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El libro mágico

Ana Camila peñaranda 8ª1


El día menos esperado ocurrió una gran catástrofe en la tierra, el núcleo se recalentó (estaba subiendo la temperatura cada minuto ) los geólogos descubrían una gran cantidad de cambios en la naturaleza, cuando unos terremotos ocasionados en diferentes partes del mundo, alertaron a los investigadores y científicos especializados en los cambios de la naturaleza, ellos alertaron que la tierra iban a ocurrir grandes cambios naturales, alertaron a los ciudadanos de todo el mundo para que tuvieran la calma y se preparaban para lo inesperado, la gente aterrorizada oraba por sus familias y por cada uno de ellos cada día pasaba con angustia cuando el gran día inesperado llego, la tierra se empezó a mover varios terremotos iban ocasionándose en todo el mundo; la gente desesperada corría y pedía auxilio mientras que en la tierra se movía sin cesar , los polos se fueron derritiendo poco a poco, la tierra se recalentó y grandes olas cubrían a las ciudades costeras mas cercas del mar. Pueblos, ciudades iban desapareciendo mientras que en otras ciudades los terremotos y las fuertes lluvias no paraban. Miles de personas murieron un 90% de los seres humanos mientras que el mundo quedaba destrozado la gente hacia lo posible para que algo no le fuera a suceder lleno de fuego por el calentamiento de la tierra quedaron pocas personas los animales murieron quedaba una que otra ave volando en el cielo, después de varias horas del gran sufrimiento la gente prácticamente desterrada de todo quedo desconcertada todavía más el gran sufrimiento al ver que no encontraban a sus familiares ni amigos la gente desesperada corría no se hallaba que hacer lo peor fue que el fuego consumió todo el agua que había en la tierra no había comida. las personas luchaban mucho para sobrevivir un grupo de personas al sur quedaron vivas con pocos daños materiales solo quedo como destrozado un poco las viviendas pero no se cayeron y estas personas eran como esclavas para la gente que poseía más que ellas para que según ellas les dieran todo lo que ellos tuvieran también; un hombre mandado por dios llamado Eliot un hombre muy creyente en dios y en todas sus maravillas este no se sintió tan mal cuando se destruyo el mundo porque si eso ocurrió fue por algo, quizás porque tanta corrupción y violencia estaban dañando el mundo, y los científicos con la exageración de la tecnología creando nuevas opciones que para los pobres no serbia, Eliot defendió a todas las personas que necesitaban ayuda y leía un libro todos los días que era la biblia un maravilloso y espectacular libro el señor lo guiaba le


daba fuerzas para realizar todas sus actividades como la búsqueda de comida y de agua. un día se levanto y dios le dijo ve y lleva el libro al oeste allá hay un lugar seguro para ti y para él, Eliot emprendió su camino un largo y torturo so viaje lo esperaba mientras caminaba un montón de kilómetros buscaba el alimento cuando encontró un ave volando en el cielo y con su gran escopeta la mato para tener comida, se le presentaron muchos inconvenientes. un día llego a una cantina a mira si allí podía conseguir agua, cuando el dueño llamado Robin le dijo que le daba por una botella de agua Eliot le dijo que tenia de todo un poquito y le mostró un reloj, una toalla, un champo, Robin le dijo que le diera todas esas cosas y el le daba suficiente agua para que tomara mas o menos tres días, cuando una joven llamada Sara fue y le trajo el agua ella era la única que sabia donde quedaba un pequeño manantial quedaba cerca, no era tan grande y era muy limpio; ella se lo llevo a Eliot, los clientes pensaron que era rico por todas las cosas que tenia y le empezaron a decir cosas desagradables y a golpear muy fuerte, Eliot les dijo que no se metieran con el que era un humilde cristiano que lo dejaran quieto porque no querían tener problemas con ellos, riéndose lo dejaron quietos a Sara le despertó mucha confianza y decidió irse con el y dejar de ser la esclava que era estando con Robin el le dijo que no podía brindarle todo y a ella no le importo y Eliot le comento sobre lo que tenia que hacer que era llevar el libro al oeste ella acepto y se fueron para allá para recorrer todos esos kilómetros tenían que pasar años pero no sabia cuanto tiempo; Sara lo quiso así. Eliot sin cesar no dejaba de leer el libro sara le pregunto que que era, el le dijo que era algo maravilloso que le daba mucha fuerza para salir adelante, una vez unos bandidos le intentaron robar el libro, ellos creían que con leer el libro dios les iban a cumplir todos sus deseos y podrían obtener todo lo que ellos quisieran, Eliot no se lo dejo robar corrió sin parar los bandidos lo trataron de alcanzar pero no pudieron porque Eliot no paro y siguió corriendo con Sara , por mas de tres horas corriendo sin parar Eliot y sara llegaron a una casa en donde vivían unos viejitos ellos tenían muchas trampas afuera de su casa ellos de todos modos entraron y tocaron la puerta y se cayeron en un hueco que se abrió debajo de los pies de ellos, los señores salieron a ver quien era y observaron que allí se encontraba un jovencita con muy poca edad que era Sara.


