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Revista del Foro de la Patria Grande Nº 11 – Bs. As., 14 de junio de 2008

Falleció Alberto Guerberof por Horacio Cesarini

Un nuevo IAPI, función social del derecho a la propiedad y expropiación por Mario Yensen

Macri, la pobreza y el sur Por Norberto Alayón

El discurso presidencial por Enrique Lacolla

Lecciones para la Federación Agraria Argentina por Federico Bernal

Sojización en la República Argentina por Federico Bernal

Causa popular por Horacio Cesarini

34º Aniversario de la muerte del General Perón Por Jorge Abelardo Ramos caminopropio 1


Contra el golpe agro-medi谩tico, unidad de las fuerzas nacionales para respaldar a Cristina. Causa Popular la Izquierda Nacional Hacia la Asamblea Nacional, C贸rdoba, 6 y 7 de septiembre de 2008

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Caminopropio Revista del Foro de la Patria Grande Nº 11 – Bs. As., 14 de junio de 2008

Indice

Página

Falleció Alberto Guerberof

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Hace pocas horas, cuando lo visitamos con Rafael Bernal, con la firmeza y claridad de siempre, se manifestaba sobre el momento que vivía la Argentina y América Latina, insistiendo en que debíamos mantener nuestra independencia política y «luchar» por los ideales que nos unen hasta el último aliento.

Un nuevo IAPI, función social del derecho a la propiedad y expropiación

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Se ha dado, con dolorosa repetición a través de los ciclos históricos, los episodios de “enamoramiento” de la víctima respecto del victimario, como una suerte de verificación en el plano de la política del “síndrome de Estocolmo”.

Macri, la pobreza y el sur Cabe reconocer que Macri describe bien los procesos de dualización de nuestra sociedad, entre norte y sur de la ciudad;

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entre sectores muy opulentos y sectores muy desfavorecidos.

El discurso presidencial

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El discurso presidencial del pasado miércoles –bien dicho, y generoso en sus contenidos- puede ser objetado en la medida que, en definitiva, multiplica un llamado a la concordia y a la razón hacia quienes no han demostrado un adarme de ella.

Lecciones para la Federación Agraria Argentina

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Canadá registra desde fines de los años ochenta una avanzada neoliberal sin precedentes en el país, y que entre otras secuelas, sumió al campo en la peor crisis de su historia. Una crisis que, como se verá, no deja de profundizarse.

Sojización en la República Argentina

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Gracias a las Reformas del Estado implementadas en la década del noventa, terminaron de consolidarse las políticas antiindustrialistas, la reprimarización de la estructura productiva, la especulación financiera, el desmantelamiento del Estado y el desmembramiento del tejido social puestos en marcha a partir de 1976.

Causa popular

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La oposición sostiene que los que concurrimos lo hicimos por el sanguich y no anduvo lejos; fuimos por el pan, la leche, por las verduras, por la carne y la fruta de todos los días.

34º Aniversario de la muerte del General Perón

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La ola de Perón no era el ejército prusiano sino la multitud innumerable que transmitirá su memoria al porvenir. Cabe decir de él, como de Yrigoyen, que fue “el más odiado y el más amado de su tiempo”.

Libros recomendados

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Compañeros y amigos: Falleció Alberto Guerberof por Horacio Cesarini

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ace pocas horas, cuando lo visitamos con Rafael Bernal, con la firmeza y claridad de siempre, se manifestaba sobre el momento que vivía la Argentina y América Latina, insistiendo en que debíamos mantener nuestra independencia política y «luchar» por los ideales que nos unen hasta el último aliento. Desde su patria chica de Caseros, en el Gran Buenos Aires, donde había desarrollado su primera actividad política, toma contacto con el Colorado Ramos y atraído por su interpretación de la Argentina y de una posición que enfrentaba la historia y la cultura coloniales desde un marxismo nacional del que ya se presagiaba una nueva ideología para los revolucionarios de esta parte del planeta, se incorpora al PSIN, el Partido Socialista de la Izquierda Nacional, donde rápidamente ocupa cargos nacionales. Fundador del FIP, del que fue su Secretario General, dejó el rastro imborrable de sus convicciones políticas y de su serena y férrea conducción. Los que compartimos con él la militancia de todos los días podemos afirmar que también Guerbe esta en cada línea de las revista “Izquierda Nacional” y “Política” y los periódicos «Izquierda Popular» y «La Patria Grande». Jamás se dejó llevar ni se dejó tentar por nada que contradijera su postura política en la búsqueda de un camino hacia la revolución nacional. A pesar de la frialdad que lo caracterizaba, no pudo ocultar como muchos otros, el dolor que le causó la ruptura con su maestro, el Colorado Ramos. Pero Alberto ya era un verdadero Jefe Político, ese cargo que no se hereda y que no existe en los estatutos de ningún partido y que sólo es patrimonio de unos pocos. No aceptaba bajo ninguna presión que nos dicten las políticas que debíamos seguir y se puso al frente, junto a Blas Alberti, del Movimiento Antiimperialista 2 de Abril, en un esfuerzo -contra la corriente neoliberal- de mantener unido a los compañeros en la causa de la Izquierda Nacional. En 1995, cuando la visita del Comandante Chávez a la Argentina, encabezó la delegación que lo visitó. Guerbe no dudó. Mientras toda la izquierda portuaria y la progresía consideraban al líder militar venezolano un « fascista golpista «, él entrevió que se avecinaba una nueva época. No se equivocó. Arrancamos el nuevo siglo con Causa Popular, un nuevo nombre para el reagrupamiento pero con las mismas divisas y esperanzas. Ante los preanuncios revolucionarios que sacudieron 4 caminopropio

y sacuden a Suramérica, Guerbe sostuvo que «el fantasma de la Izquierda Nacional» recorría la región, que las banderas de Jorge Abelardo Ramos se agitaban por primera vez en las manos de miles de trabajadores y desposeídos de la América Latina que habíamos soñado unida. Escribió “Izquierda Colonial y Socialismo Criollo” y “Cambio de Mano: Del Neoliberalismo a la Revolución Nacional”, dos libros destinados a reafirmar la visión sobre el “socialismo criollo” al que consideraba enraizado en el suelo social de la Argentina y a denunciar tanto a la depredación neoliberal como a sus variantes socialdemócratas. Escribió cientos de artículos destinados a reafirmar la necesidad de reformular un proyecto patriótico que reúna a las fuerzas sociales y políticas de la revolución nacional. Dirigió la revista Cauce Latinoamericano y dos años atrás fundábamos ediciones caminopropio, cuyo primer título fue “Jorge Abelardo Ramos y la Unión Suramericana” de Solíz Rada y el quinto iba a ser el tercer libro de su autoría. Guerbe fue un marxista nacional, un socialista bolivariano, un revolucionario íntegro y la más lúcida expresión política de la Izquierda Nacional del nuevo siglo, pero por sobre todo el mejor compañero. Un maratónico militante que escapaba a los honores y rechazaba todo elogio El guía en medio de la turbulenta vida nacional que nos dejó el claro aviso de que la Izquierda Nacional merece otra oportunidad. Al desaparecer deja un vacío político tan enorme como su vida ejemplar. Sus hijos, su familia, sus compañeros y amigos sabemos que fue un hombre sin tacha, un gran argentino y un gran tipo. Esperó la muerte sin transmitir la angustia del final previsible y sin gestos trágicos. Le llegó de noche, 34 años después que lloramos la muerte de Perón. Seguro que soñando con una Argentina soberana, independiente, justa y socialista. No hay saludo mas doloroso que el que no tiene respuesta. Chau Guerbe.


La Reconstrucción del Frente Nacional por Alberto Guerberof

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n su edición del 7 de diciembre último el diario La Nación en uno de sus habituales comentarios políticos se consagra a tejer especiosas disgresiones sobre la atmósfera de incertidumbre que embargaría a todos los sectores políticos y en especial al ‘peronismo, atribuyendo ese peculiar clima al fin de todo un periodo histórico, a la extinción de “la era de Perón” y a la consiguiente proximidad de un nuevo ciclo, de una nueva época. Pero este diagnóstico que realmente refleja la culminación de una etapa de la vida política nacional no pasa de ser un lugar común maledicentemente esgrimido por el superficial analista para esbozar en nombre del pasado, una suerte de réquiem al peronismo. Curiosamente el ejército, o mejor dicho sus actuales mandos, son excluidos de toda contaminación con los interrogantes que penetran y desgarran a los protagonistas civiles del momento actual y el mismo comentarista, sin aclarar las razones que se alinean detrás de esa inusitada ‘confianza” en sí mismos, que por contrapartida, asigna a los altos mandos, concluye no sin satisfacción afirmando que en los reagrupamientos políticos que se vislumbran con vistas a la carrera electoral del próximo año, predominarán las fuerzas de signo “moderado”. Sabemos qué puede significar dicho vocablo para el vocero oligárquico. En el fondo todos los vaticinios de la vieja matrona liberal de los terratenientes se reduce a uno solo: la crisis del peronismo abre nuevas posibilidades al restablecimiento pleno del dominio oligárquico, sea a través de los partidos electorales pequeñoburgueses, sea a través del orden militar. Pero el capcioso periodista del diario de los Mitre olvidaba sin embargo, aunque es sabido que “olvidarse es también tener memoria”, nada menos que el factor decisivo: las masas populares, las grandes mayorías nacionales, las que han hecho, hacen y harán la historia y que al revés de La Nación no se proponen “ingresar al porvenir retrocediendo”. Es cierto entonces que una nueva situación histórica se dibuja trabajosamente en el horizonte, como es cierto también que los agudos conflictos políticos y sociales de nuestros días no reflejan solamente la voluntad oligárquica o imperial por doblegar una vez más al pueblo argentino, castigar su osadía de haber dado un paso al frente, sino también la quiebra de los proyectos, metas e ilusiones que se fundaron en defender e impulsar los intereses nacionales reajustando tan solo, sin suprimirla, la estructura de clases de la Argentina semicolonial.

1973: Resurrección y Crisis del Frente Nacional ¿Qué rasgos distinguen al ciclo que concluye? El vasto movimiento de masas que arranca en 1969 con el Cordobazo y los levantamientos de provincias no hizo más que afianzarse hasta 1973, año de las resonantes victorias electorales de Cámpora primero, de Perón después. No sólo la dictadura militar sufrió un golpe mortal sino que el conjunto de las clases antinacionales vinculadas al orden oligárquico y sus portavoces políticos y militares debieron dar un acrobático salto atrás. Unicamente el terrorismo, fiel a su faena provocativa, echaba sombras sobre un idílico cuadro donde aún los perdidosos, en su mayoría enemigos tenaces del caudillo triunfante, pare cían compartir, angélicamente, la victoria nacional y el fin de dieciocho años de restauración. Todo eran buenos presagios y aún el previsible y temprana conflicto de los nuevos grupos juveniles del peronismo con el propio Perón no empañaron, en vida de éste los pronósticos do prosperidad y bienestar, de nacionalismo económico y justicia social que las masas identificaron con el justicialismo durante treinta años. Es que la reacción había quedado literalmente aislada, política y socialmente, pues el ascenso revolucionario del pueblo argentino había arrastrado esta vez a los más vastos sectores de la nueva pequeña burguesía, a pueblos enteros de los rincones más olvidados, a buena parte de la masa postergada de pequeños productores rurales del interior, a núcleos significativos del empresariado de capital nacional y aún había despertado ecos de simpatía en las tilas de la juventud militar. El frente nacional casi totalmente constreñido a su base proletaria desde los aciagos días de 1955, creció así ante la sorpresa del mismo Perón y el peronismo a impulso de una irrefrenable onda subterránea, nacida a su vez de la intolerable política oligárquica, que arrojó al campo nacional a las más amplias masas del país de esos días. Triunfó en caminopropio 5


1973, como en el 45-46, un amplio frente nacional, es decir un vasto conglomerado fundado en la convergencia de todas las clases y secto res oprimidos o relegados por la sociedad semicolonial. Una Voz de Advertencia Sin embargo, ese nuevo frente nacional se desenvolvería en circunstancias económicas, políticas y sociales radicalmente distintas a las de casi tres décadas atrás. No sólo el país ya no contaba con las impresionantes reservas en divisas de posguerra, que en su momento hicieron posible dar un salto histórico en la dirección del crecimiento capitalista, despojando a la oligarquía sola mente de su poder polìtico, sino que el conjunto del país había cambiado: como también había cambiado la situación internacional y muy distinto era el clima ideológico que alentaba en las nuevas jornadas. La propia composición social de los apoyos del líder justicialista había cambiado y, salvo la clase obrera, otros sectores se habían reducido considerablemente o ya casi no existían para su movimiento como por ejemplo el ejército y la burocracia de estado, pilares junto a la clase obrera de la combinación de fuerzas de 1945, y al mismo tiempo su influencia se había ampliado hacia otras franjas como lo demostraba la ruidosa presencia del nuevo sector juvenil pequeñoburgués y la menos ruidosa de un importante sector del mismo origen social que se expresa ría a través del frejulismo camporista. La conciencia equívoca que subyacía en esas capas pequeñoburguesas acerca de la naturaleza histórica y social del peronismo devolvería pronto a parte de ellos a las filas del antiperonismo, sumiría a otros en la decepción, y en el silencio al resto. De todas maneras, genuina victoria popular, la del 73, en particular por el ascenso de Perón a la presidencia no podía anticipar sino nuevas luchas y conflictos. Así lo anticipó, en aquellos días el presidente del Frente de Izquierda Popular, Jorge Abelardo Ramos, advirtiendo que “...pronto la oligarquía perderá su encanto y mostrará sus dientes”. Precisamente un nuevo fenómeno, y no el menos importante, se manifestó en los grandes triunfos de 1973: la intervención independiente del Frente de Izquierda Popular el 11 de marzo negándose a apoyar la candidatura de Cámpora por haber sido ésta resultado de la proscripción de Perón, y su participación el 23 de setiembre con Perón como candidato, ya que, recordemos que éste admitió en histórico gesto ser sostenido por una fuerza nacional de izquierda que aspiraba a vincular así el presente de la revolución nacional y su necesario desemboque socialista. De6 caminopropio

