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GuatapĂŠ - aire, agua, tierra-


GuatapĂŠ - aire, agua, tierra-


A Luis Fernando GutiĂŠrrez, Federico FernĂĄndez, Luis Pancracio, Dairo Alberto Ruiz y a todos los que de alguna manera hicieron posible este libro. Gracias.


Directoras Andrea Mejía Fajardo María Camila Bernal Correctora de textos Laura Marcela Palacios Investigadoras María Camila Gallego Nathalia Ríos Periodistas Carolina Báez Daniela Mesa Daniela Patiño Juan Diego Uribe Luis David Restrepo Luisa Fernanda Henao Miguel Vélez Nathalia Saldarriaga Editora video María Camila Santacruz


Paraíso construido, amado y luchado Después de la inundación de aquel pueblo encantador quedaron las ruinas, ¿qué hacer?, ¿para dónde coger? Eran las preguntas que se repetían en las mentes de muchos guatapenses, quienes agobiados y desorientados no encontraban una solución. Fue en ese momento, cuando aquel espíritu emprendedor de todo antioqueño salió a flote y personas como Luis Pancracio, se tomaron la voz y comenzaron un proyecto de reanimación en la gente, con el propósito de dar la guerra, de no dejarse vencer. Si la Gobernación no los ayudaba, si EPM no respondía, si el Estado mismo los había olvidado, ellos mismos saldrían adelante. Habían anegado sus tierras, pero no su

voluntad. Altivas palmeras que se alzan de forma majestuosa sobre las orillas de una laguna que se pierde más allá del horizonte. Refrescantes vientos que acarician con una suavidad encantadora la piel y el espíritu. Un sol soberano que domina el cielo azul despejado que se refleja en el espejo de agua sin límites. Casas que visten múltiples colores. Las personas hacen gala de una sonrisa gigante, transparente y reveladora. Oculto entre montañas, se encuentra un pequeño paraíso terrenal, en donde pareciera quela tristeza se fue y no piensa volver.


¿Podría ser posible la concepción de un lugar magnífico, aquel espacio en el que no hace falta nada para ser feliz y disfrutar de la maravillosa experiencia que es vivir? Guatapé parece ser ese sitio. Rodeado de inmensas montañas bañadas con sus

majestuosas

aguas, este municipio da la bienvenida, dice que es posible respirar tranquilidad y libertad desde el momento en que se pisa por primera vez su suelo. Durante el recorrido realizado, nunca se esperó encontrar tanta belleza reunida en un mismo lugar; su gente, sus calles, su historia, hacen de Guatapé, un municipio que desborda magia. Un ejemplo claro de lo que es tener sentido de pertenencia y amar sus raíces. Manos que hacen todo lo posible por mantener bello el lugar que los vio nacer. Dentro de estas verdes tierras, es posible también ver algunos espacios en los que el amarillo predomina, reflejo de lo que es capaz de dar un suelo agradecido y bendecido. Granos de maíz que se transforman en deliciosos sabores. Espacios en los que el trabajo y la perseverancia son ingredientes indispensables para lograr un producto tradicional, que deleita con su sazón, y que crea un pretexto para

compartir

los otros, para sentarse en un parque y ver por qué con la barriga llena, está el

razón

con

co-

contento.

En definitiva, Guatapé y sus habitantes son superación, ánimo y ganas de vivir. Hacen que un colombiano en medio de un ambiente vive en esta nación. Es momento, a despojarse de do pues, un

se sienta orgulloso de su tierra y de sus compatriotas, tenso y lleno de incertidumbre, con el que lastimosamente se posible encontrar un espacio que lleva, así sea solo por un la angustia, del desasosiego y de la desconfianza; encontran-

verdadero paraíso.


Ai


re


Hay una roca que une la tierra con el aire, se encuentra rodeada de hermosos paisajes que regalan al mundo su vida, su color y su alegría. Escala tras escala, da como resultado una respiración agitada, algunas gotas de sudor y cuerpos sedientos. Se puede decir que para llegar a la cima de esta piedra se necesita empuje, esfuerzo y verraquera, quizás por eso está en Antioquia, donde se lucha por lo que se quiere con fortaleza. La recompensa, una cima donde se puede ver cuán pequeño es el ser humano y qué grande es su creador, cuán majestuosa es la naturaleza y cuánto da esta rica tierra. De entrada algo oscuro, un camino frio, desgastadas paredes, cansados pasos. El viento de la altura golpea el rostro húmedo por el sudor. El camino parece ser infinito. Cuando no hay motivación alguna y queda la poca fuerza en el cuerpo, llega la hora de la victoria, ha llegado la hora de estar en

la cima.