los viejitos los dejaron pasar dentro de la casa y les ofrecieron un tinto ellos aceptaron pero notaron que estaban temblando todo su cuerpo de los dos señores, Eliot le dijo a Sara que era porque ellos la gente que dejaban entrar allí se la comían y decidieron salir rápido de allí cuando iban saliendo se dieron cuenta que los bandidos los siguieron hasta la casa hubo un gran enfrentamiento los dos viejitos murieron los bandidos cogieron al Eliot y a Sara Eliot le toco que darle la Biblia para que lo dejaran vivir a el y a Sara, el se los dio pero Eliot sabia que no les iba a servir porque el ya la había leído todo ellos dos lograron salir de allí y poderse ir, para poder recorrer el camino los bandidos se fueron y no les importo lo que pasara con ellos, Eliot y Sara recorrieron los pueblos, ciudades, ellos fueron al lugar que les dijo Dios. Pasaron años para llegar al oeste con grandes dificultades lograron sobrevivir, sin agua, sin comida, sin un techo en donde vivir; cuando se dieron cuenta había una ciudad destruida y era en donde estaba el centro de recolección de cosa en donde se recolectaba las cosas necesarias para volver a construir el mundo que se había perdido todo el tiempo que duraron viajando fue mas de 20 años duraron caminando mucho tiempo todos los días sin cesar. Eliot fue allá los recibieron muy amablemente se les brindaron las mejores comodidades para que pudieran recuperarse de todo lo que abian pasado

Los dos viejos murieron Eliot y sara lograron escapar pero sin el libro, al final lucharon para llegar al oeste, pasaron por varios pueblos y ciudades, duraron años para llegar allá, con grandes dificultades sin alimento, sin agua, sin poderse bañar, sin poder tener un techo en donde vivir, el oeste quedaba muy lejos, donde les tocaba llegar y también en donde los recibieron perfectamente, Eliot llega sin la biblia pero sano y salvo, era un lugar recolector de cosas para formar el mundo que se había perdido, con toda la tecnología no con la misma violencia. Eliot le dijo que le ofrecía una Biblia, el acepto pero le pregunto que si era nueva o vieja, el le dijo, que era la mejor, y muy maravillosa, le comento que se le había perdido pero que el Señor le había dado un don que era leer este y decirlo todo en algún momento, para una futuro mejor, Eliot le dijo todo al Señor de recolección , capitulo por capitulo, pasaron muchos años y Eliot


todavía le decía al Señor todo lo que leyó de la Biblia, paginas y paginas se hicieron. el libro se creo, un libro con mas de 500 paginas con una portada increíble que llevaba una cruz, con estas publicaron muchas mas, ¿el mundo se podrá estabilizar igual a antes? Pues todavía no se sabe, Eliot el gran conquistador murió cuando cumplió 63 años cuando hizo la mejor obra porque el libro que el leyó era el único y fue capaz de contarlo para que siguiera existiendo, lo enterraron en el mismo lugar, sara la joven que venia con él, escucho todo el relato de la Biblia se le quedo memorizada en su cabeza para ponerlo en practica todo. cuando se fue a la mañana siguiente para donde ella vivía, pero no para seguir siendo esclava ni servidora de nadie, solo para liberar a todas esas personas para formar el mundo que se perdió, para crearlo pero sin violencia y discusiones ni enfrentamientos entre las personas cuando ella llego y pasado un tiempo y vio en la cara de los pobladores de la gente que había quedado esperanza, ella reunió a toda la gente y se la llevo para donde quedaba la recolección de cosas, para formar un mundo mejor. A pesar de la perdida del mundo, Sara fue de gran ayuda para todas estas personas, una vez estaba dormida cuando un ruido escucho, y se levanto asombrada y empezó a recordar a Eliot, pensaba que su alma la estaba protegiendo y ayudando, pero no, la noche siguiente también fue así, se despertó a las 1:06 de la mañana, y duro un tiempo para volverse a dormir, eso era extraño porque ya iban bastantes noches, que un ruido la despertaba. no se imaginaba que era, pero muy asustada miraba y miraba a ver quien era, pero no encontraba nada, una noche escucho el mismo ruido y no espero sino que se paro rápido, vio una luz muy fuerte y la siguió, vio un ser extraño, muy pálido, caminando a unos rastrojos en las afueras de donde toda la gente vivía, esta persona no parecía normal, era demasiado blanco, alto, de pelo negro, ojos negros toda su pupila, el caminaba despacio mientras ella corría detrás de él y le gritaba, que para que la buscaba todas las noches… él no paro y abrió su boca hacia ella, y de ella boto una luz que no pudo seguir viendo, y esa persona extraña desapareció, pasaron días cuando volvió nuevamente a buscar a Sara, esta vez estaba preparada para lo que fuera. ese día ella lo asombro a él, este sin darse cuenta, ella lo siguió cuando no había luz, ella lo llamo y le dijo muy angustiada, que era lo que deseaba, que