más está decir que la advertencia del FIP se cumplió fielmente. Ante los primeros nubarrones el propio Perón convocó a la lucha en su último discurso, el 12 de junio de 1974. Cuando Perón muere, los poderosos adversarios, que ya habían comenzado a rehacerse, hacen sentir su renovado empuje en las mismas filas del gobierno y de un peronismo perplejo por la pérdida de su jefe histórico. El Retroceso La hegemonía del grupo de López Rega refleja la pérdida del impulso del 73 y coincide con el comienzo de nuevos desplazamientos sociales y políticos que operan en la dirección de una desintegración del frente de clases tal como se había expresado en el 73. El proceso, hasta entonces contenido, conmueve la estructura misma del gobierno y del partido justicialista a partir de la huída del astrólogo. El poderoso hálito de la movilización obrera que puso fin a su influencia no tuvo el impulso necesario, sin embargo, para que el rumbo inicial abandonado pudiese ser retomado y profundizado; por el contrario las clases, tendencias y grupos de distinta orientación que siempre encerró el peronismo y a los que de alguna manera la hegemonía bonopartista aglutinaba trazando una perspectiva única. emerqieron a la superficie dispuestos a hacer valer su primacía. Es en esas condiciones que la reacción antiperonista pasa realmente a la contraofensiva y aún a preparar, como algunas semanas atrás, abierta mente la caída del gobierno y su reemplazo por una dictadura imperialista. Una poderosa coalición de clases y sectores de signo antinacional, réplica de la Unión Democrática, pugna por ocupar el centro de la escena: políticos tradicionales integrando un espectro no exento de contradicciones, los grandes diarios, vetustos generales retirados y algunos en actividad, obispos que olvidan al Altísimo y convocan al verdugo y como telón de fondo la furia terrorista desatada encarnando el em peño imperialista por imponer la necesidad del orden “contrainsurgente” de los monopolios y la oligarquía. Si es incuestionable que una honda crisis afecta al movimiento nacional que emergió de la fragua del 45 ¿cuál es la solución revolucionaria para superarla? Toda crisis histórica involucra el quebrantamiento de ciertos objetivos y propósitos, de ideas y líneas de acción que apropiadas en determinado contexto histórico-social no son ya susceptibles de resolver los nuevos y acuciantes problemas. Durante treinta años coexistieron forzadamente dos Argentinas: la vieja estructura a vincula da al comercio mundial cuyo apogeo concluye con la crisis mundial del 30 y un capitalismo nacional aparecido tardíamente al abrigo de los quebrantos mundiales del sistema en los países centrales. Si por capitalismo entendemos la expansión de una producción industrial autónoma, fundada sobre todo en un ciclo interno de asumulación y realización y no solamente las relaciones sociales que lo distinguen, pues ellas también se habían generalizado en la plataforma agrocomercial de la sociedad oligárquica, entenderemos la enorme progresividad del peronismo que dio un resuelto empuje histórico al régimen capitalista nacional. Pero seria una peligrosa simplificación reducir a esto su “lugar en la his-


toria”: un poderoso capitalismo de estado, la sindicalización de grandes masas y su incorporación a niveles modernos de consumo y cultura, y la democratización social de múltiples aspectos de la vida argentina ejemplifican mejor su validez y trascendencia. El Movimiento Nacional y el Socialismo Esa convivencia conflictiva, sacudida por enfrentamientos periódicos y vuelta a rehacer por compromisos de variable contenido y duración, toca a su fin en nuestros días. La gran oligarquía ganadera no está dispuesta a resignar graciosamente su intocada condición de clase dominante por excelencia ni a renunciar a su monopolio parasitario sobre la riqueza básica del país; por el contrario, su rapacidad es tanto mayor cuanto más atrás va quedando su perdida edad de oro; la burguesía nacional, débil y versátil, puede apenas aspirar a una dura sobrevivencia, condenada a oscilar entre las fuerzas nacionales y el pacto con la oligarquía; y las masas, a su vez, no renunciarán a un destino de soberanía y de justicia ¿Pero cómo arribar a ese destino sin resolver antes los antagonismos sociales que le cierran el paso? Por que de lo que ahora se trata es de remodelar de arriba a abajo la sociedad argentina, impedida de crecer por el peso muerto de la esterilidad oligárquica y por la succión de los frutos del trabajo nacional por parte de las grandes inversiones imperialistas. Para ello es preciso apelar a la clarificación de las ideas y métodos más apropiados, definiendo los nuevos fines y las fuerzas que los deben encarar. Nuevamente hoy el frente nacional tiende a estrecharse y a reposar básicamente en la clase obrera y en las capas más pobres del mundo rural y de la estructura de servicios. No quiere decir esto que no haya en su seno elementos burgueses y pequeñoburgueses, y que éstos no pesen en las decisiones, sino tan sólo que los más importantes núcleos

no proletarios que participaren de la euforia del 73 ya no están. Algunos no parecen resistir el asalto por la derecha del cada vez más viejo radicalismo y otros, quizás muy numerosos, se han retirado del escenario y están a la expectativa. Este estrechamiento, fruto al mismo tiempo de los propios errores y de los golpes enemigos, explica el carácter cada vez más nítidamente antiobrero de la oposición antiperonista, pero arroja luz también sobre la carencia por parte del movimiento obrero de una respuesta totalizadora frente a la dramática situación actual. Conviene señalar que la pequeña burguesía seguirá a quien le ofrezca una respuesta de ese tipo y al mismo tiempo exhiba la capacidad de llevarla a la práctica. Y la clase trabajadora necesita imperiosamente del apoyo de los sectores populares de la clase media sustrayéndolos a la poderosa gravitación que el imperialismo tiende a ejercer sobre ellos. La reconstrucción del frente nacional empieza precisamente por la elaboración de esa respuesta. Ella no provendrá de los viejos partidos liberales ligados al orden arcaico ni de la “izquierda” colonizada, umbilicalmente ligada a los anteriores cuando de enfrentar un movimiento nacional se trata. Esa respuesta sólo puede brotar de la historia nacional, de la experiencia misma de los trabajadores y del curso victorioso de la revolución contemporánea. En todos los casos el socialismo afirma sus derechos y emerge como la meta definitiva de la liberación. Un socialismo para argentinos, que inscribe en su programa de tareas la regeneración revolucionaria del movimiento nacional y la promoción de la clase obrera al papel de cabeza conductora de la revolución mediante el impulso decidido a su iniciativa y a su acción y a la de todos los trabajadores, técnicos e intelectuales en la gestión de sus propias luchas y objetivos, en la batalla por reemplazar definitivamente el asfixiante capitalismo oligárquico y semicolonial por una nueva sociedad. Alberto Guerberof

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EDITORIAL Un nuevo IAPI, función social del derecho a la propiedad y expropiación por Mario Yensen

Las retenciones móviles en el Congreso

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as reacciones que se observan en la sociedad respecto de las últimas decisiones adoptadas por la presidenta Cristina Fernández permiten formular las siguientes precisiones. Estamos asistiendo a un nuevo reagrupamiento de fuerzas alrededor de un eje de contenido claramente conservatista y retardatario, y que representa la adscripción de vastos sectores a un modelo agro-exportador, esencialmente antiindustrialista y que reconoce su vigencia en la Argentina pastoril y se extiende hasta 1930. La irrupción del Peronismo, hacia 1945, reformulando un proceso de sustitución de importaciones iniciado en la década anterior dándole un contenido revolucionario con la participación de una nueva clase obrera y el desarrollo de una política socio-económica de naturaleza diametralmente contraria, pone en crisis todos los valores y presupuestos ideológicos en que se sustentaba el modelo tradicional. Las lecciones que nos dejaron las contrarrevoluciones de 1955 -en especial- y de 1976 es que las clases ligadas al modelo agro-exportador, básicamente la oligarquía, que habían sido afectadas por las políticas de acumulación y de distribución del primer peronismo, a partir de la apropiación parcial de su renta a través del IAPI, conservaban intactas las bases materiales e inmateriales en que se sustentaba su poder. Del mismo modo, ambas experiencias históricas han demostrado, que esa suerte de padrinazgo, tutela o mandarinato que ejerciera durante más de un siglo la oligarquía agropecuaria, respecto de amplios sectores de las clases medias, se mantenía también vigente. Un sutil entramado socio-cultural permitió a esa oligarquía imponer valores y principios al conjunto de la sociedad. De esa manera y en forma reiterada, fueron los representantes de esas clases medias los que adoptaron como propios esos valores y los defendieron con mayor vigor que los propios hombres de la oligarquía. Se ha dado, con dolorosa repetición a través de los ciclos históricos, los episodios de “enamoramiento” de la víctima respecto del victimario, como una suerte de verificación en el plano de la política del “síndrome de Estocolmo”. Estos gruesos trazos respecto de nuestro pasado son de utilidad para desentrañar, evaluar y, consecuentemente, actuar frente a la realidad que enfrentamos. En primer lugar, entiendo de importancia rebatir la tesis según la cual ya no existe la oligarquía, sino tal vez algunos oligarcas ligados al sector de los agro-negocios. 8 caminopropio

Se trata de una falacia que intenta licuar la importancia y el rol de la oligarquía como núcleo central de un modelo de acumulación en el que convergen otros sectores y factores de poder.- Las formas diversas en que se desarrolla la explotación económica, en punto al cíclico desplazamiento que se da en el sistema capitalista en función de la mayor rentabilidad de determinadas actividades, ha determinado que esa clase -la oligarquía- adopte formas y establezca alianzas sin perder -sustancialmente- ese papel relevante como clase dominante. Es que, como observaran certeramente Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y J. J. Hernández Arregui entre otros, ha sido en el plano ideológico y cultural en el cual la oligarquía ha logrado mantener ese rol preeminente, estableciendo un sistema de clases medias satélites siempre dispuestas a brindar apoyatura “popular” a su sistema. En segundo lugar, y como consecuencia lógica de lo expresado más arriba, la puja establecida excede largamente los marcos de una disputa económica por unos puntos menos en las retenciones, para explicitar un cuestionamiento integral a un proyecto que -con limitaciones y errores- expresa un modelo de acumulación y distribución abarcativo, industrialista, de inclusión social, y con clara definición latinoamericanista. De ésta forma, resulta equivocado, e inocente a la vez, toda interpretación que apueste a una solución acordada, sostenida en el tiempo y que contenga las “expectativas” del campo por la habilitación del espacio parlamentario. No dejo de reconocer que la remisión al Congreso del paquete de medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo en el legítimo ejercicio de sus facultades legales, importa un movimiento inteligente, aunque no exento de riesgos. Pero no se puede dejar de advertir que, el resultado eventual y probablemente favorable al Ejecutivo, en modo alguno garantiza la finalización del conflicto. Si, como se ha expresado, quienes motorizan la protesta “van por todo” y ello se desprende no sólo de las formas y contenidos de los reclamos, que pasaron del cuestionamiento de las retenciones a un cuestionamiento “in totum” de la política que lleva a cabo la Presidenta, sino también de las expresiones más pedestres de sus patéticos portavoces y de las prolijas caceroleras de teflón, en sus reclamos unánimes de “basta de Cristina”, fácil resulta colegir que la ratificación legislativa de dichas medidas no modificará la conducta de esos sectores.


Y en éste punto conviene reflexionar acerca de las medidas que podría y -entendemos- debería adoptar la Presidenta, siempre dentro del marco legal y constitucional. Como bien lo señala el Doctor Julio J. Maier en un reciente trabajo publicado por Página12, la Constitución Nacional sólo establece y garantiza el derecho a la huelga, pero no contiene norma alguna respecto al lockout patronal, mientras que el art. 158 del Código Penal establece penas para el patrón, empresario o empleador que, por sí o por cuenta de alguien, ejerciere coacción para obligar a otro a formar parte de un lockout.La manifiesta ilegalidad del accionar de los “campesinos” -según la conceptualización de los aliados de la izquierda cipaya- también se expresa a través de los cortes de ruta, conducta claramente tipificada como delito en el art. 194 del Código Penal, junto a las maniobras de agio y desabastecimiento también sancionadas por la ley de abastecimiento. La reiteración de estos actos, la incitación y apología de los mismos impone -a nuestro criterio- la necesidad de poner efectivamente en marcha los mecanismos legales de que dispone el Estado para garantizar la vigencia de los derechos y garantías establecidos en la Constitución Nacional a todos los argentinos. Resulta paradojal que muchos reclamantes incondicionales de seguridad y paralelamente demandantes de un accionar policial y judicial riguroso ante los delitos más comunes, reaccionan alarmados cuando se intenta garantizar el cumplimiento de la ley ante la comprobación de delitos en flagrancia. Pero, no alcanzaría con la aplicación de la normativa penal y procesal penal vigente, aún cuando se garantice la libre circulación de las rutas y tal vez un mejor aprovisionamiento de bienes, cuando el núcleo central del problema, que es la apropiación de la renta extraordinaria derivada de la comercialización de cereales seguiría dependiendo de la voluntad de los productores agropecuarios. En efecto, de acuerdo a lo establecido en el art. 17 de la Constitución Nacional los productores, propietarios de los granos, no estarían obligados a vender los mismos, en tanto atributos inherente al derecho de propiedad lo constituye la disposición de esos bienes. De esta forma, sintetizando, frente a una manifestación de voluntad del titular del derecho de propiedad que se abstiene de vender sus productos se frustraría toda posibilidad de obtener una rentabilidad extraordinaria, que en la actual coyuntura histórica está determinada por una política cambiaria del Estado sostenida con el esfuerzo de todos los argentinos, y el crecimiento extraordinario de la

demanda internacional, circunstancias ambas ajenas por completo a la gestión de los productores-propietarios. Se pone entonces de manifiesto la necesidad de crear los instrumentos necesarios para garantizar un excedente del que dependen importantes políticas de redistribución y el mantenimiento del nivel alimenticio de todo el pueblo. No se trata sino de recrear lo que durante el primer peronismo fuera el IAPI, como ente encargado de comprar toda la producción agropecuaria y comercializarla. Pero las medidas operativas enderezadas en tal sentido, como lo sería el proyecto del diputado Cantero, deberían complementarse necesariamente con la expropiación de la producción agropecuaria, en tanto persista la negativa de los productores a su comercialización. Como sostiene Bidart Campos: ”Las normas constitucionales sobre la propiedad y su inviolabilidad en nada obstan para sostener y propugnar que el derecho de propiedad tiene una función social y que su cumplimiento es exigible razonablemente por el Estado, tanto al favor del Estado mismo (vg. en las cargas fiscales) como en numerosas políticas generales de bienestar y de desarrollo”. La expropiación, asimismo, también encuentra sustento en lo establecido en el art. 21 del Pacto de San José de Costa Rica en tanto subordina el uso y goce de la propiedad privada al interés social. De modo tal que el gobierno de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tiene legitimidad de origen y de ejercicio suficientes y cuenta con los instrumentos legales a su disposición para afirmar con serenidad pero con energía sus decisiones. Se torna cada vez más necesario establecer las mediaciones aptas con la sociedad civil, evitando los mensajes maniqueos, simplistas y superficiales, a través de la adecuada actuación de muchas personalidades del quehacer cultural y científico capaces de llevar adelante un debate serio y profundo.Este requerimiento pone el acento en atender de manera no sectaria la lucha en el plano ideológico y cultural, habida cuenta la profunda huella dejada por el proceso en ése ámbito y que no fuera debidamente abordado en democracia. Mas en el plano estrictamente político el gobierno deberá aprehender, si no lo ha hecho hasta ahora, que el camino emprendido al cuestionar la super renta agraria no tiene retorno, que las propias clases sedicentemente afectadas se han encargado de “marcar el terreno”, de forma tal que la negativa a profundizar las medidas importa objetivamente un retroceso que será hábilmente aprovechado en una tarea de desprestigio y deslegitimación del gobierno democrático en que están interesados los sectores conservatistas y reaccionarios.-

