Mil Historias de Jóvenes en Pandemia

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indice

Palabras del Alcalde

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Agradecimiento

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Introducción

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Foto Palabras más utilizadas

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Ariella Platero Sepúlveda

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Jaime Jimenez Mora

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Carla Escudero

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David San Martín

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Josefa Antonia

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Gonzalo Reyes Mamani “Resille”

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Anónima

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Sebastian Jimenez Pozo

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Katherine Garcia Lopez

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Damián Matov Yavenes

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Liset Apaza Terrazas

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Ariel Anacona

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Nayerlyn Briceño Vilca

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Antonio Madariaga Vilca

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Paula Gallardo Díaz

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Jhordan Cortes Salgado

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Paulina Marquez Vidal

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Daniel Pizarro Huanca “Pitipiti”

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Macarena García

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Reinaldo Espinoza

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Foto Collage de Entrevistas

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Palabras del Alcalde Tengo el agrado de presentar a la comunidad de Arica y Parinacota, el siguiente trabajo Libro-documental elaborado por la Oficina Comunal de la Juventud de la Municipalidad de Arica, denominando “Mil historias de jóvenes en pandemia”, documento que busca registrar y evidenciar las experiencias vividas desde una mirada juvenil con un enfoque de jóvenes para jóvenes. Lo anterior, en el contexto de la pandemia por Covid-19 y los efectos que ha producido en este segmento de la población. Cuando construimos nuestro programa para liderar la comuna de Arica, uno de nuestros desafíos claves en el desarrollo humano de nuestra comunidad, fue el establecer una hoja de ruta que permitiera destinar los esfuerzos, las energías y los recursos para la necesaria protección de los derechos de nuestra juventud. Pero sin lugar a dudas, esto era un esfuerzo en vano si no establecíamos cimientos claros, profesionales, metódicos, pero por sobre todo pensado por y para las juventudes de nuestra comuna. Es así como el equipo municipal comenzó este camino de co-construcción, que permitió darle validez a nuestro libro que nace desde la participación guiada por la convicción de la política comunal de juventudes. Queremos agradecer enormemente a los/las jóvenes que están compartiendo con la comunidad una parte importante de sus vidas, y es más, entregando herramientas y mensajes positivos pese a todo lo vivido en pandemia con un mensaje claro, justo, lleno de resiliencia y empatía, unas de las tantas cualidades de nuestros/ as jóvenes.

Gerardo Espíndola Rojas.

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Agradecimientos El presente proyecto, fruto de una idea fugaz se materializó gracias a quienes colaboraron no sólo con su relato, sino también aquellas personas que trabajaron en las múltiples etapas de este proyecto, llevando a cabo diversas labores de diseño, edición, tareas metodológicas, de coordinación, entre otras. Agradecer la voluntad del alcalde Gerardo Espindola Rojas por su confianza y validación en nuestro proyecto, a la dirección de desarrollo comunitario (DIDECO) y su director Paolo Yévenes Arévalo por entregar las herramientas necesarias para realizar este libro, junto a toda la Ilustre Municipalidad de Arica. A Felipe Rodríguez Morales, diseñador de nuestra portada, ilustraciones y afiche alusivo al proyecto, utilizado en nuestro formulario de entrevistas escritas. Gracias por plasmar nuestras ideas desde el arte del diseño y colaborar siempre en post de la creación de este proyecto. También agradecer a Jaime Jiménez, Catalina San Martín e Ignacio Smimo, quienes fueron parte de la labor metodológica desde la tarea de la transcripción, a los editores del libro Maximiliano Aguayo y José Veliz, al equipo de la Oficina de la Juventud Yaritza Vilca, Matias Paredes, Felipe Rodriguez. Por supuesto agradecer a cada uno de los entrevistados, entrevistadas y entrevistades, quienes entregaron su tiempo y disposición, pero sobre todo su confianza en este espacio virtual, compartiendo sus experiencias, dolores, alegrías y emociones. Finalmente, agradecer a los padres, madres y/o tutores de cuidado de cada joven menor de edad, por entregar su confianza y acompañarles en el proceso de participación. Gratitud.

Agradecidos siempre Ignacia Hernández Muñoz y Camilo Bacian Cortes.

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Introducción Mil historias de jóvenes en pandemia, es el resultado de una, de variadas iniciativas emanadas desde la Oficina Comunal de la Juventud, respecto al debido cuidado de la salud mental de los, las y les jóvenes durante el contexto sanitario, el cual busque entregar una herramienta concreta a la juventud local, para expresar libremente sus sentires respecto a la vivencias durante la pandemia del COVID-19. Cada uno de sus testimonios, orales y escritos, no sólo dan cuenta de las múltiples y diversas realidades a nivel local, sino que nos han permitido involucrarnos, conocer, entender y reflexionar sus realidades, entregándonos insumos para comprender y visibilizar las necesidades situadas de la juventud en este territorio. Es así que, este proceso que nace como una idea fugaz, se convierte en la co-construcción de un registro experiencial de como la juventud local ha vivido la pandemia, proporcionando y dotando el espacio virtual, que nos parecía tan inerte, como una herramienta, que pese a la distancia, se convirtió en un espacio de confianza, cariño y cuidado, que nos permitió poder plasmar todos sus sentires en este libro. Los, las y les jóvenes, quienes construyeron este libro, narraron sus experiencias, sus vivencias, dolores y alegrías durante este periodo, tanto a nivel social como emocional, siendo nosotras como facilitadoras y facilitadores del proceso, quienes a través de la invitación de responder una tan simple pregunta, ¿Cómo te has sentido tú, durante esta pandemia?, propicio un espacio de reflexión, a veces contención y también, muchas veces de denuncia frente al complejo panorama local. Si bien es cierto que aquí no encontraremos los más de mil relatos que nos hubiese gustado plasmar, sabemos que a partir de lo

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evidenciado por este grupo de jóvenes, muchos otros podrán sentirse identificados con más de alguna experiencia y reflexión aquí relatada. Esperamos que este registro, proporcione la posibilidad de un acercamiento real, del contexto y las realidades que les jóvenes han experimentado durante este duro periodo y con esto, contribuir a la visibilizacion de lo urgente que es el acceso a una salud mental garantizada e integra para todes, los, las y les jóvenes que así lo requieran.

Ignacia Hernández Muñoz, 25 años. Alumna practicante, Escuela de Antropología. Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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Palabras mas mencionadas

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Relato Ariella Platero 17 años, estudiante 4to medio. Durante toda mi etapa escolar he sido activa políticamente, fui parte del centro de alumnos de mi ex colegio, pero fuera de eso siempre he estado involucrada dentro de las asambleas estudiantiles, la oficina de la juventud, etc. Por otro lado, también me dedico a la danza, es como mi “pasatiempo” y siendo sincera es lo que me ha ayudado a afrontar la pandemia. Ahora, como me ha afectado esta crisis sanitaria…La verdad, yo creo que el lado emocional fue lo que más me afectó en el año, ahora estoy mejor porque estoy en terapia, entonces he estado aprendiendo distintas cosas, como el autocuidado por ejemplo, pero el primer año fue horrible... El cambio de rutina, el hecho de tener que dejar de ver a mis amigos, a mi familia, tener que dejar de salir, dejar de bailar en grupo, todo ese cambio de rutina fue tan abrupto que no tuve ganas de levantarme de la cama por lo menos unos 6 meses. No tenía ánimos de estudiar, ni de bañarme, ni desayunar. Adelgacé mucho durante el primer año, de 56 kg. llegué a pesar 47 kg. lo cual es bajo y tampoco es saludable la verdad, más que nada por el ritmo de vida que estaba teniendo en ese momento. Entonces, el cambio si fue muy brusco y bueno, también dejé de hacer las cosas que más me apasionaban como trabajar con gente, eso me provocó mucho dolor porque perdí lo que me mantenía constantemente activa y con esas ganas de seguir. Pero claro, ahora que llegó la pandemia pase de hacer todo a hacer nada. La situación académica del primer año fue compleja, no sabíamos si íbamos a tener pruebas, si iban a tomar la asistencia, no se sabía tampoco cuándo íbamos a volver a clases presenciales o cuando iba a terminar todo, entonces todo el conjunto de incertidumbres que tenía en mi cabeza, terminaron en crisis de pánico y somatizaciones. Tiempo después, en Octubre, mi liceo comienza a realizar evaluaciones para cerrar el año académico, ahí me puse las pilas y empecé a tener claro lo que tenía que hacer; esto me levantó un poco y me decía a mí misma: “tengo que hacer esto y cumplirlo”, entonces igual fue como un pie de inicio para mí. Cuando empezamos con esto del plan de transición, Arica estaba en fase 2 , así que volvieron las clases de baile presenciales en la plaza Vicuña Mackenna y con eso como que pude ir retomando las cosas que me gustaban, como bailar, que fue un pilar fundamental para volver a por último sentir un poco de compañía, de sentir a un grupo y volver a conectar con otras personas.

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En comparación del año pasado (2020) que estuve súper intensa, sintiendo todo a flor de piel y claro, llegué a las crisis de pánico. Este año fue todo lo contrario, bloqueé todas las emociones con un solo objetivo, “ser funcional”, ya que así podía cumplir con mis deberes, la casa, etc. Los primeros meses estuve súper bien, pero después hubo un punto en el que comencé a somatizar y estresarme entonces dije, “ya, voy a ir al psicólogo” ahí tomé la decisión. Fui al psicólogo, en la primera sesión, conté todos mis dramas súper compuesta y sonriente, ahí mi psicóloga me dijo; “Tienes las emociones bloqueadísimas, no estás llorando, no estás poniendo cara de que te duela la situación” y en efecto, tenía toda la razón. Esta vez llegué al otro extremo, ya no sentía nada, llevo un mes en terapia trabajando el tema, tratando de conectar con una misma, de no invalidar las emociones que consideramos “negativas”, ponerme atención a cuando siento tristeza, cuando me enojo, en realidad a atender la emoción, en vez de evadirla. Siempre he tenido consciencia respecto a la salud mental, porque desde primero medio que quiero estudiar psicología y sigo por el mismo camino, entonces siempre entendí la importancia que tenía, que no había necesidad de una patología para asistir al psicólogo y por supuesto que en realidad tiene que ser un chequeo constante de nuestras emociones, el cómo me relaciono con el otro, como me trato a mi misma, etc. Por lo tanto siempre estuve clara con eso, pero igual, a pesar de tener consciencia con eso durante años, al momento de afrontar la situación me costó, al momento de vivir la situación, fue distinto. Hubo un momento en el que me cuestioné mucho si debería ir o no, sentía que no era muy importante o le estaba “poniendo color”, que podía hacerlo sola, sin la ayuda de un profesional, entonces igual ahí el miedo de alguna manera entra en acción y una dice: “ya si igual puedes con esto, para qué necesitas ayuda”, pero no, una debe saber reconocer cuando se necesita ayuda de una persona que te pueda acompañar y dar las herramientas en el camino, asique en un momento específico me dio el ataque de impulsividad y dije ya filo, voy a ir al psicólogo y sea lo que sea, no sabía ni lo que iba a hablar o los problemas que tenía, pero tomé la hora y fui. Fue importante tomar esa decisión y reconocer que necesitaba ayuda. Entender que el psicólogo no es para gente loca, sino que para gente que está dispuesta a enfrentarse a sí misma para poder mejorar. Una invitación que puedo hacerles, a los jóvenes principalmente, es que aprendan a establecer límites, sobre todo cuando los adultos les digan: “tus problemas no son para tanto” porque si, mis problemas si son para tanto, mis problemas si son varios y si me afectan. No tengan miedo a contradecir, están en todo su derecho de defender sus vivencias y eso no los hace irrespetuosos. Uno puede decir lo que piensa en base al respeto y también hacerse respetar. Porque al fin y al cabo es eso, es exigir un mínimo de respeto y empatía.

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Relato Jaime Jimenez 24 Años, estudiante de Ingeniería en Información y Control de Gestión. La pandemia ha desatado un sinfín de cuestionamientos referente a la salud mental, ya que es común preguntar “¿qué piensa sobre la salud mental? Y probablemente la única respuesta que ibas a escuchar antes de la pandemia era “son para los que están locos, son enfermos mentales” o cosas así. Hoy en día es muy distinto, los más jóvenes ya estamos normalizando ese estigma, en lo personal la salud mental nunca fue buena, pero si regulable. En el último tiempo, cerrando semestre, con el anteproyecto que debo terminar siento que está aumentando la tensión y el estrés, quizás sea por la presión de terminar y al visualizar que te queda mucho por terminar pero muy poco tiempo afloran esas emociones. Claro que si buscaría a alguien que me ayude con este tema, obvio, necesito de un profesional, es el único que puede ayudar en estos momentos, estamos siendo frágiles en todo aspecto, más aún cuando al comienzo sembraban el pánico en la sociedad, donde todos no sabían que hacer. Mis emociones durante este tiempo ha sido una montaña rusa, porque he podido estar muy arriba, como también muy abajo, y es normal, somos humanos, no robots, y quizás en nuestras casas se hace más complicado expresarlos, ya que siempre te van a preguntar, “¿cómo estás?”, “¿ahora porque esa cara?”, “cambia la cara”, “te enojas solo”, entre otras. En realidad es porque no nos sentimos a gusto expresando nuestros sentimientos dentro de nuestros hogares, los adultos quizás aún no nos comprenden, porque nos dicen que nuestra vida es más fácil al estar todos conectados, quizás sí, pero siempre vamos a necesitar a alguna persona que nos contenga, y casi siempre lo buscamos fuera de la familia, de nuestro hogar, ya que si lo hacemos con nuestras familias después nos cuestionan, nos preguntan todos los días y con nuestros amigos o pareja es distinto, porque te va a preguntar, pero un simple “no quiero hablar” bastó. En lo personal he estado bastante triste, aún extraño a mi abuela que falleció el 2019, es doloroso, vivir ese momento en el que tú ves a toda tu familia haber sanado el calvario, pero ver que uno aún no, que aún llora en las fechas importantes. Es doloroso despertar y no ver a la persona que te hacía reír sentado contigo, pero así como está la tristeza también está la alegría, la cual mi polola y amigos más de una vez me hicieron reír más que la cresta, con mi polola nos saltábamos la cuarentena, para hacernos contención uno a otro por estar mucho tiempo

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encerrados, y con mis amigos el 2020 nos juntábamos por “discord” a jugar o hablar, ya finalizando ese año y hasta la actualidad nos hemos juntado más en cuarentena, pero a una plaza a conversar, y sí, siempre nos llegan cuestionamientos de que somos irresponsables y todo eso, pero entiendan, al menos a yo, era de estar todo el día y todos los días fuera de la casa, el cambio fue excesivamente duro. Comenzar a adaptarse a las clases online, la escuelita virtual, todo por pantalla, fue extraño, lo bueno es que echando a perder se aprende, así fue como aprendí a ocupar zoom, hasta le enseñé a la profesora de mi hermano chico a utilizarlo para entrar a las clases con los niños. Dentro de la pega nos mandaron con suspensión de contrato a todos y en octubre/ noviembre del año pasado (2020) volvimos a trabajar, pero presenté mi carta de renuncia en marzo de este año, porque era seguir trabajando o no entrar a las clases, como ya estoy en último año tuve que priorizar. Tuve que buscar otro sustento económico, y visualizando lo complejo que esto sería en plena pandemia, me puse a vender productos Natura y Oriflame, igual al comienzo fue raro, porque toda la gente siempre ve solo a mujeres vendiendo, por lo tanto ver a un hombre y joven dentro del “rubro”, era muy raro, incomodo, no sé, pero fue bueno igual. Dentro del plano amoroso fue mejor de lo que he visto, como en otras parejas que han terminado, quizás por no pasar suficiente tiempo juntos o al contrario, se ven mucho, en cambio con mi polola quizás si nos veíamos seguido, pero nos apoyábamos en cada uno y eso ha sido muy bueno. Dentro de todo este tiempo de encierro, de limitaciones es raro encontrar cosas buenas, pero sí puedo decir que me atreví a cocinar más dentro de mi casa, incluso hasta preparar tipos de café y lo último que comencé a hacer fueron tragos, y me gusta bastante, quizás más adelante haga un curso de bar ténder, sin embargo también me enseñó que, el que quiere estar, está, y el que no que se vaya donde quiera. Lo malo, me hizo pelear bastante en mi casa y era entendible, por parte de todos, ya que al menos yo no pasaba mucho tiempo en mi casa, lo cual eso igual ha sido muy desagradable. Las restricciones de desplazamiento no se quedan atrás, no poder ir al cementerio a ver a mis abuelos, es algo que cargo con mucha pena, les he prendido velas en mi pieza y jamás va a ser lo mismo. Uno de los mensajes que quizás les puedo dar a los jóvenes es como dijo el Nico Massu cuando ganó el oro en Atenas 2004; “nada es imposible, ninguna wea”, esa frase es muy motivadora, ya que a pesar de que estés a punto de hundirte siempre podrás salir a flote, más difícil es la prueba que te pone la vida más fuerte serás.