ella le podría ayudar, le dijo, yo he venido a este mundo a escoger a las personas que merecen estar en mi mundo; un mundo mágico, pero las personas no tienen magia sino todo se cumple, el escogía a dos personas de cada país para proporcionarle todo lo insólito y maravilloso, y ella era la escogida en ese país, le dijo que no se podía ir porque ella tenia que ayudar a todas las personas que estaban con ella para formar ese mundo que se perdió, ella le dijo que no podía realizar lo que él le pedía, que en su gratitud le diera un deseo y ella pidió uno, y dijo que no se podía echar atrás en esta decisión, ella acepto, y pidió su deseo, era que el mundo tuviera las prohibiciones necesarias para la vida, que en este no hubiera violencia, y más posibilidades de alimento y riqueza en agua, más posibilidades y entusiasmo de vivir para los pobladores de todo el mundo, ella pidió eso y en un abrir y cerrar de ojos, él hizo su obra maestra, y todo lo que ella dijo se cumplió….. la gente alegre al despertar, él desapareció de allí y ella volvió a celebrar todo esto, él dio lo más importante y la gente feliz comía y se bañaba, iba pasando el tiempo y ella pensaba como hubiera sido si se hubiera ido con el ser extraño, porque la vino a buscar aquí en la tierra y especialmente a ella, en la cara de la gente se veía entusiasmada, alegre porque iban a reconstruir un mundo mejor a el mundo anterior no podía ser nada y no le gustaría volver a ese mundo de dolor y sufrimiento. Sara, la siguiente noche, tuvo un sueño bastante desagradable, en el cual sintió miedo y terror verdadero, ella estaba consiente que estaba durmiendo muy tranquila, de pronto su adrenalina empezó a subir, sentía demasiado miedo, sus ojos proyectaban horribles imágenes de la hacavación del mundo y a la vez extraños, con sufrimiento y dolor, escuchaba gritos, ella pensó que nuevamente se iba a destruir el mundo, era un sueño con mucha locura, ella se acordó de Eliot y empezó a rezar, en el sueño el padre nuestro cuando todo ese miedo y terror, desaparecieron rápidamente, todo esto nos dice que nuestro Señor, es el único, grande y poderoso, y que lo puede todo. ella poco a poco fue construyendo el mundo con el milagro que le hizo, fue más fácil lograr lo deseado, toda la naturaleza empezó a crecer, las raíces de las plantas se alargaban en busca de agua y nutrientes, en las selvas los arboles alcanzaban grandes alturas, la tierra ha evolucionado mediante los proceso geológicos y biológicos que han dejado vestigios en las condiciones originales, la superficie externa se halla fragmentada en varias placas tectónicas que se van desplazando muy lentamente a medida que avanza el tiempo geológico, los continentes se formaron, y se separaron pero se


