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La Guardería del Coto de Gredos En la programación de los actos del Centenario de la visita de Alfonso XIII a Candeleda, siempre estuvo presente el interés en reconocer a la guardería de Gredos los extraordinarios esfuerzos que, a lo largo de estos 106 años, habían realizado, y realizan, en la protección y conservación de la cabra montés en nuestra sierra. En esa línea, sirvan estas notas para prolongar ese reconocimiento, máxime cuando una larga tradición de candeledanos han ejercido esa labor, y muchos de ellos han dejado anécdotas y vivencias en la memoria de todos nosotros: Isidoro Blázquez, el “tío Siorete”, Jacinto González, “Jacintón”, Domingo y Mauricio Blázquez, Dionisio Delgado, Serapio González… Fundamentalmente en el último cuarto del Siglo XIX, Gredos es visitado por numerosos cazadores, en su mayoría extranjeros, quienes dejaron libros escritos sobre sus vicisitudes en Gredos, - caso de los ingleses Chapman y Buck,- y otros pasaron casi desapercibidos, aunque la prensa de la época sí hizo alguna breve reseña de sus cacerías. En 1879 cazarán en Gredos los príncipes de Austria y Baviera quienes, partiendo de Bohoyo, llegarán hasta la Laguna Grande, cubierta con mas de 20 varas de nieve, y pernoctarán en sus inmediaciones, hacíendolo el archiduque Rodolfo echado sobre su capote y cubierto con una manta al aire libre. Sólo el príncipe Leopoldo de Baviera matará una hembra de cabra montés. Sin duda, esta cacería sería muy comentada en la Corte, hasta tal punto que el rey Alfonso XII se planteará acercarse a Gredos. La prensa de la época, a primeros de junio de 1883, anunciará que en los últimos días de junio, cuando haya comenzado el deshielo de las alturas de la Sierra de Gredos, provincia de Ávila, la visitará Su Majestad el Rey con objeto de dedicarse durante algunos días a la caza de cabras montesas, aunque © jesús rivera córdoba. atornadias@hotmail.com

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no tenemos noticias de que Su Majestad Alfonso XII llegara a cazar en la sierra de Gredos. Al finalizar el siglo, en agosto de 1897, el marqués de Ivanrey organizará una cacería con Mister de Welde, enviado extraordinario y Ministro plenipotenciario de los Países Bajos y el Vizconde de Mareniel de Paris, donde se cobrará un precioso ejemplar de macho montes. Mientras tanto, Chapman y Buck en su libro España salvaje, dirán que el campesino español no es muy aficionado a la caza de la capra hispánica, si bien en todos los pueblos de la montaña existen individuos que intentan ganarse así algunos duros. Los hombres que se dedican a esta caza se convierten en intrépidos montañeros, y, con sus simples alpargatas, atraviesan sierras y descienden riscos que harían vacilar a cualquier guía con botas de clavos. Pero descrita esta habilidad, mostrarán su preocupación por el futuro de las monteses ya que, a pesar de su astucia y adaptación a la sierra aún así, dirán los autores ingleses, mucho nos tememos que la supervivencia de estos animales sea en algunos casos, sólo cuestión de años porque los tiradores de la sierra las cazan igual en temporada que en época de veda. El serrano caza más por la olla que por el deporte en sí, y no tiene en cuenta sexo ni edad. Pese a todas sus cualidades de deportistas y a su habilidad en el arte cinegético, nuestro amigo no es un verdadero deportista. Nos tememos que, en el fondo, no es más que un carnicero. No podemos estar más en desacuerdo con el tono despectivo que aplican Chapman y Buck sobre los cazadores locales. Es evidente que la venta de la carne de la caza era un complemento a los ingresos que como ganaderos obtenían, y que ejercían la caza cuando las circunstancias favorecían el lance, pero no era una actividad exclusiva ni sistemática. Un cronista de la época, en abril de 1905, comentará que Feliciano de Arriba, de El Guijo de Santa Bárbara (Cáceres), había matado en los últimos doce años más de doscientas cabras. Razón por la cual en el Guijo es muy frecuente comer estas carnes, que no tienen rival, por lo aromáticas, tiernas, y... por lo baratas; pues el kilo se vende á ¡ochenta céntimos de peseta! y esa será la tónica general en los pueblos de Gredos. Por la sierra andaban con escopetas todos. Los cabreros, los cazadores aristocráticos, los alpinistas… González de Amezúa afirmará que mi afición como cazador me ha llevado a Gredos desde 1898 movido de la curiosidad, y obsesionado como cazador empedernido que era por aquellas épocas de cazar las monteses. Para esta primera incursión que hace Amezúa por Gredos se presenta en Hoyos del Espino dónde, a pesar de ser el pueblo más cercano al macizo, nadie se había aventurado en el corazón de la sierra y tuvo que hacer venir a un cabrero de Guisando para que le sirviera de guía. En 1901, Amezúa conocerá a Isidoro Blázquez en las inmediaciones del Morezón y define a éste como el terror de las monteses; aún más, tras el © jesús rivera córdoba. atornadias@hotmail.com

