podemos detenernos en todas, pero recordaremos al menos algunas de estas en el muro sur o de la quibla, tales como la de San Bartolomé, por hallarse en ella la sepultura del gran poeta cordobés Luis de Góngora y Argote, la capilla de Santa Teresa, que guarda en ella una escultura de la titular por José de Mora, además de unos lienzos de Palomino. Inmediata a ésta capilla se encuentran las dependencias del tesoro catedralicio, donde destaca la imponente custodia gótica labrada en el siglo XVI por Enrique de Arfe una de las más bellas de España. La catedral guarda asimismo una rica colección de pinturas, siendo especialmente notables las del racionero cordobés Pablo de Céspedes, figura principal de nuestro renacimiento. A él se deben entre otras, la conocida Última Cena, que como en otras ocasiones muestra el influjo de Miguel Ángel. Pinturas de Pedro de Campaña, de Antonio del Castillo (Capilla de Nuestra Señora del Rosario), las esculturas de Pedro de Mena en la capilla de Nuestra Señora de la Concepción y un largo etcétera, nos obligarían a un detenido recorrido por sus capillas a fin de contemplar nuestra visión sobre tan singular edificio, en cuyo interior y de modo disperso se hallan inscripciones árabes, o restos visigodos que nos hablan del heterogéneo origen de la Mezquita-Catedral de Córdoba.


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Sinagoga Construcción Religiosa del Siglo XlV/ Época Medieval Ubicación: Calle Judíos

Única en Andalucía y tercera de las mejor conservadas de época medieval de toda España, está situada en el barrio cordobés de la Judería. Construida entre los años 1314 y 1315 según las inscripciones halladas en el edificio, sirvió de templo hasta la definitiva expulsión judía. A través del patio se accede a un pequeño vestíbulo. A la derecha de éste suben las escaleras que dan acceso a la zona femenina. Al frente se abre la estancia principal. De planta cuadrangular, se encuentra decorada con atauriques mudéjares. El muro que soporta la tribuna de las mujeres se abre con tres arcos ornamentados con yeserías de gran belleza. En 1492 los judíos son expulsados, utilizándose el templo como hospital, siendo después ermita de San Crispín y, por último, escuela infantil. A finales del siglo XIX es declarada Monumento Nacional. Alcázar de Córdoba Fortaleza Cristiana Originaria del S. XIII con intervenciones Barrocas/ Época Medieval Ubicación: Campo Santo de los Mártires

El Alcázar cordobés, fortaleza y palacio de sólidos muros, encierra en su interior gran parte de la evolución arquitectónica cordobesa. Restos romanos y visigodos conviven con los de origen árabe en este majestuoso solar, ya que fue lugar predilecto de los distintos gobernantes de la ciudad. Cuando en 1236 Córdoba es conquistada por Fernando III el Santo, el edificio, que formaba parte del antiguo Palacio Califal, estaba totalmente


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asolado. Alfonso X el Sabio comienza su restauración, completada durante el reinado de Alfonso XI. A lo largo de la Historia se le ha dado múltiples usos, como Sede del Santo Oficio (Inquisición), o cárcel (en la primera mitad del siglo XIX). El visitante que por primera vez vislumbra esta fortaleza se sorprende ante una construcción casi rectangular con extensos muros de sillares pétreos y cuatro torres que perfilan los ángulos (la de Los Leones, la del Homenaje, la de La Inquisición y la de Las Palomas) Dentro, las distintas dependencias se articulan en torno a patios con exóticas y bellas flores, hierbas aromáticas y frondosos árboles. Las estancias y corredores se cierran con cúpulas góticas de piedra. En una de las galerías de acceso se exhibe un sarcófago pagano del primer cuarto del siglo III. En su frontal muestra un altorrelieve sobre una alegoría del paso de los difuntos hacia el más allá a través de una puerta entreabierta. Resalta, de todas las salas una pequeña capilla barroca: el Salón de los Mosaicos, en la que se exponen piezas romanas de este tipo procedentes del subsuelo de la Corredera. Bajo esta estancia se encuentran los baños, de inspiración árabe, divididos en tres salas abovedadas con tragaluces estrellados. Estas se comunican con la caldera situada bajo la torre del Homenaje. De los dos patios, el Mudéjar llama la atención por su belleza. Con enlosado en mármol, el murmullo del agua que corre por los canales y albercas refresca el ambiente y relaja al fatigado visitante. Los extensos jardines que cierran el conjunto dan muestra de la monumentalidad y esplendor de este Alcázar cordobés.