volvieron a unir, por esto sufre la tierra cada que cambia la tierra, las extinciones que se han presentado, cuando el meteorito choco con la tierra y causo la extinción de los dinosaurios y la otra cuando el calentamiento del núcleo causa la muerte de casi todos los habitantes de la tierra, Sara feliz formo una familia, tubo una hija y un hijo, la niña se llamaba Paulina y el niño se llamado Esteban, eran muy felices y ella le comento todo lo que tuvo que pasar hace muchos años estos se asustaron y lo creyeron pero Sara sabia que cuando tuvieran mas edad ellos iban a comprender todo su sufrimiento. la niña empezó a soñar e imaginar cosas extrañas y un día hizo una predicción, las fechas de los acontecimientos de la tierra, que iban a suceder, Sara se sintió muy mal al ver que ella podría sufrir toda su vida por todo esto, pero ella hizo todo lo que pudo, averiguo, lo bueno era que el mundo ya estaba reconstruido totalmente, Paulina escribió los números de los acontecimientos que iban a ocurrir en el siglo siguiente, muy asustada y preocupada por su hija, hizo lo posible para que lo dejara de hacer, pero esto no fue posible, los acontecimientos que iban a suceder fueron muy precisos y exactos, también dijo la hora en que iban a ocurrir… Paulina desconcertada pero era tan solo una niña, cuando Sara ya estaba de edad, Paulina y Esteban, estaban grandes, contemplando la gran perdida, Sara murió, fue muy dolorosa su muerte, ellos se decayeron mucho al saber todas las experiencias que fueron vividas por su madre y lo lamentable que paso con la tierra, ellos en su honor decidieron hacer un libro de toda la vida de Sara, contaron que su infancia fue muy buena, el mundo era normal, actualizado, sin ningún defecto natural, ya están pasando alguno que otro defecto pero no era nada alarmante, tenía unos papas que la amaban mucho, le colaboraban y todos los deberes que tiene un padre, cuando tenia 10 años su padre murió de un infarto, una gran perdida para Sara y la mama, desde esa edad ella quedo sin padre, la mamá lucho con ella para obtener todo lo necesario, su juventud la paso, la mitad con la mamá porque ella falleció y Sara sola en el mundo, trabajo por dos años en la cantina, allí fue donde se fue con Eliot y ocurrió todo esto, la acabación del mundo y la sobrevivencia de todas las personas que quedaron vivas, la lucha por falta de todos los materiales y cosas. Sara lucho también por sus hijos Paulina y Esteban, para que no cogieran un mal camino, siempre los educo con los mejores valores, para que fueran excelentes personas, también en el libro nombraron lo que cada uno hizo en su vida, en una parte del libro concluyeron lo que hizo Eliot y el camino que recorrió para poder llegar a su pueblo, para hablarle a todas las persona y


recuperar todo, también en los últimos párrafos del gran libro, comentaron sobre como unos seres de otro mundo, se la iban a llevar de elegida a un mundo desconocido y ella no acepto pero estos decidieron darle algo, y ella escogió mejorar el mundo pero sin todo esos valores que no valían la pena y eso fue así. Paulina y Esteban comprendieron que en el transcurso iban a vivir en el mundo, lo tenían que valorar y aprender a vivir en el, cuando se dieron cuenta y el ecosistema eran los indicadores biológicos que no era necesario tener como, celular ni cualquier otro aparato para mirar la temperatura, el aire y otras cosas que son también fundamentales para mirar todo el mundo y el ecosistema, que son especies o grupos de especies, estas son aquellos organismos que ayudan a entender cualquier fenómeno relacionado con el estudio de un ambiente. Todas estas especies tienen requerimientos físicos, químicos, de estructuras de hábitat y de relaciones con otras especies o población, le corresponden determinados límites de estas condiciones ambientales entre las cuales los organismos pueden sobrevivir, crecer y reproducirse. Esteban y Paulina, vieron que en este nuevo mundo, iba aumentando de población poco a poco, es sorprendente que los científicos tengan un conocimiento a cerca de cuantas estrellas hay en nuestra galaxia, ahora los habitantes conservan mas los alimentos porque con el relato que conto Sara para el futuro que es de sus hijos, estos decidieron como es importante el buscar el alimento y saber conservarlo para tiempos poco favorables y no malgastarla, y saberla aprovechar. Las plantas, los animales de todo esto surgió la agricultura, gracias a una acumulación de conocimientos acerca de las plantas y su medio, la temperatura, el viento, todo esto ya estaba mejorando, las condiciones de la tierra eran aceptables para la vida humana. Este cuento es una historia que nos hace reflexionar sobre todas las cosas que tenemos y por descuidados no aprovechamos, todas estas maravillas, por estar pendientes de otras cosas. Reflexiones para la vida: El dinero no lo es todo, según dicen los que tienen; una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa. El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos.


