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Revista Insurreci贸n Edici贸n No.390 Septiembre/16/2013


EDITORIAL 3 ¿Está Cambiando Colombia?

La Vaca Muerta y la Flecha Envenenada

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Autor: Comandante Pablo Beltrán

Con los de Abajo y los del Medio… Avanzar Hacia un Pacto Nacional por un Nuevo País

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La Paz, el Paro y el Paramilitarismo

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Autor: Luis Carlos Guerrero S. Autor: Carlos Ramos


EDITORIAL

¿Está Cambiando Colombia?

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on el paso de los últimos 20 años, contrastaba cada vez más la debilidad del movimiento de masas en Colombia, con las explosiones sociales que desde fines de los 80, se fueron dando en varios países de América Latina y que posteriormente, junto con el desencadenamiento de otros factores, desembocaron en cambios de gobierno y de rumbo. El Caracazo y los golpes en Venezuela antes de Chávez. Las grandes movilizaciones y protestas cuando De la Rúa y el corralito en Argentina. Las de Bolivia, en las que en distintos momentos caen varios Presidentes y las que en el Ecuador, dan lugar, entre otras, a una fallida junta popular de gobierno y que anteceden la Presidencia de Del Presidente Correa.

¿Va Quedando Atrás la Excepción?

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Gentes del campo oligárquico, del campo popular y el centro, llegaron a pensar que en Colombia nunca se presentarían momentos de ascenso de la lucha popular, como los que se han estado presentando estas semanas en el país y los que se avizoran ya en el inmediato futuro. Se llegó a pensar que Colombia era la excepción. Que mientras en otras naciones de la región andina se daban grandes conmociones sociales, que llevaron a parir gobiernos de carácter antiimperialista, en Colombia esto no se llegaría a dar. Que había una serie de factores, entre ellos, la existencia de las

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guerrillas, que llevaban a que el movimiento de masas no pudiese levantar cabeza al igual que en otros países del Continente.

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Lo que ha presenciado el país en estas semanas de paro agrario y de movilización popular, indica que Colombia, quizás va dejando de ser la excepción, que se vienen desatando fuerzas y procesos, que se avizoraban ya desde 2008, que indican que el movimiento de masas, que la lucha popular en Colombia, se enrumba por un nuevo ascenso, después dos décadas de reflujo y estancamiento, a causa de la feroz represión oficial y paramilitar que desataron las clases dominantes y sus sectores emergentes desde fines de la década del 80.

Problemas de Modelo Lo que hemos presenciado en estos días son los estragos que ha causado el modelo neoliberal, la situación en que este modelo tiene el campo colombiano, la asfixia, el desamparo y el sin futuro a que ha llevado al campesinado y a los productores medios del campo, así como a otros muchos sectores del pueblo colombiano. Ese es el fondo de todos los problemas que han sacado a flote las movilizaciones de estas semanas, también del paro de los cafeteros en marzo, de las movilizaciones y protestas de la semana de la Indignación en Octubre del año pasado, de las movilizaciones estudiantiles del 2011, de las de los indígenas


del Cauca cuando la Minga, dos años antes de la instalación del Congreso de los pueblos en el 2010 y de la conformación de la Marcha patriótica en el mismo año.

Es el cambio de modelo, lo que podría ser receptivo y darle cur-

Situaciones Especiales Desde el 19 de Agosto, estamos asistiendo a algo grandioso en Colombia. Estamos ante las jornadas nacionales, de lucha y de movilización, más importantes y significativas de las últimas dos décadas en el país. Vamos ya para cuatro semanas de una movilización nacional de

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Es el modelo neoliberal y su actual perfil minero energético, depredador de la naturaleza, que arrebata el territorio, que lleva al desplazamiento y que hunde a importantes sectores de la población en una mayor pobreza y desesperanza, el causante de todos los males contra los cuales se han levantado los movimientos de los últimos años y de las esperanzadoras protestas de estas semanas.

so a muchas de las demandas y reivindicaciones que han venido levantando las sucesivas movilizaciones de estos años. Hacia allá hay que apuntar. En esa dirección deben proyectarse los sectores de centro y canalizar la potencialidad que se va desatando con el ascenso de las luchas populares que se ven venir.