Caballerizas Reales Construcción Civil del Siglo XVI Época Moderna Ubicación: Calle Caballerizas Reales 1

En 1570, Felipe II dio rienda suelta a su afición por los caballos y a su proyecto de crear el pura raza español. Para ello mando construir las Caballerizas Reales en una parte del solar del Alcázar. Comparte con la fortaleza real el marcado carácter militar. En este atractivo edificio se crió el caballo español, también llamado andaluz, de ascendencia árabe. La estancia principal, cuya cubierta de bóveda de arista es soportada por columnas de piedra arenisca, está dividida en pequeñas cuadras o boxes. En la actualidad pertenece al Ayuntamiento y está en proceso de remodelación para restablecer la cultura del caballo en la historia de las Caballerizas.


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Medina Azahara Construcción Palatina del Siglo X/ Epoca Medieval (Califal) Ubicación: Carretera de Palma del Río

Medinat al-Zahara, la fastuosa y misteriosa ciudad que Abd-al Rahman III mandó construir a los pies de Sierra Morena, a ocho kilómetros de la capital, encierra, incluso en su nombre, historias legendarias. La tradición popular afirma que, autoproclamado Abd alRahman III califa en el 929 d.C., y tras ocho años de reinado, decidió edificar una ciudad palatina en honor a su favorita, Azahara. Sin embargo, recientes estudios aportan fuertes evidencias de la causa que impulsó al califa a fundar Medina Azahara. Una renovada imagen del recién creado Califato Independiente de Occidente, fuerte y poderoso, uno de los mayores reinos medievales de Europa, se acepta como el origen más probable de la nueva Medina. Se dispone la ciudad en tres terrazas rodeadas por una muralla, situado el Alcázar real en la más superior y la intermedia. La zona más baja se reservó para viviendas y la mezquita, edificada extramuros. Las fuentes históricas apuntan a la participación de unas diez mil personas que trabajaban diariamente en su construcción. Abd al- Rahman no escatimó en materiales para lograr el efecto buscado: la insignia del poderoso reino que gobernaba. Ricos mármoles violáceos y rojos, oro y piedras preciosas, además del cuidado trabajo artesanal de los mejores canteros y las legendarias contribuciones bizatinas, ayudaron al encumbramiento del preciado proyecto.

Parte del alcázar tenía carácter público y era donde se sucedían las visitas oficiales. En la parte más alta se sitúa el Salón Alto, dispuesto en cinco naves con arcadas. Más abajo se encuentra el Salón Rico. La estancia se divide en tres naves con arcos de mármol rojo y azulado, siendo las laterales ciegas y abierta la central. La decoración de ataurique


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(motivos vegetales labrados) y la riqueza e los materiales han configurado el nombre del engalanado recinto, completado con baños y abierto al Jardín Alto, de gran hermosura. Se desarrolla este jardín en cuatro zonas, quedando el punto de intersección ocupado por un pabellón y cuatro albercas. Una de éstas, la enfrentada al Salón Rico ha pasado a la leyenda por cobijar en su interior mercurio y bañar el grandioso recinto con destellos de mil colores. Un complejo de calles en rampa empinada nos conducen al gran pórtico oriental, por donde accedían las grandes embajadas que recibía el califa. Delante del mismo se abría una gran plaza en la que se concentraban las tropas y el personal de las ceremonias protocolarias. A extramuros de la medina se emplazó la mezquita, levantada en poco más de un mes. Este solemne recinto sufrió grandes destrozos a través de las sucesivas guerras que asolaron al-Andalus a principios del siglo XI, transformando en ruinas Madinat al-Zahra. El esfuerzo por crear una ciudad ideal tan sólo duró setenta años, efímera vida para la que fuera "favorita" del primer califa. Hospital del Cardenal Salazar Construcción Civil del Siglo XVIII/ Época Moderna Ubicación: Plaza del Cardenal Salazar

Este señorial edificio ha desempeñado, desde su proyección, distintas funciones. Desde centro educativo para niños pobres, pasando por hospital de agudos, actualmente acoge la facultad de Filosofía y Letras de Córdoba. Fue proyectado en el siglo XVIII por Francisco Hurtado Izquierdo. La imponente fachada barroca da paso a las distintas estancias articuladas en torno a dos patios con arcos, el principal de ellos con una preciosa fuente de mármol. Desde la escalera principal se accede al segundo piso. Los largos corredores se abren con pequeñas ventanas en las que, aún hoy en día, pueden verse grabados los nombres y fechas de los internos del antiguo hospital. Integrada en el conjunto aparece la capilla de San Bartolomé, ejemplo de la arquitectura gótico mudéjar. Mausoleos Romanos Construcciones Funerarias del Siglo I d..C. Época Clásica Ubicación: Puerta Gallegos