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Relato Carla Escudero 18 años, estudiante de educación parvularia. Creo que ha sido mucho un sube y baja porque hay días que son buenos otros más o menos… ya no sé, pero hay días que está todo muy fome y una está desganada, yo entré a la pandemia cuando estaba en 4° Medio y me paso que no quería ir mucho al colegio, sin embargo estaba la emoción de estar en el último año, estar por terminar, irse de gira de estudios y todo... ¡no pasó nada poh!. Al inicio fue un poco pal’ chiste entrar a cuarentena, fue como “ya, una semana sin colegio”, después se alargó hasta ahora, entonces ha sido al inicio súper difícil, muy fome. No entendía cómo una se alejó muy drásticamente de todos, ya no podía salir, no podía juntarme con nadie, quedándose encerrada en la casa, y fue de un día para otro, así lo sentí, muy drástico. En cuanto a mi graduación, justo estábamos en fase 3 y se pudo hacer. El colegio tiene unas canchas en Azapa y ahí los hicimos, igual para mí fue fome porque no te entregaban el papel (diploma) a ti, los tenían tus papás como en un plástico y ellos te los entregaban, era como bien raro, pero igual era algo significativo, 4° medio en pandemia fue como diferente, ya era el último año, tenía el preuniversitario y estaba la Prueba (PTU), eso era como lo más horrible. De por sí, yo siempre agradecida, mi mamá nunca me presiono por el puntaje y nunca me presiono por notas, pero yo me presionaba a mí misma, o tal vez era presión social, no lo sé, quería que me fuera igual que mis compañeras, que no fuera menor, quería un puntaje bueno. Yo quería estudiar psicología y estuve desde primero medio ya con la idea que quería estudiar psicología, pero de alguna forma me aburrió, no sé cómo explicarlo, como que me aburrió la idea de querer estudiar psicología. No era la carrera, era como ya tanto tiempo estar queriendo estudiarlo que esa ansiedad terminó por desaparecer el interés. Por lo tanto, le dije a mi mamá que ya no quería estudiar eso y que estaba viendo otra carrera, porque después llegó el momento en donde yo no sabía que estudiar, sólo sabía que estaba la prueba, sabía que tenía que entrar a la universidad, ya que no pude tomarme el año que deseaba, pero no sabía qué estudiar. Fue ahí que salió lo de educación parvularia, yo no lo quería tomar como carrera seria y decir “ya voy a entrar a estudiarla”, lo tomaba más como un pasatiempo debido a que a mí me gustaba ir a enseñarle a los niños en el grupo de la parroquia, pero no era como algo por lo que yo quería que me pagaran, como que no estaba con esa

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intención, entonces sentía que si yo entraba a estudiar esa carrera iba a cambiar el significado del porque yo lo hacía. Algo que me han dicho mucho en la carrera, es que no se toma el peso que amerita, yo de por si no la veía como una carrera seria, no la veía como algo en donde una tiene que pasar 4 años estudiando. Ahora, que soy parte de esa carrera puedo dar fe de que es todo lo contrario, obviamente estoy llena de trabajos, llena de cosas... Ahora digo que si, da para estudiar 4 años, si es importante y fue una decisión muy importante. Creo que no me lo hubiera tomado en serio, (o quizás sí), si no hubiera estado en pandemia, tal vez hubiera entrado a estudiar psicología y no me habría gustado, me hubiera salido. Ahora tendré práctica y va a tener que ser online, lo encuentro tan fome de verdad, yo que quiero estar como ahí con los niños, con ellos, porque es muy importante y pensar que será en modalidad virtual es algo que me desmotiva un poco. Durante la pandemia me aleje de todos, fue algo como que decidí yo y que me permitió centrarme en muchas otras cosas, fue una decisión significativa. Por lo demás, yo creo que fue de todo, como no se podía salir, me desanimaba más, mientras estaba con la restricción de no salir, ¡quería salir! quería juntarme con amigos y todo eso, pero después cuando se pudo ya no quería juntarme... lo encontraba aburrido, ya no quería salir... me desanime mucho por ese lado, entre que primero no se podía y luego no, yo ya no quería. He tenido amigos, que les ha hecho muy duro todo este tema, que han tenido que si o si buscar un psicólogo o un terapeuta, porque ha sido muy complejo para ellos. Yo encuentro de verdad, brígido e importante la salud mental en general, todo esto ha dado a notar mucho más la problemática social en cuanto a la salud mental, pienso y creo que todos en la vida tienen que ir una vez al psicólogo, es algo para uno mismo por decirlo de alguna manera. Tal como uno va al dentista, tiene que ir al psicólogo, si o si es igual de importante, creo que se debe visualizar más esa parte, igual en muchas familias hay mucho tabú sobre eso, diciendo cosas como “pa’ que vay a ir” o “no estas loco”, son esas cosas las que se escuchan más frecuentemente. Siento que debería normalizarse ir al psicólogo, no es nada de otro mundo, y sí, yo creo que ahora en la pandemia se ha visualizado mucho más por todo lo que ha pasado y hemos vivido cada unos de nosotros. Personalmente me siento satisfecha, creo que ha funcionado todo lo que he hecho, porque me gusta mucho lo que hago, me gusta mucho crear cosas, estar creando seguimiento para los niños chiquititos, estar en clase, me gusta mucho la carrera. Entonces, creo que más que nada me gustaría invitarlos a que hagan las cosas porque de verdad quieren. Es importante tener sentido de responsabilidad y todo eso, pero no sirve mucho si lo haces en realidad no queriendo hacerlo, es muy importante porque no sirve de nada amargarse el momento haciendo algo que no te gusta. Al menos todo lo que hago, aunque estoy cansada, porque estoy haciendo hartas cosas, pero aun así estoy feliz y bien, no cambiaría las cosas que hago, no lo dejaría, porque me gusta y eso me mantiene con ánimo y feliz. Hagan las cosas porque de verdad quieren.

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Relato David San Martin 29 años, dirigente deportivo. Soy director de “La Liga de Estrellas” un proyecto que lleva alrededor de 2 años y medio funcionando en la región de Arica. Hemos tenido la oportunidad de asistir a varios campeonatos y nos enfocamos en el fútbol 7 y bueno, respecto a la pandemia tuvimos la suerte de alcanzar a proyectar un equipo a Santiago de nosotros en los primeros días de Marzo, pudiendo competir en Santiago, en el nacional de fútbol 7, mientras que a la espera de nuestro retorno, una vez ya jugado el nacional pudimos visualizar que estaba todo descontrolado con el tema de la pandemia, de ahí en adelante todo ha transcurrido como en un “sube y baja”, el futbol comenzó a ser algo intermitente y no constante como antes de la pandemia. Nosotros actualmente estamos funcionando con la categoría todo competidor, que abarca las edades entre 18 y 38 años, y en paralelo nosotros igual nos desarrollamos en otras disciplinas y categorías tales como el fútbol infantil, fútbol femenino, etc. Pero dado esto no hemos podido funcionar con esas 2 categorías a pesar de que está todo listo. Hablando las cosas como son, el fútbol es un negocio, sin embargo nosotros apostamos por una reinserción deportiva de carácter social, estoy hablando que trabajamos con chicos que tienen problemas de adicción (alcohol y droga), que muchas veces mantienen a una casa completa una casa completa y que por diferentes motivos se hacen cargo de su familia, entonces para estos chicos el desarrollo del deporte es fundamental, por lo menos dos veces a la semana, lo cual es claramente imposible durante la pandemia, entonces nos ha tocado ver a quienes estaban bien gracias a la realización del deporte, a la motivación a que nosotros también les proyectamos por fuera, es decir, los visitamos y estamos al pendiente de ellos. En ese sentido tenemos un equipo bien grande, con psicólogos deportivos, preparador físico, entre otros; entonces en estos tiempos hemos tenido que chocar con la realidad que los chicos se vuelven a perder y eso es lo más lamentable, los chicos que no tienen una buena contención se pierden, en ese sentido para nosotros es bastante fuerte de forma personal también. Nuestro proyecto finalmente es poder enfocar el deporte llevándoles el profesionalismo a estos chicos, quienes por su gran talento tendrían que estar en algún nivel más alto, pero que por diferentes motivos los cuales todos conocemos no llegan a ello. Ahora que se ha podido jugar un poquito por lo menos, debido a la fase en que nos encontramos, tenemos equipos de po-

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blaciones emblemáticas, como Los Industriales, La 11 de septiembre, Las Vizcachas, por nombrar algunas. También tenemos poblaciones que están estigmatizadas por motivos como la pobreza, el alcohol o las drogas y por lo tanto hay cero deportes que llegan a esas poblaciones, tenemos chicos de la Tarapacá Oriente, de la Miramar y a través de varios esfuerzos tanto de nosotros como de los auspiciadores que nos están apoyando hemos podido estar. Hasta la semana pasada hemos podido visitarlos porque ellos son de seguir jugando baby fútbol y yo creo que nunca se ha perdido el contacto. Igual esta pandemia nos sirvió para conocernos mucho más allá de la parte deportiva, más allá de vernos 2 veces en la semana, no solamente apelamos a una reinserción social, sino que ahora hay una contención de nosotros para las poblaciones pudiendo así ahora compartir con ellos, estamos en contacto constante desde los grupos de whatsapp, también a través de los teléfonos personales de cada uno en donde siempre nos estamos llamando para saber cómo están, cómo está la situación de la población, cómo está su equipo principalmente y ellos nos van contando que al final, hay muchos talentos que se van perdiendo porque no hay un fútbol en donde los dirigentes traten de llevar a cabo pequeñas actividades deportivas a sus poblaciones para que estos chicos no se vayan por el otro camino y sigan enfocados al fútbol y al deporte. Todo esto es una tarea bonita y un trabajo bien, bien gratificante en ese sentido, por lo menos hemos tenido el fútbol de lado para enfocarlo completamente a lo social y así aportar al desarrollo deportivo de muchos jóvenes de la región. En lo personal yo trabajo directamente con mi pareja Camila, ella es enfermera y me ha tocado lo que es vivir un poquito más de cerca la pandemia, trabaja en residencias sanitarias, se contagió y tuvimos que vivir el tema de separarnos en residencias sanitarias, pero afortunadamente no pasó a mayores ya que fue asintomática. Creo que lo que nos ha tocado vivir, el no poder jugar principalmente, no poder funcionar y no poder ver aplicado en cancha lo que nosotros tanto trabajamos durante todo este tiempo, me ha complicado ya que ahí están metido todos tus sueños, tus proyecciones y es importante también decirlo, todas tus inversiones. Por lo tanto, a veces no ver la luz al final del túnel te preocupa y genera incertidumbre de alguna manera. Siempre igual la idea es ser positivo, darle para delante e intentar no rendirse, no bajar los brazos principalmente, con todo esto he aprendido que probablemente se te van a cerrar un millón de puertas, pero en algún momento se va a abrir una y será el comienzo de que se abran todas. Siempre al romper el paradigma y romper el círculo se abre una puerta, estoy convencido de eso.

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Relato Josefa Antonia 23 años, chef/cocinera. He tenido demasiados sentimientos, entre rabia, pena, cansancio, sobre todo cansancio, no tanto por estar cuidando a mis hermanos, sino cansancio mental, te lo juro tener que estar sentada viendo el computador el año pasado me cansó demasiado y pensando que va a pasar con esto, es un cansancio mental muy muy cuático. Si bien el año pasado (2020) estuve muy mal mentalmente porque no podía ver a nadie, mis amigos son de Santiago y aunque igual tengo amigos acá, la verdad es que no se cuidaban nada, entonces no los veía. No veía a nadie y me sentía sola, o sea no veía a nadie de mi edad, veía a mis vecinos, a mi mamá, papá y hermanos. Me sentía totalmente sola, justo había terminado una relación por la pandemia, entonces estaba viviendo entre el cansancio y la tristeza. El año pasado fue mi último año de mi carrera, entonces estaba la incertidumbre respecto a si yo debía volver a Arica o iba a quedarme en Santiago, mis papás prefirieron que volviera a Arica, volví a Arica en marzo y también estaba la incertidumbre si esto (la pandemia) iba a seguir o iba a parar prontamente. Así como en Abril (ah y se me quedaron todas las cosas allá), me vine con lo puesto y con una mochila, me dijeron “te vas a tener que quedar acá casi que todo el año o hasta la mitad del semestre” y yo dije “ya no importa si total yo estaba con las clases on line”, aunque era bien fome la verdad porque como estoy estudiando gastronomía, entonces con los talleres – por ejemplo- no podía hacer nada. Tuve que seguir todo, todo, todo, todas las clases, todos mis talleres, toda la carrera online, hasta el año pasado tuve que hacer unos proyectos de manera escrita señalando cómo iban a ser los platos, dibujar los platos y… súper fome!. Les pregunté a mis profesores si era necesario cocinar o cosas así y me dijeron que no, que los dibujara. En ese ámbito de estudio fue súper fome y desmotivante porque mi carrera es bien práctica, entonces como que no tuve la oportunidad de poder hacer presencial mis últimos talleres. En el ámbito familiar fue bien difícil para todos, porque mi hermano pequeño también estaba con clases online, iba en primero básico y no se quería meter en ninguna clase virtual, además no entendía nada de lo que estaba pasando.. y mi mamá entre que iba al trabajo y no iba al trabajo porque trabaja en la municipalidad,

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tenía que ir a entregar balones de gas, hacer millones de ayudas sociales y yo me tenía que quedar en la casa cuidando a los niños, por lo tanto fue muy difícil el primer año de pandemia. Al final de año a mi mamá y a mi hermana le detectaron una enfermedad y esa fue la gota que rebalsó el vaso. Yo este año salí de la Universidad, tenía muchos planes también, iba a viajar a EEUU en Mayo y se me aplazaron todos los planes, me tuve que conseguir un trabajo para juntar la plata porque también, entre de la salud mental, la salud de mi mamá, la salud de mi hermana, todo es plata, entonces finalmente es como ya, estoy trabajando pero ya no estoy mucho en la casa y por lo tanto cuando llego tengo que ayudar. Aunque esté muy cansada debo ordenar o ver a mis hermanos, a pesar de que yo no tengo ningún problema en hacerlo, igual me canso, debo decirlo, me canso bastante. Mi mamá me enseñó desde muy chica que tenía que ser valiente y seguir, yo creo que vamos a seguir con esto, con el virus ya sea con o sin mascarilla, tenemos que seguir adelante nomas, tengamos la vida que tenemos ahora o la que teníamos antes como en la “normalidad”. A mí me enseñaron que hay que seguir nomás… a pesar de que nosotros como familia lo conversamos, reconociendo y asumiendo que estamos mal pero que tenemos que hacer algo para seguir adelante nomás. El mensaje que me gustaría compartir en base a mi experiencia vivida hasta ahora es que sigan adelante con todo, que todo se puede. Si es necesario, que busquen ayuda psicológica la cual es súper importante. Creo que la ayuda psicológica o de un psiquiatra, terapeuta o lo que sea, es súper, súper, súper importante, Finalmente siento que los jóvenes por lo menos de mi edad o de mi rango de edad no toman esa conciencia de ir a un psicólogo cuando realmente es fundamental, no teman a hacerlo.