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Macri, la pobreza y el sur

OPINION

Por Norberto Alayón

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ace unos pocos días Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se expresó públicamente acerca de la pobreza y la asistencia. Con contundencia de novel especialista sobre el tema expresó que “la pobreza no se vence con retórica y viejas recetas, sino con una visión abierta y moderna del problema”. Cabe reconocer que Macri describe bien los procesos de dualización de nuestra sociedad, entre norte y sur de la ciudad; entre sectores muy opulentos y sectores muy desfavorecidos. Y critica correctamente las “viejas recetas”. Es cierto también que no se propone indagar sobre el origen de la pobreza ni sobre la fundamental incidencia de las políticas implementadas en la pasada década, cuyas consecuencias parece no haber advertido, ni criticado ayer, ni hoy. Me extrañó que el ingeniero decidiera incursionar en el campo de las ciencias sociales y me pregunté ¿a qué vendrá esta preocupación de Macri por la pobreza? ¿Será para convocar a la llamada (muy débil por cierto) “responsabilidad social empresaria” y también a las organizaciones de la sociedad civil, para contribuir con las insuficientes políticas estatales al respecto? Y más me asombró la coincidencia con las declaraciones de Luciano Miguens, presidente de la Sociedad Rural Argentina, que afirmó que “hay que resolver el tema del campo, porque el país debe abocarse a otros temas importantes como la pobreza”. Que la tradicional Sociedad Rural se exprese preocupada por la pobreza parece un fantástico ejercicio de humor negro. Hace mucho que vengo sosteniendo que “la pobreza constituye la violación más flagrante de los derechos humanos”. Y que “la lucha contra la pobreza debiera convertirse en la gran causa nacional”. ¿Será que Macri y Miguens estarán ciertamente decididos a sumarse a esta causa? Para enfrentar la problemática de la pobreza se deben atacar, simultáneamente, varios frentes. En primer lugar, modificar el rumbo de las políticas económicas que condujeron a esta situación social y que la agudizarán, fundamentalmente si no se desarrollan políticas de empleo y de protección y mejora del salario. Junto con esto, el camino debe ser el de las políticas sociales universales que eviten la caída en la pobreza cuando se producen problemas de empleo. Mientras, en lo inmediato, es indispensable la implementación de políticas de asistencia dirigidas a atender las situaciones más agudas de la pobreza. El modelo neoliberal que arrasó a la Argentina en los ’90 produjo la extendida pobreza actual. Macri y Miguens adhirieron a ese modelo de exclusión, aunque también hay que reconocer que siempre es posible cambiar y muy loable si ese cambio es para bien. ¿Se estará produciendo ese 10 caminopropio

cambio en Macri y Miguens? Sería hipócrita si yo no expresara que no confío en que ese cambio se haya producido en estos actores sociales y políticos. Modestamente quisiera contribuir y le sugiero una alternativa diferente: que el presupuesto de su gobierno vaya dirigido, con absoluta y real prioridad, al sur de la ciudad y a los sectores más pauperizados. Habrá que priorizar entonces, activamente, por ejemplo, a Lugano, Soldati, Pompeya, en vez de Recoleta, Palermo, Belgrano. Que todas las acciones, en suficiente cantidad y calidad, vayan al sur, para generar condiciones de igualdad de acceso a los recursos para toda la población de la ciudad. Las políticas de incentivo al empleo; más planes de vivienda; las mejoras de los hospitales y la creación de centros de atención primaria de la salud; el mejoramiento de los edificios escolares y la creación de más escuelas, bien equipadas; la apertura de suficientes centros culturales y de centros recreativos y deportivos; la creación de jardines maternales; la ampliación y mejoramiento de comedores populares; la creación de hogares para la atención de adultos mayores; el mejoramiento de la infraestructura, deben estar prioritariamente dirigidas a ese sector de la ciudad. De este modo, se podría contribuir a mejorar las condiciones de vida y a combatir más eficazmente la pobreza, sin retórica, contrarrestando, a la vez, la pobreza política.

* Profesor titular, Facultad Ciencias Sociales (UBA). Autor del libro Asistencia y Asistencialismo (Lumen-Hvmanitas). © 2000-2008 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Todos los Derechos Reservados


El discurso presidencial por Enrique Lacolla El gobierno multiplica sus llamados a la concordia y al debate civilizado. Pero es difícil negociar con quienes sólo quieren la rendición incondicional.

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l discurso presidencial del pasado miércoles –bien dicho, y generoso en sus contenidos- puede ser objetado en la medida que, en definitiva, multiplica un llamado a la concordia y a la razón hacia quienes no han demostrado un adarme de ella. La remisión al Congreso del tema de los derechos de exportación (equivocada o taimadamente descritos como retenciones agrarias) implica también seguir pateando la pelota hacia adelante. ¿Alguien cree que renunciando el poder ejecutivo a una de sus atribuciones específicas va a calmar a quienes quieren reducirlo a la impotencia? Más bien al contrario, tal cosa no hará sino envalentonarlos. Me pregunto sin embargo si, a esta altura del partido, el gobierno puede hacer otra cosa. Ha perdido una inmensidad de tiempo y no posee la convicción y me temo que tampoco la capacidad suficiente para hacer lo que debería haber hecho hace al menos tres meses: despejar las rutas y acabar con la extorsión agraria, de acuerdo a las facultades que le otorga la Constitución. De la misma manera en que debió -y no hizoterminar con el increíble chantaje de los piqueteros “paquetes” de Gualeguaychú, tres años atrás. Por el contrario, en esa ocasión, y en aras de beneficios coyunturales, se alentó una anarquía que contagió a vastos sectores de la población, ya predispuestos a ella, convirtiéndolos en objeto de manipulación de parte de los intereses corporativos interesados en la continua concentración de las ganancias y en la expulsión de los sectores mayoritarios hacia una periferia social donde les quedará poco menos que vegetar: digna, o indignamente. Ahí nació la presente crisis. La anarquía que la connota proviene del descreimiento de la población hacia la clase política, descreimiento a su vez hijo de la incapacidad de esta para hacerse cargo de sus deberes, y de la anomia de grandes sectores de la clase media cada vez más descerebrados por los grandes conglomerados de prensa, que no vacilan en azuzar el antiperonismo primario –gorila- que está su núcleo y que expresa un racismo que no se atreve a decir su nombre, pero que se huele a distancia.

La reacción de esos medios ante el discurso presidencial fue inequívoca. Joaquín Morales Solá, de La Nación, por ejemplo, tituló su comentario sobre el discurso presidencial: “Nadie hizo tanto para dividir el país”. Uno no termina de creer en lo que lee: “rompió relaciones de hecho con la dirigencia agropecuaria”, “furia presidencial”, “discurso agresivo y rupturista”… Amén de descalificar a los concurrentes al acto como tildándolos poco menos que como alquilados (“movilizados por los intendentes del conurbano”, “patética falta de entusiasmo”) el artículo remata con el argumento falaz de que la Argentina se construyó sobre la base de la movilidad e integración sociales. Y añade: “la división de la sociedad entre sectores de distinta extracción económica tiene un nefasto precedente en la Venezuela de Hugo Chávez”. Vamos por partes. Chávez no dividió a Venezuela. Venezuela estaba dividida entre una minoría rica y una mayoría absolutamente pobre, pese a las fabulosas rentas petroleras que el país había devengado durante años. A intentar cambiar ese esquema, Chávez se echó encima al sistema establecido, cosa que lo obligó a apelar cada vez más a sus bases para resistir el envite y diseñar un programa de gobierno que, más allá de la capacidad que pueda tener o no para ponerlo en práctica, es ambicioso, popular e inspirado en una concepción geoestratégica provista de grandeza, que nuestros “realistas” al uso no vacilan en calificar de utópica porque proyecta una Sudamérica unida. Cosa que no es sólo un mandato proveniente de la historia, sino una imposición de la actual situación del mundo, que requiere la formación de bloques regionales para resistir o adecuarse razonablemente a una globalización impuesta desde arriba. En cuanto a Argentina, es cierto que nuestra sociedad se formó en base a la movilidad e integración sociales. Pero, ¿qué hubo detrás de estas? La rebelión de los radicales, en primer término, y la de los peronistas, después. Dirigida la primera a arrancar a la casta oligárquica el usufructo total de los mecanismos del poder; y, en el caso de los segundos, a promover una mejor distribución de las ganancias y una caminopropio 11


diversificación productiva apuntada a la independencia económica. En el medio hubo de todo, fogoneado por una reacción al acecho, a la que jamás se le quitaron los colmillos, por un exceso de timidez más que por una imposibilidad para hacerlo. Menudearon los golpes de Estado, cada vez más sangrientos, que aprovecharon con astucia la crisis de identidad de unas clases medias cuya integración al país se vio dificultada tanto por su condición de clase, como por su origen inmigrante y por la versión oficial de la historia que se les inculcó para asimilarlas. En este ir y venir, en este corsi e ricorsi, se nos ha ido la vida. La oportunidad abierta a fines de 2001 por el desastre originado por el experimento neoliberal del último tercio del siglo pasado, sigue abierta, sin embargo. Si bien es verdad que los gobiernos Kirchner no han aprovechado sino medianamente la brecha, también es cierto que del otro lado no hay nada en aptitud de concitar apoyos para un proyecto de cambio que apunte a generar una reforma fiscal progresiva y para volcar los excedentes de esta en las reformas estructurales que el país necesita. Por el contrario: en esa banda del espectro político lo que hay es una voluntad destructora que quisiera volver hacia atrás las páginas de la historia, hundiéndonos otra vez en el país auténticamente fragmentado que fuimos. Pero, ¿es esto posible? La experiencia neoliberal de los ’90 concluyó con un incendio; ¿pensarán ahora quienes fogonean el caos que este en última instancia redundará en su beneficio? La oligarquía agroganadera –que sí existe, a pesar que algunos analistas consideran o fingen considerar al concepto como pasado de moda- ha sido y

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sigue siendo el obstáculo fundamental para un desarrollo moderno del país. Dotada de una gran capacidad inmovilista, sigue soñando en una Argentina de 10 millones de habitantes, en vez de los 40 que tenemos. Entonces podría usufructuar con plena comodidad los formidables excedentes de la renta agraria. Pero en vez de planificar para el futuro, diseñando un nuevo proyecto de país, se ha empecinado siempre en volver el calendario hacia atrás, y para ello no ha vacilado en subvertir la legalidad, propiciar los golpes militares, intoxicar a la opinión, practicar el terrorismo de Estado y, ahora, secuestrar al país cortando sus caminos y desabasteciendo a la masa del pueblo de los productos más elementales, con el auxilio de una clase media rural de características cerriles (a la que la oligarquía desprecia en su fuero interno), pero que viene de maravillas porque su codicia la ciega respecto del mal que está haciendo. Esto hace que la creciente agresión contra el gobierno plantee unos interrogantes de bulto: si la actual desestabilización prospera, ¿adónde irán a parar los precios de los alimentos? ¿Cómo se va a contener la explosión de quienes no tienen cien, doscientas o quinientas hectáreas de soja y pueden sentarse sobre el capital acumulado? ¿Quiénes van a frenar la ira de los auténticos productores, aquellos que no viajan en 4 x 4 y sobre cuyo esfuerzo crece el país? El rasgo más negativo que tiene este conflicto quizá sea, paradójicamente, también el más positivo. Pues no será fácil dominar a las furias que pueden brotar de la caja de Pandora. Y ello podría también, si las actuales autoridades tienen voluntad para ello, destapar una polémica absolutamente necesaria: una que vaya a la raíz de nuestros males y a los expedientes que hay que tomar para remediarlos.


Lecciones para la Federación Agraria Argentina por Federico Bernal Neoliberalismo agrario en Canadá y Argentina: diferencias y similitudes El libre mercado en el campo canadiense

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n 1989, el neoliberalismo irrumpió en Canadá con la firma de un tratado de libre comercio (TLC) con los Estados Unidos. Cinco años después impuso el NAFTA y un año más tarde el Acuerdo de Agricultura de la OMC. En una muestra más de que la globalización neoconservadora no reconoce fronteras ni se restringe a los países periféricos, Canadá registra desde fines de los años ochenta una avanzada neoliberal sin precedentes en el país, y que entre otras secuelas, sumió al campo en la peor crisis de su historia. Una crisis que, como se verá, no deja de profundizarse. En efecto, junto con la privatización masiva de empresas públicas estratégicas (el Sistema Ferroviario Nacional, Air-Canada, Petro-Canada, etc.), el sector agropecuario canadiense fue desarticulado como herramienta de desarrollo socioeconómico rural. A pesar de haber transcurrido quince años desde el TLC con EEUU, la concentración, verticalización y desregulación del sector no detienen su marcha. Por ejemplo, la extensión promedio de las unidades operativas pasó de 207 hectáreas en 1981, a 273 en 2001 y 295 en 2006. Entre 1981 y 2001, la explotación de los campos por sus mismos dueños aumentó un 17% en comparación con el 40% de crecimiento en nuevos contratos de arrendamiento y leasing. Entre 1988 y 2007, el número de agricultores disminuyó un 25%, su rentabilidad pasó de 3,9 a 1,5 mil millones de dólares canadienses, mientras que las deudas del sector ascendieron de 22,5 a 54 mil millones de la misma divisa (Censo Agropecuario de 2006. Estadísticas de Canadá, 16/5/07). Cargill, Pioneer y Viterra dominan en la actualidad el 75% del manejo de granos de las provincias occidentales, cuando en 1988 el mismo porcentaje estaba en poder de cuatro cooperativas de agricultores. Tres grandes compañías controlan el 75% de la lechería del país, cuando en 1988 el 66% estaba en manos de cooperativas de agricultores. Una sola compañía norteamericana, ADM opera el 42% de la capacidad molinera de harina, seguida por Cargill con el 21%, ambas ausentes con anterioridad al TLC firmado con EEUU (NFU – Informe de octubre de 2007). El campo argentino: del menemato a los Kirchner Coincidentemente con el neoliberalismo canadiense, la versión criolla hará lo propio con su país. En relación al campo, y una vez destruido el aparato estatal, el menemato pondrá en marcha la segunda reforma del Estado y con ella,

una violenta reestructuración del sector agropecuario. Sin embargo, mientras que en Canadá se verifica un afianzamiento de la concepción mercadista de su agricultura y ganadería, proponiendo barrer con las últimas estructuras de producción y regulación aún controladas por los agricultores familiares (los denominados “sistemas de control de la oferta” y el monopolio gubernamental Canadian Wheat Board), en la Argentina se observa el camino inverso. Efectivamente, con las retenciones a las exportaciones implementadas en 2002 y sobre todo a partir de las gestiones de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández, no sólo comienza a revertirse la ausencia estatal en el sector, sino a advertirse en la renta extraordinaria derivada del campo uno de los puntales del desarrollo industrial sostenido y de la redistribución de la riqueza. Si bien resta mucho por recorrer, las mejoras sustanciales de los distintos actores agropecuarios desde 2003 a la fecha –incluidas las grandes corporaciones–, sumada a una creciente participación estatal desde el 11 de marzo de 2008 con las retenciones móviles y las nuevas funciones del ONCAA, constituyen la prueba irrefutable de la disimilitud con Canadá. De cómo la FAA se hizo anti-estatista Ahora bien, a la luz de la cuestión agraria en ambos países, resulta interesante detenerse a analizar las reacciones y estrategias de lucha encaradas por los sectores gremiales canadiense y argentino. En el primer caso, sus organizaciones gremiales y empresariales agropecuarias (organizaciones que vale la pena aclarar, representan a la totalidad de las cooperativas y a los agricultores familiares del país) hacen frente común, solicitan e intiman al gobierno a “intervenir” en el sector para terminar con su caótica desregulación. En conformidad, declaran como principal enemigo a las grandes corporaciones de agronegocios, a la alianza de su gobierno con los Estados Unidos (TLC y NAFTA) y con la OMC (pactos agrícolas de 1995). En el segundo caso, la Federación Agraria Argentina (FAA) –entidad gremial que nuclea a los pequeños y medianos productores argentinos–, se opone lisa y llanamente al regreso del Estado al sector (por más que sus dirigentes se manifiesten a favor del regreso de la Junta Nacional de Granos y la de Carne). Una posición que lógicamente, ha encontrado eco y respaldo en los históricos contrincantes del “intervencionismo” estatal: los actores sociales más retrógrados del campo, los pooles sojeros, los partidos políticos de derecha y la izquierda amarillista y porteña. caminopropio 13