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Estos impresionantes monumentos datan del segundo cuarto del siglo I d.C. Reconstruido uno de ellos completamente y parte del segundo, son las construcciones funerarias romanas más importantes de la ciudad. Su estructura cilíndrica y sus grandes dimensiones, así como su disposición a la entrada de la ciudad junto a la principal vía Corduba-Híspalis, nos permite asegurar el carácter acomodado de las familias para las que se construyeron. Debido a lo inusual de su tipología en la península, pudo haber sido diseñado por un arquitecto itálico, tomando como referencia otros mausoleos de la capital imperial. Los mausoleos fueron descubiertos en 1993 durante la realización de unas catas arqueológicas. Hoy en día puede verse, concertando previamente una visita, su interior, donde se ha dispuesto el Centro de Interpretación del Mundo Funerario. Puente Romano Construcción Civil Originario del Siglo I, intervenciones de los Siglos XIII AL XIX y reciente restauración Siglo XXI Epoca Clásica-Medieval -Co ntem poránea Ubicación entre Bajada del Puente y Ronda de Isasa

El conjunto de la Mezquita-Catedral, el río, la Puerta del Puente y el mismo Puente Romano, conforman una de las vistas más exquisitas de Córdoba, máxime aún si se visita al atardecer, en esa hora incierta en la que los últimos rayos de sol doran las superficies. El citado puente, levantado en el siglo I a. C., ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de la Historia. La estructura principal data del medievo, siendo la intervención más reciente de 1876. Consta de dieciséis arcos, cuatro apuntados y el resto de medio punto. En el


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centro del antepecho se erige una escultura de San Rafael, obra del siglo XVI, realizada por Bernabé Gómez del Río. Torre de la Calahorra Construcción Civil del Siglo XIII/ Época Medieval Ubicación: Bajada del Puente-Puente Romano

En el extremo sur del Puente Romano se levanta esta torre albarrana sobre una construcción islámica. Mandada edificar por Enrique II de Trastámara durante la contienda contra su hermano Pedro I el Cruel, su situación estratégica como punto de entrada a la ciudad le confirió una gran importancia en la historia militar. De planta poligonal y escasos vanos, las dos torres principales se unen en un arco que da paso al interior del recinto. A principios del siglo XX fue declarada monumento histórico artístico. Hoy en día, tras diversos usos, como cárcel y escuela, acoge el museo Roger Garaudy sobre la convivencia entre las culturas judía, cristiana y musulmana. Templo Romano Construcción Religiosa del último tercio del Siglo I Época Clásica Ubicación: Calle Claudio Marcelo

Junto al Ayuntamiento de Córdoba se encuentra situado el único templo romano del que nos ha llegado evidencia arqueológica. Dedicado al culto imperial, asombra por sus grandes dimensiones. Formó parte del Foro Provincial junto con un circo. Originariamente estaba elevado sobre un podio y contaba con seis columnas exentas de tipo corintio en su entrada. Frente a ésta se levantaba el ara o altar. La reconstrucción, llevada a cabo por el


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arquitecto Félix Hernández, ha portado a Córdoba una muestra más de la grandiosidad de esta urbe en época romana. Algunas de las piezas originales del templo se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico o en inusuales y bellos rincones de la ciudad, como la columna estriada de la plaza de la Doblas. Torre de la Malmuerta Construcción Civil del Siglo XV Época Medieval Ubicación: Plaza de Colón-Avda. Ollerías

Cerca de la Plaza de Colón, la torre albarrana de la Malmuerta, se envuelve en la leyenda. La tradición popular asegura que el nombre de la torre se debe a la muerte de una noble dama cordobesa a manos de su marido celoso. Al margen del mito, esta torre, que fue edificada sobre una construcción islámica anterior, se levanta en el siglo XV. Se halla unida a la muralla a través de un arco de medio punto, bajo el que puede apreciarse una leyenda inscrita con datos alusivos a su construcción. En el interior, diversas escaleras conducen al adarve y, más arriba, a la única sala del edificio, con bóveda y abierta al exterior mediante saeteras.

