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(TAPA) ERES MI VIDA ENTERA


(TAPA 2)


PÁGINA DE CORTESÍA (BLANCO)


PÁGINA DE CORTESÍA (BLANCO)


(TAPA) ERES MI VIDA ENTERA


PÁGINA DE DERECHOS

26x26 cm Encuadernado Hotmelt Tapa Blanda (facilidad de navegación) 4/4 colores


DEDICATORIA A mi tío Jorge


PRÓLOGO No tiene sentido amar tanto a un equipo de fútbol hasta el punto de perder la cordura. Llenar la casa de chunchos, tener hasta las sábanas de la U. Tampoco vestirse de bullanguero en cada prenda. Ralla en la locura, la obsesión, ¿qué dirá la gente del modo de vida que se lleva? No tiene sentido ir todos los domingos a la cancha a reventarse la garganta de tanto cantar. Ni vivir en la ilusión de que el bombo es un corazón que late con fuerza, que bombea sangre caliente a la multitud ruidosa. Sería irrisorio creer que los cantos de aliento bajan como corrientes eléctricas hasta la cancha. Que carburan a los once jugadores que se baten contra otros once, entre el trueno y humo de los petardos en la atmósfera. Nada saludable para los tímpanos y los pulmones. No tiene sentido, tampoco, ansiar día a día volver a verlos jugar, a donde jueguen. Dibujar líneas de miles de kilómetros en los mapas para ir a un estadio. Pasar hambre, frio, cansancio. No tiene sentido partir sin dinero a conocer un clima diferente. Mover bombos, estandartes y artificio para teñir de azul y rojo ríos, desiertos y cordilleras de lugares lejanos. Sería, por así decirlo, aventurado.


Tampoco tiene sentido llevar a los hijos, todavía en el regazo del vientre materno, a oír el rugido de la hinchada. Ni después, compartir cumpleaños, navidades, ni sentarse a la mesa con desconocidos. Menos lo tiene que los hijos dejen la consola por salir a jugar con decenas de otros niños que quién sabe cómo han sido criados. Ni que juntos reciban regalos de extraños. Eso es algo imprudente, riesgoso. Ni hablar de dejarlo todo de lado para trabajar en proyectos que sólo sirvan para alentar a los jugadores. Escribir canciones, confeccionar gigantescas banderas, hacer demostraciones de amor sin recibir nada a cambio. No tiene sentido abocarse involucrando a familiares y amigos, ni estrechar lazos a través del trabajo codo a codo. Eso es incomprensible, ¿quién trabajaría tanto gratuitamente? Menos sentido tiene trascender a la familia en que se ha nacido para vincularse dentro de una más grande, muy grande, y que cuya mano acogedora está presente en todo el país. La camaradería no tiene sentido, tampoco los sentimientos ni la emoción colectiva. Ni la festividad, ni la tradición. Nada tiene sentido. Todo es una quimera. Esta es la epopeya de un pueblo que alguna vez habitó los parajes de Sudamérica, cantó sus versos, pintó sus colores. Peregrinó por sus santuarios, engendró a su descendencia y estampó su huella en este lugar al que llamamos el mundo.


I DESDE QUE ERA CHIQUITITO


II SIGUIENDO AL BULLA


siguiendo al bulla yo llegaré lejos tan lejos como pueda llegar no sé cómo voy, no sé cómo vengo sólo sé que vamos a ganar


Todos los momentos que vivĂ­


todas las canchas donde te seguĂ­...


te seguiré, te seguiré, te seguiré de arica hasta punta arenas te alentaré, te alentaré, te alentaré hasta que me muera


es un sentimiento que lo llevo desde cuando era pendejo y no lo puedo parar


te sigo a todos lados, como un loco volado, alentando al leooooooooon...


III DEL TABLÓN A LA REVOLUCIÓN


Los de Abajo y las FFEE suelen encontrarse en el estadio. Esta vez el encuentro es en la calle, en la marcha para repudiar el Plan Estadio Seguro.