Este paradójico accionar de la FAA, como su incorporación a una “coalición cívica” que carga en su seno al neoliberalismo rural y metropolitano, obedece a las siguientes causas: 1) la filiación y afinidad política de muchos de sus dirigentes con diversas agrupaciones ultraizquierdistas; 2) la desnaturalización de sus raíces y objetivos fundacionales; y 3) la ambigüedad política e histórica de la clase media rural frente a la cuestión nacional. 1) A fines del siglo XIX y principios del XX, el aluvión de europeos pauperizados que pobló el Litoral originó una clase media agrícola de raíz inmigratoria. Por su bagaje cultural e ideológico, la mezcla resultante fue cautivada por Juan B. Justo y discípulos. Así, el “chacarero italiano” fue educado en la desconfianza hacia el yrigoyenismo, el peronismo, el nacionalismo democrático y la industrialización. Una pedagogía que le imprimió en la psiquis la falsa y nefasta ilusión de creer que se resolverían sus problemas independientemente del resto de los sectores afectados por las políticas imperialistas. Con tamaño folklore, se entiende como la FAA no sólo repite el desprecio de los doctores Justo y Repetto por el trabajador criollo del campo, por las masas industriales de la ciudad y el rol progresista del Estado, sino por qué elige fundirse con el conservadurismo de la Pampa Húmeda, constituyéndose en el núcleo aglutinador de la reacción argentina en los albores del flamante siglo. 2) y 3) Jorge Abelardo Ramos explica que a principios del siglo XX: “el desarrollo de la economía agrícola había engendrado la formación de un grupo social integrado, de un lado, por la pequeña burguesía comercial de los pueblos agrarios y los agricultores; y del otro, los agentes comerciales del monopolio exportador, las empresas de colonización y la clase terrateniente. El enfrentamiento de ambos sectores no podía demorarse. La crisis agraria de 1911, con la pérdida de la cosecha, precipitó el estallido. Ese es el origen del llamado Grito de Alcorta, […] que puso en evidencia la constitución de una clase media agraria en la “pampa gringa” (Revolución y Contrarrevolución en la Argentina. Distal, 1999. Página 397). Y esta clase media agraria o burguesía chacarera, (al igual que la burguesía industrial y el Ejército) jugará un papel políticamente ambiguo a lo largo de toda su existencia. Si bien enfrentará episódicamente a la oligarquía mediante la exigencia de una democratización de la renta agraria, no cuestionará la base misma del sistema agro-exportador. Concluye Ramos que: “[…] Esta dualidad la llevará a pactar con la clase dominante cada vez que se produzcan movimientos reivindicativos en los sectores desposeídos del sistema: tal será la actitud tradicional de las clases medias urbana y rural vinculadas a la exportación, hacia el proletariado industrial y los ajornalados del campo” (Ob. Cit. Página 321). El grado de industrialización, el nivel socioeconómico y la calidad de vida alcanzados por los canadienses permiten el lujo de destinar al productor familiar o individual el grueso de los ingresos generados por el sector agropecuario. Durante la última década del siglo XIX y primeras del si14 caminopropio

guiente, el agro había cumplido el doble rol dinamizador de la economía y promotor del desarrollo de las fuerzas productivas en Canadá –verdadera ecuación técnica para la erradicación de la pobreza–. Se entiende así, que el frente gremial agropecuario no dude ni se equivoque de bando a la hora de defender sus intereses, siempre vinculados al éxito industrial del país y al binomio Estado-productor agrario: critica al neoliberalismo encaramado en el poder y solicita la protección estatal para terminar con la hegemonía de las grandes transnacionales de los agro-negocios. A pesar de coexistir con un gobierno conservador, comprende que su enemigo es el Mercado y no el Estado. Por el contrario, la FAA desestabiliza a un gobierno que reimplanta al Estado en el “campo”, pacta con las fuerzas del neoliberalismo argentino, desentierra a la Unión Democrática y fortalece su poder a escala nacional esgrimiendo un federalismo oligárquico (las provincias por encima del Estado nacional). Tal como lo hicieron sus fundadores, la dirigencia de la FAA y sus “incontrolables” bases de pequeñoburgueses propietarios o arrendatarios, demócratas progresistas o stalinistas ignoran que sin una alianza con el Estado resultará imposible asegurarse mayores beneficios ni derrotar a sus verdaderos adversarios (entre quienes además de Cargill, Bunge y Monsanto, entre otras transnacionales, está la Sociedad Rural y los barones de la soja). Podrán argumentar que el gobierno nada hace para avanzar sobre las corporaciones cerealistas; pues bien, sí hacia allí apunta la FAA, el debilitamiento del Estado no hará más que otorgarles mayor poder. En materia estrictamente gremial, la FAA continua retratando al Estado como su tradicional adversario. Algo aceptable antes de las reformas estructurales de 1989, pero un grave error con posterioridad a ellas, pues olvida que es el Mercado quien se apropia del grueso de sus ganancias (al igual que en Canadá). En otras palabras, el pasaje del Estado al Mercado experimentado por el campo argentino durante los noventa, no fue acompañado de un cambio en la estrategia gremial de la Federación. Por tal motivo, ahora que el Estado regresa para disputarle la renta y el control agropecuario al Mercado, le resulta mucho más sencillo (amén de serle más afín ideológicamente), desempolvar sus prácticas gremiales abandonadas durante el reinado mercadista, que armarse de nuevas y enfrentar al no tan bisoño pero sí único y todopoderoso enemigo. Frente nacional, cuestión agraria y cuestión nacional Lo que hoy se da en llamar “crisis” entre el gobierno y el campo, es en realidad una crisis por incompatibilidad entre, de un lado, un campo semiprivatizado, desregulado y anárquico, y del otro, un modelo socioeconómico productivista y redistributivo en la Casa Rosada. Si las bases de la FAA pretenden gozar de los beneficios de este nuevo modelo que a la larga les significará mayores ingresos (proporcionalmente al nivel de industrialización y desarrollo socioeconómico nacional), no les queda más alternativa que incorporarse a un frente unido con los agricultores de menos de 100 hectáreas, con los peones rurales, jun-


to al Estado y demás fuerzas sociales históricamente excluidas y oprimidas por el neoliberalismo. Un frente que, conviene aclarar, no podrá lograrse desde la FAA. Es el gobierno nacional quien tiene la obligación de llamarlo, de conformarlo. Pues es esta la llave maestra que permitirá trascender lo meramente redistributivo (necesario, por cierto) para avanzar hacia la definitiva transformación de los fundamentos agrarios del país. Una tarea desechada por el yrigoyenismo e inacabada por el peronismo. En conclusión, la cuestión agraria tal como hoy se observa, acerca y acelera la posibilidad de modificar la es-

tructura económica agrícola, esto es, la base misma del corazón antinacional, antipopular y antilatinoamericanista en la República Argentina e inversamente, la clave del éxito en la resolución de la cuestión nacional. Una estructura fundada inicialmente por la necesidad expansiva del capital británico primero y del desenvolvimiento industrial europeo después. Una estructura que habrá de refundarse para beneficio y usufructo del interés colectivo, la reindustrialización argentina primero y sudamericana después. Aquí el gran desafío, el gran objetivo y la mejor consigna.

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Sojización en la República Argentina por Federico Bernal

Introducción El fenómeno de la sojización de la República Argentina, o lo que es igual, la tendencia hacia el monocultivo de la soja de la superficie cultivada y cultivable del país, no puede entenderse si no es contextualizándolo como una de las consecuencias generadas por la globalización neoliberal en su variante agrícola. A propósito y como acertadamente señalaron Goodman y Watts en su libro Globalising Food: Agrarian Questions and Global Restructuring (Editorial Routledge. Londres, 1997), uno de los pilares del modelo económico impuesto por el Consenso de Washington se caracterizó por “una inédita desregulación de la agricultura (un pasaje desde lo asistencial a lo comercial) basada en la implementación hegemónica de estrategias de desarrollo orientadas a la exportación […]”. En igual dirección, la experta en cuestiones agrícolas de la Universidad de Regina en Canadá, Annette Desmarais, observó en la “implementación de los Programas de Ajuste Estructural, la restructuración de la economía, los acuerdos de comercio bilaterales y regionales, sumado a los acuerdos agrícolas de la OMC, las causas de un veloz y profundo cambio en el campo a escala planetaria”. Para acometer este objetivo, prosigue Annette: “Los gobiernos nacionales [de fines de siglo pasado] redefinen su política y legislación agrícolas de tal suerte de facilitar su integración a la economía internacional de mercado. Las estructuras y la comercialización del sector están siendo desmanteladas, mientras que nuevas leyes agrarias apuntan a reestructurar la tenencia y uso de la tierra, y nuevos sistemas de comercialización son promulgados para incrementar la producción dirigida a la exportación, la concentración y liberalización de la agricultura” (Journal of Peasent Studies – Enero 2002). Efectivamente, en un proceso iniciado a fines de los ochenta, la vasta mayoría de las naciones aplicaron un paquete de medidas denominado eufemísticamente de “restructuración económica” en el Primer Mundo y de “ajuste estructural” en el Tercero. Un paquete de medidas que en el caso argentino fue aplicado sin saña ni excepciones: 1) el aumento de la producción de recursos estratégicos con fines exportadores; 2) la reducción del “gasto” público y la remoción de sistemas de apoyo financiero estatales; 3) la desregulación y privatización de empresas públicas; 4) la apertura y el aumento indiscriminado de la inversión extranjera; y 5) la liberalización de la agricultura a través del desplazamiento total o parcial del Estado en el sector (remachada en algunos casos con acuerdos de libre comercio). 16 caminopropio

El mercadismo agrario Gracias a las Reformas del Estado implementadas en la década del noventa, terminaron de consolidarse las políticas antiindustrialistas, la reprimarización de la estructura productiva, la especulación financiera, el desmantelamiento del Estado y el desmembramiento del tejido social puestos en marcha a partir de 1976. En materia agropecuaria, la desregulación y privatización del sector fue masiva, de donde la sojización del país resulta tal vez la prueba más contundente de lo que puede ocurrir toda vez que el Mercado se transforma en protagonista y gestor. En efecto, con el paquete de medidas y decretos desreguladores y privatizadores sancionados entre 1989 y 1995, se eliminaron de la noche a la mañana las instituciones públicas contraloras de la producción agropecuaria y agroindustrial vigentes desde 1930 (a excepción del Instituto Argentino para la Promoción Industrial, IAPI, desarticulado por la Revolución Libertadora en 1955). La Junta Nacional de Granos, la Junta Nacional de Carnes, la Dirección Nacional del Azúcar, entre otras instituciones, fueron desarticuladas. De esta manera, se libraba a su suerte a decenas de miles de pequeños y medianos productores (incluyendo a los agricultores familiares) que sin la protección del Estado en materia de fijación de precios sostén, fletes diferenciales, distribución de insumos, fijación de cuotas de producción, representación comercial en el exterior, etc. terminaron siendo fagocitados por las grandes transnacionales cerealeras. En suma y parafraseando a Nicolás Arceo y Mariana González:1 “un nuevo modelo agrícola” se puso en marcha y con él no sólo la desaparición de los productores de menor tamaño,2 sino la precarización laboral (se estima que un 75% de los trabajadores rurales lo hace en negro) y la explotación infantil: tres de cada diez chicos entre 10 y 13 años trabajan en tareas agropecuarias.3 El mercadismo agrario o el modelo de los agro-negocios precisaba de una agriculturización desregulada y caótica del campo argentino. Y así sucedió: total apertura, concentración de la producción, de la exportación y verticalización intrasectorial. Con el desembarco de los fondos de inversión agrícola y pools de siembra, la gran mayoría de los productores pasaron a ser arrendatarios (a alquilar sus campos) y a vivir de rentas. Todo estaba servido para los grandes negocios y negociados: estimulados por un aumento del precio internacional de la soja (pasó de 200 dólares la tonelada a comienzos de 1995 a 300 dólares en enero de 1998), sumado a la siembra directa por un lado y a la soja tolerante a glifosato (un herbicida) a partir


de 1996, la sojización del campo argentino fue irrevocable. Una frase del diario Clarín, parte y portaestandarte de los barones de la soja en el país sintetizó el festín con esta frase: “la soja […] crece más rápido [que otros agro-alimentos] porque es más rentable, y es la señal que dan los mercados”.4 Soja, mercado y transnacionales: los tres pilares del mercadismo agrario. Primeros indicios El proceso de agriculturalización sufrido por la Argentina no nace en la década del noventa. Ya a comienzos de los años sesenta, se comenzó a insinuar en gran parte de la región pampeana una fuerte tendencia hacia el cultivo de granos, en particular maíz, trigo, girasol y soja, los cuales a partir de entonces comenzaron lentamente a expandirse hacia las zonas perimetrales de esa región y también hacia regiones extra-pampeanas, como el noreste argentino (NEA) y el noroeste argentino (NOA). 1 Le Monde Diplomatique, Mayo de 2008. 2 Entre 1988 y 2002 disminuyó en 81.000 el número total de explotaciones agropecuarias. Le Monde Diplomatique, Mayo de 2008. 3 Diario Página12, 6/04/08 y 20/04/08. 4 Diario Clarín, 1/04/08.