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fracaso de la cacería que organiza el marqués de Ivanrey en honor del Principe ruso Demidoff, Amezúa volverá a la carga y no tendrá empacho en definir a los cazadores locales como furtivos.

Domingo Blázquez, hijo de Isidoro, se revelaba cada vez que leía o escuchaba que los primeros guardas del Coto Real hubieran sido furtivos. Decía Domingo que su padre, y con él los que cazaban monteses en Gredos, lo hacían con escopetas de antecarga y cazaban en terrenos libres, pues no había ninguna norma que impidiera la caza. Entonces, ¿por qué se les intitulaba furtivos? decía él. Y tenía razón. El fracaso de la cacería en honor del Príncipe Demidoff, en 1903, hará que Amezúa plantee al Marqués de Viana, montero mayor del Rey Alfonso XIII, la necesidad de convertir Gredos en cazadero real. Acogida la idea con entusiasmo por el Rey Alfonso XIII, será el marqués de Villaviciosa quien se encargue de aglutinar a los propietarios de los terrenos para hacer el Coto Real de Gredos. En la vertiente norte no se verán afectadas propiedades municipales, pues las fincas habían pasado a manos privadas tras la desamortización, como igualmente la Dehesa de la Garganta en el proindiviso de Arenas y Candeleda. Aquí, en el sur, por el contrario, serán los ayuntamientos de Candeleda, Guisando y El Hornillo quienes cedan parte de sus términos municipales para crear la parte meridional del Coto Real, adoptando acuerdos de Pleno en los primeros meses del año 1904. © jesús rivera córdoba. atornadias@hotmail.com

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El Ayuntamiento de Guisando, el 7 de febrero de 1904, accederá gustoso a la petición del Monarca de acotar para caza la parte del término radicante de dicha sierra y ejercer el derecho de guardería vitaliciamente. Unos días antes, en el Ayuntamiento de Candeleda, parece que no se conoce con certeza la formalidad del acuerdo que se requiere y aprobará el acotamiento y veda absoluta, en todo tiempo, de la caza mayor existente en la sierra de Gredos de este término municipal, la cual subastada con las formalidades debidas, podría ser ofrecida en su día a Su Majestad el Rey. El 24 de abril de 1904 el Ayuntamiento de Candeleda, presidido por Antonio Bermúdez, que será el primer representante regio en Gredos, tratará nuevamente el asunto y se sirvirá acordar, como gracia especial, la concesión absoluta a Su Majestad el Rey Alfonso XIII, por todo el tiempo de su reinado, del derecho a utilizar como propia, en la forma que juzgue más oportuna y conveniente, la especie de Capra Hispánica, vulgo montés, que existe actualmente y pueda aumentarse en lo sucesivo en la Sierra Carpeto-Betónica y renombrado sitio de los picos de Gredos, en la parte que como de Propios pertenece a este término. Concluye el acuerdo de la Corporación expresando que queda a cargo del Monarca, por considerarlo así necesario, disponer la más eficaz custodia y conservación de una raza, tan extraña raza, que de no vigilar sobre su reproducción, es seguro que no está lejano el día en que tenga lugar su completa extinción.