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Relato Gonzalo Reyes “Resille” 24 Años, psicólogo y músico. Ha sido una situación de altos y bajos en general, afortunadamente la pandemia me pilló justo cuando yo terminé mi proceso universitario, me quedaba solamente hacer la práctica, entonces me encontré en un buen momento, me desligué de eso que era mi responsabilidad más grande y pude tomar ese tiempo para reorganizarse y tomar otras cosas que me pudiesen beneficiar. Siempre he sido una persona que le gusta aprender mucho, no soy tan bueno para estudiar pero me gusta aprender, entonces empecé a incursionar por otros ámbitos, a tomar cursos en línea y aprender de forma autodidacta haciendo hartas cosas, aproveché ese tiempo en donde hemos estado parados, ya que al principio de la pandemia muchas empresas redujeron su personal, entonces las prácticas se estancaron y estuvimos medio año sin saber nada. Me sentí más relajado, empecé a trabajar mucho más a mi ritmo ya que en general yo siempre fui una persona que se llena de muchas cosas, cuando estaba en la universidad, participaba en la organización universitaria, tenía además mi banda y participaba en una pastoral, entonces era todo el día ocupado, siempre tenía algo que hacer. Además de participar en un taller de la biblioteca municipal de Arica en donde trabajamos con artistas e ilustradores dedicados al arte visual, era todas las semanas y gran parte de esas actividades se vieron estancadas por la pandemia, así que ahora pude dedicarme a lo que yo quisiera y a la música de lleno. Con mi banda habíamos sacado nuestro primer single dos semanas antes de que empezara la pandemia, y una semana antes de que empezáramos a grabar el video de ese single había defendido mi tesis, venía en una carrera, no podía parar. Enero y febrero los trabajé completos, vino la pandemia en Marzo - Abril y recién paré. Entonces, en un principio me benefició bastante en el tema de la salud mental, bajar un poco las revoluciones, pero ya llevamos más de un año con este tema y me ha afectado sobretodo el último tiempo de forma negativa, siento que ahora me doy cuenta de las cosas cotidianas que yo hacía y que ahora no las tengo. Salía todos los días a caminar, me gustaba mucho pasear, entonces ese tipo de cosas tan cotidianas y que eran súper fundamentales en mi día a día ya no están, ahora si no estoy sentado en el computador, estoy echado en la cama, ese es todo mi día. Siento que la pandemia me ha quitado esos detallitos que forman parte de mi día a día, pero que a la larga confirmé que formaban parte de

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toda mi vida, porque de cierta forma me libraba del estrés y de ese tipo de cosas. Yo en la semana trabajo con la banda y el fin de semana lo dejo para mí, pero este en particular fue pasarlo completamente echado en la cama pensando en que voy a hacer, al final se pasó el fin de semana y no hice nada. En el fondo creo que los jóvenes son el segmento más afectado en temas de salud mental después de los niños, de partida haciendo la separación a los niños chicos/pequeños quienes están en su proceso de socialización y necesitan interactuar con más gente, entonces tenerlos encerrados de por sí es tenerlos deteriorándose de cierta forma, los jóvenes igual a pesar de tener más años de sociabilización, la edad de los jóvenes desde los 14 es un periodo en donde comienzan a buscar su propia identidad, justo en esa etapa está en funcionamiento su desarrollo psicosocial, donde necesitan saber quiénes son, saber lo que les gusta, desarrollar vocación e intereses, grupos en donde identificarse y todo ese tipo de cosas, son procesos que se viven en persona, si bien el internet ha ayudado de cierta forma a facilitar y conocer ciertas cosas permitiendo que no se queden tan excluidos y tampoco limitan su espacio físico, es un proceso que requiere mucho de contacto. Socializar en internet es una cosa muy diferente a socializar en persona, hay muchas más barreras que hemos tenido que aprender a cruzar en persona y que la pandemia de cierta forma nos ha quitado. Siento que tengo que volver a aprender a socializar con la gente, hay muchas habilidades sociales que ya no recuerdo muy bien cómo funcionan, por decirlo de alguna forma, todo ese proceso de práctica corporal se pierde con el tiempo, se pierde estando excluidos y estando reducidos a solo tener contacto con el círculo cercano, la familia o los vecinos. En general el estado se encuentra en deuda con nosotros básicamente por todo, aún más con los niños, el tema de la salud mental es complicado, porque si bien hoy en día tenemos cada vez más representantes en puestos de gobierno o en el municipio que hacen llamados a la importancia de la salud mental, aún siguen siendo muy precarias las condiciones en que ésta se abarca aquí en Chile. Hoy en día, debería ser como lo primordial, la prioridad número uno o número dos, entendiendo que la numero uno seria suministrar como corresponde a los hospitales, porque están todos colapsados, pero claro, después de eso yo creo que la salud mental debería ser como prioridad máxima de estado, mucho más que las cosas que está priorizando hoy en día el gobierno, como por ejemplo reforzar a carabineros o militares, son cosas en verdad que no necesitamos y que además es plata perdida y mal distribuida, en el fondo, es el reflejo de los resultados que podemos ver hoy en día, no es algo que repercute solo en jóvenes, si no a nivel país. Siempre se habla superficialmente de las tazas de suicidio y en la población perjudicada, como la tercera edad y jóvenes, sin embargo, la pandemia ha perjudicado mucho en efecto que no se hable de esto durante este contexto sanitario, porque si existe una

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primera prioridad que hay que zanjar, pero la pandemia conlleva tantas cosas. En sí se ha trabajado respecto al virus como tal (COVID), pero no a todas las consecuencias. Sin ir más lejos, Arica está en el podio de los suicidios juveniles. Hay una discusión muy importante de destacar y que todos los países están manteniendo hoy en día, hacer esta balanza que tiene que ver con lo peligroso de esta pandemia y las medidas que hay que tomar pero al mismo tiempo no dejar a las personas encerradas, porque lamentablemente el estado en el año y medio que llevamos de pandemia no ha dado resultados exitosos. Hace un rato veía en las noticias que en Pucón estaban protestando porque nadie podía trabajar, y claro, Pucón es netamente turismo y como no está funcionando el turismo, está todo cerrado. Así nos pasa también a nosotros, los músicos, entonces esas personas no tienen cómo subsistir, no tienen cómo sobrevivir, porque obviamente con el IFE no alcanza, no se vive ni un mes y si es que te lo dan. Todas esas cosas también afectan a la salud mental de las personas, porque vivir con la preocupación de si me va a alcanzar para llegar a fin de mes llegar con mi familia, afecta a la larga, e independiente que si afectara directamente o no a los jóvenes, esto termina afectando no solo a ellos sino que a sus familias y si lo vemos así, salimos atacados por todos lados. Ponerme a trabajar de lleno en la música es algo que probablemente no hubiera podido decidir en una línea de tiempo normal, sin la pandemia, por lo tanto trabajando en la música de forma mucho más esporádica hoy en día también ha tenido sus frutos, hemos podido sacar eventos o programas con la banda gracias a esa decisión que tome. Actualmente soy el encargado del departamento musical de “AJA”, Asociación de jóvenes artistas de la ciudad de Arica, la cual debido a la pandemia se estancó pero sin embargo ahora la estamos reestructurando, volviendo a levantar, gestionando eventos gracias a la nueva directiva que existe y en la cual también soy parte, entonces todas las decisiones que han partido durante la pandemia me han llevado a asumir esta responsabilidad que también implica tomar desafíos en cuanto a la música y en lo que me gusta hacer. Ante toda situación, buena o mala, va a salir una oportunidad de hacer algo, si tienen claro lo que les gusta hacer o cuál es su vocación, aprovechen esa oportunidad para darle un buen propósito, si estaban buscando el momento para tomar la decisión importante en su vida y hacer lo que ustedes quieran, ese momento es ahora.

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Anónima Mujer, Estudiante, Madre En esta pandemia me he sentido estresada, agobiada, colapsada y creo que básicamente he tenido y hemos tenido que aprender a vivir con ello, creo que no solo me pasa a mí, por ejemplo, a la hora de salir a la calle hay todo un estrés, más la pandemia, estar encerrados y ahora que pasamos a fase dos la gente salió histérica porque está estresada, entonces como que al final toda la gente está estresada y por lo mismo yo creo que uno aprende a vivir con esto. Por lo menos yo, en mi situación básicamente estoy con terapia por otras situaciones suscitadas antes de la pandemia y tengo crisis de pánico, entonces sumado lo que me pasa a mi más toda la pandemia es muy complejo. Tengo que hacer ejercicios de respiración, muchas veces tengo que estar sola para poder relajarme, pero yo creo que con eso, se aprende a vivir hasta que esto al menos cese un poco, hago ejercicios de respiración para manejar crisis o cuando estoy con mucho estrés, pero básicamente son para manejar las crisis de pánico. Yo creo que la situación emocional y psicológica en la pandemia se agudizó, creo que empeoró, porque el hecho de tener una patología psicológica o algo mental entendiendo que lo mío fue diagnosticado como un trastorno de ansiedad y esto lo tengo hace harto, como desde los catorce y claro, fue mucho peor porque por ejemplo, salía… yo iba la playa o al parque y me ayudaba a aliviarme, con los ejercicios de respiración y todo eso, entonces llegó la cuarentena y me quede encerrada, todo eso me genero mucha más ansiedad y ha sido caótico, me he sentido en un sube y baja de ánimo y emociones, la ansiedad me empieza a consumir teniendo momentos de mucha ansiedad o momentos muy relajada y así. La salud mental acá en este país es carísima, extremadamente carísima, y no por ser algo tan silencioso como lo es la salud mental no deja de ser importante como tal vez se piensa, ósea, es lo mismo que la salud física. Yo en un momento opté por la salud mental pública y no, pésimo… En mi primer embarazo me dijeron que era muy propensa a tener una depresión post parto y me derivaron al psicólogo y pucha, en todo el embarazo me citaron dos veces y ahora que me estoy atendiendo en el sistema privado tengo sesión todas las semanas una vez por semana pero son como treinta y cinco mil pesos aprox. por sesión, imagínate cuanto es solo en un mes, entonces es muy lamentable porque mira, si yo quiero estar bien – obviamente porque por eso voy a terapia- tengo que ver como lo hago, o como o voy a terapia, entonces es urgente que le den la importancia que amerita la salud mental. Creo también que para todas las mujeres madres ha sido muy complejo, a mí día le faltan horas, ósea tengo un montón de ropa que lavar de los niños, y ya con esa visión de que la mujer tiene que hacer todo en la casa sumado a que yo soy estudiante la presión es constante, que tienes que tener

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la ropa lista, que tienes que tener la ropa lavada o eso que dicen de que “la mamá solamente tiene que hacerse cargo de los niños porque tú los quisiste tener”, por ejemplo, mi abuela que es de pensamiento antiguo y es full machista me dice, “es que tu tenis que atenderlo”, “quien te mandó a ser mamá” y yo le digo ya, está bien pero yo hago esto a mi forma y mi forma es que esto tiene que ser mutuo y compartido, está bien, yo lavo hoy día pero tú tienes que lavar mañana, porque haciendo todo, ver a los niños, salir a comprar, pagar las cosas, ver lo que falta, lo que no falta, que el supermercado… ¿todo?, no! Muchas veces me decían que no, que no vas a poder, pero no, estoy estudiando, estoy en mi periodo de práctica, es una carrera técnica pero es algo que estoy haciendo porque quiero ir realizando mis proyectos, si bien no me gusta lo que estoy estudiando igual me sirve porque quiero entrar a una carrera de la salud y estoy estudiando en un preuniversitario, estoy con los niños que eso es 24/7, entonces el cuestionamiento social a la mujer, a la labor de madre me colapsa, cuando lo escucho me dan ganas de agarrar a mil chuchás, porque es jodido ser mamá, es jodida la pandemia y sobrellevarla con una patología mental más la vida que a veces es jodida en donde uno no puede decir “ya filo”… sino que seguir adelante para sacar adelante a mis hijos, si mi mamá me dio lo mejor, yo les daré lo mejor que pueda a ellos también. Es difícil pero depende mucho de la persona igual. Me di cuenta que el cuestionamiento que hay es pero ¡pfff!, y lo más increíble es que hay mujeres que cuestionan mucho, porque entre los hombres como que se tapan todo, pero entre mujeres me ha tocado ver cómo nos atacamos, ósea desde mirar en menos, de porqué te vistes así, que porque crías a tu hijo así, es lo peor que entre nosotras de repente este cuestionamiento de cómo llevas tu vida, es muy dañino, a mí me da tanta lata escuchar a las mujeres diciendo “pero es que como se viste así”, “ es que con ese cuerpo yo no ocuparía esa ropa”, “tan joven y con tanto cabro chico”, yo quedo así ¿?, entre nosotras mismas. Me considero como se dice “un mujerón”, quizás no tenga el gran físico, pero para mí aparte de ser mamá, como mi pareja trabaja todo el día también me toca ser papá, ser estudiante y asumir el rol de educación de mi hija, ser de todo. Algo positivo que me trajo la pandemia aparte de mi hijo fue darme cuenta que soy más fuerte de lo que pensé que era, soy más fuerte, soy más valiente, soy resiliente y me considero una buena mamá, porque la he peleado y me han cuestionado un montón, es que nadie me puede decir nada sobre mi maternidad, considero que lo he hecho súper bien y que voy súper bien, me considero una súper mamá y una gran mujer. yo creo que algo que me marcó es que aprendí a que una no debe dudar de una misma, por mucho que exista esta gente que siempre está, que te critica por todo, que pone en duda tu pensar y tus capacidades, no dudar de ti misma, ósea yo soy súper visceral y con esto de la pandemia me di cuenta que la vida es muy corta y es muy rápida, nunca sabes lo que va a pasar, entonces, algo que aprendí y que creo que puedo decir es esto es que una es mucho más fuerte de lo que se piensa, que una siempre va a poder más de lo que uno cree que puede, y nada siempre, siempre creer en una misma.