No obstante, existe un punto de inflexión en el proceso de transformación de cultivos en el campo argentino y de la soja en particular, perfectamente ubicable y delimitado en dos períodos: 1) 1994/95; y 2) en la campaña argentina 1997/98. 1) En los años 1994 y 1995 la Food and Drug Administration (FDA), el Departamento de Agricultura (USDA) y la Agencia Ambiental de Estados Unidos, aprobaron la soja transgénica resistente a herbicidas basada en el principio del glifosato, elaborado y comercializado por la empresa Monsanto. Y 2) Dos años después, en 1997, la semilla genéticamente modificada fue aprobada para su utilización comercial en la Argentina,5 aspecto esencialmente responsable del posterior boom registrado por este cultivo. ¿Por qué? Pues porque la soja transgénica tiene menores precios y costos, como mayores márgenes de rentabilidad que otras oleaginosas y cereales. Es decir, su vertiginosa expansión se explica por la simplificación del manejo del cultivo y la reducción de costos de producción que su utilización implica (menor utilización de maquinarias para llevar adelante el cultivo y, junto con ello, menor mano de obra operaria).6 Pero además de la comercialización de los primeros materiales de soja transgénica tolerantes a glifosato en el país, existió un importante factor intrínseco a la Argentina, que contribuyó al vuelco masivo de los productores locales hacia la soja: acrecentadas con el paso de los años noventa, las dificultades de financiamiento del pequeño y mediano productor motivaron una doble preferencia por la soja que, como es sabido, requiere la mitad de los recursos precisados por el maíz, entre otros muchos cultivos. Algo similar, aunque con menores diferencias, ocurrió en la relación soja/ganadería, la soja/apicultura y soja/tambo, lo que derivó en que la especialización sojera se replicara en productores medianos y grandes. 5 En la actualidad, prácticamente la cuarta parte de las semillas transgénicas empleadas en todo el mundo corresponden a Argentina, fundamentalmente la denominada soja RR (el 90 por

ciento de la soja argentina es de ese origen). Mario Lattuada y Guillermo Neiman. “El campo argentino. Crecimiento con exclusión”, Capital Intelectual, 2005. 6 En efecto: la incorporación de la siembra directa acarrea una reducción importante en la demanda de mano de obra, incluyendo fundamentalmente a operadores de maquinarias –tractoristas y personal para mantenimiento y reparación de maquinarias– así como a otros trabajadores que se empleaban anteriormente en tareas de control de malezas. Fuente: Mario Lattuada y Guillermo Neiman. “El campo argentino. Crecimiento con exclusión”, Capital Intelectual, 2005.

El boom sojero En efecto, mientras que a comienzos de la década del ‘80 había en el país aproximadamente dos millones de hectáreas cultivadas con soja, veinte años más tarde la superficie ocupada llegaba a los doce millones, para culminar por encima de las dieciséis millones en la campaña correspondiente a 2006/2007. Si en la campaña 1980/81 la soja ocupaba un 14% de la producción total y un 12% del área sembrada total (sumando las áreas de girasol, lino, maíz, trigo, avena, arroz y soja), esos porcentajes treparon en 1990/91a un 27% y 31%, respectivamente, para saltar a un 56% y 54% en 2006/07 (SAGyPA Dirección de Coordinación de Delegaciones). Como puede desprenderse de los siguientes gráficos y a modo de resumen, durante los últimos quince años, la soja avanzó en detrimento de una significativa merma del área sembrada (y su consecuente producción) de otros cereales y oleaginosas.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales y SAGPyA (1989-1999), Secretaría de Política Económica (2000-2004) y SAGPyA (2005-2006).

Por ejemplo, entre 1980/81 y 2006/07, la superficie sembrada relativa del trigo y del maíz (para los cultivos seleccionados) pasó de aproximadamente un 38% y 25%, a un 19% y 12%, respectivamente.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales y SAGPyA (1989-1999), Secretaría de Política Económica (2000-2004) y SAGPyA (2005-2006).

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En suma, la expansión de la soja se produjo (y produce) a expensas de la ocupación de nuevas tierras, de la sustitución de otros cultivos y del desplazamiento de la ganadería hacia zonas no tradicionales. Profundización del modelo agroexportador Como señala Mario Rapoport en su magnífico libro Historia económica, política y social de la Argentina (Emecé. Buenos Aires, 2007) “[…] en el caso de la soja, donde cerca del 90% de la producción se destinaba a la exportación, se reflejaba con claridad la estructura predominantemente agro-exportadora del sector agrícola nacional. Un importante conjunto de cultivos, principalmente los de tipo industrial y orientados al mercado interno, no creció en la misma medida que los cultivos antes mencionados. Si bien en ellos se introdujeron transformaciones productivas e innovaciones tecnológicas, su producción fue decayendo por la disminución de la demanda del mercado interno y por la competencia de productos similares importados”. El siguiente gráfico es ilustrativo al respecto:

nente esencial para la elaboración de balanceados destinados a la producción de carnes rojas y blancas. 7 Mario Lattuada y Guillermo Neiman. “El campo argentino. Crecimiento con exclusión”, Capital Intelectual, 2005.

Dicho en otros términos, la Argentina se ha transformado en uno de los principales proveedores de materia prima para la industria de los alimentos balanceados destinado al ganado criado en condiciones de confinamiento. Somos los primeros en alimentar el grueso de las vacas y chanchos del Primer Mundo. ¡Todo un orgullo! La soja, las provincias y el país En los años noventa, las provincias que registraron los mayores crecimientos relativos en la superficie sembrada con soja fueron Entre Ríos, Chaco y Santiago del Estero (en proporciones superiores al 200 por ciento). Por su parte, Córdoba se convierte en la principal provincia productora y junto con Santa Fe y Buenos Aires las responsables del 70 por ciento de la producción total del complejo agroindustrial sojero.8 En 1996, el cultivo de la soja se distribuía de la siguiente manera:

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales y SAGPyA (1989-1999), Secretaría de Política Económica (2000-2004) y SAGPyA (2005-2006).

El país se convirtió en menos de una década en uno de los principales productores y exportadores mundiales de soja. Según los últimos datos de SAGyPA (correspondientes a la campaña 2003/2004), la Argentina es el tercer productor mundial de soja con un 16,84% del total, antecedido por Brasil con un 27,63% y Estados Unidos con un 34,66%. En nuestro país, el 98% de la soja es transgénica, contra un 8,2% y 80% para Brasil y EEUU, respectivamente. Asimismo, “se verifica en la actualidad que tanto la soja y sus derivados sean el rubro nacional de exportación de mayor incidencia en el producto bruto interno, participando con el 40 por ciento del mercado mundial de aceites y el 30 por ciento en las harinas. Estos porcentajes ubican al país en el primer y segundo lugar respectivamente en las exportaciones de ambos subproductos”.7 De esta manera, la estructura predominantemente agro-exportadora del país se profundizó a niveles insospechados: sólo un 5% de los productos del complejo agroindustrial sojero son consumidos en el mercado interno. Esto, descontando que mientras que el consumo de aceites se relaciona directamente con la alimentación humana, las harinas son un compo18 caminopropio

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación en base a datos de SAGPyA (Dirección de Coordinación de Delegaciones).

8 Mario Lattuada y Guillermo Neiman. “El campo argentino. Crecimiento con exclusión”, Capital Intelectual, 2005.


Once años después, el mapa muestra la siguiente expansión:

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación en base a datos de SAGPyA (Dirección de Coordinación de Delegaciones).

La soja no reconocía fronteras, ni provincias. Nada frenaba el mercadismo agrario en su fiebre y sed de ganancias. Hoy día, la demografía sojera no sólo no ha variado, sino que se han profundizado sus peores tendencias. Como se advierte en la siguiente figura, la producción sumada de sólo cuatro provincias como son Córdoba (primer productor), Buenos Aires (segundo), Santa Fe (tercero) y Entre Ríos (cuarto), equivalen al 86% de la producción total nacional.

norte pampeano, prosigue su camino. Esta última región se ha caracterizado históricamente por ser una maicera y ganadera, lo cual provocó el corrimiento del cultivo y de la actividad pecuaria hacia otras áreas, por cierto de mucho menor aptitud agrícola y ganadera o directamente no productoras (las denominadas áreas marginales: ocupadas con montes nativos, con una ganadería poco tecnificada o terrenos que no estaban en producción). De esta suerte y al decir de Rapoport, al tratarse “en su mayoría de sistemas ambientalmente frágiles para la práctica de la soja con poblaciones difícilmente incorporables a los nuevos sistemas de producción”,9 la soja se transforma en un elemento socioeconómicamente perturbador y destructivo. Por ejemplo, en la principal provincia productora, Córdoba, se verificó una caída del stock de ganado vacuno cercana a un 20 por ciento (muy por encima del descenso del 4 por ciento que se da a nivel nacional).10 Porcentaje que incluye una importante disminución de la actividad tambera, y con ella el agravante de una caída de la mano de obra en comparación con los requerimientos de la lechería y la ganadería (amén de otros cultivos). Por su parte, el Chaco –a la sazón una de las provincias más pobres del país–, es responsable del 3% de la producción sojera a nivel nacional (campaña 2006/07). En los noventa, la superficie sembrada destinada a esta oleaginosa creció un 47%, de 50.000 a 410.000 hectáreas (ha), aunque un 93% si se abarca hasta la campaña 2006/07 (710.000 ha). Al promediar los noventa, la soja se posicionó como el producto que ocupa la mayor parte del área sembrada de la provincia, llegando al 40% del total de la superficie sembrada,11 con un crecimiento explosivo de casi el 500%. A propósito y según concluye un informa de la SAGyPA, este avance se dio principalmente sobre el algodón que pasó de 456.000 hectáreas en la campaña 1990/ 91 a 270.000 en 2000/01 y 265.000 en 2006/07, es decir, una caída del 42% con respecto a comienzos de la década. 9 Mario Rapoport, Obra citada. 10 Mario Lattuada y Guillermo Neiman, Obra citada.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de SAGPyA (Dirección de Coordinación de Delegaciones).

De la misma manera y por efecto “corrimiento”, se observan importantes incrementos de la superficie sembrada para el girasol, el maíz y el trigo, cultivos no tradicionales de la provincia. Para colmo de males, el aumento de los precios internacionales de la soja (una tendencia que proseguirá en el largo plazo), arrastra el valor de los precios de la tierra, reduciendo así la rentabilidad de todas las actividades no sojeras como la lechería, la ganadería, etc. Desde 2002 a la fecha, el valor de mercado de los campos registra una verdadera estampida, al punto tal de que los 12.000 dólares/ha que llegan a pagarse en la Pampa Húmeda superan los valores de las mejores tierras productivas de Estados Unidos. En la zona sojera y maicera por excelencia de la provincia de Buenos Aires, la hectárea pasó de 3.950 dólares en promedio en 2003 a 9.167 a fines de 2007 (un 132% de incremento).12

Dicho de otro modo, la concentración geográfica de la soja en la región denominada pampeana (Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos), más precisamente en el

Soja y ecosistema Quizás en línea con la política oficial de frenar el proceso de sojización en la República Argentina, la SAGyPA caminopropio 19


advierte en uno de sus informes que “la combinación de la siembra directa-monocultivo de soja tolerante a glifosato, atentan contra la sustentabilidad de los agro-ecosistemas. Así, en importantes áreas de la región pampeana el monocultivo de la soja, juntamente con la excesiva utilización de agroquímicos para el control de plagas animales y vegetales generó y genera grandes riesgos de contaminación al medioambiente y a la salud humana”. Al fuerte proceso de agriculturización mercadista sumado a la ausencia de un plan ordenado de rotaciones en los cultivos, la erosión y degradación de los suelos como la caída de la productividad física por hectárea están a la orden del día. Así lo prueba la misma Secretaría de Agricultura de la Nación: “El señalado proceso [erosión y degradación] adquiere ribetes mucho más dramáticos en zonas extra-pampeanas, en particular en las regiones del NOA y del NEA donde estos efectos son atribuibles en su totalidad a la expansión del monocultivo de la soja”. Efectivamente, la situación actual en muchas provincias es por demás preocupante. En las zonas centro y sur de Santa Fe se observa un proceso homogéneo y generalizado de agriculturización, con 85 a 90% de la superficie cultivada con soja, presentándose concomitantemente problemas muy extendidos de degradación y erosión de suelos. En la zona central, la agriculturización con soja ha desplazado al tambo con el consiguiente efecto sobre la mano de obra ocupada. Un fenómeno similar ocurre en la parte norte de la provincia, con el desplazamiento del algodón por la soja. 11 Chaco tiene una superficie cultivable de 1,5 millón de hectáreas. Diario Página12, 10/05/08. 12 Diario Página12, 6/04/08.

Por su parte en Córdoba, la soja representa del 80 al 85 del área cultivada con granos, por lo que su monocultivo se constituye en el principal problema. A esto, se le agregan los altos costos de los arrendamientos y la ausencia de contratos a largo plazo, que sumados atentan contra la planificación a mediano plazo (rotaciones). El fenómeno de agriculturización en la provincia de Entre Ríos ha sido alarmante. Por ejemplo, entre 1990/91 y 2006/07 el área sembrada dedicada a este cultivo pasó de 54.800 ha a 1.435.600. De la totalidad del área sembrada que dispone la provincia, (aproximadamente unas 1,7 millones de hectáreas), más de un 60,0% corresponden al cultivo de la soja. Pero la realidad era distinta diez años atrás, cuando el 85% del campo entrerriano se destinaba al cultivo de arroz y el 10% a cítricos. Con la aparición de la soja, la producción arrocera cayó de 970.000 a 408.000 toneladas en 2007. De las 700.000 toneladas de arroz que perdió el país, 500 mil provienen de esta provincia.13 Los efectos negativos de este proceso se pueden potenciar aún más al contemplar los siguientes factores: la alta predisposición de los suelos a la degradación, la gran subdivisión de las tierras, los arrendamientos por una campaña y las posibilidades de contaminación. Por último, en la provincia de Buenos Aires se asiste a dos situaciones claramente definidas. En las zonas norte y suroeste, se produjo la expansión de la soja a costa de los cultivos de maíz en primer lugar y girasol, en segundo. El área sembrada de maíz pasó de 1.504.000 hectáreas en 1996/97 a 20 caminopropio

1.095.650 en 2000/2001 y 919.605 en 2006/07. En igual intervalo de tiempo, el girasol disminuyó de 1.788.850 en 1996/97 a 1.180.288 en 2006/07. Los mayores costos para la implantación de estos cultivos, sumado a los contratos por un solo año, son las causas principales de la mayor expansión de la soja. En cambio, en el sur bonaerense, el proceso de agriculturización es más reciente y la expansión de la soja mucho menor que en las otras regiones. Los factores climáticos limitan la expansión de este cultivo por lo que no es dable esperar a corto plazo un proceso semejante al del centro norte de la región pampeana y en el norte del país (SAGyPA). 13 Diario Página12, 6/04/08. 14 Suplemento Rural. Diario Río Negro, 9/06/06. 15 Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales, entre ellos los agrotóxicos utilizados en los agronegocios.

En otras provincias de menor participación en la producción sojera nacional, los efectos de la sojización fueron igualmente devastadores. A propósito, el físico Carlos Soliverez informó que en Tucumán “fue talada casi toda la selva plana del pie de las montañas y un 80% del bosque chaqueño de llanura. En Salta, que ya tenía la tasa de deforestación más alta del país, en los últimos 30 años se talaron para uso agrícola 600.000 hectáreas de bosques nativos, transformándose en cultivos casi la mitad del Chaco salteño húmedo y el 60% de las selvas planas. Si se mantiene esta tasa de deforestación, a fines del siglo XXI no quedarán más selvas planas en todo el Noroeste”.14 En relación a la provincia de Formosa, en 2003, campesinos formoseños del poblado Colonia Loma Senés denunciaron las fumigaciones con glifosato en la zona. Exhibieron sus plantaciones arruinadas, mostraron certificados médicos que confirmaban síntomas de envenenamiento15 y fotografías de animales muertos. En una inusual medida, la jueza Estudio realizado entre 2004 y 2007 por el equipo del Hospital Italiano de Rosario, conducido por el Dr. Alejandro Oliva. 16 Diario Página 12, 14/05/08. 17 Diario Página12, 6/04/08.