Puerta del Puente


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Puerta del Puente, diseñada por el arquitecto Juan Herrera. Esta puerta, que es la más airosa de la ciudad, fue construida en el año 1571, con sillares almohadillados; sus columnas exentas, que imitan el orden dórico, sustentan una cornisa y un ático rematado por un frontón semicircular, en el cual se observa un relieve con el escudo de Castilla sostenido por dos guerreros de la época. En la parte superior del intercolumnio, hay dos relieves de Torrigiano y una cartela que recuerda su inauguración por el monarca Felipe II. Hoy no conserva toda su esbeltez, pues el basamento está hundido bajo el nivel de la calzada que lo circunda. Debido a la reforma que se realizó a principios del siglo XX, cambió su aspecto de puerta por el de un arco de triunfo. A la izquierda de la Puerta del Puente se encuentra el triunfo de San Rafael, el más notable de la ciudad. Al transitar por la ciudad podemos observar diferentes triunfos, en el puente romano, en el puente de San Rafael, en la antigua estación de ferrocarril, en Puerta Nueva, en la plaza del Potro. En dichos lugares y en otras plazas cordobesas, figura la estatua de San Rafael encaramado sobre el capitel de una columna votiva. Estas variadas y originales representaciones, que son conocidas con el nombre de triunfos, son conmemorativas de la promesa de salvaguardia ciudadana que los cordobeses, haciéndose eco de una piadosa tradición, atribuyen al benéfico arcángel. De todos los triunfos existentes, éste que se contempla, situado junto a la puerta del Puente, en el interior de un recinto con verja que también es atalaya sobre el río, resulta el más fastuoso y monumental. Se comenzaron las obras en abril del año 1765, sobre un diseño de los presbíteros Esgrois y Martínez, con posterioridad reformado por el arquitecto francés Michel de Verdiguier, el mismo que realizó los dos púlpitos del crucero de la Mezquita-Catedral. En el pedestal hay un grupesco de palmeras y figuras alegóricas Triunfo de San Rafael


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no muy conseguidas. La obra fue concluída en diciembre de 1871 y fue costeada por el cabildo catedralicio. Murallas de la ciudad

Córdoba fue en la antigüedad una ciudad totalmente amurallada, y aunque las modernas construcciones han desbordado con creces lo que fuera su recinto medieval, aún se conservan grandes lienzos de murallas que atestiguan su vieja estructura. El recinto de Córdoba estaba dividido en dos amplias partes: la Almedina y la Ajerquía, ambas encerradas en fortificaciones independientes y separadas por un muro divisorio, del que aún puede admirarse recia muestra a lo largo de la calle de la Feria o de San Fernando. Una y otra parte se comunicaban por angostos accesos. En la mencionada calle podremos pasar a través de una de ellas, que tiene de nombre El Portillo. Son muy interesantes las murallas de Córdoba que se encuentran al sur, reflejando la serena belleza de sus piedras en las aguas del Guadalquivir, que discurre ante ellas. Desde sus torres, de fácil acceso, el visitante puede contemplar la secular estampa del famoso puente romano, que en su tiempo formó parte de la gran vía Augusta, y los viejos molinos del río, entre los que destaca el denominado de la Albolafia, situado junto al murallón ribereño como macizo soporte de la formidable noria que recogía el agua para el riego de los jardines del Alcázar. Las murallas desaparecen entre las construcciones del barrio del Alcázar Viejo; pero vuelven a salir a la luz, en el arranque del Campo Santo de los Mártires, para ofrecernos una atrayente contemplación de piedra, vegetación y agua en increíble armonización arquitectónica, en el lugar llamado Calle de la Muralla. La mayor parte de las puertas de las murallas fueron destruídas con el paso de los siglos y de ellas sólo quedan los nombres; pero todavía podemos admirar la denominada Puerta de Sevilla, con dos arcos iguales, cuya primitiva construcción se remonta al siglo X; la de Almodóvar, adintelada con arco de herradura, enmarcada entre dos soberbios torreones, y la Puerta del Puente, realizada por Hernán Ruiz en 1571, plenamente renacentista, mostrando sus estríadas columnas dóricas y construída sobre el emplazamiento que antes tuvo una antigua puerta romana, a la que los árabes llamaron Puerta de la Figura, por la que tenía tallada sobre su arco.


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Su taza de alabastro derrama todavía sus gotas de diamantes, y los doce leones que la sostienen - que dan nombre al patio - aún arrojan sus cristalinos caños de agua como en los días de Boabdil. WASHINGTON IRVING. (Cuentos de la Alhambra)


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Granada Belleza y misterio esconden la Granada de García Lorca. Leyendas y poemas que en la noche recuperan su esencia. Admiración y asombro en cada esquina, en cada piedra que nos recuerda su pasado árabe. Mucho por visitar, mucho por recorrer y seguro que, ante un día inacabado, nos deslizamos por la fresca noche entre luces, bares y bullicio. Belleza de su vega y alamedas, del imponente blanco del Veleta, de sus antiguos y apacibles barrios, de esa joya levantada sobre la colina roja, la Alhambra. Misterio que nos embriaga con aroma de flores que se escapan por encima de las tapias, del espíritu flamenco bajo la roca. Misteriosa Granada, en la que todo es posible y nada puede explicarse. Granada, es hablar de antigüedad y modernidad, de embrujo y leyendas. Es seguir la sombra de García Lorca, escuchar la música universal de Falla o descubrir la historia en cada esquina.