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Relato Sebastián Jimenez 19 años, estudiante de psicología Desde un principio siempre me lo tomé muy mal, cuando comenzó todo esto yo era una persona que participaba en la parroquia y en actividades fuera de la casa, entonces de un momento a otro estar encerrado en una casa en donde vivíamos cinco personas fue difícil, porque siento que quizás no supe manejar la situación de tener que estar todos los días encerrado, antes las medidas eran más drásticas, ahora por los salvoconductos y eso se puede salir pero al principio al ser todo más estricto, encerrado al cien por ciento lo viví muy difícil la verdad. Sentí cambios muy drásticos en mí, en mi familia siempre he sido como muy conversador, cuando nos juntamos varias personas, he sido bien conversador y me gusta compartir harto con la familia por lo que de un momento a otro ha sido notoriamente drástico el cambio, onda no quería ir a las juntas o no quería almorzar con mi familia, entonces partiendo por ahí fue extraño y mis papás se dieron cuenta. Me lo plantearon, lo conversamos, se dieron cuenta que algo no estaba bien, también me di cuenta yo y lo hablé con mi polola, con quien hasta ahora estamos juntos y ambos habíamos vivido una experiencia similar. No fui a ningún psicólogo ni nada similar pero si pude cambiar como esa espinita que tenía cruzada para seguir haciendo las cosas bien, porque me di cuenta que si seguía de esa manera no podía rendir lo que realmente quería rendir, debido a que al final producto de eso tuve muchos problemas en el colegio y en el preuniversitario, en donde falté a algunas clases por no sentirme bien, ni querer pararme de la cama por decirlo de algún modo, eso se me hizo difícil, entonces al final fue bueno el hecho de conversar, darme cuenta y cambiar quizás yo solo, también poder estudiar, prepárame para dar la prueba (PTU) que no me tenía tan tranquilo, sentía que se me acercaba el tiempo y no llegaría. En el colegio también tuve problemas, yo estuve durante el 2020 en cuarto medio, ya después pude ir recuperando y poniéndome al día, pero ya producto de eso tuve muchos problemas en el colegio y conmigo mismo, entonces siento que he ido como evolucionando durante la pandemia, en un principio estuve muy mal y luego fui manejando la situación hasta hoy en día que ya se puede salir un poco más, estamos en fase 2 y estoy mucho mejor, más tranquilo pudiendo trabajar de mejor forma en la universidad. Siempre tuve claro que quería estudiar, quería estudiar psicología y cuando empezó el 2020 yo me inscribí en un preuniversitario, alcancé a ir a muy pocas clases presenciales, llegó la pandemia y toda la modalidad cambió, se supone que todo iba a ser online, pero para mí igual fue un tema porque el preuniversitario tampoco cumplió con algunas cosas, las clases también se atrasaron mucho y entonces tuvimos un tiempo muy reducido

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de preparación. Al final si pude lograr el objetivo de la preparación, el cual fue entrar a la carrera que yo quería, tal vez a la universidad que no tenía pensada, pero si a la carrera que quería. Entonces si tuve un proceso de preparación que fue muy corto, muy intensivo pero que si me sirvió y si pude rendir la prueba de buena manera. Entrar a la universidad ha sido una experiencia muy distinta a lo que me habían contado todos mis amigos que ya habían vivido ese proceso, yo hice mi cuarto medio en pandemia y por lo tanto no tuve graduación, no tuve fiesta, ni nada de lo que se suele tener cuando uno sale de cuarto medio. Al momento de entrar a la universidad si hice como un “cambio de chip”, ya que tuve muchos problemas en el colegio y me dije “¡ya!, voy a entrar a la universidad”, es un proceso distinto quizás un poco más difícil, entonces entré como con otra mentalidad y siento que me ha ido súper bien la verdad, he podido trabajar y he conocido a otras personas, aunque se me ha hecho difícil conversar con mis compañeros ya que no los conozco de forma presencial, sino que solamente por las clases online, se me ha hecho difícil formar grupos, trabajar y conversar con algunas personas o exigirles algunas cosas ya que no los conozco, por lo tanto hemos tenido algunos líos, pero siempre solucionable, logro poder trabajar y en verdad se me ha hecho una experiencia más grata, pensé que sería un poco más difícil ya que siempre me habían hablado de los carretes mechones, del mechoneo o de lo bonito que hay el primer año, sin embargo siento que a pesar de que quizás me lo estoy perdiendo, lo he podido llevar bien y he podido trabajar con mis compañeros quienes están en el mismo camino que yo. Estudiar durante este periodo y compartir este espacio quizás no ha sido tan grato, tengo dos hermanos menores, los dos estudian, uno que está en cuarto y el más chiquitito está en primero básico, y si, es complejo, harta bulla, el más pequeño come harto así que tengo que andar sacándole las cosas, siempre viene a buscarme a la pieza, también tengo que ayudarle en algunas pruebas, ya que la profesora online explica las cosas pero al final no puede ayudarle como si fuera presencial, así que de repente estoy yo al lado, mi otro hermano o mi mamá quien además siempre está haciendo cosas en la casa, entonces siempre me pongo yo o mi hermano y le ayudamos a hacer las cosas como las pruebas, porque es más pequeño. A veces no tengo ganas sí, tengo que reconocerlo, veces digo “no quiero pararme al lado”, porque bueno, para empezar, mi hermano es muy tímido, es muy poco conversador, incluso le cuesta hablar por el micrófono, cuando las clases eran presenciales le costaba hablar en clases, frente a sus demás compañeros y siempre ha sido más tímido que el resto, ahora durante la pandemia le ha costado aprender, aunque sean cosas básicas, es su nivel de aprendizaje y le ha costado aprender muchas cosas, hay que explicarle muchas veces algunas cosas y en esas instancias de repente digo “pucha como no va a aprender esta suma”, pero luego me pongo a pensar que él está en ese nivel, que es más pequeño y lo está aprendiendo recién, entonces intento explicarle de alguna forma,

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apoyarlo, pero hay momentos en que no sé cómo llevar ese tipo de situaciones, le explico a mi manera y se complica un poco. A pesar de esto me siento muy afortunado de compartir estas instancias, porque puedo y tengo la oportunidad de vivir con mi familia, lamentablemente algunas personas no tienen esa posibilidad, yo tengo la suerte de tener a toda mi familia y amigos aquí, todos bien y todos sanos, algunos tuvieron COVID pero lograron recuperarse y estar bien. Tener a mi polola que en verdad en fase uno o fase dos ha sido la única persona que he visto una o dos veces a la semana ya que la universidad igual nos consume harto tiempo, pero tengo la oportunidad y la facilidad de ver, me hace sentir muy afortunado de compartir con ella y mi familia, al final que todo esté bien dentro de lo malo de la pandemia, finalmente sin importar cómo está todo allá afuera, mientras tú y tu familia este bien y feliz creo que es lo más importante.

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Relato Katherine García 24 años, Psícologa. Bueno inicialmente no lo sabíamos todos pero yo presentía que esto iba a durar mucho tiempo, durante ese tiempo que fue a comienzos del año 2020 yo tenía grandes expectativas para ese año, me iba a matricular para hacer mi práctica presencial, tenía muchas ganas, muchas energías esperando todo el verano para poder ingresar pero lamentablemente las medidas sanitarias no lo permitieron. Esto comenzó el 2020, estaba muy latente el tema de la pandemia, por lo que tuve la oportunidad de poder hacer mi práctica de modo online, sin embargo yo tuve que tomar una decisión, no fue fácil, perdí como una semana pero de alguna u otra forma sentí que si no me ponía presión a mí misma ya sea por el reloj biológico, por el reloj que impone la sociedad, más allá de la expectativa que tenía para mí, acepte esa idea, ya que significaba hacer mi práctica para psicología, es decir, lo que más me gusta a mí de esto es el impacto del poder hablar con la persona, de poder observar y mirarnos cara a cara, lamentablemente sucedió pero de otra forma y gracias a esa oportunidad una también desarrolla nuevas habilidades que bien son fáciles cara a cara, persona a persona, sin embargo por medio de una cámara son más “densos” por así decirlo, son menos perceptibles, entonces son habilidades que yo tuve que empezar a desarrollar, ese ya fue un plus por así decirlo ya que durante mi periodo académico, se me había enseñado esto mismo solo de persona a persona, entonces más allá de eso fue un reto. Mi tesis tuve que hacerla de forma online, siendo que fuimos cinco compañeras que tuvimos que juntarnos el año entero para poder desarrollar la tesis, no podíamos juntarnos, era complicado también porque era una revisión bibliográfica muy densa, de un tema principal que era el adulto emergente, pero pudimos salir a flote a fines del año 2020, se pudo terminar la tesis con una muy buena calificación, no hice mi defensa de tesis porque no se pudo, pero pude convalidar la nota. A que voy con esto, inicialmente yo lo vi como un reto pero finalmente, ya hasta ahora en la actualidad esto sigue sucediendo, sigue la pandemia, aún no acaba y la verdad, creo que fue una oportunidad para poder desarrollarme yo misma como persona, creo que eso es lo importante. Ahora puedo estar consciente de lo que estaba sintiendo en ese momento, y pucha no estoy haciendo ni esto ni lo otro, o sea, ¿qué es lo que voy a hacer?, en ese tiempo, en ese lapsus de pensar perdía mucho tiempo, muchos momentos también, muchas mejor oportunidades que se me pudiesen haber dado, sentía mucha, mucha ansiedad yo creo que hasta el día de hoy quedan latentes obviamente, pero sí hay ciertos signos que me han acompañado hasta el día de hoy, porque de alguno u otra forma también es una estrategia para mí, como el poder desarrollarme, sentía incertidumbre, ansiedad y em-

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botamiento físico. Yo soy una persona muy activa y en ese tiempo pucha no entrene, no salía a trotar, no hacia mi deporte favorito, la verdad es que estaba en modo control remoto, así me sentía, me decían ¿que sientes? y yo sentía que era un embotamiento en general y bueno, me lograron dar la oportunidad de poder salir de esa zona, no sé si será de confort porque yo estaba consciente de lo que estaba sintiendo y también de lo que sentían los demás, pero claro, estaba en una burbuja por así decirlo y yo misma tuve que romperla porque si no era yo nadie más lo iba a hacer, y el tema de la ansiedad, no hay que verlo como algo malo, o sea, tal vez es su estrategia en ese momento, su forma de afrontar algo, no es necesario verlo como algo negativo o positivo, no siempre hay dos polos. Muchas veces uno siente culpa a lo mejor, por no cumplir con los patrones que espera la sociedad o no cumplir con las expectativas de los padres, con el reloj de aún no tener pareja, no tener hijos, que aún no has sacado el título, entonces esas cosas nos hacen sentir culposos, lamentablemente ese trabajo es propio, de uno, cada uno saber afrontar las cosas, la ansiedad es una de esas formas, no es mala, uno puede llegar a controlarla con un médico y es porque esa forma de afrontar ya no está sirviendo, entonces de alguna u otra manera hay que salir de ahí, yo a través del deporte pude salir, no sé si de eso porque yo sé que aun soy una persona un poco ansiosa pero lo he podido solapar a través del deporte. Los jóvenes que a lo mejor sintieron o pasaron por esta misma circunstancia o están sintiendo, lo que yo en algún momento pase, no sé si esta frase es muy repetitiva pero la he escuchado y me gusta mucho. “Está bien sentirse mal”, o sea, está bien es legítimo el poder lograr sentirse mal porque muchas veces, en ese momento de mucho dolor uno puede encontrar muy buenas soluciones y como antes había dicho, encontrase así mismo, encontrar pequeñas partes de uno que ni siquiera sabía que existían, entonces eso es muy importante de recalcar porque yo soy consciente de que muchos jóvenes hoy están pasando por lo mismo que yo, por lo que pasaron mis compañeros y creo que es muy importante una persona con el trabajo de nosotros. Poder psico-educar ya sea a los jóvenes o a los adultos, porque como bien sabemos la visión que a lo mejor tienen lo adultos y que muchas veces porque están mal informados o porque pucha no existe esa importancia de tener o querer más conocimientos, de aprender, es trabajo de cada uno de nosotros el poder psico-educar, también psico-educar nosotros mismos, de poder entregar esta información a los demás porque pucha, si nos quedamos con esta información solamente para la pega o en la zona familiar no tiene sentido, yo creo que ya sea en el rol mío como persona en este mundo dejando fuera mi carrera es eso, el poder entregar , poder psico educar también a las personas que a lo mejor no tuvieron la misma oportunidad que yo y que otras personas sí pudieron, porque está bien sentirse mal a veces, finalmente lo piensas y dice pucha que bueno que paso esto, o que bueno como paso esto, ahora soy la persona que soy, no hay más.

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Relato Damián Yevenes 17 años, estudiante 4to medio. A comienzos de este año escolar empecé a estar más estable, porque la verdad cuando empezó todo esto de la pandemia estuve súper mal mucho tiempo, de hecho yo diría que estuve hasta en un periodo depresivo, primero porque no podía ver a mis amigos, no podía ver a nadie y yo soy una persona muy extrovertida que me gusta estar con la gente, o sea no solo por eso, sino porque estoy en mi adolescencia, tengo 17 y éstos años son los más extrovertidos en ese sentido. También estamos en un momento de descubrimiento y de entender mejor nuestro entorno social, por lo tanto, siento que me quitaron eso y en consecuencia comencé a sentir este sentimiento de arrebato, lo que me hizo estar deprimido y mal en general. El año pasado, durante el 2020 mi liceo fue súper flexible respecto a exigencias y todo eso, menos mal, porque en ese período no hubiera podido estudiar y sé que en otros liceos no fue así, había mucha exigencia y me costó mucho recomponerme y conté con ayuda de mis amigos, aunque mis amigos estaban más o menos en la misma, de hecho tengo muchos amigos que ya salieron de cuarto medio y les pegó mucho eso de que “no tuvieron” su cuarto medio y a mí me da mucha pena la idea de que nos quitaron la mitad de la “media” porque primero y segundo medio es como de descubrimiento, de entenderse, mientras que tercero y cuarto es como cuando se comienza a tomar decisiones serias para el futuro y esas cosas. Además, me da mucha rabia que se haya hecho todo tan rápido… de hecho, hay un meme que me representa mucho que es como… “De repente estás en segundo medio y ahora… Voy a hacer la PTU”, todo muy rápido, mientras que el estado y el ministerio de educación actúan como si todo estuviera normal cuando no es así. Yo intento prepararme por las mías para la PTU, pero la verdad no me siento preparado y pienso que la mayoría de mi generación se siente preparada. Este año (2021) siento que me recompuse mejor, y menos mal porque mi liceo se puso mucho más exigente, de hecho he estado todos estos días estresados, bueno, ahora no porque “me maté” todo este semestre y ahora estoy bien porque no debo ningún trabajo, tampoco le echo la culpa a los profesores la verdad, ellos hacen lo que pueden, de hecho yo también quiero ser profesor y me pongo a pensar “… uhh, si salgo de la U y se repite esta situación y tengo que dar clases online me muero”, aunque algunos profesores nos trataron de flojos, irresponsables, entre otras cosas, me da rabia porque siento que es muy poco empático, estamos en la misma situación, es súper injusto que se nos siga exigiendo en las clases on line, en vez de mirar para el lado prefieren culpar a su par, en vez de estar consciente que estamos en un sistema que a todos nos está haciendo mal. Yo creo que en esta situación la salud mental es casi una necesidad, bueno, no sé si decir que yo tenía problemas antes porque no creo, soy bastante común, bueno, no sé si tan común, yo soy un hombre trans, entonces estuve que estar con psicólogos por seguridad de mi transición y bueno, también porque mi familia no era tan perceptiva, así que me ayudó como para entenderme mejor y esas cosas, pero ahora mismo es casi una necesidad, porque he notado que los pensamientos que yo tengo de haber perdido la adolescencia es un sentimiento muy recurrente entre mis pares, no es algo que solamente sienta yo, sino que es algo que se ha re-