Vive cada día de tu vida al máximo porque puede ser el último. Dios te ha concedido un espíritu con alas para que surjas firmemente el espacio del amor y la libertad, conocemos mucha gente en nuestro paso por la vida, pero solo unos pocos nos dejan una impresión duradera, en esas personas pensamos y ellas siempre serán importantes para nosotros por eso apreciemos todo lo que tenemos, todos los seres humanos tenemos fe. “La confianza que ustedes tienen en Dios es como el oro, así como la calidad del oro se pone a prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se prueba por medio de los problemas, si usted pasa la prueba, su confianza será más valiosa que el oro” El comienzo de un gran final: todo ocurrió cuando unos jóvenes llamados y Sofía se conocieron eso fue amor a primera vista no creo pero en ese mismo instante se enamoraron y decidieron conocerse más. Un día comieron helado muy agusto…. Erase un príncipe muy admirado en su reino. Todas las jóvenes casaderas deseaban tenerle por esposo. Pero él no se fijaba en ninguna y pasaba su tiempo jugando con Zapaquilda, una preciosa gatita, junto a las llamas del hogar. Un día, dijo en voz alta: Eres tan cariñosa y adorable que, si fueras mujer, me casaría contigo. En el mismo instante apareció en la estancia el Hada de los Imposibles, que dijo: Príncipe tus deseos se han cumplido. El joven, deslumbrado, descubrió junto a él a Zapaquilda, convertida en una bellísima muchacha. Al día siguiente se celebraban las bodas y todos los nobles y pobres del reino que acudieron al banquete se extasiaron ante la hermosa y dulce novia. Pero, de pronto, vieron a la joven lanzarse sobre un ratoncillo que zigzagueaba por el salón y zampárselo en cuanto lo hubo atrapado. El príncipe empezó entonces a llamar al Hada de los Imposibles para que convirtiera a su esposa en la gatita que había sido. Pero el Hada no acudió, y nadie nos ha contado si tuvo que pasarse la vida contemplando como su esposa daba cuenta de todos los ratones de palacio. Qué edad contaría yo a la sazón? ¿Once o doce años? Más bien serían trece, porque antes es demasiado temprano para enamorarse tan de veras; pero no


me atrevo a asegurar nada, considerando que en los países meridionales madruga mucho el corazón, dado que esta víscera tenga la culpa de semejantes trastornos. Si no recuerdo bien el «cuándo», por lo menos puedo decir con completa exactitud el «cómo» empezó mi pasión a revelarse. Gustábame mucho -después de que mi tía se largaba a la iglesia a hacer sus devociones vespertinas- colarme en su dormitorio y revolverle los cajones de la cómoda, que los tenía en un orden admirable. Aquellos cajones eran para mí un museo. Siempre tropezaba en ellos con alguna cosa rara, antigua, que exhalaba un olorcillo arcaico y discreto: el aroma de los abanicos de sándalo que andaban por allí perfumando la ropa blanca. Acericos de raso descolorido ya; mitones de malla, muy doblados entre papel de seda; estampitas de santos; enseres de costura; un «ridículo» de terciopelo azul bordado de canutillo: un rosario de ámbar y plata, fueron apareciendo por los rincones. Yo los curioseaba y los volvía a su sitio. Pero un día -me acuerdo lo mismo que si fuese hoy- en la esquina del cajón superior y al través de unos cuellos de rancio encaje, vi brillar un objeto dorado... Metí las manos, arrugué sin querer las puntillas, y saqué un retrato, una miniatura sobre marfil, que mediría tres pulgadas de alto, con marco de oro. Me quedé como embelesado al mirarla. Un rayo de sol se filtraba por la vidriera y hería la seductora imagen, que parecía querer desprenderse del fondo oscuro y venir hacia mí. Era una criatura hermosísima, como yo no la había visto jamás sino en mis sueños de adolescente, cuando los primeros estremecimientos de la pubertad me causaban, al caer la tarde, vagas tristezas y anhelos indefinibles. Podría la dama del retrato frisar en los veinte y pico; no era una virgencita cándida, capullo a medio abrir, sino una mujer en quien ya resplandecía todo el fulgor de la belleza. Tenía la cara oval, pero no muy prolongada; los labios carnosos, entreabiertos y risueños; los ojos lánguidamente entornados, y un hoyuelo en la barba, que parecía abierto por la yema del dedo juguetón de Cupido. Su peinado era extraño y gracioso: un grupo compacto a manera de piña de bucles al lado de las sienes, y un cesto de trenzas en lo alto de la cabeza. Este peinado antiguo, que arremangaba en la nuca, descubría toda la morbidez de la fresca garganta, donde el hoyo de la barbilla se repetía más delicado y suave. En cuanto al vestido... Yo no acierto a resolver si nuestras abuelas eran de suyas menos recatadas de lo que son nuestras esposas, o si los confesores de antaño gastaban manga más ancha que los de hogaño. Y me inclino a creer esto último, porque