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país, que han trascendido y superado las luchas locales o sectoriales de los años anteriores. Esa es una de sus particularidades y uno de los nuevos componentes. Han tenido un carácter nacional, de globalidad, trascendiendo lo local y regional. El paro agrario ha despertado una solidaridad mayor que la de otras luchas en años anteriores y ha sido reforzado con la vinculación espontánea de mucha gente a la movilización y de sectores que están más allá de la izquierda y de las fuerzas organizadas. Las jornadas de Agosto, teniendo componentes reivindicativos, han estado enfrentando aspectos del modelo neoliberal, exigiendo cambios que tocan el modelo. Lo que les ha dado también ribetes políticos, así sean aún muy parciales. Estas jornadas consiguieron también, llamar la atención del país en torno a temas de gran importancia estructural que han estado silenciadas para las mayorías del país, para el grueso de la opinión, durante muchos años. En especial lo relativo al modelo


agrario y la política agraria de las últimas dos décadas, los TLC, la llamada apertura económica, el apoyo al pequeño y mediano productor del campo, entre otras.

Más Factores Pero las luchas que han estallado recientemente, si bien tienen como origen y causa, los estragos, inequidades y falencias del modelo neoliberal, no se pueden explicar sólo por esta razón. El modelo y sus consecuencias han estado presentes todos estos años. Hoy están concurriendo también otros factores que explican y dan la particularidad del momento.

También las contradicciones que se han activado al interior del bloque dominante, expresados en los sectores uribistas y

El Sol con las Manos Las jornadas de Agosto y Septiembre no terminan aquí. Vienen nuevos momentos. A las fuerzas de izquierda y las corrientes progresistas, nos corresponde articularlas, junto con los otros factores que se vienen dando, en una línea de acumulación, hacia nuevos momentos de lucha, hacia jornadas de masas de mayor fuerza, de mayor extensión y profundidad, de mayor calidad, en una perspectiva de levantamientos, de conmoción, de nuevo país, de cambio de modelo, de crisis de gobernabilidad y en esa medida de nuevo gobierno. Esas son las metas. Son las grandes conmociones de masas, las fracturas al interior del bloque dominante, la acción más integral de las fuerzas insurgentes, las confluencias de la izquierda, su capacidad para presentar un proyecto de nación, sus posibilidades de atracción del centro y no lo con-

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Mencionemos algunos; la tendencia a la reanimación del movimiento de masas, los procesos de confluencia, que aún con muchas limitantes, han estado dándose en el movimiento social incidido por la izquierda y sectores de centro, los recientes acercamientos entre las fuerzas insurgentes, la aparición de procesos como la COMOSOPOL, la MANE, la Minga, la Marcha Patriótica, la Comosoc, el Congreso de los Pueblos, etc.

los que encabeza el actual gobierno, las rectificaciones que se vienen dando de parte de las fuerzas guerrilleras y la importancia que estas le conceden a la lucha política y de masas y el aporte de lo que acontece en otros países del continente entre otras.

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trario, varios de los factores que podrían parir nuevas realidades sociales y políticas en nuestro país. Colombia vive momentos especiales; está el ascenso de la lucha de masas, las tensiones en el bloque dominante, la coyuntura de la paz, los traumatismos crecientes que viene causando el modelo y otros factores más. Son momentos que obligan a la

unidad de la Izquierda, de quienes estamos por los cambios. Que obligan a no seguir haciendo rancho aparte, a no imponer, a dejar de lado el vanguardismo y los sectarismos. El momento obliga a abrazar el sol con las manos, a darle toda la fuerza al pueblo, a despejar las mentes, a dejar atrás las miopías y pequeñeces y a una gran decisión.