Silvia Sevilla ordenó el cese inmediato de las fumigaciones con Roundup (nombre comercial del producto). Si bien sentó precedente, desde entonces fue declarada enemiga de las empresas de monocultivos, accionar que culminó con su destitución en diciembre de 2007 bajo las acusaciones de “mal desempeño en el cargo”.16 Finalmente, el caso de La Pampa, una provincia estratégica en la producción de centeno. En 1998 el 75% de la producción nacional de este cereal provenía de esta provincia (90.000 toneladas). En 2007, sólo produjo 19.000.17 Pero este apartado estaría incompleto si no se especificaran las diferencias en cuanto a los requerimientos nutricionales de la soja en comparación con otras oleaginosas y cereales: A Se desprende de la tabla que la soja lidera el ranking de kilogramos de nutrientes que deben ser absorbidos para producir una tonelada de grano. Por tanto y en razón de lo expuesto, la expansión sojera en zonas ya habituadas como


A Nutriente Nitrógeno Fósforo Potasio Calcio Magnesio Azufre Total

Maíz 22 4 19 3 3 4 55

Soja 80 8 33 16 9 7 153

Trigo 30 5 19 3 3 5 65

Girasol 40 5 28 18 11 5 107

Fuente: Elaboración propia en base a datos de SAGPyA.

no habituadas a este tipo de cultivo, y con ella el desplazamiento de otros granos, lleva implícita una marcada disminución del nivel de nutrientes del suelo (fertilidad) dado el mayor consumo o dependencia de la soja hacia los mismos nutrientes requeridos por otros cultivos. En sintonía con esta aseveración, la SAGyPA observa que: “el consumo de fertilizantes viene aumentando desde los años 90, pero esto no siempre va acompañado de métodos de diagnóstico. En una gran mayoría de situaciones, se fertiliza en base lo que se utiliza en la zona, según lo que se lee en alguna revista técnica o por recomendaciones”. Así, se fertiliza desconociendo la dotación de nutrientes de un determinado suelo, en ausencia absoluta de la utilización de herramientas tecnológicas de medición. Esto conduce la mayor de las veces a fertilizar con dosis mayores a las requeridas por determinado cultivo, perjudicando al productor en lo económico y al país en lo ambiental. Concentración de la tierra y la renta Con el mercadismo agrario y el total desplazamiento del Estado del sector, los fondos de inversión, los pools de siembra y las transnacionales cerealeras fueron fagocitando uno por uno a los pequeños y medianos productores, de 1 a 200 hectáreas.18 Entre 1998 y 2002 el número de productores agrícolas de Argentina se redujo de 400.000 a 300.000 y la proporción de parcelas rurales pequeñas (menores de 200 hectáreas) del 13% al 9%. En 2005 sólo el 6% de los cultivadores de soja tenían parcelas pequeñas.19 A la concentración de la tierra en las zonas pampeanas, se le sumó las zonas extra-pampeanas (por el efecto “corrimiento” de la soja al extender los límites de la frontera agrícola), con la consiguiente expulsión de poblaciones nativas. Despoblamiento y marginalidad rural son las nefastas consecuencias de la sojización del país. Paralelamente y como señala Jorge Schvarzer: “uno de los fenómenos recientes más importantes ligados a la sojización, consiste en que los campos no son explotados por sus propietarios. Entre el 60 y el 70% de la soja se cultiva en casos alquilados donde el propietario cobra la renta de la tierra y el contratista gana con su operación productiva, El primero, grande o chico, cobra entre 200 y 250 dólares la hectárea, o sea 25.000 dólares anuales por un campo de 100 hectáreas, como renta, sin trabajar. El contratista, a su vez, paga el alquiler, compra semillas e insumos, opera el campo y extrae un beneficio del orden de 40% en dólares en menos de un año. En la zona sojera principal, la mayoría de los productores chicos ha pasado de producir a alquilar, o bien, de propie-

tario a rentista”.20 En la actualidad, el 80% de la producción sojera está concentrada en el 22% de los productores más grandes, mientras que el 78% restante produce sólo el 20% del total. Del mismo modo, del total de las explotaciones agropecuarias de la Argentina, sólo el 9,8% tiene más de mil hectáreas y es dueña de ese 78%. En consecuencia, la concentración de la tierra conlleva a la concentración de la renta. Resumen de las consecuencias del monocultivo de la soja * Desplazamiento de cultivos y actividades regionales tradicionales (lechería, ganadería, apicultura, etc.); * Desplazamiento de la actividad ganadera fuera de la zona pampeana tradicional; * Expulsión de mano de obra del campo; * La destrucción de los recursos naturales al avanzar sobre el bosque, el monte y la yunga; * La discontinuación de tareas adicionales vinculadas con los cultivos no sojeros; * Los efectos perniciosos sobre la salud de la población, fundamentalmente, a través del uso masivo, invasivo e indebido del glifosato; * Los efectos destructivos sobre la biodiversidad y el suelo, que según diversos estudios tienen altísimos costos para la reposición artificial de los nutrientes extraídos; Introducción a la cuestión nacional en la Argentina: el cuádruple rol revolucionario de las rentas estratégicas 18 En total, según el Censo Nacional Agropecuario de 2002, para ese año había en Argentina 25 millones de hectáreas en producción bajo diferentes formas de contrato. 19 Suplemento Rural. Diario Río Negro, 9/06/06. 20 Revista Actitud. Abril de 2008.

Cuatro pájaros de un tiro se ejecutan cada vez que un Estado progresista y popular avanza sobre las rentas estratégicas propias de su nación, estratégicas no por el producto del cual provienen (cereales, petróleo, gas natural, etc.), sino por su cuádruple rol revolucionario. Por ejemplo, la estatización de la renta petrolera en Venezuela cumple con esta afirmación: 1) debilita primero y cercena después la supervivencia del sector oligárquico tradicional venezolano; 2) promueve el desarrollo del mercado interno, la diversificación de la economía y el nivel de vida general de las grandes mayorías excluidas; 3) coloca al servicio de la unidad regional el producto del cual deviene: los hidrocarburos y la energía; y 4) brinda la mejor bandera y consigna aglutinante de los sectores oprimidos. Igualmente, la reestatización del sector agropecuario en la Argentina implícita en la política del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner reportará los mismos beneficios, siempre y cuando se profundice la línea nacional y popular: 1) debilitamiento y cercenamiento del sector antinacional, antipopular y antilatinoamericano tradicional del país; 2) diversificación de la economía nacional y reindustrialización; 3) coloca al servicio de la unidad regional el producto del cual deviene: los alimentos; y 4) ídem punto venezolano. Como señalara Jorge Abelardo Ramos, la posibilidad de “convertir a la pampa húmeda privilegiada, y en general, al latifundio improductivo, en la base de la capitalización industrial” (Revolución y Contra Tomo 2. Distal 1999. Pag 301) sigue siendo la clave del éxito y la profundización necesaria de cualquier proyecto nacional y popular en la República Argentina. caminopropio 21


Causa popular

COMUNICADOS RECIENTES DE CAUSA POPULAR

por Horacio Cesarini La Izquierda Nacional En la senda Arturo Jauretche. Jorge Abelardo Ramos y Juan Domingo Perón Por el sangüich? FUIMOS A LA PLAZA El pueblo dio una rotunda respuesta en la Plaza de Mayo. La oposición sostiene que los que concurrimos lo hicimos por el sanguich y no anduvo lejos; fuimos por el pan, la leche, por las verduras, por la carne y la fruta de todos los días. Fuimos por los alimentos que la Sociedad Rural, la CRA y sus aliados menores que cobardemente los acompañan, nos quieren negar cortando rutas, desabasteciendo, derramando millones de litros de leche en las banquinas, favoreciendo el incremento especulativo de los precios. Fuimos contra los piquetes conchetos que meten tajos en los neumáticos de los transportistas y patotean a intendentes, concejales, diputados y a todo funcionario que mantenga una posición digna frente a la subversión sojera. Fuimos para reafirmar nuestro apoyo a la Presidenta que enfrenta a los “productores”de golpes de Estado; evasores de impuestos, contrabandistas y subfacturadores que privan al Estado de las posibilidades de emprender grandes obras, escuelas, hospitales y viviendas. Fuimos en apoyo de un gobierno que se propone acabar con el modelo agro-comercial y pastoril que no nos deja avanzar hacia un país más justo, autónomo, próspero y soberano. Fuimos para decir basta a la avidez de la vieja oligarquía aliada a los exportadores, banqueros y capitalistas extranjeros de las grandes empresas monopólicas que encuentran en la soja la nueva fuente de superganancias. Fuimos a defender las retenciones móviles y su tratamiento por el Congreso de la Nación pues la oligarquía insurrecta ya adelanto su desacato en caso de promulgarse la ley. Fuimos porque el energúmeno de la ruta 14, después del acto, sostuvo amenazante que “van por todo” y por todo va el Pueblo, van los que no tenemos nada que perder.

Fuimos a defender la restitución de las medidas protectoras de los derechos obreros y la política de derechos humanos. Fuimos a enfrentar a la Sociedad Rural y a los cuatro enajenados por la codicia. Fuimos contra el pool gorila de la partidocracia argentina, impulsor cívico de cada golpe militar y defensor de la rapacidad de la “familia agropecuaria”. Fuimos a compartir la Plaza con el Pueblo, porque estamos con Moyano y los trabajadores frente a Miguens, con Moreno frente a los formadores de precios y con D’Elia frente a los poderosos racistas coloniales. Fuimos, pues como dijo la Presidenta: “Tenemos que aprender a mirar más allá de lo que nos muestran; tenemos que aprender a escuchar más allá de lo que nos recitan; tenemos que comenzar a mirar en base a nuestros propios intereses para dejar de lado los cantos de sirena”; fuimos contra los cantos de sirena de una prensa venal que distorsiona la realidad arrojando a gran parte de las clases medias en manos de sus hambreadores. Fuimos contra la sedición oligárquica que detrás de los 100 días de conflicto esconde 200 años de sometimiento, golpes, persecusiones, proscripciones, hambre y entrega. Fuimos porque la timba del “mercado de futuro” no debe hipotecar nuestro presente ni nuestro futuro. Fuimos con Causa Popular para darle impulso a las banderas del 17 de Octubre y a un Frente Nacional que arroje definitivamente del poder económico a la rosca oligárquica –imperialista, para volver grande e independiente a la Argentina; fuimos para doblegar el poder de esa rosca, que no es inexpugnable. Fuimos para reunirnos con nuestro destino latinoamericano y con la Patria Grande de Artigas, Bolívar y San Martín Fuimos porque a la Plaza, a la Causa, al Frente Nacional y a la Patria le hace falta la Izquierda Nacional. 19/06/2008

Las novedades políticas argentinas requieren permanentes ....

34º Aniversario de la muerte del General Perón Por Jorge Abelardo Ramos Homenaje de la Izquierda Nacional ADIOS AL CORONEL (Fragmento) Acaba de morir Perón, cuya inmortalidad aseguraban algunos de sus adictos más devotos. Pero había algo de verdad en semejante idea, pues a ese hombre singular po22 caminopropio

dían aplicarse las palabras de Bismarck: “Todo hombre es tan grande como la ola que ruge debajo de él”. La ola de Perón no era el ejército prusiano sino la multitud innumerable que transmitirá su memoria al porvenir. Cabe decir de él, como de Yrigoyen, que fue “el más odiado y el más amado de su tiempo”. Su tiempo comenzó en una madurez avanzada, a los cincuenta años. Cuando los coroneles se


retiran o ascienden a generales para proyectar su retiro y concluir ordenadamente su vida, le tocó a Perón lanzarse a una aventura histórica, de una turbulencia e intensidad pocas veces conocida. Ingresó a la acción pública cuando terminaban al mismo tiempo la crisis, la década infame y la Segunda Guerra Mundial imperialista. La neutral Argentina gozaba de prosperidad. Poco a poco la desocupación de los años duros era absorbida por el impulso industrial creado a consecuencia del conflicto bélico y de la bancarrota del 30. Los peones se hacían obreros y las chicas del servicio doméstico, humillado y martirizado, ingresaban a las nuevas fábricas. Pero al llegar a las ciudades, no había lugar para ellos ni en los partidos políticos de izquierda, ni en los antiguos sindicatos influidos por tales partidos. Los trabajadores que se harían peronistas en 1945 descubrieron un sistema político fuertemente impregnado de la influencia anglosajona. La herencia del viejo partido de Yrigoyen había caído en manos de los alvearistas, amigos de Inglaterra, de la CADE y de los conservadores liberales. De Lisandro de la Torre, los demócratas progresistas no querían acordarse y participaban en amables tertulias con los protectores de los asesinos del senador Bordabehere, para urdir el ingreso de la Argentina a la segunda gran guerra de las democracias coloniales. Naturalmente, el Partido Socialista fundado por Juan B. Justo integraba tales reuniones, que prologaban la inminente Unión Democrática. Para no ser menos, el Partido Comunista, inspirado por Vittorio Codovilla (bajo la luz bienhechora de Stalin) era uno de los artífices de tal alianza, que proponía reproducir en la Argentina el pacto de los Tres Grandes y los acuerdos de Yalta. Estos pactos se traducían al castellano mediante la exigencia de sustituir la lucha contra el imperialismo por la lucha contra el fascismo. Como el fascismo era desconocido en el país, se idealizaba la presencia del imperialismo “democrático” y se recomendaba a los obreros de los frigoríficos no pedir aumentos de salarios para no dificultar “la lucha de los ejércitos que luchaban por la libertad del mundo”. Por su parte, la burguesía industrial era tan débil que ni siquiera contaba con un diario propio. Al irrumpir en la historia, Perón se enfrentó con ese cuadro. Su robusto realismo político le permitió advertir que el país se encontraba en el umbral de una nueva edad. Muchos lo habían anunciado y hasta habían llamado a esa hora del destino: Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ortiz Pereira, el general Savio, el capitán de fragata Oca Balda, el ingeniero Alejandro Bunge, Joaquín Coca, Manuel Ugarte. Desde el campo del yrigoyenismo revolucionario, del nacionalismo burgués, del nacionalismo tradicional, del socialismo clásico y hasta del marxismo no staliniano, argentinos resueltos habían preconizado la ne-