GRANADA. BREVE RESEÑA HISTÓRICA La ciudad estuvo habitada desde tiempos antiquísimos. En época ibérica se asentaron en ella los túrdulos. Tuvo contactos con fenicios, griegos y cartagineses que establecieron colonias. En el s. V a.C. es conocida como Elybirge por los griegos. En los primeros siglos de nuestra era, bajo dominio romano, pasó a denominarse Iliberís. Bajo la ocupación de los visigodos se mantuvo la importancia de la ciudad tanto en el plano religioso como en el civil, además del militar. Una comunidad hebrea se asentó en lo que constituía más un barrio de una población independiente, conocida como Gárnata al-yahud (la Granada de los judíos). Con el apoyo de esta comunidad hebrea logró Tatik tomar Iliberís, aunque la ocupación definitiva será en el 713, dándole los árabes el nombre de Ilbira (Elvira). Más tarde las luchas intestinas entre los diversos grupos étnicos y culturales, se terminó destruyendo la ciudad en 1010. Después de esto, y tras un período en el que los nombres de la ciudad se confundían, acabó afianzándose el de Garnata, que es el que ha perdurado hasta hoy derivando en Granada. En el 1013 Granada se constituyó en reino independiente con la llegada de la dinastía de los ziríes de África. A finales del s.XI la población se extendió por toda la colina del Albaicín y al otro lado del Darro hasta la Alhambra. Con la llegada de la dinastía nazarí, Granada experimenta in auge inigualado, llegando su reino a ocupar completamente lo que hoy son las provincias de Granada, Málaga, Almería, y gran


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parte de las de Sevilla, Jaén, Córdoba y Cádiz. Bajo el reinado del primer rey nazarí, Alhamar, que llega a favorables acuerdos con Fernando III y se declara vasallo, se extiende la ciudad a los pies de la colina de la Alhambra y Albaicín. Se construye el palacio de la Alhambra y en la parte baja de la ciudad se instalan la Madraza, las aduanas y gran parte de la industria de la ciudad. En el s. XV, las luchas internas entre familias debilitan a l reino que en 1492, siendo rey Boabdil, que no era más que un niño, cae en manos de los Reyes Católicos el día 2 de enero. Al principio se respetaban las costumbres, pero en 1499 el Cardenal Cisneros les obliga a bautizarse. Más tarde se les grava con fortísimos impuestos y se les prohíbe el uso de sus ropas, sus costumbres e incluso su lengua. En 1568, debido a la opresión que sufrían, se rebelan los moriscos del Albaicín. Su caudillo, Fernando de Válor, conocido como Aben Humeya, se ve obligado a refugiarse en las Alpujarras. Derrotada la rebelión por Juan de Austria, se les expulsa de Granada. En los s. XVIII y XIX, Granada es uno de los destinos

,más frecuentados por los llamados viajeros románticos, que acuden a la ciudad atraídos por su belleza y sus leyendas


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La Alhambra de Granada La Alhambra, abreviación de Qal´t al Hamra o “fortaleza roja”, es un recinto fortificado de forma irregular situado en la colina de la Sabika, la más alta de las estribaciones en las inmediaciones de Granada y cuyo acceso es prácticamente imposible desde el norte o el oeste y sumamente difícil desde el lado sur. Si bien es cierto que el conjunto palacial es el que goza de mayor fama entre la población, la Alhambra era en realidad una ciudad de 740 por 22 m, rodeada de murallas y jardines, con todas las necesidades de una organización urbana medieval islámica que disfrutaba de todo el abanico de actividades sociales y económicas de una ciudad. El conjunto monumental corresponde a distintas épocas y fases de construcción, respondiendo a sí al modelo palacial de los mundos oriental e islámico por adicción en el espacio, lo que permite el estudio por separado de todas las unidades del conjunto, al constituir cada una de ellas una entidad propia: la Alcazaba, fortaleza de la Alhambra realizada en el reinado de Mohamed I a mediados del XIII; la Casa Real, conjunto de palacios construídos en el XIV durante los reinados de Yusuf I y Mohamed V; el Generalife, pabellones y jardines yuxtapuestos al conjunto por el lado noroeste fechados en el reinado de Mohamed II a finales del XIII; y, en torno a todos ellos, la ciudad laboral, con viviendas, industrias, baños públicos, mezquitas, comercios y toda la infraestructura de una ciudad que estuvo habitada hasta el siglo pasado. Fiel a la tipología palacial musulmana, la Alhambra presenta un aspecto exterior de fortaleza que no avanza la extraordinaria decoración que guarda en su interior. Esto se debe al carácter religioso que impregna la vida común del musulmán, en la que la intimidad adquiere un valor fundamental, por la que la vivienda volcará su encanto al interior, articulado entorno a uno o varios patios en las que la luz y el agua serán los protagonistas en una perfecta fusión con la arquitectura. La naturaleza, la luz y el agua son los tres elementos que definen la Alhambra. Pero lo destacable es la relación de igualdad que se

