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Camilo MartĂ­nez, David Mendoza, Dragoslav Kocely, SebastiĂĄn Mosquera


Tecnología La ley Lleras y las tecnologías de la comunicación Por: Camilo Andrés Martínez y David Leonardo Mendoza El concepto de internet se basa en la circulación de información. En sus inicios, cuando funcionaba como una red de información puramente académica y militar, la gran revolución llegó gracias al uso e introducción de nuevas herramientas, que antes de estar creadas para fortalecer el uso de unos pocos, estaban creadas para hacer de la web un lugar más simple y fácil de ser utilizado. Todas estas nuevas aplicaciones, en un principio puramente estéticas, fueron transformándose en la base de internet hoy en día: Si es entendible para todos, también se vuelve asequible para todos. Con el nacimiento de la web 2.0 se inicia un desarrollo exponencial de la misma red. Ahora que internet está inundada por aplicaciones que permiten interactuar con el ciber espacio, la evolución del mismo es producto de la participación de todos: sus usuarios, administradores, creadores de contenido, industrias, etc. El producto de todo este proceso son las comunidades web. La base de la web 2.0 es la interacción, y por lo tanto, las comunidades web se transforman en creadores y promotores de todo tipo

de contenido: videos, textos, audios, video juegos. Etc. Las ultimas décadas de internet están totalmente ligadas a la transmisión de información en múltiples direcciones y desde multiples puntos. Lo anterior se centra en la transformación de la web en un espacio cada vez más personal, algo ligado a la portabilidad de dispositivos electrónicos. Todo lo expuesto anteriormente es el útero que gesta la web 3.0, sin la posibilidad de interacción de contenidos sería imposible la creación de una siguiente etapa para internet. Es de entendimiento general que todos los datos que circulan en la red, a través de las llamadas comunidades web, no son oficiales y mucho menos tienen los permisos debidos para su manipulación. Esto en referencia a los derechos de autor.

Si una de las bases para el desarrollo de la web 2.0 fue la participación del usuario, se deduce que los contenidos que este generaba estaban lejos de ser aprobados oficialmente, por lo tanto, la publicación de cierto material evade los derechos de autor. Un fenómeno que no es nuevo en la red. Por décadas se ha dado el nacimiento y muerte de miles de sitios dedicados a proporcionar descargas, links o material multimedia fuera de las entidades oficiales. En este campo encontramos prácticamente todo el material que circula en internet:


videos, textos, video juegos, libros, películas, aplicaciones, programas, Etc. De esta forma, una base de la web 2.0 se transforma, de forma irónica, en el nido de un problema para los medios de comunicación.

En Colombia es normal convivir con los mercados de la piratería. En cada acera o semáforo se encuentran proveedores de este material. Todos reconocen sectores de la ciudad dedicados exclusivamente a comercializar producción cultural que está fuera de los límites que impone la ley a través de los derechos de autor. La circulación de este material es solo producto de su distribución y movimiento a través de las páginas de internet. En el mundo han surgido varias iniciativas para acabar con este problema. Una de las más recientes es la Ley Sinde, que hace parte de la Ley de Economía Sostenible Española. Este proyecto busca regular y proteger el contenido intelectual en la Web. Lo cual se traduce en atacar toda página que este dedicada a compartir información de la cual no posee derechos de autor, un amplio terreno tan variado y complejo que es difícil dividir si los efectos de la ley son positivos o negativos. A principios de Abril del este año, el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, presentó al Congreso la denominada ley

antipiratería. Mejor conocida como Ley Lleras. El periódico El Espectador define la ley como: “El proyecto establece que un autor que se sienta vulnerado en sus derechos puede elevar una queja ante la empresa prestadora del servicio de internet (ISP por sus siglas en inglés), y ésta puede proceder a retirar el material cuestionado. Todo debe hacerse en un plazo de 72 horas. Entonces, si usted tiene un sitio web en el que hay material de otros autores, como una película, por ejemplo, puede estar sujeto a que la ISP retire el contenido en disputa”.

Defender los derechos de autor, y por lo tanto la integridad del material intelectual no tiene, a simple vista, aspectos negativos. Pero cuando se ingresa en el terreno de la web, ya conocidos los principios con que evolucionó hacia la Web 2.0, hay que detenerse y estudiar cuanto de esto es un retroceso, que se considera una medida necesaria y cuales aspectos de la llamada “democratización de la información” se ven afectados. Ya los señaló el director de cine Harold Trompetero, en dialogo con la revista semana: “La información amplía el conocimiento, la forma de ver el mundo. La ley, y esto me preocupa, puede truncar esto. Se puede volver una inquisición. Ya el