Comandante Pablo Beltrán

La Vaca Muerta y la Flecha Envenenada

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l 3 de septiembre, el presidente Santos al tratar de justificar la crisis que sufren los trabajadores agrarios, culpó de ella al conflicto armado, al que llamó “vaca muerta atravesada en el camino y flecha envenenada, causantes de los males del campo colombiano”.

El gobierno recurre otra vez al truco de trastocar las causas de un problema con los efectos. La miseria de los campesinos y el atraso del campo ocurren por las políticas del régimen, como la Apertura económica que lleva dos décadas, transformando a Colombia de ser autosuficiente en producir alimentos, a ser dependiente de las importaciones de ellos. Por esto, de la marginalidad de las regiones campesinas nacen la protesta y la rebeldía, parte de las cuales se convierten en insurgencia.

“Es necesario comprender quién pone en práctica la violencia... si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella”. Por su parte el obispo pacifista brasileño Hélder Cámara (19091999), denuncia cómo el sistema capitalista victimiza a sus opositores:

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Para colocar las cosas al derecho, el escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) propone:

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“Cuando di de comer a la gente pobre, me llamaron santo, pero cuando pregunté por qué la gente es pobre, me llamaron comunista...”

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Humano

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La visión más extendida dice que ser humano es ser solidario, compasivo y sensible. Voltaire (1694-1798) en cambio afirma que: “La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara… La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano”.

El dominio cruel es sólo un medio, dice Adam Smith en “La riqueza de las naciones” (1776): “Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia”. Enseguida Carlos Marx (18181883) agregó: “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”. Estas son las causas de por qué el sistema capitalista es el principal violador de los derechos


humanos y de los pueblos, y por qué los Estados en las guerras no respetan el Derecho Internacional Humanitario, provocando crímenes de lesa humanidad.

Negociación Negociar es buscar el acuerdo en un conflicto de intereses, es usar medios diplomáticos para hacer un trato.

El presente proceso de paz entre el régimen y la insurgencia cumple una agenda realista, por el camino del medio, en que no se hace ‘la revolución por

El pragmatismo y el afán electoral atentan contra las reformas que se pacten, porque les impone una racionalidad de corto plazo, impidiendo que ellas hagan parte de una respuesta sistémica, que enfrente las raíces del conflicto.

Perdón Es quitar la pena merecida por el daño realizado, en que se renuncia a la reparación, la venganza y al resentimiento. Se renuncia a la venganza y se reivindica la justicia, pero si se renunciara a la reparación,

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Una cultura de negociación es lo contrario de una cultura de imposición. Al negociar, cada Parte cede algo para lograr el acuerdo. No se acuerda lo que de antemano se sabe que no se puede cumplir. El incumplimiento de acuerdos constituye un hecho de fuerza.

contrato’ ni la desmovilización y el desarme tampoco se hacen por contrato. La negociación que se hace a la carrera por la presión del calendario electoral, se centra en un paquete de reformas, dirigidas a la democratización del país.

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Los recuerdos sobre el asalto al p de allende escribiendo una pรกg permanece en nuestra cabeza y convencidos de ir hasta el final.


palacio presidencial y el discurso gina imperecedera de dignidad, y en nuestro corazĂłn para seguir Cte. NicolĂĄs RodrĂ­guez Bautista


se alentaría la reincidencia del culpable. Se mantiene la prevención ante quien daña, hasta cuando demuestra arrepentimiento y deja de ser un agresor. Gandhi (1869-1948), el líder pacifista, proclamó que:

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“Quien no es capaz de perdonar, destruye el puente que le permitiría pasar por él mismo. Perdonar es olvidar”.