¡Salve! Pedestal de roca Escándalo de granito, Eres tan fiel monolito Que al apoyarte en el suelo, Te elevas hasta los cielos Y besas el infinito. Antonio Aristizábal Serna “El cantor de la montaña” 2007


Agua


Un lugar donde todo es paz, serenidad, paisaje, vivencias y largos años de historia. Un lugar donde la dulzura de sus habitantes se convierte en el mejor pretexto para navegar, para zarpar aguas “propias” y contemplar su cultura. Flotando en sus aguas frescas, se vive un privilegio extremo. Un líquido majestuoso, poderoso, que lleva en sí una furia injustificada, pero que se ve mansa y cálida; zumo de la creación divina, fuente de vida y generadora de energía, agua diáfana que baña su tierra, que baña rostros; sus arbustos y cascadas son testimonios de vida acuática, fuente viva que un día hubo que inundar, pero que años más tarde… ¡oh, qué gozo da! Al navegarla llena de sosiego y de una tierna paz, hasta una espectacular brisa da.


El fuerte sol del mediodĂ­a no es una disculpa para dejar de hacer las actividades de la pesca, algunas gotas de sudor bajan por sus rostros, mientras sus manos y su astucia juegan a perseguir peces en estas inmensas aguas. Se acercan cuatro personas a observar su tarea, y no se sienten incĂłmodos, es su actividad cotidiana para poder tener alimento, es un quehacer que aprendieron a amar. Entre los pescadores hay niĂąos y adolescentes, se entienden de mil maravillas, comparten una y mĂĄs palabras, mientras sus rostros dejan ver la dulce sonrisa que iluminan los rayos de sol de oriente.


Entre todas las aguas se puede ver la punta de la cruz de la iglesia del antiguo Guatapé, que aunque trae el amargo recuerdo de un pueblo bajo las aguas, hace que sus habitantes y visitantes se reúnan con fe a su alrededor, para realizar una misa, todos los seis de enero. Con algunas oraciones dan gracias al cielo, se escapan algunas lágrimas, ojos admirados miran el paraíso que habitan, mientras las lanchan flotan sobre las aguas que cubrieron un pueblo, unas vidas que no volverán jamás.


El lanchero Rafael Antonio Vargas Marín, con un sonriente saludo, cuenta que lleva catorce años de su vida haciendo este oficio, pero que como todo no es color rosa, abandonará en un futuro cercano esta labor que afecta sus pulmones al recibir los fuertes vientos. No tiene ningún familiar que lo reemplace, considera importante que alguno de sus parientes lo haga, para no perder la tradición, pero su hijo mayor no puede ocupar este puesto porque está prestando servicio militar, y de ahí en adelante no tiene a quién más entregarle su cargo.


Tierra


Unas veces las mañanas son frías, otras veces cálidas… pero siempre es a las 6 de la mañana la hora en que este hombre se levanta a revisar su trabajado cultivo, a cuidarlo como a un niño chiquito. El color verde y el brillo de las hojas, adornan las montañas de forma simétrica en un gran paisaje, en donde se esparce un maizal. En su gran altura, en el copo, junto a sus hojas verdes esperan los chócolos la nueva cosecha. Bajo un cielo azul, las semillas de maíz son producto de la gran labor que hace su agricultor. Con sus botas negras y su ropa cómoda, día a día bajo el intenso sol, trabaja duro para que su cultivo sea saludable.


Cultivar con amor hace que todos los días el maíz crezca sano, sin necesidad de usar químico alguno. Sus trabajadas y sucias manos reflejan el amor y la constancia de una labor sin descanso. El agricultor y su familia hacen un gran equipo, arreglando y supervisando todos los días la tierra y el cultivo. El azadón es la mano derecha del agricultor, que cada día ayuda a realizar, a plantar con empuje y verraquera cada grano de maíz. La tierra donde se plantan estas semillas, están llenas de vida y ella hace crecer las raíces que día a día se esparcen.