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petido mucho, además de no haberse esperado esta situación de tener la PTU al lado, es más, yo estoy súper frustrado con el tema de la PTU, porque a mí se me inculcó como de pequeño a tenerle miedo y creo que también eso fue un error, pero en realidad no le hecho la culpa a mi familia porque ellos también tuvieron esa presión, si al final es el sistema que te presiona desde muy pequeño y te inculca que tienes que sobresalir ante todos y solo así vas a tener el derecho a educarte, lo que no debería ser, entonces yo siempre tuve muy presente el tema de la PTU desde muy pequeño, que esté ocurriendo todo esto es como que me arruinaron todos los planes, de hecho ahora tengo que ver el tema de las becas, tengo que postular a la PTU y aun no lo he hecho, lo pospongo porque de verdad me frustra mucho, ya que siento que no tengo el control de nada de lo pueda suceder y que todo lo que había conformado hasta ahora está en peligro, aunque no creo ser la única persona que piense eso, además que como se planteaba anteriormente, ya es difícil para los jóvenes salir del liceo y al tiro tener que pensar que estudiar o en que trabajar, ahora es mucho peor porque este periodo de pandemia yo siento que es como tiempo muerto, casi no he aprendido en las clases on line, en resumen es pensar que tengo que aprender en las clases online (que ya es complejo) y además estudiar para la PTU.. si ya era mucho trabajo en un principio ahora es peor, sumado a que ni siquiera estoy en un “preu” ni esas cosas básicamente porque estoy a penas con las clases on line, entonces yo creo que la salud mental está sumamente pasada a llevar en mi sector y sé que los profesores están súper mal, de hecho mi mama es profesora y está en esa situación, veo cómo trabaja ella pero diría que la salud mental no solo debe atenderse para los jóvenes en ese sentido, finalmente en momentos difíciles nos buscamos entre nosotros –los humanos-, entonces negarnos a eso es como irrisorio, ¿dónde más podemos recurrir?. Es de saber que los servicios de salud mental están súper colapsados por lo mismo, porque se necesita mucho y aun así no se dan todas las herramientas al menos en el sistema de salud mental de la salud pública. Yo estoy en un programa particular, si bien no es tan caro no puedo asumir que todos tienen acceso porque yo sé que es plata que muchos no tienen, yo tengo esa facilidad y apoyo de mi mamá también quien prioriza esas cosas sobre nosotros, pero a ella le costó mucho buscar uno que fuera accesible.. Yo me atendía en el cesfam y el tema tampoco es echarle la culpa a los psicólogos porque no es el caso, de verdad las horas están colapsadas, yo tenía que ir una vez cada dos meses para un acompañamiento… con una sesión de una hora cada dos meses, eso realmente no me ayuda, para mí que me pasa de todo, que tengo un “sube y baja” de emociones y sé que no solamente me pasa a mí, entonces en esta situación se nota mucho que hay muy poca preparación de la salud mental pública (aunque nunca la habido) pero ahora se ha hecho más visible porque hay más necesidad, más demanda. A mí me gustaría entregar un mensaje que podría definirlo más como un mensaje de seguridad; Uno no tiene que rayarse tanto la cabeza desde antes de los planes de la vida y todo eso, porque como vemos, la pandemia fue una cachetada a todos nosotros, nos hizo entender que no teníamos nada asegurado al final, que siempre hay cosas que nos van a llegar de imprevisto. Si nos cuesta mucho los estudios, si nos cuesta mucho esta etapa, siempre va a ver un momento que van a mejorar las cosas y que no se va a acabar el mundo por algo que hice que está mal, si en estos momentos no le veo sentido a las cosas, siempre hay un momento en donde todo volverá a tener sentido, siempre hay pequeños estallidos de felicidad que muestran al final que a pesar de atravesar una situación súper difícil, siempre hay motivos que te dan lucidez, que te hacen decir, “bueno, no es una situación tan terrible”, o decir mientras te encuentras en esa situación terrible “siempre hay una forma de salir”.

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Relato Lizet Apaza 15 años, Estudiante de educación secundaria. Tengo 15 años, los acabo de cumplir, me gustan mucho los deportes y más que todo el fútbol. Durante la cuarentena he puesto más tiempo en el fútbol que en las clases porque como antes iba a las clases presenciales me enfocaba más al estudio, pero ahora en las clases virtuales no entiendo mucho se podría decir, se me hacen más complicadas. Durante esta pandemia me he sentido bien y mal, bien porque he estado con mi familia la mayoría del tiempo posible, he convivido más con ellos y mal porque no he podido entender mucho las clases que he tenido, si me va bien, pero extraño más el colegio porque sentía más entretención, me gustaban las clases y me gustaba pasar tiempo con mis compañeros y compañeras. Bueno, como comentaba ahora he estado practicando más, ya que no hay muchas clases y tampoco hay muchas tareas, he estado practicando más el fútbol y he tenido más tiempo para mí misma, he ido a jugar con amigos y amigas pero no es como estar con mis compañeros con los he jugaba antes en el colegio. En particular creo las clases online si pueden ser buenas, pero en mi opinión no entiendo muy bien las materias como cuando iba antes a las clases presenciales, se me ha complicado hacer las pruebas o algunas tareas porque se puede cortar el internet y cuando se corta el internet no sabemos lo que el profesor está pasando, lo que me complica un poco, en cuanto a las materias en general Inglés se me complica mucho y me gustan mucho las matemáticas. Cuando no tenemos internet mi papá pasa al colegio para avisar que hemos tenido problemas con el internet ya que aquí, en el valle de Azapa la señal no es muy buena, el internet no llega mucho y bueno, los profesores no dicen nada negativo al respecto, son muy empáticos. Yo sigo en las clases online porque pues por donde está el colegio no hay buses que me puedan llevar. Creo que en general hay mucho estrés, porque como no podemos salir de las casas, debemos estar encerrados y cosas así, ir al colegio presencial pues nos permitía habríamos más ante la gente, conversábamos con nuestros compañeros y compañeras, con nuestros profesores, habían recreos en los que podíamos estar con nuestros amigos y amigas. Yo también me sentía estresada en mi casa, o sea por no poder ir al colegio y pues me gustaba ir a la biblioteca a estudiar, me gusta mucho estudiar, he pensado entrar a estudiar a la PDI y también tal vez ser doctora o ingeniera. Sentía tristeza por no poder salir y también tenía rabia porque quería salir y pues no podía, o ir a algún lado con amigos y amigas pero por la pandemia no se pudo. Aunque también he estado en parte feliz porque he podido compartir más con mi familia y algunos familiares que tengo también por aquí cerca. Tengo un hermano menor, y nuestra convivencia no ha sido muy buena que digamos, o sea a veces peleamos por las cosas o

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discutimos porque él agarra cosas mías y a veces las rompe, entonces yo necesito esas cosas y se arman líos, pero también hay momentos en los que sí nos llevamos bien y nos entendemos. Así todos pues hemos ido a jugar porque cerca de nuestra casa hay una cancha y venían nuestros tíos, nuestros primos, amigos y mis hermanos también, ósea tengo un hermano pero a un primo también lo considero mi hermano, es mayor que yo y él me ha ayudado a practicar el fútbol y a entrenar. Yo Juego con puras mujeres, a veces jugamos mixto, primos y tíos, pero la mayoría de las veces son puras mujeres. A veces ganamos, otras empatamos y por supuesto también perdemos porque hay rivales mucho más avanzados, antes no íbamos a la cancha por las clases, estábamos más en las tareas durante las tardes. He visto hacer del fútbol una posibilidad de practicarlo siempre, pero me ha complicado la idea de estudiar y ser futbolista, pues quiero estudiar y después dedicarme al fútbol o ponerle más atención, pero por ahora estoy entrenando con mi hermano, practicamos y eso. Si he pensado en que si no estudio, me gustaría poder entrar a jugar futbol. Me han dicho que puedo hacer las dos cosas, jugar y estudiar porque me gusta mucho, mis papás igual juegan, mi mamá y mi papá. Creo que el deporte es muy bueno para la mente, creo que hay que hacer cosas que nos gusten, no solo poner la mente a estudiar porque a veces se puede estresar, y pues si te gusta algún deporte deberías jugar al menos un tiempo para no estar tan estresado y liberar tu mente, así también puedes conocer nuevos amigos y convivir más con amigos y amigas. Para mí no está tan malo estar en cuarentena, no es tan malo como se ve, pues ha ayudado a convivir más con la familia, pues antes íbamos a los colegios y convivíamos allá con compañeros y profesores, mis papás trabajaban entonces no tenían tiempo para estar todos juntos, en las mañanas iban y regresaban, ahora que hemos tenido que estar en la cuarentena tenemos que convivir más con los familiares, antes no convivíamos mucho, yo iba al colegio muy temprano y llegaba tarde y al llegar hacía mis tareas, en cambio aquí estoy cada mañana, desayuno, almuerzo y estoy con ellos… Esta pandemia me ha permitido conocerme más la personalidad que tengo, pues antes era más tímida y más callada, ahora me he abierto un poco, hablo más con las personas, no me callo como antes y ya no tengo mucho miedo. Antes al ir al colegio siempre solía tener miedo, era la más callada, no respondía las preguntas sabiendo sus respuestas correctas, me daba miedo equivocarme o sentía que no podía hacerlo bien, pero estando aquí en la cuarentena, he recuperado un poco la confianza en mí misma, me he ido levantando poco a poco y sacando ese miedo que antes tenía.

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Relato Ariel Anacona 25 años, bailarín. La ansiedad ha sido una palabra bien constante que ha estado dentro de todo este tiempo de pandemia durante estos dos años, siento que al principio de la pandemia se tornó todo negro, ya que mi mundo en el que me desempeño se fue abajo. Trabajo en la Municipalidad de Arica desde los 21 años y animando eventos desde los 17 años, además, soy Técnico en Deporte y Recreación, Comunicador Innato y también me dedico a la creación de espacios recreativos. El trabajo que realizó en la Dirección Municipal es netamente eventos, es realizar intervenciones recreativas y culturales en barrios, por lo tanto poder realizar el trabajo que va de la mano con reunir gente, la recreación y el ocio fue lo que más restricción tuvo en esta pandemia lo cual es algo que me marcó como trabajador. Al principio la pasé muy mal, estuve con depresión, ataques de ansiedad, ya que no encontraba cómo reinventarme y sentía ganas de poder buscar herramientas para poder seguir trabajando. Adapté intervenciones como los “Bingos” a los “Bingos desde los Balcones”, actividad que tuvo muy buenos resultados y participación, pero todavía sentía ese pesar de no poder realizar espacios que generen energía y comunicación entre las personas. En la búsqueda de cosas que me ayudaran a estar mas estable de manera emocional y mental logre viajar, fue de las acciones que me ayudó mucho a poder aclararme de mis temores y de mi ansiedad, ya que , el tema covid había creado un psicosis entre mi vida personal , familiar y laboral. Antes de tomar la decisión de viajar estaba demasiado complicado con el hecho de no salir, el encierro me robo lo que me mantiene con energías que es la “convivencia” entre mis amigos y mi trabajo, dejé mi lado de la comunicación desde que empezó la pandemia, como que se me quito ese “bichito” de comunicar, no quise aceptar invitaciones a ser parte de proyectos radiales y audiovisuales, ya que el miedo me consumía y no quería exponerme a entregar un mal trabajo, por mi situación emocional y energética. Yo mismo ví que me estaba pasando “algo” porque sentía que mi energía iba disminuyendo cada vez más, solamente quería estar echado y que pasara el tiempo. Para uno como joven es super difícil aceptar el hecho de estar mal, como que tenemos ese chip instaurado en nosotros de poder obviar emociones y seguir con la vida. Entonces comencé a ir a un psicólogo por decisión propia, me traté con él cómo unos 4 meses. Terapia que me ayudó a tomar la decisión de viajar e ir donde mi mejor amiga a Puerto Montt. Fui al sur, ese viaje me sirvió mucho para

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poder limpiar y entender que el mundo cambió, que hay que adaptarse y pensar el cómo se puede seguir jugando en este “nuevo sistema”. Independizarme fue una decisión que tomé en la pandemia, como joven yo pasaba todo el día en la calle haciendo cosas, trabajando en eventos los fin de semana, actividades, etc. Entonces era poco el tiempo que pasaba en la casa con mi familia y producto de las cuarentenas hizo que viviera 24/7 dentro un contexto al cual no estaba acostumbrado. Me encerré en un estado emocional malo y no fluía mucho la convivencia. El confinamiento covid creaba sensaciones y emociones nuevas que potenciaron mis ganas de independizarme y poder crear mi propio sistema de vida. La decisión fue tomada al llegar del viaje, siento que me ayudó para tomar decisiones para afrontar mi vida y no dejarme llevar con la psicosis del COVID, ponerme a trabajar e independizarme. La pandemia nos hizo más fuertes para afrontar cosas y tomar decisiones en el momento, pensar a corto plazo. Yo creo que la segunda pandemia que se viene es de la salud mental, la gente durante este tiempo ha estado muy afectada con el tema mental y emocional. Pienso que las instituciones públicas y nosotros como jóvenes debemos enfocarnos en armar estrategias y generar mecanismos de ayuda para poder apoyar a personas que necesiten claridad en sus vidas. El TIK TOK es una aplicación que usé mucho durante este tiempo de pandemia , subí algunos videos mostrando mi experiencia y cambios con la obesidad mórbida que sufría en la época de colegio y liceo. Me di cuenta que los videos llegaban a muchas personas que padecían lo mismo, muchos comentarios y personas que me empezaron a hablar por interno para darles alguna orientación o apoyo. Aprendí que las redes sociales nos pueden ayudar mutuamente, mucha gente se acercó pidiéndome consejos, pero inconscientemente ellos igual estaban ayudándome a mí, para superar etapas. Eso fue lo bacán de la pandemia, las redes sociales nos han permitido acercarnos con las personas y poder vernos que no somos perfectos, creo que eso como jóvenes lo estamos inculcando y estamos aprendiendo a romper estigmas, esquemas y también como ayudarnos entre nosotros mismos. En estos dos años de pandemia , sólo queda sacar aprendizajes y vivencias para nuestro camino de vida. “No te dejes caer, crea tu mundo y apoya el del resto”.