mercadeo en la música ha dado soluciones. Radiohead ha sacado álbumes gratis. El cine 3D nace como respuesta a la piratería. Qué derechos tiene una obra debe ser decisión del creador”. Una opinión que va a la defensiva de la libre circulación de información en la internet. Varios especialistas afirman que los problemas con la Ley van más allá de crucificar al participante de la red. Señalan que el problema surge por la poca socialización de la ley y la desinformación. Los detractores de la Ley Lleras se sostienen desde tres puntos: La censura, lo que sucede con la información de los usuarios y la libertad de expresión. Desde varios puntos de vista, estos aspectos pueden estar siendo protegidos y atacados por la ley al mismo tiempo, todo depende desde que parte se esté representando. En el caso de los promotores de contenido, existe el miedo de toparse con la censura y la prohibición de material en la red, pero es claro que una ley creada para defender los derechos de autor está lejos de perjudicar la producción intelectual oficial. La división se encuentra entre aquellos que no son parte de una entidad o tienen el aval de ser los creadores originales de un contenido. La interacción en la web 2.0 está basada por miles de usuarios que comparten material del que no son propietarios.

La “democratización de la información” no es más que el producto de las llamadas industrias culturales, y internet se transformó en los rieles de este fenómeno hace ya mucho tiempo. En el artículo titulado “La información es un todo”: otra mirada a la ‘Ley Lleras’ escrito por Germán Delgado, se refiere al aspecto ya mencionado: “El verdadero éxito de la sociedad de la información y el conocimiento ha sido el libre acceso a todo tipo de contenidos en la Red. Así mismo, el aumento exponencial de Internet y de aplicaciones web en los últimos años se debe a la facilidad para acceder sin restricciones a contenido legitimo.” De nuevo se llega al principal argumento de los detractores de la ley: “No es delito compartir”. La web 2.0 creó toda una comunidad de anónimos dispuestos a compartir información en la web de forma libre y gratuita. No es desconocido que el usuario ha sido parte esencial en el desarrollo de miles de actualizaciones para cientos de productos de la red: sitios oficiales, programas, Etc. De esta forma es esencial encontrar cual es el verdadero punto al que se dirige la Ley Lleras y que sectores de las llamadas “tecnologías de la comunicación” se ven afectadas. Miles de sitios que proporcionan información, con el pasar de los años y dado el alza de la piratería en internet, han pasado a cobrar por


servicios, así como otros productores de contenido, como los artistas, se han dispuesto en el lado contrario del espectro al proporcionar gratis sus productos culturales. En este sentido, la monopolización de la información y sus ramificaciones es un efecto colateral de la Ley Lleras. Si ciertos contenidos recorren la web de forma gratuita, su prohibición creara e instaurará entidades y empresas que se apropien de contenidos, y por lo tanto, busquen el lucro ¿Es esto condenable dada la naturaleza de una sociedad capitalista? Claro que no, pero sí lo es cuando la percepción de libertad de expresión está en juego en la sociedad Colombiana.

La web 3.0 busca mejorar su predecesora bajo varios parámetros: La mejora de bases de datos, utilizar la inteligencia artificial, la web semántica, la web Geoespacial y el uso de tecnología 3D. Para la agobiada industria cinematográfica y las distribuidoras, la piratería se ha transformado en un monstruo que devora utilidades. Por ello, la aparición de la tecnología 3D, y aun más importante su correcta expansión, fue un respiro para la industria: la sala de cine volvía a transformarse en un espacio exclusivo para ofrecer servicios. Ahora que la web 3.0 evoluciona junto a los demás espacios audiovisuales, era de esperarse que

el uso de la tecnología 3D apareciese más temprano que tarde. De nuevo las salas de cine pierden campo. De nuevo la piratería tiene espacio para evolucionar y seguir consumiendo el mercado. En este caso, la aparición de la Ley Lleras puede ser un obstáculo hacia un aspecto de la Web 3.0 que aun no ha tomado vuelo. Lo oficial terminaría controlando aspectos de la evolución de internet, y por lo tanto, de nuevo encontrándose cara a cara con los principios que dieron nacimiento a la Web 2.0 ¿Acaso existe un retroceso? La importancia de visualizar el impacto de la Ley Lleras tiene relevancia cuando se entiende que la interacción, el compartir y la producción en la red es esencial para la evolución del más completo medio de comunicación: La internet. La naturaleza de la web 2.0, que ha dado nacimiento a sectores de la red con gran relevancia social, política y económica como lo son las redes sociales, no puede ser pasada por alto en el debate que dará como resultado la modificación y aprobación del borrador de la Lay Lleras. Las tecnologías de la comunicación evolucionaron con un básico objetivo: La libre transmisión de contenidos. A pesar que esto roce con la ilegalidad en muchas ocasiones, se ha transformado en una cultura del usuario, y por lo tanto y a manera de conclusión, no puede


ser olvidado al ser opacado por los monopolios de la informaci贸n.


Revista Derechos de Autor y NTIC