desarrolla entre ellos y la arquitectura, de tal forma que ninguno se superpone o se subordina a los demás. Los jardines no están concebidos para destacar la obra arquitectónica, sino que tienen sentido por sí mismos. La luz protagoniza todos los rincones del palacio, ya sea mediante miradores sobre la ciudad o sobre patios internos, mediante cúpulas de muqarnas que permiten un juego plástico de luces y sombras o mediante paños de sebka o falsas estructuras arqueadas caladas que permiten el paso de la luz al interior de las dependencias o las contemplación de las estrellas sentados en el suelo. El agua corre por todos lados, en estanques estáticos, en fuentes dinámicas o en escaleras de piedra, dándole un valor de escultura omnipresente en el conjunto. En definitiva, la Alhambra no está concebida para mostrar el esplendor y poder de los soberanos sino que tiene por misión ofrecer a sus habitantes una vida lo más placentera posible. Es una fiel trasposición del Paraíso definido en El Corán: ”Un vergel por el que corren riachuelos”. Pero la Alhambra también garantiza la protección de sus regios inquilinos: las puertas de acodo de las murallas que creaban un laberinto en su interior; la disposición yuxtapuesta de los palacios, con una comunicación disimulada y laberíntica entre ellos; la inexistencia de puertas monumentales de acceso que faciliten la labor al invasor o la estratégica situación de los baños privados de la familia real, invisibles desde el exterior, pero que permiten controlar desde el interior cualquier movimiento de fuera, en el Patio de los Leones. Se trata de hacer cumplir la ley de la sorpresa para el visitante extraño, siempre en clara desventaja respecto al habitante del palacio. El concepto paradisíaco de vida placentera que exige la vivienda musulmana obliga a trabajar con materiales blandos y no excesivamente nobles, por lo que la decoración inundará el muro a base


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de motivos geométricos y vegetales entrelazados y de inscripciones cúficas a la altura de los ojos para ser leídas con comodidad y que, en el caso de la Alhambra, son poesías exclusivas de grandes poetas andalusíes como Ibn Zamrak e Ibn Yayyab. La decoración era sobre yeso, madera o azulejo, con una excelente policromía. El motivo decorativo más peculiar es la muqarna o mocárabe, especie de estalactita tridimensional que proporciona volumen, dinamismo de luz y sombra y simbolismo celeste, mediante el color azul. El conjunto de palacios se divide entres partes contrapuestas: el Palacio del Mexuar, cuya función probable es la de impartir justicia; el Palacio de Comares, con la función del diwan de albergar fiestas y recepciones; y el Palacio de los Leones, con función de harén o estancias privadas de la familia. El Palacio del Mexuar ha sido el que más reformas cristianas ha sufrido, de tal forma que la sala de la justicia no presenta ningún rasgo musulmán original. Parece ser que esta sala se basaba en una cúpula, símbolo del cielo, bajo la que se impartía justicia. En cambio, el Patio del Cuarto Dorado sí nos muestra el aspecto que tuvo en el XIV, con fachada monumental con una extraordinaria decoración casi plana y con dos puertas iguales que protegían el acceso al siguiente palacio, puesto que la puerta de la derecha vuelve a conducir a los patios delanteros, creándose así una bifurcación oculta a la vista.

cielos del Islam y excelentes miradores a la ciudad. Se crea así un microcosmos en el que se introduce el trono de Yusuf I, el cual recibe el poder como fruto de una emanación divina y lo ejecuta sobre el pueblo que tiene a sus pies. Este significado cósmico y teocrático del poder queda reflejado en los poemas exclusivos que forman parte de la decoración de la sala:

“Soy lo que el corazón es para los miembros, pues estoy en medio de ellos, y en el corazón reside la fuerza del aliento y el alma. Me vistió mi Señor, el favorecido de dios, Yusuf, con una vestidura de esplendor y gloria, cuál ninguna vestidura. Y me eligió para ser el solio del reino; ayude a su excelsitud el Señor del trono y solio divino.” Debajo de los siete cielos de la cúpula central descansa el gobierno terreno del rey. El Palacio de los Leones constituía el harén o dependencias privadas del soberano, de ahí su extraordinaria belleza y perfección. En torno al patio, se distribuyen las diferentes salas: la Sala de los Mocárabes y la Sala de los Reyes en los lados menores, y la Sala de los Abencerrajres y la Sala de las Dos Hermanas y el Jardín de Daraxa en los mayores.