IV EL DÍA DEL NIÑO


V CAMPEONATOS


VI LA NAVIDAD AZUL


VII EL BANDERAZO


VIII LA BANDERA GIGANTE


IX NI LA MUERTE NOS SEPARARÁ


X LEGADO


EPÍLOGO

Muchas veces he oído a los hinchas más viejos relatar con un aire orgulloso sobre los lejanos años de la bohemia, del mítico Ballet Azul y de Leonel Sánchez derrochando talento. Hablan de los memorables clásicos universitarios de los sesenta y de las barras estudiantiles deslumbrando al público con presentaciones maravillosas. Sin embargo, con los vuelcos de la historia se fue extinguiendo aquel período, en un par de años llegaría el golpe y una prolongada dictadura. A mí me tocó vivir en un país muy distinto. Chile volvía a la democracia pero las secuelas del régimen militar eran el sello del país de las nuevas generaciones. La U con la que yo me encontré había sido desligada de la Casa de

Bello y venía de jugar en los potreros. La barra ya no era movida sólo por los estudiantes, pues con los cambios sociales de la historia reciente, el universo de barristas había desbordado ampliamente a la universidad. Ahora llegaba a todos los sectores de la sociedad, principalmente a los más populares. Yo vi una U muy distinta a aquella de los años dorados, pero tuve la suerte de ver al equipo del 94 sepultando veinticinco años de maldición y de vibrar con una multitud emocionada hasta la médula, siendo todavía un niño. Vi al Matador Marcelo Salas inflando las redes del continente, y en los clásicos me deslumbré con las maravillosas presentaciones de la barra, los coprotagonistas del espectáculo tal como en los sesenta. Es que no importa de dónde seamos o cuándo hayamos nacido, nuestra naturaleza humana tiene características constantes. Somos creativos e inquietos, nos gusta recrearnos. Somos ávidos de admirar las proezas de otros, pero también queremos realizar las propias. Cuando


de la hinchada. Estos problemas, combinados con las pasiones que despiertan el fútbol y la masividad de los eventos, de pronto desembocan en disturbios y caos, que alimentan las páginas de la prensa amarilla.

algún tipo de actividad nos interesa, nos involucramos en ella y poco a poco vamos adquiriendo niveles de compromiso. Somos participativos y expresivos donde nos sentimos cómodos. Avísenme si alrededor del mundo alguna vez existió una tribu o civilización en la que no se diera esto. Los de Abajo encarna uno de los ejemplos más vistosos de estas cualidades humanas. Es un grupo enorme y complejo, donde la gente se involucra junto a sus familias, amigos, vecinos y camaradas a lo largo del país. En su interior existen liderazgos que no han emergido sino por el camino del sacrificio y del compromiso con la gente y el club, y su ágil maquinaria se mueve en función de relaciones de cooperativismo. Las barras son espacios que no segregan ni discriminan, por el contrario, integran a las personas en torno al trabajo, la recreación y la solidaridad. Son comunidades manadas de manera espontánea y por iniciativa popular, como una expresión característica del pueblo sudamericano. Es precisamente ese fenómeno el que quise retratar en las fotografías de este libro: una auténtica muestra de patrimonio culturalpopular perteneciente a nuestro país y nuestro continente. Pero desafortunadamente la barra también se contamina con las enfermedades que nos aquejan como sociedad, y algunos de sus síntomas, como la marginalidad y la violencia, se revelan entre la heterogénea composición