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Relato Nayerlyn Briceño 18 años, Bailarina, Estudiante de 4to medio. Personalmente empecé todo este proceso de la pandemia muy mal, debido a que al principio de todo mi bisabuela había fallecido, tenía mucha tristeza y el encierro me hacía sentir mucho peor, pensaba en ella constantemente. Me aleje de mis amigos, sin embargo a pesar de la decisión de alejarme extrañaba salir con ellos, divertirme con ellos; deje ir a mi conjunto en donde bailo, me sentía mal porque eso de alguna manera me ayudaba a bajar mis niveles de estrés, me relajaba y me hacía muy feliz. Sentía como que mi cabeza solo pensaba en los pasos, sólo aprendérmelos, pero comenzó la pandemia, las cuarentenas y empecé a sentirme mal, estresada, cansada física y mentalmente. Sentía mucho dolor al ver lo triste que encontraba mi familia de forma general, era una tristeza que llegaba a cada uno de nosotros, francamente jamás pensamos que ocurrirá tan repentinamente la muerte de mi bis abuela, fue algo chocante y muy duro para todos. Durante todo este periodo experimente muchas emociones más que nada negativas por llamarlas así. El liceo y la modalidad de clases online me hicieron sentirme desganada, cansada y frustrada, debía hacer las tareas, los trabajos, las guías, sin entender nada, veía una y otra vez las clases online pero no encontraba motivación en aquello. La preocupación también se hizo muy presente, mi padre perdió el trabajo producto de la pandemia y eso significó una preocupación a nivel familiar muy grande, más aun en un periodo difícil como este, sin muchas posibilidades laborales y miedo, el miedo constante de perder algún ser querido luego de la perdida irreparable de mi bisabuela, me daba pánico pensar en que podía perder a alguien más. Siento que a causa de la pandemia perdí muchos momentos importantes junto a mis amigos y más cercanos, sobre todo del conjunto en donde bailo, tener panoramas o salidas junto a amigos y amigas que finalmente forma parte del proceso de la juventud. Todo cambio a mi parecer no para bien, como pudo haberles pasado a otros jóvenes y aunque de alguna manera agradezco tener a mi familia bien y

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sana, la pérdida de mí bis abuela vino a desmoronar todo. La incertidumbre constante provocaba de alguna manera la frustración debido a perder cosas que para mí eran fundamentales, como por ejemplo mi investidura. De todo lo malo siempre hay algo bueno que rescatar, si bien me he sentido muy triste y desganada existen momentos de felicidad que los conservo y aprendo de ellos. Durante este periodo jugué bastante videojuegos, lo que me permitió conocer a jóvenes de otras regiones, eso me distrajo de cierta forma durante el proceso que estábamos viviendo. Y bueno, también debido al despido de mi padre de su fuente laboral nació la idea de fortalecer el emprendimiento de mis padres, pude ser parte de eso apoyando desde mis conocimientos y me ayudó no solo aprender aún más sino que también ser parte de esa forma de levantarse nuevamente. Aunque parezca que estamos en una nube negra, solos, no es así, si bien no sucede con frecuencia, es necesario pedir ayuda si así lo requieres. No estás solo, siempre hay alguien estará apoyándolos para lo quesea, de alguna u otra manera. Nuestra salud mental es igual de valiosa que la salud física y está bien pedir ayuda a un profesional si lo necesitas. Si sientes que no puedes más busca a algún ser querido, un amigo o una compañera, finalmente todos somos importantes en esta pinche vida. Si bien es cansador yo pienso que cada día que pasa, es un día menos que falta para que se acabe esta pandemia.

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Relato Antonio Madariaga 17 años, Estudiante Secundario Todos los meses era un sentimiento diferente, yo creo que al principio el primer mes fue sorpresivo, para todas las personas, no solo para los adolescentes, personalmente no lo tome tranquilo porque la verdad la pandemia no me pillo con mi familia. Yo estaba viviendo un intercambio en Italia, transcurría el segundo mes del intercambio y se desató toda la pandemia, estaba a miles de kilómetros de mi familia, me sentía solo en el aeropuerto, veía como se sembraba el caos, porque las noticias exageran mucho las cosas, Italia justo estaba en un momento muy delicado, yo llegué a Arica, y llegue con la mala suerte de estar con el primer contagiado en el avión. Me fui a Italia en Enero y me devolvieron en Marzo, estaba de camino a Arica, todo normal, yo me acuerdo que arriba en el avión había muy pocas personas que estaban con mascarillas, sin mentir eran como cinco o diez personas y para mi mala suerte, el primer contagiado llegó conmigo en el mismo avión que yo, siendo así para más remate saludó a mi papá quien estaba sin mascarilla… lo saludo con la mano, porque era un amigo, imagínense lo que pasó en mi casa, estábamos todos con la mente cruzada, fue todo muy complicado, yo estaba separado de mi papá, él en una pieza, yo en otra y mi abuela estaba histérica porque no sabía lo que iba a pasar. Experimenté tristeza porque se me frustró toda la proyección que yo tenía con respecto a mi vida adolescente, tenía un proyecto de vida que estaba siguiendo al pie de la letra pero llegó la pandemia a suspenderlo, ponerlo en pausa, lo cual se me hizo muy difícil reestructurar todo. Viví una época de frustración, no quiero decir depresión, porque no, no me lo diagnosticaron, sino que estaba demasiado triste, no quería salir de mi pieza, no conversaba con mis amigos, es más, a mis amigos ni siquiera les conté que llegue a Chile porque me causaba pena que se haya frustrado mi sueño.A pesar de lo anterior, supe tener un orden al menos este año 2021, me supe organizar, pero escuchando al resto de mis compañeros, yo no creo que sea el mismo panorama para todos, he visto a la mayoría frustrados, sintiendo que se les viene todo encima, dicen que es muy complicado aprender por este medio, se le suma el preuniversitario, se le suma la presión de entrar o no a la universidad y que carrera elegir. Yo personalmente tengo todo claro desde que soy pequeño, he formado lo que quiero estudiar, mis metas y todo desde pequeño, por lo tanto lo llevado bien, aunque me siento igual mal, me da pena ver que mis compañeros y amigos desde cuarto básico que se vean así por la pandemia, porque no es algo fácil. Me ha ido bien, porque he sido ordenado y todo eso, pero los recursos como tal, no siento que los tenga, me refiero a los recursos completos que debería tener un estudiante, por ejemplo, mis papás son separados, los dos son jóvenes entre comillas, mi papá es universitario, de hecho, está haciendo clases al lado en estos momentos, estamos en lo mismo, arrendamos aquí, no tenemos internet, no tenemos impresora, yo no tengo tampoco un espacio de estudio, estoy aquí mientras tanto por mis vacaciones

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de invierno, pero yo llevo mi vida escolar de liceo con mi mamá, donde está por supuesto el internet, el computador, un espacio, etc. pero igual es complicado, porque igual allá está mi hermano, la casa es bien pequeña, así que se escucha todo, a pesar de todo he tratado de dar lo mejor. En lo personal fue mi decisión vivir la mayor parte de la pandemia con mi mamá, porque como dije, es donde tengo la mayor parte de recursos, donde me puedo desempeñar mejor y eso igual me ha complicado, básicamente porque no he podido ver con regularidad a mi papá, además de estar aquí en Arica ya que soy mitad peruano y mitad chileno por lo tanto se me hizo imposible visitar a mi abuela que está en Tacna, que está sola y súper asustada. A nosotros nos da rabia y pena no poder ir a verla, porque ella igual tiene su edad y está sola viviendo en un departamento, así que yo creo que es una decisión que hemos tomado nosotros, siento que mantener la calma respecto a esto y no asustar a los demás familiares de afuera ha sido la premisa. Tuve que reducir mis amistades, antes de la pandemia yo salía mucho, iba al centro, a fiestas, lo normal yo creo que hace un niño de mi edad, y tuve que reducir mis amistades, porque a muchos no le importaba la cuarentena, asique tuve que lamentablemente alejarme de esas personas las cuales eran de hecho, de mi círculo cercano, cuesta abandonar y también da pena que sea por culpa de la pandemia, mi círculo cercano se ha reducido. Creo que durante la pandemia la salud mental ha sido algo vital, yo como adolescente durante la pandemia y sumado el encierro, me ha llevado a cuestionarme a mí mismo, estar en un constante pensamiento por cosas muy mínimas, por problemas tan pequeños, por ejemplo no sé si realmente todo lo que hago vale la pena, si tengo algún valor dentro de la sociedad, he llegado al punto de preguntar qué pasa si yo no estoy aquí, sí afectará a alguien, por eso yo creo que estar tanto tiempo encerrado lleva a preguntarme demasiadas cosas. Hubo un tiempo donde no podía dormir porque veía el constante cuestionamiento sobre qué me depara el futuro, qué pasa si ahora fracaso en la PTU… no trabajaré nunca, es como que cosas tan pequeñas llevan a pensamientos extremistas. Yo soy muy cerrado de a la hora de compartir con mi familia mis problemas, así que el no poder salir a la calle y no poder salir a compartir con mis amigos ha sido complicado porque con mi familia no hay una muy buena comunicación, es como estar solo en el mundo, estar en mi casa llena de personas pero estoy solo yo. Si bien me ha surgido la idea de ir a terapia, como que quiero pero no veo donde, en el liceo yo me acuerdo que había una psicóloga, pero no sé cómo contactar con ella, me da lata decirle al profe “Oiga profe sabe que estoy pasando tanto y tanto. ¿Podría comunicarme con la psicóloga? ”, Porque el profesor le va a decir a mi familia, ósea, siento que lo necesito pero he sido en este aspecto muy inmaduro en no recurrir. Aprendí a ser más responsable y no pensar solo en mí a la hora de hacer las cosas, porque en esta ocasión de la pandemia era mi responsabilidad salir o no, saber que cada cosa, cada acción que yo haga tiene sus consecuencias, y creo que lo más positivo de esta pandemia fue mi superación, fue el comienzo de estar solo y cuestionar siempre las cosas. Ante un problema tan grande, un problema literalmente que es global, ¿qué voy a hacer yo con respecto a un virus?, no voy a sanar a alguien, yo no soy el antídoto ni nada, así que lo único que puedo hacer es difundir información correcta, informarse, informar a la gente que me rodea y cuidarme.

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Relato Paula Gallardo 28 años, Mujer, Afrodescendiente, Afrochilena. Desde el comienzo de la pandemia creo que sentí y viví una reestructuración, inició en un abismo por decirlo así, estaba justo terminando mi carrera técnica y tuve que hacer la práctica online, si bien para muchos/ as esto pudiese no haber sido beneficioso, para mi si lo fue. Antes de sacar mi carrera yo ya trabajaba impartiendo talleres y que en la práctica era algo que yo ya conocía, me beneficio la modalidad online, nos ofrecieron crear y generar proyectos, herramientas en lo teórico, lo cual era algo que me faltaba entonces personalmente esa pequeña parte me benefició. Sin embargo, emocionalmente y físicamente el encierro fue algo que me reestructuró pero también me atrofió en cuanto a lo físico, sufrí algunas lesiones debido a realizar algunas prácticas que se hacían al aire libre a hacerlas en casa, ya que no es lo mismo desplazarse en un espacio abierto que hacerlo en el mismo lugar. Me llevó a un reordenamiento y a una nueva forma de buscar lugar, reinventarme en el cómo subsistir. Transité por otros caminos del emprendimiento, los cuales en ese momento resultaron muy bien pero no es lo mío, la pandemia me ayudó a ser muy versátil, me ayudo a buscar como sostenerme, la red de amigos, amigas, compañeros y compañeras que se juntaron para ayudar, porque creo que el emprendimiento fue como un ¡boom!, subió mucho, pero también fue muy apoyado por alrededor y fue una forma de sustentarse emocionalmente, físicamente y socialmente. Sintetizando fue retroceder al hogar y mantenerme en este encierro me hizo pensar demasiado, lo que en consecuencia a veces no es tan bueno, desde el estallido social y la pandemia me mantuve encerrada entre cuatro paredes y creo que eso no es lo mío. Fue un periodo igual duro ya que visualizaba concretar varias cosas y debemos entender que el arte no es considerado algo primordial por decirlo así, entonces la gente comenzó a priorizar lo fundamental para vivir y claro, se entiende que es fundamental en base a lo emocional, nos hace recrearnos, sentir que podemos lograr otras cosas, otras habilidades, pero socialmente no es visto como algo de primera necesidad, al menos no en Chile. Tenía pensado ese año 2020 independizarme, lo logré al año siguiente, no lográndolo el año que quería porque el camino de la artesanía retrocedió al igual que el área de mis ventas. Existieron algunos mecanismos de emergencia por decirlo así, lo cual más frustración trajo porque los pagos nunca son a la fecha, entonces uno piensa, el artista y el que genera arte ¿come cada tres meses?, ¿cómo me puedo independizar si las instituciones locales no valoran el arte local?, entonces difícilmente podría independizarme. Sumado además que tu casa comienza a convertirse en tu sala de ensayo pero, ¿después del almuerzo?, ¿después de las diez de la noche cuando todos ya se van a dormir?, eso causa frustración y también tristeza con todo lo que sucede, como un acontecimiento mundial comienza a apagar ciertas ilusiones, ya que cuando uno sigue el camino del arte sigue teniendo ciertas ilusiones que vienen desde transformar lo social, desde hacer sentir algo a las personas, pero cuando el que genera el arte siente frustración, difícilmente se pueden lograr esas cosas. Ser parte de la comunidad Afrodescendiente, la cual es una comunidad que se mantiene constantemente muy activa, generando muchos pasacalles, celebrando festividades y tradiciones, sumado a que Arica es una tierra de pasacalles y carnaval nos provocó la detención de nuestras actividades abruptamente y con el encierro se dejó

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de hacer comunidad, porque todas estas actividades en donde llegamos y sabemos del otro, compartimos actividades y momentos es hacer comunidad. Posteriormente se hace el llamado al distanciamiento social y en realidad lo que había que hacer era el distanciamiento físico, no social. Teníamos que seguir sabiendo de nosotros y nosotras mismas, pero no ocurrió así porque retrocedimos todos y todas a protegernos de algo que no teníamos claro que es lo que era, lo cual provocó volcarnos a lo virtual y llegó un momento en donde personalmente ya estaba “chata” de los conversatorios, de las reuniones, porque era salir de una y entrar a otra de inmediato. Adapté drásticamente mi cuerpo a estar sentada constantemente en el computador, dejé de entrenar y finalmente noté que lo que deje de hacer fue caminar, entendiendo que caminar cuenta como una especie de preparación del cuerpo, de articulación y lo que más dejamos de hacer fue caminar. La comunidad afrodescendiente siempre se ha caracterizado por tener que estar golpeando la mesa para decir que existimos, estar en donde a veces no nos invitan o donde a veces nos invitan y no nos nombran, tener que pararnos y decir que faltamos. Ya sabemos a lo que vamos o sabemos a lo que tenemos que ir, también tenemos claro que donde no estamos, no existimos, entonces es una constante articulación de reuniones y organización. Sentimos un tremendo racismo que aún se sigue ejecutando, yo le llamo un racismo pasivo, es decir, no te agredo físicamente ni con la palabra, pero sí con las acciones. Estar reconocidos por la ley 21.151 y no haber sido incluidos en la actual convención constitucional es algo que se contradice totalmente y que deja ver nuevamente el racismo existente en Chile. Sin embargo, también nos ha ayudado a unirnos aún más, a pesar de tener diferentes convicciones aunando fuerzas para un bien en común, para la comunidad y para el pueblo, asistiendo y resistiendo en todos los espacios, ver cómo articulamos con otras regiones también para que nos puedan ayudar, lo cual en algún momento también es desgastador, porque a diferencia de otras comunidades a nosotros no se nos pone la silla, nosotros llegamos con la silla y eso desgasta harto, a veces hay que subirse al avión para llegar con la silla, no basta solamente con lo local, va más allá. Ya han sido casi 20 años de lucha que nos ha enseñado que un paso a la vez, aunarnos todos por ese paso y que siempre vamos a tener que nombrarnos nosotros mismos, porque nunca nos van a nombrar y no vamos a esperar a que nos nombren, donde no estamos, no existimos. Creo que la pandemia nos puso menos empáticos aunque no lo quisiéramos, creo que no ver o no estar habla de reprimir nuestro interior, una especie de “como si no me pasó a mí, no ocurrió”. No poder haberme despedido de algunas personas y no haber podido acompañar a ciertos amigos y amigas en la despedida de sus seres queridos como normalmente lo hacemos nosotros y nosotras, con los tambores, creo que eso fue algo como que si no lo hubiera vivido, como si se hubiera parado el tiempo; Volvemos, faltan personas, el sentir y el no acompañar ese proceso de duelo junto a los seres queridos, creo que fue de las peores cosas de esta pandemia. Lo que aprendí de mi experiencia, entendiéndolo desde lo personal ha sido que todo lo que se siente como un abismo y una nube negra nos hace pensar que de aquí no va a salir nada bueno, cuando en realidad era el tiempo re acomodando las cosas. Puede durar tal vez un año, pero comienza a pulirnos, a reestructurarnos y enseñarnos que más adelante ya vas a saber el orden de las cosas, o como tú quieres el orden de las cosas. Pensamos que nunca vamos a salir de la nube que nos hace transformarnos, pero es ahí cuando la vida nos enseña a reacomodar para que sea como nosotros y nosotras queremos, lo bueno no dura para siempre pero lo malo tampoco, eso nos genera pensar, nos genera crear y resolver; a veces solo pensamos que estamos resolviendo afuera pero también estamos resolviendo dentro de nosotros mismos. “La tempestad que viví ayer no era más que el viento abriendo camino”.