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El olvido en la resolución de conflictos dentro del pueblo, es fuente de cooperación hacia el futuro; por el contrario en la contienda con las clases dominantes, impide la construcción de Memoria colectiva y de Iden-

tidad popular, ahogando con ello las esperanzas de liberación. El perdón en términos jurídicos existe como amnistía, consistente en borrar delitos políticos, para que desaparezca la responsabilidad por ellos; mientras el indulto apenas borra total o parcialmente la pena. Voceros del gobierno dan pasos para reparar moralmente sus crímenes contra el pueblo, pero sólo asumen responsabilidad por omisión, sin tener voluntad para pedir perdón, porque apenas se disculpan por ellos.


Luis Carlos Guerrero S.

Con los de Abajo y los del Medio…

Avanzar Hacia un Pacto Nacional por un Nuevo País

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l paro agrario demostró que es posible cambiar las políticas agrarias que han estado golpeando a los campesinos pobres y medios. El mismo hecho de que se suspendiera el decreto 970 que penalizaba a los agricultores por conservar y reproducir las semillas así lo confirma.

Gracias a la fuerza del pueblo campesino en unión con el pueblo de las ciudades que desplegó toda la solidaridad, por el respaldado dado por el pueblo joven de Colombia quien se identificó con sus raíces, por el pueblo trabajador y una ciudadanía activa, quedo al desnudo que no hay política agraria nacionalista, que siembre al campo de bienestar, de un auténtico desarrollo social, potencie la sabiduría milenaria de los campesinos, entre otros.

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La fuerza movilizada de los campesinos, un sujeto social de grandes aportes a la construcción de Colombia, desnudó que la locomotora agropecuaria, está hecha para beneficiar a los grandes empresarios, a los privilegiados de siempre, que han mantenido el dominio del ministerio de Agricultura, como se confirma con el nombramiento del gerente de Indupalma en ese ramo. Y en contravía a esa denuncia de las locomotoras, los campesinos y los pueblos agricultores, logran colocar una agenda agraria distinta a la gubernamental oligarca, que tuvo la fuerza de opinión suficiente para que el país todo, conociera de los estragos y la ruina del agro, conducidos por la mano neoliberal que todo lo privatiza, lo convierte en negocios para una máxima rentabilidad del capital y una disminución dramática de la calidad de vida para una mayoría de la población y a costa de la seguridad y

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soberanía alimentaria de Colombia.

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Quiérase o no, ahora en el país hay dos grandes agendas agrarias, y por lo mismo, se rompió la hegemonía de la agenda neoliberal gubernamental de primacía a los intereses de los grandes monopolios y las transnacionales. Ahora está allí en la palestra pública una agenda de nación y de nuevo país, una política agraria que expresa la voluntad y los intereses de los sectores sociales del campo que conforman el abajo y el medio, los olvidados de siempre y los no escuchados por décadas y décadas.

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El surgimiento de una agenda democrática, plural y diversa, de cara a toda Colombia, no significa de ningún modo que antes de realizarse el paro nacional agrario y popular, no hubiesen propuestas distintas a las del establecimiento en materia agraria por parte del movimiento social agrario de Colombia. Lo que sucedía era que Colombia no la

había escuchado ni la conocía porque la oligarquía liberal conservadora con su democracia neoliberal no lo permitía, la censuraba y la estigmatizaba como símbolo del atraso; lo que no era permitido, ahora la democracia plebeya lo conquistó, colocar otros referentes políticos. Ahora el Presidente Juan Manuel Santos llama a un Pacto Nacional Agrario, después de fracasada la política de silenciamiento mediante la aplicación de una profunda y criminal violencia represiva a los campesinos y a los pobladores urbanos solidarios, represión que buscaba derrotar al movimiento social de los agricultores, aplastándolo y aislándolo de las ciudades. El costo en vidas humanas, en heridos, muertos y encarcelados, sacrificados en el altar de la represión terrorista, todavía está por clarificar, pero es inmensamente grande y muestra la cara brutal de un régimen que se ha negado siempre a construir con todos


los colombianos, las políticas rectoras del país que interprete a todos en sus aspiraciones e intereses.