hará unos sesenta años las hembras se preciaban de cristianas y devotas, y no desobedecían a su director de conciencia en cosa tan grave y patente. Lo indudable es que si en el día se presenta alguna señora con el traje de la dama del retrato, ocasiona un motín, pues desde el talle (que nacía casi en el sobaco) solo la velaban leves ondas de gasa diáfana, señalando, mejor que cubriendo, dos escándalos de nieve, por entre los cuales serpeaba un hilo de perlas, no sin descansar antes en la tersa superficie del satinado escote. Con el propio impudor se ostentaban los brazos redondos, dignos de Juno, rematados por manos esculturales... Al decir «manos» no soy exacto, porque, en rigor, solo una mano se veía, y ésa apretaba un pañuelo rico. Aún hoy me asombro del fulminante efecto que la contemplación de aquella miniatura me produjo, y de cómo me quedé arrobado, suspensa la respiración, comiéndome el retrato con los ojos. Ya había yo visto aquí y acullá estampas que representaban mujeres bellas. Frecuentemente, en las Ilustraciones, en los grabados mitológicos del comedor, en los escaparates de las tiendas, sucedía que una línea gallarda, un contorno armonioso y elegante, cautivaba mis miradas precozmente artísticas; pero la miniatura encontrada en el cajón de mi tía, aparte de su gran gentileza, se me figuraba como animada de sutil aura vital; advertías en ella que no era el capricho de un pintor, sino imagen de persona real, efectiva, de carne y hueso. El rico y jugoso tono del empaste hacía adivinar, bajo la nacarada epidermis, la sangre tibia; los labios se desviaban para lucir el esmalte de los dientes; y, completando la ilusión, corría alrededor del marco una orla de cabellos naturales castaños, ondeados y sedosos, que habían crecido en las sienes del original. Lo dicho: aquello, más que copia, era reflejo de persona viva, de la cual sólo me separaba un muro de vidrio... Puse la mano en él, lo calenté con mi aliento, y se me ocurrió que el calor de la misteriosa deidad se comunicaba a mis labios y circulaba por mis venas. Estando en esto, sentí pisadas en el corredor. Era mi tía que regresaba de sus rezos. Oí su tos asmática y el arrastrar de sus pies gotosos. Tuve tiempo no más que de dejar la miniatura en el cajón, cerrarlo, y arrimarme a la vidriera, adoptando una actitud indiferente y nada sospechosa. Entró mi tía sonándose recio, porque el frío de la iglesia le había recrudecido el catarro, ya crónico. Al verme se animaron sus ribeteados ojillos, y, dándome un amistoso bofetoncito con la seca palma, me preguntó si le había revuelto los cajones, según costumbre. Después, sonriéndose con picardía:


-Aguarda, aguarda -añadió-, voy a darte algo... que te chuparás los dedos. Y sacó de su vasta faltriquera un cucurucho, y del cucurucho, tres o cuatro bolitas de goma adheridas, como aplastadas, que me infundieron asco. La estampa de mi tía no convidaba a que uno abriese la boca y se zampase el confite: muchos años, la dentadura traspillada, los ojos enternecidos más de los justo, unos asomos de bigote o cerdas sobre la hundida boca, la raya de tres dedos de ancho, unas canas sucias revoloteando sobre las sienes amarillas, un pescuezo flácido y lívido como el moco del pavo cuando está de buen humor... Vamos que yo no tomaba las bolitas, ¡ea! Un sentimiento de indignación, una protesta varonil se alzó en mí, y declaré con energía: -No quiero, no quiero. -¿No quieres? ¡Gran milagro! ¡Tú que eres más goloso que la gata! -Ya no soy ningún chiquillo -exclamé creciéndome, empinándome en la punta de los pies- y no me gustan las golosinas. La tía me miró entre bondadosa e irónica, y al fin, cediendo a la gracia que le hice, soltó el trapo, con lo cual se desfiguró y puso patente la espantable anatomía de sus quijadas. Reíase de tan buena gana, que se besaban barba y nariz, ocultando los labios, y se le señalaban dos arrugas, o mejor, dos zanjas hondas, y más de una docena de pliegues en mejillas y párpados. Al mismo tiempo, la cabeza y el vientre se le columpiaban con las sacudidas de la risa, hasta que al fin vino la tos a interrumpir las carcajadas, y entre risas y tos, involuntariamente, la vieja me regó la cara con un rocío de saliva... Humillado y lleno de repugnancia, huí a escape y no paré hasta el cuarto de mi madre, donde me lavé con agua y jabón, y me di a pensar en la dama del retrato. Y desde aquel punto y hora ya no acerté a separar mi pensamiento de ella. Salir la tía y escurrirme yo hacia su aposento, entreabrir el cajón, sacar la miniatura y embobarme contemplándola, todo era uno. A fuerza de mirarla, figura báseme que sus ojos entornados, al través de la -voluptuosa penumbra de las pestañas, se fijaban en los míos, y que su blanco pecho respiraba afanosamente. Me llegó a dar vergüenza besarla, imaginando que se enojaba de mi osadía, y solo la apretaba contra el corazón o arrimaba a ella el rostro. Todas mis acciones y pensamientos se referían a la dama; tenía con ella extraños refinamientos y delicadezas nimias. Antes de entrar en el cuarto de mi tía y abrir el codiciado cajón, me lavaba, me peinaba, me