Y a disponer la más eficaz custodia se aplica de inmediato el Marqués de Villaviciosa pues, según la prensa, el día 25 de abril llega en tren a

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Oropesa para dirigirse a Candeleda, donde pretende nombrar ocho guardas por mandato del Rey. La realidad es que se nombrarán en seis guardas: Isidoro Blázquez, que será el Guarda Mayor, y su hermano Antolín; el cuñado de Isidoro, Jacinto González, y Andrés Retamal y Román Retamal. Para la vertiente norte se nombrará a Antonio Núñez. Estos nombramientos evidencian la preeminencia que tendrá Isidoro Blázquez, a quien el Marqués de Villaviciosa le dirá: Isidoro tu mandas y Jacinto escribe. El nombramiento de la guardería, que se realizará el 15 de mayo de 1905, tiene distinto tratamiento por los cronistas de Gredos. Amezúa, quien recabará protagonismo personal en el nombramiento, insistirá que para nombrar la guardería no dudé en echar mano de los cuatro furtivos que con sus espingardas hubieran acabado con las escasas monteses que quedaban. Sin embargo, en El Heraldo de Madrid se dirá que el personal de la guardería fue elegido entre los más famosos cazadores, que juraron sus cargos en la misma fecha. Esta elección fue un gran acierto, porque como aquellos cazadores no mataban las reses, exponiéndose a despeñarse cien veces, por pura diversión, sino para ganar su vida, desde el momento en que la tenían asegurada, nadie mejor que ellos podían guardar un terreno tan perfectamente conocido. Isidoro Blázquez comentará al marqués de Villaviciosa que, en los últimos días del mes de abril de 1910, habían metido en el Coto entre veinte o veinticinco machos, aunque reconocerá que esta práctica no resulta muy eficaz pues, en verano, los machos se van a donde se crían y todo lo que trabajamos con los que se crían fuera del coto nos sale en balde, aunque ya advierte que con las reses que se han criado en Gredos hay bastantes para llenarse toda la sierra. En estas circunstancias se organizará la primera cacería en el Coto de Gredos. Será una cacería de prueba que realicen el Marqués de Viana y el Marqués Villaviciosa, autorizados por el Rey a matar un macho cada uno, si comprueban con sus propios ojos que la especie ya no corre peligro de extinguirse. Subirán a Gredos por Candeleda, y en la Hiruela Cimera comprobarán que todavía hay abundante nieve a pesar de ser el primero de julio, acampando en Majásomera, donde aguantarán una temperatura de 6 bajo cero a la nueve de la noche. Ante el fracaso de tres días de cacería yendo a buscar las cabras, deciden el cuarto día ojearlas en el portillo de las Hoyuelas en donde entran dos piaras consiguiendo al fin tirar y matar un hermoso macho cada uno, como premio a las fatigas y riesgos pasados. El macho abatido por el marqués de Viana recibió cinco balazos de rifle a pesar de lo cual pudo aún correr más de 300 metros, yendo a morir ante unos riscos tan difíciles y peligrosos de abordar, que cobrarlo fue una © jesús rivera córdoba. atornadias@hotmail.com

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verdadera obra de romanos conseguida, gracias a la pericia del guarda Isidoro Blázquez. El otro macho, muerto por el marqués de Villaviciosa no se pudo cobrar hasta varios días después, lo que provocará que cuando se esté preparando la primera cacería del Rey Alfonso XIII, Isidoro Blázquez advierta al marqués de Villaviciosa que traigan armas que hagan más sangre. El resultado tan satisfactorio de esta cacería, y la percepción de la abundante caza existente, permitirá que el Rey Alfonso XIII realice su primera cacería de monteses en la sierra de Gredos en los primeros días de julio de 1911.

Así, el marqués de Villaviciosa comentará que las once o doce cabezas que allí quedaban se hayan convertido en trescientas es el más elocuente elogio que se puede hacer de la vigilancia y buen cumplimiento de sus deberes de los guardas con que Su Majestad consiguió evitar la extinción de la raza de la Capra hispánica. Jesús Rivera Córdoba. Atornadias. Servicios culturales.

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La guardería del coto de gredos  

Rivera Córdoba, Jesús

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