cesidad de concluir para siempre con la vergüenza de la factoría inglesa, hermoseada con poetas anglomaníacos, con izquierdistas de Su Majestad o con trogloditas del Nuevo Orden. Perón resumió a su modo algunas de esas aspiraciones explícitas. Encarnó las esperanzas latentes de las grandes masas que carecían de voz y los intereses de la nueva burguesía así como llevó a la práctica el nacionalismo militar concebido por el general Savio. Esa síntesis fue su fuerza y su justificación histórica. Pero cada vez que una corriente nacional brota en América Latina, los doctos sabihondos se precipitan al error con un olfato infalible. Pulularon en la época múltiples teorías sociológicas, que habrían erizado de risa o de cólera al viejo Marx, ya que muchos de sus apologistas invocaban nada menos que a semejante maestro. Desde 1944, cuando Perón pronunciaba sus primeros discursos en los balcones de la calle Perú, las preguntas o afirmaciones más corrientes eran: ¿Es fascista? ¿Es falangista? ¿Es un candidato a dictador? ¿Es un agente alemán? Aquellos que tenían el dudoso gusto de leer la folletería de la “izquierda rooseveltiana” añadían con sabio misterio: “es un caudillo del lumpemproletariat”. Parece mentira, pero tales gentes de hace treinta años tienen prole ideológica, que repite las mismas variedades en nuestros días. Perón fue el jefe de un movimiento nacional en un país semicolonial. Su poder personal emergió de la impotencia de los viejos partidos que se negaron a apoyarlo en 1945 y que prefirieron aliarse con Braden. Ese poder personal perduró como un factor arbitral en una sociedad inmadura. Adquirió por momentos un franco carácter bonapartista. Este fenómeno es habitual en los países llamados del Tercer Mundo, pues frecuentemente se revela como una verdadera necesidad general, para resistir la intolerable presión del imperialismo, altamente concentrado en su poder y dirección. Las contradicciones que se le reprochaban a Perón no eran sino la expresión personal de las clases sociales nucleadas en su torno y que el caudillo representó a lo largo de toda su carrera. No fue un “agente de la burguesía industrial” ni un “caudillo del proletariado” ni mucho menos un “lider de poder carismático”. El vocablo “carisma” refleja la pobreza científica de la sociedad norteamericana, que ahora apela a la magia. El influjo de Perón no era sobrenatural o inexplicable. Consistía en interpretar el estado de ánimo y los intereses de las grandes masas y clases oprimidas. Cuando lo lograba ese poder era tan inmenso como la energía de las multitudes que hablaban a través de él. En otras ocasiones, ese poder era el de un ciudadano corriente. Perón e Yrigoyen fueron los dos grandes caudillos nacionales en lo que va del siglo. Nadie podrá imputarle a lo largo de su prolongada lucha que haya sido infiel al procaminopropio 23


grama que propuso al país en 1945. No fue un fascista, por supuesto, ni un socialista, naturalmente. Los gorilas del 45 no comprendieron lo primero, ni muchos de sus hijos, lo segundo. Perón siempre aspiró a ser él mismo su propia izquierda y su propia derecha. Como luchó por desarrollar un capitalismo nacional (estatal y privado) contra la sociedad inmóvil de la hegemonía terrateniente, ésta lo declaró indeseable, lo derribó y lo expatrió durante 18 años. El

pueblo, sin la ayuda de los sociólogos, comprendió que sólo un patriota podía merecer tal castigo. A tal odio, respondió con un amor equivalente. Perón intuyó certeramente su próximo fin. El discurso del 12 de junio, que declaraba al pueblo único heredero de sus banderas, constituyó el testamento político de ese varón singular, que entró en la muerte tan oportunamente como había irrumpido 30 años antes en la historia. Falta mencionar la cita bibliográfica 3 de Julio de 1974

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Filosofía y transformación Social por Blas Alberti El Profesor Blas Alberti, de la Universidad de Buenos Aires, presentó en noviembre de 1986 al Congreso de Antropología realizado en la Capital Federal, una síntesis de sus puntos de vista sobre las relaciones estrechas entre la “superestructura cultural” de los países semicoloniales y el dispositivo del poder real, cuyas clases sociales e intereses divergen radicalmente de los modelos europeos clásicos. Damos a conocer dicha síntesis compuesta de 16 Tesis.

Antropólogo y docente universitario, realiza una vasta tarea como investigador. Escribió Critica de la sociología académica ( 1972), Peronismo polémico (1976), Ciencias sociales y realidad nacional (1985) y Conversaciones con Alicia Moreno de Justo y Jorge Luis Borques (1985).

1.- La filosofía como reflexión sobre la totalidad de lo real, no sólo debe incluir a éste en una dimensión contextualhistórica; debe propender también a su compenetración con la práctica transformadora de la sociedad de la que es parte. 2.- Por ello no puede discutirse el tema sin localizarlo y sin caracterizar a la sociedad desde la que se habla. 3.- Localizar la discusión significa reconocer que la misma se da en una sociedad semicolonial en la que por sus peculiares condiciones históricas, la sobredeterminación cultural constituye, no sólo una dimensión necesaria, sino un obstáculo para un filosofar relativamente autónomo. 4.- Esta sobredeterminación cultural se encarna en un modelo histórico de sociedad el capitalismo agrario semicolonial bajo hegemonía oligárquica, consolidado desde fines de siglo XIX y afectado en el presente por una crisis decisiva. Sobre esta formación social concreta se desenvolvieron proyectos alternativos que a pesar de que produjeron un serio deterioro tanto en su fisonomía económica como social, no lograron trascenderla. 5.- En la esfera del poder político, nivel en el que se sintetizan las confrontaciones materiales y espirituales de una sociedad, la Argentina se encuentra afectada, sobre todo a partir de 1930 por una dicotomía irreconciliable: (1) el campo nacional, que aspira a integrar al conjunto de clases, semiclases y estratos oprimidos por las clases oligárquicas y el imperialismo; y el campo liberal, que lideran éstas últimas, conjuntamente con las clases medias urbanas y los intelectuales pertenecientes al sistema institucionalizado de la cultura eurocéntrica. 6.- El vinculo objetivo que enlaza a los integrantes de cada bloque es más fuerte que los enunciados ideológicos que suelen explicitarlos; en ambos se da la presencia de un ala “derecha” y de un ala “izquierda”, si es que éstos términos tienen algún significado entre nosotros. 7.- La posibilidad de que alguno de los dos bloques históricos adquiera un predominio decisivo sobre el otro, constituye al presente el dilema más importante a dilucidar. Supone definir críticamente al sistema ideológico- cultural

institucionalizado, como un obstáculo decisivo en la lucha por la liberación nacional. Este sistema, caracterizado por una dependencia textual de la filosofía y la ciencia europeas, afecta principalmente a las clases medias y constituye un factor decisivo de división en el campo popular al desligarlas de su seno. 8.- La alternativa revolucionaria en la actual situación supone definir críticamente el sistema ideolótico cultural institucionalizado, como un obstáculo decisivo en la lucha por la liberación nacional. Este sistema, caracterizado por una dependencia textual de la filosofía y la ciencia europeas, afecta principalmente a las clases medias y constituye un factor decisivo de división en el campo popular al desligarlas de su seno. 9.- Por “dependencia textual” entiendo a toda categorización deshistorizada de la realidad. Por ej.: cuando la izquierda cosmopolita confunde el nacionalismo de Perón con el de Hitler o Mussolini, descontextualiza un concepto, nacionalismo, ignorando de ese modo la distancia histórica que media entre el nacionalismo de una potencia imperialista y el de una sociedad semicolonial. Asimismo cierta derecha del campo nacional cuando produce la misma confusión, pero a la inversa, impidiendo de este modo, a los sectores medios, la comprensión del problema nacional. 10.- Esta categorización deshistorizada se expresa en todos los niveles de la filosofía política y abarca términos tales como: “democracia”, “socialismo”, “Clase social”, “Nación”, “burguesía”, “revolución nacional”, “autoritarismo”, “dictadura”, etc. Supone pensar lo propio con el discurso del amo y constituye un factor preponderante de esterilidad de la acción político-filosófica. 11.- Asumir nuestra propia dimensión histórica, su pone comprender que somos parte de la gran nación balcanizada por el imperialismo a lo largo de nuestras frustradas luchas por la independencia. 12.- Que esa derrota histórica impidió la realización de un destino propio de modernidad, cuya base sociocultural se funda en nuestra tradición hispanocriolla, y cuyas cabezas prominentes son Bolivar, San Martín y Artigas, dimensión desde la que sólo es posible pensar en una revolución nacional y en un socialismo originales. 13.- La ruptura de dicha continuidad sociocultural supuso el trastocamiento de todos los modelos de pensamiento posibles en nuestra dimensión original, y la adopción forcaminopropio 25


zada de una concepción que apuntaba a una forma histórica de modernidad inviable para nosotros: el modelo de devenir que enlaza en una unidad estructural el feudalismo con el capitalismo burgués y el socialismo. 14- En esta última perspectiva se alienaron liberales, románticos, marxistas y nacionalistas aristocráticos, cada uno a partir de su propia síntesis, pero todos confluyendo en la adhesión a alguno de los modelos eurocéntricos. 15.- La única matriz objetiva a partir de la cual es posible pensar la realidad desde la dimensión histórica original y posible, la ha constituido hasta el presente el movimiento nacional, movimiento heterogéneo, inorgánico y no definido, explícitamente desde una filosofía política orgánica y

sistemática. Esta falta que reconoce sin embargo prestigiosos intentos, como los de Arturo Jauretche, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puiggros, Jorge Abelardo Ramos, o Raúl Scalabrini Ortiz, en el siglo XX, constituye la carencia esencial de nuestro pensamiento trasformador, no porque el mismo no haya tenido expresiones, sino porque estos afectan aún un estado de marginalidad intelectual que los mantiene como propuestas contestatarias sin otra alternativa que la utopía esperanzada. 16.- Nuestra ruptura radical con el eurocentrismo y la proyección de una alternativa revolucionaria se encuentra pues en la posibilidad de profundizar el pensamiento nacional, única perspectiva para constituir una filosofía de nuestra transformación, capaz de condensar en su originalidad los elementos universales que permitan discriminarla como hecho histórico, único o irrepetible. Buenos Aires, Octubre de 1986

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Cartas al editor

Cartas de Perón a la Izquierda Nacional La redacción de Izquierda Nacional ha creído oportuno reeditar algunas de las cartas que el General Perón enviara a la Izquierda Nacional y Popular. Pensamos que estos textos, de un gran valor histórico, arrojan una luz muy importante sobre las, relaciones fraternales que existieron entre el líder del movimiento nacional en la Argentina y el ala socialista revolucionaria de dicho frente. La carta que el General Perón enviara al Secretario General del Partido Socialista de la Izquierda Nacional, compañero Jorge Abelardo Ramos, el 29 dé mayo de 1967 fue publicada origínariamente en el Periódico “LUCHA OBRERA”; Nº 32 del mes de julio de 1967. El mensaje que Perón dirigiera con motivo de la realización del IV Congreso Nacional del PSIN fue publicado en el número 6 del mismo periódico en mayo de 1968. 1967 Madrid, lunes 29 de mayo de 1967. Señor Don Jorge Abelardo Ramos Buenos Aires. Estimado amigo: A mi regreso de un viaje de “manzanillización” a Sevilla, me encuentro con su carta y los ejemplares NP 3 y 4 de la revista “Izquierda Nacional” que tuvo usted la amabilidad de enviarme. Le agradezco su recuerdo: he leído con todo interés el material, sin desperdicio, de su contenido que comparto en un todo porque la verdad habla sin artificios. Una izquierda nacional, en la que orgullosamente me cuento, que sale a la palestra con verdades como puños sin preocuparse de que, en nuestros días, lo más peligroso suele ser decir la verdad. Llega poco a poco el día en que todos comenzamos a “hablar el mismo idioma” como iniciación de una unidad y solidaridad que está ya tardando en llegar y que será la única manera de encarar una liberación impostergable. “La Segunda Revolución Libertadora”, excelente artículo de una verdad aterradora. La tan mentada “Revolución Argentina” es efectivamente la Segunda “Revolución Libertadora” aunque sus consecuencias serán provechosas para nuestro Pueblo. No se si nosotros habremos sido demasiado buenos pero, los que nos han sucedido han sido tan malos que, en último análisis, venimos resultando óptimos. Estos nuevos “salvadores de la Patria” no harán sino confirmar el viejo refrán castellano: “detrás de mí vendrán los que grande me harán”, lástima grande que sea el Pueblo inocente el que ha de pagar las consecuencias. Desde la distancia y con la información que poseo puedo apreciar que desde el 28 de junio hasta el relevo de los primeros ministros, la dictadura militar sé ha debatido en una lucha sorda dentro de su “gobierno” entre los grupos interesados en copar el poder “detrás del trono” en la que han intervenido desde los grupos nacionalistas clericales hasta los de gorilas contumaces pasando como Ustedes di-

cen por los sectores de una versión inorgánica de los intereses de la burguesía nacional y l exigencia de la oligarquía vacuna. Mientras ello sucedía, la acción monopólica foránea y sus “cipayos” vernáculos, se encargaban de crear en el país un estado económico que obligara a la dictadura a caer en sus manos. El nombramiento de Krieger Vasena, conocido agente de los monopolios, demuestra que esos son los intereses qué han vencido. Sus declaraciones iniciales y su acción ulterior están demostrando que no puede quedar lugar a dudas. La campaña de intimidación, minuciosa mente planeada y aplicada a continuación del fracaso del Plan de Lucha de la CGT, con la intención de paralizar toda acción de la resistencia popular nos demuestra que estamos frente al enemigo más peligroso que hemos enfrentado desde 1955: a la fuerza que esgrimen los militares que usurparon el poder, se agrega la habilidad de los grupos que sirven a los monopolios y la incapacidad y deshonestidad de muchos dirigentes sindicales que no se si son tan incapaces como deshonestos. Esto nos debe hacer pensar en la necesidad imprescindible de reaccionar rápidamente hacia la unidad y solidaridad de todas las fuerzas populares. Ya no se trata de defender sindicatos, ni los intereses parciales, sino de la existencia misma de toda nuestra organización de la clase trabajadora argentina. Dentro de ello no cabe ya el egoísmo sindical de cada Comisión Directiva sino de articular una lucha de conjunto con disciplina y unidad de acción, por que a la unidad de nuestros enemigos no podemos sino oponerle nuestra propia unidad. A la oligarquía vacuna, a los intereses agroexportadores y la burguesía industrial, decididas a arruinar al proletariado argentino con la ayuda de las Fuerzas Armadas convertidas en “cipayos’ del imperialismo, se les ha de oponer la decidida resolución del Pueblo que, dispuesto a todo, ha de oponer a la intimidación hechos fehacientes en los que demuestra que en la destrucción del pueblo estará implícita la destrucción de los demás y que si la clase caminopropio 27