Para intentar corregir esta problemática, el gobierno simplemente ha optado por aplicar paliativos bastante añejos. Se ha echado mano a la represión y al trato vejatorio en función de resguardar los eventos, desestimando elaborar soluciones en conjunto con la comunidad, y que ataquen al verdadero origen del problema. Por el contrario, las arremetidas del gobierno han golpeado caprichosamente en elementos culturales bastante apartados de lo que podría entenderse como violencia, como son los instrumentos musicales o los estandartes que dan colorido a los estadios, por mencionar algunos. La implementación de medidas tan primitivas y poco elaboradas ha resultado, lógicamente, en el incremento de la fiebre colectiva y el ensuciamiento de la imagen de la barra en el imaginario colectivo, reduciéndola a los cuadros de agresividad que proyectan los noticieros. Para encontrar la forma de extirpar los males de las barras, primeramente se deben atender las investigaciones científicas que señalan a las mezquindades de la urbe y el sistema socioeconómico como su génesis. Se precisa de un trabajo conjunto con especialistas y con los propios barristas, aprovechando todo su aparato cooperativista. No se puede dejar fuera de esta empresa a los principales involucrados ni desestimar su capacidad organizativa y su marcada vocación social. Por desgracia, este ha sido el más controversial error de parte del Estado, al intentar derechamente exterminar a las barras sin importar los costos sociales que esta guerra trae consigo.


Otro paradigma de los rumbos equivocados a los que se encauza el Estado chileno tiene que ver con los estadios. Estas colosales edificaciones tienen una inagotable potencialidad funcional a la sociedad que las construyó (entiéndase: los estadios construidos con dineros fiscales, que son la mayoría), además de formar parte importante del patrimonio arquitectónico de las ciudades. No obstante, al igual que con todo el universo del Fútbol, hoy son las sociedades anónimas las que se sirven casi exclusivamente de ellos, favorecidas por las políticas del gobierno y el poder adquisitivo del dinero. En resumidas cuentas, los estadios se arriendan al mejor postor para exhibiciones privadas que se reservan el derecho de admisión y que seleccionan a su público según su status socioeconómico. Paradójica disyuntiva para un país que dice querer terminar con la discriminación y las desigualdades. Para superar estos paradigmas, como sociedad tenemos que asimilar los estadios como recintos integradores, coherentes con su naturaleza pública y su arquitectura convocante, sobre todo en el campo de lo social y lo deportivo. Allí la gente debe tener derecho a participar de las actividades que nos caracterizan culturalmente como

pueblo y no ser reducida a un mero observador inerte, como está ocurriendo con las barras. Los estadios deben erguirse como espacios destinados no sólo a la actividad deportiva y la recreación, sino también a la educación, a la formación de los individuos que queremos ser, incluso hasta la rehabilitación o reinserción social. Deben catapultar una elevación de la calidad de vida y emprestar todo su potencial a nuestra felicidad como comunidad. Continuar con las políticas exterministas y segregantes que se han venido impulsando en los últimos años, es seguir flagelando parte de lo más sagrado que tienen los pueblos: su identidad y tradición. Es indefectiblemente aberrante intentar desarraigar a las barras de las galerías, que son su punto neurálgico natural. La relación entre el barrista y el estadio es tan esencial como la que hay entre un devoto religioso y su templo. Ejercer tal oposición a lo que los habitantes de este lado del mundo han labrado durante décadas, supone una violación a


la naturaleza humana misma y eso es tan despiadado como lo es cualquier violación a la naturaleza universal. Acabar con las barras representa un asesinato cultural de dimensiones descomunales y constituye una falta al cumplimiento de compromisos internacionales que Chile ha adquirido en pos de preservar el patrimonio cultural. A pesar de todo, todavía estamos a tiempo de salvaguardar la faceta más noble de este fenómeno, esa cara que irradia calor humano y que acoge como una gran familia. El rostro de la camaradería y la hermandad, el del trabajo colectivo y la integración. El verdadero rostro de Los de Abajo, que brindan por la vida fecunda de ideal, que sonríen con el alma prendida en el amor.


ÍNDICE (CRO

A modo de infografía - MAPA Muestra dónde fueron tomadas las fotos Indica capítulos y fechas


ONOLOGÍA)


GRATITUD


TAPA 3


CONTRATAPA

20140622 eres mi vida entera  
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