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mañoso no se movía. Entonces el pobre Carlitos se sentó en una piedra y se puso a llorar porque su padre lo castigara por demorarse tanto. Al poco rato pasó por allí un amigo del pueblo llamado Martín y le preguntó: - Carlitos, ¿por qué lloras? - Lloro porque el burro no quiere andar y si tardo, mi padre me va a castigar. - Pues verás cómo yo lo hago andar. El burro tampoco le hizo caso y Martin dijo: - Yo también me doy por vencido. Se sentó al lado de Carlitos rezonga que rezonga y en eso pasó una niña llamada Adela: - ¿Por qué rezongas Martin? - Rezongo porque Carlitos se ha puesto a llorar, porque su burro no quiere andar y si tarda, su padre lo va a castigar. - Pues verás como yo lo hago marchar. Pero el burro siguió sin moverse y la niña dijo: - Yo también me pondré a lamentarme. Y se sentó junto a Martin, llorando sin consuelo. Entonces pasó Sebastián - Adela, ¿por qué estás llorando? - Lloro porque llora Martin y Martin llora porque Carlitos se ha puesto a llorar, porque el burro no quiere andar y si tarda, su padre lo va a castigar. - Pues verás cómo yo con el lazo lo hago marchar. Pero el burro mañoso se quedo muy tranquilo y Sebastián dijo: - Yo también me pondré a lamentarme. Y se sentó junto a Adela hecho un mar de lamentos. Poco después pasó por allí un viejo llamado el tío Nicolás: - ¿Por qué te lamentas Sebastián? - Me lamento porque llora Adela y Adela llora porque llora Martin y Martin llora, porque Carlitos se ha puesto a llorar, porque el burro mañoso no quiere andar y si tarda en llegar a la casa, su padre lo va a castigar. - Pues verás cómo yo lo hago marchar. Entonces todos: Carlitos, Martin, Adela y Sebastián se echaron a reír a carcajadas, diciendo: - ¡Ja, ja, ja! ¿Cómo una abeja tan chiquita va a poder más que todos nosotros? El tío Nicolás saco de un frasco una abejita. Esta voló hasta donde estaba comiendo el burro y se puso a zumbar: - ¡Zzz,Zzz…! El burro le molesto tanto el ruido que dejo de comer. La abejita se posó entonces en la oreja del burro y ¡Zas!, lo picó tan fuerte que salió corriendo sin parar hasta llegar al corral. Tanto corría que Carlitos apenas pudo alcanzarlo… y Martin, Adela y Sebastián se quedaron allí mirándose, con la boca abierta.

MARIA Y EL CARACOL

literatura  

revista con variedad de textos literarios como poemas ,cuentos refranes

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