componía, como vi después que suele hacerse para acudir a las citas amorosas. Me sucedía a menudo encontrar en la calle a otros niños de mi edad, muy armados ya de su cacho de novia, que ufanos me enseñaban cartitas, retratos y flores, preguntándome si yo no escogería también «mi niña» con quien cartearme. Un sentimiento de pudor inexplicable me ataba la lengua, y solo les contestaba con enigmática y orgullosa sonrisa. Cuando me pedían parecer acerca de la belleza de sus damiselillas, me encogía de hombros y las calificaba desdeñosamente de feas y fachas. Ocurrió cierto domingo que fui a jugar a casa de unas primitas mías, muy graciosas en verdad, y que la mayor no llegaba a los quince. Estábamos muy entretenidos en ver un estereoscopio, y de pronto una de las chiquillas, la menor, doce primaveras a lo sumo, disimuladamente me cogió la mano, y, con movidísima, colorada como una fresa, me dijo al oído: -Toma. Al propio tiempo sentí en la palma de la mano una cosa blanda y fresca, y vi que era un capullo de rosa, con su verde follaje. La chiquilla se apartaba sonriendo y echándome una mirada de soslayo; pero yo, con un puritanismo digno del casto José, grité a mi vez: -¡Toma! Y le arrojé el capullo a la nariz, desaire que la tuvo toda la tarde llorosa y de morros conmigo, y que aún a estas fechas, que se ha casado y tiene tres hijos, probablemente no me ha perdonado. Siéndome cortas para admirar el mágico retrato las dos o tres horas que entre mañana y tarde se pasaba mi tía en la iglesia, me resolví, por fin, a guardarme la miniatura en el bolsillo, y anduve todo el día escondiéndome de la gente lo mismo que si hubiese cometido un crimen. Se me antojaba que el retrato, desde el fondo de su cárcel de tela, veía todas mis acciones, y llegué al ridículo extremo de que si quería rascarme una pulga, atarme un calcetín o cualquier otra cosa menos conforme con el idealismo de mi amor purísimo, sacaba primero la miniatura, la depositaba en sitio seguro y después me juzgaba libre de hacer lo que más me conviniese. En fin, desde que hube consumado el robo, no cabía en mí; de noche lo escondía bajo la almohada y me dormía en actitud de defenderlo; el retrato