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Relato Jhordan Cortes 21 años, Estudiante de Administración Al inicio de la pandemia estaba bastante estresado y con ansiedad debido a que empezaba mi año universitario con mucha incertidumbre, nadie sabía lo que iba a pasar y tuvimos que adaptarnos a la modalidad online sin tener los medios para realizar las clases por internet. Actualmente siento que mi salud mental es estable gracias a las atenciones profesionales que me han ayudado en esta nueva realidad. Principalmente el estrés, la ansiedad y sentirme en una constante depresión son las sensaciones y emociones que más sentí y viví durante este período, debido a que no estaba acostumbrado a este confinamiento, en el cual no podía salir a realizar por ejemplo los deportes que a mí me gustaban, tampoco socializar con mis compañeros, a la hora de ir a la Universidad traté muchas veces de trabajar esa ansiedad por mi cuenta, sin embargo no tuve resultados. No me di cuenta que estos mismos problemas me estaban llevando a desconectarme de mis clases, tomando menos atención a éstas y notando además que el hecho de verme enfrentado a no realizar mis deportes, lo cual conllevó mucha ansiedad subí mucho de peso, tanto así que pedí ayuda profesional en la Universidad en la que estoy , posteriormente me derivaron a un psicólogo por un diagnostico que hacía relación con padecer “principio de depresión”, después ya acostumbrado a lo que es la nueva realidad, mis emociones cambiaron un poco y comencé a aceptar el confinamiento. Permitiéndome espacios para desarrollar nuevos hábitos y también para poder conocerme mejor a mí mismo. Cuando empezó la pandemia yo me encontraba en una etapa de mi vida el cual estaba iniciando un proyecto y estaba bastante entusiasmado, sin embargo tuve que postergar ese proyecto ya que me fui de mi hogar para convivir con mi abuelo de 80 años, que se encontraba viviendo solo, ahí empezó un gran desafío en mi vida ya que estuve aproximadamente 3 meses sin un computador para conectarme a mis clases online, y por lo tanto todos los dias a las 6:00 am tenía que caminar por un cerro para llegar a la casa de mi madrina, la cual me facilitaba un computador para conectarme a mis clases. También viví la realidad de que una casa no es un lugar de estudios, hay muchos distractores el cual dificulta el aprendizaje, agregando el factor de socializar con los compañeros, muy complicado. Así de a poco mis ganas de aprender fueron bajando ya que no me parecía interesante la modalidad online y me dificulta bastante. Soy afortunado de ser beneficiado con gratuidad, la cual me fue bastante útil debido a que me preocupaba solamente de

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los ingresos para mi hogar, sin embargo soy consciente que existen muchos compañeros que poseen una realidad diferente a la misma que la mía donde se vieron enfrentados a no ser beneficiado con la gratuidad, muchos otros que fueron despedidos de sus trabajos, lo que ocasiono lamentablemente que algunos tuvieran que dejar la carrera. En el ámbito estudiantil nos vendieron un futuro incierto, el cual y hoy en día me hago la siguiente pregunta ¿con que motivo estamos preparándonos para un futuro, si no tenemos garantizado que ese futuro llegará? Siento que hemos perdido esa esencia que nos caracteriza como ser humano, hemos perdido la empatía y también el ayudar al prójimo, la pandemia ha mostrado todo lo malo de las personas, siendo el egoísmo el principal problema que tenemos, o así lo pensaba yo 4 meses de la pandemia hasta que empecé mi proceso de aspirante como bomberos y vi el otro lado de la moneda. El cual me hizo reflexionar que aún hay personas con ganas de ayudar a los demás, con estos voluntariados que hacen un servicio a la comunidad me he dado cuenta que cuando personas se juntan por un propósito, son capaces de mover montañas, a lo mejor es un acto silencioso pero cargado de un valor inmenso. En lo personal me ayudaron bastante ya que salí un poco de mi zona de confort y pude aprender bastantes cosas. Ahora a propósito del fin del confinamiento puedo decir que pude superar todas esas crisis, hoy en día me he transformado en una persona segura de sí misma con hartas ganas y energía de salir adelante y ser un gran aporte a la sociedad. Siendo consciente de todo lo que pasé y lo duro que es vivirlo me hace pensar que existieron experiencias peores que las mías y que por lo tanto mi objetivo se concentra en ayudar a esas personas que lo pasaron mucho peor que yo y no tuvieron la oportunidad de ser escuchadas, quedando en el olvido. Le hago la invitación a las nuevas generaciones y me gustaría decirles que la vida está hecha de momentos, hay momentos de alegría y tristeza, pero recordemos que la vida es un momento. Vivámoslas como si no hubiese un mañana pero con respeto y responsabilidad. También ayudemos a los demás, el ser amable y respetuoso son valores que se están perdiendo con el transcurso del tiempo, que perdure el buen trato a los demás y vivamos una vida con felicidad, hagamos que sea un lugar más agradable para todos. Se despide Jhordan, la persona que tenía miles de inseguridades y hoy en día es una persona segura de sí misma, con muchas ganas de salir adelante y ayudar a los demás.

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Relato Paulina Marquez Mujer, 28 años, emprendedora. Al comienzo de la pandemia la verdad yo me lo tome súper bien, personalmente pensaba que esto iba a durar como dos o tres meses, nosotros (yo y mi pareja Martín) veníamos de muchas ferias y del carnaval de Arica junto a nuestro emprendimiento llamado “Motivarte” en el cual creamos accesorios con identidad neo andina, entonces la verdad que estábamos como descansando, toda la primera etapa fue como descansar y celebrar que el 2019 nos había ido demasiado bien, por lo tanto pensamos que si se venía algo mayor igual estábamos bien. Después pasa la etapa de no asimilar lo que estaba pasando y cómo de caer en una mini depresión, teníamos viajes, teníamos una feria que iba a ser en Santiago, nos llenamos de incertidumbre y fue como la etapa más dura de la pandemia. Entre todo esto buscando la motivación y decirnos “Oye ya, vendamos por internet” o que nos dijeran “oye salió una feria porque pasamos justo a fase 3”, este tipo de cosas nos alentó nuevamente. Desde que vimos que ya no habían vuelos comenzamos a asimilar todo realmente, al comienzo no, al contrario estábamos como descansando y luego nos preocupamos, pensando en que hacer o cómo vender, así que comenzó el proceso de capacitarnos, con voluntad de tomar varios cursos, siempre con esa motivación pero igual de alguna manera era como “¿Para qué?, ¿si no hay ferias?. A mí me gusta interactuar con la gente, me gusta hablar con los clientes, ver como que de verdad a la gente le gusta aprecia y ve lo que haces, eso es prácticamente la venta directa. Al no tener eso una se deprime, ir a dejar los productos a una casa es como ya, te lo recibe mi mamá o se lo dejamos al conserje, pero ya dejaste de interactuar con el cliente y eso para mí fue muy duro, el comercio se volvió frío y ya no estaba la interacción del cliente más que por las redes sociales que tampoco son tan cercanas, por mi parte trataba de interactuar lo máximo pero ya no se sentía lo mismo, por lo tanto esas cosas gatillaron la depresión del emprendedor. Para mí, que soy productora de lo que yo hago, me gusta verle la cara a la gente cuando me dicen “oye me gusta mucho lo que ustedes hacen” y eso también es un pago exceptuando lo monetario, la aceptación y la aprobación de lo que tú haces con tus manos es genial sentirlo, y el no tenerlo y gozar de aquello nos hace sentirnos alejados de alguna manera. Llevamos los dos años de pandemia viviendo en nuestro departamento lo que es bien duro, es necesario tener bien distribuido los espacios, ya que es nuestro hogar y taller de trabajo a la vez, así que si alguno ya está aburrido se va a la pieza del

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computador, al taller o al living que es como el espacio común, en donde podemos ver tele y a veces también trabajar, intentamos generar todo un orden que nos permita guardar las cosas del trabajo y volver a ser una casa, he podido ver en algunos hogares de amigas que son emprendedoras en los cuales se mezclan todos los espacios, el living está lleno de cosas del emprendimiento y eso no es tener un espacio propio. Cuando yo empecé con el emprendimiento nosotros trabajábamos en mi pieza, imagínate como yo estaba, hacinada de cajas y cosas que me estresan mucho, tanto así que dije “jamás quiero volver a tener cosas del trabajo aquí”, con la intención que se cierre el espacio y saliste de la pega. En mi entorno y mi familia al comienzo la dinámica era como pensar que esto iba a pasar muy rápido, después se vino de golpe la incertidumbre colectiva y si uno no salía de ese entorno te hundías, por lo mismo yo creo que todos pasamos por momentos súper estresantes, sin darnos cuenta que había gente que absorbía de diferente manera lo que estaba sucediendo y ese es un error de sociedad, hay gente que la pasó súper mal hasta hoy y que necesita ayuda colectiva, lamentablemente no es solo un tema personal, sino también es importante un apoyo familiar o los amigos, si no lamentablemente uno se hunde. Creo también que como gobierno tampoco se le dio la importancia adecuada, tal vez podrían haber hecho planes de contención en los distintos consultorios, yo no sé si se hizo, pero desde mi experiencia, venir del emprendimiento y ver la baja de ventas con personas que tienen hijos, familia y gente que alimentar eso ya te hunde, ya no duermes tranquilo y te genera una situación de estrés profundo. Este estrés como continuo de la pandemia ojalá nos lleva a reflexionar a como ser mejor en el futuro, aprender que a pesar de la incertidumbre vivida es necesario tener tolerancia con el entorno, afortunadamente mi situación no ha sido terrible, me siento exitosa en lo que hago, ya que me despierto todos los días con una sonrisa, siento que mi madre está orgullosa de mí y de lo que hago dia a dia , pero es mi realidad, no la de los demás y resulta fundamental ponernos en el zapato de las personas que lo estén pasando mal, si vamos a ayudar que sea sin interés a cambio y si mejoramos eso de nosotros podríamos mejorar mucho como sociedad; tratar de no aumentar el estrés colectivo, quizás el del lado lo está pasando súper mal y nosotros no tenemos idea… que la reflexión sea ser más empáticos y comprensivos.

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Relato Daniel Pizarro “Pitipiti” 27 años, Profesor, Músico. Comenzando la pandemia a eso de marzo del 2020 yo venía súper eufórico porque venía recién terminado el verano, cargado con los dos carnavales, el carnaval de Arica y el de mi pueblo, yo soy oriundo de Socoroma. Venía súper eufórico a darlo todo en mi último año de universidad así poder regresar y ponerme a trabajar el 2021. Tenía hartas expectativas y la pandemia me hizo enfocarme más en mí. A finales de octubre, conocí una mujer, una mujer muy comprensiva que me ha hecho muy bien, le ha hecho muy bien a mi vida y mejoró todo lo que tenía que pasar en la pandemia. También me concentré en estudiar más… de todos los años que estudié en la universidad la pandemia me hizo sacar un promedio súper bueno, nunca lo pensé así, pensé que causarían otro tipo de repercusiones la falta de presencialidad. Al terminar el verano yo siempre espero la entrada al carnaval pero como está todo limitado en cuanto al traslado y muchas otras cosas tuve que limitarme a tocar con mi banda, pero “ilegalmente” por decirlo de alguna manera, tocar para mí solo, juntarme con uno o dos amigos cambiando la cotidianeidad de mi vida, yo tocaba seguido, era parte de mi vida y eso me mantenía como en cierto limbo, como en una tristeza, yo tocaba cuatro o cinco días a la semana y me lo han limitado a solo una vez al mes o una vez cada tres meses, me quitaron la música de un rato para otro. En estos dos años siento que las personas han cambiado mucho, sobre todo las personas que no eran de mostrar sentimientos ni buena onda, no todos, pero sí personas de mi entorno que lo han hecho. Por ejemplo, ver a un compañero que nunca me había abrazado con él y me diga “¿oye como estay?” y que me abrace, me ha hecho darme cuenta que la pandemia y no vernos, no tocar juntos, porque tocar es algo que siento que conecta mucho lo emocional y a las personas que les gusta este tipo de música, onda quenas, zampoñas, lakitas, tarqueada es algo que nos conecta con nuestros compañeros y siento que el no vernos hizo que las personas pudieran aflorar los sentimientos que traen dentro. Tengo compañeros que no la han pasado bien, que han tenido que trabajar mucho por esta pandemia y el ensayo les ayudó a aflorar la fraternidad, aflorar las ganas de tocar, de volver a verte o de querer volver a ver a personas alegres, por ejemplo mis compañeros me dicen que soy súper alegre y que cuando me ven aparte de darles sed les doy risa, además de decirme que soy súper emocional y bueno si, puedo decirte “oye soy bacán” y lo he aprendido con el tiempo, el mirar las caras de mis amigos, de las personas que pueden entrar de a una a mi casa y que me ayudaron a liberar tensiones de mi corazón. Yo que vivo la música y me gusta querer a las personas con las que yo toco, puedo decir que son muy tóxicos, entre tirarse tallas pesadas, hablar mal de alguien o decir una broma hay que tener consideración hay personas