Todo lo anterior está significando algo muy hondo. Por eso es hora de llamar las cosas por su nombre. Colombia está sumida en una gigantesca crisis social e institucional que va más allá de la crisis del campo. Ya el problema no es sólo del agro, es algo más. Si algo también evidencia la última encuesta realizada por la firma Gallup, es que un mayoría de colombianos no tienen confianza alguna en las instituciones representativas del Estado, como el congreso de la República, en las instituciones encargadas de

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Ahora estallan nuevos paros y otros están por venir. Salen los estudiantes y los maestros a dignificar la educación; antes se habían manifestado junto los pequeños mineros criminalizados para impedir su ancestral práctica de rebusque a la vida y la sobrevivencia; también los camioneros estallaron en paros por los costos altos de los combustibles en un país que produce un millón de barriles de petróleo pero de los que se apoderan las compañías extranjeras; mucho antes se habían movilizado los afectados por la represa del Quimbó, la marcha de las cien mil voces del pueblo santandereano en defensa del Páramo de Santurban, la huelga de los trabajadores petroleros de los llanos del meta ante la neo-esclavización de las compañías petroleras en Rubiales, los afectados por los

malos servicios de energías en el departamento del Atlántico, la movilización popular del pueblo guajiro defendiendo el derecho a la vida del río ranchería, la iniciativa popular del corregimiento de Piedras en el Tolima que mediante votación de un 98 por ciento, rechazan la presencia de la compañía minera Anglo Gold, y otras cientos y miles de protestas diarias, cotidianas en todo el territorio colombiano.

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impartir justicia; que los partidos políticos no representan a la gente que los percibe como instituciones que se representan así mismo, a los círculos de la corrupción; que la economía no beneficia a la mayoría de la población que ha empeorado en sus condiciones de vida, una mayoría de colombianos cuestiona lo ineficaz y desastroso del gobierno; la sociedad que vive abajo y en el medio, se viene dando sus propias formas de representación y de construir un pensamiento plurinacional donde quepamos todos en democracia participativa y directa. Y si esta es la percepción de una mayoría de ciudadanos, hay una obligación, vamos a ser claros ante el país. Para enderezar a Colombia no solo se necesita un pacto agrario, dada la profunda crisis estructural que vivimos, se

requiere UN PACTO NACIONAL GLOBAL PARA FORJAR UNA COLOMBIA que centre sus esfuerzos en la construcción de una nación soberana, profusamente democrática, de bienestar y justicia social, de trabajo decente y un salario para vivir en dignidad, donde todos los sujetos juguemos en equidad. Un país sembrando PAZ consciente del conflicto social y de superar la violencia como manera de resolver los mismos. Los de abajo y los del medio tenemos que jugarnos a una apuesta donde seamos protagonistas del futuro. La indignación permanente y cotidiana de los de abajo y los del medio, los de la ruana y los enruanados, está indicando que los gobernados nos estamos cansando de los gobernantes.


Carlos Ramos

La Paz, el Paro y El Paramilitarismo

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as verdaderas políticas del gobierno de Santos no se distinguen por sus discursos y los pronunciamientos o las letras muertas de sus leyes, sino por sus acciones y su práctica. Es ahí donde se mide su verdadera disposición para lograr la paz duradera para el país; es ahí donde se sabe si el Estado realmente está dispuesto a tolerar la oposición política y emprender las reformas que el país exige.

El paro agrario nacional

El paro nacional ha colocado en el centro de la política del país la necesidad de reformas y transformaciones fundamentales en la Colombia rural (incluyendo una revisión completa de los TLC’s), que son precisamente el eje del primer punto que fue tratado en la Mesa de Diálogo entre el gobierno y nuestros hermanos de las FARC-EP.

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Ante el Paro Agrario Nacional, la respuesta del gobierno ha sido la de darle un tratamiento de guerra a la protesta social, militarizando al país y orientando al ESMAD a actuar con total sevicia en contra de los manifestantes. Ha quedado manifiesto que, pese a la retórica de apertura democrática de Santos, la intolerancia política que históricamente ha caracterizado a la oligarquía colombiana no ha mermado ni un ápice.