El Palacio de Comares presentaba un acceso restringido, Sólo los miembros política y socialmente importantes de la Granada nazarí, así como las delegaciones extranjeras, tenían acceso.

El Patio de los Leones es la unidad más perfecta de toda la Alhambra puesto que su diseño se basa en la proporción áurea, que permite las proporciones entre las partes en el alzado. Su estructura es rectangular con una fuente central de la que parten cuatro canales cruciformes orientados a los puntos cardinales, dos de los cuales se introducen en las salas contiguas de los Abencerrajes y de las Dos Hermanas, creando así una correspondencia entre las partes.

El palacio tenía tres partes: el Patio de los Arrayanes, con una alberca que da perspectiva y dificulta el acceso al interior de la torre; la Sala de la Barca, con un pórtico basado en una falsa arcada de sebka; y la Sala de Embajadores o Salón del Trono, una de las estancias más importantes de la Alhambra, con un artesonado de madera piramidal que representa los siete

La Fuente de los Leones no es original musulmana, sino que se trasladó de palacio judío del XI. De ahí que los doce leones hagan referencia a los

El simbolismo de esta disposición es claro: de la fuente de la vida en el Paraíso salen cuatro ríos que reparten la vida en las cuatro direcciones del mundo. De nuevo el agua como elemento vital, ahora como metáfora de la vida.


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doce toros alados de la fuente central del mar de metal fundido del mítico Templo de Salomón de Jerusalén. El poema original que adorna la taza de la fuente hace referencia a los leones de la victoria de la yihad o guerra santa islámica y, sobre todo, a la belleza del agua, comparada en el poema con las perlas, la plata y las lágrimas del enamorado. El elemento más importante de este patio es la columna que, fiel a su esencia clásica, provoca un intenso dinamismo, dada su capacidad de generar espacio. Representación de la tooba o árbol del Edén, su fuste es fino y liso, arrancando en una sencilla basa y terminando en collarinos. El capitel se divide en dos partes: una inferior del mismo diámetro que el fuste y decorado con meandros, y una superior cúbica con motivos vegetales labrados a trépano. Encima del capitel, un cimacio sirve de transición entre la columna y la estructura calada de arcos falsos. La Sala de los Reyes debe su nombre a las pinturas de temática cortesana de su interior. Lo importante de esta sala es su decoración a trépano y su despiece en tramos cuadrados que, junto a los arcos de muqarnas, prolongan visualmente la sala. La Sala de los Abencerrajes y de las Dos Hermanas están unidas al resto del palacio mediante el canal de agua que parte de la fuente. Su cubierta consiste en una cúpula de muqarnas policromada que permite un constante y variado juego de luces y sombras a lo largo del día. El poema original de la cúpula de las Dos Hermanas nos describe una cúpula giratoria que refleja el ciclo de luz y oscuridad y las posiciones cambiantes de los cuerpos celestes.

Esta sala acaba en el Mirador de Daraxa sobre el jardín del mismo nombre, cuya tranquilidad manifiesta la función de vivienda privada e íntima de esta unidad del palacio. El Partal es un módulo yuxtapuesto al conjunto de los Leones, cuya función parece ser de recreo o residencia estival. Su constitución, basada en jardines y estanques, así como en un amplio mirador sobre Granada, contribuyen a aceptar esta idea. Por último, El Generalife es un conjunto de jardines y pabellones situado en el lado noreste de la colina. Su nombre significa “el jardín el arquitecto” y parece estar basado en la vivienda agrícola del Tratado de Agricultura de Ibn Luyun. Aquí la naturaleza y el agua se convierten en los protagonistas de la composición, repitiendo el mismo esquema del resto de la Alhambra: - Un pórtico inferior de falsa estructura horadada y arqueada - Un mirador superior. - Su función todavía nos es desconocida, aunque todo apunta a que fuese el palacio y jardines de verano del monarca. En definitiva, la concepción de lugar paradisíaco que guarda todo su encanto y riqueza en su interior, unida a la traumática pérdida de Granada por parte de los musulmanes ante los Reyes Católicos, han alimentado las fantasías popular y literaria sobre este lugar, que defiende la existencia de tesoros y espíritus infelices en sus entrañas, lo que ha convertido a la Alhambra en uno de los edificios legendarios de la historia de la arquitectura.


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La catedral Se inicio su construcción en 1523 bajo la dirección de Enrique Egas, pero en 1528 fue sustituido por Diego de Siloé. Al edificio , de planta gótica, se le fueron incorporando elementos renacentistas. Siloé murió en 15663 y las obras pasaron por las manos de varios maestros (entre otros Alonso Cano) y se concluyeron en 1704. La Catedral está adosada a la Lonja, la Capilla Real y la Iglesia del Sagrario. En el lado norte, hay dos puertas, la del Perdón y la de San Jerónimo, ambas decoradas con elementos platerescos. La fachada principal, de sobría decoración en al que vemos escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, da a la plaza de las Pasiegas y fue proyectada por Alonso Cano en 1667. Diego de Siloé, dejándola con planta cuadrada y unos 25 metros de altura menos de los proyectados, lo que le da a la torre un aspecto truncado, pero no por eso menos bello.