trabajadora se hunde, se hundirán también las fuerzas que la condenan. Ello impone primero la unidad y solidaridad en nuestras fuerzas, segundo la purificación en su horizonte dirigente y tercero una planificación en la qué vaya, desde la contraintimidación hasta la realización de medidas que no dejen lugar a duda sobre la decisión de los trabajadores de llegar a los extremos que sea preciso llegar. Muchas veces he repetido a los peronistas que los pueblos que no quieren luchar por su liberación, merecen la esclavitud y nunca ha sido más apropiado este consejo que en las actuales circunstancias. Pero, esta lucha ha de ser inteligente: no se trata de oponer la fuerza al poder militar sino la habilidad. Según rige en los principios de la conducción, no se puede empeñar una batalla contra un enemigo más fuerte, pero si se puede diluir la lucha en miles de pequeños combates donde uno se asegura el éxito y que sumados representan otra batalla librada en una lucha de guerrillas que no sólo da éxitos parciales sino que termina por desgastar las fuerzas adversarias. No es posible exponer al ciudadano inerme frente a la fuerza armada, pero sí es posible que este ciudadano, usando sus recursos, pueda producir un mal mayor en contra del enemigo que pretende batir—, en este caso la dictadura militar; pegando donde duele y cuando duele, allí donde la fuerza esté, nada, pero donde no esté la fuerza, todo. Cuando la reacción y las fuerzas que la sirven se percaten de que pueden perderlo todo, lo pensarán muy bien. Sobre el asunto de mi conferencia reservada del 11 de noviembre de 1953 que aparece publicada en el Nº 3 de la revista “Izquierda Nacional” es absolutamente real. Nuestra política internacional estaba orientada hacia una integración geopolítica y ha cia una integración histórica. La primera con los siguientes objetivos: suprimir los límites para un mejor aprovechamiento económico y técnico de América Latina; para formar luego un núcleo de países en condiciones de tratar sin desventajas con las grandes potencias (EE. UU. y Rusia); para impedir que nos siguiera dividiendo en provecho de esos intereses; para elevar el standard” de vida de nuestros habitantes y para echar las bases de los futuros Estados Unidos de Sudamérica. La integración histórica en un “Tercer Mundo” para consolidar nuestras liberaciones por una unidad y solidaridad continental latinoamericana. Cuando se firmó el tratado de Santiago de Chile, parecía que todos nuestros países lo firmarían y así lo hicieron en su mayoría, hasta que intervinieron fuerzas extracontinentales y “metieron el palo en la rueda” a través de la acción de Brasil y de Perú. Los norteamericanos formaron luego, por manos cipayas, la Asociación Latinoamericana de- Libre Comercio, con la finalidad de enterrar nuestro intento de integración, lo mismo que hizo Inglaterra cuando se formó la Comunidad Económica Europea. Ahora son yanquis los que en Punta del Este propugnan la integración, pero esta vez se trata de una inteqración sometida , es decir, un estatuto colonial, bajo la presión y al servicio de nuestros “hermanitos del Norte”. Es que la ALALC estaba destinada al mismo fracaso de la Comunidad Europea de Libre Comercio, creada por Inglaterra bajo la direc28 caminopropio

ción norteamericana que acaba de derrumbarse ante las efectividades económicas del Mercado Común Europeo hasta el extremo de que Inglaterra y sus seis acompañantes, mendigan ahora el permiso para ser admitidos en la Comunidad Económica Europea. En 1953, pese al cipayismo dominante, estuvimos a un paso de realizarlo. Desde entonces hasta ahora, se ha perdido terreno. Espero que la juventud sudamericana tomará nuestro “testimonio” y lo llevará a su destino. Si no es así, pasarán muy malos ratos. Con referencia al momento actual argentino, todo parece articularse alrededor de la situación económica y sus consecuencias sociales. El plan Krieger Vasena se evidencia cada día más cómo un gran camelo nacional. Los inevitables intereses creados y el temor de la gente impide que ese plan sea desenmascarado lisa y llanamente, pero por sobre todo el temor que parece haberse apoderado de importantes sectores de opinión independiente, un temor sutil e invisible que, en último análisis, no hace más que reflejar la presencia de un formidable aparato de represión que no se muestra desembozadamente pero que realmente existe y en las formas más imprevisibles. La toma del poder por un sector del mismo sistema — en este caso las fuerzas armadas— al margen del Pueblo en la actualidad cuesta mucha plata. En el pasado, el cambio más o menos violento del poder no alteraba esencialmente el ritmo económico, pero hoy las cosas son muy distintas, máxime si ese golpe, como se ve cada día; se realiza contra el Pueblo. Eso es precisamente lo que estos ingenuos “dictadores de bolsillo” no alcanzan a comprender y ese afán en soluciones que no serán tales mientras tal estado de cosas siga imperando. De afuera no viene ni vendrá ni un cobre. El famoso crédito “stand by” por 400 millones de dólares, está destinado pura y exclusivamente para equilibrar, en caso necesario, la balanza de pagos desfavorable, es decir, son dólares para pagar a los acreedores extranjeros, para que éstos no dejen de cobrar, pero no significan ni un centavo de inversión productiva para el país. Esto que es elemental, no sólo no se dice sino que, por el contrario, tal operación aparece publicitada como un éxito financiero del gobierno. Es que todo es así: pura simulación, pero si la simulación puede engañar a los tontos, que son muchos, en cambio no arrime soluciones que es precisamente lo que se necesita. Frente a lo que se avecina indefectiblemente en los próximos meses, con poco que supiéramos hacer nosotros y, si es posible, el resto de las fuerzas ciudadanas que hayan cedido al temor por la intimidación gorila, todo se pondría en excelentes condiciones. Me temo sin embargo, la indecisión que ya se manifiesta en los sectores políticos de radicales, que se reducen, como siempre, a lanzar manifiestos intrascendentes e inoperantes o los sectores del socialismo cipayo, lleno de simulaciones inconfesables. La unión de toda la ciudadanía formando un frente civilista que supiera oponerse al frente militar oligárquico tendría posibilidades insospechables. Ya él 17 de octubre de 1945 demostramos claramente que, si el poder militar es fuerte, es en cambio muy frágil frente a la resistencia inteligente


de un Pueblo decidido a proceder con la misma inteligencia, mediante un poder que permanece oculto pero al que todos temen. Nuestro problema sigue siendo el mismo una conducción capacitada. Yo he designado para la conducción táctica al compañero Mayor Don Bernardo Alberte. Es como Ud. un político aficionado pero un conductor profesional que domina la teoría, la técnica y la práctica de la conducción, Era uno de los hombres de reserva que tenía el

Peronismo y se lo ha empleado por lo crítico de la situación actual. Yo lo conozco profundamente y sé que posee valores efectivos. Si todos le “ponen el hombro”, estoy absolutamente persuadido de su éxito. El Peronismo me ha pedido siempre que nombre un jefe que sea tal y que me represente: lo he hecho con él. Espero que todos le obedezcan y le ayuden. Le ruego haga llegar m más afectuosos saludos a los amigos del Partido Socialista de la Izquierda Nacional con mis mejores deseos por él éxito futuro. Un gran abrazo. Juan Perón

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LIBROS RECOMENDADOS: CIEN AÑOS DE PETROLERO ARGENTINO DESCUBRIMIENTO, SAQUEO Y PERSPECTIVAS Autores: Federico Bernal, Ricardo De Dicco y José Francisco Freda Un amplio panorama sobre la historia y el presente energético en nuestro país y de sus implicancias políticas, económicas, históricas y sociales.

Hace ya más de un siglo -el 13 de diciembre de 1907- un yacimiento de petróleo fue descubierto en la ciudad patagónica de Comodoro Rivadavia. Los impulsores intelectuales y técnicos de ese acontecimeinto buscaban sustituir la principal fuente energética de entonces -el carbón minera, importado del Reino Unido- por un elemento cuatro veces más barato y poderoso. De este modo, el advenimiento del petróleo aparece ligado en la historia argentina a la defensa de la soberanía nacional, al modelo industrialista, al rechazo del esquema agroexportador y al crecimiento de la autonomía en todos los órdenes. Esa brega de entonces se proyecta al presenta reactualizando antiguas antinomias como las de librecambio o proteccionismo, liberalismo o estatismo. Partiendo de esta perspectiva los autores de este libro ofrecen un amplio panorama del hecho en sí (el hallazgo de una nueva y potente fuente de energía) pero también de sus implicancias políticas, económicas, históricas y sociales. Federico Bernal Es bioquímico y biotecnólogo de la Universidad de Buenos Aires. Ricardo De Dicco Es investigador de Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (IDICSO) de la Universidad del salvador José Francisco Freda Es ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones de la Universidad Tecnológica Nacional. Colección: Claves para todos. Ultimos títulos: Combates por la Memoria, Huellas de la dictadura en la historia. Federico Lorenz Riesgo País, la jerga financiera como mecanismo de poder. Ricardo Aronskind. Próximos Títulos: Genocidio, Martín Lozada. ¿Tienen Derechos las Mujeres?, Mirta Zaida Lobato. 30 caminopropio

EL GENERAL AUSENTE MEMORIA DE UN PAIS EN CRISIS Autores: Elio Noé Salcedo y Ramón Alberto Caballero La muerte del General Perón no fue solamente un doloroso acontecimiento humano y social de trascendencia pública y nada más. Por el contrario, la desaparición física del líder nacional no sólo dejó huérfano al pueblo argentino e incluso un proyecto de Nación, sino que además sumió al país en una profunda crisis política que derivó finalmente en la caída del peronismo, por segunda vez en su historia, a manos de los mismos sectores económicos y sociales que habían derrocado a Perón en 1955. Comenzaba así –con el General Ausente- una de las etapas más nefastas de la historia argentina, caracterizada por el amordazamiento del pueblo y del pensamiento nacional, la persecución, tortura y asesinato de militantes políticos, pero, sobre todo, por la destrucción sistemática de esa Argentina que la generación de 1945 había concebido y comenzado a construir resueltamente durante la gran década. Este proceso de devastación nacional recién concluiría en diciembre de 2001 con las cacerolas del pueblo en la calle, poniendo fin a una bochornosa década y a un cuarto de siglo trágico para los intereses nacionales. Esta es la visión lúcida y a la vez apasionada de un político-periodista y de un politólogo sobre ese crítico período que les tocó vivir y que, por otra parte, desnudó como nunca la realidad de una Nación inconclusa y la necesidad de reconstruir y de concluir la Patria que soñaron nuestros grandes héroes políticos desde la revolución de 1810 hasta nuestros días.

Guillermo Horacio Lamuedra Es Licenciado en ciencias de la Computación; trabajó en la Comisión Nacional de Energía Atómica y actualmente se desempeña en la Autoridad Regulatoria Nuclear. analista sobre los aspectos políticos e hoistóricos del empleo de la energía atómica, incursionó también en temas de historia y política. Colaboró en las revistas Amauta, La Patria Grande, Línea y Cauce Latinoamericano. Tiene publicados los libros Breve Historia del Imperialismo (ediciones Plexo), y la Historia de la Argentina nuclear (ediciones caminopropio). La Guerra de Malvinas, más allá del interrogante del subtítulo del libro, desató el sentimiento unánime de unidad e identidad en Latinoamérica. No sólo la mitad de la flota inglesa se hundió en el Atlántico Sur y más de 65 aeronaves piratas no retornaron a sus bases, sino que estalló por los aires el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca) dejando al desnudo la política exterior imperialista de los EEUU, socio principal del invasor inglés. Quedó a las claras quienes eran nuestros aliados y quiénes los enemigos. La Guerra de Malvinas también demostró que en el fraccionamiento latinoamericano está la causa de su dependencia económica y cultural y despertó en los pueblos la voluntad de convivir y compartir un destino común, trocando las hipótesis de conflicto entre países hermanos por hipótesis de convergencia, retornando a las ideas iniciales de Bolívar. El espíritu de Malvinas está en el Mercosur y en la Unión Suramericana. Y ése es el triunfo irreversible de aquella guerra inconclusa. Este nuevo libro de Guillermo Lamuedradenuncia a los desmalvinizadores, a las clases y sectores disgregados que pretenden perpetuarnos en el atraso y que «vivamos intelectualmente de prestado».


Jorge Abelardo Ramos y la Unión Sudamericana Del Mercosur a la Patria Grande

Revolución y Contrarrevolución en la Argentina Jorge Abelardo Ramos

Andrés Soliz Rada

La presente edición que caminopropio ofrece a sus lectores aborda la compleja y polémica personalidad política de Jorge Abelardo Ramos, creador y organizador de la Izquierda Nacional de la Argentina y América Latina. Su autor, Andrés Soliz Rada, es figura relevante en las luchas sociales y políticas de Bolivia en las últimas décadas. Abogado, escritor, senador y diputado, Andrés Soliz fue gestor ideológico e impulsor protagónico de Condepa (Conciencia de Patria), original movimiento de masas que se proponía reanudar la revolución nacional de 1952, rescatando y destacando la subestimada raíz indomestiza de este pueblo milenario. Andrés Soliz fue fundamental forjador de la Izquierda Nacional en Bolivia, seguidor creativo y consecuente de las tesis del Colorado Ramos y partícipe en primera fila en la defensa de los recursos naturales de su patria codiciados por el imperialismo. No puede soslayarse su intervención en la batalla por el gas, en el reclamo de la restitución de la salida al mar de la que fuera despojada por la oligarquía anglo-chilena en la guerra del Pacífico (1879), en la defensa del campesinado cocalero y en la lucha contra el neoliberalismo, cuya fase de mayor entrega y corrupción encarnó el ex-presidente Sánchez de Losada. Defensor de los gobiernos patrióticos de Ovando, nacionalizador del petróleo, y de su continuador el general Torres, Soliz fustigó duramente al infantilismo de izquierda cuyos planteos son siempre funcionales a la estrategia del imperialismo, y reivindicó al Frente o Movimiento Patriótico como la herramienta apropiada para alcanzar la liberación nacional. Autor de numerosos libros y animador permanente de revistas y periódicos, este predicador incansable de la unidad de la Patria Grande hace honor a su condición de vástago de la que fuera la «preferida del Libertador» Simón Bolívar y explica el interés de estas notas sobre Jorge Abelardo Ramos, profeta de la nación latinoamericana.

Las batallas políticas e intelectuales y las intrigas privadas que rigieron los primeros cien años de la vida argentina. Una visión de la historia que devela la revolución americana no escrita por la leyenda mitrista oficial. La España negra y la España revolucionaria. Fernando VII, el Cretino. Mariano Moreno y el intervencionismo de Estado. La rebelión gauchesca. La muerte literaria de los caudillos. La oligarquía y el asesinato político de San Martín. El Presidente Rivadavia, socio de River Plate Mining Association. Rosas y el capitalismo agrario. Urquiza y Rosa Luxemburgo. José Hernández y el bárbaro Sarmiento. La tragedia del Paraguay. De Hobson a Lenin. La formación del capital financiero. La estructura agraria y el «Peludo» Yrigoyen. Aparecido por primera vez en 1957, «Revolución y Contrarrevolución en la Argentina» tuvo desde entonces diversas ediciones con más de 100.000 ejemplares impresos. Lejos de ser tan sólo un libro de historia, se trata de una reflexión crítica del pasado nacional que marcó la conciencia histórica de generaciones enteras. En contraposición a la izquierda europeizante, Ramos realiza en esta obra un examen riguroso de nuestro pasado fundado en una interpretación de una perspectiva nacional. Su aporte constituye una de las visiones más originales y transgresoras del pensamiento latinoamericano. caminopropio 31


La Sociedad Rural Argentina reitera frente a los productores y la ciudadanĂ­a en general su apoyo a toda acciĂłn que signifique completar el proceso iniciado el 24 de Marzo de 1976, para poder lograr asĂ­ los fines propuestos, que en definitiva son los grandes objetivos nacionales. Buenos Aires, 24 de Marzo de 1977

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Boceto de la revista de La Izquierda Nacional

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