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que se lo toman en serio y la pandemia ha hecho que se hayan quitado muchas de esas malas palabras de la boca de los músicos y de las personas que rodean la música. Acá en Arica todos los músicos se conocen, lo que significa que gran parte de la música está intoxicada, no solo de envidia, si no de bromas, bromas pesadas, de cosas que hieren a la gente sin saber las cosas que él podría estar pasando. Estoy expectante a volver a mi pueblo, a celebrar todas fiestas que se vienen en estos tiempos, cuando uno llega al pueblo a tocar, escuchamos ciertas tonadas que se dan para esas festividades, entrar a la iglesia, ver los cuadros de los santos que he visto toda mi vida, ver los dibujos que hay en las paredes, las bancas, el olor… al no sentirlo me hace estar más expectante. Al terminar uno va a despedirse a la Iglesia, se pone de rodillas, piensa en el retorno, en cómo uno va a volver, en como los mismos cantos anuncian que uno va a volver. No ha ocurrido y hemos estado lejos de las costumbres y las tradiciones, que son muy hermosas y muy positivas para mí. Yo creo que ahora en noviembre podré volver ya que unos tíos volverán a tomar una fiesta y es necesario que vayan a tocar, me tienen esperando para volver y escuchar tonadas en socoroma, volver a escuchar al “chato” (Rodomiro Huanca), yo creo que soy una de las personas que está expectante de volver a escuchar al “chato” cantar, si lo han escuchado cantar ya sabrán a lo que me refiero. La pandemia me ha servido para mostrarle estas cosas a mis hermanos menores, que ellos sepan lo importante que es socoroma, el valor que tiene, es decir, que la vida de ellos haya estado cercana a socoroma no es porque si, no sé si me entienden, es algo que yo veo necesario. El día en que ellos vayan a tocar conmigo o que yo los vea ahí va a ser algo emocionante para mí, tal vez voy a llorar a cantaros y será necesario. También aprendí a escucharlos y comprenderlos, logrando que mis hermanos me entiendan. Si no hubiera pasado la pandemia no los hubiese comprendido, o sea sentía que no era tan fraternos con ellos, con las demás personas sí pero con ellos no y esto sí es algo que la pandemia me dio, ser fraterno no es lo mismo que ser cariñoso, porque yo si soy cariñoso con ellos, pero nunca los entendí, entonces llega un momento en donde ellos si confían en mí, un momento en donde yo les digo -oye, ¿Vamos a tocar zampoña? Y ellos van a ir porque confían en mí, y les estoy ayudando a que ellos aprendan a no dudar de las cosas que yo pueda hacer por ellos sumado a que aprendan también a que jamás duden de ellos mismos. Ayer termine de grabar el disco y estaba súper feliz, llegué donde mi hermano más chiquito, venía cansado y le dije “lo único importante en la vida es ser bueno de corazón”, yo estaba como discutiendo con mi mamá pero no cosas malas y me vine porque ya estaba cansado y le dije eso, le dije que era lo único que le iba a ayudar en la vida iba a ser bueno de corazón, a ser mejor persona, a crecer y estar bien mentalmente. Y hoy estaba trabajando en el café acá abajo y llega el caballero del gas que nos provee hace mucho tiempo, todos lo conocen, estábamos hablando y me dio la reflexión a propósito de que estábamos conversando de que yo ya había terminado de estudiar y él me dijo “sabes… Lo único importante en esta vida es ser bueno de corazón”, porque era lo único que le ayudaba a la mente, al alma y al cuerpo, si uno es bueno de corazón puede ayudar de muchas formas. No fue casualidad y es la reflexión que me gustaría dejar.

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Relato Macarena García 18 años. Estudiante, bailarina y deportista. En un inicio la pandemia fue algo súper incómodo y difícil para mí debido a que yo realizo una serie de actividades fuera de casa, soy bailarina, danzo en tres agrupaciones, además soy deportista y practico esgrima, por lo tanto se me fueron complicando las salidas, el entrenar, el bailar, por temas de aforo y restricción de movilidad. Cuando estaba iniciando la pandemia y no se tenía conocimiento de nada, en ese momento yo me sentía un poco mal, me sentía un poco triste porque se me imposibilitaron tantas cosas y yo era una persona que normalmente salía de clases, se iba a ensayar a la noche, los fin de semana constantemente tenía que viajar por los campeonatos de esgrima, entonces me sentía un poquito imposibilitada y desanimada debido a que no existía tampoco mucho la posibilidad de entrenamientos online, en mi caso también las distintas actividades que realizaba muchas cesaron por la pandemia. Durante la pandemia también sufrí problemas amorosos que me llevaron a tener una depresión, me llevaron a asistir al psiquiatra, tenía que estar medicada durante la mitad del año 2020, hasta diciembre. Durante ese tiempo igual tuve que buscar las cosas buenas de la pandemia, pude reencontrarme conmigo misma, reencontrarme con mis amigos y amigas antiguos. Conocer gente quizás es complicado por redes sociales pero de igual manera puede generar algo agradable y bueno, ahora que estamos un poquito más avanzado en cuanto a los protocolos, me he sentido mejor, he podido tener muchos cambio, como tuve que vivir un proceso súper difícil que fue mi tratamiento con psiquiatra y psicólogo, sin embargo pude sentirme mejor, de igual forma tenia mis pro y mis contra respecto a mí misma y creo que la pandemia igual me sirvió para cambiar eso, para darme cuenta de muchas cosas, para aprovechar el tiempo, así que me he sentido como una montaña rusa de emociones. Este proceso también estuvo cargado de la toma de muchas, muchas decisiones, tanto a nivel personal como familiar. Cortar vínculos amorosos y afectivos por mi salud mental, por mi estabilidad emocional, con mi familia lo mismo, nada que pudiera dañar el proceso que estaba construyendo a partir de todo lo que me tocó vivir, eso era intransable y por lo mismo lo tomo como un conjunto de decisiones para mí y por mí. Había un tratamiento médico de por medio que me estaba ayudando a recuperar mi salud mental y emocional, por lo tanto no podían haber

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obstáculos rodeando de manera negativa todo este proceso. Además creo que el tiempo ha estado a mi favor, dándose todo de manera armónica y perfecta, creo que por cosas de la vida después del proceso que tuve que vivir, me toco también asistir a muchos amigos y jóvenes de mi edad, un poquito más grandes que tenían problemas similares con la salud mental y dándome pase a mí para saber cómo aconsejar de manera consiente, no da instrucciones pero si aconsejar. Me preguntaban, ¿está mal ir al psicólogo?, ¿está mal ir al psiquiatra?, que te hacen, que te dice, que te dan y yo les decía mi testimonio, o sea, lo que yo tuve que vivir, lo que yo tuve que pasar y ahí fui dándome cuenta de que yo era súper importante. Últimamente también me ha tocado estar metida un poquito en temas de política, entonces también frente a eso me eh dado cuenta de la poca importancia que existe en chile sobre el tema de la salud mental, teniendo en consideración que hablamos de algo fundamental, acudir a una terapia o a la salud mental no para ver si está loco, no se trata de eso, o sea es lo que la gente siempre dice pero no se trata de eso, sino por el contrario. Muchas veces uno necesita que alguien, que no sea tu familia, que no sean tus amigos, una persona que te escuche, o sea yo creo que cuando tú le cuentas un problema a tu amigos o a tu familia ellos opinan de tu vida y no te aconsejan y por lo mismo debes aprender a buscar ayuda en lugares indicados. Yo me he dado cuenta, que en mi infancia fue un poco complicada, mi pre-adolescencia fue complicada, entonces fueron esos tipos de cosas que también me enseñaron que dentro de todo lo malo se pueden sacar cosas positivas, dentro de todo lo difícil que puede ser la vida, también existen momentos en donde uno se da cuenta que para eso estoy acá, para eso estoy vivo, para eso existo, darse cuenta también de que quizás claro, somos diferentes pero aun así somos únicos y especiales, adentro de cada uno también está el su pro y el contra, virtudes y competencias. En momentos difíciles y en los no difíciles debemos realzar las virtudes y encontrase uno mismo, encontrar para lo que uno está hecho, es difícil pero es un proceso y dentro de todo poco vamos todos avanzando. Nunca es tarde, siempre podemos vencer el miedo, hace no mucho tenía mucho, mucho miedo y me di cuenta que tenía que aprender a afrontar mis cosas, recuerdo que cuando era chica decía “Me daría vergüenza si superan que voy al psicólogo”, ya que desde que tengo uso de razón, que voy al psicólogo, desde los 6 años aproximadamente, entonces ya no me da miedo, ya no me da vergüenza y por el contrario, si mi relato puede servir para que alguien se anime, busque ayuda o se animen a salir adelante, mucho mejor.

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Relato Reinaldo Espinoza 27 años, estudiante de Kinesiología En lo personal he tenido un estrés muy potente, justo cuando comenzó la pandemia venía saliendo de un tratamiento médico y me atrasaron los tratamientos por lo mismo, entonces estaba nervioso, estresado, atento a todo lo que pasaba. El 2019 me detectaron cáncer, estuve en quimioterapia todo el 2019 y febrero del año 2020, me iban a hacer una operación en Abril del mismo año y como todo se descontroló me retrasaron la operación, además me estaban evaluando para un trasplante de médula, pero claro, la pandemia me corrió todo. Entonces ahí uno se preocupa más por ser enfermo de cáncer, me dicen que no me pueden hacer nada porque puede ser peor ya que como los tratamientos bajan las defensas yo podría ser más propenso a contagiarme de Covid. Entonces claro, al saber que todo se me atrasaba era algo más estresante todavía. Los casos fueron aumentando y volviéndose más complicados, además que los hospitales comienzan a saturarse y no hay atención, con muchas personas en la lista de espera, uno se preocupa más, entonces saber que uno es del grupo de riesgo, aumenta más aún la preocupación. Me llamaban, me decían.. “Reina mejor no salgas”, mi familia, mis primas que trabajaban en el hospital, muy preocupadas de todo... la misma doctora que me atendía también me decía no salgas y era como un bombardeo de recordatorios, siempre lo mismo, y en cierto punto a mí me llegaba como a estresar, porque claro, lo preocupan tanto a uno que al final anda con los nervios de punta como se dice... En la casa uno se hace su rutina, se hace sus tiempos, se busca que hacer dentro de la casa para estar con la mente despejada, olvidarse un poco de todo esto, a veces hacer ejercicio, etc. Me volví un poco más maniático por la limpieza aquí en la casa, igual por ahí buscar el refugio en las mascotas, soy amante de los gatos, entonces con los gatos yo trataba de salir un poco de eso. Aprovechar los tiempos que uno de repente se olvidaba de hacer cuando no estábamos en cuarentena; uno vivía la vida rápido, salía en la mañana y llegaba a la tarde a acostarme, uno no se detenía a estar con la familia. Ahora con mi mamá conversamos harto igual, como que recuperamos la confianza de mamá e hijo, estar juntos en el día e ir recuperando esa interdependencia que se pierde y se va olvidando. Si uno piensa, entre más grande, más me alejo de mi mamá hasta decirle “sabes qué mamá, me voy…” Entonces fue provechosa la cuarentena en ese sentido, acercarse un poco más a la familia también… con los amigos, los cuales nos veíamos todos los fin de semana y después no nos volvimos a ver, pero ellos me escriben, nos escribimos para saber cómo están, a pesar de la distancia, vivimos una época en donde estamos más interconectados, eso ayuda harto a apalear todo lo que es el encierro. Da gusto sentirse como niño de nuevo, viendo a tu mamá sentarse al lado tuyo, escuchar tus clases, uno vuelve a los 7 u 8 años cuando estaba en la básica y tu mamá se sentaba al lado tuyo, te ayudaba con las tareas, es algo que pocos podemos contar… Quizás muchos de los jóvenes ya no viven con sus papás o sus papás les tocó partir y tuvieron que pasar la pandemia solos, yo tuve la suerte de estar con mi mamá y ella tuvo la suerte de estar conmigo. Así como también hay hijos que se van y no se acuerdan de sus papás, entonces más en esta cuarentena en donde la soledad fue algo que muchas familias les afectó, justamente no siento que a mí me haya afectado estar solo, porque desde el día uno de la pandemia me sigo sintiendo acompañado por ella.

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A veces el estrés ya nos comía y era como un “reality” terminamos peleando por cualquier tontera jajaja, entonces ahí es cuando uno ya le gana el estrés y tiene que buscar la forma y si, peleábamos porque ella tomaba mi tenedor y yo su cuchara, peleábamos y me preguntaba, “¿tenis’ hambre?” y yo la miraba y de reojo le decía que si, ahí recién salía la conversa… Igual era esperable, yo justo estaba en terapia y sufría muchos cambios de ánimo, fue lo primero que me dijo la doctora, y claro, habían días en los que ni yo me aguantaba, andaba insoportable y claramente eso detonaba cualquier pelea. De repente me arrancaba a comprar, la acompañaba porque dejarla sola no estaba en mi mente, como es una persona mayor, tiene que tener un poco más de cuidado con ciertas cosas, no puede salir sola porque quizás se puede caer o pasar alguna cosa. Además, es de esas personas mayores que le hace el asco a la tecnología, entonces me decía; “Reinaldo sácame el permiso, Reinaldo tú tienes mi permiso”, recién como que le está agarrando el cariño al celular, esta pandemia también fue algo bueno para ella, porque yo le enseñaba y le pasaba un celular viejo que tenía, y al principio la batería le duraba tres o cuatro días porque lo tenía botado, entonces cuando lo empezó a usar, usaba Facebook donde veía sus noticias, novelas, al grupo de La Tirana también ya que ella es muy fanática de La Tirana y ahí la batería se le iba agotando más rápido. Me decía, “pero porque se acaba” y yo le explicaba que lo estaba usando más seguido.. que por eso se acaba y claro, ahí ella descubrió un mundo nuevo con el celular, dándose un abanico de opciones, buscaba recetas, cuando antes me decía “Reinaldo búscame esto por favor”, ahora lo hace ella y es algo bueno para ella porque agarra independencia. Cuando yo estuve fuera de Arica que fue como un mes cuando me hicieron el trasplante de médula, estuvo mi madre viviendo junto a mi hermano y yo estaba en una pieza donde me tenían aislado y me llamaba mi mamá por teléfono, conversábamos media hora, una hora y así de apoco, siendo más independiente. Igual cuando llegué, se puso regalona en ese sentido, yo le decía: mamá hazlo tu porque te conviene en ese sentido, cuando yo no esté porque esté haciendo mi práctica o esas cosas le servirá a ella. Fue una de las cosas buenas que tiene la cuarentena, que mi mamá se hizo amiga de la tecnología y ella también quiso aprender. Con mi enfermedad tuve que aprender a ser positivo, porque cuando uno se enferma de cáncer prácticamente a uno lo dan por muerto, suena feo, pero es verdad. Entonces aprendí a ser positivo, que todo va a salir bien, que todo se calma, que todo va a volver a la normalidad. Siempre tuve que ser positivo, mañana va a salir el sol de nuevo y estoy vivo, así que hay que estar en la sobrevivencia del más fuerte e inteligente nomas, como que por un descuido uno se puede contagiar entonces hay que ser inteligente y mantener la mente positiva. Con todo lo que pase aprendí a valorar a mis amigos, a mi mamá, las cosas más mínimas que uno tiene que valorar. Yo valoro las cosas más tontas quizás o las cosas más raras, las valoro porque aprendí que si no valoraba mi vida ¿De qué me servía estar vivo entonces?, mañana es un nuevo día, es un nuevo regalo de dios, de jehová, de Yahveh, de lo que ustedes crean, del destino, de la vida. Es un regalo que se nos da y hay que aprovecharlo; tienen que aprovechar a su familia, yo estoy aprovechando a mi mamá, a mi sobrina cada vez que viene y que ahora es como una hermana chica para mí, a mis mascotas también. Sé que va a llegar un momento en el que miras para atrás y dices, claro... Tuve una buena vida. Quizás uno no tiene lo que sueña, el último celular, la casa con más pisos, con más terreno en la tierra pero sí, tengo muy buenos amigos, una muy buena mamá, muy buenos familiares ¡y mis mascotas! que cuando me ven llegar, se forma un jardín infantil, corren por toda la casa… valoren esas pequeñas cosas, que son gratificantes para uno y desde lo más normal a lo más raro hay que valorarlo. Finalmente creo que con este trabajo, van a poder darse cuenta que los jóvenes no somos solamente el burrito de carga como se piensa.

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