Guatap茅 Tierra de z贸calos


Después de sufrir una de las transformaciones más dramáticas y ambiciosas de los últimos años en el departamento, incluso en el país, demostraron una pujanza tan fuerte como ese sol que se alza en las montañas del oriente. El embalse no solo ahogó viejos edificios, sino también las viejas estructuras sociales. El municipio no solo se vio afectado geográficamente, el cambio también fue sicológico; sin embargo, con entusiasmo siguieron enfrentando las dificultades y construyendo sueños en aquel emblemático pueblo. “Comenzamos con las ruinas de nuestras casas y entre todo el pueblo empezamos a construir lo que sería: nuestro pueblo”, fue una misión conjunta y todos los que se habían quedado ponían

lo mejor de sí

para levantar de nuevo los cimientos de un pueblo

que nunca dejó de luchar. Con el tiempo, fueron más y más los ron a este proyecto de recreación y construcción de Guatapé.

motivados

que se unie-

“Chepe Parra” fue el primero en considerar la construcción de zócalos en un tamaño mayor y de atribuirle un área de uno por uno, lo que irrumpió en la mente de los guatapenses. El primer zócalo “gigante” se terminó y posteriormente “Chepe” lo puso en la fachada de su casa, no era como cualquier otro visto, era con figuras geométricas en su interior, que estaban decoradas de

colores atractivos y

visibles.

Fue un inicio impactante y seductor, por lo que rápidamente, los demás habitantes del pueblo siguieron sus pasos y comenzaron a elaborar zócalos con características similares y los ubicaban tal y como lo hizo “Chepe Parra”. En una calle pequeña reunieron todos los zócalos que quedaron de las ruinas de Guatapé y la llamaron “La Calle del Recuerdo”, con zócalos geométricos que hizo “Chepe Parra”, el creador del concepto de los zócalos en el pueblo.”


Sentado bajo un sol ardiente, con una gran sombrilla de mesa que lo cubre, el señor Álvaro Idarriaga narra cómo nace Guatapé. Su origen fue hace mil años como pueblo precolombino, cuando sus primeros conquistadores llegan allí al seguir el cauce del río Guatapé. Más tarde, entre 1790 y 1975, se habla de la inquietud de fundar una aldea, que sería habitada por los aborígenes que rechazaron trasladarse a un resguardo indígena, instalado en El Peñol. El proceso fundacional como pueblo, comienza más o menos en 1807, y es en 1811, año en el que se le concede el permiso de fundación al señor Francisco Giraldo Jiménez.


A medida que la cimentación de este nuevo pueblo avanzaba, muchos guatapenses empezaron a inquietarse, el levantamiento de lo que era un municipio destinado a desaparecer estaba funcionando a la perfección; no obstante, hacía falta un agente, un factor que generara identidad y reconfortara el ánimo frágil en los habitantes, y que además, creara recordación a nivel departamental y nacional, algo que le diera personalidad al pueblo y lo diferenciara de los demás: El color.


“Guatapé es un museo abierto. A mayor globalización, se debe fortalecer más la identidad propia para conservar la esencia”. Luis Pancracio. La gente lo saluda al pasar, es uno de los hombres más conocidos del pueblo, a quien le tocó vivir toda la transformación de este y ayudsr a sacar a Guatapé adelante. “Muchos vendieron las casas a EPM y se fueron, nunca más volvieron”, “pensamos que íbamos a desaparecer, las personas que se iban eran muchas y si teníamos menos de 3.000 habitantes perdíamos la calidad de pueblo”, relata Luis Pancracio. Luis era profesor del colegio del pueblo en el momento en el que se comenzó el proyecto hidroeléctrico. Conmovido cuenta cómo su vida cambiaba y cómo fue esa angustia al pensar que todo lo que lo rodeaba iba a desaparecer. “La inundación nos cambió a todos”.


Medellín y Guatapé Universidad Pontificia Bolivariana Facultad de Comunicación Social — Periodismo 2011



Guatapé