quedaba vuelto hacia la pared, yo hacia la parte de afuera, y despertaba mil veces con temor de que viniesen a arrebatarme mi tesoro. Por fin lo saqué de debajo de la almohada y lo deslicé entre la camisa y la carne, sobre la tetilla izquierda, donde al día siguiente se podían ver impresos los cincelados adornos del marco. El contacto de la cara miniatura me produjo sueños deliciosos. La dama del retrato, no en efigie, sino en su natural tamaño y proporciones, viva, airosa, afable, gallarda, venía hacia mí para conducirme a su palacio, en un carruaje de blandos almohadones. Con dulce autoridad me hacía sentar a sus pies en un cojín y me pasaba la torneada mano por la cabeza, acariciándome la frente, los ojos y el revuelto pelo. Yo le leía en un gran misal, o tocaba el laúd, y ella se dignaba sonreírse agradeciéndome el placer que le causaban mis canciones y lecturas. En fin: las reminiscencias románticas me bullían en el cerebro, y ya era paje, ya trovador. Con todas estas imaginaciones, el caso es que fui adelgazando de un modo notable, y lo observaron con gran inquietud mis padres y mi tía. -En esa difícil y crítica edad del desarrollo, todo es alarmante -dijo mi padre, que solía leer libros de Medicina y estudiaba con recelo las ojeras oscuras, los ojos apagados, la boca contraída y pálida, y, sobre todo, la completa falta de apetito que se apoderaba de mí. Me ofrecieron llevarme al teatro; me suspendieron los estudios y diéronme a beber leche recién ordeñada y espumosa. Después me echaron por el cogote y la espalda duchas de agua fría, para fortificar mis nervios; y noté que mi padre, en la mesa, o por las mañanas cuando iba a su alcoba a darle los buenos días, me miraba fijamente un rato y a veces sus manos se escurrían por mi espinazo abajo, palpando y tentando mis vértebras. Yo bajaba hipócritamente los ojos, resuelto a dejarme morir antes que confesar el delito. En librándome de la cariñosa fiscalización de la familia, ya estaba con mi dama del retrato. Por fin, para mejor acercarme a ella acordé suprimir el frío cristal: vacilé al ir a ponerlo en obra. Al cabo pudo más el amor que el vago miedo que semejante profanación me inspiraba, y con gran destreza logré arrancar el vidrio y dejar patente la plancha de marfil. Al apoyar en la pintura mis labios y percibir la tenue fragancia de la orla de cabellos, se me figuró con más evidencia que era persona viviente la que estrechaban mis manos trémulas. Un desvanecimiento se apoderó de mí, y quedé en el sofá como privado de sentido, apretando la miniatura.


Cuando el conocimiento vi a mi padre, a mi madre, a mi tía, todos inclinados hacia mí con sumo interés. Leí en sus caras el asombro y el susto. Mi padre me pulsaba, meneaba la cabeza y murmuraba: Y había una vez un niño que se llamaba Pablo. Era un niño normal, aunque no del todo. El no dormía. Nunca dormía. Y por su culpa, llamamos Ilusiones a los sueños y sueños a las ilusiones. Antiguamente, las ilusiones sólo las teníamos estando despiertos y los sueños mientras dormíamos. Pero sucedió una gran tragedia. Como Pablo no dormía nunca, el Sueño estaba enfadado. Todas las noches, se quedaba a vigilar al lado de la cama del niño, esperando que diera una cabezadita y poder meterse dentro de él. Pero pasaban los días y el niño no se rendía jamás. La Ilusión veía a Sueño a través de los ojos de Pablo y se mofaba de él. -Soy más fuerte que tú, Sueño. Vete a buscar otro niño. -No me moveré de aquí. Finalmente tendrá que dormir y entonces me apropiaré de él y no te volveré a dejar entrar. Pasaba el tiempo y el sueño seguía expectante, vigilando a Pablo día y noche. Hasta que un día, ocurrió. La gran tragedia. La Ilusión, cansada de haber trabajado mucho ese día, decidió sacar la cabecita para respirar un poco de aire fresco, y el Sueño, que estaba alerta, la vio. Sin pararse a pensar, la cogió por los pelos, y tirando de ella, la sacó del cuerpo de Pablo, quedando éste dormido al instante. Cuando se liberó de la mano del Sueño. la Ilusión ya no pudo volver a entrar, porque Pablo dormía profundamente. -¡¡¡¡Ríete ahora, Ilusión tonta, ríete!!!! Ahora me toca a mí.- Y se abalanzó sobre el niño. Pero la Ilusión, furiosa, se interpuso entre ellos y cogiendo al Sueño, se embarcaron en una feroz pelea. Cada golpe que daba uno, era devuelto por el otro. Todo estaba muy igualado. Cualquiera de los dos podía ser el vencedor. Entonces, los golpes comenzaron a encrudecerse y de repente, debido a esos golpes, la Ilusión y el Sueño, mucho más frágiles de lo que ellos mismos pensaban, comenzaron a despedir diminutas estrellitas de colores. Millones de estrellas con luces brillantes. Después. Destellos de luces fluorescentes. Cada vez más estrellitas, más luminosas, más resplandecientes. Y poco a poco el Sueño y la Ilusión se fueron deshaciendo, convirtiéndose en destellos luminosos y mezclándose, sin remedio, por los siglos de los siglos. Desde ese día, confundimos el Sueño con la Ilusión. Soñamos estando despiertos y soñamos con nuestras ilusiones. -¿Y tú? ¿Sabes cuándo lo que tienes es un sueño o cuando una ilusión? Porque yo, aún, lo intento averiguar.


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