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Por la actitud que el gobierno ha asumido ante los protagonistas del Paro, ha quedado al desnudo la poca o nula disposición que éste tiene para efectuar las reformas necesarias que requiere la Colombia rural y la economía campesina. Hay un abismo entre lo que el gobierno de Santos ha declarado en la Habana y sus acciones ante el campesinado organizado.

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El paramilitarismo Las estructuras del paramilitarismo, que en tiempos recientes se dijo que se habían diluido en el cuerpo social, dedicándose al narcotráfico y al crimen

organizado, ahora retoman su condición de herramienta contra-insurgente en respuesta al auge de la movilización social y popular que vive Colombia. Se infiltraron en las movilizaciones del paro nacional agrario, con el fin de sabotearlo y subvertir su legitimidad, perpetrando actos de violencia y vandalismo. En el Sur de Bolívar, como parte de la ofensiva militar contra el ELN, paramilitares de varios departamentos (Cauca, Antioquia, Magdalena, etc.) han sido activados para formar parte de la campaña contrainsurgente. El asesinato a inicios de agosto del campesino Nelson Cartagena García de la Comunidad de


Efectivamente, la supuesta desmovilización del paramilitarismo, producto de las (auto) negociaciones de Santa Fe de Ralito, fue una farsa y sus es-

tructuras siguen intactas. A finales de mayo el Padre Javier Giraldo señaló en una carta abierta a la mesa de diálogo de la Habana, manifestando su preocupación: “¿No es acaso evidente la persistencia del paramilitarismo a lo largo y ancho del país? […]¿Será posible ignorar por más tiempo las numerosas y multifacéticas cooperaciones entre fuerza pública y estructuras paramilitares, así se llamen estas “Bacrim” o tomen otros variados nombres? ¿No constituye, acaso, una ignorancia afectada el no percibir el carácter que tiene el paramilitarismo

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Paz de San José de Apartadó, donde se ha registrado un aumento en la presencia paramilitar y su coordinación con el Ejército Nacional. Se suma a ello las recientes amenazas y persecuciones de dirigentes sindicales, del PDA y de las ONG’S defensoras de derechos humanos por parte de los Rastrojos, por no hablar de los numerosos asesinatos de campesinos pobres perpetrados por el llamado Ejército Anti-restitución.

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en sus más variadas versiones, de brazo aniquilador o desarticulador de la oposición política y de los sectores críticos al poder dominante?”

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El Estado colombiano puede darse el lujo de aprobar nuevas leyes que “garanticen la oposición política” y la participación de la guerrilla en la institucionalidad gubernamental ya que sigue contando con el recurso de la guerra sucia y el terrorismo de Estado, como medio de eli-

minación de toda forma de oposición. De hecho, basta solo con atenerse a la letra de la Constitución de 1991, que garantiza los derechos a oposición. Pero la letra de la ye quedó muerte ante la ofensiva paramilitar de los noventas. ¿De qué sirven nuevas garantías legales y marcos jurídicos para la paz si el paramilitarismo persiste por todo el país? Los recientes acontecimientos en la política nacional colocan


De no superarse estos tres obstáculos, la guerra que desgarra el tejido de nuestra dolida Colombia se perpetuará. Es el deber de todos/as los colombianos/as defensores de la paz, de la democracia y de la justicia social, sumar nuestros esfuerzos para que ese no sea nuestro destino colectivo. Es ese el compromiso ineludible de las mujeres y los hombres del ELN.

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en evidencia tres hechos como grandes obstáculos para lograr una paz con justicia social: 1) la persistencia de la intolerancia política por parte de la oligarquía, 2) la absoluta falta de disposición del Estado de llevar a cabo reformas significativas de la economía, la política y el Estado 3) la pervivencia y reactivación de las estructuras paramilitares como instrumento de guerra sucia y de exterminio de la oposición.

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Edición del 16 de septiembre de 2013

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