En un principio, había proyectadas dos torres, pero sólo llegó a edificarse la de la izquierda, que fue iniciada por


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En el interior del templo, la Capilla Mayor, de 45 m de altura, es obra de Diego del Siloé. Situada frente al crucero, tiene forma circular; y está formada por una serie de siete arcos que sostienen una impresionante cúpula. Sobre los arcos que dan paso a la girola hay pinturas de Juan de Sevilla y de Bocanegra, por encima hay retablos con pinturas que representan la vida de la Virgen y que son obra de Alonso Cano. Alrededor de la Capilla Mayor está la girola que es la prolongación de las naves laterales. Desde la Capilla Mayor se tiene acceso a la sacristía que contiene tallas interesantes como un Cristo de Montañez y la Inmaculada Concepción o del Fascitol, pues estaba destinada al mismo, de Alonso Cano. Probablemente este autor también realizó el Santo Cristo que remata el fascitol del coro. En la parte central de la nace mayor está el panteón de arzobispos y prebendados y los restos mortales de Mariana Pineda y de Alonso Cano. El museo catedralicio, situado en la antigua sala capitular, tiene acceso desde el lado izquierdo por un arco de medio punto decorado con alegorías de las virtudes. El museo conserva algunos objetos litúrgicos de un valor incalculable, como la custodia de la reina Isabel de Castilla, además de tapices y libros miniados, tallas y algunos lienzos valiosísimos, como una virgen que con Niño atribuida a Leonardo da Vinci. La Capilla Real Adosada a la Catedral, a la Iglesia del Sagrario y a la Lonja, fue fundada por los Reyes Católicos y dedicada a San Juan


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Evangelista. En 1521 fueron trasladados los restos de los Reyes Católicos a está capilla. Con Carlos I se continuaron las obras transformando esta modesta capilla gótica en un aauténtica joya de la arquitectura del Renacimiento español. El emperador Carlos hizo también trasladar a Granada los restos de sus padres, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, para que descansaran en la Capilla. La que fue puerta principal de la Capilla esta hoy cubierta por los muros de la Catedral. En 1527 se construyó otra puerta que la sustituyó en el lado opuesto de estilo plateresco. La entrada al edificio se efectúa en la actualidad

No dejes de..... 

Contemplar el Albaicín y el Sacromonte desde la Alcazaba.

Sentarte al sol en el Campo del Príncipe y olvidarte del tiempo.

Pasear por los jardines de la Alhambra.

Acudir al mirador de San Nicolás al caer la tarde, beber en su fuente, buscar un buen emplazamiento y contemplar la puesta de sol sobre la Alhambra.

Perderte por la Alcaicería y sucumbir a la tentación de comprar algo.

Tomarte un té sentado en la calle, en uno de los múltiples bares que hay a


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las espaldas de la Plaza Nueva y contemplar el ir y venir de la gente. 

Acudir a la oficina de Información que hay cerca de la Catedral si no tienes suficiente con lo que te hemos contado.

Paseo por el Centro Proponemos un paseo por calles más comerciales del centro de la ciudad. Partiendo de Puerta Real tenemos tres calles donde existe una ajetreada vida comercial: Mesones, Alhóndiga y Puentezuelas. Las dos primeras, llenas de comercios y de gentes, nos llevan a la Plaza de la Trinidad, típica y sombrada plaza desde la cual, por la calle Tablas, llegamos a la calle Carril del Picón, donde podemos seguir visitando tiendas de moda. Desde aquí podemos elegir y tomar bien las calles Obispo Hurtado, Sócrates o Emperatriz Eugenia que nos llevan a la calle Pedro Antonio de Alarcón, calle donde se concentra la vida nocturna granadina. Paralelas a Pedro Antonio de Alarcón están Camino de Ronda y Arabial, donde los comercios y el pesado tráfico será lo que más nos llame la atención. Al final del Carril del Picón podemos tomar la calle del Gran Capitán, que seguida de la calle San Juan de Dios, nos deja en los jardines del Triunfo. Otra posibilidad es tomar la calle Melchor Almagro y visitar el Poligono Universitario de Ciencias. Estas calles son las más grandes e importantes, pero a su alrededor podemos encontrar multitud de arterias secundarias que seguro que tienen algo que enseñar.

Viaje a córdoba y granada